Migrar clandestinamente: gestionar la errancia
Abstract
Este articulo cuestiona el papel de las “mafias” y de los “grupos delictivos organizados” en el pasaje clandestino de migrantes así como la visión de los “clandestinos” como eternas victimas. Tomando como ejemplo las migraciones subsaharianas que pasan por la ruta transahariana, pone énfasis en la capacidad circulatoria de los migrantes, en los vínculos sociales de las redes de pasaje y propone calificar estas migraciones de “errancia gestionada”.
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REVISTA ANDALUZA DE ANTROPOLOGÍA. NÚMERO 3: MIGRACIONES EN LA GLOBALIZACIÓN. SEPTIEMBRE DE 2012 ISSN 2174-6796 [pp. 31-50] http://dx.doi.org/10.12795/RAA.2012.i03.03 Fecha de recepción: 02/01/2012 Fecha de aceptación: 13/04/2012 MIGRAR CLANDESTINAMENTE: “GESTIONAR LA ERRANCIA” PAULINE CARNET Universidad de Toulouse Le Mirail y Universidad de Sevilla Resumen Este articulo cuestiona el papel de las “mafias” y de los “grupos delictivos organizados” en el pasaje clandestino de migrantes así como la visión de los “clandestinos” como eternas victimas. Tomando como ejemplo las migraciones subsaharianas que pasan por la ruta transahariana, pone énfasis en la capacidad circulatoria de los migrantes, en los vínculos sociales de las redes de pasaje y propone calificar estas migraciones de “errancia gestionada”. Palabras clave: Migrantes clandestinos, redes de pasaje, mafias, errancia gestionada, fronteras, España, África. Abstract This article interrogates the role of “mafias” and “criminal organizations” in the “smuggling migrations” and the view of undocumented migrants as eternal victims. Taking as example the sub-Saharan migrations which pass through the trans-saharan route, it focuses on migrants’ capacity to be mobile, social links of border crossing networks and suggests to qualify those migrations as “mastered roving”. 31
Keywords: Undocumented migration, smuggling migration, mafias, mastered roving, borders, Spain, Africa. 1. INTRODUCCIÓN Los migrantes llamados “clandestinos” son habitualmente presentados como personas vulnerables, víctimas de las “mafias” que les hacen circular. Esta imagen se ve reforzada por la prensa, que enseña a unos migrantes extenuados por el viaje en pateras o en cayucos, así como por los políticos y las asociaciones, que recuerdan el número creciente de muertos y desaparecidos en el mar. Se califica a estas entradas clandestinas en Andalucía y en las Islas Canarias de verdaderas “avalanchas”. Ahora bien, éstas llegadas son mínimas si se las compara con aquellas que tienen lugar a los principales aeropuertos del país. Sin negar el drama que constituyen estas entradas, ni tampoco el interés financiero que suponen, no nos queda sino reconocer que esta visión normativa refleja mal la realidad social de los pasajes. Estos dependen tanto del contexto político como de la organización de los migrantes mismos, la cual se aleja de las representaciones en términos de “mafia”. Frente a una Europa cada vez más cerrada a estas personas, los migrantes “extracomunitarios” migran cada vez más por etapas. Modifican regularmente su proyecto migratorio y construyen sus trayectorias socio-espaciales entre regularidad e irregularidad. Su clandestinidad se parece cada vez más a un aprendizaje, y su circulación a una “errancia gestionada” que se efectúa principalmente mediante redes sociales. Para apoyar mi argumento, me basaré en los trabajos de unos jóvenes investigadores franceses, así como en entrevistas que hice con migrantes africanos en los años 2006 y 2007, en el marco de mi tesis de doctoral. 2. LA CIRCULACIÓN DE LOS MIGRANTES “CLANDESTINOS” 2.1. El prisma de la «mafia » Los informes de la OIM, de la ONU y de Europol se centran en las redes de “traficantes” o “grupos criminales organizados”, cuya efectividad es principalmente debida a la corrupción y a la creación de falsos papeles. La lucha contra la “inmigración clandestina”, para ser legitimada, pasa por la puesta en evidencia de los “peligros” que esta supone tanto para los Estados como para los inmigrantes. Dos figuras – la de “victima” y la de “traficante” – están así puestas en relieve mediante dos “tráficos”. El “tráfico ilícito de migrantes” o smuggling, designa “la facilitación de la entrada ilegal de una persona en un Estado parte del cual dicha persona no sea nacional o residente permanente con el fin de obtener, directa o indirectamente, un beneficio financiero u otro beneficio de orden material” (ONU 2000a). Se distingue de la “trata de personas”, o trafficking, que supone 32
el ejercicio de una coacción, la presencia de un abuso o la voluntad de explotación1. Los Estados miembros de la ONU se manifiestan “preocupados por el notable aumento de las actividades de los grupos delictivos organizados en relación con el tráfico ilícito de migrantes y otras actividades delictivas conexas […] que causan graves perjuicios a los Estados afectados” y “preocupados también por el hecho de que el tráfico ilícito de migrantes puede poner en peligro la vida o la seguridad de los migrantes involucrados” (ONU 2000a). Paradójicamente, las medidas propuestas para luchar contra estos “grupos delictivos organizados” van en el sentido de un reforzamiento de los controles en las fronteras. V. Guiraudon (2008) estima así que las políticas de cierre de las fronteras y de lucha contra el “tráfico” y la “trata” de migrantes no solamente no protegen a las victimas sino que también conducen a una “profesionalización del tráfico” y en consecuencia a una presencia más fuerte de las organizaciones delictivas en estos pasajes2. Pero, ¿significa eso que los migrantes “clandestinos” solo pueden circular gracias a los “grupos delictivos organizados”? Podemos dudar de esta idea. Primero, la definición que la ONU da de estos grupos es relativamente confusa: “un grupo estructurado de tres o más personas que exista durante cierto tiempo y que actúe concertadamente con el propósito de cometer uno o más delitos graves o delitos tipificados con arreglo a la presente Convención con miras a obtener, directa o indirectamente, un beneficio económico u otro beneficio de orden material” (ONU, 2004). Segundo, la definición de la “trata de seres humanos” abarca un “amplio abanico de conductas, que van desde el simple engaño a un pariente sobre las condiciones laborales en el exterior hasta el secuestro, pasando por la falsificación de documentos” (Rubio Pardo, 2004). Centrémonos pues, en lo que dicen de ello los investigadores. 2.2 Hacia la noción de “errancia gestionada” Del lado de las ciencias sociales, la migración llamada “clandestina” raramente fue estudiada desde el prisma de la circulación. Los cuestionamientos sociológicos tratan generalmente de los aspectos más estructurales de estas migraciones: sus causas, sus 1. “La captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos” (ONU, 2000b). 2. Evoca en relación con este tema los trabajos de P. Kwong (1997) y de D. Kyle et Z. Liang (2001) sobre las redes de pasaje chinas hacia los Estados Unidos y Francia. El aumento de precio y la incapacidad de reembolso de las familias, incluso bajo la coacción, hacen que la contratación y la explotación del trabajo de los migrantes por unos “patrocinadores locales” sean el único mecanismo para el reembolso de la deuda. Este sistema complejo autoriza la amenaza sobre la familia en el país de origen y el control del migrante durante varios años después de su llegada. 33
consecuencias en los países de “origen” y en los países de “acogida”, las políticas euroafricanas instaladas para contenerles, también las condiciones precarias de vida de los migrantes y su inserción en la economía “informal” (Morice, Lautier, Miras, 1991; Marie, 1997; Terray, 1999; Martín Díaz, 2002, 2004; López Sala, 2007). Al contrario, la cuestión de la “circulación migratoria”, es decir, “la movilidad de los hombres, con sus itinerarios, sus medios de transporte y de comunicación, la practica efectiva y afectiva del espacio recorrido, entre el espacio de origen y el espacio de residencia”* (De Tapia, 1996) fue mas bien planteada acerca de los migrantes en situación regular, y especialmente los comerciantes que evolucionaban en unos espacios transnacionales (De Tapia, 1996; Tarrius, 1989, 2000; Ma Mung, 1998, 1999). En efecto, la cuestión de la circulación se plantea de forma particular en el caso de las migraciones “clandestinas”. Esta es generalmente presentada como una circulación que los propios migrantes no dominan. Muchos investigadores defienden una visión normativa del “trafico de seres humanos” sin necesariamente interrogarse sobre la pertinencia de esta designación. Otros solo evocan el “trafico de migrantes”. En ambos casos, sin embargo, el migrante clandestino es presentado como objeto y no como sujeto de su migración. Podemos relacionar esta supuesta falta de dominio con la noción de errancia, propuesta por A. Tarrius en su tipología de la movilidad migratoria en tres categorías – diásporas, nomadismos, errancias. Define la errancia como “una falta de ataduras con el lugar de origen, una multitud de lugares de centralidad durante el recorrido (cualquier lugar donde uno se para), una distancia con la sociedad de acogida similar a la que mantiene el nómada.” Al mismo tiempo, el autor subraya la importancia de los pasos de una categoría a otra y señala que la errancia es “un tiempo de preparación, de paso por todas las desataduras que implica el aprendizaje del sabercircular” aunque algunos “se pierden en esta situación.”* (Tarrius, 2000:141-142). Algunos jóvenes investigadores, seguidores de la línea de Alain Tarrius, han integrado estas ideas de aprendizaje y de saber-hacer en los estudios de las migraciones “clandestinas”, poniendo en evidencia las estrategias de pasaje de los migrantes clandestinos y su organización en red. Así, los migrantes subsaharianos pasan por la ruta transahariana y se apoyan sobre unos “colectivos de transmigrantes” (Alioua 2003, 2011), formando una “comunidad de errancia” (Escoffier, 2008). Del mismo modo, los migrantes marroquíes pueden apoyarse sobre unas “redes de confianza”, que entremezclan personalidades reconocidas en los pueblos y profesionales de los pasajes (Qacha, 2010a y b). También se pueden apoyar sobre sus « familias transnacionales ». La hospitalidad es, entonces, “una respuesta a las restricciones políticas de circulación de los individuos” (Qacha, 2000b:393). Finalmente, las migrantes que utilizan las redes de pasaje ligadas al trabajo del sexo no son necesariamente víctimas abusadas y explotadas por unas * Traducción personal 34
redes mafiosas internacionales, como lo demuestra F. Guillemaut (2007). Sin negar la existencia de grupos criminales en una parte de los pasajes, estos estudios muestran sin embargo que la realidad de los pasajes es suficientemente compleja como para poder fijar una mirada crítica sobre los análisis de tipo víctimas/culpables. Señalan especialmente la inadecuación de la visión binaria pasador/clandestino y presentan la frontera como un lugar de pasajes negociados3. Si podemos reprochar a algunos el presentar a los migrantes como una especie de héroes de los tiempos modernos, es que, en realidad, estos estudios buscan resaltar los aspectos habitualmente enmascarados por el prisma de las relaciones de dominación económica, de trabajo y/o de género. Se trata pues de poner en evidencia tanto las competencias circulatorias de migrantes, que no corresponden necesariamente a la figura del comerciante transnacional, como la coacción/restricción que ejercen sobre ellos los Estados. Cierto que la irregularidad administrativa no es una novedad, pero su duración actual y la creciente dificultad para salir de ella conducen a los migrantes a organizarse en redes y/o a migrar por etapas para llegar hasta Europa. “Los avatares de la economía, pero también la evolución de las legislaciones obligan a los migrantes a reevaluar constantemente su sitio, su función y las oportunidades que se ofrecen a ellos en las sociedades de paso.” (Potot, 2003:12). Propongo hablar de “errancia gestionada” para significar que los migrantes clandestinos no circulan “a ciegas”, sino que, al contrario, su circulación es el resultado de las informaciones que recogen en diferentes lugares y de las elecciones que hacen. El funcionamiento de la “ruta transahariana” permite ilustrar esta noción. 3. EL VIAJE DE MADOU POR LA RUTA TRANSAHARIANA 3.1. La ruta transahariana La ruta transahariana parte de Mali o de Níger, donde los migrantes se reúnen para ir hasta Marruecos o Libia (al menos antes de las “revoluciones árabes” de 2011). Esta vía, particularmente larga y peligrosa, fue una de las más utilizadas hasta que apareció la posibilidad de coger un cayuco en las costas subsaharianas para ir a las Islas Canarias. De los que la tomaban con la voluntad de ir hacia Europa4, solo una parte podía llegar, después de un viaje que duraba entre varios meses y varios años. La duración del trayecto depende mucho del dinero del que los migrantes disponen y, viendo las múltiples tasaciones a las cuales tienen que someterse, las sumas economizadas disminuyen rápidamente. Además de pagar a los transportistas, a los guías, a los pasadores, de pagar los pasaportes, los visados y otros papeles administrativos; son a menudo estafados por 3. Aparte de los autores ya citados, véase también los trabajos de Darley (2010), Pian (2010), Bredeloup et Pliez (2005), Arab (2007). 4. Recordamos que no todos los migrantes subsaharianos quieren ir a Europa, muchos deciden migrar a otro país del llamado « sur ». 35
quienes les cobran, robados por los autóctonos o por los compañeros de viaje, o también extorsionados por diferentes autoridades (aunque el pago de los pasadores implique ya, en algunos casos, la compra de la complacencia de las autoridades). Las devoluciones y las expulsiones alargan también la duración del viaje. Algunos han sido devueltos hasta siete veces desde Marruecos hasta la frontera argelina, que llaman “desierto” o “no man’s land”5. En Argelia, los migrantes arrestados por todo el país son transferidos a Tamanrasset y expulsados en las fronteras de Malí o de Níger. Aunque en ocasiones les expulsan por avión, como en el caso maliense, la mayoría de las veces son simplemente abandonados en el desierto. Finalmente, los avatares de la vida, como la enfermedad o el nacimiento de un niño, también pueden conducir al paro momentáneo del viaje. Las condiciones de este periplo son tales que algunos “se pierden” en el camino: muertes, enfermedades, desequilibrios mentales, también a veces dependencia de las drogas. Los controles policiales, los robos, las redadas y las devoluciones se hacen regularmente con violencia – como las asociaciones de derechos humanos, de cada lado del Mediterráneo, no paran de denunciar6. La larga duración del pasaje impelió a los migrantes a organizarse de forma colectiva. En efecto, uno se queda fácilmente “bloqueado” en alguna de las etapas, bloqueos en los que los “repatriados” se encuentran con los recién llegados. A lo largo de estas rutas migratorias, los migrantes se “instalan” algunas semanas, algunos meses, o incluso un año o más. Tienen que organizarse para alojarse y para trabajar. Los más afortunados se pagan una habitación, a menudo entre varios, en los barrios periféricos de las ciudades, como Gao o Tinzaouatène en Malí, Tamanrasset o Argel en Argelia, Rabat en Marruecos. Los otros viven en unos alojamientos que los propios migrantes hacen con lo que encuentran: ramas de árbol, telas de plástico, etc. El vocabulario que los migrantes utilizan para designar estos lugares es muy significativo: “ghetto” para los primeros, “campo” o “campamento” (a veces “ghetto también”) para los segundos. Los campos están presentes sobre todo en las colinas de las ciudades que bordean las fronteras: Tinzaouatène y Tamanrasset en la frontera Mali-argelina, pero sobre todo Maghnia, en la frontera argelí-marroquí, y los montes de Bel Younech y de Gurugu, cerca de los enclaves españoles de Ceuta y Melilla. Cuando uno está “bloqueado”, tiene que trabajar el tiempo de rehacerse, de esperar a que su niño crezca un poco, o que un pariente, en África o en Europa, envíe el dinero necesario para acceder a la próxima etapa. Hace falta, cueste lo que cueste, “buscar el dinero para poder continuar la ruta”. En todas partes los migrantes buscan trabajo, pero es más fácil encontrarlo en las grandes ciudades, y los que viven en los campos a menudo tienen que recurrir a la mendicidad. 5. A partir de los « eventos del 2005 », las autoridades marroquíes han deportado a los migrantes más al sur, a los desiertos de Laâyoun, Bouarfa, Bir Lehlou, Rachidia. 6. Ver los informes anuales de APDHA, de Amnistía International, de Human Rights Watch y de No Fortress. 36
Los que trabajan lo hacen por un salario muy bajo, en casa de particulares, en las obras o en los restaurantes. Tanto para trabajar como para desplazarse, los documentos de identidad y los documentos administrativos de todo tipo se encuentran en el mercado negro. Algunos, para ganar un poco más de dinero, participan en las redes de falsificación (billetes falsos, falsos pasaportes, falsos certificados de matrimonio, etc.). Los investigadores insisten en la importancia de las reagrupaciones de los migrantes en el logro del pasaje (Alioua 2003, 2011; Escoffier 2008). Es dentro de estas reagrupaciones que los recién llegados son iniciados en el mundo de la clandestinidad (Escoffier, 2008) y donde obtienen las informaciones indispensables para seguir su viaje: las diferentes rutas posibles, los medios necesarios, cómo comportarse con los guías y los pasadores, etc. Estas informaciones son dadas por los que ya han pasado – el teléfono e Internet se han vuelto unos utensilios indispensables – o por los que han sido “repatriados”. Permiten limitar los riesgos ligados a semejante viaje, al reducir lo desconocido y al favorecer el desarrollo de las competencias sociales – aprendizaje de una lengua, de un trabajo, capacidad de discernir las fronteras sociales, de tratar con el Otro (Alioua, 2003, 2011). Estas etapas son pues la ocasión de redefinir su proyecto migratorio: tanto en lo que refiere a los trayectos como a los lugares donde pararse (Alioua 2003, 2011). Si el tiempo de la movilidad propiamente dicha reúne los migrantes de diferentes nacionalidades, en las etapas, los migrantes se reagrupan generalmente por nacionalidad, aunque los “colectivos” nacionales permanezcan en contactos los unos con los otros (Alioua, 2003) y aunque las reagrupaciones, especialmente religiosas, que reúnen diferentes nacionalidades sean corrientes (Escoffier, 2008). Poco a poco, los grupos de migrantes se implican en el pasaje de sus miembros. Podemos verlo con el relato de Madou, un migrante maliense de edad mediana. 3.2. El pasaje como trabajo de equipo Madou llegó en cayuco a las islas canarias en diciembre de 2004, después de un viaje de dos meses que le llevó desde Malí hasta Marruecos. Tuvo que recurrir a varias redes, formadas por migrantes, “pasadores”7 autóctonos y por “migrantes-pasadores” (según un termino de M. Alioua, 2003). El cruce de estas diferentes redes, desde la salida hasta la llegada, permite el viaje y el cruce de las fronteras. Su trabajo de médico le permitía vivir correctamente, pero no podía hacerse cargo de los miembros de su familia. Gracias a su red familiar y amistosa, y especialmente a los que ya han efectuado este viaje y que regresan a Malí para las vacaciones, Madou obtiene informaciones sobre las condiciones del viaje, la ruta y los procedimientos a seguir antes de irse – lo cual le ayuda a tomar la propia decisión de irse. Así se entera de que el pasaje por la alambrada – Ceuta y Melilla – se volvió difícil y que es mejor cruzar por el 7. Señalo que Madou no utilizó este término de “pasador” en ningún momento, sólo evocó una vez a “los Marroquíes que hacen pasar”. 37
mar, a partir de Marruecos8. También reúne los justificantes que puede necesitar durante el viaje: DNI, pasaporte, acta de nacimiento, carnet de vacunación9. En noviembre, pues, Madou sale de Bamako en dirección a Gao. A partir de allí, una red de migrantes malienses, en conexión con redes de pasadores autóctonos, le permite cruzar las diversas fronteras y aclimatarse dentro de las etapas de parada. La población formada por los migrantes subsaharianos, de todas las nacionalidades, constituye una “cadena” a lo largo de las diferentes rutas migratorias que llevan desde la África subsahariana hasta España. “Es una cadena, en cada lugar donde llegas, digamos que por todo el camino este, hay gente que están en cada punto, hay gente que están almacenadas allí.” Los migrantes esperan en estas etapas el tiempo de obtener el dinero para continuar el viaje, se encuentran, intercambian informaciones, se organizan, venden y compran servicios. Los que llegan se reúnen con los que han sido deportados por las autoridades desde una de las etapas siguientes. Estos “deportados” no solo conocen el “camino”, sino también sus actores y las dificultades de cruce. Conocen los lugares, los pasadores, los medios de acceso, pero ya no disponen del dinero suficiente como para reemprender ellos mismos el trayecto. Por lo tanto, juegan un papel de intermediario entre los recién llegados y los “pasadores” autóctonos, tomando una comisión. Esperan así reunir la suma necesaria para una segunda tentativa migratoria. Los “pasadores” autóctonos dominan su territorio y saben evitar – o comprar – los diferentes cuerpos de control (policía o gendarmería). Aquí también se trata de una red que contiene diferentes estratos. Madou pasa así de Gao a Bordj Mokhtar, en Argelia. El taxista, que forma parte de esta cadena, le lleva a un pequeño restaurante donde come, se aloja y se informa sobre el próximo viaje. Se va a la gendarmería para sellar su pasaporte – autorización de estancia de tres meses. Luego le confían a otro taxista que le lleva hasta Reggan, en “el barrio de los Subsaharianos”, donde se encuentran los deportados. Desde Reggan coge un taxi hasta Adrar, donde otros Malienses le explican cómo ir hasta Maghnia, allí donde “se prepara el viaje mismo […] donde se prepara el coraje.” En las afueras de Maghnia, escondidos en el bosque, los migrantes se organizan en campos, a la espera de poder cruzar la frontera marroquí. Cada país forma su campo y cuando los nacionales son demasiado numerosos, se dividen por regiones. Al llegar, Madou se encuentra con dos campos malienses: el del Norte, que cuenta alrededor de 600 personas, y el del Sur, que cuenta aun con más gente. También están los campos de los nigerianos, de los cameruneses y de los guineanos. Cada campo posee su propio “gobierno”, que organiza la vida cotidiana de sus residentes gracias a “instituciones y 8. En el 2004, las vías marítimas mauritanas y senegalesas todavía no están abiertas. En el 2004, las vías marítimas mauritanas y senegalesas todavía no están abiertas. 9. El pasaporte maliense, utilizado en Argelia, es un bien precioso que los migrantes pueden vender luego si les falta dinero. 38
leyes”. Cada gobierno dispone de un “corresponsal” en Rabat. Este último es un eslabón indispensable para la futura travesía marítima: está en contacto con los pasadores marroquíes y aloja a sus “clientes” en unos pisos llamados “hogares”. Los migrantes solo llegan a Rabat una vez que el corresponsal ha recibido su dinero: “La gente que están allí, la mayoría tienen parientes en España o en Francia o incluso en Malí, quienes mandan dinero a Marruecos. Te dije que hay corresponsales en Marruecos, y cuando este ultimo recibe el dinero, va a llamar al jefe del gobierno del grupo: ‘mengano tiene su dinero aquí’. El transporte desde Argelia hasta Marruecos, cuando nosotros nos fuimos, era de 300 euros.” Los contactos de unos y otros se hacen esencialmente por teléfono. Por éste medio se establecen las “listas” de migrantes que hay que hacer cruzar. La organización del gobierno y la organización del pasaje en España dependen la una de la otra. El jefe y los miembros del gobierno, tanto como los “policías” del campo, son elegidos por sufragio universal dentro de los deportados y elegidos en función de su antigüedad y de su experiencia: deben haber tenido suficientes “dificultades” y problemas”, haber hecho el viaje desde la frontera argelina hasta el mar “más de dos o tres veces”. Los recién llegados no pueden ser elegidos porque no poseen los contactos necesarios para el cruce, que es el objetivo común de todos los miembros del campo. “Éste gobierno también tiene su parte dentro, es decir, con el dinero que los nuevos dan… Por ejemplo, entre Argelia y Marruecos son 300 euros. Imagina. ¡Lo que dan al conductor, no son 300 euros, no, quizá son 150 o 100 euros por persona! ¡El resto del dinero es para ellos! ¡Es con este dinero que van a tratar de llegar! Porque ellos no tienen más dinero allí. ¿Me hago entender? Ahí está, este gobierno vive así y este gobierno es elegido por tres meses; después de tres meses, este gobierno tiene que irse y van a instalar otro gobierno.” La rotación del poder tiene como objetivo que todos los deportados se beneficien de este sistema: los miembros del gobierno y su “equipo” (“ministros”, “secretarios”, “policías”) tienen tres meses para “hacer pasar un máximo de personas, para poder tener éxito y recibir el dinero del viaje.” El resto del viaje se hace de noche: Madou cruza la frontera entre Argelia y Marruecos andando, luego atraviesa el país en un camión cubierto con una lona o en un 4x4. Cuando el día se levanta, los conductores depositan a los migrantes en un lugar aislado, ordenándoles no salir hasta su vuelta, que tiene lugar a la caída de la noche. Se trata de evitar los controles policiales o de gendarmería, reputados por su violencia hacia los migrantes. Una vez en Rabat, en el barrio de T., el corresponsal maliense envía sus “concejales” para recuperar a los migrantes y se hace cargo de ellos el tiempo necesario para que se organice el trayecto hasta el borde del mar. Madou se quedará allí 18 días, el tiempo suficiente para descansar y recibir el dinero de un primo que reside en España desde 1998, adonde llegó pasando por Melilla. (El alojamiento y la comida en Rabat, así como el trayecto hasta el mar y la travesía en cayuco le costó 900 euros, fuera de eso, el migrante tiene que pagar él mismo su comida, también llamada “munición”.) Este primo no podía creer que Madou estuviera en Marruecos y solo fue convencido de ello 39
4. CONCLUSIÓN: UNA ERRANCIA GESTIONADA En general, los medios de comunicación, los políticos y otros intelectuales insisten en el papel de las “mafias”, de los “grupos delictivos organizados” u otros “traficantes de seres humanos” en el pasaje de los migrantes. Haciendo esto, olvidan el papel del vínculo social en estas migraciones y encierran a los migrantes en un papel de víctimas. En el mejor de los casos, señalan la importancia de los sectores económicos que utilizan una mano de obra extranjera y no declarada. Pero eso es omitir que la movilización internacional de la fuerza del trabajo no puede ser el único modo de travesía de estos espacios (Tarrius, 1993). Cierto es que la fuerza del proceso económico es indiscutible, pero no es el único soporte a las movilidades migratorias. Si los sectores económicos europeos consiguen movilizar a los migrantes, es porque río arriba, éstos han conseguido desplazarse y entrar en Europa. Y las organizaciones de tipo mafioso no sabrían rendir cuentas del conjunto de estos desplazamientos. En el terreno he constatado, después de que lo hicieran otros investigadores, que la mayoría de los pasajes clandestinos de los migrantes africanos en España son posibles gracias a un soporte social: la red. Caracterizar el conjunto de estas redes de “mafiosas” equivaldría no solamente a homogeneizar lo heterogéneo, sino también a ocultar el hecho de que lo que llamados “mafia” también puede ser considerado como una red de apoyo. Efectivamente, la frontera entre la solidaridad y el carácter mafioso está lejos de ser clara. Madou, por ejemplo, sólo calificaba de “mafioso” a los funcionarios corrompidos y a las personas que elegían hacer del pasaje clandestino su principal actividad. Por otra parte, si asociamos el “carácter mafioso” a la violencia, no queda más remedio que constatar que, si ésta existe a lo largo del camino, no es utilizada de forma sistemática y parece sobre todo depender de decisiones individuales. Ahora bien, tampoco hay que caer en una visión romántica del pasaje. Las violencias (robos, palizas, violaciones, abandonos, etc.) que los migrantes sufren vienen tanto del exterior (gendarmes, población autóctona, etc.) como de dentro (migrantes). Por otro lado, la cooperación y la organización de los migrantes entre ellos poseen un carácter transitorio. Sólo existen en la medida en que sirven a los intereses de cada uno, el proyecto individual, aunque común a todos: entrar en Europa. Las solidaridades desinteresadas serían por lo tanto el fruto de las relaciones personales e individuales. Las migraciones subsaharianas que pasan por la ruta transahariana en dirección a la Unión Europea se hacen por etapas y se basan en una organización compleja. Las informaciones circulan dentro de unas redes de migrantes que se organizan de manera colectiva para formar una cadena enlazando entre ellas las etapas del recorrido. Una multitud de intermediarios facilitan el pasaje en cada frontera, así como la vida cotidiana en cada etapa. Estos intermediarios son autóctonos – simples ciudadanos, policías o gendarmes – pero también migrantes que obtienen su papel de pasador de su antigüedad 46
y de su experiencia, y que financian gracias a éste su propia migración. No se trata pues de una organización general y única, que sería jerárquica y estructurada, sino de diferentes redes que encajan las unas con las otras, enlazando por varios países a los migrantes y los autóctonos, a los viajeros y los sedentarios. En este tipo de migración, los migrantes deben tomar iniciativas constantemente, aprender poco a poco a moverse en este nuevo mundo de la clandestinidad, estudiar las diferentes posibilidades que se presentan ante ellos, sopesar los riesgos y tomar decisiones. En el desplazamiento, o relegados en unos espacios “al margen”, los migrantes constituyen unos hogares en los ghettos de las ciudades centrales y unos campos en los bordes de las fronteras. No solamente hacen que estos espacios sean habitables, sino que los convierten en lugares de sociabilidad muy densa y lugares de resistencia – a imagen de lo que M. Agier (2008) describió acerca de los campos de refugiados. Aquí, la resistencia se hace por la apertura de “brechas” que permiten la circulación, los ancianos marcando el paso de los migrantes siguientes. El migrante llamado “clandestino” se construye por lo tanto poco a poco como sujeto, marginal a pesar de él. Construye orden allí donde la marginalidad hubiera podido llevar al caos. El uso de términos institucionales en los campos autogestionados puede leerse así como una forma que tienen los migrantes de presentarse como seres humanos de pleno derecho cuando más se les está denegando su humanidad. En las rutas de la clandestinidad, tanto para llegar hasta la UE como dentro de ella (Carnet, 2009, 2011a, 2011b) los migrantes aprenden a gestionar relaciones, recursos y territorios fuera del marco estatal. Por lo tanto, es mediante el paso de una serie de pruebas, que implican a actores muy diversos, que el migrante se construye como “clandestino”, creando, a partir de la ilegalidad, unas nuevas formas de estar en el mundo, marcadas por el saber-circular, el saber-fintar, el saber-encontrar brechas. 47
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