Los determinantes culturales de la percepción social del riesgo
Abstract
Las sociedades contemporáneas son paradójicas dado que son cada vez menos peligrosas pero más arriesgadas. La proliferación de la noción de riesgo se refiere tanto a las grandes amenazas planetarias (destrucción de la capa de ozono, efecto invernadero, etc.) como a los comportamientos individuales que forman parte de la vida cotidiana (tabaquismo, conducción en automóvil, etc.). Los riesgos ecológicos o tecnológicos revelan la distancia que separa los expertos y los ciudadanos, y suscitan nuevas exigencias democráticas, mientras que los riesgos individuales modifican nuestra manera de concebir nuestras relaciones con los demás. En este sentido, este artículo analiza los determinantes de la percepción social del riesgo.
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LOS DETERMINANTES CULTURALES DE LA PERCEPCIÓN SOCIAL DEL RIESGO CULTURAL FEATURES DETERMINING THE SOCIAL PERCEPTION OF RISK EGUZKI URTEAGA Universidad del País Vasco [email protected] RECIBIDO: 9/01/2012 ACEPTADO: 23/03/2012 Resumen: Las sociedades contemporáneas son paradójicas dado que son cada vez menos peligrosas pero más arriesgadas. La proliferación de la noción de riesgo se refiere tanto a las grandes amenazas planetarias (destrucción de la capa de ozono, efecto invernadero, etc.) como a los comportamientos individuales que forman parte de la vida cotidiana (tabaquismo, conducción en automóvil, etc.). Los riesgos ecológicos o tecnológicos revelan la distancia que separa los expertos y los ciudadanos, y suscitan nuevas exigencias democráticas, mientras que los riesgos individuales modifican nuestra manera de concebir nuestras relaciones con los demás. En este sentido, este artículo analiza los determinantes de la percepción social del riesgo. Palabras clave: riesgo, cultura, percepción social, identidad. Abstract: The contemporary societies are paradoxical because they are less dangerous but more risked. The proliferation of the notion of risk refers to the big planetary threats (destruction of the ozone cap, etc.) as to the individual behaviours that form a part of the daily life (smoking, driving, etc.). The ecological or technological risks reveal the distance that separates the experts and the citizens, and provoke new democratic requirements, whereas the individual risks modify the way of conceiving our relations with the others. In this sense, this article analyzes the determinants of the social perception of risk. Key words: risk, culture, social perception, identity. Introducción La diversidad de los puntos de vista relativos a un riesgo determinado no depende solamente del nivel de competencia técnica de cada individuo y no se limita, por lo tanto, a una oposición entre experto y ciudadano ordinario. Las opiniones y las actitudes hacia el riesgo dependen también de los valores en los que creemos y de la cultura a la que adherimos. Este “sesgo cultural” hace a menudo inoperantes los argumentos científicos, porque sitúa el debate en otro nivel. Por ejemplo, el razonamiento de la apuesta de Pascal demuestra al libertino que tiene interés en creer en Dios, pero no consigue suscitar la fe. Asimismo, los Argumentos de Razón Técnica, nº 15, 2012, pp. 39-53
EGUZKU URTEAGA 40 expertos de la Comisaría a la Energía Atómica (CEA) disponen de todo un arsenal retórico para demostrar la seguridad del parque nuclear francés, pero estos argumentos no convencen a un militante ecologista que considera simplemente que el ser humano no tiene derecho a jugar con la naturaleza. Asimismo, si los estudios médicos y epidemiológicos sugieren que el cannabis es menos adictivo que el alcohol y el tabaco, y que no conlleva en la mayoría de los casos el consumo de productos más peligrosos, estos resultados no tranquilizan a los que se adhieren a una ética que condena cualquier sustancia cuya absorción altera el self control y procura un “placer artificial”, es decir una exaltación sin esfuerzo. Esquemáticamente, ese “sesgo cultural” puede ser abordado desde dos puntos de vista. Por una parte, nuestra cultura nos proporciona un marco de percepción específico, que determina la manera según la cual aprehendemos el mundo que nos rodea, del que interpretamos las informaciones que nos llegan, y, por lo tanto, la manera según la cual valoramos un riesgo. Por otra parte, nuestros valores dan sentido a los riesgos que nos rodean, de forma que a cada cultura correspondan unos “buenos” riesgos que conviene cubrir y unos “malos” riesgos que es preciso evitar. Concepciones múltiples Antes de estudiar el sesgo cultural propiamente dicho, es útil presentar los tipos culturales en función de los cuales las percepciones del riesgo pueden variar, sabiendo que si estos tipos son útiles para ilustrar ese sesgo, no resumen la diversidad de los análisis culturalistas del riesgo. Los cuatro tipos culturales de Douglas Mary Douglas pone el énfasis en dos dimensiones fundamentales de cualquier organización social: el nivel de estructuración interna de un grupo (más o menos jerarquizado) y su delimitación con respecto al resto de la sociedad (frontera más o menos marcada). Cruzando estas dos dimensiones, distingue cuatro tipos ideales organizacionales: - La estructura jerárquica, cuyo arquetipo es la burocracia, caracterizada por una frontera marcada entre grupos sociales y, en el seno del grupo, por las relaciones jerarquizadas y una diferenciación de los estatus y de los roles. Constituye habitualmente el núcleo duro de cualquier sociedad. Argumentos de Razón Técnica, nº 15, 2012, pp. 39-53
LOS DETERMINANTES CULTURALES DE LA PERCEPCIÓN SOCIAL DEL RIESGO 41 - El individualismo corresponde a una organización poco estructurada cuyas fronteras están poco marcadas. Por ejemplo, en un mercado, en situación de competencia perfecta, los empresarios forman un colectivo no estructurado, sin jerarquía (no están vinculados por unas relaciones de subordinación) ni frontera (la entrada en el mercado es libre). - El sectarismo igualitario alude a unos pequeños grupos cerrados, aislados del resto de la sociedad, que instauran entre sus miembros unas relaciones igualitarias. Puede tratarse de sectas religiosas, de movimientos ecologistas o de organizaciones sindicales (Douglas y Wildavsky, 1982; Douglas, 1992). - El aislamiento define una situación en la cual unos individuos padecen una situación de subordinación muy marcada hacia el resto de la sociedad, sin ser capaces de organizarse, ni de desarrollar un sentimiento identitario que podría contribuir a fijar la frontera que los separa. Esta situación corresponde a los pequeños campesinos tal como los define Karl Marx y a los excluidos de las sociedades contemporáneas. Esta tipología puede adaptarse a un gran número de situaciones, se trate de una sociedad en su conjunto o de los actores de un conflicto particular. Por ejemplo, en el caso de una controversia suscitada por la instalación de una antena relevo de telefonía móvil en un suburbio desfavorecido: el Estado y sus instancias locales (la burocracia), los operadores de telefonía (los empresarios), las asociaciones de vecinos (los enclaves igualitarios) y la mayoría de los suburbios expuestos, a menudo aislados y poco movilizables (los excluidos). Según Douglas, estos tipos organizacionales son también culturales: cada uno define unas modalidades particulares de vida en sociedad y por lo tanto una cultura específica, caracterizada por el vínculo a ciertos valores. La estructura jerárquica está asociada al orden, al respeto de las reglas de urbanidad y a las tradiciones. El individualismo valoriza el espíritu emprendedor, la libre competencia y el éxito individual. El tipo sectario está muy vinculado a la igualdad y desconfía de los dos primeros tipos que sospecha de colusión, sabiendo que esta desconfianza nutre el sentimiento identitario de sus miembros. En cuanto al excluido, se define de manera negativa por unos valores mal determinados, poco estructurados, así como por un cierto fatalismo ante su situación. Argumentos de Razón Técnica, nº 15, 2012, pp. 39-53
EGUZKU URTEAGA 42 Concepción del saber En la estructura jerárquica, los miembros respetan el saber científico institucional poseído y producido por los sabios legitimados por las autoridades. Conciben este saber como el resultado complejo de un largo y paciente trabajo colectivo de acumulación Se fiarán de las opiniones expresadas por los expertos instaurados y tendrán cierta tendencia a conformarse a las recomendaciones oficiales frente a la pandemia gripal. Por el contrario, desconfiarán de las conclusiones del epidemiólogo Jean-François Viel (que, en 1997, encontraba una proporción anormalmente elevada de leucemias cerca de la fábrica de tratamiento de los residuos nucleares de La Hague), porque aparece como un “franco-tirador”, dado que su estudio ha sido contradicho por unos informes oficiales redactados por la Oficina de protección contra los rayos ionizantes (OPRI). Asimismo, durante la primera crisis de las vacas locas, no se fiaron en las declaraciones del microbiólogo Richard Lacey (que preveía hasta 500.000 víctimas humanas anuales), porque ocupaba una posición marginal en el seno de la comunidad científica y que contradice los expertos oficiales. El tipo sectario se define, al contrario, por su desconfianza hacia el saber validado por la estructura jerárquica. Además, tiene cierta tendencia a movilizar sus propias fuentes de saber, que no deben depender de las autoridades. Así, para medir la radioactividad alrededor de La Hague, la organización ecologista Greenpeace moviliza sus propios expertos, porque no se fía de los de la Compañía general de las materias nucleares (Cogema). Desde ese punto de vista, la relativa marginalidad de Viel y Lacey en el seno de la comunidad científica es la marca de su independencia. Además, ese tipo considera que el saber no es necesariamente complejo, colectivo y lento: un individuo solo puede adquirirlo y hacer unos descubrimientos rápidamente. Su concepción del saber coincide así con su concepción del poder: la autoridad científica o política de un individuo es de origen carismática y se fundamenta en el talento personal, más que en su posición jerárquica o sus títulos académicos. Ese tipo adopta más fácilmente unos conocimientos que la estructura jerárquica considera como poco creíbles o no serias (como las medicinas alternativas), porque producidas fuera de la esfera científica oficial. Así, Mary Douglas y Marcel Calvez (1990) se refieren a ciertas comunidades homosexuales de California que, durante los años 1980, pensaban que una alimentación sana y macrobiótica protegía del virus del SIDA. Asimismo, este tipo tendrá cierta tendencia a desconfiar de la vacuna contra la gripe H1N1 y dará crédito a la tesis de una colusión entre el Estado y los laboratorios farmacéuticos. Argumentos de Razón Técnica, nº 15, 2012, pp. 39-53
LOS DETERMINANTES CULTURALES DE LA PERCEPCIÓN SOCIAL DEL RIESGO 43 En el seno de los tipos jerárquicos e igualitarios, la presión del grupo sobre los miembros es a menudo fuerte, lo que genera unas concepciones homogéneas del conocimiento. Por el contrario, esta presión a la conformidad es menos marcada para los otros dos tipos. Como el burócrata, el individualista se fía del saber oficial, pero con cierta antelación: para cuidarse, elegirá igualmente un médico acreditado pero preferentemente un médico emprendedor como él, es decir que se halla en la punta de la ciencia y de la tecnología. Además de avalar los expertos oficiales, está muy atento a las últimas innovaciones. Por último, el excluido no tiene una opinión determinada sobre la ciencia ni sobre sus depositarios legítimos. Como el tipo sectario, sospecha de las “potencias financieras” (la comunidad central y la individualista) de tramar contra él, incluso si se resigna a ello. Sus opiniones son a menudo volátiles y fantasiosas. En los sondeos de opinión, un escaso nivel escolar constituye a menudo un buen indicio de pertenencia al tipo excluido. En la encuesta KABP (knowledge, attitudes, beliefs ans practices) realizada en 1998 con personas entre 18-69 años de la Francia metropolitana (1.485 personas interrogadas), el 39% de los encuestados sin título académico pensaba que el virus del SIDA podía transmitirse por una picadura de insecto y el 36% consideraba que era suficiente lavarse después del acto sexual para evitar la contaminación (frente respectivamente al 18% y al 15% en el resto de la población) (Grémy, Beltzer y Echevin, 1999). En el seno de una sociedad determinada, se puede contemplar que el saber científico legítimo, apoyado y difundido por la estructura jerárquica, se enfrenta a unas resistencias y a unos cuestionamientos y contestaciones por parte de unas minorías: La difusión de la información científica no es ni fácil, ni rápida, porque el estatus del conocimiento es un objetivo de la lucha que se libran los cuatro tipos culturales: el teatro de esta difusión se parece más a un campo de batalla que a un aula (Douglas y Calvez, 1990: 453). Concepciones del cuerpo Douglas y Calvez se interesan también por las concepciones del cuerpo y su vulnerabilidad en el contexto de la epidemia del VIH. Distinguen cuatro concepciones del cuerpo, que no corresponden, término por término, a los cuatro tipos culturales, pero permiten explicar el fracaso relativo de las campañas de prevención: el cuerpo es resistente o, por el contrario, es “poroso”, es vulnerable pero es defendido por una o varias protecciones. Argumentos de Razón Técnica, nº 15, 2012, pp. 39-53
EGUZKU URTEAGA 44 - Según la primera concepción, el cuerpo es muy resistente, es capaz de regularse sí mismo, y su sistema inmunitario lo defiende ante el virus: un individuo que concibe su cuerpo así no sentirá la necesidad de protegerse contra las enfermedades infecciosas, a pesar de las campañas de prevención. - Otros individuos piensan, al contrario, que su cuerpo es muy permeable, por los poros de la piel o por el aire que respira. Así, en la encuesta KABP citado anteriormente, el 10% de los encuestados piensan que el SIDA se contagia más fácilmente que la gripe: Desde ese punto de vista, todas las enfermedades se convierten en muy contagiosas, lo que puede inducir una actitud fatalista hacia la preservación: ¿Por qué protegerse si el cuerpo es tan vulnerable? - La tercera concepción es más matizada: el cuerpo está protegido por la piel. Solo es vulnerable desde unos puntos de entrada que conviene defender: cada uno debe cuidar su propio cuerpo y vigilar estos puntos de acceso. Esta concepción responsabiliza el individuo y lo hace más sensible a las campañas de prevención. - Por último, según la cuarta concepción, nuestro cuerpo está protegido por una doble protección. La protección física está completada por una protección social, que corresponde a las fronteras de nuestro grupo de pertenencia, cuyos puntos de entrada deben también ser vigilados. Por lo tanto, el individuo debe ante todo proteger su grupo, estableciendo un “cordón sanitario”, vigilando que no sea invertido por unos cuerpos extranjeros contaminados por el virus. Así, en la encuesta KABP de 1998, el 62% de las personas interrogadas se declaran favorables a la detección obligatoria del SIDA para los extranjeros en las fronteras. Los individuos que se adhieren a esta concepción del cuerpo tienden a focalizarse más en los portadores del virus que en el propio virus. Esta tipología de las concepciones del cuerpo no corresponde exactamente a los cuatro tipos culturales definidos por Douglas: la estructura jerárquica y el tipo sectario igualitario privilegian la concepción de la doble protección, incluso si no quieren defender las mismas fronteras: cada uno es el extranjero del otro. El tipo individualista adopta más gustosamente la tercera concepción: considera que cada individuo puede gestionar él mismo el riesgo de contaminación controlando los puntos de accedo a su cuerpo. En cuanto a los excluidos, sus concepciones del cuerpo son inestables, pero su fatalismo y su situación de vulnerabilidad social coinciden sin duda con la concepción de un cuerpo poroso. Argumentos de Razón Técnica, nº 15, 2012, pp. 39-53
LOS DETERMINANTES CULTURALES DE LA PERCEPCIÓN SOCIAL DEL RIESGO 45 Concepciones de la naturaleza ¿Debemos creer a los científicos contemplando el agotamiento de las materias primas, el calentamiento del planeta inducido por el efecto invernadero, la destrucción de la capa de ozono que nos protege de los rayos ultravioletas, o la grave perturbación del ecosistema tras unas mutaciones provocadas por la diseminación de los OGM? Para Douglas, nuestra actitud general hacia estas inquietudes ecológicas no se reduce a un análisis minucioso de las pruebas científicas relativas a cada amenaza contemplada. Depende más bien de nuestra concepción global de la naturaleza, del mito de la naturaleza en el que creemos, sabiendo que “el término mito no es nada peyorativo. Estos puntos de vista son tan defendibles unas como otras. Cada uno se apoya en una larga experiencia y en unos amplios conocimientos adquiridos durante unas interacciones entre el individuo y diversos ecosistemas. Su veracidad solo puede ser demostrado o invalidada en cada caso (Douglas, 1992: 262). Douglas distingue cuatro concepciones de la naturaleza, considerada como caprichosa, frágil, robusta o robusta hasta cierto punto. Representa gráficamente estas concepciones por una bola en equilibrio en diversas situaciones. - La naturaleza caprichosa: la naturaleza es imprevisible, la evolución y las reacciones de un ecosistema son aleatorias y hacen, por lo tanto, inútiles nuestros intentos para dominarlo. La teoría del caos tal como es divulgada (el efecto mariposa, es decir la extrema sensibilidad de un sistema hacia sus condiciones iniciales) ilustra esta visión, que se compagina bien con el fatalismo del tipo cultural excluido. Douglas la representa por una bola colocada en un plano horizontal, sobre el cual puede rodar en cualquier dirección. - La naturaleza frágil: esta vez, la bola está en equilibrio inestable en la cima de una loma. La menor perturbación puede hacerle perder definitivamente ese equilibrio. En esta óptica, los deterioros que el ser humano inflige a la naturaleza son dramáticos porque son irreversibles, puesto que destruyen un equilibrio muy precario. El pesimismo de la teoría demográfica de Thomas Malthus ilustra ese mito de la naturaleza: los medios de subsistencia aumentan de manera aritmética mientras que la población tiende a crecer de manera geométrica. Por lo tanto, es imperativo mantener el frágil equilibrio entre medios de subsistencia y población restringiendo los nacimientos. Ese mito nutre el alarmismo de los enclaves igualitarios y les ofrece unos argumentos para denunciar las acciones de las estructuras jerárquicas e individualistas, acusadas de Argumentos de Razón Técnica, nº 15, 2012, pp. 39-53
EGUZKU URTEAGA 46 saquear la naturaleza y, por lo tanto, de poner en peligro el equilibrio ecológico planetario. - La naturaleza robusta: Este mito toma el contrapié del precedente. El medioambiente es un sistema homeostático: en caso de desequilibrio, unos efectos compensadores la devuelven a su situación inicial. Douglas ofrece como ilustración la teoría de la “mano invisible” de Adam Smith. Algunos discursos sobre el efecto invernadero provocarían el deshielo del polo y, por lo tanto, la elevación del nivel del mar, pero ese deshielo liberaría también unos gases submarinos, lo que provocaría una bajada de las aguas que compensaría las crecidas. Esta visión de una naturaleza robusta, que encaja los choques que le imponemos, fomenta las experimentaciones audaces y el desarrollo tecnológico. Caracteriza el tipo cultural individualista. - La naturaleza es robusta hasta cierto punto: es último mito matiza el precedente, pues las propiedades autorreguladoras de la naturaleza tendrían unos límites. El cambio más radical no sería reabsorbido. Esta concepción es compartida por la estructura jerárquica, lo que justifica un control del Estado sobre las actividades industriales y tecnológicas. Ese mito es representado por una bola situada en el fondo de un hueco dominado por pequeñas lomas: si la bola pasa estas lomas, no volverá a su equilibrio inicial. Tipos culturales y percepciones del riesgo Según su cultura y en particular en función del tipo cultural al que puede aproximarse, un individuo no tendrá la misma concepción del conocimiento, del cuerpo y de la naturaleza. Su percepción de los riesgos tecnológicos, sanitarios y ecológicos se verá alterada. No en vano, algunos tipos culturales de Douglas pueden también estar caracterizadas por unas actitudes específicas hacia un riesgo en general, y por una serie de riesgos diferenciados: no temen las mismas amenazas. Tipos culturales y actitud general hacia el riesgo Para ilustrar la actitud de la estructura jerárquica hacia el riesgo, es suficiente con estudiar el modelo organizacional que le es más próximo: la burocracia, que está muy jerarquizada y compartimentada. Está regulada por una reglamentación formal que puede ser interpretada como una amplia y minuciosa empresa de Argumentos de Razón Técnica, nº 15, 2012, pp. 39-53
LOS DETERMINANTES CULTURALES DE LA PERCEPCIÓN SOCIAL DEL RIESGO 47 reducción de la incertidumbre. Estas reglas delimitan las funciones de sus miembros, sus derechos y obligaciones; coordinan sus actividades; ofrecen una lista de los problemas que son susceptibles de encontrar en la realización de sus tareas, describiendo las respuestas estandarizadas que conviene aportarles. Semejante organización es por esencia rutinaria y rígida, no sabe adaptarse a las transformaciones de su entorno, detecta con dificultad la aparición de nuevos problemas y solo sabe responder instaurando nuevas reglamentaciones. Temiendo el cambio e intentando reducir todas las incertidumbres de su entorno, la burocracia es incapaz de gestionar el riesgo y tiende a ignorarlo. Así, en Francia, a propósito de la sangre contaminada o de la vaca loca, la pesadez burocrática de las instituciones responsables ha sido cuestionada: habrían tardado en reaccionar frente a la aparición de un nuevo riesgo y, posteriormente, habrían decretado nuevas reglamentaciones sin averiguar su aplicación. En una óptica menos organizacional, Paul Bellaby (1990) se ha interesado por los comportamientos al volante. Entre los conductores experimentados y adultos socialmente bien integrados, distingue una actitud próxima a la estructura jerárquica: algunos conducen de manera rutinaria y aplican a raja tabla las reglas que regulan el tráfico, confundiendo seguridad y respeto escrupuloso de la normativa, por una parte, y peligro e infracción, por otra parte. Si no toman voluntariamente unos riesgos en la carretera, se exponen a los accidentes por su rigidez y su escasa capacidad de adaptación. El tipo individualista se distingue del precedente por su actitud hacia la incertidumbre: no la teme pero la considera como una oportunidad de afirmar sus capacidades. El individualista se representa su entorno como inestable y abierto. Tiene a menudo un horizonte temporal corto y hace gala de optimismo para el largo plazo. Frente a un nuevo riesgo, si la estructura jerárquica produce unas reglas, el tipo individualista confía en la iniciativa individual y en el mercado. En el ámbito industrial, la creación en los Estados Unidos de un mercado en el cual las empresas intercambian unos “derechos de contaminar” ilustra esta lógica. En otro nivel, ese tipo corresponde a las personas favorables a una prevención que privilegia la responsabilización individual en lugar de nuevas reglas exigentes. El tipo jerárquico es, por lo tanto, adverso y ciego al riesgo, mientras que el individualista asumirá ciertos riesgos. El tipo excluido, porque tiende a cultivar un cierto fatalismo, asumirá igualmente riesgos. No en vano, su actitud es más pasiva: si el individualista se expone al riesgo porque considera poder controlarlo, el excluido lo hace porque piensa que de todas maneras no podrá sustraerse al riesgo. En cuanto al enclave igualitario, se caracteriza menos por su actitud general hacia el riesgo como por su fuerte aversión a un tipo de riesgo particular. Argumentos de Razón Técnica, nº 15, 2012, pp. 39-53