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Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 10, noviembre de 2017, Universidad de Sevilla, pp. 15-34 15 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2017.i10.02 * Doctora en Geografía, Profesora Universidad Nacional del Nordeste. Saavedra 2632, Resistencia, Chaco 3500, Argentina. C.e.: [email protected]. Abstract Interdisciplinary group work is not a spontaneous construction because it has an epistemological rupture with the way the uni-disciplinary knowledge is acquired, introducing common vital dimensional and nonreferential action. To teach interdisciplinary capacities is a procedure we developed at university. We build these capacities by introducing some characteristics for the formation of the initial groups; this fits within the theory of the operatives groups. This kind of groups needs specific roles of coordination and facilitation, in order to go through the process toward interdisciplinary. In a second instance, when the interdisciplinary team take this proposal to the territory, we define the habitat and methodology to meet the inhabitants. The encounter professionals and inhabitants empower the action in a decision making position about the characteristics they would like to have for their own territory. These methodologies and practice made the team and inhabitant assume the fundamental learning to take charge of their own territory and habitat. Key words Interdisciplinary, Coordination, Sustainability, Habitat Resumen La interdisciplina es una construcción a la que no se accede espontáneamente ya que, en sí, conlleva una ruptura epistemológica con la forma de adquirir los conocimientos unidisciplinarios, e introduce una dimensión vital, grupal y no solo profesionalmente referencial al involucrarse en la acción. Formar la capacidad interdisciplinaria en la universidad es una opción que desarrollamos aquí. Se plantean algunas características de la formación inicial de equipos, encuadrada en la teoría de los grupos operativos, asistidos por una coordinación que facilita el proceso hacia la interdisciplina. Proceso que requiere de una lectura y elaboración de las líneas de poder que se juegan en el interior de esos grupos y en las formas de transferencia hacia la intervención en las comunidades. Al llevar la propuesta al territorio, definimos hábitat y metodologías para el encuentro con pobladores. Encuentro que coloca a esos pobladores en el lugar de decisión de las características que desean para el territorio habitado por ellos. Tanto la formación en gabinete como la práctica en terreno son instancias de aprendizaje fundamental para actuar en el hábitat. Palabras clave Interdisciplina; Coordinación; Sustentabilidad; Hábitat Estrategias y metodologías de formación de equipos interdisciplinarios para trabajar en hábitat Interdisciplinary teams training strategies and methodology to work in habitat Elena Lucca* Fecha de recepción: 25-04-2017 – Fecha de aceptación: 16-09-2017 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 10, noviembre de 2017, pp. 15-34. http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2017.i10.02
Elena Lucca 16 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 10, noviembre de 2017, Universidad de Sevilla, pp. 15-34 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2017.i10.02 Introducción Abrir la posibilidad de un trabajo conjunto, profesionales diversos y habitantes de un lugar, es el desafío. Y que el grupo de profesionales actúe desde un punto de vista común, elaborado a través de un proceso interdisciplinario, es lo deseable. Intervención unificada que implica saberes, análisis y acciones consensuadas, como es necesario que sean las propuestas socioambientales territoriales en el hábitat. Un camino que va más allá de las acciones que proponen las estructuras políticas, más allá de una mirada unidimensional profesional, que nos involucra como profesionales y ciudadanos del territorio donde vivimos y actuamos y con los habitantes del mismo. La universidad puede ser el lugar apropiado para capacitarse y comenzar a pensar interdisciplinariamente. Y para el proceso de formación necesario proponemos crear espacios donde pueda practicarse la interdisciplina. Espacios que, por lo general, se dejan al azar, ya que no es habitual en las carreras universitarias unidisciplinarias sumar diversos enfoques disciplinares. Espacios donde se forme la capacidad de estructurar un pensamiento común, tomar decisiones más allá de la propia disciplina y actuar partiendo de la creación conjunta. Espacios curriculares que vayan creando mentes hacia una mirada total de las situaciones y que a su vez exijan profundizar en las propias disciplinas para aportar una mirada integrada a ese caldero común que son nuestros asentamientos, ciudades o espacios habitados. La propuesta es delinear lo que es un proceso interdisciplinario, luego dar algunas pautas para la formación en espacios determinados específicamente para capacitar en interdisciplina y finalmente hacer algunas consideraciones no exhaustivas para la actuación en terreno de los equipos interdisciplinarios. Los conceptos desarrollados en el segundo punto (La construcción de la interdisciplina en el ámbito universitario) provienen, mayormente, de la práctica realizada durante 15 años en Extensión Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste Argentino (UNNE). Esta práctica, registrada metódicamente en cuadernos de bitácora de cada grupo-equipo coordinados, ha sido analizada con la teoría de la sistematización, los esquemas de observación y los indicadores que corresponden a la comunicación digital y analógica, indicadores explícitos e implícitos, en la evolución de esos grupos-equipos conformados por estudiantes y profesionales de distintos campos, y con aplicación posterior a distintas situaciones del hábitat territorial e institucional. El esquema de trabajo de estos grupos-equipos está basado en los grupos T, o training groups, en la teoría de la información, teoría de los sistemas, teoría de la comunicación, la comunicación no verbal, la cibernética, la autoorganización, los laboratorios sociales de sensibilización y la teoría de la creatividad. En el tercer punto (Hábitat, equipos interdisciplinarios y habitantes de un territorio) vamos a terreno, definiendo previamente hábitat, y desarrollamos algunas conceptualizaciones y procedimientos que pueden emplearse en la bajada del grupo interdisciplinario al territorio, en el encuentro con los pobladores y en la inclusión de la mirada sobre los procesos ambientales del lugar. Estos conceptos y procedimientos han sido elaborados a partir de planes y proyectos en terreno que trabajamos desde distintas instituciones y que han requerido también de la confluencia de miradas y saberes. Comenzamos con algunas definiciones para acordar un enfoque.
Estrategias y metodologías de formación de equipos interdisciplinarios para trabajar en hábitat Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 10, noviembre de 2017, Universidad de Sevilla, pp. 15-34 17 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2017.i10.02 Interdisciplina, poder y sustentabilidad Cuando hablamos de interdisciplina, estamos hablando de hecho de una intervención o construcción frente a un tema o situación donde se requiere una respuesta o propuesta unificada, más allá de la mirada desde un solo ángulo disciplinar. La INTERDISCIPLINARIEDAD se funda en una epistemología construccionista, ya que no solo son necesarias las miradas confluyentes sobre el objeto, sino aún más, es necesario el fuego que cocine, que permita transformar esa comida en algo diferente a la suma de sus ingredientes. Esa transformación de las miradas unidisciplinarias a través de ese FUEGO-PROCESO para la construcción de una mirada única sobre el objeto de interés, es esencial para el abordaje de los temas y sistemas complejos (Lucca, 2014, p. 15). Y todas las situaciones en que nos enfrentamos en el hábitat poseen componentes complejos, inabordables desde un solo punto de vista. Al encararlas unidisciplinariamente estamos escotomizando la respuesta a las mismas, por lo tanto, empobreciéndolas o despojándolas de esa complejidad o riqueza que cada situación conlleva. Tampoco, frente a la complejidad, es posible una aproximación de varias disciplinas yuxtapuestas, una sumatoria de distintas miradas, ya que complica la respuesta sin asumir su complejidad. En la Carta de Transdisciplinariedad,1 Primer Congreso de la Transdisciplinariedad (1994, art. 4), se expresa “… la transdisciplinariedad reside en la unificación semántica y operativa de las acepciones a través y más allá de las disciplinas”. Estos dos puntos, la unificación semántica y operativa, son el objeto de la formación interdisciplinaria, que en su práctica puede arribar a momentos privilegiados transdisciplinarios. Es necesario tener en cuenta que cada situación de la realidad que se nos presenta a resolver implica una totalidad. Para captar esta totalidad de una situación es necesaria una elaboración, proceso y cocinado común entre las personas que intervienen, que da como resultado un enfoque único. Esta categoría de totalidad de las situaciones complejas del hábitat implica un dominio omnilateral y dominante del todo que es “mucho más” que las partes y más que la visualización de alguna parte en sí. Es decir, el comportamiento de estas situaciones implica un sistema complejo de interrelaciones, decodificable solamente desde la situación como un todo. Esto nos lleva a definir interdisciplina de la siguiente manera: Es una forma de conocer para la acción, un sistema no lineal, complejo, que implica la captación de la totalidad de un tema/situación, lo que lleva a una modificación de valores y una nueva pauta cultural cambiando las formas o parámetros del conocer de cada una de las disciplinas intervinientes, ya que conjuga y destila distintos enfoques que, al mezclarse, producen una visión/acción de un nivel más completo, adecuado y profundo. En esta definición que proponemos aparece enunciado lo que llamo quiebre epistemológico disciplinar, al modificar los parámetros de conocer de las disciplinas. Este quiebre provoca un momento que requiere especial consideración, ya que, frente al mismo y la pérdida de seguridad que conlleva, los miembros adoptan distintas formas de enfrentarlo. De las cuales puede surgir un intento de hacerse cargo de la tarea 1 Consideramos el término transdisciplinariedad equivalente a interdisciplina en este caso, por su sentido de uso en el documento que se cita.
Elena Lucca 18 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 10, noviembre de 2017, Universidad de Sevilla, pp. 15-34 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2017.i10.02 del equipo proponiendo distintas soluciones y generando un acopio de poder hacia alguna de las disciplinas o un modelo de funcionamiento sin jerarquías, fusional, que permite el control de esa tarea por parte de algún miembro o disciplina. Por el contrario, el camino hacia la interdisciplina requiere que el flujo de saberes sea abierto y sujeto a una permanente incertidumbre que deje espacio a la introducción de nuevas relaciones complejas y a las respuestas vitales que parten de la “intuición, del imaginario, de la sensibilidad y del cuerpo en la transmisión de los conocimientos” (ob. cit., art. 11). Las situaciones del hábitat a las que nos enfrentamos y que requieren intervención, muestran su complejidad al comenzar su análisis. ¿Por qué, entonces, por lo general, son encaradas desde una lógica unidisciplinaria? El conocimiento profesional establecido es un sistema de poder. La interdisciplina es una herramienta para encontrar la fisura en ese poder. Herramienta que nos permite una aproximación objetiva mediante el cocinado de las interpretaciones subjetivas que implican: CONCERTACIÓN y PARTICIPACIÓN (Lucca, 2014, pp. 14-15). La interdisciplina aplica la metodología de la intersubjetividad objetiva construyendo desde esta metodología un pasaje que, aunque no enfrenta los flujos de poder del saber disciplinario, da posibilidad de un tejido para empezar a crear un campo común. Tomamos como ejemplo un trabajo interdisciplinario realizado para la concreción de un Plan de Manejo Sustentable de los Espacios Naturales en la Trama Urbana de la ciudad de Resistencia, Chaco, Argentina. Este plan se aborda con un equipo de profesionales universitarios convocados por asociaciones ambientalistas en convenio con la Municipalidad de la ciudad, compuesto por las siguientes áreas: aspectos históricos, hídricos, forestales, ecosistémicos, uso de los espacios, gestión y gobernabilidad, sociales, culturales y educativos. Después del análisis inicial por área, se definen dos perfiles: el ámbito natural en sí y el ámbito de la interacción, uso y gestión de esos espacios naturales. Al comparar estos perfiles a una situación de los espacios meta o ideal, obtenemos los indicadores de estado y de direccionalidad de las acciones que se pueden proponer. En esta elaboración aparecen los temas interdisciplinarios que requieren propuestas interaccionales conjuntas de las disciplinas que componen el equipo. Mientras en el transcurrir de las primeras reuniones el grupo comparte desde cada área sus datos, a partir de la aparición de los perfiles a trabajar comienza un intercambio de contenidos y prioridades a tomar en cuenta, lo cual va creando el pensamiento común que desemboca en las decisiones interdisciplinarias. El hábitat es complejo y entre sus complejidades existe la necesidad imperiosa de que sea sustentable (Peredo Parada y Aedo Zúñiga, 2016). Si estamos interviniendo en él, la transferencia que hacemos al intervenir puede ser creadora de dependencia o de sustentabilidad. Aclaramos, cuando hablamos de sustentabilidad, lo hacemos desde la definición ecológica y de la termodinámica, que plantean la sustentabilidad como la “capacidad de carga” de los territorios, es decir, la capacidad de sustento de la vida en un determinado espacio territorial, de acuerdo con sus elementos naturales existentes (Rieznik Lamana y Hernández Aja, 2005). ¿Qué significa crear sustentabilidad en el hábitat?
Estrategias y metodologías de formación de equipos interdisciplinarios para trabajar en hábitat Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 10, noviembre de 2017, Universidad de Sevilla, pp. 15-34 19 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2017.i10.02 La constatación, • primero, que la tierra es un sistema abierto en energía, pero cerrado en materia, y • segundo, que es más fácil convertir los materiales de la corteza terrestre en energía, que la energía en materia, • ello hace que la gestión de la materia sea el principal tema de la sustentabilidad. Cuando actuamos en el hábitat estamos manipulando materia. Nos interesa aquí remarcar desde qué concepción usamos la palabra sustentabilidad en este documento. Basándonos en las ciencias biológicas, que acuñaron este término, decimos que sustentabilidad proviene de reconocer, aceptar y mantener el sustrato existente. Lo proponen las ciencias ecológicas en relación con la capacidad de carga, de un territorio determinado, para mantener la evolución propia de ese espacio con sus componentes y necesidades. La sustentabilidad fuerte es aquella que se basa en la lógica de lo viviente y busca la perpetuidad de los elementos y la cobertura natural de la que depende la especie humana en su totalidad (Carreño et al., 2003; Lucca, 2016). La implicancia de esta concepción significa darle prioridad a ese medio natural en el que nos asentamos. Cualquiera sea la intervención que propongamos sobre el hábitat, sería oportuno encararla desde este enfoque, es decir, analizando y mirando el territorio natural y lo que él nos presenta con sus mecanismos de autoorganización propios. Enfoque que significa revisar el estado de los espacios naturales y proponer su mantenimiento o recuperación, pensando e insertando lo construido o a construir para la habitabilidad humana, en convivencia con esos espacios. Estamos, así, direccionando hacia la sustentabilidad fuerte posible, al pensar y actuar acorde a la complejidad ecosistémica de ese hábitat. Ya no planeamos solamente desde el ángulo humano nuestra instalación, sino que desplazamos el eje hacia el espacio territorial, cuidando de interferir lo menos posible en los procesos que allí se producen. Pasamos así de la centralización en lo humano hacia lo que el territorio nos indica como apto para convivir con él. Actualmente muchas formas de intervención en hábitat se plantean desde la lógica económica o social, sin tomar en cuenta el territorio, lo cual provoca problemas que luego hay que enfrentar con grandes costos económicos y sociales. La propuesta acá es, entonces, desplazar el poder y colocarlo en lo territorial, en primera instancia. Y para realizar esta modificación, que implica un cambio en la concepción de como intervenir, la propuesta del trabajo interdisciplinario es una vía y herramienta fundamental de elaboración. Ya que interdisciplina, en su esencia misma, significa un manejo de poder distribuido entre los distintos aspectos que hacen a una acción, distribución de poder y equilibrio, y una posibilidad de intercambio y transferencia. La construcción de la interdisciplina en el ámbito universitario En general las universidades poseen la necesidad y algunos ámbitos estructurados y determinados para el abordaje, la aplicación y práctica en los temas que se presentan en la vida cotidiana de sus lugares de de-
Elena Lucca 20 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 10, noviembre de 2017, Universidad de Sevilla, pp. 15-34 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2017.i10.02 sarrollo. Organismos dentro del mismo campus o en la sociedad que les rodea. Por ejemplo, los departamentos de Extensión Universitaria son espacios que se vuelcan a las comunidades a través de propuestas o proyectos donde se ponen en marcha mecanismos de aplicación profesional. Sería deseable que estos proyectos o propuestas sean trabajadas desde la interdisciplina. La consigna podría ser: CREAR ESPACIOS INTERDISCIPLINARIOS DE PRÁCTICA, con resultados valorados. Construir así, desde la base de la formación profesional, la mentalidad interdisciplinaria. Poner en marcha esta propuesta nos lleva a ampliar la formación universitaria unidisciplinaria con miras a aplicar nuestros conocimientos en la práctica profesional misma. La universidad puede ser el ámbito por excelencia de esta formación para la práctica. Y reiteramos, no es espontáneamente que se accede a la interdisciplina. Hay momentos claves de resistencia que es importante aprender a superar y traspasar hasta lograr una propuesta abierta y flexible. La formación en interdisciplina y en los roles específicos de coordinación/facilitación de los equipos requiere de un proceso pedagógico y didáctico que estructure una forma diferenciada del hacer individual. Por ejemplo, que un profesional se ubique en una “distancia operativa” con respecto a un grupo o equipo, para permitirle superar sus etapas conflictivas, casi siempre referidas a la preservación individual o a la supremacía de un enfoque profesional particular, requiere de un proceso formativo pautado y formulado a partir de la práctica en situaciones emergentes. Lo mismo que pertenecer como miembro a un equipo interdisciplinario. Ambos lugares requieren de elaboración teórica y ejercitación práctica o supervisión en terreno. Para estructurar una formación, comenzamos teniendo en cuenta algunos puntos y consideraciones básicas y generales. • La presentación de un tema/objeto/sujeto/situación de atención interdisciplinaria. Es importante aclarar que los temas del hábitat humano, que involucran los del hábitat de las otras especies, es materia de un enfoque interdisciplinario sin ningún reparo. Ya sea que aparezca el tema a elaborar desde algún campo específico como arquitectura, geografía, ciencias agrarias, ciencias sociales, biología, etc., el tema del hábitat requiere siempre del diagnóstico y manejo interdisciplinario. • Inicialmente, los roles específicos son asumidos por la persona docente a cargo de la formación interdisciplinaria. • La conformación del equipo que va a elaborar una propuesta en terreno puede tener un miembro en función de dirección, que en el momento de la elaboración interdisciplinaria va a participar como un integrante más. Lo que significa que, en el momento del proceso formativo, su estatus es equivalente al de los otros miembros, depositando en coordinación la función de regular esa elaboración. Como es probable que este miembro haya citado a los otros participantes que van a componer el equipo, coordinación aclara la ubicación equivalente de todos los miembros, con el propósito de volcar hacia la tarea de elaboración conjunta. Posteriormente, en caso de asumir dirección en terreno, será nuevamente acordado este paso. • Los integrantes del equipo, inicialmente, aportan desde los ámbitos profesionales propios hacia el tema que se aborda. Un equipo que realiza una propuesta territorial, aunque sea sectorial, está integrado por profesionales o estudiantes que abarcan dis-
Estrategias y metodologías de formación de equipos interdisciplinarios para trabajar en hábitat Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 10, noviembre de 2017, Universidad de Sevilla, pp. 15-34 21 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2017.i10.02 tintas áreas de conocimiento. Por ejemplo: en procesos ecosistémicos de espacios naturales, procesos productivos, abastecimiento y sistema urbano, gobernabilidad, comunicación, etc. • Para llegar a la interdisciplinariedad comenzamos por crear el “campo común” de los miembros del equipo con las tendencias y pensamientos de los participantes y la forma de resolución de las diferencias frente a la acción. • Durante el proceso de reflexión sobre el tema/objeto de atención se requieren análisis parciales sobre distintos temas confluyentes. Estos análisis se vuelcan posteriormente en la mesa de reflexión a fin de que sirvan de alimento y sean manejados por todos los integrantes. • En el camino hacia la transformación de la mirada, sin duda, pueden aparecer “flujos de poder profesional” y “áreas inadvertidas”, desde lo social, lo ambiental, lo productivo, lo proyectual, la planificación, etc. La advertencia de los contenidos implícitos que recorren los equipos, advertencia que casi siempre está a cargo del coordinador/facilitador, aunque estos contenidos pueden ser señalados por algún miembro, es planteada al equipo para que elabore o incorpore esos flujos o áreas que permanecen en la oscuridad e influyen en la tarea, tarea que consiste en arribar a momentos interdisciplinarios. • Delimitar el alcance y la acción requerida al equipo de intervención es fundamental desde el comienzo, ya que un equipo que pierde el rumbo no se construye internamente. Puede modificar ese rumbo de acuerdo con lo que aparezca como contenido, aunque siempre tener presente la acción o meta a realizar • Los equipos interdisciplinarios son equipos operativos, necesitan realizar la acción para la cual fueron convocados • Durante y después de haber concluido la realización de la propuesta o proyecto, es fundamental una retroalimentación programada y continua y, posteriormente, un seguimiento más espaciado una vez instalada y en marcha. Para esta etapa formativa en gabinete de la capacidad interdisciplinaria de un equipo, se propone una modalidad que incluye roles específicos de coordinación/facilitación, observación y registro. Roles que serán cumplidos siguiendo los parámetros de los grupos operativos. Los grupos operativos tienen sus antecedentes establecidos en las investigaciones que llevan a cabo primeramente Kurt Lewin en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), en los T Groups o grupos de diagnóstico, los grupos de creatividad y el Sensitivity Training, el socio análisis institucional y la corriente latinoamericana de grupos operativos que investiga y desarrolla los roles específicos que acompañan un proceso transformador. Al final de este artículo colocamos algunos títulos bibliográficos complementarios de estos antecedentes y los fenómenos investigados por estas corrientes. En la Universidad del Nordeste Argentino se abre en los ochenta/noventa un espacio en Extensión Universitaria para el entrenamiento en coordinación, facilitación, observación y registro de grupos interdisciplinarios e intersectoriales. Esta práctica, sistematizada e investigada, aporta los elementos básicos teóricos para la formación en los roles y la participación grupal, complementada con un ciclo de encuentros teórico-prácticos-vivenciales propuestos por diferentes adalides de enfoques grupales.
Elena Lucca 22 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 10, noviembre de 2017, Universidad de Sevilla, pp. 15-34 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2017.i10.02 Para la formación en roles específicos grupales básicamente se requiere: • Alrededor de 60 horas de práctica con el acento en coordinación. • Investigación sobre el cumplimiento de esos roles. • Diversidad de experiencias confluyentes en lo que se llama “laboratorio social”, técnicas y metodología de aplicación en grupos interdisciplinarios. • Reconocer y practicar los instrumentos de coordinación: señalamientos, reformulaciones, devoluciones, reconocimiento de los indicadores de poder, lectura de lo analógico grupal, clarificación de la información circulante. Método expansivo, asociación libre, prácticas convergentes, estrategias sociales de intervención e involucramiento. • Práctica en la colaboración para construir el “campo común” del equipo, realizando las intervenciones y elaboraciones a eje centrado en el objeto de atención/intervención; y en abrir canales de escucha de los participantes del equipo hacia los aportes de todos los miembros y posteriormente hacia los aportes de los habitantes del lugar de intervención. • Adquirir capacidad de detección y manejo de los conflictos grupales. Los grupos operativos transcurren por etapas, con elementos y situaciones observables, que es necesario traspasar a través del volcado al grupo, su reconocimiento y elaboración. Por lo tanto, es importante que coordinación conozca y reconozca esas etapas y elementos. Basándonos en un esquema simple, decimos que el proceso de los equipos hacia su transformación en equipos interdisciplinarios cumple, en general, tres estadios: inclusión, confrontación y organización para la producción. Cada uno de estos estadios muestra indicadores que son reconocibles y se pueden volcar al grupo. En la etapa inicial existen indicadores de conflictos relacionados a las ansiedades básicas. En la etapa propiamente dicha de confrontación, o conflicto grupal, se necesita disponibilidad y capacidad de escucha, ya que entra en juego la opción de seguir adelante y llegar a organizarse o tener dificultades y desmembrarse el equipo. Es imprescindible que los conflictos posibles salgan a la luz. Es en esta etapa de confrontación donde aparece el conflicto esencial frente a la tarea. La presencia de este conflicto esencial puede adquirir forma explícita o implícita. Si es implícita, la lectura de la comunicación no verbal del grupo puede indicar los signos para que coordinación trabaje en la resolución del mismo. • Punto central es el volcado de la mirada al grupo como un todo recorrido por fenómenos que, analizados e incorporados a través de la palabra explícita, van constituyendo la amalgama que nos permite crear pensamiento sobre el tema o la acción que nos ocupa. En las etapas iniciales el grupo dedica su energía disponible a constituirse como tal, para comenzar a acceder, posteriormente, al enfrentamiento y resolución de la etapa de conflicto donde se libra la batalla sobre el enfoque esencial que lleva al pensamiento común. El proceso formativo a través de roles específicos es un proceso de transferencia. No se trata de que estos roles específicos se instauren como un lugar de poder, sino, esencialmente, de instrumentalizar a los profesionales en formación para que participen en la construcción
Estrategias y metodologías de formación de equipos interdisciplinarios para trabajar en hábitat Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 10, noviembre de 2017, Universidad de Sevilla, pp. 15-34 23 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2017.i10.02 de los equipos. Profesionales que, una vez cumplido el ciclo formativo, deseen y necesiten aplicar esta construcción para la realización en un hábitat determinado. Es probable que al conformarse los equipos para una intervención más allá del ámbito universitario, estos equipos se autogestionen o sus miembros cumplan rotativamente con roles de coordinación/facilitación. En este caso es importante tener en cuenta algunas reglas básicas para el funcionamiento autogestivo. Estas reglas se refieren básicamente a: aceptar los aportes de los miembros sin comenzar por negarlos; ubicarse en el presente; aportar por asociación sobre lo que se reflexiona; hablar en primera persona; no dirigirse hacia algún miembro en particular sino al grupo como un todo, etc. (Cá y Wainer, 1994). Aunque hablamos en conjunto de coordinación/facilitación, ya que un coordinador también cumple con la función de facilitar, en sí la facilitación requiere menos entrenamiento que coordinación, ya que se facilita instrumentando para poder “escuchar” los aportes individuales a la trama que se va tejiendo, sin acaparar la palabra y aceptando la importancia de los aportes de todos y cada uno de los miembros. El rol de coordinación en sí requiere no solo mayor entrenamiento sino también haber vivido esta práctica, ya que este rol trabaja sobre los contenidos implícitos y la decodificación de los mismos es fundamental para la marcha del grupo, especialmente aquellos contenidos que señalan la aparición de los flujos de poder (Lucca, 1995; Lucca, 2014, p. 33). El proceso interdisciplinario y los procedimientos metodológicos El camino o proceso hacia la interdisciplina implica varios momentos que es importante visualizar y que son vitales para la creación de la cancha reflexiva interdisciplinaria. Momentos que han sido investigados y consignados de la siguiente manera (Lucca, 2014): • 1er. momento: fuerte relación propia disciplinar. Intervenciones desde el lugar de la propia disciplina. Incapacidad de “escuchar” los aportes de otras disciplinas. • 2do. momento: con la aparición de cierta interrelación afectiva (de respeto y aceptación) entre los miembros, despuntan momentos de “apertura” de la escucha a lo que dice el otro. A medida que esta apertura de “escucha” se va agrandando surgen las primeras crisis al ponerse en juego, cuestionando o no, los propios pensamientos, conocimientos o sentimientos sobre los temas tratados, aunque esto significa continuar referenciándose al propio conocimiento. • 3er. momento: primera crisis epistemológica generalizada. Se cuestionan, interna y externamente, los saberes, y aparece la pérdida de seguridad. Es un momento particular donde emerge la duda frente al conocimiento adquirido. Es necesario reforzar el camino para no desear volver hacia atrás. • 4to. momento: sobreviene confusión sobre cómo encarar las situaciones/temas/objeto de intervención del grupo interdisciplinario. Y se enuncia una de las reglas de la interdisciplina: el “principio del silencio ante la pregunta frontal”. • 5to. momento: se comienza a practicar formas de tejer la visión sobre el objeto desde los distintos ángulos, observando la deformación que este objeto adquiere a partir de las distintas miradas.
Elena Lucca 30 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 10, noviembre de 2017, Universidad de Sevilla, pp. 15-34 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2017.i10.02 Conclusiones generales Consideramos la universidad como un ámbito propicio para la capacitación en interdisciplina, ya que por su función formativa posee los recursos humanos que requiere esta capacitación, los espacios interfacultades para desarrollarla y la posibilidad de establecer formas de complementariedad de los conocimientos disciplinarios que allí se imparten, en una etapa simultánea a la adquisición de los mismos, así como campos de práctica para desarrollarla. Por otra parte, producir este capital social, como podríamos nominar a los equipos que se han formado interdisciplinariamente, es función de una institución con autonomía posible en cuanto a concepción política/económica/social/ambiental/cultural. En el desarrollo de este documento argumentamos que la formación interdisciplinaria se constituye a través de un proceso que es imprescindible transcurrir. Proceso que requiere ser conducido para su aprendizaje, aportando aquí algunos elementos para la conducción y el enfoque de esta formación. Llegar a los momentos interdisciplinarios significa producir un cambio en la forma de enfocar los temas que requieren atención profesional. Este cambio produce una ruptura del enfoque unidisciplinar al incluir los enfoques de las otras disciplinas comprometidas en acciones complejas, para llegar a una mirada unificada, objetivo interdisciplinar. La interdisciplina aplicada al hábitat implica llegar a la comprehensión de una habitabilidad saludable, por lo tanto sustentable. La acción en hábitat se presenta como un complejo de situaciones que es necesario aprender a descifrar teniendo en cuenta todas sus características. Acción que es necesario repensar y componer desde distintos ángulos que nos permitan crear una forma diferente a la habitual y que, al mismo tiempo, rescate todos aquellos conocimientos adquiridos que se suman a los establecidos en nosotros desde nuestra capacidad como organismos captores de signos vitales, signos que existen en los fenómenos que nos rodean y podemos registrarlos como indicadores de esa habitabilidad saludable. Cuando los equipos ya constituidos van a terreno, toman contacto con un hábitat constituido por los elementos y especies que habitan en ese espacio, que incluye o va a incluir a la especie humana, y que demanda un replanteo en la forma de habitar. Replanteo que los equipos interdisciplinarios pueden colaborar a construir, e instar a los sujetos habitantes también a hacerlo. Para dar este paso tenemos en cuenta establecer una relación de retroalimentación mutua de pobladores y equipo, poniendo el acento en el protagonismo de los pobladores del lugar. Y además volcar la atención desde el comienzo, hacia el espacio a trabajar en todas sus dimensiones, la natural, la urbana o construida, y si es posible la rural. Proponemos mirar el territorio y sus características, recuperar la territorialidad y valorizarla, y a partir allí proponer formas de territorialización. Decimos que para que las formas de habitar humano comiencen a tender a la inclusión del espacio donde se asientan, ese equipo, primeramente en sí, desarrolla un pensamiento que va entrelazando y tejiendo desde las distintas áreas de conocimiento, practicando la inclusión de diversidad desde la escucha y la conformación de una mirada común hacia un territorio que requiere direccionarse hacia lo sustentable, para luego transferir formas de pensar y mecanismos de decisión en común a los pobladores, con quienes se realiza un reconocimiento del lugar, base de las acciones posteriores.
Estrategias y metodologías de formación de equipos interdisciplinarios para trabajar en hábitat Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 10, noviembre de 2017, Universidad de Sevilla, pp. 15-34 31 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2017.i10.02 Aprender a habitar de manera inclusiva, y no hablamos solamente del aspecto social, es el resultado de estos procesos. Además, realizar la transferencia y conjugar con los habitantes que permanecerán en el lugar, es construir la capacidad de estos para la continuación de la vitalidad de sus espacios en el futuro. Esta vitalidad asentada en el aprendizaje de la convivencia con lo existente.
Elena Lucca 32 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 10, noviembre de 2017, Universidad de Sevilla, pp. 15-34 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2017.i10.02 Referencias Cá, K. y Wainer, A. (1994). Grupos de Autogestión. Buenos Aires: Ed. Era Naciente. Carreño. F. et al. (2003). Planeación del Territorio y Ambiente en América Latina. México: Selección del CIUMA III Congreso Internacional de Urbanismo y Medio Ambiente. Ed. Facultad de Planeación Urbana y Regional, UNAM Universidad Autónoma del Estado de México. Tomo I y II. Ferrier, J-P. (1998). Le Contrat Géographique, ou l’habitation durable des territoires. France: Editions Payot, Lausanne. García, R. (2011). Interdisciplinariedad y Sistemas Complejos. Revista Latinoamericana de Metodología de las Ciencias Sociales - ReLMeCS, 1 (1). Recuperado el 10 de mayo de 2017 de: http:// contenidosabiertos.academica.mx/jspui/bitstream/987654321/504/1/interdisciplinariedad_y_ sistemas_complejos.pdf. González Cruz, F. (2016). Identidad y Desarrollo Local. Chile, Santiago. Revista Sustentabilidad(es), 7 (14), 27-47. Recuperado el 10 de mayo de 2017 de: http://www.sustentabilidades.usach.cl/sites/ sustentable/files/paginas/gonzalez_francisco._ identidad_y_desarrollo_local.pdf. Lucca, E. (2002). Desarrollo Sustentable, Conflictos Ambientales y Paz. España, Barcelona. Agathos, 2 (2). — (2006). Decidir el Futuro. La participación, gestión para la sustentabilidad ambiental y Agenda Local 21. Resistencia: Ed. Arbres de Vie, Librería de la Paz. — (2010). Sustentabilidad urbana, rural, natural. Chile, Santiago. Sustentabilidad(es), 2 (8). Recuperado el 10 de mayo de 2017: de http://www.sustentabilidades.usach.cl/sites/sustentable/files/paginas/02-08.pdf. — (2014). Interdisciplina. Práctica esencial para el abordaje social y ambiental. Resistencia: Ediciones Arbres de Vie, Cospel. — (2016). La Gestión de los Territorios. La Cosecha Escondida o la Percepción Ambiental de los Espacios. Buenos Aires: Ed. Diseño. Peredo Parada, S. y Aedo Zúñiga, M.P. (2016). Complejidad y multidisciplinariedad en el aprendizaje de la sustentabilidad: la experiencia del Diplomado en Educación para el Desarrollo Sustentable de la Universidad de Santiago de Chile. Sustentabilidad(es), 7 (14), 76-87. Recuperado el 10 de mayo de 2017 de: http://www.sustentabilidades.usach.cl/sites/sustentable/files/paginas/ peredo_aedo._complejidad_y_multidisciplinariedad_en_el_aprendizaje_de_la_sustentabilidad._la_ experiencia_del_diplomado_en_educacion_para_ el_desarrollo_sustentable.pdf. Primer Congreso de la Transdisciplinariedad (1994). Carta de la Transdisciplinariedad, Portugal. Convento de Arrábida. Recuperado el 10 de mayo de 2017 de: http://www.filosofia.org/cod/c1994tra.htm. Rieznik Lamana N. y Hernández Aja A. (2005). Huella Ecológica, España, Madrid. Ciudades para un Futuro más Sostenible. Recuperado el 10 de mayo de 2017 de: http://habitat.aq.upm.es/temas/a-huella-ecologica.html. Sarmiento, L. (2016). Bioética Urbana al cuidado de la vitalidad colectiva de los territorios. Sustentabilidad(es), 7 (14), 88-106. Recuperado el 10 de mayo de 2017 de: http://www.sustentabilidades. usach.cl/sites/sustentable/files/paginas/sarmiento_laura._bioetica_urbana_al_cuidado_de_la_vitalidad_colectiva_de_los_territorios.pdf. Referencias complementarias Amado, G. y Guittet, A. (1975). La dynamique des communications dans les groupes. France: Ed. Librairie Armand Colin. Lapassade, G. (1985). Grupos, Organizaciones e Instituciones. Barcelona: Ed. Gedisa. Egan, G. (1976). El Laboratorio de Relaciones Interpersonales. Teoría y Práctica del Sensitivity Training. Buenos Aires: Ed. Paidós. Knapp, M. (1980). La Comunicacion no verbal. El Cuerpo y el Entorno. Buenos Aires: Ed. Paidós. Lucca, E. (1995). Buscando la sinergia en el trabajo social. Pensamientos sobre el eros grupal. Buenos Aires: Ed. Humanitas. Lobrot, M. (1994). Pedagogía Institucional. Buenos Aires: Ed. Humanitas. Mendel, G. (1972), Sociopsicoanálisis 1. Buenos Aires: Ed. Payot-Amorrortu. — (1973). Sociopsicoanálisis 2. Buenos Aires: Ed. PayotAmorrortu. Pichón-Rivière, E. (1975). El Proceso Grupal. Buenos Aires: Ed. Nueva Visión.
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