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Aquí finaliza la peregrina historia de la Princesa de Dinamarca, el Conde Federico, y el Princiope de Albania : Se refiere la marabillosa Vision , que este Principe tuvo para desposarle con la Duquesa Isabela ; Segunda parte

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1 AQUI FINALIZA LA PEREGRINA HISTORIA ^ DE LA Priaceía de Dinamarca, el Conde Federieo, yel Principe de Albania. Se refiere la marabilíora ViEon, c^ue efte Principe tuvo para deípofarfe con la Du- Queía líabela» SEGUNDA PARTE, L Yadixe, que la Princefa derefperada. ycorrida con la reípuefta del Conde, áfu quarto fe retira, yde fus hermofos ojos difpatando baterías en rauniciones de perlas las íofas de fus mexiUas triílemenre cultivaba, yde efta luertc decía; lografo, yaleve Conde, mal pagaüe mis caricias, faifas fueron tus finezas, ytus promeíTas mentidas; crael has fide conmigo, mas de leal te acreditas. Fioalmeote fe iefu;!ve,_ ’ aunque con grandes fatigas, en otorgar ios concisitos. que con Albania tenia. El Conde quando ¡o fopO, 1 áel Rey íuplicado havia, . ¡e concedieflfe licencia, porque era cofa préciía el volver áfus Eftados, fe»an íu hermana le avifa; por no hallatíe áel defpoíoriO de fu Princefa divina. ElRey, ytodafuCorte fiotio mocho fu paitidaj ^ pero c! Principe de Albania aprefuro fu venida, yen aceleradas marchas llegó ael Palacio, ola Quintí de la Duqneíalfabéla, hermana, que dixe arriba del gran Conde Fedsiico, ly»lecibitie faliai la Duquefa es muy herraofa. ypor extremo entendida, es afable, ycariñoía, yen ef;^o es teda linda, El Pri-ocipe vio fus ojos, fu diícrccion, gaíJardia, yCupido le tiró una flecha tan aíliva, que el corazón leatraviefa, yel alma qnedó ciotiva. Ya no fe ac uerda de! trato, ni concíetto áque venia; Ibío ála Duquefa adora, yá Ja Princefa ro eft:ma, porque Iblo la Duqueíá es objeto de fa vifla. Ycomo con grao cortejo cflnvo allí qoatro días en vivo fuego abraíadoj ypor mitigar fus iras, hna noche ámedia noche hizo la aci^ion atrevida ¿e arroxarfe lfo retrete, camarín donde dermia. Con ana llave msrñra UD3 faJi'a puería abriaj ia Düquda efiá rezando, yapenas vio íu cíí día, deíco'gjododos piftoíss, de efla /ueite le decía; Repottefe vueftra Alteza, que áAl perdición camina, óvive Dics, que en fu pecho tiene de ;vér elcuJpjdas deefios incendios de fuego fus báíss iofenfirivas. Per donde; ftíttó vuefira Alteza, tetírefe átoda prifa, Pero ci Principe refponde; Ceíle, I(i bé^ querida, ccííen, mi Duque/a hermoi#. tus bien concertadas irás; qué mas balas, que tus ojos, mas rayes, que íus oñas ? De Albaria ls Reai Cereña oy átus píar:T-s ia mira?, tu hasde ícr Reyna, Duqueíá, 3queflamanok)sfi,ma Imano, ypalabra re dei, * ytambién ceduiaeícrír? con mi Sello Real Afosada, ' ues, que a/si n>íf¿ acreditas, el Principe galán, íyla Duqueíá, que Via íu noble tefolucioB, ¡ yCorona, que Jcb’iad#, todavía no contenta, Je dice; Principe, mira lo que emprendes en dexár ala Princeía mi prima, ofendiendo áDinamarca loque remirar podia. ’ Efie es mi gufto, Duqaeís^ I aunque el mundo íc arda cu iras tu has de fer Revna líatela * cfio mi f¿ fo fiíib ica. I No cftoi, Principe, contenta, entra en mi Oratorio, ymita, que me jures lapa labra ante la Imagea Divina de efte hermoío Cíuciflíc»* Yel Principe de rcdil’as jaro por aquella imagen l3 pa/abrapicmetida. 1En íu csmarai'e entra, ^doede entre dulces delicias gcz» lamaslJena "flor, que en íuí jaaines tenia» Mase! correo del güflo ran velozmente camíra, Identro de breve rato IÉedeíparece ala vida, fic-f Entre los tiírnosárruyos -quedó IfabeJa dormida; viñioíe el Principe al panto, yla Duqueía tenia ícbfe íu bufe repuefta una carta medio elcrita de íanñoíos requi. btes, que de eña ío -ite decía; Gqriofo Capitán mió, iqii abrazos dárejueria en lugar de parabienes atu dichafa venida. Etta era para ¡u hermano; pero el Pí incipe enrecdia, que feria sigan sfnsnte,. que ía Duqueía tenia. Arrepentido, yzeíoío, aujuasnarca le pJtte, cex:-ndo eiU flor m:x: h'ta. ^¡ando tíeípertó Iftbéla, que ¡os criados le aviíao, que el Prir, cipe por la poña Caanóaba áteda priD. ^guj fueren íosfuípiros, las Jsgrymas, yfatigas, yde Ja re bia garzota granear las bebfas isas* De ¡US galas fe defpoja yde Jeto fe veítia: de negras bayetás lu Palacio lo cabria, ractida en fttGratorio ená de noche, Vde di3. ^VoIva mos a1Conde, que^ er^^tre eoírgexasno víhas, ®*u Palacio ilego, yen lugar de reías finas -naifó tedas Ifs paredes de negro luto vt fluas: rícs-moeítalfibeía! Ylos criados le avifan, no íeñor, que el Oratorio €s fu Camara yfu Quiij^. •Entró el Conde áel Oratorio, yla Duqueía dormida eft^ba jurtoi el Altar de negro luto veñida, yentre fue nos, ycongoxas tritte mente repetía: Rey Soberano, Eterno, juflicia. Señor, jeflicia, áVos bí fidola ofenfa, yclsmía:rirme os preciíá. Efíe Piirjcipe Aibatés con !a paiaOra benigna, que ante Ves nae rfió, gozo de mi cailidadifi vifta; yfi mí hermano io labe, rendía fin mi trille vida.’ K)yendoíu agra vio el Cende, mancáis daga poria, dicieudokiiers, ingrata, pagaras tu tíemsíia; mas áel tiempo de jt ádarle, delaCtuz íe deíprendia aquel Señor Soberano, yeíimpajfo detenía. La-daga fe cayó áel Conde, éhincándote de rodillas, el prodigio le fafpende, íyfu culpa khorroriza. Í Deípertando la Duqueía, vióclamparo, yfecoafii en el Señor Poderoío. 1que aplacó tan nobles iras. Contó eJ íacefibá íu heranoo, yeiConde le ha díc ho: aprifa, defnudenfe cffjs paredes, viflanfe de telas ricas. , jporte tus mejores galas, yáDinamarca camioa, que que mientras cinoefta cfpada, nada ámi me atemoriza. Dexemosips caminac, yvatoQsá !a alegría las fieftis, ylos corneos, que en Dinamarca fe hacían, 'acelebrar, aplaudiendo del Prineipsli venida. La boda íe düaió, porque hPtíoceía inviíii^. eíLoa un paco indirpuelii de graves raeUpcoüas, ylolo por alegrada, difpuíieron cistro día unos torneos de gala, ycon garvo, ygallardía el Principe íl’io en eliosi mas ala ptimej corrida íe le desboco el Caballo: valgaqae Dios, qué desdicha |- Midió la tierra infelice, yíccornsndole aprifa, lin íentiio lo llevaron áPalacio, yla caída .tanto le ataimento e! pecho, que aisi eituvo medio dia de Fiücos rodeado, ycon nobles medicinas. Ea efto al Rey le avifafOBj, como áPalacio venia el Conde con la Daqaefa, fu lobrino, yfu fobrina, Salió el Reí árecibirlos, ycontándola desdicha del Principe, dixo el CoodCí puesgran Stñor, mi venida, folo es á-pediros campo contra quien me tiraniza tí honor ^ou falfedadcs, con promeffas, ymentiras^ Contóle, en fin, el fuceffo, yei Rei íufpeníb fe admifa.' En efto el Principe vuelve al poder de medicinasi yquando vio ála Duquefa, le dice; Prenda querida, tüeres Priocefa de Albania, aunque yo pierda la vida. En el otro nnando he eftado, Vaquella Imagen Divina, antequien te di palabra, muy eno)ado me avifa, que te cumpla lo que-devo, fi no quiero ver fus iras: con que mi efpofa has de fef, aunque me cuefte hvida. El Rei replicó: pues como deíayrada queda mi hijaí Yla Ptinceía refponde, tnofttando grande alegría» Efpofo tengo yo, Padre, tan bueno, yde tai eftimsí Quién es ?Le pregunta el Rsfc Éi Conde hincó la rodilla, yen breve le ha dadocuentj de fus ventutofas dichas, de íu lealtad, ynobleza, yvalor, que le acredita. Con que toda Dinamarca con júbilos, yalegrías celebraron las dos bodas, que fe hiciecon eo un dia. De tan peregrino cafo tuvo Sertptido noticia, ydio ala preofa eftos tafgOS, yai Auditorio íuplica, que perdonen de fu pluma las faltas que aquí fe miran. 'C^e«sia- En Óit'ioí’» »hPlaaiiela de UsC4>S«