Ocio-turístico y satisfacción con el uso del tiempo libre en las personas mayores
Abstract
Este trabajo tiene por objeto mostrar las principales investigaciones que se han llevado a cabo sobre la percepción social del impacto del turismo, desde un punto de vista psicosocial. Una de las principales líneas de investigación dentro del marco de referencia psicosocial es la que estudia el impacto ambiental percibido por las personas hacen turismo. En este trabajo también pretendemos analizar las aportaciones realizadas por la investigación social en relación con el grado de satisfacción con el uso del tiempo libre y las actitudes hacia la jubilación por parte de las personas mayores; constatando así que las razones por las cuales una persona mayor viaja o no viaja han recibido poca atención en la literatura (Zimmer et al., 1995).
Full text
709 OCIO-TURÍSTICO Y SATISFACCIÓN CON EL USO DEL TIEMPO LIBRE EN LAS PERSONAS MAYORES Alfonso Javier García González Manuel Marín Sánchez RESUMEN Este trabajo tiene por objeto mostrar las principales investigaciones que se han llevado a cabo sobre la percepción social del impacto del turismo, desde un punto de vista psicosocial. Una de las principales líneas de investigación dentro del marco de referencia psicosocial es la que estudia el impacto ambiental percibido por las personas hacen turismo. En este trabajo también pretendemos analizar las aportaciones realizadas por la investigación social en relación con el grado de satisfacción con el uso del tiempo libre y las actitudes hacia la jubilación por parte de las personas mayores; constatando así que las razones por las cuales una persona mayor viaja o no viaja han recibido poca atención en la literatura (Zimmer et al., 1995). PALABRAS CLAVE: Turismo de Mayores, Gerontología Psicosocial, jubilación, tiempo libre. ABSTRACT This work considers object to show the main investigations that have been carry out on the social perception of the impact of the tourism, since a point of view psychosocial. One of the main lines of investigation inside the framework of reference psychosocial is the one that studies the environmental impact perceived by the people they do tourism. In this work also we intend to analyze the contributions carried out by the social investigation in relation to the degree of satisfaction with the use of the free time and the attitudes toward the retirement on the part of the older people; verifying so the reasons by which an older person travels or he does not travel they have received little attention in the literature (Zimmer et al., 1995). KEYWORDS: Greater Tourism, Psychosocial Gerontology, retirement, free time. 1. TURISMO Y PSICOLOGÍA SOCIAL El turismo es una realidad de vital importancia. La literatura que hace referencia al mundo del turismo es rica y abundante y ha sido abordada desde diferentes campos y disciplinas: los economistas se centran en las implicaciones financieras del gasto turístico (Stringer, 1984), demandas, marketing, planificación y desarrollo (Pearce, 1988). Estudios que enfatizan el aspecto mercantil, pero que se centran en el turismo obviando la figura del turista. Los antropólogos sobre el impacto del intercambio cultural (Stringer, 1984); el impacto del turismo en la comunidad receptora; el efecto del turismo sobre la cultura de los anfitriones (Pearce, 1988), descuidando el impacto que la experiencia intercultural tiene en el turista. Los sociólogos sobre el impacto societal y la significación de la experiencia turística (Stringer, 1984), cambios provocados por la distribución de la fuerza de trabajo, (Pearce, 1988), motivación, roles (Cohen, 1984). Y, los geógrafos se han centrado en la desproporción
CITIES IN COMPETITION 710 regional y espacial que acompaña al turismo, aspectos físicos del paisaje, evaluación de recursos, percepción ambiental (Pearce, 1988). De todas estas definiciones se deduce su parcialidad, contemplando sólo algunos de los componentes que intervienen en el turismo. El turismo es un fenómeno de destacada actualidad, aunque hunde sus raíces muy antaño (ya en la época de la Grecia y Roma clásica había movimientos de personas en épocas estivales). La conducta de viajar mueve multitud de personas y pone en contacto a gentes de muy diferentes culturas, tradiciones, intereses, motivaciones, actitudes, etc. Esta presencia tangible va a tener efectos tanto directos como indirectos sobre la calidad de vida, sobre la cultura y el entorno. Efectos que van a repercutir sobre la sociedad receptora en su dimensión económica, político-social, y sobre el medio ambiente. Temas estos que no escapan del interés de la Psicología Social. Si bien, ha habido investigaciones relacionadas con esta realidad, va a ser a partir de los años 80, con la aparición de la obra de Pearce " The social psychology of tourist behaviour" (1982 ) cuando esta disciplina intenta sistematizar el trabajo realizado. A partir de esta fecha hay un aumento en el número de publicaciones relacionadas con el tema pero todavía es escaso, tal y como se puede constatar practicamente en la ausencia de trabajos aparecidos en revistas, libros y congresos de la disciplina. Una de las líneas de investigación que se están desarrollando con mayor intensidad, en esa tríada medio ambiente-turismo-psicología social, viene de la mano del impacto ambiental percibido. En los últimos años ha crecido enormemente el interés, por parte de los investigadores sociales, por las consecuencias que puede tener el turismo, efectos de la industria turística sobre aspectos ecológicos, culturales y geográficos del ambiente (Pearce, 1982), ya sea a nivel personal, afectando a la sociedad de acogida o receptora (Pearce, 1988), o a nivel ambiental (consecuencias medioambientales positivas o negativas (Liu, Sheldon y Var, 1987) y que también puede afectar al mismo hecho turístico (evaluación y percepción del turista y relación turista-autóctonos) (Ap, 1992, Smith, 1989). Entre los efectos psicosociales que puede ocasionar el turismo en la población hay que destacar: a) Impacto evaluado como negativo, en el sentido de provocar un aumento en los problemas de tráfico, ruido, hacinamiento, degradación ambiental, urbanización descontrolada, falta de agua, aumento de la prostitución, robo, vandalismo, aumento del riesgo de incendios (Buckley y Pannell, 1990); pérdida de la identidad cultural y relaciones positivas de amistad. (Urbanowicz, 1977, 89), Nicholls (1976), Turner y Ash (1991), (Cohen, 1984). Smith (1989). Otra evidencia indica que los residentes desarrollan actitudes étnicas negativas hacia los turistas cuando el número de turistas se va incrementando y, como consecuencia, se produce una disminución en las relaciones interpersonales, formándose estereotipos sobre los mismos. Pi-Sunyer (1989); Tsartas, 1992); Gómez y otros (1993 a); Gamrad (1994). b) Impacto evaluado como positivo, en el sentido de producir beneficios económicos, aumento de puestos de trabajo relacionados con el turismo (Gómez y otros, 1993 b); mejora en infraestructuras: edificios, parques, lugares de recreo y ocio; conservación de lugares bellos y naturales. Entre las consecuencias positivas también hay que destacar el establecimiento de relaciones amistosas entre turistas y residentes, Cohen (1984); así como la valoración que supone su presencia.
NEW TRENDS IN MARKETING MANAGEMENT 711 2. MAYORES, TRABAJO Y OCIO En las sociedades industrializadas, y sobretodo, en la época moderna, llega un momento en la vida –al jubilar o con el cese de la actividad laboral- en el que se dispone de tiempo libre suficiente. Aquel momento en que los hijos ya no requieren de la atención permanente de los padres y en el que no se tiene la obligación de cumplir un horario de trabajo. En ese momento, y bajo ese contexto, el ocio puede ser visto como un fin en sí mismo. Nos hemos basado en la definición de ocio entendido como la actitud con la que se ocupa el tiempo que no se encuentra reivindicado por el trabajo profesional o actividad laboral. Esta designación de ocio en términos negativos, y muchas veces como la negación del trabajo o actividades productivas, nos lleva a la tentadora y casi automática asociación del ocio con la jubilación. Si bien estamos de acuerdo con aquella noción del ocio, es importante aclarar que éste no es un fenómeno exclusivo de los ancianos; sino que presenta características particulares a lo largo de todo el ciclo vital. En relación con los conceptos de tiempo libre y ocio, y sus diferencias semánticas, no entraremos en materia, sólo nos limitaremos a exponer la clara y precisa distinción que hacen de ellos Ispizua y Monteagudo (1998): “El concepto de tiempo libre hace referencia a la existencia de una determinada cantidad de tiempo, generalmente ajena a obligaciones laborales, sociales o de otro tipo, y que constituye, en potencia, un tiempo para el ejercicio de la expresión y libertad personal. Disponer de tiempo libre no significa necesariamente disfrutar de ocio. El tiempo libre es la condición necesaria para que tenga lugar el ocio [...]. Pero el ocio es una realidad diferente. Surge como consecuencia de una elección y un uso voluntario y placentero del tiempo libre. El ocio supone llenar de sentido personal y/o social el tiempo libre a través de una acción libremente elegida [...] (p. 234).” Antiguamente, no se relacionaba el ocio con la vejez, pues ser mayor se asociaba con ser inactivo y más bien pasivo, y si bien se poseía bastante tiempo libre, ello no necesariamente se traducía en la existencia de hábitos de ocio en este grupo etéreo. Las personas mayores disponían de tiempo libre pero, ¿disfrutaban de ocio?. La senectud en la actualidad muestra otro perfil. Se estimula la jubilación anticipada con lo que es cada vez más frecuente contar con un significativo número de personas menores de 65 años que ya están jubiladas y que buscan en qué ocupar su tiempo libre –y muchas veces su dinero. Por lo tanto frente a una ancianidad heterogénea y a la serie de elementos que intervienen en su configuración (el género, la urbanidad, la labor o trabajo desempeñado), el empleo del tiempo libre tras la jubilación, presenta una amplia variedad de formas y significados, junto con el proceso de revalorización sociocultural del ocio. El ocio en la ancianidad ha sido un proceso que ha evolucionado, está evolucionando y seguirá evolucionando mientras el hombre sea hombre, por lo que no se le puede dar un único diagnóstico (Hernández, et al., 1996). Para las personas mayores, satisfacer las necesidades de ocio, teniendo cubiertas las condiciones y necesidades básicas de vida de forma satisfactoria, conlleva el bienestar y mejora su calidad de vida. Dentro de las posibilidades de los mayores, tras gran parte de su vida dedicada al trabajo y a la familia, distinguimos: 1. Los que desean no realizar actividad alguna de carácter activo o productivo, puesto que consideran que ya han trabajado suficiente durante su vida (muchos han trabajado desde muy jóvenes, sobretodo en el sector primario y después en el secundario). Esta actitud responde, entre otros motivos, a una visión de la actividad productiva como un deber u obligación para garantizar la supervivencia de la propia persona y/o del grupo familiar. Estas personas tras la jubilación, constituyen como única finalidad la tranquilidad y el descanso, objetivo que los lleva a desarrollar, principalmente actividades como dormir, ver la televisión, escuchar la radio y pasear.
CITIES IN COMPETITION 712 2. Los que optan por ocupar su tiempo de ocio de forma activa y variada. En ellos la gama de actividades se amplia aún más. Esta actitud responde a la visión de la jubilación como el momento y la posibilidad de llevar a cabo y disfrutar de actividades, que las obligaciones, preocupaciones y horarios propios del trabajo no les permitían realizar. A pesar de las diversas actividades que se pueden adoptar tras la jubilación, lo que sí es cierto es que gran parte de las personas ancianas pasan más tiempo en el domicilio familiar. Este mismo hecho ya se constataba anteriormente. Al llegar este momento de la vida, quienes poseían un terreno, por ejemplo, continuaban cultivándolo e incluso quienes con anterioridad a su jubilación no lo tenían se hacían con uno para ocupar su tiempo libre (y al mismo tiempo, ahorrar y ayudar en la economía familiar). También, en su gran mayoría, tenían la posibilidad de pasear e incluso los más decididos, generalmente viudos/as impulsados/as por la soledad, acudían al club de jubilados o al bar de su barrio o pueblo a charlar con otras personas, a jugar a carta entre otras actividades. De igual forma se ha constatado una disminución del número de personas que se dedicaban al cuidado y mantenimiento de la huerta. Por el contrario se ha asistido a un aumento en el interés de los ancianos por pasear y acudir a los clubs de jubilados, llegando a consolidarse como una de sus principales opciones (Hernández, S et Al. 1996). Desde lo dicho más arriba, sostenemos, como ya lo han hecho otros autores (Bazo, 1990), que la ocupación que se ha ejercido durante la etapa de la actividad laboral influye y se refleja en la percepción, vivencias y satisfacción que por la jubilación se pueda experimentar, asimismo en la ocupación del tiempo libre, la elección y desarrollo de determinadas actividades que configuran el ocio en la tercera edad. 3. OCIO ACTIVO Y ACTITUDES HACIA LA JUBILACIÓN Debido a que el aumento de la proporción de personas mayores de 65 años resulta empíricamente evidente, puede resultar de interés dentro del campo de la Gerontología Psicosocial, analizar si existe una relación sistemática entre el grado de satisfacción con el uso del tiempo libre y las actitudes hacia la jubilación. En un estudio realizado (Rodríguez Feijóo, 1995) sobre las actitudes hacia la jubilación en una muestra de 200 personas que se encontraban en la etapa prejubilatoria, se halló que el 51% de las personas entrevistadas tenían una actitud desfavorable, el 21% una actitud neutra y el 28 % restante una actitud favorable. Nótese que la mayoría de las personas encuestadas tenían actitudes desfavorables o neutras hacia la jubilación. Una de las posibles explicaciones, entre otras, de estos resultados, es que la mayoría de las personas expresó disconformidad con los haberes de su próxima jubilación y, por lo tanto, expresó también su necesidad de continuar trabajando una vez jubilado para poder compensar la reducción de sus ingresos y así continuar con el estilo de vida que llevaba. Debido al alto nivel de desempleo por el que atraviesa nuestra sociedad, la obtención de un trabajo remunerado, siendo jubilado, se convierte en una meta inalcanzable, justificándose así la gran proporción de actitudes desfavorables. Cuando en otras sociedades, la jubilación significa la “consecución de una meta largo tiempo acariciada” (Davidson y Kunze, 1965) y el poder disfrutar de un merecido descanso, en la nuestra, la jubilación se asocia con pobreza, inutilidad y marginación. La jubilación significa la pérdida del rol laboral, la disminución de los ingresos, el cambio de ritmo de vida cotidiana, la reestructuración de los contactos familiares y sociales y la disponibilidad de una gran cantidad de tiempo libre, que si uno no se ha preparado previamente para utilizarlo,
NEW TRENDS IN MARKETING MANAGEMENT 713 de modo que le resulte significativo y agradable, la jubilación puede convertirse en un castigo mas que en una liberación. La jubilación está considerada generalmente como el ingreso a la etapa de la ancianidad. En una investigación realizada anteriormente sobre las actitudes hacia la ancianidad, se encontró que más de la mitad de los sujetos encuestados tenían actitudes neutras o desfavorables hacia esa etapa de la vida (Rodríguez Feijoo y Stefani, l988). Estas actitudes desfavorables hacia las personas mayores, se pueden basar en que en nuestra sociedad se valora y se otorga prestigio a aquellas personas que producen en forma eficiente y que están capacitadas y entrenadas para adaptarse a las nuevas situaciones que ocurren en una sociedad compleja y en permanente cambio. Los mayores, en consecuencia, van siendo desplazados o marginados, ocupan un lugar en la sociedad - en ciertos aspectos - semejante al que ocupan ciertos grupos minoritarios. Dado que la ancianidad es una etapa por la que pasará inexorablemente todo aquel que no muera joven, resulta justo y necesario modificar esa actitud prejuiciosa y como correlato, ese comportamiento discriminatorio (Rodríguez Feijoo y Stefani, l988). En cuanto a las cuestiones relativas a la modificación de la capacidad del rendimiento en la vejez, se han realizado numerosas investigaciones. La mayoría de los investigadores, tales como Maddox (1982), Svanborg et al., (1982), Schare y Parham (1976), Eisdorfer (1978), Fernández Ballesteros et al. (1999), Moragas, (1995), etc., oponiéndose al “modelo deficitario” de la senectud, sostienen que la mayoría de los ancianos es capaz de tener un buen desempeño intelectual y de realizar actividades productivas. Se debería, por lo tanto, modificar la imagen negativa de la vejez, jerarquizando el rol social de los adultos mayores. Definimos tentativamente la actitud hacia la jubilación como una organización duradera de creencias y cogniciones, dotada de una carga afectiva en favor o en contra de la jubilación y que predispone a una acción coherente con dichas cogniciones y afectos. Esta predisposición a responder frente a la situación de jubilación en interacción con otras variables disposicionales y situacionales guía y dirige la conducta. Las actitudes hacia la jubilación fueron medidas utilizando la técnica del diferencial semántico de Osgood y colaboradores (1955). En cuanto a las actividades de tiempo libre, las consideramos, tal como las define Dumazedier (1964), “Aquel conjunto de ocupaciones a las que el individuo puede entregarse voluntariamente, ya sea para divertirse, para descansar o desarrollar su información o formación desinteresada o para desarrollar su participación social voluntaria o su libre capacidad creadora, después de haberse liberado de todas sus obligaciones profesionales, familiares y sociales”. Actualmente el tiempo libre pasó a tener una gran importancia en la vida como hasta hace poco la tenía el trabajo. Sin embargo, para la mayoría de los jubilados actuales, socializados en la valoración positiva del trabajo y negativa del ocio, la actitud hacia este último resulta desfavorable. Según Moragas (1995) las diferentes investigaciones empíricas realizadas acerca de la relación entre las actividades de tiempo libre y el tipo de trabajo desempeñado durante toda la vida, difieren en sus resultados. Algunos estudios sostienen que existe concordancia entre trabajo y actividades del tiempo libre, mientras que otros hallaron incongruencia entre ambos. Como no hay evidencia empírica unívoca sobre este tema surge la hipótesis de neutralidad, la cual sostiene que no existe relación entre el tipo e trabajo y el tipo de actividades de tiempo libre. En cuanto a las relaciones de los jubilados con otras personas, resulta conveniente que no sólo se vinculen con otras personas de la misma edad y condición, sino que también establezcan relaciones intergeneracionales, evitando de ese modo que el colectivo “jubilados”, se convierta en una contracultura con relación a la sociedad
CITIES IN COMPETITION 714 global, propiciando de ese modo las prácticas discriminatorias. Es importante que los jubilados no sean considerados por el resto de la sociedad como un exogrupo al que nunca se va a llegar a pertenecer. Hay tres características, según Moragas (1995), que resultan universales para el uso del tiempo libre de los jubilados. A medida que envejecemos las actividades pasan de ser obligatorias a voluntarias, de externas al hogar a dentro del hogar y de sociales a individuales o en parejas. Por último, dado que el trabajo voluntario proporciona, en la mayoría de los casos mayor satisfacción al que lo presta que al que lo recibe, debería fomentarse la participación de los jubilados en actividades solidarias ya que disponen de mucho tiempo libre, de este modo ayudando a los demás, se sentirán mas útiles y se elevará su autoestima. Por otra parte, es importante aclarar que, cuando hablamos de vejez y de personas mayores, si bien, se considera mayor, en España, a aquellas personas de más de 65 años, es necesario diferenciar entre aquellas personas postradas, enfermas, a las cuales ya no le cabe ninguna posibilidad de interacción social, ya sea porque su extrema ancianidad no se los permite, o porque las enfermedades propias del proceso de envejecimiento las mantienen desvinculadas y les imposibilita cualquier tipo de relación social; de aquellas personas mayores que están todavía sanas, lúcidas, por consiguiente activas y que son capaces y presentan interés por interactuar en el escenario social y público. Esta presentación se centra en las últimas. Hemos afirmado más arriba que en la tercera edad el ocio puede ser visto como un fin en sí mismo, no confundamos por ello a este segmento etéreo como una edad ociosa. Los estudiosos del tema, junto con las entidades privadas, públicas y administrativas asociadas a este, debemos propiciar mecanismos para que las personas de la tercera edad generen y accedan a espacio de ocio de participación generacional, que produzca en ellas un sentimiento de pertenencia, de arraigo y que lo sientan como algo propio. He ahí la importancia de entender y construir un modelo activo de ocio y de integración para este grupo. Si bien la jubilación representa un merecido descanso después de varios años de dedicación al trabajo, un ocio más bien pasivo e individual puede llegar a ser la antesala de la soledad y el aislamiento social, además de un deterioro físico y psíquico prematuro. Las actividades de ocupación del tiempo libre que se desarrollan en el hogar -ver televisión, hacer labores, escuchar la radio, leer, etc.-, no necesariamente requieren de interactuar con otros para su realización. Este tipo de ocio genera, sin duda, entretenimiento en quienes lo practican y rompe con el aburrimiento al interior del hogar, pero no es un ocio “ideal” para personas ancianas, pues son un grupo con mayor tendencia al sedentarismo. Ver la televisión, por ejemplo, puede llegar a ser un ocio que fomenta la interacción social en las personas mayores en cuanto estimula la comunicación y comentarios con sus pares, con amigos y con la familia. Por lo tanto, debe ser visto, a la vez, como un motivo para relacionarse con otros. A continuación, concluyendo el presente apartado, se identifican cinco aspectos o factores, y sus características, que se deben tener en cuenta para un propuesta de este tipo (modelo de ocio activo): a) Aspecto recreativo. Todo espacio de ocio debe concebirse como un lugar de diversión y entretención en un tiempo diferente y novedoso de lo cotidiano, privilegiando prácticas con fines lúdicos y terapéuticos. Asimismo, que potencie la creación y la expresión personal, artística y cultural de las personas en la tercera edad. Lo entendemos como un espacio para crear y re-crearse, de libre capacidad para la creatividad. b) Aspecto de sociabilidad. La organización es un espacio de participación social y comunitario. La propuesta para la realización de un modelo de organización social de personas mayores y jubiladas que conlleve un ocio activo y una productiva utilización del tiempo libre se sustenta en una noción de la asociación como un importante medio para la interacción e inserción social de sus participantes. Se trata de un espacio de
NEW TRENDS IN MARKETING MANAGEMENT 715 participación y ocio para las personas mayores que rompa con aquel cariz paternalista y asistencialista propio de numerosas entidades recreativas y de caridad asociadas a la tercera edad o algunas instituciones que trabajan con personas ancianas, pero que no necesariamente están integradas y dirigidas por personas de la tercera edad. c) Aspecto genérico. Es necesario detenerse un poco para analizar la jubilación en las mujeres, en comparación con la de los hombres. En el caso de la mujer mayor, el trabajo y la jubilación presenta particularidades. Se constata que el potencial económico y social de funcionalidad de la mujer mayor es superior a la del hombre, ya que el perfil ocupacional del hombre es más rígido: en las sociedades industrializadas este está “programado” para proveer a la familia; en cambio, la mujer se mueve en la esfera familiar, educacional y social. El hombre, al perder los roles que formaban parte de su identidad social, pierde también la repercusión que puede tener en el ámbito de lo público. El trabajo doméstico de la mujer es de gran relevancia para la supervivencia social y cultural, pues ella participa en forma directa en el proceso de socialización de los hijos; sin embargo, se trata de un trabajo no reconocido o valorado socialmente. Cuando la mujer desempeña ambos roles (laboral y doméstico), lo hace en forma eficiente y equilibrada. El hecho de que la mujer se desempeñe tanto en la esfera privada (hogar) como en la pública (sociedad) le permite, por un lado, estar más preparada para adaptarse y enfrentar discontinuidades y, por otro, nunca jubila, pues, cuando la mujer abandona la actividad productiva, debe enfrentarse -ahora con tiempo completo- a la actividad reproductiva, es decir, al cuidado de los hijos (en la mayoría de los casos, nietos), al cuidado del esposo y de los ancianos (generalmente sus padres), y atender al sustento de la vida hogareña. Por lo tanto, la mujer no posee un rol sin rol como los varones, sino que, con su jubilación en el sector productivo, se enfrenta a una situación multifacética, aunque tales roles no son reconocidos ni legitimados socialmente y, por lo tanto, no constituyen un estatus social. Sus características diversificadoras no la limitan solamente al refugio en la familia; busca un equilibrio entre las relaciones familiares y otras actividades en el espacio público. Así, entonces, busca la continuidad de sus conexiones sociales. Por lo tanto, a la hora de estudiar el ocio en los mayores no debemos olvidar a la mujer, especialmente porque al referirse a la jubilación normalmente formamos el estereotipo del hombre que ha desempeñado una labor profesional fuera del hogar, olvidando así, tanto a las mujeres que han trabajado fuera del hogar como a las amas de casa. d) Aspecto de identidad. La organización debe permitir la realización de aquellas potencialidades que a esta edad se cree que ya no se pueden actualizar. Por medio de la participación se va tejiendo una determinada identidad de personas mayores, además de identificación con las actividades y el espacio de ocio. Al facilitar la interacción social se fomenta la realización de actividades diferentes a las domésticas a la vez que permite ir creando y abriendo espacios extra-domésticos, de identificación con los contemporáneos, lo cual no se encuentra en el hogar. e) Aspecto de bienestar. Espacio que aborde y privilegie las necesidades humanas y de su desarrollo. Que permita “recuperar” aquello que, simbólica y socialmente, se niega a las personas de la tercera edad: salud (autocuidado), actividad, energía, ánimo, relaciones sociales, amistad, ser personas activas, útiles, con vida, con seguridad y confianza en sí mismas y en la etapa del ciclo vital que están viviendo. Enfatizando en la búsqueda de maximizar la salud física, pues la práctica física es importantísima en la tercera edad.
CITIES IN COMPETITION 716 4. OCIO-TURÍSTICO EN LAS PERSONAS MAYORES En una sociedad como la nuestra, cada día más orientada al ocio (Goytia, 1998) la gente mayor representa un segmento de mercado atractivo para la industria turística, destacando su enorme potencial de crecimiento (Martin, L y Guido, K., 1997; Brewer et al., 1995). Se estima que para el año 2020 en España una de cada cuatro personas del total de la población será mayor de 60 años. Además, en las últimas décadas en los países más desarrollados del planeta la esperanza de vida se sitúa en una media de 75 años (Garau, 1998). El segmento de gente mayor, cada vez es más importante por su volumen, por su tiempo disponible, por la capacidad de viajar en cualquier temporada (lo cual evita la estacionalidad del turismo) y por el crecimiento de su poder adquisitivo (Garau,1998). Además, destaca la importancia a nivel mundial del interés por ofrecer desde las administraciones y empresas turísticas “calidad en las experiencias turísticas”, tal como reconoce el documento de “La Carta de Recife sobre Turismo de personas mayores, 1996”. Actualmente, la gente mayor en las sociedades denominadas avanzadas (Álvarez Sousa, 1994) espera encontrar en el viaje de ocio-turístico ya no tan solo la posibilidad de viajar sino la de obtener una experiencia psicosocial satisfactoria que les proporcione mayor bienestar y enriquecimiento personal. Además, uno de los ámbitos indispensables en la vida de la gente mayor al final del ciclo de vida, es el que se refiere a su tiempo de ocio, y especialmente el dedicado al turismo, puesto que, de alguna forma, va a influir junto a otros en su bienestar físico, mental y social (Vellas, 1986). Así, por ejemplo puede ayudar a alargar la esfera vital en contra del proceso de envejecimiento manteniéndolos “activos”y de otra parte a evitar uno de los mayores problemas que pueden presentar las personas mayores actualmente como es el de la “soledad”y la falta total de sentido en la ultima etapa de la vida. La actividad de ocio-turístico comporta viajar de “aquí para allá”y es ante todo una “practica social”a través de la cual las personas satisfacen necesidades vitales. En esta se pueden identificar varias dimensiones o componentes principales que como actividad refieren a: movimiento/desplazamiento hacia otro lugar diferente al de su residencia; una forma o manifestación de ocio; descubrimiento; interacción con el ambiente; experiencia; temporalidad; contacto intercultural y economía. Asimismo, en la experiencia turística intervienen procesos de interacción social como consecuencia de los efectos que la actividad turística tiene sobre los turistas y/o sobre la población local (San Martín, 1997). Además, la práctica de ocio-turístico se encuentra vinculada a la naturaleza de experiencia de ocio subjetiva, en la que intervienen las diferentes concepciones del ocio que con un carácter dinámico emergen en cada sujeto y que se irán modificando a lo largo de su ciclo vital (Kelly, 1996 citado en E. San Martin, 1997). Todo ello, puede provocar que los turistas le den un significado distinto y participen en esta actividad con sentimientos e ideas muy diferentes. De hecho, el ocio-turístico será el producto de experiencias personales junto con sus influencias situacionales y sociales (Iso-Ahola, 1980).
NEW TRENDS IN MARKETING MANAGEMENT 717 4.1. ¿CUÁLES PUEDEN SER LOS FACTORES DE LA REALIDAD PSICOSOCIAL QUE EN NUESTRAS SOCIEDADES AVANZADAS PUEDEN HACER QUE LAS PERSONAS MAYORES “VIAJEN”O “NO VIAJEN”? Si pensáramos que el hecho de viajar es exclusivamente el resultado de las condiciones sociales y culturales, se podría concluir que el hecho de viajar es la manifestación de un cambio social que se esta produciendo en las sociedades avanzadas, y que ello nos va llevar en nuestro proceso de equiparación con el resto de países más avanzados (Álvarez Sousa, 1994), a un incremento de nuestras personas mayores que viajan. Entonces, se podría atribuir que el fenómeno del viaje esta directamente relacionado con las nuevas “condiciones de vida” que se dan en nuestra sociedad actual. En nuestras sociedades avanzadas según Álvarez Sousa, 1994 se van a poder tener diversas oportunidades para la realización del viaje turístico para grupos e individuos, produciendo también una diferenciación social entre los que viajan con respecto a su comportamiento turístico, lo cual significa que pueden estar condicionados aspectos particulares y personales tales como la edad, el genero, la familia-hogar, el status, y las motivaciones, entre otros. Hasta el momento la mayoría de estudios han tratado de forma homogénea este colectivo, como una forma específica de viaje denominada “tercera edad” y basándose en la simple pertenencia a una categoría social económicamente desfavorecida y atribuyendo de manera uniforme una serie de razones por las cuales viajan o no viajan nuestros mayores, como las razones económicas, de salud, familiares, no gustarles el viaje, no querer viajar solos, darles miedo el viajar, etc. (Ortega, 1989). Recientemente, y debido a los cambios y transformaciones sociales y culturales se considera que este colectivo esta formado por una diversidad de turistas que reflejan de forma heterogénea intereses, actitudes y pautas de consumo realmente nuevas hacia la actividad de ocio-turístico (You y O’Leary, 1999) además de poseer mucha más experiencia de viaje, lo cual hace pensar en que puedan existir nuevas razones por las cuales nuestros mayores decidan o continúen viajando. Razones, por ejemplo causadas por el de una nueva distribución del tiempo libre (en el caso de las jubilaciones anticipadas); el cambio de lo rural a lo urbano; los cambios en las funciones de la familia (Álvarez Sousa, 1994) o los nuevos valores de una sociedad orientada al consumo, entre otros, los cuales han podido incidir no solo en facilitar un mayor acceso al ocio-turístico sino también en presentar nuevas necesidades y demandas en los turistas mayores. Por todo ello nos planteamos discriminar entre una serie de variables de tipo sociodemográfico, de estilo de vida y de percepción del ocio-turístico, las que mejor podían distinguir entre el que viaja y el que no viaja. Con ello, podríamos determinar las variables más significativas que pueden estar influyendo y caracterizando a la persona mayor que viaja y la que no viaja en su acceso a la actividad de ocio-turístico. De ahí, se podrían plantear muchas acciones e intervenciones eficientes, en algunos casos para anticiparnos a la clase de consumidor mayor que accederá al turismo, y en otros para obtener criterios de gestión y planificación del negocio turístico y de esta forma conseguir adaptar mucho mejor los productos a este segmento de futuro.