Filosofía en secundaria: el valor del pensamiento
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FILOSOFÍA EN SECUNDARIA
El valor del pensamiento stamos viviendo de nuevo tiempos difíciles. Tras muchos años, la mayoría de la sociedad tiene ahora la oportunidad de pararse a reflexionar y cuestionarse muchos aspectos de su mecanismo vital y también vislumbrar qué es realmente importante para nosotros mismos y para el conjunto del grupo. Muchas personas, acostumbradas al apacible caos de la rutina, no están habituadas a hablar consigo mismas y reflexionar demasiado el día a día. Sin embargo, en estos momentos están aflorando cuestiones dentro de nosotros que quizá nunca habían pasado más allá de unos minutos revoloteando en nuestra cabeza. Pensar es una acción humana y, por tanto, toda mujer u hombre puede llevarla a cabo. Sin embargo, e independientemente de las cualidades mentales innatas de cada cual, el cerebro es un órgano que necesita ser “entrenado” para que pueda convertirse en nuestra mejor herramienta de cara a la vida. En crisis como la que estamos viviendo en la actualidad, las personas vuelven por inercia a la filosofía para buscar certezas dentro de una realidad aún más confusa. Quieren saber la verdad y se preguntan cuántos muertos y contagiados hay, cómo de grave es la enfermedad, a quiénes afecta más y, sobre todo, cuando llega la siguiente fase de desescalada a su provincia para poder volver a sus hábitos. Pero casi todos van más allá de estas cuestiones y surgen preguntas tales como: ¿nos dicen la verdad los gobiernos?; ¿merece la pena suprimir mi libertad en favor del conjunto de la población?; ¿es más valioso mi bienestar o la supervivencia de los más débiles a un virus? Interrogantes como estas han surgido a raiz del confinamiento que ha encerrado a gran parte del globo en sus casas durante meses. La crisis del coronavirus, sin hacer mucho ruido, ha conseguido, al fin y al cabo, que gran parte de la población saque a relucir sus ocultas habilidades filosóficas, ya que esta se ha comenzado a plantear más preguntas de lo que sería habitual en nuestra normalidad. Pero, ¿ha encontrado o tiene previsto encontrar la sociedad realmente las respuestas que busca en estos tiempos? Diariamente nos encontramos con miles de problemas, contradicciones o dilemas morales que necesitamos resolver de la mejor forma posible. Todos pensamos, repensamos y consultamos a nuestros familiares y amigos en busca de encontrar la solución perfecta, aunque no siempre lo hacemos con éxito. Los llamados libros de autoayuda, convertidos en bestsellers en la actualidad, por ejemplo, han intentado hacer creer a los lectores que la mejor ma- Por FRANCISCO DÍAZ MUÑOZ La educación filosófica se ha visto reducida progresivamente en los planes de estudios de la secundaria española. En este reportaje nos adentramos dentro del sector de la enseñanza filosófica de nuestro país y en las razones por las cuales esta disciplina sigue siendo imprescindible para conseguir que las sociedades sigan progresando hacia un mundo más consciente y libre nera de poner en orden nuestras vidas es el pensamiento mágico, el pensar que todo es posible y que nuestra existencia es sencilla y eterna. La filosofía original es quizá esa herramienta perfecta, no para directamente solucionar esos conflictos, sino para reflexionar acerca de ellos. Es ese utensilio que puede servirnos de ayuda, que nos puede apoyar para comprender el mundo que nos rodea de una forma mucho más útil y real. En tiempos cada vez más fugaces, parece ser que la filosofía en la educación debería ser un pilar para contribuir a que los futuros adultos tengan una mente crítica y ya, desde pequeños, puedan comenzar a desarrollarse de forma sana como personas, aunque no todos los gobiernos opinan de la misma forma. En momentos como los actuales, la ciudadanía intenta lograr certidumbres, y nada mejor para ello que la filosofía. Una mínima formación filosófica puede dar al grupo respuestas acertadas para enfrentarse al presente y al futuro de la mejor forma posible, sobre todo, en épocas tan convulsas como en las que vivimos. Sin embargo, a día de hoy, en nuestro país la educación filosófica es escasa. La filosofía no es algo nuevo. Aunque su origen no está claro, algunos historiadores afirman que su principio está en 🠺
Oriente. Sin embargo, la gran mayoría da por hecho que la filosofía como tal no comienza hasta la Antigua Grecia, cuando se da el paso del mitos al logos, es decir, en el momento en el que se comienzan a desechar las explicaciones irracionales del mundo, en la que los dioses eran los que decidían todo lo que sucedía en sus vidas, para empezar a contemplarlo con explicaciones lógicas, utilizando la razón y la ciencia. Con Atenas dominando el Imperio Griego, la ciudad se convierte en el centro cultural del planeta. La educación, llamada entonces paideia (educación de niños), promovía y daba gran importancia a la formación filosófica de los que iban a constituir el futuro de Atenas. Esta era llevada a cabo en gran medida por conocidos filósofos, los cuales, en algunos casos, compaginaban su actividad y docencia filosófica con la científica. Entonces los griegos ya lo tenían claro: la formación humanística era esencial para la mejora de la sociedad. La historia, posteriormente, llevaría el papel de la filosofía por distintas fases. España y su historia con la Filosofía en la educación 26 siglos después, con un nombre u otro, la Filosofía ha llegado a los planes de estudios de un gran número de países, entre ellos España. Sin embargo, en nuestro país tenemos una historia mucho más corta de la Filosofía en el currículo académico de las enseñanzas obligatorias y Bachillerato. La enorme influencia que la religión católica ha tenido durante siglos en nuestra sociedad ha sido reflejada durante numerosas planificaciones de estudios. En 1857, durante la Década Moderada de Isabel II, tras muchos planes y reglamentos que resultaron no ser efectivos, ya que España sufría una gran tasa de analfabetismo y se situaba muy por detrás de las demás potencias europeas con respecto a la educación, se decide poner en marcha la primera ley educativa integral del país. La llamada Ley de Instrucción Pública, a pesar de todo, ahondaba en el control de la educación por parte del clero y la filosofía que se impartía era la moral cristiana y la corriente escolástica, de la cual España es un referente a nivel mundial. Esta corriente, de origen medieval, pretendía explicar el cristianismo mediante la razón y se mantuvo en la educación española durante muchos años. La filosofía quedó reservada para las universidades, que, por entonces, eran centros a los que solo podían acceder personas con un gran poder adquisitivo. En la Segunda República se estableció la laicidad de la educación y varias filosofías antes excluidas pudieron hacerse un hueco en las aulas, aunque esto no duró mucho. Tras la guerra y la victoria del bando nacional, la enseñanza se basó en los principios del nacional-catolicismo, volviendo a la educación del escolasticismo. Durante la contienda bélica, el por entonces Ministro de Educación franquista, Pedro Sainz Rodríguez, incluyó en su plan de educación por primera vez a la asignatura de Filosofía como una materia independiente. En el ocaso del régimen franquista, la escolástica fue desapareciendo gradualmente, sobre todo, a partir de la Ley General de Educación de 1970 y fue finalmente eliminada en los años 90 por el gobierno socialdemócrata de Felipe González. Con el presidente sevillano en el poder, concretamente, en el año 1995 tras la aplicación de la LOGSE, tuvo lugar la primera gran manifestación para protestar en contra de la reducción de materia filosófica. Bajo el lema “Pienso, luego estorbo”, estudiantes y profesores protestaron frente a la nueva ley, que estaba entrando en vigor. Esta reducía considerablemnte las horas de enseñanza filosófica en el Bachillerato y la suprimía de la Selectividad, algo que generó mucha controversia y malestar entre el sector de la filosofía española. 11 años más tarde, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero incluyó en su nueva Ley Orgánica de Educación, a pesar de que en un comienzo se planeó la reducción de horas de materia filosófica, la incorporación de las asignaturas de Valores Sociales y Cívicos en primaria y Valores Éticos en secundaria, en ambos casos como alternativa a la Religión. También se añadió la polémica Educación para la Ciudadanía en 3º de la ESO, tan criticada desde sectores conservadores y eclesiásticos. La siguiente ley educativa, siguiendo con la costumbre en España de “gobierno nuevo, ley educativa nueva”, fue la Ley para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), aprobada en 2013 únicamente con los votos a favor del Partido Popular, que se encontraba gobernando con mayo- Estas dos viñetas representan dos épocas, pero una misma lucha. La que se sitúa a la izquierda pertenece al histórico humorista gráfico Forges, con la que pretendía apoyar las manifestaciones que se dieron a mitad de los años 90 en contra del recorte de la Filosofía y cuya frase “Pienso, luego estorbo” sirivió de lema para el movimiento. La de arriba, cuyo autor es Dani Gove, es más reciente, concretamente del momento en el que se llevaron a cabo los nuevos cambios de la LOMCE. No es la primera vez que el humor gráfico y la filosofía se unen. Las viñetas satíricas y humorísiticas siempre han contenido crítica social y, por tanto, también filosofía, lo cual ha permitido a sus lectores reir y, a la vez, concienciarse de muchos de los problemas de nuestra sociedad, para los que la filosofía busca explicaciones y soluciones. 🠺 La Filosofía en la educación, a través del humor gráfico
ría absoluta. Fue una ley también muy discutida dentro del sector educativo y la Filosofía era apartada nuevamente, dejando como optativa la Historia de la Filosofía en 2º de Bachillerato y eliminando Ética y Educación para la Ciudadanía, ambas asignaturas de la ESO. Bajo este contexto, se volvieron a realizar nuevas movilizaciones como Filosofía en la calle, con la que se impartieron varias clases de Filosofía en las calles de Madrid, o la recogida de firmas online #SalvemosLaFilosofía, a través de la plataforma Change.org, en favor de la vuelta de la Ética a 4º de la ESO y de la Historia de Filosofía como asignatura obligatoria en 2º de Bachillerato. “Recortar la Filosofía significa minimizar la enseñanza del pensamiento crítico y empobrecer la democracia, implica imponer un modelo social de individuos sumisos. Recortar la Filosofía, en suma, es socavar ese ideal de democracia en el que una ciudadanía crítica gobierna su vida de una manera libre y activa y cuestiona permanentemente el ejercicio del poder y de las normas que rigen la sociedad”. Con estas palabras defiende el profesor y promotor de esta recogida de firmas, Enrique P. Mesa, esta petición que aún sigue acumulando nuevos firmantes, con más de 200.000 por el momento. Tras toda esta sucesión de leyes a lo largo de la historia reciente de España, llegamos a la actualidad. La LOMCE sigue siendo la ley que rige la educación, aunque no todo se ha cumplido a rajatabla por las Comunidades Autónomas. Muchas de ellas, como es el caso de Extremadura, aprovecharon la oportunidad que se les concede a las comunidades de incluir en los currículos asignaturas de libre designación autonómica y consiguieron que en los centros se cursaran materias filosóficas como Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos o Ética y Ciudadanía. Además, Historia de la Filosofía seguía siendo obligatoria en Segundo de Bachillerato. Sin embargo, esta no es la situación de todas las autonomías. En 2018, el grupo de Unidas Podemos llevó al Congreso de los Diputados una proposición no de ley para, al menos, recuperar los estudios de filosofía antes de la LOMCE. Esta iniciativa comprendía la vuelta de Historia de la Filosofía como materia obligatoria en el segundo curso de Bachillerato y la inclusión de la asignatura de Filosofía en el cuarto curso de la ESO. Esta propuesta recogía en buena medida las peticiones de muchos expertos y asociaciones filosóficas como la Red Española de Filosofía (REF), que promueven el ciclo filosófico de tres años (cuarto de la ESO, primero de Bachillerato y segundo de Bachillerato). Los filósofos, junto a los docentes y alumnos, siguen en pie de guerra frente al recorte progresivo de la filosofía en las aulas y frente a las políticas que pretenden encerrar de nuevo el “amor al saber” en las universidades, aunque no lo van a tener nada fácil. ¿Les interesa a los poderes tener Filosofía en las aulas? Dicho todo esto, es inevitable pensar que hay ciertos sectores del poder que ven en la filosofía algo que podría dañarles y que podría poner en peligro la estabilidad del sistema. Las estructuras del poder han hecho a lo largo de la historia grandes esfuerzos por crear sociedades que no las cuestionen, a pesar de sus prácticas, en algunos casos, ilegales o completamente amorales. La filosofía, amante de la verdad, siempre ha intentado controlar ese poder, saber qué hace y cómo afecta en el desarrollo de nuestras vidas, algo que evidentemente no interesa a las élites. Para José Moreno, profesor de Filosofía en el IES Jerez y Caballero de Hinojosa del Duque (Córdoba), “en eso tiene mucho que ver la economía y el neoliberalismo que se está implantando. La Filosofía no interesa porque le estás inculcando capacidad crítica al niño. Lo que De izquierda a derecha: Mariano Rajoy, José Luis Rodríguez Zapatero, José María Aznar y Felipe González, expresidentes de España, junto con un mochuelo de Atenea, animal que se suele usar como símbolo de la Filosofía en occidente| Fuente: Reuters/Susana Vera y elaboración propia “Crear mentes con conciencias críticas para el establishment es tirar piedras contra su propio tejado” José Moreno, profesor de Filosofía del IES Jerez y Caballero de Hinojosa del Duque (Córdoba) 🠺
interesa hoy en día es que el ciudadano haga pocas preguntas y obedezca. Si tú tienes una sociedad altamente crítica y preparada, y la Filosofía puede ayudar mucho en ese aspecto, los políticos van a tener que tener una capacidad mucho más alta porque les va a costar más engañarnos. Crear mentes con conciencias críticas para el establishment es tirar piedras contra su propio tejado, porque son individuos a los que hay que convencer con razonamientos más completos y mejorados y, por tanto, no los puedes engañar ni manipular con tanta facilidad. Una persona que tiene su cabeza amueblada, tiene recursos y utiliza la razón, va a exigir explicaciones razonables y eso hoy en día no se da. No les interesa la filosofía porque sería muy difícil el control de la sociedad”. El debate acerca de la filosofía en la educación, no obstante, es algo más complejo que lo recogido anteriormente. Los profesionales que abogan por la necesidad de mantenerla son conscientes de que las cualidades y habilidades que la Filosofía ayuda a desarrollar no compensan, al menos para muchos legisladores, la poca rentabilidad económica y práctica que tiene para el mantenimiento del sistema. Las cualidades de la enseñanza filosófica Ahora bien, ¿por qué sería entonces necesario impartir filosofía en las aulas? La educación, desde sus comienzos en la Atenas Clásica, ha cambiado de forma radical hasta nuestros días. Pasamos de un modelo didáctico de debate y reflexión con la filosofía como pilar básico a otro muy diferente, en el que prima la memorización aséptica de contenido y la competencia por la mayor nota dentro de un sistema de evaluación eminentemente irreflexivo. Cada vez más, la relevancia de las materias humanísticas como Filosofía ha ido decreciendo en favor de las asignaturas técnicas, aquellas que forman a los alumnos para profesiones útiles para el sistema. Ramón Reig, filósofo y catedrático de Estructura de la Información de la Universidad de Sevilla, cree que la principal utilidad de la enseñanza filosófica es “hacerle percatar al alumno de que tiene ahí dentro unas capacidades que, además de para hacer operaciones matemáticas y algorítmicas, sirven para comprender por qué estás aquí y qué vas a hacer aquí. Aunque esté sentado en un aula y quiera estudiar Matemáticas, se va a hacer esas preguntas”. El objetivo esencial de la enseñanza de carácter filosófico para una gran parte del sector es promover el pensamiento crítico. Este término, tan utilizado dentro de los planes docentes sin demasiado éxito en su puesta en práctica, es una de las claves de la filosofía en general y puede ser definido como la capacidad de analizar concienzudamente un tema, ya sea personal o social, por uno mismo, es decir, sin interferencias externas más allá de los propios datos e informaciones veraces. Es la victoria de la verdad sobre los dogmas y los fanatismos políticos, religiosos o de otra índole y, por ende, algo que fortalece al individuo y a la sociedad en general, sobre todo, en estos momentos en los que los poderes tienen la opción de difundir bulos o medias verdades a través de la gran cantidad de herramientas de las que disponen. La enseñanza crítica es por tanto vital para la evolución de las sociedades: “Los seres humanos hemos sido objetos de grandes golpes en nuestro orgullo a través de los siglos por parte de personas que consideramos que tenían una gran mente crítica. Esto significa que no se conformaban con lo que les enseñaban, que seguían más adelante. Gracias a esas personas que piensan por sí mismas hemos avanzado”, afirma el profesor Reig. Con respecto a la abundancia del término dentro de numerosas asignaturas y su puesta en práctica, José Barrientos, profesor universitario y doctor en Filosofía Aplicada, cree que “se suele teorizar sobre el pensamiento crítico, pero no se suele poner en práctica. El alumnado acaba por memorizar principios y desconoce cómo articularlo en su día a día. En suma, el pensamiento crítico no debe convertirse en una herramienta para defender el propio credo. Un pensador crítico que no sea capaz de escuchar las semillas de verdad en aquel que contraviene sus propias ideas, que no esté acostumbrado a decir `en ese punto, quizás, tengas razón y permíteme que lo piense´, se convierte en un doctrinario encubierto”. Paula Velasco, profesora universitaria y doctora en Filosofía, cree en la utilidad del pensamiento crítico porque hace al alumno “pensar o cuestionar los conceptos que te llevan diciendo toda la vida que son así porque no hay otra forma en la que sean. Te das cuenta de que son preceptos construidos por el ser humano y que realmente se pueden cambiar. La filosofía te da las herramientas que son necesarias para pensar por ti mismo y, más ahora que nunca, estaría bien potenciar ese sentido crítico”. Eso sí, la filosofía no es solo pensamiento crítico. Es algo mucho más amplio, aunque en el contexto de la educación secundaria es muy relevante que la formación filosófica contribuya, como señala el profesor Barrientos, al “desarrollo del gobierno de las pasiones y la emancipación del alumno. “Ayudaría a conocernos a nosotros mismos, a la realidad, podría favorecer la autocrítica, fomentar una apertura sobre las diversas formas de pensar y crear nuevas posibilidades inéditas”, añade Barrientos. Un modelo sin consenso “Como miembro del gremio, me gustaría el ciclo de tres años, pero también hay que ver qué tipo de Filosofía se da. Si la Filosofía que das es mala, es mejor no darla”. Son palabras de David García, profesor de Filosofía en un instituto de Marbella. El debate acerca del contenido que se debería impartir es fundamental también para que la filosofía sea algo útil para los alumnos tanto en su vida particular como en la laboral. Desde la ESO, con asignaturas con contenidos de base filosófica como Educación para la Ciudadanía (solo presente en algunas comunidades autónomas) o Valores Éticos, ya existe cierta polémica. Con respecto a la segunda, su aplicación “Si la Filosofía que das es mala, es mejor no darla” David García, profesor de Filosofía en Secundaria 🠺
se ha comprobado que no es la idónea, ya que muchos de sus docentes ni siquiera son profesores de Filosofía y menosprecian en cierta medida el valor de la misma y su capacidad para crear curiosidad y reflexión dentro de la mente de los adolescentes. “Es una hora a la semana. El niño la toma como una asignatura maría y en casa tampoco se preocupa mucho por ella, pero es una asignatura con mucho potencial y muy necesaria. En Valores Éticos se pueden trabajar muchos aspectos de mejora del individuo. Tienes que inculcarle al niño capacidad reflexiva para que pueda discernir qué está bien, qué está mal y por qué, para que se sepan conocer a sí mismos, para que puedan gestionar sus propias emociones, para que respeten el entorno. Se trabaja también cuestiones contra el bullying, el acoso, el machismo, las agresiones sexuales y todo este tipo de cuestiones. Pero no se la toman en serio, empezando por algunos docentes, que dedican esa hora a no hacer nada”, afirma el profesor de Secundaria, José Moreno. David García critica el temario e incluso se niega a impartirlo como tal. “Yo la doy, pero dentro de mi libertad de cátedra, cambio el temario. Me niego a dar ese temario, me parece infumable. Doy psicología, lenguaje no verbal, criminología…A los chavales les gusta, aunque no tiene nada que ver con el temario, porque si la hiciera así, sería la asignatura más aburrida y sería una tortura para ellos. La mayoría de mis colegas ponen películas y pasan”. En Bachillerato las cosas se complican. El tiempo se agota más rápidamente y los profesores se ven obligados a dar contenidos de forma muy rápida ante la cercana Selectividad. La Filosofía pasa de forma atropellada por las mentes de los alumnos, cuyo objetivo único en la mayoría de casos es, lógicamente, pasar los cursos y la Selectividad para conseguir la nota que les permita entrar en la carrera que desean. A pesar de esto, ¿no sería interesante ayudar a los alumnos a utilizar las herramientas de la filosofía en momentos en los que hay que tomar tantas decisiones? Es algo que se da en contadas ocasiones. Muchos profesionales abogan por promover en estos casos y, dentro de lo posible, la reflexión en lugar de la memorización del contenido. Paula Velasco considera que, por ejemplo, esa Historia de la Filosofía en Segundo de Bachillerato que prepara para Selectividad (y que la LOMCE intentó eliminar a nivel estatal), es fundamental: “La asignatura tiene que ayudar a conocer la historia de la filosofía para entender cómo ha sido el desarrollo de la historia de la humanidad y darle a los estudiantes las herramientas para conocer. Merlí fue una serie de televisión emitida por la cadena autonómica catalana TV3 entre 2015 y 2018 que contaba las peripecias de Merlí Bergeron, interpretado por el actor Francesc Orellas, un particular profesor de Filosofía y de sus alumnos. Rápidamente se convirtió en una serie de éxito a pesar de que la Filosofía, su tema principal, no es demasiado mainstream. Su clave residía quizás en la aplicación de los contenidos que impartía Merlí durante las clases a los hechos cotidianos de la vida real. Un acercamiento de la filosofía al pueblo frente al elitismo de algunos. A pesar de que algunas partes de la serie son cuestionadas por la comunidad filosófica, es innegable cómo esta ha conseguido que muchas personas se interesen o se reenganchen a la filosofía. Incluso, desde que la serie comenzó su emisión, los estudiantes en los grados de Filosofía, especialmente en Cataluña, han aumentado sobremanera. “Estoy hasta los cojones de la gente que dice que la Filosofía no sirve para nada. Parece que el sistema educativo ha olvidado las preguntas ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? ¿adónde vamos? Ahora solo importa qué empresa montamos y cuánta pasta ganaremos. La Filosofía sirve para reflexionar sobre la vida, sobre el ser humano y para cuestionarse las cosas. A lo mejor por eso se la quieren cargar, la encuentran peligrosa”. Merlí Bergeron Merlí, maestro de peripatéticos Movistar quiso recuperar el espíritu de Merlí con la puesta en marcha de su spin-off, Merlí: Sapere Aude, protagonizado en esta ocasión por Pol Rubio, el alumno predilecto de Merlí. En esta serie de ocho episodios se cuenta la experiencia de Rubio en su primer año cursando la carrera de Filosofía y su relación con una profesora peculiar del Grado, María Bolaño, una persona brillante, a pesar de encontrarse en un momento duro de su vida. Aunque la EL FENÓMENO DE LAS SERIES SOBRE LA ENSEÑANZA FILOSÓFICA serie se adentra menos en la Filosofía que su antecesora y no se aplica esa misma relación Filosofía-realidad, es sin duda una serie instructiva en muchos sentidos. 🠺
La historia no sucede de manera casi cíclica sin relacionarse con otras cuestiones. Estudiar historia sin estudiar historia del pensamiento no tiene ningún tipo de sentido, porque no tiene sentido saber qué pasó en el siglo XVIII sin saber qué pasó entonces desde el punto de vista de la filosofía. En Historia de la Filosofía creo que el currículum que se imparte es bastante correcto, pero creo que hay que añadir componentes de pensamiento crítico porque me da la sensación que no se les inculca, sino que recitan de memoria el contenido que les dicen que tienen que saberse”. El contenido de estas asignaturas es muy diverso, al igual que la disciplina filosófica. Cada autor estudiado representa, en mayor o menor medida, una de las muchas corrientes de la amplia disciplina. Lo complejo es condensar varias de estas corrientes de forma equilibrada dentro de un plan de estudios. En la actualidad se intenta dar “un poco de todo”, lo que no permite la profundización en esos saberes, pero sí permite dejar en los alumnos unos conocimientos básicos, que es realmente lo que se busca. En España, como en otros países, la ética, algo fundamental para la sociedad, ha tenido un papel muy importante dentro de la enseñanza filosófica en secundaria, aunque también destaca la filosofía política, la epistemología (el estudio del propio conocimiento humano) o la ontología (el estudio del realidad). Un guía, mejor que un profesor La labor de que estos complejos conceptos calen en las mentes de los adolescentes corresponde a los profesores, una tarea nada fácil. El filósofo alemán Immanuel Kant, uno de los más influyentes de la historia de la filosofía y cuyo pensamiento está incluido en el temario de la gran mayoría de asignaturas filosóficas en España advertía que “se puede enseñar filosofía, pero no a filosofar, ya que ésta es una actividad libre de la razón sobre las profundidades del conocimiento del Ser, del ente y de las cosas”. Es decir, la principal función del profesor es impartir unas nociones básicas para que así el alumno pueda desarrollar un pensamiento autónomo. Eso sí, más allá de los planes docentes, los profesores de Filosofía, dentro de su libertad de cátedra, puede dar los contenidos marcados de formas muy diversas, influyendo en los alumnos de forma notable, ya sea por la manera de explicar los conceptos o autores a estudiar, por su personalidad y vocación didáctica o también por sus propias ideas o ideologías. Sin embargo, de nuevo, cabe recalcar que los profesores además deben ser los guías que ayuden a los alumnos a saber discernir entre la realidad y lo falso, entre los mitos y la razón. Ellos son fundamentales y todos marcan al estudiante, especialmente aquellos que consiguen que su pupilo se cuestione aspectos de su vida y su conocimiento que antes consideraba como verdades absolutas, una función que está prácticamente reservada para los docentes de Filosofía. Existe una gran variedad de maneras de dar clases de Filosofía en un instituto y, en muchas ocasiones, no suelen resultar efectivas. Al igual que en otras asignaturas, hace falta tener un carisma especial, a la vez que saber llamar la atención del alumno. Pero, en un sistema educativo dedicado a formar individuos productivos, enseñar Filosofía supone una dificultad extra. El profesor José Moreno se considera, por su manera de dar clase, “de la antigua escuela” y cree que “la Filosofía se tiene que seguir dando como se ha dado siempre: con un docente que explique y un alumno que atienda y que lea”. “Yo intento en mis clases explicar lo que tenga que explicar y, luego, intentar conectar eso con la realidad. Ahí es donde el niño se despierta. Intento provocarlos, desde el punto de vista docente, para que ellos puedan desarrollar su propio discurso. Son muchachos jóvenes, generalmente con poco bagaje cultural y lo que suelen hacer es cacarear el discurso que ha escuchado de sus padres. Muchas veces los pongo de tal manera que vean sus errores y consigan crear su propio discurso, aunque yo no crea en él”, explica el profesor extremeño. David García, por su parte, intenta ser cercano en sus clases: “Trato de hablarles su propio lenguaje. No me sitúo en una atalaya porque si no sería algo ridículo. Yo cuento bastantes chistes, incluso suelto tacos. Trato de conectar con ellos con temas del presente”. José Barrientos, desde el punto de vista universitario y de la Filosofía Aplicada, cree esencial la labor del profesorado de Filosofía en Secundaria y considera que tiene ventaja en cierto sentido sobre la formación filosófica universitaria: “Supone un avance con respecto a la universidad puesto que se interesan por la materia no sólo desde la memorización de contenidos sino desde su actualización aplicada. Quienes realizamos talleres filosóficos en la universidad somos escasos y la propia Facultad de Filosofía no propone asignaturas en esta línea, ni siquiera en el Máster Universitario de Profesorado de Filosofía que forma a los docentes. En secundaria, el paisaje es más atractivo con una multiplicidad de dinámicas que permiten unir al aprendizaje teórico las dimensiones aplicadas de la Filosofía que existían en las épocas clásicas”. Los adolescentes y la Filosofía Los profesores de Filosofía en secundaria tienen un reto enorme. Han de mantener viva la Filosofía en sus alumnos, unos alumnos que viven en un mundo rodeado de estímulos más satisfactorios que el pensamiento. “El principal problema es la falta de interés. Me cuesta llegar a los alumnos y, a veces, no llego”, lamenta José Moreno. David García intenta “no soltarles rollos”. “Últimamente también me doy cuenta del uso de las redes sociales y el teléfono móvil. Eso está capando literalmente a generaciones, los está dejando tullidos mentalmente. Tengo alumnos que me dicen sin rubor que se acuestan a las cuatro de la mañana enganchados a Instagram y luego vienen a clase con un sueño terrible. ¿Cómo le vas a hablar de Platón “Se puede enseñar filosofía, pero no a filosofar, ya que esta es una actividad libre de la razón sobre las profundidades del conocimiento del Ser, del ente y de las cosas”. Immanuel Kant Filósofo alemán (1724-1804) 🠺
a ese alumno?” se pregunta García. El profesor, sin duda, ha de esforzarse al máximo para lograr que estas asignaturas merezcan la pena. Entre los alumnos, hay disparidad de opiniones. A algunos les encanta y consideran que la aparición de la Filosofía en el horario ha supuesto una gran novedad en sus vidas estudiantiles. Para otros, sin embargo, el mero hecho de mencionar el nombre de la asignatura les produce aburrimiento y desinterés. A pesar de que hay alumnos que en cualquier circunstancia tendrán esa reacción, a otros lo que más les pesa de la asignatura es el docente. Y es que la Filosofía hay que intentar orientarla de forma que los estudiantes puedan pararse a reflexionar sobre el contenido, a pesar de las férreas directrices de los planes de estudios. En caso contrario, el estudiante acaba saturado y se preocupa exclusivamente de quitarse la materia cuanto antes de la forma más indolora posible. Es el caso de Marina P., estudiante de Bachillerato de Ciencias, que el año pasado comenzó detestando la Filosofía: “Debido a la profesora que tuve, la llevé un poco mal, hasta el punto de odiarla. La metodología de las clases para mí no fue motivadora y, además, mandaba muchos trabajos y ejercicios. La verdad es que estábamos bastante agobiados, pero este año, con una profesora nueva, he descubierto que me gusta, sobre todo, por el método que ha usado para enseñárnosla. Me parece que la Filosofía es una asignatura a la que todo el mundo debe darle una oportunidad, ya que cuando la conoces bien, entretiene y te enseña muchísimo”. Marina G., por otro lado, estudia segundo de Bachillerato. Al hacerlo en Extremadura, Historia de la Filosofía es obligatoria para ella y todos los alumnos. “En Filosofía no hay una respuesta cien por cien correcta ni errónea, haciéndola diferente de las demás asignaturas” afirma la estudiante. El próximo año le gustaría estudiar Educación Social, carrera que cree que tiene bastante relación con la Filosofía, “ya que te ayuda en determinadas ocasiones a saber cómo actuar de manera ética”. La ética es una de las aplicaciones con más futuro de la filosofía. Muchos expertos afirman que sería muy útil incluir la Filosofía en todas las facultades, concretamente aspectos de ética que les ayuden a actuar de manera adecuada y a solucionar los problemas que se presenten con solvencia en sus futuros empleos. Aurora y Fernando, por otro lado, son estudiantes de Bachillerato en Cataluña y en Extremadura, respectivamente, y ambos quieren estudiar Medicina. No le disgustan estas asignaturas, aunque no le ven ninguna relación con su futura carrera. No obstante, en muchos de estos grados donde aparentemente la filosofía no tendría nada que ver, es donde la disciplina se debería integrar en un futuro. Carreras como Medicina han tenido un gran vínculo con la filosofía a lo largo de la historia, al igual que la Ingeniería o la Arquitectura, algunos de los grados con más salida en la actualidad. Existen, por otra parte, obviamente alumnos que destestan las asignaturas debido a motivos similares por lo que podrian no gustarles otras materias, por ejemplo, porque se les da mal, porque no les produce interés o porque deciden establecer otras como más importantes. Pero en el caso de la Filosofía, también cabe atender al hecho de ese elitismo que en muchas ocasiones ha acompañado a la disciplina y a algunos de sus miembros. Muchos de los pensadores se han limitado a lo largo de la historia a escribir para una minoría y, por tanto, muchas generaciones que no estaban alineadas con el mundo intelectual quedaron fuera. Esto, sumado al hecho de la complejidad de la filosofía, ha hecho que muchos jóvenes ya vengan de casa detestándola y con la mente cerrada. La filosofía es de todos y está en todo, pero cuesta. Requiere concentración, dejar de lado todas las distracciones posibles y agarrar un libro o unos apuntes con la firme intención, no solo de pasar una asignatura, sino de avanzar como seres humanos. Ayer estudiantes, mañana profesores Tras el Bachiller, los caminos de muchos compañeros de toda una vida se separan y toca elegir un futuro, toca meditar, considerar y sopesar bien qué queremos (y qué podemos) ser en la vida. Una cuestión muy filosófica, sin duda. Algunos de aquellos alumnos que estaban en clase junto a futuros ingenieros, médicos, arquitectos... deciden, en contra de muchas recomendaciones de cercanos, continuar con la Filosofía en sus estudios universitarios. Algo realmente arriesgado, dada la poca variedad de salidas laborales que en la actualidad proporciona el grado. Los universitarios son quienes la mantienen y la mantendrán activa. Son una minoría, en sus clases sobra el espacio, pero también las ganas de saber y comprender mejor el mundo. Ellos recogerán la antorcha para hacer frente a los nuevos retos que vayan surgiendo en los alumnos y en la sociedad. Los que ya son docentes advierten a sus alumnos que la principal y casi única salida del grado de Filosofía es la docencia en Secundaria. Ellos son conscientes, aunque alguno incluso aspira a dedicar su vida a la actividad académica o se abren a esos empleos que algunas empresas están comenzando a crear para filósofos por sus capacidades extraordinarias y su talento de ver el mundo de una manera más minuciosa, aunque en algunos casos, no queda del todo claro si las intenciones 🠺
de estas son las más nobles al requerir una disciplina que, en su peor vertiente, también puede ayudar a manipular o cambiar la percepción de la realidad con fines principalmente económicos o de intereses propios. Muchos de los estudiantes rechazan este posible empleo, por ser contrario en muchos sentidos a los valores de la filosofía y al compromiso con la verdad. La carrera como tal no forma a profesores, sino que se ayuda al alumno a desarrollar sus capacidades filosóficas, algo solo posible con un gran esfuerzo por parte del estudiante. Por ello, la mayoría de alumnos, los cuales serán profesores en un futuro próximo, carecen en muchos casos de herramientas y habilidades con las que hacer interesantes y útiles las asignaturas filosóficas para los adolescentes, incluso en el propio Máster en Profesorado de Filosofía en Enseñanza Secundaria, necesario y obligatorio para la docencia. Paula Velasco, profesora universitaria, cree que el hecho de que muchos de los estudiantes acabarán optando por la docencia sí se tiene en cuenta en la universidad y señala que Filosofía tiene una particularidad especial: “Como las clases son más pequeñas, te permiten hacer una docencia mucho más horizontal en la cual la propia docencia se cuestiona. Yo la clase más grande de Filosofía en la que he dado ha sido de 30 personas. Si la finalidad es que la gente a la que tú estás enseñando sea docente en algún momento de su vida, el propio hecho de enseñar se convierte en algo que se puede cuestionar filosóficamente. Eso te lo permite el propio entorno de Filosofía. Se fomenta el diálogo, el trabajo de igual a igual. Hay muchos debates muy extensos y muchos alumnos son especialistas en temas que tú no trabajas”. Amalia (1º de carrera), José Manuel (3º de carrera) y Pablo (4º de carrera) son estudiantes del Grado de Filosofía en la Universidad de Sevilla. Todos están bastantes satisfechos con la carrera y, a pesar de las recomendaciones de muchos por cursar unos estudios más “útiles”, ninguno se arrepiente de su decisión. Amalia, que se encuentra en su primer año, señala que siempre ha tenido “mucho interés por las preguntas sobre la vida y la existencia”. Considera que se percató de su vocación porque, cuando estudiaba, a diferencia de otras asignaturas, “no estudiaba por obligación, estudiaba más por placer”. José Manuel, por su parte, cree que decidir estudiar Filosofía se debe “un poco a sentirte incompleto por estas preguntas sobre la vida y sentir que, si te dedicaras a otra cosa obviando estas preguntas, ese sentimiento de no estar completo sería más profundo aún”. En su cabeza, afirma, “no cabía otra cosa que no fuera estudiar Filosofía, más que nada por las preguntas que te plantea, porque siempre he sido una persona que se ha planteado bastante el porqué de las cosas”. Sus experiencias han sido dispares en la educación filosófica que recibieron en Secundaria. Algunos estuvieron bajo la LOE, otros con la LOMCE; unos tuvieron mejores profesores, otros los tuvieron peores; pero, a pesar de ello, siempre tuvieron clara la importancia de la filosofía. “Creo que la Filosofía tiene poco peso, pero es por la educación que se da. Se le da mucha más importancia a la ciencia, que no le quito prestigio, pero pienso que la ciencia parte también de la filosofía y, sin embargo, esta se anula”, señala Amalia. Pablo se siente incluso ofendido por la marginación de la Filosofía, aunque tiene claro cuál el motivo principal de ello: “Lo primero que te preguntan cuando decides estudiar Filosofía es por qué no estudias algo con más salida. ¿Por qué vienen esas preguntas de la gente? Porque la filosofía no tiene valor en tanto a las cosas a las que se le dan valor en la sociedad actual. Entonces, no es rentable, no incitamos a la gente a hacer Filosofía, no incitamos a la gente a que se interese por el pensamiento. Desde que te educan de pequeño, todo tiene que tener un paraqué, todo tiene que servir para algo”. Los dos primeros tienen en mente ser profesores, la principal salida, pero Pablo no lo tiene tan claro, dadas las circunstancias del sistema educativo: “No es lo que más me entusiasma de primeras y, aunque me gustaría primero tener otras experiencias laborales, no lo descarto. Sí, en mayor o menor medida es la salida laboral más recurrente para la gente que estudiamos Filosofía. Y no me importaría acabar dando clases en un instituto siempre y “Como no es rentable, no incitamos a la gente a hacer Filosofía” José Manuel Carvajal, estudiante universitario de Filosofía Entevista con tres estudiantes de Filosofía de la Universidad de Sevilla. De arriba a abajo: Amalia (estudiante de primero), José Manuel (estudiante de tercero) y Pablo (estudiante de cuarto), 🠺