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Mapeo y análisis de investigaciones sobre relaciones de género en el trabajo en cocimas de restaurantes

Alves Minuzzo, Daniela

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INVESTIGACIÓN Y GÉNERO Proyectos y Resultados en Estudios de las Mujeres María Elena García-Mora y Ana María De la Torre-Sierra (Eds.) Universidad de Sevilla 2022 VIII Congreso de Investigación y Género. Reflexiones sobre investigación para avanzar en igualdad. Universidad de Sevilla, 2022. Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra está protegido por la ley, que establece penas de prisión y/o multas, además de las correspondientes indemnizaciones por daños y perjuicios, para quienes reprodujeren, plagiaren, distribuyeren o comunicaren públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier otro medio, sin la preceptiva autorización. I.S.B.N: 978-84-09-41805-3 383 MAPEO Y ANÁLISIS DE INVESTIGACIONES SOBRE RELACIONES DE GÉNERO EN EL TRABAJO EN COCINAS DE RESTAURANTES Alves Minuzzo, Daniela 1 INTRODUCCIÓN La Gastronomía es un área de conocimiento que atraviesa la experiencia humana, ya sea para la formación de la identidad o para la afirmación económica en la producción y distribución de servicios destinados a la nutrición y mantenimiento de la calidad de vida de los individuos (Poulain, 2004), bien como acompaña la historia de la formación de las civilizaciones de las más diversas formas (Flandrin & Montanari, 1998). Entre las muchas interacciones complejas entre alimentación y sociedad, destaca su relación con las cuestiones de género debido a que históricamente las mujeres han mantenido una estrecha relación con la producción de alimentos. Esta relación se observa especialmente en el hogar, con la responsabilidad casi exclusiva de la mujer en la alimentación familiar, en contraste con la expresiva presencia masculina en los espacios comerciales y profesionales de producción de alimentos (Contreras & Gracia, 2011). En Brasil, la cocina doméstica, históricamente, se construyó como un espacio físico separado de las áreas sociales de la casa y reservado para personas consideradas como “inferiores estructurales” como mujeres, empleados domésticos y personas esclavizadas (Barbosa, 2012). También en los restaurantes, las cocinas son espacios que, la mayoría de las veces, no están al alcance de la vista del público, donde los trabajadores, muchas veces con baja educación formal y bajos salarios, son invisibilizados. Este formato ha mostrado una tendencia al cambio, aunque no de forma generalizada, tanto en los hogares como en los restaurantes, debido a las transformaciones de un nuevo estatus de centralidad de la sociabilidad en torno a la comida. Con la incorporación de la actividad culinaria en el mercado laboral remunerado y en espacios de prestigio, la cocina pasó a ser asociada a imágenes relacionadas con el masculino (Collaço, 2008; Barbosa, 2012). La cocina de los restaurantes es percibida como un espacio inadecuado para las mujeres ya que requiere un esfuerzo físico excesivo, se considera sucia, agotadora y peligrosa. Collaço (2008) sostiene que el trabajo femenino en las cocinas de los restaurantes todavía tiene restos de las jerarquías del ámbito doméstico. Se observa que esta asociación ocurre especialmente en el ámbito de una gastronomía distintiva, también llamada “alta cocina”, en contraste con los espacios de comedores cotidianos (Collaço, 2008). Livia Barbosa (2012) asocia este fenómeno con el proceso de estetización y ‘gastronomización’ del comer y cocinar en las sociedades contemporáneas. La autora también señala la ambigüedad con la lucha feminista que busca desvincular a las mujeres del trabajo culinario doméstico obligatorio, al mismo tiempo que las mujeres del área gastronómica buscan la emancipación precisamente a través de la cocina, como Julia Child, quien defendía que dominar el arte culinario sería un acto feminista, ya que permitiría acceder a un espacio reservado a la tradición gastronómica masculina, en especial la tradición francesa. 1 Universidade do Estado do Rio de Janeiro y Universitat Rovira i Virgili, [email protected] 384 El hecho es que la 'mujer en la cocina' se comprende como una categoría social distinta del 'hombre en la cocina'. A lo largo de la historia hemos observado una división social del trabajo en la medida en que la cocina se construya como un oficio público y la mujer seguía con el lugar reservado en la cocina doméstica y no en el mercado laboral culinario masculino (Barbosa, 2012). En los últimos años, de forma tardía, las mujeres se han insertado con mayor intensidad en las cocinas de los restaurantes, aunque esta inserción sea desigual en número, puestos de trabajo, remuneración y no va acompañada de un reordenamiento de las jerarquías de género (Harris & Giuffre, 2015). Así, aún con la intensificación de la participación de las mujeres en el mercado laboral en las últimas décadas, no se produce una ruptura efectiva de las fronteras de las desigualdades en ese espacio, bien como en el ejercicio del trabajo en el ámbito doméstico (Ávila &Ferreira, 2014). Se destaca que el trabajo en restaurantes, en general, presenta una serie de desafíos como baja remuneración, falta de autonomía y reconocimiento de los trabajadores (Ruguê, 2001), esfuerzo físico intenso, con actividades laborales agotadoras, horas extras (muchas veces no correctamente remuneradas), con altos índices de accidentes de trabajo (Maciel, 2002), ejerciendo movimientos repetitivos con permanencia en posturas inadecuadas por períodos prolongados (Dourado, 2011). En su controvertido libro “Cocina Confidencial”, en el que relata el backstage de la alta cocina neoyorquina, el chef Anthony Bourdain revela parte de esta cultura de la precariedad, además de una cultura masculinista de cocinas profesionales, describiendo numerosos casos de machismo en ese espacio (Bourdain, 2016). Briguglio (2020) nos muestra que, como estrategia para demarcar la profesionalización del área de gastronomía, visibilizar el oficio de cocinero y diferenciarlo de la cocina doméstica, incluso hubo la prohibición expresa a las mujeres ingresar a las cocinas profesionales y participar en asociaciones profesionales. Otro punto en la construcción de la profesión, que la aleja de aspectos de feminidad es su carácter militarizado. Los equipos de cocina de los restaurantes están organizados en un sistema de brigadas, desarrollado en Francia en el siglo XIX por Georges-Auguste Escoffier. Este sistema está inspirado en la jerarquía militar, una cultura que impregna otras terminologías en la cocina como uniforme y marcha. En la parte superior de la jerarquía del equipo se encuentra el jefe de cocina, que actúa como “general” para mantener a su equipo “en línea” (Druckman, 2010). Se destaca un discurso de Escoffier en 1895: En las tareas domésticas es muy difícil encontrar un hombre igualando o superando a una mujer, pero la cocina trasciende un mero trabajo doméstico, es, como decía antes, un arte superior. La razón por la cual los laureles en la cocina son “solo para hombres” no es difícil de encontrar. No es que los hombres sean más epicúreos que las mujeres. Esto, incluso si es apoyado por mujeres, no es cierto. La mujer es tan exigente con su comida como el hombre, el hombre común, lo que se puede ver en lo que ambos cocinan. Lo que pasa es que el hombre es más riguroso en su trabajo, y el rigor está en la raíz de todo lo bueno, como en todo lo demás. Un hombre está más atento a los diversos detalles que se necesitan para producir un plato verdaderamente perfecto... Para él, ningún detalle es más importante que otro (Demozzi, 2011: 79). Existe una asociación simbólica de mujeres como cocineras y hombres como chefs, estando estos últimos invariablemente asociados al ámbito profesional, dado que es un puesto específico en ese espacio, mientras que los primeros son un término genérico, que se refiere a cualquiera que prepare alimentos, profesionalmente o en el hogar (Druckman, 2010). 385 Scavone (2008) señala que el papel de la mujer cocinera en Brasil siempre ha sido reconocido y apreciado, aunque asociado al ámbito familiar, pero constituyendo un lugar de poder, con recetas transmitidas entre mujeres de diferentes generaciones. Sin embargo, en el proceso de “invención” de la posición de sujeto profesional masculino, a partir del modelo europeo de chef, hubo una negación de esta valorización de la mujer como cocinera, posicionando al hombre en el lugar de una gastronomía que buscaba diferenciarse en sí misma como exquisita, técnica, profesional y, por supuesto, remunerada. Esta baja valoración se refleja en una reducida proyección, reconocimiento y premiación del trabajo de las mujeres en premios especializados en el área de la Gastronomía. En la edición de 2018 de la Guía Michelin, el galardón internacional más prestigioso en el ámbito de la gastronomía, solo el 3% de las estrellas fueron para restaurantes dirigidos por mujeres. En España y Brasil, este porcentaje fue superior a la media mundial, con un 11% de estrellas asignadas a restaurantes dirigidos por mujeres en ambos países. La revista británica The Restaurant creó un premio individual a la “Mejor Chef Mujer”, siendo su principal galardón individual el de “Mejor Chef” sin especificar género en el título, pero que está destinado únicamente a los hombres. Tales disparidades culminaron con la intensificación del debate sobre el reconocimiento del trabajo de las mujeres en el sector y la movilización de una campaña con la creación de la etiqueta #MichelinToo, para denunciar la discriminación de los premios internacionales. Así, considerando las barreras que encuentran las mujeres en el espacio social de trabajo en los restaurantes, consideramos importante realizar un levantamiento bibliográfico de estudios que, de alguna manera, están profundizando en estos interrogantes (Briguglio, 2020; Dória, 2012; Demozzi, 2011; Druckman, 2010; Haddaji, Albors-Garrigós, García-Sigovia, 2017; Harris & Giuffre, 2010; Harris & Giuffre, 2015; Katz, 2021; Muñoz-Bullón, 2009; Roc United, 2014; Resende & Melo, 2016; Reis & Nakatani, 2020; Sarti, 2012; Santos & Minuzzo, 2019; Scavone, 2008; Scavone, 2007; Silva, Rezende & Machado, 2018; Swinbank, 2002; Venturini & Godoy, 2017). OBJETIVOS El trabajo presentado en este evento es parte de una investigación doctoral más amplia que tiene como objetivo comprender cómo las mujeres que trabajan en las cocinas de los restaurantes crean estrategias para resistir las desigualdades de género y la discriminación en el trabajo en Brasil y España. Para profundizar en esta investigación se desarrollaron objetivos específicos, entre ellos el de mapear y analizar estudios sobre las relaciones de género en el trabajo en cocinas de restaurantes. Este objetivo específico es el que se pretende conseguir con esta comunicación en el congreso. MARCO TEÓRICO El género como perspectiva teórica y categoría analítica se sustenta en la perspectiva de Joan Scott (1995), como “una forma de clasificar los fenómenos, que representa un sistema de distinciones o agrupaciones constitutivo de las relaciones sociales y una forma primaria de dar significado a las relaciones de poder” (Scott, 1995: 86). Teresa de Lauretis (2019: 125) propone que el término género es "la representación de una relación, la relación de pertenencia a una clase, un grupo, una categoría". También de acuerdo con Marcela Lagarde (1990: 3), el género sería una categoría “biosocio-psico-econopolítico-cultural”. Tanto la raza como el género serían construcciones históricas sobre cuerpos, capaces de crear órdenes sociales complejos en todas las dimensiones sociales. 386 Así que, podemos pensar la perspectiva racial y de clase en conjunto con el género, a partir de los análisis de racismo y sexismo en Brasil, con Lélia Gonzalez (1984), la noción de ‘nudo’ de Heleieth Saffioti (2019), el concepto de consustancialidad de Daniéle Kergoat (2019) o por la interseccionalidad, que busca comprender la superposición o intersección de diferentes marcadores sociales y sus sistemas de opresión, dominación o discriminación (Crenshaw, 2004; Collins & Bilge, 2021). Para Saffioti (1997), la explotación de la fuerza de trabajo es diferente en términos de género y raza, lo que se puede percibir a través del concepto de división sexual del trabajo definido como “la forma de división social del trabajo que surge de las relaciones sociales de sexo” (Kergoat, 2009: 67). Es importante señalar el impacto de los arreglos privados y la división sexual del trabajo en el ámbito público y laboral en que cambios estructurales de la sociedad afectan la responsabilidad de las mujeres por la alimentación del hogar y la multiplicación de actividades fuera del hogar, presentando una dificultad para conciliar las tareas diarias de cocina con el trabajo realizado fuera del hogar (Gracia, 2009). En un movimiento de desestabilización y reconfiguración en la relación de fuerzas entre clase y género, las estrategias de resistencia como práctica social se basan en las nociones de campo, capital y habitus de Pierre Bourdieu (1972) y en la teoría de la práctica feminista (Ortner, 2007) centrándose en cuestiones de resistencia directa, pero, sobre todo, en la forma en que la dominación misma está fragmentada por ambigüedades y contradicciones. Como fuentes de investigación utilizaremos estudios que ya han investigado las desigualdades de género y la discriminación en el trabajo de la cocina (Briguglio, 2020; Dória, 2012; Demozzi, 2011; Druckman, 2010; Haddaji, Albors-Garrigós, García-Sigovia, 2017; Harris & Giuffre, 2010; Harris & Giuffre, 2015; Katz, 2021; Muñoz-Bullón, 2009; Roc United, 2014; Resende & Melo, 2016; Reis & Nakatani, 2020; Sarti, 2012; Santos & Minuzzo, 2019; Scavone, 2008; Scavone, 2007; Silva, Rezende & Machado, 2018; Swinbank, 2002; Venturini & Godoy, 2017). METODOLOGÍA La investigación doctoral en que se inserta esa comunicación se caracteriza por ser un estudio con enfoque cualitativo, adoptando una perspectiva comparativa, utilizando un proceso interactivo de recolección y análisis de datos para comprender los objetivos del estudio. Incorpora dos niveles de análisis interconectados: 1) revisión bibliográfica, 2) investigación empírica sustentada en trabajo de campo. El recorte presentado en el congreso se refiere a la revisión bibliográfica, hecha por medio de una búsqueda sistemática en bases de datos y otras fuentes en los últimos 10 años (de 2011 a 2021) utilizando las siguientes palabras clave en portugués, español e inglés: Género; Mujer; Femenino; Gastronomía; Cocina; Restaurante; Cocinero; Cocinera; Chef; Trabajo; División sexual del trabajo. Las bases de datos utilizadas fueron Scielo y Scopus. Además, fueron hechas búsquedas en Google Scholar, en el Catálogo de Tesis y Disertaciones de Brasil y en la internet de manera general para buscar documentos y otras producciones de datos más diversas. Se seleccionaron apenas estudios que abordaron directamente las relaciones de género en el trabajo en las cocinas de los restaurantes. Se excluyeron trabajos que trataran sobre cocinas domésticas, prácticas alimentarias, salud, entre otros temas no relacionados directamente con el objetivo de búsqueda. 387 Para la investigación doctoral completa estos estudios ayudarán a armar el rompecabezas del mosaico científico (Becker, 1993), orientando las observaciones empíricas desde la lente de investigaciones previas, explicando y densificando sus conclusiones. RESULTADOS La búsqueda resultó en la selección de una diversidad de materiales que incluyen artículos, libros, tesis doctorales, disertaciones de maestría y documentos generales. El análisis de la bibliografía reveló la presencia de segregación horizontal y vertical del trabajo en las cocinas profesionales, percibida por la mayor participación de mujeres en las áreas de cocina fría o repostería y de hombres en las áreas de cocina caliente y manipulación de carnes (Silva et al, 2018; Harris & Giuffre, 2015; Reis & Nakatani, 2020). En un artículo que discute la división sexual del trabajo en la cocina de un restaurante institucional en Salvador, Bahia, Brasil, las autoras observaron que los trabajadores masculinos del local asumían las funciones de mayor jerarquía en la cocina, como el cargo de chef, además del manejo de las carnes y el manejo del fogón, mientras que las mujeres se mantenían al margen del proceso productivo, enfocadas en la preparación previa, manejo de vegetales y tareas más repetitivas (Silva et al, 2018). En la etapa de observación, las autoras notaron que la mayoría de las mujeres no se acercavan a las áreas calientes de la cocina, siendo más cercanas a las actividades asociadas al frío y al agua. La única mujer que preparaba platos calientes era la responsable de la opción ovolactovegetariana del menú. Esta misma mujer cree que el trabajo de manipulación de la carne “es más adecuado para los hombres, por la cantidad de carne, por la cantidad de esfuerzo de los brazos” (Silva et al, 2018, p. 296). Reis y Nakatani (2020) encontraron observaciones similares por medio de entrevistas a mujeres y hombres chefs y cocineros/cocineras y observaron las dificultades que enfrentan las mujeres en el trabajo en cocinas con equipos mayoritariamente compuestos por hombres, especialmente en el sector de cocina caliente y en actividades de preparación de carnes. Algunas entrevistadas relataron dificultades para insertarse en estos espacios, como la negativa de los superiores a destinarlas a estas actividades o el no reconocimiento de los colegas varones de su capacidad para desempeñar tales funciones. Esa relación observada entre la cocción en frío y el trabajo considerado más ligero y la cocción en caliente como el trabajo más pesado dialoga con el estudio de Paulilo (1987) quien demostró, a partir de una investigación del trabajo en la agricultura en diferentes lugares de Brasil, que lo que hace que un trabajo sea clasificado como ligero o pesado no son sus características per se, pero sí quién lo realiza. Así, un mismo trabajo se clasificaba en ligero o pesado según fuera realizado por mujeres u hombres, respectivamente. Briguglio (2020: 149) también muestra que “hay una fuerte asociación de la parrilla, el fuego y la carne con los hombres”, mientras que otras actividades “(…) están más asociadas a las mujeres, como la repostería y la cocina en frío”. La repostería, especialidad culinaria centrada en las preparaciones dulces, se relaciona con las acepciones destinadas al postre, tales como “preferencia y atracción, deseo y placer, tentación y satisfacción, sumado al cariño, encanto, compartir y nostalgia” (Coró, 2011: 197). Esta descripción remite a varias características asociadas a una supuesta “esencia femenina” y a discursos que sustentan un imaginario sobre lo femenino permeado por la seducción, la belleza y el capricho (Venturini & Godoy, 2017: 48). 388 Ante este contexto, desarrollé una investigación en colaboración con Letícia Madeira de Castro Santos con el objetivo de investigar las relaciones de género en la cocina profesional, especialmente en la pastelería, a partir de la asociación con patrones sociales de lo femenino. La investigación consistió en la realización de entrevistas con siete profesionales (cuatro mujeres y tres hombres) que trabajaban en el mercado de alimentos de la ciudad de Río de Janeiro en 2019 (Santos & Minuzzo, 2020). El análisis de los discursos reveló muchos aspectos interesantes, que abordaré brevemente a continuación. Entre las palabras utilizadas para describir el perfil de un/una profesional de la repostería surgieron términos relacionados con la disciplina, la delicadeza, la precisión, la creatividad, la atención y el detalle. Términos muy similares surgieron cuando las entrevistadas describieron características relacionadas con la mujer como la sensibilidad, la precisión, el perfeccionismo, el cuidado, la atención al detalle y la delicadeza, incluso mencionado como “instinto de mujer” por una de las entrevistadas. La investigación también reveló la percepción de una de las entrevistadas de que el trabajo pesado se puede hacer muy bien cuando es realizado por mujeres negras, rompiendo con el mito de la fragilidad femenina en el que las mujeres negras nunca fueron parte, como señala Sueli Carneiro (2013), dado que trabajaban desde la época de la esclavitud, y estaban excluidas del estereotipo de feminidad, que se relaciona con el ideal de mujer blanca. También se observó la relación entre la masculinidad y la orientación sexual en la pastelería, con una asociación del hombre confitero visto como homosexual, citada por dos entrevistados. Al no cumplir con los estereotipos de masculinidad, debido a que se espera que los hombres sean dirigidos a tareas más brutales y las mujeres a tareas más delicadas (Briguglio, 2020; Reis & Nakatani, 2020), cuando se invierte este escenario, los hombres se convierten en asociados con el femenino, dejando de ser lo que se considera como un “hombre real”. Lo que es dicho por los entrevistados se acerca al relato de Scavone (2008: 3) cuando menciona la frase “mi lado gay es bollero”, dicha por un estudiante en un intento de justificar su incapacidad para armar y decorar platos. También se observó una mayor presencia de mujeres en los equipos de los locales especializados en el área de repostería, tanto en cocina como en servicio, con reporte de que los currículos recibidos venían en un número más expresivo de mujeres, mostrando cómo los estereotipos de género pueden orientar hombres y mujeres más intensamente para ciertas áreas. Este escenario puede estar relacionado con las expectativas a nivel profesional, con hombres y mujeres dando preferencia a trabajos considerados más “adecuados” a su género, limitando en última instancia las oportunidades de actividad profesional. Es interesante destacar el discurso de una de las entrevistadas que hace una comparación entre el trabajo de hombres y mujeres dentro de la repostería, notando una sobrevaloración de las funciones cuando las realiza un hombre, ya que las características necesarias para trabajar dentro de la repostería serían tenidas como "natural" para las mujeres. El hombre, en cambio, necesitaría un “mayor esfuerzo” para alcanzar este perfil, y por tanto su trabajo sería más valorado. Esta afirmación refleja el principio jerárquico de la división sexual del trabajo de que el trabajo realizado por los hombres tiene mayor valor social que el realizado por las mujeres (Hirata & Kergoat, 2007: 599). También según Bourdieu (2002: 75), “las mismas tareas pueden ser nobles y difíciles cuando las realizan hombres, o insignificantes e imperceptibles, fáciles y fútiles, cuando las realiza una mujer”, añadiendo, además, que esto puede ser visto en la relación entre el cocinero y la cocinera. 389 Sobre el aspecto de la segregación vertical, también conocida como 'techo de cristal', el artículo de Haddaji, Albors-Garrigósa y García-Segovia (2017) explora las barreras y factores de éxito de las cocineras en la alta cocina y demuestra que estas trabajadoras se enfrentan a varias barreras para ascender al puesto de jefe, especialmente en la conciliación entre trabajo y familia. Las jefas entrevistadas mencionaron que las mujeres tienen menos oportunidades para tomar decisiones y formar redes profesionales, y que se espera que sean menos competentes que sus colegas hombres. Este aspecto es abordado por Charlotte Druckman (2010) en su ensayo con el provocativo título “¿Por qué no hay grandes jefas de cocina?”, lo que invariablemente nos lleva a discrepancias de género. La autora argumenta que parte de esta provocación se refiere a lo que nosotros como sociedad definimos como "grande" y también a quién examina este término (académicos, periodistas, críticos) y lo define como la norma. El éxito, para los chefs, estaría más asociado con la visión para los negocios, ser una celebridad y la ‘vendibilidad’ de la imagen propia, que con la calidad del trabajo culinario. Sobre esta percepción sesgada, la autora cita un evento en Nueva York que promovió un panel de discusión sobre "Confusión de género: desentrañando los mitos de género en las cocinas de los restaurantes". Se realizó un experimento con seis servicios, cada uno representado por dos platos, en el que los panelistas debían adivinar cuál de los dos platos había sido preparado por una mujer y cuál por un hombre con solo probarlos. Ante la evidente imposibilidad de saber quién lo había preparado, el evento buscó exponer el hecho de que hombres y mujeres no cocinan diferente, lo que cambia es la forma en que juzgamos sus hechos culinarios (Druckman, 2010). En los premios de la lista de los “50 Mejores Restaurantes del Mundo”, entre 2015 y 2019, el número de restaurantes premiados encabezados por mujeres osciló entre uno y tres. Estos datos demuestran la falta de representación femenina en este premio, lo que puede estar relacionado tanto con el bajo reconocimiento del trabajo como con la dificultad de ocupar puestos de liderazgo en las cocinas de los restaurantes (Katz, 2021). Los datos reflejan la baja proyección y el escaso reconocimiento del trabajo de las mujeres tanto en los medios de comunicación como en los premios internacionales y nacionales. La inmensa mayoría de nombres de chefs, cocineros y personalidades en general de la gastronomía que alcanzan proyección son hombres. Añádase a esto que la mayoría de estos hombres son blancos y que también las mujeres, cuando se les reconoce su trabajo, son abrumadoramente mujeres blancas. La revista británica The Restaurant, que publica anualmente las listas de los 50 mejores restaurantes del mundo, entre otras listas, tiene un premio individual a “Mejor chef de pastelería”, que premia a una mujer por primera vez solo en 2019, siendo todos los ganadores de los años anteriores hombres. Otro punto relevante en el debate sobre las condiciones laborales de las mujeres es la exposición al acoso moral y sexual. Si bien no encontramos datos específicos sobre acoso en el sector de la restauración, ni en Brasil ni en España, los datos del dossier “El suelo de cristal: Acoso sexual en la industria de la restauración”, de Estados Unidos de América, demuestran la gravedad del problema en el país, en el que la industria restaurantera es la única fuente de la mayor cantidad de denuncias de acoso sexual entre todos los sectores productivos (Roc United, 2014). El chef ítalo-estadounidense Mario Batali, cuando se le preguntaron en qué se diferencian los hombres y las mujeres en la cocina, respondió: “Está en la naturaleza de las mujeres ser mejores porque no cocinan para competir, cocinan para alimentar a la gente. En Italia, los mejores chefs nunca son los chicos, siempre es la abuela. Hay dos formas de hacer feliz a alguien: ambas son poniéndole algo... ¡en este momento estamos hablando de comida!” (Druckman, 2010: 29). Este tipo de comentarios con doble connotación, de carácter sexual, es un ejemplo de la cultura masculinista