Reflexiones sobre la naturaleza escritas en alemán para todos los días del año por M.C.C. Aturm ; aumentadas y dadas a luz metódicamente en francés con el título de Lecciones de la Naturaleza, por Luis Cousin Despréaux y traducidas al castellano. Tomo VI
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El que reimprima esta obra sin permiso. pe del propietario , será. cilado en + Justicia ante los tribia nales competentes. da -D. Mrcurr pe Buncos. 7 VO
Me. 7 > e SOBRE E LA NAT URALEZA ESCRITAS LN TILEMAN 9) para lees les ellas de ES A utnentado da: vda a sd rra Cnel úl camente an Fame nd dial e >) ES. E DARAS iia) Le Mz, Lrisd ona Dr. AICA, (Y lraducrdas al castellano. ¿0 MoTA, TMPRE., oy 1OMO" VE pe compr hende Los meses de Noviembre y Diciembre. MADRID Librna de 4 A Auy Ur” calle e del. Bnncpe 11% 2. 1226.
rimar de Ive wbre. Aur Pronosticos del. tmp. Los vientos, el calor, el frio, la lluvia, la nieve, las nieblas, la sequedad y otras alteraciones semejantes en la temperatura del aire, no dependen de causas que tengan un órden absolutamente constante y necesario. Sin embargo, hay algunas señales en la naturaleza por las cuales podemos pronosticar el tiempo que hará en lo sucesivo: La posicion de nuestro globo, con relacion al sol, que conocemos en las euatro estaciones del año;' las fases de la luna, cuyo momento preciso se puede determinar; las influencias que tienen estos Cuerpos celestes sobre el calor, el frio , el movimiento y la calma del aire, son otras tantas leyes inmutables sóbré que pueden establecerse diversos pronósticos del tiem- 0. Las consecuencias que de aquí se de- Ucen, merecen tanto aprecio como las “rpriencias en que se fundan, respecto 4 5 1
8 TRES ra posicion y la distancia de los Fin y regiones; y por este medio se ha conseguido trazar con exactitud las cartas geográficas de los paises mas remotos. Los eclipses bien observados sirven tambien para confirmar la A y para dirigir al navegante, enseñándole cuanto dis. ta del oriente ó del occidente. Por poco interesantes que parezcan á muchos estas utilidades, sin em. argo:son muy efectivas. ada yez que veo eclipsarse uno de los astros que comunican la luz-á la tier= ra, me acuerdo de los grandes acaeci mientos que sucederán en el último dia del mundo. ¡Qué aspecto será el de la lu» na obscurecida, y el del sol cubierto: de tinieblas! ¡ Qué terror se apoderará de los mortales, cuando estas brillantes antorchas pierdan su claridad; cuando los cie= los pasen con un espantoso ruido de tempestad , y los elementos se disuelyan por el ardor del fuego 9 ¡ Ojalá sea yo entonces participante: de le felicidad "de los que habiten laresplandeciente mansion de la luz indefectible, donde no habrá nece. sidad de sol ni de luna ! (') San Pedro en su segunda cartaá los romanos II. 10:
DE NOVIEMBRE. 19 TRES DE NOVIEMBRE. El calerdero,. El calendario comprende una de las aplicaciones mas curiosas de los movimientos del sol y+de la «luna. Nuestros años comunes son de trescientos sesenta y Cinco dias; mas la revolucion del sol no se acaba: hasta haber pasado trescientos sesenta y cinco dias y cerca de seis horas; de suerte, que en cada año nos atrasamos la cuarta parte de un dia, 'y al cabo de cuatro años, nuestro año comun finaliza un dia antes que el del sol. Entonces nos: diferenciamos en un dia del principio del año siguiente; es decir, que al cuarto año se le dan trescientos sesenta y seis dias, y se le llama bisiesto. ; Mas: faltan unos once. minutos para qe la cuarta parte de dia séa cabal. A. nde 'precaver los errores que podrian. insensiblemente seguirse de esto, despues de haber supuesto que los once miz nutos, ú cerca de ellos, que se dan de mas á caida año, formarian un dia: entero en el discurso: de:ciento treinta y cuatro años, se ha convenido en omitir tres bisiestos al cabo de cuatrocientos años. Es=- te arreglo se puso ya en ejecucion, pues el año de mil setecientos no fue bisiesto, ni el de mil ochocientos , ni tampoco lo mes
10 TRES será el de mil novecientos, pero si el de dos mil, y asi sucesivamente. Hé aquí en compendio la regla de los años solares que se observa segun la: re= forma del calendario hecha en el año de mil quinientos ochenta y dos por el papa Gregorio XUL (*). Los años bisiestos son aquellos en q puede tomarse una cuarta parte cabal, como cuatro, ocho, doce, ochenta y cuatro, ochenta y ocho, no= yenta y dos, dc. y lo mismo los años se= culares mil seiscientos, dos mil, y dos mil cuatrocientos. Los años lunares forman un articulo mas complicado en el calendario. La vuelta de la luna al rededor del sol se hace en veinte y nueve dias, doce horas, cuarenta y cuatro minutos, tres segundos y yeinte terceros; y las doce lunaciones en lugar de formar un año: solar, no hacen mas que trescientos cincuenta y cuatro dias y cerca de un tercio de otro'; de donde se sigue que si el año principia con luna nueva, no podrá suceder lo mis= mo en el siguiente, pues entonces tendrá ya la luna once dias; de manera que al cabo de tres años habrá habido treinta y siete lunaciones, y cerca de tres dias mas. Pero pasados diez y nueve años, los novilunios y plenilunios se verificarán en los mismos dias del:mes, y casi en las *) A escepcion de la Rusia, que conserva todayía el estilo Head el calendario Gregoriano rige en toda la existiandad.
DE NOVIEMDRE. a propias horas; porque diez y nueve años, 9 doscientos veinte y ocho de nuestros meses solares, corresponden á cerca de oscientas treinta y cinco lunaciones. Este periodo de diez y nueye años, inven= tado por Meton, célebre astrónomo ate= niense, cuatrocientos treinta años antes de Jesucristo, se le llamó eyclo lunar, y nosotros le llamamos tambien aureo nús mero: en efecto este descubrimiento se tuyo por tan portentoso en Grecia, que los cálculos se grabaron con letras de oro en la plaza pública de Aténas. as las ria huevas. no vuelven, como creyó Meton, precisamente 4 la misma hora cada diez. y nueve años: la diferencia que hay es de cerca de hora y meia, que el movimiento de la luna anticipa sobre el del sol, y forma un dia con corta diferencia al fin “de trescientos y cuatro años, porque este espacio compone diez y seis eyclos lunares. Esta es la razon por qué el cyclo lunar, ó aureo número > no indica con toda exactitud las lunas nuevas- Ási es que se han imaginado otros números llamados epactas, que se hacen corresponder al aureo número , y sirven para hallar la edad de la luna con Mayor precision. Llámase epacta el número que espresa los dias que tiene la luna nueva al principio del año. La epacta proviene pues del esceso del año Pies respecto al lunar, el cual es de once dias. De modo que su-
¡PA TRES poniendo que el año solar y el lunar hayan comenzado en un mismo tiempo, la epacta del año siguiente será once, la del tercero veinte y dos, y la del cuarto treinta y tres; pero como la epacta nun= ca pasa de treinta dias, porque estos for= man un mes, rebajándolos de treinta y tres hacen un mes intercalar, que los as= trónomos llaman emboliísmico , y que se aumenta al tercer año lunar, que por esta razon se compone de trece lunaciones; y la epacta del cuarto año es tres, la del quinto catorce, y asi sucesivamente, agre= gando siempre once 4 la epacta del año anterior para formar la epacta del siguien= te, y restando treinta, siempre que los once dias juntos con los de la epacta del año precedente pasen de treinta, y ha-= ciendo de ellos un mes embolismico. Las epactas sirven para hallar la edad de la luna para un dia cualquiera de un año propuesto. Para esto es necesario su= mar la epacta del año propuesto: con el número de los meses que han corrido desde marzo esclusive y con el dia del mes: la suma dará la edad de la luna, con tal de que no esceda de treinta, porque si asa, “el esceso solamente será la edad de la luna, en el caso de que el mes tenga treinta y un dias; pero sino tuviese mas que treinta, el esceso de veinte y nueve. será el que designe la edad de la. luna. Supongamos, por ejemplo, que se pide la edad de la luna para el dia 15 de ju=
DE NOVIEMBRE. 5 lio"de-1807: es menester añadir veinte y dos por la epacta del año, cuatro por el _ húmero de meses, y quince por el dia designado del mes; La suma dará cuarenta y uno, y rebajando de ella ona: tener julio treinta y un dias, el residuo ue es once, será is edad de la luna en icho dia. Si se hubiese preguntado por la edad de la luna para si 10 de setiem= bre del mismo año, en este. caso era necesario hacer la cuenta del modo: siguiente: yeinte y dos de epacta, seis del núme: ro de meses, y diez por los dias del mismo, hacen treinta y ocho, y rebajando veinte y mueve, porque setiembre no tiehe mas que treinta dias, el residuo que es nueye, será la edad de la luna.en dicho dia. Para hacer un calendario no hay mas que buscar el dia en que debe celebrarse la festividad de la Pascua de Resurreccion. Determinado este dia > las fiestas moyibles son igualmente conocidas y determinadas; M esto es lo principal de que trata un ca=, endario. , , El concilio de-Nicea , celebrado en el año de 325: del Señor, mandó quese celebrase la Pascua: el primer domingo que, sigue 4 la luna llena que sucede despues lel equinoccio dela rimavera; es decir, el primer domingo despues: del plenilunio que cae en 21 de marzo, 9 despues de este dia. Para conocer cuál sea. este, ingo es preciso buscar, por medio de
4 14 TRES las epactas, la edad de la luna para el primero de marzo. Hallada esta edad, en concluyendo la lunacion, se tiene el dia de: la luna nueva, y añadiendo'á él ca torce, la suma dará el dia de la luna lle= na. Si este dia cae el 21 de marzo, d despus de él, el domingo siguiente será el lia de la Pascua; pero si el dia de la luma llena cae antes del 21 de marzo, en este caso, segun lo dispuesto por dicho concilio, hasta el domingo despues de la luna llena siguiente, no deberá celebrar se la festividad de la Pascua; y habiendo fijado el dia: de esta festividad, las demas movibles se arreglan despues de ella por un órden constante. - Si.se cuentan, por ejemplo, seis se= manas antes de la Data esto es, cua= renta y dos dias, no entrando en cuenta el dia de Pascua, el cuarenta y dos será el primer domingo de cuaresma, y el miércold inmediatamente antes será el de ceniza; y volviendo atrás ácia principios del año, el domingo anterior al miércoles de ceniza es el de quincuagésima, el antecedente es la sexagésima, y por último, el anterior es septuagésima. y pues fa= cil de averiguar cuántos domingos hay desde el dia as reyes hasta septuagésima. Para hallar las fiestas desde Pascua: hasta el fin del año, se contarán siete se= manas d cuarenta y nueve dias desde Pascua inclusive: el dia cincuenta es la fiesta de Pentecostés; el domingo siguiente,
DE' NOVIEMBRE. 15 esla de la Trinidad, y-el jueves ue se sigue la del Corpus. Despues és facilisimo el. contar cuantos domingos hay desde entecostés hasta el primer domingo de viento , que siempre es el cuarto antes de Pascua de Navidad. Asi es.como los años, los meses y los dias han:sido arreglados despues del curso invariable que Dios prescribió álos:astros que nos alumbran. ¡ Ojalá sigamos noso= tros con tanta exactitud y precision el gr» den moral' que estableció Dios para que nos 'sirviese: de guia, y cumplamos con igual fidelidad “el fin:aun mas noble para que fuimos criados l h CUATRO DE NOVIEMBRE. > E cometas. Los cometas: han: sido por largo tiempo un objeto de terror para los pueblos, Porque rara vez aparecen, ya:por su E gura estraordinaria, y muchas yeces espantosa. Enel dia se miran como planetas que giran al rededor del sol, y cuya vuelta puede pronosticarse (*) La irregularidad de su movimiento es solo aparente: cuando se consideran con respecto al sol, se hallan en ellos las mismas leyes que para los demas planetas, con la única (*) El del año de 1682 volvió 4 verse en 1759) y segun el cálculo de Mr, Biet aparecerá nuevamente en 1832.
16 " CUATRO diferencia de quevlas' órbitas de estos son casi redondas, y las de-los tometas mucho mas prolongadas; de manera que estos ultimos se alejan muchisimo, y están por largo As fuera del. alcance de nuestra vista. Este astro; que toma su nombre-del vapor que en forma de cabellera: le. rodea, es pues uno: de'los cuerpos celestes que pertenecen 4 nuestro sistema solar; gira al rededor del sol como todos los demas planetas , y solo se diferencia de ellos:en el movimiento, órbita y figu> ra. Visto con-el telescopio aparece lleno de manchas y desigualdades; mas la miebla que le rodea impide: frecuentemente observar su figura. y La magnitud aparente delos cometas está sujeta 4 muchas variedades. Algunos apenas igualan á las estrellas de la tercera y cuarta clase; y otros al contrario esce= den á las de primera magnitud. Percibese en medio de ellos una materia'muy den= sa, y que'se-parte algunas veces, y se presenta entonces semejante al borde del disco.:Su figura no siempre es perfecta= mente redonda, ni su luz tiene' constan= temente el mismo grado de intension: y fuerza: Se distinguen principalmente los cometas por el rastro de luz que suele -ob= servarse en ellos, y que se llama barba enando los precede, cola cuando los si= gue, y cabellera cuando los rodea: sin embargo, se han visto algunos de estos
DE“ NOVIEMBRE. 12 astros sin cola, barba, ni cabellera, como el que Tycho observó por espacio de un mes en el año de 1585. Esta cola 0 cabe= era , que está siempre opuesta á la parte del sol, es de una substancia tan rara' transparente, que por entre ella se diyi2 san las estrellas. La cabellera se estiende en ocasiones desde el horizonte hasta casi el punto vertical ; lo que da á todo este astro un aspecto magestuoso, Cuanto mas se aleja la cola del cometa, mas se ensan= cha, y su luz se disminuye 4 proporcion que crece su anchura :'á yeces se divide en varias curvaturas y rayos: , Neuton atribuye la ascension y direccion de las colas. de los cometas ácia el la= do opuesto al sol, á la ligereza de las par= tes mas ténues, que elsol con su calor hace eleyar de sus cabezas y atmósferas, cuando se acercan á su perihelio, es de= cir, al punto de sus órbitas' en que están á la menor distancia del sol. ' - de Mairan opina que la formacion de la cola de los cometas proviene de la bar de la atmósfera solar de que se ha= lan cargados, y que han arrastrado con= sigo al acercarse á su perihelio. Los autores hacen mencion de mas de quinientos cometas; y aunque solo se han observado exactamente noventa y uno, existen sin duda muchos centenares y acaso muchos miles (*). Se han visto mu- (*) En setiembre de 1807 se descubrió en la comstelacion de Virgo un muero cometa que se distinguia
24 Ys que ha escogido Dios para su trono! ¡Qué eosa mas admirable que los cuerpos celes= tes ! Su resplandor me deslumbra, su be- Jeza me encanta: con todo, por maravi- 1oso y ricamente adornado que sea, carece de inteligencia; no conoce su hermosura: y yo, fragil barro, que Dios formó con su mano, estoy dotado de sentido y de razon : yo puedo contemplar la belleza de estos luminosos globos; yo conozco á su sublime Antor, y diviso a. [gunos rayos de su gloria. ¡Ah! quiero dedicarme á conocer mas y. mas á Dios y 4 sus obras: sí, esta será mi ocupacion, hasta que elevado sobre los planetas, el sol y las estrellas, descanse en el seno de la eterna sabiduria cuyos conocimientos no tienen límites. SEIS DE NOVIEMBRE. Maprdud de lus: estrellas - la Pi ua lactea, Das estrellas comparadas entre sí nos pa= recen de diyersas magnitudes; y esto Di ce que se las divida comunmente en siete clases. Se llaman estrellas de primera magnitud las que 'se nos muestran con el mayor diámetro y con el mas grande bri- Mo; las demas: estrellas perceptibles ála simple vista se denominan estrellas de la segunda , tercera, cuarta, quinta y sexta
DE "NOVIEMBRE. 25 magnitud, segun que parecen mas pequeñas 6 menos brillantes. Llámanse estrellas de la séptima magnitud las que únicamente se descubren con el ausilio del telescopio; y como entre estas algunas brillan mas que otras se leya la diviston mas adelante, y se dividen en estrellas de séptima, octaya , nona y décima magnitud. Aqui solo se trata de la magnitud aparente de las estrellas; pues la real nos es absolutamente desconocida. Es muy posible que las que nos parecen mas pequeñas sean efectivamente las mas grandes: para esto basta suponer que se hallan á una distancia mucho mas considerable. Nada hay que demuestre que todas las estrellas sean de igual ó desigual magnitud; pero la diversidad de figura y de magnitud que la naturaleza ha repartido 4 todos los seres sujetos á nuestras observaciones, desde los planetas hasta el arador , nos da márgen para conjeturar que hay tambien la misma diferencia en las estrellas. Se cuentan diez y ocho estrellas de la Primera magnitud; mas hay cinco plane= tas que Pueden equivocarse con ellas, y que conviene saberlos distinguir. Mercurio, Vénus, Marte, Júpiter y Saturno tienen igual ó mayor hermosura que las estrellas de primera magnitud. Vénus especialmente es de un brillo estraordinario, cuando aparece por la tarde despues de Puesto el sol ; se tendria entonces por un Muevyo astro, Y por un cometa: á yeces se vI 2
26 SEIS distingue aun antes de ponerse el sol, por lo que es mayor la admiracion. Júpiiter es tambien muy brillante, pero su LE es mas blanca ; la de Marte es rojiza; la de Saturno aplomada, y es la menos brillante de estos planetas , á causa desu mayor distancia. Observando el cielo de noche, se des= cubre.en él una luz pálida é irregular, que forma al rededor delia una faja ó zona, llamada comunmente el camino de Santiago. Esta blanenra, esta nube aparente, ó este rastro luminoso, que los astrónomos llaman vía láctea, se forma al parecer de una multitud de pequeñas estrellas, que no se distinguen ni con la simple vista, ni con los anteojos ordinarios; mas con los mayores Eelestcos se han llegado á divi sar estrellas en la via láctea, en mayor número que en parte alguna. Estas estre= llas están muy lejos de nosotros, para que podamos distinguir 4 cada una separada= mente con solo la. ista, Y, lo que es mas aun, entre las que'se-yen con el ausilio de un buen telescopio, se descubren espacios que, segun las apariencias, están llenos de una inmensa multitud de otros astros, que no pueden yerse con el telescopio. Verdad es ENS es prodigioso el número de los que se han descubierto; pero si pudiése= mos hacer nuestras observaciones del otro lado del globo, ó desde un lugar mas cer= cano al polo antárlico , veriamos un gran número de estrellas que jamas se han vis-
DE NOVIEMBRE, 2 Lo en nuestro hemisferio; y con todo solo conoceriamos una minima parte de los cuerpos luminosos que encierra la inmensa estension del firmamento. Todas lás estrellas que vemos en la yia láctea”, aunque infinitamente mayores que a tierra, nonos parecen mas que unos puntos lucientes, y con cualquiera instrumento que las observemos, siempre las hallamos tan Pequeñas como antes; lo cual rueba la inmensa distancia 4 que están la nosotros. Si un habitante de nuestro globo elevándose en el aire, pudiera Hlegar dla altura de cincuenta y cinco millo» nes de leguas, estos cuerpos de fuego aun no le parecerian mas que unos puntos radiantes. Poy increible que parezca esto, es un hecho de que somos testigos todos Os años; porque en 10 de diciembre estamos cincuenta y cinco millones de le= guas mas inmediatos 4 las estrellas que adornan la parte septentrional del idos 6 e junio; y á pesar de esto, no divisamos en estas Entra ningun au- Ob; que disminuyen periódicamente su luz; lo que hace presumir que no son enteramente luminosas en toda su circunferencia, Y que tienen un Movimiento sobre su eje, por medio del cual vemos ya la parte luminosa , ya la obscura. Hay asimismo estrellas que ada quieren su luz como repentinamente, que en seguida la pierden apagándose del
28 ¡ SEIS propio modo. Las que llaman nebulosas y; son partes blancas, como la via láctea; ¡po regulares, visibles con los telescopios, y que en otro tiempo se atribuían á una máteria luminosa esparcida en la inmensidad del cielo. Conócense cerca de ciento; Herschel con sus telescopios halló que la mayor parte de las nebulosas eran un verdadero conjunto de pequeñas estrellas. Pero tambien ha desenbierto mas de mil nebulosas, en las que no se distingue'ninguna estrella, sin duda por falta de ins= trumentos mas perfectos. Esta yia láctea, tan poco considerable en comparacion de todo el espacio del cielo, testificaria por sí sola la grandeza del Ser supremo; y cada una de las estrellas ue en ella sedescubren, anuncia la sa= biduria y la bondad de nuestro Dios. ¡Mas ué son estas estrellas > €n comparación de la infinidad de globos que giran en el recinto del firmamento! Aquí queda confundida la razon. ; Ah! al vez que lla. me mi atencion el cielo estrellado, haced ue pueda eleyarme áyos, oh adorable Éria or mio ! ¡ Cuán poco, lo confieso con rubor y pesar, cuán poco he pensado en. vos á la vista del firmamento ! ¡ Cuán po= co he admirado vuestra grandeza, y cele. brado vuestro poder! Perdonadme esta insensibilidad, y esta ingratitud: elevad á esta alma encadenada con los lazos de la ticrra; elevadla ácia vos, ¡0h Criador del ciclo! Haced que un perfecto conocimien
DE “NOVIEMBRE. 29 to de mi nada, me inspire sentimientos de humildad, y despues dignaos de realarme por este sublime pensamiento, de Pp que algun dia rescatada mi alma, se elevara sobre la region de las estrellas, para abismarse en vuestra eternidad. SIETE DE NOVIEMBRE. Lascomtelaciones: lacrella po (DA Los astrónomos han dividido todas las estrellas que pueden percibirse á la simple vista, en cien constelaciones, de las cuales las doce rincipales forman el zodíaco, 0 el camino que parece anda el sol en Su carrera anual. Entre las constelaciones septentrionales no hay ninguna tan nota- e como la que está mas inmediata al polo áretico, llamada la osa menor. La última estrella de su cola dista solo un gra= 0 y cuarenta y cinco minutos del polo; pe cuya razon se la llama estrella polar. sta señala, por decirlo asi, el punto al rededor del cual se hace el movimiento general del cielo. Se la puede distinguir buscando del lado del norte la estrella ue noO varia sensiblemente de lugar en el dis. eurso de una noche; orque únicamente la estrella Polar se halla en este caso. Mas como sería necesario observar muchas, y seguirá cada una por muchas horas, para allas la. que no variase de lugar, es me-
30 E SIETE jor valerse de la osa mayor para descubrir la estrella polar. ¿No bay quien no conozca esta constelacion, á que las gentes del campo llaman el carro. Componese de siete estrellas que se ven siempre dela parte del norte; ya mas altas ya mas bajas, segun la estacion en que se las observa. En el mes de abril como á Jas nueve y media de la noche, aparece en su mayor elevación; y al contrario en octubre se halla muy baja, ó cerca del horizonte. Esto basta para manifestar que gira al rededor de otro unto del ciclo, que está casi 4 la mitad e la altura que e desde el horizonte al cenit; y por medio de esta revolucion vemos á la osa mayor elevarse, y bajar despues. Si se la observa muchas veces en una noche, se la verá subir ó bajar sensiblemente, como: se ve elevarse el sol por la mañana y descender por la tarde. Pero las dos estrellas mas distantes de la cola de la osa mayor conducen por una ali> neacion casi dl ácia Ja estrella polar; siguiendo esta linea 4 la derecha en yerano, á la izquierda en invierno, ácia arriba en otoño, y ácia abajo en primavera. Asi es que la estrella polar se descu= bre siempre en el mismo punto del cielo, Verdad es que describe un circulo al rededor del polo; mas su movimiento es lan lento y el circulo tan pequeño, que casi es insensible. Varia pues muy poco su situacion, y se la ye en cualquiera estacion
DE NOVIEMBRE. 31 en la misma parte del firmamento:-1o cual la hace una ula segura para los nayegar- E tes, poa en el océano. Antes del eliana de la brújula no tenian los marinos guia mas fiel: y aun hoy dia, cuando está el cielo sereno, pueden en muchos casos confiar con mas seguridad en las obseryaciones de este astro, que en las de la aguja náutica. 3 Las ventajas que nos resultan de la estrella polar, me escitan naturalmente ¿4 pensar en esta guia moral, en este presente inestimable que Dios nos ha hecho, revelándonos su palabra, que nos muestra el sendero que debe dirigirnos en el mar borrascoso del mundo, y en medio de las tinieblas de que estamos rodeados, sin cuya guia fiel me estraviaria continuamente, y no pudiera hallar el camino que conduce á la felicidad. Si esta divina palabra no fuera como una antorcha, y como una luz que me descubre la sen- a que debo seguir, no podria menos de andar vagueando en la incertidumbre el error. En la revelacion sola es donde hallo una regla cierta é invariable, por la cual puedo continuar con firmeza la car= rera que se me ha impuesto, y acabarla felizmente. Esta guia celestial no. puede engañarme; y es para milo que para el silotola estrella polar. Con su ansilio me ibraré de todos los escollos , Ine pre= Servaré de los naufragios, y llegare en á aquel puerto deseado, en donde
32 d SIETE me espera uua dicha que nada podrá turbar. La estrella polar sirve tambien para hacernos admirar la hondad de Dios, que id la posicion y curso de los astros nos aun conocimiento tan cierto de los tiem= pos, de los lugares, y de los diversos puntos del cielo. En un pais enteramente desconocido, podria un astrónomo por medio de las estrellas saber en donde se halMaba: podria asegurarse exactamente del mes, da y hora, con la misma precision que si consultase la mejor muestra. Ob= servamos, por ejemplo, que cada dia llegan las estrellas cuatro minutos antes al sitio en que estaban en el anterior: esto produce dos horas cada mes. Asi, la estrella que vemos esta noche á las diez en cierto lugar del cielo, un mes despues yolyeremos ú yerla en €l á las ocho: y la que notamos hoy 4 media noche sobre nuestra cabeza, estará dentro de un año en el mismo punto del cielo. ¡Reconozcamos en ésto los tiernos cuidados del Señor para con los habitantes de la tierra! ¡Cuán dignos de lástima no serian los pue- Los que no tienen relojes, ni cartas quo gráficas, si mo pudieran suplir esta falta con la observacion de las estrellas! Si damos una ojeada sobre estos pueblos, no deben parecernos indiferentes estas reflexiones. Es preciso carecer de sentimien- to y de humanidad, para que los objetos que á la verdad no nos tocan directamen»
DE NOVIEMBRE. 33 te, pero que interesan tanto á nuestros ermanos, no nos parezcan dignos de alguna atencion. , e Eleyo con gratitud mi vista 4cia el Padre y Criador'de los astros. El bien que las estrellas proporcionan á los hombres or este solo respecto, es sin duda una de as menores ventajas que resultan de la existencia de estos cuerpos celestes; y sin embargo, ¡cuántas alabanzas > cuántas ac= ciones de gracias no merece esta sola utilidad ! OCHO DE NOVIEMBRE, Cldedad de las estrelbm f El cielo estrellado es un teatro de maravillas. Para un atento observador de las Obras de Dios, el órden, la grandeza, la muchedumbre, y el brillante resplandor de los cuerpos celestes, ofrecen el espectáculo mas asombroso. Solo la vista de las estrellas, aun cuando no se tuviese conocimiento alguno de su naturaleza y de sus fines, Mena el alma de admiración y de júbilo. Porque ¿que cosa mas bella ni mas magestuosa , que esa vasta estension de los cielos, iluminada por astros sin número, ue el azul del cele hace parecer mas bri- Muntes, Y que todos se diferencian entre si en magnitud y brillo? Mas el Ser infinitamente sabio > ¿ha- 2:
40: ¡ DIEZ les trazó su dedo. Él las cuenta Y las llas ma por su nombre. Llenos de la mas profunda admiracion postraos y adorad al Señor todos los que teneis la dicha de yivir bajo. su imperio. ¡ Celebrad las gran= diosas obras que ha criado su mano! +¡ Quién podrá comprender la grandeza del Altísimo |; Quién podrá concebir el po= der del Eterno, y su inteligencia sin límites! DIEZ DE NOVIEMBRE. . PBierordida lencia de los pilla» netas, iZ de das arcas Ya hemos hablado dela influencia que se atribuye á la luna, con respecto á muchos objetos en que no puede tener ninguna, segun es facil convencerse. Lo mismo debemos decir, y aun mas generalmente, con relacion á los demas planetas y á las estrellas. La prodigiosa distancia de todos estos cuerpos celestes, y la poca conexion que tiene con ellos. nuestro globo, casi no permite pensar que puedan influir sensible= mente sobre él. Sin embargo, muchas gentes supersticiosamente erédulas dan erós dito á estas influencias, y pretenden que de las estrellas y de los planetas salen continuas emanaciones que obran sobre nues-
DE NOVIEMBRE» 4 tra atmósfera y sobre los cuerpos ter= restres. Mas qué vienen ¿ ser estas emanaciolesa. Si por ellas se entiende la luz eE de las estrellas, ó la luz del sol reflejada por los planetas , es manifiesto que se re= uCe d muy poca cosa, Y que es mucho menos considerable que la que nos envía la luna sola. No teniendo pues la luz que recibimos de la luna influencia alguna sensible sobre la tierra 6 sobre la atmósfera, la luz de los planetas y de las estrellas fijas debe ser infinitamente mevor. ¿e querrá suponer que són emanaciones e una especie diferente las que llegan desde los astros á nosotros? Pero si fuesen reales estas emanaciones, reuniéndolas en un espejo ustorio , producirian alguna alteracion , 0 alguna mutacion sensible en los cuerpos terrestres ; mas lo desmiente la esperiencia. Siguese pues que de los cuerpos celestes no nos viene vtra mate= ria que la débil claridad que nos envian, 9 que si proceden de ellos algunas otras emanaciones, atraviesan los cuerpos ter= restres sin producir en ellos la menor 'al= teracion. Asi los astrólogos , ó ya se enga ñien puerilmente á sí mismos, 6 ya quie= ran engañar á los demas, solo merecen desprecio cuando nos hablan de un Júpiter benéfico, de un Saturno malhechor, de un ingenioso Mercurio, de un belicoso Marte, y de una amorosa Vénus. Si los planetas no pueden producir los
42 DIEZ efectos particulares que los astrólogos les atribuyen, siaun en general no pueden tener ninguna influencia, ¿qué se ha de ensar de las estrellas, por ejemplo, de pon Pleyadas que traen la lluvia; del imetuoso Orion que anuncialas borrascas, de da tristes Hiadas, del ponerse el Arcturo y de la salida del Capricornio que anuncian el granizo y las tempestades? ¿Qué in= Suencia podrá tener la constelacion de Tauro en las legumbres con vaina, y la de la Canicula con la rabia de los perros? ¿Qué tiene de comun el Escorpion con las mie= ses y cosechas ? or lo demas, si solo se mirara el salir ¿el ponerse las constelaciones como el resagio de los tiempos mas propios para dba diversos trabajos de la agricultura, y no como causas de las cosas naturales, eslo pudiera pasar. En los primeros tiempos no se designaba el principio , el medio y el fin de cada estacion por los nombres de los meses, sino por la salida y puesta de las estrellas en conjuncion con el sol, ó por su inmersion en los rayos de este astro, y por su emersion. De aquí provino la opinion de que los diferentes aspectos de estas dabiallas roducian los efectos, que en realidad no deben atribuirse mas que á las estaciones, y por ic á las diversas posiciones del sol. Orion sale en otoño y se pone en invierno , lo que hace decir que excita las tempestades. Pero no es él quien las ocasiona, sino el :otoño y el in-
DE NOVIEMBRE. 43 vierno 3 y el salir y ponerse «Orion no es mas que el anuncio de estas estaciones. Cuando sale la canicula con el sol, hace un calor escesiyo en muestra zona; mas es. tos calores dimañan de que: el sol, respec- to á nosotros, se halla entonces áuna gran- e eleyacion. Digo respecto á nosotros, Porque en la zona opuesta, cuando la cahicula nace con este astro, hace un frio que entorpece los animales y cubre de Lielo los rios; de suerte que lejos de que los habitantes de los paises meridionales miren esta constelacion como causa de los calores, la consideran al contrario como el origen del frio. Lo mismo sucede con las Pleyadas, que se dice traen la lnvia, y con todas las demas constelaciones, á quienes se atribuyen efectos que realmente no pertenecen sino á.las estaciones en que estas estrellas salen d se ponen; es decir, á la diferente posicion de la tierra con relacion:al sol, Si los planetás y las estrellas no tienen parte alguna en la temperatura y en las revoluciones de nuestro globo, aun tienen mucha menor. influencia sobre las accio= nes humanas. La felicidad 9 desgracia de los particulares y de los pueblos os den ya: de-los talentos maturales! y. de las pasiones, ya dela constitucion política de Os estados, y ya de la reunion de ciertas “ircunstancias naturales y morales. Pero las estrellas nada pueden influir sobre to» 0 esto, mi someter asi los hombres á una
' k 44 ONCE : desoladora y ciega fatalidad. Dejo pues á los supersticiosos esa ciencia enemiga de nuestra quietud, y que tanto degrada el | espiritu humano, esa ciencia llamada astrología, que en el fondo no es mas que j un miserable abuso de la astronomia. Mi felicidad depende de vivir bajo el imperio de un Padre sábio, justo y bueno, que tiene mi suerte en sus manos, que dirige ; todos los sucesos de mi vida, que arregla, gobierna y conserva el sol, la Iuna, los . planetas y todas las estrellas. b Al Ñ ONCE DE NOVIEMBRE, Color azulado del. culo, Si: se hubiera de juzgar por la impresion b que nos hacen los sentidos, podria creer= se que hay sobre nosotros una inmensa bóveda azulada, y que las estrellas eran como unas tachuelas brillantes clavadas en ella. Es cierto que esta idea solo existe entre la plebe y los niños: sin embargo, algunos que se creen de mayor instrue- | cion que el vulgo, forman frecuentemenl te ideas del cielo tan poco razonables. ¿Qué debemos pues pensar sobre el color del firmamento? ¿De dónde dimana que parezca azul por dl dia? A la atmosfera es á quien somos deudores de ese brillo que adorna el cielo y y regocija los mortales; y el mo ser del todo AT e e y
“los hermosos dias del DE NOVIEMBRE. 45 transparente, es la causa que produce este efecto. Si fuera posible elevarse á una grande altura sobre la tierra, se conoceria que el aire va siendo cada yez mas sutil; subiendo mas, entorpeceria la respiracion, y por último llegaria á faltar enteramen= te, y se hallaria uno en el vacio. Cuanto mas altas son las montañas á que se sube, mas ligera ya siendo la atmósfera, y mas se ve decaer el azul brillante del “cielo, Mas állá de la region del aire, se perde= ria enteramente ese color azul, y nos paz receria el cielo negro como por La noche; porque asi se nos presentan todos los ob= jetos que no nos transmiten rayo alguno de luz. El azul que vemos en toda la estension del cielo, como cualquier otro color, no es mas que una luz reflejada: él nos descubre «alli la existencia de un lí uido, bastante transparente para admitir la luz que viene del sol, y de bastante cuerpo para reverberar la que resalta: de la su= perficie de la tierra. Traigamos á la-me- moria la prodigiosa cantidad de agua que enrarecida se de y sostiene en la atmósfera. Nunca se reune mas en ella que en 1er verano, y cuando no divisamos ningunanube. Asi que, aunque estas aguas que se hallan sobre la region de las nubes, no sean perceptibles a nuestros sentidos, con todo, la razonnos Ppersuade su existencia; y Jas Operaciones € la naturaleza nos la demuestran. Con=
46 ONCE tra este conjunto de aguas ligeras, que siempre se hallan suspendidas sobre nues tras cabezas, é igualmente contra otros fluj= dos aeriformes, esparcidos en la atmósfe= ra, es adonde yan 4 dar todos los rayos reflejados desde la superficie de la tierras La atmósfera nos los vuelve á enviar de todas partes. Esta grande capa de aguas reducidas 4 vapores, y de gases que nos rodea, forman un cuerpo casi uniforme en toda su estension, cuyo color es'simple, y siempre el mismo. Los rayos de toda especie, que vuelve 4 reflejar la atmósfera, forman con su reunion el color blan= co» Por otra parte, los inmensos espacios ue se estienden hasta las estrellas, no re= dejando ácia nosotros color alguno, deberian parecernos negros; y este negro y blanco es lo que concurre á ote azul. Asi, la conversion de esta triste negrura en un azul universal, es tambien una de las grandes utilidades con que Dios nos ha Estorbcido > estendiendo la atmósfera sobre todo el globo. Si el azul de las aguas varía en alguna cosa, es porque parece 0 mas claro 6 mas obscuro, á roporcion de la cantidad de luz que el sol envia á ellas segun se acerca d se retira. y ¡Qué diremos pues! esa bóveda azula= da que confundimos con el cielo estrella do, ¿no esmas que un poco de aire y de agua que refleja la luz? ¿Es acaso una cu= bicrta estendida muy de cerca al rededor de la tierra? ¡Ah! old de una yez,
cd la tierra, hace no obst, DE NOVIEMBRE. 47 €es una marayilla que pide de nosotros mas que admiracion. Ella“es la prueba mas completa de que somos el objeto: de las tiernas complacencias del Criador. Verdad es que parecen merecer: poco aprecio algunas ampollas de aire y de agua; pero Dios que las: ha colocado sobre nosotros con tanto arte y economía, lo hizo únicamente para que nos fuese útil el servicio del sol y de las estrellas. Este Señor hermosea Mi enviquece lo que le place. Estas particu= as de aire y de agua son en sus manos un manantial de gloria y de bienes. De aquí saca los crepusculos que tan útilmente preparan nuestra vista á la recepcion de a luz. De aquí saca tambien el resplandor de la aurora: hace salir la claridad del dia , que el sol por:si solo no podria dar= nos: A les hace servir para o conservacion del calor, que nutre todo lo e vegeta y todo lo que respira; de aquí orma esa bóveda res; eel que por todas partes re blade vista del hombre; y viene á sere magestuoso artesonado-de su mansion; y el artificio de esta bóveda es tal, que poniendo límites á nuestra yista con su densidad > €s sin embargo bas= tante transparente para permitir que por ella veamos las estrellas, Aunque próxima ante un todo con los. astros que están á una increible distancla, y viene á ser para nosotros el enlace :S piezas las mas desunidas en la apa= riencia,
48 ONCE Lo que acabamos de decir, nos pone en estado de considerar al cielo muy difes rentemente de todo lo que acaso lo hemos hecho hasta ahora. De esto puede deducirse igualmente que hasta el color del cielo no es mas en la naturaleza que un fenómeno en donde se descubre un objeto de órden y de utilidad. El color verde es el mas propio para el ornato de la tierra; y el hermoso azul que adorna el firmamento, fue. hecho para encantar nuestra vista, y tiene ademas el mérito de contra ponerse al color de los astros, y de real- Zar su brillo. ¡Qué temible es el ps del cielo, cuando se nos muestra cubierto de nubes Ttempestuosas ! ¡Mas e hermosura, qué magestad, qué sencillez en el color del firmamento cuando está el tiempo sereno! Los palacios de los reyes hermoseados por el pincel de los mas diestros pintores, ¿qué son US con la magestuosa sencillez de la bóveda celeste? Cuando la yista ha observado largo tiempo los objetos terrestres, lega á can= sarse; pero cuanto mas se contempla el azul de los cielos, mas encanto y belleza se descubren en él. ¿Y quién revistió al cielo de este color? ¿Quién le ha adornado tan ricamente ? Vos solo sois, 0h Criador Omnipotente. Á yos es 4 quien quie= ro dirigir todos mis pensamientos, y a yos celebraré siempre que mire el hermoso azul del firmamento.
DE NOVIEMBRE. 49 DOCE DE NOVIEMBRE, Criada sobre Los as os, ¡Cuán multiplicadas son las obras de muestro Dios! ¡Que cosa mas magestuosa que ese cielo estrellado! ¡Y cuán grande Parece en él el Criador! Millares de astros anuncian su gloria, y dan testimonio de la grandeza del que los ha formado. ¡Qué poderosos motivos para unirnos á los coros celestes, y hacer resonar las alaban= zas del Altisimo por todas las partes de. este vasto universo! Una feliz perspectiva se abre para nosotros en la eternidad, don= de podremos conocer á fondo esos astros, Y contemplar sus marayillas. ¡Cuál será nuestro asombro, al descubrir unos ubje= tos del todo nuevos, ó de que á lo menos no teniamos en la tierra mas que una idea muy imperfecta! ¡Con qué resplandor brillarán 4 Huestros ojos las perfecciones divinas, cuyo imperio se estiende sobre €sa multitud de astros ! ¡Qué inagotable manantial de nueyos conocimientos | ¡Qué materia tan abundante para glorificar al Criador y Señor de tan innumerables astros! La imaginacion se abisma en el vasto imperio de la ereacion. Busca la tierra, y no la distingue. En ese inmenso conjun= to de cuerpos celestes se pierde nuestro cn como un granito de arena en la mas
AA CcATONnCE mayor penetracion? ¿Quién midió desde el principio los vastos circulos en que se mueven esos astros, sin apartarse de ellos ni una linea? ¿Quién los puso en la carrera que corren, y que deben andar sin interrupción? Todas estas preguntas me conducen ácia el Criador, 4 aquel gran Ser Ae subsiste por sí mismo, Ser inde= pendiente é infinito, al que los cuerpos celestes deben su existencia, sus leyes, su coordinación, su fuerza, y todas las utilidades que proporcionan á la tierra. ¡Qué ideas tan sublimes se suscitan en mi alma cuando contemplo estos gran= des objetos! Si el espacio en que se mue= ven tantos millares de astros no puede medirse por. vuestro entendimiento ; si los globos que hacen en él sus prodigiosas revoluciones son de una magnitud que asombra, ¿cuál no debe ser pues la grandeza del Dios que los ha formado, y cuál el entendimiento que pueda concebirla? ¡Ab! ¡qué profundidad de sabiduría ¿inteligencia debe hallarse en el que ha ejecutada tan admirables planes; que lo calculó y midió todo con tanta exactitud, que no puede añadirse ni quitarse cosa alguna; que se propuso tan sublimes fines; que se valió de los mas sabios medios pas su ejecucion, y que supo poner un enlace tan maravilloso en todas sus obras! ¡ Cuál no debe ser la grandeza de su poder para haber legado a realizar todos estos planes; para gobernar y dirigir hasta el dia
DE NOVIEMBRE. 57 de hoy, segun su voluntad, las masas mas inmensas; para animarlo todo con su soplo, y para conservarlo con su palabra + ¿Pero por ventura nos habrá dado Dios en vano estas pruebas de su inteligencia, de su Di y de su poder? ¿Anunciarán sin fruto los cuerpos celestes las perfecciones del re ¿Derramarán inútilmente sobre nosotros esa abundancia de bienes, que la bondad divina nos dispensa por su medio? ¿Acaso no se hace todo esto para que las criaturas inteligentes lo consideren, y reflexionen sobre ello? Si se admiran 1 grandes Obras de la mano de un diestro artista, ¡ por qué hemos de mirar con indiferen= cia las obras del Altísimo ! Si se honra 4 los que tienen talento para ejecutar gran des y escelentes obras ¡con qué respeto no deberemos postrarnos delante del Dios gn construyó el edificio del universo! os cielos publican su grandeza ,y nos predican que Dios es el Señor del mundo; iy solo el hombre se negará á obedecer al dueño del universo ! ¡Rehusara arre= glar su conducta á las leyes tan sábias tan ventajosas que le ha impuesto ! Por todas partes descienden sobre nosotros as influencias de la bondad divina > y nos acarrean innumerables bienes y comodidades. ¡Qué amor puso y qué reconocimiento no exigen de mosotros tantos beneficios! Con cuánto celo no debemos imitar á Dayid, que esclamaba contemplando
PN QUINCE las obras del Señor (1): “Cantaré toda «mi vida las alabanzas del Eterno; ento- «naré himnos á la gloria de mi Dios mien- «tras yo exista: mi meditacion le será «agradable , y.me regocijaré en él. Alma «mia , bendice al Señor.” QUINCE DE NOVIEMBRE. Himno en alabanza de Tias SO» bie las maracdios gue nos La ofecilo la contemplación del ciclo, Desde la tierra he dirigido mis ojos ácia el cielo; ácia el cielo donde está colocado el trono del Dios que adoro. Asombrado de las maravillas que se han ofrecido á mi contemplacion, no sé lo que deba admirar mas, si la magnitud, el número ó el curso de tan enormes cuerpos como forman el átrio del palacio que ha cons. truido para si el Criador del universo. pl Aqui todo me enagena , todo me con= funde, todo me anonada. Si hay algun ser material que pueda deslumbrarnos con algunos brillantes rayos, con alguna imágen sensible de la magestad del Dios de (1) Salmo CIL-33, 34, 35.
DE” NOVIEMBRE, 59 la naturaleza , y sorprender el homenage de los engañados mortales, es ese globo inmenso que rige muestro sistema Po rio situado en el centro aparente del universo , en un océano de luz cuyo manantial es él mismo; alli se muestra rodeado de esos astros errantes que parece forman su corte ; por su fuerza atractiva los mantiene bajo su dependencia; él los ilumina, los calienta y los fecunda con su contínua irradiacion; en suma, él es su bienhechor y su monarca. Pero este sol mismo se pierde en medio de un número incalculable de otros soles. Las estrellas , 4 una distancia como infinita las unas de las otras , nos muestran en el uniyerso una inmensidad en donde se confunde la imaginacion , y se abisma nuestra inteligencia. Estos astros parecen sembrados en el espacio , con una profusion que nos asombra ; y sin embargo no son mas que un bosquejo de la creas cion. ¿Quién es pues el Señor de este im= perio? ¿Quién osará rehusarle el homenage que le es debido? ¡Cuán digno es de todas nuestras admiraciones ! Todos los ejércitos celestiales glorifican la fuerza y la magestad de mi Cria-- dor; y todas Ls esferas que giran en el inmenso espacio, celebran la sabiduria de sus obras. El mar, las montañas, las Morestas, los abismos, criados por un acto de su voluntad, son los pregoneros de su amor Y de su poder.
60 : QUINCE ¿Seré yo solo el que guarde silencio...? ¿No entonaré un himno en su alabanza? ¡Ah! quiero que mi alma se cleye hasta su trono; y si mi lengua no sabe mas que tartamudear, á lo menos las dulces lágrimas que corren de mis ojos esplicarán el amor que le tengo. Si, mi lengua tartamudea; pero vos lo veis, oh Altísimo; el altar de mi corazon arde con los fuegos mas santos. ; Ah ! aun cuando yo pudiera mojar mi tímido pincel en las llamas del sol, me sería imosible trazar un débil diseño, un ligero osquejo, un solo rasgo de vuestra esencia. Aun los puros espiritus no pueden ofreceros sino imperfectas alabanzas. ¿Cuál es el poder que hace brillar con tanto esplendor á millones de soles? ¿Quién determina el curso maravilloso de ésas girantes esferas? ¿Qué lazo las une? ¿Qué «fuerza las anima? ¡Quién sino vuestro soplo, oh Eterno! ¡quién sino vuestra yoz omnipotente! odo existe por vos. Vos lamasteis las esferas y se presentaron en el espacio. Entonces recibió el ser nuestro globo: las aves y los peces, los ganados y las bestias salvages que gustan de los bosques, el hombre en fin, todos vinieron á habitar le, y á disfrutar en él de placer. os regocijais nuestros ojos con pers= ectivas risueñas y variadas. Yá se estien= en por el yerde prado, d contemplan las selvas que parece tocan las nubes; ya ven
: DE NOVIEMBRE. 61 brillar el rocio que derramais sobre las flores, y siguen en su curso al cristalino arroyuelo, que nos presenta con sus reflejos la floresta. Para romper la violencia de los yientos, y para ofrecernos á un tiempo un espectáculo encantador, seleyantan lasmontañas, de donde brotan manantiales saludables. Vos regais con lluvias y rocio los valles áridos; y refrescais el aire con el soplo del céfiro. Por Vos estiende á nuestros pies la priz mayera una verde alfombra: yos dorais "nuestras espigas, dais color de púrpura á nuestros racimos; y cuando el frio viene á entorpecer la naturaleza, la cubris con un blanco y brillante velo. Por Vos el espiritu del hombre pene= tra hasta el cielo estrellado; por vos conoce lo pasado, sabe discernir l falso de lo verdadero, la apariencia de la realidad; E vos juzga, a d teme; por yos se ibra del sepulcro y de la muerte. Señor, mi boca hará resonar eterna= mente vuestras grandes y magnificas obras. Solo os pido que no desdeñcis la alabanza del ad delante de yos no es mas que un debil gusano. Vos, que leeis en mi corazon, agradaos de los movimientos que siente sin poder-esplicarlos. Cuando ceñida mi frente con la corona de la inmortalidad, me presente delante de vuestro trono, entonces ensalza ré vuestra magestad con cánticos mas su=
AOS DIEZ Y SEIS ; blimes. ¡Oh momento tanto tiempo y tan ardientemente deseado, apresúrate á Mlegar! ¡Acelérate, momento afortunado, en el que inundarán mi corazon delicias tan puras como perpetuas! DIEZ Y SEIS DE NOVIEMBRE. LIBRO VIIL Consideraciones tobwe las obras des lo walucalego em) qe ecal, y Convite para contemplar a Dos en Las obras de la naturaleza, A cabo de contemplar el magnifico espec= , Táculo de la creacion: he recorrido suce= sivamente todas las obras de Dios. Voy ahora á eleyarme sobre los objetos cria= dos; y desde esta altura considero el conjunto de las marayillas de la naturaleza, y medito sobre las relaciones de todos los
DE NOVIEMBRE. 63 seres. ¡Oh vosotros, que adorais conmigo al Señor que hizo el cielo y la tierra, venid á admirar los prodigios que ha obrado: reconoced y sentid sus beneficios! De cuantos conocimientos podeis adquirir, este es uno de los mas importantes, el mas agradable y el mas fácil. Éntre todos aquellos cuyo estudio nos cuesta tanto trabajo, hay algunos que pueden ignorarse sin delito; pero el conocimiento de Dios y de sus obras, á lo menos en lo que están á vuestro alcance, os es absolutamente indispensable, si quereis llenar el fin para que habeis sido criados, y asegurar vuestra felicidad temporal y eterna. Es ciertamente una obligacion el buscar á Dios, tal como se ha revelado en su divina pa= labra; mas no abrazarcis esta revelacion en toda su estension, si no juntais á ella esta otra revelacion por la cual se ha ma= nifestado en la naturaleza como el Cria= dor de todo cuanto existe, como el Señor, el Bienhechor y el Padre comun de to- “dos los hombres. Estos dos estudios están ligados intimamente, y forman juntos el único estudio necesario. Ási es que el divino Redentor instruyendo á sus discipulos en las verdades de la religion, les hablaba con frecuencia de las aa de-la naturaleza, sirviéndose de los objetos que presenta el mundo físico y el moral, para conducir á sus oyentes á la meditacion de las cosas celestes y espirituales. ¡Qué ocupacion mas digna del hom=-
1 66 DIEZ Y SIETE algun dia contra mí, si soy omiso en admirar las obras del Altísimo. DIEZ Y SIETE DE NOVIEMBRE. Perfección de las obves de Dios, ¡Qué puede compararse con la perfeccion “de las obras del Señor, y quién podrá describir el infinito poder que en ellas se manifiesta! Su ld multitud y va= riedad nos llenan de admiracion: cada obra en particular está hecha con una sabiduría infinita: la exactitud y la regularidad de las menores producciones anun= cian el poder y la inteligencia sin límites de su Autor. Se admiran con razon ciertas artes inventadas por los modernos, y por cuyo medio hacen cosas que hubieran parecido sobrenaturales a nuestros antepasados; ¡mas qué son todas las-in- venciones y todas las. obras de los hombres, aun e mas hermosas y magnificas, en comparacion de la menor de las obras de Dios! ¡Qué débiles, y qué imperfectas imitaciones! Aunque sl mas diestro artista ponga todo su conato en dar á su obra formas agradables y útiles; por mas que la trabaje, la perfeccione, y la dé todo el pulimento de que sea susceptible; si despues de todo este trabajo, mira esta escelente obra con un microscopio, ¿cuán informe, tosca y grosera mo le pa-
| % DE NOVIEMBRE. 67 recerá? Pero ya se examinen 4 la simple * vista, ó con el ausilio de las mejores len= tes, las obras de la Omnipotencia , siem=" pye brillará en ellas la mayor belleza. Quizá miradas con el microscopio como que las desconocerémos, y tal vez nos parecerá yer cuerpos enteramente diferen= tes de los que se veian con la simple vista; mas esto solo'servirá para descubrir en ellos formas aun mas esquisitas y esactas, y de un órden y simetría incompa= rables. Sí, la sabiduria divina formó y dispuso todas las partes de cada cuerpo con un arte infinito, y segun número, peso y medida. Tal es la prerogativa de un poder que no tiene limites, que todas sus obras son regulares y perfectamente proporcionadas. Desde la mayor á la menor de sus producciones, en todas se yé relnar un órden admirable. Todo está tan bien enlazado, que no se halla ningun vacio, y en esta cadena inmensa de seres criados no falta eslabon alguno; nada está informe, todo es necesario para la perfeccion del conjunto, asi como cada parte, considerada separadamente y en si misma, tiene toda la perfeccion que le conviene. ¿Quién podrá describir las innumerables bellezas, los atractivos tan va= rios, la graciosa mezcla de los colores, las ecoraciones tan diversas de los prados, de los valles, de las montañas, de dos bosques, de las plantas y de las flores? Entre
74 U DIEZ Y NUEVE DIEZ Y NUEVE DE NOVIEMBRE. Dada hay muevo debejo del le Es cierto que á' nuestro parecer acaecen una multitud de cosas nuevas sobre la tierra, pues sucesivamente se yen salir nue= vas llores y madurar nueyos frutos. El teatro de la naturaleza se muda de año en año, de estacion en estacion. Cada dia trae consigo nuevos acontecimientos y nuevas vicisitudes : la situacion de los objetos varía continuamente e se presenta á nuestros sentidos con diferentes formas. Pero esto es solo con relacion á los estrechos límites de nuestra inteligencia y de nuestras luces. En la realidad nada hay mas cierto que esta sentencia de Salomon: Lo ue ha sido, es lo que sera; lo que se La hecho, es lo que se hara; y nada hay nuevo debajo del sol. Dios, cuya sabiduria es infinita, no ha tenido á bien multiplicar los seres sin necesidad. Su número es proporcionado á nuestras necesidades, á nuestros placeres y á nuestra curiosidad. No podemos conocer ni aun super= ficialmente todas las obras del Criador, y mucho menos comprenderlas. Nuestros sentidos son demasiado groseros para per= cibir cuanto el Señor ha formado, y nuestra inteligencia es demasiado débil para formar una cabal idea de todos los seres
DE NOVIEMBRE, 75 criados. De aquí nace la opinion de que hay muchas cosas nuevas debajo del: sol; porque como el imperio de la ercacion es 1nmenso , y no pueden mirarse un tiempo todos sus aspectos, nos figuramos que es nuevo cada punto de vista que se nos ofrece por la primera yez. El mundo no necesita de una creacion continua”, y que se estienda hasta el infinito: basta que Dios conserve el órden ue estableció desde el principio. El artidee Supremo solo se vale de un corto nú= mero de resortes para variar sus obras; y sin embargo son tantas y tan diversas, que aunque las unas se sucedan á las otras, y vuelvan á parecer con la mayor regularidad, siempre nos parecen muevas. Contentémonos con disfrutar agradecidos del beneficio de la ercacion, sin emprender sondear su profundidad, y penetrar su vasta estension. Verdad es que en estos últimos tiempos se han hecho descubrimientos que antes se ignoraban: todos los reinos de la Maturaleza nos presentan fenómenos de pi anteriormente no se tenia la menor idea. Mas la mayor parte de estos descubrimientos se debe no tanto á muestra in- Ustria , como á nuestras necesidades. A: medida que éstas se han multiplicado, han sido bálaon precisos nuevos medios de salisfacerlas; y la Providencia se ha dignado de suministrárnoslos. Pero ya habia estos medios antes que se descubricsen.
1 76 DIAZ Y NUEVE Los minerales, las plantas y los animales que hemos llegado á conocer poco tiempo ha existian ya en las entrañas de la tierra ó en su superficie; y las investigaciones y trabajos de los hombres no han hecho mas que ponerlos 4 nuestra vista. Y tambien es cierto que muchos descubrimientos de que nos gloriamos, fueron conocidos por los antiguos, Ó por lo menos los habian ya divisado. + Si elaiido fuera obra del acaso, veriamos de tiempo en tiempo nuevas producciones. ¿Por qué pues no nos presenta nuevas especies de animales, de plantas y de minerales? La causa es haberlo ordenado todo una inteligencia suprema. Cuanto hace, está tan bien hecho, que no necesita renovarse; y es supérílua una nueya ereacion. Lo que existe, basta para nuestras necesidades y placeres. Nada es efec- to del acaso : de los acaecimientos han sido decretados en el consejo del Altisimo. El edificio del mundo se conserya por el gobierno de su Criador, y por el concurso de las leyes, asi generales como particulares. Todo está marcado con el sello de la sabiduria , del órden y de la grandeza. En todo y por todo es Dios glorificado: á él se dé el honor por toda la eternidad,
DE NOVIEMBAE. 77 VEINTE DE NOVIEMBRE. > Penfermitad y diversidad ej Las obras de la naturaleza. El firmamento que está sobre nuestras cabezas, y la tierra que se halla debajo de nuestros pies, permanecen siempre los mismos de siglo en siglo; y con todo nos dan de tiempo en tiempo espectáculos tan * varios como magnificos. Unas yeces se cubre el cielo de nubes , otras está Sereno; muchas ofrece ánuestra yista una asombro» sa bóveda azulada, y algunas se nos manifiesta pintado de los mas varios colores, s tinieblas de la noche, y la claridad del dia, los brillantes rayos del 50] y la luz pálida de la luna, se suceden con la mayor regularidad. El espacio inconmensurable que corren, parece unas yeces desierto, y Otras sembrado de un infinito número de estrellas. ¿Y de cuántas mutaciones y vicisitudes no es teatro nuestra tierra? Durante algunos meses se ve uniforme y sin adornos, porque el rigor del invierno la despoja de su belleza; pero len pronto lega la primayera, y en cier- to modo la rejuvenece á nuestros ojos ; el Verano nos la presenta mas hermosa y aun Mas rica; y despues de algunos meses Ja hace derramar e otoño de su fecundo se- MO frutos de toda especie. Por otra parte,
1 78 VEINTE ¡qué variedad no se nota de una region á otra! Aqui, en un terreno uniforme se ¡a llanuras que no puede alcanzar a vista: alli se levantan altas montañas coronadas de bosques; á su falda se hallan fértiles valles regados por arroyuelos y rios. Aqui se ven simas y precipicios ; allá lagos cuyas aguas están detatidale y mas lejos torrentes impetuosos. Por todas partes se advierte una variedad que recrea la vista, y hace sentir al ota mas dulce y pu ra alegría. Esta misma reunion de uniformidad y diferencia se halla en todos los vegetales de nuéstro globo: todos reciben de su madre comun la misma naturaleza y el mismo alimento; mas sin embargo, ¡qué diversidad tan prodigiosa no hay entre una hebra de yerba y el roble! Verdad es que a priedas en varias clases, los de una misma especie tienen mucha semejanza; pero con todo, ¡cuánta diferencia no hay - de los unos á los otros! La sabiduria del Criador dividióigualmente los animales en diferentes clases. 'Podos conservan entre si relaciones esen= ciales: aun hay un «cierto grado de conformidad entre el ser racional y el animal de la especie mas infime. Por superior que sea el as con relacion á Ls brutos, no tiene de comun con ellos , y aun con las plantas, los mismos medios de alimen= tarse? ¿No son el sol, el aire, la tierra y el agua, quienes contribuyen al sustento
DE > NOVIEMBRE. y9 de todos? Y sin embargo, aunque se asemejen en ciertas cosas , ¿en cuántas no se diferencian infinitamente los unos de los otros? de 4 Si examinamos ahora las variedades de nuestra especie, 5 ué conjunto tan asombroso de conformidades y diferencias! La naturaleza humana en todos tiempos y en todos los pueblos es la misma; y con todo se ye que en esta multitud innumerable de hombres esparcidos sobre la tierra, cada individuo tiene una figura que le es propia, una fisonomía y un talento peculiar. Parece que el Criador quiso poner en sus obras la mayor variedad, compatible con la estructura esencial y particular de cada especie. Todas las criaturas de nuestro globo se dividen en tres clases, ue son minerales, vegetales y animales. Estas clases se ubitriden en géneros, los generos en especies, y cada una de estas en un número infinito de individuos. De aquí nace que no hay sobre la-tierra criatura enteramente sidudts ni especie alguha particular que no tenga cierta conexion con las otras. De este conjunto de uniformidad y diferencia dimana el órden y belleza del universo. La diversidad que hay entre las criaturas de muestro globo, demuestra la sabiduría del Altísimo, «que fijó de tal suerte el destino de todos los: seres, que <s imposible destruir las relaciones y 0po- ciones que puso entre ellos. Las obras
80 VEINTE Y UNO mas pequeñas de la naturaleza ofrecen tanta conformidad y variedad, que necesariamente levantan nuestra alma á la contemplacion de la infinita sabiduría. 1, el Dios del universo lo arregló todo con sabiduria: todo lo refirió 4 la utilidad y felicidad de sus criaturas. Si una ojeada sola sobre la diversidad de sus obras me llena de admiracion, ¡cuál sería mi asombro si fuera capaz. de penetrar la esencia de los seres! Gon todo, doy gracias al Padre de las luces por este débil grado de conocimiento. El mas dulce placer de mi vida será meditax sus cit y reconocerle en cada una de sus obras. VEINTE Y UNO DE NOVIEMBRE. Pievoluciones quese obuervar conse tantemente en La naluraleza Todas las vicisitudes dela naturaleza macen de las leyes invariables que establecid el Criador cuando sacó el universo de la nada. Desde aquel momento el cielo y la tierra nos presentan: en tiempos deter= minados la vuelta de las mismas variaciones y de los mismos efectos. El sol, la luna ¡A estrellas continúan siempre, con el ión una vez establecido, el curso que les fue prescrito. ¿Pero quién los conserva, quien los dirige, quien enseña ú estos cuerpos el camino que deben andar, y les
DE NOVIEMBRE. 8l indica el tiempo de sus revoluciones? ¿Quién los hace moverse siempre con la Taisma fuerza; quién los impide que caigan sobre nuestro globo, ó que se estravien en las llanuras inmensas del cielo? En una palabra, ¿de dónde nace que nada pueda alterar su curso ? Dios es el autor de todo: él señaló á los astros la órbita que deben describir; él es quien los mantiene, los guia, y precave en ellos todo movimiento irregular. Por leyes que nos son desconocidas hace mover los cuerpos celestes con una increj. ble velocidad, y en un órden que nada puede turbar. Mas cerca de nosotros sueeden en los elementos revoluciones continuas, aunque invisibles al comun de los hombres. El aire está en un perpetuo movimiento, al paso que gira tambien al rededor de nuestro globo: los rios se precipitan en el mar, y de su vasta superficie se levantan los va- Pores que producen las nubes. Estas vuelven á caer sobre la tierra en forma de lu» via, de nieye ó de granizo; penetran el seno de los montes y mantienen los manantiales, de donde hacen los arroyuelos que Se transforman en rios. De este modo el agua que salió de las nubes, cae otra vez al mar. Todos los años la tierra fértil reproduce plantas y mieses; mas sin embar- 80 jamas se agota, y una circulacion continua la restituye lo que dió. Viene el ¡n- Vierno en el tiempo señalado, y la trae el
82 VEINTE Y UNO descanso que necesita; y cuando ha cumes con los fines del Criador, le sucede a primavera, y vuelve a la tierra los hijos que habia perdido. La misma circula= cion se observa en el cuerpo de cada cria= lura viviente: la sangre corre sin cesar por sus diversos canales, distribuye á ca= da miembro los jugos que ha menester, y luego vuelve al eorazon de donde habia salido. Todas estas revoluciones nos condu= cen al Ser supremo, que las estableció al criar el universo, y que por su poder y sabiduría no ha cesado de dirigirlas hasta el momento en que estamos. Las reflexiones que producen en nosotros son muy dignas de nuestra atencion. Cada dia reerca el sol á la tierra .con su resplandor vivifico , y despues de cumplir su destino cede el imperio á la noche. Cada dia se renueya para el hombre la bondad de Dios, y, hace que contribuyan á su bien estar cada mudanza y cada revolucion. Y ahora este dia, con todas sus horas y momentos , ha pasado para siempre..... ¡ Será posible que un dia enteramente semejante renazca para nosotros, aun cuando sobrevivamos cincuenta años.... ! Los resortes de la naturaleza se debilitarán insensiblemente; todas las ruedas ¡de la gran práiala del universo Hegasto á pararse, y los dias, los meses y los años rán sumergidos en el abismo de la eternidad. Pero el Ser infinito e invariable exis.
DE NOVIEMBRE. 83 tirá aun , y por él la duracion de mi ser, tan varia y tan mudable en la tierra, se poa eternamente. Os doy gracias, ios mio, porque cada mes que se pasa, mientras vivo sobre la tierra, me acerca al término en que ha de comenzar mi felicidad. VEINTE Y DOS DE NOVIEMBRE. Codo se hace Jer grados en La naturaleza, Se advierte en la naturaleza una gradua= cion admirable, un progreso insensible de una perfeccion mas simple á otra mas compuesta. Ási no se halla especie media que no tenga algun carácter de la que la precede y de la que la sigue; en una palabra, no hay yacio ni salto en la naturaleza, 4 lo menos para nuestros cortos alcances ; y esta especie de escala nos ayuda á recor= rer los diferentes objetos. La tierra es uno de los principales elementos que constituyen los seres materia les; por eso se halla en la pie parte de cuerpos que el arte humano descompone. e la rennion de la tierra con otros eucr= pos resultan diversas especies de tierras mas 0 menos compuestas, mas ó menos igeras 0 compactas, que nos conducen insensiblemente á las piedras. Las diferen= tes especies de piedras son muy numero-
D0 VEINTE Y TRES lor, por mantener 4 un tiempo los moyi-= mientos, la yida y la fecundidad; rela- «ciones del sol con nuestro globo, tan bien calculadas, tan bien demostradas, que colocado á cualquiera otra distancia, le helaría por su demasiado alejamiento, Ó muy cercano le abrasaría con sus ardientes rayos: relaciones de la luna con nuestra atmósfera, con las variaciones que acaecen en ella, con las mareas, con toz dos los hombres, á quienes su arreglado curso y diversas influencias proporcionan tan grandes ventajas. Descigimosas ahora en nuestro globo: ¡qué multitud de relaciones no des cubrimos en él, á medida que se estien= den y perfeccionan nuestros conocimientos! ¡Cuán necesarios son los elementos uno a otro! ¡Cómo se hallan mezclados, modificados, combinados entre si, y en proporcion con nuestros órganos, facultades, necesidades, y con todas las clases de seres que llenan este mundo que ha= bitamos! ¡Cómo de su choque mismo y de sus discordias aparentes resultan su yer= dadera union, su verdadero concierto y armonia universal! ¡Qué de relaciones esenciales entre los tres reinos de la naturaleza | ¡Qué sábia mezcla en sus principios! ¡Qué progresion deun reino á otro, y delos diferentes géneros y diversas especies en cada reino! ¡Qué proporciones entre los animales y los vegetales! ¡Cuán necesarios son éstos para la subsistencia
DE NOVIEMBRE. 91 de aquellos! ¡Cómo cada clase de seres vivientes tiene sus plantas acomodadas á sus necesidades! ¡Cómo se halla establecido el equilibrio por todas partes, y se man= tiene de modo que ninguna clase escede las proporciones de magnitud y de calidad que debe tener; y como ninguna especie consume lo que es de una necesidad absoluta para las otras, ni lo destru= ye enteramente! ¡Qué proporcion 'no se encuentra tambien entre los sexos, ú por decirlo mejor, entre todos los seres orga= nizados! En estos, como plantas, anima= les, y sin escepcion en los últimos, ¡cómo tadas las partes tienen entre sí una rela= cion exacta, y en lo esterior una relacion simétrica! ¡Cómo cada una de ellas en particular concurre al destino, conservas cion y perfeccion del todo! Pero de cuantos seres comprende el mundo, el que mas nos interesa conside= rar, y el que nos ofrece las mayores, mas humerosas y mas interesantes relaciones, es el hombre, Considerado en sí mismo, ¡qué obra tan escelente! ¡qué compuesto tan admirable! ¡qué armonía en todas las partes de su cuerpo, asi interiores como esteriores! Su estructura y la nobleza de Su aire, los órganos de sus sentidos, que € ponen: en relacion con la yasta esfera de los objetos que le rodean; la eleyacion de su cabeza, pE forma y espresion de su rostro, la cogaléridaA cie finura y la cortespondencia de sus fucciones: la disposi=
92 ¿VEINTE Y TRES cion do sus miembros, su ligereza y fle= xibilidad: todo corresponde á los fines pa» ra que fue destinado, como agente prin= cipal, d por mejor decir, como rey, sacerdote, é intérprete de toda la naturaleza. Para tan augustas funciones está dotado de una alma sensible, inteligente y ra= cional, de una prodigiosa memoria que le recuerda y hace presente todos los su= cesos, todos los tiempos y todos los lue gares; y de una imaginacion viva, risue= ña y fecunda. ¡Ah! ¡qué maravillosa correspondencia entre estas dos substancias tan diversas que se hallan reunidas en un solo ser! ¡Cómo la voluntad del hombre manda su cuerpo por el libre albedrío, y en cuanto á las operaciones internas, necesarias á la conservacion de la máquina que sirve de cubierta á su alma, cómo se ejecutan independientemente de esta voluntad misma, y por las leyes que le son eculiares! Considerado como un ser libra y susceptible de moralidad, como todo se balancea en él para no violentar su eleccion, y para no quitarle el uso de su libertad! Nalido con una inclinacion invencible á su felicidad, puede decidirse á su arbitrio en la preferencia de los bicnes particulares. Sus deseos en esta parte son tales, que si eficazmente quiere, puede combatirlos y vencerlos. Los grados mas ordinarios de inteligencia, de luz y de razon, están en el comun de los hombres en un equilibrio suficiente con sus
DE NOVIEMRBL. 93 pasiones, de suerte que son culpables si condescienden con ellas, y adquieren un mérito real si las resisten; por manera que en el mundo moral] todo está disuesto y ordenado/en fayor del libre al- Bedrio > para dejarnos en casi todas las acciones la facultad de merecer y de des= merecer. Si consideramos al hombre con respec. to á sus semejantes, y con relacion á la sociedad para la cual fue formado, para la que iran bé ha recibido por un privilegio especial el feliz don de dar á conocer sus pensamientos con sonidos articulados, y 4 espresarlos por signos, y aun mucho mejor por ademanes; ¡qué de relaciones físicas y morales, de esposo, de padre, de hijos, de parientes, de amigos, de ciudadanos! ¡qué de vinculos de comunicacion entre si, por las recíprocas necesidades, por la diversidad de medios, de gustos, y de talentos, que hace que todos los estados se hallen satisfechos, y que los individuos, cáda uno á su manera , concurran al bien del todo! ¡qué de lazos de un comercio mas estenso entre las naciones, por la variedad de producciones, la diferencia de climas, los inte= reses políticos, écc.! El Autor de la naluraleza ha puesto entre los hombres diferencias y contrastes, para que se con= serven las mismas relaciones: así es que estableció entre ellos contrastes de guslos, de caractéres, de genio, no solamente
94 VEINTE Y TRES para los fines morales, sino tambien para ue no se inclinasen todos ácia un mismo | objeto, porque en este caso despreciando todos los demas, quedaria destruida la economía civil y el bien general. Hé aquí tambien por qué les dió diversidad de fi- | gura, de facciones, de fisonomía, para que fácilmente se les pudiese distinguir y , YEconocer, y para que una semejanza muy uniforme no produjese los mas funestos engaños, ni acarrease una entera confu- - sion, y aun la destruccion de toda la so= ciedad, En favor de la sociabilidad y de sus innumerables relaciones pone el hombre en accion todos los elementos, los sujeta, y hace servir á sus necesidades; por ella, y por todos los recursos que le presenta, por todas las artes que de ella dimanan, cultiva, fecunda, y en cierla manera hermosca la naturaleza, y saca partido de todas sus riquezas: la sida propiamente hablando, sin el hombre esta muerta, al modo que con:mucha verdad se dice lo está tambien para el hombre que en ella no descubre a Dios. En fin, por la sociabilidad es por la que subyuga los animales, y los hace tributarios; y viene á ser como el monarca y el centro de cuan= to le rodea sobre la tierra. Lo que consuma, ennoblece y perfec- i ciona todas estas relaciones, es la que liga al hombre con su Dios. Capaz por la ra. Ñ zon de remontarse hasta la primera causa a e REO, 2:
DE NOVIEMBRE: 95 de todos los seres, al Autor de todas las relaciones, de todo encadenamiento, de todo el órden que reina entre ellos; capaz por los sentimientos de su corazon de re= conocimiento y de amor ácia el adorable principio de todo bien, ha sido formado para rendirle el homenage y ofrecerle el tributo de todos los seres inanimados, á los cuales parece prestar su voz para ben» decir y ensalzar X Criador. Por su cuer- Po, por sus sentidos, tan bien proporcionados no solamente con sus necesidades, sino con todos los objetos que le cercan, tiene correspondencia con toda la natura= leza; disfruta de ella mas que ninguna Otra criatura de este mundo visible; y por su:alma, mediante la armonía que ha establecido Dios entre el alma y el cuerpo, glorifica á su Autor; reconoce y confiesa todos sus atributos de poder, bondad y sabiduria; aun hace mas: por la sublimidad de sus pensamientos, que abrazan lo infinito, lo eterno, y por la vasta esten= sion de sus deseos, se encamina ácia Dios como-á-su verdadero fin, y se presiente formado ¡para poscerle, despues de haber adquirido esta posesion á titulo de gracia, Y tambien de mérito. á Pr: Memos recorrido una cadena, de rela= ciones casi infinitas; mas no compren=" emos la inmensidad de sus pormeno-= res: Newton los percibió mas que otro alguno, y por eso quedó tanto mas pe= Melrado de la grandeza del Ser supremo.
96 VEINTE Y CUATRO No todos tenémos el ingenio de Newton; pero todos hemos recibido ojos para ver; y seria necesario cerrarlos yoluntariamente, para no reconocer un Dios aun en lo poco: que se percibe de sus obras, Pp ¿ Pp 0 en las admirables relaciones que tienen entre sí. VEINTE Y CUATRO DE NOVIEMBRE, Udea de Los contrastes Y Uno ques de la naturaleza. Todasilas obras de la naturaleza tienen contrastes, consonancias y eslabones que unen los diferentes objetos unos 4 otros. En los elementos, la Juz se opone á las ti= nieblas, el calor al frio, la tierra al agua; y su armonia produce los dias, los 2 ramentos y los aspectos mas agradables. Entre los vegetales, vemos en los bosque, del norte la frondosidad espesa y sombría, la actitud tranquila y la poe iramidal de los abetos, contrastar con el delicado verdor y follage movible de los abedules, que se asemejan por sus vastas cimas y por sus bases estrechas á pirámides inyer= sas. Los bosques del mediodia nos ofrecen iguales contrastes; y los hallamos hasta en las yerbas de nuestras praderas. Las mismas oposiciones hay entre los anima= les; y sin salir de aquellos que nos son mas familiares se notan entre la mosca y
DENOVIEMBRE. 97 la mariposa, entre la gallina y el ánade, entre el gorrion sedentario y la golondriha pasagera, entre el caballo yeloz y el pesado buey. Nótanse tambien en nuestras flores, en nuestras praderías, en nuestras casas, por sus formas, movimientos € in= clinaciones. Desde el gusano que arrastra por la tierra hasta el ligero insecto que se eleya en los aires; desde el arador hasta el elefante, no hay ningun animal que no tenga su contraste, á escepcion del hombre. i por una parte la naturaleza ha establecido oposiciones en todas sus obras, por otra de ellas mismas hace nacer con- Sonancias, que aproximan todos Js ptas ros. Parece que despues de haber deter- Minado un ta nerido que todos os lugares participasen de su belleza. Asi, la luz y el disco del sol son modificados de mil maneras por los planetas en los cielos, por el arco iris en las nubes, por las refracciones en el aire, por los reflejos del agua, y por la reflexion de la mayor par= ta de los cuerpos sobre la tierra. Los ár= boles en el clima de la India remedan el aire de las yerbas; y las yerbas en nuestros jardines el de los árboles. Una multitud de flores parecen formadas á imitacion de las rosas y los lirios. En nuestros animales domésticos, el gato parece for= mado á semejanza del ligre, Al perro á la del lobo, el carnero á la del camello: en suma, todos los géneros tienen su conso-= De escepto el hombre.
98 VEINTE Y CUATRO Demos una' ojeada sobre las armonías generales del globo. Deteniéndonos solo en las qn mejor conocemos, ved como el sol rodea constantemente con sus rayos una mitad de la tierra, al paso que la noche cubre con su sombra la otra mitad. ¡Qué de contrastes y armonias resultan de sus variables oposiciones! ¡Qué de contrastes sobre nuestro globo, donde aparecen sucesivamente el alba, el crepúsculo, el mediodia, el occidente arrebolado, y la noche unas yeces estrellada y otras tenebrosa! Las estaciones se dan en él la mano como las horas del dia. La primavera coronada de flores precede + carro del sol; el verano le rodea con sus mieses, el otoño le sigue con su cornucopia car= gada de frutos. En vano el invierno y la noche retirados á los polos del mundo pretenden poner limites 4 su magnifica carrera; el astro del dia, sin salir Sp su trono, vuelve á tomar el imperio del universo. Otras bellezas de un órden diferente hermosean la arquitectura del globo, y le hacen habitable á los seres sensibles. Ur cerco de palmeras cargadas de dátiles y de cocos le circunda entre los abrasadores trópicos; y los bosques de abetos mohosos le coronan bajo los circulos polares. Otros vegetales se estienden de mediodia ¿ norte; y solo llegan hasta diferentes grados. El banano se propaga desde la linea hasta las playas del Mediterráneo. El naranjo pasa el mar, y adorna con sus dora-
DE NOVIEMBRE. :99 dos frutos las riberas meridionales de la Europa. Los mas necesarios, como el trigo y las gramineas, penetran los AE mas remotos; y á pesar de su delicadeza pros= peran al abrigo de los valles, desde los bordes del Gánges hasta los del mar Glácial. Otros mas robustos parten de los ásperos climas del norte, pllegin á beneficio de las nieves hasta el'seno de la zóna tórrida. Los abetos y los cedros corónan las montañas de la Arabia y del reino de Cachemira, y ven á sus pies las abrasados ras llanuras de Aden y de Lahor, en doni de se recogen el dátil y la caña de azucar. Otros árboles, enemigos asi del calor co= mo del frio, tienen sus centros en las zo= nas templadas.'La yid nace endeble en lemania y en el Senegal. Pero cada ter= reno tiene sus jardines y vergeles. En las rocas, los lagos, los pantanos, los arenales, se dan vegetales que les son propios. Aun los escollos del mar son fértiles. El cocotero no prospera sino en las riberas de los mares, donde deja coger 'sus frutos Menos de jugo sobre las saladas olas. Otras plantas guardan cierta correspondencia con los vientos, las estaciones y las horas del día, con tanta exactitud; que el céle bre Lineo formó de ellas almanaques y relojes botánicos. ; Quién podrá describir la infinita variedad de sus figuras !'¡ qué de felices repúblicas viven tranquilas bajo'su sombra ! ; qué dé deliciosos anquetes se hallan alli preparados! Nada se pierde.
106 VEINTE Y SEIS son Obra de un Ser infinitamente sábio y benéfico. ¡No permita el Señor que sea yo tan presuntuoso que me lisonjee de profundizar los misterios del reino de la naturaleza y los de la religion! Lejos de mi la te= meridad de atreverme 4 censurarlos y criticarlos. Confesaré la debilidad de mis luces, y la infinita grandeza de mi Dios. Cada misterio me escitará á adorar á este Señor, cuyas obras son tan maravillosas, sus arcanos muy superiores á mi intets ; VEINTE Y SEIS DE NOVIEMBRE. Pnpesfección delconocimiricta ue tenernos de la naluraloza, ¿Por qué el Criador no nos habrá dado la facultad de conocer mas profundamente los fenómenos del mundo corpúreo? ¿No parece que los limites de nuestras uces en este punto, son directamente contrarios al objeto que se Pos Quiere que conozcamos sus perfecciones y que ensalcemos su nombre: un conocimiento mas perfecto de las obras de la creacion, ¿no seria pues el medio de tributar un homenage mas digno á sus gloriosos atributos? Si estuviese en estado de conocer todo el conjunto de la creacion, de p£nctrar bien la perfeccion de cada parte,
DE NOVIEMBRE. 107 y de descubrir todas las leyes y todas las relaciones de la naturaleza, admiraria mas val parecer la grandeza del Ser supremo. i aun ahora que no puedo conocer sino una parte de sus obras, escitan en mi la mas viva emocion, ¡cual no sería la yiyeza de mis sentimientos, con qué profunda veneración no le adoraria, si pudiese penetrar mas intimamente en las ocultas Operaciones de la naturaleza, y esplicar con mayor exactitud sus diferentes fenómenos! Pero tal yez me engañaré al raciocinar de este modo; y por L menos es cierto, que pues no plugo al Señor darme luces mas estensas, basta que le glorifique á medida de mis fuerzas. ¿Y deberé admirarme de que en mi estado actual, no pueda descubrir los primeros principios de la naturaleza? Los órganos de mis sentidos no me han sido tó para comprender la esencia de las cosas, ni puedo ar una idea de los objetos que mis sentidos no es» tán en estado de discernir. Así que, hay una multitud de cosas en el mundo que no pueden penetrar mis débiles órganos. Cuando quiero representarme lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño en la naturaleza, se pierde mi imaginacion. Si reflexiono doble la velocidad de la luz, no son capaces mis sentidos de se= uir su carrera; Y si pretendo formar idea de las venas y de la circulacion de la sangre de Nuellós animalillos, cuyo cuerpo
108 VEINTE Y SEIS se dice que es un jaillon de veces menor ue un grano de arena, conozco toda mi d ebilidad. Elevándose pues la naturaleza desde lo infinitamente pequeño hasta lo infinitamente grande, ¿será estraño que no pueda profundizar sus verdaderos principios? Mas supongamos que me hubiese dado Dios la fuerza y sagacidad necesarias para comprender el enlace y coojunto del universo, de manera que pudiese penetrar lo interior de la naturaleza, y descubrir distintamente sus primeras leyes: ¿qué resultaria de esto? Verdad es que tendria motivo para admirar en toda su estension la sabiduría de Dios; pero tambien seria de temer que me pareciese entonces á la mayor parte de los hombres, que por su inconstancia no admiran las cosas sino mientras les parecen superiores á sus luces. Si yo tuviese una idea clara y distin ta del sistema de la creacion, quizá me creyera capaz de formar un plan igual; quizá por mi presuncion conoceria menos la infinita distancia que media entre la criatura y el Griador, y no le daria la gloria que le es debida. Yo hay motivo pues para quejarme de que sean tan imperfectos los conocimien= tos que tengo de la naturaleza: al contrario, debo bendecir por ello á mi Criador. Si yo conociese mejor la esencia de las cosas; acaso no me admirarian tanto, y no sería tan agradecido ú Dios como lo soy al
DE NOVIEMBRE. 109 presente: acaso no pensaria con tanto gus- to.en sus obras, ni hallaria en ellas siempre una nueva satisfaccion. Mas ahora que ho conozco , por decirlo asi, mas que los primeros rudimentos del gran libro de la naturaleza, concibo al mismo tiempo la randeza demi Criador y mi propia na- An Cada observacion!, cada descubrimien- to me llena de nueva admiracion ácia el supremo poder y sabiduria infinita, y sien- to avivarse mas y mas en mi corazon el deseo de llegar á aquella feliz morada, don= de tendré, sin riesgo , una idea mas per= fecta del soberano Hacedor y de sus obras. Dignaos, Señor, de guiarmepor vuestro espiritu, para que use bien de los conocimientos que me habeis concedido, y procure estenderlos continuamente. No permitais que nunca sean infructuosos en mi: antes bien haced que me esciten mas y mas á glorificaros y serviros; y que á este fin tenga siempre presente que no me habeis de juzgar por la grandeza y estension de: mis conocimientos , sino pow el buen uso que hiciero de ellos.
110 VEINTE Y SIETE Es , A VEINTE Y SIETE DE NOVIEMBRE. Machos e eclos ere Le Naluraleza Ro Lerner Í 120 1024 DUIMA CAUsaA. Lo que se lama naturaleza es una cadena indeterminada de causas y de efectos, enlazados entre sí por el primer Ser, el soberano motor; y como todas las partes del universo están en relacion las unas con las otras, cada movimiento > cada suceso depende de una causa precedente, é inversamente viene á ser causa de efectos que la. siguen. Toda la constitucion del mundo es propia para convencernos de que no es el acaso, sino un arte divino, el que desde su principio erigió este asombroso edificio, el que imprimid el moyimiento 4 sus diferentes partes, fijó sus innumerables relaciones , y el que determind la gran cadena de acontecimientos que dependen uno de otro: de suerte que el universo es formado segun un plan único, y demostrado por el conjunto de sus artes , y por la unidad del designio , sa- Diduciá y bondad de su Autor. No es dificil adquirir los conocimien tos necesarios para juzgar asi; pues aunque los que tenemos de la naturaleza se hallan reducidos 4 muy estrechos límites,
DE NOVIEMBRE. 411 con todo no dejamos de ver una multitud de efectos interesantes, que proceden de Causas accesibles á la inteligencia humana, y que se encadenan los unos con los otros. Limitémonos aqui á una multitud de efectos que proyienen de una misma cau= sa: muchos fenómenos naturales pueden servirnos de ejemplo. ; Qué nd de efectos no produce visiblemente el calor del sol! El contribuye á la vida de una infinidad de animales, 4 la vegetacion de las plantas, 4 la madurez de los frutos ER 1 rr de los vapores, y 4 la forma= cion de las nubes, sin las cuales no caeria luyia ni rocio subre la tierra. ¡Cuán varios no son los eféctos que Pr9duos el elemento del fuego! Por él os cuerpos sólidos se derriten y reducen á Muidos , 6 se convierten en cuer os sólidos de otra especie; hace hervir los (Iuidos , y los resuelye en ya res; y por él se distribuye el calor á Ph los cuerpos. La naturaleza del aire es tambien tal que llena á un mismo tiempo diversos fines. Por medio de este elemento se conservan los cuerpos animados, se refrescan los pulmones , se purifica la sangre de los principios nocivos, y toman fuerza todos los movimientos vitales. El aire es el que conserya el fuego y fomenta la llama; el que con su conmoción y undulaciones conduce el sonido á nuestro vido; el que da libre vuelo á las ayes y las pone en estado de volar de un lugar á otro; el que abre al hom-
112 VEINTE Y SIETE bre una ruta facil en los mares, cuyos yastos espacios no podria surcar sin él. Por el aire se sostienen las nubes en la atmósfe= ra, hasta que haciéndose muy pesadas yuelyen á caer en forma de lHuyia. Por medio de este elemento se alarga el dia con los erepúsculos de mañana y tarde: sin el el don de la palabra estaria sin uso, y el sentido del e nos seria inútil. To. das estas ventajas dependen de la naturaleza debaire en que vivimos y respiramos. Este maravilloso elemento es demasiado sutil para que puedan percibirle nuestros ojos, y sin embargo su fuerza á veces prodigiosa nos demuestra con evidencia Ja suprema sabiduria. La fuerza de gravedad que hay en: todos los cuerpos mantiene firme á la tierra: ella encadena al océano en sus profundidades, y á nuestro globo en la órbita que le fue prescrita ; mantiene á cada ser en el lugar que le corresponde en la naturaleza , y señala á los cuerpos celestes las distancias que deben separarlos. ¿Quién podrá describir las varias utilidades del agua? Sirve para dilatar, ablandar y mezclar un gran número de cuerpos, Ae que sin ella no podriamos hacer uso» Es la bebida mas sana y el mejor alimento de las plantas: hace andar los molinos y otras muchas máquinas ; nos proporciona una multitud de pescados, y nos trae sobre su superficie los tesoros del nueyo mundo.
DE NOVIEMBRE. 113 Pero no solo en el reino de la natura» leza es donde se yen provenir de una misma causa los mas diversos efectos: una sola inclinacion del alma los produce fre= cuentemente no menos yarios en el órden moral. Baste por ejemplo la propension que tenemos á amar á nuestros semejan= tes. De ella nacen los cuidados de los padres para con sus hijos, la union social, los vinculos de amistad, el patriotismo, la beneficencia en los que gobiernan, y la fidelidad en los que obedecen. Ási una sola inclinacion mantiene á cada individuo en sus respectivas obligaciones ; ella es el lazo de la sociedad humana, el principio de todas las acciones virtuosas, de todas las empresas loables, y de todas las recreaciones inocentes. Concluyamos pues que el mundo no ba sido en manera alguna formado por una fortuita justa-position., que los materiales que Te componen no se tomaron por acaso, y sin que hubiese entre ellos alguna relacion; sino que por el contrario hacen un todo regular, que el poder divino crió con una sabiduria infinita. En cada parte, en cada fenómeno del mundo visible brillan á nuestros ojos algunos ra= yos de esta inefable sabiduria. ¡Pero cuán= tos hay que se ocultan al mas atento exámen, y á las profundas meditaciones de los mayores ingenios! Si los vestigios de la divina sabiduría se manifiestan alguna vez cuando examinamos el objeto por una
114 VEINTE Y +0CHO Lia mientras queíse nos ocultan en las demas, no por esto seamos menos solicitos en meditar las obras del Señor, y en hacer servir las maravillas que nos ha hecho tan visibles 4 la gloria de su nombre. VEINTE Y OCHO DE NOVIEMBRE. Libia held. dde le naturaleza faz ya con dos hombres. da naturaleza es pródiga con nosotros 5y abunda de medios para proveerá las nes cesidades de las criaturas. ¡Cuántas cosas no exige la conseryaz cion de un solo hombre, aun cuando su vida no se estienda mas que 4 sesenta años! ¡Quéno necesita para comer y be= ben,-para vestirse , para:las delicias y Co-= aodidades de: la «vida, sin hablar de los casos estraordinarios, y accidentes imprevistos! Desde el monarca hasta el pastor, en todos los estados, en todas las edades; desde el niño de pecho hasta el anciano, cada hombre tiene sus necesidades particulares: lo que conviene al uno no es conveniente para el otro, y todos necesitan de provisiones, de alimentos y de diver= sos medios de subsistir. Sin embargo, la naturaleza provee á todas las necesidades, y cada individuo recibe de ellao que ha menester. Desde el principio del mundo
DE NOVIEMDER+ 115 la tierra no ha cesado de abrir sus entra= ñas; no se han agotado las minas; el mar suministra continuamente la subsistencia á una infinidad de criaturas; las plantas y los árholes tienen siempre gérmenes que brotan á su tiempo y “se hacen fértiles. La benéfica naturaleza varía sus riquezas para no agotarse toda en un mismo lugar; y cuando algunas especies de plantas d de frutos llegan á disminuirse, produce otras, y hace de manera que el gusto de los hombres se incline siempre á las producciones mas abundantes. La naturaleza , con una sábia economia, cuida siempre de que nada se pier- a. De todo sabe sacar partido; los insectos sirven de alimento á los mayores animales, y estos son útiles al hombre; por= que sino sirven para sustentarle, sirven para vestirle ; simo le visten, le proveen de armas y de medios para su A ,0 á lo menos le proporcionan rémedios.sa= ludables. Cuando el contagio disminuye algunas especies, la naturaleza sabe reparar esta pérdida con el aumento de otras. Se vale uta de los cadáveres y las ma-= terias corrompidas, ya para el alimento de alfsinos insectos , ya para servir de abono á la tierra y para nuevas producciones. ¡ Cuán rica. no es la naturaleza en be» lezas y en adornos! Con todo, su mas hermoso atavio solo necesita de luz y de “colores; está abundantemente provista, y el espectáculo que ofrece varia continua-
122 TREINTA 2 dad; las adversidades de que'se sirve pa= ra despertarlos de su letargo, y hacerlos entrar dentro de si mismos; los acontecimientos estraordinarios que ordena para el bien de su imperio, sucesos que comun: mente son producidos por pequeñas causas y en cir unstancias que á yeces pare= cen imposibilitarlos 5 las grandes reyoluciones que obra para hacer pasar su Eyangelio y el conocimiento de su nombre y de su Ley santa desde una parte del mundo á la otra, son otros tantos efectos que me manifiestan la mano siempre activa de Dios, y que al mismo tiempo que me lenan de admiracion, me obligan á confe= sar que solo pueden ser obra del Señor. di atendemos á todo cuanto se presen= ta 4 nuestra vista, en todo ballaremos 4 Dios: veremos que, por los medios ordinarios de su gracia, trabaja continuamente en nuestra santificacion, que su palabra habita en medio de nosotros, y que ince= santemente nos hace oir su voz saludable. Los que rehusan escucharla, que resisten ¿ los movimientos de su espiritu, y que no se rinden á sus operaciones misericor= diosas, nose convertirán, nunca aun cuando se hiciesen 4 su vista nuevos milagros. Un hombre que ve que Dios ha criado este mundo, en que por todas partes brillan tantas maravillas; un hombre colmado á todas horas de los beneficios del Señor, y deudor 4 el solo de cuantas ventajas goza, ¿no deberá creer en él, amarle y obede=
DE NOVIEMBRE. 123 ; cerle? ¡Sin embargo, le resiste...! ¿Qué es pues lo que podrá moverle, y á que no resistirá? k Cristiano, que todos los dias eres testigo de los portentos de tu Dios, atiende en fin á ellos, y no cierres tu corazon á la verdad. Cuida de que no te impidan las preocupaciones ni las pasiones el reflexionar sobre las obras del Señor. Contempla este mundo visible; considérate, CANE sobre tí mismo, y hallarás bastantes motivos para reconocer al que á cada instan te obra tantos prodigios á tu vista. Ocupado entonces en estas grandes ideas, y penetrado de asombro y de admiracion esclamarás: Alabanza, honor y gloria sea dada á Dios que es mi soberano bien, y el Redentor de mi alma; á este Dios que es el único que obra maravillas; el único que llena mi corazon de los mas dulces cónsuelos; que calma nuestras penas, que alivia nuestros males, y que enjuga las lágrimas que derramamos con evnliide en su seno. A él sea el honor y la gloria pur toda la eternidad. y
cQurimero de O ldiibe: arvanem PYntaliledad: A Las cosas (ers entat Nada bay en la naturaleza, cuyo estado y modo de existir no esté sujeto á mudan za, Todo es el juguete de la inconstanció y de la fragilidad; nada es bastante dure” ble para permanecer siempre en el prop! estado. La pinta deidad de los cue po mas sólidos no es tan considerable, 4 union de las partes que los compone? tan estrecha, que los preserve de la dis0” lucion y destruccion. Cada partícula materia muda insensiblemente de figur?: ¡Cuántas mutaciones no ha tenido mi cu% po desde su formacion en el seno de me madre! Cada año ha perdido alguna cos de lo que hacia parte de si mismo, Y 3 adquirido tambien al mismo tiempo paa tes nuevas, sacadas de los diversos rem de la naturaleza. Todo crece y mengre alternativamente sobre la tierra; mas con esta diferencia, que no se hacen las mur
DE DICIEMBRE. 125 taciones tan prontamente en unos cuerpos como en otros. Los globos celestes parecen todavía los mismos que en el momen- to de su Creacion , y son acaso los mas invariables de todos los cuerpos. Con todo, el sol tiene manchas, cuyas mudanzas prueban que este astro no está constante- Mente en el propio estado. Poy otra parte, su movimiento le sujeta:á diversas varia. CIONES; y aunque jamas se apague esta brjlante artorcha, sin embargo la obscurecen las nieblas, las nubes, y aun las reyouciones internas: esto es ¿lo menos lo que podemos juzgar á la gran distancia en que nos hallamos de este astro. ¡Pero cuántas otras mutaciones, ya esternas ya internas, se ofrecerian á muestra vista, si Pudiéramos acercarnos mas a el! Si la instabilidad de las cosas terrenas nos hace mas impresion, €s porque estamos mas cerca de ellas; ¡ Cuán frágiles las obseryamos! Diariamente se presentan á nuestra vista las cosas del mundo bajo nuevas for- Mas: vemos sin cesar crecer las unas, y isminuir y perecer las otras. 7 Los años que corren y pasan tan rápidamente, nos ofrecen nuevas pruebas de la instabilidad de las cosas terrenas. Limitándome solo al pequeño circulo en que estoy, ¡cuántas revoluciones no ha esperimentado cada una de ellas! Muchos de los que conoci años ha, ya, no existen. Muchos de los que vi ricos, vinieron á ser pobres, d á un estado de mediania. Y si
126 PRIMERO me examino á mi mismo, ¿cuántas variaciones no hallo en mi? Mi salud, mi actividad , esperimentan cada dia diminuciones sensibles; y todas estas alteraciones ¿no son otros tantos avisos de que se acerca la grande y última revolucion , que causará en mi la muerte? Ademas, ¡ cuántas cosas pueden aun variar para mi en el cor- to espacio de un dia...! Puedo caer en la indigencia, en una enfermedad, esperimentar la infidelidad de mis amigos, y aun morir en este instante. Por lo menos es cierto que pueden acaccerme en pocas horas sucesos que me es imposible prever. Semejantes reflexiones solo servirian para abatirme y lleyarme á la desesperacion, si la religion no fuera mi apoyo y mi consuelo. Pero ésta me conduce á ese Ser único, invariable, eterno, que por su naturaleza no pe esperimentar mutacion alguna.* ¡Dios inmutable, vos sereis eternamente lo que sois! por eso vuestra misericordia subsiste siempre, y vuestra justicia durará de edad en edad. Esta verdad, grabada constantemente en mi memoria, endulzará los sinsabores anejos á las vicisitudes de la vida, y me contemplaré feliz al considerar que todas las revoluciones que traen para mi los dias y los años, me acercan USE bien, y ála eterna mansion de la felicidad.
DE DICIEMBRE, 127 DOS DE DICIEMBRE. —Pbada feerece en le naluvalera. Si hubiera en el mundo cosas de cuya destruccion no resultase alguna utilidad, aa dudaría alguno del sabio gobierno e Dios. Pero no sucede asi; y aun tenemos derecho para suponer que en el in- «menso circulo de la ercacion nada hay que perezca, mi aun el menor grano de arena, Todo existe para ciertos fines; y cada cosa llena: á su modo el objeto para que fue criada. La semilla que cae de una flor, no perece: llevada por los vientos 4 fertilizar Otras regiones, se arraiga en la tierra y se ace un árbol. Otras simientes $ frutos, comidospor las. ayes ú otros animales, se mezclan “on sus jugos, y esperimentan la Coccion y preparaciones necesarias para servir de abono á los Campos, para sustentar los hombres y las bestias, y aun para otros usos. Verdad es que ciertas cosas se corrompen y se descomponen, mas por este medio pasan á ser artes constitutivas de “gun otro misto. La mariposa jamas pro- UCIIA A su semejante , si primero no hubiese sido un gusano. Un animal cualquiera, tal como le vemos al presente, no ubiera podido existir, si el gérmen no -Se hubiese formado antes en el primer in-
1428 Dos dividuo de su especie. Nada perece en la naturaleza: solo se descompone todo para aparecer bajo una nueya forma. Los primeros bosques que produjo la poderosa «palabra del Criador, estaban adornados de una innumerable multitud de hojas: cayéronse estas, se secaron, se corrompieron y dejaron de ser hojas; pero las par= tes que las componian , converlidas en polvo, en cieno, en tierra, no se han aniquilado. La materia de que se formaron las primeras hojas y las primeras yerbas, aun subsiste en el dia, y nada ha perdido de sus partes esenciales. Las plantas que ahora AS existirán por Lo ue toca á sus partes hasta el fin del mundo. La madera que quemamos, deja á la yerdad de ser madera, mas los principios que lá constituyen, dispersados en ceniza, holliv y humo, no dejan por eso de existir. El reino de la naturaleza está sujeto á mutaciones continuas: todo se descompone y se regenera; pero por último nada perece. No juzguemos pues por las apariencias. Cuando suceden algunas revoluciones y algunos trastornos, nos inclinamos á creer que varios seres se destruyen para siempre; siendo asi que solo se modifican de diversos modos, y pasan á ser materiales que entran en la composicion de otros seres. Del seno de la corrupcion nace la flor mas bella, y el mas del cioso fruto. El agua que se disipa en vapores, no perece por eso: mengua en un
DE DICIEMBRE. 129 Pparage para crecer en otro. Aqui se descompone; alli reunidas sus partes constitutivas forman otro todo. Lo que la ignorancia mira como una total Utd, no es en realidad mas que una simple mutacion de partes; y el mundo, considerado en su conjunto, es auñ al ss lo que fue en el primer dia de la creacion; aun cuando una multitud delas partes que le componen haya esperimentado poco á poco las mayores alteraciones. Cada grahito de tierra es en cierto modo el gérmen de nueyas criaturas ; ocupa su lugar en la cadena de los seres y contribuye tambien á la perfeccion del todo. Un puado de arena contiene quizá rillones de insectos. Si conociéramos mejor las partes constitutivas de los cuerpos, podriamos determinar con alguna certeza cuáles eran las substancias en que estaban antes, digámoslo así, ocultas 2 Y €n cuya composicion entraban, Hay muchas cosas en la naturaleza que á primera vista os parecerá que no son de alguna utilidad, y que fueron producidas sin designio. De otras ercerejs que enteramente se han destruido y aniuilado. Mas no debemos pensarlo asi: to» 0 cuanto Vemos, por estraño que nos parezca, está PEPE del modo mas sábio. Tended la vista por todo lo que os rodea, consideradlo, examinadlo; y vereis, que todo se halla encadenado y colocado en su lugar, y que ninguna cosa debe su si-
130 TRES tuaciom al acaso. Nada hay en el mundo que no tenga su uso, un cuando se convierta en polyo. Nada, repito, se pierde, ni aun la menor hoja, ni un grano de arena, ni un solo insecto de aquellos que no puede descubrir nuestra vista. Y ese magestuoso firmamento donde el astro del dia brilla con tanto resplandor; y ese polvo que revoletea á los rayos del sol y que respiramos sin percibirlo; todo emezó á existir á la voz del Criador, y fue colocado en el lugar conveniente. Todo es bueno y perfecto en el universo que crió el Altisimo. ¡Y es posible que haya hombres tan temerarios y presuntuosos que se atrevan á criticar sus obras! Léjos de mi semejante insensatez; antes bien glorificaré 4 Dios, y aseguraré mi propia tranquilidad, creyendo que nada a lo criado es inútil, sino que todo concurre sin cesar á llenar sus respectivos fines infinitamente sabios. TRES DE DICIEMBRE. Diferencia entre las obras de la naturaleza Y las del arte, Cuando comparamos las obras de la na= turaleza con las del arte, hallamos en las rimeras una superioridad muy notable sobre las segundas. Solo la consideracion de que las producciones del arte no'son
DE DICIEMDRE. 131 mas que imitaciones de la naturaleza > basta ya para poner esta verdad fuera de to= a duda. ¿Qué artista no desea Ja se á la naturaleza cuanto es posible, y no se lisonjea de haberlo conseguido en cier- to modo, aunque en la realidad esté aun muy distante de ello? No se halla en estado de inventar; y todo cuanto hace, se lo ha enseñado la naturaleza. ¡Cuán rica y varia es esta naturaleza; y al contrario , cuán pobre y uniforme és el arte! En el vasto reino de la primera encontramos un tesoro inagotable: una sola de sus partes, un mineral, una planta, un insecto, un granito de arena, la ala de Una mariposa, vista al microscopio, nos presentan una multitud de objetos dignos e observarse; Y siguiéndolos hasta en Sus pormenores, y hasta en las mas nequeñas particulas] no se descubre en ¿Mas qe mas licera imperfección. Por el contrario, las obras del arte son muy limitadas; y Por poco que se profundicen y se Cxaminen atentamente, no tarda en des- “vanecerse la admiración que en el principio habian escitado, y se notan én ellas Imperfecciones y defectos que no se sospechaban. La naturaleza, supuesta la Providencia divina, se basta á sí misma para producir obras admirables; en lugar de que el arte toma de ella cuanto tiene de ermoso; no LR nada propio, y la naz turaleza goza los primeros derechos sole todo..Por otra parte tambien es cierto que
138 "CINCO ha hecho una gran familia de que es el adre comun; amor general, caridad que á todos los abraza, y que haciendo á cada uno de ellos todo el bien que está en.su mano, derrama en nosotros y al rededor de nosotros la alegría, la paz, el conten- to y la felicidad. En tercer lugar, en el estudio y: espectáculo: de ola naturaleza, ese gran Loro abierto á todos los hombres, ¡de esa naturaleza tan viva', tan animada, tan llena de atractivos para cualquiera que sabe contemplar en Ma al Ser Todopoderoso, infinitamente sábio € infinitamente bueno) que la dió cuantas bellezas, gracias y riquezas contiene; de esa maturaleza, privada por el contrario de espiritu y de vida»para el que no tiene ilustrados los -ojos de su-alma, los únicos que pueden «hacernos leer en rasgos de dol y en caractéres indelebles hdd en sus meno- ¡res producciones, los: atributos del Ser suprémo que la ha formado. Se halla en fin enla paz interior, que nace en nosotros «deuna conciencia pura y sinsmancha; en la de un alma que puede entrar dentro de si misma sin rubor, sin reprension, y sin remordimiento; que seve en el órden, y “se complace en él como en el estado mas delicioso para un corazon recto y un espiritujusto y consecuente; que siempre señora desi misma, se posee, se conserva en una tranquilidad constante y una igualdad perfecta; que por esta satisfaccion intima, que la hace superior 4 todas las pruebas,
DE DICIEMBRE. 139 la indemniza de todas sus pérdidas, y es= cede á cualquiera otra satisfaccion ; que ve con igual indiferencia la abundancia y la carestía la prosperidad y la desgracia, siempre dispuesta á todo acontecimiento, al sacrificio de cuanto fuese contrario 4 su ber, y adornada siempre de las altas virtudes que inspira la religion; porque solo ésta puede Beitárlos en nosotros, y conducirnos por ellas á la felicidad de e es capaz el hombre en esta vida mortal. a Que felicidad ! ¿Qué es en su comparacion la de esos afortunados del siglo, en el seno de sus vergonzosas pasiones y de su torpe embriaguez; de esos hombres tan alejados de si como de la felicidad por sus desenfrenados deseos, y esclayos de un mundo imperioso y falaz ; avasallados por esos usos y esas estravagantes modas, vá= riables y ridículas; victimas de sus caprichos y el juguete de todas sus variaciones: de esos hombres que pasando por una alternativa continua de alegria y de tristeza, de placer y de pesar, de confianza presuntuosa y de temores yanos y pusilani- :mes, de proyectos ambiciosos > de locas esperanzas y de turbacion, de: inquietudes y sobresaltos, de juegos, de risas, de isipaciones friyolas, y de descos de retiro, de tedio, de disgusto de la vida, de descontento interior de si mismos, y de todo lo que les rodea? ¿Son estos, pre= gunto ahora, los dichosos ? Sin embargo, el hombre fue:criadopa-
140 €INCO : ra ser feliz. El Dios de bondad que le dió la existencia le crió para la felicidad : una inclinacion MHeittle le'impele sin cesar ácia ella, y en lugar de buscarla en don= de realmente está, se aleja mas de ella cada dia, y la coloca en los bienes que sólo la tienen en la apariencia. Se fragua necesidades imaginarias , y olvida que Dios es la primera necesidad de su Corazon ; estiende sus deseos de objeto en objeto, en vez de cuidar de contenerlos en sus justos límites, los únicos que pueden conducirle al que es el principio y último fin de su ser. La naturaleza le” ofrece por todas partes placeres inocentes, y g0zos puros tranquilos; pero él se forma un arte seductor de todo género de diversiones que le sacan fuera de si mismo. Asi es como contradice á cada momento las miras be= néficas que Dios tuyo con él cuando le crió. Asi es como viene á ser no solo el autor de su propia infelicidad, sino casi siem= pre de la de los que le rodean. Tiene horror al despotismo y tiranla, cuyos deplorables efectos temeria para si; al paso que por sus fogosas pasiones se hace, «sin que apenas lo conozca, el déspota y el tirano de los que dependen de sus arbitrarios caprichos. Húyese de su presencia, se le tiembla al acercarse; y 4 pesar de los vinculos «que debieran hacerle my apacible, se le compadece y ama con todo. Si fuera ver= daderamente sábio, le agradaria cuanto le rodea; en lugar de que le es triste y me-
DE DICIEMBRE. 141 lancólico, como un horizonte cubierto de negros vapores y densas nubes, ¡Oh Dios de bondad, fuente de las mas puras luces, inmutable y eterna ver= dad 5 vos que mos juzgareis , no segun las ciegas inclinaciones, mi las opiniones y costumbres de un mundo tan perverso co m0 insensato , sino conforme á las leyes santas y la naturaleza de las cosas; vos U£ acaso nos acusais ya en lo interior e, nuestra conciencia, haced brillar á hucstros ojos un rayo de esa luz celestial, que es solamente Ya que puede disipar nuestras ilusiones y tinieblas! ¡ Dios pode= roso, que calmais las espumosas olas del mar irritado, y que serenais á vuestro ar= bitrio las tempestades , domad la yiolencia de nuestras pasiones, y restableced en nuestra alma el imperio de la razon y dela fe ! ¡ Haced que esa divina sabiduria, - cuyo ausilio imploramos, nos ayude á en trar en nosotros mismos; que nos ma= nifieste donde debemos buscar la felicidad; que nos diga en lo interior del co. razon lo que la esperiencia deberia haber= nos dicho mucho tiempo ha, y es, que en vano este corazon, siempre enfermo y sempre estrayiado , interin permanezca, infiel, se agita y se yuelye ácia todos la= 05; que siempre continuará inquieto hasta que repose en yos como en su único centro! det esa misma sabiduria nos €n= señe á buscaros, 4 veros en todas vuestras Obras, y 4 hacer servir todas las criaturas
v42 - SEUS de lecciones y medios para elevarnos hasta yos; áno usar de ellas en lo venidero sino con una sabia moderacion > CON reconocimiento, y á merecer en fin por nuestra fidelidad, y por nuestra correspondencia 4 yuestra gracia, el llegar á esa sobe= rana y eterna E , que solo vuestra posesion puede darnos! SEIS DE DICIEMBRE: Lo suma de los bieneses mucho Mas gone elmundo que La delos males, Nada es mas propio para consolarnos en los! revéses y desgracias de la vida, que sentar por principio , que hay mas bienes qúe males en el mundo. Consultemos al mas infeliz de los hombres, y preguntémosle si tiene tantos motivos para quejar= se como para estar reconocido; y se yerá que por muchas que puedan ser sus desgracias , no son comparables con la multitud de beneficios que ha recibido en el curso de la vida. Para hacerte mas perceptible esta yerdad, calcula los dias que has gozado de salud, con los que has estado enfermo. Contrapon al corto número de penas y de disgustos que esperimentas en 1 yida civil y doméstica, los placeres tan multiplicados que nos ocasiona. Compara todas las acciones buenas ¿ inocentes, por donde la
DE DICIEMBRE. 143. mayor parte de los hombres se hacen útis es ya á sí mismos, ya á sus semejantes, con las pocas acciones con que se perjudi= can á si yá los demas: piensa que el hábito del bien, es el que nos hace tan sen= sibles al mal; que las nuevas prosperida= des nos hacen E BS las primeras; y que si nuestros males se graban tan profundamente en nuestra memoria, es porque no estamos acostumbrados 4 ellos y porque Son ¡muy raros. Cuenta los felices aconte= cimientos de que puedes acordarte : opon= les despues los males de que haces memoria; advierte que no digo todos los males de que te acuerdas > porque no hablo de Pa que por tu propia confesion han sido para tí la causa de la felicidad, 6 el origen de muchos bienes: y que o e hablo de los males > que permite la Providencia para hacernos mejores, ó para enseñar á los demas con nuestro ejemplo; pues estos males se recompensan por sus consecuencias sumamente¿yentajosas al gé. nero humano. En el cálculo de que hablamos, no contrapongas 4 los bienes de que te acuerdas haber disfrutado >, sino los males cuya utilidad no conoces ahora; y si haces la comparacion cuando estés tranquilo y sereno, te conyencerás de que en este mundo los bienes esceden sobre ma= nera á los males. Quieres por otra parte una prueba ia de esto? ¡Cuan pocos hombres hay que, si se dejase á su arbitrio el vivir G morir , prefiriesen la
144 “SETS muerte, y que cuando la llaman ¿4 gritos,* no la conjuráran como el leñador de la fibula, si. se les presentase para ayudarlos únicamente á levantar la carga ! ¿Por qué pues el hombre piensa tan poco en las continuas pruebas que recibe en este mundo de la bondad de su Dios? ¿Por qué prefiere mirar las cosas bajo un mal aspecto, y atormentarse á si mismo con cuidados y vanas inquietudes? La: divina Providencia ¿no nos.rodea con ob= jetos agradables? ¿A qué fin fijamos siem= re la vista en nuestras enfermedades, en o que mos falta, d en las desgracias que nos pueden suceder? ¿Por qué las abultamos en muestra imaginacion , y apartamos obstinadamente los ojos de cuanto podia tranquilizarnos y divertirnos? Pero tal es la naturaleza del hombre, que las menores desgracias llaman toda su atencion, y una larga serie de dias felices se pasa sin que le hire impresion. El se acarrea á si propio enfados y desgracias, que no le su-: cederian si estuviese mas atento á los be= neficios de Dios. ¡Ah! ¡lejos de nosotros unos sentimientos que solo contribuyen 4 hacernos miserables! Vivamos intimamen= to-convencidos de que Dios ha distribuido con imparcialidad sus bienes sobre toda la tierra, y que no hay hombre alguno que no tenga los mas justos motivos para prorrumpir en acciones de gracias. ¡Sea pues bendito este Dios y soberano en. mio! El llena mi corazon de alegría
DE DICIEMBRE. 145 y de júbilo, y si alguna vez me prueba por medio de las aflodobes, no tarda en recrear mi alma con sus consuelos; y su bondad se digna de prometerme en recompensa una felicidad perfecta y sin fin- El nos Heya por caminos secretos y desconocidos á la cumbre de gloria que nos destina. Las pruebas mismas que hace en nosotros, tienen un objeto misericordioso, que llegaremos á conocer algun dia. Entre tanto nos libra de los males que esceden á nuestras fuerzas: su mano poderosa y paternal nos protege; y sus-ojos están siempre abiertos sobre nosotros. SIETE DE DICIEMBRE. LIBRO IX Y ÚLTIMO. Odos ó ES LT de Poo walucalesa . Cacstenca de Tios. Solo el mas necio orgullo, y las pasiones mas desarregladas > por disfrazadas que se MO si Y por mas que deslumbre su
146 SIETE esterior, son las que pueden conducirnos á negar la existencia de un Ser supremo. No: no es una razon recta ¿ ilustrada, ene= miga de sofismas y amante de la verdad, la que-hizo jamas ateistas; y únicamente el hombre perverso é insensato ha sido caaz de decir en su corazon: No hay Dios (*). En todo hallamos pruebas de la divinidad: la necesidad de un Ser existente por sí mismo, y que sea, como dijo Leib= nitz en su Teodicea, la primera razon de las cosas; las mas altas ideas de nuestra alma, los sentimientos mas nobles de nuestro corazon, el espectáculo del universo, la voz dela naturaleza en todos los hombres; en suma, nada hay que no conspire á convencer áun espiritu justo y á un corazon recto la existencia de un Dios. 1,2 Yo existo: luego existe algun ser desde la eternidad, necesariamente y por si mismo; sin que en el último analisis, 6 cualquier serie de seres nO quiera supo= nerse, la nada haya podido ser el principio del ser. Un ser que tiene en si pro= pio la razon de todo lo que es, es por consiguiente inmutable é independiente : in= mutable, porque es por la necesidad de su naturaleza, y por su propia esencia, todo lo que es, y todo lo que puede ser: in= dependiente, porque no, habiendo recibido nada de fuera, sacando todo su ser de () Salm.-XIIL. re
DE DICIEMBRE. 147 si mismo, no pudiendo perder nada de cuanto posee, ni adquirir cosa que no sea estraña á la necesidad de su ser, ninguna causa esterior tiene poder sobre él. Yo no soy pues el ser necesario, ni todas las partes de este universo ligadas entre si, va= viables y dependientes como yo respecto á que podemos perder 0 adquirir continuamente , y ¿ que por lo mismo no formamos sino lo que se llama seres contin= gentes por oposicion al ser necesario. Digamos ú Leibnitz en la obra ya cita= da: Las cosas limitadas como las que yemos y esperimentamos , son contingentes, y no hay nada entre ellas que haga su existencia necesaria; pues es manifiesto qe estas cosas siendo indiferentes á to- o, podian recibir otros movimientos y figuras, y en un órden enteramente diverso. Es preciso pues buscar la razon de la existencia del mundo > que es el conjunto total de las cosas contingentes: y es forzoso buscarla en la substancia que tenga en silla razon de su: existencia > yl ed consiguiente es necesaria y eterha. Es indispensable tambien que esta causasca inteligente ; porque siendo contin= gente este mundo, y siendo igualmente posibles otros infinitos”, y no siendo mehos capaces de ser criados que este, es preciso que la causa del a haya tenido mira ó relaciorá todos esos mundos Posibles, para determinar uno de ellos; esta mira ó relacion de una substancia
250 VEINTE: Y SIETE sura, sino tambien dar este espectáculo todo el año, con el fin de que el hombre no estuviese limitado á disfrutar de este retreo por corto tiempo. En laprimavera, cuando.el hombre. se pasea para recorrer todo lo que la boudad del Criador prepara para su alimento , vé las flores con to= da su pompa, y mas brillantes que lo que puede estar el mas.soberbio monarca del universo en toda su gloria. Acia el estio, cuando el hombre:estiende su vista prin= cipalmente 4 Jas mieses , se Je presentan tambien: millares. de hermosas flores para recrearle. Una especie sucede á otra, siguiendo cada mo su órden, por una estension tan dilatada cuanto puede alcanzar su vista. Cuando los frios del invierno nos encierran en nuestras casas , 4 fin de que: despues de haberlos pasado seamos mas sensibles á la impresion que harán en nosotros en la primavera siguiente las be- Hezas de la naturaleza, crecen sin embar o en este tiempo otras producciones que no llaman tanto nuestra atención , pero que tienen su utilidad. Tal es la ley con que el Criador ha arreglado el pl br de la naturaleza. En ella todo concurre , en cuanto es posible, á procurar el alimento á los hombres y animales , y á abrir tambien á los primeros un manantial fecundo de placeres. Esta ley es la que ha colocado ciertas plantas con sus llores y frutos en la primavera, á otras en el estío, y en finá otras en otoño
DE DICIEMBRE: 251 y aun en invierno. Por ella cada cosa vie= ne enel tiempo que la fue prescrito, y cuando es mas ut ella es la que ha dispuesto que algunas estén como dpi al paso que Otras brillan con todo su esplendor. Ved como una sola ley arregló de una yez tantas cosas diferentes. La misma razon que colocó una parte de las plantas en primayera , puso otra en otoño. Muchos millares de plantas se hallan sujetas á una misma ley. Hallamos la nocion del órden en donde quiera que una cosa está dispuesta segun reglas uniformes; y llamamos confuso aquello de que una parte vemos aqui, otra alli, sin regla alguna general que determine su situacion. Mas el vasto jardin del Criador, presentándonos todas las cosas arregladas segun una misma ley, nos obliga á confesar que en el todo se halla con el mas bello órden , respecto d que cada cosa parece en su tiempo. Reflexionemos un poco, mi amable amigo, sobre esta proposición, y hagámosla seryir de principio á algunas refléxiones morales. ¡ Qué ley tan digna del Ser supremo no es este órden admirable que se init. bre en las obras de Dios! El órden que tanto agrada á todos los racionales; el órden de donde dimana toda hermosura; el órden por el cual solamente puede legar cada cosa á su fin; este órden es la ley que prescribió el Criador átodas sus obras, y por esta razon son tan bellas y perfec-
252 VEINTE Y SIETE tas. No es únicamente en las plantas en las que le admiramos ; sino que todas las obras del Omnipotente nos le manifiestan. En efecto, ¿qué orden tan portentoso no descubrimos en el edificio del universo y en cada una de sus partes? ¿Acaso no se mueven todos los planetas segun la misma ley? ¿No es ella la que retiene á cada uno en su orbita? ¿Por ventura aun los menores vasos del cuerpo humano no de= enden de una regla comun? Contemplad da que os venga a la vista; observad la primera de las obras del Criador que ca= sualmente encontreis. Considerad su disposicion , examinad segun las reglas mas severas del arte su figura y constitución; y en todas partes hallareis el órden, y no vereis mas que órden. Asi que el úrden es la sola cosa que agrada al Ser supremo; y habiéndonos formado á su imágen, nos imprimid tambien el amor al órden. Guando por Sc parte descubrimos ór= den, naturalmente nos complacemos en él, sin saber por qué, ni como esto suce= de; pues es una consecuencia de la natuleza de nuestra alma. ¿Y por qué Dios imprimió en nosotros este amor al órden? ¿Por qué pone tan claramente á nuestra yista el órden que reina en sus obras? Sin duda quiso que nos asemejásemos á él en esto, que arre= glisemos nuestra vida segun unórden invariable; y que nuestras acciones siguie= sen'asi el modelo que nos ofrece en todas
DE. DICIEMBRE. +, 253 sus obras. En efecto, el órden, y el arrelo constante de nuestras acciones, es el único medio para agradar 4 Dios y ase=' mejarse á el. Saquemos pues de aquí, mi digno amigo, una regla fija para nosotros mismos, y es que vivamos ordenadamente: de esle modo lograremos la aprobacion de todos los seres inteligentes, y, lo que es mas, asi nos harémos agradables á los ojos de Dios; pues donde quiera que haya inteli, rencia, debe haber tambien amor ál dr- en. Detestewmos la vida inconstante y desarreglada de los pecadores. infinitamente distantes de la gloriosa imitacion del Cria dor, y demasiado pequeños en-cierto modo para percibir el órden y amarle, 0 bien no reconocen ley y se dejan llevar dela corriente, sin suber lo que bacen, ni por uc lo hacen; ó bien siguen los impulsos de sus brutales inclinaciones, que varian á cada instante; semejantes á un bagel sin mástil ni timon, á quien la tormenta Jleya á uno y otro lado hasta que le abre por todas partes. Estas gentes, que en sus propias acciones no se prescriben ley aluna, son-las primeras á censurar con su pai impura las obras del Criador, lue- y 8 «ue yen la menor apariencia de desór= den. Lo que desaprueban en el Ser supre= mo, lo consideran como motivo de gloria en si mismos, á quienes el accidente mas leye es capaz de desordenar enteramente, ¿Qué horrible confusion no reina en las
254% VEINTE Y SIETE personas! de este carácter? ¿Qué disgusto y que aversión no debe causar la vista de os escesos desu conducta-á los sensatos que son testigos de ella? pero sobre todo; ¿cuánto no desagrada al Áutor del órden, que solo: ama lo que está en el órden? Ese desórden é inconstancia repugnan sumamente á la naturaleza de un ser inteligente. ¿Cuándo podrémos arreglar nues- 'tra conducta por el mas perfecto de los modelos, por el Ser infinito, que nos hizo á su semejanza? Busquemos ante todas cosas la: regla ¡primordial > por la cual debe arreglarse el drden de nuestras accio= nes. Hemos visto que la regla fundamen= tal que determina el órden de las plantas, es su utilidad con respecto al hombre yá los auimales. Todo se refiere 4 este fin: Esta misma regla fundamental de utilidad y conveniencia, es la que debemos aplicar al órden de nuestras acciones y con= ducta. Ella es la que debe hacernos abrir la boca cuando queramos hablar, € imponernos silencio cuando convenga callar. Todo lo que hacemos, y todo lo que dejamos de hacer, debe ser ejecutado ú omitido en consecuencia de esta regla. En una palabra, por ella conseguiremos ha-= cer reinar en nuestras palabras y acciones aquel bello órden que admiramos en las obras de la naturaleza. Así como nada hay en el reino vegetal de due no pueda darse razon segur esta regla, tampoco habrá un solo paso en nuestra vida que no pue=
DE DICIEMBRE. 255" da justificarse por el mismo principio. ¡Oh cuán preferible es una vida semejante lena de órden y belleza, á la de esos hom= bres desarreglados cuyas acciones no tie=' nen conexion alguna, ni principio cons= tante! En “efecto, hace tanto esceso 4 ese caos de: acciones, como una buena mues tra, cuyo muelle pone en'movimiento 4 todas las ruedas, escede á un monton de ruedas hacinadas confusamente, entre las cuales cada una tendria su moviento par= ticular, sin que resultase alguno ordena= do de sus movimieutos reunidos. Pongamos pues, caro amigo, el mayor empeñúo en que nuestras acciones se arre= glen á este órden. Verdad es que esto pi= de á los principios mucha reflexion y tra= bajo; pero 4 pocos pasos nada hay mas facil, con la gracia de Dios, que conti= nuarle. Ocúpense en buenhora otros en vanos proyectos; mas por lo que á nosotros toca, este será el único objeto á que referiremos nuestras acciones. Al modo que en un edificio no son solamente los ps res, las columnas y las piedras de sille= ria, las que están colocadas segun las reglas generales de belleza y duracion, asi tambien debemos nosotros arreglar hasta las menores acciones, como las de comer, beber, dormir, «c., segun la regla general del órden. ¿Qué edificio tan admirable no resultaria por último de esta dispo» sicion? ¿Qué tranquilidad no naceria en nosotros á vista de este órden ? :
256: VEINTE Y SIETE ¿En ¡una palabra, amigo mio, ya sabeis cuantas veces hemos Glosofado sobre la analogía ó semejanza de la naturaleza en todas sus obras. Aqui podemos aplicar esta regla de analogía: si hay un órden tan bello en el reino vegetal, es necesario que haya. otro semejante en el reino animal, en. toda la naturaleza, y tambien en el rei no de los espiritus. Un solo Ser es el que todo lo ha hecho. Este Ser estableció una constante regla. Asi pues como en virtud del órden, no todas las plantas. se presentan á un tiempo, ni tienen la misma duracion ni la propia magnitud, debemos figurarnos que sucede lo mismo no solo entre los animales, sino tambien en el reino espiritual. Todos los seres que componen estas clases, no debian ser iguales. Lus unos tienen mas fuerza, inteligencia y destreza que otros. Esto nos conduce de un modo admirableájuzgar del órden del universo con relacion á los diferentes esta dos de los hombres. Ellos no pueden ni deben tener todos igual talento, arte y poder. El órden pone á unos en un grado mas alto, á. otros mas bajo, y á otros en un estado medio, á la manera que sucede en el mundo corporal. Lejos de que pueda censurarse por esto el gobierno del mundo de algun desórden, es por el contrario la prueba mas incontestable del mas bello órden. Cada criatura ocupa precisa= mente el lugar que la conviene. Len misma regla que á uno le ha hecho rey, ha
DE DICIEMBRE. 257 hechó 4 otro vasallo. El desear cualquiera otra disposicion, seria querer chocar con el úrden universal. Asi es como!se-ha de juzgar de las obras del soberano Hacedor de todas las cosas. Debeinos dirigir todos nuestros cuidados 4 descubrir las reglas com que todo lo dispuso; y entonces no veremos mas que órden , belleza y esplendor en todo el uniyerso; y conoceremos la obligación en ue estamos de conformar nuestra con= debia á este mismo plan. VEINTE Y OCHO DE DICIEMBRE. “TERCERA “CONSIDERACION. «Cnalegia entre el alimento del ale ma pel del cuerpo Es pues muy dificil determinar si lo que dirige á los descubrimientos mas impor= tantes, es la consideracion general de la naturaleza, ó el exámen particular de al-- gunas partes separadamente y sin relacion, al todo. Este último método nos manifies= ta en una sola pieza tanto arte, poder y. sabiduria: dis ninguna criatura es capaz de concebirla perfectamente y en toda su estension: La primera nos descubre las re-
260 VEINTE Y OCHO pues por-lo comun solo le convienen ciertas especies. Mas este pormenor no es necesario para mi intento; y asime limitaré ¿la segunda clase de animales, que comprende aquellos que se alimentan del reino vegetal. Aquí podemos notar varias clases ba pues casi cada una gus= ta de determinadas plantas. Algunos animales prefieren la yerba á todo; otros los árboles frutales, y asi de los. demas. May tambien una diferencia notable en tre los animales que se alimentan de una misma planta; porque unos comen la raiz, otros las hojas, otros el tronco, la ma= dera, en una palabra, el cuerpo de la lanta. Hállanse asímismo algunos que so- A apetecen el corazon, ó bien la semilla, ó. en general todo, el fruto de la planta; y los hay tambien que comen de toda ella. El que pudiese examinar enteramen» te un roble yiejo, se admiraria de la mul. titud y variedad de animales que de el sacan su alimento. Veria en él á unos caminar por las hojas sin llegar 4 ellas, para ir, derechos al fruto, al paso que otros le desprecian por cebarse en las hojas; y que pao ejando las hojas y el fruto, se agarran al tronco, óc. Lo propia su= cede en general en todas las plantas, cue yas diferentes partes mantienen á diversas especies de animales. Se pudieran tambien hacer muchas mas subdivisiones para llevar la materia al mayor grado de exactitud; mas como ya he di-
DE DICIEMBRE. 261 cho, esto no conduce al fin que me propongo. lá animales que se mantienen de lo que les td el reino de los fosiles, son por la mayor parte insectos, y es dificl detérminar la especie particular de su alimento, porque cuesta mas descubrir á estos animales que á los demas, Sábese sin embargo que algunos se alimentan de tierra, y otros de piedras; y si reflexionamos que apenas hay animal 6 planta que no sirva de sustento á otros, nos persuadirémos fácilmente que lo mismo sucede con los fosiles (*). No puedo menos de proponer con este motivo algunas ideas, que de otra parte no per= teneceriían aqui. Todo el globo terrestre que habitamos, tiene, á consecuencia de su enlace con el sol, la luna y los planetas, una cierta maguitud y gravedad, es decir, una cantidad de materia proporcionada á la duracion de los años, meses y días, Ó en general á los movimientos de la tierra. Suponiendo pues que el Criador ha dispuesto esta porcion de ma- () Cuando se dice que algunos animales se alimentan de tierra, y otros de piedras, debe entenderse que lo que únicamente hacen, es aprovecharse de los despojos del rei mo vegetal y jugos que pueden coutenor estas aaterias, porque nioguna substancia correspondiente al reiuo miueral, mi el agua, ni el aio atmosférico en su estado de pureza puede servir de sustento. Así es que si la lombriz come tierra, es aquella que está mezclada de despojos de materias vegetales 6 avimales, y que no la dig roja despues de haber estraido de ella las moléculas de los Cuerpos organizados.
268 VEINTE Y OCHO car és la siguiente: Seguid la naturaleza conformandoos con la razon, que es la ue constituye esencialmente la naturapes humana. Seguid la naturaleza : la naturaleza digo, no depravada, sino bien ordenada y conforme ¿da razon. Indaguemos principalmente las disposiciones peculiares que puso en nosotros. El que solo tiene disposiciones naturales para el comercio, ¿podrá prometerse adelantamien= tos aplicándose á las ciencias? ¡Oh! ¡y qué felices serian los hombres si siguiesen su naturaleza! Por el contrario, ¡cuán desgraciados son por se uir una carrera ue les es repugnante! nfelices los hijos á quienes, sus padres obligan á abrazar un énero de vida que su natural rehusa. De aquí dimanan las quejas con que los hombres se lamentan de su desgraciada suerte; y se puede decir que este es propiamente el origen de su perdicion. ¡Magistrados sin talento; médicos sin esperiencia y sin luces; miserables escritores; poetas sin númen ; vosotros seguis vuestra profesion á despecho de la naturaleza! Si os hubiéseis conformado con ella, seriais objetos de admiracion , ó á lo menos no os verlais despreciados. Bea pues nuestro primer cuidado estudiar nuestra capacidad y nuestras fuerzas. Jamas perdamos de vista la necesidad de examinar : Qué es a lo que se estiende nuestro talento, y lo que es superior a él, En una palabra, uno de los primeros
DE DICIEMBRE. - 269 manantiales de nuestra felicidad es conocernos bien á nosotros mismos. VEINTE Y NUEVE DE DICIEMBRE. CUARTA CONSIDERACION, Grandeza del ainverso. Los corpúsculos que descubrimos con el ausilio del microscopio, y los de una pequeñez aun mucho mayor que imaginamos en ellos por un justo raciocinio, son un manantial muy abundante de marayilas, particularmente para aquellos que habian hecho á sus débiles ojos jueces de la grandeza y pequeñez de las cosas cor= porales. Lo propio puede decirse de los grandes cuerpos celestes , y de este mar nifico universo que resulta de esc bello conjunto, cual nos le representa la astronomia. La grandeza de este edificio y de sus deicinlas partes está tan distante de las ideas comunes que nos dan de él nuestros ojos, como la pequeñez de ciertos corpúsculos pidas La primera vez que concebí la verdadera nocion de la magnitud del universo y de los cuerpos celestes , senti nacer en mi alma afectos de admiracion que necesité reprimir de cuando en cuando, para no ser abrumado en algun modo con el peso de esta admira-
270 VEINTE Y NUEVE cion; Si Horacio hubiera tenido alguna idea de la naturaleza, y especialmente del cielo, hubiera puesto límites á su Viki admirari, no admirar nada. Seguramente si hubiese alguno en quien no escitase cierto asombro el exámen profundo del cielo, se le podria considerar como privado de toda sensibilidad. Despues de haber vuelto un poco en mi de la sorpresa en que me dejó sobreco= gido el primer conocimiento del cielo, adyerti suscitarse diversas reflexiones, causadas por la idea de la grandeza del universo. Espero, mi digno amigo, que no os desagradarán , y que participareis con gusto de la admiracion , contento y edifi= cacion que yo mismo he esperimentado. .' Empecemos pues elevando nuestros espiritus sobre esos objetos terrestres que tanto aprecia el vulgo, y que no dejan de admirar aun los mismos reyes. Al punto ercibiremos que todas las obras de los Lorbcek son un puro nada comparadas con las del Criador. Estas nos harán olvidar aquellas , y la admiracion que habian escitado las cosas humanas cesará con la ma-= yor sorpresa al contemplar las obras de Dios. Pero necesitamos desde luego elegir una medida determinada , con que a comparar en lo posible la magnitud Ds los cuerpos celestes; y sea la del semidiámetro de la tierra, que es de mil ciento cuarenta y cuatro leguas, medida de que comunmente se siryen para los espacios celestes.
DE DICIEMBRE. 271 Consideremos primeramente nuestro sistema en que el sol, que ocupa el centro, comunica á otros diez y seis cuerpos la luz, el calor y el movimiento. Estos cuerpos son Mercurio , Vénus, la Tierra con la Luna , Marte, Júpiter con sus cuatro satélites, y Saturno con cinco (*). Desde el centro del sol al de Mercurio, cuando están á su mayor distancia, nay mas de diez mil semidiámetros de la tier= ra; hasta el centro de Vénus mas de diez y seis mil, y hasta el centro de la Tierra mas de yeinte y dos mil. ¡ Asombrosa distancia, que jamas se hubiera creido, si las observaciones astronómicas no la hubiesen dado á conocer ! Mas estos números son demasiado grandes, para que por ellos pueda formarse idea de las distancias emo espresan. Tomemos otra medida que las represente con menos números. Hagamos como Hesiodo, que queriendo describir la altura del cielo y la profundidad del tártaro , dice que una masa de hierro arrojada del cielo tardaria diez dias en llegar á la tierra, y que gastaria el mismo tiempo para bajar desde sun tierra al centro del abismo. En lugar de esta masa supongamos que es tal pa velocidad de una bala de cañon , que corra seiscientos pies en cada pulsacion de la arteria. Esta bala, subsistiendo constante su velocidad , estaria an- *) Ya hemos dicho que actualmente se conocen girar al rededor del sol treinta y seis globos opacos ó planetas, suya enumeración puede verse en el dia 2 de setiembre.
272 VEINTE Y NUEVE dandó veinte y cinco años antes de llegar desde el centro del sol al de la tierra. Esta prodigiosa distancia es tambien muy pequeña, si la comparamos con otras; por= que la misma bala arrojada desde el sol á Marte , emplearia cuarenta años para llegará.el, y para ir hasta Júpiter mas de ciento y cuarenta, y á Saturno mas de ciento y cincuenta. Por inmensos que parezcan estos espacios, no tocan aun a los límites del sistema solar. Se han descubierto en estus últimos tiempos algunos cometas que pertenecen tambien al propio sistema, y están aun mucho mas dis= tantes que Saturno. Tal es la inmensa distancia á que el sol estiende su imperio por todas partes. ¡Pero qué nueyo objeto de admiracion no se me presenta, cuando reflexiono que el Criador dió á la luz tanta ligereza, que lega desde el sol hasta nosotros en ocho minutos y trece segundos! Mas no debemos parar la consideracion en la estension de nuestro sistema solar; es necesario examinar tambien el sitio que la bondad del Criador preparó para domicilio de sus criaturas. De aqui se escitarán en nosotros nuevos motivos de admiracion. Nuestro globo contiene un espacio tan grande que puede alimentar á muchos centenares de millones de hombres. Cuando calculamos la magnitud de todos los planetas, juntamente con sus satélites, sin contar con los cometas cuyo número es
DE DICIEMBRE. 273 muy grande, hallamos que por lo menos contienen un espacio mil doscientas veces mayor que el de toda la tierra. Nadie es capaz de determinar el número de las estrellas. Todos nuestros guarismos són quiza el simple alfabeto de esa larga estension de números, que espresan esta suma. Sin embargo, podemos señalar con alguna certeza la multitud de las estrellas, para despertar en los lectores una admiracion tal, que nada les deje que desear en esta parte. Las mejores observaciones convienen en que hay una distancia incalculable desde nuestro globo hasta las estrellas fijas mas cercanas. Limitándonos á la menor distancia que los astrónomos conciben, seria siempre preciso ue la bala de cañon de que hemos hablapj arrojada desde el sol, conservando igual velocidad, emplease seiscientos mil años para llegar á las estrellas fijas mas inmediatas. Os admirais y con razon; pero aun os asombrareis mas cuando rellexioneis que esa estension incomprensible para el espiritu humano, es muy pequeña en comparacion de todo el espacio del cielo. El célebre astrónomo Halley ha probado que no hay mas que trece estrellas que estén á esta aproximacion del sol. Por esta causa son las que mas brillan á nuestros ojos, y se llaman de primera magnitud, porque la mayor distancia de otras hace que nos parezcan menores que las primeras. Y es necesario eb se hallen tan
274 VIINTE Y NUEVE distantes de las primeras, como estas lo están de nosotros. Las de tercera magnitud deben estar á triplicada distancia, las de la cuarta 4 cuadruplicada, y asi de las demas. No es demasiado suponer que es osible distinguir estrellas de cien magnitudes diferentes. Si se considera solamente la via láctea, se verá que en ella son las estrellas tan pequeñas, y se hallan tan próximas, que la simple vista no puede distinguir unas de otras, Mas no conside= remos sino veinte magnitudes: de aquí se seguirá que el diámetro de todo el universo, en la hipdtesi de haber solo veinte clases de estrellas fijas, es tal que la bala de cañon ya insinuada, necesitaria veinte cuatro millones de años para correrle. EA suponemos que en el momento de la crea. cion, colocado en la época que comun= mente se le asigna, la bala de cañon hu-= biera partido de uno de los polos del universo para llegar al otro, no habria anda= do mas hasta el presente, conservando siempre igual velocidad, que la seismilésima parte de su inmensa carrera. Cuando no hubiese mas, como hemos dicho, que trece estrellas de primera magnitud, se puede concluir siguiendo los mismos prin= cipios, que hay cincuenta y dos de la segunda, ciento diez y siete de la tercera, y asi sucesivamente, lo cual daria un número de cerca de cuarenta mil para las de vigésima o Pero como es cierto que en sola la via láctea hay mas de cua=
DE DICIEMPRE. 275 renta'mil estrellas, resulta que el edificio del universo es incomparablemente mucho mas grande de lo que habiamos suuesto. Y contando cien órdenes de estrelin solo el último órden nos dará un millon y trescientas mil estrellas. Tal esla grandeza inesplicable del universo. Un igual número de soles, de los ue cada uno es mayor que el nuestro, ueron colocados por la Omnipotencia del Criador en esos inmensos espacios. Nadie puede lisonjearse de poder comprender la capacidad del universo, pues escedeá todas nuestras ideas. Mas considerad al mismo tiempo cual debe ser la grandeza de aquel que hizo el universo, y para quien son €sos inmensos cuerpos como otros tantos ligeros átomos. ¡Ah! si la magnitud del universo os confunde, no oseis describir la de su Autor. Las estrellas mismas con toda su magestad son en su presencia, y pueden desaparecer como la yerba de los campos que se marchita , y como la rosa que se abre por la mañana, y se seca por la tarde. Volvamos nuestra atención á la grande: yariedad de objetos que contiene la tierra, y saquemos una consecuencia que se estiende á toda la naturaleza. Hay muchos centenares de minerales, de piedras, de sales , de metales, de fosiles , dotados todos de propiedades maravillosas. Hay muchos miles de plantas, cuya figura y efectos varian al infinito: hay tambien una
276 VEINTE Y NUEVE multitud indecible de animales asi cua= drúpedos como aves , peces, gusanos, insectos, que se hallan tanto en la tier= ra como en el mar. Lo poco que cono= cemos y sabemos en esta po , escita ya en nosotros una grande admiracion; y tal yez se veria alguno tentado á creer que el Criador agotó en la fábrica de nuestro globo todos los tesoros de su poder, sabiduría y bondad. En efecto , ¿cuántos millo= nes de hombres hay de un carácter dife= rente? ¿Cuántas artes y ciencias no se han descubierto? ¿Qué de invenciones mara= villosas, asi antiguas como modernas? Decidme, ¿qué ¡ideas formais al hacer estas reflexiones de la magnificencia de la tier= ra? Ciertamente que es muy pequeña comparada con todo el universo. Traed solo 4 la consideracion esa innumerable multitud de estrellas. ¿Cuál no debe ser la grandeza de la inteligencia que las co= noce todas, con sus respectivas propiedades, que las llama á peda por sunombre; ue descubre hasta los pensamientos mas ocultos de los espiritus celestiales, y á cu= a vista está patente el menor movimien- to y la mas Egera variacion del universo, finalmente, que refiere áun mismo fin esa multitud infinita de operaciones? Aqui podemos esclamar con una entera conviccion: ¡ Oh Dios infinitamente grande, las almas criadas son muy pequeñas para comrender vuestras obras, y vos solo, Ser infinito, vos solo podeis conocerlas!
DE DICIEMBRE. 277 ' ¡ Qué manantial inagotable de satisfaccion no escitan en nosotros los grados de conocimiento sobre la naturaleza , á que podemos llegar en la tierra ! ¡Cuánto mayor será nuestro gozo en la vida eterna, donde llegará 4 su perfeccion este conocimiento! ¡Almas miserables! ¡ qué! ¡querriais perecer con el cuerpo! ¡A la verdad érais acreedoras á que se cumpliesen yuestros deseos! ¿Pero qué es lo que he dicho del conocimiento de la naturaleza, cuando debo aplicarme tanto mas al dela desu Au= tor, en quien la yeremos perfectamente al. gun dia? Ali es donde una duracion sin fin corresponde sola á la contemplación de un Ser infinito, siempre maravillosa, y siempre nueva para nosotros. Mas oe á muestra tierra : cuan= do comparo la grandeza del universo con la pequeñez de muestro globo, y el res= plandor del todo con la débil luz de que guzamos, me avergiienzo verdaderamen= te de las ideas que habia formado hasta ahora de lo pequeño y de lo grande. ¿Qué es todo el fausto de los mayores monarcas? ¿qué es toda la pretendida gloria de los conquistadores? ¿qué es tambien la esten= sion de los mas dilatados imperios, cuan= do doy una ojeada á ese inmenso espacio del firmamento; cuando considero el res= plandor de esa bóveda azulada, y aquel con que brilla á nuestros ojos el astro del dia; cuando contemplo todas las riquezas de la naturaleza, aun en lo poco que ofre»
284 TREINTA servar cierta relacion con los demas? ¿Ni qué pudiera moyernos á viajar por otras regiones, si nada poseyesen mas que lo que las nuestras nos ofrecen por todas partes? Tampoco es esta toda la imperfeccion que resultaria de semejante arreglo. Si todos los lugares de la tierra debieran ser igualmente cálidos, determinese el grado e este calor. ¿Se querrá gue sea como el que reina en la zona tórrida? ¿Mas quién le podria sufrir? Ási como un cuer- o frio cuando se aproxima á otro cálido, Ñ vita parte de su calor, del mismo modo las zonas frias quitan continuamente á los climas ardientes alguna parte de su ardor. Si todas fueran iguales, el calor esparcido por toda la tierra deberia ser mucho mayor qe lo es actualmente en la zona tórrida. Nada pudiera subsistir: hombres, animales y plantas, todo se aniquilaría. Poned, si quereis, las cosas bajo otro pie: haya en buen hora por toda 1 tierra un grado igual de calor templado, al que todas las criaturas puedan acomodarse. Entonces la elevacion y rarefaccion del aire serian iguales por todas partes. Nuestra tierra perdería con esto una de las principales causas que producen los vientos. ¿Seria acaso osible describir todo el perjuicio que de esto resultaria? En el da se sabe, por esperimentos incontestables, que el aire, este gran principio de doude depende la
DE DICIEMBRE» 285 conservacion de la vida de los hombres y animales, es al mismo tiempo para ellos el veneno mas activo, cuando no se ha= la continuamente agitado y renovado por el viento. Así esta igualdad constante de calor po£ toda la tierra causaria nuestra total suina. Ademas, se sabe cuán útiles son los vientos para otra infinidad de usos de que carecerlamos, en fuerza de semejante disposicion. La tierra no fuera pues un paraiso, como lo parece ahora 4 causa de esas va= riaciones, sino mas bien una soledad y un deplorable caos. Estas reflexiones de= ben habernos convencido ya, de que hay en la naturaleza muchas cosas, que aunque parecen irregulares y nocivas al hombre, sin embargo son de un uso infinito, y acre. ditan una soberana sabiduría en su Autor. Lo mismo sucede con la desigualdad de la superficie de nuestro globo, Representaos una tierra toda uniforme. vie dad es que hallarias en ella una figura regular, una vista libre y dilatada, cami= nos cómodos, y otras ventajas semejan= tes; pero al propio tiempo careceriais de todos los frutos que nos proporcionan las montañas. Tantas especies 2 piedras y de metales, tantos rios, fuentes y lagos que hermosean nuestro suelo, desaparecerlan. El mar mismo se convertiria en una inficionada laguna. Nos faltarian gran «parte de las mas Bellas y mas útiles plantas, y muchas especies de animales, que
286 TREINTA solo! viven en los mas altos montes. Pues es incontestable que todas estas cosas solo se pueden alimentar y conservar en las montañas; y seria facil probarlo de cada una de ellas en particular, si el plan que me he propuesto lo permitiese. but erad ahora cuán miserable y salvage seria la vida del hombre, con que solamente estuviese privado de los metales que se crian en las entrañas de los montes. Aun esas nieves, y esos hielos eternos, que cubren por muchas ip la cumbre, proporcionan una utilidad bien sensible, conservando la continua corriente de los rios. En efecto, muchos de los principales rios de Europa traen su origen de semejantes montañas. Si en lugar de la nieye que cae en ellas, supusiéscis que recibiesen en Huyias igual cantidad de agua de una vez, se seguiria necesariamente que derramándose esta agua por los campos, los inundaran todos. Dor el contrario, en estio durante las mayores sequías, se se= carían los manantiales de estos rios. Todo esto está precavido mediante el arreglo actual. Por abundante que sea la nieye que cae de una vez sobre los montes, no pue= de acarrear inconveniente alguno; y la cantidad de nieve y hielo, que poco á poco se derrite en las grandes sequedades, basta para la conservacion de los manantiales. Estas nieves pues remedian igualmente la demasiada abundancia y escasez de agua. Otras mil irepulandades aparentes del
DE DICIEMBRE. 287 universo, están en el propio caso que estas de que acabamos de hablar. No me lisonjeo de reducirlas todas á la idea del órden; esto pediria, como ya he dicho, un perfecto conocimiento de la naturaleza, que solo posee su adorable Autor. Pero tenemos bastantes prtebas para concluir por induccion de las partes al todo. Asi que, nadie tenga la osadía de censurar el órden de la naturaleza, y de manifestar en esta parte su ignorancia 0 im-= piedad; porque en los parages en que erea encontrar las mayores pruebas de algun desórden, alli mismo un talento su= erior hallará una perfecta sabiduria. uanto mas sondeamos los caminos se= cretos de la naturaleza, y mas estudia» mos sus reglas fundamentales, reconoce= mos mejor su perfeccion, y tenemos ma-= yor motivo para admirar la suprema inteligencia y bondad infinita de su Autor omnipotente ; y muchas mas razones pa= ra justificar los divinos atributos contra las locas acusaciones del impio. ¡Ah! ¡es posible que haya tantos mortales , que consagren todo su ingenio y penetracion en sacar á luz su locura y malicia, en cegarse voluntariamente á sí y á otros; y que nunca se sirvan de su talento para penetrar en los misterios de la naturaleza! ES esto se yerificase, la incredulidad sería incontrastablemente destruida por aquellos mismos que ahora la sostienen con el mayor esfuerzo»
288 TREINTA Conformémonos pues con la disposicion y órden del universo. Guardémonos de censurar el gobierno del mas grande y mejor de todos los seres, al paso que tenemos sobrados motivos para adorar la infinita sabiduria que tanto hace brillar. Jamas consideremos el bien ó el mal con respecto á esta 0 aquella persona; sino con relacion al todo. El mundo no fue formado para nosotros solos, mi tenemos derecho para pretender que todo suce= da únicamente segun nuestro gusto. El mundo solo es perfecto considerado como un todo. El supremo Hacedor no se pego solamente la perfeccion particu- ar de algunas de sus obras, sino la del universo entero; y esta es la razon por qué hizo 4 cada individuo tan perfecto, $4 lo menos tan susceptible de perfeccion, como debe serlo conforme á este designio. Busquemos pues nuestra felicidad en la perfeccion del todo, y adoremos con los mas justos sentimientos de admiracion y respeto á ese soberano Dios, que todo lo ha arreglado de un modo tan maravilloso como sabio.
DE DICIEMBRE. 289 TREINTA Y UNO DE DICIEMBRE. SESTA CONSIDERACION. Misterios de la maluraleza. Muchos hombres célebres de nuestro silo han dado una descripcion tan exacta de las obras de la naturaleza, que su examen conduce necesariamente á concluir, ue fueron hechas con un arte y sabiduría dignas de toda nuestra admiracion; porque todo está dispuesto de modo que nada hay que no se dirija por el mejor y mas corto camino al objeto para que fue destinado. Feliz trabajo el que nos cuesta el estudio de la naturaleza, puesto que una profunda investigacion de sus arca= nos nos dá márgen para formar la mas alta idea de la ebro del Ser supremo. En efecto, cuando examinamos cosas que son efectivamente incomprensibles, nos vemos obligados á confesar la sublimidad de la sabiduría que las ha dispues- to. Pero hay en la naturaleza cosas que no solamente esceden al entendimiento humano, sino que aun parecen contra= dictorias al endo de razon que poseen los hombres actualmente; de suerte que no solo nadie se halla en disposicion de creerlas, sino que todos las eri vi. 13
290 TREINTA Y UNO como imposibles, si una esperiencia incontestable no acreditase su realidad. Es. tas cosas pueden llamarse justamente misterios de la naturaleza; y respecto á que su meditacion nos es muy útil, consagre= mos á ella algunos momentos. N May dos especies diferentes: de: miste= rios de la naturaleza. La primera comrende aquellas cosas, que si bien yemos distintamente sus operaciones, ignoramos el modo con que se ejecutan, en términos que las mirariamos como imposibles y contradictorias á nuestras ideas, si su existencia no estuviese apoyada en el testimonio de la esperiencia. La segunda contiene los seres cuya estructura descubrimos bien, mas su objeto parece en todo, ó al menos en parte, contrario á la razon. Pondremos ejemplos de una y otra especie. Algunos sábios naturalistas han descubierto, de poco tiempo á esta parte, en ciertos animales propiedades que perlenecen con justo título á la primer especie de misterios de la naturaleza; porque son tan opuestas 4 nuestras ideas, que parece re= pugnan enteramente A la razon, y que ninguno las creería, á no estar confirma= das por una multitud de esperimentos incontestables. Es facil comprender que hablo de los pólipos, especie de gusanillos acuáticos. Éste maravilloso animal nos ofrece una singularidad, que al parecer está en contradiccion con todas las ideas de la razon humana. En él yemos un he-
DE DICIEMBRE. 291 cho que hubiera sido capaz de hacer pa= sar por visionario d por loco, y que cubriria de un oprobio eterno á todo el que lo hubiese afirmado , sin poderlo justificar con pruebas auténticas. Dato insecto, que debe servir de leccion á todos los flósolos, puede dividirse en innumerables partes, tanto segun su longitud cómo su latitud; de modo que no solo cadauna de ellas conserva la vida , sino que en poco tiem= po se convierte en un animal tan perfecto, como lo era el que se dividió en partes. Si se le corta en dos mitades por medio del vientre”, la parte 20 correspondia al vientre se transforma al punto en cabeza. Si se le parte 4lo largo, Vividiendo por la mitad la cabeza, el vientre y la cola; ca= da una de estas mitades se convierte prontamente en un todo. Misterio á la verdad, que combate todas nuestras nociones, y que ningun hombre podrá esplicar con bastante exactitud y precision sin. riesgo de engañarse. Asi que , es previso colo= carle en la primera de las especies que hemos insinuado. : Para hallar un misterio de la segunda clase, supongamos que un ser dotado de inteligencia igual á la del hombre se pre= senta de improviso en nuestro globo, y examina alentamente el estado actual de las cosas. Supongamos tambien que esta inteligencia sondea á fondo este maravilloso edificio, esta disposicion, este órden y esta estructura de tanto primor en las plan-
292; TREINTA Y UNO tas yen los animales, con el fin de adquirir un conocimiento perfecto de las innumerables máquinas ht que se componen los cuerpos organizados. Esta inteligencia se llenaria sin duda de admiracion FAR vista del inmenso artificio y de la infinita sabiduría del supremo Hacedor. ¿Pero qué creeis que pensaria si alguno la dijese que estas máquinas tan artificiosas solo han sido hechas para poco tiempo, despues del cual se convertirán en e yo? que seria si se la añadiese que el Autor de estas admirables obras las destruye muchas veces antes que acaben de salir de su mano, y sin que ningun hombre las haya visto ? Esa inteligencia ¿podría creer que los hombres y animales mueren, y que la mayor parte de las plantas se secan en poco tiem= po? ¿Que unas maine? tan maravillosas como la del ojo y del oido, cuyo mecanismo escede á nuestra capacidad , solo som hechas para un corto tiempo? No por cier- to; ella aseguraria á primera vista, y al arecer no sin fundamento, que esto es incomprensible, y que repugna á la razon emplear tan grande arte en cosas tan pasageras, y en fin, que esas hermosas obras merecerian ser de una duracion eterna. Cuanto mas nos engolfamos en el estudio de la naturaleza, tantas mas cosas hallamos que parecen igualmente incrcibles. Recurramos de nuevo á la inteligencia que hemos introducido en este mundo; y despues de haberla hecho admirar
DE DICIEMBRE: 293 bastante la pompa que la naturaleza ostenta en los campos, levémosla á las riberas del mar. Digámosla que ese inmenso reseryatorio de aguas contiene otras tantas pruebas de la magnificencia de la naturaleza, como acaba a ver sobre la tierra; que alli se halla tambien un reino muy brillante de plantas, animales y otros cuerpos; que allí'se encuentra una innumerable multitud de máquinas, cuyo artificio bien examinado abisma al entendimiento humano; y que la mayor parte de estas hermosas obras están como sepultadas en el fondo del mar, donde se pudren sin que nadie llegue á conocerlas. Esta inteligencia estrangera ¿no graduaria tales relaciones por una pura ficcion? ¿Y se la podrian hacer probables sin recurrir á la esperiencia? Esto la e á primera vista tan poco verosímil, como que el centro de la tierra oculta un tesoro y maravillas llenas de arte y sabiduria. En efecto, lo uno no parece menos ageno de nuestras primeras ideas que lo otro. Hay pues en la naturaleza muchas cosas que , por falta de nociones suficientes, parecerian no estar acordes con las luces de la razon. Podríamos hallar en el gobierno del mundo misterios semejantes á los de las obras de la naturaleza. Por ejemplo, ¿por qué unos no gozan de las mismas ventajas que otros? ¿Por qué ciertos pueblos , despues de haber caido en un estado medio salyage tardan mas que otros en ciyilizarse
(300 ) yor en el mundo que la de los maler? ¡IIA AAA LIBRO IX Y ÚLTIMO. 142 Dios, 6 el Autor de la naturaleza. Existencia de Dios... .... + Grandeza de Dios. ........ Grandeza de Dios hasta en las co. sas mas pequeñas. ....... La presencia de Dios en todas partes ROSE AA: os Sabidúria de Dios en el enlace que tienen entre sí todas las partes de lammaturáaleza. ooo. Sabiduria, bondad y poder de Dios en las obras de la creacion. . . Magnificencia de Dios en sus obras. Gobierno de Dios. ..... «+ 1 Gobierno de Dios respecto de los su= cesos naturales... . 1 Cuidados generales de Dios para COn Sus CPÍALUTAS. o... Cuidados de la Providencia para con los individuos... .. ñ Cuidados paternales de la Proyi= dencia para la conservacion de nuestra vida en todas las partes del mundo ........ +. Ignorancia en que estamos de nuestra suerte venidera. y... . +. Sucesos fortuitos. o. mos. .s* Motivos de una alegre confianza en 159
EI O AS 206 Grato reconocimiento de los bene= ficios de Dios, y accion de gracias por el cuidado que tiene de SUS CPÍALUTAS. «o. A) Elevacion del alma a Dios. .... 213 Idea de la felicidad del hombre en labrada AE Leal Precio de la revelacion. . . ... . 222 ENSAYOS DE FÍSICA aplicados á la moral. Escala de los seres criados... . 234 Orden de la naturaleza... . +... 245 _Analogía entre el alimento del al-= may el del cuerpo. o ..mmmocos 257 Grandeza del universo... . . . 269 Exámen de algunos desordenes aparentes sobre la tierra. . . . . 279 Misterios de la naturaleza. . . , +. 299
(304) REINO VEGETAL. Las diversiones del campo: número prodigioso delas plantas... .« Partes esteriores de las plantas. .. + Partes interiores de las plantas, y su acrecentamiento. +0... deals Germinación de las semillas. ..... Sementera natural de las semillas, y estremada pequeñez de su gérmen. Ipropagacion de dh plantas por las se- RA A 1 Fecundación de las plantas... +. Propagacion de las plantas por renuevos, estacas y enjertos. . .... Frutas silvestres: el trabajo del hombre las convierte en alimentos pa- Nutricion de las plantas: circulacion dejda sa viaiE.: de LEAR e e Hojas de los árboles. . . ........ Formacion de los vegetales. ..... . Las flores; su multitud y diversidad. 205 Belleza de las flores; órden en su ENCO seiadrtañií «Deia a Variedad de matices que se obser= van en las flores. ......... 216 Olor de las flores. +... .... . . 220 Reflexiones morales á vista de un jar= La huerta, verduras y legumbres. El vergel; reflexiones morales sobre los botones de tas flores. . + «232 237
(305) Reflexiones sobre las flores de los ár= “holes y de los vergeles. ....... 241 Reflexiones sobre las frutas de los E AA O] Conveniencia de las frutas con los climas: las guindas. . +... +. 250 Los campos: las semillas de inyierno. 254 Observaciones sobre la vegetacion DEl tTIRO RIA Sr IE E 259 Utilidad del pan... 00. 264 Reflexiones morales 4 la vista de un campo de trigo... ... 270 Dala. ENE AAA 276 El vino. A IICA 280 Contemplacion de una pradera... 285 Belleza y utilidad de las praderas. . 290 Los bosques y lasselvas. 0. ..... 297 Diversidad e los árboles Usos y utilidad de la madera. . . . 309 TOMO IL Utilidad de los bosques... .. .. 1 Recreo que ocasiona el cultivo de los campos y de los jardines. .... 9 Ventajas de la soledad... .... +. 13 Gaida delas hojas. 149 Vegetales que conservan su verdor en invierno: plantas de esta estacion, 25 Plantas estrangeras naturalizadas en nuestros climas... 2... ... 29 Algunas de las principales plantas Aa IE AA A LD 33 Relaciones de las plantas con las ne=
(306 ) césidades del hombre, y principalmente con su alimento... .. Diversidad de las plantas. ++... Fecundidad de las plantas. +... .-. Actividad continua de la naturaleza en el reino vegetal... ...- REINO: ANIMAL. Los «animales. 2 A Los zoóphitos, ó animales plantas. . Reflexiones sobre las reproducciones de los animales... . + 6 Animales microscópicos, d de las in- FUSIONES. tres dia MIE ae Los insectos: estructura de sus miem- Origen de los insectos, y su transformacion A Las orugas... Metamorfosis de las orugas. - +. ++ Belleza y diversidad de las mariposas. Instinto de la mariposa con respecto á la propagacion de su especie. +. . El gusano de seda... .- “Consideraciones sobre la transformacion de los insectos. +... . . +. Dos pulgones... ooo... Sociedades de insectos que tienen 102 109 114 120 125 130 134 138 144
(307 ) ne principal objeto la educacion e sus hijos: las hormigas. +... La hormiga leon... .. ui Las abejas: estructura de sus panales. Trabajos é instrumentos de lasabejas: Armonia y patriotismo que reina en- 161 166 173 tremlaspabeja tomb 182 Insectos parasitos... ...... 188 Moscas efimeras, ......... y194 Reflexiones sobre los insectos. . . + 202 Los mariscos d testáceos. +... .... 209 Los crustáceos: el cangrejo: bernardo el ermitaño... ..+.... 214 Los peces: su estructura. +... ... 219 Número de los peces: sus procedi- A dd: AO ANA 2 Utilidades que los hombres sacan de os peces: peces de paso, el baca= Mao, los arenques. .....-... 230 Los anfibios y los reptiles. . . ... . 237 Las aves: su estructura esterior. . . 244 Estructura interior de las aves. . . . 250 Postura de las aves: el pollo en el A E cido 255 Nidos de las aves: -.... +... . 260 Cuidados de las aves paracon sus hijos. 267 Aves de rapiña... .... 0. 272 Ayes (acuáticas. RO 278 Aves de los campos: el pájaro mosta, elicoMbi dm y A Aves dotadas de cauto: el ruiseñor. + Elcanario. 000 PIAR E Ayes de paso: sus emigraciones. + Reflexiones sobre las transmigracio= 283 288 294 297
(308 ) mes delas 'aves.. ...: 305 Industria de las ayes. ....... 309 Tránsito de las aves álos cuadrúpedos. 315 Los cuadrúpedos: cuidados que tienen de sus hijuelos. ..... OREA ZO Amor de los cuadrúpedos para con sus hijuelos; y natural de los animales. 326 Animales domésticos: los rebaños. . 330 BE perro A ed, Lo +. 335 PLA A ad RRA 345 TOMO IIL Las bestias de carga 1 Bestias de carga de otros climas. . . 6 EN let O iz 11 Los animales E los ciervos, o y corzos, habitantes de las O Ea al] Los animales de los campos: la lie- Dre COnCjO di ati ger 23 La marmota, y otros animales que es- : y Sn tán entorpecidos en el invierno. . 28 Reflexiones sobre la causa del entorpecimiento de ciertos animales durante el invierno. ........ 32 Edificios de los castores. . . . ... 36 Los animales carniceros: el lobo, la o DIO TGI 43 Animales carniceros de otras regioines el IA IRA O OD 48 El tigre, la pantera, la onza y el leo- ES A O 54 Los monos, el orang-utang. . .- . 60
( 309 ) Relaciones y diferencias de los animales entre Sl... ......... 0. Sabiduria que se advierte en la estructura del cuerpo de losanimales. Sentidos de los animales ... ++. ++ Ojos de los animales... ...... Estension de la yista en las aves. + + Vestidos de los animales. . . . ». - + Propagacion de los animales. . .... La sensacion distingue principalmente á los animales de los seres infe- TIOTeS- E Aa os Diversas cosas notables en los anima- (AAA AAA Como la Providencia proveyó de sustento á losanimales. . ... «¿+ Proporcion de los alimentos con las necesidades y facultades de los ani- A e dio Bet, slo RS a Sagacidad de los animales para buscar su subsistencia en el invierno. + Estado de algunos animales en el in= VICIO a rie dad có Grandeza y número de las criaturas “sobre la tierra... .... +. fe Multitud de los animales. . ... +. + Guerra que se hacen entre si los ani- A » Abuso que se hace de los animales. Daños que causan los animales. . - - Lenguage de los animales... -. + Ventajas corporales que tienen los animales sobre nosotros. +... + Conformidad entre las plantas y los
aimed ia DAA Relaciones de los brutos con los elementos y las plantas... .... 160 Utilidad de las plantas y de los ani- - males venenosos... o... 165 Reflexiones sobre el reino animal. . 169 vos motivos de glorificar 4 Dios. . 173 Todo en la naturaleza se dirige al bien de los hombres... . 176 y LIBRO IIL El hombre. Del cuerpo humano con relacion 4 sus partes esteriores.......0. 182 Del rostro humano... ... 101:187 ciones del rostro: los cabellos... 191 Variedades en la estatura de los hombres: los patagones y lapones. . . 196 Posicion. ventajosa y cómoda de las artes del cuerpo humano. ... . 203 Afectos de gratitud al yer nuestros NUSTULOS Fi iddnó bed ksa 204 4208 Bosquejo del cuerpo humano respec- , Lo á sus partes interiores. +... 212 Organos de la digestion. . .... . 218 Digestion de los alimentos... .. 22 Modo con que se hace la digestion. . 227 Estructura del corazon... ... 50239 Circulacion de la sangre... . 0.235 Las secreciones, y principalmente la della lit e. .210
La respiración... ..... ++. sn 244 Maravillas de la voz humana. . + +. 248 El cerebro , los nervios y músculos. 253 Los sentidos en general, y el tacto en particular. +... .... .... 258 El gusto. o 263 Elolfato dido dia estos . . 268 Maravillosa estructura del oido... 271 El ojodós mé a erotica rie ee 276 Maravillas de la vision»... - +. 281 Utilidad de nuestros sentidos. - - +. 287 TOMO 1V. Relaciones que se hallan entre nuestros sentidos, y los objetos de la naturalezas: cui iio is aro Ma 1 Los huesos y su armazon. AER La piel que cubre todo. el cuerpo, algunas de sus funciones. . +. 15 Fórmacion del feto en el útero ma-= EA AGAN ES 21 Obligacion que tienen las madres de criar á sus hijos. +... . + 25 La infancia, la pubertad y la edad A AR 36 Cuidados que tiene Dios de los hombres dlesté su nacimiento... +. - 41 Necesidades de los hombres. + + .- 47 Necesidad del descanso de la noche. 52 Elistieño.. ¿2170 AA ja 55 Vosisueños. 20. e As) Taicanias rip SO Jada 63 Rapidez con que se pasa la yida hu-
las maravillas que nos ha ofrecido la contemplacion del cielo... ... 58 LIBRO VIIL 1 Consideraciones sobre las obras de la naturaleza en general, Convite para contemplar á Dios en las obras de la naturaleza. . .... 62 | Perfeccion de las obras de Dios. . . 66 Orden y regularidad del curso de la hatiralezada: slegors goan ys ! Nada hay nueyo debajo del sol. . . 74 | Uniformidad ydiversidad en las obras de la naturaleza. . . . .. . 77 Revoluciones que se observan constantemente en la naturaleza. . . . 80 Todo se hace por grados en la natucalorias la rs al! 83 Relaciones que hay entre todos los seres. Ds A 087 Idea de los contrastes y armonias de la naturaleza... .. art. 96 : Misterios de la naturaleza... - ++ 102 Imperfeccion del conocimiento que tenemos de la naturaleza. ... + 106 Muchos efectos en la naturaleza no tienen sino una misma causa. . . 110 Liberalidad de la naturaleza para con Tos hombresiaro: tac 114 Liberalidad de la naturaleza para con losanimales. . -... .-. ; 42 Maravillas que obra Dios idos los diaihs dal nl bsda0!
319 Instabilidad de las ¡04 terrenas.. 124 Nada perece en la naturaleza. . . - 127 Diferencia entre las obras de la naturaleza y las del arte... .... 130 Variedad de placeres que se hallan en la A or melo E, 134 Medios de felicidad que ofrece Dios al HombBrdiaox. aducir ia acia dy e La suma de los bienes es mucho mayor en el mundo que la de los A A O ANO 142 LIBRO IX Y ÚLTIMO. Dios , 6 el Autor de la naturaleza. Existencia de Dios... +... . ++ 145 Grandeza de Dios. +... .... + 155 Grandeza de Dios hasta en las cosas MAS PEQUEÑAS. o 15 La presencia de Dios en todas par- E IRE ale o ia Ne 164 Sabiduria de Dios en el enlace que tienen entre si todas las partes de la naturaleza. +... +... +. 167 Sabiduría , bondad y poder de Dios en las obras de la creacion. + + + 172 Magnificencia de Dios en sus obras. 176 Gobierno de Dios... +... .. + 179 Gobierno de Dios respecto de los sucesos maturales. ....... +» 182 Cuidados generales de Dios para con Sus ¡Cridturas: 0... .... rios 185 Cuidados de la Providencia para con los individuos... .-... +. . + 188
(320 ) Cuidados paternales de la Providencia para la conservacion de nuestra vida en todas las partes del ¿re O AM EE Ignorancia en que estamos de nuestra suerte venidera. ....... Sucesos fortuitos. .. .....-.. Motivos de una alegre confianza en (Ente O AA Grato reconocimiento de los beneficios de Dios, y accion de gracias por el cuidado que tiene de sus A A A Eleyacion del alma á Dios... ..... Idea de la felicidad del hombre en IA UE da a e h Precio de la rerclacion...... +... 210 213 215 299 “usd ENSAYOS DE FÍSICA aplicados á la moral. Escala de los seres criados. . + . +. ..234 Orden de la naturaleza. .....-. 245 Analogía entre el alimento del alma y cldel cuerpo... .....-. 257 Grandeza del universo. +... +... 269 Exámen de algunos desórdenes aparentes sobre la tierra... +. -- 279 Misterios de la naturaleza. - - - --+ 299 4 |
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