La iconografía del Buen Pastor Niño y su vinculación con la pintura barroca sevillana
Abstract
El Buen Pastor es una de las primeras iconografías cristianas y tiene sus orígenes remotos en las representaciones paganas de Hermes Crióforo y de Orfeo, sin embargo, tras el periodo paleocristiano, su representación se frenó hasta el Renacimiento. En Sevilla, Murillo efectúa una modificación al infantilizar la figura de Cristo. Este nuevo modelo alcanzó un gran éxito y fue continuado por otros pintores sevillanos, como Domingo Martínez y Juan Simón Gutiérrez, que siguieron las líneas del maestro. Valdés Leal fue el único que propuso un modelo diferente.
Full text
LA ICONOGRAFÍA DEL BUEN PASTOR NIÑO Y SU VINCULACIÓN CON LA PINTURA BARROCA SEVILLANA THE ICONOGRAPHY OF THE GOOD SHEPHERD CHILD AND ITS LINKS WITH THE SEVILLIAN BAROQUE PAINTING nErEa v. PérEz lóPEz nereavper[email protected] El Buen Pastor es una de las primeras iconografías cristianas y tiene sus orígenes remotos en las representaciones paganas de Hermes Crióforo y de Orfeo, sin embargo, tras el periodo paleocristiano, su representación se frenó hasta el Renacimiento. En Sevilla, Murillo efectúa una modificación al infantilizar la figura de Cristo. Este nuevo modelo alcanzó un gran éxito y fue continuado por otros pintores sevillanos, como Domingo Martínez y Juan Simón Gutiérrez, que siguieron las líneas del maestro. Valdés Leal fue el único que propuso un modelo diferente. Palabras clave: Buen Pastor; iconografía barroca; Murillo; Valdés Leal; pintura sevillana. The Good Shepherd counts itself among the first Christian iconographies ever created, its ancient origins are deeply rooted in earlier pagan renditions of mythological characters such as Hermes Criophorus and Orpheus. However, once the Paleo-Christian period was over, this representation of Christ faded away into obscurity until the Renaissance, where it regained popularity. In Seville, Murillo incorporates a significant modification to it, as he infantilizes the figure of Christ. This new model achieves an outstanding success as proven by other talented Sevillian painters such as Domingo Martínez and Juan Simón Gutiérrez, who both followed in their master’s footsteps and furthered this particular style. Valdés Leal was the only one to suggest yet another alternative model. Keywords: Good Shepherd; Baroque iconography; Murillo; Valdés Leal; Sevillian painting. Entre 1661 y 1665, Murillo1 realizó la primera versión moderna del Buen pastor niño conocida hasta el momento. Se trata de una de las pinturas que decoraban el altar 1 Para profundizar sobre este artista, ver ANGULO ÍÑIGUEZ, Diego: Murillo. 3 vols. Madrid, 1981; VALDIVIESO GONZÁLEZ, Enrique: Murillo, catálogo razonado de LABORATORIO DE ARTE 29 (2017), pp. 311-328, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2017.i29.17
Nerea V. Pérez López312 LABORATORIO DE ARTE 29 (2017), pp. 311-328, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2017.i29.17 efímero que se levantó frente a la iglesia de Santa María la Blanca para celebrar la concesión papal de la bulla Sollicitudo a favor de la concepción sin pecado original de la Virgen. Tenía por pareja un San Juanito con el cordero y, al centro, se situaba una inmaculada2. Torre Farfán, en su crónica del evento, describe la pintura en los siguientes términos: “A la mano derecha se fabricó otro Nicho, a proporción menor en longitud y latitud que el referido [el de la Inmaculada, que medía veinte pies de alto y catorce de ancho]; empero no en descuidos de los adornos. Formóse entre otras quatro Colunas de la misma corpulencia, y igual adorno que las otras. En él sobresalía vna bellíssima pintura del grande referido Artífice [Murillo]: es un tierno hermoso Niño, cuyo Cayado, y Pieles lo dan a conocer por Pastor amante de un rebaño de Corderos, que le cercan la piedad y le adoran las Sandalias. Aviendo dicho el Maestro no necessita la pintura de mis colores”3. Igualmente, le dedica unos versos en su “descripción panegírica” final: “Tierno Pastor en el uno,/El que Monarca supremo/ Almas forma pasce amante,/ Fiel rebaño de Corderos./ La piel de hechura viste/ El Hazedor; y el intento/ Fue comprar la dicha agena/ Al afán del propio precio”4. Con esta imagen, Murillo enlazó con los orígenes de una de las iconografías más antiguas de Jesús, puesto que se conservan ejemplos desde el siglo III. Precisamente en estas primeras representaciones Cristo aparece como un muchacho e incluso como un niño5. Así lo demuestran la versión escultórica de la Casa Pilatos6, las dos del Museo de Almería, algunas de las conservadas en el Museo de Estambul o la del Museo Pío Clementino vaticano, por citar algunos notables ejemplos. pinturas. Madrid, 2010; VALDIVIESO GONZÁLEZ, Enrique: Murillo: sombras de la tierra, luces del cielo. Madrid, 1990; BROOKE, Xanthe y CHERRY, Peter: Murillo: scenes of childhood. Londres, 2011; y MENA MARQUÉS, Manuela: Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682). Dibujos: catálogo razonado. Santander, 2015. 2 Actualmente, el Buen Pastor se encuentra en la colección de los descendientes de Mrs. George Lane, en Peterborough; el San Juanito con el cordero, en la National Gallery de Londres; y la inmaculada, en el Museo del Prado. Los dos primeros cuadros han sido siempre adquiridos en pareja, salvo en su última venta, en 1840, cuando el Buen Pastor fue comprado por Rothschild y el San Juanito por Ashburton, quien a su vez lo cedió a la National Gallery. VALDIVIESO GONZÁLEZ, E.: Murillo, catálogo razonado de pinturas, op. cit., figs. 169 y 170. 3 DE LA TORRE FARFÁN, Fernando: Fiesta que celebró la iglesia Parrochial de S. María la Blanca, capilla de la Sta. iglesia Metropolitana y Patriarchal de Sevilla en obsequio del nuevo breve concedido por N. Simo. Padre Alejandro Vii, en favor del Puríssimo Mysterio de la Concepción sin Culpa Original de María. Sevilla, 1666, p. 8. 4 ibidem, p. 178. 5 GARCÍA BELLIDO, Antonio: Arte Romano. Madrid, 1972, pp. 662 y 772. 6 Datado hacia 325 d.C., la propia Fundación Casa Ducal de Medinaceli pone en duda si representa a Jesús o a Hermes. En http://www.fundacionmedinaceli.org/coleccion/ fichaobra.aspx?id=578 (Consultado el 2-2-2017).
La iconografía del Buen Pastor Niño y su vinculación con la pintura barroca sevillana 313 LABORATORIO DE ARTE 29 (2017), pp. 311-328, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2017.i29.17 La base documental que fundamenta esta iconografía se encuentra en las propias palabras de Jesús, pues según San Juan, declaró “yo soy el buen pastor”7, así como en una de las parábolas que narran San Lucas y San Mateo8, la cual enlaza, a su vez, con profecías del Antiguo Testamento. Concretamente, las referencias que equiparan al Mesías con el pastor de un rebaño se localizan en los libros de Isaías y Ezequiel y en el salmo 239. Para plasmar a Cristo como pastor, los artistas paleocristianos se basaron en tres modelos consagrados desde la Grecia arcaica y los adaptaron a las nuevas necesidades. Por un lado, tomaron al Moscóforo y a Hermes Crióforo, y por otro, a Orfeo. La asociación de estos dos dioses con Cristo no era tan solo formal, sino que también existían paralelismos más profundos que la reforzaban. A este respecto, hay que tener presente que tanto Hermes como Orfeo eran divinidades con cultos mistéricos, vinculadas con el más allá y ambos habían retornado del mundo de los muertos, por lo que, de forma natural, se puso en relación con la Resurrección. Así lo atestigua una de las pinturas de la catacumba de los santos Marcelino y Pedro, en Roma, donde en un arcosolio se ha representado a Orfeo como símbolo de la vida más allá de la muerte en vez de haber utilizado la figura de Cristo resucitado. En el plano representacional, durante los primeros siglos no fueron necesarias las modificaciones. Tanto el Hermes Crióforo como el Moscóforo se plasman como un muchacho que viste un chitón corto o un exomis que le deja libre el hombro derecho y que lleva sobre sus hombros o en sus brazos un cordero y un ternero, respectivamente. Uno de los ejemplos más conocidos es el Hermes del Museo Barracco de Roma, considerado una copia romana de la célebre escultura efectuada por Calamis para su santuario de la ciudad beocia de Tanagra. Cuando este modelo pasó a representar a Cristo, no fue necesario alterar ningún elemento para la adaptación, salvo la utilización del ternero, que no fue empleada durante el cristianismo. Es precisamente por estas similitudes que en algunas obras de arte realizadas en los momentos en los que convivían las dos religiones, no siempre se puede precisar si se trata de un Hermes Crióforo o de un Buen Pastor. Por su parte, la iconografía de Orfeo rodeado de animales salvajes, mansos gracias a la música de su lira, lo muestra como un joven ataviado con una túnica larga, un chitón o desnudo, con la sempiterna presencia del gorro frigio y la clámide. La escena tiende a enclavarse en un paisaje bucólico, representado de manera esquemática por algunos elementos vegetales, donde el dios aparece sentado sobre una piedra o de pie, apoyando un pie sobre ella. Esta composición era habitual en los sarcófagos, aunque también en los mosaicos de los triclinios y en escultura exenta, que en algunas ocasiones presentan además un fondo vegetal calado 7 Jn 10, 11-18. 8 Lc 15, 4-7; Mt 18, 12-14. 9 Is 16, 1; Is 40, 11: “Como un pastor apacienta a su rebaño, en brazo recoge a los corderos, en su seno los lleva”; y Ez 34.
Nerea V. Pérez López314 LABORATORIO DE ARTE 29 (2017), pp. 311-328, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2017.i29.17 plagado de animales. Algunos ejemplos de estos mosaicos los podemos encontrar en el Szépművészeti Múzeum de Budapest, en el Museo Archeologico Nazionale Antiquarium Turritano de Porto Torres, en Cerdeña, y en el Museo de Zaragoza; y de las esculturas, en el Museo Archeologico de Ravena, en el Museo Centrale di Montemartini de Roma, en el Museo Bizantino y Cristiano de Atenas (Figura 2) y en el Museo de Sabratha (Libia). La adaptación de Orfeo a Cristo fue superficial, ya que consistió simplemente en eliminar la lira y sustituir las bestias salvajes por un rebaño de ovejas. Al igual que ocurría con los dos dioses clásicos, las primeras imágenes del Buen Pastor aparecieron vinculadas con la muerte, tanto en pinturas como en sarcófagos. Para el primer caso, resaltan las realizadas en el arcosolio del baptisterio de Dura Europos, de hacia el año 235, y las de las catacumbas de San Calixto, de Santa Priscila y de los santos Marcelino y Pedro; mientras que en el segundo, los numerosos ejemplos del Camposanto de Pisa y del Museo Pío Cristiano de los Museos Vaticanos, así como el sarcófago del siglo V conservado en la iglesia de Santa Cruz de Écija, son buenos testimonios. Su representación escultórica exenta se dio de forma paralela, como demuestran las versiones del Museo Pío Cristiano, del Museo Arqueológico de Estambul y de la Casa Pilatos de Sevilla, aunque al tratarse de obras descontextualizadas es complicado aseverar que sean cristianas en vez de paganas. Sea como fuere, la escultura sevillana está datada hacia el año 325 y formó parte de la colección que el I duque de Alcalá constituyó durante su virreinato en Nápoles (1558-1571). El Buen Pastor también fue muy común en la joyería, siendo un modelo usual en las piedras de los anillos desde los siglos III-IV; el British Museum conserva varios ejemplos de interés10. Finalmente, el Buen Pastor tuvo su representación musivaria, resaltando el que preside el ábside de Gala Placidia, en Ravena, aunque al ser ya del siglo V presenta algunas modificaciones respecto a la iconografía de Orfeo, como es la sustitución del cayado por una gran cruz dorada y la aparición del nimbo. Tras este primer periodo de convivencia, el Hermes Crióforo desapareció irremediablemente a favor del Buen Pastor y no se volvió a tratar ni en los momentos posteriores de florecimiento de la cultura clásica. Mejor suerte tuvo Orfeo, quien tras el olvido de las centurias medievales, resurgió en el siglo XV con una lectura alegórica que lo hizo protagonista de obras plásticas, muchas de ellas incluso en contexto religioso, como es el caso de la intarsia de la capilla de Santa Catalina, en la basílica de Santo Domingo de Siena, así como de composiciones musicales, entre las que destaca la primera ópera, L’Orfeo de Monteverdi. 10 Por citar algunos de ellos, ver inv. nº 1856,0425.17, nº 1856,0425.21, nº 1865,0224.1 y nº 1856,0425.10, este último más complicado porque también introduce los pasajes de Jonás y Daniel. Éstas y todas las referencias de inventario de obras pertenecientes al British Museum se pueden consultar en http://www.britishmuseum.org/research/collection_ online/search.aspx (Consultado el 2-2-2017).
La iconografía del Buen Pastor Niño y su vinculación con la pintura barroca sevillana 315 LABORATORIO DE ARTE 29 (2017), pp. 311-328, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2017.i29.17 La iconografía del Buen Pastor también fue relegada durante el periodo medieval e igualmente comenzó su ascenso desde el siglo XV. Una de estas primeras versiones, fechada entre 1450 y 1465 y realizada en Ulm, es una xilografía conservada en el Staatliche Graphische Sammlung de Munich que muestra aún una conjunción de modelos infantiles que aún estaban fijándose, pues Cristo aparece como un Niño Jesús triunfante desnudo, con un orbe y un báculo cruciforme rematado por una banderola, a cuya presencia acude un cordero. Sin embargo, en la práctica totalidad de las representaciones del Buen Pastor tras su reaparición moderna lo muestra como adulto, alejándose así de los modelos paleocristianos en los que se lo plasma mucho más joven. Por otra parte, la parábola del Buen Pastor no tenía un modelo representacional definitivo en el siglo XVI, sino que se optó por dos versiones, según si Jesús aparecía en primer plano contando el pasaje a los apóstoles, o a los escribas y fariseos si se sigue la versión de San Lucas, con una representación de la escena del pastor con el rebaño al fondo, o si era el propio Jesús el que portaba el cordero. Para el primer caso, hay tres grabados en el British Museum, dos realizados en Basilea en 1509 y en 1511, respectivamente, y otro en Colonia en 158011. El segundo modelo es el que plasmó Frei Carlos hacia 1520 y que se conserva en el Museo de Arte Antiga de Lisboa; en este caso, porta el animal en los brazos. Rodeado por un paisaje podemos verlo en la bóveda del Gros-Horloge de Rouen, datado entre 1527 y 1529, y con el animal sobre los hombros, aparece en la portada de Von den Conciliis und Kirchen, libro de Lutero publicado en Wittemberg en 1539 como respuesta a las predicaciones de Johannes Agricola12, y que hay que poner en relación directa con el Buen Pastor atribuido a Lucas Cranach del Angermuseum de Erfurt, datado hacia 1540 (Figura 3), puesto que los dos modelos son prácticamente idénticos. Estas versiones donde Jesús es el pastor será la tipología que triunfe, desbancando pronto a la otra en la que solo aparece como narrador. En el panorama sevillano surge un nuevo modelo que parece retomar los orígenes mismos de este trasunto iconográfico, en el que el Buen Pastor vuelve a aparecer como un niño. Sin embargo, no se puede argumentar que haya una relación entre las esculturas de los comienzos del cristianismo y las pinturas barrocas sevillanas, puesto que el único ejemplo paleocristiano que había en la ciudad era Buen Pastor de la Casa Pilatos y no hay ningún dato que apunte a que fuera tomado como referencia. De hecho, en las pinturas del Buen Pastor niño éste nunca carga sobre sus hombros con el animal, como ocurre en la escultura. La trasposición de este tema desde un enfoque infantil hay que situarlo dentro de la tendencia postridentina de mostrar a la Santa Infancia que caló con tanta fuerza en la ciudad. Siguiendo esta idea, podemos comprobar que la iconografía del Buen 11 Inv. nº 1860,0114.366. 12 En el British Museum de Londres hay un ejemplar, inv. nº 1895,1031.1026.
Nerea V. Pérez López316 LABORATORIO DE ARTE 29 (2017), pp. 311-328, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2017.i29.17 Pastor niño es coetánea a otras en las que Cristo aparece también en sus primeros años, en estos casos con un enfoque simbólico que lo desliga de su cronología vital, como son el Niño Jesús triunfante13 y el Niño Jesús Pasional. Parece que Murillo, en el retablo efímero de Santa María la Blanca, fue el primero en el arte moderno que representó al Buen Pastor como un niño, además de otorgarle una pareja que se convertiría en habitual, San Juanito con el cordero, pues así se completaba el ciclo del cordero relacionado con Cristo, que lo convertía tanto en pastor como en el propio animal. De esta manera, en el primero de los casos Jesús es el guía de las almas cristianas, representadas como un manso rebaño, las protege y las recupera si se extravían; mientras que en el segundo es una metáfora del cordero pascual que es sacrificado para eliminar los pecados, papel que el propio Jesús afrontará en su adultez a través de su crucifixión. Murillo creó una afortunada tipología infantil, pues aúna una sugestiva belleza con una potente carga simbólica, y la reinterpreta en las tres ocasiones en las que representa este tema, sin caer en copias ni repeticiones. No obstante, en todas ellas hay una serie de patrones básicos que se repiten. De esta manera, Jesús aparece con unos cinco o seis años, es un niño rubicundo y pálido, con una delicadeza que no sería la propia de un muchacho que vive a la intemperie entre animales y que enlaza con su naturaleza divina y su inquebrantable espiritualidad. Viste una túnica larga y rosada, de cuello amplio y con las mangas remangadas, la misma que Murillo suele colocarle cuando lo representa en la niñez media, una vez superada su primera etapa infantil. De hecho, podemos encontrarlo vestido de manera similar en las tres versiones de Las dos Trinidades, ubicadas en el Fondo Cultural Villar Mir (1665-1670), en la Fundación Cajasol (1670-1680) y en la National Gallery (1670-1680), en los tres San José con el Niño de Madrid (1655- 1660), el del Museo de Bellas Artes de Sevilla (1665-1668), el del Hermitage (c. 1670) y el de Castletown (1675-1680) y en el San Félix Cantalicio con el Niño Jesús de Gosford House (1670-1680)14. Las únicas ocasiones en la que el Niño aparece vestido con una túnica de otro color, plateado, blanco y azul respectivamente, es en Las dos Trinidades de Estocolmo (c. 1640), las dos pinturas del Abrazo del Niño Jesús y San Juanito (1660-1670) y la Sagrada Familia con San Juanito de Budapest y su versión valenciana15. 13 A este respecto, ver PÉREZ LÓPEZ, Nerea V.: “Murillo y la iconografía del Niño Jesús dormido sobre la cruz”, Boletín de Arte, 36, 2005, pp. 145-154. 14 VALDIVIESO GONZÁLEZ, E.: Murillo, catálogo razonado de pinturas, op. cit., figs. 235, 282, 283, 102, 103, 104, 183, 272, 338 y 328, respectivamente. 15 VALDIVIESO GONZÁLEZ, E.: Murillo, catálogo razonado de pinturas, op. cit., figs. 5, 171, 172, 236 y 237. En algunas imágenes de la Virgen con el Niño y en la Sagrada Familia del pajarito lleva una camisola, pero en estas ocasiones Jesús está representado con menor edad.
La iconografía del Buen Pastor Niño y su vinculación con la pintura barroca sevillana 317 LABORATORIO DE ARTE 29 (2017), pp. 311-328, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2017.i29.17 Otra de las novedades que aporta Murillo es que, a diferencia del Buen Pastor paleocristiano y del renacentista, le otorga una nueva vestimenta más acorde con su momento histórico, pues coloca sobre la túnica un pellizo de corte irregular, propio del mundo pastoril, que le cubre el pecho y el torso y que se ciñe a la cintura con un trozo de tela. A partir de estos momentos, el Buen Pastor portará constantemente esta indumentaria, que el artista completa con un delgado cayado de punta metálica y curva que sostiene en una de sus manos, mientras que apoya la otra en una de las ovejas de su grey, las que por otra parte, están plasmadas con gran realismo. Son pinturas serenas y apacibles en las que se combina el paisaje bucólico y la sosegada belleza de las figuras, tanto humanas como animales, con una intensa carga devocional. Las escenas siempre están ambientadas en un exterior campestre, más claro y despejado que en las representaciones de San Juanito que conforman sus parejas. Este diferente uso de la luz en los dos personajes también tiene su carga simbólica. En el caso de Jesús, su naturaleza divina ya explicaría que le correspondiese la mayor intensidad lumínica, pero además en las Sagradas Escrituras hay referencias a su luz, como en la profecía de Isaías16 y en la del sacerdote Zacarías, quien dice que Dios vendrá “para alumbrar a los que yacen en las tinieblas y en la sombra de la muerte”17, es más, el propio Jesús se define a sí mismo como “yo soy la luz del mundo”18. El Bautista y su relación lumínica con Jesús tiene su más claro referente en el evangelio de San Juan, donde en su primer capítulo se define el papel de ambos: “Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que por medio de él todos creyesen. No era él la luz, sino enviado para dar testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo”19. Así, con esta diferencia en la claridad se establece la jerarquía entre los dos personajes y se recuerda que San Juan, el último profeta y enlace entre ambos testamentos, pertenece todavía al mundo previo a la llegada del Mesías, que trae la luz. La primera versión del Buen Pastor de Murillo que ya hemos comentado gozó de mucho éxito, tanto en el ámbito sevillano como fuera de las fronteras nacionales, pues en 1750 se encontraba en París y, tras varios cambios de propietario, llegó a Londres en 180120. Cuenta, entre otras, con una buena copia de taller en el Museum of Fine Arts de Boston y otra más pequeña y esbozada en la Dulwich Picture Gallery de Londres, además del cuantioso número de copias 16 Is 9, 2. 17 Lc 1, 79. 18 Jn 8, 12. 19 Jn 1, 6-9. 20 VALDIVIESO GONZÁLEZ, E.: Murillo, catálogo razonado de pinturas, op. cit., p. 382.
Nerea V. Pérez López318 LABORATORIO DE ARTE 29 (2017), pp. 311-328, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2017.i29.17 que aparecen con cierta frecuencia en el mercado de arte21, a la vez que se considera como fuente de inspiración de la Cottage girl de Gainsborough, pintada en 1785 y conservada en la National Gallery of Ireland, en Dublín22. Todo ello denota el interés que suscitó fuera del ámbito español, contribuyendo a que se asentara tanto este modelo como el estilo murillesco en otras escuelas europeas. La escena se sitúa en un paisaje agreste con arboleda a contraluz y un río a la derecha. Al centro aparece el niño de pie, calzando unas sandalias de tiras a diferencia de las otras dos versiones, en las que va descalzo. Jesús deja caer su peso en la pierna izquierda y flexiona la derecha, creando así un suave ritmo curvo y ascendente que conduce a su mirada, y de ésta a la luz dorada que se abre en la parte superior del lienzo y que él observa extasiado en señal de agradecimiento por haber podido recuperar la oveja perdida que está acariciando. La segunda versión de Murillo fue realizada entre 1665 y 1670 (Figura 3). En 1744, la reina Isabel de Farnesio la adquirió a los herederos del cardenal Molina y pasó a La Granja de San Ildefonso, y de allí al Museo del Prado, su ubicación actual. En esta ocasión, Jesús aparece sentado delante de una columna rota sobre un alto podio y unos fragmentos de entablamento, dándole un aspecto aún más bucólico a la escena. Murillo utiliza el recurso de las ruinas en otras pinturas protagonizadas por niños, pero sin ser elementos arquitectónicos clásicos. Igualmente, la columna sobre podio se repite como fondo de forma habitual, aunque éste es, además del contemporáneo San José con el Niño del Museo de Bellas Artes de Sevilla, el único caso en el que el fuste es acanalado. Junto a Jesús se encuentra una de las ovejas, mientras el resto del rebaño pasta al fondo. Es la única de las tres pinturas en la que el niño, en vez de clavar la vista en el cielo, mira al espectador, con una expresión seria y serena que muestra su profundidad interior. Ceán Bermúdez señaló las semejanzas en la posición del Niño con la estampa del frontispicio de una serie de grabados mitológicos de Stefano della Bella, realizados en 1644. En esta imagen aparece un joven Cupido sentado entre ruinas clásicas y con una pierna en alto, con los dioses del Olimpo tras él. Como apunta Valdivieso en su monografía sobre Murillo, la estampa pudo servir como un modelo de inspiración inicial para la postura, pero sin duda el artista no la emplea tal cual sino que la interiorizó, puesto que el Buen Pastor que plasmó sigue su canon infantil habitual23. 21 En este sentido, destaca la pintura subastada por Sotheby’s New York, 1-2-2013/2- 2-2013, lote 508. 22 VALDIVIESO GONZÁLEZ, E.: Murillo, catálogo razonado de pinturas, op. cit., pp. 167-168. 23 CEÁN BERMÚDEZ, Juan Agustín: Colección litográfica de los cuadros del rey de España. Vol. I, lám. 32; y VALDIVIESO GONZÁLEZ, E.: Murillo, catálogo razonado de pinturas, op. cit., p. 168.
La iconografía del Buen Pastor Niño y su vinculación con la pintura barroca sevillana 319 LABORATORIO DE ARTE 29 (2017), pp. 311-328, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2017.i29.17 En el Museo del Prado y en el gabinete de artes gráficas del Museo del Louvre (Figura 4) se conservan sendos dibujos autógrafos de Murillo que representan, de una manera muy similar, al Buen Pastor24, y ambos parecen contemporáneos al lienzo. El primero de ellos está más esbozado, mostrando algunas dudas en cuanto a la colocación del rostro y del brazo izquierdo que en el parisino están resueltas, siendo un diseño ya terminado que incluye los puntos de luz y sombra. Ambos parten de la pintura del Prado y la reinterpretan, creando una obra completamente diferente aunque con un recuerdo a la madrileña, especialmente en la postura de la cabeza, el torso y las piernas del Niño. Las diferencias se localizan en la colocación del cayado que, en vez de acompañar la línea oblicua marcada por la pierna, está erecto, apoyado en el suelo y sujetado por la mano. También se ha incluido un sombrero sobre la cabeza de Jesús y el cordero ha cambiado de posición. En la versión del Prado se ha perfilado con grafito otro cordero bajo el bastón, mientras que en la parisina se aprecia, esbozada, una segunda oveja a la izquierda de la imagen y el resto del rebaño pastando a la derecha, en un plano intermedio. La tercera y última pintura, de pequeñas proporciones, está datada entre 1675 y 1682 y está actualmente en el Städelsches Kunstinstitut de Frankfurt am Main (Figura 5). En ella, Jesús aparece de pie en primer plano, ocupando gran parte del lienzo y vestido como en las otras representaciones murillescas del Buen Pastor, aunque en esta ocasión su túnica tiene matices malvas. Alza su mirada a los resplandores áureos que iluminan la parte superior del cielo y que parecen dirigirse hacia su rostro, el cual muestra su intensa espiritualidad. Es una obra de madurez, y en ella Murillo emplea una pincelada más suelta que en los lienzos anteriores, si bien apenas modifica el modelo infantil que había creado hacía más de veinte años. Finalmente, en el Paul Getty Museum se encuentra un dibujo del Buen Pastor efectuado por Murillo y fechado hacia 167025 (Figura 6). Muestra una composición que no se aprecia en ningún lienzo del artista, tan solo presenta algún paralelismo en la posición del brazo derecho y de la cabeza con el San Juanito con el cordero de la National Gallery de Londres (c. 1660-1665), aunque éstos son los únicos puntos en común, por lo que son lo suficientemente distintos como para considerar la versión de Malibú como una reinterpretación del cuadro británico. En el dibujo se observa a Jesús de pie, con una pierna apoyada en una suave elevación del terreno, cargando el cordero sobre su hombro izquierdo y creando con el cayado una marcada diagonal. Es ésta la única versión de Murillo en el que un niño, ya sea Jesús o el Bautista, porta el animal; a pesar de lo esbozado del dibujo, se aprecia cómo el elevado peso recae sobre su espalda, alegoría de la abrumadora 24 Inv. nº D06319 y nº 18439.2, respectivamente. 25 http://www.getty.edu/art/collection/objects/454/bartolome-esteban-murillo-the- christ-child-as-the-good-shepherd-spanish-about-1675-1680/ (Consultado el 2-2-2017).
Nerea V. Pérez López326 LABORATORIO DE ARTE 29 (2017), pp. 311 -328 , ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2017.i29.17 Figura 5. Bartolomé Esteban Murillo, Buen Pastor niño, 1675-1682, Städelsches Kunstinstitut, Frankfurt am Main. Figura 6. Bartolomé Esteban Murillo, Buen Pastor niño, 1675-1680, Paul Getty Museum, Malibú.
La iconografía del Buen Pastor Niño y su vinculación con la pintura barroca sevillana 327 LABORATORIO DE ARTE 29 (2017), pp. 311-328, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2017.i29.17 Figura 7. Seguidor de Murillo, Buen pastor niño, hacia1665, Hunterian Museum and Art Gallery William Hunter collections, Glasgow University. Figura 8. Juan de Valdés Leal, Buen Pastor niño, hacia 1680, colección particular, Madrid.
Nerea V. Pérez López328 LABORATORIO DE ARTE 29 (2017), pp. 311-328, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2017.i29.17 Figura 9. Juan Simón Gutiérrez, Buen Pastor niño, hacia 1700-1710, mercado de arte.