A vueltas con la Guerra Civil: la visión de Arthur Koestler
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A VUELTAS CON LA G UERRA C IVIL : LA VISIÓN DE A RTHUR K OESTLER Jordi J ANÉ C ARBÓ Universitat Rovira i Virgili. Tarragona En este país hay quien se dedica a estudiar la historia de épocas negras del pasado de Chile o de Argentina, olvidando historias y personajes más próximos. También existe, sin embargo, interés en otros temas que, si no nos son tan próximos en el tiempo, sí lo son, y más, en el espacio. Así lo confirma el hecho de que últimamente han sido reeditadas o incluso traducidas por primera vez al castellano algunas obras que tratan de recuperar la memoria colectiva sobre aquel acontecimiento, sobre el que se había corrido un tupido velo durante y después de la dictadura, con la llamada ley de amnistía, calificada también como “ley de amnesia”. Desde ámbitos no literarios se han iniciado asimismo acciones con la misma finalidad, como la localización de fosas comunes o la creación del Memorial Democrático en Barcelona que sistematizará toda la información disponible sobre la resistencia antifranquista. El objetivo de esta ponencia es colaborar a la recuperación de nuestra memoria colectiva con la visión de Arthur Koestler sobre la Guerra Civil española, en especial a partir de sus obras Menschenopfer unerhört: ein Schwarzbuch über Spanien y Un testamento español. En estos casos suele recurrirse al tópico del granito de arena, que en esta ocasión cobra sentido literal, al compararse con la ingente labor en este campo realizada por Hans Landauer desde el Archivo de Documentación de la Resistencia Austriaca y que honra nuestro Simposio con su presencia y sus aportaciones, o con las contribuciones de otros participantes en anteriores ediciones, como la de nuestro colega Manuel Maldonado que en la última edición también mencionó a Koestler en su ponencia sobre Paul Celan. Koestler es uno de los setenta y siete escritores, periodistas y cronistas austriacos y alemanes que participaron en la Guerra Civil (Pichler 1991: 94-98). Un “escritor y periodista austro-húngaro, autor de fama mundial”, según afirmó Ernst Alker (Alker 1977: 348). Pero esto lo escribió en 1977 y puede que hoy no sea tan conocido, a juzgar por la poca atención que le prestan buena parte de las historias de la literatura alemana, tal vez porque a partir de 1940 escribió en inglés y más que a la creación literaria se dedicó a la divulgación científica, 1 tal vez porque entre 1931 y 1938 estuvo afiliado al Partido comunista y después defendió causas revisionistas, con lo que dificulta su clasificación y eso parece ser primordial para los historiadores 1 En las historias de la literatura inglesa aparece como autor de obras de carácter científico, como The Sleepwalkers, 1959, o The Roots of Coincidence, 1971. De todas formas, en el Quellenlexikon... aparecen citados no menos de 350 artículos y capítulos de libro dedicados a sus obras. Asimismo la revista Text und Kritik le dedicó un número especial en 1992.
J ORDI J ANÉ C ARBÓ 64 de la literatura; lo cierto es que lo que defendió en cada momento lo hizo, siempre, absolutamente convencido, tanto de lo uno como de lo otro, con “sed de absoluto”, un concepto que en su autobiografía define como “un estigma que marca a los que son incapaces de encontrar satisfacción en el mundo relativo del ahora y del aquí.” (Koestler 2000, 1: 53). Tal vez por eso, Manuel Vázquez Montalbán le define como “escritor y ser humano de biografía y escrituras atormentadas.” (Vázquez Montalbán 1997: 29). El género autobiográfico, como es bien sabido, sirve para que el autor cree la imagen de sí mismo que desea dejar para el futuro. En la suya, Koestler insiste en “explicar la red de contradicciones que desdibuja y empaña la imagen de mi juventud” y en este sentido incluye una cita de Orwell: “La falla de la coraza de Koestler es su hedonismo.” (Koestler 2000, 2: 476-477). Desde el principio reflexiona sobre su función como escritor y sobre su obra, y explica, por lo menos en parte, qué es lo que le impide encontrar satisfacción: “El conflicto entre la acción y la contemplación me arrastró lógicamente al conflicto entre el arte y la propaganda. Arruiné la mayor parte de mis novelas con mi sentido de la obligación de defender alguna ‘causa’; sabía que un artista no debe exhortar ni pronunciar sermones, y seguía exhortando y pronunciando sermones.” Seguidamente afirma que sigue buscando un nuevo punto de vista para encarar una “dialéctica humanista”, ya que “la resistencia activa ante el mal es una necesidad moral, aun cuando parece lógicamente absurda.” (Koestler 2000, 1: 99-101). Después de la guerra, Koestler se adhirió a una corriente que pregonaba vagamente un “socialismo refrenado por el humanismo”, según expresión de Thomas Mann (cit. Fischer 1986: 197). Por esto creo oportuno exponer el contexto del que surgió la obra; no entraré en detalles sobre su vida, que es ciertamente intrincada, y, de hacerlo, no llegaríamos a abordar el tema. Me remito a su Autobiografía, en dos volúmenes, y puedo recomendársela; se lee como una novela, tal vez como lo que hoy se denomina relato real, dejando de lado lo que de poesía y de verdad haya en ella. Un testamento español, fue escrito ya en 1937, traducido al castellano en 1938 y reeditado recientemente, puede adscribirse al género ensayo, aunque incluye artículos periodísticos, apuntes, trozos de su diario de la cárcel, reflexiones y abstracciones: de todo un poco. Aunque no es el primer libro que Koestler escribió sobre la Guerra Civil. Ya en agosto de 1936 había estado en Sevilla, como corresponsal de guerra – además de agente del Komintern– y había escrito el libro titulado Menschenopfer unerhört: ein Schwarzbuch über Spanien (según mi información no ha sido traducido al castellano. Para dar una traducción aproximada hay que tener en cuenta que el título recoge los conocidos versos del poema goethiano “La novia de Corinto”: “Aquí caen víctimas, / Ni cordero ni toro, / Pero víctimas humanas, lo nunca visto.” 2 Así que el título, en traducción literal, debería ser: Víctimas humanas, lo nunca visto o Víctimas humanas inauditas, traducción más poética que aparece en la Autobiogra- 2 “Die Braut von Korinth”: “Opfer fallen hier, / Weder Lamm noch Stier, / Aber Menschenopfer unerhört” (Versos 61-63). En Goethe, Gedichte 1800-1832, ed. de Karl Eibl. Frankfurt a. M.: Deutscher Klassiker Verlag, 1988, p. 146 (Bibliothek Deutscher Klassiker, 34).
A VUELTAS CON LA G UERRA C IVIL : LA VISIÓN DE A RTHUR K OESTLER 65 fía 3 (Koestler 2000, 2: 366). La versión francesa no es tan literal, tal vez porque en Francia no sería tan conocido el verso, y se titula La España ensangrentada. El subtítulo ya es más unívoco: Un libro negro sobre España. En enero de 1937 habían aparecido ya la edición original alemana y la versión francesa y estaba en París preparando la versión inglesa, cuando el 15 de enero de 1937 le llaman de la redacción del periódico liberal News Chronicle de Londres y le proponen un nuevo viaje a España. El mismo día 15 va en tren a Tolosa y en avión a Barcelona, donde sólo permanece un día, y sigue viaje a Valencia y Málaga, donde se instala. Al día siguiente de la entrada de los “rebeldes”, como él los denomina, en la ciudad, es detenido y conducido a la cárcel de Sevilla. Aquí permanece cuatro meses, acusado de “rebelión militar” y condenado a muerte. Para evitar el suspense, valga decir que tras esos cuatro meses, por motivos que ya iremos viendo, pudo regresar a Londres. Ahí, entre julio y agosto del mismo año 1937, elabora un informe con trozos del diario escrito en la cárcel de Sevilla, que titula Dialogue with Death (Diálogo con la muerte); éste será el núcleo de la obra al que agrega unos artículos que redactó para el News Chronicle en enero de 1937 y las notas tomadas en los frentes de Almería y Málaga, y que aparecerá a finales de año con el título Spanish Testament. Fue redactada en alemán, excepto el diario escrito en la cárcel, que lo hizo en inglés, para no levantar sospechas ante la Gestapo, y publicada por la editorial Europa de Zurich al año siguiente, así como la traducción al español por la editorial La Nueva España de Buenos Aires y en 1939 al francés. Los lugares de edición muestran que, en aquel tiempo, ni en España ni en Alemania podían publicarse tales cosas. En la introducción a la edición francesa, escrita en Londres en otoño de 1937, justifica con dos razones la publicación de las notas redactadas mientras espera su ejecución: por el interés psicológico que tiene lo que pasa por la mente de un hombre condenado a muerte y por la experiencia que demuestra que cualquier guerra se compone sólo de un diez por ciento de acción y un noventa por ciento de sufrimiento pasivo; de ahí que dé a sus notas un valor de fuente alternativa a las crónicas escritas desde el frente de guerra. De ahí, por otra parte, la elección de esta obra como objeto de estudio y el título de esta ponencia: en mi ponencia anterior en esta serie de simposios Hispanoaustriacos presenté la visión de la Guerra Civil que ofreció Franz Borkenau, otro escritor y periodista austriaco, desde el frente de guerra, como sociólogo y analista de los hechos que iba observando y sus causas. En esta ocasión Koestler parte de un supuesto bien diferente. Ya la primera frase indica el tono de lo que le espera al lector: “Ninguno de los personajes de este relato es imaginario. La mayor parte de ellos actualmente han muerto.” 4 (Koestler 1937 b: 7). Después, en el relato de la caída de Málaga, repetirá la idea, personificada en un 3 Dos de los versos de Goethe citados varían aquí del original, con lo que la traducción también difiere de la mía: “Opfer fallen hier, / Weder Ochs noch Stier, / Sondern Menschenopfer unerhört.” 4 No incluida en la versión alemana.
J ORDI J ANÉ C ARBÓ 66 miliciano, cuyo nombre no revela, y con números concretos: “Ahora está muerto. El ochenta por ciento de la gente que aparece en esta historia está ahora muerta.” (Koestler 1938: 39). La búsqueda de aquella dialéctica humanista quizás inspire la dedicatoria del libro a “un soldado sin importancia”, según dice el autor, “a mi amigo Nicolás, fusilado en la prisión de Sevilla el 14 de abril de 1937, aniversario de la instauración de la República.” (Koestler 1938: 11). El tono predominante de los artículos es el propio de un corresponsal de guerra que se mantiene objetivo; en todo caso es el lector quien debe interpretar los hechos y los datos que él le facilita. No entra, por ejemplo, en la cuestión si la Guerra Civil merece este calificativo o no, únicamente informa: “El ejército del general [Queipo de] Llano se componía de 50.000 hombres de la infantería italiana, tres banderas de la Legión extranjera, 15.000 guerreros africanos. El resto de las tropas, aproximadamente un 10 por ciento, eran de nacionalidad española.” (Koestler 1938: 13). Más adelante insiste en el carácter de foráneos de los soldados de los rebeldes, denunciando implícitamente como falsa la idea de la guerra civil: “Un ejército invasor extranjero reposa junto a sus fuegos de vivaque detrás de los montículos para irrumpir al día siguiente en estas calles e inundarlas con la sangre de unas personas, cuya lengua no conoce, con las cuales no está en guerra y cuya vida hasta ayer le era extraña... como mañana le será indiferente su muerte...” (Koestler 1938: 41). Koestler no insiste, como Borkenau, en la objetividad de sus descripciones, sino que deja que los hechos hablen por sí mismos. Coinciden en sus respectivas apreciaciones de que como corresponsales deben dar noticias, y así lo hacen, pero además las califican de forma que dejan claro de qué bando están y consideran que la Guerra Civil es no sólo un conflicto de política mundial, sino también producto de las trágicas divergencias interiores de las izquierdas europeas. La comparación de ambas visiones sería tema para otro trabajo; centrándonos, pues, en Koestler: en su segundo viaje a España, llega el 15 de enero a Barcelona y la ciudad le produce una impresión deprimente por el desabastecimiento y la tensión que se respira en las calles. Se va a Valencia el día siguiente, junto con William Forrest, otro cronista del News Chronicle, que seguirá camino hacia Madrid. Él seguirá hacia Málaga, pero el viaje no le resulta fácil. Tras contar las peripecias sufridas, llega finalmente a Málaga; su primera visión se concentra en las ruinas: “como después de un terremoto”, dice. Recuerda la impresión de Madrid tras los bombardeos de noviembre de 1936 y contrasta: “un lugar de recreo comparado con esta ciudad agonizante. Pulvis et praetera nihil.” (Koestler 1938: 23). La visión humana del conflicto la introduce mediante breves anécdotas, como la del portero del hotel Regina, donde se hospedan, que les cuenta que su hija ha perdido las dos piernas en el bombardeo de ayer y se pregunta si su novio la querrá sin piernas. Otra anécdota le lleva a una reflexión más amplia: “Parece que Europa se desentiende de la suerte de Málaga.” (Koestler 1938: 24). Las descripciones periodísticas generales sobre la situación en el frente de Málaga alternan con anécdotas y reflexiones que dejan entrever el carácter del corresponsal que a veces adopta el papel de reportero audaz que intenta no sólo cumplir
A VUELTAS CON LA G UERRA C IVIL : LA VISIÓN DE A RTHUR K OESTLER 67 con su función informativa, sino, además, influir en la acción. Ante el avance de la ofensiva sobre Málaga, Koestler se niega a ser evacuado junto con la periodista escandinava G. G., a quien un funcionario la llevaría en su coche hasta Valencia. Él decide quedarse y actuar: Fui al Gobierno civil, quería enviar un SOS a todo el mundo a través de la emisora de Málaga para comunicar que las tropas italianas estaban a punto de entrar en la ciudad. Pero en el Gobierno civil todos habían perdido la cabeza. Fui al Cuartel general; pero Villalba se había hecho invisible y había dejado orden de que »la presse« -la presse, c’est moino cableara nada más sobre la situación militar, excepto propaganda optimista. [...] Me queda el tiempo justo para garabatear unas líneas en una hoja que pasará telefónicamente desde Valencia al »News Chronicle«: »Málaga perdida; K. se queda, intentad urgentemente que Sir Peter Chalmers-Mitchels sea nombrado cónsul honorario provisional para moderar la matanza que se avecina«. (Koestler 1938: 33) Sir Peter era un inglés afincado en Málaga que acogió en su casa a Koestler a su llegada a la ciudad; en esta ocasión explica que las historias personales de ambos son poco apropiadas para contar a los invasores: él había escrito dos cartas abiertas en el Times contra los rebeldes y había pronunciado conferencias durante su estancia en Londres a favor del gobierno de Madrid, además, su simpatía por los “rojos” era de dominio público; Koestler, por su parte, menciona “una aventura vivida en el cuartel general de Queipo de Llano, que acabó con una orden de búsqueda y captura de los rebeldes.” (Koestler 1938: 43), de la que hablará más adelante, y el libro sobre España que poco debía alegrar a Queipo de Llano (referencia a Menschenopfer unerhört). La única protección de que disponían consistía en la bandera inglesa encima del tejado. Pero Sir Peter decide quedarse para ver qué pasa, para contarlo después al mundo, si sobrevive, y, tal vez, para que su presencia, la presencia de un distinguido observador extranjero, tenga como efecto que en vez de asesinar a cincuenta mil personas, sólo asesinen a cuarenta mil. En la anotación correspondiente al día siguiente, 8 de febrero de 1937, explica la caída de Málaga. La seriedad del tema no obsta para que incluya un tópico y un comentario que casi podría calificarse de “esnob”: “Desayunamos a las ocho en la terraza, para adelantarnos al bombardeo. Como de costumbre, el bombardeo empezó a las nueve –los españoles duermen mucho, aunque estén en guerra– y queríamos por lo menos poder tomar el té sin molestias.” (Koestler 1938: 44). Lo que no obsta, por otra parte, para que añada una dura denuncia a los que considera culpables en última instancia: La ciudad ha sido traicionada por sus jefes, abandonada. [...] Los culpables jefes de Málaga que abandonaron a sus soldados, fueron puestos ante un consejo de guerra. El culpable gobierno de Largo Caballero, que abandonó Málaga, fue destituido. Los culpables gobiernos de las grandes democracias, que han abandonado a su suerte a la República española, no pudieron ser puestos ante un consejo de guerra ni ser destituidos; la historia los juzgará. Pero esto no hará resucitar a los muertos. (Koestler 1938: 47) Él está convencido de que “la historia los juzgará”. Al día siguiente fueron detenidos Sir Peter y Koestler. A partir de este momento aumentan las anécdotas tanto
J ORDI J ANÉ C ARBÓ 68 personales como las observadas en el pequeño mundo del cuartel general de Málaga, donde es ingresado primero, y de la cárcel de Sevilla, a la que es trasladado, después. Allí pasaría 102 días. El común denominador de todas ellas es que se centran en el sufrimiento humano y originan las reflexiones pertinentes, relativizando el sufrimien- to propio en el sórdido ambiente en que se encuentra, al considerarse y ser considerado como un personaje diferente del resto de presos debido a su calidad de corresponsal extranjero. Ejemplo de ello es el trato recibido al llegar a la comisaría de policía: los guardias civiles le entregan a “dos gorilas” que preguntan al funcionario que le toma la filiación si le deben practicar “una flagelación” (en castellano en el original, como en otras ocasiones, cuando usa términos típicos). Aquí explica el término y, al seguir con la narración de lo sucedido, añade una de sus reflexiones generalizadoras: »Una flagelación« es la denominación española de lo que en Francia se llama »passer à tabac«, 5 en Alemania »die erste Abreibung«. El apaleamiento de los detenidos en comisarías de policía es una institución ilegal, pero reconocida tácitamente en toda Europa. He oído hablar de muchas organizaciones y organismos humanitarios, pero no he oído nunca que exista una »Liga contra la flagelación«. Don Louis (así escribe el nombre de uno de los guardias civiles) se inclinó diligentemente y susurró unas palabras al oído del jefe. Sólo entendí »Inglés - periodista«. Por lo que la »flagelación« fue rehusada. Me sentí muy aliviado y comprendí al momento, por qué no existe una liga como la mencionada. Este tipo de organizaciones son creadas normalmente por personas distinguidas, y las personas distinguidas no reciben »una flagelación« cuando por algún accidente caen en manos de la policía. Por esto las clases medias de todos los países tienen respeto y simpatía a la policía, mientras que los pobres diablos, aún con la conciencia más limpia, temen a los uniformes como a la peste. (Koestler 1938: 89-90) Tal vez en su subconsciente se sintiera un personaje importante, aunque con las pertinentes dudas: en su segundo día en la cárcel pensaba a quién le iba a servir de algo que muriera ahí, pero al cuarto día ya tenía la esperanza de que la noticia de su encarcelamiento habría llegado a Inglaterra y que se organizarían acciones de protesta, idea que repite a los catorce días de estar en la cárcel (Koestler 1938: 81 y 108). Para dar verosimilitud al miedo de ser condenado a muerte, explica en un flashback lo sucedido en su primera estancia en España: En agosto de 1936, un mes después de estallar la guerra, estuve en Portugal y en el sur del territorio de los rebeldes, como enviado de mi periódico. [Omite, por razones obvias su pertenencia al Komintern.] En Sevilla, entonces cuartel general de los sublevados, hice un interviú a Queipo de Llano y pude constatar algunos hechos contrarios al Pacto de No Intervención, cuya publicación en el »News Chronicle« causó gran sensación y tuvo consecuencias diplomáticas. Desde entonces se denegó a todo periodista liberal el permiso para pisar suelo rebelde. (Koestler 1938: 51) 5 En la versión francesa figura: “passage à tabac” (p. 119).
A VUELTAS CON LA G UERRA C IVIL : LA VISIÓN DE A RTHUR K OESTLER 69 Los detalles de esta entrevista y sus consecuencias los explica más detenidamente en su primer libro; volveremos sobre ello. Aquí añade alguna anécdota personal de cómo fue denunciado y vuelve a introducir una frase irónica en un contexto totalmente trágico. Esparcidos entre las descripciones mayormente siniestras, como buscando un efecto de distanciación, como se diría en terminología brechtiana, incluye pensamientos o comentarios desde jocosos a mordaces. Al comentar la lista de teléfonos de las instituciones político-militares italianas en Sevilla –el comando base, el cuartel de infantería, el segundo cuartel de infantería, el local de abastecimiento– añade: “El turismo había aumentado considerablemente en Sevilla desde mi última visita.” (Koestler 1938: 89). En un tono intermedio describe la cárcel de Sevilla y la historia de esta institución, creada en los primeros años de lo que denomina “la revolución española”, en el año 1931 o 1932, cuando la joven y ambiciosa república intentaba igualar en todo al mundo occidental civilizado e incluso superarlo; entre otros de sus meritorios resultados cuenta la reforma del sistema penitenciario, hasta entonces digno de la época medieval. Así surgieron las llamadas cárceles modelo, las de Madrid, Barcelona y Sevilla, que realmente son las mejores y más modernas de Europa. Comparada con la de Málaga, aquí se encuentra “como en un hotel de lujo.” (Koestler 1938: 94). A las dos semanas de estar en la cárcel, sin juicio y sin haberle sido comunicado el motivo de su detención, le comunican oficialmente por primera vez que ha sido condenado a muerte, pero que “tal vez” pueda ser indultado y condenado a cadena perpetua. La descripción minuciosa de la comunicación ocupa todo el capítulo siguiente, el 12, e incluye la declaración que tuvo que firmar respondiendo a la pregunta “¿Qué opina del general Franco?”, formulada después del fatídico “tal vez”. Después de sopesar una primera respuesta y desecharla, por considerar que sería una indignidad, dicta la siguiente: No conozco al general Franco ni él me conoce a mí; si me indultara yo debería suponer que en primer lugar lo haría por consideraciones políticas. De todos modos yo no podría dejar de sentir un agradecimiento personal, como un hombre agradece a otro que le ha salvado la vida. Pero creo en un concepto socialista del futuro humano y nunca dejaré de creer en él. (Koestler 1938: 110) La entrevista tuvo lugar el 19 de febrero. Hasta tres meses después no le llegó noticia alguna de las autoridades que debían decidir su destino. La duda del “tal vez” se va alternando en la imaginación del preso incomunicado con la imagen del que se arrodilla ante el paredón con los ojos vendados. Al final del capítulo cambia bruscamente de tono: en estos días que él ha pasado sutilizando sobre el tiempo han sido fusilados cuarenta y tres internos de la cárcel. Como muestra de su honradez al escribir este calvario añade la escueta frase siguiente: “Pero esto yo entonces no lo sabía.” (Koestler 1938: 117). El tormento de la soledad y la incertidumbre se hubiera visto agravado con esta noticia que, como incomunicado, no le podía llegar. Hasta aquí el libro se distribuía en capítulos, a partir del capítulo 15 figura textualmente –según dice– lo escrito en las notas en la cárcel, en forma de diario: desde el miércoles, 3 de marzo, hasta el miércoles, 12 de mayo, fecha en que anota: “Me
J ORDI J ANÉ C ARBÓ 70 han comunicado hace diez minutos que recoja mis cosas, que me pondrán en libertad.” (Koestler 1938: 191). Explícitas y representativas del espíritu del libro son las notas correspondientes al martes, 13 y miércoles, 14 de marzo; en la primera narra su salida al patio a la hora de la siesta, con otros tres presos; dos de ellos esperan ser fusilados desde hace tres meses. Uno es un conocido político republicano, el otro su secretario y el tercero es Nicolás, mencionado en la dedicatoria del libro, un miliciano, campesino andaluz que fue hecho prisionero en el frente de Almería diez días antes; hace tres días que ha sido condenado a muerte por “Rebelión militar”, como todos los prisioneros, en un juicio que duró tres minutos: El presidente leyó el nombre, lugar de nacimiento y lugar donde fue hecho prisionero; el fiscal solicitó la pena de muerte y añadió: »Lamento no poder mandar a este ‘rojecillo’ 6 en una jaula a Ginebra antes de fusilarlo, para mostrar a la Sociedad de las Naciones el lamentable aspecto que tienen los presuntos combatientes por la ley y la democracia.« Acto seguido se lo llevaron. (Koestler 1938: 153-54) Miércoles, 14. Aniversario de la proclamación de la República española. Nicolás no sale al patio. Koestler pregunta el motivo al vigilante; éste se encoge de hombros y no dice nada. En cursiva, es decir, añadido posterior, aparece el comentario: Descansa en paz, Nicolás. [...] Pequeño eras tú, delgado y raquítico, un pequeño campesino andaluz con los ojos azules y un poco prominentes, uno de los pobres y humildes; este libro está dedicado a ti. Y a ti ¿qué te importa? Tampoco lo podrías leer si vivieras. Por esto te han fusilado: porque tenías el insolente deseo de aprender a leer. Tú y unos millones de personas de tu condición que tomaron sus viejas armas para defender el nuevo orden que luego quizás os hubiera enseñado a leer. A esto le llaman rebelión militar, Nicolás. A esto le llaman la mano de Moscú, Nicolás. A esto le llaman los instintos del pueblo, Nicolás. Que uno quiera aprender a leer y vivir como una persona. Por Dios, te hubieran debido mandar realmente a Ginebra, en una jaula, con la inscripción: »Ecce homo 1937 – y vosotros os desentendéis de esto, y vosotros os desentendéis de esto«. (Koestler 1938: 156) Creo poder afirmar que el espíritu del libro entero se concentra en este comentario, tanto en su aspecto humano como social y político. El caso ejemplar personificado que representa a los miles de fusilados que va enumerando, impersonales, masificados, ya desde sus primeros días en Málaga, 7 hasta poco antes de su liberación en Sevilla. 8 En este caso sí que añade un comentario directo: “Casi todos prisioneros de 6 En castellano en la versión alemana, en la francesa dice “petite vermine rouge” [“pequeño gusano rojo”]. (p. 207) 7 “Hasta este día –sábado, 13 de febrero de 1937– ya habían sido fusiladas cinco mil personas en Málaga desde la caída de la ciudad; seiscientas sólo de la cárcel en la que estaba yo.” Ibíd., p. 81. 8 Al salir al patio se entera de que durante su primera semana en la cárcel habían fusilado a 37 prisioneros. En la última semana de febrero no habían fusilado a ninguno; en marzo, cuarenta y cinco. Ibíd., p. 160.
A VUELTAS CON LA G UERRA C IVIL : LA VISIÓN DE A RTHUR K OESTLER 71 guerra y según el procedimiento seguido con Nicolás. Cierto que ni uno solo fue fusilado sin proceso previo. Pero esos procesos eran más infamantes que la práctica de disparar sobre los prisioneros inmediatamente después de la batalla en el frente. [...] Una siniestra comedia.” (Koestler 1938: 160). Esta denuncia de la colaboración de la justicia con los que denomina “los rebeldes” se complementa con la de la otra institución colaboradora: la Iglesia. Con su estilo habitual, de forma implícita, narra lo sucedido con muy pocos comentarios, como la homilía de la misa que se celebra en la galería y que él oye desde su celda: “El sacerdote amenaza a los rojos con la perdición eterna. Dice que todavía están a tiempo de convertirse.” (Domingo, 7 de marzo) (Koestler 1938: 127). Este libro de Koestler podría ser utilizado por Amnistía Internacional como la mejor arma propagandística de su ideal de humanidad o por cualquier organización contraria a la guerra. El primero, Menschenopfer unerhört. Un libro negro sobre España, había sido escrito con la intención de contrarrestar la propaganda fascista en Europa y prevenir de lo que todavía era un presentimiento, de que la Guerra Civil podía ser el prefacio de una guerra europea, de una nueva guerra mundial, según la breve nota editorial que hace las veces de prólogo (Koestler 1937: 7). El libro está dividido en capítulos y éstos, a su vez, en apartados, cada uno de los cuales con un título. El primer capítulo se titula “Viaje al cuartel general de los rebeldes” y se inicia con una nota en la que el autor da cuenta escuetamente de su viaje en calidad de corresponsal del News Chronicle de Londres, cuatro semanas después del estallido de la revuelta, a Portugal y al “territorio de los rebeldes del Sur de España”. El título del primer apartado insiste: “Vigo, un puerto rebelde”, y cuenta el viaje en un vapor desde Cherburgo a Lisboa, con breves escalas en La Coruña y Vigo, “puertos en manos de los rebeldes”. Durante el viaje va observando la gente que le rodea, desde los que viajan en primera clase y que mayormente simpatizan con los rebeldes hasta los de tercera clase, donde hay diversidad de opiniones; típico de la forma de narrar de Koestler es la combinación de reflexiones con la descripción de breves anécdotas que ilustran lo anteriormente dicho. Aquí, al principio de este libro, se manifiesta en la observación sobre los pasajeros de primera y tercera clase: de los primeros afirma que tras leer el “Daily Mail” están convencidos de que la rebelión es una cruzada para salvar la cultura, que Queipo de Llano es una especie de Ricardo Corazón de León 9 y que Azaña es un anarquista. El 24 de agosto hacen escala en el “puerto rebelde de La Coruña”, ven la ciudad ocupada por militares y falangistas, la gente encerrada en sus casas. Lo describe minuciosamente, pero al volver al barco, ante las preguntas de los pasajeros de primera clase, él se limita a responder: “La ciudad está tranquila, los tranvías funcionan y en las aceras no hay cadáveres.” (Koestler 1937: 21-22). Acto seguido añade su reflexión: “Los ingleses de primera asienten satisfechos, ellos ya lo sabían: donde domina Franco hay orden y seguridad.” 9 Rey de Inglaterra que participó entre 1190-92 en la 3ª Cruzada.
J ORDI J ANÉ C ARBÓ 78 gritos de los torturados; el regreso a la Edad Media: éste es el glorioso resultado de la cruzada de Francisco Franco.” (Koestler 1937: 202). Un apéndice con el llamamiento de Romain Roland a la conciencia mundial, escrito el 20 de noviembre de 1936, y una serie de 49 fotos distribuidas en tres series bajo el epígrafe “Documentos gráficos de la barbarie fascista en España” concluyen el libro. Koestler estaba convencido de que “la historia juzgaría” a los culpables de la guerra y a los que no hicieron nada por evitarla, por evitar el sufrimiento de tantas personas. Tal vez no se llegue a eso, pero la recuperación de la memoria podría ser un primer paso en esta dirección. R EFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS A LKER , E., Profile und Gestalten der deutschen Literatur nach 1914, ed. de Eugen Thurnher. Stuttgart: Kröner, 1977. B ORKENAU , F., Kampfplatz Spanien. Politische und soziale Konflikte im Spanischen Bürgerkrieg. Ein Augenzeugenbericht. Stuttgart: Klett-Cotta, 2 1988 ( 1 1986). B ORKENAU , F., «State and Revolution in the Paris Commune, the Russian Revolution and the Spanish Civil War». Sociological Review, 29 (1937), n o . 41, 41-75. F ISCHER , L., «Dominante Muster des Literaturverständnisses», en Ludwig Fischer (ed.), Literatur in der Bundesrepublik Deutschland. München: dtv, 1986, 179-213. K OESTLER , A., Menschenopfer unerhört: ein Schwarzbuch über Spanien. Paris: Editions du Carrefour, 1937. (Koestler 1937) K OESTLER , A., L’Espagne ensanglantée: un livre noir sur l’Espagne. Paris: Editions du Carrefour, 1937. (Koestler 1937 b) K OESTLER , A., Spanish Testament. London: Victor Gollancz, 1937. (Koestler 1937 c) K OESTLER , A., Testamento español. Buenos Aires: La Nueva España, 1938. (Koestler 1938 b) K OESTLER , A., Ein spanisches Testament.Aufzeichnungen aus dem Bürgerkrieg. Frankfurt: Fischer Taschenbuch, 3 1980 ( 1 Zürich: Europa-Verlag, 1938). (Koestler 1938) K OESTLER , A., Un testament espagnol. Traduit de l’anglais par Denise van Moppès. Paris: Albin Michel, 1939. (Le Libre de Poche). K OESTLER , A., Autobiografía, vol. 1: Flecha en el azul. Madrid: Debate, 2000. (1 a . ed: Arrow in the blue, 1953, versión castellana de J. R. Wilcock). K OESTLER , A., Autobiografía, vol. 2: La escritura invisible. Madrid: Debate, 2000. (1 a . ed: The Invisible Writting, 1953, versión castellana de Alberto Luis Bixio). K OESTLER , A., Diálogo con la muerte. Un testamento español. Madrid: Amaranto, 2004 (traducción de José Erezuma). P ICHLER , G., Der Spanische Bürgerkrieg (1936-1939) im deutschsprachigen Roman. Eine Darstellung. Frankfurt a. M. et al.: Lang, 1991 (= Europäische Hochschulschriften I/1239). Quellenlexikon zur deutschen Literaturgeschichte, ed. de Heiner Schmidt. Duisburg: Verlag für Pädagogische Dokumentation, 2004. Text und Kritik. Arthur Koestler: Zur deutschen Literatur in der Weimarer Republik, im Exil und in der Nachkriegszeit, 1992. V ÁZQUEZ M ONTALBÁN , M., «Donde se comprueba que las revoluciones devoran a sus hijos más tiernos», en Manuel Vázquez Montalbán, El escriba sentado. Barcelona: Crítica, 1997.