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Discusiones con Antonio Negri I: el Imperio y el debate sobre la alternativa al Orden Mundial

Molina Campano, Eduardo Manuel

Abstract

Si abstraemos todo lo posible la tesis de Negri en relación con la teoría de las relaciones internacionales, estimo que esta podría ser encuadrada en la visión neogramsciana de la misma. Esta óptica marxiana que tiene como eje al concepto de hegemonía y a su contrario, difiere de la llamada sistemas-mundo y de la interpretación ortodoxa del imperialismo clásico leninista así como en su contrapartida tercermundista definida por el concepto de liberación nacional. La teoría de la dependencia es absorbida a su vez por la mencionada de los sistemas-mundo al basarse ambas en las relaciones centro-periferia y semiperiferia. La primera para hacer énfasis en las causas exógenas del subdesarrollo y de la posible salida de éste, y la segunda para centrarse en el análisis del funcionamiento del sistema como totalidad.

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— 11 — CAPÍTULO I DISCUSIONES CON ANTONIO NEGRI I: EL IMPERIO Y EL DEBATE SOBRE LA ALTERNATIVA AL ORDEN MUNDIAL Eduardo Manuel Molina Campano LIPPO-UPO Si abstraemos todo lo posible la tesis de Negri en relación con la teoría de las relaciones internacionales, estimo que esta podría ser encuadrada en la visión neogramsciana de la misma. Esta óptica marxiana que tiene como eje al concepto de hegemonía y a su contrario, difiere de la llamada sistemas-mundo y de la interpretación ortodoxa del imperialismo clásico leninista así como en su contrapartida tercermundista definida por el concepto de liberación nacional. La teoría de la dependencia es absorbida a su vez por la mencionada de los sistemas-mundo al basarse ambas en las relaciones centro-periferia y semiperiferia. La primera para hacer énfasis en las causas exógenas del subdesarrollo y de la posible salida de éste, y la segunda para centrarse en el análisis del funcionamiento del sistema como totalidad. El autor Introducción: el método El libro Imperio, publicado en el año 2000 pero escrito por Antonio Negri durante un proceso largo que va desde marzo de 1991 hasta marzo de 1998, aproximadamente, con la colaboración de Michael Hardt, supuso, además de un gran impacto mediático mundial, la condensación de todo el bagaje teórico-práxico acumulado en sus cuarenta años de estudio y militancia política. Es un trabajo escrito, como dice el propio Negri en el prefacio, con un enfoque interdisciplinario. Estoy de acuerdo con dicha perspectiva metodológica aunque hay que precisar ciertos límites. Sin duda, la realidad compleja de la totalidad concreta amerita el manejo y la formación multidisciplinaria que nos permita comprender la interrela- — 12 — ción entre la economía, la política, la cultura, la filosofía, la historia, el derecho, la sociología, la antropología, la psicología, etc., pero también con las ciencias naturales (que no menciona Negri), pues la sociedad no puede explicarse sin su relación con la naturaleza. Además, somos seres biológicos y por tanto naturales, con etapas fisiológicas como otros seres vivos. Dicho esto, una cosa es formarse multidisciplinariamente para ampliar nuestra caja de herramientas y otra distinta es utilizar un método ecléctico para analizar esta realidad social. A veces observo que Negri no diferencia bien –o no desea hacerlo– ambos fenómenos y eventualmente podría caer en una anarquía epistemológica que dificulta la comprensión de sus obras. Cuando uno estudia Imperio (2002), a veces no queda claro si este está emergiendo o ya ha emergido o si el Imperialismo está concluyendo o ha concluido. Antonio Negri utiliza alternativamente ambos tiempos verbales lo que no ayuda a delimitar la transición. No obstante, no seré tan duro como algunos autores marxistas ortodoxos – véase los escritos de James Petras (2004) – que interpretan a Negri como si este hubiera afirmado tajantemente que ha aparecido de golpe, tras el fin de la Guerra Fría, este nuevo orden mundial. Tampoco es correcto decir que Negri esté definiendo prioritariamente este orden bajo un enfoque jurídico, como señala Atilio Borón (2004). Si bien es cierto, empieza a definirlo por este criterio lo empalma rápidamente con otros factores. No veo ningún inconveniente en esto. Quizás el marxismo ortodoxo debería comenzar a leer a Gramsci (1981) para darse cuenta que lo jurídico es parte esencial de la hegemonía de la clase dominante global. Nada más hay que observar un poco como se ha desarrollado el problema nacionalista entre Madrid y Cataluña. Ciertos marxistas están acostumbrados a llegar a los análisis de la sobreestructura una vez ha sido analizada la base económica pero pienso que se puede comenzar perfectamente tanto por arriba como por abajo. La fragmentación y el orden aleatorio del análisis para luego buscar las interrelaciones que expliquen en mayor o menor grado la totalidad del problema objeto de estudio no deberían alterar el producto final. — 13 — El orden mundial En el prefacio de Imperio, Negri comienza definiendo al nuevo orden, cito: El Imperio se está materializando ante nuestros ojos. Durante las últimas décadas, mientras los regímenes coloniales eran derrocados, y luego, precipitadamente, tras el colapso final de las barreras soviéticas al mercado capitalista mundial, hemos sido testigos de una irresistible e irreversible globalización de los intercambios económicos y culturales. Junto con el mercado global y los circuitos globales de producción ha emergido un nuevo orden, una nueva lógica y estructura de mando –en suma, una nueva forma de soberanía. El Imperio es el sujeto político que regula efectivamente estos cambios globales, el poder soberano que gobierna al mundo. (Negri & Hardt, 2002: 4). Este primer párrafo nos está diciendo varias cosas. En primer lugar, que el Imperio comenzó a materializarse luego del proceso de descolonización tras la Segunda Guerra Mundial y de forma ya acelerada tras el fin de la Guerra Fría. Dicha materialización se correspondería con el proceso de globalización de los mercados y flujos financieros y culturales que todavía está en pleno proceso, a pesar de la contra tendencia actual que supone aparentemente el gobierno de Trump en EEUU y los peligros neofascistas en Europa. Es decir, el Imperio aún se estaría materializando y nos encontraríamos en un período de transición que no ha culminado. No obstante, ya vivimos en la era del Imperio. Por otro lado, nos señala que el proceso es “irresistible e irreversible”. Estos dos conceptos son polémicos en tanto que apuntan a un determinismo del que Negri ha rechazado siempre en sus escritos como uno de los elementos más críticos al marxismo ortodoxo. Por tanto, aquí encontraríamos una suerte de contradicción. ¿Por qué ve a la globalización y al Imperio, como resultado de ella, un fenómeno inevitable? Pienso que quizás sea una muestra de una herencia marxista que no pareciera tan heterodoxa. Hay que recordar que Marx (1974) en el Manifiesto Comunista ya comentaba la tendencia ineluctable del capital hacia la expansión y la globalización. Y prosigue unas líneas más abajo, cito: La soberanía declinante de las naciones-estado y su progresiva incapacidad para regular los intercambios económicos y culturales es, de hecho, uno de los síntomas principales de la llegada del Imperio. La soberanía del Estado-nación fue la piedra basal de los imperialismos que las potencias Europeas construyeron durante la Era Moderna. Por “Imperio”, sin embargo, entendemos algo diferente de imperialismo […] En contraste con el imperialismo, el Imperio no establece centro territorial de poder, — 14 — y no se basa en fronteras fijas o barreras. Es un aparato de mando descentrado y desterritorializado que incorpora progresivamente a todo el reino global dentro de sus fronteras abiertas y expansivas. (Negri & Hardt, 2002: 4). Tratando de diferenciar Imperio de Imperialismo Negri afirma que aquel no tiene un centro territorial desde el cual expandir su soberanía al exterior, ya que los Estados-nación y su soberanía están en franco declive. No obstante, observo que el filósofo no comenta ninguna diferencia de naturaleza que nos convenza de tal dicotomía. Es decir, lo que definía principalmente al Imperialismo como fase superior del capitalismo era el monopolio y la concentración de los capitales. La primera como una consecuencia de la segunda y la segunda como efecto de la competencia intra capitalista. No veo que estas dos características fundamentales del Imperialismo hayan desaparecido al día de hoy. Por tanto, habría que preguntarse cuán diferente es el imperio del imperialismo. Más bien la tendencia a la concentración de capital ha ido acentuándose a lo largo de estos últimos treinta años como puede constatarse al reducirse el número de transnacionales que controlan el mercado mundial. Por otro lado, la tendencia a la declinación de la soberanía de los Estadosnación aparenta verse truncada por la irrupción del Brexit británico, los populismos europeos y el triunfo de un gobierno en EEUU que alardea de nacionalista. El debate con la escuela idealista y realista Para esta discusión sobre el orden mundial habría que incorporar en un primer momento a Francis Fukuyama (1989-1992) y a Samuel Huntington (1993-2001). Junto a la de Negri, constituyen tres hipótesis sobre el advenimiento de un nuevo orden mundial. Las tres surgen tras el derrumbe de la Unión Soviética y la derrota de la alternativa socialista planteada por la Revolución de Octubre. Es oportuno recordar que el muro de Berlín fue derrumbado en noviembre de 1989 y que el inicio del desmembramiento de la Unión Soviética comenzó en marzo de 1990. Cinco años antes, en 1985, Gorbachov iniciaba el proceso de reformas democráticas con la Glasnost y la Perestroika. No era muy difícil predecir la caída del telón de acero una vez habían comenzado dichas reformas. Fukuyama (1989-1992), no obstante, se adelantó unos meses a la caída del muro de Berlín para escribir su hipótesis del Fin de la Historia y también a la firma simbólica de la declaración del fin de la Guerra Fría en la Cumbre de Malta (diciembre de 1989). Algún mérito tendrá por ello. — 15 — Negri nos dice al final del prefacio que el libro Imperio fue iniciado al finalizar la Primera Guerra del Golfo en febrero de 1991. Ya había comenzado en marzo de 1990 el desmembramiento de la Unión Soviética, hecho que se consumaría en diciembre de 1991. El filósofo italiano, por tanto, emprendió su trabajo durante el mismo proceso de desmembración. Huntington (1993-2001), sin embargo, escribiría su artículo sobre el Choque de Civilizaciones una vez había acabado todo, en 1993. Haciendo un pequeño análisis comparativo de las tres hipótesis, se pueden ver algunas similitudes y diferencias interesantes para resaltar. Por supuesto, tanto Huntington como Negri tienen la ventaja comparativa temporal con respecto a Fukuyama. Para Fukuyama la idea del Fin de la Historia es la misma que la de Hegel. Para Hegel los ideales de la Revolución Francesa habían llegado al final de la Historia. A partir de ahí el resto de las sociedades debían ir avanzando en ese sentido superando los diferentes niveles de subdesarrollo económico, político y cultural. Kojève ya había expresado esas mismas ideas en la Francia de mitad del siglo XX. Fukuyama no es original sino que la toma de Kojève y este de Hegel. En síntesis, se trata de la visión eurocéntrica de la idea del progreso teniendo como tope posible a la democracia representativa y al capitalismo económico. Cuando Fukuyama lanzó su hipótesis, se refería a la idea de que el fracaso del socialismo en el terreno práctico confirmaba las tesis de Hegel y que el mundo entraba en un período de relativa paz en la cual la globalización de los mercados y de la democracia llegarían poco a poco a todos los rincones del planeta como la única y la mejor alternativa posible de vida. Cuatro años después de 1989, Huntington escribió El choque de civilizaciones, un artículo que se convirtió en libro al igual que El Fin de la Historia. La hipótesis se centra en la inevitabilidad de la guerra entre culturas y regiones. A diferencia de la supuesta tendencia globalizadora e integradora de los valores de la democracia y del capitalismo de Fukuyama, Huntington afirma que el resto de culturas no occidentales no tendrán ninguna intención de entrar en la modernidad voluntariamente, más bien todo lo contrario, se enfrentarán a ella rechazándola y propiciando la guerra con occidente. Son dos hipótesis aparentemente contradictorias. Pero en realidad considero que son complementarias. Huntington deja entrever en sus líneas que la cultura superior es la occidental y que EEUU es el más importante valedor y defensor de la misma. Por tanto, no hay diferencias de naturaleza con las tesis hegelianas de Fukuyama. — 16 — La única alternativa que podía disputar ese lugar privilegiado sería la alternativa socialista, y “fracasó”. La diferencia entre Fukuyama y Huntington, en realidad, es una diferencia en torno al cómo se podría globalizar la democracia y el capitalismo. Para el primero se desarrollaría de forma pacífica por una suerte de imitación y convencimiento propio, mientras que para el segundo se lograría por medio de la guerra. No es sorprendente que ambos profesores hayan trabajado para los organismos de seguridad de EEUU. Si El Fin de la Historia tuvo la dicha de adelantarse unos meses a la caída del Muro de Berlín, El choque de civilizaciones la tuvo al anticiparse al atentado de las Torres Gemelas. ¿Y qué tiene que ver la idea de Imperio con todo esto? Para Negri, al igual que para Fukuyama, pero también para Marx, el proceso de globalización es “irresistible e irreversible”, además llega a decir que el establecimiento del Imperio es un fenómeno positivo con respecto al pasado porque abre nuevas posibilidades a la lucha de la multitud por su alternativa, que nunca fue el socialismo de Estado, sino el comunismo. Negri ve con buenos ojos todo el proceso de globalización. Lo ve como un avance producto del desarrollo de las fuerzas productivas. Dicho desarrollo en definitiva pondría las cosas más fáciles para el nuevo sujeto revolucionario que también se habría socializado en el mundo, la multitud de singularidades que componen el cuerpo social de trabajadores de todo tipo, pero donde existe una hegemonía cualitativa definida por el trabajo inmaterial en forma de precariado. La diferencia fundamental estriba en que para Fukuyama ya no existe alternativa seria luego del fracaso socialista. Para Negri sí que la hay. En relación con Huntington, Negri ve a los fundamentalismos religiosos y a los nacionalismos como una respuesta violenta a los intentos del Imperio por globalizar la modernización o, si queremos, la post-modernización. Por lo tanto, Negri deja entrever en su línea argumentativa que no ha abandonado del todo la dialéctica hegeliana, aquella que habría llevado a la constitución irresistible del Imperio y a la posibilidad de construir un contra imperio comunista. Es interesante resaltar que al igual que Fukuyama y Huntington, el filósofo italiano también se adelantó unos meses a unos hechos que ya había proyectado, el ciclo de luchas anti o alter globalización iniciado en Seattle en noviembre de 1999. En síntesis, Huntington representaría el enfoque de la escuela tradicional realista y Fukuyama a la escuela liberal o idealista. Ambas se complementan a la hora de determinar las políticas estratégicas globales aunque no coincidan quizás en el terreno de la táctica. — 17 — La escuela de los sistemas-mundo El filósofo italiano también polemiza con la escuela de los sistemas-mundo encabezada por Giovanni Arrighi (1999) e Immanuel Wallerstein (2005). Aunque no los suele mencionar explícitamente, señala a la teoría que ellos defienden definida por la posición de supremacía imperialista de los EEUU durante todo el siglo XX y a los ciclos largos de acumulación. Para esta corriente de pensamiento que combina la herencia estructuralista de la Escuela de los Annales con una visión marxista heterodoxa muy cercana a la teoría de la dependencia, los ciclos largos de acumulación capitalista fueron siempre liderados por una potencia. Actualmente EEUU seguiría a la cabeza del ciclo que comenzara después de la Primera Guerra Mundial, pero ya se encontraría en su fase de crisis iniciada en 1973 y en espera de cederle pronto el relevo a otra potencia que Arrighi (1999) ubica en Asia Oriental. Es decir, el capitalismo encuentra un centro geográfico determinado en cada ciclo largo de acumulación y cuando este se agota cambia de centro territorial para retomar dicho proceso. Esta teoría también tendría cierta relación con las tesis de Rosa Luxemburgo (1913-1978) en torno a la vinculación entre los centros de poder del capital y el exterior no capitalista al que tiene que explotar e integrar posteriormente para que aquel pueda solventar transitoriamente sus contradicciones internas de acumulación, contradicciones que se postergan en el espacio y el tiempo pero que no se resuelven. Del mismo modo las tesis del geógrafo y economista David Harvey (2005) participa de esta idea en su libro El nuevo Imperialismo: acumulación por desposesión. En él señala la incesante búsqueda del capital de nuevos espacios-tiempos dentro del sistema para que el proceso de acumulación no se detenga. Sin embargo, las tesis del ciclo largo de Arrighi y de la escuela de los sistemas-mundo adolecen en mi opinión de un determinismo donde apenas existe la acción del sujeto que, a través de la lucha, pueda modificar el devenir histórico. En este aspecto, Negri, con una visión opuesta, sigue defendiendo el subjetivismo de su juventud obrerista como acción última de los cambios que han ocurrido en el modo de producción. Invirtiendo la relación causal al estilo de Mario Tronti (2001), incluso la globalización y el Imperio habrían sido la respuesta del capital a las luchas tanto del obrero cualificado, del obrero masa, del obrero social y por último como reacción a las luchas de la multitud. Conclusión provisional — 18 — Si el imperialismo se caracterizaba por la exportación de capital por los Estados-nación, el Imperio se define por el libre flujo del mismo buscando rentabilidad. No hay barrera que se le resista. Y la que se resiste es derribada. Con el Imperio no desaparece ni la explotación ni la desigualdad regional. Todo lo contrario. Lo que ocurre es que el espacio global es subsumido por el capital y el desarrollo desigual y combinado aparece en todo lugar. Si antes este desarrollo se manifestaba entre regiones, ahora aparece dentro de cada región, de tal manera que el mal llamado tercer mundo se encuentra dentro del primero y el primero en el tercero. La tesis de Negri es que el peligro de conflagración mundial inter-imperia- lista no existe al desaparecer el imperialismo de los Estados-nación. Dicho conflicto habría sido sustituido por el consenso de la aristocracia global y el reconocimiento de la hegemonía norteamericana. Esta hegemonía, sin embargo, no es absoluta, es decir no es supremacista, sino que depende en última instancia de dicho reconocimiento y por tanto no puede o no debería actuar por su cuenta. Este hecho hace que la tendencia súper-imperialista sea descartada como tendencia del nuevo orden mundial. Sin embargo, esto no queda muy claro a tenor de lo ocurrido con la invasión unilateral en Irak con el apoyo de Inglaterra y el Estado español únicamente. Según Negri, dicha invasión supuso un intento de golpe de Estado por parte de EEUU al propio Imperio. Un intento de gobernar solo que fracasó al no poder controlar la situación luego de la invasión. Tampoco queda muy claro que haya desaparecido el peligro de una nueva guerra mundial. Rusia y China no parecen aceptar la hegemonía relativa de EEUU y podrían constituir una coalición anti dólar y anti norteamericana en el marco de un posible conflicto que pudiera ser desencadenado por una guerra regional previa (Corea del Norte, Arabia Saudí, Irán, Palestina o quizás Venezuela) o debido a un nuevo repunte, más devastador aún, de la crisis económica mundial. Si abstraemos todo lo posible la tesis de Negri en relación con la teoría de las relaciones internacionales, estimo que esta podría ser encuadrada en la visión neogramsciana de la misma. Esta óptica marxiana que tiene como eje al concepto de hegemonía y a su contrario, difiere de la llamada sistemas-mundo y de la interpretación ortodoxa del imperialismo clásico leninista así como en su contrapartida tercermundista definida por el concepto de liberación nacional. La teoría de la dependencia es absorbida a su vez por la mencionada de los sistemas-mundo al basarse ambas en las relaciones centro-periferia y semiperiferia. La primera para hacer énfasis en las causas exógenas del subdesarrollo y de la posible salida de éste, y la segunda para centrarse en el análisis del funcionamiento del sistema como totalidad. — 19 — Sin embargo, autores como Claudio Katz (2002) actualizan la visión marxista original de la teoría de la dependencia superando la visión estructuralista de los sistemas-mundo. La teoría neogramsciana de las relaciones internacionales se centra en la extrapolación del concepto complejo de hegemonía definido por Gramsci (1981) a la esfera global de las relaciones políticas y económicas. Si bien Gramsci se circunscribía a los diferentes Estados-nación para definir el concepto de hegemonía, los autores neogramscianos lo amplían en función de los cambios habidos en el modo de producción. A diferencia de la escuela realista, los neogramscianos ven a la hegemonía en términos de clase y no exclusivamente en términos de poder de Estado. Al mismo tiempo incorporan otros actores transnacionales como las corporaciones y las instituciones financieras globales como expresiones de la extensión de las relaciones de clase desde los Estados-nación al mundo global. Para cumplir con la meta de lograr una verdadera hegemonía, la clase dominante debe ganarse la aquiescencia de las clases subordinadas. Lo anterior es posible solo a través del control de las ideas, los intereses materiales y los valores compartidos. Esto significa que la hegemonía de la clase capitalista no solamente se basa en la coerción y la represión sino que se debe también al consentimiento de la mayoría de las fuerzas sociales. Cualquier alternativa que pretenda socavar dicha hegemonía imperial tendrá que desmitificar a dicha superestructura cultural. Se trata de la construcción de la contra-hegemonía como el instrumento de la multitud para desfetichar los valores que permiten la estabilidad del sistema. Si estos valores no se derrumban, pienso que ninguna revolución, y estoy de acuerdo en esto con Negri, podrá fructificar en el tiempo incluso si esta lograra tomar el poder momentáneamente en un Estado-nación como ya ocurriera durante todo el siglo XX.