El torero. Estudio sobre dialéctica sexual
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Revista de Estudios Taurinos N.º 19-20, Sevilla, 2005, págs. 191-206 EL TORERO ESTUDIO SOBRE DIALÉCTICA SEXUAV John Ingham2 1 N. del Ed.: Este artículo fue publicado originariamente en The American /mago, 1964, págs. 91 - 102 . Ha sido traducido al castellano por Rafael Mazarrasa. 2 N. del Ed.: Departamento de Antropología University of Berkeley, California. 3 Me gustaría agradecer a mi mentor Alan Dundes el haber discutido est e artículo conmigo.
192 John lnghám toreo: considera la urdimbre familiar en la ontogénesis de la personalidad española y mexicana. Pratt cita a Ramírez y a Parrés (1957:18-21) que han argüido que en el desarrollo psicológico del varón mexicano se dan tres importantes variables: 1) una intensa relación madre-hijo durante el primer año de vida; 2) la ruptura traumática de esta relación madre-hijo debida al nacimiento de otro hermano; y 3) un modelo definido por la ausencia del padre. El padre mexicano está ausente en varios sentidos: 1. Es muy autoritario y mantiene una distancia social entre él y sus hijos. 2. Es frecuente que él tenga más de un hogar (el modelo patria chica). 3. Él suele hallarse físicamente ausente. Conrad (1957: 186) afirma que el mismo modelo de ausencia paterna y estrecha relación madre-hijo es típico de las familias en España. Fenichel (1945:95) apunta que cuando el padre se encuentra ausente, o es débil, el niño es más proclive a identificarse con la madre, porque los hijos tienden a identificarse con la figura que perciben como fuente de frustración. Los estudios empíricos sobre identificación ambisexual en varones (Burton y Whiting, 1961) y en varones homosexuales (Bieber, 1962) confirman sólidamente la hipótesis psicoanalítica según la cual la constelación parental formada por un padre ausente y una madre indulgente es una causa de identificación ambisexual en los varones. Como ya se ha señalado más arriba, este es precisamente el modelo de familia que constituye la norma cultural en México y en España. El psicoanalista mexicano Ramírez4 fue el primero en observar que el machismo, el culto mexicano de la masculinidad que se corresponde con el donjuanismo español, puede explicarse en términos de la familia mexicana. Esto es, el macho es básicamente narcisista y se identifica primariamente con su madre. El culto de la masculinidad es una defensa contra las latentes 4 Ver Ramírez, 1961. En esta obra el autor revisa algunos de sus primeros estudios, Jos cuales no son fáciles de encontrar.
El torero 193 tendencias pregenitales de orientación homosexual. La interpretación del machismo de Ramírez se apoya en el contenido del duelo verbal, un desempeño diario del papel de macho. En el transcurso del duelo se emplean corrientemente diversas metáforas que acusan al oponente de feminidad (Romano, 1960: 972). La dialéctica entre fe mini dad y masculinidad en el machismo Fig. n.º 78.- Freud con su novia Martha. Apud Freud (1973: 1, Lám. 14). también se revela bajo otras formas. Por ejemplo, se considera un cumplido decir de un macho que tiene muchos huevos (Ramos, 1962:60). Pero lo que sugieren los muchos huevos es la fecundidad de una hembra. Otro cumplido característico es: ¡Ese hombre, tiene unos testículos más grandes que la catedral!. Pero, como señala Díaz-Guerrero:
194 John lngham «Lo sorprendente en este comentario no es sólo el monumental tamaño atribuido a los testículos, sino la inclusión en una frase de las dos premisas socioculturales opuestas: los testículos, virilidad; y la catedral, la escala de valores de la mujer» (1955: 413). Esta expresión sigue el mismo modelo que la de muchos huevos, pues la masculinidad· se afirma mediante un símbolo femenino. Así aparece claro que el machismo es una defensa contra la feminidad. Muchos aspectos de la cultura mexicana y española, como han observado Pratt y Ramírez, se hacen inteligibles cuando se asume que los impulsos narcisistas y homosexuales son los factores psicodinámicos más importantes en el macho y en Don Juan. Pero aún hay más modelos en la cultura española y latinoamericana que no han sido contemplados por estos autores. Por ejemplo, cabe destacar la sorprendente consistencia entre lo que Adorno y otros (1950) describen como la personalidad autoritaria y lo que Gillin (1955: 488-500) ha denominado los «componentes del etos» (carácter) de la cultura latinoamericana. Las personalidades autoritarias proceden típicamente de familias de padre ausente (Adorno, 1950: 387) y el factor dinámico aparentemente básico de la personalidad autoritaria es la defensa contra los impulsos homosexuales (Allen, 1954: 591-593). · Por tanto, es muy probable que la corrida de toros sea no ya meramente una función del complejo de Edipo positivo, como han sugerido Hunt y otros; sino que esté más bien relacionada dinámicamente con el complejo de Edipo negativo. El objeto de esta ponencia es comprobar hasta qué punto la segunda hipótesis completa la interpretación de Hunt de la corrida de toros. Se ha observado que el duelo verbal es un ritual diario en la vida del macho mexicano. En este duelo, la acometida verbal es obviamente un gesto fálico; Fenichel (1945: 313) afirma que
El torero 195 el habla puede ser una simbolización de potencía fálica. Así, la forma del duelo verbal sugiere la imagen de dos hombres apu - ñalándose uno a otro con sus falos; y el contenido del duelo sugiere lo mismo puesto que cada uno acusa al otro de ser femenino y homosexual. En otras palabras, los machos, en el duelo verbal, se enzarzan en un encuentro homosexual sublimado durante el proceso mismo de intentar defenderse de una acusa~ ción de homosexualidad. El toreo se somete a esta misma ínter - . pretación y, si ésta es correcta, entonces la corrida de toros sería una mera elaboración ceremonial del cotidiano discurso en los países de América Latina. Pratt (1960: 329) ha observado que el matador asume la posición de todos los machos y donjuanes, es decir, se pone a la defensiva contra el ataque fálico de otro macho (en el ruedo, el toro). Pero, al igual que en los machos, en el toreo hay un elemento femenino. Dice Verissimo: «El toro simboliza el elemento masculino, fuerte, agresivo, y no hay ni que decir lo que representan los cuernos. El torero, en su atuendo afeminado, representa el elemento femenino. Es el torero el que baila frente al toro, incitándole con sus gestos y su traje de luces. Fiel aún a la psicología femenina ... esquiva la embestida del toro, le hurta su cuerpo y, como si no tuviera bastante, hiere al animal con las banderillas y, al final de esta danza tragicómica, mata al toro. Pero el gran momento, el más insólito, es cuando el macho, el toro, toma posesión de la hembra, hendiendo su carne, produciendo sangre»s (Verissimo, 1962: 341). Se puede llevar aún más l ejos esta interpretación, ya que la capa puede ser simbolización de la genitalia femenina; esto, al menos, sugiere la posición pasiva del torero en relación con la embestida del toro. (Figs. n.ºs 79 y 80) El adorno o gesto de s N. del T.: se refiere a la cogida del toro por el diestro.
196 John lngham embellecimiento que hace el torero cuando toma en su boca el cuerno del toro (Arruza, 1956: 195) podría ser una extensión de este modelo, el cual refuerza el propio nombre del pase más importante de los que se dan con el capote, la verónica. Su nombre proviene de la santa que enjugó el rostro del Cristo, porque a la santa siempre se la ha representado sosteniendo el paño de la misma manera que el torero sujeta el capote cuando inicia el pase (Hemingway, 1954: 65-66). El toro también se Fig. n.º 79.- 'Chicuelina' de Manolo Vázquez. Apud López Uralde (2000: 10, 127). parece a Cristo en que los dos son vírgenes (ver más abajo). Conrad (1957: 166), por cierto, sostiene que el motivo del Cristo sangrante en España proviene del toreo. Pero el simbolismo de la masculinidad y la feminidad no es tan unilateral como supone Verissimo. Porque, como dice Pratt el torero« ... juega alternativamente el rol de la hembra que incita y sin embargo esquiva la acometida sexual, y del macho que destruye a un rival y lo desmembra» (1960: 329).
El torero 197 El torero es masculino porque penetra al toro con su espada, pero es homosexual porque, en realidad, penetra a un macho. Que el hecho de matar se presta a simbolizar la penetración sexual lo atestigua el requisito para ejecutar bien la suerte: el estoque tiene que pasar entre las agujas. La imagen del torero también es masculina en el sentido que su público espera de él que sea un donjuán de éxito (Hemingway, 1954: 101-103). ---- " J. Fig. n.º 80.- Massón: Capa sexuada. Apud Leiris, M. (1989): Miroir de la tauromachie, Montpellier, Fata Morgana, 69. El toro se hace femenino en el acto de morir. Y aún lo hace más femenino la castración simbolizada en el corte de sus extremidades (orejas, rabo y pata). Cuando al torero se le premia la buena faena con una de aquéllas, se está revindicando su masculinidad (Fig. n.º 81). El toro es también femenino en otro sentido: es virgen cuando entra en el ruedo, tanto en sentido literal como en sentido simbólico de no haber sido toreado nunca con anterioridad (ibidem: 105, 106, 121).
198 John lngham Destaquemos que la ambivalencia de macho y hembra tien-. de a mostrar una distribución temporal. Esto es, el toro comienza como el elemento activo, pero termina muriendo en una posición pasiva. El torero, recíprocamente, invierte esta secuencia permaneciendo pasivo al principio y volyiéndose luego más activo, especialmente al matar. Esto es consistente con la reducción del Fig. n.º 81.- Pedro de Portugal tras una buena faena, premiado con las dos oreja s. tamaño de la capa a medida que progresa la lidia, ya que al comienzo de ésta se utiliza el capote grande y en su parte final se utiliza la muleta, considerablemente más pequeña que el instrumento anterior. Desde el punto de vista del toro, la muleta se distingue del torero, y el toro tiene que distinguir entre el torero como
El torero 199 macho y la muleta como un blanco pasivo, femenino; mientras que con el capote, lo que el toro ve y ataca es una forma en la que hallan fundidos torero y tela. El empleo de la muleta proporciona otro indicio ·de la creciente masculinidad del lidiador: lleva la espada escondida en la muleta, como un peligroso pene que se oculta en el interior de un prepucio simbólico (Fig. n.º 82). Fig. n.º 82.- Rafael el Gallo toreando con la muleta armada, Barcelona, s.f., c)iché de Mateo. Apud Sánchez Vigil y Durán Blázquez (1999): Antología de la fotografía taurina (1839-1939), Madrid, Espasa. Ahora está clara la razón de que la corrida de toros tenga un sentido dramático para los latinos. El conflicto dramático se basa en la tensión que genera el problema cuyo enunciado es si la mas- . culinidad prevalecerá sobre la feminidad. Es decir, si el torero lle - gará a afianzar su masculinidad desplazándose progresivamente