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Copyright © 2010 ISSN 1887-4606 Vol. 4(4) 828-852 www.dissoc.org _____________________________________________________________ Artículo _____________________________________________________________ Las funciones del insulto en debates políticos televisados The functions of insult in televised political debates Marina González Sanz Universidad de Sevilla (España)
Discurso & Sociedad. Vol. 4(4) 2010, 828- 852 Marina González Sanz, Las funciones del insulto en debates políticos televisados 829 Resumen Pretendemos con este artículo1 realizar una revisión del concepto del insulto en lingüística, así como proponer una clasificación para el análisis de los insultos que encontramos en un corpus específico de transcripciones procedentes de debates políticos televisados. La necesidad de revisión del concepto proviene de la rentabilidad que posee el insulto en este tipo de programas como mecanismo argumentativo. Además, el análisis tendrá en cuenta el receptor polifónico del medio de comunicación televisivo, que incluye a los miembros del debate, el público y la audiencia; el destinatario del insulto y los rasgos lingüísticos de las estructuras empleadas. Por último, observaremos si se producen actos de reparación de la imagen tras la emisión de los insultos, para comprobar en qué medida forman parte ya de la norma de los debates políticos televisados. Palabras clave: insulto, medios de comunicación, televisión, argumentación, discurso periodístico. Abstract We intend throughout this article to review the concept of insult on the linguistic research. We propose a classification for the analysis of insults found in a specific corpus from political debates on TV. The need to revise this concept comes from the profit that the insult owns in such programs as an argumentative mechanism. In addition, the analysis will take into account the addressee of the media polyphonic television, including participants, public and audience, the objective of the insult and the linguistic markers. Finally, we will see if there are face flattering acts (FFA) after the issuance of the insults, in order to see if they are already in the standard of televised political debates. Keywords: insult, mass media, television, argumentation, journalistic discourse.
Discurso & Sociedad. Vol. 4(4) 2010, 828- 852 Marina González Sanz, Las funciones del insulto en debates políticos televisados 830 1. Introducción Tradicionalmente, el análisis del insulto ha sido abordado a partir de su concepción como elemento lingüístico intrínsecamente descortés, es decir, trasgresor de las normas de cortesía que rigen la conversación (Gómez Molina, 2006: 2231). En los últimos años, las posibles funciones de este elemento en la interacción comunicativa han sido ampliadas. J. Luque et al. (1997: 19) analizaban el insulto como un elemento polivalente en función del contexto. Afirmaban que en la mayoría de las ocasiones significa afrenta y humillación, pero que puede llegar a representar una muestra de ingenio del hablante o incluso elogio hacia el oyente. Más recientemente, M. Colin (2003: 43) ha basado las funciones del insulto sobre los ejes de la agresión y del humor, pasando por las intenciones de herir, provocar, marcar jerarquía y estigmatizar, agredir, pelear, defender, protestar, denunciar, desahogarse, rebelarse o burlarse. La estudiosa propone la siguiente definición: El insulto es una acción verbal y/o no verbal, sancionada como ofensiva; cuyas unidades léxicas pueden, o no, representar en sí mismas una carga insultante al evocar conceptos socialmente convenidos para ello. El insulto puede ser un acto de habla o ser tan solo una parte del acto mismo. Enmarcado en una situación comunicativa, el insulto es un recurso del locutor/interlocutor cuya fuerza ilocucionaria se expresa como agresión. El insulto presenta un doble valor comunicativo, el de la agresión y la defensa, esto es, rompe y restituye, en algunos casos, la comunicación. […] El uso de palabras lingüísticamente marcadas en contextos que normalmente le son vedados llega a evidenciar las diferencias sociales al romper las convenciones (2003: 154). Surgen varias cuestiones al intentar aplicar esta definición a los casos de insultos que encontramos en un corpus formado por debates televisados de tema político. En primer lugar, resaltaremos la ausencia en la definición de la rentabilidad de este elemento como recurso argumentativo. Entendida la argumentación como una dimensión de las estructuras lingüísticas, el insulto, en función del contexto, puede emplearse como medio lingüístico para orientar la opinión del oyente (Fuentes-Alcaide, 2007: 12). A continuación, analizaremos las manifestaciones de expresiones agresivas que aparecen en el corpus, desde una perspectiva pragmático-discursiva y teniendo en cuenta el receptor polifónico de estos programas (Kerbrat- Orecchioni, 1986: 34), y las clasificaremos en función del foco del insulto, diferenciando entre los que representan un acto ilocutivo de agresión al receptor y aquellos que forman parte del acto de habla ilocutivo de informar. Atenderemos, además, al grado de direccionalidad de las estructuras que se emplean, en un intento por establecer un continuum entre el insulto apelativo prototípico, directo, y las acusaciones, que emplean en su mayoría
Discurso & Sociedad. Vol. 4(4) 2010, 828- 852 Marina González Sanz, Las funciones del insulto en debates políticos televisados 831 mecanismo más indirectos. Por último, observaremos la reacción, o más bien la ausencia de reacción, de los tertulianos ofendidos, para poder describir la norma imperante en este contexto, y si la emisión de insultos provoca una ruptura de esa norma. 2. El análisis lingüístico del insulto En la tradición de la lingüística pragmática, las obras clave de H. P. Grice (1975) y J. L. Austin (1971) no dedican apenas espacio al análisis del insulto. M. Colin relaciona esta ausencia de atención al tema con el carácter irracional de este elemento, en tanto que viola en la mayoría de los casos los principios de cooperación; entendido como acto de habla, el insulto provoca la ruptura de la comunicación. Dentro del marco teórico de la cortesía verbal, la emisión del insulto ha sido considerada como una manifestación de descortesía lingüística, definida esta como la ausencia de cortesía, ya sea deliberada o voluntaria (Kaul, 2006: 255). Su análisis se ha iniciado más tardíamente que el de la cortesía verbal (Culpeper, 1996: 349). Uno de los primeros autores en atender los casos de descortesía verbal fue E. Goffman (1969), quien señaló que la imagen negativa correspondía a los llamados “territorios del yo”. La influencia del contexto cumple también un papel importante (Van Dijk, 2009), puesto que la presencia de determinadas características favorece la aparición de actos descorteses. En esos casos, la comunicación deja de ser cooperativa para convertirse, en palabras de E. Goffman, “en una palestra en la cual se lleva a cabo un enfrentamiento o una pugna” (1969 [1970]: 29). El objetivo de la persona no es otro que el de proteger su imagen de una posible contradicción, a la vez que en la discusión se van conquistando puntos de manera progresiva. La presencia de público se convierte así en casi una necesidad del propio acto comunicativo. En estos intercambios agresivos, el ganador es aquel que logra introducir información favorable para él y desfavorable para los demás, de forma que vence en la interacción. A veces, señala E. Goffman, esa muestra de capacidad superior es más importante que el propio contenido de sus intervenciones. Sobre la ampliación del concepto de descortesía lingüística es necesario mencionar también la propuesta de J. Culpeper (1996: 350). Este autor desarrolló, como correlato de las propuestas de P. Brown y S. Levinson (1987), cinco superestrategias, y enunció algunas estrategias concretas de descortesía, tanto positiva (busque el desacuerdo con el otro, niegue la cercanía) como negativa (asuste, ridiculice). Para H. Haverkate, el insulto es un acto descortés que requiere una disculpa para que se restablezca la imagen del ofendido y el balance interaccional (1994: 18). Este tipo de manifestaciones lingüísticas procedentes de emociones negativas debe definirse en función de los efectos perlocutivos que intenta conseguir el hablante (Haverkate, 1994: 79) o de la
Discurso & Sociedad. Vol. 4(4) 2010, 828- 852 Marina González Sanz, Las funciones del insulto en debates políticos televisados 832 relación social establecida entre hablante y oyente (Slugoski & Turnbull, 1988) En los últimos años, la carga negativa de tipo intrínseco de este elemento ha sido revisada (Bernal, 2008: 775-780; Zimmerman, 2005; Harris, 2001), hasta llegar a los grados de desemantización, rutinización o desautomatización que presentan algunos insultos analizados por J. García- Medall (2008: 668). M. Bernal señala que los términos considerados tradicionalmente como insultos son susceptibles de tener dos lecturas: una lectura convencionalizada por una parte, que produce un efecto negativo y descortés; y una lectura afiliativa, menos convencionalizada, por otra, que aumenta la confianza y la afilización interpersonal. Es la situación la encargada de que el oyente se decida por una u otra interpretación. En lo que se refiere a las características lingüísticas, estudiosos como J. C. Milner (1973 y 1975) y N. Ruwet (1982) han propuesto importantes clasificaciones formales. La atención a los factores contextuales es clave a la hora de analizar la descortesía verbal2. Como señala N. Hernández-Flores: La cortesía y la imagen en general son fenómenos que deben ser descritos específicamente de acuerdo con los contextos en que aparecen a fin de dar cuenta de las estrategias usadas, su función y sus consecuencias sociales y comunicativas en la interacción (2008: 681). Por ello, debemos observar tanto el discurso político como el mediático, ya que ambos configuran la lengua de los debates periodísticos de tema político. La aparición del insulto en el lenguaje político es altamente frecuente (Luque et al., 1997: 156; Soler-Espiauba, 2007) y por esta razón ha recibido bastante atención, especialmente en el discurso parlamentario (Bolívar, 2001 y 2008). Núñez-Salazar (2002: 62-63) señalan el progresivo aumento del empleo del ataque personal en este género discursivo, en lugar del uso de ataques fundamentados en cuestiones ideológicas. Distinguen cuatro tipos: la descalificación jergal (que incluye aquellos insultos que únicamente funcionan en el marco político), el término político como insulto común, la descalificación común en el lenguaje de los políticos y los tacos. Concentran sus funciones en la descalificación del contrario; no olvidemos que estas afirmaciones conciernen al lenguaje político, destinado a conseguir votos. Aludiendo también al lenguaje parlamentario, C. Ilie, en un estudio basado en muestras del inglés y del sueco, señala las siguientes funciones del insulto (2004: 80): reforzar la cohesión del grupo al que se pertenece, entretener a la audiencia y afectar a los espectadores apelando directamente a su emotividad. Desde el punto de vista de la teoría de la argumentación, este elemento se aborda dentro de las denominadas falacias argumentativas. Hablamos de falacias entendidas como errores en los argumentos empleados por el
Discurso & Sociedad. Vol. 4(4) 2010, 828- 852 Marina González Sanz, Las funciones del insulto en debates políticos televisados 833 hablante, es decir, violaciones de reglas (Weston, 1999: 123). Las falacias argumentativas vinculadas con el insulto son el argumentum ad personam y el argumentum ad hominem (Lo Cascio, 1998: 291-292). Fuentes-Alcaide (2002: 74) describen el primer tipo como un intento de “ejercer presión sobre la persona que argumenta, discutiendo la credibilidad del adversario”. Se trata de un recurso legítimo, en opinión de las autoras, ya que se fundamenta en la exigencia al adversario de coherencia entre su persona y sus palabras. En cuanto al argumentum ad hominem, Fuentes-Alcaide lo consideran una falacia argumentativa, debido a que presenta una argumentación que puede llevar a error al asentarse sobre afirmaciones en torno al universo personal del protagonista. Algunos autores señalan que el empleo de este tipo de estrategias, enfocadas a atacar al contrario por medio del argumentum ad hominem, tiene su raíz en las emociones positivas o negativas de los interlocutores (Kienpointner, 2008: 26). Nos situamos en esta perspectiva argumentativa para el análisis del insulto; como señala C. Fuentes (2009: 110), si entendemos que el origen de la cortesía está en la búsqueda del acuerdo, entonces la descortesía supone la ruptura de dicho acuerdo; la cortesía constituiría de esta forma la norma y la descortesía la violación de esa norma. Pero podemos entender que ambos comportamientos discursivos, siempre que se efectúen de manera consciente, son diferentes opciones entre las que el hablante elige para conseguir un determinado fin comunicativo. En este sentido, por medio del insulto se presenta una imagen negativa del hablante que aporta esta información. Como señala Lo Cascio, “es un modo de aportar argumentos que no se refieren al contenido del propio razonamiento y su validez, sino que sirven para llegar a la victoria final, ejerciendo una presión sobre la persona, poniendo en discusión su credibilidad” (1998: 292). 3. Corpus y metodología Basamos este análisis en un conjunto de transcripciones de debates políticos televisados. El motivo que nos ha llevado a elegir este corpus estriba, en primer lugar, en el escaso número de estudios publicados sobre la cuestión. En segundo lugar, trabajamos con un tipo de discurso muy actual, que tiene una importante influencia en el público general al transmitirse por medio de la televisión. El estudio del insulto y las funciones que desempeña en este tipo de programas resulta interesante, ya que los debates forman parte de un género que navega entre el discurso político y el periodístico. El receptor polifónico al que aludíamos supra tendrá, asimismo, importantes consecuencias en la revisión del concepto y en la clasificación que proponemos. Las transcripciones proceden de un conjunto de debates que fueron grabados entre los años 2009 y 2010, y emitidos dentro de programas de naturaleza algo más amplia: “Espejo Público” (Antena 3), “El programa de
Discurso & Sociedad. Vol. 4(4) 2010, 828- 852 Marina González Sanz, Las funciones del insulto en debates políticos televisados 834 Ana Rosa” (Telecinco), “La Noria” (Telecinco) y “El Gato al agua” (Intereconomía). Los debates televisivos constituyen un género comunicativo cuyos participantes poseen propósitos comunes (Luckman, 1995: 176) y que tiene unas reglas del juego rígidas (Calsamiglia-Tusón, 1999: 28). Por medio del diálogo, los periodistas transmiten información y expresan sus opiniones. Recogemos aquí los fragmentos que poseen términos y expresiones consideradas insultantes, y que son incluidas en el Diccionario del Insulto de J. Luque et al. y el Inventario General de Insultos de P. Celdrán. Atenderemos de manera prioritaria al papel que desempeña el contexto, en tanto que supone un rasgo definitorio de este género (o de otros géneros, como el debate parlamentario [Van Dijk, 2009]). 4. Análisis y clasificación de los datos Comenzamos el análisis de las muestras proponiendo una clasificación basada en dos parámetros: la ausencia/presencia del foco del insulto, por una parte, y su expresión directa o indirecta, por otra. Para la definición del primer parámetro partimos de las teorías de O. Ducrot (1980, 1984 y 1986) y C. Kerbrat-Orecchioni (1986). Ducrot propone la distinción, que tiene su correlato en el emisor, de tres figuras que sirven de base para la explicación del concepto de receptor: una instancia extradiscursiva, el interlocutor, que cumple las funciones físicas del oyente (correspondiente al sujeto hablante en el polo del emisor), y dos instancias intradiscursivas: el alocutario, es decir, la persona a la que se dirige la enunciación (Ducrot, 1980: 233), cuyo correspondiente es el locutor; y el destinatario, objeto del acto ilocutivo, que guarda relación por su parte con el enunciador del polo del emisor. En el acto ilocutivo del insulto (Searle, 1980: 32), el receptor de los ataques es a la vez alocutario y destinatario. Sin embargo, en los medios de comunicación debemos añadir, además, una nueva función: el insulto enmarcado en un acto de habla informativo. En el contexto de los debates que estudiamos, el foco de la forma descortés no siempre está constituido por un receptor alocutario presente en el acto comunicativo, sino por una tercera persona ausente, que se convierte en tema discursivo de la interacción. En estos casos, los periodistas, el moderador e incluso a veces el público presente en plató funcionan como destinatarios del mensaje lingüístico. El segundo parámetro depende del tipo de mecanismos lingüísticos que se emplee para insultar al destinatario: puede tratarse de estructuras indirectas (enunciados impersonales, expresiones verbales) o directas (apelativos, formas verbales y pronombres de segunda persona, términos agresivos no atenuados). Debemos advertir que la descripción lingüística de los insultos es especialmente compleja ya que, como afirma D. A. Igualada (1996: 132) “cualquier expresión, pronunciada en las circunstancias
Discurso & Sociedad. Vol. 4(4) 2010, 828- 852 Marina González Sanz, Las funciones del insulto en debates políticos televisados 835 oportunas, con una intención definida y, sobre todo, con la entonación adecuada, puede ser entendida como un insulto”. Lo que prima, en opinión de la autora, es la intención (1996: 133). A partir de esta idea, nuestro propósito es determinar el grado de direccionalidad de las estructuras empleadas, y la carga de agresividad que conlleva su uso. De esta forma, observaremos la relación que se establece entre el insulto prototípico y otras estructuras que se alejan de la expresión tradicional del mismo. Además de estos dos parámetros, atenderemos a un último rasgo lingüístico: la posible carga negativa implícita que posea el insulto. De esta forma, podremos comprobar el grado de descortesía potencial que se produce en los debates, y el daño que puede hacer a la imagen lo no dicho y la información inferida. 1. El insulto como acto ilocutivo Comenzamos por los insultos proferidos con la intención de atacar a un receptor alocutario, presente en la sala. En ningún caso se pretende herir al moderador, sino a un periodista participante en el debate, lógicamente perteneciente al bando contrario al del hablante. En estos casos, la mayoría son expresiones impersonales, genéricas y no apelativas: (1) Mª Antonia Iglesias: [si no hay dinero para todos y no queréis que subamos los impuestos] ¿de dónde se saca el dinero?¡hombre! César Sinde: [recorta el gasto público/ Maria Antonia] Mª Antonia Iglesias: [no se puede ser tan irresponsable/ tan demagogo y tan poco serio] [“La Noria”, 19/09/2009]3 Nos encontramos ante un caso de agresión hacia el receptor alocutario que se lleva a cabo por medio de una estructura impersonal: los insultos se dirigen hacia una supuesta tercera persona. Para E. Cascón (1991: 564), estamos ante un cambio del eje de referencia según el cual la tercera persona para a designar a la segunda por medio de se como elemento auxiliar del verbo. El destinatario también es doble: se insulta al periodista C. Sinde y al partido político al que este representa (el Partido Popular). Se trata de una forma de ataque indirecta, en la que se produce la ocultación del receptor. La agresión se lleva a cabo por medio del rechazo general de un comportamiento supuestamente inadecuado para un debate. Otro mecanismo indirecto para insultar al adversario presente en el debate reside en enfatizar la carga implícita de la intervención, que se convierte en verdadero motor del insulto: (2) Enric Sopena: [Jordi/Jordi/ pero ya ha sido=] Elisa Deni: [Pero eso también] es estructural→ Enric Sopena: utilizado/ ya ha sido utilizado/¿eh? el señor el señor ee-Rodríguez dee- Alfonso Rojo: [Ibarra]
Discurso & Sociedad. Vol. 4(4) 2010, 828- 852 Marina González Sanz, Las funciones del insulto en debates políticos televisados 836 Enric Sopena: [ex presidente] Ibarra§ Jordi González: §sí Enric Sopena: ya ha sido utilizado/ por ti Alfonso Rojo: [sí] Enric Sopena: [cuando] me has cortado de la manera tan infame que tú consigues hacer [y ahora]= Alfonso Rojo: [pero] Enric Sopena: [no me has dejado ni] Alfonso Rojo: [¿has leído el?] Enric Sopena: [ni contestarte] [“La Noria”, 19/09/2009] Parece claro que el hablante se dirige en exclusiva al alocutario Alfonso Rojo, y que el insulto se lleva a cabo a través de una estructura más o menos directa: se acusa a Alfonso Rojo de interrumpir de manera infame al periodista E. Sopena. De esta manera, se consigue que una descalificación que actúa inicialmente sobre una actitud discursiva trascienda hasta poder afectar a la personalidad del hablante, que lógicamente también acaba siendo infame. Se trata de un mecanismo directo en la medida en que emplea la segunda persona y el término insultante, rechazando posibles eufemismos; la indireccionalidad reside en el ataque a un individuo por medio de su comportamiento discursivo. Obviamente, posee una función descortés: ataca la imagen del interlocutor. La inferencia está en la correlación que se presupone entre el comportamiento discursivo infame y la actitud personal del hablante al que se insulta. La carga negativa de estructuras de tipo indirecto como esta parece superior a la de los insultos directos: constituyen una muestra de la inteligencia del hablante, y a su vez ralentizan la reacción del oyente, que debe esforzarse por descifrar el ataque. Como vemos, los participantes de los debates se valen para insultar de estructuras indirectas y rechazan otros recursos de carácter más mediato. En el siguiente fragmento, observamos el uso de un insulto apelativo directo, que funciona de modo inverso: la pronunciación de la forma descortés, mediante una expresión directa, acompañado de otras marcas, como pueden ser el tono o un contexto relajado, puede servir como mecanismo de relajación y atenuador de la tensión del diálogo. (3) Eduardo García: [vamos a ver querido Mario] querido Mario hay una cuestión [de-de estética] Antonio Miguel Carmona: ¡[yo no sé por qué] mezcláis lo de Matas con este tema! Eduardo García: yo por eso apelaba- Antonio Miguel Carmona: ¡qué malvados! Eduardo García: por eso-por eso apelaba a-a-a Julián Besteiro ¿eh? [El gato al agua, 23/03/2010] En este caso el insulto no está compuesto por una estructura verbal (ejemplo 1) o perifrástica (2), sino por un adjetivo axiológico (Bañón, 1993: 26). Si acudimos a las imágenes que corresponden al fragmento (3), podemos
Discurso & Sociedad. Vol. 4(4) 2010, 828- 852 Marina González Sanz, Las funciones del insulto en debates políticos televisados 843 ausente aludido, de forma inmediata, pero también al interlocutor en el debate, que representa la misma opción política o ideológica. 5. Las reacciones de los interlocutores agredidos Para describir cómo se integra el insulto en los debates televisados de tema político, analizaremos, por una parte, las reacciones de los hablantes ofendidos y, por otra, la actitud que mantiene el moderador ante la emisión de este tipo de elementos. Partimos del concepto de imagen social, definido por D. Bravo como las cualidades mediante las que el individuo se imagina a sí mismo y el conjunto de percepciones acerca de quiénes somos en relación a nosotros mismos, los otros y los sistemas sociales (2002: 100). Esa imagen puede sentirse afectada por insultos emitidos por los adversarios retóricos. Como señala Haverkate, (1994: 99), “el insulto es uno de los actos que primero requieren una disculpa por parte del ofensor para que se restablezca el balance interaccional entre hablante y oyente”. En la mayoría de los casos de emisión de insultos, no se produce ninguna reacción: muchos periodistas ni se inmutan si reciben un ataque, como vemos en (12). (12) César Sinde: no un dato más y te dejo/ ¿sabes a cuántas personas ha llevado Gallardón a la co- a Copenaghe? Enric Sopena: [eso eseso eseso es demagogia barata de la→ esade la derecha casposa] César Sinde: [cuatro cientas personas de esa déjame terminar por favor] cuatrocientas personas de esas- [“La Noria”, 03/10/2010] El adjetivo casposa equivale en léxico político a retrógrado, antiguo, desfasado12. Se trata de un insulto que afecta directamente al periodista, por su comportamiento discursivo, pero que también alcanza en último término a la ideología a la que pertenece. A pesar de ello, en la siguiente intervención, C. Sinde ni siquiera menciona el hecho. También es posible adscribir este caso a las reacciones de rechazo basadas en el silencio (Contreras, 2008: 707: 712). D. Tannen (1985) ha estudiado las funciones que el silencio desempeña en la conversación, en relación con los objetivos comunicativos de conexión (imagen positiva) o independencia (imagen negativa). En este sentido, interpretar el silencio como una reacción fruto de la intervención anterior conllevaría encuadrarlo dentro de una acción de rechazo hacia el insulto recibido. En segunda posición en términos de frecuencia, aparece en los debates una reacción basada en la defensa del insulto:
Discurso & Sociedad. Vol. 4(4) 2010, 828- 852 Marina González Sanz, Las funciones del insulto en debates políticos televisados 844 (13) Isabel Durán: ¡pero si estás mintiendo tú/ [María Antonia!] Jordi González: [eee-→César] César Sinde: [yo quería poner-=] Mª Antonia Iglesias: [yo no estoy] mintiendo [“La Noria”, 19/09/2009] Ante la acusación de mentir, proveniente de la periodista I. Durán (a su vez fruto del caso que analizamos a continuación), Mª. A. Iglesias reacciona basando su defensa en la negación del insulto. La última reacción posible consiste en atacar al contrario mediante el mismo recurso agresivo: (14) Isabel Durán: [con Zapatero no] vamos a tener nadie nada Mª Antonia Iglesias: para ganar un debate no hace falta mentir Isabel§ Jordi González: §César Isabel Durán: ¡pero si estás mintiendo tú/ [María Antonia!] Jordi González: [eee-→César] [“La Noria”, 19/09/2009] En este fragmento, protagonizado por las hablantes de los dos ejemplos anteriores, la acusación que realiza Mª Antonia Iglesias es indirecta: se trata de una verdad aparentemente universal y fácilmente aceptable. El vocativo final, Isabel, es el elemento que impregna de descortesía el enunciado: lo transforma de una verdad general a una acusación particular. Se trata de un caso de atenuación con fin descortés, que podemos deducir de la reacción de Isabel Durán, cuya siguiente intervención es un contraataque basado en el mismo argumentum ad hominem: acusa directamente a su adversaria de mentir. Esta falta de reacción por parte de los interlocutores puede explicarse precisamente por el empleo de estructuras de ataque indirectas, en lugar de expresiones apelativas. De esta forma, se reduce la posibilidad de reacción del oyente, ya que aparentemente no está siendo insultado, a la vez que se deja clara la habilidad del hablante. Volvamos al ejemplo (11) para observar las reacciones de los periodistas implicados: (11) Isabel Durán: [que no pero- ¿generar trabajo? ¿generar empleo?] Mª Antonia Iglesias: =para acá/ el señor Quintás/ [el señor Díaz Ferraz] Isabel Durán: [¿generar empleo?] Mª Antonia Iglesias: mira no tienen vergüenza Isabel Durán: [eso es un problema ¿eh?] Mª Antonia Iglesias: [no tienen vergüenza/ cómo son capaces de criticar a Zapatero] Alfonso Rojo: [María Antonia] Mª Antonia Iglesias: [gente que no ofrece más que el que la gente se vaya a la calle] Isabel Durán: [generar puestos de trabajo-(( ))] Alfonso Rojo: [en este momento-] Jordi González: ¡orden!
Discurso & Sociedad. Vol. 4(4) 2010, 828- 852 Marina González Sanz, Las funciones del insulto en debates políticos televisados 845 Mª Antonia Iglesias: flexibilizando empleo [y paro]= Jordi González: [¡ORDEN!](GRITOS) [“La Noria”, 19/09/2009] A pesar de que resulta casi imposible entender el enunciado reactivo de I. Durán, lo destacable es precisamente la producción de una reacción. M. A. Iglesias tacha de “sinvergüenzas” a J. R. Quintás y G. Díaz Ferrán13, individuos cercanos al Partido Popular, al que critica. La reacción de I. Durán se debe a dos motivos: 1) la necesidad de defender la “imagen de grupo” (Bravo 2004: 31) al que pertenece, constituido por sectores afines al PP, que ha sido dañada. 2) el deseo de mantener la oposición que define el tipo de interacción polémica de los debates. Por último, señalamos la total falta de implicación del moderador ante la emisión de los insultos: no hemos hallado en las transcripciones ninguna intervención del presentador en este sentido, lo que nos lleva a pensar, por una parte, que no constituye una función propia de los moderadores de este tipo de debates; por otra, que la norma de los debates políticos es tolerante con la emisión de insultos indirectos en la interacción. 6. Conclusiones Debemos destacar, en primer lugar, la alta frecuencia de aparición de insultos en debates televisados de contenido político. En las tertulias analizadas, no encontramos casos directos de insultos como actos ilocutivos. Esto puede deberse, por una parte, a la muestra que de este modo hace el emisor de su ingenio y, por otra, a la mayor dificultad a la que se enfrenta el oyente a la hora de descifrar el insulto, que reaccionará seguramente más tarde al ataque. Estas estructuras van acercándose progresivamente al concepto del acto de habla de la acusación, a medida que van perdiendo carácter indirecto; los límites entre ambos actos de habla no están bien definidos, y deberán ser abordados, por cuestiones de espacio, en otra ocasión. Sin embargo, sí es muy frecuente que estructuras directas aparezcan para expresar insultos que forman parte de actos de habla informativos. En lo que se refiere al empleo de este tipo de agresiones, podemos señalar varias conclusiones. 1) Encontramos un elevado uso de insultos no apelativos en los debates, no esperable si acudimos a las definiciones que se han manejado hasta la fecha, centradas en los ataques a miembros presentes en la situación comunicativa. 2) Esto implicaría la necesidad de revisar el concepto, susceptible de incluir un posible uso no apelativo. Para ello, será necesario observar si también se produce su uso en otros contextos14; en caso contrario, el insulto no apelativo quedaría como una característica configuradora del tipo de interacción que se lleva a cabo en los debates televisados de tema político. La rentabilidad de este tipo de elementos
Discurso & Sociedad. Vol. 4(4) 2010, 828- 852 Marina González Sanz, Las funciones del insulto en debates políticos televisados 846 estriba en que el periodista, en la medida en que funciona en el debate como representante del político insultado, se sentirá ofendido y reaccionará al ataque. 3) En estos casos, es difícil definir el destinatario de los insultos. Descartamos al individuo insultado, dado que es posible que nunca llegue a recibir el mensaje15. El destinatario más lógico parece ser la audiencia del programa: el insulto cobraría, así, su máxima rentabilidad argumentativa, funcionando como motivo que conduce a los receptores a una conclusión determinada. Pero otros posibles destinatarios son los periodistas presentes en el plató, que en ocasiones reaccionan ante insultos dirigidos a individuos no presentes. Este hecho puede explicarse mediante el concepto de “imagen de grupo” (Bravo 2004: 31): el periodista pertenece al mismo grupo político que la persona insultada, y se ve obligado a reaccionar para proteger tanto la imagen del grupo, como la del político al que representa, e incluso la suya propia. Por último, es necesario señalar que los debates políticos televisados aceptan cada vez con más normalidad las manifestaciones de insultos en sus emisiones, convirtiéndose en un contexto en el que la descortesía desempeña un papel principal y no marginal (Culpeper, 1996: 366). Esta afirmación se desprende de la tolerancia de los moderadores y de las escasas reacciones que se producen para reparar su imagen por parte de los hablantes ofendidos. Las reacciones que sí se producen se basan especialmente en el contraataque al contrario, y en menor medida en la defensa y la negación del ataque que se acaba de recibir. El insulto, expresado especialmente por estructuras indrectas, se convierte, así, en un rasgo configurador de los debates periodísticos de contenido político, dentro de su consideración como espacios que fomentan la agresividad y la polémica. Notas 1 Este trabajo se enmarca dentro de las actividades del proyecto de I+D+I FFI 2009-10515, “(Des)cortesía y medios de comunicación: estudio pragmático”, subvencionado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (Gobierno de España). 2 Como señalan Fraser y Nolan (1981: 96) “no sentence is inherently polite or impolite. […] The conditions under which they are used […] determine the judgment of politeness”. 3 Seguimos el sistema de transcripción del grupo Val. Es. Co. (Briz, 2000). 4 Este tipo de elementos han sido analizados por O. Ducrot (1995), M. M. García Negroni (1995) y C. Fuentes-E. Alcaide (2002). 5 Seguimos la terminología que aplica D. A. Igualada en la clasificaciñon que propone para estudiar las caracterísicas formales del insulto (1996: 133-134). 6 No nos detenemos aquí en analizar la reacción, o más bien la ausencia de reacción, de la periodista ofendida, situación que comentaremos al final. 7 Se trata de uno de los gestos descorteses más usados en la actualidad, y cuyo origen se remonta a la cultura romana (Puig, 2005: 147).
Discurso & Sociedad. Vol. 4(4) 2010, 828- 852 Marina González Sanz, Las funciones del insulto en debates políticos televisados 847 8 Se refiere al general francés Charles de Gaulle, primer presidente de la República Francesa. 9 Tras el insulto emitido por el hablante Eduardo García, aparece en primer plano la imagen informática del gato que constituye la mascota del programa, maullando y levantando el pulgar en señal de aprobación. 10 Es tan violento que se han creado paliativos eufemísticos que restan grosor al término, com indica P. Celdrán (1995: 141). 11 Ambos insultos aparecen marcados entonativamente: se pronuncian en un tono más elevado y están enfatizados. 12 No es válida para este contexto la definición que propone el DRAE, que se limita al sentido literal del adjectivo. 13 Presidente de la Asociación de las cajas españolas y presidente de la CEOE (Confederación Española de Organizaciones de Empresarios), respectivamente. 14 Parece lógico analizar contextos fundamentalmente mediáticos, debido a la presencia de un receptor polifónico. 15 Aunque siempre existe la posibilidad de que el individuo que ha servido como tema discursivo sí reciba el mensaje. En este sentido, falta en la bibliografía específica un análisis de la figura del “aludido”, cuya existencia puede ayudar a avanzar en el conocimiento de la imagen que el periodista ofrece de sí mismo, y de la imagen de grupo al que pertenece ese aludido.
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Discurso & Sociedad. Vol. 4(4) 2010, 828- 852 Marina González Sanz, Las funciones del insulto en debates políticos televisados 852 Nota biográfica Marina González Sanz es licenciada en Filología Hispánica y becaria del programa de Formación de Personal Universitario (FPU) del Ministerio de Educación. Actualmente forma parte del Grupo de Investigación de la Universidad de Sevilla “Argumentación y persuasión en Lingüística” (HUM-659) y trabaja en la elaboración de la tesis doctoral titulada “Estudio pragmalingüístico de debates políticos televisados”, dirigida por Dª C. Fuentes Rodríguez. Su línea de investigación se centra en el análisis del discurso político, medios de comunicación y marcadores del discurso. E-mail: [email protected]