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Teatro escogido de Fray Gabriel Tellez, conocido con el nombre de El maestro Tirso de Molina. Tomo V

Molina, Tirso de (1579-1648)

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TEATRO MIDO DE FRAY GABRIEL TELLEZ, CONOCIDO CON EL NOMBRE DE EL MAESTRO TIRSO RE MOLINA. TOMO V. MADRID: EN LA IMPRENTA DE YENES, CALLE DE SEGOVIA , NXJM. 6. 1840. / LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ, COMEDIA. PERSONAS. DOÑA PETRONILA. LAURA. DON HERNANDO. EL CONDE GALEAZO. TOMASA. MANSILLA. ROBERTO. UN CRIADO. UN ALGUACIL. MARCOS. PABLO S 1 mozos dc muías - La primera escena pasa en una venta, mas allá de Valdemoro; el resto de la acción, en Madrid y en una huerta inmediata. ACTO PRIMERO» Campo con vista de una venta. ESCENA I. DONA PETRONILA , vestida dc hombre , y en trage dc cami¬ no, con botas y espuelas. TOMASA, también de hombre, y como lacayuelo ; el capotillo con muchas cintas. TOMASA. (Saliendo de la venta.) Un cuartillo de cebada le basta y sobra; que., en fin, es pollino, y no rocín. LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ. DOÑA PETRONILA. ¿ Hacéis á Madrid jornada , gentil hombre? TOMASA. A su servicio. DOÑA PETRONILA. ¿De dónde? TOMASA. Iloy salí de Ocaíia. DOÑA PETRONILA. ¿Vais solo? TOMASA. No me acompaña sino un jumento, novicio en la albarda, porque es nuevo, y anteayer se destetó. DOÑA PETRONILA. Si tres leguas caminó, no me parece, mancebo, que es, el pienso suficiente de un cuartillo. TOMASA. Coma paja. DOÑA PETRONILA. Quien no come, no trabaja. TOMASA. Como pobre se sustente; que no tiene de igualarse, dando ocasión á la gula, un asno con una ínula. La paja lia de compararse en las bestias con el pan, la cebada con el queso; y ya sabéis, según eso, que es poco el queso que dan. ¿Por qué pensáis vos que España va , señor , tan dccaida ? Porque el vestido y comida su gente empobrece y daña. Dadme vos que cada cual comiera como quien es, el marques como marques, ACTO J, ESCENA I. $ como pobre el oficial. Vistiérase el zapatero como pide el cordobán, sin romper el gorgoran quien tiene el caudal de cuero. No gastara la mulata manto fino de Sevilla , ni cubriera la virilla el medio chapín de plata. Si el que pasteliza en pelo, sale á costa del gigote, el domingo de picote, y el viernes de terciopelo; cena el zurrador besugo, y el sastre come lamprea, y hay quien en la corte vea como á un señor al verdugo; ¿qué perdición no se aguarda de nuestra pobre Castilla? El caballo traiga silla, y el jumento vista albarda; coma aquel un celemín, y un cuartillo á esotro den; porque el jumento no es bien que le igualen al rocín. DOÑA PETRONILA. No os han de fallar molestias, si no templáis ese humor, y os pudrís reformador, comenzando por las bestias. ¿Quien diablos os mete á vos, tan mozo, en esos pesares? Los vestidos y manjares comunes los hizo Dios. TOMASA. ' Engañaisos. DONA PETRONILA. ¿Que me engaño? TOMASA. Perdonadme esta simpleza. ¿ Por qué hizo naturaleza el tabí, la seda, el paño, I 2 LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ, porque el amor que mi lealtad conoce, la playa llegue á ver-, y no la goce. Heredé de mi patria las desdichas que significa el nombre que le dió el fundador suyo primero: Málaga la llamó, porque me asombre, pues comenzando en mal , no tendrá dichas quien es de las desgracias heredero. Di muerte á un caballero por celos de una dama; temí á los ofendidos; partíme á Italia por cohechar olvidos; amparóme el de Feria, cuya fama, digna de eternizarse entre pinceles, vuela, con plumas no, mascón laureles. Servíle capitán de infantería, y Marte, fuego que el de amor enfria, favorable conmigo , hizo á Milán testigo de que aunque solo , ausente y desdeñado, salí, si amante no, feliz soldado. Acabóse la guerra ; publicóse la paz en el Piamorite; llamábame mi tierra; fue forzoso, mudando su horizonte, pretender en Madrid premios debidos al riesgo de dos años. Saqué papeles bien favorecidos del duque; mas pagaron desengaños hazañas; que á los fieles se les vuelen mortajas los papeles. Nombróme camarada Pompeyo, vuestro tio, en la jornada á que le dió motivo vuestro pleito; díjorue que, aunque deudo, os coinpetia, (en contar mis desdichas me deleito) porque al condado justa acción tenia, que en Valencia del Pó, por sucesora de vuestro padre, vuestro nombre adora. Llegamos á esta corte, de quien sois el Apolo, el alba, el norte; supimos que esta quinta , ACTO I, ESCENA II. que eternos mayos en sus cuadros pinta , huéspeda os adulaba; visitóos vuestro tio; que entre la sangre que el valor alaba, (puesto que sea el pleito desafio) pelean los letrados y oficiales, hacen campos de guerra tribunales, ejércitos testigos, (1) y litigan los nobles como amigos. Merecí, Laura hermosa, veros para perderme; que mata el áspid cuando en llores duerme. Vi en vucsli'o rostro de clavel y rosa dorados girasoles; jazmines en su cuello trasladados; en vos vi muchos soles, puesto que en vuestros ojos duplicados; vi, en fin, la nieve en luego, coslándome el miraros quedar ciego. Partióse brevemente el conde; que vencido en el pleito presente, y vitoriosa vos, habéis podido con la justicia vuestra, y mas con la hermosura, dar en la corte muestra que competir con vos será locura; pues para dar enojos , mil fallamos pronuncian vuestros ojos. Quedóme tan sin vida, que para recobralla, la libertad perdida la busca , mas no la halla, puesto que, jardinero, entre esperanzas flores, desespero. Aquí mudando el trage.. cultivaba desvelos, * grosero en el lenguaje; que.en fe de que son rústicos los celos, celoso yo, aunque en vano, (1) Verso suplido por el consonante. LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ, por vestirme de celos, soy villano. Declaróos una tarde al borde de esta fuente, que mis pesares en sus risas llora, mi amor, haciendo alarde de humilde pretendiente, y fuéme la fortuna protectora ; pues oyéndome grata , me hicistes poco á poco , de puro feliz, loco, con favores que agora me dilata, perseguido de agravios y temores, que ocasionan sin fin competidores; pero es común tributo sembrar llores amor, sin coger fruto. Tres meses de esperanzas sirviéndoos entretengo; recelo las mudanzas del mar y la muger'; y agora vengo, ó á que os mostréis clemente, y aseguréis partidas que ine baraja tanto pretendiente, ó á que desesperadas y homicidas mis ansias y la fe de mis amores, en llores muera, pues nació entre llores. LAURA. ¡Ay don Hernando Cortés! ¡ qué bien sigues el estilo de la corte presurosa , porque te dió su apellido! A dar fondo á los quilates de tu amor la fe que al mió, horas llamarás los años, si llamas las horas siglos. ¿ Dilaciones encareces ? Caro vendes, ó amas tibio , porque enferrlro está el amor que desmaya á los principios. Los propósitos jugamos, y son tan firmes los mios en materia de quererte, que por causa tuya olvido ACTO I, ESCENA II. parientes obligaciones, que en derecho mas antiguo f undan tálamos deseos, que si los oigo, no admito. Sobre palabra se juega ; el crédito tengo rico ; ganancioso te levantas, cuando cédulas te libro; que no son ditas quebradas, pues paga á plazo cumplido el que es noble, cuando pierde, por palabra ó por escrito. Si cultivando esperanzas , vives labrador fingido, yo también, porque te quiero, patria dejo y quintas vivo. ¿Qué celos tus flores hielan? ¿ qué mudanzas , qué desvios el fruto te desazonan , que ya tan cercano has visto ? Tus esperanzas dilata un amor con artificio, que intenta probar finezas de un diamante, al cabo vidrio. En Madrid me tienen pleitos de parientes , que enemigos usurpándome mi estado, dieron causa á mi camino. Conde de Valencia fue mi padre , que á falta de hijos , cifró en mí la sucesión de su sangre y apellido. Criábame yo en Milán á la sombra y patrocinio del conde de Monteflor, que es quien te trujo consigo. Estaba en mi patria entonces por alcaide del presidio ffue en aquella plaza tienen las banderas de Filipo, Alejandro Malatesta, que hermano del padre mió 6 LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ, por la línea de varón, alega desvanecido perteneccrie el condado que me usurpa; y á los filos de las armas remitiendo los derechos de los libros, de todo se apoderó, amparándole el castillo en la posesión violenta que rehúsan sus vecinos. Viéndome desamparada, ausente , y favorecido del duque.gobernador mi contrario , aunque mi lio, fue forzoso el esconderme (1) en España del asilo de su rey y consejeros , donde descansan peligros. Hospedáronme há seis meses cortesanos deudos inios, con licencia de su dueño , en este apacible sitio, digna elección de un buen gustó, donde recreada olvido los que en Italia curiosos retratan el paraíso.. Pretensores conterráneos, que en Madrid después me han visto , unos generosos deudos, otros ilustres amigos, intentan lícitos lazos, que pudieran haber sido prisión de mi libertad, á no haberte conocido. Obi ¡gásteme discreto, vencisteme comedido , arnásteme recatado, adeudásteme gtrevido, hasta usurpai mis deseos, si bien hoy, Hernando, admiro (1) Tal vez socorrerme. 1 7 ACTO I, ESCENA II. que méritos desquilates, presuroso y mal sufrido. Sentencia espero en favor, que alentada de padrinos, ( y segura en mi derecho, con los jueces solicito. Mi opositor receloso, por los que le dan aviso de la poca acción que tiene, algunas veces me ha escrito sobre conciertos, que paran en que dé la mano á un hijo, que afirma llegará presto á esta corte; mas yo digo, puesto que no le conozco, que si pleitos dan maridos, de tan mal casamentero poca paz me pronostico. Salga yo con la sentencia, y entonces, español mió, tendré caudal que te pague empeños de amor tan fino; y entretanto vive cierto que ni vuelve‘atros el rio, ni retroceden los cielos, ni al viento es veleta el risco, ni en mí que los aventajo, y á la eternidad dedico trofeos de mi firmeza, mientras su constancia imito, bronces, aceros , diamantes , sol, esferas , tiempos, rios , robles, cedros , lauros, palmas, muros, torres, peñas, riscos, mientras mi amor te fio , tendrán valor constante igual al mió. DON HERNANDO. Si deseos dilatados hallan en tí tal alivio, dulce empleo de mis ojos, pqco tiempo he padecido. Mas valen las esperanzas Tirso. Tomo V. 2 I 8 LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ, que eu ti logro, los suspiros que en tí alegro, las sospec has que en tí aseguradas miro, que las posesiones de otros. Liberal premias servicios, piadosa remedias penas, pródiga haces beneficios: injustas mis quejas fueron; perdón humilde te pido. Jacob soy; mi Raquel eres; su amor y paciencia imito. No trocaré desde hoy mas estos jardines elisios , estos dichosos burieles, estas fuentes y este sitio, por la silla del imperio, por los tesoros del indio, por los brocados del persa, por las púrpuras del tirio. Jardinero soy de amor; mis esperanzas cultivo; mientras que méritos siembro, galardones pronostico. Ven, y haréte un ramillete de matices, que distintos , te interpreten mis afetos; cjue llores tal vez son libros. ¿ Me perdonas ? LAURA. Amorosa. DON HERNANDO. ¿Me quieres ? LAURA. Como al mas digno. DON HERNANDO. ¿ Me pagas ? LAURA. Castos deseos. DON HERNANDO. ¿Me llamas...? LAURA. Amante mió. (Pause.) ACTO I, ESCENA III. 19 Patio de una posada de Madrid.— Es de noche. ESCENA III. DONA Petronila , en jubón , con una daga en la mano , corriendo tras TOMASA. DOÑA PETRONILA. ¡Vive Dios, que he de matarte! ¿Hay igual atrevimiento? Dormido yo en mi aposento, ¿osas á tal hora entrarte? Ladrón eres. Tú intentabas robarme.... TOMASA. Lo que no hallé. Téngase vuesamcrcé: meta allá la daga. DOÑA PETRONILA. Acabas de descalzarme las botas, y mandándote cerrar las puertas, porque á acostar te vayas, ¿nos alborotas, asaltándome dormido ? Traidor, ¿qué es de la maleta? TOMASA. No es eso lo que me inquieta. Téngase. ¿Nunca ha leido del conde Partinuplés, cuando estaba de amor preso...? *. DOÑA PETRONILA. ¿Pues qué tiene que ver eso ? TOMASA. Olga, y sabrálo después. Enamorábale á escuras una princesa ó infanta, . de aquellas que el arte encanta, LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ, y buscan las aventuras. Dábale invisiblemente de comer y de cenar. De noche se iba á acostar con él , (mire ¡qué insolente !) avisándole del daño y peligro que corría, si conocerla quería hasta que pasase el año. El pobre conde que á tiento gozaba oscuros despojos, quiso, contra el mandamiento de no verás y informarse si era Ja dicha persona arrugada setentona, que intentaba, con taparse, pasar plaza de doncella. Que se durmiese aguardó, y una linterna buscó encendida, para vella; y cuando ya satisfecho estaba de su cautela el conde, lloró la vela, y pringóla medio pécho, cayendo dos ó tres gotas que á la dama despertaron; que es lo mismo que causaron en mí esta noche tus botas. Deseos de conocer lo que eras, y agora he visto, para servirte mas listo, me animaron á emprender la que ves , nocturna hazaña. DONA PETRONILA. Pues ¿qué has visto tú, traidor, en mí? TOMASA. A Venus y al amor, que en un cuerpo nos engaña. Sosiégale, así los cielos lo que buscas te deparen ; que no ignoro yo que paren ACTO I, ESCENA III. 21 estos disfraces los celos. Mandástéme descalzarte; la diestra bota tiré, y en viendo el meñique pie con la media, dije aparte: «¡oh pie digno de un chapia, que por lo corto das cinco, mejor fueras para brinco de un letrado camarín! ¡Válgame el ciclo! ¿ qu,e este en tan chico pedestal lodo un cuerpo? No hará mal de aqueste pie un puntapié. Comprárale yo, á ser Fúcar ; celebrárale poeta.» Quité escarpia y calceta, y vi un juguete de azúcar, una manteca soriana, un bollo de manjar blanco, y dije: «¡oh !- ¡quién fuera banco de tal pie cada mañana!» Tan igual, tan ampollado, tan tierno , cón tanto aliño, tan melindroso, tan niño, y, en fin, tan desjuanelado, que imprimiendo su retrato en el alma mi afición, se calzó mi corazón , como si fuera zapato. "¡Vive Dios , (dije entre mí) pie adarme , que os han criado mas para alfombra y estrado , que para que andéis ansí. Sospechas hembras , dudar en esto , será mentir : mejor sois para parir, mi pie, que para engendrar.” Vuelvo la vista al jubón , y ví un par de burujones en forma de naterones, jubilados del cartón. Miro el cabello al instante , 28 LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ. cuando le traen un papel á mi inadre, donde escrita la sentencia de mi muerte vi A don Hernando en su firma. Disculpábase, ya ausente, de que ocasiones precisas, en su honor interesadas , le ausentaban de Sevilla, sin permitirle siquiera pagar A la cortesia deudas de hospicio y regalo, (para mí disculpas tibias); que A la guerra del Piamonte le llevaban bien nacidas esperanzas, y lealtades que hazañosas se autorizan; que le encomendase.á Dios; porque si le daba dicha, pensaba pagarla yerno mer.ccdcs que le hizo prima. Yo triste, ausente y celosa, poco amé pues quedé viva, ya mártir de sus tormentos , puesto que en ellos novicia. Un año de soledades, y mil de melancolías, cuanto menos publicadas , mas crueles escondidas, pasé, si bien alentando esperanzas en reliquias conservadas con dos pliegos de Genova y Lombardía, que A mi madre encaminó, hasta que tuvo noticia por otro, que ya en la corte la cruz roja daba estima A su pecho y sus hazañas; y que si, cual pretendia, fuese el hábito encomienda, A obligaciones antiguas grato y noble, procuraba con su licencia lucirlas, 2 Í ) ACTO I, ESCENA III. añadiendo afinidades á las deudas consanguíneas. Esperanzas revivieron en mí, y en ella alegrías, de saber que caudaloso estaba mi padre en Lima , reduciendo hacienda A barras, con que casándome rica, la cruz nueva autorizase el monarca de las minas. Mezclanse lanas diversas en el telar de la vida, unas de color alegre, otras que tristes lastiman. Siempre el contento es pechero del pesar; oye y admira de esta verdad ejemplares, Vargas , en la historia mia. En prosperidad como esta, llegó aquel infausto dia en que las olas del Belis, * desde el diluvio homicidas, cansadas del largo cerco que há tantos siglos que sitia nuestra metrópoli España, asestando balerías, ya de las pródigas nubes, ya del mar en aguas vivas, ya de renteros arroyos que pechan siempre á sus ninfas, cañoneando de noche las celestes culebrinas, que rayos en vez de balas, partos abortos fulminan, al son de atambores truenos, puertas y muros derriban, calles y plazas pasean, casas y templos registran; y dando á saco riquezas, huye la plebe dormida, clausuras vírgenes quiebran, montes de casas conquistan. 3o LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ. Brazos de mar son las calles, al Bermejo parecidas, pues para ahogar Faraones de endurecida malicia, no ya vara de piedad, la vara sí de justicia levanta Moisés airado, que en mansiones las divida. Al mar restituye el Betis los bienes y hacienda misma que en veces por tantos anos nos feriaba de las Indias; y ya enemigo, si amante, severos reyes imita, que lo que dan poco á poco, por junto al privado quitan. Ño quiero contar tragedias con vislumbres de infinitas, cuando ni plumas se atreven, ni moldes á referirlas: las de fui casa no mas será fuerza que te diga, como ocasión lastimosa de mis presentes fatigas. En la mitad del silencio, el cuarto donde dormía mi inocente y cara madre, le arroja el diluvio encima: sepultada antes que muerta, el llanto,.alboroto y grita de domésticos y estrados con clamores solemnizan las obsequias funerales de tanta plebe y familia, dejando.historias al tiempo, Troya de agua ya Sevilla. Yo turbada, si ignorante, y si dudosa, advertida del daño que todos temen, bien triste, aunque mal vestida, á la mas alta azotea subo; y aguardando arriba ACTO I, ESCENA III. 3l al sol que salió enlutado por los destrozos que admira, me pasaron , por mas fuerte, á la casa que vecina comunicaba terrados, de donde vi que enemigas las nubes, la tierra , el agua, en un instante me privan de madre, casa y hacienda, y ¡ojalá que de la vida! No encarezco sentimientos , que es justo que los colijas de quien á deudas de sangre, libraba obediencias de bija. Pasóse la tempestad al cabo de largos dias; baíleme huérfana y pobre; y si los males alivian agenos, yo te prometo que hallara en otras desdichas consuelos con que olvidar las que propias me lastiman; porque muchos que el dia antes con los Cresos compélian, el siguiente mendigaban puerta,á puerta su comida. Yo, en fin, amante, aunque pobre, (que el firme amor no peligra, como el falso, en las desgracias, antes gigante se anima) en busca de don Hernando, del modo que ves vestida, vengo á probar lo que valen palabras que ya son ditas. Se que asiste aquí, no dónde; mas ya por tí conocida, de tu lealtad confiada, quiero ver como averiguan tu diligencia y mi amor promesas, que antes escritas, me causan recelos pobre, si me aseguraban rica. 32 LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ. Este es, Vargas, mi suceso; si de mí y de él te lastimas, ya suelen fidelidades hallar el premio en sí mismas. TOMASA. Yo te prometo, señora, que no he llorado en mi vida oti'o tanto, aunque he escuchado sermones de disciplina; pero porque estés mas cierta del secreto que me fias, pues tu historia me contaste, escucha también la mia. En Yepes, emulación de Ócaña, una y otra villa donde mucre el vino moro, porque allá no le bautizan, me criaron.... (Ruido dentro .) Mas ¿qué es esto? DONA PETRONILA. Huéspedes nuevos. ESCENA IV. EL CONDE GALEAZO y ROBERTO, de cami/lO. MARCOS. PABLO.-DICHAS. MARCOS, dentro. Avisa la patrona, Pablos, que eche lana blanda y ropa limpia. pablo, dentro. Llevaremos al mesón las muías. Roberto, dentro. Si está dormida, por ser tarde, la hostalcra, mal almuerzo se me aliña. 33 ACTO I, ESCENA IV. marcos, dentro. No hay sueno donde hay dinero advenedizo. {Salen el Conde , Roberto , Marcos y Pablo.) CONDE. ¡Hola! quita esas maletas. Roberto, ¿qué hora es? ROBERTO. Dice la risa del alba que son ias cuatro. CONDE. Fue la jornada prolija: no me espanto. MARCOS. Madalena, criados, Pedro, Cristina, bajen á alumbrar al conde. DONA PETRONILA. {Aparte á Tomasa. ¡Conde, Vargas!) Vuesiría sea mil veces bien llegado. CONDE. ¡ Oh hicÜdgo ! para que os sirva. ¿Sois de casa ? DOÑA PETRONILA. Huésped soy. CONDE. Vuestra presencia autoriza la opinión de la posada. PABLO. ¿No hay velas? una voz dentro. Suban arriba; que velas habrá y vqlones. ROBERTO. {A los mozos.) Alto , pues. MARCOS. Con menos prisa. CONDE. Subo con vuestra licencia. Tirso. Tomo V. 34 LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ. DOWA PETRONILA. Démela vueseñoria para que vaya.... CONDE. Eso no. DONA PETRONILA. Señor.... CONDE. No , por vida mia. DOÑA PETRONILA. Désela Dios muchos años. (Aparte ú Tomasa .) j Bravo talle ! TOMASA. (Aparte á dona Petronila.) Huele y brilla. (Vansc el Conde , Marcos y Pablo.) ESCENA V. DONA PETRONILA. TOMASA. ROBERTO. TOMASA. (A Roberto.) Hidalgo, ¿conde? ¿y de qué? ROBERTO. Conde, y de Italia. TOMASA. ¿Y camina...? ROBERTO. Aquí no mas. TOMASA. ¿Y se llama...? ROBERTO. Galeazo. TOMASA. ¿Y á qué, .diga, viene á Madrid ? 35 Zape! ACTO I, ESCENA V, ROBERTO. A casarse. TOMASA. DOÍÍA PETRONILA. Alto de aquí, Varguillas. ACTO SEGUNDO, Sala de la posada. ESCENA I. doña Petronila y Tomasa , de hombres. DOÑA PETRONILA. Por muerta, Vargas, me cuenta. No tengo seso, no estoy en mí. TOMASA. ¿Qué has visto? DOÑA PETRONILA. Vi hoy otra segunda tormenta mayor que la de Sevilla. TOMASA. ¿Mayor? DOÑA PETRONILA. Para mis desvelos, porque es tormenta de celos. TOMASA. No se usan en esta villa. Todo lo que no es dinero en la corte, no es amor. DOÑA PETRONILA. Vargas, de tu buen humor mas penas sacar espero que alivios. Déjame agora. TOMASA. Pues ¿qué has visto? . DOÑA PETRONILA. ¡ Ay ciclos! vi lo que dudosa temí, lo que mi desdicha llora. 37 ACTO II , ESCENA I. Llevóme el conde consigo á esa huerta, infierno ya, á quien Juan Fernandez da nombre y fama. Yo te digo que aunque al principio su vista mis sentidos recreó, porque en ella se cifró Chipre, en que Venus asista, después que hallé entre sus llores un áspid que disfrazado ponzoña á mi pecho ha dado, y aumentos á mis temores, volcanes son sus planteles, incendios sus fuentes son, tormentos su recreación, penas su rosa y claveles. ¡Ay Vargas! quien las cultiva es don Hernando Cortés. ' TOMASA. ¡Jesús! ¿Qué dices? No des crédito á engaños. DOÑA PETRONI1A. Ni viva quien para desdichas nace. Conocíle jardinero; que cdn el trage grosero le manda amor que disfrace el fuego de mis querellas. ¿Quién creerá (¡ay fieros rigores!) que llamas cultiven llores, y que esten verdes con ellas? Rogóme el conde que fuese con él, y sin declararse, quiso primero informarse (antes que quien es supiese) de la belleza de Laura, con quien amante pleitea , v y si el pincel de su idea en su original restaura la hermosura que usurpó lisonjas á los colores; porque en cohechos pintores 4 . 4 . LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ, ya del pretendido estado. * Í>on Gómez, no hay tal remedio como poner tierra en medio: yo estoy ya determinado. Sígueme, y fia de mí cuanto agora te he ofrecido. DONA PETRONILA. Yo soy tan agradecido....— Vargas, déjanos aquí. TOMASA. Dejóte; allá dentro espero. (Fase.) ESCENA III. DONA PETRONILA. EL CONDE. DONA PETRONILA. Que os he, conde, de pagar el darme tanto lugar en vuestras cosas, primero que nuestra corte dejeis. CONDE. ¿De qué suerte? DONA PETRONILA. Oídme agora. Laura, aunque os vea, ¿no ignora quien sois, puesto que aquí estéis? CONDE. Sí, don Gómez; que en Milán desde nina se crió, y yo en Valencia del Pó, cuyo derecho le dan. DONA PETRONILA. Del mesmo modo ese Octavio, * por vuestro padre ofendido, no os conoce. CONDE. En eso he sido venturoso. ACTO II, ESCENA JJI. DONA PETRONILA. Un medio sabio, siendo eso así, os asegura el pleito, desesperado que amenaza vuestro estado. Si en mancóle la ventura y mias dejais poneros , no hay aquí que recelar. CONDE. Ya vuelve á resucitar mi esperanza solo en veros; que no sé qué inclinación oculta me pronostica dichas que me certifica vuestra mucha discreción. Desde que os vi, os quiei*o bien. DONA PETRONILA. Pues Laura, conde, se emplea en amarme, y no desea sino que en su favor den esta sentencia enfadosa, para atropellar amantes en su pleito negociantes, y darme mano de esposa. CONDE. ¿ Qué decís ? DONA PETRONILA. Por orden suya estoy en Madrid cual veis. Como secreto guardéis, yo haré que esto se concluya á vuestra satisfacción. CONDE. ¿Que por orden suya estáis aquí ? DONA PETRONILA. ¿Pues eso dudáis? CONDE. De vuestra disposición y talle no es maravilla que Laura esté aficionada. LA. HUERTA DE JUAN FERNANDEZ. DONA PETRONILA. Al cabo de su jornada*, hizo noche en esa villa, que siendo española Atenas,- al Henares nombre da. ^ Cursaba yo en Alcalá mas sus riberas amenas, que sus escuelas famosas: vi, la noche que llegó, un alba que se apeó, entre jazmines y rosas, de una litera, al ocaso del mas nombrado mesón: mi estudiosa profesión le salió cortés al paso. Acompañóla á una sala con otros que de mi edad honraban mi facultad. Iba vestido de gala; supe quién era, á qué iba á la corte; regalóla , y tomando una vihuela, ya mi libertad cautiva, la entretuve hasta cenar. *> ■ Convidóme, y acepté; que estudiantes, ya se vé que no se hacen de rogar. Despedíale ya bien larde, y ella, toda cortesía , mientras que me agradecía cumplimientos, hizo alarde de vislumbres de afición : madrugué por la mañana , no el alma de todo sana, y, en fin, hasta Torrejon, que quiso ó no, fui con ella en un caballo prestado; diórne la litera lado, y hallé, caminando , en ella agrados sobre qué hacer ^morosos edificios; que amor empieza en indicios 47 ACTO II, ESCENA III. fáciles de conocer. Despedíme allí, y tórneme, echando á la vuelta menos el alma, los ojos llenos de sentimiento. No teme el amor que es estudiante. Como sin alma quedé, cartapacios arrimé, graduándome de amante. Vine á Madrid, visiléla en la huerta donde vive; y amor que alegre recibe el huésped que le desvela, me ofreció apacible entrada. Díjcla mi calidad, ponderé mi voluntad, á servirla dedicada. Mostró severo el semblante, reprendióme rigurosa, y alterada (común cosa en todo amor principiante) fuese fulminando enojos; puesto que aunque se ofendía, lo que la lengua decia, iban negando los ojos. Escribíla de Alcalá, no me quiso responder, volvíla otra vez á ver, y mas apacible ya , me permitió visitarla, como mis atrevimientos no esplicasen pensamientos. Prometí de no enojarla, y callé; que en la mas casta, (como es la esperiencia juez) si ha de querer, una vez que amor se lo diga basta. Be Alcalá á Madrid partidas y vueltas daban alientos ó amor; que como los cientos, todo es idas y venidas; pero nunca la decia 4.8 „ LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ, cosa que eu mi amor tocase, con que, aunque disimulase, sentí yo que lo sentía; hasta que una vez pedí licencia para partirme á Jaén , por escribirme mi padre esperarme allí mil de renta, y una dama para esposa. Aquí fue Troya; que amor que el secreto apoya, ' con celos rebienta en llama. No pudo disimular: llenóme de descortés, aleve, ingrato; y después, de media hora de llorar, me amenazó , si la mano á otra que Laura no fuese daba, que me apcrcihicsc á que la de algún villano me había de quitar la vida. Con esto , y asegurarla * que no mas que por probarla, fingí mi falsa partida , quedé en su gracia de suerte, que amado y favorecido, al punto que haya salido en favor suyo la suerte de la sentencia que espera, nos hemos de desposar, y por Italia trocar patria y profesión primera. Mándame andar recatado, porque ocasiones desmienta de quien amándola, intenta gozar en dote su estado. Llegué, como suelo, ayer á verla, y mude posada, por temer que en la pasada lian alcanzado á saber algo de lo que pretendo: apeásteos en ella; y quiso mi buena estrella 49 ACTO II, ESCEIÑA III. que vuestros méritos viendo , y la merced que me hacéis, amigo y no opositor, apadriné vuestro amor. Si celos de mí tenéis, perdeldos; que yo os prometo, á fé de hidalgo, de dar trazas que os han de ablandar á Laura, por mi respeto. Y si con ella os desposo, qu£ sí haré, (fiaos de mí) vereis, conde, que hay aquí español tan generoso como el monarca que á Apeles obligó, y mas á la faina, que afirma le dió su dama eñ premio de sus pinceles. CONDE. Don Gómez, no quiera Dios que os haga yo tal agravio: no goce de Laura Octavio, y lograos con ella vos. Vuestra gentileza es digna de su discreta elección ; pagad su justa afición , pues la suerte os es benigna. DONA PETRONILA. Conde, ó los dos nos partamos á Italia, ó si sois mi amigo , callad y haced lo que os digo: y pues ya comunicamos las almas, sabed que aquí tengo prenda á quien le debo cierta obligación de nuevo, que imposibilita en mí casarme con Laura. CONDE. Elijo 10 que me ha de estar tan bien. ¿Que aquí teneis dama? DONA PETRONILA. En quien Tirso. Tomo V. 4 LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ, por lo menos tengo un hijo. CONDE. ¡Jesús! ¿Tan niño? DOÑA PETRONILA. Ya están examinados de padres niños, por conocer madres que fruto á los trece dan. Como la vida es tan corta, suple la naturaleza defetos de su flaqueza , y plazos el tiempo acorta. Yo os he de casar en breve con Laura. CONDE. Mucho intentáis. No podréis. DONA PETRONILA. Porque veáis mi ingenio á lo que se atreve, escuchad esto que trazo. A Laura hemos de ir á ver agora, y lia de saber que está el conde Galeazo con ella y que no sois vos, porque Octavio no os ofenda cuando vengarse pretenda. CONDE. Cosas proponéis, por Dios, cstrañas. DOÑA PETRONILA. Soy estudiante. CONDE. ¿ Quién ha de hacer á ese conde ? DOÑA PETRONILA. En la posada se esconde. CONDE. ¿Hay don Gómez semejante? DOÑA PETRONILA. No digáis á la condesa, la vez que A hablarla lleguéis, que de nuestro amor tencis ACTO 11,.ESCENA IV. noticia. CONDE. Advertencia es esa escusada. DONA PETRONILA. Pues venid , y echad á un lado recelos. CONDE. ¡Ay don Gómez de los ciclos! Dios te me trujo á Madrid. (V % nsc.) La Huerta. ESCENA IV. DON HERNANDO, de villano . MANSILLA. MANSILLA, Fui á Málaga á lo soldado, con las galas que me diste, á ver tu madre que triste por muerto te había llorado. Pasé por Yepes y Ocaña, i dos villas de donde el vino hace perder el camino, bodegas nobles de España. Ilice noche en una aldea, donde un mesón labrador (que pudiera ser mejor) me aloje» á la chimenea en un escaño del Cid. Sobre cena me pregunta la familia que allí junta estaba, si iba á Madrid: dije que sí, y que de Italia soldado viejo venia á la corte y pretendió una conducta. La algalia 52 LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ, que daba olor al vestido, (porque esto se le pegó del ser tuyo) me abonó, y yo en él desvanecido, hazañas cuento sin cuento, que escuchaban abobados; porque yo á fuer de soldados, no vivo mientras no miento. Díjeles, entre otras cosas, que saliendo á pecorea á la vista de una aldea, (que las de allí son lamosas) entré en una casería, y hallando el horno encendido, porque no fui recibido con amor y cortesía, al huésped y á su muger metí dentro, donde asados, vengaron á mis soldados, y nos dieron de comer. Que saliendo al alboroto los vecinos del lugar, cuando me iba á acostar, hallé mi escuadrón que roto, á huir echaba , y que yo la cabeza derribé al primero, y esta fue á dar'á otra, y esta dió en otra, y fue de manera la cabezada española, que sin mas golpe; ella sola derribó toda una hilera. Creyeron esta aventura, y otras , que es nunca acabar, mas que cuando en el altar las fiestas les echa el cura; porque chanzas de habladores, comedias de tramoyon, ensalmos y coplas, son evangelios labradores. Estaba una villaneja oyendo entre los demas, 53 ACTO II, ESCENA IV. tan' carihermosa, que atras las Amarilis se deja. Fuéronse á acostar al cabo los viejos, y entre la loza fregatizando la rao?a con tal gracia (no la alabo cual merece) se quedó, que si el sol verla pudiera, para estropajo la diera su dorado moño. Yo que la vi ensuciando espumas, llego por detras quedito, y el sombrero que me quijo, la pongo con banda y plumas; y ella entonces, no peñasco, pero algo requesón ya, respondiéndome: «arre allá,» en un espejo; ya casco , se fue á mirar al candil, y arrimando la sartén , dijo: «á ver si me está bien.» El dimuño que es sotil, hizo entonces de las suyas, si Pedro yo de Urdemalas; y como cstrangeras gala» en bobas son aleluyas, tanto pudieron con ella, que á los ecos de un " marido tuyo soy” (hechizo ha sido que encanta toda doncella) siendo tálamo el escaño , la chimenea madrina, á vista de la cocina, hubimos año, buen año. Dueña, aunque no de su casa, la moza, y ya yo su dueño, entró el sol antes que el sueño, y caricuerda Tomasa, (que este apellido la dan) me conjuró que cumpliese ini promesa y que volviese, en saliendo capitán, 6o LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ. DON HERNANDO. Sí haré; que hermosura combatida, á poca distancia olvida, y apetece lo que vé. ESCENA VIII. TOMASA, de conde , á lo gracioso ; como criados suyos EL CONDE y PETRONILA.-LAURA. DON HERNANDO. TOMASA. Selencia sea bien llegada, mande cubrirse selencia; que ya mi-lencia lo está. Echóme el conde á galeras, mi padre, porque llegase á casarme con la priesa que requiere esa hermosura, porque es muy linda selencia. De Genova me sacó la capitana ó sargenta.... ¿Fué sargenta ó capitana? Hola, don Gómez, ¿cuál era? DONA PETRONILA. Sosiégúese vuesiría; que está turbado. TOMASA.. Me prueba la tierra; poro ya caigo: (tengo la memoria tierna) vine en una Galeaza, que seria mi parienta por lo Galeaza , en fin, y pasando el golfo en ella, comimos muy mal-bizcocho. Yo le prometo á selencia que cu esto del bizcochar, son malas monjas galeras. Desembarqué en Vino-arroz. ACTO II, ESCENA VIH. 6* * DOÑA PETRONILA. Vinaroz se llama. TOMASA. Bestia, Vinaroz ó Bindarraez: ¿qué importa mudar dos letras? Tomamos postas allí; que fue la invención mas fiera.... Selencia ¿ha corrido postas? CONDE. {Habla aparte con doña Petronila.) Don Gómez, ¿mas que nos echa á perder este ignorante ? DOÑA PETRONILA. Dejalde decir simplezas; que todo esto importa al caso: vos veréis lo que aprovecha. laura , aparte. ¿Qué conde ó qué bernardina es este, cielos ? don Hernando, aparte. Ya alegran desmayos mis esperanzas, casi con recelos muertas. ¡ Discreto competidor nos viene ! TOMASA. Cincuenta leguas en tres dias y á la posta, postillas á posta engendran en las partes posteriores, que unas con otras apuestan á hacer pistos ó ser pastad, según blandas se me apestan. En fin, ambos acerillos , si no papandujas, brevas, anoche al cantar los gallos, llegaron cual digan dueñas; y yo con la intercesión del buen tio de selencia, que se embarcó en mi lugar, y con cartas me encomienda LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ, á selencia; madrugué,( 1 ) 3 esta tarde; y no viniera, en verdad hasta mañana, á no soñar en selencia; porque las ya dichas postas pienso que anuncian viruelas, y están malas hácia ahajo, con llamarme Malatcsta. LAURA. Hiciera vueseñoría una cosa muy discreta en tardarse allá dos años.... Digo, dos dias. jiparte. Me pega el mal de sus necedades, y por necio, le hablo necia. Ño sé lo que le responda.) TOMASA. Mis baúles, que ya llegan, á selencia le darán dos celemines de peídas, medidas por estas manos. LAURA. La medida es como vuestra, señor conde. TOMASA. Y pienso yo que si se miran y piensan, darán mucho que pensar á pensamientos. LAURA, aparte. ¡Qué bestia! ¡ Piensos todo y celemines 3 ¡Miren con quien me desea casar el conde mi tio !. ¡ En verdad que salen ciertas las parles de que le abona: discreción , cara y presencia! Debió de ser ironía. > (1) Madrugamos, dice la primera edición. ACTO II, ESCENA VIH. TOMASA. Tráigola mas una piedra, para todo mal de bijada cosa admirable. Sclencia ¿es tocada de este achaque? CONDE. (¿¡parte con doña Petronila .) Don Gómez, vuestra condesa está con razón corrida , y puesto que os mira tierna, señal de lo bien que os quiere, siento mucho el ofendella. Saquemos de aquí este loco. DOÑA PETRONILA. Callad, conde, y no os dé pena. TOMASA. (A don Hernando.) ¿Sois vos el que legumbriza lo crítico de esta huerta? DON HERNANDO. Yo su jardinero soy. TOMASA. ¿Hay noria? DON HERNANDO. Sin macho en ella ; mas ya no nos hace falta. TOMASA. Pues mirad: aunque mas vueltas deis al rededor vos y él, sabed que tengo esperiencia que es necedad, porque saca agua que para otros riega, y él á escuras y sediento, acaba donde comienza. No seáis macho, no seáis macho. Cogedme unas berengenas; que en Italia no se comen, v vengo muerto por ellas: datéiselas á este page. (Señalando á doña Petronila.) Miraldc bien, y haced cuenta que es mi page, y que mi page 63 64 LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ. basta que mi pago sea. laura, aparle. Este hombre es loco, señores. ESCENA IX. MANSILLA.-DICHOS. MANSILLA. El marques Octavio espera que vueselencia le dé lugar para entrar á verla. TOMASA, aparte. ¡Ah traidor ! ya te cogí. {A Mansiila.) Esperaos: hola. Selencia {A Laura.) ¿tiene este hombre en su servicio? LAURA. A casa acude. TOMASA. Pues venga muchas veces á la mia. Tomad aquesta cadena; {Dásela.) que os la doy porque sois cosa de selencia la condesa. MANSILLA. Y déme i mí á pies juntillas vuesiría, vuesa alteza, celsitud, paternidad, tú, vos, él, ó reverencia, el par sin par de esas patas. TOMASA. ¿ Llamaisos ? MANSILLA. Mansiila. TOMASA. Oveja golosa, y mansa, Mansiila, G5 ACTO II, ESCENA X. mama á su madre y la agena. Algo me oléis á mamón. Idme á ver cuando anochezca; y vos, jardinero hermano, siempre que mi page os vea, dalde gusto y rcgalalde, y corra esto por mi cuenta; y pues la aguardan visitas, quédese con Dios selencia ; que yo la veré mañana, ó esotro, ó cuando Dios quiera. (Vanse doña Petronila , el conde y Tomasa.) ESCENA X. DON HERNANDO. LAURA. MANS1I.LA. LAURA. ¿Qué os parece el desposado, Hernando ? don Hernando, con ironía. Que en competencia de tal gracia y discreción, ya los celos me hacen guerra. LAURA. ¡ No me la hicieran á mí mas los que de vuestra tierra, con mayorazgos y primas, os sacan de mi obediencia! DON HERNANDO. El alma sí, mi amor no. Id, que el marques os espera, y ojalá, condesa mia , que como el conde os parezca. (Fase Laura.) Tirso. Tomo V. G6 LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ. ESCENA XI. MANSULA. DON HERNANDO. MANSILLA. ¿Conde es este? DON HERNANDO. Y condenado. MANSlLtA. Dirás á bobuna eterna. DON HERNANDO. ¿ En qué lo echaste de ver ? MANSILLA. En que me dió la cadena. ACTO TERCERO, ESCENA I. dona Petronila, de hombre . LAURA. DONA PETRONILA. Que os engañáis os prometo. LAURA. No me persuadáis á mí, contra lo que escuché y vi, que es vuestro conde discreto. DONA PETRONILA. Milagros de esa hermosura ¿á quién no han de hacer turbar? , . LAURA. Ni de mí osaré fiar, don Gómez, esa ventura, ni amor, que al principio empieza á acreditarse turbado, (porque en todo enamorado la repentina belleza reduce á la vista el alma) después que vuelve advertido á su lugar el sentido que estaba, viéndola, en calma . deja cuerdo de enmendar la primera turbación; que amor, todo discreción, sabe ver y sabe hablar. Mas vuestro conde, cu desprecio de quien ya le estima en poco, entró A visitarme, loco, y salió de verme, necio. DONA PETRONILA. Los que en su casa asistimos, 68 LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ, y con él comunicamos, su discreción admiramos, y su donaire aplaudimos. Ni su padre os le enviara, ni Pompeyo intercediera á que vuestro esposo fuera, si, como decís, le hallara sin partes para agradaros, y amor para pretenderos. Turbóse llegando á veros, ocupóse-en contemplaros, y como el alma dirige la lengua, y esta olvidó su acción vital cuando os vió, ¿qué mucho, si no la rige quien la lia sus concetos, que en ellos hiciese pausa, y mientras duró la causa, le turbasen sus efetos? Él volverá sobre sí la segunda vez que os vea. LAURA. ¡Plegue á Dios que tarde sea! DONA PETRONILA. Algo teneis vos aquí que os duele mas, mi señora, que el conde. LAURA. Examinador, por lo rapaz , hablador, ¿quién os mete en eso ? DONA PETRONILA. Adora quien sirve, lo que su dueño, y como tiran sus gages sus gentil-hombres y pagos, estoy en el mismo empeñó que el señor, qu£ os quiere bien, y en fé qué en celos se abrasa, los que estamos en su casa tenemos celos también. Pero, pues os doy enfado, ACTO III, ESCENA I. voimc. A Dios. LAURA. Volved acá. DONA PETRONILA. Si el conde en desgracia está con vos, y soy su criado , participaré desvelos de su vana pretensión. LAURA. Si por participación teneis voluntad y celos, bien me debeis de querer. DONA PETRONILA. Amor en los semejantes es mal de participantes. ¡ Pudiera yo merecer igualaros! LAURA. ¿Hay tal page? DONA PETRONILA. Tuviera yo calidad digna de vuestra beldad en hacienda y en 1 inage; que entonces.... No digo nada. — A Dios; que me vuelvo loco. LAURA. No os vais: esperaos un poco. DONA PETRONILA. Quien de mi señor se enfada, no es razón, siéndole fiel, que en desprecio de los dos, me detenga. LAURA. Trocad vos talle y ingenio con él , y podrá ser que le estime. DOÑA PETRONILA. Pues ¿qué le falta á mi dueño? LAURA. Lo que á la imágen de un leño espíritu que le anime. Si á vuestro cargo se toma 6 LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ. ESCENA IT. DON HERNANDO.-LAURA. DON HERNANDO. Dilaciones, mi condesa, que esperanzas marchitando.... LAURA. Basta, hasta , don Hernando: de conoceros me pesa. Estos papeles mirad, (Dáselos.) y obligaciones cumplid; que aunque es confusión Madrid , tiene mucha claridad su cielo, con que da luz á engaños y deslealtades. Empeños y voluntades, caballero y andaluz, no son pleitos de acreedores que se dejan á herederos; basta que deban dineros y no paguen los señores, sin que deban la opinión engañada por sencilla. En Málaga y en Sevilla (será en su Contratación) teneis vuestros intereses, y es bien los correspondáis, si mercader no quebráis con Petronilas y Ineses, cuyas esperanzas secas, aunque aquí las cultivéis, se quejan de que las deis engaños por hipotecas. Mirad que se cumple el plazo que á estas deudas corresponde, y que está en Madrid un conde que es mi primo y es G a Icazo, ACTO III, ESCENA III. y llevará mal el veros aquí desluciendo oficios; que dicen mal artificios que suelen dejar dineros. Escoged entre las dos la mas hermosa, y salid de esta huerta y de Madrid, ó haréos yo salir. A Dios. ( Vase.) ESCENA III. DON HERNANDO. ¿Qué es esto, Laura? ¿Qué es esto, condesa, señora mia? j El pesar del alegria tan cerca, cielos, tan presto! Mas quien su esperanza ha puesto en yerbas que no dan fruto, ¿qué mucho cobre tributo en flor que fácil se pierde, viva á la mañana y verde, muerta á la noche y con luto? ¿Qué Ineses, si ya casada la que adoré, me dejó? ¿Qué Petronilas, si yo, Laura, el alma os t engordad a ? Dióme en Sevilla posada mi pi'ima; mas si no vi su hija, ¿en qué la ofendí? ¿Es la voluntad moneda con que paga el que se hospeda regalos? Diréis que sí. Míos los papeles son, con que Laura me lastima: escribiólos á mi prima no mi amor, mi obligación. Rigurosa ejecución, ¿en palabras haces prenda? Trueque amor, contrate y venda 78 LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ, si al interés se avasalla; mas no me obligue á compralla , ausente y sin ver , la hacienda. ¿Quién os pudo á Laura dar, papeles, mis enemigos? ¿quién en la corte testigos os hizo de mi pesar? Celos por averiguar infiernos son, que no celos: ó moriré, ó sacarélos en limpio y sabré mis danos, que mas valen desengaños, que morir entre recelos. (Quiere irse, y le detiene doña Petronila al salir.) ESCENA IV. DONA PETRONILA, de hombre. - DON HERNANDO. DONA PETRONILA. Don Hernando, cierta dama que en casa del conde vive, y este papel os escribe, sobrina vuestra se llama. (Dale un papel.) No sé yo como ha sabido que aquí vivís disfrazado.- amor, que es todo cuidado, vuestro fiscal habrá sido. Velda; que corre su honor riesgo agora manifiesto, y por lo que os toca en esto, debeis hacerla favor. La calle de la Gorguera, enfrente San Sebastian, buscad; que en ella os dirán su casa, y ved que os espera; pues si, como dice, es sobrina vuestra, y no vais, aunque Cortés os llamáis, no os tendremos por cortés. (Fase.) ACTO III , ESCENA V. ESCENA V. DON HERNANDO. Alto, á ejecutar papeles que á su madre la escribí, mis penas la traen aquí, ya con celos, mas crueles. Ilabrálc á Laura vendido quimeras y obligaciones, que en sus imaginaciones engendran desden y olvido. Mas ¡ á Madrid de Sevilla una muger principal, sin verme, haciendo caudal solamente de escribilla! ¡ Y en casa del conde ! ¡ Cielos! ¿Tan presto se han conocido? Pero si el conde ha sabido mi disfraz y tiene celos, no es mucho, amor, que procures que mi esperanza destrocen; que en viéndose se conocen los celosos y tahúres. Sepamos qué determina de mí, ó qué puede quererme quien me ejecuta sin verme. ¡Válgate Dios por sobrina! (Lee.) La tempestad y inclemencia del cielo , en la patria mia hacienda y madre en un día me quitó , no la paciencia , Solo tengo por herencia palabras que por escrito en vuestra sangre acredito ; mas podrc'isme responder que del decir al hacer , don Hernando , hay infinito. No os quiero yo limitar 8o T.A HUERTA DE JUAN FERNANDEZ gustos que hacen disfrazaros ; solo con veros y hablaros penas pretendo aliviar. Mucho tenemos que hablar, y mucho mas de vos fio. Duélaos el destierro mió; y vedme , que es importante , si no queréis como amante , á lo menos como tio. ¡Bien mi dicha se restaura con sobrina sin hacienda, que desterrada pretenda hacer competencia á Laura! ¡Y bien á su amor me obliga, solicitando rigores de quien esperanzas flores con menosprecio castiga! Con Laura me ha descompuesto dona Petronila , en fin ; su desden secó el jardín que mi amor habia dispuesto. Bien podré satisfacerla, aunque renuncie disfraces, (que celos paran en paces) y mas haciendo que á verla vaya su competidora; mas ¿cómo podré después, celosa de doña Ines, siempre mi perseguidora, desmentir tantas sospechas? ó ¿cómo pudo saber mi Laura de esta muger, y de memorias deshechas fabricar enojos tales? Mas también habrá venido á Madrid, porque el sentido me quiten juntos mis males. Dejemos transformaciones que tan mal se me han logrado, y ya mi amor declarado aliente sus pretensiones. Veamos esta sobrina ACTO III, ESCENA TI. 8l que solicita mis daños; pagaréla en desengaños el mal que á hacerme se inclina, y á Laura reduciré á que averiguando enojos, vuelva mi paz á sus ojos; que si me ama, bien podré. A Mansilla buscar quiero para mudar de vestido.— Esta vez no habéis salido, amor, diestro jardinero. (Fase.) Campo con vista esterior de la huerta, fuentes y un lavadero. ESCENA VI. TOMASA , de labradora , rebozada con la toca. MANSILLA. • TOMASA. Dejeme lavar mi ropa, le digo, y hágase allá. mansilla. Vuelve la fachada acá, y no mires por la popa; advierte que me destilas el alma y el corazón. ¡Bien haya quien el jabón hizo, y inventó las pilas! Bendito sea el regidor, que éntre lloridos matices, condujo jabonatrices para que se lave amor. Ni sus salas ni planteles, cuadros, estátuas, pinturas, grutescos, arquitecturas, rejas, balcones, canceles, se igualan á la invención que en tanta pila dilata Tirso. Tomo F. G 82 LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ, brazos fregones de plata entre ninfas de vellón. ¡No me hiciera á mí poeta el Dios rubio, todo cara! Panegíricos cantara á la invención arquitcta de Juan Fernandez, que aquí, refugio de mantellinas, (1) labró pilas cristalinas. Vive Dios, que cuando vi gorronas en letanía, pilones en pi'occsion, sudando espuma el jabón entre súcia trapería, que á fuer de disciplinantes, con los golpazos que daban, la pobve ropa llagaban, y á tí entre tus semejantes cernierdo jabonaduras, y amasando camisones, que dije: «si aquí te pones, amor, no andarás á oscuras; que dando ojos por despojos, aquí por lavar aprisa , la mas llamante camisa sale , rota, un Argos de ojos.» Ea, destapa la boca , brilladora lavatriz; no se atreva á la nariz la descomedida toca: mira que me estás torciendo el alma como pañal. TOMASA. No lo sabe decir mal el lacayazo. MANSILLA. Ya entiendo: turrón quieres. (1) Lo mis mo que fregonas: criadillas. 83 ACTO III, ESCENA VI. TOMASA. El picaño debe soñarse en la aldea , huésped de una chimenea , y adúltero de un escaño. MANSIELA. ¡ Zape! Astróloga acusanta , ¿quién de escaños te informó? que si la espetera no, por Dios que eres nigromanta. ¿Quién el soplo vivo fue de este caso? TOMASA. La noticia que tiene de él la justicia, á quien aviso daré de que siendo un ganapan, con alquilados vestidos y cuentos no sucedidos, s e vende por capitán, y labradoras engaña c °n plumitas y sombrero. Todo se sabe, chancero ; parientes tengo en Ocaña. Tras él vino con su padre la del escaño; y en otro cantará, que llaman potro , á las tres ánades madre, (si nones decir espera) el que de una cuchillada sabe dar tal cabezada , que hilvana toda una hilera. Pues, míreme aquesta cara. ( Destápase .) MANSIELA. ¡Tomasa del alma mia! ¿ tú en Madrid ? TOMASA. ¿Pues qué quería? ¿que la gincta aguardara , que en almohaza ha trocado? Aquí en busca suya estoy. 84 LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ. MANSILLA, Los brazos y alma te doy. ¿Quién tan presto te ha enseñado á hablar sacudidamente ? * TOMASA. Pues yo ¿cuándo muda he sido? MANSILtA. Muger muda no la ha habido; mas labradora inocente ¡en Madrid (1) deja su casa, y fullera jaboniza! TOMASA. Ansí el amor se desliza. Quedando cual vió, Tomasa, y sabiendo padre el caso, ¿qué tenia que esperar? Sirvo en aqueste lugar á una dama, toda raso, y no ha de verme mi aldea mientras que no desengaño.... MANSIIXA. Querrás decir al escaño, y madrina chimenea. TOMASA. Que vuelvo con mi marido. MANSILLA. Si quieres, presto será. ¿Dónde vives? TOMASA. , Cerca está, aunque el sitio es escondido. Yo me le sabré buscar cuando le haya menester; que agora no puede ser. MANSILLA. ¿Pues por qué ? TOMASA. Es nunca acabar. No me ronde lavanderas, ni pilas atisbe , ¿entiende? (Q Por Madrid. 85 ACTO III, ESCENA VII. si es que anochecer pretende con las costillas enteras ; sino por aquí se esté; - sabrá después lo que pasa. MANSIIXA. ¿Qué garatusas, Tomasa, son estas? TOMASA. Se las diré ♦ uando importe. ESCENA VII. * UN CRIADO.—‘•TOMASA. MANSIIXA. CRIADO. Don Hernando Cn la posada os espera. mansilda. ¿Tenemos nueva quimera? CRIADO. Sayales va renunciando , y viste á lo caballero. MANSILLA. Celuchos deben de ser. (A Tomasa .) ¿Me vendrás mañana á ver? TOMASA. A las dos. MANSILLA. Mucho te quiero; pero viendo que tu casa me ocultas, celos me das. Nina , en un lugar estás donde por todo se pasa; no pase todo por tí. TOMASA. Ni por él, dándome enojos. Ponga dieta en los ojos, ó acordarásc de mí. (Tansc.) LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ, que me conozcáis tan presto, sin haberme visto nunca. Pudiera alegar, tras esto, agravios no merecidos con que me habéis descompuesto con Laura, de cuyo amor solos ya desdenes medro; ademas (si no me engano) de que en vos la imágen veo de un don Gómez que me trujo esta tarde un papel vuestro. Ved si hay causas de admirarme. DONA PETRONILA. Un algo nos parecemos ese page y yo, r : verdad ; mas eso, Hernando, no es nuevo. Murió en Sevilla mi madre en el rigor de este invierno, á manos de aquel diluvio que tantos pobres ha hecho. Habíame prometido, ensenándome los pliegos que de Italia y de esta corte la enviastes, que en honestos lazos de amor os tendria brevemente por mi dueño; y deseábalo mucho, obligándoos hasta en esto. Estaba yo. (perdonadme si declaro pensamientos que la vergüenza hasta agora tuvo ocultos en mi pecho) estaba yo enamorada desde que una noche os vieron curiosidades prohibidas que engendraron mis deseos, (puesto que á puerta cerrada) por permisiones que el tiempo supo abrir en sus molduras; que aun en ellas hay cohechos. Como os partístes á Italia aquella tarde sin vernos, 93 ACTO III, ESCENA XI. y amor con la privación o» lo misino que con celos, cuanto mas dificultoso os consideré , dió aliento á centellas que imposibles, no pararon hasta incendios. Sin vos, sin mí y sin mi madre, vine en vuestro seguimiento por lo mas, ya que perdí la hacienda, que fue lo menos: quiero decir, por el alma; que ya que mis bienes pierdo, aunque en ella halle mis males, busca su consorte el cuerpo. No faltaron en Madrid Argos, Hernando , que os vieron cohechar jardines y flores, y al conde noticia dieron de malicias , ya verdades, que averiguando los celos, para desmentir peligros, pararon en embelecos. Apeóse en mi posada el dicho conde, y pudieron, según él finge , obligarle mis ojos, que él llama cielos, A divertirle de Laura; y esto, Hernando, en tanto estremo, que informado de quien soy, en saliendo con- un pleito que importante aqui litiga, con lícitos himeneos me ofrece en Italia estados, y en España pensamientos. Puso casa, y en un cuarto de ella dándome aposento, si amante me solicita, me honra como caballero. Para burlarse de Laura, hizo al page mas grosero que la viese, falso conde: ya os hallasteis al suceso. LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ. Tio , mi padre me escribe que con mas de cien mil pesos viene á cubrir de diamantes la cruz que os adorna el pecho. Si pagais obligaciones, cuando un conde menosprecio, y con el nombre de esposo gustáis realzar el de deudo, dejad pretensiones vanas; porque os afirmo por cierto que don Gómez, ese mozo, á quien dicen me parezco, tiene en Laura tanta parte, (pues yo os afirmo , creeldo) que hay quien ha visto que pasan de los límites honestos. Díjele cuanto os quería ; ofreció ser mi tercero; dióme de sus dichas parte; y para aliviar sus zelos, vuestras cartas me pidió , que á la condesa pudieron persuadir á los engaños que lloran vuestros desvelos. Como en que Laura os olvide tanto, mi Hernando, intereso, también yo he solicitado con ella sus menosprecios. Obligaciones de tio, promesas de caballero, correspondencias de amante, resoluciones de cuerdo, os intimo; si admitís la voluntad que os ofrezco, ni yo lloraré desgracias, ni vos sentiréis desprecios. DON HERNANDO. Ahora, • sobrina, estas cosas piden dilación al tiempo, información á la lama , y ó la prudencia consejo: tratarémoslas despacio. ACTO III, ESCENA XII. Yo vendré á la noche á veros: quedaos con Dios. ( Aparte. Muerto voy de agravios, de amor y celos.) {Tase.) DONA PETRONILA. Esto lleva ya camino. (Cúrese.) ESCENA XII. ROBERTO.—DONA PETRONILA. ROBERTO. Ya se fue aquel caballero. DONA PETRONILA. Y el conde se tarda mucho. Yo tengo la casa lejos. Sepa si volvió la silla por mí. ROBERTO. Con un escudero, pienso que os espera abajo. DONA PETRONILA. Pues diga el señor Roberto al conde que me perdone; que mañana le prometo volvei'le á besar las manos; y á don Gómez que le debo el cuidado con que estuvo aguardándome al encuentro para acompañarme; que es puntualísimo en estremo. ( Fanse .) 9 6 LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ. Sala en la casa de la huerta. ESCENA XIII. TOMASA con murólo y de dama, muy bizarra, laura, en cuerpo. TOMASA. Favorece vueseleucia ini humildad como quieu es. LAURA. Vos, señora doña Ines, en discreción y en presencia mereceis que don Hernando os adore; y para mí, quien de vos se olvida ansí, otras bellezas buscando, estragado tiene el gusto. TOMASA. Aunque peca de inconstante, es Hernando vuestro amante, y viéndoos, no fuera justo que de amor no mejorara; pues siendo conde con vos, correspondidos los dos, no es mucho que me olvidara. Salistes con la sentencia, que gocéis por muchos años;, sacáronme mis engaños de Málaga; y la inocencia, que en las de mi profesión se funda en recogimiento, podrá servir de escarmiento, si no de satisfacción, á quien como yo se deja de palabras engañar. ACTO III, ESCENA XIII. LAURA. Don Gómez me vino á dar cuenta de la justa queja que don Hernando Cortés os causa; y tengo noticia que su amor, todo malicia, lia alcanzado, doña Ines , de vos , lo que no se puede restaurar no siendo esposo vuestro. TOMASA. El amor engañoso lo que no cumple concede. A costa de mi vergüenza, confieso lo que decís. LAURA. Si ese derecho adquirís, la razón, doña Ines, venza; que yo no he de ser muger de quien ya para con Dios está casado con vos: ya de mí no hay que temer. Galeazo Malatcsta, aunque oculto á verme vino, engaños cuerdo previno de quien ya mi amor molesta. Es mi primo, y pues salí en el pleito vencedora, dándole la mano agora, verá que hay valor en mí para pleitear estados, y amor para restaurar perdidas que lian de premiar sus amorosos cuidados. TOMASA. Sois vitoriosa y amante. LAURA. De mí, Ines, estad segura; pero no de otra hermosura, con la vuestra litigante, que en Sevilla se dejó engañar cual vos, y agora , 'Tirso. Tomo V. 97 7 gS LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ, en Madrid competidora, en tres cartas alegó palabras que recopila, y os ha de dar bien que hacer por ellas. Es la muger cierta doiia Petronila, su sobrina, y sevillana. TOMASA. Siendo primero acrédor en esas deudas mi amor, la justicia tengo llana; y un testigo de dos anos que traigo á Madrid conmigo. LAURA. Ese es parte y es testigo que sacará á luz engaños. ¿Es posible que se atreva quien ansí se ve obligado , al cielo? TOMASA. Un enamorado tras sí los sentidos lleva. Bien le pueden disculpar hermosura , amor y ausencia. ESCENA XIV. UN CRIADO.—LAURA. TOMASA. CRIADO. Una dama á vueselencia plácemes le viene á dar del pleito con que ha. salido. LAURA. ¿Quién es? CRIADO. Dicen que se llama doña Petronila. LAURA. Dama 99 ACTO III, ESCENA XV. de vuestro ofensor ha sido: mirad si os dije verdad. ¿Queréis veida? TOMASA. No, señora; que siendo mi opositora , pcrdei'é á la autoridad que merece vucselencia el respeto, y no es razón dar á enojos ocasión. Irme quiero. LAURA. Esa es prudencia. Mirad que habernos de ser muy amigas desde hoy. TOMASA. Bésoos las manos. Yo soy vuestra esclava. {Vanse Tomasa y el criado .) LAURA. Esta muger he visto yo no sé dónde: paréceme que jurara que se retrató en su cara la del mentiroso conde. ESCENA XV. DOÑA PETRONILA, cubierta la cara. — L A URA. DONA PETRONILA. Don Gómez, señora mia, á quien le debe mi honor la confidencia y favor que de él mi esperanza fia , me mandó que á visitaros á instancia suya viniese , y parabienes os diese de que ya pueda llamaros condesa suya Valencia. IOO LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ. Goce con su posesión, digna de tal perfección, , otras muchas vueselencia, y téngame á mí por suya. LAURA. Cuenta don Gómez me ha dado de quien sois y del cuidado que os trajo á Madrid: arguya de vuestra belleza agora mi vista la ingratitud de una loca juventud que os ha olvidado. Señora, apartad del rostro el manto. DONA PETRONILA. Serviros es mi deseo. ( Descúbrese .) laura. ¡ Jesús! ¿Qué es esto que veo? DONA PETRONILA. No me admira vuestro espanto ; que somos muy parecidos don Gómez y yo. LAURA. No sé si viéndoos , crédito dé á mi engaño ó mis sentidos. Admiro tal semejanza. DONA PETRONILA. Como esa es causa de amor, solicité su favor, y vive en él mi esperanza. Quiso Dios que se apease en la posada en que moro , y el menosprecio que lloro mis desdichas le contase; y de ellas compadecido don Gómez , me prometió socorros que ya cumplió; pues según de él he sabido, ya don Hernando Cortés no podrá lograr en vos los engaños que á ot as dos 101 ACTO III, ESCENA XV. ha hecho. LAURA. Una doña Ines, de Málaga, puede haceros contradicción ; que de mí no hay recelos desde aquí, que os den causa de ofenderos. Líbreme Dios de tal hombre. DONA PETRONILA. Ya yo sé que esa muger esta tarde os vino á ver; mas no hay porque eso me asombre; que todos son fingimientos. LAURA. Por cierto, si cual la cara, vuestro derecho os ampara, que tencis merecimientos dignos de que don Hernando mas que á todas os estime. DONA PETRONILA. Vuestra hermosura reprime memorias que estoy llorando; puesto que como os adora don Gómez.... (el conde digo; que declarado conmigo , de todo soy sabidora) no tengo que temer daños, aunque sí merecimientos, pues os darán escarmientos consejos en desengaños. ¡ Dichoso, si ha de ser dueño don Gómez, de esa beldad! LAURA. Vivid con seguridad de que el amor que le enseño, no es fingido. DONA PETRONILA. Sois tan sábia como hermosa en elegir tal sugeto. LAURA. Seos decir 108 LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ, y que vos.... Pero son tantas las quimeras que eslabona, que unas á otras se embarazan. Pues ya salí con mi pleito, fingimientos se deshagan, y renunciando el don Gómez , sepan que os adora Laura por Galcazo, mi primo. CONDE. De mis sentidos me sacan. ¡Cielos! ¿duermo? Di, traidor, {A doña Petronila.) ¿no me has dicho que estudiabas en Alcalá, cuando viste á mi prima, y que una dama que aquí tienes, con un hijo, es tu esposa, y que con Laura me habias de desposar? DONA PETRONILA. ¡Jesús! ¡Las cosas que ensarta! No os espantéis, prima mia; que de una enfermedad larga los lucidos intervalos que habéis visto, le maltratan. CONDE. ¡ Oh villano! ¡Vive el cielo...! ESCENA XX. UN ALGUACIL.-DICHOS. ALGUACIL. Que lleve preso me mandan 4 Galeazo Malatesta, que vino á Madrid de Italia. Vuesclencia me perdone; que todo vendrá á ser nada, y por saber que es su primo, tendrá por cárcel su casa. ACTO III, ESCENA XX. LAURA. Pues al conde, ¿qué le imputan ? ALGUACIL. Una muerte ocasionada por su padre allá en su tierra; mas todo en Madrid se acaba. Díganme, ¿quién es el conde? {Al conde.) ¿ Sois vos, señor ? CONDE. Quien se alaba de serlo, y con tal blasón, primo le intitula Laura, es el que tenéis presente. (*Señalando á doña Petronila.) DOÑA PETRONILA. ¿Yo conde? ¿Qué me faltaba ? Criado del conde , sí; que es este. {Señalando á Tomasa.) TOMASA. Si hay condes Vargas, Vargas conde soy desde boy; mas si no, dejando chanzas, nací en Cabañas de Yepes, y no nacen en cabañas , aunque hay tanto conde agora. ALGUACIL. ¡ Oh ! pues si negarlo tratan, vénganse todos tres presos. TOMASA. Señores, que soy Tomasa, muger de Mansilla. LAURA. ¿Quién? CONDE. ¿Vos muger? TOMASA. No si no el alba. Y el don Gómez , si le ojean á los pies, manos y barbas, ¿quién piensan que es ? Petronila. ,0 9 LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ. LAURA. ¿Qué dices? TOMASA. La Sevillana. LAURA. ¡ Jesús! Don Gómez, ¿que es esto? DONA PETRONILA. Verdades que si adelgazan, no quiebran. TOMASA. Embustes mios los vuestros desenmarañan. Don Hernando, salí acá.... ESCENA XXI. DON HERNANDO.-DICHOS. TOMASA. (Al alguacil.) Y arrimad vos esa vara; que yo os di la comisión, y quiero residenciarla. Hernando, esta es la sobrina con cien mil pesos que en barras tiene de dote, y cien mil donaires para adorarla. Acábense las quimeras. DON HERNANDO. Desde que el sol de su cara miré, ganó su hermosura desdenes que me asombraban. Vuestro soy. DONA PETRONILA. ¡Gracias al cielo! CONDE. Ya estaréis segura, Laura, de que soy el conde yo. LAURA. No será deudor quien paga. ACTO III, ESCENA XXII. Con la mano desempeño peregrinaciones y ansias que habéis pasado por mí. CONDE. Ya glorias podré llamarlas. ESCENA XXII. MANSILLA.-DICHOS. MANSILLA. (Al salir.) No hay dar en todo hoy con ella. TOMASA. ¡ Mansilla! MANSILLA. ¡Jesús! Fantasmas, ilusiones, ¿qué es aquesto? ¿Quién hizo conde á Tomasa? TOMASA. Amor y bellaquerías que en Madrid y en huertas pasan, tan célebres como es esta. DON HERNANDO. Alto, reparen desgracias bodas , y premios dé amor, mientras nuestra corte alaba la Huerta de Juan Fernandez , y suple el senado faltas. EXAMEN DE LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ. Esta obra de Tellez fue incluida en la Colección gene¬ ral de comedias escogidas que diversas veces liemos cita¬ do; pero la censura mandó dejar en blanco mas de cin¬ cuenta versos del drama, inocentísimos algunos, y los demas quizá no tan peligrosos como muchos que corrían im¬ presos con real licencia, y aun se recitaban en el teatro. Copiamos de aquella Colección el juicio que sigue, porque nos parece bien pensado y escrito; y pondremos á conti¬ nuación algunas observaciones de nuestra propia cosecha. "Aunque esta comedia es esencialmente defectuosa en el plan y economia de la fábula, como la mayor parte de las del Maestro Tirso de Molina, son tantas las bellezas que contiene, que no merecen quedar sepultadas en el ol¬ vido. El pensamiento es igual al de otras varias del mis¬ mo autor, que se repetía mucho en esta parte, como to¬ dos saben. Para pintar hasta donde llega la travesura de las mugeres en aquella ciencia en que la naturaleza las gradúa de doctoras desde que empiezan á suspirar en si¬ lencio, supone el poeta una joven que se enamora de un hombre; le sigue disfrazada en trage del otro sexo, le in¬ dispone con su amada, y á fuerza de engaños y artificios, logra que se despose con ella. La intriga es buena hasta este punto, sin embargo de que, como ya hemos dicho, el argumento está tratado en otras comedias, y de un modo superior en Don Gil de las Calzas Verdes. Pero si en esta quería Tirso que triunfase Petronila, ¿por qué dió tanto interés, ó tal vez mayor, á la condesa? ¿Por qué multiplicó de tal modo los enredos, que desfiguran y ofuscan notablemente el último acto, de suerte que ape¬ nas su mismo autor puede discernirlos con claridad, cuan¬ do bastaba y aun sobraba, con la tercera parte ? ¿ No era mucho mejor no presentar en la escena tantas veces EXAMEN. Il3 á la misma persona, la misma fisonomía , ya vestida de hombre, ya de muger, sin disfrazarla de fcualquier modo, .obligándonos á suponer, contra toda verosimilitud, que la desconocen siempre ? Finalmente, ¿ no valia mas no confundir la libertad con la travesura, dando á Petronila un trato menos inmediato con el conde, hacer que no mintiese tanto, fingiéndose deshonrada, con sucesión, ¿5fc?” «Sin embargo de los defectos indicados , no podemos dejar de recomendar al público el primer acto, lleno todo de relaciones, á cual mas largas en verdad; pei'o no por eso menos graciosas y entretenidas; los donaires y concep¬ tos, ya ingeniosos ó elevados, y demas galas poéticas der¬ ramadas con profusión por toda la obra ; los primeros amores tan interesantes; los segundos tan graciosos; aquel cuadro bellísimo, aquella situación encantadora, la Huer¬ ta de Juan Fernandez, habitada por una deidad, cultiva¬ da por un amante amado, en donde cuanto ven y sienten son ilores, en donde solos se bastan á sí mismos, y no hay mas inundó para ellos que su amor y sus esperanzas.... ¡Qué lástima que aquella artificiosa Petronila venga á mal¬ quistarlos y destruir tanta felicidad ! Pero por otra parte, cuando se reflexiona que sus derechos son mejores que los de la condesa, su pasión mas vehemente, y mayor tal vez su hermosura, según el efecto que produce, es preciso per¬ donarla , y perdonar también al ingenio que no respetó ni aun la unidad del objeto y del interés, y á pesar de eso nos arrastra al teatro, y nos deleita con la lectura de su obra, después de haber pasado cerca de doscientos anos desde su fallecimiento.» «¿Qué diremos del fingido conde -Galeazo y de sus aventuras, de sus selencias, y de aquel porque para bizcochar son malas monjas galeras?” «Si hubiésemos de citar todos los trozos de,bella poesía que contiene esta comedia, seria preciso copiar mucha Parte de ella. Recomendamos principalmente á nuestros tactores el siguiente: Mandásteme descalzarte; la diestra bota tiré, y en viendo el menique pie con la media, dije aparte: «¡ oh pie digno de un chapín , Tirso. Tomo F. 8 I í ¿ LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ, que por lo corto das cinco, mejor fueras para brinco de un letrado camarín! «Estos versos y todos los sucesivos, puestos en boca de Tomasa en la escena tercera del primer acto, se hicieron, sin duda, sin levantar la pluma del papel: son admira¬ bles, porque las bellezas se suceden unas á otras de tal suerte, que no parece que habla un ser humano. En ellos compite la energía con la fluidez, la propiedad con la ar¬ monía , la elegancia con la novedad, la frescura con la riqueza, y finalmente, todas las gracias del estilo, con to¬ dos los primores del ingenio y de la elocución.’* ACTO PRIMERO. ESCENA I. En esta comedia abundan los disfraces; figuran en ella, en trage distinto del que les corresponde, nada menos que los dos galanes que hay, una dama y una lu¬ gareña. Las dos últimas hacen la csposicion, que prin¬ cipia con una plática moral dirigida contra el afán, común en todas épocas, de quererse igualar el chico con el gran¬ de, de no saberse contener en los límites de su estado. La filosofía habla aquí por boca de una villana, órgano al parecer no muy propio. Pudiéramos decir que há dos si¬ glos era no solo lícito, sino casi de obligación, que el autor de una obra dramática hiciese papel en ella, en¬ cubierto con la máscara del gracioso; pero en el caso pre¬ sente creemos descubrir una intención cómica que pruebra el alto ingenio de Tellez. ¿Quién predica la modera¬ ción en los deseos aquí? ¿quién aconseja que no apetezca golosinas el pobre ? Una mozucla de mesón que preten¬ de casarse con un capitán. No se puede poner de bulto la universalidad del vicio con mas arte. Doncella y corte son cosas que implican contradicción.— .doncellas en coche son ciruelas en banasta. Tampoco habla aquí el maestro Tellez; palabras son estas de una aldeana , que afirmando lo que no puede sa¬ ber, se muestra envidiosilla y murmuradora. Cabanas no EXAMEN. Il5 es Madrid; allí no hay coches, y si hubiéramos de juzgar por Tomasa diriamos que no son demasiadamente virtuosas las ninas de aquel pueblo. Si la zorra que perdió la cola en la ti'ampa hubiera emigrado, contaría que en su pais todo el pueblo raposo era rabón. Repetimos que esta cen¬ sura nos parece solo un rasgo característico lleno de mali¬ cia y de propiedad, con respecto al personage en cuya boca se pone. ESCENA II. Entre esperanzas Jlores , desespero. A veces adjetiva Tellez los sustantivos; pero en nin¬ guna comedia tan frecuentemente como en esta. Sin salir del acto primero, encontrará el lector, ademas del ejemplo de arriba , los de parientes obligaciones , tálamos deseos , antojos mugeres , curiosidades doncellas , clausuras vír¬ genes , y algún otro. Los seis últimos versos del razona¬ miento de Laura desdicen no poco de esta bellísima esce¬ na lírica. ACTO SEGUNDO. ESCENA Jé DONA PETRONILA. Yo soy tan agradecido.... Vargas, déjanos aquí. TOMASA. Dé jote: allá dentro espero. ( [Fase .) DONA PETRONILA. Que os he, conde, de pagar.... £fc. Paréntesis de mala calidad, porque al llegar al cuarto verso, ya no se acuerda del primero el lector ó el oyente. ESCENAS II Y III. CONDE. Cosas proponéis, por Dios, cstraiias. DONA PETRONILA. Soy estudiante. Porque chanzas de habladores, Il6 LA HUERTA DE JUAN FERNANDEZ. comedias de trarnoyon, ensalmos y coplas son evangelios labradores. Difícil es pintar mejor la travesura de la juventud escolástica, y la ignorante credulidad de las gentes del campo. ESCENA IV. Dueña, aunque no de su casa, Sfc. Si el censor que examinó las comedias de la Colección general , solamente hubiese mandado suprimir este trozo, no liabria motivo para quejarse de su rigor: pero ¿ en qué habían pecado los versos siguientes, que quedaron igual¬ mente en blanco en la edición citada ? Página 10, linea 11. Y vos un grande bellaco. Mucho os tengo de querer. Página 13, línea 26. Y mas con la hermosura.... (1) Página 23, línea 11. Ya que loco y atrevido fuiste hoy, aquí morirás. Página 42, línea 4- Cuando me quiten su estado.... Página 42, línea 41. Con todos sus sacramentos.... (2) Página 52, línea 36. Mas que cuando en el altar (3) las fiestas les echa el cura. Página 84, línea 19. A una dama, toda raso.... (4) ESCENA VIII. Postillas á posta engendran en las partes posteriores, que unas con otras apuestan (1) ¿En qué se ofende á la magistratura española con decir que una muger hermosa que tiene justicia , ha ganado un pleito? (2) Metáfora común que nada tiene de irreverente. (3) El anuncio de una fiesta ¿es acaso artículo de fé? (4) Es decir, que viste ricamente, ¡ Grave crimen en una señora! EXAMEN. 117 á hacer pistos ó ser pastas, según Llandas se me apestan. Pensamientos, elocución y versos, todo aquí es ma¬ lo. Para hacerse aborrecer ó despreciar de Laura el su¬ puesto conde, no tenia necesidad de decir suciedades ; so¬ braba con los despropósitos que ensarta. ACTO TERCERO. escena i. Temeroso del marques,... . l a cansa es de venir disimulado. Si al la precediese un esta, tal'vez podría pasar la lo¬ cución; pero quedaría mejor, si dijera el primer verso: te¬ mor que tengo al marques. LAURA. Espera, escucha.—¡Hay quimeras semejantes!—Primo, conde, don Gómez, oye y responde si estas son burlas ó veras. El artificioso discurso de Petronila produce en el es¬ pectador el mismo electo mágico que espresan aquí las pa¬ labras de Laura. La Huerta de Juan Fernandez , con poca acción en el primer acto, con mucha en el último, con diálogos lar¬ guísimos en todos, es á pesar de esto', en nuestro dicta¬ men, la comedia del maestro Tellcz mas rica en poesía. EL CASTIGO DEL PENSEQUE. 12 ¿ ESCENA II. ROBERTO.-DON RODRIGO. CHINCHILLA. ROBERTO. (Para sí, en el fondo del teatro .) Tarde he venido; el tiempo me ha detenido; él me puede disculpar.— Pero ¡ ciclos ! ¿ no es Otón este que á los ojos tengo? A famoso tiempo vengo. Llego á hablalle; que es razón. Pero no; á su padre quiero pedille de su venida las albricias. (Fase.) ESCENA III. DON RODRIGO. CHINCHILLA. CHINCHILLA. Por mi vida, que para estar sin dinero, es nuestra flema muy buena. Busquemos una hosteria, pues si en ella el patrón fia sobre prendas cama y cena, hombre eres de muchas prendas, pues que tu nombre y blasón es don Rodrigo Girón. Sobre ellas, pues no hay que vendas, cenarás. DON RODRIGO. Ya que he veuido á Flandcs desde mi tierra, serviré al rey en la guerra; 125 ACTO I, ESCENA IV. que el noble que es bien nacido, solo por sus hechos medra, y con fama celebrada, saca fruto de la espada como Moisés de la piedra. ESCENA IV. LIBERIO. CLAVELA. LUCRECIA. ROBERTO.—DON RODRIGO. CHINCHILLA. LIBERIO. (Hablando con Roberto al salir.) ¿ Otón ? ROBERTO. Otón digo que es. LIBERIO. Si el fuera, ya hubiera entrado. Mas él es. ¡ Ay hijo amado! (Llegándose á don Rodrigo.) Dame los brazos. Ea pues, deja á la naturaleza hacer su oficio de amor. DON RODRIGO. ¿Habíais conmigo, señor? LIBERIO. ¿Pues con quién? ¡Buena simpleza! ¿Qué dudas? Dame los brazos. DON RODRIGO. Darélos por cortesía. (Abrázale.) LIBERIO. ¡Hijo mió! ¡prenda mia! Vuelve, y dame mas abrazos. Clávela, abraza á tu hermano. chinchilla, aparte. Hecho me quedo un baulon. CLAVELA. Llegad y abrazadme , Otón. 126 EL CASTIGO DEL PENSEQUE. DON RODRIGO. Yo soy quien en eso gano. Pero. CHINCHILLA. (Aparte á su amo.) Llega, majadero, y deja peros ahora. DON RODRIGO. Alto; abrazadme, señora. (Abrázala.) CHINCHILLA. (Aparte á su amo.) Ese sí que es lindo pero. LII5ERIO. (A Lucrecia.) Prevéngase su aposento y cena. (Fase Lucrecia.) CHINCHILLA. Si hay que comer, vamos. (Aparte. Dios nos vino á ver.) LIBERIO. Loco me tiene el contento. DON RODRIGO. ¿Qué es esto, señora mia? Señor , ¿qué es lo que decís? CHINCHILLA. (Aparte á su amo.) Calla. CLAVELA. ¿Que aun os encubrís? DON RODRIGO. (Aparte. ¿Hay mas estraña porlia?) Yo llego en esta ocasión desde Castilla. LIBERIO. No quiero sabella. Entremos primero; que en buena conversación, después de alzada la mesa, nos diréis ese suceso. ACTO I, ESCENA IV. I DON RODRIGO. Señores. CHINCHILLA. (Aparte á su amo.) ¿Estás sin seso? ¿De esta ventura te pesa? Hallas aquí padre y madre, que comer y que cenar, cuando acabas de llegar sin blanca ; llámase padre tuyo un viejo, que en cajones, para que vivas triunfando, le deben de estar maullando gatos llenos de doblones, ¿y escúsaste, mentecato? Di que eres Otón , Enrico, Valdovinos, mono, mico, Herodcs y Mauregato. LIBERIO. Si el temor de la desgracia que de aquí te hizo huir, hijo, le obliga á fingir, no temas.... DON RODRIGO, aparte. ¿No es linda gracia aquesta ? LIBERIO. Porque Roberto está delante de tí, ¡te disimulas así! CHINCHILLA. Sí, por eso se ha encubierto. LIBERIO. Ya no tienes que temer. Cortó el cielo en años breves la vida al duque de Cleves; viuda queda su muger, moza, rica , y por su dote, condesa de Obcrisel. CHINCHILLA. {Hallando aparte á un lado con don Rodrigo.) Señor, acota con él, 128 el castigo del penseque. ó no cenarás gigote. DON RODRIGO. ¿Pues qué lie de hacer? CHINCHILLA. Consentir, comer, conversar, contar, y á veces disimular, porque te importa vivir. Llegó una noche á una venta un licenciado sin cuarto, ni blanca; estaba de parto la ventera, y no habia cuenta de dalle por ningún precio un bocado de cenar, ni cama en que se acostar, porque era el parto muy recio, y traia alborotada la venta. Llegóse y dijo el estudiante: "de un hijo la ventera está preñada. Si quieren que luego pára , tráiganme tinta y papel, y un ensalmo pondré en él de virtud notable y rara.” Escribió solos dos versos ; cosiólo en un tafetán; sacáronle vino y pan, y otros manjares diversos; diéronlc paja y cebada á la bestia ; parió luego la ventera ; mas no á ruego de la oración celebrada. Partióse, sin guardar cosa, el estudiante, estimado de todos y regalado; la huéspeda, codiciosa de ver lo que contenia la tal nómina ó papel, tan dichoso que con él cualquier preñada paria, abriólo, y vió en él escrito: “cene mi ínula, y cene yo, ACTO I, ESCENA IV. siquiera pára, siquiera no; M y riyeron infinito. Si padre y madre has hallado, cene mí amo y cene yo, siquiera sea, siquiera no, tu padre, agüelo, ó cuñado. LIBERIO. Ea, hijo, ¿qué dudáis? CLAVÉLÁ. Hermano, ¿qué os deténeis? DON RODRIGO. Con la salva que me hacéis, pues todos me aseguráis, no es hien que mi fingimiento dure mas. Vuestro hijo soy. (i Sale Lucrecia.) LIBERIO. Otras mil veces te doy los brazos.—El aposento (A Lucrecia.) ¿está prevenido? LUCRECIA. Está., y la ceña que se enfria. DON RODRIGO. Vamos pues, hermana mia. CHINCHILLA, aparte. Hermana carnal será. LIBERIO. Lucrecia, ten tú cuidado con este. ¿ Cómo os llamáis ? CHINCHILLA. Chinchilla, porque os sirváis de mí. DON RODRIGO. Es muy leal criado. LIBEIUO. *¿No llevaste, di, ninguno de esta ciudad ? DON RODRIGO. Señor, no. 129 Tirso. Tomo V. 9 l3o EL CASTIGO DEL PENSEQUE. CHINCHILLA. En Madrid me recibió un viernes, dia de ayuno, que há que dura un año entero: ¡mire qué cstraño rigor! Mas no hay ayuno peor, que el ayuno del dinero. LIBERIO. Entrad, hijo, y descansad. chinchilla. (Aparte á su amo.) ¡Ah don Rodrigo! chiton. LIBERIO. Hija, á vuestro hermano Otón le dad la mano, y entrad. (Fanse don Rodrigo , Clávela , Liberio y Roberto ; y al entrarse Lucrecia^ la detiene Chinchilla.) ESCENA V. CHINCHILLA. LUCRECIA. CHINCHILLA. Ce: si sabe el A, b, c, que esta es la tercera letra, (aunque la muger penetra otra mejor, que es la D) dígame, doña rolliza, su nombre. LUCRECIA. Lucrecia. CHINCHILLA. Basta. ¿Es Lucrecia por ser casta ? LUCRECIA. No, sino por ser castiza. CHINCHILLA. Dígame por qué ocasión nuestro dueño se ausentó, ACTO I, ESCENA V. y cuándo huyendo salió de aquesta insigne región; que yo no supe hasta aquí que era de Flandes, ni el nombre de Otón. Por un gentil-hombre de Nápolcs le serví , y se llamaba Lisardo. Sáqueme de aquesta duda; recetarélc una muda para ese rostro gallardo. LUCRECIA. ¿Impórtale mucho? CHINCIIILEA. Quiero saber de esto la maraña ; que como vengo de España, por saber cosas me muero. LUCRECIA. Pues sepa (y estéme atento) que Liberio, mi señor, es un hombre de valor, de hacienda y merecimiento. Tiene una hija doncella , que es Clávela: ya la vió. CHINCHILLA. No es mocosa. LUCRECIA. No acertó. Tiene una falta. CHINCHILLA. ¿ Es doncella ? LUCRECIA. Sí. CHINCHILLA. Pues que tú lo autorizas, falta es, y mas si hay engaño, porque hay mugercs ogaño como puentes levadizas. LUCRECIA. Tiene un hijo, que es Otón, pues que ya sabes su nombre. i3i EL CASTIGO DEL PENSEQUE. CHINCHILLA. Y no tiene falta el hombre en talle ni discreción. LUCRECIA. Este tal habrá tres años que en una casa, de juego mató un hombre, y huyó luego. CHINCHILLA. ¡Peligros del mundo, estraños ! Pero ¿por qué le mató? Aunque en el juego se ofrecen mil cosas que lo merecen. LUCRECIA. No fue por el juego. CHINCHILLA* ¿No? Prosigue, pues, con tu cuento. LUCRECIA. Entró en los trucos un dia, al tiempo que se decia un ligero pensamiento de su hermana; y un privado de Carlos, duque de Cleves, parando palabras leves en obras. CHINCHILLA. Está obligado á no hablar el que pretende tomar venganza, y la toma. La honra es ley de Mahoma, que con armas se defiende. LUCRECIA. Hirió al privado de muerte, y temiendo la venganza del duque y de su privanza, escogió por mejor suerte el ausentarse de aquí. CHINCHILLA. Hizo bien. LUCRECIA- Murió el de Cleves, mudándose cu tiempos breves ACTO I, ESCENA V. l33 las cosas. CHINCHILLA. Siempre es así. LUCRECIA. Quedó viuda la condesa, y por no estar bien casada, el segundarlo la enfada, y solo el luto profesa,, aunque príncipes y grandes no dejan de pretendella , viéndola muchacha y bella , y que en lo mejor de Flandes es dote suyo el condado de Obcriscl, sin que quede hijo alguno que lo herede. CHINCHILLA. Sin hueso es esc bocado. LUCRECIA. Después que el duque murió, no hay quien la venganza pida á Otón. chinchilla. ¡Dichoso homicida! LUCRECIA. Que aunque en Momblan quedó un hermano suyo y tal, que de él la condesa fia su hacienda y casa, y podría, por ser hombre principal, serle de harto-daño á Otón, amor que á imposibles vuela, le enamoró de Clávela ; y es de modo su afición , y lo que á Otón ha deseado, que ha de dar envidias grandes, cuando sepa que está en Flandes. CHINCHILLA. A buen tiempo liemos llegado. Y ¿llámase el tal amante de Clávela....? LUCRECIA. Pinabcl. 1 4 -0 EL CASTIGO DEL PENSEQUE. FLORO. ¿Qué hemos de hacer? CASIMIRO. ¿Qué? Morir, desesperar, rabiar, sentir, padecer. FLORO. Mucho puede el porfiar; , pero dáte á conocer; que si á ver si su belleza igualaba con su fama veniste; si amor empieza A dar materia á tu llama, y principio A su llaqucza ; el saber que tú has venido, quizá le dará cuidado; que si ausencia causa olvido en (1) el amante obligado, ¿qué hará en el no conocido? CASIMIRO. No, Floro; que amor desnudo con las armas suele hacer lo que sin ellas no pudo. A Momblan he de volver cuando en el silencio mudo esté el descuido acostado. Mil tudescos, como sabes , en escuadrón concertado traigo , que serán las llaves de su alcázar torreado. Seré esta noche con ellos de aquesta Troya Sinon , y de sus despojos bellos otro Páris. FLORO. La ocasión le dé, señor, sus cabellos. (Vanse los dos.) (I) Del. ACTO I, ESCENA VIII. ESCENA VIII. LA CONDESA. PINABEL. CONDESA. Nadie espere, Pinabel, tener de mi esposo nombre, pues murió el duque con él; que en la libertad de un hombn libre , soberbio y cruel, no estriba bien la ílaqueza de una inuger, A quien ves con mocedad y viqueza; porque es locura el ser pies la que puede ser cabeza. Cansada de estar casada estoy, j Gracias á los cielos , que no lloro despreciada, ya desdenes, ya desvelos de una afición mal pagada! Si en el conyugal amor hubiera penas iguales para el esposo agresor, y sus obras desleales tocaran en el honor, como las de una muger, perseverara en los dos el recíproco querer; pero que en la ley de Dios iguales vengan á ser los delitos del marido y la esposa, y que en el suelo haya el vulgo establecido venganza en leyes del duelo para el esposo ofendido, y no para la muger, esa es terrible crueldad , suficiente á deshacer A amor, que sin igualdad, I¿2 EL CASTIGO DEL PENSEQUE, no sabe permanecer. PINABEL. Dios conserve á vuescelencia en esta opinión honrada; que es digna de su prudencia. CONDESA. El ser dos veces casada juzga el mundo á incontinencia. Yo viviré con cuidado de no adquirir este nombre. pinabel. Si no hay gobierno alabado en una casa sin hombre, ¿qué hará donde hay un estado? CONDESA. Hombre tiene, Pinabel, aquesta ciudad en vos para regirse por él; y gobernando los dos, seguro está Oberisel. pinabel. » A vuestra escelencia beso los pies por tanto favor. CONDESA. De vuestra prudencia y seso conozco el mucho valor, y sé que en cualquier suceso no hará falta el duque muerto de quien fuisles tan querido. PINABEL. Si á servir, señora , acierto á vuescelencia, habré sido muy dichoso. CONDESA. Aquesto es cierto. PINABEL. Y para podcllo hacer mejor, pues que vuescelencia casada no quiere ser, la vengo á pedir licencia.... CONDESA. ¿Es para elegir muger? ACTO I, ESCENA VIII. PINABEL. Es para que intercesora vucscclencia sea con ella. CONDESA. ¿Es muy hermosa? PINABEL. Señora, en vuestra presencia bella no puede serlo el aurora; mas de vos abajo, vuela su fama por todo Flandcs. CONDESA. ¿Quién es? PINABEL. Clávela. CONDESA. ¿Clávela? Méritos tiene muy grandes. Pero en eso ¿qué recela vuestro amor? ¿No fué homicida su hermano del vuestro? PINABEL. Fue el que le quitó la vida, y con su hacienda heredé su amor. Quiero que le pida ó su padre vuescelencia, le mande me dé la mano; y usando de su clemencia, alce el destierro á su hermano, sin liacelle resistencia. CONDESA. Envialdos á llamar. PINABEL. Ya, señora, eso está hecho, y poco pueden tardar los dos. CONDESA. En vuestro provecho sois vigilante. PINABEL. En amar 144 EL castigo del penseque. ¿ quién no lo es ? CONDESA. La elección que habéis hecho me contenta; que en belleza y discreción, Clávela la faina aumenta de la flamenca ilación/ PINABEt. Ella misma entra, señora, á estimar y agradecer tal merced. CONDESA. Inlercesora con ella os tengo dé ser, pues que tanto os enamora. ESCENA IX. LIBERtO. CLAVELA. LUCfi-ECIA.-LA CONDESA. PIN ABEL. tlBERÍO. . , De que tenga- Vüescelehtííá, ’ memoria dé nuestra casa, y nos traiga á su preáeh'tiá todos los límites pasa. nuestra dicha. ' , ' CONDESA.' La esperi’encia, Liberio, que resplandecer en vos, que ténga. mdiporia de vuestras canas mcTócc; y de Clávela, que es gloria, que como sol resplandece. CLAVELA/ Por no quedar corta , callo, estimando la ventura, que en vos, gran señora, bailo. CONDESA'. No es bien que tanta hermosura, y tan prudente vasallo, «4 ACTO I, ESCENA IX. deje de participar (le mi privanza y favor, y que toda esta ciudad estime vuestro valor y alabe vuestra beldad, y yo, que soy su señora, no la goce. CLAVELA. Mi vergüenza responderá por iní ahora. PINABEL. Su rostro hermoso comienza A imitar la blanca aurora. CONDESA. Ya sé que el dar muerte Otón á Enrico, de Pinabel hermano, fue la ocasión que perdiesedes por él el favor y estimación que el duque, que tiene Dios, hizo en negocios de peso, Liberio noble, de vos; pero aquel triste suceso podéis convertir los dos en un pacífico estado, como queráis. Pinabel, en vez de estar agraviado y pedir venganza de él, , que alcance me ha suplicado le dé Clávela la mano. Ya sabéis que por la suya regirse mi estado es llano; y para que restituya la paz á su muerto hermano, Liberio, el modo mejor, y mas común , es juntar prendas de sangre y amor, de quien puede resultar tanta nobleza y valor. Pues yo intercedo, no creo que habrá aquí dificultad. Tirso. Tomo V. 10 14-6 EL CASTIGO DEL PENSEQUE. ¿IBERIO. Cuando en tan dichoso empico faltara la calidad y la nobleza que veo en Pinabel, gran señora, y no interesara yo su amistad y paz que ahora á tan buen tiempo llegó; basta ser intcrcesora vuescelencia para hacer de nosotros á su gusto. No tengo qué responder; solo, si os parece justo, será con el parecer de Otón mi hijo que está en Momblan. PINABEL. ¡Válgame el cielo ! CONDESA. Si es discreto, él lo tendrá por bien. ¿IBERIO. Cotnunicarclo, y él vendrá, señora, acá á besar á vuescelencia los pies. CONDESA. Clávela, ¿no habíais? CLAVELA. Si está dada la sentencia en el pleito que tratáis, gran señora, en la presencia de mi padre, ¿qué he de hablar? Serviros solo apetezco. CONDESA. Venid, que os quiero enseñar mi alcázar. (Vanse todos , menos Pinabel.) pinabel. Si es que merezco, amor, el cielo gozar de tan bella perfección, ACTO I, ESCENA X. I 4 7 términos acorta y plazos; que es muerte la dilación de sus amorosos lazos. Voy á ver y hablar á Otón. (Fase.) /\A\ V^\\VVVVVVVVVVVVVVVVVVVVVVVV\ V'V/V/V'X'V Plaza delante del palacio de la condesa. ESCENA X. DON RODRIGO. CHINCHILLA. DON RODRIGO. ¿Ilay sucesos semejantes? CHINCHILLA. Cuando los llegue á saber Madrid, los ha de poner en sus novelas Cervantes. Aunque en el tomo segundo de su manchego Quijote no estarán mal, como al trote los lleven por ese mundo las ancas de Rocinante, ó el burro de Sancho Panza. DON RODRIGO. Basta, que la semejanza de este Otón, tan importante para mi necesidad y aumento de los cuidados, hoy libres y enamorados, tiene toda la ciudad engañada y persuadida que soy Otón. CHINCHILLA. I.indo cuento es llegar de ciento en ciento á darte la bienvenida , y decir uno espantado : i48 el castigo del penseque. «¿cómo no me conocéis, si há tantos años que habéis mi lado y mi casa honrado?» Y otro decir: «no entendiera que con tanta brevedad las leyes de la amistad, Otón, el tiempo rompiera;» y tú mascando entre dientes ambiguas satisfacciones, como quien reza oraciones, dar los brazos á parientes que en toda tu vida viste. DON RODRIGO. Con todos cumplo callando, lo que dicen otorgando. Tú en aquesto me metiste. ¿Qué he de hacer? CHINCHILLA. El callar sabe vencer. No ha faltado loco que viéndote hablar tan poco, dijo: «¡qué necio y qué grave que viene el señor Otón!» Yo respondí, aunque lacayo: «como Otón no es papagayo, no habla aquí de ostentación, ni hay pena para los mudos.» Mas nada hubo como ver el llegarte el mercader á pedir los cien escudos, y tú, muy disimulado, decir: «no penséis, señor, que como el mal pagador , de la deuda inc be olvidado. Venid á casa mañana; que mi padre os los dará.» DON RODRIGO. En esto estoy puesto ya. La hermosura de esta hermana en Momblan me ha detenido; que si no, yo deshiciera con mi ausencia esta quimera. ACTO I, ESCENA XI. 1¿9 CHINCHILLA. ¿Líate Cupido escupido? DON RODRIGO. Desmandados pensamientos han dado en ser estudiantes, y como son principiantes, andan en los rudimentos. Pero en escuelas de amor, con poca dificultad alcanza en su facultad borla y grado de doctor quien, para que no se escusc, el alma ofrece en propinas. CHINCHILLA. Ya parece que declinas con Clavóla á musa, musa:. Pero no querrás pasar con el estudio adelante, por mas que seas estudiante, Si llegas á conjugar con ella. DON RODRIGO, No sé, por Dios , lo que te responda en eso. Que es hermosa te confieso. CHINCHILLA, jNoramala para vos! ESCUNA XI. PINABEL.-DON RODRIGO. CHINCHILLA. PINABEL. Los brazos que á la venganza pudieran dar otro tiempo debida satisfacción y muerte al atrevimiento, por el amor enlazados que á prendas del alma tengo, y de quien vos sangre sois, 203 QUIEN CALLA, 0T0JRGA. sírvaos vuestro penseque de castigo, y mi amor en el conde gustos trueque;, que esto merece amante de penseque .» A Casimiro elige por consorte. Inténteme'casar con una dama que un tiempo fue de mi esperanza norte; pero celosa, (efetos de quien ama) el casamiento impide , y de su corte salir me manda, y para vos, madama, este pliego os escribe en favor mió, testigo de mi loco desvarío. {Dásela.) La dama, que mi esposa creyó en vano ser, en vez de Diana, mi partida culpa llorosa, llámame tirano, deshonras fmje, quejase ofendida. Su persuasión, en fin, forzó á su hermano que me asalte con otros , y la vida me quiten , que á esos pies humilde puesta, su historia y mi desdicha os manifiesta, AURORA. La primer vez, don Rodrigo, que ha perdido la ocasión con merecido castigo hombre de vuestra nación, es esta : la opinión sigo que por acá España tiene. En mi casa os estaréis, donde una plaza os previene la encomienda que traéis de mi prima. ¡Ojalá enfrene la ausencia vuestro pesar! Llegad, don Rodrigo, á hablar á mi hermana , inlerccsora vuestra. DON RODRIGO. Dadme, gran señora, esos pies. NARCISA. A restaurar penas de vuestro suceso id; que ya dicho lo habia ACTO I, ESCENA IV. 253 la fama. DON RODRIGO, Los pies os beso. NARCISA. Ya Diana , prima mia , ron quien nuevo amoi 1 profeso, escrito nos ha á las dos, intercediendo por vos. Por quien sois y por Diana, os hará merced nú hermana. DON RODRIGO. Mil anos os guarde Dios, (f^ansc.) Sala en el palacio de la marquesa. ESCENA IV. cardos y Teodoro , de camino. CARLOS. Tanto resistir, Teodoro, Aurora, ¿qué puede ser? ¡Un ano de padecer, habiendo dos que la adoro í No es posible que no tenga cautiva la libertad en agena voluntad. Esto me obliga á que venga á hacer yo mismo esperiencia de mis venturas ó engaños. No sé que en propios ó estranos, con tener tanta licencia la vulgar murmuración, haya hasta agora notado de amante á Aurora, ni dado indicios á mi opinión. 54 QUIEN CALLA , OTORGA. TEODORO. Antes contra su aspereza murmuran cuantos la ven que en ella corra el desden parejas con su belleza. CARLOS. Pues ¿por qué ingrata y severa, mi esperanza desanima? TEODORO. Porque en mucho mas se estima, señor, lo que mas se espera. Y siendo así, no es acierto el que has hecho , en no querer darte agora á conocer. CARLOS. Yo he de servir encubierto á la marquesa, Teodoro, y averiguar de esta suerte si ageno amor la divierte. TEODORO. Yendo contra tu decoro, y sirviendo á quien espera admit irte por señor, desdices de tu valor. CARLOS. Mis sospechas considera, y verás cuan cuerdo fui en venir á avcriguallas. TEODORO. Pues ¿no hasta asegurallas, señor, la palabra, di, de Aurora y su padre? CARLOS. Es viento la palabra en la muger. TEODORO. ¿De qué modo lo ha de ser para tí, si el testamento del muerto marques dispone que te desposes con ella? CARLOS. ¡Qué bien! Como eso atropella, ACTO I , ESCENA V. 2 Teodoro, un Dios te perdone. Si no me ama, no intento pleitear con su desden ; ni á mí me puede estar Lien casarme por testamento; que el casarme no es herencia. TEODORO. Es concierto entre los dos. CARLOS. Yo he de saber, vive Dios , por qué es tanta resistencia, j f Cánsate ya de cansarme. Cartas traigo en mi favor de mí mismo. TEODORO. ¡Estraño humor! CARLOS. Agora audiencia ha de darme, que ya las cartas leyó, y su criado he de ser. TEODORO. ¿Pues no te ha de conocer? CARLOS. Jamas Aurora me vió. TEODORO. Tu retrato la enviaste. CARLOS. Si la doy, cual pienso , enojos, no habrá puesto en él los ojos. TEODORO. ¿Y si te ama , y te engañaste? CARLOS. Entonces podré seguro descubrirme y desmentir sospechas , que lian de salir con la verdad que procuro. TEODORO. Alto; pues que das en eso, sirve á quien has de mandar. ¡Qué difícil es de hallar sabio rico, amor con seso ! QUIEN CALLA , OTORGA. 2$6 ESCENA V. DON RODRIGO. ASCANIO.—CARLOS. TEODORO. ASCANIO. ('Hablando con don "Rodrigo cerca de la puerta , y distan¬ tes ambos del conde y Teodoro .) Dias há que lie deseado , señor don Rodrigo, veros, serviros y conoceros; que la fama que os ha dado la que habéis vos conseguido, y por Italia os alaba, á estimaros me inclinaba; y pues ya se me ha cumplido este deseo, desde hoy os rindo una voluntad sujeta á vuestra amistad. DON RODRIGO. Yo solo el dichoso soy, señor secretario; en eso tanto mas interesado, cuanto me habéis obligado con la merced que confieso, y la esperiencia hará llana. ASCANIO. En una casa vivimos, y á una señora servimos, cuya hermosísima hermana, ya que llego á descubriros secretos —Mas por agora se quede; que sale Aurora. Mucho tiene que deciros el alma. ACTO I, ESCENA VI. a 57 ESCENA VI. narcisA. Aurora, con una carta .— don rodrigo. ASCANio. CARLOS. TEODORO. AURORA. ¿Sois vos por quien el conde Carlos me escribe? CARLOS. Soy, señora , el que apercibe un alma.... y no dije bien; que mas hablo como amante , que como el que á servir viene. AURORA, Turbado estáis. CARLOS. ¿No conviene que quien tiene al sol delante, ó á lo ulanos al aurora, no ciegue cuando la vea?— Soy quien acertar desea á serviros, gran señora. NARCISA. {Hablando ay arte con Aurora.) Advierte, hermana, que tienes al conde Carlos delante , al retrato semejante. AURORA. {Aparte á Narciso. Con mi sospecha convienes. Disimula agora.) El conde me escribe en vuestro favor; y como ha de ser señor de este estado, corresponde con lo mucho que le quiero, pues me envia adelantado en vos tan noble criado. CARLOS. Mostrar que lo soy espero, agradándoos, gran señora. Tirso. Tomo V. 17 QUIEN CALLA, OTORGA. AURORA. Dispone mi amor con vos; que sois un alma los dos, según me avisa ; y agora , aunque el casarme dilato, Ludovico , he de mostrar con vos lo que sé estimar sus cosas. Carlos , aparte. INo vio el retrato que la envié, pues ansí me desconoce. aurora. Yo he puesto casa que á mi gusto cuadre. Los criados de mi padre eran viejos, y molesto su modo de gobernar : con cargos que les he dado en lugares de este estado, podrán lodos descansar, y yo renovar oficios. Pues ya por mi cuenta tomo vuestro aumento, mayordomo de mi casa os hago. CARLOS. Indicios dais de la correspondencia con que paga vuestro amor el del conde , mi señor. AURORA. Pues que vuestra suficiencia abona, muy bien se emplea la plaza en vos que os fie dado, porque su mayor privado , mayor en mi casa sea. CARLOS. Bc'soos los pies. AURORA. Don Rodrigo, por.lo mucho que os estima Diana, y por ser mi prima, ACTO I, ESCENA VI. cuyo gusto alabo y sigo, os bago mi maestresala. I)ON RODRIGO. (lomo á serviros acierte, será dichosa la suerte que en esc oficio señala, gran señora, mi ventura. AURORA. El oficio de trinchar consiste en saber buscar, español, la coyuntura. Curioso es, aunque ordinario: veré si en provecho vuestro , sois maestresala mas diestro , que entendido secretario. (Fase.) NARCISA. Esto es tocar en la historia de vuestro amor, don Rodrigo. DON RODRIGO. No pense que en mi castigo, fuera á todos tan notoria. KARCISA. ¿ Penseque otra vez decís? Dejad penseques avaros, que os han salido muy caros , si á restaurallos venís. (Fase.) DON RODRIGO, aparte. Basta; que á todos ofrezco materia cu que satiricen mi cortedad; mas no dicen aun lo menos que merezco. Mi penseque se ha estendido por todo el mundo. CARDOS. (Hablando aparte con Teodoro .) Teodoro, mas sospecho lo que ignoro. ¡Que no me haya conocido Aurora! No pongas duda de que de mí no se acuerda. TEODORO. Tu industria, no sé si cuerda, 209 aGo QUIEN CALLA , OTORCA, prosigue; que con su ayuda podrás salir de este abismo. CARLOS. Yo procuraré saber la verdad, pues vengo á ser mayordomo de mí mismo. (Canse Carlos y Teodoro.) ASCANÍO. Don Rodrigo, ya el palacio esfera de los dos es; yo os vendré á buscar después; que os tengo que hablar despacio. (Tase.) ESCENA VII. CHINCHILLA.-DON RODRIGO. CHINCHILLA. ¡ Señor de mi corazón! La priesa que traigo es tanta, de verte , que no hago poco en no entrar en esta sala con muía, freno y cojín. ¿Es posible que le hallas sin Chinchilla en el Piamonte? Pon juntas esas dos palas en mis labios. DON RODRIGO. ¡Mi Chinchilla ! CHINCHILLA. Patea aquestas quijadas, ó déjamelas besar. DON RODRIGO. Presto volviste de España. CHINCHILLA. Si estaba sin tí, ¿qué mucho? Al viento merced y gracias, que á la nave en vez de velas, le prestó ligeras alas. ¿A qué veniste áSaluzo, ACTO I, ESCENA VII. cuando entendí que le hallara en Momblan, y de Clávela dueño, cón estado y casa? DON RODRIGO. Gustos son de la condesa. CHlÜCHILLA. Tiene por nombre.Diana , y hasta en las obras la irlnta, 6i es que lloras sus mudanzas. Luego que á Momblan llegué, y supe que en él no estabas, sin aguardar de Clávela quejas, ni de amigos cartas, fié al camino deseos, la paciencia á las jornadas , la bolsa á las hosterías, y á diez postas las lunadas, que vienen cual digan dueñas, por no decir batanadas, y mecidas (sin ser niño) las tripas y las entrañas. DON RODRIGO. ¿Viste en Madrid á mi hermano? CHINCHILLA. Tan cercado de mohatras, cargado de pretensiones , y enmarañado de trampas, que no le dieron lugar para hablarme dos palabras. DON RODRIGO. ¿ No te preguntó por mí? CHINCHILLA. Casi no. DON RODRTGO. ¿Cuál fué la causa? CHINCHILLA. Reliquias que habrán quedado de la pendencia pasada, y el imaginar que iba por tus alimentos. DON RODRIGO. Basta. 261 2G8 QUIEN CALLA, OTORGA. ESCENA X. AURORA. NARCISA. NARCíSA. En fin, ¿te parece bien el conde Carlos? AURORA. Agora que, la voluntad no igiiora lo que ya los ojos ven, mejor á Carlos recibo. NARCISA. ■ " ¡ ' Era tu desden ingrato. AURORA. Fue amante muerto el retrato ; mas eficaz es el vivo. La fineza del venir disfrazado á verme, hermana, á quererle bien me allana. NARCISA. Luego ¿podréle decir que se descubra? AURORA. Es muy presto. Pues en nuestra casa está, mejor , Narciso , será , (ya que en él mi gusto he puesto) fingiendo no conocelle, examinar su afición, Inquirir su condición , y entré Canto cntretcnclle. NARCISA. En fin , ¿ por razón de estado quieres amar? AURORA. Si ha de ser mi esposo, y yo su muger, ¿ no es mejor que examinado 269 ACTO I, ESCENA X. á elegir el alma venga el dueño que ha de adorar, que no por necia llorar, cuando remedio no tenga? Prueba un caballo primero quien le compra, qué tal sale, con costar, el que mas vale, solo un poco de dinero. Y un marido de por vida, á precio de mil cuidados, ¡ quieres tú que á ojos cerrados se entre en casa! NARCISA. Apcrccbida muger eres. AURORA. Y es razón que cuando venga á casarme ,- no tenga de quien quejarme, sino es ya de mi elección. Catorce años en Jacob hizo Raquel esperiencia para casarse. NARCISA. Paciencia fue mayor que la de Job. AURORA. Y cuerdo su sufrimiento; porque hay tanto que saber de un hombre, que es menester tan largo conocimiento. Yo sé que en aqueste estado pocas mal casadas vieran, si los maridos tuvieran un año de noviciado. Pero ¿qué te ha parecido del español? NARCISA. Elección tan digna de la afición que Diana le ha tenido, que no mei'eció el suceso 2^0 QUIEN CALLA , OTORGA, con que su amor casligó. AURORA. Bien la condesa eligió. Su buen gusto le confieso; pero no iguala al de Carlos. JNARCISA. Cualquiera comparación es odiosa, y tu afición no acertará á compararlos. Si va á decir la verdad, el haber sabido, hermana, que le quiso bien Diana; la nobleza y calidad, que de su linage cuentan; las hazañas que le abonan; los ojos que no perdonan Ocasiones que atormentan; la española bizarría, que en él por mi daño vi, no sé lo que lian hecho en mí, que no soy la que solia. AURORA. Di que estás enamorada, y acaba. NARCISA. Mas cuerda soy. Enamorada no estoy. Pero.... AUROII A. ¿Qué? NARCtSA. Estóile inclinada. AURORA. ¿Tan presto? KARCTSA. Amor reina, Aurora y llegando hoy de camino, antes la lama previno, que l'ue su aposentadora. AURORA. ¡Buena escusa! ACTO I, ESCENA XI. NARCISA. La que has dado, para no casarte luego con el conde, por mí alego. Él, hermana , es tu criado, y también lo es don Rodrigo; si el casamiento dilatas porque cxaminallc tratas, yo también tus pasos sigo. También le examinaré con prudencia .y con secreto, si es tan cuerdo y tan discreto; y cuando tu gusto esté para el conde sazonado, el mió lo vendrá á estar, y nos podemos casar cada cual con su criado. (Fase.) ESCENA XI. AURORA. Narcisa ama á don Rodrigo. ¡Oh riguroso poder de la envidia en la muger! ¡qué de ello puedes conmigo! Cuando yo le aborreciera, para adoral le , bastara que mi hermana le alabara, y conmigo compitiera. Al conde empecé á querer, á pesar de mi rigor, siendo efímera su amor, pues que se mucre al nacer; y este español que ha venido á despertar mi cuidado, ausente tan alabado, y ya presente , querido, da materia á mis desvelos, y los del conde deshace; 272 QUIEN CALLA , OTORGA, que amor «le la envidia nace, cuando es hijo de los celos. Mas pues despierta A quien duerme y descuidada me avisa de aquesta suerte ISareisa, A su amor he de oponerme, poniendo en su curso freno, que sus principios reprima; porque, en fin, en mas se estima lo que está en poder ageno. ESCENA XII. biuanda.— Aurora. BRIANDA. Si se quiere entretener agora vuestra escelencia, una apacible pendencia en el parque podrá ver desde aquestas celosías, que cutre nuestras damas pasa, y gentil-hombres de'casa. Ellas tiran alcancías de nieve, y ellos por dar aromas á los balcones, tiran dorados limones, pomas y huevos de azar. AURORA. ¿Y está el maestresala entre ellos? BRIANDA. Sí señora. AURORA. (y/ parte. No.quisiera que entre tantas damas viera de alguna los ojos bellos. ¡Que pueda la envidia en mí tanto! ¿Qué es aquesto, cielos? Antes que amor, ¿tengo celos? Mi muerte en este hombre vi.) ACTO I, ESCENA XIII. ¿No podré verlos, Brianda, bien desde mi camarin? BRIANDA. Su balcón sale al jardín, donde están todos. AURORA. Pues anda, llévame una fuente allá de pellas. brianda. Yo voy por ellas. AURORA. Sin que sepan que las pellas son para mí. BRIANDA. No sabrá ninguno para quien son. (Fase.) ESCENA XIII. AURORA. De allí los veré encubierta. Impórtame que divierta este hombre; que la ocasión, en los ojos poderosa , puede en alguna beldad ocupar su voluntad , y tenerme á mí celosa. Hombre á quien quiso Diana, digno es de estimación. Si es español y Girón, no le merece mi hermana. Ya sea amor, ya frenesí, ya condición de muger, ó á ninguna ha de querer, ó me ha de querer á mí. (Fase.) 273 Tirso. Tomo F. 18 274 QUIEN CALLA , OTORGA. Jardín. ESCENA XIV. DON RODRIGO. CHINCHILLA. DON RODRIGO. Chinchilla, ¡ qué bellas damas tiene la marquesa! chinchilla. Bellas; mas hielan con tantas pellas el alma. DON RODRIGO. De amor las llamas se aumentan con esta nieve. CHINCHILLA. Si fuera el amor agora de gusto de cantimplora, á fuer de señor que hehe nieve en verano é invierno, el brindis de tu afición pudiera hacer la razón; que ya te imagino tierno. Mas yo que lo bebo puro, aborrezco amor nevado; que ha de estar por fuerza aguado, y así escusalle procurp. DON RODRIGO. ¿ No es Narcisa hermosa dama ? CHINCHILLA. Bien te holgaras de pasar, puesto que ha dado en nevar , su puerto de Guadarrama. ¿ Hubo pellita ? DON RODRIGO. Y en ella i 7 5 ACTO I, ESCENA XIV. 2 fuego que el alma traspasa; que también la nieve abrasa. De alquitrán fue aquella pella; no de nieve. CHINCHILLA. ¿Ya tenemos bobuna? Pues ¿la condesa? DON RODRIGO. Siendo imposible su empresa , y la ausencia toda estremos, Narcisa ha de ser triaca del veneno de su amor. CHINCHILLA. Bien dices, porque un dolor con su contrario se aplaca. Si te abrasó su hermosura, Narcisa como discreta, mientras pellas te receta , tu fuego con nieve cura. DON RODRIGO. No hay tal (1) Narcisa en el mundo. CHINCHILLA. ¿Mas que habernos de tener, señor, por esta muger otro penséque segundo ? (Tiran del palacio una pella que da en el sombrero á don Rodrigo.) ¡Ay! DON RODRIGO. ¿Qué ha sido? CHINCHILLA. Pella fué. DON RODRIGO. Derríbame á mí el sombrero, jy quejaste, majadero! CHINCHILLA. De verla venir me helé. Esa celosía abrió una mano de cristal, y á fé que no acierta mal. (1) Otra tal, otra como. 276 quien calla , otorga. DON RODRIGO. Espera. Un papel venia dentro. CHINCHILLA. ¡Ingeniosa cautela! DON RODRIGO. ¿Ilay invención semejante? Ya tienen alma las pellas. CHINCHILLA. Preñadas , como doncellas al uso, están: no te espante. Mas, por Dios, que es maravilla que esté, hasta la nieve helada, en este tiempo preñada. DON RODRIGO. ¿ Léré ? CHINCHILLA. Pues. DON RODRIGO. Oye, Chinchilla. {Lee.) Cierta dama de palacio , lisonjeada de muchos por her¬ mosa, y que quiere fiar de vuestro buen gusto la certeza de si lo es ó no, tiene el suyo puesto en vos; y por inconvenien¬ tes que al presente instan , importa por ahora no darse á conocer , hasta que el tiempo haga alarde de su vista, como ahora de su voluntad. No dispongáis de la vuestra, que como forastera andará buscando posada, hasta que sepáis si es á vuestro propósito la que tantos pretenden, y vos solo mereceis. El cielo os guarde. ¿Hay mas estrana aventura? CHINCHILLA. Las tuyas siempre lo son. DON RODRIGO. ¿Ya empieza otra confusión? CHINCHILLA. Esta por Dios, que es escura. DON RODRIGO. ¿Si es Narcisa? CHINCHILLA. Puede ser. ACTO I, ESCENA XIV. 277 DON RODRIGO. ¡Ay! ¡qué dicha, si fuera ella! CHINCHILLA. Alcahueta hizo una pella; mas ¿qué no hará una mugcr? DON RODRIGO. Apenas de un laberinto salgo, ¡ y en otro me veo! CHINCHILLA. Si no eres mejor Tcseo que en el otro , aunque distinto, en aqueste, vive Dios, que ha de haber segunda parte del pcnsc'que. Industria y arte nos han de hacer á los dos dichosos : sirve y pretende , y date por entendido; que muger ilustre ha sido esta nuestra dama duende , si crédito hemos de dar al modo con que te escribe. . DON RODRIGO. Si es Narcisa , ya apercibe el alma centro y lugar, en que como dueño asista. A la condesa he olvidado. CHINCHILLA. Libranzas amor te ha dado: mas no son A letra vista, pues á tu dama no ves. DON RODRIGO. Habré por íé de querella. CHINCHILLA. ¡Válgate el diablo por pella! Amante eres piamontés. Aunque no se manifieste, finje amarla, si regala,. 284 QUIEN CALLA, OTORGA. Por no dar causa á tus celos, fingí amar á don Rodrigo, siendo el conde de Borgoña quien mi amor tiranizó, desde que el alma bebió por los ojos su ponzoña. Mas pues este estorbo cesa, según tu elección me avisa, y casándote tú en Guisa, me puedes hacer condesa , déjame á Carlos, Aurora,, y deberéte este estado; que yo he visto en su cuidado que te olvida y que me adora. AURORA. Si yo á quien soy no mirara, te cerrara, necia , loca , con un candado la boca , y la lengua te cortara. ¿Tú tienes atrevimientotan soberbio y licencioso , que á quien me da por esposo de mi padre el testamento, oses mirar? narcisa. ¿Ya me alegas testamentos? ¡Buena estás! Si al duque elegido fias, y á su amor el,alma entregas, no sé por dónde ni cómo de mí puedas agraviarte. AURORA. ¿Tú conmigo has de igualarte? NARCISA. ¿Es mucho que á un mayordomo pretenda, cuando tú cobras á un duque ? AURORA. No lo verás. NARCISA. Si como á menor me das alimentos de tus sobras, 2 8 5 ACTO II , ESCENA III. -en qué ie igualo? ¿No dejas ¿ Carlos? AURORA. ¿Yo ? NARCISA. Ahora acabas de afirmar que al duque amabas, y que olvide me aconsejas por su hermano á don Rodrigo. AURORA. Mis sospechas lo fingieron, porque en tus intentos vieron la traición que usas conmigo; que ni el de.Guisa me ha escrito , ni otra sino yo ha de ser del conde Caídos nmgcr. NARCISA. Pues ya, hermana, no compito contigo: satisfacerte de mi buen gusto podrás, si á don Rodrigo me das, pues quedo de aquesta suerte yo casada y tú contenta, y á España me partiré. AURORA. Los ojos te sacaré primero que tal consienta. NARCISA. Si no hay Federico ya, y tú al conde Carlos quieres, cuando al español me dieres, ¿ qué hay perdido? AURORA. No tendrá tan mal gusto don Rodrigo, si á Diana quiso bien, que satisfechos estén sus pensamientos contigo. NARCISA. Si no estriba mas que en eso la causa de tus enojos, ya me han dicho á mí sus ojos, 2 8 6 QUIEN CALLA, OTORGA, que mi amor le quita el seso. AURORA. ¿Tix á don Rodrigo? narcisa. Trinchando, en verme - se divirtió hoy, y un dedo se cortó, y aun yo le oí suspirando decir entre llanto y risa, baja la voz y compuesta: «amor que sangre me cuesta, compasión dará á NarcisaJ» Yo entonces tomé la presa que tanto mal vino á hacer, y un lienzo dejé caer á sus pies junto á la mesa, que creyendo ser Brianda suyo, en viéndole, le alzó, y dándosele, esmaltó su noble sangre en mi holanda. Mira en esto lo que infieres, y si el ser mi esposo es llano, pues yendo el lienzo á su mano, me he casado por poderes. AURORA. Cortaréte yo la tuya, y saldrá tu industria vana. NARCISA. Pues acabemos, hermana, y este pleito se concluya; que estás terrible conmigo; y tengas gusto ó pesar, yo me tengo de casar con Carlos, ó don Rodrigo. {Fase.) ESCENA IV. AURORA. ¿Qué mudanzas, decid , envidia mia , ACTO II, ESCENA V. 287 son estas, que á mi amor hacen Proteo? ¿Cuándo os pensáis quietar, loco deseo, que amais, no la elección, mas la porfía? Al conde quiero ya, que aborrecia, porque Narcisa pone en él su empleo; al español me inclino , porque veo que en ella amor, y celos en mí cria. Sombra soy de mi hermana : á cualquier parte que va su voluntad , doy en seguilla; y sin amar, amor me da desvelos. Mas si tu hacienda eritré los dos reparte mi padre aun hasta aqdí, ¿qué maravilla que ella heredé el amor y yo los celos?, ESCENA V. noN rodrigo, con un lienzo atado en la mánO izquierda.- aurora. DON RODRIGO. ¿Qué manda vuestra escelencia ? AURORA. Mucho debeis, don Rodrigo, pues no hago en vos un castigo ejemplar, á mi paciencia. Agradeced á ini prima y al amor qUe os ha tenido. DON RODRIGO. No sé en qué os haya ofendido. AURORA. Que á no saber en la estima que con ella habéis estado, yo escusara la ocasión que dais á mi indignación. DON RODRIGO. Pues yo ¿en qué....? AURORA. ¿No os lie avisado que las damas de mi casa las pretensiones no admiten 288 QUIEN CALLA, OTORGA, que los palacios permiten , cuando el uso por ley pasa ? DON RODRIGO. Pues ¿en qué, señora, escedo á lo que vos me mandastes? AURORA. ¡ Lindamente os enmendastes! Agradecéroslo puedo. Basta, que contra la fama que en esta casa ofendéis, dais en galan, y teneis ¡dentro en mi palacio dama. . DON rodrigo. ¿Dama yo? AURORA. Pues os escribe y os correspondéis los dos, siendo cortesano vos, ¿quién duda que no í’ecibe de sus papeles respuesta? DON RODRIGO. Alma de una pella fué el que aquella tarde bailé, que haciendo en el¡ parque fiesta á vuestras damas, la nieve me tiraron, y leí; mas ni al dueño conocí, ni habrá quien contra roí pruebe que después que vuescelencia sin culpa me reprendió, haya pretendido yo con alguna diligencia saber quien la dama ha sido; de que estoy tan ignorante, cuan libre de ser su amante. AURORA. Buena escusa habéis fingido. Pues si acabo de cogella este segundo papel, ¿podéis escusar en él el aviso de la pella ? ACTO II, ESCENA V. 289 DON RODRIGO. ¡Seguíalo papel 4 mí, gran señora! AURORA. Tomad, velde ; si no me creéis , leelde; que agora se le cogí, y si con el no os convenzo, y responder no podéis, pues que cortado os habéis la mano, cnvialda el lienzo. Mas bien podréis; que no ha sido la derecha la cortada; que esa estará reservada para ser agradecido. DON RODRIGO. Si conozco 4 esa inuger, si la he visto, si la he hablado, un traidor disimulado me mate, y no llegue á ver ' mi patria; de mí murmure el que mas mi amigo fuere; los estudios que escribiere, un idiota los conjure; el que anduviere conmigo, cuando esté ausente, me ofenda ; pleitee, sirva, pretenda.... AURORA. Leed, leed, don Rodrigo. DON RODRIGO. Pues vos me lo mandaos, leo, puesto que 4 creer me incita que vive en la ley escrita quien me escribe y nunca veo. (T.cc.) 1Ion Rodrigo , amor os llama * para poco, pues no os muere ' un papel que envuelto en nieve , disfrazó en ella su llama. Buscad curioso la dama que , descuidado ó cobarde , os lusca , y manda que aguarde amor , niño invencionero , Tirso. Tomo F. 2 9° QUIEN CALLA , OTORGA. A una reja del terrero esta noche.=El cielo os gUardc. De aquí puede colegir, señora, vuestra escelencia mi descuido y negligencia, y si he intentado salir del límite que me puso en el primero papel. AURORA. La que os muestra amor en él, y agora os tiene confuso, es mi sangre, y tan hermosa, que no es mucho, si la veis, que la condesa olvidéis por ella. Ha de ser esposa de un ilustre potentado , con quien casarla pretendo; y así del amor me ofendo que os muestra y he castigado. Cuando la cogí el papel, de tal suerte la reñí, que temerosa de mí, os quisiera dar en él veneno: hame prometido de olvidar vuestra afición, y por aquesta ocasión, á mostrárosla he venido. No vais, Rodrigo, al terrero esta noche, ni ofendáis su secreto, si os preciáis de leal y caballero; porque si os vé diligente en averiguar quien es, será difícil después lo que agora fácilmente se remediará en los dos. DON RODRIGO. Digo que sea así, madama. AURORA. Lo que no se ve, no se ama. Yo sé que si la veis vos, no ha de ser después posible ACTO II, ESCENA V. el dejalla de querer. don rodrigo, aparte. ¡Válgate Dios por rauger , cuanto alabada, invisible! aurora. Dadme ese lienzo que es suyo. DON RODRIGO. Está sangriento, señora. aurora. Haréle quemar agora; que así principios destruyo que puedan dar ocasión á que yo viva ofendida. Mostrad. ¿Es algo la herida? DON RODRIGO. No, señora. AURORA. Este listón, en vez de lienzo os atad. (Dale uno.) don rodrigo. ¡Tanto favor! aurora. No es favor ocasionado de amor, sino de necesidad. Mirad que me prometéis de no salir al terrero esta noche. don rodrigo. Solo quiero daros gusto. AURORA. Acertareis. DON RODRIGO. No intento mas que serviros. AURORA, aparte. ¡Ay sangre! ¡qué poco á poco me abrasais! Pues que ya os toco, ¿quién bastará á resistiros? Ni ¿cómo tendré sosiego, si cuando el alma os conserve, 39 I 292 QUIEN CALLA , OTORGA, la sangre sin fuego hierve, y hoy venís á sangre y fuego? (Fase.) ESCENA VI. CHINCHILLA.-DON RODRIGO. CHINCHILLA. Esta casa ¿está encantada? Vive Dios, que es en Saluzo de casta amor , de lechuzo. DON RODRIGO. ¿ Qué es eso ? CHINCHILLA. ¡Oh señor! no es nada. Acá nos lo habernos yo y una dama piamontés, que al conde Partinuplés á escuras encantusó. DON RODRIGO. ¿ Díceslo por mí ? CHINCHILLA. Y por todos los pecadores, amen. Amante soy yo también; los mismos pasos y modos de tus confusiones sigo, porque de una misma traza vayan la mona y la maza. DON RODRIGO. ¿Estás loco? CHINCHILLA. Verdad digo. Sin mí, y entre cuatro dueñas, (¡mirad con quién y sin quién!) v tres doncellas también, (digo doncellas por señas; que en lo demas no me meto) en la antecámara estaba, y con ellas conversaba, ACTO II, ESCENA VI. mas compuesto que un soneto. Mira si en amar te imito. DON RODRIGO. jAy, Chinchilla! si supieras mi confusión.... CHINCHILLA. ¿Iíay quimeras nuevas? DON RODRIGO. Otra vez me ha escrito mi encubierta dama. CHINCHILLA. ¿Agora ? DON RODRIGO. Y me espera en el terrero esta noche. CHINCHILLA. ¿ Por febrero ? Gatuno es tu amor. DON RODRIGO. Aurora le cogió el papel, y airada, leyéndole, me obligó á no amalla. CHINCHILLA. ¿Cómo no? DON RODRIGO. Dice que está concertada con un potentado. CHINCHILLA. Bien : ¿y descubrióte quien era? DON RODRIGO. ¡ Dichoso yo, si eso hiciera ! Hame mandado también que ni saber solicite quien es, aunque viva en duda, ni que aquesta noche acuda al terrero. CHINCHILLA. A tal embite, mal harás en no querer. 293 3oo QUIEN CALLA, OTORGA. DON RODRIGO. El primero es de nieve: juzgad, cuando amor se cria entre llamas, si será posible que helado viva. AURORA. Con amor, la nieve abrasa, y sin él, el fuego enfria: no amais, si la nieve os hiela. DON RODRIGO. Todo aqueso es tropelía.— Escribísme que queréis saber si os miente el que os pinta tan hermosa, y que yo sea juez que el pleito diliria. Y sabiendo que ha de ser el proceso vuestra vista , no os viendo, ¿ de qué manera os he de guardar justicia? AURORA. Hay tantos impedimentos en casa, y puede la envidia, que de vos algunos tienen, tanto.... DON RODRIGO. ¿De mí ? AURORA. Que me obliga ú que de vos me recate. DON RODRIGO. ¿De qué suerte? AURORA. Me castigan porque ayer os escribí otro papel. DON RODRIGO. ¿Quién podia por eso á vos castigaros ? AURORA. Quien os recela, y os mira con pasión, y es poderosa. ACTO II, ESCENA XI. 3oi DON RODRIGO. ¿Es la marquesa ? AURORA. ¿Y no es digna de vuestro amor la marquesa ? DON RODRIGO. Es su hermosura divina; mas dicen que adora á Carlos. AURORA. No sé en eso lo que os diga; pero sé de que le pesa que os pretenda y que os escriba. HnI>ON RODRIGO. Y vos proseguís, señora, estos amores tan tibia, que cuando con imposibles, de verdaderos se animan, juráis de olvidarme. AURORA. ¿Yo? DON RODRIGO. La marquesa así lo afirma. AURORA. ¿Y no mienten las marquesas? DON RODRIGÓ. No ignoro yo que hay mentiras en las cortes, tituladas, mercedes y señorías; mas de Aurora no lo creo. ESCENA XI. ASCANIO.-AURORA. DON RODRIGO. CHINCHILLA. Después CARLOS y TEODORO. ASCANIO. {Sin ver á nadie.) Celos, como sois espías, al desengaño esta noche servid de postas perdidas. 3oa QUIEN CALLA, OTORGA. {Salen Carlos y Teodoro.) CARLOS. {A Teodoro , sin ver á nadie.) Yo lie de averiguar agora lo que no puedo de dia, y saber si á la marquesa otro amante desatina. TEODORO. ¿No te asegura su hermana? CARLOS. Mis recelos imaginan que en otra parte se abras^ quien conmigo está reinijyfc CHINCHILLA, apaM De dos en dos van viniendo, ó rondantes ó estantiguas de palacio. Haceos allá, ó hacedme lugar, esquinas. DON RODRIGO. En fin vos me queréis bien; pero mi amor no os obliga á que me digáis quien sois. AURORA. Recelo, cuando os lo diga, que me aborrezcáis por fea. DON RODRIGO. Eso no; que os apadrina de la marquesa el abono ; pues de suerte os acredita en discreción y belleza, gracia, sazón, bizarría , que tiene por imposible que la libertad no os rinda, si os veo. CARLOS. {Hablando aparte con Teodoro.) ¿Qué te parece, Teodoro? ¡Si se confirman mis sospechas, con la noche, tercera de estas visitas! Agora importa saber quien son los que solicitan 3o3 ACTO II, ESCENA XI. hipócritas voluntades, disimuladas de dia. TEODORO. No es la marquesa, á lo menos. CARLOS. Mucho de una muger fias, ocasionada por moza, y peligrosa por i'ica. ascanio , aparte. Un hombre habla en el terrero, y una dama desde arriba, acrecentando sospechas, mí esperanza desanima. ¡^Válgame Dios! ¿quién será? don rodrigo. Por mas que el recato finja , con que de mí os encubrís, por Dios, que estáis conocida. AURORA. ¿ Pues quién soy ? DON RODRIGO. Si me juráis, como la verdad os diga, no negarla , os lo diré. AURORA. Confesarélo, por vida de la cosa que mas quiero. DON RODRIGO. Pues digo que sois Narcisa. ASCANIO, aparte. ¡Ay ciclo! ¿qué es lo que escucho? ¡Ay alma siempre adivina! AURORA. ¡Jesús! ¡qué lejos que dais del blanco! DON RODRIGO. Es ciego el que lira; pero yo sé que lo acierto. AURORA. ¿ Pues qué ocasión os obliga á creer tal disparate? 3o 4. QUIEN CALLA , OTORGA. DON RODRIGO. Amor, cuya monarquía mis cortos merecimientos á vuestro valor sublima. AURORA. Pues ¿quiéreos Narcisa á vos? DON RODRIGO. Y (le suerte, que ofendida la marquesa, ó envidiosa de que papeles me escriba, hoy lia reñido con ella. Acabad , señora mia ; que quien oyó la pendencia, lo que roe quiere me avisa. ASCAN'io , aparté. Esto es hecho; el español es este : lo que temia , averigüé. ¡Qué indiscreto es quien de estrangeros fia! DON RODRIGO. Confesadme que sois vos. AURORA. ¿He de confesar mentiras? DON RODRIGO. Vuestra vida habéis jurado. AURORA. No lo soy , por vida mia; que Narcisa quiere al conde. DON RODRIGO. ¿ Qué conde es este ? AURORA. Aquí habita cierto conde disfrazado, á quien amorosa mira la dama que os desvanece. * ASCANio , aparte. Yo soy ese, no hay quien viva , conde, en casa, sino yo. CARLOS. (.Aparte á Teodoro.) ¿Mas si me amase Narcisa, viendo que estoy en su casa, ACTO II, ESCENA ÍII. Teodoro, como este afirma? DON RODRIGO. Díjomc que érades vos su sangre. AURORA. ¿ Pues no podía, en fé de aquesa verdad, ser yo la marquesa misma ? CARLOS. (Aparte con Teodoro.) Teodoro, ¿no escuchas esto? TEODORO. Bien puede ser que se finja la que no es: escucha y calla. DON RODRIGO. La marquesa es prenda digna del amor del conde Carlos. AURORA. Y si fuese yo la misma, ¿ pesdraos de que os amara ? DON RODRIGO. No es mi estrella tan benigna, que tal ventura merezca; puesto que yo vi una cinta, que coronando esperanzas, dió salud á cierta herida. AURORA. Pues tampoco soy Aurora, porque esa á Carlos dedica la libertad, que d su fama hd tanto que está ofrecida. CARLOS. (Aparte con Teodoro.) ¡Eso sí, locos deseos! TEODORO. ¡Cudl estabas ya! CARLOS. Sin vida, sin seso, sin esperanza. DON RODRIGO. ¿Quién sois, pues? 3o5 Tirso. Tomo V. 20 3o6 QUIEN CALLA, OTORGA. AURORA. Soy (le dos primas que en palacio tiene , una. Entre Sirena y Arminda, ¿cuál os parece mejor? DON RODRIGO. ¿Qué sé yo? ascanio, aparte. Si no es Narcisa la misma que estoy oyendo, y las esperanzas mias saben que es de un conde amante, disfrazado por servilla, ¿qué tengo mas que esperar? Si mi ventura averigua su seguridad mañana, yo, amor, os prometo albricias. {Fase.) CARLOS. {Aparte á Teodoro.) Teodoro, yo he de saber, primero que se despidan, quien son los que me atormentan, aunque me cueste la vida. Ven y calla. TEODORO. Callo y voy. {Fanse.) ESCENA XIII. AURORA. DON RODRIGO. CHINCHILLA. DON RODRIGO. Pues ni ruegos ni porfías bastan con vos, vive el cielo, que he de volverme á Castilla. A Dios, oscura señora. AURORA. Escuchad. DON RODRIGO. Vamos, Chinchilla. ACTO II, ESCENA XIV. AURORA. Esperad un poco. CHINCHILLA. Esperen los judios su Mesías. DON RODRIGO. Si no me decís quien sois, perdonad; que martirizan tantas tinieblas á un alma. AURORA. Esperad, pues, que os lo diga. DON RODRIGO. Ya espero. AURORA. La que mañana, cuando Aurora salga á misa con sus damas, como suele, al epitrar de la capilla tropezase, yendo vos á tenella, y con fingida industria os dejare un guante, esa es la que os desatina.— Y con esto, á Dios. (Retirase de la ventana.) ESCENA XIV. DON RODRIGO. CHINCHILLA. CHINCHILLA. Metióse. DON RODRIGO. Alto; ello va por enigmas. Paciencia. —¿Qué dices de esto? CHINCHILLA. ¿Qué diablos quieres que diga? DON RODRIGO. ¿Tienes gana de acostarte? CHINCHILLA. No será con las gallinas; mas con los mochuelos sí. 307 3o8 QUIEN calla, otorga. DON RODRIGO. ¡ 01) si el sol se diese prisa , para echar ya confusiones á una parte! CHINCHILLA. ¡Oh si una silla te echase amor, con su freno! DON RODRIGO. Anda, necio. (Fase don Rodrigo , y por una reja baja se asoma Brianda y coge de la capa á Chinchilla .) ESCENA XV. BRIANDA.-CHINCHILLA. ERIANDA. Ce: ¡ah Chinchilla! CHINCHILLA. ¿Ah Chinchilla, y á estas horas? BRIANDA. No te vayas. CHINCHILLA. ¿Quién me tira? BRIANDA. Quien le adora. CHINCHILLA. ¿A mí á-dorar? ¿Estoy en la platería? BRIANDAl Sosiégate. CHINCHILLA. ¿ Pues quién eres, alma, ó cuerpo? BRIANDA. ¿Ya te olvidas de la dama que esta noche te ofreció 4 escuras la vida, y te tomó de la mano? CHINCHILLA. Di lo que quieres, aprisa. ACTO II, ESCENA XV. 3oq BRIANDA. Que me quieras. CHINCHILLA. ¿Eres dueña, ó doncella? ¿vieja ó niña? ¿blanca, negra, moza, ó ama, hija, madre, grande ó chica? IJRIANDA. Soy tamaña , que pudieran traerme al cuello por higa, si el cristal fuera azabache. CHINCHILLA. Serás dama cristalina. ¿Llámastc? BRIANDA. Con Bri comienza mi nombre, y su don encima. CHINCHILLA. ¿Don con Bri? Doria Bribona , si ya no eres dona Brizna. ¿Doña Brígida.? BRtANDA. Tampoco. CHINCHILLA. ¿Estás en la letanía, ó en el libera nos , Domine ? BRIANDA. No hay sabcllo, aunque porfías, mientras no me prometieres ser mi marido. CHINCHILLA. (¿parle. jA tu tia!) ¿ Al matrimonio te acoges? ¿ No son primero las vistas? BRIANDA. Yo sé que no te arrepientas. CHINCHILLA. 1 Ahora bien , para que diga de sí ó no, dame esa mano. BRIANDA. De esposa os la doy. 3»6 QUIEN CALLA, OTORCA, ganar estas albricias; que sintiendo prorogar su esperanza, su temor escribió , no su mudanza, que á Narcisa queria; mas yo sé, gran señora, que mentía. (Fase.) ESCENA II. AunúiiA. ¿Qué os importa que mi hermana ame al conde , alma envidiosa? Yo no puedo ser esposa de dos; esto es cosa llana. Mas ¡ay violencia tirana! aunque amor os aconseja, siempre me tendréis con queja; porque el que á escoger se anima , aunque lo que escoge estima, suspira por lo que deja. Dejo á Carlos cuando escojo al español. ¿Qué he de hacer, si el conde en otro poder, iguala el gusto al enojo? Venga Carlos, pues me arrojo á tan atrevido acuerdo, y amor entre loco y cuerdo, no los suelte de la mano; pues si alegra lo que gano, causa envidia lo que pierdo. ESCENA III. BRIAISÜA.-AUROIIA.' JIRIANDA. Ya es hora que vuescelcncia salga á misa, si ha de oilla, j ACTO III; ESCENA IV. Zl'J porque espera en la capilla el capellán. aurora , aparte. No hay paciencia que sufra esta competencia. Ñarcisa por darme pena, competir conmigo ordena; mas venceré su porfia; que prenda que ha sido mia, no es hien que la envidie agena. (transe.) Galería de palacio, con entrada á la capilla. ESCENA IV. RON RODRIGO. CHINCHILLA. CHINCHILLA. Ya dicen que la marquesa con sus damiselas sale á misa. DON RODRIGO. Como señale quien es la que en tal empresa me promete, con el guante, aclarar mi confusión, venturosa la ocasio'n que espero. CHINCHILLA. Encantado amante has sido; mas vive Dios, que si la dama que esperas, y tan bella consideras, lioy nos iguala á los dos, V es tan pobre de narices como la que auoche vi, que lie de reirme de tí. 3i8 QUIEN CALLA , OTORGA. DON RODRIGO. ¡Qué de disparates dices! Anda, necio. CHINCHILLA. ¡Oh qué Narcisa, qué Aurora en ella verás! Ofrézcola á Satanás. don rodrigo. Oye, que salen á misa. ESCENA V. AURORA. ACOMPAÑAMIENTO.-DON RODRIGO. CHINCHILLA. Después narcisa, brianda y acompañamiento. CHINCHILLA. Aurora viene delante. DON RODRIGO. Hasta en esto ha sido Aurora. CHINCHILLA. Ten cuenta si cae agora, y al tenella , te da el guante. DON RODRIGO. No tengo tal dicha yo: Carlos sí , que es quien la iguala. AURORA. ¿Qué hacéis aquí, maestresala? DON RODRIGO. Como tanto madrugó vuescelencia, imaginé que fuera salir queria , y á acompañarla venia. AURORA. Anoche me desvelé, y por eso he madrugado. Mal , don Rodrigo, lie dormido. DON RODRIGO. ¡ Dichoso el que ha merecido desvelar vuestro cuidado! ACTO III, ESCENA V. 3lQ AURORA. ¿ No venís á misa ? DON RODRIGO. Espero que vos entréis, gran señora. AURORA. ¡ Ah! sí. CHINCHILLA. (Aparte con su amo.) Aquí tropieza agora. DON RODRIGO. ¿Quieres callar, majadero? (Vase Aurora con su acompañamiento.) CHINCHILLA. ¡Malos aííos! ¡y qué tiesa que se entró! ¿Mas que ha almorzado asadores? Ya has sacado que no será la marquesa. (Salen Narciso , Brianda y acompañamiento , y cruzan la escena para entrar en la capilla.) don rodrigo. Que es Narcisa. ¿Tú no adviertes el amor con que me mira? CHINCHILLA. Flechas con los ojos tira, que dan vidas, y dan muertes. ¡Dichoso tú, si tropieza!— (Narcisa y su acompañamiento entran en la capilla.) Pero ¡por Dios, que ha pasado mas tiesa que un empalado! Hecha es toda de una pieza. CHINCHILLA. Mi dueña desnarigada quedó. ERIANDA. ('.Tropezando junto á don Rodrigo.) ¡Jesús sea conmigo! ¡Ay! Téngame, don Rodrigo. Rompióse la capellada del chapín. A no estar vos aquí, cayera. 030 QUIEN CALLA, OTORGA. {Aparte ú el.) Cumplido queda así lo prometido anoche, del guante. A Dios. {Le deja un guante , y vas ESCENA VI. DON RODRIGO. CHINCHILLA. CHINCHILLA. ¿Dejóte el guante? DON RODRIGO. Dejóme el demonio que te lleve. CHINCHILLA. ¿Esta fue la de la nieve? Sarna es amor, que la come. DON RODRIGO. ¡Vive Dios , si no pensara que Narcisa por probarme, ha querido así burlarme, que con la dueña, abrasara esta casa! CHINCHILLA. Estáte en eso, y entre tanto, el guante ten. DON RODRIGO. ¡Oh! ¡un rayo le abrase, amen {Arrójale.) CHINCHILLA. ¿Le arrojas? ¿Estás sin seso? Guárdale, y luego averigua la confusión de tu queja; pues es reliquia, por vieja, de la imagen del Antigua. ACTO III , ESCENA VII. 3a ESCENA VII. ASCANIO.-DON RODRIGO. CHINCIULtA. ASCANIO. En fin, don Rodrigo, en vos degeneró la nobleza de España, con la firmeza que la amistad en los dos fundó, y tuvo por segura. ¡Buen amigo hicisles hoy! DON RODRIGO. (Aparte. Para el humor con que estoy, ¡viene á buena coyuntura este necio!) Pues de mí ¿qué queja, conde, teneis? ASCANIO. Lo que á escuras pretendéis, como amor es llama, vi anoche, con el castigo que os dió la que imaginastes ser Narcisa, y no acertastes. ¡Paga de un ingrato amigo ! DON RODRIGO. ¿ Pues quién os dijo de mí tal mentira? ASCANIO. Quien hablaba con vos, y os desengañaba del soberbio frenesí que á Narcisa os prometió. DON RODRIGO. En fin, ella os quiere bien: daros puedo el parabién. Una dama me escribió; y ni yo sé quien es ella, ni vos podéis con razón tenerme en mala opinión : hacedme vos conocella, Tirso. Tomo V. 21 322 QUIEN CALLA , OTORGA, y cu su presencia veréis cuán poco culpado estoy. ASCANIO. Satisfecho, español, voy; mas agora no podéis saber quien la dama fue; que así se lo lie prometido. {jiparte. Que hablé con ella he fingido: mal decírselo podré; pero pues Narcisa es cierto que me quiere, necio estoy en no decirle quien soy.) A Dios, don Rodrigo. ( Vase .) DON RODIUGO. Muerto de celos y confusión me deja este hombre. CHINCHILLA. Sí hará; pero el guante bien podrá servir de declaración en tan confusa demanda. Mas ¿sabes lo que imagino? Que somos tres al mollino, y nos revuelve Brianda. ESCENA VIII. NARCISA. BRIANDA.-DON RODRIGO. CHINCHILLA. NARCISA. {Hablando con Brianda á la puerta de la capilla . ) En fin , se ha ya declarado mi hermana; ya al conde quiere, y á los demas le prefiere, pues á Carlos ha mandado v que á Borgoña parta luego, para que al conde prevenga que al punto á Saluzo venga de boda. ACTO III, ESCENA VIII. 3a3 bkianda. A escribirle un pliega se entró, acabada la misa. Para en uno son los dos. NARCISA. Don Rodrigo, ¿aquí estáis vos? ¿Qué tristeza es esa? (Aparte á Brtanda. Avisa al secretario, y ve luego; que á Carlos quiero escribir á quien adora mi fuego.) (Fase Brtanda.) ¿No me habíais? ¿No respondéis? ¿En qué os habéis divertido? DON RODRIGO. Siempre vive mi sentido en la confusión que veis. Perdonadme, gran señora, si en quimeras ocupado se descuida mi cuidado de hablaros. NARCISA. Mi hermana Aurora se nos casa, maestresala; por el de Borgoña cavia para darnos un buen dia. Nuestra corte está de gala; no estéis triste solo vos; que del bien de la marquesa nos dais señales que os pesa. DON RODRIGO. Mil años los guarde Dios. ; A mí pesarme ! ¿Por qué? NARCISA. Vuestra tristeza responde por vos. DON RODRIGO. Y el amor de un conde , que en vuestros ojos se ve, me dice también á mí que presto segundareis bodas, con que os igualéis 324 QUIEN CALLA, OTORGA, á las suyas. NARCISA. ¿Cómo así? ¿Quiero casarme mi hermana con algún conde? DON RODRIGO. Encubierto, por vuestra hermosura muerto, lo que yo he perdido gana, y ya os llama su muger. NARCISA. No os entiendo. DON RODRIGO. ¡ Bien , por Dios. NARCISA. Si fuérades conde vos, Rodrigo, pudiera ser. DQN RODRIGO. ¿Cómo es esto? CHINCHILLA. {Aparte á su amo.) ¡Vive Cristo, señor, que es esta la dama; que adivinaste y nos ama! Ya de mis hurlas desisto. ¿ No ves el lavor que te hizo ? Declárate. DON RODRIGO. Gran señora, • - no soy conde; pero agora ese favor solenizo, puesto que yo sé de vos que del fuego en que me abraso olvidada.... . CHINCHILLA. {Aparte A su amo.) Al caso, al caso. Al punto, ¡cuerpo de Dios! DON RODRIGO. Estimáis otro trasunto, (mejor diré original) que del conde de Monreal ACTO III, ESCENA IX. 3a5 trasladáis. CHINCHILLA. (;Aparte á su amo.) Al caso, al punto. NARCISA. ¿Qué Monreal? ¿qué conde es ese? Don Rodrigo, ¿estáis en vos? CHINCHILLA. Mi amo.... DON RODRIGO. ¡Ah loco! CHINCHILLA. Por Dios, que ha de oillo, aunque te pese.— Ñarcisa, (á ella) en breves razones, quiere con cuerdos avisos imprimiros seis Narcisos, y vcstillos de girones. Daos las manos; que es descanso decir de presto sí ó no....— Pero Aurora nos cogió.— Yo hablé por boca de. ganso. ESCENA IX. AURORA.-NARCISA. DON RODRIGO. CHINCHILLA. AURORA. ¿Que síes ó noes son estos? CHINCHILLA. El sí que has dado alababa, al conde, aquí, y ponderaba que síes y noes prestos son cuerdos, si es que penetras la brevedad con que puso el sí ó no la ley y el uso, pues tiene solás dos letras. AURORA. ¿Quién os mete en alaballos á vos, para que igualéis QUIEN CALLA, OTORGA, el arte agora por vos. Solos estamos los ríos: enseñadme á amar, primero que venga; que sois discreto. Yo deseo estar celosa. DON RODRIGO. Vos deseáis'una cosa harto terrible, os prometo; pero ¿ cómo, gran señora, queréis que os enseñe yo lo que no' sé? AURORA. Quien amó, jamas los celos ignora. Tracémoslo así los dos : vos el conde os fingiréis, que me amais y pretendéis; y yo celosa de vos, porque hablar de noche os vi con cierta dama, á reñiros vengo; por ver si á pediros celos acierto. DON RODRIGO. Sea así, pues que vos de eso gustáis. AURORA. Empiezo, pues, mi quimera: veamos de qué manera de mi enojo os disculpáis.— Cuando á Saluzo venisles, conde, y á servirme cntrastes, á darme envidia empezastes, que en aficion^convertisles. Celos tuve de mi hermana, que á darme celos se atreve, y envuelto mi amor en nieve, correo de una veiV.ana fue, que un papel os llevó: enigma, cuyo secreto acertara el que es discreto; mas no lo merecí yo. Creistcs ser de Narcisa, ACTO III. ESCENA XIII. 333 aumentando mis enojos, sin conocer por los ojos lo que el amor os avisa; y de suerte os persuadistes á que mi hermana liahia sido, que en iniralla divertido, la mano ayer os heristes. Echóos un lienzo á los pies, que os dió creyendo Brianda ser vuestro, y gozó su holanda la sangre que yo después, trocada por un listón. Con aquel favor creyera avisaros, si no viera de cuan poco efeto son con vos escuros favores. Si he de creer el castigo del penseque, don Rodrigo.... digo, Carlos.... que en amores sois tan corto, como largo en hazañas y valor. Viendo en vano aquel favor, en un papel os encargo que vais de noche al terrero, donde os espera amorosa la dama que está celosa, y entre nieve os dió el primero. Y después de ponderarlos, y aumentar vuestra aíicion , privándoos de la razón, don Rodrigo.... Digo, Carlos. — De ordinario me equivoco, cuando trato de los dos; inas yo cuando estoy con vos, del conde me acuerdo poco. DON RODRIGO. Antes que pase ese cuento adelante, sepa yo si habíais con el conde ó no; que aunque á Carlos represento, parece que vais conmigo relatando mi suceso. 334 QUIEN CALLA, OTORGA. AURORA. Mis celos ensayo en eso; que ignorando, don Rodrigo, los que Carlos no me ha dado, quiero en los vuestros probar si los sé pedir y dar. DON RODRIGO. (Aparte. ¿Hay amor mas enredado?) ¿Yo, en fin, la materia doy á vuestros celos agora, verdadera, gran señora, y un conde de burlas soy? AURORA. Tomad en aqueste paso, pues representáis á dos, lo que veis que os toca á vos, y de esotro no hagais caso, y vaya el cuento adelante. don rodrigo, aparte. ¡Válgate Dios por muger tan difícil de entender! AURORA. Fuistes, cortesano amante, al terrero; y en sus rejas, creyendo hablar A mi hermana, mi esperanza hicistes vana, y acrecentastes mis quejas. DON RODRIGO. ¿Luego érades vos, señora, la que hablábades conmigo? AURORA. Fínjolo así, don Rodrigo. No me interrumpáis agora.— Vos que entre tanta quimera , Teseo segundo fuistes, impaciente me pedistes que os declarase quien era. Y yo de cifras cansada, dije que el siguiente dia, si la marquesa salia , con otras acompañada, á su capilla, la dama 335 ACTO III, ESCENA XIII. que junto á vos tropezase, y un guante suyo os dejase, esa daba á vuestra llama materia. Fuíme con esto; pero cuando salí á misa, agraviada que en Narcisa vuestros gustos liayais puesto, á Brianda le mandé que cayendo, os diese el guante, y con burla semejante, burlas de mi amor pagué. Mas pues en ella se funda vuestro amoroso interes, y pudiendo ser marques, por una hermana segunda á la primera dejais, quedaos para inadvertido, corlo, desagradecido, pues sin entrambas quedáis; pues casándonos las dos, y desterrándoos de aquí, yo quedo vengada así, y como merecéis vos. (Hace que se va.) DON RODRIGO. ; Señora ! ¡ señora mia ! Oid en burlas ó en veras, disculpas que verdaderas, amorosa el alma os fia. A no tener yo por cierto que era otro el dueño querido por vuestro gusto elegido, por vuestra belleza muerto; á creer que aquella nieve de vuestra mano salió; que aquel papel escribió; que el listón que el alma os debe, fue favor mas que piedad; que en las rejas del terrero volvistes cera el acero, las tinieblas claridad; que adorara considero, 336 QUIEN CALLA, OTORGA. sin dar causa á vuestras quejas, nieve, papel, listón, rejas, noche, tinieblas, terrero, celos, pendencias, castigo, disgustos, eniraas, guante.... AURORA. Basta, hasta. ¿Habíais amante como conde, ó don Rodrigo? DON RODRIGO. ¿Qué sé yo? Decildo vos. AURORA. Como Carlos ha de ser, porque esto sé venga á hacer mas al propio entre los dos. DON RODRIGO. De cualquiera suerte gano en la merced que me hacéis. AURORA. Pues si enojada me veis, ¿no fuera bien que una mano me tomárades y en ella imprimiérades los labios? Disculpárades agravios, enterneciéndoos con ella. A ser como vos el conde, tan poco sabrá obligar, como vos representar. DON RODRIGO. Mi cortedad os responde; pero yo me enmendaré. (Le va á tomar la mano.) AURORA. Tarde me la habéis pedido. (Mudando de repente de acción y tono.) Bien mis celos he fingido. A Carlos escribiré que á desposarse mañana venga, pues mi mayordomo le despacho. DON RODRIGO. ¡Ay cielos! ¿Cómo esto oigo ahora ? 33 7 ACTO III, ESCENA XIV. AURORA. Mi hermana os quiere bien, yo lo siento.... No me deis pena, Rodrigo. Mirad que otra vez os digo que de aqueste fingimiento, mentiroso y verdadero, lo que os está bien toméis. DON RODRIGO. ¿Cómo, si á Carlos queréis....? AURORA. Quiero; pero no le quiero. ( F ase .) ESCENA XIV. DON RODRIGO. «¡Quiero; pero no le quiero» cuando por Carlos envia! ¿Qué es esto, confusión inia? Esperando , desespero. Que me quiere considero; que no me quiere me avisa el ver que con tanta prisa á Carlos envia á llamar. Caribdis es de este mar Aurora , y Scila Narcisa. En elección tan oscura, necedad es no escoger la hermosura y el poder, mas que sola la hermosura. Si el atreverse es ventura, y esta consiste en hablar , vo me voy á declarar con Aurora, gane ó pierda; que no es la vergüenza cuerda, que se pierde por callar. Sin decirme sí ni no, se fue: pues si no me amara , con enojo me mirara; Tirso. Tomo K 22 338 QUIEN CALLA, OTORGA. amorosa me miró. Al mayordomo llamó; que va por el ronde advierto; callando, ¡cielos! me ha muerto; pero no pienso olvidalla; pues si dicen que quien calla , otorga , que me ama es cierto, {rase. ESCENA XV. ASCANIO. CHINCHILLA. CHINCHILLA. En fin, ¿no te has atrevido á hablar á Narcisa? ASCANIO. No. CHINCHILLA. Mal has hecho. ASCANIO. Ya sé yo, Chinchilla, qué soy querido. CHINCHILLA. Pues viene el 'conde, no es mala esta ocasión; que á rio vuelto.... et cartera. ASCANIO. Estoy resuelto. Ya que eres del maestresala tan querido , que te fia su pecho, he de confiarte mi deseo. CHINCHILLA. A declararle comienza, pues. ASCANIO. Este dia estará Carlos aquí. CHINCHILLA. Adelante. ACTO III, ESCENA XV. 33 9 ASCANIO. La marquesa se ha de casar con la priesa que sabes. CHINCHILLA. Todo es así. ASCANIO. Narcisa me quiere bien. CHINCHILLA, aparte.. Tal te dé Dios la ventura. ASCANIO. las fiestas dan coyuntura á mis amores. CHINCHILLA. Pues bien.... ASCANIO. Si de boda á vella voy, en dia de boda y fiesta, y mi amor le manifiesta, en tal ocasión, quien soy, ¿quien duda que ha de olvidar bandos y guerras odiosas , y con paces amorosas , á Narcisa me ha de dar? ¿Qué te parece? CHINCHILLA. Estremado arbitrio. ASCANIO. Di á don Rodrigo, pues es mi mayor amigo, la traza que en esto he dado. CHINCHILLA. Yo voy. ASCANIO. Ilaz, amor, que goce mi dicha con trazas nuevas. CHINCHILLA, uparle. ¡Muy gentil despacho llevas, cuando ella no le conoce! ( 'Vansc .) 34-0 QUIEN CALLA, OTORGA. ..V'X'VV/V'VV'X/v Sala. ESCENA XVI. AURORA. DON RODRIGO. AURORA. Al fin , esta noche el conde tiene de entrar. don rodrigo, aparte. No hay hacer que me venga á responder á propósito. ¿ Por dónde la podria yo obligar que me diga de sí ó no ? AURORA. Por esto no se partió el mayordomo. don rodrigo, aparte. ¿Hay pesar que al mió igualarse pueda? AURORA. Al amanecer me escribe, don Rodrigo, que apercibe su entrada, y cuando suceda así, no sé si será bien que para recibillc, madrugue tanto. DON RODRIGO. Escribillc vuestra escelencia podrá agora la bienvenida, y yo Je daré el papel cuando venga. AURORA. Bien: en él queda esta falta cumplida. 3 ACTO III, ESCENA XVI. DON RODRIGO. ' A llamar al secretario voy , pues, AURORA. Estando los dos aquí, y escribiendo vos, lio es esotro necesario; cuanto y mas que de mi mano será escribirle forzoso á quien me la da de esposo. DON RODRIGO. Todo amor es cortesano. En tan lícitos favores licencia lencis, señora, AURORA. La primer vez será agora que escribo cosas de amores. Yo no le sabré notar; esto quiero que hagais vos: vaya el papel por los dos. don rodrigo, aparle . ¿En est@ habia de parar mi ambicioso pensamiento? AURORA. ¿Qué decís? DON RODRIGO, Que se baga así. AURORA. Traed el recado. DON RODRIGO. Aquí está todo. ( A parte . ¡Ay pensamiento!) AURORA. Decid; que yo escribiré, y advertid que vaya tieruo y grave. don rodrigo, aparte. Si en un infierno me veo, ¿qué le diré? 3^8 QUIEN CALLA, OTORGA. DON RODRIGO. Aquí , generoso conde, pueda mas el valor que la espada, que el enojo la prudencia. La mano me lia dado Aurora, y yo, si reprimís quejas, con los brazos os ofrezco una amistad verdadera. CARLOS. Mucho alcanzan cortesías. Pues el cielo así lo ordena, y Narcisa es tan hermosa, no quiero muger por fuerza. NARCISA. Yo soy vuestra humilde esclava. ESCENA XX. CHINCHILLA, y luego ASCANIO.—DICHOS. CHINCHILLA. Plaza. AURORA. ¿Qué es aquesto? CHINCHILLA. Afuera; que entra el conde de Monreal. DON RODRIGO. ¿Estás en tí, loco? CHINCHILLA. Que entra el conde de Monreal, digo, á casarse con Belcrma. Con Narcisa, iba á decir. {Sale Ascanio,) ASCANIO. Si enojos , bandos y guerras, en amistades y amor es justo que se conviertan, ACTO III, ESCENA XX. por albricias, bella Aurora , del esposo y de la vuestra,, dad al conde de Monreal á Narcisa, pues por ella vuestro secretario lia sido. AURORA. Con transformaciones nuevas, habernos tenido en casa del Piamonte la nobleza. Las paces que me pedís, yo las otorgo contenta ; pero no puedo á Narcisa. Pedilde á Carlos licencia; que es ya su esposa. ASCANIO. ¿Y vos no? ¿Qué marañas son aquestas? DON RODRIGO. Yo soy, conde, el venturoso que alcanzo tan árdua empresa. CHINCHILLA. ¡Cuerpo de Dios! ¿Eso dices, y á Chinchilla de dar dejas tus pantorrillas y brazos? ¡Por Dios, que es linda tu ilema! ASCANIO. Pues Narcisa me engañó, ¿que tengo de hacer? Paciencia. La vuelta á mi tierra doy. DON RODRIGO. Pues otorgó la marquesa , callando, mi firme amor, llámese aquesta comedia , Quien calla , otorga , senado, satisfaciendo con ella al Castigo del Penseque , pues no es necio quien se enmienda. EXAMEN QUIEN CALLA* OTORGA. Por la relación que Chinchilla hace á su amo en la escena sesta de esta comedia, se ve la celebridad que la Primera Parte del Penseque obtuvo en los teatros de Espa¬ ña, viviendo Tellez: la que con iguales aplausos veíamos representar no há muchos años, era la Segunda. Una y otra composición han tenido su época de gloria: el Pare¬ cido de Moreto oscureció á la una; la otra brillaba, sin que le hiciese sombra el Vergonzoso en Palacio. El pensa¬ miento de ambas es uno, si terminado en la primera con un escarmiento para el protagonista, coronado en la últi¬ ma con un triunfo. La situación de don Rodrigo también es idéntica: amado por dos damas, no está cierto de la in¬ clinación de ninguna. Hay aquí asimismo dos condes en¬ cubiertos, pero ambos de humor menos belicoso que el palatino del Rhin. Ascanio, que se persuade que le basta venir disfrazado á casa de la marquesa, para que se pren¬ de de él la muger á cuya mano aspira, aun sin haberse declarado con ella; que se hace amigo de un estrangero, y le confia su amor, sin qué ni para qué, (como si el ser con¬ de, decir cumplimientos y no hacer cosa alguna, hubiese de producir grandes resultados) pudiera ser un personage muy cómico: tal como está delineado, no es nada. INarcisa, tan enamoradiza como todas las damas de Tellez, ha¬ ce aquí el papel de Clavóla; pero como hermana de Au¬ rora, tiene mas energía. Chinchilla y Rrianda, aunque di¬ vierten , son dos personages grotescos. En cuanto á los dos principales, (don Rodrigo y la marquesa) merecen parti¬ cular atención. Don Rodrigo ha aprendido algo en el pa¬ lacio de Diana. Instruido por sus reveses, no sacrifica ya su dicha ligeramente: disimula con Ascanio, y resiste al conde de Borgoña. ¡Triste es que la Acucia del mundo en¬ señe la mentira! El carácter de Aurora nos parece mas original que el de Diana, y mas noble, sus caprichos, no EXAMEN. l5l obstante, son muchos y raros. Tellez los quiso justificar, haciéndola decir que ella amaba, no la elección , mas la porfía. Las alternativas ó vaivenes de su amor, hijo de la envidia, recuerdan frecuentemente á la Diana de Belflor, que pintó Lope en el Perro del Hortelano. Comparando las dos partes del Penseque , hallamos en la segunda mas unidad en la acción, mas igualdad en la versificación y lenguaje, algo mas pulso en el manejo de los caracteres: los defectos de plan, las concesiones violentamente exigi¬ das al espectador, y las faltas de verosimilitud, son las mismas en un drama y en otro. Hasta se parecen en ser los mejores actos de ambos los dos terceros. No hay aficio¬ nado al teatro que no se acuerde del efecto que producian la famosa escena cutre don Rodrigo y Aurora ensayando el paso de celos, las equivocaciones de la marquesa tro¬ cando adrede los nombres de sus dos galanes, y la carta con dos sentidos, que rasgada por medio, servia á don Rodrigo de declaración para con la marquesa, y de repul¬ sa para su competidor. ACTO PRIMERO. ESCENA I. La comedia principia en un jardín, que debe estar cu¬ bierto de nieve, según se ve mas adelante: hubiera sido conveniente decir d qué habian bajado á él Aurora y Narcisa. ESCENA III. Ya desdeñoso honor, ya amor clemente, divisas en contrarias opiniones, tal vez neutral, y tal determinada, nave era de huracanes asaltada. Creemos que el sentido de estos versos, para que ten¬ gan alguno razonable, ha de ser el siguiente: Ya desde¬ ñoso el honor , ya clemente el amor , (ablativos absolutos) divisas de opiniones contrarias , Diana.... era nave asalta¬ da de huracanes. Pero son tantos y tan groseros los descuidos que se notan en la impresión de esta comedia, (la cual debió ha¬ cerse por algún manuscrito defectuoso) que sin temeridad 352 QUIEN CALLA , OTORGA, grande pudiéramos sospechar si el primer monosílabo de los versos copiados arriba seria una errata. Poniendo al en lugar de el, y variando la puntuación, el pensamiento aparece mas claro. Al deseo animaba persuasiones ya desdeñoso honor, ya amor clemente, divisas en ( de ) contrarias opiniones: tal vez neutral, y tal determinada, nave era de huracanes asaltada. ESCENA IV. Otra duda del propio género ocurre aquí con respecto á los primeros versos de Carlos. Les hemos puesto unos puntos suspensivos al fin, como si faltara alguna redon¬ dilla; pero realmente la situación, la lógica, y todo el giro de la escena pedian que fuese Teodoro quien dijera los diez versos que hay desde: No se que en propios ó es~ /ranos , hasta el de: parejas con su belleza. En tal caso, el mi seria una errata en vez de tu. El personage de Ascanio es enteramente inútil en la comedia. escena vii. ¿Qué hay en la corte de nuevo? Crítica de costumbres , desigualmente desempeñada, que á pesar de no ser muy oportuna, se aplaudiría mucho en tiempo del autor, principalmente lo del coche de la pastelera, y las jamugas para los pisaverdes. escena x. Catorce años en Jacob hizo Raquel cspericncia para casarse.— Paciencia fue mayor que la de Job. Graciosísima réplica. INarcisa no era muger afecta á esperiencias tan largas: bien se echa de ver en su repenti¬ na inclinación á don Rodrigo. EXAMEN. 353 ESCENA XIV. Esa celosía abrió una mano de cristal, y á fé que no acierta mal.— Espera. Un papel venia dentro.— ¡Ingeniosa cautela! Invirtiendo las palabras del primer verso, y leyendo: abrió esa celosía, tendremos uno, aunque defectuoso, que i'itne con el cuarto; pero el quinto queda siempre aislado entre dos redondillas. Aquí bay una laguna que no se pue¬ de llenar en conciencia. ACTO SEGUNDO. escena V. ¿Qué manda vuestra cscelencia? No sabemos que S. E. haya llamado á don Rodrigo. escena vi. Sin mi, y entre cuatro dueñas , mirad con quien , y sin quien , Dale un listón, y tres donzellas también,' digo donzellas por señas, Que en lo demas no me meto: en la antecámara eslava, y con ellas conversava mas compuesto que un soneto. Mira si en amar te imito. Así están tilde por tilde estos versos en la edición an¬ tigua que nos sirve de original. Si la acotación que va de bastardilla, no es repetición de otra que bay en la escena anterior; si Chinchilla da ó presenta un listón á su amo, debería decir con qué objeto, ó por qué motivo; y no lo hace. Al fin de la escena octava se anuncia que es ya de noche, y en la dccimaquinta del mismo acto , la dama arguye á Chinchilla en estos términos : Tinso. Tomo F. 23 35£ QUIEN CALLA , OTORGA. ¿Ya te olvidas de la dama que esta noche te ofreció á escuras la vida, y te lomó de la mano? Es evidente, pues, que faltan aquí versos; ellos decíacarian la procedencia del listón. ESCENAS IX Y XII. Si siempre la privación fue aumento del apetito.... Aurora discurre bien : el avisar á don Rodrigo que tiene dama y reñirle por ello, el rasgarle una carta, dar¬ le otra, y encargarle tantas veces que no vaya al terrero, acompañado todo de mil alabanzas de la dama oculta, no puede producir otro efecto en el galan, que cscitarle deseos de ver á la incógnita. No es tan natural y verosímil, por cierto, que ni don Rodrigo ni los condes conozcan la voz de la marquesa cuaudo habla por la ventana del palacio. ¿ Quién podia por eso á vos castigaros ?— Quien os recela , y os mira con pasión, y es poderosa.— ¿Es la marquesa?— ¿Y no es digna de vuestro amor la marquesa? Esta pregunta con que se desentiende Aurora de la que le hace don Rodrigo, es un rasgo de afecto muy delicado. También respiran ternura aquellos dos versos: Y si fuese yo la misma, ¿ pesáraos de que os amara ? ACTO TERCERO. ESCENA V. El tropezón de doña Brianda es una ocurrencia que, aun con ser estravagante, producía buen efecto en el tea¬ tro, porque el espectador, habiendo visto pasar ó misa á las dos hermanas, estaba tan ageno de esperar que la due¬ ña dejase caer el guante, que se llevaba el mismo chasco que don Rodrigo. La misa, entre paréntesis, dura un mo¬ mento. EXAMEN. 355 ESCENAS XII Y XUI. Singular es también, pero de mejor carácter, el capri¬ cho de Aurora cuando pide de beber. Su objeto es enton¬ ces separar á don Rodrigo de Narcisa: el maestresala vuel¬ ve después; pero acompañado. Aurora quiere hablarle & solas: la presencia de la dama testigo desazona el paladar de la melindrosa marquesa. Desde aquí adelante, la come¬ dia va cada vez mejor. Dad claridad , si os obligo, á tinieblas tan crueles.— Rueños están los papeles. Mucho sabéis, don Rodrigo. Este’decoroso efugio, este silencio que reupe la mo¬ destia y la gracia, es el pensamiento mas elevado que hay en la comedia, y uno de los mejores de Tcllez. 356 CORRECCIONES AL TESTO. Página. Línea. Dice. Dele decir. 98 35 Dicen Dice 241 19 marques. conde. 357 ERRATAS. Página. Línea. Dice. Léase. H 34 llamarás llamaras 100 9 trajo trujo 132 23 hermana; hermana 207 9 Salir Salid 219 4 sí? sí. 219 5 así. así? 254 31 hasta basta á