El apoyo social de mujeres solas con responsabilidad familiar: Un estudio con madres de los Servicios Sociales Comunitarios
Full text
E E EL L L A A AP P PO O OY Y YO O O S S SO O OC C CI I IA A AL L L D D DE E E M M MU U UJ J JE E ER R RE E ES S S S S SO O OL L LA A AS S S C C CO O ON N N R R RE E ES S SP P PO O ON N NS S SA A AB B BI I IL L LI I ID D DA A AD D D F F FA A AM M MI I IL L LI I IA A AR R R U Un n e es st tu ud di io o c co on n m ma ad dr re es s u us su ua ar ri ia as s d de e l lo os s s se er rv vi ic ci io os s s so oc ci ia al le es s c co om mu un ni it ta ar ri io os s
E E EL L L A A AP P PO O OY Y YO O O S S SO O OC C CI I IA A AL L L D D DE E E M M MU U UJ J JE E ER R RE E ES S S S S SO O OL L LA A AS S S C C CO O ON N N R R RE E ES S SP P PO O ON N NS S SA A AB B BI I IL L LI I ID D DA A AD D D F F FA A AM M MI I IL L LI I IA A AR R R U Un n e es st tu ud di io o c co on n m ma ad dr re es s u us su ua ar ri ia as s d de e l lo os s s se er rv vi ic ci io os s s so oc ci ia al le es s c co om mu un ni it ta ar ri io os s Mª Victoria Hidalgo García Bárbara Lorence Lara Javier Pérez Padilla Susana Menéndez Álvarez-Dardet Jose Sánchez Hidalgo Lucía Jiménez García Ángela Arenas Rojas
© Los autores, 2009 © Fotografía de la portada: Manuel Sánchez Hidalgo © Edita: Instituto Andaluz de la Mujer C/ Alfonso XII, 52. 41002 Sevilla Teléfono: 955 034 922 www.juntadeandalucia.es/institutodelamujer ISBN: 978-84-692-8435-3 Depósito Legal: SE- 175-2010 Impresión: Diseño Sur, S.C.A. Políg. Ind. ‚Ciudad Blanca‛, C/Foreño, 6. 41700 Dos Hermanas (Sevilla) Impreso en España. Printed in Spain Edición subvencionada por el Instituto Andaluz de la Mujer Trabajo de Investigación desarrollado en el marco de un Convenio de Colaboración suscrito entre el Área de Bienestar e Igualdad Social del Ayuntamiento de Sevilla y la Universidad de Sevilla y bajo la cobertura de un proyecto de I+D del Ministerio de Educación y Ciencia (SEJ2007-66105)
I IN ND DI IC CE E PRESENTACIÓN 9 LA SITUACIÓN PERSONAL, FAMILIAR Y SOCIAL DE LAS FAMILIAS MONOMARENTALES EN ESPAÑA 11 La monomarentalidad en España: evolución reciente y situación actual<<.. 13 Perfil sociodemográfico y económico de las madres solas y sus familias<<.. 15 Circunstancias vitales y redes de apoyo social de las mujeres solas con responsabilidad familiar<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<< 19 Principales características personales y sociales de las madres usuarias de los SS. SS. CC. por razones de preservación familiar<<<<<<<<<<< 23 METODOLOGÍA DEL ESTUDIO 27 Diseño ......................................................................................................................... 28 Participantes ............................................................................................................... 29 Instrumentos y dimensiones evaluadas ................................................................. 31 Procedimiento <<<<<<<<<<.................................................................... 33 RESULTADOS: Principales indicadores familiares, personales y sociales de las mujeres responsables de familias monomarentales 35 Circunstancias de vida .............................................................................................. 37 Los hogares y las familias ................................................................................ 38 El nivel de pobreza ........................................................................................... 40 Las madres ......................................................................................................... 43 Trayectorias de vida de riesgo y situación actual ........................................ 45 Autoestima ........................................................................................................ 52 Síntesis de resultados ....................................................................................... 54 Apoyo social ............................................................................................................... 57 Dimensiones estructurales: las redes de apoyo social ................................. 58 Dimensiones subjetivas: necesidad y satisfacción con el apoyo ................ 60 Tipología en función del grado y tipo de apoyo social ............................... 62 Síntesis de resultados<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<...<. 67 Tipología del apoyo social relacionada con las circunstancias vitales............... 69 Síntesis de resultados<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<< 75 9 DISCUSIÓN Y REFLEXIONES FINALES 77 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 95
8
9 P PR RE ES SE EN NT TA AC CI IÓ ÓN N En el análisis de la evolución de la sociedad española destacan, sin duda, los importantes cambios que ha experimentado el sistema familiar. De hecho, la realidad familiar actual difiere profundamente de cómo era la familia en nuestro país hace solo unas décadas. Estos cambios afectan a aspectos muy diferentes: la composición y el número de miembros, la distribución de roles entre los cónyuges, las relaciones entre los distintos miembros, el funcionamiento familiar; pero, sobre todo, han contribuido a que la familia española actual se caracterice por una enorme pluralidad. Entre las nuevas formas familiares que conviven con estructuras más tradicionales sobresalen, por su cada vez mayor presencia, las familias monoparentales; es decir, aquellos núcleos familiares en los que un solo progenitor es responsable del cuidado de niños y niñas menores de 18 años. El hecho de que estas familias constituyan ya alrededor de un 10% de la totalidad de hogares de nuestro país ha contribuido sin duda a que cada vez haya más estudios y datos empíricos acerca de cómo son estas familias, cuáles son sus principales características y en qué medida el desarrollo de los menores que crecen en estos hogares se asemeja y/o difiere de los que crecen en contextos familiares más convencionales. Los datos disponibles hasta el momento han mostrado que la mayoría de las familias monoparentales están encabezadas por una mujer que, en muchos casos, tiene entre sus principales problemas una situación económica bastante precaria. No obstante, también sabemos por los datos de investigación que dentro de este tipo de familias es posible encontrar a su vez una importante diversidad. Más allá de los perfiles generales obtenidos, es necesario empezar a explorar las diferencias entre distintos tipos de familias monoparentales. El trabajo que se presenta a lo largo de estas páginas tiene como objetivo avanzar en esta línea. En concreto, con este estudio pretendemos contribuir a conocer
10 con mayor detalle un tipo específico de familias monoparentales: aquellas constituidas por una mujer sola con hijos e hijas (referidas en este estudio como familias monomarentales) y que recibe algún tipo de atención de los Servicios Sociales Comunitarios. Se trata por tanto de profundizar en el conocimiento de estas familias en las que se han detectado algunos indicadores de riesgo psicosocial con el objetivo de conocer si su realidad y sus dificultades son similares a todas las familias usuarias de los Servicios Sociales o si sus características estructurales contribuyen a que tengan unas necesidades de apoyo específicas. Para dar respuesta a este objetivo comenzaremos describiendo el perfil sociodemográfico de estas familias, a continuación analizaremos las circunstancias vitales que han provocado sus situaciones de riesgo y, finalmente, nos detendremos en una dimensión que creemos muy relevante para entender la situación de estas familias y sobre la que existe muy poca información empírica: cómo son y cómo funcionan las redes de apoyo social de las que disponen estas mujeres para afrontar sus necesidades personales y familiares. Los datos que se presentan en este libro proceden de un estudio más amplio que se ha llevado a cabo por nuestro grupo de investigación en los últimos años para conocer en profundidad el perfil y las características psicosociales de las familias usuarias de los Servicios Sociales por motivos de preservación familiar. Para cubrir este objetivo, una amplia muestra de familias de la ciudad de Sevilla, atendidas por los Servicios Sociales, han sido estudiadas mediante la realización de entrevistas a las mujeres responsables de estas familias y a sus hijos e hijas. Esta investigación ha sido posible por una doble financiación. Por un lado, gracias a sucesivos Convenios de Colaboración entre el Área de Bienestar del Ayuntamiento de Sevilla y el Departamento de Psicología Evolutiva de la Universidad de Sevilla; por otro, gracias a un proyecto I+D aprobado por el Ministerio de Educación y Ciencia (SEJ2007- 66105) . Además de la necesaria financiación, para la realización de esta investigación ha sido fundamental contar con la colaboración de los psicólogos y las psicólogas responsables de la intervención familiar desde los Servicios Sociales Comunitarios del Ayuntamiento de Sevilla. Queremos aprovechar estas páginas para agradecer la inestimable colaboración de estos profesionales así como la de todas las familias participantes en el estudio. Esperamos que los datos obtenidos en este estudio ayuden a los responsables de la intervención familiar a ser sensibles y entender las necesidades de apoyo en estos contextos y, sobre todo, que este mejor conocimiento contribuya a que estas mujeres reciban toda la ayuda y el apoyo necesario para afrontar —en solitario pero satisfactoriamente— sus tareas y responsabilidades educativas.
11 L LA A S SI IT TU UA AC CI IÓ ÓN N P PE ER RS SO ON NA AL L, , F FA AM MI IL LI IA AR R Y Y S SO OC CI IA AL L D DE E L LA AS S F FA AM MI IL LI IA AS S M MO ON NO OM MA AR RE EN NT TA AL LE ES S E EN N E ES SP PA AÑ ÑA A El incremento de los hogares monoparentales constituye una de las señas distintivas de la evolución familiar que se viene produciendo en España y en otros países de nuestro entorno. Así, la monoparentalidad se presenta en la actualidad como una manifestación más de la pluralidad familiar que es, a su vez, reflejo del conjunto de cambios emergentes que a nivel global se están produciendo a nivel económico, social y cultural en los países occidentales. En el caso del contexto europeo, las estadísticas de las últimas décadas vienen señalado una tendencia creciente a que las familias monoparentales formen parte destacada del paisaje social, hasta el punto de que pueden considerarse como una tendencia paradigmática y definitoria de la modernización familiar en países industrializados (Treviño, 2006). Este notable incremento de la monoparentalidad en Europa se ha debido, principalmente, al creciente número de separaciones, divorcios y rupturas de parejas de hecho (Flaquer, Almeda y Navarro, 2006; Rodríguez, 2001). A pesar de que en España como veremos a continuación esta tendencia también es creciente, la presencia de familias a cargo de un único progenitor es menor a la que caracteriza a otros países europeos. En cualquier caso, el aumento de estas familias en la sociedad española ha sido muy llamativo en las últimas décadas, despertando el interés de especialistas de diversas disciplinas relacionadas con el estudio de la familia. No obstante, el conocimiento acerca de la realidad de estos hogares aún no es suficiente ni desde luego comparable al existente respecto a la monoparentalidad en otros países europeos.
La situación personal, familiar y social de las familias monomarentales en España 12 A lo largo del primer bloque de este trabajo nos proponemos ofrecer un retrato de la monoparentalidad en España, particularmente enfocado hacia una parte muy significativa de este colectivo: las familias en las que el progenitor responsable de los hijos y las hijas es una mujer y que, por diversas razones, se encuentran en situación de riesgo psicosocial y son usuarias de las Servicios Sociales Comunitarios por razones de preservación familiar. Nos interesa además muy especialmente analizar entre otras dimensiones sus necesidades y recursos de apoyo para hacer frente a los, como veremos, numerosos e importantes problemas que muy mayoritariamente caracterizan la realidad cotidiana de estas familias. Pero debemos comenzar este análisis precisando que, en el momento de redactar estas páginas, la revisión de literatura que hemos efectuado nos ha permitido acceder a un muy escaso número de investigaciones específicamente centradas en este tipo de familias en nuestro país, especialmente si, más allá de los indicadores objetivos sobre su realidad sociodemográfica, nos interesamos por conocer cuáles son sus rasgos distintivos en relación con dimensiones de naturaleza psicológica. Por tanto, de cara a describir a estas familias y sus necesidades y recursos de apoyo, a lo largo de las páginas que siguen deberemos recurrir en muchas ocasiones a resultados de estudios centrados en tipos menos específicos de familias (monoparentales en general, familias de diversa estructura pero en situación de riesgo...), a explotaciones de datos poblacionales, o a investigaciones realizadas fuera de nuestro país. De manera indirecta, estos resultados pueden permitirnos disponer de una perspectiva acerca de la realidad personal, familiar y social que caracteriza a estas mujeres. La descripción comienza con un repaso por datos poblacionales, procedentes de amplios sondeos que se efectúan periódicamente en nuestro país y en el contexto europeo, que permiten evidenciar tanto el peso de la monomarentalidad en la sociedad española como su evolución reciente. A continuación se ofrece una descripción de las principales características sociodemográficas de estas familias y estas mujeres, haciendo especial referencia a los indicadores relacionados con su situación económica y laboral, con objeto de calibrar el riesgo de pobreza que padecen y que las sitúa en una situación de especial vulnerabilidad. El siguiente apartado se ocupa de diversas dimensiones relacionadas con la vivencia personal que las madres solas hacen de su situación, especialmente los principales problemas que perciben y cuáles son los recursos (formales e informales) de los que disponen y que suelen utilizar. Finalmente se ofrece una síntesis de las principales características psicosociales que suelen presentar las madres usuarias de los Servicios Sociales Comunitarios por razones de preservación y fortalecimiento familiar, colectivo en el que las mujeres que crían y educan solas a sus hijos y sus hijas están sobrerepresentadas.
La situación personal, familiar y social de las familias monomarentales en España 19 realidad viene marcada no sólo por las variables socioeconómicas sino también por las diferentes circunstancias vitales a las que han hecho frente estas familias, así como por las que caracterizan su situación actual, circunstancias que pasamos a analizar a continuación. Circunstancias vitales y redes de apoyo social de las mujeres solas con responsabilidad familiar En su análisis de la maternidad en solitario González y su equipo (Morgado et al., 2003) plantean que las mujeres que abordan en solitario su maternidad afrontan una serie de retos y/o desafíos que van más allá de las dificultades que tienen para integrarse en el mercado laboral de manera digna y disponer de ingresos económicos suficientes. Según estas autoras, otros desafíos importantes a los que estas mujeres se enfrentan en su vida diaria incluyen vivir y criar a sus hijos de manera autónoma y sin depender de otros núcleos familiares, conciliar la vida familiar y laboral, disponer de tiempo para sí mismas, conquistar la estabilidad emocional, y vivir solas sin sentir desolación. En conjunto, y junto a los problemas económicos y laborales a los que ya se ha hecho referencia (destacados respectivamente por un 62% y un 34’9% de las madres de este estudio), las principales circunstancias estresantes y/o problemáticas que estas mujeres percibían en su situación de madres solas eran la sobrecarga de roles (44’1%), el cuidado y la educación de sus hijos e hijas (41’4%), pero sobre todo los problemas de índole emocional (76%), especialmente los estados de depresión (64’4%) y los problemas de ansiedad y angustia (23’7%). De manera especial, y en parte en relación con los resultados anteriores, hay que destacar las dificultades que encuentran estas mujeres en todo lo relacionado con el tiempo para sí mismas. De acuerdo con los resultados de González (González et al., 2004), un 44’7% de las madres solas manifiestan no disponer normalmente de espacio ni de momentos actividades de ocio, recreativas o sencillamente de descanso y de relax personal. A conclusiones parecidas llegan Vicente y Royo (2006), en relación con el tiempo para divertirse y salir con otras personas. Con toda probabilidad, como afirman estas autoras, la confluencia del trabajo remunerado y no remunerado (doméstico) hace que el tiempo libre de estas mujeres quede reducido con frecuencia a un periodo de mero descanso físico o de disfrute con sus hijos e hijas. Las dificultades de diverso tipo que enfrentan estas mujeres son una fuente importante de estrés y de otros problemas emocionales y de salud. Diferentes estudios realizados fuera de nuestro país han mostrado que las madres responsables
La situación personal, familiar y social de las familias monomarentales en España 20 de familias monomarentales son más propensas a experimentar dificultades que las mujeres que comparten su responsabilidad familiar con una pareja (McLanahan y Booth, 1989; Raschke, 1987). La problemática que rodea a estas mujeres es más acusada entre las que tienen problemas económicos y un bajo nivel educativo, dado que las madres con este perfil suelen disponer de estrategias de afrontamiento más limitadas para superar los problemas y dificultades que les depara la vida (Simons, Beaman, Conger, Chao, 1993). Con el objeto de analizar esta realidad, el equipo de Targosz (Targosz et al., 2003) llevó a cabo una investigación con una muestra de 5281 madres que incluía a mujeres solas a cargo de menores de 16 años, otras que compartían sus funciones parentales con otro adulto con el que convivían (en el 90% de los casos se trataba de su pareja), y mujeres solas responsables de niños y niñas mayores de 16 años. Los resultados de este estudio indicaron, entre otras cosas, que las mujeres del primer grupo (madres solas con menores de 16 años) afrontaban un mayor número de circunstancias estresantes y problemáticas que el resto: el 15% experimentaron 3 o más sucesos en los últimos 6 meses, más del doble que cualquiera de los otros dos grupos. La acumulación de circunstancias de riesgo en la trayectoria vital de las personas se relaciona directamente con su bienestar psicológico (Lin y Ensel, 1989; Gracia, Musitu y García, 1991). Algunos estudios ponen de manifiesto que las madres que afrontan en solitario su maternidad muestran más problemas de salud mental que las que conviven en pareja (McLanahan, 1983), y parecen especialmente vulnerables a padecer problemas de tipo depresivo (Jackson, Brooks-Gunn, y Blake, 1998; Rudowics, 2001). En el estudio de González con una muestra de madres solas, el 80% había tenido problemas de tipo emocional desde que comenzó la situación monomarental, y en un 33’6% de los casos estos problemas persistían en la actualidad (González et al., 2004). Por tanto, y aunque los datos ofrecidos por estas autoras ponen de manifiesto que en torno a la mitad de las mujeres han ido ganando y progresando en cuanto a su estabilidad emocional, un porcentaje importante de ellas continúan experimentando problemas de este tipo. En cualquier caso, hay que resaltar que un 66% de las madres que participaron en este estudio hace una valoración global positiva de su situación como madre sola, y que un 69% de ellas consideran que esta experiencia les ha hecho crecer, madurar y, en definitiva, cambiar positivamente a nivel personal. Los resultados que hasta el momento hemos expuesto reflejan que muchas mujeres que crían solas a sus hijos y sus hijas hacen frente a una complicada situación tanto personal como familiar, pero que también muchas de ellas hacen un balance positivo de su situación. En este sentido, cobra un especial significado analizar los recursos de los que disponen para hacer frente a estos problemas y necesidades, recursos entre los que el apoyo social juega un papel esencial. En
La situación personal, familiar y social de las familias monomarentales en España 21 términos generales, las redes de apoyo social con las que cuenta una persona y la función de ayuda que desempeñan constituyen un recurso fundamental de cara a la maternidad, dado que pueden funcionar como un significativo factor de protección que permite amortiguar los efectos directos e indirectos de los acontecimientos vitales estresantes, facilitando la adaptación y afrontamiento ante éstos (Barron 1996; Gómez, Pérez y Vila, 2001). Existen diversos mecanismos a través de los cuales el apoyo social protege a las personas de los efectos nocivos de las situaciones estresantes. Como señala López (2005) en su revisión, estos mecanismos tienen que ver con tres tipos de procesos: Disponer de recursos de apoyo para afrontar un acontecimiento negativo permite que se pueda valorar de forma más positiva la situación. Ante las circunstancias de estres, el apoyo social actúa guiando la valoración que el individudo hace de las estrategias de afrontamiento disponibles. El apoyo social funciona o bien como recurso de afrontamiento en sí mismo, o bien proporcionando una base emocional de carácter paliativo ante las situaciones adversas a las personas han de enfrentarse. Si bien es cierto que cualquier tipo de estructura familiar puede beneficiarse de una red de apoyo social amplia y efectiva, ésta juega un papel fundamental en contextos vulnerables como las familias monomarentales. Así, el efecto protector o amortiguador del apoyo social parece ser particularmente decisivo en las familias a cargo de madres solas (Murry et al., 2001). Existe muy poca evidencia empírica sobre la estructura, la funcionalidad y la composición de las redes de apoyo social de las mujeres responsables de familias monomarentales. Sin embargo, los datos disponibles señalan que, en cierta medida, las redes de apoyo social de las mujeres de familias monomarentales tienden a ser más amplias y algo más diversas que las de mujeres de familias biparentales aunque no suficientes para satisfacer las necesidades de estas mujeres (Landero y González, 2006). Además, estas madres tienen que abordar la ardua tarea de reestructurar sus redes sociales, este proceso va a ser más o menos dificil dependiendo de los motivos que han originado la monoparentalidad, la duración del matrimonio y el tipo de vinculación que tenía con su pareja y amigos (Arroyo, 2002). En cuanto a la composición de la red social de apoyo, en general las personas suelen buscar ayuda en la red informal de apoyo más directa y cercana (familiares y amigos), por ser las que brindan los apoyos más naturales, recíprocos y satisfactorios (Gottlieb, 1983), así como por su carácter más privado y más ajustado a las necesidades concretas de las personas (Navarro, 2004). Por tanto la familia y los amigos suelen ser los pilares básicos del apoyo social para cualquier persona, y lo mismo tiende a suceder entre las familias monomarentales (McLanahan,
La situación personal, familiar y social de las familias monomarentales en España 22 Wedemaeyer y Adelberg, 1985). En estos contextos, la familia de origen suele ayudar a las mujeres a superar situaciones difíciles o de crisis, de manera que el apoyo tanto emocional como instrumental y económico que brindan funciona como una fuente de ayuda fundamental que les trasmite mucha seguridad. Así, como señala Arroyo (2002), las madres solas que no han tenido el apoyo de sus familias han experimentado mayores dificultades económicas y sociales, y se ha acentuado su sentido de soledad o sus problemas económicos y de organización de la vida cotidiana. Una fuente de apoyo familiar que adquiere especial protagonismo en las madres solas son las abuelas y los abuelos. Cuando las relaciones de estas mujeres con su madre y su padre son buenas, éstos juegan un papel fundamental dentro de sus redes de apoyo social, sobre todo de cara al cuidado de sus hijos y sus hijas (Arroyo, 2002), además de promocionar bienestar personal de las madres solas (Wan, Jaccard, Ramey, 1996). En el estudio de González (González et al., 2004), la madre de la mujer era el recurso fundamental con el que contaban las madres solas de cara al cuidado de sus hijos y sus hijas, tanto en situaciones cotidianas (por ejemplo, las abuelas eran las responsables secundarias habituales de sus nietos en un 48’7% de los casos mientras sus hijas estaban trabajando) como en circunstanciales o especiales (como una enfermedad u otra eventualidad, circunstancias en las que se ocupaban de sus nietos en un 62’5% de las ocasiones). Por tanto todo parece indicar que, frente a las numerosas demandas de ayuda que experimentan estas familias, las abuelas están desempeñando una función de sostén y de apoyo particularmente relevante. Es importante destacar que, en los casos de madres solas solteras y sobre todo separadas, el padre de los hijos y las hijas no suele funcionar como una fuente de apoyo efectiva para estas mujeres. Así, por ejemplo algunos estudios longitudinales hechos fuera de nuestro país (Malo, 1994) señalan que la ex-pareja rara vez se presenta como un recurso efectivo de apoyo, actuando más bien como una fuente de conflicto. Además de la familia, los amigos y las amigas también son una fuente de apoyo informal muy eficiente en estos contextos, sobre todo cuando las relaciones familiares no son agradables y satisfactorias. En el caso de las madres solas tras separación o divorcio, la situación de monoparentalidad las empuja a reorganizar sus redes sociales mediante la búsqueda de nuevas amistades o el fortalecimiento de las ya existentes, aunque suele resultar una tarea menos fácil, sobre todo durante el primer año, para las madres que han estado casadas durante más tiempo, y entre las mujeres que no disponían de un empleo remunerado antes de la separación (Arroyo, 2002). Junto a las fuentes de apoyo informal, que como vemos son mayoritarias en las redes de apoyo de estas madres, en muchos casos la complejidad y/o la gravedad
La situación personal, familiar y social de las familias monomarentales en España 23 de la situación llevan a muchas mujeres que educan solas a sus hijos a buscar apoyo y ayuda en diversas fuentes y dispositivos de apoyo de carácter formal. En el estudio de González (González et al., 2004; Jiménez et al., 2004; Morgado et al., 2003), un 23% de las madres solas acudían a los Servicios Sociales para hacer frente a las necesidades y problemas (tanto económicos y laborales como emocionales) a los que debían hacer frente, mientras que un 11’2% había recurrido a los Servicios de Atención a Mujeres, un 2% a asociaciones de mujeres, y un 2% a Cáritas; finalmente, un 9’4% de las mujeres había tratado de resolver sus problemas acudiendo a m{s de un recurso de apoyo formal diferente. Por tanto, la evidencia empírica apunta hacia que las familias monomarentales presentan algunas dificultades importantes pero no se caracterizan por el aislamiento social, aunque sí por una presencia destacada de fuentes formales en sus redes de apoyo social. Principales características personales y sociales de las madres usuarias de los SS. SS. CC. por razones de preservación familiar Como ya hemos señalado en apartados anteriores, la realidad de las mujeres responsables de familias monoparentales es heterogénea. Así, si bien es cierto que la mayoría de las madres que encabezan estos hogares presenta dificultades y problemas y que se ven obligadas a afrontar múltiples retos para abordar solas la compleja tarea de ser madres, es igualmente cierto que muchas de ellas cuentan con recursos personales y sociales de afrontamiento que les permiten sortear estos obstáculos. No obstante, es innegable que un porcentaje importante de estas mujeres se encuentran en una situación más compleja, en la que los retos a los que hacer frente suelen desbordar sus recursos de afrontamiento, de manera que se ven obligadas a buscar ayuda y apoyo fuera de los cauces informales, en muchos casos en el servicios sociales. Como ya hemos destacado, algunos estudios realizados en nuestro país señalan que esta es la realidad de aproximadamente un tercio de las familias a cargo de madres solas (Morgado et al., 2003). Las mujeres responsables de hogares monomarentales que además son usuarias de los SS. SS. CC. presentan por tanto una situación bastante desfavorable y complicada que no conocemos con detalle más allá de sus aspectos socioeconómicos, debido a la escasez de estudios específicamente centrados en analizar la realidad personal y social de estas mujeres. No obstante, sí disponemos de algunas revisiones que se han ocupado de caracterizar a las madres de familias usuarias de los SS. SS. CC. y que reciben, de estos dispositivos, intervenciones de cara al fortalecimiento y la
La situación personal, familiar y social de las familias monomarentales en España 24 preservación familiar. Dado que las madres solas son una parte muy significativa dentro de este colectivo, consideramos que la descripción del perfil que suelen presentar las mujeres en situación de riesgo psicosocial que son objeto de este tipo de intervenciones puede resultar útil en el contexto de la investigación que aquí presentamos. Rodrigo, Máiquez, Martín y Byrne (2008) han realizado una muy interesante contribución en este terreno, a partir de sus estudios con familias usuarias de los SS. SS. CC. En la línea de otras investigaciones internacionales, desde este equipo se plantea que las familias que reciben intervenciones de cara a la preservación familiar deben contemplarse como contextos familiares en situación de riesgo psicosocial, entiendo esta situación como: Aquellas en las que los responsables del cuidado, atención y educación del menor, por circunstancias personales y relacionales, así como por influencias adversas de su entorno, hacen dejación de sus funciones parentales o un uso inadecuado de las mismas, comprometiendo o perjudicando el desarrollo personal y social del menor, pero sin alcanzar la gravedad que justifique una medida de desamparo, en cuyo caso se consideraría pertinente la separación del menor de su familiar (Rodrigo et al., 2008, p. 42). No cabe duda que bajo esta etiqueta existe una gran cantidad de situaciones familiares diferentes y que, en consecuencia, existen distintos niveles de riesgo familiar. La heterogeneidad en los niveles de riesgo de las familias usuarias de los SS. SS. CC. es un hecho que hay que tener presente tanto en las intervenciones que se desarrollan con estas familias como en la investigación sobre su realidad personal, familiar y social. Sin embargo, es igualmente cierto que los estudios (muy fundamentalmente internacionales) efectuados también han permitido identificar algunas características muy comunes en estas familias. En una reciente revisión, Jiménez (2009) ha esbozado algunos rasgos bastante habituales en estas familias en cuanto a sus características como contextos evolutivos y educativos: Estas familias suelen presentar un notable nivel de estrés familiar, fruto de las diversas condiciones familiares y extrafamiliares que amenazan su entorno y de la alta presencia de acontecimientos estresantes en sus vidas. En relación con el desarrollo de los menores, estas familias configuran un escenario educativo en el que existen importantes deficiencias en cuanto a los recursos y las habilidades para mantener la economía y unas condiciones adecuadas en el hogar, así como una reducida calidad del ambiente familiar como promotor del desarrollo de niños y adolescentes (particularmente en familias numerosas), un funcionamiento familiar mediante mecanismos poco adaptativos (con una alta incidencia de la violencia familiar), un uso inadecuado de las normas y del control, patrones de comunicación
La situación personal, familiar y social de las familias monomarentales en España 25 intrafamiliar disfuncionales, estilos educativos poco apropiados y frecuentes problemas de pareja. En cuanto a las condiciones personales de los progenitores de estas familias cabe destacar una elevada incidencia de problemas de salud, de sentimientos de incompetencia y fracaso educativo, cogniciones evolutivoeducativas poco ajustadas, especialmente una falta importante de conocimiento sobre las necesidades de los menores. No obstante, y a pesar de la problemática anteriormente descrita, también existen aspectos positivos en estas familias que, con toda probabilidad, contribuyen a que constituyan contextos de riesgo medio y no alto. Así, suelen ser familias estables y con buenos niveles de unidad y cohesión interna, y habitualmente presentan una buena predisposición para cooperar con los servicios de preservación y fortalecimiento familiar y una actitud positiva para resolver los problemas. Junto a los indicadores anteriores, disponemos de algunas evidencias que nos permiten esbozar cuáles son las principales características tanto estructurales como funcionales del apoyo social de estas mujeres. En cuanto al tamaño de sus redes, y aunque suele resultar por término medio más reducido que el de las de familias que no están en una situación similar, esta diferencia no resulta relevante y, por tanto, no parece que en general pueda hablarse del aislamiento social como una característica definitoria de estas madres (López, 2005; Rodrigo, Martín, Máiquez y Rodriguez, 2005, 2007) salvo entre las que presentan un perfil más intenso de riesgo de acuerdo con la evaluación de los profesionales de los SS. SS. CC. (Rodríguez, Camacho, Rodrigo, Martín y Máiquez; 2006). En términos generales, suele tratarse de mujeres socialmente integradas y satisfechas con sus relaciones interpersonales (López, 2005). De manera destacada, los escasos estudios realizados ponen de manifiesto que una de las principales características de las redes de apoyo social de estas mujeres tiene que ver con su composición y, muy especialmente, con el papel desempeñado por las fuentes de apoyo formal. Así lo indican los resultados de una investigación desarrollada por Rodrigo y sus colaboradores (2005, 2007) con una amplia muestra de familias castellano-leonesas, la mitad de las cuales se encontraban en situación de riesgo y eran usuarias de los SS. SS. CC. por razones de preservación y fortalecimiento familiar. Los resultados mostraron diversas diferencias importantes entre ambos grupos de familias en relación con el apoyo social, especialmente al analizar el tipo de fuentes de apoyo formal a las que ambos grupos de familias recurrían para hacer frente a problemas relacionados con sus hijos y sus hijas. Así, mientras que las familias no usuarias recurrían principalmente a la escuela, esta fuente de apoyo no solía aparecer mencionada en la red social de las familias en
La situación personal, familiar y social de las familias monomarentales en España 26 situación de riesgo que, sin embargo, mencionaban a profesionales de los SS. SS. CC. o de organizaciones tipo Cáritas, y a la policía. Por tanto las familias en situación de riesgo que son receptoras de intervenciones en materia de preservación familiar suelen disponer de redes de apoyo que, sin resultar reducidas en cuanto a su número, sí suelen tener una composición que podemos caracterizar como poco funcional, dada la importante presencia en ellas de figuras de apoyo de carácter formal. De acuerdo con Gottlieb (1983), recurrir habitualmente a fuentes de apoyo formal contribuye a menoscabar los sentimientos de competencia y control de la persona, dado que este tipo de fuentes ni suelen ser accesibles de manera natural ni se usan habitualmente en el lugar y el momento adecuados, con lo cual no se adaptan fácilmente a muchos tipos de problemas y necesidades y, en definitiva, aportan un menor beneficio psicológico que las fuentes informales de apoyo. La presencia de sistemas formales se relacionó con indicadores particularmente negativos también en el estudio de Rodrigo et al. (2008). Los resultados de dicho estudio indicaron un patrón diferencial de apoyo en función del nivel de riesgo familiar, y entre otras cosas, comprobaron que la presencia del apoyo formal en las familias incrementaba progresivamente de acuerdo con su nivel de riesgo. Sin duda, la composición y especialmente las funciones que desempeña la red social de apoyo constituyen por tanto un ámbito de análisis especialmente relevante en estas familias. En síntesis, las mujeres usuarias de los SS. SS. CC. por razones de preservación familiar presentan un perfil específico en el que, junto a algunos elementos protectores, existen diversas y significativas circunstancias de riesgo que definen una situación personal, familiar y social que es preciso analizar con detalle. En concreto, dentro de estas mujeres hay un colectivo que, por su propia naturaleza, también suele afrontar retos especialmente significativos que merece la pena explorar y conocer. En este sentido, y puesto que existen pocos estudios específicamente centrados en ellas, en este estudio nos planteamos como principales objetivos analizar con detalle a este colectivo de familias, examinando no sólo sus circunstancias vitales a nivel personal y familiar sino, de manera específica, sus redes de apoyo social tanto en sus aspectos más estructurales u objetivos como en cuanto a las funciones que desempeñan. En concreto, consideramos especialmente relevante evaluar cuáles son las principales necesidades de apoyo que presentan estas madres, así como la relación que guardan con diversos indicadores, prestando especial atención a la diversidad y la heterogeneidad que existe en los procesos anteriores.
27 M ME ET TO OD DO OL LO OG GÍ ÍA A D DE EL L E ES ST TU UD DI IO O A continuación se resumen los principales aspectos metodológicos que caracterizan el estudio objeto de esta memoria. Comenzaremos describiendo el diseño de acuerdo con el cual se ha llevado a cabo la investigación, así como las técnicas y decisiones estadísticas que se han seguido en los análisis efectuados. A continuación se ofrece una descripción del grupo de madres que han participado en el estudio, haciendo especial referencia a las dos características que las definen como integrantes de la muestra: ser usuarias de los Servicios Sociales Comunitarios (SS. SS. CC. desde ahora) por razones de preservación familiar, y encabezar, por diferentes razones, hogares monomarentales. En tercer lugar se presentan los diferentes instrumentos que han sido utilizados para obtener la información que se analiza en esta publicación, y que ha sido aportada principalmente por las madres y, en algún caso, también por los profesionales de los SS. SS. CC. que trabajan con estas mujeres. Finalmente, describiremos el procedimiento que se ha seguido para seleccionar a las participantes en el estudio y para recopilar los datos.
Metodología del estudio 28 Diseño El estudio que se presenta a lo largo de estas páginas se caracteriza por seguir una metodología cuantitativa en la que los datos han sido recogidos a través de dos tipos de técnicas diferentes: entrevistas semiestructuradas y cuestionarios. Asimismo, el diseño de investigación ha sido descriptivo y de corte transversal, dado que la información de todas las dimensiones ha sido recogida en un único momento. A través de los diferentes análisis de datos que se describen en este estudio se ha examinado, de manera pormenorizada, la información disponible respecto a estas mujeres y sus principales circunstancias personales, familiares y sociales mediante dos tipos de estrategias. Por un lado, se han efectuado diversos tipos de contrastes estadísticos específicamente con el grupo de madres responsables de familias monomarentales, de cara a explorar con detalle la información y así caracterizar a la muestra. Por otra parte, y persiguiendo el mismo objetivo, se ha comparado la información anterior con la aportada por un grupo de mujeres muy similares, en cuanto a que también son usuarias de los SS. SS. CC. y reciben intervenciones en materia de preservación familiar, pero que proceden de familias biparentales. Previamente al análisis de los datos obtenidos, se realizaron diversos contrastes de cara a comprobar si existían diferencias en las diversas variables entre las familias monomarentales y las biparentales, y así determinar el grado de comparabilidad de ambos grupos. El tratamiento de los datos se ha realizado mediante el paquete estadístico SPSS 15.0. En concreto, y junto a los análisis descriptivos univariantes, hemos efectuado contrastes bivariantes para explorar la relación entre parejas de dimensiones. En función del tipo de variable de medida, estos contrastes han consistido en comparaciones de medias o bien de frecuencias mediante las pruebas t de Student, F Snedecor o Chi-cuadrado respectivamente; además, se ha utilizado el coeficiente de correlación r de Pearson para analizar la relación entre variables continuas. Por otro lado, se han efectuado análisis multivariantes con objeto de examinar la relación conjunta de algunas de las dimensiones, en concreto un Análisis por Conglomerados en dos fases. Esta técnica estadística permite identificar las agrupaciones existentes en un conjunto de datos, es decir, aporta una clasificación de los casos (grupos de individuos), en función de determinadas dimensiones. Tras la agrupación, se han realizado contrastes mediante las pruebas Chi-cuadrado y t de Student con el fin de establecer las posibles diferencias entre los conglomerados en función de diversos índices y, así, disponer de una descripción más pormenorizada de las agrupaciones identificadas entre los datos.
R RE ES SU UL LT TA AD DO OS S Principales indicadores familiares, personales y sociales de las mujeres responsables de familias monomarentales
37 C CI IR RC CU UN NS ST TA AN NC CI IA AS S D DE E V VI ID DA A La exposición de los resultados obtenidos en este estudio comienza con una descripción de las principales características que definen las circunstancias vitales de las mujeres a cargo de familias monomarentales en situación de riesgo psicosocial. Esta descripción se ha organizado en torno a diversos apartados. El primero de ellos se ocupa de caracterizar los contextos familiares de los que son responsables en solitario estas mujeres, así como de los hogares en los que residen. Al hilo de algunos de los resultados que se exponen en este primer apartado, y de manera destacada, hemos efectuado cálculos y análisis comparativos que incluyen datos poblacionales encaminados a establecer el nivel de pobreza existente en estas familias, que se exponen y comentan en un segundo apartado. Nos centraremos a continuación en diversas dimensiones de naturaleza individual, con el objetivo de conocer en mayor medida cuáles son las principales características de las mujeres que han participado en este estudio. Así, y junto a su perfil sociodemográfico, nos hemos interesado por dos tipos de indicadores. Por un lado, se analizan tanto las trayectorias como la situación actual de estas mujeres en relación con experiencias y sucesos estresantes o de riesgo, así como la vivencia de los mismos. Por otra parte, describiremos la autoestima de estas madres desde una perspectiva multidimensional, en la que se diferencia y especifica la valoración que hacen de su realidad personal en relación con distintos ámbitos. Como ya se ha señalado, a lo largo de este primer bloque de resultados se irá haciendo referencia a las peculiaridades que estas madres y estos contextos familiares tienen si se los compara con los indicadores que caracterizan al grupo de familias biparentales usuarias de los SS. SS. CC. El apartado finaliza con una síntesis de los principales resultados obtenidos, en la que se ofrece una exposición conjunta de los mismos.
Circunstancias de vida 38 Los hogares y las familias Las madres que han participado en este estudio son responsables de familias integradas por una media de 3’45 personas (DT = 1’04), de las cuales en torno a 2’26 (DT = 1’03) son hijos o hijas y, de ellos, un promedio de 1’95 (DT = 0’94) son menores de edad. En un 21’3% de los casos algún miembro de la familia extensa convive junto con la madre y los menores en el mismo hogar, mayoritariamente el padre y/o la madre de la usuaria; a este respecto debemos destacar que en un 6’9% de estos hogares hay algún menor en situación de acogimiento familiar. Estas familias resultan ligera pero significativamente más pequeñas que las biparentales (M = 4’52, DT = 1’28) (t = - 6’98, p < .001), y esta diferencia está motivada no sólo por la ausencia del padre sino porque en las familias biparentales usuarias de los SS. SS. CC. tiende a haber más hijos o hijas (M = 2’58, DT = 1’13) (t = - 2’20, p < .05). Los hogares en los que residen las familias monomarentales tienen un tamaño promedio de 68’47 m2 (DT = 20’28). Resulta muy llamativo comprobar que el índice de correlación entre la amplitud de la vivienda y el número de personas que en ella viven obtiene un resultado de r = - .031, y que su nivel de significación estadística (p = .767) está bastante alejado de los límites a partir de los cuales puede hablarse de una relación relevante y destacable; esta ausencia de significación estadística indica, por tanto, que las familias más grandes no viven necesariamente en hogares más amplios. Con objeto de explorar con más detalle estos indicadores, calculamos los m2 disponibles por persona en cada uno de los hogares de las familias que han participado en el estudio. Los resultados obtenidos señalan que el 23’2% de estas familias residen en viviendas con menos de 15 m2 por persona, nivel a partir de cual puede hablarse de unas condiciones de hacinamiento severo2 de acuerdo con los estándares que se establecen en diversos análisis poblacionales (Laparra y Pérez, 2009). En definitiva, si se atiende a las características estructurales y materiales, los datos de los que disponemos nos permiten concluir que las familias monomarentales en situación de riesgo viven en hogares particularmente pequeños y saturados. Estas familias disponen de unos ingresos mensuales aproximados que rondan los 727’06 € (DT = 357’99) y que oscilan en un rango entre 120 € y 2000 €. Pero más allá de su cuantía, hay otros indicadores que, en nuestra opinión, permiten calibrar en mayor medida la apremiante situación económica a la que cotidianamente hacen frente las familias monomarentales que han participado en este estudio. Así, se trata de ingresos que son descritos como estables tan solo en un 49’5% de las 2 El resultado obtenido en este estudio contrasta de manera muy llamativa con el dato poblacional: según en último informe FOESSA, el 4’3% del total de las familias españolas se encuentran en una situación residencial de hacinamiento severo (Laparra y Pérez, 2009)
Circunstancias de vida 39 ocasiones, y que provienen únicamente del trabajo de las madres en un 35’2% de los casos. Teniendo en cuenta estos primeros resultados, resulta poco sorprendente comprobar que en estas familias muy habitualmente se recurra a la combinación de más de una fuente de ingresos (M = 1’4, DT = 0’72), de hecho, en el 86’1% de estos hogares la economía familiar se sustenta a partir de ingresos aportados por dos fuentes distintas. En este sentido, y tal y como puede apreciarse en la Tabla 1, los hijos o las hijas contribuyen al sostén económico de la familia en un 31’3% de los casos, y los padres de la usuaria lo hacen en un 12’7% de las ocasiones. De manera especialmente llamativa hay que señalar que un 38’1% de las familias son receptoras algún tipo de de ayuda social, y que, en los hogares monomarentales formados tras una separación o un divorcio, el 91’6% de los padres no contribuyen a la economía familiar. Tabla 1: Comparación de los ingresos de las familias monoparentales y biparentales usuarias de los SS. SS. CC. Monomarentales Biparentales p Cuantía mensual aproximada 727’06 € (DT = 357’99) 1135’33 € (DT = 515’3) **** Estabilidad: Sí No 49’5% 50’5% 61’8% 38’2% # Procedencia: Trabajo Ayuda social Trabajo y ayuda social 35’2% 25’9% 38’9% 56’8% 10’6% 32’6% *** Fuentes de ingresos: Usuaria Pareja3 Abuelos Algún hijo o hija Ayuda social Sí 84’1% 8’4% 12’7% 31’2% 38’1% No 15’9% 91’6% 87’3% 68’8% 61’9% Sí 63% 87’1% 2% 15’2% 19’2% No 37% 12’9% 98% 84’8% 80’8% **** **** ** ** *** **** p < .001, *** p < .005, ** p < .01, # p < .10 En la Tabla 1 también se ofrece un resumen de diversos indicadores relativos a los ingresos con los que cuentan estas familias, comparándolos con los que caracterizan a las familias biparentales usuarias de los SS. SS. CC. Tal y como puede apreciarse, existen diferencias estadísticamente significativas o bien marginales en todos los indicadores analizados, diferencias que definen una situación económica más precaria en las familias monomarentales: sus ingresos son más reducidos, 3 Para llevar a cabo esta comparación se ha excluido del análisis a las madres solas viudas y a las solteras.
Circunstancias de vida 40 tienden a ser más inestables, dependen más de ayudas sociales, y en estos hogares resulta más frecuente que los hijos o hijas y los abuelos contribuyan a la economía familiar. Como tendremos ocasión de exponer un poco más adelante, estas mujeres tienen una tasa de actividad laboral más elevada que las madres de familias biparentales pero no existen otras diferencias relevantes en la situación laboral de ambos tipos de mujeres, como por ejemplo la cualificación laboral o los ingresos provenientes del trabajo. Por tanto parece razonable concluir que las llamativas diferencias que se acaban de señalar están directamente motivadas por la muy generalizada falta de implicación de los padres a la hora de aportar una pensión que contribuya a satisfacer las necesidades económicas de los hogares en los que viven sus hijos y sus hijas. El nivel de pobreza Los resultados que se acaban de exponer ponen de manifiesto que las familias que han participado en este estudio afrontan, de manera cotidiana, circunstancias de vida de una notable precariedad tanto desde el punto de vista económico como el laboral. En consonancia con estos primeros resultados, y con objeto de profundizar más en las condiciones de vida de estas familias, hemos examinado de manera pormenorizada en qué medida los diversos indicadores de la situación económica de estas familias definen, tomados en su conjunto, circunstancias que permiten establecer, no ya la precariedad experimentada, sino diferentes grados de pobreza. Para ello se han empleado diversas estrategias de análisis que, en síntesis, permiten asignar significado y alcance a los ingresos aproximados de una familia en función de diversos parámetros, principalmente el número y tipo de personas que viven con dichos ingresos y la comparación con estándares poblacionales4 similares. En concreto, en este estudio se ha analizado el índice de pobreza de estas familias efectuando dos tipos de análisis. En primer lugar, se han ponderado los ingresos netos anuales familiares dividiéndolos entre el número de unidades de consumo5 de cada hogar. En segundo lugar, se han comparado estos ingresos con el umbral o línea 4 En concreto, se han utilizado los datos ofrecidos por el INE en la en el Estudio descriptivo de la pobreza en España (INE, 2009), específicamente los resultados de la Encuesta de Condiciones de Vida 2008. 5 Él número de Unidades de Consumo se ha calculado utilizando la escala de la OCDE modificada, que establece un peso de 1 para el primer adulto, 0’5 para el resto de adultos y 0’3 para cada uno de los menores de 14 años.
Circunstancias de vida 41 de pobreza de la población, en concreto de la comunidad autónoma6. Este límite, a partir del cual puede hablarse pobreza, se fija en el 60% de la mediana de la distribución de los ingresos por unidad de consumo en los habitantes de una población determinada (ver Tabla 2). El resultado de esta comparación refleja, por tanto, en qué medida una familia cuenta con ingresos anuales ponderados que están por encima o por debajo del umbral de la pobreza. Así, las familias andaluzas con unos ingresos anuales por unidad de consumo inferiores a 5528 € pueden considerarse como caracterizadas por una pobreza moderada, mientras que las que cuentan con ingresos anuales ponderados inferiores a los otros límites que se especifican en la Tabla 2 se encuentran en una situación de pobreza alta o bien severa. Tabla 2: Umbrales de pobreza en la Comunidad Autónoma de Andalucía en función de la distribución de ingresos por unidad de consumo (datos de 2006) UMBRALES DE POBREZA Moderada (60% de la mediana) Alta (40% de la mediana) Severa (25% de la mediana) 5528 € 3686 € 2671 € Fuente: INE (2009). Por tanto, si se ponen en relación los ingresos anuales ponderados de una familia y el límite de pobreza (5528 €), el índice resultante de esta comparación refleja en qué medida los ingresos familiares se distancian, en positivo o en negativo, del umbral de pobreza. Los resultados obtenidos en nuestro estudio, a partir de los análisis anteriores, muestran que el índice de pobreza de las familias monomarentales usuarias de los SS. SS. CC. por razones de preservación familiar se sitúa en torno a una media de -1013’11 € (DT = 2201’58), es decir, la mayoría de estas familias (en concreto, el 72’2%) cuentan con unos recursos económicos ponderados que están 1000 € por debajo del umbral de la pobreza. La Figura 1 presenta un análisis más detallado de estos resultados, diferenciando las familias en situación más o menos severa de pobreza de acuerdo con los criterios estandarizados que se especifican en la Tabla 2. 6 Dado que nuestro estudio se ha realizado a partir de información obtenida entre los años 2005 y 2008, se han tomado en consideración los niveles específicos de umbral de pobreza para la Comunidad Autónoma de Andalucía en el año 2006 (INE, 2009).
Circunstancias de vida 42 Figura 1. Nivel de pobreza en las familias monomarentales usuarias de los SS. SS. CC. 33% 21% 18% 28% Por encima del umbral de pobreza Pobreza moderada Pobreza alta Pobreza severa El índice de pobreza de las familias monomarentales tiene, como ya se ha señalado, un valor promedio negativo. Si se calcula este indicador pero con los ingresos anuales y las unidades de consumo de las familias biparentales, la media resultante es positiva (256’06, DT = 2784), y refleja que estas familias también están caracterizadas por un notable nivel de pobreza (sus ingresos anuales ponderados están algo menos de 300 € por encima del límite) pero su situación es menos precaria que la de las familias monomarentales. Las diferencias entre ambas puntuaciones son estadísticamente significativas (t = - 3’43, p < .001), y pueden apreciase visualmente en la Figura 2: mientras que la mayor parte (en concreto, el 72%) de las familias monomarentales se sitúan a la izquierda del gráfico, es decir, por debajo de la línea pobreza (representada por el 0), la distribución de los resultados de las familias biparentales est{ m{s repartida, y en torno a la mitad (56’5%) de estas familias tienen un índice de pobreza por debajo de 0.
Circunstancias de vida 43 Las madres Como ya se ha descrito, las mujeres que han participado en este estudio crían solas a sus hijos e hijas y además son usuarias de distintos dispositivos de los Servicios Sociales Comunitarios de la ciudad de Sevilla, aunque la mayor parte de ellas (en concreto el 65%) reciben diversas intervenciones desde los Equipos de Convivencia y Reinserción Social. Asimismo, también se ha destacado que estas mujeres afrontan solas la tarea de educar a sus hijos e hijas principalmente tras haberse separado o divorciado de sus parejas (se encuentran en esta situación el 87’7%), y que su edad se sitúa en torno a los 40 años (M = 39’49, DT = 8’22). En relación con estos indicadores iniciales no hemos encontrado relaciones estadísticamente relevantes que reflejen un perfil especial, es decir, las mujeres usuarias de un servicio específico no tienden a estar caracterizadas por ser más o menos jóvenes o por el origen de su situación monomarental. Los análisis efectuados únicamente señalan una mayor edad (M = 44’13, DT = 10’84) en el caso de las madres viudas (F = 3’48, p < .05). Disponemos de diversos resultados que nos permiten aproximarnos a la situación educativa, profesional y económica de estas mujeres. Tal y como queda reflejado en la Figura 3 su nivel de estudios es muy mayoritariamente bajo, el 31’6% de estas madres no ha llegado a finalizar una formación b{sica y, de ellas, un 7’9% tiene dificultades para leer y escribir. En cuanto a su situación laboral, el 62’2% trabaja de manera continuada y un 7’6% lo hace por temporadas o cuando surge Figura 2. Distribución muestral del nivel de pobreza en las familias monomarentales y biparentales -5000 -4000 -3000 -2000 -1000 0 1000 2000 3000 4000 5000 6000 7000 Monomarentales Biparentales
Circunstancias de vida 44 alguna ocupación puntual, por tanto el 69‘8% de estas mujeres son laboralmente activas. A pesar de que, como vemos, su nivel de actividad laboral es elevado, en un 90’8% de los casos se trata de empleos que requieren una cualificación baja o bien nula, un 53’2% de estos trabajos son inestables y un 49’4% ni siquiera est{n regulados mediante un contrato. Estos empleos aportan unos ingresos mensuales promedio de 580 € (DT = 273), que oscilan entre un rango de 100 € y 1400 €. Figura 3. Nivel de estudios de las mujeres a cargo de familias monomarentales 5,3 13,2 7,6 42,1 23,7 7,9 Superiores Secundarios completos Secundarios incompletos Primarios completos Primarios incompletos Dificultades leer y escribir Los resultados que se acaban de describir ponen de manifiesto una más que notable precariedad educativa, laboral y económica en la situación vital de estas madres. Esta precariedad resulta aún más llamativa si, de acuerdo con los datos que se ofrecen en la Tabla 3, se examinan de manera específica las condiciones laborales de las mujeres ocupadas en trabajos de baja cualificación, mujeres que, como se acaba de señalar, constituyen el grupo mayoritario dentro de la muestra. Así, más de la mitad del total de madres solas (67’65%) y la mayoría de las que trabajan (90’8%) lo hacen en una situación particularmente precaria, tanto por los bajos niveles de estabilidad y regularidad de sus empleos7, como en relación con los significativamente reducidos ingresos que éstos aportan (F = 35’33, p < .001). 7 El índice estadístico para ambos contrastes (2) no puede calcularse dado que hay casillas vacías: todas las mujeres con empleos de media o alta cualificación tienen trabajos estables y regulados por contrato.
Circunstancias de vida 51 mayor vulnerabilidad emocional en estas mujeres. No obstante, esta relación no es estadísticamente significativa en el caso de las madres usuarias de los SS. SS. CC. que viven en familias biparentales (r = .161, p = .206). Trayectorias vitales de riesgo Si se toman en consideración los resultados anteriores de manera global puede examinarse la acumulación de situaciones estresantes y de riesgo que caracterizan, de manera conjunta, las trayectorias de vida de las madres responsables de familias monomarentales. Los resultados aparecen resumidos en la Tabla 7. Como en ella puede apreciarse, estas mujeres acumulan una media de casi 13 circunstancias problemáticas, de las cuales 8 se relacionan con experiencias de ellas mismas y en torno a 5 les afectan o han afectado indirectamente, a través de su incidencia en personas de su entorno más próximo. Ambos indicadores están además relacionados entre sí de manera estadísticamente significativa (r = .279, p < .05), es decir, las mujeres que han sufrido o están sufriendo directamente más experiencias estresantes tienden, por término medio, a ser también las que experimentan más situaciones problemáticas indirectamente, a través de las personas de su entorno. Tabla 7: Acumulación de circunstancias estresantes y de riesgo Monomarentales Biparentales p Usuaria 8’01 (DT = 3’75) 5´82 (DT = 3’39) **** Entorno 4’80 (DT = 6’12) 6´12 (DT = 4´54) # Total 12’81 (DT = 5’75) 11,95 (DT = 6’51) **** p < .001, # p < .10 La Tabla 7 también refleja las diferencias encontradas al comparar estos indicadores con los que caracterizan a las mujeres de familias biparentales. Éstas afrontan un menor número de situaciones de riesgo vividas directamente por ellas (t = 3’34, p < .001) pero, sin embargo, tienden a acumular más circunstancias estresantes en su entorno que las mujeres responsables de familias monomarentales (t = 1’77, p < .10). Los análisis efectuados reflejan que la acumulación de circunstancias de riesgo guarda cierta relación con algunas características sociodemográficas. Estas relaciones son particularmente llamativas en el caso de las situaciones problemáticas que caracterizan la trayectoria pasada de estas madres y que han sido experimentadas directamente por ellas y no por personas de su entorno, y dibujan un perfil de riesgo más elevado en las madres con unos indicadores de mayor
Circunstancias de vida 52 precariedad. Así, las mujeres de familias monoparentales que han sufrido mayor número de circunstancias problemáticas en el pasado son las de menor edad (r = - .288, p < .01), con más hijos (r = .255, p < .05), que no están trabajando en la actualidad (t = -2’02, p < .05) y que, si lo hacen, tienen empleos de baja cualificación (t = -2’83, p < .01). Por otro lado, se trata de mujeres a cargo de familias con un mayor grado de hacinamiento (r = -.251, p < .05), que cuentan con menos ingresos familiares (r = -.277, p < .05), que reciben más ayudas sociales por parte de entidades públicas (t = 4´09, p < .001) y que, además, se encuentran más por debajo del umbral de la pobreza (r = - .277, p < .05). Todos estos indicadores sociodemográficos guardan relación sólo con la acumulación de circunstancias de riesgo características de la trayectoria pasada de estas mujeres, con dos excepciones: las madres que, en la actualidad, afrontan más situaciones de riesgo tienden a ser más jóvenes (r = -.271, p < .05) y a tener empleos de baja cualificación (t = 2’09, p < .05). La autoestima Como parte del estudio sobre las variables personales de las mujeres usuarias de SS. SS. CC. que afrontan en solitario su maternidad, nuestro equipo ha explorado la valoración que estas madres hacen sobre sí mismas. Como se recordará, y de acuerdo con una perspectiva multidimensional de la autoestima, la escala utilizada aporta tanto una autovaloración global como diversas puntuaciones que reflejan la percepción de diferentes facetas de la realidad personal. La autoestima global de las madres a cargo de familias monomarentales se sitúa en torno a una media de 56’6 (DT = 9’74) y, aunque este resultado es ligeramente inferior al de las madres de familias biparentales (58’19, DT = 8’77), esta diferencia no es estadísticamente significativa. Si se examinan los resultados obtenidos en relación con las diversas subescalas, se aprecia que las mujeres de familias monomarentales realizan una valoración desigual de las diversas facetas de su realidad personal evaluadas (ver Figura 6). Así, el análisis de las puntuaciones promediadas de las cinco subescalas que componen la prueba muestra que las áreas con valores inferiores a la media teórica de la escala son la autoestima emocional (M = 2’91, DT = 0‘85) y la intelectual (M = 2’96, DT = 1’03). Las diversas comparaciones de medias reflejan que estas dos puntuaciones son de hecho significativamente más bajas que el resto de las subescalas (p < .001 en los diversos contrastes t efectuados). Por otro lado, la autoestima de tipo social (M = 3’91, DT = 0’91) y la familiar (M = 3’67, DT = 1’03) obtienen las puntuaciones m{s elevadas.
Circunstancias de vida 53 Figura 6. Valoración de las mujeres responsables de familias monomarentales de diversos ámbitos de su realidad personal 1 2 3 4 5 Social Familiar Física Intelectual Emocional La comparación de las puntuaciones anteriores con las características de las madres de familias biparentales aparece recogida en la Tabla 8. Como en ella puede apreciarse, en todos los casos las medias de las mujeres a cargo de familias monomarentales y las biparentales son estadísticamente similares exceptuando la autoestima familiar, dimensión en la que las madres que afrontan su maternidad en solitario tienden, de manera marginal pero próxima a la significatividad estadística (t = -1’74, p = .083), a realizar una valoración menos positiva. Por tanto las mujeres de ambos tipos de familias evalúan de una manera muy similar su realidad personal, aunque en relación con su situación familiar las madres solas tienden a percibirla en términos menos positivos. Tabla 8: Dimensiones de autoestima en familias monomarentales y biparentales Monomarentales Biparentales p Familiar 14’67 (DT = 4’12) 15´56 (DT = 3’35) # Social 11’73 (DT = 2’72) 12 ’18 (DT = 2´78) Emocional 11’63 (DT = 3’38) 11,59 (DT = 2’58) Intelectual 8’89 (DT = 3’02) 9,07 (DT = 3’07) Física 9’67 (DT = 2’08) 9,80 (DT = 2’58) # p < .10
Circunstancias de vida 54 Síntesis de resultados A lo largo de las páginas anteriores se han descrito distintos resultados relacionados con diversas facetas de la realidad personal y familiar de las mujeres usuarias de los SS. SS. CC. que afrontan solas su maternidad. Puesto que se trata de numerosos indicadores y que, además, los análisis efectuados han revelado importantes diferencias asociadas a ellos, vamos a finalizar este primer bloque ofreciendo una síntesis de los que, a nuestro juicio, son los resultados más relevantes hasta el momento expuestos, con objeto de facilitar una primera visión de conjunto que contribuya a delimitar el perfil característico de las participantes en el estudio. Los datos obtenidos en esta investigación indican que la situación residencial y económica de las familias monomarentales usuarias de los SS. SS. CC. es bastante precaria. A pesar de que estas familias tienden a ser algo más pequeñas que las biparentales (y no sólo por la ausencia de un segundo progenitor, sino también porque en ellas hay menos hijos), por término medio viven en hogares pequeños y en una situación que, en algo menos de la cuarta parte de los casos (y muy por encima de los índices poblacionales), puede calificarse como de hacinamiento. Los resultados reflejan que la mayoría de estas familias tienen ingresos muy moderados que, además, son inestables y proceden en la mayor parte de los casos de diversas fuentes, entre las que hay que destacar tanto a las ayudas sociales como la contribución de algunos miembros de la familia, particularmente los hijos y los abuelos. Resulta muy llamativo que entre estas fuentes de ingresos la ex-pareja destaque por su muy generalizada falta de implicación en el sostén económico de estas familias y, por tanto, por una contundente dejación de responsabilidad en el sustento de sus hijos y sus hijas. Por tanto estas familias hacen frente a una situación bastante apremiante que, además, resulta especialmente precaria si se tienen en cuenta las numerosas y significativas diferencias que los hogares monomarentales presentan en comparación con el grupo de familias biparentales en los indicadores de la situación económica y residencial. Como se recordará se trata de una muestra comparable desde el punto de vista sociodemográfico y que, de hecho, también está caracterizada por notables niveles de precariedad, de manera que las diferencias encontradas permiten calibrar en mayor medida la dramática situación económica y residencial de las familias monomarentales. De hecho, los análisis efectuados muestran que casi las tres cuartas partes de estas familias viven por debajo del umbral de la pobreza, y que sus ingresos anuales ponderados se sitúan bastante por debajo del referente básico poblacional. De nuevo en relación con estos indicadores las familias biparentales
Circunstancias de vida 55 aparecen caracterizadas por una importante precariedad que, no obstante, es menos aguda que la de las familias monomarentales. Los resultados anteriores adquieren un especial significado si se toma en consideración el perfil educativo, laboral y económico de las mujeres usuarias de los SS. SS. CC. que educan solas a sus hijos e hijas. Se trata de madres con un muy bajo nivel de formación pero con una elevada tasa de actividad laboral que, consecuentemente, se concreta en empleos de baja cualificación y en condiciones laborales muy precarias. No obstante, en esta ocasión no existen diferencias llamativas con el grupo de mujeres de familias biparentales: con la excepción de una menor tasa de actividad laboral entre éstas, los análisis efectuados revelan que ambos tipos de mujeres no tienen un nivel educativo ni profesional diferente, y que sus trabajos no son más o menos precarios ni aportan ingresos de una cuantía más o menos elevada. Por tanto las diferencias en la situación económica familiar que sí aparecen entre ambos grupos no se deben a un perfil sociolaboral distinto en estas mujeres, e ilustran las dramáticas consecuencias de la falta de implicación económica de la ex-pareja en las familias monomarentales. Las participantes en el estudio tienen trayectorias personales caracterizadas por una importante acumulación de situaciones y experiencias estresantes y de riesgo que, especialmente en cuanto a las circunstancias que han sufrido de manera directa y no a través de personas su entorno, es más intensa que la encontrada en el caso de las mujeres de familias biparentales. En términos generales, las situaciones problemáticas más frecuentes hacen referencia a dos ámbitos en los que el perfil de riesgo se revela como especialmente alto: los problemas de carácter económico y laboral, por un lado, y los conflictos familiares, por otro. Así, muchas de estas mujeres han experimentado en algún momento de sus vidas, o bien afrontan en la actualidad, situaciones caracterizadas por el desempleo y la inestabilidad laboral o los problemas económicos (como de hecho ponen de manifiesto los resultados que se han resumido más arriba), pero también el divorcio, los conflictos con la pareja, con los hijos o las hijas, o experiencias de malos tratos en la infancia y/o en la adultez (típicamente relacionadas con el contexto familiar). Estas trayectorias se asocian además a una muy llamativa vulnerabilidad emocional entre estas mujeres, asociación que no resulta significativa en el caso de las madres de familias biparentales. Si se examina la relación entre estos indicadores y el perfil sociodemográfico de las mujeres a cargo de familias monomarentales, los resultados reflejan diferencias estadísticamente significativas muy mayoritariamente relacionadas no con la situación actual de estas madres sino son su pasado: las mujeres con trayectorias de riesgo más intensas a lo largo de sus vidas tienen, en la actualidad, una situación laboral, económica y residencial más precaria. Finalmente, los resultados obtenidos indican que la autoestima de estas mujeres es comparativamente más baja en el ámbito emocional y en el intelectual. La
Circunstancias de vida 56 valoración que las madres solas hacen de su realidad personal no es en general estadísticamente diferente a la auto-percepción de las mujeres de familias biparentales. La única diferencia resaltable entre ambas es una tendencia a que las madres que se ocupan en solitario de sus hijos y sus hijas evalúen su realidad familiar en términos más negativos que las madres que conviven en pareja.
57 E EL L A AP PO OY YO O S SO OC CI IA AL L A continuación se exponen los resultados obtenidos en nuestro estudio, con objeto de ofrecer una perspectiva detallada del apoyo social con el que cuentan las mujeres a cargo de familias monomarentales en situación de riesgo usuarias de los SS. SS. CC. que han participado en esta investigación. Dado que el instrumento utilizado permite obtener resultados de distinta índole y que los análisis efectuados con estos datos han sido diversos, la exposición que sigue se ha organizado en tres bloques diferenciados. Nos centraremos en primer lugar en las características más estructurales u objetivas de las redes de apoyo social con las que cuentan estas madres, describiendo aspectos como el tamaño de estas redes o su composición para, en segundo lugar ocuparmos de dimensiones de naturaleza más subjetiva, relacionadas con el grado de necesidad de ayuda que estas mujeres experimentan y su nivel de satisfacción con el apoyo que suelen recibir de las personas que forman su red social. Al igual que en bloque anterior, a lo largo de la exposición iremos señalando en qué dimensiones existen diferencias relevantes entre el apoyo social de estas madres y el de las mujeres usuarias de los SS. SS. CC. pero que proceden de familias biparentales. Como en el caso anterior, este bloque finaliza con una síntesis de los principales resultados obtenidos.
El apoyo social 58 Dimensiones estructurales: las redes de apoyo social Las mujeres de la muestra disponen de unas redes de apoyo formadas por un promedio de 7’5 personas (DT = 3’9). En la mayor parte de los casos (79’6%), estas redes están formadas por una combinación de familiares y de no familiares, mientras que resultan menos frecuentes las redes de apoyo formadas sólo por miembros de la familia (9’7%) o por personas ajenas a ella (10’6%). A propósito de la composición de la red social, llama la atención la presencia de algunas personas que estas madres mencionan como recurso al que suelen acudir para recibir ayuda, como por ejemplo sus hijos o hijas menores de edad (41’1% de los casos), y profesionales de diverso tipo (36’3%), muy mayoritariamente los que trabajan en los Servicios Sociales. Por tanto, las mujeres de familias monomarentales en situación de riesgo psicosocial no están caracterizadas tanto por el aislamiento social como por disponer de redes sociales que, en muchos casos, tienen una composición que incluye a recursos de apoyo de carácter formal y/o a personas que deberían ser receptores y no fuentes de apoyo. En cuanto a la red conflictiva, está integrada por entre una y dos personas (M = 1’47, DT = 1’41). Aunque su composición es muy variada, merece la pena destacar la presencia de los hijos o las hijas (mencionados solos o en combinación con otras personas como fuente de conflicto en un 24% de los casos) o la ex-pareja (28'2% de las madres separadas). Como ya se ha descrito, la prueba utilizada permite obtener información detallada en función de tres modalidades de apoyo. Los resultados obtenidos (ver Tabla 9) reflejan que las mujeres a cargo de familias monomarentales cuentan, comparativamente, como redes más reducidas a la hora de obtener apoyo a nivel material o tangible. No obstante, existen correlaciones estadísticamente significativas entre el tamaño de las tres redes de apoyo, es decir, las madres que pueden recurrir a más personas para un tipo específico de ayuda también tienden a disponer de redes más amplias para otras modalidades de apoyo. En cuanto a la composición de las tres redes, y tal y como puede apreciarse en la Figura 7, el tipo de fuente de apoyo más frecuente tiende a ser en todos los casos una combinación de familiares y no familiares aunque, como ya se ha señalado, llama la atención la referencia a profesionales como un recurso para obtener ayuda, sobre todo información (33% de los casos) y apoyo emocional (19’5%).
El apoyo social 59 Tabla 9: Amplitud de la red social en función del tipo de apoyo M (DT) t r Red de apoyo emocionala 4’82 (3’19) tab = 3’47**** tbc = -1’72# tac ns rab = .631**** rtbc = .569**** rac = .595 Red de apoyo tangibleb 3’96 (2’89) Red de apoyo informativoc 4’40 (2’88) **** p < .001, # p < .10 Los resultados anteriores hacen referencia a las características estructurales de las redes de apoyo social de cara a situaciones normalizadas y habituales. No obstante, como se recordará, incorporamos a la prueba un bloque de preguntas adicionales con objeto de explorar las redes de apoyo con las que cuentan estas madres cuando se enfrentan a situaciones especialmente problemáticas y de riesgo. Los resultados obtenidos indican que, para afrontar este tipo de situaciones, las mujeres a cargo de familias monomarentales pueden recurrir a una media de 3’82 personas (DT = 3’31), y esta red resulta significativamente m{s pequeña que la disponible para obtener ayuda emocional (t = 2’85, p < .005) y, con una significación marginal, para apoyo informativo (t = 1’85, p < .10). La composición de estas redes muestra algunas características llamativas (ver Figura 7), especialmente el de nuevo notable número de madres (25’2%) que recurren a profesionales (solos o en combinación con otro tipo de fuentes de apoyo) para obtener ayuda frente a este tipo de situaciones. Figura 7. Composición de la red social en función del tipo de apoyo EMOCIONAL TANGIBLE INFORMATIVO RIESGO Familiares No familiares Familiares y no familiares Profesionales (solos o en comb.)
El apoyo social 60 Como se acaba de señalar, muchas de estas mujeres suelen recurrir a fuentes de apoyo formal para situaciones de diverso tipo. En concreto, el 34’1% de las madres que mencionan a profesionales como fuente de apoyo acuden a ellos para un tipo de demanda, mientras que el 29’3% los mencionan como recurso para dos modalidades de apoyo, el 22% para tres tipos de ayuda y un 14’6% para los cuatro apoyos evaluados en el estudio. En relación con el número de modalidades de apoyo para las que se recurre a profesionales, la media obtenida fue 2’17 (DT = 1’07). Los análisis efectuados reflejan algunas diferencias entre las redes de apoyo social de estas mujeres y las que poseen las madres de familias biparentales, diferencias que no tienen que ver con el tamaño de la red pero sí con su composición. Por un lado, los resultados indican que en las familias monomarentales tienden a ser más frecuentes que en las biparentales las redes de apoyo integradas sólo por personas ajenas a la familia (2 = 9’6, p < .01), especialmente de cara a obtener apoyo a nivel emocional (2 = 19’86, p < .001) y frente a situaciones de riesgo (2 = 16’24, p < .001). Por otra parte, estas madres disponen de redes sociales en las que los profesionales funcionan como fuente de apoyo para más modalidades de ayuda que en el caso de las mujeres de familias biparentales (t = 1’79, p < .10). En concreto, las madres solas recurren en mayor medida que las que conviven con su pareja a profesionales cuando necesitan información (2 = 4’6, p < .05) y en situaciones especialmente problemáticas o de riesgo (2 = 6’9, p < .01). Dimensiones subjetivas: necesidad de ayuda y satisfacción con el apoyo recibido La prueba utilizada para evaluar el apoyo social recoge, mediante una escala de 1 a 10, la necesidad percibida de apoyo y la satisfacción con la ayuda que se obtiene de las personas que integran la red social. Las medias obtenidas a nivel general para ambas dimensiones indican que estas mujeres están ligera pero significativamente más satisfechas (M = 7’56, DT = 2’06) que necesitadas (M = 7’06, DT = 2’06) (t = -2’03, p < .05). Por otro lado, el positivo y significativo índice de correlación entre las dos puntuaciones (r = .21, p < .05) refleja que las madres que experimentan una mayor necesidad de ayuda tienden a estar más satisfechas con el apoyo que reciben. No obstante, este perfil general de resultados muestra algunas diferencias bastante llamativas cuando se examinan las puntuaciones obtenidas específicamente para las diversas modalidades de apoyo evaluadas en el estudio. Así, y como puede apreciarse en la Figura 8, existe un tipo de demanda en la que el patrón general que se acaba de describir tiende a cambiar. El área en el que las madres que han
El apoyo social 67 Síntesis de resultados Los datos obtenidos en este estudio indican que las mujeres a cargo de familias monomarentales usuarias de los SS. SS. CC. y que reciben intervenciones en materia de preservación familiar cuentan con unas redes de apoyo social caracterizadas no tanto por su amplitud (la media se sitúa en torno a 7 y 8 personas) sino por su composición. Así, y aunque lo más habitual es que estas mujeres recurran a redes de naturaleza informal, integradas tanto por miembros de la familia como por personas ajenas a ella, en muchos casos las madres responsables de familias monomarentales recurren para encontrar apoyo, ayuda, consejo o información a personas que no deberían ser parte de su red social, bien por tratarse de figuras que deberían ser por su naturaleza receptores y no fuentes de apoyo (los hijos o las hijas, a los que recurren algo menos de la mitad de estas madres), o bien por tratarse de profesionales (mencionados en torno al 40% de los caso) que están, en cierta medida, supliendo el papel de fuentes de apoyo informal. Aunque de acuerdo con los datos de los que disponemos no podemos afirmar que estas mujeres estén caracterizadas por el aislamiento social, un análisis más pormenorizado del tamaño de sus redes de apoyo revela que éstas resultan más reducidas para las situaciones en las que estas madres requieren ayuda a nivel material o tangible y frente a circunstancias estresantes o de riesgo. Si se toman en consideración los resultados sobre la percepción subjetiva del apoyo, el perfil que se desprende de los análisis efectuados señala que el área más crítica entre estas madres está relacionada con el ámbito emocional: se trata de las situaciones para las que existe una mayor sensación de necesidad y un nivel más bajo de satisfacción con los recursos de apoyo disponibles. El área emocional destaca también como el ámbito más crítico para las mujeres de familias biparentales usuarias de los SS. SS. CC., pero éstas presentan niveles inferiores de necesidad de ayuda a nivel informativo, material, y frente a situaciones de riesgo. Por tanto, el perfil resultante y característico de las mujeres responsables de familias monomarentales comparadas con las biparentales es muy precario: crítico en el ámbito emocional y especialmente agudo para situaciones en las que se demanda información, ayuda tangible, y apoyo frente a circunstancias de riesgo. El análisis conjunto de estos indicadores ha revelado la existencia de una tipología de madres, caracterizadas tanto por el grado y tipo de apoyo social del que disponen como por la estructura familiar. Así, el Análisis de Conglomerados muestra que hay un grupo de madres definido por indicadores comparativamente positivos (red de apoyo amplia, diversa, integrada por fuentes de apoyo informal, y con bajos niveles de necesidad de apoyo), otra por características que, en su conjunto, ofrecen
El apoyo social 68 una lectura poco funcional y pesimista (redes de apoyo no muy pequeñas pero especialmente reducidas para situaciones de riesgo, con una muy importante presencia de profesionales, y con niveles altos de necesidad de ayuda), y una tercera a medio camino entre las dos anteriores (con redes de tamaño especialmente reducido, sobre todo a nivel tangible o material, pero con una necesidad subjetiva de apoyo no especialmente alta, y para la que recurren más que los otros dos grupos a fuentes de apoyo específicas —o familiares o no familiares— entre los que, además, no hay profesionales). Mientras que la tipología más positiva está integrada por mujeres que conviven con su pareja, la más negativa incluye tanto a madres de familias monomarentales como biparentales, pero el grupo intermedio está formado muy mayoritariamente por usuarias de los SS. SS. CC. que crían y educan solas a sus hijos e hijas. Los análisis que se presentan en el siguiente bloque de resultados permiten examinar con más detalle las características de estos tres grupos de mujeres.
69 T Ti ip po ol lo og gí ía a d de el l a ap po oy yo o s so oc ci ia al l r re el la ac ci io on na ad da a c co on n l la as s c ci ir rc cu un ns st ta an nc ci ia as s v vi it ta al le es s En este último apartado, y a raíz de los análisis presentados a lo largo de todo el bloque de resultados, se explorarán las relaciones existentes entre los grupos hallados al aplicar el Análisis de Conglomerados o de Clusters y las circunstancias vitales que definen a aquellas mujeres a cargo de familias monomarentales en situación de riesgo psicosocial. En primer lugar se expondrán los resultados hallados resaltando las diferencias intergrupales, y diferenciando por dimensiones aquellas variables específicas cuyo poder predictivo sea mayor. A continuación, y siguiendo la misma lógica de los apartados anteriores, se resumirán los principales resultados obtenidos ofreciendo una visión general de los mismos. Para una mejor comprensión de estos resultados, se han dividido las circunstancias de vida que presentan estas madres en tres dimensiones bien diferenciadas: a) Datos fundamentalmente sociodemográficos y aquellos derivados de la situación laboral hallada en estas madres; b) Puntuaciones referidas a las distintas autovaloraciones que estas mujeres hacen de sí mismas desde una perspectiva multidimensional (familiar, social, emocional, intelectual y física); y c) Trayectorias vitales de riesgo y estresantes centradas en las usuarias de SS. SS. CC. Estas dimensiones y las variables que las engloban, tal como hemos comentado antes, se pondrán en relación con los grupos hallados en los Análisis de Conglomerados, explorando aquellas circunstancias que definen de mejor manera los tres grupos que se han formado a raíz del grado y tipo de apoyo social del que disponen estas mujeres. En la siguiente tabla se presentan de manera pormenorizada las puntuaciones resultantes de los análisis efectuados.
Tipología del apoyo social relacionada con circunstancias vitales 70 Tabla 12: Principales características de las Circunstancias de Vida (datos sociodemográficos y laborales, autoestima y trayectorias vitales de riesgo) en las madres de los tres grupos **** p < .001, ** p < .01, * p < .05, # p < .1 Tal y como se puede observar en la Tabla 12, los distintos grupos no se diferencian por la edad que tienen estas madres, en torno a los cuarenta años, ni por el número de hijos e hijas que presentan las mismas, entre dos y tres. Asimismo, en los tres grupos resultantes de los conglomerados, no se hallan diferencias estadísticamente relevantes relacionadas con la actividad laboral, siendo mayoritario el porcentaje de mujeres que mantienen un empleo en el momento del estudio. Datos sociodemográficos y laborales CONGLOMERADOS p 1 (31’4%) 2 (37’2%) 3 (31’4%) Edad 39’02 39’86 40’28 Número de hijos 2’51 2’28 2’53 Trabaja: Sí 63’5% 69’0% 55’9% No 36’5% 31’0% 44’1% Cualificación del trabajo: Nula o baja 94’6% 87% 75,9% # Media o alta 5’4% 13% 24’1% Contrato: Sí 51’4% 45’7% 44’8% No 48’6% 54’3% 55’2% Procedencia ingresos: Trabajo 40’7% 43’3% 66’7% * Ayuda Social 23’7% 19’4% 8’3% Combinación 35’6% 37’3% 25’0% Grado de pobreza -562’87 -1064’47 506’62 ** Autoestima Familiar 3’50 3’71 4’02 ** Social 3’84 3’97 4’25 * Emocional 2’78 3’03 2’85 Intelectual 3’05 2’90 3’01 Física 3’07 3’27 3’44 # Trayectoria de riesgo - usuaria Riesgo pasado 2’71 2’77 2’03 # Riesgo presente 4’80 4’47 3’82 Riesgo total 7’72 7’13 5’93 # Afectación 2’51 2’33 2’24 #
Tipología del apoyo social relacionada con circunstancias vitales 71 No obstante, y en el mismo tono que ha prevalecido durante todo el bloque de resultados, las cuestiones laborales suelen presentar indicadores diferenciales entre las madres usuarias de SS. SS. CC. (ver Figura 10). Así, se observa que los grupos pueden llegar a definirse por la cualificación del puesto de trabajo que presentan. En este sentido, y como puede apreciarse en la figura referida anteriormente, aunque un gran porcentaje de las madres que componen los tres grupos tienen un trabajo categorizado como nula o baja cualificación, el tercer grupo de mujeres se desmarca de la tendencia general presentando un porcentaje mayor a la del resto de los grupos en cuanto a la presencia de trabajos con una cualificación media o alta. Aún así, el tener o no tener un contrato laboral en regla no define a los conglomerados, al no observarse diferencias intergrupales. Sin embargo, nuevamente nos encontramos con que los grupos marcan sus límites en las cuestiones laborales al observar detenidamente la procedencia de los ingresos de estas mujeres. Mientras que en el 40’7% de las madres del grupo 1, y en el 43’3% de las mujeres del grupo 2, sus ingresos provienen única y exclusivamente del empleo que mantienen, el tercer grupo presenta un significativo 66’7% (χ2 = 9’43, p < .05) en la misma categoría. A su vez, este último grupo no depende de ayudas sociales, mostrando un bajo porcentaje (8’3%) en esta categoría, diferenciado de los restantes grupos de madres. Figura 10. Porcentajes de los conglomerados finales según cualificación del trabajo y procedencia de los ingresos (P. I.) No es de extrañar que las diferencias en cuanto a las cuestiones laborales entre los tres grupos tengan una posterior influencia diversificada en el área económica de las madres usuarias de SS. SS. CC. que forman los conglomerados (ver Figura 11, en puntuaciones ponderadas). Los contrastes en el grado de pobreza que 0,00 25,00 50,00 75,00 100,00 Grupo 1 Grupo 2 Grupo 3 Cualificación nula o baja Cualificación media o alta P. I.: Trabajo P. I.: Ayuda social P. I. Combinación
Tipología del apoyo social relacionada con circunstancias vitales 72 se pueden observar en la Tabla 12 ponen de manifiesto unas diferencias intergrupales significativas (F = 5’56, p < .01). El primer grupo hallado en el estudio cuentan con unos recursos económicos de media -562’87 euros por debajo del umbral de la pobreza. Aún así, el segundo grupo presenta una media de -1064’47 euros, reflejando un alto nivel de pobreza en comparación con los otros conglomerados de mujeres usuarias de servicios sociales. Cabe destacar que el tercer grupo supera el nivel de pobreza ya que se observa una media positiva de 506’62 euros. Figura 11. Puntuaciones promedias de los conglomerados finales según grado de pobreza En cuanto a la segunda dimensión referida a las circunstancias de vida, es decir, las puntuaciones de autoestima que representan a las diversas autovaloraciones que estas mujeres hacen de sí mismas desde una perspectiva multidimensional (familiar, social, emocional, intelectual y física), nos encontramos con que los distintos grupos hallados a través del análisis de conglomerados se relacionan de forma diferenciada con la autoestima de las madres que los componen. La valoración que estas mujeres usuarias de SS. SS. CC. realizan en torno a su familia resulta ser la variable con más discrepancias entre grupos de todas y cada una de las componen la dimensión de autoestima. Con un nivel de significación mayor a .01 (F = 5’06), las puntuaciones de autoestima familiar se diferencian entre los distintos conglomerados, siendo el grupo 3 el que valora de una manera más positiva su entorno y relaciones familiares, mientras que los grupos 1 y 2 se mantienen en unos niveles intermedios con respecto al tercero. Nuevamente el tercer -0,50 -0,25 0,00 0,25 0,50 Grupo 1 Grupo 2 Grupo 3 Grado de pobreza
Tipología del apoyo social relacionada con circunstancias vitales 73 grupo obtienen unas mayores puntuaciones medias en las otras dos dimensiones de autoestima que diferencian a los conglomerados entre sí: social y física. La autoestima social, o la valoración que hacen las madres sobre su capacidad de mantener y conseguir amistades, obtiene un nivel de significación de p <.05 (F = 3’91), mientras que la autoestima física, centrada en la percepción de la propia imagen, muestra una tendencia (F = 2’85, p <.1,) a favor del tercer grupo en comparación con las madres del conglomerado 1 y 2. En la Figura 12 se presentan las puntuaciones promedias de los conglomerados resultantes según los tipos de autoestima significativas, en puntuaciones tipificadas, junto con la tercera dimensión que completaría las circunstancias vitales que hemos estado describiendo en este apartado, y puesto en relación con los conglomerados resultantes de los análisis multivariados llevados a cabo: trayectorias vitales de riesgo. Figura 12. Puntuaciones promedias de los conglomerados finales según autoestima y trayectoria de riesgo En esta última dimensión, los grupos que engloban a todas las madres que pertenecen a este estudio, están diferenciados por las situaciones estresantes y de riesgo que experimentaron en el pasado. Los datos nos marcan una tendencia en las vivencias negativas pasadas, destacándose una mayor presencia de dichas experiencias en el primer grupo de mujeres. Sin embargo, los grupos se armonizan cuando se les evaluó el número de sucesos estresantes que padecieron en estos -0,5 -0,25 0 0,25 0,5 Grupo 1 Grupo 2 Grupo 3 Autoestima familiar Autoestima social Autoestima física Riesgo pasado Riesgo total Grado de afectación riesgo
Tipología del apoyo social relacionada con circunstancias vitales 74 últimos tres años en los que, aunque no hay diferencias significativas intergrupales, se observa un aumento en el número de experiencias de riesgo con respecto al pasado. Tomando en consideración la puntuación que engloba las trayectorias de riesgo que han vivido estas madres, se vuelve a mostrar que el tercer grupo, en general, tiende a vivir menos experiencias negativas en comparación a las demás madres del estudio. Frente a estos datos objetivos, las madres de los tres grupos muestran un distinto grado de afectación ante estos sucesos de riesgo con los que conviven o han convivido. Como se deriva de lo anteriormente expuesto, son las madres del primer conglomerado las que tienden a mostrarse más afectadas ante estas vivencias, en contraposición al grupo tercero, aquel que ha experimentado menos eventos estresantes, el cual se muestra menos influenciadas por estos sucesos. En el caso de las madres que encabezan el segundo grupo, su afectación se mantiene en un polo intermedio en comparación a los otros dos conglomerados.
Tipología del apoyo social relacionada con circunstancias vitales 75 Síntesis de resultados El análisis llevado a cabo pone en relación las circunstancias vitales de las mujeres usuarias de SS. SS. CC. con los tres conglomerados surgidos al explorar el apoyo social de estas madres. Una vez concretado estas circunstancias de vida en las tres dimensiones descritas más arriba, los tres grupos se posicionaban en torno a ellos de forma diferenciada, caracterizándose cada conglomerado por las bajas o altas puntuaciones en las variables que formaban cada dimensión. Siguiendo la lógica del apartado anterior, nos centraremos en la tipología de madres en correspondencia a las dimensiones que componen las circunstancias vitales que las rodean. Así pues, deteniéndonos en el primer y segundo grupo de mujeres, las cuales ofrecen las diferencias más relevantes, se puede señalar que tienden a presentar datos menos favorables en torno a la cualificación laboral, así como un alto nivel de pobreza, en comparación al resto de madres que componen el tercer grupo. Asimismo, en este tercer conglomerado, se observa que la procedencia de los ingresos está basada sobre todo en el trabajo de las madres, alejándose de unas posibles ayudas sociales a las que no recurren a un nivel relevante a diferencia de las demás familias. Al centrarnos en las trayectorias vitales de riesgo que han experimentado estas madres, nuevamente los datos se tornan negativos en los primeros dos grupos, los cuales nos señalan una alta presencia de sucesos estresantes de importancia, seguida de una apreciable afectación en torno a los mismos. Igualmente, las autovaloraciones que las madres hacen en torno a dimensiones como la familia, las amistades y su propia imagen, giran en torno a una visión negativa, en comparación con el tercer grupo de mujeres. Concluyendo podemos afirmar que de nuevo la tipología más positiva está centrada en mujeres que conviven con su pareja, mientras que aquella que se aleja de unos patrones más correctos, está formada tanto por familias biparentales como monomarentales, las cuales han vivido en un contexto donde se han producido un apreciable número de experiencias estresantes. El grupo intermedio, formado en su gran mayoría por mujeres que están a cargo de una familia monomarental, se sitúa a medio camino entre los dos conglomerados.
Discusión y reflexiones finales 83 recurso fundamental de cara a la maternidad al funcionar como un significativo factor de protección que permite amortiguar los efectos directos e indirectos de los acontecimientos vitales estresantes, facilitando la adaptación y afrontamiento ante éstos (Barrón, 1996; Cohen, 1988). Los resultados encontrados parecen apuntar que las redes de apoyo social de estas mujeres no parecen efectivas para afrontar adecuadamente los sucesos estresantes presentes en sus vidas. Para finalizar con el análisis de las circunstancias estresantes nos gustaría comentar el resultado encontrado que pone de relieve que existe relación entre la acumulación de situaciones de riesgo y el perfil sociodemográfico actual de las mujeres. En este sentido, las madres responsables de familias monomarentales que presentaban en el momento del estudio peor situación laboral, económica y residencial eran aquellas que habían tenido trayectorias de riesgo más complicadas en su pasado. Sin duda, se trata de un resultado que pone de relieve la importancia de la trayectoria vital y la tendencia a una cierta continuidad en los procesos de desarrollo. La acumulación de factores de riesgo a lo largo de la vida parece aumentar la probabilidad de experimentar nuevas circunstancias de riesgo porque, como señalábamos más arriba, cuando se da una importante acumulación de circunstancias negativas aumenta la vulnerabilidad de los individuos ante ese tipo de experiencias adversas. En relación con el bienestar emocional de estas mujeres, los estudios con población normativa destacan la alta probabilidad de los progenitores que encabezan los hogares monoparentales de padecer problemas de salud, especialmente, problemas de depresión (e.g, González, Jiménez y Morgado, 2003; Jackson et al., 1998; Rudowics, 2001). Si bien es cierto que en este estudio no se ha evaluado con detenimiento los problemas psicológicos que padecen estas mujeres, si podemos aportar datos referentes a su autoestima. En este sentido, y en contra de lo hallado en otros estudios, las madres solas con responsabilidad familiar que están siendo atendidas por los SS. SS. CC. presentan niveles similares de autoestima que el resto de usuarias que conviven con sus parejas. La explicación más plausible de estos resultados está relacionada, en nuestra opinión, con ser usuarias de los SS. SS. CC. En este sentido, la intervención recibida por los SS. SS. CC. puede estar actuando como elemento protector para estas mujeres, incrementando sus esperanzas por alcanzar unas condiciones de vida más favorables y alimentando la seguridad y confianza en sí mismas al hacerlas agentes activas de su propio cambio. El posible fortalecimiento de la autoconfianza en unas y otras mujeres puede ser el motivo de la homogeneización de los niveles de autoestima entre las diferentes madres usuarias. No obstante, y aunque no se encontraron diferencias estadísticamente significativas, la autoestima familiar de las madres solas presentó una tendencia a ser más baja que aquellas que conviven con sus parejas. Posiblemente, los conflictos y dificultades familiares que destacaron en el análisis de circunstancias de riesgo puedan estar
Discusión y reflexiones finales 84 explicando la visión más negativa que tienen estas mujeres de sus contextos familiares. Las áreas de autoestima más críticas para las familias en situación de riesgo —tanto para las monomarentales como para las biparentales—, fueron la emocional y la intelectual. Mientras que la baja autoestima intelectual puede ser explicada por el limitado nivel formativo de estas mujeres, las bajas puntuaciones obtenidas en el ámbito emocional puede relacionarse con algo que ya hemos comentado anteriormente: la vulnerabilidad de estas mujeres a presentar problemas relacionados con el bienestar psicológico y la salud. En conjunto, estos datos están reflejando las complicadas condiciones de vida con las que cuentan las familias en situación de riesgo que están siendo intervenidas por los SS. SS. CC. por razones de preservación familiar. Dentro de este colectivo, las familias monomarentales parecen presentar contextos especialmente difíciles. De hecho, las mujeres de estas familias presentan mayores índices de pobreza, trayectorias de riesgo más difíciles y además han tenido que afrontar un mayor número de circunstancias estresantes en los últimos años, contribuyendo todo ello a que estas mujeres presenten una mayor vulnerabilidad emocional que el resto de madres. Después de describir las circunstancias de vida que caracterizan a las familias monomarentales usuarias de los SS. SS. CC., procederemos a comentar los resultados relacionados con el objetivo principal de nuestra investigación: las características de apoyo social que definen a las mujeres que encabezan estos hogares. En concreto, en este estudio nos hemos centrado en el análisis tanto de los aspectos estructurales (amplitud y composición de la red de apoyo) como de los aspectos funcionales (necesidad y satisfacción con el apoyo emocional, tangible e informativo) de las redes de apoyo de estas mujeres. Finalmente, comentaremos la posible conflictividad existente dentro de las redes de apoyo de estas mujeres. El análisis de los compontes estructurales del apoyo social nos llevó a realizar una pormenorizada caracterización de las redes de apoyo social de las mujeres participantes en el estudio. En primer lugar, los resultados obtenidos en relación con el tamaño de la red de apoyo indicaron que las mujeres de familias monoparentales que están siendo intervenidas por los SS. SS. CC. no se encuentran aisladas socialmente, ya que la media de personas que componen sus redes de apoyo social es similar al de otros estudios con familias biparentales atendidas por estos dispositivos (Rodrigo et al., 2005, 2007). Posiblemente, el hecho de que cuenten con una aceptable red social se deba precisamente a que son usuarias de los Servicios Sociales y que muchas participan en intervenciones grupales que fomentan la relación con otras mujeres. En segundo lugar, encontramos que la media de amplitud total de la red social fue mayor que la media para cada tipo de apoyo (emocional,
Discusión y reflexiones finales 85 tangible, informativo y de riesgo). Este resultado tiene gran importancia desde el punto de vista funcional, ya que supone la evitación de una sobrecarga para los miembros de la red (López, 2005). En tercer lugar, si analizamos con detenimiento la amplitud de la red para los distintos tipos de apoyo evaluados, observamos que las redes de apoyo social fueron más reducidas para las situaciones en las que estas mujeres requieren más ayuda, esto es, para cuestiones de apoyo tangible y frente a circunstancias estresantes y/o de riesgo. Más allá de lo que muestran estos resultados, las características estructurales que verdaderamente diferenciaron a estas mujeres de otras son las relacionadas con la composición de sus redes de apoyo. En consonancia con estudios normativos, los resultados de nuestro estudio muestran que estas mujeres buscan ayuda en la red de apoyo informal más directa y cercana (familiares y amigos) por ser reconocida como la fuente de apoyo social natural, recíproca y satisfactoria (Gottlieb, 1983), así como por su carácter privado y más ajustado a las necesidades concretas de las personas (Navarro, 2004). No obstante, hay dos aspectos en la composición de sus redes informales que las diferenciaron del resto. Primero, las familias monomarentales presentaron con mayor frecuencia redes de apoyo integradas únicamente por personas ajenas a la familia, especialmente para obtener apoyo a nivel emocional y frente a situaciones estresantes. Segundo, alrededor del 40% recurrían a sus hijos e hijas en busca de ayuda y apoyo emocional ante las situaciones estresantes que tienen que afrontar. Así, en consonancia con los datos de ingresos familiares, observamos que los hijos e hijas de estas familias parecen asumir ciertas responsabilidades familiares no propias de su edad. En este caso, se convierten en la fuente de apoyo emocional para sus madres cuando, por su edad, debería ser al revés; es decir, que las madres actuaran como base de seguridad y fuente de apoyo emocional para sus hijos e hijas. El hecho de tener que asumir responsabilidades no propias de su etapa evolutiva, unido al hecho de verse expuestos a los diferentes elementos de riesgo que caracterizan a las familias usuarias contribuye, con toda probabilidad, a que estos menores empiecen a definir, desde muy pronto, complicadas trayectorias vitales de riesgo. Por otro lado, los resultados de este trabajo coinciden con los hallados por Rodrigo y cols. (2005, 2007) y López (2005) en cuanto a que las familias en situación de riesgo incluyen entre sus principales sistemas de apoyo a las redes formales. En este sentido, los resultados encontrados muestran que los profesionales constituyeron fuentes de apoyo importante para estas mujeres, sobre todo, para cuestiones informativas, emocionales y frente a situaciones estresantes. Como indican estos resultados, las redes formales no fueron utilizadas de forma específica para un tipo de necesidad, sino que nos encontramos con que más de la mitad de las mujeres que recurrieron a fuentes de apoyo formal lo hicieron para más de una modalidad de apoyo. La presencia de los profesionales en las redes de apoyo de las
Discusión y reflexiones finales 86 familias monomarentales fue más frecuente que en las familias biparentales usuarias de los SS. SS. CC., sobre todo, en la búsqueda de apoyo informativo y para situaciones estresantes. Para finalizar con las cuestiones estructurales del apoyo social debemos referirnos a los datos de apoyo referidos a la ex-pareja o padre de los hijos e hijas de estas mujeres. Según los datos obtenidos, las madres de estas familias no suelen recurrir a los padres de sus hijos e hijas ante ningún tipo de problemas. Es más, coincidiendo con los resultados obtenidos por Malo (1994), las ex-parejas son mencionadas en gran medida como fuente de conflicto y no tanto como figuras de apoyo social. La baja implicación de los padres en el sostén económico de la familia, así como su ausencia entre las personas que componen las redes sociales de estas mujeres, pone claramente de manifiesto los problemas relacionales existentes entre los progenitores de los menores que crecen en estos hogares. Centrándonos ahora en el análisis de la funcionalidad del apoyo social, el área más crítica entre las madres de familias usuarias de los SS. SS. CC. fue la relacionada con el ámbito emocional. La necesidad de estas mujeres ante cuestiones emocionales fue muy alta en comparación con el resto de modalidades de apoyo evaluadas (tangible, informativo y situaciones estresantes). Además, esta necesidad fue común para familias monoparentales y biparentales. No obstante, ambos tipos de familias se diferenciaron en el grado de necesidad de las otras modalidades de apoyo evaluadas. Así, además de la necesidad compartida de apoyo emocional, las mujeres solas con responsabilidad familiar experimentaron mayor demanda de ayuda ante asuntos materiales, informativos y situaciones estresantes. En síntesis, la necesidad de apoyo de las mujeres a cargo de familias monoparentales fue mucho más acusada que en el resto de mujeres, ya que fue igualmente crítica en el ámbito emocional y especialmente aguda para situaciones en las que se demanda información, ayuda tangible y apoyo ante situaciones estresantes. A pesar de las importantes necesidades de apoyo que presentan estas mujeres, debemos destacar que el perfil que se desprende de los resultados obtenidos indica que estas mujeres no se encuentran aisladas socialmente y que están bastante satisfechas con sus relaciones interpersonales. Estos resultados van en consonancia con otros estudios generales que resaltan las mayores necesidades de apoyo social de estas familias, pero sin hablar en ningún momento de exclusión social; no obstante, también es cierto que estas mujeres dependen en cierta medida de fuentes formales para satisfacer sus necesidades de apoyo (González et al., 2004; Jiménez et al., 2004; Morgado et al., 2003). Este mismo resultado se ha hallado también en estudios con familias en situación de riesgo medio (López, 2005; Rodrigo et al., 2005, 2007). Una vez analizados los componentes estructurales y funcionales del apoyo social de las mujeres de familias monoparentales, vamos a comentar los resultados
Discusión y reflexiones finales 87 derivados del análisis de conglomerados realizado con los datos de su apoyo social. Como se ha explicado anteriormente, con este tipo de análisis se pretendía explorar la variabilidad de las mujeres de familias usuarias de los SS. SS. CC., en relación al grado y tipo de apoyo social percibido. Como queríamos comprobar si la estructura familiar era una dimensión diferenciadora del apoyo social de unas familias y otras, los análisis se realizaron incluyendo tanto a las familias monoparentales como a las biparentales. Como dejan patente los resultados obtenidos, la hetereogeneidad existente entre las usuarias en cuanto a sus características de apoyo social así como en relación a su estructura familiar es evidente. Esta conclusión permite realizar tres tipos de reflexiones. En primer lugar, existen distintos perfiles de apoyo social entre las mujeres usuarias de los SS. SS. CC., de modo que es necesario considerar el apoyo social de estas mujeres como una realidad hetereogénea. En segundo lugar, prevalece un patrón diferencial de riesgo en función de las características de apoyo. Y en tercer lugar, la estructura familiar no determina el perfil de apoyo de las familias que viven en una situación de riesgo más crítica, pero sí en el resto. En relación con la primera de las reflexiones, los resultados de nuestra investigación pusieron de manifiesto la existencia de tres perfiles de apoyo social diferentes. El primer grupo estuvo definido por mujeres que, comparadas con los otros dos grupos, disponían de redes de apoyo poco funcionales y en gran medida dependientes de sistemas formales (redes de apoyo no muy pequeñas pero especialmente reducidas para situaciones de riesgo, con altos niveles de necesidad para todas las modalidades de apoyo, y con los profesionales como figuras de apoyo a los que se recurre para todas las necesidades). Las familias del segundo grupo no alcanzaron los problemas de apoyo del primer grupo, aunque se caracterizaron por disponer de redes de apoyo reducidas (sobre todo a nivel tangible o material), una necesidad de apoyo intermedia que cubren fundamentalmente con fuentes de apoyo específicas de carácter informal —familiares o no familiares—, y un menor uso de las fuentes formales como son los profesionales. Por último, el perfil de familias del tercer grupo se definió por indicadores de apoyo más positivos en comparación con los dos grupos anteriores (red de apoyo amplia y diversa, integrada casi exclusivamente por fuentes de apoyo informal, y con bajos niveles de necesidad de apoyo). De acuerdo con la segunda reflexión que adelantábamos, los tres grupos presentaron un perfil socioeconómico determinado, al mismo tiempo que se diferenciaron por sus circunstancias estresantes y los niveles de autoestima. En concreto, se comprobó que los dos primeros grupos obtenidos presentaron indicadores menos favorables que el tercero. Así, se observó que las mujeres de las dos primeras tipologías solían disponer de empleos de baja cualificación laboral, presentaban mayores problemas económicos y contaban en mayor medida con
Discusión y reflexiones finales 88 ayudas sociales para solventar sus problemas financieros; especialmente, las familias del primer grupo. En relación a las circunstancias de riesgo, los datos mostraron que los dos primeros conglomerados acumulaban un mayor número de circunstancias estresantes y/o problemáticas que el tercero. Y por último, en relación a la autoestima, los resultados fueron consecuentes con los anteriores y las puntaciones más desfavorables fueron para las mujeres que integraban los dos primeros grupos; de forma específica, las diferencias se encontraron en la valoración de los ámbitos familiar, social y físico que hacían estas mujeres. Finalmente, y respecto al tipo de familia, los resultados indicaron que el primer conglomerado (el de mayor riesgo) no se caracterizó por una estructuración familiar determinada, sino que tanto hogares como monoparentales como biparentales componían este grupo, que en relación con este aspecto podría definirse como mixto. A diferencia de lo que ocurrió con este grupo, sí se produjo una diferenciación significativa en función de la estructura familiar en los dos conglomerados restantes. Así, el segundo conglomerado estuvo compuesto principalmente por familias monoparentales, mientras que el tercero estuvo integrado en su totalidad por familias biparentales. Un resumen de las principales características que definen a estos tres grupos se expone en la tabla que se presenta a continuación. Las características que se presentan en esta tabla se extraen de las comparaciones de los datos promedios de cada una de las dimensiones evaluadas en los tres grupos.
Discusión y reflexiones finales 89 Tabla 13. Tipología de familias según el apoyo social. Relación con sus circunstancias de vida Mixto Monoparental Biparental Apoyo Social Tamaño de las redes sociales intermedio aunque reducidas para situaciones de estrés. Redes sociales combinadas con fuentes de apoyo informal (familiares y no familiares) y fuentes de apoyo formal. Alta necesidad de apoyo social. Alta satisfacción con el apoyo percibido para las distintas modalidades de apoyo. Tamaño de las redes sociales pequeño sobre todo para el apoyo material o tangible. Redes sociales específicas de fuentes informales (familiares o no familiares). Necesidad de apoyo social intermedia. Alta satisfacción con el apoyo percibido para las distintas modalidades de apoyo. Tamaño de las redes de apoyo social alto y diverso. Redes sociales combinadas con fuentes de apoyo informal (familiares y no familiares). Baja necesidad de apoyo social. Alta satisfacción con el apoyo percibido para las distintas modalidades de apoyo. Características socioeconómicas y estructura familiar Tasa de actividad laboral alta. Cualificación laboral nula o baja. Ingresos familiares que provienen bien de los trabajos familiares, bien de las ayudas sociales, o de la combinación entre ambas. Familias por debajo del umbral de la pobreza. Familias monoparentales y biparentales. Tasa de actividad laboral alta. Cualificación laboral nula o baja. Ingresos familiares procedentes de los trabajos familiares o de su combinación con las ayudas sociales. Familias muy por debajo del umbral de la pobreza. Familias monoparentales. Tasa de actividad laboral alta. Cualificación laboral predominantemente baja aunque existen también trabajos de media o alta cualificación. Ingresos familiares que provienen del trabajo de los familiares y no reciben ayudas sociales. Familias por encima del umbral de la pobreza. Familias biparentales. Circunstancias estresantes y/o problemáticas Riesgo total alto. Trayectoria de riesgo pasada alta. Riesgo actual similar al resto de grupos. Riesgo total alto. Trayectoria de riesgo pasada alta. Riesgo actual similar al resto de grupos. Riesgo total bajo. Trayectoria de riesgo pasada baja. Riesgo actual similar al resto de grupos. Autoestima Baja autoestima familiar, social y física. Similar autoestima emocional e intelectual que el resto de grupos. Baja autoestima familiar, social y física. Similar autoestima emocional e intelectual que el resto de grupos. Alta autoestima familiar, social y física. Similar autoestima emocional e intelectual que el resto de grupos. En conjunto, estos resultados se encuentran en consonancia con la literatura sobre el tema. La heterogeneidad en los perfiles de riesgo de las familias usuarias de los SS. SS. CC. es una realidad que ya ha sido demostrada en anteriores estudios y
Discusión y reflexiones finales 90 revisiones acerca del tema (Jiménez, 2009; Rodrigo et al., 2006). Asimismo, y coincidiendo con nuestros resultados, los análisis discriminantes realizados por Rodrigo et al. (2008) pusieron de manifiesto que entre los indicadores familiares que determinan el perfil de riesgo psicosocial de las usuarias de los SS. SS. CC. se encuentran las características de redes de apoyo informal y formal, la situación socioeconómica y laboral, los tipos de ayuda que reciben, la historia personal y características de la usuaria, y la vivencia de sucesos estresantes. Así nuestros resultados mostraron que el primer grupo de familias, definido como mixto, presentó las circunstancias familiares, sociales y personales más complicadas. A su vez, el segundo grupo englobó a familias con contextos más complicados que las pertenecientes al tercer grupo. En síntesis, la comparación entre conglomerados puso de manifiesto que el grupo mixto se encuentra en una situación de riesgo psicosocial alto, el grupo de familias monoparentales en una situación de riesgo intermedio y, por último, el grupo de familias biparentales estudiadas fue el que presentaba un nivel de riesgo más bajo. Una importante conclusión del estudio que hemos realizado es que las características del apoyo social se relacionan con la variabilidad de riesgo que podemos observar entre estas familias. Estos resultados van en consonancia con los hallados por Rodrigo et al (2008); así, existe un patrón diferencial de apoyo en función del nivel de riesgo, adquiriendo la presencia de redes formales entre los sistemas de apoyo un especial protagonismo. En concreto, las mujeres de familias usuarias de los SS. SS. CC. que presentaban circunstancias de vida más desfavorables fueron precisamente las que además presentaron mayores necesidades de apoyo social en todas sus modalidades (excepto para las cuestiones informativas) y, además, las que recurrían con mayor asiduidad a sistemas formales para cubrir sus distintas necesidades. Los resultados obtenidos que relacionan la presencia de las redes formales entre los sistemas apoyo con los niveles más altos de riesgo familiar no son totalmente novedosos, ya que otras investigaciones recientes han encontrado resultados similares (Castillo, 1997; Matos y Sousa, 2004; Rodrigo et al., 2008). Por su parte, las fuentes informales de ayuda estuvieron presentes en todos los tipos de redes sociales, independientemente de la situación específica en la que se encontrara cada tipología de familias. Como comentamos al principio de este trabajo, las redes informales (familia, amistades, vecinos, etc.) son las fuentes de apoyo más naturales, recíprocas y satisfactorias (Gottlieb, 1983) y las que más se ajustan a las necesidades concretas de las personas (Navarro, 2004). En este sentido, la presencia en los tres grupos de familias de este tipo de fuentes informales de apoyo, el tamaño no reducido de sus redes sociales, así como la satisfacción con el apoyo recibido, son tres resultados coincidente con la literatura revisada y que nos permiten concluir que las familias usuarias de los SS. SS. CC. pueden presentar importantes complicaciones sociales, pero en ningún caso puede decirse que se encuentren aisladas socialmente
Discusión y reflexiones finales 91 (López, 2005; Rodrigo et al., 2005, 2007). Creemos que se trata de una conclusión muy importante que nos permite mantener una visión positiva de estos contextos familiares. Otro de los hallazgos más relevante de este estudio está relacionado con la estructura familiar. La estructura familiar ejerció un doble papel en el estudio de la variabilidad de estas familias: primero, como indicador que permitió distinguir a las familias con una problemática familiar, personal y social intermedia de aquellas que se encuentran ante una situación problemática baja; y, segundo, como aspecto que no diferenciaba a las familias con un perfil de riesgo más acusado de acuerdo con las dimensiones evaluadas. Una posible explicación a la particular contribución de la estructura familiar en la tipología de familias podría tener que ver con los niveles de riesgo. Si bien es cierto que nuestros resultados coinciden con otros estudios al evidenciar diferencias en las circunstancias de vida y características de apoyo social de las familias monoparentales y biparentales (e.g., Flaquer et al., 2006; Landero y González, 2006; López, 2005; Rodrigo et al., 2008), estas diferencias se ven minimizadas en nuestro estudio cuando nos encontramos ante situaciones familiares muy complicadas o de alto riesgo, en las que la estructura familiar no parece ser un factor determinante. En la línea de lo que concluye el estudio de Wayne y Unger (2000), estos datos sugieren que la estructura familiar por sí misma no explica la disfuncionalidad de los ambientes familiares, al menos en los casos de riesgo más extremos. Un análisis más pormenorizado de los datos familiares que caracterizan los hogares de las mujeres que integran el primer grupo obtenido (el de mayor riesgo) ayuda, sin duda, a comprender cuáles son los factores que contribuyen a que un contexto familiar se vuelva gravemente disfuncional; factores entre los que no parece figurar la estructura familiar. La lectura conjunta de los resultados obtenidos nos permite extraer una serie de conclusiones acerca de sus circunstancias de vida y características de las redes de apoyo de las familias estudiadas, al tiempo que nos permite plantear diversas implicaciones prácticas para la intervención con familias monoparentales usuarias de los SS. SS. CC. Entre las implicaciones prácticas podemos señalar las siguientes: Las familias monomarentales usuarias de los SS. SS. CC. viven en una situación de precariedad económica importante y requieren de ayudas sociales para mantener su economía familiar. Estas ayudas sociales adquieren especial protagonismo en familias monomarentales cuando el padre no contribuye a los ingresos familiares y, por tanto, la situación económica es más desfavorable que en el resto de familias. En dichos casos, los Servicios Sociales además de contribuir a la economía familiar con las ayudas sociales deberían concienciar a estas familias de que los padres
Discusión y reflexiones finales 92 deben asumir sus responsabilidades económicas y, sobre todo, velar porque los hijos/as menores de edad no abandonen su trayectoria escolar por la presión de tener que contribuir económicamente al sostenimiento de la familia. Las familias monomarentales estudiadas presentan importantes dificultades para acceder a empleos cualificados y estables, probablemente, por su dificultad de conciliar su vida familiar y laboral. En ese sentido, los Servicios Sociales deberían poner a disposición de estas mujeres los recursos necesarios para facilitarles la compatibilización de sus responsabilidades laborales y familiares (centros para menores durante el horario laboral, ayuda en el hogar, etc.), de forma que no se vean obligadas a aceptar empleos tan precarios. Ciertas ayudas formales de estas características pueden ser vitales en los momentos iniciales tras una separación o divorcio, aunque no deben ser el objetivo último de la intervención social con estas mujeres, ya que pueden resultar muy perjudicial para el desarrollo y autonomía de las mujeres al frente de estos hogares si se prolongan excesivamente en el tiempo. La situación de dependencia de los Servicios Sociales que se produce en algunas usuarias es un hecho reconocido por los profesionales de estos dispositivos y que debe de evitarse tratando que, más allá de la intervención durante los momentos de crisis, los sistemas de apoyo formal no suplanten a las redes informales que son las que, de forma natural y saludable, deben cubrir las necesidades de apoyo que experimentan todas las familias. La existencia de una trayectoria personal y familiar cargada de circunstancias de riesgo se muestra como una señal de identidad de las familias usuarias de los SS. SS. CC. que presentan una mayor problemática; entre ellas, las monoparentales. Ante este hecho, los protocolos de evaluación familiar de los Servicios Sociales deberían incluir una evaluación exhaustiva de las circunstancias de riesgo que los progenitores han experimentado en el pasado ya que, en cierta medida, se relaciona con la vulnerabilidad y el riesgo familiar actual. Según estos resultados, las familias que hayan experimentado un mayor número de circunstancias estresantes y/o de riesgo en su pasado requieren de una atención mayor y de una intervención prioritaria. Los resultados obtenidos en relación con la autoestima dan una imagen positiva del bienestar de estas mujeres, a diferencia de lo que estudios anteriores han señalado. Esta visión positiva debe ser considerada y utilizada por los profesionales de cara a sus intervenciones. Las fortalezas y capacidades de las mujeres que encabezan los hogares monoparentales