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Presentación de Olivier Piveteau

Reyes Cano, Rogelio

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diSeRtaciÓn leída en la Real academia Sevillana de BuenaS letRaS PoR el ilmo. SR. d. olivieR Piveteau en el acto de RecePciÓn como ACADÉMICO CORRESPONDIENTE, CELEBRADO EL DíA 7 DE MARZO DE 2014 Y PReSentaciÓn DEL ACADÉMICO NUMERARIO EXCMO. SR. D. ROGELIO REYES CANO Minervae Baeticae. Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, 2ª época, 42, 2014, pp. 197–201. PReSentaciÓn Por roGelio reYes CAno Esta Real Academia Sevillana de Buenas Letras tiene el honor de recibir esta noche como miembro Correspondiente al investigador francés Olivier Piveteau, autor, entre otras muchas obras, de un monumental estudio sobre la figura del sevillano Miguel Mañara. Formulada la noticia en términos tan escuetos, podría parecer que se trata de una persona ajena a la vida de esta Corporación, de un sesudo profesor ya en la madurez de su tarea. Y la madurez ciertamente que la tiene, pues sus trabajos sobre el fundador del hospital de la Santa Caridad así lo atestiguan. Pero tiene también una envidiable juventud prometedora de nuevos logros intelectuales y, como factor añadido a su valía profesional, he de apresurarme a decir que su presencia de hoy en esta Academia ni es la primera ni será felizmente la última. Y que además somos muchos los académicos que nos honramos desde hace años con su amistad, y a la admiración que le profesamos como estudioso, añadimos la alegría de oírle esta noche disertar en sesión pública sobre un tema que tan bien domina: “Miguel Mañara en la obra de Manuel y Antonio Machado”. Como reza el título, tres grandes personajes de Sevilla en relación: el venerable Mañara, en esta ocasión enmascarado por el tinte de su leyenda de falso burlador, y los dos hermanos Machado, también envueltos en la misma distorsión literaria. Más sevillano, pues, no podía ser el tema, ni más acorde con los objetivos culturales de esta Academia. Todo un reflejo, sin la menor duda, de hasta qué punto Piveteau, en sus largos años de buceo en los archivos y bibliotecas de nuestra ciudad, se ha convertido en un sevillano más, aunque muy atento, eso sí, no sólo a las luces sino también a las sombras de la Sevilla histórica, a la que él conoce como pocos investigadores de más allá de los Pirineos, ya que a su más que probado tesón en la búsqueda documental y a su rigor filológico a la hora de interpretar los documentos, une una perspicacia crítica nada común y un finísimo sentido del humor en la estela de la mejor ironía francesa. Y aunque mi primera obligación esta noche sea la de hablar de su perfil profesional, no puedo ni quiero resistir a la tentación de ponderar también estas virtudes humanas que hacen de él una persona cordial y cercana, amigable y discreta, intelectualmente fina y penetrante, comprensiva con los errores ajenos pero con un escalpelo crítico, muy francés, con el que detecta y esclarece las más arduas cuestiones de la investigación histórica y, si es preciso, también de la Sevilla del presente, para la que ha aprendido a desplegar una rara intuición. No en vano, además de pasarse mucho tiempo encerrado en el archivo de la Caridad o en la biblioteca de nuestro entrañable Eduardo Ybarra, quien tantas puertas le abrió para que pudiese acceder a la documentación sobre Mañara, hubo más tarde de gestionar, una vez leída su tesis doctoral en la Sorbona, la publicación de tan valioso trabajo, que vio la luz en el año 2007, en dos volúmenes, en la Fundación Cajasol de nuestra ciudad con el título de El burlador y el santo. Don Miguel Mañara frente al mito de Don Juan, excelentemente traducida del francés por la profesora sevillana Elena Suárez. Pero si ése ha sido el fruto más maduro de su trayectoria investigadora y sin duda la principal razón de su ingreso como Académico Correspondiente de nuestra corporación, no ha sido ciertamente el único. Permítanme ustedes, por ello, y como manda también el protocolo académico, que les relate brevemente su cursus honorum. Olivier Piveteau nació en la ciudad francesa de Angers en 1964 (como ven, es insultantemente joven). Y tras cursar estudios ROGELIO REYES CANO198 en el prestigioso liceo parisino de “Louis–le–Grand” y después en la Sorbona, en la Universidad de Paris IV, consiguió pronto una plaza de Catedrático de instituto en filología y literatura francesas, puesto que en Francia se conoce como Agregé de lettres modernes, de difícil acceso y notable reputación, y que hoy ocupa en el liceo “Merleau–Ponty” de Rochefort–sur–Mer, labor que compatibilizó durante algún tiempo con la de Profesor Asociado de Literatura Comparada de la Universidad de La Rochelle. Sus conocimientos de la cultura española y su vocación por la literatura comparada, que ya cultivó en los años de la Sorbona, le llevaron a enfrentarse más tarde, en su tesis doctoral, a un tema difícil y espinoso –el de la leyenda literaria de Miguel Mañara–, motivo que exigía, como veremos ahora, tanto una formación filológica de base como un buen conocimiento de la historia. Estudioso de la obra de Oscar Milosz, sobre la que había publicado ya varios artículos en la década de los ochenta y noventa, ésta le abrió el camino para llegar al tema del burlador y a la figura de Mañara, que Próspero Merimée había difundido en el siglo XIX con los resabios legendarios que todos conocemos. Fue entonces cuando bajo la dirección del prestigioso profesor Pierre Brunel, de Paris IV, inició la tarea que le traería a Sevilla. Esa tesis fue juzgada en el año 2003 ante un tribunal del que tuve el honor de formar parte junto a varios notabilísimos hispanistas franceses: el propio director, Pierre Brunel y los profesores Henry Pageaux y Bartolomé Bennasar. Recuerdo con emoción aquel acto, celebrado en uno de los solemnes anfiteatros del viejo edificio de la Sorbona, en el centro de París, en el que nuestro querido Olivier Piveteau fue investido como doctor con todos los pronunciamientos favorables. Y recuerdo también la presencia cálida del jesuita padre Borja Medina, igualmente Académico Correspondiente nuestro, que quiso compartir con el doctorando aquellos momentos de alegría. Era la culminación de los que yo llamo desenfadadamente “los años sevillanos” de Olivier, a quien tiempo atrás me había presentado don Eduardo Ybarra como un joven investigador francés que estaba trabajando sobre don Miguel Mañara en el archivo de la hermandad de la Caridad. A partir de ese momento fue tejiéndose entre nosotros una estrecha amistad que no hizo PReSentaciÓn 199 sino crecer en el curso del tiempo gracias a sus frecuentes y prolongadas visitas a nuestra ciudad, donde se alojaba –vean ustedes hasta qué punto se mimetizó Piveteau con su tema y cómo se ganó la confianza de la hermandad– en una vivienda del mismo Hospital de la Caridad, a cuyo efecto disponía de la llave de entrada de aquel centro asistencial. Algunas veces, cuando ya bien entrada la noche lo despedía en la puerta de la calle Temprado, hasta me permití gastarle bromas sobre la presencia del espíritu de don Miguel por entre aquellos aposentos en los que a él no le daba miedo dormir. Estoy seguro de que alguien menos familiarizado con Mañara –hasta el punto de poner a su hijo el nombre de Miguel– difícilmente hubiera conciliado el sueño en aquellas inquietantes soledades nocturnas del viejo hospital. Pero anécdotas aparte, Piveteau fue desliando con mucha lucidez y mucha paciencia aquel maldito embrollo entre historia y leyenda que envuelve la figura del fundador de la Caridad y al que tanto contribuyó su paisano Próspero Merimée al publicar en 1834 el libro titulado Las ánimas del Purgatorio, gran artífice de la imagen de Mañara como burlador y punto de partida de una estela que llegó hasta el francés–lituano óscar Milosz, pasando por Dumas, Apollinaire, Bataille…, y en España por Espronceda, Fernández y González, Cano y Cueto, Azorín, Unamuno… y otros muchos, y , naturalmente, hasta Manuel Machado y su poema “Don Miguel Mañara Vicentelo de Leca”, su hermano Antonio (“Ni un seductor Mañara ni un Bradomín he sido”) y finalmente a los dos hermanos juntos, quienes en 1927 estrenaron una obra teatral escrita al alimón con un título inequívoco: Don Juan de Mañara, una fusión del todo explícita entre el nombre clásico del burlador por excelencia y el apellido del buen don Miguel. A todos esos autores los ha estudiado con agudeza Piveteau, distinguiendo entre Mañara y su mito y presentándonos al Mañara histórico en permanente dialéctica con los fantasmas del Mañara mítico. Anticipadas ya algunas de sus conclusiones en dos conferencias pronunciadas en esta Academia en el curso 2001–2002, todo ese ingente trabajo de clarificación salió completo a la luz en el ya citado libro que publicó en 2007 la Fundación Cajasol. En él se aborda al personaje sin eludir ningún ROGELIO REYES CANO200 riesgo, sometiendo todas sus facetas (la real, la legendaria, la literaria y la mítica) a una disección crítica científicamente impecable y conceptualmente exhaustiva. Una obra que hará historia en los estudios sobre don Miguel Mañara y con la que el profesor Piveteau ha prestado un gran servicio, por supuesto que a la memoria del propio don Miguel, pero también a la Hermandad de la Caridad y a la ciudad de Sevilla. Y no deja de tener un punto de curiosidad y otro tanto de justicia poética que, habiendo sido un autor francés como Merimée el gran difusor de la distorsión literaria de Mañara, sea precisamente otro francés quien nos lo desvuelva ahora más “ligero de equipaje”, mejor perfilado que nunca como persona y como personaje. La labor publicística de Piveteau no se reduce, sin embargo, a esa parcela, sino que se extiende a otros dominios del comparativismo literario en los que las exigencias del tiempo asignado a esta presentación no me permiten detenerme. Baste decir, como testimonio de su vinculación a la cultura sevillana, que también forma parte del Equipo de Investigación I+D de nuestra Universidad sobre el tema de los viajes a Andalucía, cuyo primer gran fruto ha sido el libro titulado Viajeros francófonos en la Andalucía del siglo XIX, publicado en 2012 por la Diputación de Sevilla, que tuve el honor de presentar en la Casa de la Provincia. Esta noche, al interpretar la imagen literaria de Mañara que nos dejaron los hermanos Machado, tendremos ocasión de disfrutar una vez más de su rigor histórico y su finura filológica. En nombre de esta Real Academia, que él tan bien conoce y ha vivido, quiero manifestarle nuestra más cordial acogida y recibirlo no sólo como un gran investigador sino también como al gran amigo que siempre ha sido. PReSentaciÓn 201