scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Investigación y género, avance en las distintas áreas de conocimiento : I Congreso Universitario Andaluz Investigación y Género, [libro de actas]. Facultad de Ciencias del Trabajo de la Universidad de Sevilla, 17 y 18 de junio de 2009

Full text

Presentación Dos hechos reciente s so n ejemplos del com pro miso de la U niversidad de S evilla con la consecución de la igualdad real: la creación de la Unidad para la Igualdad, y la aprobación del I Plan de Igualdad de Género por su Consejo de Gobier no. Uno de l os Objetivos específicos del Ámbito 2 “RESPO NSABILI DAD CO N LA SOCIED AD” del citado Plan, cuyo Objetivo estratégico es “Conseguir que la Universi dad sea un re ferente como Institución por la labor de Ig ualdad que realiza y por el co mportamiento de la comunidad universitaria”, es Incorporar y potenciar la inclusión de la perspectiva de género en la investigación. Para conseguir dicho Objetivo específico se definen varias líneas de actuación. Entre ellas: 1.-Potenciar la organización de congresos y encuentros que c olaboren a la formación del personal investigador sobre cómo incluir la perspectiva de género en sus investigaciones. 2.- Favorecer la difusión de los resultados de la investigación de estudios de género realizada en el seno o por com ponentes de nuestra universidad. En estas líneas se enmarca la celebración del Iº Congreso Univer sitario Andaluz “Investigación y Género” que tuv o lugar en la sede de la Fa cultad de Derecho de la Universidad de Sevilla los días 17 y 18 de junio de 2009. El Congreso fue concebido como un lugar de encu entro y aprendizaje de personas dedicadas a la investigación en materia de género en Andalucía m ediante la puesta en común y la transferencia de resultados entre el personal investigador especializ ado. El Congreso pretendía dar cabida a las investigaciones desarro lladas, finalizadas o en curso de realización, en nuestra comunidad autónoma, cubriendo todas las áreas de conocimiento ( Artes y Humanidades, Ciencias, Ciencias So ciales y jurídicas, Ciencias de la Salud, Ingeniería y Arquitectura) , ofreciendo la oportunidad de que el personal docent e e investigador andaluz pudiera transmitir cómo aplica la perspectiva de género a sus investigaciones y a su activ idad académica, y cómo trasciende a nuestra sociedad. El personal investigador que parti cipó en el mismo superó las ciento setenta personas (18% investigadores y 82% investigadoras) que debat ieron sobre más de un centenar de ponencias presentadas en formato póster o mediante comunicación or al en ocho mesas de trabajo. El Congreso contó con la participac ión de la Consejería para la igua ldad y el bienestar social de la Junta de Andalucía y el Instituto Andaluz de la Muje r . En el ámbito inter no de la Univ ersidad de Sevilla, junto a la Unidad para la Igualdad prom otora del evento, tuvo un papel destacado el V icerrectorado de Investigación. El Comité Científico del Cong reso lo integraron las siguie ntes investigadoras doctoras: Dra Dª Manuela Álvarez Girón Dra Dª Ge mma Inés Vicente Arregui Dra Dª Co nsuelo Flecha Garcí a Dra Dª. María Jesús Cala Carrillo Dra Dª María del C armen Garcí a Gil Dra Dª Ana Guil B ozal Dra Dª Ana S olano Pares Dra Dª María del Mar Gonz ález Rodríguez Con la seguridad de que no hay sistema científico viable que no cuente con las mujeres como sujeto y objeto de la invest igación y que el antídoto a lugares comunes en temas de género, feminismo y estudios de las mujeres está en la investigación, se han seleccionado en esta publicación las ponencia s, presentadas y defendidas, seleccionadas por el Co mité Científico para ponerlas a disposición de los mi embros de la Universidad de Se villa y de toda la comunidad científica. Isabel Vázquez Bermúdez Unidad para la Igualdad. Universidad de Sevilla. ÍNDICE PRESEN TACIÓ N ................................................................................................................... ........... 3 AGUILAR ALEJANDRE, MARÍA.Arquitectur a y Urbanismo con Perspe ctiva de Género ...............11 ALBA DORADO, Mª ISA BEL. Arquite ctas, un reto en el ámbito prof esional y docente ..................21 ÁLVARE Z LOMBARDE RO, LUCÍA NURI A.Mujeres e n la Ciudad. Rompiendo lo s límite s de género de l plantea miento urb ano mo derno .....................................................................................33 ARRUABARRENA UBETAGOY ENA, ANE. Re/construyendo a la Nueva Mujer. Presión estética so bre el cuerpo fe menino en la a ctualidad. Un a nálisis fílmico .........................................45 ASIÁN CHAVES, ROS ARIO. 1) A nálisi s de la segr egació n la boral p or cu estió n de género en l a mancomun idad de munic ipi os del Bajo Gua dalquivir .......................................................................................................... .............69 2) Percepció n subjetiva sobre la división d e roles en la s parejas co nvivientes ..............................85 3) Difere ncias de gé nero en los efe ctos de la bú squeda de concilia ción familia r y perso nal ....... 105 BARRIENTOS RA STROJO, JOSÉ. La apue sta por la mujer en la labor articu lístico-filosófica de María Zambrano ................................................................................................................. ...........123 BARRIONU EVO PÉREZ, RA QUEL. Escultoras andaluzas: traspasando e l umbral de lo convencional ................................................................................................................... ...............143 BASCÓN D ÍAZ, MIGUEL JESÚS. Género , adol escenci a y c onfl icto . El discur so ar gumen tativ o como acció n situad a en contexto ................................................................................................ .. 157 BOTELLO HERMOS A, ALI CIA. La me nstruación ¿miedos de l pasado? .................................... 179 CALA CARRILLO, Mª JESÚS. M ujeres que recuper an el control de sus vidas: estrategia s y recursos qu e utiliza n para su perar u na re lación d e malt rato ......................................................... 191 CANO-CABALLERO GÁLVEZ, M ª DOLORE S. Trans exualidad y t ransgénero desd e una visión de género ...................................................................................................................... .................211 CARO GONZ ÁLEZ, FRANC ISCO JAVI ER. Anál isis me tateór ico de los es tudios de muj eres en las empresa s informativas ...................................................................................................... .......223 CASADO MEJÍA, ROSA. Influencia del g énero en la adop ción de est rategias de p rovisión de cuidado s familiares info rmales a persona s depend ientes:diferencia s y desigualdad es ...............235 CASTILLO ANDRÉS, OSCA R DEL. Factores relacionados co n la equidad de género en la Educación Fí sica: influ encia d e los medio s de comunica ción .......................................................261 CHILLÓ N MARTÍ NEZ, RAQUEL. Co ntribución y ro l de las mujeres para la conformación de la fisioterapia e spañola .......................................................................................................... ............ 281 COBANO-DEL GADO PAL MA, VERÓNICA. Mu jer y matrimonio en Gran Casab lanca. Aspectos socioeducativo s ................................................................................................................ ............. 299 COLLANTES SANCHEZ, BEATRIZ MARIA. La evaluación del impact o de género en l a normativa estata l y autonó mica andaluza .....................................................................................313 CRUZ MAZO, ESTRELLA CANDELARIA. Vivienda y estructura del hogar en la provincia de Sevilla. Un a nálisis desde la perspe ctiva de géner o .....................................................................331 CUBERO TRUYO, A NTONIO. ¿Pe rspectiva de gé nero en los impuest os? La discriminación positiva en el I RPF .........................................................................................................................355 5 DÍAZ CUE VAS, Mª DEL PI LAR. La dimensió n territ orial de l a mujer i nmigrant e extr anjera en Andalucí a ...................................................................................................................... .................373 EGEA FERNÁND EZ-MONTESINOS , ALBERTO . Los e studios de género en el ámbit o de l a Antropología , la Literatura y las Arte s Plásticas: in vestigacione s en curso en el Centro de Estudios A ndaluce s ............................................................................................................. ..........385 FONDÓN GARCÍA, I RENE. Inge niería de Tele comunicación y género. In dicadores en la Universidad de Sevilla ......................................................................................................... ..........397 FREIXAS FARRÉ, ANNA. La sexualidad de las mujeres ma yores. Pe rspectiva evolutiva y psicosocial .....................................................................................................................................417 GARCÍA GARCÍA, FERNANDO. Revisiones de la imagen de la mujer e n el arte co ntemporá neo ...................................................429 GARCÍA GIL , CARMEN. Apo rtaciones de la perspe ctiva de género a la investiga ción epidemiológica ................................................................................................................. .............. 441 GARCÍA MARTÍ NEZ, JES ÚS. Terapia de victimas de violencia de género: el papel modulador de la person alidad ............................................................................................................. ............ 463 GARCIA PERE Z, RAFAEL. Diagn óstico de la Paridad en los Centros Educativo s: La Distancia de Paridad (Dp) ................................................................................................................ ............. 481 GIL GARCÍA , EUGENIA. Influ encia del consum o abusivo de alcohol en las co nductas de riesgo de los y las a dolescentes urb anos .............................................................................................. ...507 GÓMEZ Y MÉNDEZ, JOSÉ MANUEL. Tratamiento de la mujer y género en la prensa de Sevilla ............................................................517 GONZÁLEZ RODRÍG UEZ, Mª DEL MAR. Del man dato al deseo: la mate rnidad en solita rio por elección ....................................................................................................................... ...................531 GONZALEZ - PIÑAL PACHECO, RA MON. Identida des de padres y madres hacia una nue va cultura de g énero en la e scuela ................................................................................................ .....543 GUIL BOZA L, ANA. Géne ro y Psicología ......................................................................................555 GUZMAN ORDAZ, RAQUEL. Hacia un análisis in terseccio nal de los procesos migrato rios feminizado s y la ciudadanía .................................................................................................... ......567 JIMÉNEZ RODRIGO , MARÍA LU ISA. Quebr ando espejismos de igu aldad : el caso del con sumo femenin o de taba co ............................................................................................................. ..........591 LÓPEZ SA NTANA, P ABLO. Dublín: nu evos parad igmas-nue vas ciudade s .................................607 LOSCERTALES ABRIL, FELI CIDAD. La imagen social de las mujeres en los med ios de comunicación. Un estud io de caso: muje res director as de centros docente s en el cine ..............623 LUQUE SALAS, B ÁRBARA. Itin erarios profesio nales y trayectoria de vida. Análisis de sde una perspectiva de género .......................................................................................................... .........641 MACIAS S EDA, JUA NA. Act itud frente a la violencia de gén ero en el a lumnado de E nfermería y su rela ción con la formación u niversitaria recibi da ........................................................................653 MANCINA S CHÁVEZ , ROSALBA . Mujere s animadas. A nálisis de los estere otipos de gé nero en series de dibujo s animados ..................................................................................................... ......663 6 MARCENARO GUTIERREZ, OSCAR DAVID. Un a nálisis empírico de la s dificultades de conciliació n de las mujeres andalu zas y españo las ...................................................................... 677 MÁRQUEZ CARRASCO, C ARMEN. Lo s derec hos hum anos de las mu jeres y la jus ticia internacio nal penal .........................................................................................................................717 MARTINEZ JIMENEZ , ROCIO. Trayectoria y liderazgo de la mujer en la empresa familia r ...........................................................735 MARTÍNEZ TORRE S, Mª DEL ROCÍO . Desarr ollo de comunida des vir tual es en el ámb ito d e la violencia de género ............................................................................................................ ............ 753 MASERO MORENO, INMACULADA. Evolución del g ap salarial d e géne ro por nive les de estudios: An dalucía y e l resto de las Comunid ades Autó nomas e spañolas .................................767 MORALES C APARRÓS, Mª JES ÚS. La ig ualdad d e género e n el pla n estratégico de la Universidad de Málaga. S u análisis a través de indicadore s ........................................................779 MUÑOZ SÁNCHEZ, ÁNGELA Mª. 1) Perp ectiva de género en la docencia universitaria: e l Semina rio de Co educación d e la Universidad de Málaga .......................................................................................................... ........805 2) Estilos de vida del alu mnado un iversitar io: d atos de un estudio preliminar con estu diantes de Psicologí a .................................................................................................................................815 NÚÑEZ DOMÍNGUEZ, TRINIDAD. 1) Mujeres directoras: una radiog rafía de veint e años de cine español ...............................835 2) Barre ras en el acces o y la promoc ión prof esion al de l as mujeres : argum entos pa ra el cambio ..........................................................................................................................849 NÚÑEZ VALDÉS, JUAN. 1) Las d ificultade s sufrida s por una mujer para llegar a se r Biomate mática: Na ncy Kopell ......................................................................................................... ...............863 2) ¿Alcan zaría siqui era a pen sar Hil bert que la resol ución del dé cimo de los probl emas por él plan teados pod ría venir de la mano de una mujer: Julia Robinson ................................. 873 3) Carmen Martíne z Sancho y el Institut o Murillo de Sevilla: una rela ción de entrega y Generosid ad .................................................................................................................... ..883 ORELLA NA RAMÍ REZ, Mª DEL CA RMEN. Efe ctos modula dores del género e n la conducta antisocial de estudiantes de se cundaria ........................................................................................ 897 OSUNA CABEZA S, MARÍA JOSÉ. La importancia d e Zenobia Camprub í en el ámbito de la Filología ...................................................................................................................... ...................921 PADILLA CA RMONA, M. TERE SA. Estudio explor atorio de las aspiraciones y expectativas educativas, profesion ales y vitales de las ch icas que finalizan la escola ridad obligato ria ............937 PANADE RO DÍAZ, MATIL DE. Gene ro y estilos de vida: el uso de medicina s compleme ntarias y alternativa s en las sociedades a vanzadas ....................................................................................947 PARADAS GONZÁLE Z, Mª DEL ROCÍO. La tent aci ón de lo impo sible: Alonso Cueto y las vo ces femenin as del Perú en Grande s Miradas, La hora a zul y El susurro de la mujer ballena ............. 957 PEINADO RODR ÍGUEZ, MAT ILDE. Entend er el modelo de muje r en el fr anquism o des de la herencia del siglo XIX ....................................................................................................................973 PEÑA ALGABA, CA ROLINA. Dife rencias de género en la percepción y valoración del do lor y de la dimensón emocional t ras un pro grama d e ejercicios en adultos ...............................................987 PEREZ CANO, MA RIA T ERE SA. El urbanismo desde una perspect iva de géne ro ¿es po sible? ....................................................1003 7 PIEDRA DE LA CUADRA, JOAQUÍN. 1) La activid ad física en mujeres mayore s de etnia gitana ..........................................................1013 2) Estudio exploratorio de lo s hábitos de activi dad física de las mujere s universit arias mayo res de 55 años, de la Unive rsidad de Sevilla ..................................................................................... 10 25 RAMOS B ENEDI TO, IRE NE. Perfil p sicológico de un grupo de menore s cuyas madres han sido víctimas de la vio lencia de gé nero ............................................................................................. ..1037 REBOLLO CATAL ÁN, Mª ÁNGE LES. Tecn ologías para la Coed ucación y la Igua ldad: el proyecto Teo n XXI .............................................................................................................. .........1063 REINA GI MÉNEZ, AMA LIA. Proyect o 70 Y +: Una experiencia de alfabetización e n las TIC a mujeres mayores ................................................................................................................ .........1077 RICON BALDESSARINI, SONIA. Pe rspectivas pa ra una discusión d e la cuestión de g énero en el pensa miento arquit ectónico .................................................................................................. ...1095 RODRÍGUE Z FERNÁ NDEZ, CA RMEN. Ind icadores de g énero en e l atletismo e spañol ...........1113 RODRIGUEZ FRANCO, LUIS. La violencia de género entre pa rejas d e novios universit arios ...................................................1123 RODRÍGUEZ RA D, CARLOS JAVIER . La mujer emprendedora en el secto r de la prensa: análisis del efecto d el género ................................................................................................. .....1145 RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, AUGUSTO RE MBRANDT. Violencia y género : l a preservación de la integridad f emenina co mo nece sidad de p rimer orden ............................................................... 1157 ROJO LÓPE Z, TERESA . Las Mujere s frente a lo s reto s de la S ociedad E cológica. El Ecofeminism o andaluz ........................................................................................................... ......1173 ROMÁN ONSALO, MA RISA. Segrega ción ocupaciona l y empleabilidad en el sector andaluz de la construc ción ................................................................................................................ .............1191 RUBIO ALEGRE , ROCÍO. Necesidad acción me diadora en zona s rurales para fomenta r emprendimie nto feme nino ........................................................................................................ ...1211 SAAVEDRA MA CÍAS, FRA NCISCO JAVIER. Expl orando las em ocio nes de mujer es cui dador as en el co ntexto famili ar: Exp eri encias de talleres psico educativos en la provincia de Sevilla ......................................................................1231 SALA, ARIA NNA. De la deconstrucción de la identidad de género a la deconst rucción de la identidad sexual ............................................................................................................... ............1247 SALES DEL GADO, MA RÍA FRANCISC A. La otra Generació n Beat: una visión femenina a través de la escritura aut obiográfica .......................................................................................... ..1265 SÁNCHEZ SÁNCHEZ, Mª ELENA. Influen cia de la práctica de acti vidad físico-deportiva en la autoestima e n muje res .......................................................................................................... ......1275 SUÁREZ SERRA NO, CARMEN. Apo rtación de la Fisioterapia Perineal en la percepció n que las mujeres con incontin encia urina ria tienen d e su estado de salud ............................................... 1287 TERRÓN CARO, MARÍA TE RESA. Ed ucación de hijas e hijos de inmig rantes marro quíes en el ámbito fa miliar ................................................................................................................ .............1303 TORREGRO SA PELÁ EZ, BEA TRIZ TERESA . Género , Identida d Y Ciudad anía en las Obra s de Anita Desai.................................................................................................................... ...............1317 8 TRAVERSO CORTÉS, JOAQUÍ N. Sensibili dad de género en las p áginas Webs de las universidade s públicas andaluzas ............................................................................................... 1343 TRIVIÑO CAB RERA, LAURA. La edu cación artística en el Cádiz decimonón ico desde una perspectiva de género .......................................................................................................... .......1361 URUBURU COLSA, JUAN MANUEL. La igualdad de g énero en los países árabes: nuevos desarrollos legislativos ....................................................................................................... ..........1373 VADILL O RODRÍGUEZ, MA RISA. La decon strucción d el cuerpo femen ino: el "no-lugar" en el arte ........................................................................................................................... ....................1385 VAZQUEZ CUE TO, MARI A JOSE. Eficiencia d e las unive rsidades p úblicas es pañolas d esde una perspe ctiva de gé nero ...................................................................................................... ....1403 VAZQUEZ ME DEL, MANUEL Á NGEL. El hilo de Ariadna: la mujer y lo fe menino en la sa lida del laberinto ...................................................................................................................... ................. 1413 VEGA CARO, LUIS A. Las a ctitudes del p rofesorad o hacia la iguald ad ......................................1423 VENEGAS ME DINA, MA R. El género en la política afectivosexual como forma de investigació n social ......................................................................................................................... ................... 1435 VILLEGAS SÁNCHEZ, ROSARIO. Presencia fem enina en las carreras de Ingeniería en la Universidad de Sevilla ......................................................................................................... ........1455 VIVAS TES ÓN, INMAC ULADA. Mujer y Disca pacidad ...............................................................1469 . YANGUAS ÁLVAR EZ DE TOLEDO, A NA. El género de la arquite ctura ...................................1489 9 ausentes en los barrios residenciales para ser alojados en grandes alm acenes a los que se accede con vehículo privado y en escasos puntos de la ciudad, fomentando, de esta manera, una cadena de tareas m ás compleja para la m ujer, especialmente para aquellas pertenecientes a la tercera edad o presentan una situación compleja como el caso de las madres solteras. Según Zaida Muxí, directora de la Cátedra Habitar 2.0 de la Universidad de Córdoba, debido a este fuerte uso de los equipamientos por parte d e las mujeres el espacio de los equipamientos necesita entretejerse al espacio público de la ciudad con la máxima permeabilidad y flexibilizando su utilización para maximizar el uso del los espacios. Su distribución el territorio en relación a los usos y a las redes de movilidad garantiza la calidad de vida, porque los convierte en estrategias para fomentar redes sociales, generar intercambios de servicios y posibilitar diferentes tiempos de uso acercando su funcionamiento a la complejidad de la vida cotidiana. 3 Pero no sólo en lo referido a equipamientos para el desarrollo de tareas se producen vacíos y carencias relativas a la visión producida desde el género. También en los equipamientos referidos al ocio se detecta una dotación que no atiende a las actividades que realizan las mujeres en su tiem po de ocio, que, cuando son preguntadas, responden en el siguiente orden de preferencias sobre las actividades para desarrollar su tiempo libre: caminar, relacion arse con amigos y fam iliares y, en cuarto lu gar y de m anera rezagada, practicar deporte. Sin em bargo, son muchas las inversiones realizadas en grandes pabellones deportivos y menos las realizadas en p rocurar espacios culturales seguros y disponibles para la convivencia y el bienestar de la mujer. Cítese com o una iniciativa cultural y de ciudadanía con perspectiva de género de carácter genial el programa “Mujeres, Ciudad y Patrim onio”, el objetivo de esta iniciativa es llenar el vacío documental que existe sobre el papel histórico de las m ujeres como parte de la cultura, haciéndolas protagonistas de unos recorridos culturales por Córdoba. El hilo conductor de estos paseos guiados se centra en una visión igualitaria, otorgándole a las mujeres cordobesas, anónim as e ilustres, el papel destacado que se m erecen en la historia de la ciudad”. Por otro lado, Eva Fernández (Diputada de Igualdad de Córdoba, señalaba que “otros de los objetivos fundamentales de este proyecto ha sido concienciar a las mujeres de su propia relevancia dentro de nuestra cultura, a la cual contribuyen de manera importante”. 4    3  Muxí,  Z.  y  Casanovas,  R.  Urbanismo  con  perspectiva  de  género.  Congr eso  de  Arquitectos  de  Es paña.  Valencia,  2009.  4  Mujeres,  Ciud ad  y  Patrimonio.  Guía  de  Paseo s  por  Córd oba .  Diputación  Provincial  de  Córdoba.  2008.  Ilustración  3  Mujeres,  Patrimonio  y  Ciudad. Guía  de  Paseo s  por  Córdoba. 16 Espacio Público. El espacio público pensado para la equidad de género favorecería la autonomía y la socialización de las personas ya que se pensaría priorizando en su diseño y trazado las necesidades de hom bres y mujeres. Reclam ar el buen diseño de aceras, bancos, plazas y jardines es una tarea necesaria en tanto y en cuanto favorece el uso de las distintas comunidades sociales favoreciendo la creación de redes de apoyo entre am igos y vecinos y, en el caso de ser espacios no sólo cómodos, sino también seguros, adoptan funciones de equipamiento de apoyo, siendo espacios donde pueden estar tranquilamente los m ayores y los niños sin atender a peligros inminentes. Como bien decía Jane J acobs, autora y activista comunitaria norteam ericana, “Sentir se seguro en una ciudad significa sentirse seguro en sus aceras” 5 . Para ello enunciaba como síntom as de seguridad de los espacios pú blicos la detección inconscien te de una red de controles activados, reflejos de voluntariedad de sus habitantes así como la reducción de la presencia policial, que en sociedades avan zadas, genera predisposición hacia el sentimiento de inseguridad. El diseño de un espacio público seguro y funcional fomenta un ensanchamiento de la franja horaria en la mujer puede hacer uso de la ciudad sin sentirse coartada por la ausencia de dispositivos que velen por su seg uridad. De esta form a se posibilitarían mayores incorporaciones de la m ujer a trabajos con turnos de noche o fuera del horario comercial. Para ello Jane Jacob s también n os propone algunas como acciones la correcta delimitación entre espacio público y privado que no genere espacios de dudas y propicios para el ataque y la no vigilancia ciudadana, el registro de los espacios públicos desde el interior de las viviendas y procurar que las calles estén pobladas mediante mecanism os de activación. Según Zaida Muxí “ entre los factores espaciales que colaboran en la percepción de se seguridad están la visibilidad, la claridad y alternativa de recorridos, la variedad de usos y actividades y la presencia de gente diversa ” 6 . Para favorecer el sentim iento de pertenencia y seguridad en los espacios públicos se tiene que cuidar especialm ente la iluminación de los espacios para peatones evitando vallas, m uretes y escaleras que generen rincones escondidos. Sólo mediante un espacio público accesible y seguro podremos disfrutar de una ciudad contemporánea titular de un soporte espacial en el acoger a sus ciudadanos. Vivienda y Arquitectura sin género. Defendida la idea de una ciudad por y para las mujeres, se ha de matizar aún m ás esta defensa en el espacio de la vivienda, entendiendo que es el tejido residencial el generador urbano por excelencia y la vivienda el espacio esencial, junto con la ciudad, donde la mujer desarrolla su habitar. Por tanto, la arquitectura, en su comprom iso con el género, ha de revisar también el espacio del habitar fundamental: la vivienda,    5  Jacobs,  J.  Muerte  y  Vida  en  las  Grandes  Ciud ades.  Editorial  Península  Ediciones.  Barcelona,  1973.  6  Muxí,  Z.  y  Casanovas,  R.  Urbanismo  con  perspectiva  de  género.  Congr eso  de  Arquitectos  de  Es paña.  Valencia,  2009.   17 actualmente jerarquizada y dividida en zonas de estancia y zonas de trabajo en las que no se propicia la interacción y el comprom iso igualitario. Si para muchos, al concepto de “casa” va unido el concepto de relax, descanso, ocio o libertad, para la mayoría de las m ujeres españolas a la “casa” le son atribu idos estos significados pero siempre precedido de otro más importante “la casa com o lugar de trabajo”. La realidad, sin embargo, es que las viviendas no son diseñadas para desarrollar este trabajo y han estado más enfocadas en la idea de d escanso y ocio, propiciando al salón una ubicación amplia y central y relegando la cocina a un espacio mínimo y aislado. Tam poco se ha tenido en cuenta el mantenim iento de los espacios del hogar y en muchas ocasiones han sido diseñados sin ser fácilmente registrables por quien los limpia y habita. Las nuevas tipologías deben de avanzar, y algunas ya lo han hecho, hacia una vivienda flexible que permita albergar a personas de edad avanzada sin m enoscabo de su calidad de vida así com o asumir los distintos cam bios que presenta la institución fam iliar contemporánea. El espacio de la vivienda es susceptible de propiciar el reparto de tareas mediante una correcta jerarquización espacial: la cocina en p osición central y abierta al salón propicia la interacción de quien trabaja con el resto de habitantes del hogar. Además, se debería de empezar a trabajar en la integración del trabajo remunerado en el propio hogar, opción que están em pezando a adoptar las cabezas de familia gracias al desarrollo de las redes de información. En lo que a vivienda colectiva se ref iere es importante la generación de espacios entre vecinos, haciendo un uso compartido de los servicios y construyendo espacios de tránsito que propicien la aparición de redes de apoyo. Ilustración  3  La  cocina  co ntemporánea  Hacia un proceso participado. Para llegar a la construcción de una ciudad equitativa es importante un estudio profundo de las necesidades de la mujer, en prim er lugar, y, en segundo lugar, asegurar la participación de las m ismas a la hora de es tablecer los mecanism os de mejora a los que Ilustración  5 Matrimonio  americano.  1965. 18 den lugar dichos estudios. Para ello, es importante contar con una cuota alta de representación femenina en todos los ámbitos de la arqu itectura y urbanismo donde se produzcan toma de decisiones. Las arquitectas nos encontramos hoy día en una batalla iniciada aún por conquistar. Tan sólo hace 70 de años de la licenciatura de Matilde Ucelay, prim era arquitecta española. En tan corto período tiempo el núm ero de estudiantes mujeres que se matriculan año tras año en las Escuelas de Arquitectura se ha equiparado al de los estudiantes varones, sin embargo, tras superar los estud ios y empezar a asum ir la doble carga de trabajo, las arquitectas desaparecen gradualm ente de los puestos de toma de decisiones en administraciones, escuelas técnicas y estudios profesionales para convertirse en excelentes colaboradoras asalariadas, norm almente a media jornada y con poca libertad de decisión. Habiendo establecido una base importante de participación de las m ujeres ciudadanas, es muy importante velar porque la transm isión de necesidades, toma de decisiones y orientación de los gastos e inversión sean trasladados a lo más alto de la pirám ide, donde se necesita representación femenina o masculina pero com prometida siem pre con los problemas de género. Ilustración  6  Matilde  Ucelay.  Primera  arquit ecta  espa ñola.  Ciudad y género. Un matrimonio posible. Como se ha explicado hasta ahora, las herramientas actuales de p lanificación del territorio y del desarrollo arquitectónico son útiles para la construcción de una ciudad igualitaria siempre y cuando incorporen la perspectiva de género a todo lo largo y ancho de sus aplicaciones y planteamientos. 19 Pensar la ciudad en femenino significa pensar la ciudad en términos de sostenibilidad y para ello es fundamental atender a las neces idades fundamentales de la mujer que se presentan fundamentalmente en el desarrollo de su día a día. Por ello, no es casual, el término acuñado com o “infraestructuras de la vida cotid iana” para reclam ar aquellas dotaciones que permitan a la m ujer un habitar ciudadano m ás sostenible. Del mismo modo, incorporar la perspectiva de género, se traduciría en una integración de los usos y de su proximidad, de m anera que los tejidos residenciales estén siempre completamente equipados para el desarrollo de las cadenas de tareas. En este sentido, tener en cuenta a la mujer significa pensar en profundidad en la escala cercana y en la inversión pública, ya que son ellas la más partícipes de sus resultados y las que m ás necesidades presentan a este respecto. La ciudad en términos de igualdad es posible y suscep tible de ser construida, siempre será más sostenible para la sociedad y posibilitará un aum ento en la calidad de vida de sus ciudadanas siempre y cuando vaya acom pañada de una evolución en el reparto de tareas entre hombres y mujeres. 20 ARQUITECTAS, UN RETO EN EL ÁMBITO PROFESIONAL Y DOCENTE Alba Dorado, María Isabel Departamento de Proyectos Arquitectónicos. Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla. [email protected] RESUMEN La mujer está protagonizando un cambio prof undo, esencial, en el entendimiento de la disciplina arquitectónica. Su incorporación masiva a la vida laboral y al ámbito público en los últimos años ha supuesto un cambio radical en la concepción de la vida cotidiana que, sin embargo, las ciudades y los espacios en los que habitam os no están preparados para asumir. Adaptarse a las nuev as demandas de la sociedad requiere una revisión constante y nueva de los criterios habituales aplicado s al diseño de la vivienda y a la definición de espacios de encuentro entre lo público y lo privado que faciliten la conciliación de la vida laboral, fam iliar y de ocio. Desde el ámbito de la universidad es necesario que el alumno explore, a partir de una observación crítica, la escena social contem poránea que le rodea. Es preciso traer a las aulas la discusión sobre estos temas con el objetivo de formar a profesionales con capacidad de proponer desde la arquitectura, en todo su amplio espectro de posibilidades de actuación –programas, organizaciones so ciales, soluciones u rbanas, propuestas arquitectónicas…-, respuestas concretas que asuman el com promiso de conectar con las personas y hacer frente a estos problem as complejos de la realidad. PALABRAS CLAVES Investigación, Género, Arquitectura, Urbanismo y Docencia La arquitectura y el urbanismo, durante m ucho tiempo, han sido concebidos desde una perspectiva de trabajo tradicionalmente m asculina, lo que ha llevado a la m ujer a protagonizar una situación de desigualdad que aún persiste en el medio social en el que vivimos, a pesar de qu e su presencia en éste comienza a ser un hecho im parable y progresivo. La emancipación de la mujer y su incorporación m asiva a la vida laboral y al ámbito público en los últimos años ha supuesto un cam bio radical en la concepción de la vida cotidiana que, sin embargo, las ciudades y los espacios en los que habitam os no están preparados para asumir. Es por ello, que se precisa que todas aquellas reflexiones que se realicen en torno al diseño de la ciudad trasciendan aquellas otras que han permanecido vigentes hasta fechas recientes y que se basan en la supremacía de lo m asculino, con el objetivo de poner en crisis los modelos de planificación y diseño de la ciudad actual para incorporar en éstos la participación de la m ujer, pues, com o dirá Ascensión Martínez, las mujeres también somos ciudad 1 . 1 MARTÍNEZ, Ascensión (Grupo Las Muje res y la Ciudad, San Sebastián) citado en Construir en paridad: ciudad, arquitectura, constr ucción y mujeres . Sevilla: Instituto Andaluz de la Mujer, 2004, pág. 51. 21 En este sentido, sería necesario tener en cuenta la influencia del género en el estudio, teorización, diseño, proyección, ejecución y gestión de la arquitectura y el urbanism o de modo que se dé respuesta a los déficits que se les han reconocido a las mujeres atendiendo a sus deseos y necesidades. Para ello, se precisa de la definición de espacios igualitarios que traten d e satisfacer a la diversidad de la sociedad contemporánea. Un tratamiento m ás igualitario sería aquel que otorgase cada vez m ás importancia a la diferencia, la cual constituye uno de los rasgos característicos de la sociedad actual, a favor de un espacio que no discrimine, que no establezca desigualdades y que no impida el desarrollo de los diferentes miem bros que lo integran. Por tanto, incorporar la perspectiva de género en el diseño de la ciudad es reconocer la existencia de necesidad es específicas de cada género que vienen a cuestionar los modelos universalistas de la modernidad para atender a estas necesidades diferenciales con el objetivo de promover una mayor iguald ad entre hombres y mujeres. Pues, como señala Inés Sánchez de Madariaga: Estudios urbanos han mostrado los efectos diferenciales de la arquitectura y el urbanismo sobre las personas, no ya sólo por clase, sino también por género, etnia, raza y generación, y cómo estas nuevas categorías analíticas son fundamentales a la hora de reformular unas prácticas que aspiren a incidir en el desarrollo de las ciudades con un objetivo de promover la igualdad para todas las personas. Las prácticas convencionales de la arquitectura y del urbanismo, que consideran al individuo como un ser universal, supuestamente igual en todo lugar y momento, pero cuyas características responden a las del varón blanco en buen estado de salud, no responden a la diversidad de las necesidades de las personas en la ciudad. (...) Así, una arquitectura y un urbanismo que hoy en día quieran ser sensibles a las necesidades de todas las personas en la ciudad se deben abordar como una arquitectura y un urbanismo concebidos para promover la igualdad en la diversidad. Y la diversidad debe responder a las diferencias entre los grupos sociales no sólo en razón de su clase, sino también en función de su género, etnia, raza y generación 2 . En este sentido, una redefinición de las prácticas de diseño de la ciudad desde la perspectiva de las mujeres debe partir del entendimiento de que sus cualidades, experiencias y saberes, tal y como coinciden num erosas investigaciones desarrolladas en este ámbito, no só lo son importantes sino, adem ás, muy necesarios en el campo de la arquitectura y el urbanism o. Como dirá Denisse Scott Brow n: En todos estos sentidos nosotros arquitectos, como arquitectos, deberíamos adoptar una postura diferente de aquella del escritor políticamente comprometido, o la del que nosotros mismos podemos tomar como polemistas, publicistas, y políticos –papeles tan abiertos a nosotros como a cualquiera-, pero deberíamos anunciarlos. Mientras tanto, el movimiento de las mujeres, ayudándonos a ver nuestras ideologías heredadas con una nueva luz, ha abierto las puertas a todos los arquitectos a construir para nuevas pautas de vida y, sin afirmar o negar nuestras ideologías profesionales, para actuar como idealistas más que como ideólogos 3 . 2 SÁNCHEZ DE MADAR IAGA, Inés: “La interve nción e n el territorio, una práctica en trans formación. El papel de las mujeres en la arquitectura y el ur banismo, de Matilde Ucelay a la primera generaci ón universitaria e n paridad”, en Arquitectas, un reto profesi onal: J ornadas Internacionales de Arquitectura y Urbanismo desde la perspectiva de las arquitectas . Madri d: Escuela Técnica Supe rior de Arquitectura de Madrid, Universida d Politécnica de Madrid, 2008, pág. 69-70. 3 SCOTT BROWN, Denise: “Through the Looki ng Glass: Reply to Joan Ockm an”, en The sex of architecture . 22 Cartel de la Exposición: “Who does public space belong to –wom en’s everyday life in the city” [A quién pertenece el espacio público. La vida diaria de las mujeres en la ciudad], 1991. Fuente: Arquitectas, un reto profesional: Jornadas Internacionales de Ar quitectura y Urbanismo desde la perspectiva de las arquitectas . Madri d: Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, Universidad Politécnica de Madrid, 2008, pág. 18 . Pero si bien, la integración de cuestiones de género se ha hecho de una form a global y extensiva a los distintos campos de la cultu ra, la ciencia y el pensamiento, en el cam po del urbanismo y la arquitectura esta reflexión es más reciente Así pues, observamos com o la incorporación de la mujer a la profesión de la arquitectura se produce en nuestro país de una form a lenta y tardía, como consecuencia de la pérdida de derechos que ésta sufre durante el franquismo. Con la llegada de la democracia el núm ero de mujeres que estudian arquitectu ra comienza a increm entarse de forma continua. De este m odo, observamos como en la últim a década su presencia en la universidad es m ás que visible hasta llegar en la actu alidad a una situación en la que, por primera vez, m ás de la mitad de los alum nos de primer curso de las escuelas de arquitectura españolas son mujeres. Matilde Ucelay, primera arquitecta española, en su casa de Madrid (izquierda). Rita Fernández-Queim adelos, segunda arquitecta española, y sus c ompañeros de la Escuela de Arquitectura. 1935 (derecha). Fuente: Con struir en paridad: ciudad, arqu itectura, constru cción y mujeres . Sevilla: Instituto Andaluz de la Mujer, 2004, pág. 30. 23 Arquitectas pioneras de aquellos primeros años de form ación fueron: la finlandesa Aino Marsio Aalto, la norteamericana Ray Eam es, la irlandesa Eileen Grey, la escocesa Margaret Mc Donald Mackintosh, la francesa Charlote Perriand, la española Matilde Ucelay o la inglesa Alison Smithson. El reconocim iento del trabajo de muchas de ellas se debió a la asociación profesional de éstas con sus com pañeros arquitectos de modo que aquellas que, por el contrario, trabajaron de forma independiente, nunca obtuvieron el mism o reconocimiento. Las arquitectas pioneras. Fuente: Construir en pari dad: ciudad, ar quitectura, c onstrucción y muje res . Sevilla: Instituto Andaluz de la Mujer, 2004, pág. 28. Esta negación o discriminación del trabajo d e la mujer en el cam po de la arquitectura la encontramos com o señala el arquitecto Mark Wigley en una multiplicid ad de niveles en el discurso arquitectónico: la producción activa de distinciones de género se puede encontrar en cada nivel del discurso arquitectónico: en sus rituales de legitimización, prácticas de contratación, sistemas de clasificación, conferencias técnicas, imágenes publicitarias, información canónica, división del trabajo, bibliografías, diseño de convenciones, códigos legales, estructuras salariales, prácticas de publicación, lenguajes, ética profesional, protocolos de edición, créditos de proyectos… 4 Asimismo, observam os cómo, además, la Historia de la Arquitectura ha negado durante años un reconocimiento a la contribución y participación de la m ujer en la arquitectura siendo, su ausencia, protagonista a lo largo de la historia frente a la omnipresencia del género masculino. Como dirá Virginia Woolf, el término feminismo no se refiere a las mujeres como objetos de amor u odio, ni siquiera como objetos de injusticia social, sino que 4 WIGLEY, Mark: “Sense títol: L’allotjam ent del gènere”, en COLOMINA, Beatriz: Sexualitat i espai. Barcelona: Uni versidad Politécnica de Cataluña, 1997, pág. 227. 24 desarrolla la perspectiva que las mujeres aportan como sujetos, una perspectiva cuya existencia ha sido ignorada hasta ahora 5 . En cualquier caso, el pap el que jugaron estas arquitectas pioneras fue de gran relevan cia en la medida que fueron ellas las que com enzaron, no sin grandes dificultades, a abrirse camino en casi todos los ám bitos de la práctica profesional de la arquitectura en nuestro país. A pesar de ello, esta integración no ha sido total en relación a un acceso de la mujer a puestos de responsabilidad y visibilidad. Sin embargo, observamos com o en la actualidad las m ujeres arquitectas están protagonizando un cambio, una transformación profunda y esencial en el entendimiento de esta disciplina a partir de una reflexi ón que incorpora una visión de la arquitectura hecha desde la perspectiva y la ex periencia de la m ujer en la ciudad y su entorno inmediato. Lo vemos en las ú ltimas Bienales de Arquitectura en las que el papel de la m ujer arquitecta adquiere un mayor protagonism o. Buenos ejemplos de este hecho son: la Casa Poli de Sofía von Ellrichshausen y Mauricio Pezo, Premio a la Mejor Obra de Arquitectura Joven de Autor de la V Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo, y la Torre Cube de Carme Pinós, Prem io de la IX Bienal Española. Casa Poli. Arquitectos: Sofía vo n Ellrichshausen y Mauricio Pezo. Fuente: Arquitect ura Viva nº 112, 2006, pá g. 37. 5 WOOLF, Virginia citada en SERRANO DE HARO, A.: Mujeres en el arte. Plaza & Janés, 2000, pá g. 97. 25 MUJERES EN LA CIUDAD ROMPIENDO LOS LIMITES DE GÉNERO DEL PLANEAMIENTO URBANO MODERNO Nuria Álvarez Lombardero Departamento de Proyectos Arquitectónicos ETSA Sevilla Universidad de Sevilla [email protected] [email protected] Resumen Desde los orígenes del planeamiento urbano moderno, ciertos grupos sociales han sido sistemáticam ente marginados en el diseño de nuestras ciudades. La fuerte relación entablada desde un principio entre esta joven disciplina y los poderes económicos y políticos establecidos han llevado a desarrollo de distintas formas de control o exclusión para ser impuestas a esos individuo s desposeídos de cualquier poder. El caso de las mujeres es especialm ente paradigmático en relación a este tem a. A pesar de haber sido comúnmente consideradas como parte d e esos “otros” grupos sociales marginados de la vida urbana y la esfera pública, desde finales del siglo diecinueve las mujeres han sabido encontrar su manera de definir un espacio propio en la vida urbana moderna, encontrando patrones de libertad dentro de un marco preestablecido de franca hostilidad física. Las mujeres, qu ienes tradicionalm ente han sido confinadas al espacio doméstico, rom pieron los límites entre público y privado extendiendo su espacio interior hacia la ciudad moderna. El objetivo de esta ponencia es mostrar, en diferentes m omentos del planeamiento moderno de las ciudades Europeas, las condiciones espaciales y los diferentes ambientes generados en estos lugares que las mujeres com enzaron a sentir como propios dentro de la fábrica urbana moderna. A través de ellos se comienzan a cuestionar los lím ites establecidos entre público y privado. Palabras Claves Mujer-Ciudad-Control-Paris-Grand es Almacenes-Escaparates-Londres-Sufragistas 33 A lo largo de la historia de nuestras ciudades las mujeres han experimentado una difícil y compleja relación con los espacios públicos urbanos. Una idea extendida casi hasta nuestros días es que la fundación y crecim iento de las ciudades Europeas debía basarse en la adaptación de la organización prim itiva de los asentamientos hum anos en forma de familias o grupos de familias, situando a las mujeres com o guardianas de los espacio s domésticos. Com o resultado de esta ideología, cualquier presencia de la mujer fuera de estos límites privados establecidos fue tradicionalm ente percibida por el resto de la sociedad como una amenaza o un peligro. No ob stante, con el desarrollo del proceso de industrialización a principios del siglo XIX esta situación de limitación por género inició un proceso de cambio. Las m ujeres comenzaron a estar gradualm ente presentes en la vida pública por su incorporación tanto al mercado de trabajo manufacturero como al mercado de consum o de los productos fabricados; y es de esta manera, a través de sus paseos diarios, ya sea a la fábrica o al comercio, que estas m ujeres comenzaron a cuestionar los límites patriarcales que el planeamiento urbano les había impuesto. A pesar del conflicto generado por la presencia de las mujeres en los espacios públicos, ciertas nuevas tipologías edificatorias proporcionaron soluciones espaciales conciliadoras. Un ejemplo tipológico claro fue el gran alm acén. El diseño de este edificio comercial no solo respondía a una e xposición de las mercancías producidas en masa, sino que tam bién proporcionaba las cualidades espaciales intermedias, entre público y privado, que las mu jeres necesitaban. Sin embargo, a pesar de la liberación que el gran almacén parecía representar, uno de sus elem entos mantenía aún el con trol sobre la mujer a través de la m irada: el escaparate comercial. La especial relación que el diseño del escaparate establece tanto con el planeam iento y diseño de las calles como con las experiencias de la vida cotidiana lo convierten en un elemento esencial de estudio para entender las relaciones entre la mujer y la ciudad en la era m oderna. Es por ello que este trabajo trazará la evolución del escaparate desde su utilización en los grandes almacenes en Paris a finales del siglo XIX hasta su uso, m odificación y transformación por parte de las sufragistas a principios del siglo XX en Londres, reflexionando sobre la relación entre los m ecanismos desplegados en el escaparatism o y la lucha de la mujer por encontrar un lugar en la ciudad m oderna. Las mujeres y el espacio urbano del planeamiento moderno El inicio de la revolución industrial dio lugar a que los poderes político-económicos establecieran de inmediato una estrecha relación con la nueva disciplina del planeamiento urbano. La espontánea densificación de población inm igrante en las ciudades europeas exigió el desarrollo de técnicas de diseño para el control de esta “nueva” sociedad emergente, que se escapaba d e los mecanismos de control tradicionales. De esta manera, los planeadores com enzaron a dividir la ciudad a través de diversas fronteras físicas trazadas en el tejido urbano que, basándose en aparentes razones científico-técnicas, servían para decidir quién habitaría qué en esas nuevas configuraciones espaciales, imponiendo así su s decisiones políticas y normas sociales. De acuerdo con este procedimiento, las personas consideradas por el poder político como fuera de la sociedad activa o económ icamente productiva fueron excluidas de la vida pública urbana. 1 1 Ejemplos claros son la ejecución tanto del Plan de Barcelon a por Ildefonso Cerdá´s (1855) como del Plan de Paris por Napoleón III and George-Eugéne Haussm ann´s (1851). El planeamiento de am bas ciudades industriales combinaba no solo una 34 Las mujeres, com o parte de estos grupos improductivos m arginados, fueron también privadas del derecho a participar de la vida pública por estos primeros planeadores. Es también fundam ental destacar aquí que el comienzo del planeam iento urbano moderno coincidió con una vuelta a los valores sociales tradicionales. Tras un periodo de turbulentas revueltas, 2 los poderes dom inantes confiaron en concepciones ultraconservadoras del orden social para restablecer el control sobre una so ciedad a sus ojos desmandada. Estos poderes crey eron en la necesidad de confinar de form a segura a las mujeres en espacios dom ésticos para su propia protección, convirtiéndose en sus lugares segregados y restringidos de acción. Cualquier presencia de m ujeres fuera del espacio doméstico privado sería percibido por los planeadores com o un síntoma de desorden en la ciudad, o lo que Elisabeth Wilson denomina ‘la esfinge en la ciudad’. T al y como Wilson indica: “Debemos dejar de percibir la ciudad com o una área desordenada o peligrosa de la cual la mujer- y otros- deben ser am pliamente excluidos para su propia protección. Es la dicotomía masculino-fem enino lo que se ha traducido peligrosamente como una concepción de la cultura de la ciudad sólo concerniente al hombre. Consecuentemente, la mujer se ha convertido en una irrupción en la ciudad, un síntom a de desorden, y un problema: la esfinge en la ciudad.” 3 De esta modo estos primeros planeadores urbanos com enzaron a trazar fuertes límites físicos dividiendo el espacio urbano entre público y privado, a la vez diferenciaba las experiencias diarias en la ciudad de acuerdo a la identidad por género, identificando a la mujer con el espacio privado doméstico y al hombre con el espacio público. Sin embargo, a m edida que el proceso de industrialización va alcanzando su desarro llo pleno, comienza a surgir una incipiente ruptura de estos lím ites por parte de la mujer. A finales del siglo diecinueve, un crecimiento en la producción m anufacturera trajo consigo una inesperada presencia de las mujeres en el espacio público. La necesidad de restructuración higienista de la fábrica urbana medieval sino tam bién la reforma social de su población. Las implicaciones en térm inos de género han sido analizado por diversos autores, como: HOOPER, Barbara: `The Poem of Male desires: Female Bodies, Modernity and “Paris, capital of the Nineteenth Century”´ en SANDERCOCK, Leonie (ed.): Making the Invisible Visible , Berkeley: University of California Press, 1998 y CANO ROJAS, Pilar: `La casa: Formadora de sexos y géneros en la Barcelona de finales del XIX y principios del XX´, en ARRIAGA FLÓREZ, Mercedes: Mujeres , Espacio y Poder , Sevilla: ArCiBel Editores, 2006. 2 Un ejemplo de estos m ovimientos sociales que conm ocionaron a los poderes es la Primavera de los pueblos, o la Revolución de 1848, formada por una oleada de manifestaciones revolucionarias en varios países del continente in iciadas por vario s movimientos revolucionarios de clase trabajadora com o consecuencia de la situación de crisis industrial y agrícola entre 1845 y 1846. Especialmente destaca el caso de la ciudad de Paris donde las revueltas obreras, a las que se unieron las primeras feministas de Francia, tomaron la ciudad. Com o consecuencia, y tras apaciguar las revueltas un nuevo régimen político dirigido por Napoleón III iniciará un proceso de reforma urbana para el control de la ciudad de Paris. HARVEY, David: Paris, Capital of Modernity , New York and London: Routledge, 2006. 3 WILSON, Elisabeth: S phinx in the city: urban life, the control of disorder, and women , London: Virago Press, 1991,p.9. 35 mano de obra incrementó la incorporación de las mujeres de clase trabajad ora a la fábrica, que a través de sus movimientos diarios del hogar al trabajo, comenzaron a cuestionar esos límites ya trazados por el planeamiento mo derno. Del mismo modo, la producción en masa de mobiliario y productos p ara el hogar atrajo a las mujeres de la élite burguesa a consumir fuera de los límites dom ésticos. Como responsables de la decoración de los espacios interiores habitado s por sus familias, ellas acu dían solas a los nuevos espacios de exposición en donde los límites entre público y privado quedaban diluidos. Ante esta nueva situación los planeadores urbanos tuvieron que redefinir estos límites para m antener los existentes patrones de control sobre la mujer, de m odo que la creciente presencia de las m ujeres en los espacios públicos, creó nuevas técnicas o elementos arquitectónico s de control como el escaparate. 36 `Retrato de la familia Bellelli´ de Edgar Degas (1858-67). En este cu adro Degas representa este papel de la mujer como m adre y esposa en el espacio privado doméstico tan defendido por los valores tradicionales. `Los paraguas´ de Pierre - Auguste Renoir (1881-86) Sin embargo en este cuadro de Renoir casi treinta años después rep resenta esta nueva flân euse que pasea del hogar al trabajo y a los comercios rom piendo los límites por género. Su traje indica que se trata de una grisette , m ujeres cuya respetabilidad solía estar en entredicho po r la sociedad ya que solían tener amantes que ayudaban a subsistir económ icamente ante los bajos salarios que recibían en su trabajo en la industria manufacturera. 37 El control del escaparate en el Paris de Haussmann. “El mom ento en el que la mirada domina, el cuerpo pierd e su materialidad” 4 Luce Irigaray El ejemplo m ás significativo de esta redefinición del lím ite aparece con la construcción de los primeros grandes alm acenes en Paris a finales del siglo XIX. Esta nueva tipo logía edificatoria no sólo rompería los límites pre-establecido s entre espacio público y privado, sino también la relación que se había establecido entre cada categoría espacial y la identidad por género. Tal y como Elisabeth W ilson indica, “La presencia de la mujer creaba una especial y ambigua atmósfera en estas zonas, qu e eran públicas, pero con una intención de intimidad de su interior privado. La burguesía idealizaba la mujer en su s familias, y la cultura burguesa hizo posible la gran elaboración de la esfera privada. Al mismo tiempo, el consumo burgués invadía la esfera pública, y los espacios que eran perm itidos a las mujeres respetab les eran en muchos casos dedicados a la compra y venta m ás que a actividades de elevada moral. Allí, las mujeres m iraban, así como eran observadas.” 5 Durante mucho tiempo el único edificio com ercial en la ciudad había sido el pasaje comercial. El peligro y suciedad de las calles habían hecho de los pasajes un lugar perfecto para las compras esporádicas de las m ujeres en compañía de sus maridos, sirvientas o damas de compañía. Sin em bargo con la reorganización urbana del Plan de Paris hecha por ambos Napoleón III y el Barón Haussmann entre 1852 y 1870 los pasajes comenzaron un proceso de decadencia. El nuevo diseño de avenid as amplias y limpias atrajo a ciudadanos a m overse a través de las calles de la ciudad en vez de usar los caminos ocultos y cubiertos que proporcionaban las arcadas. Adem ás, la producción en masa de productos m anufacturados necesitaba espacios más am plios para exponer la mercancía que los que ofrecían las pequeñas tiendas de los pasajes. A través de estas nuevas condiciones, los grandes almacenes surgieron en su d iseño como la necesidad de combinar amplios espacios interiores de exposición con una directa relación con las calles de la ciudad. [Img.1] Dado que el cometido de esta nuev a tipología era acercar lo máxim o posible los productos manufacturados al consum idor, su diseño estaba dirigi do a establecer una relación más perm eable a nivel de calle. Antes del surgimiento de los grandes almacenes, las actividad es comerciales fuera de los lím ites dom ésticos estaban reducidas a la compra de productos de prim era necesidad. Ocasionalmente los clientes visitaban los talleres manufactureros para adquirir elem entos únicos con los que cubrir sus necesidades básicas. Sin embargo, desde que la burguesía com enzó a utilizar el consumo como parte de su formación com o clase social, el número de consum idores de artículos manufacturados en la sociedad Parisina creció exponencialm ente. Paralelamente, la form a del edificio comercial cambió, evolucionando de la condición urbana contenida y cerrada del pasaje a una más perm eable y abierta. La transparencia 4 De la entrevista con luce irigaray en Les Femmes, la pornographie et l´erotisme, HANS, M.F. y LAPOUGUE, G. citado en POLLOCK, Griselda: Vision and Differen ce: Femininity, Feminism and the Histories of Art , New York: Routledge, 1988, p.50. 5 Wilson, Elisabeth: Op.cit.P.59 38 de la fachada del gran alm acén en planta baja fue incrementada en comparación con otros edificios, debilitando así las difere ncias establecidas entre público y privado. El resultado fue una serie de habitaciones o salones de exposición cuya identidad espacial no era exactamente ni pública ni privad a, sino ambas a la vez. [Img.2] Como consecuencia de esta relación cercan a entre el nivel de la calle y el consum idor, las mujeres elig ieron los grandes almacenes como refugios para sus so litarias incursiones en la ciudad. El hecho de que las mujeres estuvieran m ás involucradas en las actividades de consumo no fue la única causa de que las primeras flân euses prefirieran estos edificios com erciales. En realidad fue la condición entre público y privado de las diferentes salas lo que realmente convirtió a los grandes alm acenes en un segundo hogar para estas mujeres dentro de la vida pública parisina. Concretamente, la profusa decoración de los salones de exposición como si fueran confortables espacios interiores dom ésticos hacía sentir cómodas a estas prim eras flâneuses , mientras qu e la altura de los espacios interiores y el tamaño de sus elementos (colum nas, escaleras, puertas) les recordaban que aún se encontraban en la esfera pública. Además esta profusión de decoración intoxicó las fachadas de los grandes almacenes haciendo que su apariencia de inmensa construcción de acero fuera m ás atractiva para la mirada femenina atrayéndolas hacia su interior. Un elemento clave a n ivel de calle para atraer la m irada de la flâneuse fue el escaparate. A parte de su uso más evidente como expositor de mercancía y gancho para el consumo en el interior, el escaparate fue el elemento a través del cu al el gran almacén adquirió su rol social. Como los libros de m aneras o de etiqueta característicos del momento 6 , la disposición del escaparate indicaba a las mujeres com o debían comportarse en sus hogares y en sociedad. Ansiosas por subir en la escala social com o toda una obsesión de la época, estas guías sociales eran comunicadas a las consumidoras a través de la disposición cuidadosa y elección de los objetos expuestos. Sin embargo, su carácter normativo estaba cam uflado por los ambientes y sensaciones recreados por los colores y texturas entre los que se perdía la mirada. En su libro El Paraiso de las Damas Émile Zola describ e perfectamente el funcionamiento de es tos mecanism os, “Denise volvió a detenerse, atraída por otro escaparate dedicado a las confecciones de señora. […] La admiración la dejó clavada en la acera. Al fondo del escaparate un amplio m antón de encaje de Brujas, de elevado precio, extendía sus alas rubias como un mantel de altar entre gu irnaldas de encaje de Alezón y una cascada en la que se mezclaban todos los encajes, de Manila, de Venecia y de Valence, incrustaciones d e Bruselas lazadas a manos llenas cual nieve recién caída. […] El busto opulento de los maniquís tensaba los tejidos, las caderas genero sas exageraban la estrecha cintu ra, y una etiqueta de gran tamaño, pinchada con un alfile r en el muletón rojo del cuello, hacia las veces de cabeza; a am bos lados del escaparate, varios espejos sabiam ente orientados los 6 Libros de etiqueta como La Mode Illustrée (1865) edited by Madame Emmeline Raymond or The Baronne Staffe´s Usages du monde (1887), fueron escritos para las mujeres en donde se les indicaba cómo debían comportarse en sus vidas, los objetivos a adquirir y principios a seguir. Fueron una respuesta a la ambición com ún de la sociedad francesa durante el siglo diecinueve por subir en la escala social. ZELDIN, Theodore: A History of French Passions. Vol 1, Oxford: Claredon Press, 1973, pp.667. 39 reflejaba y multiplicaba hasta el infinito, abarrotando la calle de herm osas damas en venta que, en lugar de cabezas, lucían unos precios rotulados con grandes números.” 7 Confundidas ante la presencia de tal sobrecarga de sensaciones las mujeres m iraban su reflejo en el cristal y soñaban con estar al otro lado. Siendo los distinguidos maniquís la representación más cercana que la m ujer media podía concebir de la idealizada mujer de clase alta, las buenas maneras eran asumidas como una im itación directa de la actitud y atuendo que el propio maniquí definía: elegante y glamuroso, pero tranquilo y discreto, y delicadamente siempre confinado. De este m odo, en la experiencia diaria de la flâneuse la transparencia del escaparate era perversamente superpuesta con el reflejo real de la nueva m ujer urbanita. Ajustando su reflejo sobre los decapitados maniquís la mujer podía completar su m odelo con un solo pensam iento en su cabeza: ¿cuánto costará todo esto? El hecho de que la economía estuviera normalmente bajo la administración m asculina delegaba así la última determ inación sobre sus aspiraciones también a ellos. Com o consecuencia las ambiciones por subir en clase social ataron a estas mujeres al con trol de estos mecanism os, disipando la libertad previam ente ganada a través de sus movimientos diarios en el espacio público de la ciudad de Paris. 7 ZOLA, Émile: El paraíso de las Damas, Barcelona: Alba Editorial, S.L. 1995, pp.15- 16. 40 [Img.1] Le Bon Marché (1852) fue la primera Galería Com ercial construida en Paris, y la segunda a nivel mundial. Después de un incremento en ventas su dueño Aristide Boucicaut adquirió el edificio contiguo com pleto para extender el espacio de com ercio. El diseño, realizado por el arquitecto L.A. Boileau y el ingeniero Gustave Eiffel, combinaba con unos interiores cuyos elem entos y espacio estaban diseñados a escala urbana con un alto grado de perm eabilidad en su planta baja. [Img.2]Estudio de la permeabilidad en planta y sección, y de la transparencia en alzado de los grandes almacenes “Au Printemps”, diseñ ados por Louis Jules Sedille (1864). 41 4 algunas de las opciones para buscar la perfe cci ó n de la silueta . Opciones, toda s ellas , que contribu y en a en gordar –par adójicament e- el mercado d el cult o al cue rpo. El atracti vo físico en el ser humano en general , pero l a perf ección en el caso de l as mujeres, sale de sus hogares y se inst ala t ambién en el l ugar d e trab ajo. Con el mismo currículo, una m ujer jov en, delgada y at r activa t endrá más opciones de conseguir un puesto de trabajo que la que no lo es. En mu chas ocasiones también conse guirá el trabajo a pesar de que su currículum sea peor que el de la mujer m enos agraciada. Y sea como fuere, h a ya conse guido el puesto por su valía prof esional o no, en el trab ajo se comenta rá que está allí sólo por su físico. El físi co de la Nueva Mujer resulta de vital importancia en el ámbito labor al, ya sea por ser so cialmente deseable como por no serlo. Pero para bien o para mal, y en puestos de gran responsabilidad, la mujer no puede evitar que su ima gen sea siempre mo tivo de come ntarios. Esta necesidad d e la que habláb amos de s er pe rfect as incluso en la de snudez puede resultar arrolla dora para nuestra a utoestima. Vivimos una liberación s exual por el paso de la dominac ión relig iosa a la dominación c ivil, y las mujeres somos cada vez más capaces de vivir libreme nte nuestra sexualid ad. S in embargo, en este mo mento es la estética la que se convierte en escollo para que disfrutemos del se xo con igual libertad que los hombres. La s insatisfacciones con p artes de nuestro cuerpo provocan en nosotras miedos a la hor a de en frent arnos a nuevo s compañeros sex uales, y la necesid ad de que la otra persona nos desee puede ser sup erior al deseo de s entir. Las mujeres somos conscientes de que so mos observadas, deseadas, ad miradas, pero nosotras no observamos, no analiz amos a la person a que tenemos de fr ente en s u desnudez . Nuestros parámetros son distintos en lo que respecta a los requisitos para hombres y mujere s. Se dice que no hay pe or crítico con una mujer que ella misma. Y es cierto. Pero no podemos llevarnos a en gaño: la regul ación que hace la muje r de sí misma es el resultado de años de presión moral, social y consumista sobre su aspecto fí sico. Las r eglas han ido extendiéndose a va rios fren tes, difuminándose h ast a invisibilizarse . Pero que no se vean no significa que no estén . Ya no están sólo en el s istema, sino también, y sobre todo, en las propias mujeres, que han in terioriz ado las exigencias hasta convertirla s en una part e natural de sus vidas. En la opulenta sociedad occidental, la comi da ya no es solo un producto de primera necesidad, sino también un placer, incluso un ex ceso. La obesidad se ha convertido en un problema gener alizado de salud, i gual que lo fue antes - y lo sigue siendo en otras zonas del mundo- la desnutrición. La soci edad consumista compra cada vez más comida, pero tiene prohi bido engordar. Se tr ata de re gular nuestros plac eres, y como siempre, la re gulaci ón es m ayor en el c aso de las m ujeres. Tenemos mu cho que com er, pero si queremos ser deseab les tenemos sólo dos opc iones: controlar y limitar los alimentos que podemos ingerir (producto de nue stra propia auto-re gulación), o comer por placer y somete rnos despué s a los más variados y costos os métodos para perder el peso ganado. La Nueva Muje r tiene que ser siempre del g ada, pero también por sie mpre joven y atractiva. Su cuerpo se convierte en un objeto de deseo que ha y que cuidar, e ir reparando con el paso del tie mpo. A medida que la muje r de éxito va madurando, aumenta su poder adquisitivo. El mercado, consciente de la potencialidad de e ste 48 5 segmento, es cada v ez más exi gente y cruel con las mujeres de medi ana e dad, a las que transmite que cumplir años es sinónimo de perder b elleza y atractivo. Es, como sabemos, una estrategia de ma rketin g para dicho sector, pe ro no por ello deja de ser una forma de neutralizar a l as mujeres indepe ndientes con más ex periencia, que podrían rebelarse contr a las desigu aldad es del sistem a de manera más eficaz que las m ás jóvenes. Esta neutralización se da en pa rticular en las ch icas más jóvene s y las muj eres madura s, pero pasa por l a vida d e toda Nuev a Mu jer. Podemos ser indep endientes, autónomas, inquietas y emprendedoras. Pero sólo si ta mbién somos jóvenes y del gadas. Cuando esa situación se alarga y la mujer continua siendo independiente, autóno ma, inquieta y emprendedo ra, result a mol esta. Y no se la pu ede reprender como en tiemp os anterior es, en los que las mu jeres eran ciudadanas de segund a. ¿P ero la Nueva Mujer es realm ente una mujer que se hace a sí misma, o son las mismas consignas actuando sobre otros puntos vitales de la mujer? L a estrate gia del contr ol de la s ubjetividad resulta de lo más eficaz: si la persona no se deja dominar, mina remos su seguridad cr eando modelos de mujer in exi stentes a lo s que equipararem os a l as mu jeres reales, par a hace rles senti r sus peculiaridad es como im perfe cciones, y sus ex periencias vivida s com o i ndeseables arrugas que dan cu enta de su vejez. Una auto est ima dañada r esta fu erz as para la reivindi cación. Los cuerp os dóci les En Vigilar y Castigar, Foucault (1975) ex plica las di fer encias entre las prácticas punitivas ante riores al siglo XI X, cuando la pena física consistía e n un castigo, y las posteriores. Ahora las penas siguen siendo físicas (pri sión, traba jos forzados, deportación), pero el cu erpo supliciado, “el su frimi ento físi co, el dolo r del cu erpo mismo, no son y a los elementos constitutivos de l a pena . El castig o ha pasado de un a rte de las sensaciones insoporta bles a una economía de lo s derechos suspendidos” 1 . Para mantener el orden, el p oder no necesita em pl ear la viol enci a física; b asta con una constante mirada vi gilante que el individuo lle gue a interiorizar h asta s er uno mismo quien reprime su de seo mediante el auto-c ontrol. Es el proceso de docilización de los cuer pos. El cuerpo dócil es e l resultado de una operación de a natomía política, conformada por la aplica ción de las diferentes disciplinas en los cue rpos. Sobre ellos se aplican sanciones normaliz adoras, que tienen la función de encauzar al individuo y serializ arlo, y a sea forza damente o mediante mecani smos de persuasión y control de masas. “En toda socied ad, el cuerpo queda prendido en el inte rior de poderes mu y ceñidos, que le imponen coac ciones, interdiccione s u obligaciones” 2 . Basándose en el pensamiento de Foucault, la filósofa feminist a Susan Bordo (1997) habla de los cuerpos útile s de las muje res, entre nados a través de una particula r praxis femenina que impone ci ertas r eglas, y que refl ej an, en términos simbólicos, la visión dualista de la vida soci al y económic a en dos esferas cla ramente defi nidas: la del hombre y la de la mujer. L as relaciones de po der entre sexos se reproducen en los cuerpos. Así, en los últimos años se ha da do la constante devalu ación del cuerpo de las mujeres, hasta generar u na compulsión por amoldar el propio cuerpo a unos contornos de una form a ima ginaria. Esta cr ecient e preocupa ción por la lín ea es, se gún Bordo, una poderosa estrate gia de normaliz ación, y una fl ex ible y durade ra estrate gia de control 1 Foucault , 1975, 18. 2 Íbid., 14 0. 49 6 social. Los cuerpos de mujeres se convierten en cuerpos dóciles, ha bituados a la regulación ex terna. El ideal estético femenino cont emporáneo es la delgadez, c onvertido en una norma para las mujere s más allá de sus diferencias étnicas y r aciales . Pero según Bordo, y siguiendo la teoría de Roland Barthes de que es el significado del estilo de ropa lo que nos hace comprarla, l o que hace admi rable el cuerpo delg ado es su significad o históri co y contemporáneo, y no simplem ente su valor estétic o. Desde el si glo XIX, ‘m asculinidad’ y ‘ feminidad’ se h an con struido a través de un pro ceso de mutua exclusión. Por lo tanto, no se puede simplemente añad ir virtudes históri camente masculinas a las fe meninas para crea r una Nueva M ujer, o vicevers a, por qu e el resultado sería una parodia. Para Bordo, la constru cción de la feminidad c ontem poránea t ransmite id eale s y di recti vas contradictorias. Por un lado, se promocion a la concepci ón doméstica de la feminidad, que requie re, tanto simbólica c omo literalme nte, que la mujer a limente a los demás en luga r de alimentarse a sí misma. Este control sobre el a petito por la c omida es e n realidad l a expresión m ás concre ta d e la construcción de la feminidad: el hambre de la mujer por el poder, por la gratificación sexual y por la independ encia, debe ser contenido. Además, un c uerpo hamb riento, delg ado, como los que ilustra n las revistas femenina s, es asimismo un símbolo de de bilidad y fragilidad, un e stado que mina las capacidades para la lucha por el ascenso al pode r. En la otra cara del discurso está la idea de resist ir al hambr e como un ejem plo de virt ud típicam ente masculi na, de auto- control. El cuerpo esbelto codifica la idea de un a persona auto-r egulada, en la que todo está en orden a pes ar de l as contradicciones de la cultura. A principios de los años noventa, la feminista N aomi Wolf (1991) se co nvirtió en un exponente de l a terce ra ola del feminismo con s u primer ensa yo, El mito de la belleza. Su tesis sostiene que cuantos más obstác ulos legales y materiales han salvado las mujeres, más opresivas han sido las imágenes de la be lleza fe me nina. Según Wolf, el mito de la be lleza es e l a rma política que utili za el orden pa triarcal pa ra frenar el progreso de la mujer. El mito se basa en que la cualidad ‘belleza’ tie ne existencia universa l y objetiva, y las mujeres deben aspira r a tenerla y los hombr es aspirar a tener mujeres que la tenga n. Wolf, sin embargo, niega que el mito de la belleza tenga que ver con las mujeres; lo considera una contraofen siva masculina qu e h a ido ganando terr eno con la expansión de la clase media y el desarrollo de las nuev as tecnologías. A p artir de la segunda ola del feminismo y la revolución sexu al, la muj er occident al de cl ase media es cada vez más fuerte, lo que obliga al mito a renovars e p ara seguir teniendo po der. Con la diseminación de millones de imágenes que mu estran el i deal del m omento se consigue alimenta r dos elementos: el temor de las instituciones domina das por los hombres a nte la ame naza de las mujeres e merge ntes, y el sentido de culpa de éstas últimas fre nte a su propia liberación. La diferencia con los intentos de escap ar d e las ante rior es místi cas de la feminidad es que “los estr agos del mito de al belleza nos destruy en físicamente y nos provocan un debilitamie nto psicológ ico” 3 . Entre las plata formas de sde las que se nos lanz an m ensajes sobre nu estra ap ariencia estétic a se habla principalmente de la publicidad y de las denominadas ‘revistas femeninas’, que sin duda nos presion an con im á genes de cu erpos p erfecto s y consi gnas 3 W olf, 1991, 24. 50 7 mortificadoras 4 . La s revi stas nos hablan de lo que nos falta, de lo que tenemos defectuoso, de lo que d eberíam os eliminar, y la publicidad nos ofrece la s herramientas para lograrlo. Sin embargo, los modelos que más nos afectan son aquellos que están tan codificados que no cons eguimos desenmascara r. Este ha sido el princip al motivo para escoger el cine como v e hículo de nuest ro análisi s de l a presión estétic a sobre la muj er actual. El cin e como cread or de modelos El cine es un medi o de representaci ón, y como tal , se inspira en l a realidad para cr ear nuevos mundos. Tiene la capa cidad de reflejar la sociedad, pe ro también crea modelos que la sociedad ap rehend e, y puede a yudar a perpetuar l as realid ades o a cambi arlas. A nivel personal, el ci ne tam bién ti ene la capaci dad de trans formarnos, de h acernos viajar por lugares insospechad os, enseñarnos form as de vi da y prepararnos p ara sit uaciones que podremos vivir en e l futuro, o record arnos s ensaciones y momentos pasados. Una máquina tan poderosa p uede liberarnos o h ace rn os esclavos. Porque hast a la película más intrascendente tiene un lenguaje propio c argado de valoraciones, que podrán afectarnos más o menos dependiendo de la ef ecti vidad del len guaje cinematográfico y de la predisposición de e s pectador as y espectador es. Hemos optado, para nuestro análisis, por dos comedias amables y populares, protagonizadas por mujeres y dirigidas princi palm ente al público femenino. La elección de los dos títu los a los que nos referiremos ( El diario de Bridget Jones y El diablo vist e de Prada) ha sido fruto de un inter és particula r por mostrar cómo en films que se catalo gan como cine sin pret ensiones, películ as para pasa r el rato, e incluso películas para mujeres (siguiendo la extendida idea de que los asuntos que preocupan a las mujeres son asuntos banales), son también los que más mensaje s llevan implícitos, y los que más llegan al gran p úblico, que se acerca a e ste ti po de películas con inocencia y despreocupación. Nos proponemo s demostrar q ue detrás de argumentos simples y diálogos triviales se esconden consi gnas y advertencias par a la Nu eva Mujer, que sale de la sala de cine sonrie nte y divertida, creyendo que todo lo visto y escuchado a quedado ahí dentro, y sin embargo no puede d eja r de pensa r en qu e ella tamb ién deberí a empezar a contar las c alorías que ingiere, só lo por pre cau ción, y en lo bien qu e le sentarían unos z apatos de Christian Loboutin de 600 euros. El cine opera tan sólo con la recepci ón de l a espe ctadora, y nuestra memori a es sele cti va. Cuantas más películ as veamos ma y or será nu estro imaginario , y cu anto más sepamos del mundo más difícilmente asimilare mos ciertos mensaje s cinem atog ráficos sin pasarlos por el filtro de nuestra razón. Aún así, no podemos subestimar la capacidad del cine para crear modelos de comportamiento, y para destruir clichés. Roge r Boussinot definió muy bien el séptimo ar t e cuando dijo que el cine es el arte de proyectar al esp ectador sobre la pant alla si n hacerle ab andonar su asient o. Se trata de conseguir que el especta dor entre en l a pe lícula y se cre a observador pri vilegiado de 4 A modo de ejempl o, en el nº 260 de la rev ista Elle , de may o de 2008, enco ntramos ti tulares co mo: “Y oga facial, c irugía ex trema, cosmé tica ‘bio, b años de h ielo… todo el mun do se pone guapo”, “ Las 10 leyes de las co mpras co n estilo”, “¿ Eres natura l, obse siva, i m pacien te…? Ident ifícate con alguna de esta s ‘celebri tie s’ y en contrará s tu anti c elulíti co idea l”, o “S in esfuerz o no hay glor ia”. En el reportaje d e la página 4 06 sobr e anticel ulític os, se nos advi erte: “C on un guardarropa repleto de minif aldas y v estidos ultrafeme nin os, no pue des per mitirte el lujo de tener fla c cide z o piel de n aranja”. Y para las que creía n no tener probl emas con su figur a: “A pesar de ser del gad ita, tú t ampoco escapa s a la grasa lo caliza da”. 51 8 otras vidas, c omo Cecilia e n La rosa púrpura del Cairo 5 , pero sin hacerle n otar que esas vidas están construidas por alguie n. “El cine tie ne varia s face tas íntimamente relacionadas entre sí: es espect áculo, es arte y es medio de comunicación. Por todo ello es medio para educ ar” 6 . El nacimiento del cine supuso un cambio enorm e en la cultura del entretenimiento. El cinematógrafo desenca dena una sensaci ón mucho más marcada que en otros espectáculos de estar as istiendo al mero de sarrollo de la realid ad, impresión que se reforzar á con la lle gada del cine sonoro. “Como acto comunicativo, to do film puede verse como una estrat egia persuasiva y es pr ecisamente la especifi cidad de su propuest a concret a la que debe ser interro gada en cada caso ” 7 . El primer modo de representa ción del cine , el Modo de Re presentación Primitivo (M.R.P.), estaba carac terizado por su frontalidad, la falta de perspectiva, los gra ndes planos y l a inmovilidad de la cámara, lo que conlle va la exterioridad consciente de la esp ectador a f rente a l o que ocurr e en la pantalla . Sin embargo, en el Modo de Representación Instituciona l (M. R. I .), el objetivo es presentar un mundo organizado y co herente d entro del relato, sin interferir en el proceso que sufre e l espectador dur ante la película: ‘el olvido de sí ’. A través del montaje, el M.R.I. crea una lectura naturalista. Este poder referencial de la imagen fílmi ca hace del cine un medio de represent ació n y p ersuasión mu y efic az. C hristi an Metz definió dos tipos de iden tifica ciones del espectador o espe ctadora co n la película: la iden tificación prima ria es la que lleva a cabo con la cá mara, a tra vés de la cual el sujeto se identifica con la mirada de ésta. Los espectador es nunca dej an de saber que están asistiendo a un espectáculo imaginario, pe ro su posición ante él es pasiva. Seg ún Pilar Aguilar (1998), “p ara apropiarse del re lato, ha y que identificarse en algún grado con la mirada de la cámara, adaptándos e a un proceso que viene organiz ado por la visión masculina” 8 . La identificación s ecundaria es la que se d a con los p ersonajes, y puede ir circulando a lo largo del film de un personaje a ot ro, dependiendo de la mirada de la cám ara, así que una ident ificación se constru ye a trav és de la otr a. Aproximación a la teoría f ílmica fem i nista La “teoría fílmica femi nista”, como la denomina Giulia Colaizz i (2007), forma parte de un pro yecto general de c ríti ca socio-cul tural que se articul a en torno a la necesi dad de desnaturaliz ar la ima gen en nuestra soci edad vi sual. En los años setent a, las críticas feministas utili zaron el enfoque sociológico y se preocuparon fundamentalmente del tratamiento e stereotipa do de las mujeres e n el discurso fílmico, se gún los patrones má s tradiciona les de la fe minidad: “objetos de deseo, adoración o violencia, sujetos pasivos, castigados si se atrev en a plant earse una a ctit ud activa, a des ear o cuestio nar el m odelo hegemónico de án gel del hogar’, y atrapa dos por su propia s exualidad en la imposibilidad de sa lir de las fig uras complementa rias y yuxtapuesta s de madre/ femme fatale, virg en/puta” 9 . En la década de l os setenta las feminist as advierten las lim itaciones de este tipo de estudio, y el interés pasa a la reconstrucci ón de l a mirada y la estructura na rrativa del texto fílmico, es dec ir, pasan del interés por el sig nificado de las pelíc ulas al interés por 5 The Purple R ose of Cairo, W oody Allen, Estado s Uni dos, 19 85. 6 González , 200 4, 32. 7 Carmona, 1 993, 37. 8 Aguilar, 1 998, 51. 9 Colaizz i, 2007, 12. 52 9 el modo de elaboración de ese si gnificado. Para ello, empiezan a utilizar el psicoanálisis y la semiología . E. Ann Kaplan (1998) utiliza la metodolog ía psicoanalítica en sus análisis fílmicos, porque considera que sirve p ara desvel ar los se cretos d e la soci aliz ació n dentro d el patriarcado. “Se podría afirma r que los modelos psíquicos creados por las estructuras sociales e in terperson ales de ti po capit alista [ …] necesitaban inm ediat amente un a maquinaria (el cine) para libera r su subconsciente y una herramienta ana lítica (e l psicoanálisis) para comp render y ajustar las pertu rbaciones causad as por l as estructuras que limitan a las personas” 10 . Hablábamos también de l enfoque semiológic o, que se centra en la r elación de los elementos dentro del sistema de si gnos que es la película, conc ibiendo a la mujer como signo. Se dan dos niveles de significación, el denotativo y el connotativo, y en este segundo entra la c ategoría de ‘mujer’. “En el ci ne se traslad a a l a mujer, co mo tal, como mujer real, al segundo nivel de connotación, el mito; se la presen ta com o aquello que representa pa ra el hombr e, no por lo que ‘verdaderamente’ si gnifica” 11 . De esta manera, según Kaplan, la significación real de la s mujeres en el cin e se sustitu ye por connotaciones que satisf acen las necesidad es del patriarc ado. Dicho de otr a manera, las mujeres e n las película s no sirven de sig nifica ntes para un sig nificado (el de la muje r real), sino que tant o el significant e como el significado se han elid ido para construir un signo que r epresenta algo en el subcons ciente m asculino. La mujer como imagen s e convierte en objeto de la mirada masculina, que la cosifica, fragmentándola y convirtiéndola en un fetiche pa ra evitar la amen az a que la mujer real le sus cita. En los princi pales géneros ci nemato gráficos, el hombre apar ece com o héroe, como símbolo de dominio y co ntrol, y devuelve al varó n su i ma gen refl ejada y p erfeccionad a. La mujer, sin embar go, aparece como una fi gura d esamparada y una víctim a, reforz ando así su sentido de la inutilidad y la inferioridad . En el cine clásic o, la feminidad está alineada con la r eproducción y la pasividad, y la masculinidad con la pr oducción y la activi dad. “El cine domi nante reflej a la di stinción que el sistem a patriarcal establec e entre el masculino, acti vo, y el fem enino, pasi vo, cuando presenta a l a mujer como objeto sexual, dispuesto para ser observado por el hombre, que es quien la construye desde su óptic a parti cular, com o represent aci ón de sus d eseos eró ticos; ella, en tanto cuerpo fetichiz ado, es mirada, mi entras que al hombre, que sí merece la ident ificación del espectador con él, se le permite mi rar” 12 . Pilar Aguilar afirma que las mujeres e n el cine son casi siempre madres, esposas, novi as o amantes del hombre, y las que no pertenecen a ni nguna de estas categorí a s probablemente pase n toda la película intentando ingresar en al guna de ellas. El cuerpo femenino es el objeto erótico por ex celencia. Convertid as en una imagen permanentem ente sex ual iz ada independientem e nt e del contex to, “nuestra posición de ‘ser contempladas ’, ser objet o de la mirad a (masculina), h a llegado a darnos placer sexual” 13 . La mujer como mito ha traspa sado las pa ntall as para asent ars e en la pasividad de las fantasía s sex uales de las mujere s, y la fasci nación general por el cine comercial es una muestra más del pl ac er que proporciona l a ide ntifi cación con la cosificaci ón. 10 Kaplan, 1 998, 51. 11 Ïbid., 42. 12 Arriaga Flór ez, 200 6, 39. 13 Kaplan, 1 998, 69. 53 10 Si nos fijamos en la s pelí culas protag onizadas por muje res, dentro del género woman’s film 14 , observa mos que facilitan la naturaliza ción del modelo burg ués de feminidad d e renuncia y p asividad, mediante la aportación visual de l mismo. I nt erpelan a las espectadoras par a que se identifiquen con tipologías establecidas y normalizadoras del ‘ser mujer ’. “Esto hac e que, al mismo ti empo, la noci ón misma de ci ne de /para la mujer implique que las mujeres, y todo lo rela cionado con la feminidad, como por ejemplo sus problemas emocionales, tengan menor importanci a” 15 . En el film noir, encontramos los modelos femeninos que no debe n reproducirse, puesto que es as mujeres ambiciosas e interesadas en el poder social, sex ual y / o eco nómico, se convierten en peligro y obstáculo para el hombre protagonista, y gene ralmente terminan c omo víctimas de su propia ambición. Su deseo será castig ado al final d e la película. La socióloga Delfina Mieville (2008) considera que, atrapa da por el discurso patriarcal, todavía hoy “la mujer es mujer sólo cua ndo es deseada por un hombre, y siempr e es represent ada a trav és de una mirada masculina” 16 . Mieville se plantea si existe un dese o verdaderament e femenino o si, sin embargo, la mirada de l a mujer no ha ex istido nunca. En los últimos años, la crítica feminista se refiere a la dese ncializa ción del g énero: la subjetividad y el imag inario social se entienden co mo productos de un marco normativo en el que hay otros factores adem ás del géne ro, de ig ual importancia a la hora de definir la ubicación social de los individuos. Por lo tanto, si los individuos se construyen mediante identi ficaciones parci ales e inestables en el tiempo y en el espacio, no podemos afirmar que la cate goría ‘mujer’ es opuesta a la cate goría ‘h ombre’, y ni siquiera que el individuo concre to que llam amos mujer esté vinculado a la normatividad Mujer. Análisis fílm ico Las películas son r eal idades in acabad as que tienen que ser interi orizadas por espectado res y espectadoras, que l as termin ar án de manera p ersonal. La espectado ra construye un sentido qu e puede ser acept ado po r ot ras y pasar así a fo r mar part e del horizonte general de convenciones espe ctat o riales, convirtiendo el sentido en significado. Es por eso que las lectur as que se han hecho d e un film con anterioridad condicionan nuestra rece pción del mismo, pero no es posible afirmar que haya lecturas originarias o en estado puro. Partiendo de este pres u puesto, hemos escogido, para realizar nuestro análisis, dos películas de cort e apar e ntemente si milar, y que, sin emba rgo y como tr ataremos d e mostrar, tienen notables diferenci as de planteami ento y puesta en escena. El diario de Bridget Jones y El diablo viste de Prada son historias de mujere s y , p resumiblemente, dirigidas a mujeres. Las dos parten d e una situación de ma rginación (en distintos niveles), y l as dos ac aban superando los obstácu lo s y cre y endo en sí mi smas al fin al de la película. Pero tanto e l punto de partida como el modo en el que s e desarrolla la transformación de las pro tagonist as difieren de una a otra. 14 Cine de m ujer es. 15 Colaizz i, 2007, 45. 16 Ex tracto de la co nfer encia sobre Se xualida d femen ina y d eseo, en e l Ateneo de M adrid, el 15 de abril de 2008 (f uent e: AmecoPr ess) . 54 11 Nuestro interés fue d esd e un principio analiz ar p elículas que hubieran ten ido gran éxito de taquilla, que no fue ran obras minoritarias sino trabajos más ‘amables’, populares y de entrete nimiento, que nos permitiera n ilustrar lo expuesto en e stas páginas de introducción con respecto al cine comercial y sus mensajes ‘escondidos’. Hemos tenido en cuenta que las películas de gran audiencia son las que ofrecen model os a un m ay or número de espectador es, y por tanto, las que m ás social izan. Pero hemo s considerado que la pluralidad d e países de p roducción podr ía ser interesante a la hor a de comprob ar si los estereotipos que se atribu ye n al cine no rteamericano son real mente t an exclusivos o sin embargo podemos encontrarlos en p elícul as de otras f acturas. Así, a nalizaremos una película norteameric ana y una inglesa. Amba s parten de novela s, cambiando, más o menos, el argumento de las obras ori gin ales. A pesar d e que las dos novelas son creaciones de m ujeres, u na de las películ as es tá di rigida por una mujer y la otra por un hombre. El diario de Bridget Jones Título origina l: Bridget Jone’s Diary País: Francia / Reino Uni do/ EE. UU. Año: 2001 Director a: Sh aron Magui re Basada en la novela hom ónima de Helen Fielding. Bridge t Jones tiene 32 años y vive en Lond res. Es hi ja única. Su madre es se ria y estricta, y no ceja en el em peño de encontr ar un no vio para su hija. Su padre es afable y muy tranquilo, se ma ntiene a l marg en y tie ne una buena rela ción con Bridget, que ha heredado su car ácte r entrañabl e. Conocemos a Bridge t en un momento de su vida en el que ha decidido cambiar, cansad a de pasar las noches sola en casa, bebiendo, fum ando y escuchando canc iones tristes. Siente la pr esión de su sol tería, y cree que con s u aspecto y sus escasas virtudes t endrá pocas posibilida des de encontrar un buen novio. Especialista en relaciones afe ctivas de poca calidad, en las que ha tenido que sopo rtar a “al cohólicos, adictos al trabaj o, fóbicos al compr omiso, mirones, mega lómanos, g ilipo llas emocionales o perv ertid os ”, se decide a encontrar “un novio amable y sensato”. Pero no puede evitar caer r endida ante su jefe, Daniel Cl eaver, la person a que en carn a toda s las cualidades que pr etende rechaz ar. La película nos presenta una mujer jov en, hija única de un matrimonio de clase media- baja de las afueras de Londres, que vive sola en un senc illo apartamento de la ca pital, y trabaja como administ rativa. A pesa r de su juv entud, está y a en la treint ena y se nos recal ca desde un princi pio que no ti ene pareja estable. L a imagen triste con l a que conocemos al pe rsonaje se deb e a que se sient e so la en una so ci edad que le pide l o qu e ella no tie ne: una mujer de 32 años en l a socieda d actua l es independient e y moderna, pero tiene una pa reja esta ble, o mejor dicho un ho mbre, con el cual quiz á ya está casada, y desde luego tiene planes de familia. Y si no es a sí, si se trata de u na mujer ta n independie nte y ambiciosa que no se pla ntea formar una familia trad icional, entonce s será una ex itosa mujer de nego cios. Brid get no es ni una ni otra: no ha sacrificado la familia por su ambic ión profesional, ni viceversa. Y por supuesto, no se id entifica con la mujer que compagina vida laboral con vida pe rsonal. Bridget es el antónimo de la Nueva Mujer, lo contrari o de la Supermujer. 55 12 Su objetivo a principios de año es bajar de peso, y apunta cada día en su diario las caloría s que ha inge rido, los cigarrillos que se ha fumado y las copa s que ha bebido. Sin embargo, lo único que consigue es subir y bajar de peso constantemente, no reduce el número de cigarros diari os, y s e pasa con el alcoh ol en num erosas ocasiones, y a sea con sus amigos o sola en casa en los períodos de tristeza. Su comportamiento es compulsivo en todos los ámbitos. En su vida cotidiana ab undan las torp ezas. A l o lar go del año qu e nos hace ver la película, Bridget se encuentra innumerables veces en situaciones bochornosas de las que nuca sale ai rosa; desde el acto que pr esenta a v oz en grito por no haber pensado en encender el micr ófono, a su aparición en una fiesta familiar embutida en un disfraz de conejita de Playboy, pa rece que le hacen perder la dignidad en cada sec uencia. Ha y sólo una esc ena en la que sale airo sa, e incluso triunfante, de una situación comprometida, cuando su jefe y novio, despu é s de haberla en gañado con otra, le pide que no se marche d e la editorial: Gracias, Daniel. Me alegra oírlo. Pero si quedándome aquí tengo que trabajar a menos de diez metros de ti prefiero trabajar limpiándole el culo a Saddam Husein. A pesar de todos los errores que comet e , Bridge t Jones nos resulta una mujer entrañable, al go ridícula y siempr e al bo rde d el pat etismo , pero sin llegar a ser grotes ca. Sus amig os la adoran y la comprende n, y su sencillez y su ingenuida d hacen que ta nto Daniel Cleave r como M arc Dar c y , dos hombres apuestos, inteli gentes y exit osos, la encuentren i rresistible. B ridget es el estereotipo de mu jer que ciertos hombres añoran: poco inteligente, amable, tímida y bondados a; la mujer que vive por y par a su hombre, que lo hace sentir poderoso delegando en él la s responsabilidade s. Incluso las curvas que ella detesta les resultan sumamente atractivas ( y a hemos apuntado qu e un cuerpo curvilíneo, c on cadera y pec hos prominentes, transmite la idea de sexualida d). Gusta también a las mujeres, que no ven en ella una competidora sino más bien un compendio tranquilizador y exage rado de sus propios defectos. Ig u al pasa con las e spectadoras de la película: ext enuadas de ver cuerpos p erf ectos en la gran pantalla qu e las hacen sentir mal consigo mismas por sus particularidades corporales, la image n de Br idget, una mujer con un cuerpo real, que se nos pres en ta incluso haciendo alarde de esas particula ridades o ‘defectos’ de la protag onista , tranquilizan a la s espectadoras, que no tendrán que compet ir co n ella desde sus asie ntos, y si lo hacen, saldrán sie mpre ganado, puesto que Brid get acumula l as cualidades físicas y psíquicas indese ables para la Nu eva Mujer. Br idget es una “solterona pirada”; ¿qué po dría ser peo r? Ha y diferentes opiniones sobre el significado de El Diario de Bridget Jones. Se promocionó como la historia de las presiones de l a mujer m oderna en clav e de comedia; los problemas de treintañeras a ctuales enca rnadas en una anti-h eroína con la que pode r identifica rse. Ella se ría así un compe ndio de todo s los complejos y de las exigencia s que sufrimos las ‘nuevas muje res’, con el aliciente de que a pesar d e todo ello triunfará por ser como es. Pero el pers onaje de Bridget pue de c onsiderarse t amb ié n una parodia de la idea de las comedias romántica s en las que lo importa nte es la be lleza interior. La historia de la protagonista puede ser también la confirmación d e que la mujer sólo es porque los demás la crea n, lo que impide que encuentre su verd adera ident idad. Podríamos resumir la diégesis cinematog ráf ica como la historia de un a mujer que pretende cambiar para co nseguir la vi da que l e sat isface y encontrar al hombre pe rfe cto. Pero resulta que el hombre perfecto la quier e tal y como es. La pe lícula nos intenta 56 13 transmitir que no hay que juzgar a las personas por su aparie ncia, y qu e la base pa ra gustar a los demás es aceptarnos a nosot ras misma s, más allá de presion es y complejos. El diario de Bridget empieza siendo el diario d e un a mujer que no se gusta. Poco a poco, y despu és de pasar por n umerosos episodios vergonz osos, se convencerá d e que pued en amarla t al y como es. Dos hom bres la han ele gido a ella sobr e mujer es más del gadas, más jóvene s, más elega ntes, más c ultas. Al final d e la película la vida de B ridg et es ta l y como ella había soñado: tiene un novio ex itoso , atractivo y que b esa muy bi en, que la adora a pesa r de que no tengan nada en común. Ha consegui do trabajo en la televisión, porque admitió en la entrev ista que tenía qu e dejar la editorial por haberse acostado con su jefe, y tras varios reportaj es desastrosos, ahora es una es trella de la pe queña pantalla, después de que Marc Darc y le p roporcion ar a una entrevista exclusiva por motivos personales. Nada de lo que ha conseguido se lo de be a su tesón o a su fortaleza; todas las situaci ones a las que se enfrent a en el film la superan y si sale ai rosa e s siempre por la compasión de los demás. Es evidente que ella intenta cambi ar, ser responsable, tranquila, segura de sí misma, pero todo se va al tr aste cad a vez que s e en cuentra con un ligero bache en el cam i no. Ansía entrar en la norma pero no consi gue escapar de las pasiones. Bridget se siente segura, pero esa seguridad no nace de sí misma y de su valía, sino de la imag en que los demás tiene n de ella. As í que podemos d ecir que poco difier e la nueva Bridget de la an tigua. Es una mujer nueva, pero una mujer construida en base a las opiniones de los hombres que están en su vida, igual que antes lo esta ba en base a los juicios de su ma dre. La belleza era para ella un medio para accede r al amor y al reconocimiento social, y ha obtenido ambos a pesar de su falta de voluntad y sacrificio. Es cierto que se siente p rotegida, pe ro el fi n al de la pelíc ula, con ella en ropa interior, resguard ada por el amp li o abri go de Ma rc, sugier e qu e si en al gún mo mento esa relación no funciona, Marc retirar á su abri go y Bridget volverá a es tar desnuda en medio de la gran ciudad, ante las miradas de los otros. Co mo afirma E. Ann Kaplan, el hombre aparece r eflejad o en el ci ne como sím bolo de dominio y control, y la mujer es una figura des amparada , una víctima, lo que refuer za el mito de la inferiorida d e inutilidad de la s mujeres. El personaje no evoluci ona a lo larg o de la película, lo s que cambian s on los demás. Marc, que cuando la con oció critic ó su form a de vivir y de comporta rse, la quiere ahora tal como es; Daniel, qu e le fue infiel y no la tomó en serio, ha vuelto par a confesa rle su amor y para decirle que no podr ía tener una relación sentim ental estable con nadie más que con ella; en el trab ajo, donde ha demostrado más que en ningún lugar sus torpezas, es ahora una estrella. Des pués de innumerabl es subidas y b ajadas de peso, sigue teniendo la misma figura que tenía al princi pio, e incluso algún kilo de más. Tampoco ha dejado de fumar, ni de b eber. El único c ambio que ha sufrido es el de estar emparejada: y a no es una solte rona pirada. Para Kaplan, no ha y hueco para la mujer soltera y sexual en los sis tem as simbólicos. C omo solt era, repres entaba la n o-seducción; ahora, emparejada, sedu ce por doquier. Se ha reinsertado en la sociedad a través del sueño de la muje r tradiciona l: encontrar un homb re. El siguiente p aso será cas arse con él. Brid get, promocionad a como Nueva Mu jer, es en real idad el par adigma de l a mujer tradiciona l, complac iente y sumisa. 57 20 Emil y es la muje r et ernam ente descont enta c on su físico, que vive obsesionada con est ar delgada, y que reali za sacrifi cios que atentan cont ra su salud para conse guirlo. Andy s e convierte en una copia mejora da de Emil y, puesto que consi gue la per fección estética sin esfuerzo aparente. Y Bri dget querría se r Andy , para no tener que co ntrolar tantos impulsos por lograr su objetivo: ser sexual mente ac eptable p ara resul tar social mente aceptable. Ambas películas provocan la id entificación de las espe ctadoras con las protagonistas, pero de manera diferent e. En el cas o de El diablo viste de Pr ada, And y es la mujer que todas las mujere s querrían ser: bella, delg ada, joven y con estilo, y todo ello sin tener que p agar ningún precio por c onseguirlo (aparentement e). Sin embargo, Bridget es todo lo que las espectado ras querrían n o ser: una mujer con al gunos kilos de más, de aspecto desaliñ ado y de torpes manera s. Las dos provoc an un ef ecto en la audiencia; l a primer a crea ansiedad en l as mujeres , que sienten ver güenza d el pecado de no ser tan pe rfectas co mo ella, y la se gund a es fuente de alivio por acumular más defectos y torpez as de l as que podría tener cualquier mujer en el mund o real. Lo que queda claro es que ningun a de las dos está es cogida al azar, y que el cometi do de ambas es interpela r a l as espect adoras p ara que v ean en el las el model o d e lo qu e quieren, o no quieren, ser. La s t res protagonistas son mujeres trabaj adoras , con empleos fue ra de l hogar. No conocemos el proceso por el cual Mi randa llegó a su puesto directivo en Runway, pero sí sabemos que el Requis ito de Belleza Profesional se da tanto en el caso d e And y como en el de Bridget a la hora de cont ratarlas. Cu ando And y llegó a la revista la juz garon por su manera de vestir y po r su peso. Consiguieron transf ormarla y con su cambio de imagen g anó en confianz a y profesionalidad. Br i dget era conocida en la editorial en la que trabajaba por la lon gitud de sus faldas y sus camisas semitransparentes, y cuando lo dejó y consiguió otro em pleo, el jefe le hiz o saber claram ente que la había ele gido para el puesto por su aspe cto físico, y porque al b er gaba la esperanz a de re ci bir a cam bio favores sexu ales. El men saje que se nos t rasmite no es sól o que el aspect o físico de la mujer sea más importante que el del hombr e a la hora de encontra r trabajo, sino que es un requisito imprescindible para las féminas, por enci ma de su capacidad int electual y sus aptitudes profesionales. Un mensaje que just ifican la s protagonistas, quienes lo aceptan sin demasiad a difi cultad, e incl uso se esfuerz an por resultar a ún más atracti vas para lleg ar más lejos e n su carrera profesional. La mirada masculi na, adem ás de dominar l a imagen de los fi lmes, es tam bién el eje central po r el cu al se m ueven las p rota gonistas. En el caso de Brid get, l as miradas d e Daniel en el trabajo, y l as de Mar c en cad a uno de sus encu entros, son f undamentales para modificar el estado de áni mo y la aut oes tima de la protagonista. Para And y ocurre igual con la mirada de Mi randa, quien, como ya hemos avanzado, representa la masculinidad tradicional por el poder que oste nta. Las mujeres confu nden el ser atractiv as sexual mente con ser mi radas co mo objetos sexual es. Esas miradas a sus cuerpos, las civas en el caso de Bri dget, y valorativas en el c aso de A ndy, podrían considerars e acoso sex ual en el puest o de trab ajo. Si n embargo, se p resent an a los espectado res como situ aciones natural es, e incl uso cómicas y ‘picant es’. Podemos considerar, por el lo, qu e el acoso s ex ual en el pu esto de t rabajo, ese que no supera l os límites de la s miradas ab usivas y los comentar ios obscenos pero que atenta igualmen te contra la dignidad de las personas, es al go que la Nueva Muj er tendrá que acept ar si desea entrar en el ámbito públ ico. La mujer es porque los dem ás la mir an, y el cuerpo en el que vive no le pertene ce; es, como afir ma Pierre Bourdieu, un ‘cu erpo-para-otro ’. 64 21 El mensaje que se pretende transmitir no es sólo que las mujeres deban aceptar dichos tratos vejatorios como parte de su cotidia nidad fuera de sus hogare s, sin o que tendrían que sentirse orgullosas por re sultar d eseables a lo s hombres, puesto que c on el paso de los años, cuando ese des eo masc ulino desaparezc a, lo hará también su po sición social. Miranda Priestle y es un a mujer inteligente, ambiciosa y con pode r. Pero es vieja. Pasada la treintena, l a Nueva Mu jer tiene que enfr en tarse a una nueva dificultad: el paso de los años y el despresti gio social que ello supone para una mujer. Sus je fes o c ompañeros de trabajo pasarán d e juzgarla como objeto sex u al a discrim inarla por no con siderarl a m ás una mujer. Si los hombres poderosos adquie ren con la edad un ma yor respeto de su entorno, las muje res son sustituidas por chicas jóve nes como Andy, a uto-reguladas y dispuestas a cede r para alcanz ar la posición a la que aspiran. Lo demuest ra claram ent e el cambio que los directivos de Runway quieren hacer en la revista, s ustitu y endo a Miranda por una mujer más jove n p ara aport ar frescur a al pro yecto. Miranda ronda l a cincuentena, lleva décad as lidiando con hombres en su trabajo, y sabe perfectamente lo que quiere. A pesar de que su s act itudes sean tí picamente ‘m asculinas’, ell a es una mujer y por tanto pu ed e boicote ar el sistem a patri arcal en el qu e lo s hom bres han aprendido a moverse. La mujer madura i ncom oda, y es necesario hacerl a sentir prescindible para mitig ar su poder. La mujer, pasad a la t rein tena, es conside r ada poco deseable, d ebido a la exaltación de la juventud en la sociedad actual. Si la Nue va Mujer, joven y solte ra, resulta atractiva para los hombres, pasa da la veintena una mujer sin c ompromiso desesta biliza el orden establecido y se consi der a amenaz ante para el sist ema. Brid get es el perfec to ejem plo de esta marginaci ón, y también de la ansiedad que provoca el senti rse fue ra del estat us socialment e consensuad o. La protagonista de El diario de Bridget Jones pasa toda l a película buscando un hombre que la libere de su condición de soltera y q ue le permita sentirse ac eptada . Pero también Andy, e jemplo de la perfecta mujer ac tual, termina sintiendo miedo de dar más valor a su trabajo que a su p arej a, y de terminar como Miranda, con varios divorcios a sus es pal das, y ‘sol a’ a los cincu enta. Podemos enma rcar El diario de Bridget Jones y El diablo viste de Prada dentro del woman’s film o cine de mujeres, que, como hemos señalado en la segund a parte de este trabajo de investigación, seg ún Giulia Colaizzi, fa cilita la naturalización de modelo burgués de feminidad, d e pasividad y renunc ia. Tanto And y como Bridget son ejemplos de la Nueva Mujer, p ero no se han h echo a sí mismas. Andy es un producto prefabricado en una revi sta de moda, y Brid get es un modelo defectuoso de la mujer occidental de ho y en día. Est amos ante prod uctos creados p ara int erpelar a l as espectadoras, que olvida rán, gracias a ellos, su a nhelo de independ encia e igualdad de derechos y obli gaciones. La s películ as colo can a ambas en un contexto propio de la Nueva Muje r, y ninguna de ellas es capaz de enfre ntarse a las situa ciones qu e en él se le presentan. Los filmes son carreras de obs táculos en las que las protagonistas no consiguen vencer, y vuelven como p erro s a sustados a su rincón, el asignado tradiciona lmente a las mujeres, el único lugar en el que una mujer puede sentirse plenamente se gura: el hogar. La competencia ent re las m ujeres por sus atributos físi cos, la percepción de l a del gadez como valor abso luto, el Requisito de B elleza Profesional, o la marg inación de la s féminas autosufic iente s pasada la primer a juvent ud, son sól o algunas de las razones q ue se nos dan en am bas películas para que olvidemos la idea de entrar en un mundo tan complejo pa ra nuestr as limitadas miras, que terminarí a devorándonos. Miranda, la mujer ex itosa y auto su ficiente por antonomasia, la mujer que ha conseguido g an arse el respeto del mundo g racias a una ac titud fría y agresiva, tópico 65 22 de los hombres de poder en el ámbito públic o, e s el golpe de efecto que necesitan las espec tadoras para ve r cómo se derrumba su castillo de la independe ncia. Ni siquiera ella ha podido soportar la pr esión de la esfera pública; no ha sido capaz de conciliar vida profesional y personal, y no ha podido evitar qu e, a pesar de todos sus cuidados, los años ha y an hecho mella en su físico. El emento de insignificant e valor en la carre ra profesional de un hombre, pe ro que consigue g anarle la batalla a una mujer, permanentemente presio nada a nivel soci al por haber ele gido una vida que no corresponde a su género. La conclusión de estas d os pelíc ulas no es que las mujeres – y la socied ad en gener al- tengamos que luchar co ntra estereotipos que no s impiden vivir nuestras vidas con la misma l ibertad con la que l o hacen los hom bres. Lo qu e pretend en, al cont rario, es hacer que las esp ectadoras se iden tifiquen con tipologí as normaliz adoras del ‘s er mujer’, y que sigan el patrón estab lecido por el cual la s muj eres -más débiles e influenciable s que los hombres, con menor capa cidad intelectual, y con la importante tar ea de la gestación de las nuevas gener aciones- tie nen que cumplir principalmente con su pap el de madres y e sposas. En el O ccidente del si glo XXI no hay lugar pa ra estrictas p rohibiciones y limitacione s legale s a las mujeres a la luz del dí a, pero sí lo ha y para una discriminación mucho más dañina y peligrosa: el control de nuest ra subjetivi dad y el malt rato a nu estra autoesti ma a trav és de n uestros cuerpos. Co si fica das, fragment adas y per cibidas como objetos sexuales -eso sí, con la habilidad de vestirlo todo de aparente natura lidad-, nunca lo graremos s entir nos capaces de romper el techo d e crist al y salir a la sup erfici e reivindicando nuestra valía sin aver gonzarnos po r ello, igual que hacen cada día los hombres. Dos películas como E l diario de Bridget Jones y El diablo viste de Prada, aparent emente superfi cial es e inofensivas, tr asmi t en mensajes tan perverso s como el del odio hacia una mism a o l a incapacidad de l as muj eres de enfrent arse a las vicisit udes de la vida má s allá de las cuat ro paredes de su c asa, mientr as promocionan N uevas Mujer es vestidas de Chanel, que dirigen revistas y enamoran a los hombres m ás admirados. Son sólo dos ejemplos de la cantidad de filmes dirigidos a las mujeres actuales, que se consumen c on ingenuidad y sin una mirada c rítica por pa rte de las e spectadoras y que, sin embar go, están en l a base de toda un a estrate gia social p ara re/ construir a est a Nueva Mujer, que difiere mucho menos de lo que cr eemos del conce pto de mujer tradiciona l. 6 6 23 Bibliogra fía AGUILAR, Pilar, Muje r, amor y sexo en el cine español de los ’90, Madrid: Fundamentos, 1998. ARR I AG A FLÓREZ, Merced es; Rodrigo BROW N SARTOR I ; José Manuel ES TÉVES SAÁ Y Víctor S ILVA ECHETO (eds. ), Sin carne: repr esenta ciones y si mulacros del cuerpo femenino. Tecnol ogía, comunicación y po der: Sevilla: Arcibel editores y grupo de investigación, 2006. BAUMAN, Zyg m unt (2004): Identidad: con versaciones con Ben edetto V ecchi, Madrid: Losada, 2005. BORDO, Susan, “Th e bod y and the reproduc tion of f emininity”, en Katie CONBOY, Nadia MED INA and Sarah STANS BURY ( Eds.), Writing on the body. Fe male embodiment and feminist theory, New York: Columbia Universit y Press, 1997. BOURDIEU, Pierre (199 8): La dominación masculina, Barcelona: Anagrama, 2005. CARMONA, Ramón, Cómo se comenta un tex to fílmico, Madrid: Cátedra, 1993. COLAIZZI , Giulia, La pasión del significante . Te oría de género y cultura visual, Madrid: Biblioteca Nuev a, 2007. FOUCAULT, Michel (1975): Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, Madrid: Siglo XXI, 1990. KAP L AN, E. Ann (1983 ): Las mujeres y el cine. A ambos lados d e la cám ara, Madrid: Cátedra, 1998. KUHN, Annette (1982): Cine de mujeres. Fe minismo y cine, Madrid: Cáted ra, 1991. TURNER, Brya n S. (1984): El cuerpo y la soci edad. Expl oraciones en teoría social, México: Fondo de Cultura Económica, 1989. WOL F, Na omi, El mito de la be lleza, Barcelona: Emecé, 1991. 6 7 I Congreso Universitario Andaluz ³ Investigación y G énero ´ ANÁLISIS DE LA SEGREGACIÓN L ABORAL POR CUESTIÓN DE GÉNERO EN LA MANCOMUNIDAD DE MUNI CIPIOS DEL BAJO GUADALQUIVIR. Asián Chaves, Rosario Departamento de Econom ía Aplicada II , Universidad de Sevi lla [email protected] Rodríguez Sosa, Vicente Departamento de Econom ía Aplicada II , Universidad de Sevilla [email protected] Manzano Arrondo, Vicente Departamento de Econom ía Aplicada II , Universidad de Sevilla [email protected] Resumen: En este trabaj o se ha analizado la real i dad laboral en una coma rca andaluz a desde una perspectiva de género y se ha inv estigado si el imag inario colectivo que informa los procesos d e selección puede a y udar a ex plicar dicha r ealidad . El objetivo planteado es el conocimiento de la situación ocupacional de mujer es y hombres en los municipios del Bajo Guadalquivir, y su r elac ión con el tipo de actividad, identificando la segregación ocupacio nal por cuestión de género . También nos hem os propuesto descubrir cuáles han sido los c riterios de selección utiliza dos en la contratac ión, para analizar si éstos pueden ser factores explicativos de dicha realidad laboral. Las unidades de observación fueron person as del área de Re cursos Humanos de empresas de dive rsos se ctores económicos. Se diseñó y e lab oró un a encuesta con 400 entrevistas, cu yos r esultados se analizaron median te diversos indicadores d e correlación (V de Cramer, Coe ficiente P hi, etc.) y con la técnica de análisis conjunto. Esta técnica corrobora y ex plica la r ealidad laboral obtenida en el an álisis estadístico . El imaginario colectivo y las pre fer encias de las personas que sel eccionan y contratan que revela dicha técnica son coherentes con el panorama l aboral d e scrito por el análisis de la ocupación. Palabras clave : Género; Segregación laboral; Análisis de la Oc upación; Perfiles de Selección; Feminización de actividade s. 69 1. Introducción En esta comunicación s e presentan al gunos de lo s principales resultados de un trabajo GH LQYHVWLJ DFLyQ HQP DUFD GR GHQWUR GHO 3UR \ HFWR ³ Enlaces ´ , encuadr ado en el EJE 1 de la I ni ciativa Comunitaria EQUAL , que procu ra la mejora de la capacidad de inserción profesional. En este trabajo se h a intentado ex aminar, d esde la perspectiva de la oferta de empleo, la incidencia que tienen las c ondiciones de género en la incorporación de nuevas personas en el trabajo, así como en la promoción en el empleo, tipo de actividades a desempeñar, cualificación requerida, tipo de contratación, etc. El trabajo se ha desarroll ado en la Mancomunidad de Muni cipios del Bajo Gua dalquivir (en adelante MM BG), integrada por onc e municipios perteneci entes a las provincias de Sevilla y Cádiz. 2. Enfoque teórico. El trabajo se ha dividido en dos partes fundament ales: el estudio de las relaciones entre diversas variables del á mbito laboral en relació n con el género y el análisis de las actitudes y motivaciones de los empleadores y empleadoras a la hora de incorporar personal. A través del análisis de dicha s actitudes y motivaciones, se ha tratado de identificar cómo éstas pueden constituir la base de dinámicas de seg regación o discriminación en función del sex o. Para ello, se ha asumido como una r ealidad las diferencias ex istentes en l a inserción al mercado laboral entre mujeres y hombre s, que dependen, en parte, de condicionamientos de género que segmenta n e ste mercado, ofreciendo diferentes oportunidades a unos y otras. Estos c ondicionamientos se basan en estereotipos de género TXH PDQLREUDQ  DVLJQDQGR GHW HUPLQDGDV FDUDFWHUtVWLFDV ³S URSLDV´ TXH XQ D sociedad espera de una mujer o de un hombre . De este modo, el estereotipo normativiza como propio masculino la actividad y la independ encia, mientras adjudic a a lo fem enino la pasividad y la depend encia. En consecu en cia, las person as son o rientadas desde la infancia hacia p rácticas sesgadas, los hombres en el ámbito de las ac tividades fuera del hogar ± públicas-, y las mujeres hacia el espacio doméstico ± privado-. Así, a partir de las distintas cualidades de cada s exo, se sustenta l a división horiz ontal existente entre ³HPSOHRVIHPHQLQRV´ \ ³HPSOHRVPDVFXOLQRV´ por naturaleza . Estos estereotipos subyacen en los comportamientos sociales, incluso en las normas o leye s que r egulan las conductas, pero no son fij os e inmutables, sino qu e cambian en relación a la modificación de va lores y creencias culturales. Considerando espec íficamente el espacio laboral , la dimensión de género se expresa contundentemente destacando las im plicaciones q ue esta dimensión supone en términos de desigualdad y exclusión social. La s mujer es son las que deben sortear ma yores obstáculos a la hora de acced er a un empl eo, vién dose particularme nte a fectadas por el desempleo. Pero también, una ve z dentro del mercado laboral, en la ma y or parte d e los casos, se ven abo cadas a los puestos de trab a jos más bajos en la escala je rárquica, y en peores condiciones labor ales ± tiempo parcial, etc. -. 70 En este trabajo se h a intentado abordar tanto la segrega ción horizontal, analiz ando aquellas actividades más feminizadas o más masculinizadas, y co mprobando si coinciden con los ester eotipos mencionados, como la segregación de tipo vertical , refere nte a la posición o al estatus ocupac ional de los hombres y mujere s en las mismas áreas de empleo. 3. Metodología Para realizar el trab ajo, era necesario dispo ner de un a serie d e datos cualitativos y cuantitativos de los municipi os bajo estudio para la elaboración de un informe socioeconómico que permitiera describir el marco histórico y socioeconó mico donde se integra esta área, y que sirviera par a c ontex tualizar las conc lusiones del estudio. Asimismo, también se ha debido diseñar un i nstrumento de análisis, que como se explicará a continuación, se decidió fuese una en cuesta destinada a l os empleadores y empleadoras, para obtener la información necesa ria de la situación laboral en la MMBG, así como sobre las prefer encias que sub yacen en la selección y contratación de los trabajadores y trabaja doras. La información histórica de los distint os municipios se obtuvo d e la inf ormación que ofrecen las diversas páginas web d e é stos. La información socioecon ómica se ha obtenido de las estadísticas contenidas en el Sist ema de Informac ión Multiterritorial de Andalucía (S I M A), qu e elabora anualmente e l Instituto de Estadística de Andalucí a (IEA). Dicha información procede de difer entes fuentes, según a qué se esté haciendo refere ncia. Así, por ejemplo, los datos de poblac ión proceden o bien del último Censo (2001), si se requiere i nformación más de tallada -como es el caso de la población ocupada, población parada en un dete rminado sector económico, e tc. -, o bi en del Padrón Municipal de Habitantes, si se requieren datos más gener ales y actualizados, -por ejemplo para la población total de un muni cipio -. También se ha acudido a la información que ofrece la propia MMBG. Con la finalidad de recabar información hemos acudido a un análisis más específico, por lo que fueron neces ario s los estudios de campo para r eca bar informaci ón específic a sobre determinadas cuesti ones, que no es posible obtener a partir de las fuentes estadísticas existentes. Para ello, se dec idió realizar una encuesta a empresas 1 , por lo que quienes iban a facilitar los datos eran las pe rs onas encargadas de la co ntratación en las empresas o, en los casos que no fue se posible, sus repres entantes. Para ello se seleccionó una muestra d e empresas de l a z ona en cuestión, con un t amaño muestral de 400 entrevistas. El diseño de dicha encuesta se realizó de manera que se pudieran cubrir dos de los objetivos funda mentales antes señalados. Así, la primer a parte del cuestionario reco ge información acer ca de las car acterísticas de las empresas seleccionad as y de diversas variables relativas a la o cupación y a la contra tación, especialmente en su relaci ón con la variable sexo. La seg unda parte está d edicada a obtene r las preferencias de las personas encargadas d e la selección y contratació n. 1 El cuestionario diseñado y em plead o en dich a encuesta se adjunta en el ane xo metodológico. 71 La decisión del tamaño muestral se realiz ó teniendo en cuenta el nivel de confianza requerido, así como las re stricc iones presupuesta rias, es dec ir, cuántas entrevistas se podían costear con el pre supuesto ex istente para el trabajo. Por ello, se re alizaron unas simulaciones que ayudasen a elegir entre las posib ilidades existentes. Había que tener en cuenta que, como el e studio se desea realizar p ara establecer conclusiones a diferentes niveles, según el niv el en el que se esté con cluyendo, el tamaño de la muestra será dife rente. Para este estudio se decidi ó dividir la mancomunidad en 2 áreas geográficas (munici pios p ertenecientes a la provincia de Sevilla y a la de Cádiz) y analizar 6 sectore s de actividad (Agricultur a y Pesca; I ndustri a Agroalimentaria; Construcción; Comercio; Turis mo y Re stauración y Administración Pública), con lo que tenemos un máximo de 12 subdivisiones. Ha y qu e considerar que las conclusiones sobre tipos de c ontrato, sexo y otros aspectos relativos a las personas contratadas, son independientes de las subdivis iones que se hagan, pues éstas se r ef ieren únicamente a las empresas . Ha y que recordar que se entrevista a empresa rias o empresarios y no a l as personas contratadas. No todas las empresas tienen todos lo s tipos de contr ato, duraciones, sex os c ontratados, etc., así que no todas las estimaciones finales se hará n con el total de la muestra. El marco de l a encuesta se obtuvo a partir del Directorio d e Establecimientos Industriales y Comerciales de Andalucía (DI RC E -A) facilitado por el IEA, al que se añadió la población de empresas pe rtenecientes a los sectores de Agricultura y Pes ca de la base de Afiliados de Alta en la Se guridad Social. El proceso de selección de empresas ha sido bietápico, estratificado en función del área geográfica y tamaño de la empresa. Las e ntr evistas, como y a se ha comentado, se realizaron a empleadore s y e mpleadoras, represen tados, en la ma yoría de los casos, por personal del área de recursos humanos de las empresas. El hecho d e que la estrate gia metodológica fuese doble, por una parte obtener las car acterísticas de l a ocupación y , por otra, controlar los aspectos subjetivos que s uby acen en el proceso d e selección y contratación de personal, que suelen involuc rar cuestiones inconsc ientes, como pueden ser preconceptos o estereotipos ligados al gé ne ro por parte del personal a car go de la selección, hizo que se decidiese p or el e mpleo de un cuestiona rio semi -estructur ado, diseñado para capt ar las actitudes, motivac iones e imag inería de los empleadores. Previo a su implementación, dicho cuestiona rio fue pres entado a dos empresarios, y revisado por dos especialistas en meto dolo gía de encuestas y dos investigadores universitarios especializ ados en el merca do de trabajo. De estas entrevistas se obtuvieron un conjunto de comenta rios y sugerencias, que fueron tenidos en cuenta en la redacción final del cuestionario. Antes de co PHQ]DU HO  WUDEDMR GH FDPSR VH  PDQWXYR XQ ³EUHDILQJ´ FRQ ORV encuestadores, en el que se hicieron simulacion es de la entrevista y se les explicó el procedimiento a se guir, en qué consi stía el cuestionario, los inconvenientes o limitaciones con que podían encontrars e, e tc. Se les facilitó una guía a los entrevistadores para recordarles ciert as recomend aciones d e las que se realizaron en la reunión mantenida con el los. 72 Para el tratamiento de l a falta de respue sta y entrevistas fallidas, qu e conlleva una reducción del t amaño de la muestra, se d ec idió proceder a sele ccionar la si guiente unidad del marco. No ob stante, ya se intentó d eja r claro a los entrevistado res que había que evitar la no-respu esta. Por otro lado, para el análisis, se tuvo en cu enta que durante el tra bajo de campo se descubrirían diversas imperfecciones en el marco, entre otras, la rel ativa al número de trabajadores. Por ello se decidi ó actua r de la form a siguiente: Para el tratamiento de los datos obtenidos en las entrevistas, se utilizaron d iversas técnicas e instrumentos estadísticos, en func ión de los objetivos perseg uidos. Así, para la parte dedicada al estudi o de las relaciones de las diversa s variables de ocupación con la variable sex o, se han e mpleado las técnicas usuales para detectar la presencia d e asociación o correl ación entre variables, así como el grado de dichas rel acio nes. Para tratar de conocer las motivaciones suby acentes en el proceso de contr atación, se ha empleado una técnica co nocida como análisis conjunto , que se describe a continuación. Cuando queremos saber al go de alg uien, lo habitual es preguntárselo. En las investigaciones que s e realizan mediante encu esta s se utilizan cuestionario s. En éstos, se incluye n algunas preg untas que responden las personas entrevistadas. Ex iste una discusión continuamente abierta sob re si la inform ación que recogemos es l a que ocurr e realmente o si sólo se trata de lo que las personas dice n. Usualmente , la persona entrevistada debe responder es cogiendo una opc i ón entre un conjunto que se le ofrece. Existen varios problemas asociados a ello. Al g unos de ellos son l a tendenci a central 2 , la aquiescencia 3 y la des eabilidad social 4 . Estos efectos van y vienen, aparecen con un peso difícil de averi guar, pero se encu entran pres entes y son siempre una amenaza. En parte el control de las respuestas es cons ciente. Pero buen a medida se trata de tendencias inconscientes. Existe una técnica de indagación de respuestas que corri ge estos ef ectos: el análisis conjunto. En términos estadísticos es un tipo de análisis, pero mirado en sentido más amplio, es todo un método. Consiste en prese ntar a las personas entr evistadas y conjunto de objetos y pedir que los or dene se gún un criterio que suele ser la pref erencia. Las variables se presentan con diferent es valore s. Al combinar todos lo s valores de todas las variables surgen muchas posibilidades. Pero no se recurr e a todas ellas. En el análisis conjunto se realiza una selec ción de tal for ma que con un mínimo de combinaciones se pueda calcular cuál es la importancia qu e se le ha dado a cada variable y a cad a valor a la hora de realizar las ordenaciones. En el estudio sobre trabajo y género, se pens ó en pres entar a los empleadores y empleadoras un conjunto de 8 tarjetas que d ebían ordenar. Cada tarjeta correspondía a 2 La tendencia ce ntral es la intención de esco ger la cate goría que está en el centro, para no decantarse por ningún extrem o. 3 La aquiescencia es responder en la dirección que se i ntuye que desea el investigador, lo que se deduce del m odo en que está redactada la cuestión. 4 La deseabilidad social co nsiste en re sponder de tal ma nera que se optimice el refuerzo social, es decir, escoger la respuesta que está s ocialmente mejo r vista . 73 V de Cramer ,489 ,000 N de casos válidos 6.207 a Asumiendo la hipótesis alternativa. b Empleando el error típico asint ótico basado en la hipótesis nula. Fuente: Elaboración propia a partir de los dat os de las entrevista s. Existe una clara relación entre categoría prof esional y nivel de estudios alcanzado . Si bien el nivel más f recuente, con diferencia, son los estudios primarios, és te represent a la mayoría sólo en el caso de los obre ros, siendo sensi ble en el cualificado y sobresaliente en el obrero sin cualificar. Curiosamente, el m áximo protagonismo del QLYHO ³VLQ HVWXGLRV´ QR WLHQH OX JDU HQ ORV REUHURV VLQ FXDOLILF DU VLQR HQ ORV  FXDOLILFDGRV (27% frente a 6,5%). Incluso, se observa un a pronunciada presenci a del nivel mínimo de formación en los directivos (18%). Los técnicos constituy en el cuerpo con ma y o r niv el de estudios (75% de universitarios), seguido de los administra tivos y los directivos. Cabe señalar el comportamiento del grupo de directivos qu e no encabeza el nivel fo rmativo (a manos de los técnicos). Estas circunstancias apuntan a los procedimientos seguidos para ocupar algunos cuerpos directivos: los creadores de la empres a, qu e han podido construir su or ganización desde la experiencia y el trabajo más que desde la pl ataforma de la formación académica. 5.2. Análisis de perfiles de contratación Para este estudio, se d ecidió presentar a los empleadores 8 tarjet as que debían ordenar. Cada tarjeta correspondí a a un perfil de posible emple ado/a. Los perfiles se definieron según las variables: sex o (hombre/mujer), disponibilidad (total/parcial), edad (joven/may or), residencia (dentr o/fuera de la lo calidad), experiencia en el puesto (sí/no), estudios (básicos/superiores) e hijos (con/sin). So n 7 variables de 2 valores cad a una que implican 2 7 = 128 combinaciones posibles, de las que el método sele ccionó 8. Se inicia el análisis de los da tos obtenidos mediante esta técnica mostrando la importancia de cada una de las ocho tarj etas utilizadas en el estudio. Una primera medida de la importancia es el número de ocasiones en que fue esco gida una determinada tarjeta en primer lugar. Esta in formación ha sido expresada con la YDULDEOH ³3ULPHUD HOHFFLyQ´ / D VH JXQGD PHGLGD TXH se ha utilizado es un índice ad hoc que pondera el lugar y la frecuencia. Tabla 8: Frecuencia de elecció n de cada ficha Órdenes Ficha 1 2 3 4 5 6 7 8 Valor 2 143 63 34 16 32 18 15 7 76,93 8 46 91 47 35 32 35 25 16 62,65 5 28 58 39 30 94 33 23 22 53,74 3 19 26 90 48 42 48 39 14 52, 03 7 50 35 36 25 55 47 74 5 51, 25 1 30 27 50 45 35 80 38 22 48,27 4 9 21 18 43 21 33 62 120 28, 05 6 2 6 13 85 16 33 51 121 27, 09 Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de las entrevistas. 80 La importancia otorgada a cada atributo queda de manifiesto en el grá fico 2. El criterio preferido para organizar las tarjetas fue el sexo (importancia global: 26,21 puntos). Le siguen la disponibilidad, la experiencia previa, el lu gar de residencia, la edad, el nivel de estudios y tener hijos. At endiendo al signo de las utilidades, el perfil ideal general para un trabajador, ex puesto por or den de importanci a de las car acterísticas, es: Hom bre, disponible a tiempo completo, con experiencia, residente en la localidad, jove n, con estudios superiores y sin hijos. Gráfico 2. Importancia otorgada a cada atributo. 0 5 10 15 20 25 30 Hijos Es tu d i o s E dad R e s ide ncia E xpe r ie ncia D is po nibilidad Gé ne r o Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de las entrevistas. Se repitió este análisis pa ra realizar algunas distinciones por secto res. Nos interesa observar si este perfil general v aría según el tipo de actividad de la empresa y , centrándonos en el sex o, la relación de emplea dos/as en su seno. Igualmente, en relación al sexo, veremos si las preferencias de las ordenaciones de las tarjetas están influidas por el sexo de quien reali za la tarea. La observación de los res ulta dos por sectores arroj a una información muy interesante. Tabla 9: Preferencia de los at ributos seg ún sector de actividad Agricultura y pes ca Construcción Industria agroali m. Hostelería y rtción. Com ercio Ge neral G éne ro 29,30 h 37,92 h 24,84 m 20,44 m 17,39 m 26,21 h Hijos 4,14 s 2,57 s 4,69 s 4,38 s 8,67 s 4,73 s Ed ad 3, 41 j 4, 39 j 8,44 j 17,83 j 16,20 j 9,6 1 j Disponibilidad 37,18 t 30,07 t 20,30 t 14,43 t 15,85 t 22, 43 t Estudios 4,14 u 5,50 u 12,14 g 6,41 u 8,10 g 8,43 u Experiencia 18 ,99 c 1 5,66 c 21,20 c 17,16 c 19,11 c 18, 16 c Reside ncia 2,84 f 3,89 d 8,28 d 19,36 d 14,67 d 10,43 d Notas: h: hombre; m: m ujer s: sin hijos j: jo ven t: tiem po co mpleto g: gradu ado u : universitari o c: con experiencia f : resid e fuera d: reside dentro. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de las entrevistas. 81 Algunos atributos tienen una importancia y se ntid o coherentes a nivel g eneral, mientras que otros atributos reciben un tratamiento muy diferente en función del sector de actividad, haciendo que esta varia bl e sea de obligado conoc imiento para interpretar las preferencias. En cualqui er caso, el sex o, la disponibilidad y la experien cia previa son cuestiones fundamentales para comprender esta di mensión. El segundo tipo de análisis a re alizar con respecto a segmentación de la po blación en el análisis conjunto es disting uir entre e mpr esas, según el desequilibrio hombres/mujeres en su plantilla. Para ello, cre amos una nueva va riable cu y o resultado es que el 74% de las empresas tienen ma yoría de hombres y el 26% tienen más mujeres. Aunque el sexo sigue siendo el atributo más relevante para entend er la ordenación de l as tarjetas, lo es mucho más en las empresas que seleccionan ho mbr es de forma mayoritaria que no en las que selec cionan muj eres. Es más, el signo de la ut ilidad ilustra perfectamente el desequilibrio en la contratación: las empresa s que prefieren mujeres contratan mujeres, mientras que las que prefieren hombres contratan homb res. Tabla 10: Preferencia de los atributos s egún sean empresas con m ayoría de hombres o de mujeres. > mujeres > hombres General Sex o 20,91 m 28,64 h 26,21 h Hijos 6 ,62 s 4,05 s 4,73 s Edad 13,66 j 8,04 j 9,61 j Disponibilidad 16 ,65 c 24,85 c 22,43 c Estudios 12,03 u 7 ,13 u 8,43 u Experiencia 15,78 c 18,88 c 1 8,16 c Res idenc ia 14,34 d 8,41 d 10,43 d h: hombre; m: m u jer s: sin hijos j: joven t: tiem p o completo g: graduado u: universitario c: con experiencia f: reside fuera d: reside dentro. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de las entrevistas. Todas las demás utilidad es coinciden en el sig no, si bien no ocurre así en la importancia de los atributos. Estos datos son c oherentes con otros resultados de an álisis encontrados en apartados anterio res. La última distinción se refiere a las posibles diferencias en las ordenaciones de las tarjetas en fun ción del sex o de quien responde a la entrevista. Esta inf ormación está contenida en el cuestionario a los entrevistadores, en la pr imera preg unta. Tras filtrar los casos, con la mu estra resultante se obtienen dos tablas de an álisis cuyo resumen informativo aparece en la siguiente tabla. Tabla 12: Preferencia de los atributos según sean hombr es o mujeres los seleccionado res. m ujeres hombres Ge neral Sex o 24,89 h 26,92 h 26,21 h Hijos 3,83 s 5,53 s 4,73 s Ed ad 8, 97 j 8,76 j 9, 61 j Disponibilidad 21,11 c 23 ,99 c 2 2,43 c Estudios 7,78 u 8 ,89 u 8,43 u Experiencia 22,64 c 17,85 c 18,16 c Res idenc ia 10,79 d 8,07 d 10,43 d h: hombre; m : mujer s: sin hijos j: jo ven t: tiem po completo g : graduado u: universitario c: con experiencia f: reside f uera d: reside dentro. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de las entrevistas. 82 Este análisis no añade luz relevante a las pr eferencias generales. Incluso, el sentido de las preferencias coincide sin excepc ión. Es decir, se conclu ye que es in diferen te qu e la selección la realice un hombre o una m u jer , en ambos casos se llega a semejante resultado. 6. Conclusiones Como conclusión se deduce que, las mu j er e s contratadas son m enos habituales, tienen superior nivel de estudios, ocupa n puestos de menor ca tegoría profesional, son preferidas jóvenes y en los se ctores comercio, hostelería y restauraci ón e industria agroalimentaria y evitadas en const rucción, agricultura y pesca como criterio fundamental. Además, son contratadas con ma y o r frecu encia a tiempo parcial. La técnica del análi sis conjunto corrobora y explica esta r eal idad laboral descr ita. El imaginario colec tivo y las preferencias de las personas encar gadas de la selección y contratación que saca a l a luz dicha técnica son coherentes con el p anorama laboral que describe el análisis de la ocupación. $XQTXH HO SHUILO GH WUDEDMDGRU ³SU HIHULGR´ HQ WpUPLQRV JHQHUDOH V SRU ODV HPSUHVDV encuestadas ha sido : Hombre, disponible a tiempo c ompleto, con experiencia, residente en la localidad, joven, con estudios superiores y sin hijos ; los sectores añaden peculiaridades important es. En agricultura y pesca y construc ción, el perfil gener al es más contundente, mientras que en los otros tres s ectores lo relevante es pr incipalmente ser mujer. Residir en la misma locali dad y ser joven son aspec tos importantes en hostelería y re stauración y comercio, mien tras q ue son irrelevantes en l os otros tres sectores. Existe cierta coincidencia entre prefe rir mujer y p referir joven, por lo que la edad es un argumento más importante cuan do se piensa en empl eadas que en empleados. Una cuestión fundamental a t ener en cu enta es, que dadas las pautas culturales que marcan la sel ección (preferen cias d e hombre , a tiempo completo, etc., pr edilección por las mujeres en determinadas actividades y po r los hombres en otras, etc.), si queremos que la situación cambie, debemos empezar por intentar cambiar los estereotipos que favorecen dichas pref erencias . Así pues, junto a las políticas activas d esarrollad as en el merca do laboral para acelerar un proceso de cambio, s on necesarias medidas d e concienc iación social, que empiezan desde la educación en los colegios, pasando po r cur sos, jornadas, etc. a hombres y mujeres que forman parte del mercado labora l. También es n ecesario trabajar con las personas responsables de las empresas, y con aquéllas que ocupan cargos de responsabilidad de distinto índole, sea en la política, en asociaciones vecinales, cooperativas, etc. Un primer paso es el conocimiento exhaustivo de la realidad sob re la que s e está trabajando y que se pr etende poder cambiar. En es te sentido, esperamos que este trabajo sea de a y uda a los/as responsables, y a qu e he m os procurado, a través d e las distintas técnicas de análisis empleadas, y haciendo un uso riguroso de éstas, aportar un conocimiento clave de la zona sobre la que se va a trabajar, combinando el entendimiento de la realidad laboral exist ente, con la comprensión de los factores psicológicos, más cualitativos, y que son m ás difíciles de obten er a p rimera vista, que 83 explican en gran medid a el porqué d e es a r ealid ad. Sólo conociendo las causas que provocan una situación deter minada, es posible actuar de l modo adecuado para poner los medios necesarios para cor regirla. 84 I Congreso Universitario Andaluz ³ Investigación y G énero ´ PERCEPCIÓN SUBJETIVA SOBRE LA DIV ISIÓN DE ROLES EN LAS PAREJAS CONVIVIENTES Asián Chaves, Rosario Departamento de Econom ía Aplicada II, Universidad de Sevilla [email protected] Rodríguez Sosa, Vicente Departamento de Econom ía Aplicada II, Universidad de Sevilla [email protected] Bartolomé P érez, Pamela Instituto de Desarrollo Regional, Universidad de Sevilla pame labartolome@idr. es Vega, Sandra Instituto de Desarrollo Regional, Universidad de Sevilla [email protected] Resumen: Ha y bastante unanimidad en la considerac ión de que la asi gnación de los roles y funciones entre los componentes del gr upo doméstico constituye uno de los principales ámbitos de reprodu cción de un mode lo sociocultur al caracterizado por una marcada asimetría entre los sex os. La presente comunicación se basa en un estudio reali zado por las autoras sobre conciliación de vida lab oral, familiar y personal. En dicho estudio se manifestó como muy relevante la pro fundiz ación en el tipo de relaciones que s e e stablecen en las parejas convivientes con respecto a la asignación de responsa bilidades y funciones familiares y /o domésticas, y su vinculación con los tiempos dedica dos al trabajo extradoméstico. A tal propósito, las personas expertas en el tema de conciliación laboral evidencian que la corresponsabilidad de las funciones domésticas y familiares entre homb res y mujeres constituye el pilar fundamental para hacer efe ctiva cua lquier política de conciliación que se pueda impulsar de sde el sector público y pr ivado. Palabras clave : Sexo y Género; División de roles; Conciliación de la vida laboral, familiar y personal; Funciones domésticas. 85 1. Introducción 1 . La asignación de los rol es y funciones ent re los componentes del grupo doméstico se erige como uno de los pr incipa les ámbitos de reproducción de un modelo sociocultural que se caracteriza por una marcada asimetría e ntre los sexos. Ahora bien, dicha asimetría no se percibe de igual manera por las personas de diferente sexo, entre otros motivos, porque no afecta igualmente a ambos. Por eso, resulta mu y relevante profundiz ar en el ti po de relaciones qu e se establecen en las parejas convivient es con respecto a la asignación de responsabilidades y funciones familiare s y/o domésticas. A tal propósito, la s personas expertas en el tema de conciliación laboral evidencian qu e la co r responsab ilidad de las funcion es domésticas y familiares entre hombres y mujer es constitu y e el pilar funda mental para h acer efectiva cualquier política de conciliación que se pueda impulsar desde el sector público y privado. A continuación, se exponen los resultados de un estudio sobre conciliación de vida laboral, familiar y personal en Andalucía. La muestra empleada fue de 801 asalariad as y as alariados, de los que un tot al de 381 son las personas que viven en pareja, y que po r tanto constituyen la muestra sobre la que se realiz a la primera part e del análisis en que se basa esta comunic ación. En dicho estudio se manif estó como muy relevante la profundización en el tipo de relaciones que se establecen en las parejas convivientes con respecto a l a asignación de re sp onsabil idades y funciones familiares y /o domésticas, y su vinculación con los tiempos de dicados al trabajo extradoméstico. Por otro lado, se ha incluido un aparta do que trata sobre el reparto del tiempo de ocio, y a que está directamente relac ionado con el anterio r. Por último, también se ha considerado la percepción de estas persona s trabajadoras sobre las dificultades qu e perciben a la hora de conciliar sus tiempos d e trabajo con el dedicado a labores familiares y domésticas y el tiempo personal de ocio, fo rmación, etc. Además de los resultados obtenidos en las encuestas a la muestra de personas asalariadas en Andalucía, también se han in cluido algunos comentarios y reflexiones de personas a las que se h abía e ntrevistado (ex pertas en materia laboral y de conciliación, trabajadoras, empresarias, repres entantes sindicales, etc.). 2. Características generales de las personas asalariadas 2 en Andalucía La gran ma y oría de las parejas convivie ntes de l a muestra tiene más de 30 años, y se concentran espe cialment e entre los 30 y los 34 años. Por lo que conciern e a la situación laboral del otro miembro de la pareja, el 75, 6% está laboralmente activo, en la modalidad de jornada completa (67,2%) o media jornada (8,4%). Esto significa que, en la ma y oría de los casos, ambos miembros de la pareja trabajan. En el 22,4% de los casos la pareja no trabaja, por motivos famili ares (14,4%), por otros motivos (5,5%) o porque está en situación de paro (2,5%). 1 Este trabaj o VH HQP DUFD GH QWUR GHO HVWX GLR ³&RQF LOLDFLyQ GH OD YLGD ODERUDO  IDPLOLDU \ SHUVRQDO K DFLD una g uía de buenas prácticas ´ U HDOL]DGR SRU HO ,Q VWLWXWR GH 'HVDUUROOR 5HJLRQDO \ ILQDQFLD GR SRU H O Servicio An daluz de E m pleo y El Fondo Social Europeo. 2 De las que componen la muestra analizada en el estudio realizado. 86 Estos datos, como se presenta en la tabla 1, muestran circunstan cias m uy distintas para hombres y mujeres, lo cual parece corroborar que, a pesar de los av ances en dirección a una participación mixta en el mercado de tr abaj o, las condiciones d e ésta no son las mismas para ambos sexos. Tabla 1. Situación labora l de la pareja según el sexo de quien responde, en porcenta jes M i pareja: Hombres M ujeres Tr abaja jornada completa 46,4% 92,9% Trabaja media jornada 13,3% 2,3% Está parada en bu sca de empleo 3,3% 2,3% No trabaja por m otivos famili ares 25,6% 0,6% No trabaja por otros m otivos 8,5% 1,8% Otra situación 2,8% 0% 100% 100% Fuente: Elaboración propia a partir de la explotación de la encuesta sobre Conciliación de la vida laboral, familiar y personal dirigida a las pers onas trabajadoras en An dalucía, 2008. En relación con lo anterior, se destaca que el 92,9 % de las mujeres convive con parejas que trabajan a jo rnada completa, frent e al 46,4% de los hombres cu ya par eja trabaja en la misma modalidad. De aquí se deduce que la ma y orí a de los hombres (parejas de las mujeres entrevistadas) están oc upados a jornada completa, mie ntras que en el caso de las mujeres (pa rejas de los hombres e ntrevistados), son menos de la mitad las que trabajan a jornada compl eta. Al contrario, la prop orción de hombres cu y a pareja trabaja a media jornada (13,3% ) es mayor de la que se registra para las mujere s (2,3%). Otra diferencia apreciabl e se observa en relación con las pare jas que no trabajan por motivos familiare s u otros motivos, pos ición que afecta al 34,1% de las parejas de los hombres, frente a un reducido 2,4% de las parejas de las mujeres. Estos datos indican la persistencia de distint as valoraciones atribuidas al trabajo femenino y masculino. Mientras que los varones suelen tr abajar a jornada completa, pues se considera que de su acti vidad d epende en gran m edida el sustento de la familia, las mujeres se ocupan en mayor proporción a jornada parcial, siendo su actividad SHQVDGD FRPR XQD ³D\XGD´ D OD HF RQRPtD IDPLOLDU R GLUHFWDPHQWH  QR WLHQHQ HPSOHR porque deben hacerse car go de las re sponsabilidad es familiares u otras. 3. Opiniones de los trabajadores y tr abajadoras sobre la división de tareas El modelo cultural que s ostiene la relación e ntre los sex os en el plano do méstico sigue manteniendo a la mujer como principal o únic a responsabl e de l as tareas reproductivas y domésticas, lo que deter mina que su realiz ación profesional resulte afectada por este motivo de manera prácticamente univoca y con independencia de su cualificación laboral. A tal propósito, la Dra. Lina Gá lvez sostiene qu H ³ la elección entre una carrera profesional y la maternidad la sigue sufriendo la mujer, pero no los hom bres. Y eso se ve, por ejemplo, en el p rimer gobierno socialista que era paritario. Entre todas las ministras sumaban dos hijos y entre todos los minis tros sumaban veintitantos hijos. Esto es un ejemplo, qu e demuestra quién tiene, sobre todo, el r eto. Hoy por hoy, el reto, desgraciadamente, lo tienen las mujeres, que tienen que decidir. Entonces, estamos 87 produciendo la generación más edu cada de muj er es, más del cincuenta por ciento de las licenciadas en España y prácticamente en todos los países de la OCDE, menos lo s de habla germana. Y al mismo tiempo, las e stam os haciendo elegir, porque no hay el apoyo. Primero, no hay cambio social todavía. S e ría funda mental que los hombres s e corresponsabilicen con todo lo que tiene que ver con el trabajo doméstico, pero no lo KD\´ . En algunos casos, la interioriz ación y natura lización de la d esigualdad de funciones en las mujeres hace parece r que la réplica de un mod elo de cuidado socialmente consolidado sea producto del p acto entre miembros de la pa re ja, lo que no esconde la desigualdad de poderes y posición de quienes es tipulan el acuerdo, como se aprecia en las palabras de esta tra bajadora entrevistada: ³0HVHV DQWH s de casarme, me plantearon WUDEDMDU HQ XQD FDVD GH PXHEOHV PX\ LPSRUWDQWH « (QWRQFHV p O >PDULGR@  WUDEDMDED en el Ayuntamiento, es bombero y funcionario del Ayuntamiento. Lo decidimos los dos y TXLVHVHUDPDGHFDVD´ (asalariad a). En la misma dirección, l as opiniones de las pers onas encu estadas qu e viven en p areja sobre la modalidad de reparto de las funciones domésticas confirman que la esfera doméstica sigue siendo un ámbito de marcadas desigualdades entre hombr es y mujeres, lo que representa una fuerte limitación para que ambos sex os puedan aprovechar plenamente las medidas de conciliac ión que se empiezan a im plementar en el ámbito laboral. Considerando al conjunto de las personas que viven en pareja, más de la mitad afirma que el reparto de las fu nciones domésticas es equilibrado, el 33,4% opina que es la pareja quien asume más func iones y el 15,8% sostiene que quien asume m ás func iones es la propia persona encu estada. Sin embargo, co mo se aprecia en la Tabla 2, estos datos muestran proporciones distintas según el sexo de quien responde. Tabla 2. Opinión acerca de la división de funciones do méstica s según el se xo, en porcentajes Hombres M ujeres El reparto es equilibrado 44,0% 59,2% La pareja asum e más funcione s 54,0% 7,7% El encuestado asume más funciones 2,0% 33,1% 100% 100% Fuente: Elaboración propia a partir de los datos ob tenidos tras la explotación de la encuesta sobre Conciliación de la vida laboral, familiar y personal di rigida a las personas trab aj adoras en Andalucía, 2008. Más mujeres que hombres estiman que el reparto de las funciones domésticas es equilibrado y, al mismo tiempo, es mucho ma y or el porcentaje de hombres que opinan que la pareja asume más funciones. Es decir, la perc epción no es la misma si se tiene en cuenta el sexo de quien responde. Desde la perspectiva de la persona entrevistada, sólo el 2% de los hombres (4 de los 211 que viven en pareja) sos tienen que son ellos qui enes asumen m ás funciones, frente al 33,1% de las mujeres que consi deran que sob re ellas recae el ma y or peso de las responsabilidades domésticas. 88 Estos datos llevan a reflexionar, por un lado, sobre la tende ncia de las mujeres a conformarse con roles de género basados en un asimétrico reparto de l as funciones domésticas y, por otro lado, sobre una menor disposición por parte de los hombres a DVXPLU HVWD VLWXDFLyQ FRPR ³QDWXUD OPHQWH´ HTXLOLEUDGD \  QR FXHV WLRQDEOH  (VWD ~OWLPD circunstancia se puede c onsiderar sintomática de una ma y o r sensibilización masculina hacia el reconocimiento de desigualdades de gén ero, aspec to particularm ente evidente en las parejas más jóvenes. De hecho, el análisis de las opiniones de la s personas hasta los 35 años y mayores de 35, dos grupos que, supuest amente, tienen difer ente s cargas familiares y experiencias d e socialización, permite observar percepciones dist i ntas dependiendo d e la edad y el sexo de la persona entrevistada. Tabla 3. Opinión acerca de la división de funciones do mésticas se g ún el sexo y la edad: m enores de 35 años, en porcentajes Hombres Mujeres % Total El reparto es equilibrado 52,9% 69,7% 61,5% La pareja asum e más funcione s 44,2% 5,5% 24,4% El encuestado asume más funciones 2,9% 24,8% 14,4% 100% 100% 100% Fuente: Elaboración propia a partir de los datos ob tenidos tras la explotación de la encuesta sobre Conciliación de la vida laboral, familiar y personal di rigida a las personas trab aj adoras en Andalucía, 2008. La s personas más jóvenes indican, con cla ra superioridad, que el reparto es equilibrado, aunque tales respu estas a bundan ma yormente en tre las muj eres que entr e los hombres (entre quienes eligen esta opción, el 58% son m ujeres). A pesar de esto, es mayor el porcentaje de hombres que opinan que su p are ja asume más funciones y de mujeres que opinan lo contrario. D e hecho, como se apr ecia en la Tabl a 3, los homb res se concentran entre los que opinan que el reparto es equilibrado y los que opinan que la pareja asume más funciones, mientras que más de dos tercios de las mujere s opinan que el reparto de tareas es equilibrado y, en menor proporción, que sobre ellas recae el ma y or peso d e las tareas domésticas. Tabla 4. Opinión acerca de la división de funciones do mésticas se gún el sexo y la edad: mayores de 35 años, en porcentajes Hombres Mujeres Tota l El reparto es equilibrado 35,9% 40,0% 37,4% La pareja asum e más funcione s 63,2% 11,7% 44,8% El encuestado asume más funciones 0,9% 48,3% 18,0% 100% 100% 100% Fuente: Elaboración propia a partir de los datos ob tenidos tras la explotación de la encuesta sobre Conciliación de la vida laboral, familiar y personal di rigida a las personas trab aj adoras en Andalucía, 2008. Entre las personas ma y ores de 35 años, disminuye de manera significativa el porcentaje total de quienes opinan que el reparto es equili brado, y entre éstos se registra un predominio de hombres (de los que opinan que el reparto es equilibrado, el 61,3% son hombres). La mayoría de hombres ma y ores de 35 años consideran qu e la pareja asume 89 22, 2% 40, 4% 36, 6 % 54, 7% 61 , 9% 75, 0% 77, 8% 59, 6% 63, 4 % 45, 3% 38, 1 % 25, 0% 0% 10 % 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 10 0 % 1 -3 hrs . 4-5 hrs . 6-7 hrs . 8 hr s . 9-1 0 hrs . > de 1 0 hrs . M u y y b a sta n te co mp l i ca d o Poc o y n a d a c om p l i c a d o Fuente: Elaboración propia a partir de los datos ob tenidos tras la explotación de la encuesta sobre Conciliación de la vida laboral, familiar y personal di rigida a las personas trab aj adoras en Andalucía, 2008. Si se considera la relac ión entre tipo de jornada de tr abajo y percepción de las dificultades de conciliación, en las catego rías más representadas en la muestra (jornada partida, continua o en eq uipos rotativos), se obtiene lo siguiente: - , QGLFDQ FRPR ³PX\  FR PSOLFDGR´ \  ³EDVWDQWH FRPSOLFDGR´ FRPSDJLQD U YLGD ODERUDO  familiar y personal el 61,6% de las persona s ocupadas con jornada partida y el 61,5% de las que trabajan con hor ario en equipos rotativos de mañana, t arde y noche. - 2SLQDQ TXH ODFRQFLOLDFLyQ HV³SRF R FRPSOLFDGD´ \ ³QDG D FRPSOLFDGD´HO  GH ODV personas trabajadoras con jornada continua (fijo mañana). Gráfico 5. Relación entre tipo de jornada y percepción del nivel de complicación de l a co nciliación de la vida laboral, familia r y personal, en porcentajes. 61,6% 25,6% 61,5% 38,4% 75,4% 38,5% 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100% Jornad a part ida Jorn ada cont inu a (mañan a) Horario r otati vo Muy y bas tante co mplicado Poco y nada complicado Fuente: Elaboración propia a partir de los datos ob tenidos tras la explotación de la encuesta sobre Conciliación de la vida laboral, familiar y personal di rigida a las personas trab aj adoras en Andalucía, 2008. En función del tamaño de la empresa en la que trab ajan, se ap recia que en l as microempresas es dond e ha y un ma y or porcentaje de personas que perciben su conciliación como muy o bastante complicada (54,4% ), seguido por las empresas grandes (53,7%) y medianas empresas (53,4%). E s en la pequeña empre sa, de entre 1 0 y 96 49 trabajadores, donde hay un mayor porce ntaje de personas que afirman que l a conciliación les resulta poco o nada complic ada (53%). Gráfico 6. Relación entre tamaño de la em presa y percepción del nivel de co mplicación de la conciliación de la vida labora l, fam iliar y personal, en % . 30, 5% 23, 9% 21 , 3% 24, 3% 22, 5% 24, 6% 21 , 2% 31 , 8% 28, 2% 25, 2% 17 , 2 % 29, 5% 25, 9% 27, 8% 22, 8% 23, 5% 0% 5% 10 % 15 % 20% 25% 30% 35% M eno s de 1 0 Ent re 1 0 y 49 Ent re 50 y 250 M ás de 250 M u y co mp l i ca d o B asta n te co mp l i ca d o Poc o com p l i c a d o Na d a co mp l i ca d o Fuente: Elaboración propia a partir de los datos ob tenidos tra s la explotació n de la encuesta sobre Conciliación de la vida laboral, familiar y personal di rigida a las personas trab aj adoras en Andalucía, 2008. 5.1. El efecto del tiem po de tr abajo sobre la conc iliación de la vi da labo ral, familiar y personal de las p ersonas asalariadas Se ha puesto de manifiesto que el elevado número de horas desti nadas al trabajo es el factor que más reperc ute en la calidad de la vida familiar y personal de las personas encuestadas. Por eso, es importante pr ofundizar en la modalidad de d efinición del horario de trabajo. En es te sentido, ha y que señalar que en el 80% d e los casos quien establece el horario d e trabajo es la empres a. S olamente en el 14,6% de los casos el horario adoptado es el resultado de la neg ociación colectiva, mien tras que en el 3,6% de los casos es la persona contratad a quien establece su p ropio horario. Vale la p ena detenerse en la compos ición por s exo de e ste último contingente: el 7 2,4% de las personas que establecen su propio hora rio de tr abajo son hombres. A la pregunta acerca d e qué horario de tra b ajo elegirían si pudie ran hacerlo, resulta qu e HO  GH ODV SHUVRQDV HQFXHVWDGD V HVFR JHUtDQ WUDEDMDU SRU ³O DV PDxDQDV´ PLHQWUDV TXH HO  GLFHQ ³HVWDU VDWL VIHFKRV FRQ HO SURSLR KRUDULR´ G HELGR D TXH PXFKRV G e ellos ya trabajan por las mañanas. Las otras modalidades, que en conjunto agrupan al 9,3% del total de la muestra, prese ntan un alto grado de dispersión. /D FRPSRVLFLyQ GHO FRQWLQJHQWH TXH RSWDUtD  SRU W UDEDMDU SRU  ³OD V  PDxDQDV ´ SUHVHQWD O D siguiente estruc tura: en cuanto a la modalidad horaria, el 69,1% trabaja a jornad a partida, y el 11,4%, con horario rotativo. Se trata de un grupo sin apenas diferencias en cuanto a las proporciones masculinas (50,1%) y femeninas (49,9%). La s personas contratadas que están sati sfechas con su actual horario de trabajo presentan las siguientes características int ernas: en cuanto a la modalidad horaria, se componen en un 46,4% de trabajado res y trab aja doras a jornada partida, y en un 27,8%, a jornada continua (fijo mañana), modalidades que en conjunto agrupan a casi tr es 97 cuartas part es de este co ntingente. En cu anto a la composición por sexo, el 52% de las personas asalariadas que se declaran satisfe chas con su horario de trabajo s on hombres. Resulta interesante poner en relación la opinión acerca del horario de trab ajo por el cual optarían las personas encuestadas por un lado, con sus percepciones acerca del grado d e complicación de la conciliación, y por otro, c on la presen cia o aus encia de problemas específicos en el ámbito personal y laboral. En cuanto a la primera d e estas relaciones: - /DV SHUVRQDV TXH GLFHQ HVWDU VDWLVIHFKDV FRQ V X KRUDULR G H WUDE DMR FRQ VLGHUDQ ³QDGD FRPSOLFDGR´  \  ³SRFR FRPSOLFDGR´  FRPSD JLQDUYLGD  ODERUDO IDPLOLDU \  personal. - L DV TXH SUHIHULUtDQ WUDEDMDU GH PDx DQD FRQVLGHUDQ ³PX \ FRPSOLFDG R´  \ ³EDVWDQWH FRPSOLFDGR´   FRQFLOLDU VX YLGD ODERUDO IDPLOLDU  \ SHUVRQ DO PRWLYR SR U  el cual optarían por un cambio en el horario de trabajo. En cuanto a la se gunda relación: - El 41,8% de l as personas empleadas qu e se decl aran satisfechas con su actual horario de trabajo dicen tener dificultades por pasar un número elevado de horas en el trabajo; el 20,7% considera tener dificultades para poder realizar actividade s de ocio, dep orte, etc.; y el 14,5% señala q ue no puede hacer vida familiar por llegar tarde a casa. - De las que preferirían el horario de maña na: el 46,8% dice tene r dificultades por pasar un número elevado de ho ras en el trabajo; el 19,5 % declar a no poder hacer vid a familiar por llegar tarde a casa, y el 10,7% dice ex perimentar dificultades para realizar actividades de ocio y deporte. Lo anterior permite r eflexionar acer ca de las difi cultades que l as persona s empleadas, independientemente de la modalidad horaria d e t r abajo, experimentan para compa ginar su vida laboral, familiar y personal. El hecho de pasar muchas horas en el trabajo es el principal factor que merma la dispo nibilidad de tiempo para h acer vida familiar o para realizar actividades de ocio y deporte. S in embargo, en este ámbito, resulta interesante destacar que, si bien en l a ma y oría de los casos (el 55,5% del total, sumando todas las opciones horarias mencionadas) exist e la percepción de que un cambio en el horario de trabajo podría facilitar la conciliación de los distintos ámbitos de vida, otro g rupo considerable (el 43,3% que se declara sati sf echo con su actual horario) parece asumir las dificultades de conciliación como aspectos consustanciales al trabajo. 5.2. Factores vinculados al em pleo que afe ctan las posibilidades de conciliación de las personas asalariadas Otro conjunto de variables que se ha analizado determi na cuáles son los aspectos o características del empleo que afectan mayoritariamente a los otros ámbitos de vida de las personas asalariad as. De forma conclu y e nt e, el número elevado de horas es el aspecto del trabajo más señalado por el conjunto de las p ersonas encuestadas (42,3% del universo). Como se apr ecia en el si guiente gráfico, ex isten ciertas difer encias en los porcentajes de respuesta en función del se xo. L os hombres están más afectados que las 98 mujeres por el elevado número de horas de trabajo (45,6% hombres y 39% mujeres), mientras que, en todos los otros problemas s e ñalados, es m a y or el porcentaje de mujeres: por la falta de fl ex ibilidad en el horario de entr ada y sali da del tr abajo (11,5% mujeres frente al 7,3% h ombres), por tener dificu ltades para formarse (13,5% mujeres frente al 10,7% hombres ) y, en menor medida, po r la pérdida d e c onsideración por parte de la empresa (42,5% mujeres frente al 2% hombres) y por problemas de movilidad geográfica (4,7 % mujeres frente al 3,9% hombres ). Gráfico 7. Personas as alariadas que reconocen tener alguno de estos proble mas en la esfera laboral, en porcentajes. 45,6% 7,3% 3,9% 10,7% 2,0% 39,0% 11,5% 4,7% 13,5% 42,5% 0% 5% 10% 15% 20% 25% 30% 35% 40% 45% 50% E l ev ado nº de hor as en el tr abaj o N o f le x ib ilid a d entr ada y s ali da P r oblem as m o v ilid a d geogr áf i c a D i f i c ul tades par a fo r m a r s e P ér dida de c ons ider ac i ón en l a em pr es a Ho mb r e Mu j e r Fuente: Elaboración propia a partir de los dat o s ob tenidos tras la explotación de la encuesta sobre Conciliación de la vida laboral, familiar y personal di rigida a las personas trab aj adoras en Andalucía, 2008. De los resultados anteriores se despr ende que, pa ra las person as emple adas, el elevado número de horas transcurridas en el tr abajo constituye una de sus principales dificultades. Ahora bien, ha y que destacar que son las mujeres las qu e plantean, en mayor medida, necesidades de flex ibilidad hora ria para compatibil izar los dis tintos ámbitos de vida y responder a las responsabilidades domésticas y familiares cu y o peso, como se ha visto, recae principalmente sobre ellas . En estas condiciones, sin embargo, la concesión d e una ma yor f lexibilidad no representa un verdadero avance hacia una mayor ig ualdad de gé nero en la búsqueda de soluciones a los problemas de conciliación. Si la mujer trabajadora sig ue haciéndose car go de compaginar los tiempos de vida de toda la fami lia, una ma y or flex ibilidad laboral podría reforzar el tradicional desequilibrio de responsabi lidades entre los s exos, desvirtuando los efectos de las medida s de c onciliación que se busca impleme ntar d esde las empresas. $Vt OR UHFRQRFH XQ UHSUHVHQWDQWH GH OD &($ ³+D\  FRVDV LQWHUHVD QW HV FRP R HO EDQ FR G HO tiempo, por ejemplo, siempre y cuando se haga n de forma totalmente equitativa y que afecte tanto a hombres como a mujeres. No me v ale que la flexibilidad sólo afe cten a las PXMHUHVQRPHYDOHGHVDUUROODUPXFKRHOWLHPSRSDUFLDO \ TXHD IHFWHVyORDODVPXMHUHV´ (Hombre. Representante mundo empresarial ). 99 5.3. Repercusiones de las dificultades de co nciliación en la v ida privada de las personas asalariadas Con respecto a las cons ecuen cias que las dific ultades de concilia ción producen en la vida privada de las personas en cuestadas, la m a yoría del universo de estudio señala que las actividades de ocio, deportes, etc. (48,8 %) son el ámbito más sacrificado. Las mujeres son las que experimentan ma yor priva ción del tiempo de ocio (52,0% de las mujeres frente al 45,6% de los h ombres), mi entras que no se r egistran diferencias notables en función de la edad. En segundo lugar, destaca que el hec ho de trabajar un número elevado d e horas fuera del domici lio repercute sobre la posibilidad de compartir con la familia, dificultad que atañe más a los hombres (35,7%) qu e a las mujeres (29,3%). Por otro lado, la dificultad d e concil iación es reconoc ida, po r un porcentaje aproximadamente igu al de hombres y mujere s, como un factor que afecta n egativamente a la armonía en la pareja. Gráfico 8. Personas asalaria das que reconocen tener alguno s de esto s proble mas en la esfera privada, en porcentajes. 2,0% 5, 8% 35,7% 9,3% 8,7% 11, 5% 14,7% 15,0% 45,6% 52,0% 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% F a lta g u a r d e r ía s N o v id a f a m ilia r D if ic u lta d e duc a c i ón y cu i d a d o s de pe ndi e nt e s P r o b l e ma s a r mo n í a en l a par ej a D i fi c u l t a d es par a el oc i o Hom bre Mu j e r Fuente: Elaboración propia a partir de los datos ob tenidos tras la explotación de la encuesta sobre Conciliación de la vida laboral, familiar y personal dirigida a las personas tr abaj adoras en Andalucía, 2008. 6. Conclusiones Una de las conclusiones que se ex trae de esta comunicac ión es que se atisba un cambio de actitud entre las nu evas generaciones. Así, el porcentaj e de p ersonas menores de 35 años que opinan que el reparto de tareas domé sticas en la pareja es equilibrado es prácticamente el doble d e lo que se registra entre las personas ma y o res de 35 años. Sin embargo, las opiniones sobre quién en la pareja asume ma yo r carga de trabajo doméstico demuestran que persiste todaví a entre las personas más jóvenes una marcada asimetría en función d el sexo, aunque en menores p roporciones respecto a l as generaciones anteriores. En este aspecto, se evidencia que, a pe sar de que es la mujer la que sig ue resultando menos favorecida, las re sistenc ias culturales al cambio son perpetuadas por hombres y mujere s, siendo ma y or el porcentaje de hombres que reconoce la desigualdad en el reparto de funciones domésticas. Se ha detectado un 100 elevado g rado de conformismo con la divi sión de responsabilidades familiares poco igualitarias. Si bien la falta de tiempo extralaboral aqueja a ambos miembros de la pare ja, existe una correlación negativa entre responsabilidades domésticas y tiempo lib re, lo que provoca que sean las mujeres las que dispone n de menor tiempo de ocio y personal. En concreto, de la encuesta a las personas asal ariadas que viven en p areja se obtiene que, para ambos miembros, es de seable tener más tiempo libr e. Entre estas per sonas, se encuentran también aquéllas que reconocen ten er más tiempo libre que su pare ja, por lo que se observa poca predisposición a e quilibrar el reparto de tareas. Con relación a la dimensión laboral, resulta que el grado de dificultad experimentado en la conciliación de la vida laboral, fa miliar y persona l aumenta de manera proporcional a la cantid ad de horas d e trabajo diario. Así mismo, las personas que trabajan a jornad a partida y en equipos r otativos de mañanas -tardes-no ches experimentan ma yores d ificultades que l as que tienen un horario a jornada continua (fijo de mañana). Además, si se tr abaja en microempresas, la p ercepción de la complejidad de conciliac ión de la vida laboral, familiar y personal es ligeramente superior a la de las personas empl eadas en el r esto de las empresas. El elevado número de horas trans curridas fu era de casa po r motivos de trabajo es el aspecto de la dimensión laboral que complica ma y oritariamente la concil iación de la vida laboral, familiar y persona l de las pe rsonas as alariadas, indep endientemente de l a modalidad horaria de t rabajo. Sin embargo, la jornada continua (fijo mañana) es percibida como una modalidad que favor ece la conc iliación y por la cu al optaría la mayoría de los trabajad ores y trabajadora s. En segunda in stancia, se destaca que las mujeres apelan ma yoritariamente a l a flexibilidad horaria como medida para compatibilizar los distint os ámbitos de vida. Resumiendo, si bien las dificultades de concil iación afectan a todas las personas trabajadoras, y están en func ión de una serie de condicione s laborales, familiare s, etc., la percepción subjetiva de estas dificultades, ma yormente relacionadas con el r eparto de las tareas domésticas, es c larament e distinta según el sex o de la p ersona en cuestión, y confirman la perpetuació n, a ún con ciertos cambios en las nuevas g eneraciones, de la tradicional división sexual del trabajo. 7. Bibliografía 1. Balbo, L. (1991): Tempi di vita. Fe ltrinelli. Milano. 2. %RUUiV 9 0RUHQR 6 \  7 7RUQV  ³/ DV SROtWLFDV GH FRQ FLOLDF ió n: políticas ODERUDOHVYHUVXVSROtWLFDVGHWLHPSR´ en Papers , n . 83, pp. 83-96. 3. Carrasco, C. et al. (2003), Tiempos, trabajos y flexibilidad: una cuestión de género , IMU, Madrid. 4. Comisión Europea (1993), Crecimiento, competi tividad y empleo: retos y p istas para entrar en el siglo XXI. Libro Blanco , Oficin a de Publicacion es Oficiales de las Comunidades Europeas, L uxemburgo, 08 -10 diciembre d e 1993, [en línea: www.gipuzkoa.net/espar ru/cas t/tyacim01.html ] 101 5. *iOYH] /  \ 0DUFHDQUR 2'  ³&RQFLOLDFLyQ XQ UH WR SDU D OR V KRJDUHV DQGDOXFHV´ HQ Actualid ad 26 , Centro de Estudios Andaluce s, Consejería de la Presidencia, JA. 6. Instituto de Desarrollo Reg ional (2008). Conciliación de la vida laboral, familiar y personal. Hacia una guía de buenas prácticas. Informe de investigaci ón para el Servicio Andaluz de Empleo, Co nsejería de Empl eo, Sevilla. 7. Junter- L oiseau, A. y Tobler, C. (1999): "R econc iliation of domestic and care work with paid work. Approaches in internati onal legislation and policy instruments and in the scientific discours". En O. HUFTON y KRAVAR I TOU: Ge nder and the use of time. Kluwer L aw Int.. L a Haya . 8. Maccines, J. (2004): "Work-life balance: thr ee t erms in sear ch of a definitio n". En Warhurst, C., Eikhof, D. R. Y Haunchild, A. (eds): Work Less, Live More? A Critical Analysis of the W or k-Life Boundary . Palgrave. London, pá gs. 44-61. 9. Martín Palomo, M. T . (2008), "Las nue vas fronteras de la desiguald ad: corresponsabilidad y socializ ación de los cuidados", en Primer encuentr o europeo Mujeres, Trabajo y Empleo. Nuestro presente, nuestro futuro, A yuntamiento de Sevilla- Delegación de la mujer, Sevilla. 10. 0tJXHOHV ) 7RUQV 7 %RUUiV 9 0RUHQR 6 \  & 5HFLR   ³(O WLHPSR GH t UDEDMR ¢OD ~OWLPD IU RQWHUD" ´ HQ Relaciones Laborales, formación y fiscalidad. Revista Universitaria de Ciencias del Trabajo , Universidad de Valladolid, 6/2005, pp. 83-104. 11. M I NISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOC I A L ES (2007) Plan Estratégico de Igualdad de Oportunidades 2008-2011. [ en línea] http://mtas.es [ consulta 02/04/058] 12. 0RQWHUR 6RXWR 3  ³+HUUDPLHQWDV G H ODV S ROtWLFDV S~EOLF DV GHO WLHPSR HQ ODV FLXGDGHV´ 3RQHQFLD SUHVHQWDGD H Q &RQJUHV ,QWHUQDFLRQDO 7HPSV &LXGDG anía i Municipi, Barcelona, 24-26 de mayo de 2006. 13. Murillo, S. (1996), El mito de la vida privada. De la entrega al tiempo propio, Siglo XXI , Madrid. 14. 3DUHOOD 5XELR 6  ³(O WUDVY DVH GH GHVLJXDOG DGHV GH FODV H \ HWQLD HQWUH mujeres: los servicios d HSUR[ LPLGDG´HQ Papers , n. 60, pp. 275-289. 15. Parella Rubio, S. (2008) , La conciliación de la v ida familiar y laboral a debate. Riesgos y oportunidades desde una pers pectiva de género , [ en línea: http://www.equalitaca.org/nuev aitaca/documentosforo/S oniaParella.pdf ]. 16. Tobío, C. y Fernández J .A. (2006). Conciliar las responsabilidades familiares y laborales: políticas y prácticas sociales. Laboratorio de Alternativas, nº 79. 102 17. 7RUQV 7 %RUUiV 9 \  3 &DUUD VTXHUR  ³/D FRQFLOLDF LyQ GH OD YLGD  ODERUDO \  IDPLOLDU ¢XQ KRUL]RQWH SRVLEOH " ´ HQ Sociología del Trabajo , n. 50, Siglo XXI, Madrid. 18. 7RUQV 7  ³'H OD LPSRVLEOH FRQFLOLDFLyQ D ORV SHUPDQHQWHV PDORV DUUHJORV´ Cuadernos de relaciones laborales , Vol. 23, n. 1, págs. 15-33. 19. 9LOODU 0DWD  )  ³/D WHUF LDUL] DFLyQ GH OD  HFRQRPtD DQGDO X] D FDPELRV HQ OD  estructura del empleo en los servicios (1976-  ´ HQ $ FWDV GHO I Congreso de Ciencia Regional de Andalucía: Andalucía en el umbral del siglo XXI , Jerez de la Frontera, 23-25 de abril . 103 I Congreso Universitario Andaluz ³ Investigación y G énero ´ D8IFERENCIAS DE GÉNERO EN LOS EF ECTOS DE LA BÚSQUEDA DE CONCILIACIÓN LABORAL Y PERSONAL Asián Chaves, Rosario Departamento de Econom ía Aplicada II, Universidad de Sevilla [email protected] Bartolomé P érez, Pamela Instituto de Desarrollo Regional, Universidad de Sevilla pame labartolome@idr. es Rodríguez Sosa, Vicente Departamento de Econom ía Aplicada II, Universidad de Sevilla [email protected] Vega, Sandra Instituto de Desarrollo Regional, Universidad de Sevilla [email protected] Resumen: En los últimos años se h a venido pr od uciendo una ma y or pr es i ón económica sobre los núcleos familiares que, junto a una serie de cambios culturale s, explican la decisión de emprende r actividades laborales fue ra de cas a por parte de sujetos de ambos sexos, lo cual ha suscit ado contradicciones entre responsabilidades de tipo laboral, familiar y personal. Éstas se han ido solve ntando mediante la bús queda de estrate gias de conciliac ión, internas o externas a los grupos domésticos. Las segundas, objeto prin cipal de esta comunicación, elaborad a a partir de un estudio con ducido sobre un a muestra de personas asalariadas y de empresas andaluza s, han conllevado la creació n de nuevos SXHVWRV GH WUDEDMR HQ HO iPELWR GH ORV ³VHUYLFLRV GH DWHQFLyQ D  OD YLGD GLDULD´ R KDQ conducido hacia fórmulas ocupac ionales alternativas a la j o rnada a tiempo completo, como el tiempo parcial o el teletra bajo. Palabras clave : Género; Conciliación de la vida labora l, familiar y personal ; Mercado de trabajo; Nuevos y aci mientos de empleo; Empleo a ti empo parcial; Tele trabajo . 105 2.2. L A ELECCIÓN DEL TRABAJO A TIEMPO PARCI AL . El trabajo a tiempo par cial es un a de las estrate gias más difundidas y arraigadas en la búsqueda de una mejor compatibili zación entre vida laboral y extra -laboral, aunque su extensión en España y A ndalucía ha sido post erior a la de otros países euro peos. En España, en los últimos veinte años, su regulación ha sido objeto de numerosas revisiones. Una primera significativa intervenc ión normativa a favor del im pulso de esta modalidad ocupacional tuvo lugar mediant e la Re forma del Estatuto de los Trabajadores por la Ley del 2 de agosto de 1984. Su ces ivamente, la persistencia de varias limitaciones cuantitativas y cualitativas en la a plicación de este ti po de contratos hiz o necesarias nuev as revisiones en la le y : en 1993 se aprob ó el Real Decreto Le y 18/93, en 1998 se sustituy ó por el R. D. Ley 15/98 y en 20 01 se aprobaron dos nuevos decretos a distancia de pocos meses uno de otro (5/2001 y 12 /2001) (IDR, 2004). Estas reformas se planteaban el obj etivo de poner el énfasis en las vent ajas del trabajo a tiempo parcial par a la cr eación de empleo, mejorar las condiciones del t rab ajo bajo esta modalidad e intentar equiparar su implantación en Españ a a la ma yoría de los país es europeos. El resultado más visible fue que en el último quinquenio el porcentaje de empleo a tiempo parcial respecto al total se duplicó, de form a que de 5,9% en 1992, se pasó a 11,8% en la actu alidad (EPA; 2008a). El aumento del porcentaje de oc upados a tiempo parcial en todo el país ha ido asociado a una composición por sexo marcadamente desi gual, con una neta prep onderancia de mujeres (79,5%) (EPA, 2008b). De modo más espec ífico, en Andalucía l as tendencias del mercado de trabajo s e ha n desarrollado en la misma direcc ión que en l a totalidad de España, con un incremento significativo de los efe ctivos laborales a tiempo parcial a lo largo de los años noventa (desde el 4,3% en 199 2 al 12,1% en 2007) y una presencia femenina mayoritaria (77,4%) (EPA, 2008b). La ma y or presencia d e mujeres titulares de contratos a ti empo parci al ha justificado la hipótesis de la posible conversión de esta modali dad de t raba jo en un nuevo ámbito de segregación laboral por sexo. En esta línea, aut ores como Borrás, Moreno y To rns,   FRQVLGHUDQ TXH ³HO WUDE DMR D WLHPSR SDUFLDO L ma ginado como la solución LGHDO SDUD HO WUDEDMR G H ODV PXMHUHV FDVDGDV TX HG D OHMRV GH OD  µYROXQWDULD¶ UHGXFFLyQ G H ODMRUQDGD SRUPRWLYRV IDPLOLDUHV ´GHILQLpQGRV H FRPRSDUWH GH XQ DHVWUDW H JLDGRPpVWLFD elaborada y ejecutada para mantener la vigencia del modelo patriarcal del male breadwinner 11 . ³(O WLHPSR SDUFLDO UHVXOWD D Vt OD PHMRU PDQHUD GH PDQWHQHU OD  GLYLVLyQ VH[ XDO GHO  WUDEDMR D OD KRUD GH UHDOL]DU HO UHSDUWR GH OD FDUJD WRWDO ODER UDO´ ,ELGHP  HQ HO VHQR del grupo doméstico. En la medida en qu e es la trabajadora quien se hace c argo de 6HWUDWDGHX QDFRQFHSFLyQ³LGHDOL]DG D´ de lo privado co mo espacio de recogimiento, recreación personal, ámbito de soledad o de enc uentros libres co n amigos y a fines. La se gunda concepción, SUHSRQGHUDQWHP HQWH IH PHQLQD HQWLH QGH OD SULYDFLGDG FR P R ³SULY D FLyQ GH VL´ XQ FR PSHQ GLR GH ³SUiFWLFDV D IHFWLYDV \ PDWHULDOHV RULHQWDG DV DO FXLGDGR \ DWH Q FLyQ GH ORV RWURV´ 0XULOOR  ;9, (Q  ella se substrae el privilegio de la reserva del tie m po y del espacio privado, que se constituye como ³QHJDFLyQ GH OD  LQGLYLGXDOLG DG´ $O XVR SDUWLFXODU GHO WL H m po priv ado m a sculino s e opone, pues, la entrega social/familiar del tiempo privado f eme nino. 11 Ho m bre sustentador del hogar . 112 compaginar los tiempos y las actividades de los demás miembros del grupo doméstico, se realiza un camino en rumbo contrario al logro de la corresponsabilidad entre sujetos de distinto sexo, y /o entre los miembros de un mismo hogar. Este aspecto, sumado a otros fac tores, como la alta vinculac ión de las ocupaciones a tiempo parcial con contra tos temporales (96,55% en Anda lucía) (I D R, 2004), su frecuente aplicación a ac tividades específicas con escasas ex igencias d e ca lificaciones y bajos niveles retributivos, o el frecuente d éfi cit de voluntari edad en su elección (obligadas por la dificultad de encontr ar ocupa ciones a tiempo completo) le hacen susceptible de numerosas crítica s. Por ejemplo, las modificaciones que se subsi guieron en las le y es de reforma del Estatuto de los Trabajadores no consiguier on reducir de modo significativo la precariedad asociad a a estos empleos. Sus titulares sig uen teniendo peores posibilidades de crecimiento profesional, acceso más restri ngido a incentivos y beneficios adicionales, y menores cotizaciones sociales con respec to a quienes disfrutan de un a ocupación a tiempo completo. Estas cuestiones permiten apo y ar las posic iones de quienes lo indican como parte de una política favora ble a las nuevas ex igencias de flex ibilidad laboral 12 , especialmente perseguidas por las empresas (Par ella, 2008) antes que por el trabajador, y como un recurso para disminuir los costes laborales. De este modo, a medida que se pro fundiza en la realidad d el tra bajo a tiempo parci al, sobresalen elementos que cuestionan su d efini ción como una est rategia viable de conciliación. Esta observación no quiere llevar a invalidar el trabajo a t iempo parcial como fórmula ocupacion al funcional a una mejor compatibilización entre los distintos tiempos de vida; más bien, quiere estimular la re flex ión sobre las condiciones en que el empleo de media jornada se promueve y se real iza, hacia qué colectivos se enfoca, y para qué motivos se solicita y se concede. De la encuesta real izada se despr ende qu e el 78,9 % del universo encuesta do se ocup a a tiempo completo, mientra s que el 20,7% trabaja a tiempo parcial 13 . Entre lo s trabajadores a tiempo comple to, prevalecen los contratos de tipo indefinido sobre los contratos temporales, situándose respe ctivamente en el 49,2% y en el 29,7% del total a tiempo completo. Al c ontrario, entre los empleos a ti empo parcial los contratos temporales triplican el porcentaje de los c ontratos indefinidos, con el 15,8% y el 4,9% respec tivamente. 12 El concepto de fl exibilidad puede adquirir dife rentes mat ices según la perspectiva desde la cual se interpreta. Desde la visión e mpresarial, se tiende a co nsiderarlo co m o respue sta a la i ncertidumbre del mercado y a mayores exigencias de co m petitividad, dej ando en una posición marginal el aspecto de producción m ás flexible de cara a una may or satisfac ción de las necesidades de los sujetos. De este modo, el concepto de flexibilidad lab oral se acerca al de ele vada exigencia de dispon ibilidad frente a los n uevos requerimientos de las empresas: horarios no habitu ales, j ornadas alargadas para los e mpleados, fórmu las ocupacionales atípicas, etc. (Carrasco et al., 2003) 13 El porcentaje restante corresponde a otros tipos de c ontrato. 113 Gráfico 5.- Distribución por tipo de co ntr ato de las personas encuest adas. 57,80% 40,30% 29,70% 29,50% 2,50% 7,30% 9,20% 22,30% 0,30% 0,30% 0,00% 10,00% 20,00% 30,00% 40,00% 50,00% 60,00% Indefinido TC T emporal TC Indefinido TP Tem poral TP Otros y Autonom os Hombres Mujeres Fuente: Elaboración propia a partir de los dat os obtenidos tras la explotación de la encuesta sobre Conciliación de la vi da laboral, fam iliar y pers onal diri gida a trab aj adoras y trabaj adores andaluces , 2008. Si se desagregan estas informaciones según el sex o, se observa que en relación al tipo de jornada se m antiene la misma estructura tanto para los hombres como para l as mujeres, aunque en proporciones diferentes: frent e al 87,5% de los varones, solamente el 69,8% de las encuesta das se ocupa a jornad a completa. En relación al tipo de contrato seg ún el se xo, el 60,3% de los hombres tiene contrato indefinido, mientras que el porce ntaje de mujere s con contrato indefinid o se sitúa en e l 47,6%. Es interesante ver cuál es son los motivos por los que los trabajadores de ambos sexos se ocupan a tiempo parcial. La motivac ión más a ducida, con el 29,4% del total, es la de ³QR HQFRQWUDU XQ WUDEDMR D WL HPSR FRPSOHWR´ /DV RWUDV P otivaciones más respondidas por los trabajadores gua rdan una relación directa con la necesidad d e compaginar actividad laboral con otras funciones: el 23,8% opta por un trabajo a tiempo parcial por PRWLYRVGH³IRUPDFLyQ´\  HO SRU³FXLGDGRVGHQLxRV \RID PLOLDUHV´ Tabla 1: Motivaciones trabajadores tiempo parcial. Motivaciones % Cuidado de niños y /o familiares 14,7 Formación 23,8 Compagino con otro trabajo 7,7 No encontrar un trabajo a tiempo completo 29,4 Por el tipo de actividad 11,2 Otro 3,5 Compagina c on estudios 9,8 Total 100,0 Fuente: Elaboración propia a partir de los datos ob tenidos tras la explotación de la encuesta sobre Conciliación de la vida laboral, fam iliar y personal dirigida a los trabajadores andaluces, 20 08. Si se detiene la atención sobre el análisis de las m otivaciones según el s exo, se obs erva una composición distinta para hombres y mujer es. Entre los hombres, la motivación que 114 SUHYDOHFH HV OD ³IRUPDFL yQ´ FRQ HO  GH ORV WUDEDMDGRUHV D WLHPSR SDUFL al, seguida SRU ³QR HQFRQWUDU WU DEDMR D WLHPSR FRPSOHWR´ FRQ HO  GHO WRW DO / RV GH PiV PRWLYRV  resultan menos menc ionados y presentan ma yor dispersión. (QWUH ODV PXMHUHV TXH WUDEDMDQ D WLHPSR SDUFLDO HO  GHFOD UD KDFHUOR SRU ³QR  encontrar trabajo D WLHPSR FRPSOHWR´ HO  SRU PRWLYRV GH ³IRU PDFLyQ´ \ HO   SRU ³FXLGDGR GH QLxRV \ R IDPLOLDUHV´ 9DOH OD SHQD GHVWDFDU TX H HVWD ~OWLPD PRWLYDFLyQ  fue aducida solamente por el 9% de los varones. Un análisis de las motivaciones más alegadas en bas e a la ed ad, revela que el 78,8% de ORV TXH WUDE DMDQ D WLHPSR  SDUFLDO SRU UD]RQHV GH ³IRUPDFLyQ´ V H  HQFXHQWUD HQWUH ORV PiV jóvenes de la muestra, con una edad comprendid a entre los 20 y 26 años. También son MyYHQHV ORV TXH VH RFXSDQ D WLHPSR SDUFLDO SRU ³ no en contrar trabajo a tiempo FRPSOHWR´ UHVXOWDQGR TXH HO   WLHQH HQWUH  \  DxRV 3R U HO FRQWUDULR ORV HPSOHDGRV D WLHPSR SDUFLDO TXH  LQGLFDQ FRPR PRWLYR HO ³FXLGDGR GH QLxRV \ R IDPLOLDUH V´ VH FRQFHQWUDQ  PD \ R ULWDULDP HQWH HQ XQ WUDPR GH HGDG PiV elevado, de modo que el 61,9% de este uni verso tiene una edad comprendida entre los 29 y los 40 años. 2.3. E L ³ TELETRABAJO ´ Otra fórmula alternativa ± la última que aquí se c onsidera - que permite una flexibilización de las obligaciones laborales de las personas y su adaptación a exigenci as extra- ODERUDOHV HV HO ³WH OHWUDEDMR´ &RQ HOOR VH KDFH UHIHUHQFLD D XQ D PRGDOLGDG GH empleo no sujeta a la p resencia física en la se d e de la empr esa, caracte rizada por el distanciamiento entre la dirección de l as tareas a realizar y su ejecución. El origen norteamericano del término ± telecommuting , R ³WHOHGHVSOD]DPLHQWR´ - y la primeras aportaciones t eóricas al respecto, se atri bu y en a J ack M. Nilles (1983), quien lo definió como la posibi lidad de enviar el trabajo al tr abajador, operando una inversión en la relación tradi cionalmente consolidada. Es o se hace posible, en la actualidad, gracias al desarrollo de la informatiz ac ión y al uso de tecnologías modernas, elementos que marcan la diferenci a con la mayor pa rte del trabajo informal, o de las prácticas laborales de la economía sumergida, llevadas a cabo en los espacios domiciliares. La Organización Internacional del T rabajo (O IT), por su part e, hace hincapié en el necesario uso de las tecnologías de la informac ión y la comunica ción (TIC) para la UHDOL]DFLyQ GHO WHOHWUDEDMR \  SXQWXDOL] D TXH pVWH VH DSR \D  HQ X Q ³VLVWHPD GH comunicación que pued e ser en tiempo real o dife rido, y con una forma de organiz ación que puede se r individual o colectiva y ser llevada a cabo por tra bajadores LQGHSHQGLHQWHV R  DVDODULDGRV´ FLW HQ %HO]XQHJXL   6 X DSOLFDFL yQ UHVSRQGH además, a la implantación de nuevas modalidades de org anización del trabajo y de la producción en el seno de las empresa s (Castellot, 1999; Jiménez, 1999). Todo s estos factores son responsables del hecho que una propuesta de origen más antigua 14 hay a adquirido viabilidad y mayor c onsenso solamente desde el pr incipio de los años noventa (Ortiz Chaparro, 1995). 14 Las primeras expresiones de l teletrabajo se anunciaron d esde Estados U nidos a finale s de los años setenta, co mo consecuencia d e la crec iente preo cupación por el aumento de la presión del tráfico e n los centros m etropolitanos, y la gradual concienciac ió n de la población hacia los pro blem as medioam bientales (Belzunegui, 2001). 115 Algunos elementos adicionales signific ativos están presentes en la definición propuesta HQ OD &DUWD (XURSHD GHO 7HOHWUD E DMR TXH OR GHILQH FRPR ³XQ QXH YR PRGR GH organización y gestión del trabajo, que tien e el potencial de contribuir sustancialmente a la mejora de la calidad de vida, a p rácticas de trabajo s ostenibles y a la igualdad d e participación por parte de los ciudadanos de todos los niveles, siendo dicha actividad un componente clave de la Socieda d de la I nformación, que puede afec tar y beneficiar a una amplia gama de acti vidades económicas, grandes o r ganiz aciones, pequeñas y medianas empresas, mi cro-empr esas, y a uto-empleados, así como a la oper ación y SUHVWDFLyQ GH V HUYLFLRV  S~EOLFRV \  OD  HIHFWLY LGDG GHO SURFHVR SROtWLFR´ FLW HQ Rodríguez-Piñero Ro y o, 2000). Mientras que la definició n propue sta por la OIT se centra en una des cripción funcional y técnica del teletrabajo, la que propone la Carta Europea pone de relieve su vertiente social, destacando su posi ble contribución al incremento de la calidad de vida de quien lo ejerce. De tal modo , el teletrabajo, en l a medida en que permite allanar las dificultades relacionadas con el desplazamient o al lugar de empleo y agilizar la compatibilización de las actividade s laborales con otro tipo de tareas, pued e constituirse en una estrate gia viable de conciliación. Este aspecto ha tenido hasta ahora solamente una consideración periférica en las actuaciones políticas de impulso del teletraba jo: l as principales inte rvenciones han sido motivadas básicamente por el objetivo de increm e ntar las oportunidades de empl eo para los grupos con ma yores dificultades de inserción y por consideraciones medioambientales, relaci onadas con la reducción de la contaminación por los traslados hacia las empresas. Se plantea aquí, como h ipótesis, que la ausencia de un enfoqu e clarame nte orientado hacia el aspecto de la co nciliación puede afectar a la funcionalidad del tel etrabajo como instrumento de mejora de la calidad de vida ± co mo se describe en la Carta Europea del Teletrabajo. Esto contribuiría también a ex plicar su lenta implant ación entre la población ocupada en el territorio nacional. Datos correspondientes a finales de la década de los noventa indican que en España el 1,3% del total de los ocupados (unos 162.000 traba jadores) tele -trabajaban desde casa 15 como mínimo un día a la semana , el 0,5% (unos 32.000 sujetos) realizaban teletrabajo ³PyYLO´ SRU OR PHQRV GXUDQWH  KRUDV VHPDQDOHV  RWUR  XQR V  HPSOHDGRV cumplían actividades de t eletrabajo adicionales a s us normales ocup aciones al menos un día a la semana y un cuarto grupo, i gual al 0,5 % de la fuerza laboral, constituían los teletrabajadores autónomos (Comisión Europea, 1999) 16 . Las pro y ecciones del Informe Telework 2002 de la Unión Europea sob re la (lenta ) evolución del teletrabajo en España se han dem ostrado, en los años siguientes, poco GLVWDQWHV GH OD UHDOLGDG 8Q LQIRU PH PiV UHFLHQWH UHDOL]DGR SR U 7HOHIyQLFD VREUH ³/D VRFLHGDG GH O D LQIRUPD FL yQ HQ (VSD xD ´ FRQILUPD ODHV FDVD GLIXVLyQ GHO WHOHWUDEDMR  en el país en la actualida d, todavía alrededor del 2% del tot al de la pobl ación ocupada. 15 Se tiene que dif erenciar entr e varios tipos de teletraba jo: el teletrabajo itinerant e (o ³PRELOLW\´ ), en el dom icilio de quien lo ejerce, y en ofici nas de servicios electrónico (como los ca ll-centers ). 16 Tales proporciones colocaban a España, a finales del siglo XX, m uy por debajo de la may oría de los países europeos (junto con Francia e Italia), y en el otro extremo con respecto a situaciones límite co m o Noruega (donde los teletrabajadores son el 15,2% de los oc upados) o Suecia (16,8%) (M oreno, 2001). 116 Una proporción todavía baja de empresas, además, a dmite esta modalidad ocupacional para sus empleados: el 7% de la totalidad del tejido empresaria l, con un promedio del 15% entre las grandes empresas, y del 12% entre las empresa s medianas (cit. en Ortiz Chaparro, 2007b). Los análisis desde las ciencias sociales h acen m ención de los efectos positivos que el teletrabajo puede tene r sobre la incorporación laboral de los colectivos de más difícil inserción, sobre la producti vidad individual y la optimización de la jornada laboral, por la reducción d e los tiempos de d esplazamiento ± con repercusión positiva para el disfrute de los demás tiempos de vida del sujeto. También subrayan las consecuenc ias negativas que acar rea la mo dalidad de tr abajo a distancia en la vertiente psico- social. Entre ellas, se indican el aislamiento del sujeto, su des-identificación con un puesto físico y localizado de trabajo ( f actor que diferen cia esta actividad del empleo en/a domi cilio), y el establ ecimiento de relaciones laborales individualizadas entre trabajador y empresa, lo cual pue de contribuir a la desvinculación del teletrabajador de los representantes laborales y sindicales, debilitando la fuerza de la negociación colectiva 17 . Unas consideraciones en clave d e género releva n cómo la aplicación del teletrabajo a las categorías profesion ales más e levadas (puestos de administra ción, direcció n, etc.) acaba por resultar en una sub-represent ación femenina entre los teletrabajadores y , a la vez, en una ma y or concentr aci ón de las mujer es en las modalidades de tel etrabajo más taylorizado, como los call-center s (en relación a l os call -centers, en Europ a Belzunegui indica la presenci a de un 70% de ocupa d as; Belzunegui, 2001: 129). Lo anterior aproxima el teletrabajo a las nu evas ca usas de segmentación laboral y entra en contradicción con su posible carácter de estrate gia de conciliación. A través de la encuest a realizada se ha puesto de manifiesto que el telet rabajo es un fenómeno aún poco presente en la sociedad andaluz a. S ólo un 6,37% del universo encuestado manifiesta que en su empresa se conte mpla la posibilidad del teletra bajo, si bien sólo un 2,25% afirma habe r disfrutado d e esta medida. Por otro la do, entre las personas con responsabilidades familiares sólo en dos casos s e afirma que tales responsabilidades le han inducido a traba ja r desde casa. Ha y que tener en cuenta qu e hay muchos empleos en los cuales no es vi able el trabajo d esde el domi cilio, aspecto que necesariamente ha y que considerar en la interpre tación del alcance de estos datos. En el estudio se ha querido re coger también el punto de vista de las empresas, mediante la realización de 10 entrevistas en pr ofundidad. En la ma y oría de los casos, la modalidad del teletrabajo no se c ontempla y, cuando se hace, es de for ma ocasional. Para la falta de aplicació n de esta form a ocupacio nal se encuentr a, de otro modo, en un ³UHWUDVR RUJDQL]DWLYR´ FRPR SDUHFH LQGLFDU OD FLWD GHO GLUHFWR U GHO ' HSDUWDPHQWR GH Recursos Humanos de una de las empr esas en WUHYLVWDGDV GHVWD FDGD S RU OD ³EXHQDV SUiFWLFDV´DGRSWDG DVHQ PDWHULDGH FRQFLOLDFLyQ 17 En línea con esta s críticas, e stán las q ue sostiene n la imposibilidad de ente nder las varias prácticas de teletrabaj o com o una nueva lógica de organización que rompe con las for m as tradicionales de trab ajo taylorista y f ordista. El teletrabajo más bie n fortalec ería la s prácticas fondistas, (co nlleva el ais lamiento del trabaj ador, evita su co ntrol sobr e las tareas de producció n y se co mpensa por un salari o proporcionado al valor que el sujeto añade al proceso productivo). 117 ³/D RSFLyQ GHO WHOHWUDEDMR QR OD KH  SODQWHDGR < PLUD TXH KD\ P XFKR V SXHVWRV GH trabajo que por el carácter que tienen, por ejemplo un deline ante, que se pasa s u jorn DGDGH WUDEDMR GHODQWH GHXQ  RUGHQ DGRU GHOLQHDQGR« < RFUHR TXH  WRGR OOHJDUi<R creo que es un tema q ue hay que organizarlo bastante bien. Y todavía no me veo preparado para dar ese paso. Yo creo que tienes que tener una organización perfecta para dar ese SDVR´ Lo que parece qu e está claro es qu e las empresa s aún no se han plantead o esta opción como una medida que a yude en la conciliac ión de la vida labora l, familiar y personal de sus trabajadoras y trabajadores. 3. Conclusiones Los efectos de la conciliación de l a vida laboral, familiar y person al sobre el mercado de trabajo en And alucía pu eden ser vistas desde varias ópticas. Cuando so n los propios trabajadores o trabajadoras o sus parejas quienes s e ocupan de las tareas do mésticas y de cuidado de dependientes, es mucho más frecuen te que sean las mujeres, es decir, la propia persona entrevistada cuando es de sexo femenino, o su pareja cuando quien responde a la pregunta es de sexo masculi no. A su vez, también se ha d etectado una división sexual del trabajo doméstico, de modo que los hombres se ocupan ma y orm ente de las tareas administrativas y de reparac iones, mientras las mujeres se ocupan del resto. Además, parece que los hombres v an entrando a asumir y compartir ciertas tareas domésticas, aunque principalmente las que se entiende n más relacionada s con sus funciones habituales, pero aún les cuest a e ntrar en el ámbito de los cuidados, que continúan estando mu y feminizados. Resumiendo, en cuanto a los ef ec tos de la búsqueda de conciliación, se destaca, por un lado, el elevado po rcentaje de mujeres cu y os empleos son a tiempo pa rcial y que, en función del sexo, el tramo de edad, y de las responsabilidades familiares, en una proporción importante la motivación suby ace nte es la necesidad d e conciliar. Por otro lado, se ha analizado el empleo genera do por las estrategias ex ternas de conciliación, así como sus carac terísticas. Tal como se ha visto, lo má s habitual en Andalucía es recurrir a las estrategias interna s basadas en una estruc tura familiar sólida que actúa como soport e y apo y o para superar las tensiones que em ergen en la conciliación entre la vida laboral y familiar. No obstante, es c ierto que la presenci a de personas ajenas al núcleo familiar para la realización de tareas domésticas y de cuidados de dependientes cad a vez es más frecuente. Sin embargo, s e observa que el empleo que se crea es ocupado por m ujeres, en un elev ado porce ntaje inmigrantes y para un número reducido de horas sema nales. Por tanto, aún parece lejano el horiz onte en el que este tipo de empleo sea menos feminizado, de may or calidad, profesional y en un marco formalizado. Va siendo hora de desechar la pr esunción acerca de que las dificultad es de conciliación son un problema que sólo concier ne a las mujeres. L os hombres, a trav és d e la asunción de su corresponsabilidad, pueden favorece r el avance h acia una s ociedad más igualitaria. Por otro lado, también será necesaria una may or implicación empresarial , en el sentido de ir asumiendo en may or medida las cuestiones que se van planteando en los planes de igualdad para las empresas . Por último, no se pu ede obvi ar la trascenden cia de las medidas legislativas en cualquier pretensión de cambio social. 118 4. Bibliografía 1. Belzuneg ui Eraso, A. (2001), Diversificación de las condiciones de trab ajo y cambios organizativos en las empre sas: un estudio sobre el teletrabajo . Tesis Doctoral, Departam ento de Sociología, Unive rsitat Rovira i Virgili, Tarragona. 2. %RUUiV 9 0RUHQR 6 \  7 7RUQV  ³/ DV SROtWLFDV GH FRQ FLOLDFLyQ SROtWLFDV laborale VYHUVXVSROtWLFDVGHWLHPSR´ en Papers , n. 83, pp. 83-96. 3. Cámaras (2002), Nuevos yacimientos de empleo. Carácter estratégico y potencial económico. Centro de Estudios Económicos Tomill o, 8 de ma y o, [en línea: www.camaraje rez.es/file admin/Bibliot eca/pdf/ Nu evosYacimientosdeEmpleo.pdf] 4. Carrasco, C. et al. (2003), Tiempos, trabajos y flexibilidad: una cuestión de género , IMU, Madrid. 5. &DVWHOORW %  ³/D DSOLFDF LyQ GH OD WHFQRORJtD DO WHOHWU DEDMR´ HQ & DVDGR 5 (coordinador) Trabajar en la sociedad de la información. El tel etrabajo: problema o solución. Como contratarlo , Fundación Universidad-Empr esa, M adrid. Paginas 101-104 6. Comisión Europea (1993), Crecimiento, competi tividad y empleo: retos y pistas para entrar en el siglo XXI. Libro Blanco , Oficin a de Publicacion es Ofici ales de las Comunidades Europeas, L uxemburgo, 08 -10 diciembre d e 1993, [en línea: www.gipuzkoa.net/espar ru/cast/t y acim01.html ] 7. Comisión Europea (1996), Primer informe s obre las ini ciativas lo cales de desarrollo y de empleo, Bruselas. 8. Comisión Europea (1998), Segundo informe sobre las ini ciativas locales de desarrollo y de empleo , Bruselas. 9. Comisión Europea (1999), Status report on European Telework. New Methods of work, Dirección general de la Socieda d de la Información, Bruselas. 10. Encuesta d e Población Activa (2008), "Ac tiv os por grupo de ed ad, sex o y comunidad autónoma" [en línea: en www.1.ine.es/jaxi.tabla.do .] 11. Encuesta d e Población Activa (2008a), Ocupados por tipo de jornada, sexo y grupo de edad. Tablas anuales año 2007 , Instituto Na cional de Estadística (INE). 12. Encuesta de Pobla c ión Activa (2008b), Ocupados por tipo de jornada, sexo y Comunidad Autónoma. Tablas anuales año 2007 , Instituto Nacion al de Estadística (INE). 13. Encuesta de Pobla c ión Activa (2008c). Población por grupos de edad y sexo. Activos. Activos mujer total, 1976 -2001 . Instituto Na cional de Estadística (INE). 119 14. )HUUD]]DQR 5 (  ³1XHYRV  \DFLPLHQWR GH WUDEDMR´ HQ Equipo federal del trabajo , Sección Foro de Estudios Sociales, Ed. n. 5, 04/10/2005. 15. *iOYH] / \  0DUFHDQUR 2'  ³&RQFLOLDFLyQ XQ UHWR SDU D  ORV KRJ DUHV DQGDOXFHV´ HQ Actualid ad 26 , Centro de Estudios Andaluces, Consejería d ela Presidencia, JA. 16. Instituto de Desarrollo Reg ional (2004), Estudi o de la oferta y la demanda de trabajo a tiempo parcial en Andalucía , Informe de investigación para el Servicio Andaluz de Empleo, Consejería de Empleo, Sevilla. 17. Instituto de Desarrollo Regional (2008). Conciliación de la vida laboral, familiar y personal. Hacia una guía de buenas prácticas. Informe de investigaci ón para el Servicio Andaluz de Empleo, Co nsejería de Empl eo, Sevilla. 18. Fundación Telefónic a (2006). La sociedad de l a información en España 2006 . Madrid. 19. Instituto de Estadísticas de Andalucía (I EA) (2001), Hogares y familias en Andalucía. Evolución y proyección hasta 2016 , Consejería de Economía y Hacienda, Sevilla. 20. - LPpQH] $  ³7HO HWUDEDMR \ HVWUDWHJLDV HP SU esariales: la importancia de los UHFXUVRV KXPDQRV´ HQ &DVDGR 5 FRRUGLQDGRU Trabajar en la sociedad de la información. El teletrabajo: problema o solución. Como contratarlo , Fundación Universidad-Empresa, M adrid. Páginas 131-138. 21. Martín Palomo, M. T. (2008), "Las nue vas fronteras de la desiguald ad: corresponsabilidad y socialización de los c uidados", en Primer encuent ro europeo Mujeres, Trabajo y Empleo. Nuestro presente, nuestro futuro, A yuntamiento de Sevilla- Delegación de la mujer, Sevilla. 22. Míguel HV ) 7RUQV 7 % RUUiV 9 0RUHQR 6 \ & 5HFLR  ³( O WLHPSR GH  WUDEDMR ¢OD ~OWLPD IURQWHUD"´ HQ Relaciones Laborales, formación y fiscalidad. Revista Universitaria de Ciencias del Trabajo , Universidad de Valladolid, 6/2005, pp. 83-104. 23. Moren R6³(OWHOHWUDEDMRHQ(VSDxD´HQ Expansión , 23 de marzo. 24. Murillo, S. (1996), El mito de la vida privada. De la entrega al tiempo propio, Siglo XXI , Madrid. 25. Nilles, J . M. (1993), Micros and modems: telecomunicating with persona l computers. Reston Cop., Reston. 26. Ortiz Chaparro, F. (1995), El teletrabajo. Una nueva sociedad laboral en la era tecnológica. McGraw-Hill, Madrid. 120 27. 2UWL] &KDSDUUR ) D ³(O WHOHWUDE DMR HQ (VS DxD ´ HQ Trabajo y empleo , 10 de marzo de 2007, [en línea: www.tendencias21.net/tr abajo/index.php?action=article&numero =5 ] 28. 2UWL] &KDSDUUR )  E ³(O W HOHWUDEDMR HQ (VS DxD ´  HQ Trabajo y empleo , 16 de marzo de 2007, [en línea: www.tendencias21.net/tr abajo/index.php? action=article&numero=6 ] 29. 3DUHOOD 5XELR 6  ³(O WUDVY DVH GH GHVLJXDOG DGHV GH FODV H \ HWQLD HQWUH mujeres: los servicios d HSUR[ LPLGDG´HQ Papers , n. 60, pp. 275-289. 30. Parella Rubio, S. (2008) , La conciliación de la v ida familiar y laboral a debate. Riesgos y oportunidades desde una pers pectiva de género , [ en línea: http://www.equalitaca.org/nuev aitaca/documentosforo/S oniaParella.pdf ]. 31. Rodríguez- 3LxHUR 5R\R 0 FRRG  ³ $SUR[LPDFLyQ DO WHOHWUDEDMR´ H Q Informe sobre negociación colectiva y se ctores emergentes , elaborado por encargo de la Comisión Consultiva Na cional de Convenios Colectivos, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Colección Informes y Estudios, Serie Relac iones La borales, n. 33, [ en línea: www.juntadeandalucia.es/empleo/carl/observ atorio/paginaEstatica ] 32. 7RUQV 7 %RUUiV 9 \  3 &DUUD VTXHUR  ³/D FRQFLOLDF LyQ GH OD YLGD  ODERUDO \  IDPLOLDU ¢XQ KRUL]RQWH SRVLEOH " ´ HQ Sociología del Trabajo , n. 50, Siglo XXI, Madrid. 33. Villar Mata, )  ³/D WHUFLDUL] DFLyQ G H OD HFRQRPtD DQGDOX] D FDPE LRV HQ OD  estructura del empleo en los servicios (1976-  ´ HQ $ FWDV GHO I Congreso de Ciencia Regional de Andalucía: Andalucía en el umbral del siglo XXI , Jerez de la Frontera, 23-25 de abril . 121 Para comprender el trecho que media entre una concepción racionalista-lógico- conceptual-masculina y una poética-fem enina, sólo hace falta comparar una definición del término “poesía” del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) y la conocida rima de Gustavo Adolfo Bécquer “¿Qué es poesía?”. La verdad inherente al poema becqueriano no requiere justificación, sencillam ente es así, se funde con la realidad poética, se abre a plu rivocidad de diversas experien cias poéticas, busca trasladar al lector a la experiencia poética. Por su parte, el DRAE determ ina una (o varias) definiciones cerradas del término, ap elan a una explicación conceptual y no mueven el alma a la fusión con sus contenidos. Se podrían extraer más consecuencias de la comparación, aunque no es objeto del presente trabajo llevarlas a térm ino. Corolarios análogos a los de Diótima, son producidos por la lectura de la tragedia de Sófocles Antígona . Zambrano la recrea en La tumba de Antígona: la heroína es una joven que, después de ver cómo uno de sus herm anos no va a ser enterrado dentro de la ciudad, se atreve a hacerlo ella, contraviniendo las normas establecidas. Esto conducirá a que sea enterrada viva. El relato manifiesta com o el conocimiento de Antígona trasciende cualquier tipo de ergotismo desaforado y se advierte la existencia de otro tipo de saberes, como el saber de la experiencia. Por último, destacaremos la im portancia que tuvo en nuestra autora el personaje de Casandra, la mujer que poseerá la capacidad de “ ver con verdad”, motivado por su entronque con la realidad. Llam a la atención las concordancias de la visión profunda de Casandra con la de Araceli Alarcón, madre de la pensadora, de la que dijo que A ella le bastaba con <<algún m enudo deta lle que la prensa ha bía publicado en un espacio perdi do, alguna palabra cogida al vuelo e n un discurso de algún estadista y hasta un leve gesto de alguna imagen fotográ fica>>, para concluir: <<Lo que oc urre es que va a ser así>>. Ese <<a sí>> era normalm ente algo sombrío, una catástrofe que se cernía sobre España o sobre Europa, a unque las cosas fueran bie n en el m omento de hacer el comentario 10 3.2. La mujer en la cultura medieval. La creación humana conduciría a que el género m asculino diseñe sus formas histórico- culturales que cambian sin des canso: labriego, guerrero, rey, noble, m ercader, mecenas, clérigo e incluso, saltándonos el guión zambraniano, em presario, yuppie o metrosexual. Por su parte, la mujer, adherida a lo dado-natural, no perseguía inventarse, sino ir asumiendo lo dado, escuchar su universo y sentir la fusión con la naturaleza. El hombre, en su inmoderado interés creacionista, no pu ede rendirse a la ausencia de forma femenina, por lo que la dota de una 11 . Durante la Edad Media, se afianza la idea del dios creador y del hom bre a su imagen y semejanza. La fusión de am bas instancias constata la idea masculina de hacedor. “Una faceta de este idealismo fue la concepción del amor y de la mujer” 12 . Las dos imágenes 10 María Zambrano citada en MARSET, J.C.: Marí a Zambr ano. I. Los años de formación , Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2004. Pág. 131. 11 Cfr. ZAMBRANO, M .: “La mujer y sus form as de expresión en occidente”, Ultra (números 45 y 46), La Habana, 1940. Pág. 3 12 Ibídem. 128 creadas por el varón para lo femenino son la esposa fecunda o la mujer ideal intocable propia del amor cortés. La mujer sólo encuentra una escapatoria, en que ella ejerce su derecho a hablar, al corsé ideológico del hom bre: la monja. La sociedad sólo da crédito a las palab ras de este tipo de mujer. Como en Oriente, la m ujer que pa rticipaba en la vida poética y filos ófica era la hetaira, en Occidente es la m onja. La cultura monástica es un tipo de cultura aristocrática en que la m ujer queda e ncerrada en un m olde rígido que la envuelve herméticamente; la monja es la copia de las ideas y en virtud de su naturaleza ideal puede pa rticipar en el curs o superi or de la cul tura, en la vi da del espíritu Cuando la mujer escapa de alguno de estos esquemas prefijados, con frecuencia, es acusada de brujería (o, más tardíamente, ing resada en sanatorios m entales). Regresando a un orbe bíblico, determinante en la época m edieval, Zambrano explica la incardinación activa del hom bre y pasiva de la mujer con dos im ágenes: mientras el hombre Jacob pelea con el ángel, la mujer María responde “he aquí la esclava del Señor” 13 3.3. La mujer en el Renacimiento. El Renacimiento hará una concesión a las capacidades creadoras de la mujer. La dicotomía entre una m ujer que escucha la rea lidad y un hombre que la crea queda herida gracias, según Zambrano, a la ventaja que dieron ideas culturales y religiosas com o la Contrarreforma. Así, nuestra filósof a cita un conjunto de insignes mujeres creadoras conectadas con la cuna renacentista: Italia. Unas cuantas m ujeres insignes en Italia, en la bellísima Italia de entonces, Julia Gonzaga, am iga y compañera de ensueños de nuestro Juan Valdés; Victoria Colonna, la amiga inmortal del inm ortal Miguel Ángel, la mujer llena de sabia y dulce ironía que debió ser la Gioconda 14 La nueva relación que se fragua entre hombre y mujeres en estos siglos no está mediatizada exclusivam ente por el amor. La antigua dependencia del amor cortés queda obsoleta (aunque no negada). Al amor, se une la amistad entre dos sujetos que crean conjuntamente. La mujer se introduce en círculos de discusión y su palabra recupera el valor de la monja medieval con la ventaja de situarse en el ágora públic a y más allá de la celda: es la “monja laica, o m ejor una monja de la cu ltura, de las letras”. En síntesis, “la m ujer desciende a la tierra y com ienza a vivir por sí m i sma” 15 Desgraciadamente, advertirá Zambrano, el Concilio de Trento cerrará a la Iglesia y el espíritu de apertura se re pliega. Diversos autores han dotado de diferentes lecturas a esta clausura. De ellos, destacaríam os a Stephen Toulmin quien, en su Cosmópolis. El 13 ZAMBRANO, M.: La aven tura... Pág. 183. 14 ZAMBRANO, M.: “La mujer y sus form as de expresión…”. Pág. 6 15 Ibídem. 129 trasfondo de la modernidad , subraya la muerte de Enrique de Navarra com o cima de un proceso aperturista que no alcanzaría sus pretendidos proyectos de oxigenación social. 3.4. La mujer en el Romanticismo. No debería resultar extraño asistir al ascenso de la mu jer en esta época puesto que es un momento en el que el naturism o, las relaciones con las raíces profundas y entrañadas de la humanidad y la conexión con el todo florecen en todo su esplendor 16 . Las vinculaciones de estos temas con el rostro histórico-cultural de la m ujer zambraniana son irrenunciables; sin embargo, nuestra pensadora añadirá otras. [El romanticism o] es, sin duda, la fe rmentac ión de todo lo qu e quedó reprimido baj o el orden m edioeval (sic) prim ero y baj o la sociedad europea m ás o menos racionalista. Una subversión al m ismo tiem po contra lo católico y contra el racionalismo, es decir, contra la moral y cont ra los límites de la razón, y así frente a la moral surgió la pasión y frente a la razón clara la confusión de los senti mientos. Se huía de todo lo definido y pre ciso, y el in finito y el <<no sé qué>> fueron la clave de todo ese mundo. Las ba rreras iban caye ndo al menos teóricam ente, poéticamente y los derechos del corazón fueron la ley suprema 17 La mujer rom ántica no supone exclusivamente un medio en tre la naturaleza oscura y el sujeto racionalista o un instrum ento para transm itir a Sócrates verdades que sólo se encuentran en la entraña, sino que se forja com o puente entre sujetos. Esto queda representado con la creación de los salones burgueses 18 . El pequeño espacio del salón era el terreno neutral donde los hom b res de diferentes clases sociales, tales com o las nuevas na cidas al calor de la Revolución y los antiguos em igrantes de la Francia Monárqui ca que volvían a la patria rec obrada, se iban conocie ndo y tratando y prestándose cualida des complem entarias; iban, en suma, evitando el re ncor, el terri ble re ncor producto del alejam iento 19 La labor de la mujer era crear la civitas , la ciudad entendida como complejo tramado de relaciones fáciles, sinérgicas (generadora de en ergías comunes) y co rdiales (desde el corazón). A pesar de que esta labor no fue tan creadora como la del hom bre, se instilan dos espíritus necesarios para las reivindicaciones sucesivas: la introducción de la m ujer en cauces sociales y su papel activo sin necesidad del referente masculino externo. El camino de la rebelión de l a mujer va siendo ca da vez más efectivo, ya trabaja para ella misma, es decir, pa ra lograr unas s upuestas reivindicaciones (…). La m ujer ha alcanzado su máxim a fuerza y valor en la construcci ón de lo colectivo y a nónimo 20 En este mom ento, el rol de mediadora natural de la mujer no sólo se d aba entre sujetos particulares y las situaciones concretas sino que fraguaban el maridaje en tre los valores ideales y la realidad más m aterial y concreta. Con ello, contribuía a un proceso de 16 No se trataba sólo de pintar ma riposas sino de e ntender el vuelo de la mariposa de un m o do no objetivo. Algo a lo que la mujer debe ría estar ac ostumbrado. 17 Ibídem. Págs. 6-7. 18 Una amplia concreción de lo realizado por dive rsas burguesas en estos salones puede leerse en la siguiente obra: CRAVERI, B.: La cultura de la conversación , Madrid, Siruela, 2004. 19 ZAMBRANO, M.: “La mujer y sus fo rmas de expresión…”. Pág. 7. 20 Ibídem. 130 humanizació n inédito: “La mu jer es la media dora entre el reino de los valores y la modesta realidad social que se deja penetrar entre ellos” 21 . Si se nos permite la traslación m etafórica, la Diótima rom ántica pasa de lanzar sus visiones a Sócrates para que éste los expusiese en el banquete platónico, a actualizar directamente su voz en el salón e in teractuar como parte de una discusión que, pronto, saldría a la calle. 3.5. Tristana: dos pasos adelante u no atrás. Existe una corriente de pensamiento que af irma que la evolución se realiza en los términos alu didos en el marbete de este epígrafe. La lectura de Tristana de Benito Pérez Galdós da cuenta de ello. Detenernos en esta obra como ejemplo de la evolución de la m ujer se remite a tres motivos: (1) María Zam brano fue una lectora profunda del autor canario afincado en Madrid. De hecho, le dedica varios artículos y reseñas, que darán lugar a la obra de la malagueña: La España de Galdós . (2) Nuestra pensadora escribió cuatro artículos sobre la obra Tristana en 1970, publicados por Diario 16 en mayo de 1988 con motivo de la apertura de una exposición sobre el literato en Madrid. (3) Tristana es el modelo de esta mescolanza entre dos pasos adelante y uno atrás. Como afirmará Zambrano: Tristana es la condensación perfecta del agua am arga y de la luz, que por prodigio se enciende en esa cerra da cavidad donde la perla nace bajo la grisura 22 La novela narra la historia de Tristana, una joven del siglo XIX imbuida por el pujante espíritu romántico aludido. Tristana se seguía inventando su ser. Es triste que la blanca niñ a, esclava del oscu ro capricho del destino, no pudiese despegarse de él, dejarse ver por la mi rada nueva, que no pudie ra abandonarse , para ascende r a la forma del amor 23 La protagonista no se arredra en la postura me dieval de dejarse constituir por el hombre, no se esclaviza a sus dictados por amor sino que anhela un ser propio. (Tristana) se dio a que rer ser alguien, a querer hacer algo pa ra ello. Mas lo importante era ser, y cuando el ser se aparece de este modo a alguien, adquiere en seguida una calificación, se r es ser independi ente. Tristana, la ni ña, a quien se la había despojado de s u adolescencia, de su juve ntud, del despertar al amor y a su ser de mujer, por e l extraño <<pa dre>> y caballero, se a garró con todas las fuerzas de su ánimo, m ás que de su alm a, que a ún permanecía adorm ida, a eso de ser 21 ZAMBRANO, M.: La aventura... Pá g. 197. 22 ZAMBRANO, M.: “Tristana - El am or: la palabra señera (I)”, Culturas ( Diario 16 ), Madrid, 7/5 /1988. Pág. xii. 23 ZAMBRANO, M.: “Tristana – La muer te. La palabra señera (III)”, Culturas ( Diario 16 ), Madrid, 21/5/1988. Pág. vii. 131 independiente. En el amor, no pensaba y e n vi vir, lo que se llam a vivir, tam poco. La vida vendría después 24 Cuando le ofrecen casarse, se niega porque intuye que dar ese paso conllevará una privación para su propio desarrollo (espiritual). De hecho, cuando conoce a su pareja, no se siente atraída por un amor (eros) presto a hacer sucum bir su empeño, sino que queda seducida por lo que él otro es y por lo que ella podría ser a su lado. Así, él es pintor y ella quiere seguir el mism o camino, no para emularlo sino para conformar su propia obra. Piénsese en el enorm e revés que esto acarrea a la h istoria de lo femenino: la m ujer abandona su posición de modelo (imagen de y para el hom bre) y muta en copartícipe de la idea creadora. Nótese la osadía de Tristana: según Zambrano, ni siquiera deja que otro la salve. Ella quería liberarse ella misma. Una cierta moral caballeresca había en el no que rer sino la verda d y no pesar ni atar; querí a a su m anera la libertad pa ra que el am or fuese nada m ás que el amor 25 Su espíritu es equiparable al de un Descartes quien, al lado de su estufa, afirma un ego enhiesto sobre todo lo que le rodea: sus conocimientos escola res han de ser, por sistema, destruidos. El francés construye un mundo nuevo y, probablemente, fue m ás importante demandar la autoría (qu e sea suyo ), antes que su certidumbre y seguridad. En suma, asistimos a una trascend encia inmanente en am bos casos. Despierta Tristana movida por el anhelo de ser, que le exige pa ra despegarse del lugar de la <<m orada>> (…). La no aceptación de s u presente proviene del anhelo, Mas bajo el anhelo y en él, lo que despierta, despertándol a, es la inexorable trascendencia yacente en su c ompleja pasividad de criatura 26 Sin embargo, com o en la mayor parte de las novelas galdosianas, la tragedia llamaba, sorda a las esperanzas de los actores, a la puerta de Tristana 27 . Al principio de la novela, lo advertía Saturna a su am a, embriagada por posibilidades infinitas: la m ujer en nuestro siglo XIX sólo tiene tres posibles s alidas: el m atrimonio, el teatro y la prostitución. En la época de la prim era república española, este aparen te dilema era una iro nía hábilmente construida. Esa iron ía dilem ática era una propuesta con una única salida: la mujer ha de ser digna y, por ende, casarse, o bien caer en depravación en el humo envenenado del teatro o de las casas de citas. Todavía las mujeres no frecuentan las aul as ni estaba n llamadas a las profe siones intelectuales; no podían ser más que << geni os>> o, a lo menos geniales, y mejor esto último. Y Trist ana era genial 28 A pesar de su genialidad, sus ínfulas trascendentes son vencidas por el poder de la tradición. La crudeza de Galdós da cuenta de ello no sólo desde aspectos sociales sino 24 ZAMBRANO, M.: “Tristana - El amor: la palabra señera (II)”, Culturas ( Di ario 16 ), Madrid, 14/5/1988. Pág. x. 25 ZAMBRANOI, M.: “Tristana – La m uerte. La palabra señera (III)”, Culturas ( Diario 16 ), Madrid, 21/5/1988. Pág. vii. 26 ZAMBRANO, M.: “Tristana - El amor: la palabra señera (II)”… Pág. x. 27 ZAMBRANO, M.: La aventura de ser… . Pág. 137. 28 ZAMBRANO, M.: “Tristana – La muerte. La palabra señera (y IV)”, Culturas ( Diario 16 ), Madrid, 28/5/1988. Pág. xii. 132 biológicos y emocionales: le am putan una pierna a la protagonista, el amor del novio pierde fuelle existencial y reem plaza a su díscola Tristana. Ella acaba cojeando den tro de la Iglesia sumida en resignación cristiana. Al final, Saturna no se equivocó en demasía. Más valía que lo hubiera hecho. 4. La mujer a principios del XX: nuevos rumbos y demandas. 4.1. Introducción. El siglo XX debería conformar la época en que: (1) Se constaten los anhelos de trascendencia social de la mujer. (2) Se verifiquen normatividades jurídicas, políticas, sociales y culturales que impidan nuevas Tristanas en el m undo. Apuntamos, al principio, las depauperadas c ondiciones socio-económicas de la España de los años veinte. Esto no obsta para que Zambrano eleve su voz a favor del levantamiento de la m ujer. El hecho de que la m ujer del campo esté alien ada en su trabajo no es razón suficiente para que sea red ucida por su esposo al lar fam iliar. La burguesía femenina está llam ada a catalizar la revuelta: “¿Cuándo va a decir la mujer obrera su palabra? Nosotras las burguesas, que no nos confor mamos con serlo, queremos ir a su encuen tro. Vamos a ir” 29 . Para conseguir sus objetivos, nuestra autora andaluza reúne vanguardias que llegan a violentar, incluso, la igualdad inclinando el fiel de la balanza hacia la m ujer de modo absolutista: “Si el futuro de la especie no está en la mujer, no reside en parte alguna” 30 . A pesar de ello, como verem os más adelante, sus posturas habituales serán m ás moderadas e integradoras. Si, en filosofía, apela por una razón-po ética, en estos aspectos, buscará la conciliación de posturas que no oscurezcan ningu na de las dos partes de la realidad. 4.2. Demandas femeninas. 4.2.1. Conciencia de la situación. Todo cambio requiere clara conciencia del m al. Zambrano lo hace ver de m odo lúcido en diversos escritos. Primero, alude a la situación en el cam po y al trasiego de la mujer a lo largo de la historia, procesos ya resumidos arriba. Luego, insiste: Se ha pasado la mujer toda la Historia recl uida dentro de los cont ornos caseros, en lo privado y particular. Desd e allí influía con fuerza subterránea y difusa sobre el hombre, sin personalidad, c omo influyen el clima y el paisaje: com o elemento 31 Además, no es ella la única que lo denuncia, sino cuenta con la descripción de otros autores (vimos a Pérez Galdós) como Rilke 32 . De hecho, Rilke denuncia la ausencia, 29 ZAMBRANO, M.: “Obre ras”, El litoral , 11/10/1928. Pág. 3. 30 ZAMBRANO, M.: La aventura… Pág. 202. 31 ZAMBRANO, M.: “Se anuncia la próxima visita”, El liberal , 2/8/1 928. Pág. 3 133 incluso, de espacio propio de la mujer. Es un escándalo que la mujer no tenga esta condición existencial mínima después de tantos siglos de ser hum ano racional sobre la faz terrestre. Hay que hacerse cargo de esta coyuntura y, para ello, es esencial educar la mirada. ¿Cómo? Probablemente como María Zam brano lo hizo: ofreciendo sus propias gafas para que sus compañeras oteasen m ás allá de sus perspectivas alienadas. La lectura de los artículos que han servido de base a este trabajo es ejemplo de esta capacitación femenina. 4.2.2. Participación social. Se trae a superficie la situación de indefensión de la m ujer, un ostracismo que la hace víctima, puesto que clausura la posibilidad d e formar parte de la sociedad, esto es, situarse más allá d e ser mero paisaje. Es la actitud de la mujer, siempre pronta a naufraga r en lo doméstico, a adscri birse a perpetuidad a unos lares c on exclusi ón absolu ta: es su aus encia de la vida ciudadana lo que nos preocupa a quienes esperam os con impacienc ia la plena <<entrada de la mujer en el imperi o de la dignida d>>. Y no es extraño. Se ha pas ado la mujer t oda la Historia recluida dentro de los contornos caseros, en lo pri vado y particular. Desde allí in fluía con fuerza subterránea y difusa sobr e el hom bre, sin personalidad, co mo influyen el clima y el paisaje: como un elem ento. Y ha sido formidable – no cabe ignorarlo- el efecto de su oscura fuerzas a lo largo de la cultura 33 Huelga decir tiene que la influencia femenina en este puesto ha sido relevante para la historia de la humanidad; da fe de ello la introducción a la Filosofía para princesas escritas por Leibniz. Allí, se sostiene que el filósofo m oderno (sea Leibniz, Descartes, Maquiavelo o Hobbes) tenía una importante influencia en la corte gracias a las cortesanas y nobles. Muchas veces, eran ellas quienes llevaban la carga del gobierno de un país 34 . La influencia era sinónima de poder sobre el curso de los acontecim ientos, pero lo que se exige no es poder sino derecho a ser ellas mism as. La sociedad contrae con ellas la deuda de poner el rostro real a las disposiciones dadas por ellas. El reto es participar desde ellas mism as y no a la sombra de sus esposos o padres: firmar contratos sin necesidad del permiso m asculino. El artículo zam braniano “La mujer intelectua l” se quejará con dolor al comparar la situación de la mujer española con las d elegadas de la Federación Internacional de Mujeres Universitarias (institución que todavía existe) a su paso por España. Su asombro es m ayúsculo y sólo equiparable a la reacción intelectual que le acom ete ante la visualización de estas mujeres incardinadas plenam ente en los estratos científico- académicos m ás elevados. Se ha desbordado el es píritu reprimido; per o es esto lo que cabe preguntarse: ¿Estaba en verdad re primido este im p ulso de la mujer, que ha vuel to del revés su vida; este viraje rápido de su actuaci ón no se hubie ra dado de igual m anera –con variaciones circunstanciales- hace unos sigl os, de haberlo ella exigido ? 32 Cfr. ZAMBRANO, M.: La aventura... Pág. 169. 33 ZAMBRANO, M.: “Se anuncia…”. Pág. 3. 34 Cfr. LEI BNIZ, GW. : Filosofía para princesas , Alianza Editorial, Madrid, 1989 . Introducción de Javier Echevarría. 134 Mas lo cierto es que traspasa todas la s suposiciones el núm ero de mujeres que no sólo siguen una carrera –cosa en sí sin im portancia- sino que i nvierten su vida en investigaciones de laboratorio, escribi r libros, atender cátedras… en cosa de cultura. Esto choca con la tradición doméstica; pero la m ujer tiene m uchas tradiciones en que poder em palmar su vivir futuro 35 ¿Por qué en España, estaría preguntándose, no se da esta situación?, ¿habría que esperar mucho para que se operase el cambio?, ¿ le daría suficientes años la vida para presenciarlo? 4.2.3. Participación política. La participación social alcanza sus cotas más altas en la reclam ación de un rostro político. La participación social se exigía por un débito histórico y otro humano. El débito histórico era consecuencia de las fases por las que ha pasado el género femenino. El humano por la necesidad de toda persona de poseer un rostro digno con el consiguiente respeto entre “iguales” (igualdad basada en la justicia). Por su parte, la participación política es dem andada por motivos pragm áticos: un conjunto de personas sin rostro político son escasamente atendidos en la sociedad de los felices veinte. Zambrano recoge una modificación del códig o civil en el que se castiga la infidelidad conyugal masculina al m ismo nivel que la femenina. Aceptando el indudable avance, se entristece por las consecuencias: No quiere que se castigue al hom bre sino que se eviten castigos injustos para las mujeres. Por una vez que las mujeres hemos nivelado con el hombre, lo hubiéramos preferido en sentido inverso: que ellos perdieran los derechos que hem os ganado nosotras 36 No obstante, estas modificaciones n o son habituales: el código civil sólo serv ía para eternizar la diferencia social entre lo fem enino y lo masculino y legitim ar tal desigualdad. No nos engaña la solem nidad del Código. Él no representa m ás q ue –y ya es demasiado- la categoría, el reconocim iento oficial de un hecho que trunc a sus raíces en los cimientos de un orden social y e c onómico. Sus artículos no hace n sino permitir esa esclavitud. Mas nadie piensa que pue dan ser su causa 37 En contraposición a la tesitura española, rescata, muy sucintam ente, varios ejemplos de mujeres (Butler o Pankurst) que supusieron un avance en la prom oción de los derechos sociales de la mujer. Nosotros nos hemos detenido en sus historias. Josefina Butler fue una inglesa que, en 1874, crea la Federación Abolicionista Internacional. Entre los objetivos de esta institución, topamos con la defensa de las prostitutas. En la Inglaterra de la época, la prostitu ta era castigada, aunque no en los mismos térm inos que el consumidor de sus servicios. Critica que la ley “hace gravitar 35 ZAMBRANO, M.: “Pasaro n por España” El liberal , 4/ 10/1928. Pá g. 3. 36 ZAMBRANO, M.: “La fidelidad conyugal”, El liberal, 25/10/ 1928. Pág. 3. 37 ZAMBRANO, M.: “Preocupándose…”. Pág. 3. 135 únicamente sobre la m ujer la responsabilidad de consecuencias legales, en un acto que el hombre com parte a realizar” 38 . Butler perseguirá la despenalización de la prostitució n y la defensa de que la prostitu ta sea considerada una víctima y no verdug o 39 . Emmeline Pankurst luchó por el derecho al voto de la m ujer antes de la Primera Guerra Mundial. Pankurst sufrió penas de prisión y se sometió a huelgas de ham bres en su contienda a favor de lo femenino. Institucionalmente, dio lugar a la Liga a Favo r del derecho al Voto de la Mujer y a la Unión Política y Social de la Mujer 40 . Ambos son ejem plos de referencia para la mujer españo la y deben animar a elev ar las voces y sacar de su “domesticación casera” tan to a las clases femeninas desfavorecid as como a las aburguesadas. En palabras de Zam brano: La energía que no su pieron verter en alarido, grito, a gitación exaltada, nuestras señoritas del siglo XIX – atentas a pint ar m ariposas- debem os tenerla las chicas de este “frívolo siglo XX”, tra nsformada, invertida, crucificada, en sereno laborar, en lucha decidida y firm e, dispuestas de una vez, por libre voluntad, a despedir de nuestro esquema social la triste pesadilla de la esclavitud femenina 41 4.2.4. Emancipación personal. El artículo “La esclavitud fem enina” sobresale por su título; no obstante, la provocación no acaba en el título: Sacude con irreductible extrañeza a la m uchacha de hoy el espectácul o desparram ado por las calles de la ciudad de la esclavitud efectiva de una parte de sus com pañeras de sexo. Desconci erta con frialdad de pesadi lla el hecho de que miles de m ujeres todavía estén en calidad de cosa u objet o, explotada su femi nidad con el reconocimiento de la ley 42 El texto es extraído de un artículo escrito en 1928. El año no resulta baladí, puesto que, en concordancia con el m arbete del escrito, coin cide con el mom ento que recoge en el Código Civil una ley contra el proxenetismo. [Serán castigados] los que cooperen o protejan públicamente la prostituci ón de una o varias pers onas, dent ro o fuera del Reino, participando de los benefici os de este tráfico o haciendo de él un modo de vivir 43 No obstante, piénsese en lo que esto significa: una legitimación de la condición objetual de la mujer. Se está castigando al proxeneta , pero ¿mejora esto la situación de la mujer que se prostituye o es un beneficio para el cliente de los servicios? Las mism as dudas nos crean la construcción de centros para la recupera ción de las mujeres con sífilis (sifilicomios) y organism os análogos para la cura de las prostitutas enferm as. ¿Respondían los intereses de sus arquitectos intelectuales a un intento de prosperidad de 38 “El problema de la prostitución”, conferencia pronunciada por Humberto Días. Disponible on-line: http://www.bvs.hn/RMH75/pdf / 1950/pdf/A20- 6-1950-1.pdf , último acceso 10 de m ayo de 2009. 39 AA.VV.: La prostitución: rea lidad y políticas de intervención pública en Andalucía, Sevilla, 2002. Pág. 24. 40 Cfr. WIKIPEDIA: “Emm eline Pankurst” en http://es.wiki pedia.org/wiki/Emmeline_Pankhurst (último acceso 12 de Mayo de 2008). 41 ZAMBRANO, M.: “Preocupándose…”. Pág. 3. 42 Ibídem. 43 GUEREÑA, J.L.: La prostitución en la Espa ña contemp oránea , Marcial Pons, Madri d. 2003. Pág. 241. 136 las condiciones de las prostitutas o a la protección de sus usuarios? La mujer se mantenía en el papel de objeto a ser usado, a ser curado, higienizado, para volver a ser usado. Más grave aún: la aceptación norm ativa de la prostitución 44 (entiéndase esta como el uso objetual de la mujer) no invalida el uso de la mujer, se explota su feminidad y no ya de espaldas a la ley sino con conocimiento de la m isma. Esto es sólo un caso particular de ese trato objetal de la mujer. Al otro lado, se encuentra la alzada femenina para conquistar su puesto social y su aceptación como sujeto desde el regreso al trabajo. Reconoce nuestra filósofa que la mujer regresa al trabajo por una cuestión económica, pero tam bién como mecanism o para la recuperación de su dignidad ; si añadimos al m agma de motivaciones la autorrealización, la pintura no puede ser más rabiosamente actual. Hoy en la capital vuelve a repetirse, un po co suavizada, la tragedia de la s casas sin hogar, de los c hicos sin m adre. Y es que la m ujer vuelve al trabajo con el hombre: a la fábrica, al taller, a la oficina. La econom ía y la dignidad lo hacen preciso, ineludible 45 No se trata de disponer de dinero, sino de conquistar respeto. Desgraciadamente, puede atisbarse la influencia pujante del capitalismo que equiparaba el tener al ser. Zambrano refuerza su postura: Si hay que elegir entre los beneficios económicos y los rendidos por la dignidad obtenida en el trabajo, la malagueña se queda con lo segundos. Nadie podía pensar que la m ujer ha saturado, su ansia liberadora con la llamada “emancipación económ ica”. No, porque esta em ancipación es más bien un fracaso, del que la mujer había de co nsolarse con más a ltas realizaciones. El ideal feminista – valga el viejo té rmino- está más allá de la “emancipación económ ica”, que no es sino un primer paso tristem ente necesario 46 Confirmando esta posición, desciende a las consecuencias afectivas que im plica en el inicio de la relación hombre-mujer. Es preciso que el hom bre se de cuenta de que a la mujer de hoy no se la puede ya conquistar con la promesa de un porve nir económ ico y social seguro y descansado (…). Esta mujer nue va no reniega, ni sient e rencor por el hombre, pues que no se siente esclavizada a él. Pero se le exige un es píritu digno del suyo: se le pide – en vez del mefistofélico c ollar- un ideal que dé perspectivas a s us vidas, unidad efectiva de su unión 47 Precisamente, esa base para la un idad efectiva entre hombre y m ujer será el cimiento para la construcción de una posición justa para la mujer con todos sus derechos actuantes. 44 Aceptación quiere decir au sencia de castigo de quien hace uso de los servicio s de la prostitución. La prostitución, entonces como ahora, permanece en el pla no de la alegalidad, es decir, no hay m arco legislativo que la aprue be ni que la repruebe . 45 ZAMBRANO, M.: “Pu eblo…”. Pág. 3. 46 ZAMBRANO, M.: La aven tura… Pág. 94. 47 ZAMBRANO, M.: “La mujer cam in a en su evolución”, El liberal , Madri d, 25/10/1928. Pág. 3. 137 imposibilidad de acceder a un apren dizaje oficial 1 , donde estudiar dibujo y modelado del natural con modelos vivos, al igual que sus com pañeros, el carácter público 2 de la actividad escultórica contrario a la falta de autonom ía sufrida por las mism as, los prejuicios e incomprensiones derivadas de su consideración com o “oficio” masculino, unidas a las críticas despectivas que algunas recibieron, dañando su imagen y trayectoria, han hecho difícil cuando no inviable el trabajo de estas artistas. Existe, en cambio, una am plia nómina de m ujeres en nuestro país, oriundas de regiones geográficas diferentes, que a lo largo del siglo XX se han aproximado a la práctica escultórica desde diversas perspectivas. El escaso conocim iento de la labor desarrollada por las mism as, viene en parte condicionado por la falta de estudios, encam inados a valorar el papel de la mujer en el arte com o sujeto activo, siendo más abundantes aquellos que pretendieran desvelar su im agen como objeto de representación m asculina. Si añadimos que las inv estigaciones realizadas para rescatar una nómina de artistas, se han centrado en las pintoras, o en las escritoras, dejando a las escultoras en un segundo plano, confirma la escasez de docum entos que aporten datos de sus creaciones. Pertenecer a una clase social privileg iada, tener acceso a una esmerada educación, vínculo familiar con un artista y contacto con los círculos culturales del momento son los principales rasgos en común de las escultoras que desarrollaron su obra en la primera m itad del S. XX. El matrimonio con artistas era el salvoconducto para poder relacionarse, aunque el precio a pagar era vivir a la sombra de su m arido, en un papel secundario. La buena situación económica que disfrutaron y lo inusual que era encontrar mujeres con actividad rem unerada en esa esfera social, favoreció que concibieran la escultura más com o hobby, que como profesión y que dejaran m uchas piezas sin firmar ni fechar, dificultando la catalogación. Además, fueron pocas las que mantuvieron una producción escultórica constante, renunciando algunas por cuidar a su familia. Resulta de especial interés que, siendo la imaginería religiosa el principal encargo artístico de la posguerra dentro del contexto andaluz, tal y como hem os apuntado anteriormente, artistas com o Carmen Jiménez y Elena Laverón, lograran superar la tradición neobarroca. Mientras la prim era estab lece las bases para el futuro cambio y sirve de trampolín entre la tradición y las nuevas tendencias, la segunda aporta innovación a la escultura introduciendo la neofiguración. 1 Si en el siglo XVIII los Centros de enseñanza, Academias y Salones, impedían su acceso y profesionalización convirtiéndolas en aficionadas con unas nociones artísticas exigidas a toda dama de clase media, y en el siglo XIX se les r estringía el acceso a las clases con modelos, no será hasta mediados del siglo XX cuando todo esto queda superado, pudiendo cursar con libertad todo el programa de asignaturas artísticas. 2 “ La práctica artística, y en particular la escultura, con una intenci ón representativa entendida como elemento conmemorativo, puede ser tomada como puente transmisor de ideas y hasta como instrumento para educar en valores y, en este sentido, ha estado sie mpre vinculada al ámbito público. Sin embar go, las creaciones de las escultoras, se han considerado un producto de medios privados y sus autoras, como decíamos, confinadas a la vida íntima y reservada del hogar. Este hecho, además, ha sido un arma utilizada posteriormente por la crítica contra ellas al considerar sus creaciones como tareas domésticas poco trascendentes y, por tanto, excluidas de la valoración y conside ración artística” en BARRIONUEVO, RAQUEL: “Apuntes sobre una marginalidad resistida” en, Reexistencias: Escu ltoras del siglo XX , [Catálogo] Madrid, 2006, Comunidad Autónoma de Madrid, p. 16-17 144 Partiendo de un concepto clásico y mediante la transform ación de la materia, Carm en Jiménez (Granada, 1920), llega a una síntesis de las form as para recrea situaciones y personas de su entorno más próximo, característica com ún a otras muchas artistas. Su iconografía es fundamentalmente fem enina, volcando su energía en creaciones, que quizás, lejos de la reivindicación, pretendan situar a este género en lugar más digno. Las representa en solitario, como seres autónom os, en su mayoría desnudas, sin ropas ni ataduras, dejando ver lo más privado de sí m ismas. En su obra Viento , destaca el rostro de la figura femenina ligeramente levantado desafiando al futuro. El interés de Carmen Jim énez por los nuevos materiales le lleva a introducir el poliéster en su obra, incorporando ventajas tales como la econom ía, la manejabilidad y la rapidez en el proceso de elaboración. Una lucha y trabajo constante le han servido para rom per barreras y terminar con estereo tipos de gé nero que tanto han perjudicado el desarrollo profesional de muchas escultoras. Su trayectoria, está llen a de reconocim ientos que se materializan en metas alcanzadas, com o ser la primera m ujer que logra la Cáted ra de Modelado en España y ser miembro de la Real A cademia de Santa Isabel de Hungría. Si bien Andalucía no presentará una evolución muy significativa en el terreno artístico durante la década de los sesenta, al menos el m estizaje cultural existente en la provin cia de Málaga, propiciará un contexto favorable a Elena Laverón (1938), que contará con una clientela internacional y un público con una formación cultural m ás variada. Su aportación se encuentra en el tratamiento que hace de la form a y el uso del espacio como elem ento plástico, para crear el cont ra volumen. Utiliza el hueco para sugerir lo macizo, relaciona las partes con el todo y loca liza las partes llenas y vacías para lograr el equilibrio entre los pesos. Un análisis de la figura humana le lleva a sim plificar las formas, buscando lo esencial de la mism a y a interpretaciones personales que en ocasiones rozan la abstracción. Una obra, claramente antropom órfica, en la que provoca deformaciones anatómicas intencionadas utilizando más abundantemente la recta cuando hace referencia al cuerpo masculino y la curva cuando tiene que representar a la mujer. De la m i sma manera, aumenta el volum en en el torso y miembros inferiores, reduce el tamaño de la cabeza y casi elimina los m iembros superio res. Su temática gira en to rno al amor, a la entreg a recíproca de la pareja, a la maternidad y a la familia. Son numerosas las rep resentaciones que hace de lo fem enino mostrando siempre a la m ujer como cabeza y centro de la sociedad, cercana a la idea de m adre o fundida en la figura masculina. Indudablemente la década de los sesenta será decisiva para la consolidación de la mujer escultora en el panorama artístico español, al entregarse a la creación como profesional, con una labor constante y remunerada. Integrada socialmente, contando con referentes previos y teniendo libre acceso a la enseñanza artística, ésta no precisará como antaño del vínculo justificador con un artista. Aun así algunas, como Carmen Jiménez se casaron con un escultor, incluso otras, como Teresa Eguíbar trabajaron con su marido, compaginando sus obligaciones familiares, con su carrera escultórica. Com o norma no existirá colaboración entre ellas, trabajarán, expondrán y resolverán los problem as de difusión solas, impregnándose sus creaciones de unas m arcadas señas de identidad. 145 Un alto porcentaje de escultoras a partir de los setenta buscarán tanto, espacios alternativos donde trabajar y exponer, fuera de los circuitos comerciales, com o, nuevas maneras de com unicarse con el público, adm itiendo la libre interrelación de campos. Tienen en común haber recibido una form ación multidisciplinar entre España y el extranjero. Esta influencia m ulticultural, unida a un carácter independien te, les llevará a la innovación, como Esther Ferrer, considerad a la pionera de la performance en España. La escultora se convierte en una investigadora de la vida, protagonista y narradora de su historia. Introduce referencias autobiográficas y trata el tem a de la identidad femenina. Frente a la ausencia de ejemplos femeninos en las vanguardias, un amplio núm ero de escultoras, entre las que se encuentra Mª Luisa Campoy (Málaga, 1945), participarán en su redefinición, a partir de los setenta. Fruto de la interpretación subjetiva de la realidad y el culto a lo individual nacerá una obra intuitiva que representará su interior. Escultoras que van a entender la creación com o una terapia para expresar sus miedos y placeres, como una liberación, mediante la cual crean obras fantásticas para desconectar de la realidad y recrear sus sueños. Reflexiona sobre la condición del individuo y sus limitaciones, interpretan do diversos mitos en clave actual. Crea personajes que surgen del subconsciente portando elementos sim bólicos, los cubre con pátinas insólitas y los ubica en escenarios imposibles haciéndonos soñar. La mujer, que no es m ás que ella mism a reflejada en su obra, es centro de su pensamiento y cuerpo principal en su trabajo. Destacan sus m eninas, diosas de grandes ojos, rostros expresionis tas y alargados, que parecen contem plar el paso de la Historia. Un análisis de la figura humana les lleva a sim plificar las formas, buscando lo esencial de la mism a y a usar el espacio como elemento plástico y simbólico para crear el contra volumen. Obras, claram ente antropomórficas, con deformaciones anatóm icas intencionadas, aumentando el volumen en el torso, reduciendo el tam año de la cabeza y casi eliminando los m iembros superiores. En su producción la mujer cam bia continuamente de escenario, invierte lo estab lecido, altera lo fijo, lo terreno y flota en el espacio, com o alternativa a lo material. Para representar al hombre utiliza m etáforas, eligiendo objetos inanimados de estructura simple, estable y racional, o anim ales. La parte femenina, variable, en continuo desequilibrio busca el contrapeso que la ayude a mantenerse, haciendo m ás llevadera su existencia y para ello crea su atmósfera, un un iverso que se adecue a sus necesidades. Mª Luisa Campoy nos habla del dom inio en la relación de pareja, de la tensión que provoca el enfrentamiento, de la atracción en tre los miembros, del m undo de fantasía y ensoñación que rodea a la mujer, frente a la racionalidad y estruc turación masculina. A finales de los setenta, comienza una búsqueda incansable de las escultoras por crear “algo nuevo” y encontrar un modo de conquistar su espacio dando lugar a nuevos tipos de intervenciones en el espacio urbano, al desarrollo de instalaciones y performances que logran desplazar la mirada clásica del arte y “el espacio”. Al mismo tiem po, la escultura, como disciplina, se abre a ap licaciones de otra naturaleza, se convierte en una práctica autónoma, independizada del pedestal, de referencias externas, y de las funciones que le habían caracterizado en el pasado 3 . El 3 La eliminación de la peana, la pérdida de la función conmemorativa, el final de la atadura estatuaria, el uso de tamaños variados y la admisión de nuevos procedim ientos se encuentran 146 término tradicional de escultu ra, pasa a ser entendido en su sentido más am plio, utilizándose para referirse a múltiples intervenciones . La escultura se vuelve menos comprensible, al disiparse algunos rasgos que le eran propios y al enfatizarse otros como investigación m aterial y conceptual. Las artistas van a trabajar entrecruzando disciplinas, incorporando géneros hasta entonces considerados menores y haciendo uso de la im agen, del sonido, de la palabra, así como de la descon textualización de objetos con el fin de hacer reflexionar al espectador sobre algunos aspectos de la realidad cotidiana. Paralelam ente, van a enfrentarse a las propiedades in amovibles de la escultura tornándola flexib le, ligera, temporal, errante y cálida, gracias al uso de m ateriales efímeros, al reciclaje de objetos y a la introducción de prácticas artísticas hasta entonces consideradas artesanales y femeninas. Muchas de estas propuestas buscarán la puesta en escena y el am biente, como los espacios útiles, al m ismo tiempo que m ágicos, de Machú Harras (Málaga, 1948), cuyo fin es educar a los jóvenes y enseñarles a querer su entorno, invitándoles a desarrollar su imaginación y creatividad a través del juego. Así m ismo, existe una preocupación ecológica que se manifiesta en la elección de tem as, en el juego con formas orgánicas y en el reciclaje de objetos, que dialogan con la naturaleza. Pretende llevar la cultura a las calles y com o si de un museo al aire libre se tratara, crear obras que la acerquen al ciudadan o. Concibe parques y diseña m obiliario urbano, utilizando la fantasía compositiva con la que genera un d iscurso en el que sintetiza escultura, pintura, cerámica y arquitectura. Obras como el Árbol de los mensajes , que rompen con el concepto de perennidad atribuido a esta discip lina, al nacer de elementos efímeros y reciclados, y que rodean al espectador precisando de su participación para alcanzar su sentido. Otro ejemplo es la pieza d e Machú, construida con poliestireno expandido, a la que el público se acerca utilizando las em barcaciones del estanque del Retiro. Las artistas inves tigarán fórmulas inéd itas para trab ajar la tercera dim ensión experimentando con m ateriales ajenos a la escultura, aplicando a ésta los usos que la arquitectura hacía del espacio, e introduciendo elem entos sacados de su universo. De la creación de objetos derivarán a montajes es paciales, mediante juegos perspectivos y arquitectónicos. “La descentralización de la obra escultórica, con su efecto asociado de desbordamiento de contorno, va a ser el paso más decisivo para que la escultura rapte el espacio que se encuentra a su alrededor y lo incorpore a su propia obra” 4 Desde el plano político-social la llegada de la democracia va a exigir símbolos nuevos y una conexión con lo que se hacía en el exterior. Es un mom ento de cambio, de reivindicación social, de movimiento feminista, que calará en las artistas. É stas introducen en sus obras referencias autobiográficas, reflejan lo doméstico, tratan el tem a de la identidad femenina y la violencia de género. Pepa Rubio (Sevilla,1957) va a representar la situación de injusticia que v iven los colectivo s desfavorecidos, la entre los logros conseguidos por la escultura. Además se libra del sometimiento que vivía con la arquitectura y la pintura, creando un lenguaje pr opio, con funciones nuevas y planteam ientos conceptuales próximos al hom bre. 4 MADERUELO, Javier: El espacio raptado: Interferencias entre Arquitectura y Escultura , Madrid, 1990, Ed. Mondadori, p. 18 147 discriminación debida al sexo o al lugar de origen, tom ando a menudo com o tema, el contexto social de la m ujer. En Cubiertos de grasa , enfrenta el mundo privado de la mujer, con objetos que evocan el trabajo doméstico, al mundo público asociado al hombre y a su trabajo. En Ghuraba. Los sueños que me llevan , la artista Pepa Rubio narra bajo una perspectiva diferente, el viaje clandestino de los magrebíes, cargado de em ociones, sueños y dificultades, a las costas españolas. Comparte con el espectador un m undo interior de sensaciones, así com o, la percepció n de un espacio exterior de conflicto. En su obra no destacan las pateras, ni las referencias directas, evita lo obvio y utiliza un lenguaje de signos que a modo de metáfora nos muestra la realidad social de es ta frontera, dándonos un espacio para la reflexión. Trabaja a partir de la transform ación de trozos de ropa y objetos recogidos por ella en la costa, que como relicarios simbolizan lo s sueños de los que consiguieron cruzar, así como de los que fracasan en el intento. Existe una relación de amor-odio en algunas de sus obras, enfatizada por los materiales que utiliza, de los que extrae su contenido simbólico y poético. Hay un reciclaje material y conceptual, una recogida de restos físicos y recuerdos de su pasado. Obras que surgen tanto de experiencias vividas, como de ideas que saca de los objetos encontrados. Interviene en su descontextualización, manipula su aspecto exterior, obligándonos a hacer una lectura diferente a la habitual. En el jardín de la novia , presenta una serie de objetos domésticos, que a modo de ajuar han sido elaborados con fibras naturales, empleando un método artesanal. Una especie de exorcism o, para rechazar los estereotipos y cuestionar la división entre arte y artesanía. La vigencia de cualquier tipo de material para hacer una obra, beneficiará la valoración de prácticas artísticas hasta en tonces consideradas artesanales y femeninas. Las artistas, introducen en su obra preocupaciones espaciales, interés por la estructura, la integración de las artes, la incorporación de m ateriales efímeros y el reciclaje de objetos. La primacía del concep to sobre la práctica pur amente form al y técnica, va a favorecer la incorporación definitiva de la m ujer a la escu ltura durante lo s ochenta. El escultor, s e transforma en un creador de espacios, que deja el desarrollo físico de la obra en otras manos. Así m ismo, del concepto de artista bohemio se pasa al de creador posm oderno, integrado en el sistema, lo cual perm it e a las artistas ser valoradas sin cambiar su vida y usar sus habilidades so ciales para lograr beneficios. Com o dijo Oteiza, “La escultura e cosa mentale” y la m ujer ha demostrado a lo largo de este siglo su ingenio y creatividad. Una constante en la creación artística femeni na va a ser la fuerte tendencia a la introspección. Ésta origina discursos autobiográficos con los que las escultoras recrean y transforman historias cotidianas, ex periencias y sentimientos . Carmen Laffón (Sevilla, 1934) nos muestra su peculiar ejercicio de in trospección con la reproducción escultó rica del mobiliario y los ob jetos que "habitan" su ento rno. Es difícil definir estos enseres, no sólo por su cualidad de cosas con, a la vez, una emocionante vida propia sino, sobre todo, por la manera, tan despojada, con que se nos presentan. Carm en nos trasmite el acento físico de su materia, su s imbolismo, pero tam bién la naturaleza desnuda y anónima de lo serial. E n esta frágil línea donde lo trivial y humilde cobra poesía, es donde se ha movido siempre Carmen Laffón. Como com enta Francisco Calvo Serraller: 148 “Armarios, que son almarios, porque están cargados de presencias invisibles, de fantasmas que se escapan por sus entreabiertas puertas. … La riqueza de matices, conceptual y física, que se agolpa en este conjunto de obras es tal, que estos armarios se convierten en las cámaras oscuras de la cotidianidad” 5 . En el estudio: Mesa y repisa , construye íntima y m isteriosamente un escenario simbólico, en parte real y en parte imaginado. Nos sitúa en ese contexto del taller, espacio de confrontación con la idea, metáfora de la invención, en el que se m ezcla la sensibilidad y la soledad del artista. Insiste en aquellas calidades cas i imperceptibles pero necesarias, que median entre la luz y la mater ia, la presencia de las texturas y el deseo, que son los que aportan contenido y generan el ambiente. Un trabajo reflexivo y conceptual en el que medita sobre la m irada del artista y del espectador. Espera la complicidad de éste, p ara conjugar esa prim era fuerza que nace del reencuentro con objetos conocidos, cotidianos, con la visión inquieta y desasosegada que nos provoca el enfrentarnos a la huella que el tiempo y el uso han dejado sobre cad a uno de ellos, y por tanto, al origen de su singularidad. “Le ofrece al público una topografía de sus pasos, huellas y acciones en el estudio, anidadas en esos objetos que componen la obra: un busto, una jarra, un relieve, una mesa y unos útiles de trabajo, que son los que crean una atmósfera, evocación de la emoción y la memoria” 6 . Autoras como Nuria Carrasco (Ronda, 1962) van a combinar su fuerte tendencia a la introspección con la observación externa, resultando discursos en los que recrean y transforman historias diarias, uniendo aspectos de su vida y de su entorno. Su obra sigue un camino de trasgresión y búsqueda que pone de relieve la huella de los convencionalismos. Emplea la capacidad de los objetos íntim os, domésticos, para expresar ideas y valores, los manipula dotándolos de nuevos significados al mismo tiempo que hace un u so intencionad amente equívoco de los m ateriales, intercam biando sus propiedades naturales de rigidez y flexibilidad. Para ella el látex es la materia prim a original que se amolda a una realidad cam biante. El látex para protegerte de manera incondicional com o la propia piel humana. Es por ello que hace m oldes sobre su cuerpo sobre los que luego interv iene. También hace uso de la escayola, la cola, la silicona, el chicle, así com o todo aquel material que le llam e la atención, que esté vivo, que se pueda mover y tocar aunque sea efím ero. Juega con la parte visual y simbólica de éstos y de los objetos que representa, construyendo metáforas sobre la tran sformación y la adaptación; sobre la flexibilidad, pasajera y frágil, de la existencia huma na. Esto provoca en el espectador desconcierto y curiosidad, así como una necesidad de cuestionarse la rigid ez de ciertos planteamientos sociales y estéticos. Juega con la ironía para aproximars e al concepto de identidad y ayudarnos a reencontrarnos con nosotros mism os. Obras como Traje regional , un vestido hecho de adoquines hexagonales de los que se usan en la s aceras, o los siete delantales de látex de la mism a serie, en los que puede leerse "Ministerio de Obras Púbicas o Monasterio de Asuntos Sociales" , con las que critica la intrusión de lo público en el espacio privado. 5 CALVO SERRALLER, Fernando: “Almarios” en ELPAIS.com, Cultura, Babelia, 24/12/2005 http://www.elpais.com/articulo/arte/Almarios/elpepuculbab/20051224elpbabart_5/Tes 6 BARRIONUEVO PÉREZ, Raquel: Reexistencias: Escultoras del siglo XX , Madrid, Comunidad Autónoma de Madrid, Dirección General de Archivos, Museos y Bibliotecas, Servicio de Documentación y Publicaciones, 2006, p. 21 149 Interferencias , es una instalación de 28 colum pios colgados del techo, cada uno con un par de zapatos pertenecientes a personas de edades, géneros y categorías sociales muy diferentes. A un punto comienzan a balancearse chocando unos con otros, m etáfora de la xenofobia existente hacia lo contrario, lo divergente, lo ajeno, en definitiv a, muchas veces hacia lo desconocido en cualquier te rreno que envuelve al ser hum ano, desde la ideología hasta los hábitos o tradiciones. Nu ria Carrasco desea que se de una relectura que rompa estereo tipos e ideas estancas. Explora la casa propia como espacio de proyección de la personalidad y carácter de cada individuo. La plantea como arquitect ura portable del yo, como el caparazón invisible de identidad, acumulado con el paso de los años. En palabras de la artista: “Es lo que se tiene que dejar pero de lo que no se puede escapar, el origen, el lugar al que se retorna” 7 . A través de una frágil escultura de papel de seda, unas fotografías y un vídeo, la artista contrapone el tradicional concepto de casa, entendido como espacio sólido y seguro, con el del lugar frágil, efím ero y cambiante que se encuentra en el interior de las personas. “Una de esas preocupaciones sociales y políticas muy habitual en el arte actual es aquella que tiene que ver con la idea de nido. La casa, la ciudad, la maqueta, la arquitectura, los materiales de construcción y los tecnológicos, el urbanismo y el medio ambiente, los residuos y la ecología así como las relaciones sociales que se establecen en estos escenarios pero también del espacio vacío o en trasformación, abandonado o en construcción de las ciudades” 8 . Y es que muchas artistas van a exploran en sus obras, desde varias perspectivas, las múltiples interpretaciones de la id ea de “lugar”: desde las esferas psíquicas, a los espacios públicos. Aproximaciones que van a concebir el lugar com o acontecimiento, como escenario para la vida, com o encrucijada para los encuentros existenciales. Las preocupaciones sociales, políticas, culturales y económicas se convierten en protagonistas de unas obras cargadas de simbolismo, con una clara influencia pop. Hablar de la obra de Carm en Osuna (La Rambla, 1962) nos hace pensar en Marcel Duchamp 9 , en el tema del “Ready made” y en la reutilización del objeto dándole un nuevo significado, o mejor dicho en la reutilización del significado y el significante del propio objeto. La artista tiene una idea y aunque la presencia del objeto es absolutamente necesaria para la apreciación de la obra de arte y el mensaje que crea, la acción de la artista en su estado más puro es la idea. “La obra de arte en este caso es 7 PERTUSA, Pilar: Nuria Carrasco. El patio de mi casa no es particular , [Catálogo] Málaga, CAC, 2005, p. 15 8 FRANCÉS, Fernando: Oasis. Colección Unicaja de Arte Contemporáneo , [Catálogo] Málag a, Fundación Unicaja, CAC, 2007, p.8 9 Cuando en 1917 Marcel Duchamp envió un urinario de porcelana firm ado con el seudónim o de R. Mutt y titulado “Fuente” a un concurso de jóvenes artistas del que era jurado, algo cam bió para siempre en el arte: Descontextualizar la naturaleza de los objetos para darles una nueva identidad . 150 puramente la idea y no la materia ni la materialidad del objeto que, aún siendo muy importante, sirve de canal para transmitir una id ea” 10 . La ruptura de fronteras y separaciones jerárquicas, especialm ente reivindicado por las creadoras, les lleva a investig ar materias consid eradas artesanales, con el fin de darles nuevos enfoques plásticos en sus obras. Carmen Osuna en su interés por term inar con fórmulas tradicionales y tópicos une el uso de la cerámica con preocupaciones espaciales y sociales, dentro de un interés por la integración de las artes. Influida por su lugar de origen y por la actividad artesanal allí predominante, va a u tilizar objeto s tomados del mundo de los oficios, haciendo una relectura del significado de los m ismos. Un jardín en el desierto es una instalación en la que, gracias a las características de los porrones de Córdoba, su tierra natal, es posible la realización de dicho jardín, pues el musgo crece alrededor del botijo gracias a la hum edad que desprende. Y ello en medio de un espacio de barro seco que ocupa todo el suelo, que se completa con doscientos botijos colgados del techo. Emplea un proceso in telectual en el que mezcla lo consciente, lo que bu sca, con lo que la obra y el material le v a ofreciendo en cada mom ento. Reutiliza la apariencia física de las piezas para transmitir un m ensaje y hacernos reflexionar sobre la falta de valores y el absurdo de la vida moderna. Un discurso, no falto de cierta ambigüedad, en el que aúna humor y crítica frente a lo establecido, cuestionando los prejuicios propios y las exigencias sociales. Con mi dedo cerca de mi cabeza, plantea un enfrentamiento, una crítica ante el estereotipo de lo que tradicionalmente ha sido considerado el m undo laboral del hombre y la mujer. Carm en Osuna representa el trabajo femenino, calificado como artesanal, haciendo mención a la costura. Para ello deposita en el suelo infinitos dedales que dibujando una pistola muestra esa violencia contenida al apuntar hacia el trabajo desarrollado por el hom bre. Éste aparece sim bólicamente representado por cascos de obreros, sinónimo de su desenvoltura en el exterior, en el espacio público, que se elevan por la pared dando forma a una interrogación. Por la vía de la interv ención crítica escultoras com o Carmen Osuna llegan a propuestas temporales acusadoras, denunciantes, que utilizan los mismos procedim ientos de la sociedad de consumo a la que critican. Mediante sus obras se abordan tem as de interés social como la inm igración, la incomunicación del ser hum ano, los límites del cuerpo y el consumismo. Son artistas form adas en su mayor parte en un ám bito universitario que encuentra en el activismo su principal m edio de acción. Las alteraciones del lugar las hacen en orden a valores ideológicos, a partir de la descontextualizació n subversiva de elementos culturales y sociológ icamente admitid os. El énfasis interactivo de m uchos de estos proyectos nos hace cuestionarnos hasta que punto nos encontramos ante una experiencia artística o ante acciones m eramente sociales. El cuerpo de las propias artistas, mediante la perform ance, también ha sido utilizado como m ateria y como soporte de la obra, com o reclamo y como denuncia de situaciones 10 BARBANCHO RODRÍGUEZ, Juan-Ramón: “Escultura contemporánea en Andalucía” en, Aproximaciones a la escultura contemporánea. Ciclo de Conferencias , Sevilla, Fundación Cultural del Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Sevilla, 2002, p.163 151 o actitudes. El cuerpo tridimensional, tran sitado por múltiples estandartes con renovadas referencias, será el espacio elegido por un alto núm ero de creadoras para narrar historias, en muchos casos autobiográficas. Sigue ofreciéndose com o el medio más directo a través del que interrogarse sobre los lím ites de la identidad y la volatilidad de las ortodoxias políticas, sociales y sexuales. Pilar Albarracín (Sevilla, 1968) una de las más destacadas com ponentes de la nueva generación de artistas andaluces además de trabajar utilizando la fotografía, el vídeo, la escultura 11 o las instalaciones también se sirve de su cuerpo y de su imagen para explorar sus objetivos. El campo de investigación de esta artista se cen tra en los tópicos de la España tradicion al: el flamenco, los toro s o la artesanía, los cuales pro cede a ironizar y transformar en sus obras. De este m odo, la performance se convierte en otro de los medios por los cuales logra romper con el convencionalism o de las costumbres y las tradiciones nacionales. En sus escenificaciones, perform ances y vídeos, Albarracín tom a los aspectos más tópicos de lo "andaluz" y se sumerge lúdica y críticam ente en ellos. La artista se adentra en las raíces antropológicas de su cultura y retorna a las especificidades identitarias en una época en la que la globalización disuelve las diferencias locales o las reduce a clichés étnicos fácilmente consum ibles. La co mida, el folclore, la religión o la economía rural son temas fundam entales en sus obras que ahondan en las estructuras de dominación, ponen en evidencia la violencia ejer cida contra las mujeres y el dram a de la emigración. Su aproxim ación, sin embargo, no se produce desde el dogm atismo moralista sino desde la ironía o el sarcasmo de visiones surreales y apropiaciones jocosas. La esencia de la obra de Pilar surge a través de la ironía, el humor, la crítica, la sensualidad y la poesía, provocando todo tipo de reacciones en el público. Al representar las subordinaciones al género, a la clase social y a la identidad nacional o étnica, Pilar Albarracín se enclava en una línea de análisis de las construcciones simbólicas q ue ha marcado los discu rsos más relevantes de las últim as décadas. En Bailaré sobre tu tumba vuelve a m anifestarse la necesidad de decodificar los roles impuestos. Un bailaor profesional calzado con botas negras y una mujer, Albarracín, con zapatos rojos de flamenca, zapatean sobre una tarim a. Él dispone de las herramientas artísticas, pero la danza se produce en el territorio de ella. Su diálogo pasa por diversas intensidades, traduce las incomprensiones de la relación y el peso cultural de los roles hombre-m ujer. Ella está quieta, él ataca suavemente. Él espera, le da tiempo a la mujer y luego, con arte y temple, le construye una geom etría. Ella rompe su discurso m ediante un zapateado salvaje. Él le aprisiona un pie en tre sus dos piernas, pero ella se rebela y retuerce el pie que le queda libre. Él baila, ella da patadas y hace ruido. Él construye, ella deconstruye. Al final, la tarima sobre la que bailan se hunde bajo el impulso de la mujer, que cae en un agujero oscuro com o una tumba. Esta obra habla de cómo es preferible hundirte a estar sometida; habla de la resisten cia, de la voluntad de seguir bailando hasta derrumbarse , del querer que se rindan ellos. Dice Sarah Kofman que “la nueva mujer autosuficiente no rinde su goce a la omnipotencia de un hombre. A pesar del dolor que le causa tener que romper tantos códigos, no está 11 Destacar de sus esculturas la incorporación de sonido o movim iento como en Tartero o Techo de ofrendas y de sus instalaciones que requieren en la mayoría de los casos la participación del público, como Caseta de tiro . 152 a la espera y es capaz de autoinmolarse de forma drástica para poner fin a una situación” 12 . En la obra Lunares muestra el coraje de esa mujer decidida, dolorida y consciente. La artista, en su personificación de «folclórica», con una bata de cola com pletamente blanca, sigue el ritmo del pasodoble En er mundo . Provista de una aguja, se clava pequeñas e insistentes estocadas que hacen bro tar la sangre y crean los lunares que adornan el vestido. Lunares es una performance m ística y política. Habla de las ofensas recibidas de sde fuera. De las responsabilidades que consum en a las mujeres. De la necesidad de exterio rizar esa carga. Ya que los demás no entran en tu dolor, h as de mostrarlo tú mism a… Aunque el dolor de los alfileres sea siempre m enor que el dolor interior. Esta obra tiene una indiscutible dimensión feminista, pues se atreve a reproducir la ofensa de la disminución, a lid iar con ella y a exponerla públicamente. En la performance y en otros rituales contem poráneos vinculados a tribus y patologías urbanas, la práctica de la autolesión es un intento de recuperar el cuerpo, de lib erarlo de las imposiciones sociales. En las históricas y paradigm áticas creaciones de Gina Pane, o Ana Mendieta, la sangre aparece para volver a conectarnos con lo real extremo que la civilización reprime y oculta. Pilar Albarracín se inscribe en esa densa tradición, pero como Louise Bourgeois utiliza el vestido como m etáfora de la piel cultu ral que hay que atravesar pa ra devolver al inconsciente su lugar en el discurso. Las producciones de Albarracín cuestionan las pretensiones absolutistas del minimalismo com o lenguaje hegemónico y conectan con las poéticas del exceso que el barroco, el kitsch o el pop representan. La cultura de las raíces alimenta sus creaciones y le sirve de contexto antropológico, pero como com enta Rosa Martínez “ la voluntad de romper los estereotipos hace que la artista rechace toda la dulce geometría aprendida, insista en la reinvención del significante mujer y se lance a la búsqueda de nuevos mundos poéticos, para conseguir, a través de todo ello, emanciparse del peso de l a Historia y emprender otras formas de vuelo” 13 . La evolución plástica vivida en Andalucía durante las últim as décadas del siglo XX ha sido propulsada en buena medida por las autoras 14 aquí mostradas, siendo absolutamente necesario conocerla para ac ceder al discurso artístico actual. Los desarrollos hoy en curso son amplios y variados, los acentos diversos, los matices infinitos. Las escultoras se han abierto a la experim entación material y conceptual, se han mostrado libres d e creencias excluyentes y dispuestas a desdibujar los lím ites convencionales de la escultura realizando interferencias con otras disciplinas artísticas que les han permitido enriquecer su universo. Autoras de una creación en abierta expansión que nos sitúan en una posición de espectadores privilegiados observando un claro horizonte para un arte tridim ensional que no ofrece dudas porque sale de lo más profundo de una convicción. Artistas que tienen una concepción de compromiso con el entorno y sus realidades, que refleja sin duda un comprom iso vivencial con el arte. Y es 12 KOFMAN, Sarah: El enigma de la mujer. ¿Con Freud o contra Freud? , Barcelona, Gedisa, 1982, p.50 13 MARTINEZ, Rosa (2004): “ Para volar” en Pilar Albarracín , [Catálogo] Sevilla, Reales Atarazanas de Sevilla, Consejería de Cultura, Junta de Andalucía 14 Algunas de ellas, han logrado el reconocimiento de su obra en el extranjero mientras, en otros casos, han tenido una proyección a nivel local o nacional, contribuyendo a la par que otros escultores andaluces al desarrollo de esta disciplina, así como, participando en el desarrollo cultural y artístico de su entorno más próximo. 153 JEFATURA DE L ESTADO. Ley 39/2006, d e 14 de Diciembre, de Pr omoción de la Autonomía Personal y Atención a las pe rsonas en situación de dependencia. Madrid: BOE nº 299 de 15 diciembre 2006. JI MÉNE Z MARTÍ N, Juan Manuel; 2007. Validez de la investig ación cualitativa . Control de ca lidad en investig ación cua litativa. Grana da. (Material no publicado). JUNTA DE ANDA LUC Í A. Decreto 137/2002 de Apoyo a las Familias Andaluzas. Sevilla: B OJA nº 52 de 4-may o-2002. KITZINGER, Jenny ; 1995. Qualitative researc h: introducing focus group. BMJ, 311, pp. 299-302. KITZINGER, Jenn y ; 1 994. The Methololog y of Focus Groups: the importance of interac tion between research pa rticipants. Sociology of Health & Illness, 16 (1), pp. 103-121. LAGARDE, Marcela; 1 998. Claves feministas para el pode río y la autonomía de las mujeres. Managua: Puntos de Encuentro. LARSSON, Kristina y THORS LUND, Mats; 2002. Does g ender matter? Differences in patterns of informal su pport and formal se rvi ces in a Swedish urb an elderl y population. Research on aging, 24 (3), pp. 308-33 6. MOSCOVI C I, Serge; 1984. The phenomenon of social repre sentation. En: MOSCOVI C I, Serg e y FARR, Robert M. (eds.) , Social Repre sentations. Cambridge: C ambrid ge Universit y Press. ORTÍ, Alfonso; 2000. La apertura y el enfoque cualitativo o estruc tural: la entrevista abierta semidirectiva y la discusión de grupo. En: GARC Í A FERRANDO, Manuel, ALVIRA, Fr ancisco e IBÁÑE Z, J esús (eds.), El análisis de la realidad social. Métodos y técnicas de in vestigación social. Madri d: Alianza editorial, pp. 219-282. PRESNO LABRADOR, María Claribel y CA STAÑEDA ABASCAL , Ileana E; 2003. “Enfoque de género en salud. Su im portan cia y aplicación en la APS. Revista Cubana Medicina General Integral, 19(3) . PR I ETO RODRIGUEZ, Mª Ángeles; GIL G ARC Í A, Eugenia; HEIERLE VAL ERO, Cristina y FRIAS OSUNA, Antonio; 2002. Per spective of informal car egivers on home ca re. Qualitative study with a computer progra m. Revista Espanola de Salud Pública, 76 (5), pp. 613-625. SANCHO, Mayte; 2005. Informe 2004. Las personas mayores en España. Datos Estadísticos Estatales y por Comunidades Autónomas. Ma drid: Observatorio para las Personas Ma y ores. IMSERSO. SANZ, Fina; Psicoerotismo femenino y ma sculin o. Barcelona: Kairós; 1992. SESPAS Sociedad Española de Salud Públi ca y Administración Sanitaria; 1998. L a salud Públ ica y el futur o del Estado del Bi ene star. Gr anada: SES PAS , Escuela Andaluza de Salud Pública. SO L SONA, Montse y VICIANA, Francisco; 200 4. Claves de la e volución demogr áfica en el cambio de milenio. Gaceta Sanitaria, 18, pp. 8-15. VALLÉS, Mig uel S.; 2003. Téc nicas cualita tivas de investiga ción social. Reflexión metodológica y práctica profes ional. Madrid: Síntesis. ZABALEGU I YARNOZ, Adelaida; J UANDO P RATS, Clara; DE ORM IJANA HERNANDEZ, Amaia Saenz ; RAM I RE Z LLARAS, Anna M aria; PULPON SEGURA, Anna y cols; 2007. [ I nformal caret akers in Spain, their profile and care provided]. Rev Enferm, 3 0 (7-8), pp. 33-537 -8 256 Triangula ción (1) Factores que in tervie nen en la forma de cu idar Escala de valor es Fuentes y categorías Renu nc ias La C u l p a Sit uació n ec o nómic a Proyecto personal Imp licación con la f amilia Percepción de l a salu d Grupo de di scu si ón A su vi d a E st á pr esen t e en ca si t odas la s cuid adoras Es fun dament al pa ra cont ratar a yuda externa No concr eta n De pe nde de lo s mode lo s de famili a Se siente n ag otadas, angustia das y con ba ja auto e stim a Entrev ista1 EAP: EF (Salu d) A su p royect o per so nal E st á p res ent e en cuid adoras fam i lia res en contr ata das no Es fun dament al pa ra cont ratar a yuda externa Llega r a pr io ri zarlo es un pr oce so de crec im iento p erson al De pende de las sit uacione s S e sie nten ag os tadas, aislad as social me nte, ang u stia das y con do lo r de e spalda Entrevista2 EAP:EC EGC (Josefa) Se abando nan Está pr es ente en cuid adoras en cuid ador es no Es fun dament al pa ra cont ratar a yuda externa L as mujeres en ge neral lo aba ndo nan para cuid ar La pres enc ia d e la fami li a va di sminu yend o a lo la rgo del tiempo Repe rcute e n to dos lo s as pe ctos de la sal ud, de disti nta m ane ra en hom bre s y mu j er e s Entrevista3 CF: M (Amel ia) Ha de j ado e l trab ajo par a cuidar a su ma dre Es tá p res ent e la culp a cua ndo inte nta div ertirs e NS E Med io Cons ide ra s u debe r cuid ar a su ma dre Una her mana v ive en e l domicilio y compart e lo s cuid ados co n ell a A islamie nto so cial, pé rdid a amis ta des De pre sió n y cans ancio Entrevista4 CF: M (María) A la vid a fa milia r (nuc lear) qu e quis ier a Manif iesta se ntim iento de culp a por des aten der a s u hija NSE Bajo Tr abaja de auxil i ar ad mini st rativa Su tr abajo y su fa milia Se al terna con su he rma no los fines de se manas y vacac ione s Tien e la esp a lda des tr oza da de mov iliz ar a su ma dre . Cans ancio Entrevista5 CF: H (Javie r) A su vida soci al No man ifiesta se ntim iento de culp a NSE Medi o-Alto Pe nsió n contr ibutiv a máxima y ahorros de su trab ajo co mo pro fe sor Cuid ar a su mu jer Buen a re lació n co n sus hijo s e hija . Le a yuda n algo, per o no pued en esta r fí si cam en te Can san ci o Entrevista6 CF: H (Al ejandro) A salir c on los ami gos, a ten er su vid a No manifi esta se ntim iento de culp a NSE Bajo Pe nsió n de su ma dre no con t ributi va. No t rab aj a algu n a vez li h i zo en el cam po Se si ent e obli ga do a cuid ar a su ma dre . A spira a te ner l ibre el fin de sem ana Mala r el ació n co n sus her mano y her man a, vien en d e visi ta , mu y poc a impl icac ión A islamie nto so cial Se encue ntra nervio so y a ve ces duer me poco 257 Triangula ción (2 ) Estrategias para cu brir el cuidado a m a yores dependientes en el domi cilio Ay uda exte rna Fuentes y Categorías Carg a del cuidado una pe rso na sola Carga de l cuid ado co mpar tida Per so na contr atad a Ay uda ins tit ucio nal Vo luntar i ado Grupo de disc us ión Es f recu en t e que h aya un a cu idad ora prin c ipal, pero a veces la p erson a cuida d a ro ta por lo s dom icilios de lo s hijos e hijas Se com parte co n he rm anas/o s Depe nde de l a s itua ció n econ ómi ca, ca da vez s e va con trat ando m ás To das las personas may ore s depe ndiente s e st án i nclu idas en e l pr og ram a de A D del CS Partic ipa en si tua cion es p unt uales Entrevista1 EAP: EF (Salu d) Es f recu en t e que h aya un a cu idad ora prin c ipal, p ero hay mu chos “pa cien t e golon d rina s” un mes con c ada un o de los hijo s e hijas Ent re hermanos/as, otros familia res y a ve ces se compar te co n las ve cinas D epe nde de l a s itua ción e conó mic a y del proye cto pe rs onal . L os cuid adore s hombr es co ntr atan ante s La AD d el C S Lo s re cursos socios anitar ios son insuficientes para las nece sidade s que hay Hay mas necesidades que v ol untari ado Entrevista2 EAP:EC EGC (Josefa) Al prin cipio es tá to da la f am ilia, pe ro cas i siem pre hay una per sona cui dado ra prin c ipal, a vec es c ontrat an a una cuid adora Casi siempre son otras mu jeres de la famil ia las que ay udan y cuando no hay mujeres los homb res, hermanos o padre De pe nde de la s itua ció n econ ómi ca. Los cu i dador es contr ata n an tes y muchas cuid adoras siguen cui dan do y contr ata n par a la casa Se h a a vanzad o mu cho en los cuid ados e n fe rme ro s dom icil iario s Existe n ONG ,s que col abor an e n el acomp añam ien to de per so nas m ayo res que viven sa las Entrevista3 CF: M (Amel ia) Ha de ja do de tr aba jar par a c uid ar a su mad re au nqu e c ompa rte el c ui dad o las 24 h. con s u he rmana Compar te todo s los c uidado s co n s u her man a qu e ta mbi én vi ve en el dom ici lio, ot ra vive i nd epend ient e y las visit a y ay uda punt ual mente Esp or ádi ca ment e: Una ta rd e a la sema na va una au xi lia r para sali r las dos hermana s junt as CS: C uid ados Domi cili o y Resp i ro fami lia r. Se qu eja del poc o ap oyo ins tit uci ona l No Entrevista4 CF: M (María) Es res pon sab le d e los cui da dos qu e compar te con s u herm ano. Hace la lim pi eza a fon d o de la cas a Lo s fines de semana l os alte rna con s u herma n o, se tra sla da la fami lia com ple ta ig ual que en per iodo vacac ion al 1 5 dí as cad a fam i lia Cuid adora intern a inm igrante que se va co n su familia los fines de se mana y un mes en v e rano po r descanso CS: C uid ados Domi cili o. Se quej a de l a poc a ayud a so cial con e l gas to que g ener an l as per so nas de pen die nte s No Entrevista5 CF: H (Javie r) Resp on sabi lida d d el cuid ad o. E stá pend ie nte de todo . L as de cisio nes so n siem pre suy as. Hace l a co mpra y ap rovech a pa r dar un pas eo L a c u ida dora c ont rata da se en ca rga de dar agua , ali mentos por so nda y la hi gi en e. Ta rea s de la ca sa y cocin a r. Hij os e hi ja le vi si ta n Cuid adora intern a inm igrante , el des ca nso s em anal pref ier e que darse en l a casa CS: C uid ados Domi cili o No Entrevista6 CF: H (Al ejandro) Toda la res p ons abi lid ad d e los cu idados y de l a cas a re caen sobre él Lo s hermano s y hermana v iene n de vis ita esp orád ica mente a lgu na ta rde, per o nu nc a en dom ing o No CS: C uid ados Domi cili o. AD del Ayun ta mi ento 1 h/ s. Se queja del po co apoy o ins titu cio nal Si: una mo nja le ay uda a la higie ne per so nal 258 Triangula ción (3) Estrategias para cu brir el cuidado a m a yores dependientes en el domi cilio Ti po de cui dados a l a pe rsona m ayo r depe ndie nte Fuentes y categorías Ho ras que dedi ca al c uida do Expe rie ncia / Fo rm ación Real iz a Delega No se cubre n Grupo de disc us ión Obse rvan que las cuid adoras dedic an las 24 h ora s o entr e 12 y 15h s egún situa ción de la p erson a cu idad a L as cuidadoras cui dan a su f amil iar m u y bien , a l os cu idado re s hay que ay udarle s más, alguno s lo hace n m uy bie n Obser van co mo l as mu jer es r eal izan tod os los cuid ad os a la p ersona cu id ada y también las t are as de l a cas a. Lo s hom bre s so lo alg unos cui dados Los hombre s casi si emp re la higi en e per so nal de la perso na cuid ada El desca nso de l a per sona c uidador a y las nece sidade s de ay uda dom icil iar ia Entrevista1 EAP: EF (Salu d) Obse rvan que las cuid adoras dedic an las 24 h ora s o entr e 10 y 12h s egún situa ción de la p erson a cu idad a L as cuidadoras lo hace r muy bie n , l os cuid ador es tie nen me nos destre zas y s i la nece sidad lo requie re apr en den a c uid ar Con sta ta qu e las mujeres rea liza n todos los c uid ad os a la p erson a cu idada y tambié n l as tar eas de la cas a. L os hom bre no re alizan la higiene pe rsona l ni la c asa Los hombres: la hi gi ene per son al y las tare as de la cas a, suel en hace r l a co mpra La m a yo r í a d e l o s cui da dos los ti ene qu e asu mir la fa mili a, la admó n.. socios ani taria no Entrevista2 EAP:EC EGC (Josefa) Obse rvan que las cuid adoras dedic an las 24 h ora s o entr e 10 y 12h s egún situa ción de la p erson a cu idad a L as cuidadoras cuidan m uy bie n a s u famil iar, lo s cuid ador es ho m bre s nece sitan más a p oy o inicial mente y alg unos cuid ados l es c u es ta ha cer lo A fir ma que las muje res r eal izan to dos los c uid ad os a la p erson a cu idada y tambié n l as tar eas de la cas a. L os hom bre no re alizan la higiene pe rsona l ni la coc i na Los hombres: la hi gi ene per son al y las tare as de la cas a sobre todo la co c ina Ay uda dom icili aria pa ra qu e la cu ida dor a as is ta a los t a lleres Entrevista3 CF: M (Amel ia) Com pa rte el c uid ad o a su m adre la s 24 h. con s u he rmana. A mbas e stá n en l a c asa des de qu e ella d ejó el t ra b ajo d e maes tr a Ha leí do y se h a in forma do much o sobre la enf er medad y los cuid ados a su ma dre. L a cuid a co n car iño , ter nura y compasió n Rea liza to dos los cu id ados y los gest ion a pa ra sa lir algu na ta rd e con su her mana A com pañamie nto una ta rd e a la seman a De scanso de la cuid adora f amili ar Entrevista4 CF: M (María) F ines de s em anas alte rno y mita d de vacac ione s. Se guim iento tel ef ónico dur ante la sem ana Sabe to do l o r el acionado co n lo s c uidado s, pero la relac ión c otidi an as con su padre las vive m al Gest i ona los cu id os: p lan i fica la di et a, pre para past ill ero y sig ue ha cien do l a lim pi eza a fon d o de la cas a y la com pra gr ande To dos l os cuid ados y las tare as do mé stic as bás icas de l a cas a de lune s a vie rne s Ne ces idades econ ómi ca s básic as Entrevista5 CF: H (Javie r) Est á ju bila do. C ompa rt e las 24 h oras con cuid adora inmigra n te i nte rna. Da un p aseo diar io c uan do sal e a l a compr a Sabe to do l o rel acionado con e l c u ida do, sol o tiene difi cult ades a la hor a de cocin ar. L a cuida co n esm er o y cariño, t iene n un a comu nicació n es pecial co n ell a Gest i ona los cu id ad os y est á s i empre pend ie nte de el la Higi en e p erson al, alime n tació n sonda y dar ag ua Algu na s p res ta ci ones que a él l e g u staría n para su muj er Entrevista6 CF: H (Al ejandro) En pa ro. No h a tr abaj ad o fu era de ca sa cas i nunc a Es tá fue ra de l a c asa de 1 7 a 21h. dur ante la sem ana y casi to do el día el dom ing o No ma ni fi est a dif icu lt ad es en nad a. L a cuida co n car iño , per o se queja cont inua mente de no te ner l ibr e e l fin de se mana y le r epr ocha q ue no le ex ija nada a su hij a Real iza to dos l os c uida dos y la casa: contr ol de m ed icació n, coci na , lav ado y plan chado , co m pra, li mpiez a la cas a… La hi gien e p erson a l la hace n l as mo njas El t iem po que él s ale, ella se queda sol a 259 FACTORES RE LACIONADOS CON LA E QUIDAD DE GÉNERO EN EDUCACIÓN FISICA: INFLUENCIA DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN C astillo A ndré s, Ó scar del D epartamento de E ducación F ísica y D eporte U niversidad de S evilla [email protected] R esumen La pr esente ponencia muestra los resultados de un c uestionario so b re la discrim inación de g énero en Ense ñ an z a Secundaria O b li g ato ri a. El estudio pretend e valorar la in f ormación discriminatoria tran smitida h aci a la mu j er por los medios de comunicación y su in f luenci a en la construcción e q uitativa del g éne ro del alumnado. Nuestros resulta dos muest ran con ductas se x istas, tanto cualit ativas como cuantitativas, en los modelos presentados, la actitud depor tiva vincula da a cada se x o, el interés depor tivo y el consumo televisivo por g énero. P alabras clave : e q uid a d d e g én er o, di sc r imin ac ión d e g én er o, e du ca c ió n sec und ar i a o b l i g a to r i a , e n c u es t a , e du cac ión f í s i ca , m e dio s d e c omuni cac ión. 1 . - INTRODUCCIÓN E s t e ar tí c u l o p rese nt a l o s res u l t a do s d e un c u es tion ar io s o b re el po s i b le imp ac to d e l o s m e dio s d e c omuni cac ión c omo a g e nt e se x i s t a a la h o ra d e t ra n s miti r la in f o r m ac ión relac ion a d a c on la ac ti v id a d f í s i c o-d e po r ti va , y po r t a nto, c on g ra n v in c u lac ión h ac i a las clases d e Edu cac ión Fí s i ca ( c ono c id a c omo ses ión p r á c ti ca ) , e n el ni vel d e En se ñ a n z a S ec und ar i a O b l i g a to r i a ( ESO ) . En la s o c i e d a d ac tu al , tod av í a s on mu c h as las b arreras q u e se p ara n a h om b res y mu j eres . Un a d e ella s , q u e a ú n h oy p rese nt a un f u er t e arra i g o e n la Eu r op a d e c omi e n z o s d el s i g l o XX I, es la t ra n s mi s ión d el se x i s mo d e nt r o d e nu es t r o Si s t e m a Edu ca ti v o. Di c h o se x i s mo, p ar t e d e la p erce p c ión d e q u e l o s do s se x o s s on di f ere nt es , p erce p c ión a poy a d a po r las carac t er í s ti cas d el mod el o p a t r i arcal e n el q u e no s e n c ont ra mo s inm ers o s ( Dí a z -L o v in g , Ri vera y S á n c h e z , 2001) . En es t e se ntido, la po b lac ión es p a ñ o la se p rese nt a c omo un g r upo s o c i al e n el c u al h a n es t a do f u er t e m e nt e m arca do s y arra i g a do s l o s r o les d e g én er o p ara ca d a uno d e l o s se x o s . En c on sec u e n c i a , no s e n c ont ra mo s a nt e un a s o c i e d a d muy j erar q ui z a d a y c on un a g ra n se g m e nt ac ión d e g én er o. E s t a di v i s ión s it ú a al h om b re e n la p r odu cc ión y p r ot ecc ión f a mi l i ar , as umi e ndo val o res , ac titud es y no r m as rela c ion a d as c on c u al id a d es c on s id era d as m asc u l in as o in s t r um e nt ales ( val er o s o, f u er t e d e es pí r itu y a pto p ara o b rar c on ac i er to se gú n la s c i rc un s t a n c i as ) , y a la mu j er aprendiendo a s er m a d re y e s po s a a d q u i r i e ndo cu a l id a d e s f e m e nin a s o e x p re s i v a s d e n t r o d e su r o l ( a f e ct i v a , d e l i c a d a , sum i s a , a b n e g a d a , e tc . ) , cu a l id a d e s q u e h o y e n d í a s e c on t in ú a n t ra n sm i t i e ndo (B l á nd e z , F er n á nd e z G ar cí a y S i erra (2007) . A n t e e st a s i tu a c i ó n , a ut o ra s c o m o C o l á s (2007) s e ñ a l a n l a i m po r t a n c i a d e l a e d uc a c i ó n e n e l p r o c e s o d e t ra n s f o r m a c i ó n d e l o s c i t a do s p a t r on e s cu ltu ra l e s d e g é n er o . Estu dio s rea l i z a do e n l a m i sm a lí n ea e n e l á rea d e E d uc a c i ó n Fís i c a s e ñ a l a n l a in f lu e n c i a q u e t i e n e e l p r o f e s o ra do c o m o a g e n t e s o c i a l i z a do r e n l a t ra n sm i s i ó n d e l o s di f ere n t e s 261 e st ere o t ipo s, r o l e s, a t r i b uc ion e s, e x p e ct a t i v a s, e tc., q u e s on v in cul a do s a c a d a g é n er o (B l á nd e z , F er n á nd e z G ar cí a y S i erra , 2007; G ar cí a F erra ndo , 2006; M o ra l e s, 2005; M o y a , E x p ós i t o y P a di ll a , 2006; P a vó n , M o re no Mu r c i a , Gut i é rre z y S i c i l i a , 2003; R o c h a y Dí a z -L o v in g , 2005; R o j a s M ar c o s, 20 07) . A e st o s f a ct o re s po t e n c i a lm e n t e s e x i st a s, pod e m o s u ni r a q u e ll o s d er i v a do s d e l o s m e dio s d e c o mu ni c a c i ó n q u e e l p r o f e s o ra do ut i l i z a p ara re f o r z ar l o s c on t e nido s d e su m a t er i a d u ra n t e e l p r o c e s o d e e n s e ñ a n z a - a p re ndi z a j e , c o m o s on l o s m od e l o s q u e s i r v e n d e e j e m p l o e n sus s e s ion e s p r á ct i c a s. E n e st e s e n t ido , s i n u e st ra s a lum n a s re c i b e n e n E d uc a c i ó n Fís i c a u n a ed ucación diferente e n f u n c i ó n d e s u s e x o, p a d e c er á n u n a di s c r i m in a c i ó n po r g é n er o q u e s e a poy ar á e n u n a in v i s i b i l id a d p a t e n t e d e s d e los mo d e los d e re f ere n c i a , los in t ere s e s, l a s e x p e ct a t i v a s, los c o n t e nid os, l a s m e t o d olo g í a s y l a s di f ere n t e s p r á ct i c a s d e e n s e ñ a n z a , d er i v a d a s d e l a c o n c e p c i ó n d e l a E d uc a c i ó n Fís i c a masculina i m p a rt i d a e n n u e s tro s c e n tro s . Lo s e s t u d i o s re a l i z a do s por B l á n de z , Fer n á n de z y S i err a (2007) , S c r a to n (1992) , T a l b ot (1986) , Vázq u e z , Fer n á n de z -G a r c í a y Ferrer o (2000) o W i ll i a ms y W ood h o u s e (1996) a v a l a n e s te a s pe c to. Por otro l a do, de s de l a re a l i d a d dete c t a d a por l o s in f or m e s EUR Y DI CE y OC DE 1 , n e c e s i t a m o s a d a pt a r n o s a l o s c a m b i o s q u e l a S o ci ed a d de l C o n o cimi e n t o de m a n d a y s o n n e c e s a r i o s p a r a re s po n der a l a s n u ev a s re a l i d a de s ed uc a t i v a s q u e e m er g e n ( Co l á s , 2007; E s teve, 2006) . E n e s t a l í n e a , e n e l 2006 y 2007 s e in c orpor a n e n n u e s tr o p a í s l a s ú l t i m a s l ey e s e n m a ter i a de i g u a l d a d ( Le y Or gá ni c a 3/2007 de 22 de m a r z o ) y ed uc a c i ó n [ Le y Or gá ni c a de Ed uc a c i ó n 2/2006 de 3 de m a yo ( LOE ) , j u n to c o n s u s a d a pt a c i o n e s a l a s d i s t in t a s Co m u ni d a de s A u tó n o m a s ( e n e l c a s o de A n d a l uc í a , l a Le y 17/2007 de Ed uc a c i ó n e n A n d a l uc í a , de 10 de d i c i e m b re ( LE A )] , c o n e l propó s i to de m e j or a r de f or m a cu a l i t a t i v a l a e n s e ñ a n z a e n tod a s l a s á re a s de c o n o c i m i e n to, e n tre e ll a s , l a Ed uc a c i ó n Fí s i c a . B a j o e s te p l a n te a m i e n to, e l pro f e s or a do de Ed uc a c i ó n Fí s i c a s e c o n v i erte e n e l e m e n to c l a ve e n l a c a l i d a d de l a e n s e ñ a n z a ( C a rr e i ro d a Co s t a , 2006) , y a q u e p u ede c a m b i a r cu a l i t a t i v a m e n te l a in te g r a c i ó n de l a s a l u m n a s a l to m a r de c i s i o n e s s o b re q u é y c ó m o e n s e ñ a r e n s u á re a p a r a c o n s e g u i r u n tr a to e q u i t a t i vo re s pe c to a l g é n ero e n tre h o m b re s y m u j ere s . E n c o n s e cu e n c i a , l a a d a pt a c i ó n a l a s n u ev a s n or m a s de e n s e ñ a n z a y a pre n d i z a j e, p a s a por dot a r a l pro f e s or a do de l o s c o n o c i m i e n to s y d i d á c t i c a s e s pe c í f i c a s c o n d uc e n te s a l a re s o l uc i ó n de l o s pro b l e m a s p l a n te a do s e n n u e s tr a s o c i ed a d ( So m y M u ro s , 2007) , e n n u e s tro c a s o, l a f a l t a de e q u i d a d q u e s u f re n n u e s tr a s a l u m n a s por m ot i vo s de g é n ero. A s í m i sm o, a u tore s c o m o B a rr a gá n y Go n zá l e z ( 2007) s e ñ a l a n l a n e c e s i d a d de rev i s a r l a s i t u a c i ó n ed uc a t i v a p l a n te a d a y pre s c r i t a e n cu rrí cu l o. P a r a n u e s tr a in ve s t i g a c i ó n , d i c h a rev i s i ó n s e c e n tr a e n u n o de l o s f a c tore s q u e pre s e n t a m a yo r in f l u e n c i a e n l a c o n s tr ucc i ó n de l a i de n t i d a d de g é n ero de n u e s tro a l u m n a do: e l u s o de l a in f or m a c i ó n tr a n sm i t i d a por l o s m ed i o s de c o m u ni c a c i ó n y s u po te ncia s e x i s t a . De e s te m odo c a p a c i t a re m o s a l pro f e s or a do p a r a l a to m a de de c i s i o n e s n e c e s a r i a a n te s u in terve n c i ó n s o c i a l (B o n ed, Rodrí g u e z , M a yo r g a y Mer in o, 2004; Fer n á n de z E n g u i t a , 2006) , y f re n te a l a s f in a l i d a de s y l o s v a l ore s ed uc a t i vo s q u e, de s de u n a p l a ni f i c a c i ó n y a cc i ó n 1 L a A g e n c i a E u rope a de Ed uc a c i ó n E u ryd i c e p u b l i c ó e n B r u s e l a s e n tre l o s a ñ o s 2002 y 2005 u n in f or m e s o b re l a pro f e s i ó n do c e n te, in te g r a do e n l a c o l e cc i ó n Te mas cla v e s de la ed ucac i ó n e n Eur opa . E l in f or me l o f or m a n c u a t ro v o l ú men e s , r e f e r id o s a l a et a p a de ed u c a ció n sec u nd a r i a o b li g a t or i a , m á s u n q u int o in f or me a ne x o , dedi c a d o a l a n á lisis de l a s r e f or m a s de l a pro f esión d o cent e en E u rop a ent r e 1975 y 2021 . P or s u p a r te, el in f or me r e a li z a d o por l a OCD E en 20 04 , p l a nte a el mis m o tem a , p e ro c o n u n en f o q u e h a ci a l a c a p a cit a ció n de prof e s or e s e f ici e n te s. 262 c o l a b or a tiv a c o n o t ro s pro f esi o n a les (B l á nde z , 1996) , g u i a r á n s u a cc ión d o cente h a ci a l a e q u id a d de g én e ro de s u a l u mn a d o. C o n este prop ósit o , y de a c u e r d o a l o s p l a nte a mient o s de a u t or es c o m o C o h en y M a ni o n (1990) y P a dill a , G o n zá le z y Pé r e z (1998) , h em o s el a b or a d o u n c u esti o n a r i o c o n el c u a l pr etendem o s a n a li z a r , c o m pr ende r y r e or ient a r , si f u ese n eces a r i o , l a f a lt a de e q u id a d de g éne ro en E d u c a ción Físic a desde el pr ism a de l o s medi o s de c o m u nic a ción . E l c u esti o n a r i o el a b or a d o se h a c o nst r u id o s o b r e u n t o t a l de 76 ítems (f i j o s- a lte r n a tiv o s y de esc a l a ti po Li k e r t ) en r el a ción a u n a se r ie de dimensi o nes vinc u l a d o s c o n l o s m a ss m ed i a p a r a evidenci a r , de sd e el c o nte x t o de pr á c tic a di a r i o de l a s cl a ses de E d u c a ción Fís ic a , f a ct or es disc r imin a ntes r el a tiv o s a l a c a lid a d y c a ntid a d de l a in f or m a ción t r a nsmitid a por l o s cit a d o s medi o s en r el a ción c o n el g éne ro. M á s c o nc r et a men te, l o s ít ems del c u esti o n a r i o el a b or a d o en r el a ción c o n l a in f or m a ción t r a nsmitid a por l o s medi o s de c o m u nic a ción, y q u e es u s a d a por el pro f es or a d o c o m o m o del o d u r a nte el pro ce s o de ense ñ a n z a - a pr endi z a j e, pr etenden r es po nde r a l si g u iente o bj etiv o g ene r a l de investi g a ción: “ C o n o ce r cóm o in f l u ye n l o s medi o s de c o m u nic a ción en l a t r a nsmisión del se x ism o ent r e n u est ro a l u mn a d o ” . 1 . MÉTODO B a s á nd o n o s en l a s prop u est a s de C o l á s y B u endí a (1998) y B u endí a , C o l á s y H e r n á nde z Pin a (1997) , h em o s llev a d o a c a b o u n a enc u est a a p a r ti r de l a el a b or a ción de u n c u e s t i o n ar i o . L o s ítems q u e a c o ntin u a ción e x po nem o s (f i g u r a 1) s o n p a r te int e g r a nte de u n t o t a l q u e, a dem á s de est o s, r ec o g e ítems s o b r e l a s dimensi o nes este r e o ti po s y ro les, a g ente s o ci a li z a d or , mit o s y c r een ci a s, a u t o c o nce p t o , a t r i b u ci o nes, m o tiv a ción y e x p ect a tiv a s, dimensi o nes, r el a ci o n a d o s c o n l a in f l u enci a de l a s mism a s en l a c o nst r u cción e q u it a tiv a de l a identid a d de g éne ro de n u est ro a l u mn a d o. S í N o 63.- El obj eti vo de l dep ort e en t elev isi ón es vend er pr od uctos rel aci ona dos c on este (z apatill a s, camise t as, al ime nto s, etc .) □ □ 64 .- En t elev isi ón, revi st as, carteles , et c., los hom b res y l as m ujeres que ha cen deporte s on jóvenes □ □ 65. - La muje r siempre sale guapa y a rreglad a hacien do de por te. □ □ 66.- E l hombr e si empre sale g uapo y ar reglado haci endo deport e. □ □ 67. - La im agen que v es en los medi os de com uni caci ón de los h ombres y mujeres te hac en senti r inferi or, feo /a , etc. □ □ 68 .- Cuan do v emos un c uer po des nudo , la mayoría d e las vec es e s: Hombr e M ujer 263 F i g ura 1 . Í te ms r e l a ci o n a d o s c o n l o s m ed i o s de c o m u nic a ci ó n 2 . 1 . M u es t ra L a el ección de l a m u est r a , en c u a nt o a cent ro s y c u r s o s, se r e a li z ó medi a nte m u e s t r e o inci de n t a l (B u endí a , C o l á s y H e r n á nde z , 199 7) , r es po ndiend o a l a a ccesi b ilid a d m a ni f est a d a por el pro f es or a d o p a r a llev a r a c a b o l a r ec o g id a de d a t o s nece s a r i a p a r a el est u di o de c a s o s prop u est o. E n l a t a b l a si g u iente q u ed a r ec o g id o el n ú me ro de a l u mn o s q u e h a n p a r tic i p a d o se gú n el g éne ro ( t a b l a 1) : T a b la 1 . D is t r ib u ci ó n de l a m u e s t ra por g é n e ro Al u mn o s Al u mn a s To t a l C u es tion ar io 116 82 198 C o m o se p u ede o b se r v a r , l a m u est r a del a l u mn a d o pr esent a u n a propor ció n del 58 , 5% p a r a el g éne ro m a sc u lin o y de u n 41 , 5% p a r a el f em enin o. De est o s d a t o s po dem o s est a b lece r q u e l a investi g a ción se vinc u l a a a m b o s se x o s . E n c u a nt o a l a dimensión ed a d del a l u mn a d o l a m u est r a est a b a c o m pr endid a ent r e l o s 12 y 14 a ñ o s (g r áf ic a 1) , c o n u n a medi a de Χ =13 , 1 . P or t a nt o , n u est r a m u est r a r ec o g e el r a n g o de ed a d c a r a cte r íst ic o de l a et a p a ed u c a tiv a q u e se pr etende investi g a r. 21, 71 42, 92 35, 37 0% 20% 40% 60% 80% 100% edad 12 13 14 añ o s G r á f ica 1 . D is t r ib u ci ó n por ed a de s de l a m u e s t ra 7 4 .- ¿C o n q u é f re c u en c i a v es depo rte po r tel e visión ? 1 2 3 4 5 6 9 . - ¿ Te g u s t a v er depo rte po r te lev i s i ó n ? □□ 70. - Deb e r í a h ab e r más re t r an smision e s d e p or t ivas de mu je re s p or t e le visión □ □ 71. - L os h ombr e s d e l os anu n c ios son mu sc ul osos □□ 72. - L a s muj e r e s d e l os anu n c ios son de l g ad as □ □ 73. - ¿H as c o mp r a d o al gun a ve z u n a re vista o p e r i ód i c o d e p o r t ivo? □□ S í N o 74 .- ¿Con q ué fre cu enc ia v es depo rte po r televisión? 1 2 3 4 5 69.- ¿ Te g usta ver depo rte po r telev isi ón? □□ 70.- Debería h aber más re transmision es d eportivas de mu jere s por tele visión □ □ 71.- Los hombr es de los anu nc ios son muscul osos □□ 72.- Las muj eres de los anun cios son de lg adas □ □ 73.- ¿Has c omprado al guna vez un a revista o pe riód ico depor tivo? □□ S í N o 264 2 . 2 . P r o ce dimi e nt o Res p ect o a l pro ce dimien t o de r ec o g id a de d a t o s de b em o s c o men z a r se ñ a l a nd o q u e este h a sid o llev a d o a c a b o por el prop i o investi g a d or. L o s d a t o s o b tenid o s medi a nte el c u esti o n a r i o se h a n a n a li z a d o medi a nt e el p a q u ete est a dístic o SPSS, en s u ve r sión 13 . 0 . E n l o c o nce r niente a l a n á lisis de l o s d a t o s de l c u est i o n a r i o prop u est o en n u est r a investi g a ción, est u di a m o s l a s dimensi o nes est a b lec id a s te niend o en c u ent a q u e n o t o d o s l o s indic a d or es po seen l o s mism o s ti po s de p e r f iles y q u e u n a se r ie de pr e g u nt a s, a q u ell a s q u e s o n de r es p u est a m ú lti p le, de b en se r a n a li z a d a s de m a ne r a di f e r ente a l r est o. P r inci p a lme nte, se h a r e a li z a d o u n a e s t a d í s t ic a de sc r i p t i v a a t r a vé s de u n a nálisis de c o n t ing e nci a s p a r a ve r l a sit u a ción de l o s distint o s p e r f ile s q u e h a n r es po ndid o el c u esti o n a r i o. P a r a dic h o a n á lisis h em o s em p le a d o g r á f ic o s de s e c t or e s , midiend o l a f r ec u enci a t o t a l y e x cl u ye nd o c a s o s p e r did o s, y t a bl a s de c o n t ing e nci a s por se x o. 2 . 3 . I n s t r um e nto E l inst r u ment o de r ec o g id a de d a t o s q u e a q u í pr esent a m o s –f i g u r a 1– f or m a p a r te de o t ro m á s e xh a u stiv o den o min a d o “E nc u e s t a s o b r e fa c t or e s p sic o s o ci a l e s qu e af e c t a n a l a l u mn a d o e n l a e ns e ña n za e qu i t a t i v a de l a s cl a s e s de E d u c a ci ó n Física”. P a rt i endo de lo s o bj et i vo s de nue s tr a i nve s t i g a ci ón, de ci d i mo s de s a rroll a r un i n s trumento e s pe cí f ic o p a r a l a re c o g i d a de d a to s q ue d i er a n re s pue s t a a l a s ne c e si d a de s emp í r ic a s del e s tud i o en s u c onte x to. Se gú n e s t a prem is a , re a l i z a mo s un cuestionario ad h oc q ue no s perm i t i ó l a o b ten ci ón lo s d a to s ne c e s a r i o s p a r a el po s ter i or a n á l isis . P a r a el d is e ñ o de lo s d is t i nto s í te m s s e g u i mo s l a s propue s t a s de Co h en y M a n i on (1990) 2 , s ele cci on a ndo, por s u a de c u a ci ón p a r a nu e s tr a i nve s t i g a ci ón, lo s í te m s fij o s- a l te r n a t i v o s y lo s de e sc a l a t i po L i k ert . E s t a b le ci do el d is e ñ o de í tem s a ut i l i z a r en l a i nve s t i g a ci ón, de f i n i mo s el t i po de pre g unt a s q ue c on f orm a ron el c ue s t i on a r i o. A sí pue s , ele g i mo s lo s si g u i ente s t i po s s e ñ a l a do s por Tu c k m a n (1972) : pre g unt a s d i r e c t as , e s p e cíficas , o bj et i v as y afi r m aci o n e s. Como c on s e c uen ci a de lo s t i po s de pre g unt a s re f er i do s a nter i orment e, s e e s t a b le c en v a r i a s c l a s e s de c onte s t a ci one s o modo s de re s pue s t a a l a s m is m a s ( Tu c k m a n, 1972) . De ell a s de s t a c a mo s , por a j u s t a r s e a l a s ne c e si d a de s de nue s tro tr a b a j o de i nve s t i g a ci ón, l a s si g u i ente s : r e s pu e s t as e s t ru c t ur a d as , n o e s t ru c t ur a d as , de e sca l a , l is t a de c o m pro baci ó n y ca te g or iz a d as. 2 Co h en y M a n i on (1990 : 38 5) denom i n a n í tem s f i j o s- a lt ern a t i vo s a a q uello s q ue “ (…) p e r m i te n a l i n f or m a n te e l e gi r e n t r e d o s o m ás a l te r n a t i v as”, no r m a lme nt e en f orm a d ic otóm ic a ( S í / No, et c . ) . Por otro l a do , e s t a b le c en c om o í tem s de e sc a l a “ (… ) u n c o n j u n t o de í te m s or a l e s p a r a ca d a u n o de l o s c u a l e s e l e n t r e v is t a d or r e s po n de i n d ica n d o g r a d o s de ac u e r d o o de sac u e r d o ” ( por e j em plo: ¿ Cr ee q ue l a a c t i v i d a d f ísic a e s b uen a p a r a l a s a lud ? 1 2 3 4 5 . Corre s pond i endo 1 a T o t a lm e n te e n de sac u e r d o y 5 a M u y de ac u e r d o ) . 265 De l a s re s pue s t a s a nter i ore s , pen s a mo s q ue lo s modelo s pre s ent a do s pu eden p rovo c a r un a g r a v i o c omp a r a t i vo entre nue s tro a lumn a do. P a r a c on f i rm a r o re c h a z a r e s t a i de a , h emo s pl a nte a do el si g u i ente í tem: L a i m ag e n q u e v e s e n l o s m ed i o s de c o m u n icaci ó n de l o s ho m b r e s y m u j e r e s te h ac e s e n t i r i n f e r i or , f e o , et c . –f i g ur a 12– . A e s te re s pe c to, h emo s c on s t a t a do q ue a l c ontr a r i o de lo q ue pen s áb a mo s , tre s de c a d a c u a tro s u j eto s en c ue s t a do s (73 , 74%) i nd ic a n q ue l a i m a g en q ue ven en lo s med i o s de c omun ic a ci ón, de h om b re s y mu j er e s , No le s h a c e s ent i r f eo s o i n f er i ore s . L a s re s pue s t a s d a d a s a e s t a pre g unt a por g énero, mue s tr a n q ue t a n s olo un 3 , 5% m á s de a lumno s q ue de a lumn a s s e po sici on a n en e s t a a f i rm a ci ón. F i g ura 1 2 . L a i m ag e n q u e v e s e n l o s m ed i o s de c o m u n icaci ó n de l o s ho m b r e s y m u j e r e s te h ac e s e n t i r i n f e r i or , f e o , et c . El si g u i ente í tem pretende mo s tr a r el i nteré s de nue s tro a lumn a do por l a s not ici a s rel a ci on a d a s c on el á m b i to deport i vo – ¿H as c o m pr a d o a l g u n a v e z u n a r e v is t a o p e r i ód ic o de por t i v o ? – . A s u ve z pret endemo s c on s t a t a r si e x is te un g énero q ue mue s tr e un i nteré s e s pe ci a l s o b re e s t a s pu b l ic a ci one s . A e s te re s pe c to podemo s a f i rm a r q ue el 66 , 48% de lo s s u j eto s en c ue s t a do s i nd ic a h a b er c ompr a do a l g un a ve z un a rev is t a o per i ód ic o deport i vo –f i g ur a 13– . Cu a ndo a n a l i z a mo s e s te por c ent a j e por g én ero, o b s erv a mo s q ue s e i n c l i n a a f a vor de lo s a lumno s , c on v a lore s de un 18 , 9% m á s q ue l a s a lumn a s . Tabla de continge ncia S exo * La imagen que ve s en los medios de com un icación de lo s hom b res y m ujer es te hacen sent ir in fer ior , feo , etc 2 7 89 11 6 23 , 3 % 76,7% 1 00, 0% 22 60 8 2 2 6,8% 7 3 , 2 % 1 00, 0% 4 9 14 9 1 98 24 ,7% 75, 3 % 1 00,0% Recuento % de Sexo Recuento % de Sexo Recuento % de Sexo Hombre Muj er Sexo Total Sí No La imagen que ves en los medi os de comunicaci ón de los hombres y mujeres t e hacen sentir i nferi or , feo , etc Total 272 [Document text truncated for crawler view.]