Verdadero romance, en que se declaran los agravios, y desagravios de la Reyna Sultana: dá cuenta como fué sentenciada a muerte por un testimonio, que le levantaron quatro Caballeros Moros, y como Caballeros Christianos la defendieron.
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Cl í* *&& VERDADERO ROMANCE, EN QUE SE DECLARAN LOS AGRAVrOS, ydesagravios déla Reyna Sultana: dácaenta como fue sentenciada á'muertñ por un testimonio ,que le levantaron quyfro Caballeros Moros ,ycomo Caballeros Chrlstianos la defendieron. PRIMERA PARTE. CAnten gloriosos elogios con acordes consonancias ’dei triunfo ¡ñas excelente, de la unas-famosa hazaña, ymas sangrientos encuentros, la mas heroyca venganza, que q» el mundo nohuyo otra de mas gloria, ni -mas fama:. ~® tila mismg.jp publica} ;_ ypues oy tan remontada se vé mi pluma quisiera, para salir con mi plana, la gracia,.favor, yayuda de la Trinidad ragrada, que asi safd évidíorioso del empeño que me aguardar atención nobic auditorio. Enel tiempo, que en Granada tremolábanlos Alarbes Tanderas Mahometanas, antes que sus medias Lunas las miraserheclipsadas, estaba muy guarnecida para su defensa, yguarda de aquellas nobles familias, que sen las que se declaran: Alabeees, yGazules, Zegries, Gómeles, Mazas, Abarques, yReduanes, . y. aquella tan remontada familia de Abencerrages, jare muy calificada; su mucho valor ¿ * & * de A.udalá Rey la Corona, yasi el Rey con confianza las que eran arduas empresas sólo áellos les fiaba, yestaban del Rey queridos; ycon esto se abrasaban los Zegries en envidia, ‘ ' ycon tyrania ingrata intentaronrcaute¡ osos,. ~ derribarlos déla gracia r' del Rey. con unSjtravcion de ellos mismosTntentada,- die¡er¡do, que Álbin fíamete, Abencerrage de fama, cooperabalcón la Reyna, hermosísima Sultana; ydespués de sus deleytes injustamente instaban levantarse con el Reyno, i. dándole la muerttóíífausfa. :'* Asi al Rey se lo lixerbn,' ofreciendo en su probanza, que eran testigos de vista; yesta verdad póf ser clara, en muy pablica palestra mantendremos en batalla. El Rey cayó amortecido al oir esta» palabras, ydespués quehuvo vuelto en sí, dixo con mortales ansias: Qué la Reyna me ha ofendido ? Al fin muger, que esto basta; yescupiendo basiliscos, dixo con colera, yrabia: Mus»
Mueran los Abeneerrage*, yluego al punto mandaba los llamase» uno áuno, ycon esta industria, ymaña degolló hasta treinta yseis, vá todos los degollara si no fuera por un Page, que descubrió la maraña, yempezó, trayeion, trayeioa, yGranada alborotada, toda dividida en vandos, procuraron su defensa; jnunca en esto parara, si el muyvaletoso Muza, digno de toda alabanza, gran Capitán General de las tropas arregladas, que sosegando el tumulto, no muy fací! el Rey mand* llamar átodos sus Grandes, ydentro de su Real Sala fue tomando cada uno •i sitio que letoeaba, yel Revsaliendo enlutado, dixo con voz lastimada. Vasallos nobles, yamigos, bien sé, que ignoráis la causa de} sucedido fracasó, oid .pues, la circunstanciar Os hago saber atodos por cosa muy fiza, yclara, que sen los AbíWcertages los que al mundo dieron fama, traydores ámí Corona; yque asi mismo intentaban quitarme la vid}, yReyno con la intcr.cíort jnuy dañada. Sabréis también, cpela Reyn* deshonestamente trata con Albín Haroetéamoses yque hay dentro de la sala quatro testigos de vista, qué lo jur?n, ydeclaran. Se ha levantado diciendo an Almoradi en voz alta: Awhtos atus razones, Rey, estamos, yrepara, qife estás mal aconsejado, que ésa es trayeion declarada, que la, Rcynaesmuy honesta, ¿en ella «o cabe mancha, L, -esos Caballeros mienten. villanos de mata casta, ycon laespada en la mano lo mantendrá en la campaña. Í Respondió el discreto Muza: Solo la prudencia valga, porque moverla aqucstiott, es dar crédito ala falsa ]traydora proposición, 1yquedara amansillada *"rtf *la candidez de la Reyna; ¿T]lo queimporta cscl llamarla, '" yjqui en presencia de todo», .según está ya notada, en acusación se ponga, porque su defensa haga, Icomo le toca en derecho. Lue^o al punto fue llamada, con muidla pompa, ygrandeza ísalió, muy acompañada :desús Damas, yDoncellas: 4ixo Muza estas palabras: Has de saber, Reyna hermosa*. Icomo dentro dcsta sala 'hay Caballeros, que ponen ‘dolo en tu honor, yen tu fama, yque con Albín Hametc aseguran, que quebrantas oy las leyes conjugales, ysiguiendo csts suman*# al Tribunal de las armas; quatro son los quetc acusan, porti otros quatro se arman ádefender lo contrario; ^ ¡ si en la lid con arrogancia [vencieren sus defensores, quedarás acr ysolada; ysi los acusadores vencieren por tu desgracia, queda tu honor empañado, ytu honra amancillada, ypor Alcoranes leyes tienes de morir quemada; treinta días son de plazo, que es el termino que basta, para que elijas, señora. ¡ Cabañeros, que tu causa la defiendan como saya, que aquihay muchos quc lohagaa, Iyyo he ser ej primero, ^ Iputsquanto yo pueda. y 1ástU-servici oconsagro.
airando íun lado, yáotro, como que se hallaba salva; mas viendo álos circunstantes lo mesurados que estaban, tuvo por cierta evidencia, lo que discurrió era chanza: Ydespués muy animosa, con disposición bizarra dixo muy en altas vocea estas siguientes palabras: Qualquier Caballero Mero, que haya en mi honot puesto tacha, miente villano traydor de mala sahgre, yprosapia, que nunca ofendi ámi Esposo con obra, ni con palabra, ni aun con solo un pensamiento, porque nunca le di entrada; yahora aqui en mi presencia, «in dilación, ni tardanza póngamela acusación mentirosa, ymal fundada, que yo confio en Alá, que me ha de sacar en palmas: Yguardando ceremonia, los traydores se levanta», yponen su aeusacion con todaslas circunstancias. Luego la afiigidaRcyna fue despojando sus galas, dándoles ácada una con ¡a mejor que se halla, yllorando sé despide. Luego el- Rey ordena, ymanda, que en la Torre de Gomares la tengan asegurada, ypongan para resguardo quarenta hombres de guardia, ycon orden muy expresa, que no fuera visitada de nadie, sino de Muza, por ser de su confianza; llevóse en su compañía ála discreta Esperanza. l>exo ápártelas congoxas, que por ser muchas, yt.'.Bta*, al silencio las remito, „que ellas mismas lo declaran. Xviéndose en tanto aprieto, ,vdesesperada 1^1 * #1 $1 f & * * * & * Hf fo por que no se les lograra el ver su afrentosa muerte, yla famosa Esperanza la consolaba diciendo: Ten señora confianza' en Dios, que re harfe librar: yo conozco allíen nai Patria áun famoso Caballero de sangte calificada, su nombre es Don Juan Chacón muy temido en las batallas,, yes amigo de amparar de luego al que de él se ampara, ysé, qué si de él te vales tienes de sér libertada. Tomó la Reyna el consejo/ yal punto escribió una Carta diciendo: Señor Doa Jijan, quien tanto la fama ensalza, gran SeñordeGarfagcna, por estar bien informada de tu virtud fpiedad, pues son tú brazo, yespada defienderla honra agena yal desamparado ampara*; esto Señor me ha obligado ¿escribirte mhdesgracia, amparándomele vos yo triste Reyni Sultana, presa por mi tánmoni®, yde adultera? acusada: ypor Alá te aseguro, que en eso nó debo nada, ysino doy Caballeros, queme defiendan sus armas, la sentencia7dc~mii muerte será luego executetda, quatro son para oíros quatro, que asilas leyes lo mandan; ysi por estatirificl pones, señor, repugnancia, yo creo en Dios Uno, yTriso, y*u Madre Soberana, *oloel Bautismo deseo con los aféalos del alma. Aquesta carta Don Juan leyó contento, ycon saña; contento, en ver que la Reyns. qHiere volverse Chrisr iana. Yescribiendo!?, respuesta, en poco tiempo notada.
m 'I Con licencia: £n Córdoba, cnla Imprenta .de la Plazuel «en e! mismo meñsager» la envió en estaspaiabras'. El postrer dia ddplazo estaremos en Granada yo, yotros tres Caballeros, sin que en aquesto haya falta. No digomas. Talayera- Luego D. Juan sin tardaiizadio parte atres Caballeros de ttueho valor, yfama: Don Manuel Ponce deLeoa; ypor segundo señala Don .Alonso de Aguilar, Caballero de importancia. L1 tercero fue efAleayde, -?- quede los Donceles liamáa. Ydesque juntos los les manifestó la carta, %. yse ofrecieron -contentos^ fisi - para una empresa tan ardua: No piden ai Rey licenerá porque no se la negara;, antes por disimilar, ¡j íngieton iban ácaza. V Iban fuertemente armad ysobre las finas arma llevaban trage Ture pues a! intento ayate *' ye la Arábiga ie fuci te mentaba cortar Yva pMesfbs erscamir acelerando las marehadL - llegaron pa^sa^dar vista ála Vega de Granadal» yen el muy frondoso Sot* se metieron, ydescasan, yaiü pasaron la náehe, yluego por la mañana al camino se sánete® áproseguir la jornada, yvieron venir aun Moro acaballo, ygruesa lanza yhablándole en su ’enguage, corteses le saludaban, no menos bizarro el Moro correspondió en sus palabras; luego a! punto les presunta, qu:e'n eran, óque buscaban ? Ellos dieren por respuesta, sin equivocarse en nada: Somos Genizaros Táreos* desembarcamos ¡en Adra, yhemos venido áestas vegas, que nos han dicho, que andan ciertos Chri.sti.anps en ellas, que hacendañosas entradas, con deseos de encontrarlos, para hartarlos de batalla. Dixocl Moro :Por Alá, que osdigo -la verdad clara, que hallarékén cada uno -ufa Marte ¿puesto en campaña, vamos andando, que yo es contaré ’sus hazañas; yper-fin les contó el Moro quanto le sucede, ypasa enGranada con la Reyna, sin quitar, ni poner nada. Aqui lo dexaré hablando, -mientras fce llego ala Alhambra avér sacar ála Reyna, que la sacan enlutada la ñor de los Caballeros, 5-, todos con sus negras vandas. En la ¡itera ia entraron /- yde este modo la baxan. • Aqui fueron los lamentos, s^ que toda la Plebe armaba, yla mucha gritería "’~&ú;,y. ' porbalcones, ^-ventanas,.: b porque la genim á.ste tictqpo: estaba muy apfn-ad’ájl- ./•/ - por ver táá^andé Lloraban ífdas lasjíiámas,- echando mil tríáKüeiones áios que fiáron la causa. Llegó, eñ -efeiño la l^eyna ala Plaza Vivarrambla, subieronlaen el rabiado, que para el negocio estaba redo de funebrrluto, yen un estradc-ser.tada ¡quedó Ja Reyóa decente ffiuv triste. \desconsolada, hechos; sus des dos fuentes, vertiendo perlas por nacar. , Aqui doxa é.á la Reyna íiorafido, yaeon^oxada, que en otra segunda parte escribiré lo que falta.