Psicología médica. Parte III: personalidad y psicología del desarrollo
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Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -1 - JOSÉ MANUEL GARCÍA ARROYO PSICOLOGÍA MÉDICA PARTE III: PERSONALIDAD Y PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO El presente libro ha recibido la MENCIÓN DE HONOR del Grupo de Investigación para la Salud en Ciencias Humana (IPSUM)
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -2- Psicología Médica. Parte III: Personalidad y psicología del desarrollo. José Manuel García Arroyo Editado por la Asociación de Psicopatología y Psicoanálisis de Sevilla Luis Montoto, 83 – 3º C 41018 Sevilla (España) [email protected] ISBN: 978-84-09-37120-4 Depósito Legal: SE-3-22 Diseño, maquetación e impresión: Gabella Artes Gráficas. Impreso en España. Printed in Spain. Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibido, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en la ley, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo público.
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -3- La personalidad del hombre determina por anticipado la medida de su posible fortuna. Arthur Schopenhauer Si la personalidad humana no adquiere toda su fuerza, toda su potencia, entre las cuáles lo lúdico y lo erótico son pulsiones fundamentales, ninguna revolución va a cumplir su camino. Julio Cortázar Dedicado al recuerdo del primo Juan, hombre de gran claridad de ideas, apasionado y, sobre todo, amante de esta preciosa tierra.
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -4- INDICE. PRESENTACIÓN. Capítulo 11º. La personalidad (1): el temperamento. 11.1. Concepto de personalidad. 11.2. Características generales de la personalidad. 11.3. Temperamento y carácter. 11.4. Estudio del temperamento. 11.4.1. Los aportes clásicos. 11.4.2. Los rasgos de la personalidad. 11.4.3. Teorías actuales sobre el temperamento. A) Modelo de Cloninger. B) Modelo de Eysenck. C) Modelo de los Cinco Grandes (o Big Five). Capítulo 12º. La personalidad (2): el carácter. 12.1. Teorías sobre el carácter. 12.2. Teoría dinámica de la personalidad. 12.3. Teoría evolutiva de la personalidad. Capítulo 13º. Personalidad y enfermedad. 13.1. Relaciones de la personalidad con la salud. 13.2. La personalidad como factor de vulnerabilidad. 13.2.1. La personalidad “tipo A”. 13.2.2. La personalidad “tipo D”. 13.2.3. La personalidad “tipo C”. 13.3. La personalidad como factor protector. 13.3.1. La personalidad “tipo B”. 13.3.2. Aspectos protectores de la personalidad.
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -5- Capítulo 14º. Edad y enfermedad. El desarrollo psicológico (1): infancia y adolescencia. 14.1. Conceptos básicos acerca del desarrollo. 14.2. El primer año de vida. 14.3. Primera infancia (2 a 5-6 años). 14.3.1. El segundo y tercer años. 14.3.2. Del tercero al sexto años. 14.4. Segunda infancia (6 a 11-12 años). 14.4.1. De los seis a los nueve años (niñez media). 14.4.2. De los nueve a los doce años (niñez tardía o preadolescencia). 14.5. Adolescencia. 14.5.1. Adolescencia temprana (12-15 años). 14.5.2. Adolescencia media (15-17 años). 14.5.3. Adolescencia tardía (17-18 años). Capítulo 15º. Edad y enfermedad. El desarrollo psicológico (2): madurez y senectud. 15.1. La madurez. 15.1.1. La maduración afectiva. 15.1.2. La maduración social. 15.2. La senectud. 15.2.1. Características situacionales y afectivas del anciano. 15.2.2. Las compensaciones.
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -6- PRESENTACIÓN. Siguiendo con estos Fundamentos de Psicología para médicos, presentamos el tercer libro, que completa a los anteriores. La continuación que se propone ahora conserva un sentido lógico con lo que ya apareció antes pues, tras presentar el concepto de Psicología Médica y los Modelos vigentes en esta disciplina (libro 1º) y, después, trabajar las funciones psicológicas y sus alteraciones (libro 2º), le llega el turno de la personalidad. De este modo, seguimos cumpliendo la promesa de presentar los conceptos de forma escalonada y coherente, para que se entiendan y asimilen bien. Ya el gran filósofo y matemático Gottfried Leibniz, indicaba que el término “persona” conlleva la idea “un ser pensante e inteligente, capaz de razonar y reflexionar, que puede caracterizarse a sí mismo como él mismo”; véase que este gran hombre apelaba con su definición a la “identidad” propia y personal. Después, Max Scheler, siguiendo el hilo de la fenomenología, se refería al mismo término, como “una unidad de ser concreta y esencial de los actos más diversos” y luego “el ser del individuo que fundamenta todos los actos”. Se refiere este autor tanto a la “unidad” como al “sustrato” de cualquier actuación. Son pinceladas magistrales que se desprenden de la historia del pensamiento y que han ido configurando las modernas teorías de la “personalidad” (capítulos 11º y 12º). Ya en el terreno propio de la Psicología, Eysenck decía que la personalidad es el término psicológico más amplio y menos definible. Pero, no podemos quedarnos con este nihilismo conceptual, sobre todo si tenemos que ser operativos para acercarla a ámbito médico; así, cabe entenderla como el conjunto de características psíquicas que definen a un sujeto, que determinan su modo de pensar, sentir y actuar. Con este planteamiento, la personalidad queda integrada plenamente en los capítulos precedentes, ya que incluye a las funciones psicológicas estudiadas. Meternos de lleno en el estudio de la personalidad tiene al menos cuatro utilidades: 1ª) permite al estudiante aumentar sus conocimientos psicológicos, 2ª) posibilita que conozca algo de sí mismo, 3ª) puede acercarse a la personalidad de los pacientes de una manera más completa y trazar unos fundamentos seguros sobre los diferentes modos de afrontar la enfermedad y 4ª) sienta las bases para abordar lo que más adelante, al estudiar Psiquiatría, se llaman los “trastornos de la personalidad”, un apartado muy importante en las modernas Clasificaciones de Trastornos Mentales. Hay que fijarse en que los apartados 1º y 4º tienen que ver con la acción de la Psicología Médica de “informar(se)” y los 2º y 3º con el “formar(se)”. El recorrido que hacemos muestra las diferentes teorías sobre la personalidad, desde las de orientación biológica (Cloninger, Eysenck, Mc. Crae y Costa, etc.) hasta las psicológicas (Freud). Todas ellas han de tener cabida en el
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -7- ámbito de la Psicología Médica y será el propio estudiante quién, después de conocerlas bien, arbitre su contenido. Pero, si somos médicos, la personalidad tiene que relacionarse de alguna manera con la enfermedad y eso es lo que se propone en el siguiente capítulo (el 13º), donde se exponen aquellos modos de ser que pueden acercarnos o alejarnos de la patología. Las relaciones entre personalidad y enfermedad se consideran recíprocas y así se plantea en el texto, dado que se trabajará cómo los rasgos de la personalidad pueden relacionarse con diferentes alteraciones (ansiedad, cáncer, infarto de miocardio, etc.) y viceversa, es decir, cómo los diferentes trastornos pueden modificar la personalidad. Aquí el médico tiene una importantísima labor que realizar, ya que puede ayudar a su paciente a que comprenda que ciertas actuaciones (dependientes de la personalidad) pueden ser perniciosas, como asimismo, que otras pueden ser beneficiosas. La sociedad contemporánea, con las prisas y cargas a las que somete a sus miembros, propende estados que hay que saber muy bien como encajar y de los que, a veces, hay escapar. Siguiendo el orden establecido, el disfrute se convierte en un don de muy pocos, el resto se encuentra impelido a realizar acciones mecánicas, imitativas de otros o, incluso, por qué no decirlo, impulsivas; en cualquiera de estos casos, encontramos una grave incapacidad para apreciar la vida en toda su belleza, sin caer en lo trivial ni tampoco en lo pernicioso. El esquema propuesto queda completo con el estudio del desarrollo psicológico del ser humano; será la parte final del libro que, en conexión con lo previo, representa el origen y constitución de la personalidad (capítulos 14º y 15º). Cada una de las etapas muestra unas características bien diferenciadas, que el médico tiene que conocer bien, dado que va a atender personas pertenecientes a diferentes edades (salvo, tal vez, los pediatras y gerontólogos). Representa un repaso por los momentos estelares de la vida, comprendiendo los comportamientos y experiencias propias de cada uno de ellos y ciertos momentos críticos por los que hay que pasar necesariamente. Conocer el desarrollo implica, por lo demás, sacar ciertas consecuencias sobre la salud/enfermedad, pues entender las diferentes etapas posibilita el despliegue de acciones higiénicas y preventivas. Como modelo tenemos a Freud, quién recibió en su consulta de la calle Bergasse, en Viena, al padre del pequeño Juanito, a quién aportó medidas efectivas que culminaron la mejoría de la terrible fobia del niño a los caballos. Como en libros anteriores, no hemos perdido el afán de llenar las categorías conceptuales con sustancia; se trata, indudablemente, de la experiencia clínica que da fe del contenido que se presenta en cada uno de los capítulos. Con ello, el material que se expone queda configurado como algo concreto y real, dejando de ser una abstracción. De no hacerlo así, el contenido pasaría a un plano excesivamente teórico, resultando tan poco práctico como
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -8- inadmisible para un libro de texto, debido a su escasa aplicabilidad. Esta pretensión queda justificada con solo recordar que la Medicina es una ciencia operativa. Que no se llamen a engaño aquellos que creen que el contenido de este libro ha sido elaborado para poder aprobar el examen de la asignatura. Quizás convenga dirigir la mirada un poco más allá y pensar que, lo aquí expuesto, se constituye como un material que debe perdurar en la cabeza del estudiante, traspasando la evaluación y el final del Grado en Medicina, para entrar de lleno en su formación integral. Un médico no es un biólogo, que atiende especies (en este caso enfermedades) y las clasifica, sino alguien que trata con personas y, como tal, no puede prescindir de su formación humanística.
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -9- Capítulo 11º. La personalidad (1): estudio del temperamento. 11.1. Concepto de personalidad. La palabra “personalidad”, usado tanto por el vulgo como por los psicólogos y psiquiatras, parece que deriva de prosopón, que significa “máscara”, si bien algunos autores afirman (cosa que parece probable) que viene del vocablo etrusco phersu, que casualmente tiene el mismo significado. Se trata de una aproximación lingüística bastante acertada ya que el sujeto esconde de la mirada ajena, al menos algunos aspectos de su personalidad. En las relaciones interpersonales tendemos a tapar ciertas partes de nuestra personalidad para poder desarrollar un contacto armonioso con los demás y convivir; este es el caso particular de los impulsos (como se vio en el cap. 10º) y que conforman lo que se ha llamado nuestro “lado oscuro”. Si no fuera así, la vida en comunidad se tornaría imposible (p. ej. actuaríamos agresivamente). Ciertas personalidades utilizan la máscara más que otras para poder llevar a cabo sus intenciones, habitualmente deshonestas, sin despertar sospechas (antisociales). Una de las definiciones más acertadas de la personalidad es la de Sheldon y Evans, quiénes se refieren a “la organización dinámica de los aspectos cognitivos, afectivos, conativos, fisiológicos y morfológicos del individuo”. De esta conceptualización se desprende que la personalidad es una “totalidad psicológica” o “estructura” en la que se incluyen tres tipos de vivencias: a) cognitivas o intelectuales, b) afectivas o sentimentales y c) conativas o voliciones (actos voluntarios). La personalidad abarca tanto la conducta manifiesta como la experiencia privada o íntima y se presenta en una amplia gama de contextos sociales y personales, lo que lleva a pensar que un sujeto es él mismo aunque cambie de lugar (p. ej. con su familia, en el trabajo, con su pareja, etc.); que se produzcan ciertas variaciones conductuales dependiendo del contexto, no quiere decir que la personalidad se transforme. Añadimos a lo anterior, que la personalidad no puede observarse directamente (como se ve el color de pelo o de los ojos) sino que tiene que inferirse; en este sentido, se han desarrollado numerosos tests y cuestionarios que pretenden apreciar sus características. Incluye una serie de mecanismos psicológicos, ocultos o no, que subyacen a esa estructura. Cuando estos se dirigen al exterior, hablamos de “estrategias de afrontamiento” o “mecanismos de ajuste” (generalmente conscientes: el sujeto sabe que los hace), en tanto que hacia el interior operan los “mecanismos de defensa” (generalmente inconscientes: el sujeto no sabe que los hace) y que se estudiarán más adelante. Mientras los primeros suelen ser observables (p. ej. puedo ver como alguien evita salir de noche), los segundos tienen que inferirse (p.
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -16- Medicina (Hipócrates, Galeno, Sheldon, Schneider, Kretschmer, Spranger, etc.). Debido a la extensión de las descripciones que se han realizado, solamente abordaremos aquellas que están más en boga. 11.4.3. Teorías actuales sobre el temperamento. Como decimos, estudiaremos solo algunas de ellas: A) Modelo de Cloninger. Un psiquiatra y genetista estadounidense, llamado Claude Robert Cloninger, presentó un modelo psicobiológico de la personalidad en el que relacionaba ciertos rasgos con aspectos psicofisiológicos. Tiene en cuenta dos tipos de variables: a) Temperamentales. Distingue los siguientes aspectos: -Búsqueda de novedad. El neurotransmisor implicado es la dopamina. Quienes muestran este rasgo alto suelen ser exploradores y curiosos, en tanto aquellos que puntúan bajo tienen una escasa actividad exploratoria. -Evitación del daño. Relacionado con la serotonina. La puntuación alta se da en personas pesimistas y temerosas, en tanto que si es baja suelen ser optimistas y osados. -Dependencia de recompensa. La relaciona con la noradrenalina. Si puntúa alto en este rasgo suele tratarse de personas afectuosas y abiertas, en tanto que si es lo contrario se trata de sujetos independientes y desapegados. -Persistencia, relacionada con el sistema de refuerzo social. Aquellos que se encuadran aquí suelen ser trabajadores, en tanto que las puntuaciones bajas hablan de sujetos perezosos y de escasos logros. b) Caracteriales, entre las que se encuentran: -Autodirección/autodeterminación. Una puntuación alta aquí se presenta en sujetos responsables y disciplinados, lo contrario tiene lugar en aquellos que tienen ausencia de metas y poco disciplinados. -Cooperativismo. Se relaciona con la aceptación social y la empatía, en tanto que lo opuesto habla de egoísmo e insensibilidad. -Autotrascendencia. Aquellos que tienen alta esta dimensión son espirituales e idealistas, en tanto los que la tienen baja son materialistas y de escasa imaginación. B) Modelo de Eysenck. Este psicólogo inglés de origen alemán explica que el sistema nervioso central presenta distintas actividades funcionales que se expresan de manera diferenciada en la vida psíquica. Separa los siguientes aspectos en la personalidad:
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -17- -La extraversión (E), relacionada con el sistema reticular activador ascendente (SRAA). Habla de la necesidad de relacionarse e incapacidad para estar solo (sociabilidad) o de lo contrario (retraimiento, introspección). -El neuroticismo (N), relacionado con la funcionalidad de la amígdala, el hipocampo y el septum. Se refiere a la intranquilidad o emotividad exagerada, en tanto que lo contrario indica una persona calmada o controlada. -El psicoticismo (P), conectado con el sistema septo-hipocampal (SSH). Se asocia a la capacidad (o no) de sintonizar con los demás. C) El modelo de los cinco grandes (o Big Five). Presentado por el grupo de Baltimore (Mc Crae y Costa) y con él se pretende que se constituya en la base para la moderna clasificación de los trastornos de la personalidad. Presenta, como su nombre indica, los siguientes cinco factores: -Neuroticismo (vs. estabilidad emocional). El aspecto a valorar aquí es si se trata de una persona preocupada o calmada. -Extraversión (vs. introversión). En este caso se tiene en cuenta si es sociable o retraída. -Apertura a la experiencia (vs. cerrado). Se considera si es creativo y curioso o convencional y con pocos intereses. -Amabilidad (vs. oposicionismo). Se tiene en cuenta si la persona es confiada y sincera o es suspicaz y poco cooperativa. -Responsabilidad (vs. irresponsabilidad). Se refiere a si es trabajador y autodisciplinado o, por el contrario, es perezoso.
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -18- Capítulo 12º. La personalidad (2): estudio del carácter. 12.1. Teorías sobre el carácter. Ha sido Freud el autor que más ha influido en los estudios sobre el carácter; de hecho presentó dos teorías de gran interés y que abordaremos en este capítulo: a) La primera es la “dinámica”. Este término procede de la voz griega dynamos, que significa “fuerza” y la “teoría dinámica” establece que, dentro de la personalidad, existe una lucha de fuerzas de tal manera que el sujeto puede entrar con facilidad en conflicto. b) La segunda es “evolutiva” y con ella da a entender que el humano atraviesa distintas etapas a lo largo de su desarrollo, cada una de las cuáles tiene un papel importante en la configuración del carácter. No entra en contradicción con la anterior y supone, dentro de nuestra materia, adelantarnos al siguiente capítulo. 12.2. Teoría dinámica de la personalidad. Aparece formulada en la obra freudiana El yo y el ello, publicada en 1923. En este conocido texto, su autor presenta la “segunda tópica”; recordemos que una “tópica” establece cierta diferenciación de “espacios virtuales” o “instancias” dentro del aparato psíquico. Anteriormente estudiamos la “primera tópica” (en el capítulo 2º) y, recordando un poco, es la que divide a aquel en tres “lugares”: consciente, preconsciente e inconsciente. La “segunda tópica” tiene la particularidad de asociar la pulsión (ver capítulo 10º: La motivación) al aparato psíquico y distingue dentro de este último tres instancias: A) El Ello. Recibe el apelativo de “animal”, pues representa la parte irracional de la mente. Es de origen somático (biológico) y la primera organización que poseemos al nacer. Contiene los impulsos primitivos (pulsiones) que, como ya sabemos, pueden ser “de vida” (eros) o “de muerte” (tánatos). Sigue el “principio del placer”, es decir, que tiende a la inmediata gratificación de la pulsión, en tanto descarga de la tensión producida. B) El Yo. Adopta el apelativo de “humano” y es parte racional del aparato psíquico. Su función consiste en regular la descarga (sexual o agresiva), pues decide cuándo puede activarse la pulsión para llegar a su fin. Esto se realiza gracias a que es la instancia que tiene a su cargo la adaptación al mundo exterior (vida social), sufriendo la presión de la realidad que puede impedir la realización de dicha descarga por no ser conveniente de acuerdo con las circunstancias. Como cabe intuir, sigue el “principio de realidad”, que implica una demora del desahogo pulsional hasta encontrar el momento, lugar y objeto adecuados.
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -19- Evidentemente, el yo se forma en un segundo tiempo cuando al crío se le exige adaptarse al medio externo; por consiguiente, es la presión del exterior la que hace que, a partir del ello, se vaya configurando el yo. C) El superyó. Adopta el nombre de “cultural”, debido a que tiene a su cargo los ingredientes de la cultura en la que nos hemos desenvuelto. Evolutivamente es el último en aparecer. Sigue el “principio del deber”, pues integra las normas, valores e ideales de la sociedad, transmitidos a través de los padres a lo largo del proceso educativo. Esto supone que el niño va a interiorizar en su aparato psíquico las normas que en principio se encuentran fuera de él (dictadas por los padres) pero que, progresivamente, las va haciendo suyas conformando la instancia superyoica. La relación entre estos tres componentes de la personalidad (y los conflictos inherentes a su interacción) puede comprenderse muy bien con un ejemplo clínico: Este es el caso de una mujer que trabaja como azafata de congresos. En uno de estos celebrado en Sevilla, para el que fue contratada, conoció a un joven ingeniero catalán que le gustó “desde el primer momento en que lo vio”; él también se quedó prendado de ella. Así las cosas, el ingeniero se acercó a la azafata después del café de media mañana y la convenció para que se fuera con él a enseñarle la ciudad. Ella hizo una serie de arreglos de turnos con una compañera y pudieron escaparse del aburridísimo congreso. Almorzaron juntos y todo parecía que iba a las mil maravillas (el “yo” se encuentra armonizado con el ello”, ya que la realidad resulta propicia: ninguno de los dos tiene pareja, ni están casados, la ciudad invita a estar a gusto, buena temperatura para pasear, etc.). Pero, ya oscureciendo, llega un momento en que él le sugiere que pueden irse al hotel, cosa que ella acepta (hasta aquí todo va bien). Una vez en la habitación, comienza el acercamiento físico e, intentando tener una relación íntima, a ella se le quedan las piernas totalmente rígidas (“engarrotadas”, dice ella) y sin poder moverlas. Ambos se quedan un tanto perplejos, ya que ninguno de ellos se esperaba esta reacción que impide consumar la unión física. COMENTARIO: ¿Qué ha sucedido? Ella acude a consultar porque no entiende la reacción que tuvo y quiere saber qué le ha pasado y por qué ha estropeado un “bonito momento”. La respuesta es la siguiente: hasta el momento del hotel todo iba bien, como hemos dicho, pero en el instante en que se intenta “pasar a más” se ha despertado el “superyó”, entrando en conflicto con las otras dos instancias e impidiendo la unión sexual. En tal caso, existe una “norma” que impide seguir; de hecho, en una de las sesiones, recordó algo que le decía su madre (norma): “Las mujeres que se acuestan con hombres al poco de conocerlos, son unas frescas”.
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -20- REALIDAD (social) ELLO YO SUPERYÓ Pulsiones Demora de Normas, valores “Principio la descarga e ideales del placer” “Principio “Principio del de realidad” deber” Lo más adecuado es que exista un equilibrio tópico entre las tres instancias, pero no siempre es así produciéndose diferentes variantes: SUPERYÓ SYÓ SYÓ YO YO YO ELLO ELLO ELLO 1 2 3 -En el caso 1 hallamos una personalidad normativa y constreñida, debido al dominio del superyó; es lo que sucede con los obsesivos, para quiénes las normas y los ideales comandan su vida, pues son: puntuales, cuadriculados, escrupulosos, perfeccionistas, exigentes, etc. -En caso 2 se trata de una personalidad desinhibida e impulsiva, debido al dominio del ello. Sucede tal cosa en los psicópatas e impulsivos, quiénes no se atienen a ninguna norma a la hora de actuar. -El caso 3 muestra una personalidad equilibrada, donde el yo decide a que instancia da paso, si al ello o al superyó, según las circunstancias. En este sentido, si se trata de trabajar, hay que hacerlo y no escaquearse (acción superyoica) y, si estamos de fiesta, nos consentimos escaparnos del trabajo para disfrutar (predominio del ello). Una cosa más: en el grafo anterior, donde se muestra la interacción de las tres instancias, podemos ver con claridad que todas las flechas apuntan al yo. Indica que el yo se encuentra sometido a tres fuerzas diferentes (modelo dinámico): a) el ello que intenta la descarga placentera en cualquier momento, sin admitir demora, b) el superyó que intenta imponer sus normas y que, por lo tanto, prohíbe la descarga y c) la realidad que impone su criterio en aras de conseguir la adaptación del sujeto. Entonces, el yo tiene que acudir a hacer algo para salir de
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -21- una situación tan comprometida, entonces recurre a los “mecanismos de defensa”. REALIDAD (social) ELLO YO SUPERYÓ MECANISMOS DE DEFENSA Los mecanismos de defensa son “estrategias del yo que intentan evitar la angustia y la presión que existe sobre él”. Se ponen en marcha ante la “señal de angustia” que detecta el yo y, en consecuencia, llegan a proporcionan una relativa tranquilidad y estabilidad al aparato psíquico; por lo general, su acción consiste en camuflar al ello para que el superyó no pueda detectarlo y ejercer la correspondiente presión. Pero, no todo es tan bonito ya que, en este caso, es peor el remedio que la enfermedad pues, en última instancia, encorsetan al individuo con una rigidez particular. El carácter, por lo tanto, se forma por la acción de los mecanismos defensivos (p. ej. un obsesivo excluye de su vida cualquier expresión afectiva, convirtiéndose en una persona demasiado racional; se debe a una de estas operaciones que vamos a llamar “aislamiento”). Conviene ahora que conozcamos los principales mecanismos de defensa: 1) Desplazamiento. Consiste en un cambio de objeto intencionado, pero inconsciente para resolver el conflicto. Veamos algunos ejemplos: Una mujer de 50 años que adora a los animales, permanece sola después de varios desengaños con las parejas (es una persona muy exigente en las relaciones). No desea tener nuevas relaciones (para no volver a sufrir), mientras tiene a dos perros en su casa a los que adora y les da todo su amor. Se trata de un desplazamiento del afecto que inicialmente se dirigía al hombre y ahora se desplaza al animal, del que no va a sufrir desengaño alguno. Esto no quiere decir que todo aquel que tenga animales, utiliza este mismo mecanismo. Hombres → Animales Freud mismo vio en su consultorio de Viena a un padre que acudía alarmado ante la fobia de su hijo (Juanito) a los caballos. Descubre, en el análisis que lleva a cabo con el padre, que en realidad su hijo le tiene miedo a él y que lo ha desplazado al caballo. Tal mecanismo posibilita que pueda convivir a diario con su padre, mientras el encuentro con caballos se produce de manera ocasional, limitando la angustia infantil.
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -22- Padre → Caballo El desplazamiento es el mecanismo subyacente a las fobias; en ellas el objeto temido no es el que aparece en la clínica: Un paciente que presentaba fobia al color rojo, el miedo exagerado se relacionaba con dicho color, pero no es este el objeto temido primariamente. El análisis descubre su miedo a la sangre. Luego el desplazamiento que se produce es: Sangre → Color rojo 2) Represión. Ya la hemos visto al estudiar la “primera tópica” (capítulo 2º). Se trata del rechazo o expulsión de la conciencia de ciertas ideas o pensamientos por ser inaceptables, bloqueándolas en su correspondiente intento de vuelta. La represión se manifiesta en el discurso del paciente como vacíos en el mismo, es decir, temas que no aparecen; trátase de asuntos de los que no se puede hablar. Una paciente de 35 años, habla sin cesar de las dificultades que tiene en el trabajo, mientras es incapaz de referirse a su (grave) problema matrimonial. Resulta paradójico, pues este último es el motivo que la trajo a consultar. En la primera entrevista, cuando habló de su pareja lloró bastante (“señal de angustia”, que mantiene la represión) y eso originó que no volviera a tocar el asunto. Empezó a referirse al mismo ¡casi un año después de la primera entrevista! y ¡los llantos volvieron! 3) Regresión. Consiste en retornar a formas de comportamiento de un periodo anterior del desarrollo, que se consideran ya superados, al no poder afrontar el actual. Con algunos ejemplos quedará claro: Una niña de 6 años, con un desarrollo normal para su edad, tuvo un hermanito recientemente y un buen día sorprendió a sus padres haciéndose caca en el salón. Realizó entonces una conducta que se suponía ya superada, pues controlaba perfectamente los esfínteres. En la misma línea, muchos niños vuelven a orinarse en la cama (enuresis) cuando viene al mundo un nuevo hermano. Pero, la regresión no es cosa solo de niños, como ocurre en el siguiente caso: un hombre de 47 años, tras 10 de matrimonio se separó de su mujer. A partir de entonces, empezó a quedar con los amigos, a beber, ir a sitios de copas, intentar ligar con jóvenes universitarias e incluso acudió a un prostíbulo con un amigo. Es frecuente que, tras una ruptura de pareja (divorcio o separación), se vuelvan a realizar comportamientos adolescentes ya superados tratándose, evidentemente, de formas de eliminar la angustia que la nueva situación produce.
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -23- 4) Proyección. Se trata de atribuir a los demás deseos y pensamientos inaceptables en uno mismo; es lo que habitualmente se expresa en la calle como: “el ladrón cree que todo el mundo es de su condición”. El celoso que teme la infidelidad de su pareja y la vigila e, incluso, la sigue, frecuentemente tiene deseos de ser infiel que “pone” en ella. Un paciente mayor comenta haber ido al zoológico de La Casa de Campo (de Madrid) con su nieto y, estando frente a la jaula de los leones, el nieto le dice: “vámonos de aquí abuelito, que tienes mucho miedo”. Es frecuente en fóbicos sociales poner el rechazo en los demás, cuando este se encuentra dentro de sí. Efectivamente, los demás no suelen rechazarlos, sino que son ellos mismos los que se rechazan (“si no me acepto, no me aceptarán”). 5) Negación. Primero afirma el impulso o deseo y después, en un segundo tiempo, lo niega. Ejemplos: Una chica afirma darle bastante coraje de que su compañera haya sacado más nota que ella en el último examen, a pesar de saber que ha estudiado mucho menos. Tan pronto como dice esto, añade: “pero, no se vaya usted a creer que yo soy envidiosa”. Un chaval de 13 años ve en un sueño a una mujer desnuda muy bella. Tras contar el sueño dice: “mi madre no es, desde luego”. Este mecanismo de defensa es frecuente en consumidores, tanto de alcohol como de sustancias, y en sujetos impulsivos, resultando el mecanismo bastante evidente, pues niegan, incluso, en el momento en que son pillados en el acto. Un paciente se gasta bastante dinero en maquinitas, a pesar de que su sueldo es muy corto y es él quién tiene mantener a su familia. En una ocasión, la mujer fue alertada por una vecina de que estaba en el bar jugando y decidió presentarse allí sin avisar; con ello pretendía acabar de una vez por todas con sus sospechas de “algo raro ocurría con el dinero y que por algún lado se tenía que ir”. Una vez entró en el bar y le preguntó qué estaba haciendo, él tranquilamente respondió: “nada, estoy mirando la maquinita porque tiene unas luces muy vivas. ¿No pensarás que estaba echando dinero?”. 6) Formación reactiva. En este caso se trata de reemplazar por opuestos los impulsos, tendencias o deseos inaceptables. Un paciente de 45 años reconoce en la consulta ser un “gran tímido” y un “cobarde” y que, sin embargo, en su época de estudiante, era una persona
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -24- “descarada”. Indica: “me daba mucha pena de mí mismo sentirme tan cobarde y prefería ser osado. Entonces, hablaba con cualquiera, incluso con los profesores, sin ningún corte”. Véase que esta persona no se conformaba solo con ser un poco más arrojado e ir elaborando y venciendo sus temores, sino que se fue a lo contrario: “ser descarado”. 7) Racionalización. En este caso la persona implicada justifica motivaciones, impulsos o actitudes intolerables para sí misma o para su medio (social). Una paciente de 50 años que no quiere trabajar y que siempre vivió del cuento, al preguntarle ¿por qué no manda su curriculum a varias empresas?, dice convencida: “sería para nada. ¿Usted no ve el paro que hay? ¿no se da cuenta de que en este país no se fomenta el empleo? Son evidentes autoengaños para no ponerse en marcha y cambiar de actitud. También este es un mecanismo frecuente en consumidores e impulsivos (ludópatas, cleptómanos, etc.) quiénes, como hemos visto al ser pillados, primero niegan (“no, eso no es verdad”) y después racionalizan (“tomo drogas porque de pequeño mis padres no me educaron bien”, “bebo porque no tengo trabajo”, etc.). Finalmente, se ven abocados a confesar la verdad, tras las presiones desde fuera. 8) Sublimación. El nombre viene de “sublime” o “maravilloso” y se trata de una modificación del objeto y del fin pulsionales por otros más elevados en la valoración social. El sujeto ahora es capaz de aprovechar aquellos aspectos que ofrece la cultura para, a través de ellos, llegar más lejos y realizarse como persona. Cuando un individuo es incapaz de servirse de estos productos (socioculturales), cae inexorablemente en la realización de impulsos. Veamos un caso: Una paciente estudiante de filología inglesa confiesa no gustarle nada: ni los museos, ni el teatro, ni salir con los amigos, ni la lectura, ni el cine, ni el deporte, ni los chicos (tampoco las chicas), ni su carrera, ni la ópera, ni la poesía, etc. En una ocasión acude a la consulta, después de las vacaciones de verano, y mantenemos el siguiente diálogo (P: paciente, M: médico): P: Usted se va poner muy contento con lo que le voy a decir: he ido a París con una amiga y he visitado el museo del Louvre. M: Te llevarías todo el día allí dentro ¿no? P: Solo 20 minutos. Bueno, para ser más exactos, 30 minutos. M: ¿¡como!?
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -25- P: Si, primero fuimos a la parte de pintura y eso era: cuadro, cuadro, otro cuadro, otro cuadro, … ¡más cuadros! ¡Vámonos a tomar un café! Entonces mi amiga me dijo que no habíamos visto la parte de arqueología y accedí a ir. Entramos allí y solo había piedra, piedra, otra piedra, … ¿más piedras? De aquí nos vamos. Véase que se trata de una chica incapaz de sublimar y su incultura es patente (no sabe distinguir un cuadro renacentista de otro impresionista, no conoce las diferencias entre las piezas babilónicas y las griegas, etc.). Su enorme falta de interés se asocia a no contar con representaciones mentales sobre los objetos que contempla en el museo y tampoco se ha preocupado (por la falta de motivación) en crear dichas representaciones (p. ej. buscando información). En su casa el tiempo lo dedica exclusivamente en “engancharse” a las series que, literalmente, devora; se pasa toda la tarde con esta actividad sin parar, siendo la forma que tiene de rellenar el gran vacío que existe en ella. Realizar estudios universitarios es una forma de sublimar, lo mismo que escribir o pintar; del mismo modo, lo es realizar realizarse como profesional de una materia. Por consiguiente, la sublimación es uno de los mejores y más sanos mecanismos de defensa que poseemos; el problema es que hay mucha gente que, lamentablemente, no puede llevarla a cabo. Sobre la sublimación añadiremos más detalles en el capítulo dedicado a la psicología infantil, donde se estudiarán las etapas en las que se implanta este importante mecanismo defensivo. 12.3. Teoría evolutiva de la personalidad. Entramos ahora en el último grupo de las teorías de la personalidad que estudian cómo se ha desarrollado esta última y, por consiguiente, se basan en lo que ocurre a lo largo del proceso madurativo del ser humano. También Freud presenta una teoría evolutiva que deduce de los datos procedentes de sus observaciones clínicas. En ella, el creador del psicoanálisis establece varias etapas del desarrollo psicosexual. Para entender este nuevo planteamiento es importante pensar que la “sexualidad” no es solo el acoplamiento genital (“sexo”), que es el pensamiento que circula en la calle. Distinguiendo estos dos términos (“sexo” y “sexualidad”), tal como hicimos en el capítulo 10º, es posible comprender lo que ocurre en el ser humano desde que viene al mundo. Así las cosas, el “sexo” como tal aparece en la edad media de la vida (“edad fértil”), donde el dimorfismo es máximo (diferencias físicas entre hombre y mujer); en las primeras etapas y en las últimas tienden a desaparecer estas diferencias y ambos sexos tienen un aspecto muy parecido (p. ej. dos bebés de distinto sexo son idénticos, no se les distingue a no ser que se observen sus órganos genitales). En cambio, la “sexualidad” se origina
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -32- -Competitividad. Frecuentemente descalifican a sus compañeros y desconfían de sus capacidades, siendo incapaces de delegar al ser ellos los mejores. -Actitud hostil, a menudo recubierta de cinismo o apariencia de amabilidad. -Alerta. Como vimos en el capítulo sobre la ansiedad, cuando la alerta aparece, hallamos: irritabilidad, facilidad para el enojo, dificultades para conciliar el sueño. -Metas excesivas. Hablamos de personas que tienen el “listón demasiado alto”, de manera que tienden a hacer más cosas de las que realmente pueden. -Necesidad de reconocimiento y ascenso. Esto se debe a la ambición que les impide conformarse con lo que tienen. -Relaciones interpersonales problemáticas. Fácilmente son captados como son en realidad por los demás, de ahí que tengan poca estimación por parte de sus compañeros, manteniendo contactos con los demás dominantes y tensas. -Físicamente también se destacan: la expresión facial hostil con los rasgos acentuados, puños cerrados o manos indicadoras de lo que hay que hacer, voz desagradable y estridente, etc. Si intentamos entenderlos cómo son, puede determinarse que se encuentran condicionados por los valores de la sociedad industrial contemporánea, los cuales tienen bien asumidos. Esto les conduce a un deseo de éxito sin medida, de manera que se trata de ganar en: imagen, prestigio, dinero, posesiones, etc. Mientras tanto se vacían interiormente, pues no manifiestan otros intereses que les llenaría (lectura, arte, literatura, conferencias, poesía, etc.), haciendo que sus conversaciones no tengan contenido, mostrándose como personas superficiales. Lo expuesto no quiere decir que los comportamientos de estos individuos sean abiertamente hostiles, la “agresión directa” (“paso al acto”), como es el caso de golpear, pegar, empujar, etc. Entonces, la agresividad puede ser: a) Desplazada. Puede realizarse contra los objetos (p. ej. tirar un cuadro y partirlo) o contra otra persona que no fue la causa del agravio (el “chivo expiatorio”) que, por lo general, es el eslabón más “débil” de la cadena. b) Larvada. Muchos comportamientos representan modos de perjudicar a otro de forma indirecta, como es el caso del autoritarismo, la intolerancia, la burla, la bromita, etc. c) Enmascarada. Tiene que ver con formas de manipulación, afirmación de la superioridad sobre otro, etc.
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -33- d) Hay que considerar también aquí los pensamientos y fantasías hostiles hacia los demás, los cuáles frecuentemente, se acompañan en el exterior de lo contrario (cinismo, hipocresía). Lo dicho configura un estilo de vida dominado por las exigencias (hiperactividad, ausencia de descanso, etc.) y por la competición (ser el mejor, en detrimento de los/las compañeros/as). Ambos llevan a un estado de tensión permanente, experimentado displacenteramente (imagen del ejecutivo-agresivo), que conlleva respuestas organísmicas (estrés), que afectan a la activación de los sistemas hipotálamo-hipofisario-adrenal y vegetativo simpático. En última instancia, son estos los responsables del acumulo de placas de colesterol en las arterias coronarias y de la enfermedad de estos vasos (angina de pecho, infarto agudo de miocardio). En el siguiente grafo se pone de manifiesto la patogenia de la patología coronaria y explica los rasgos antes analizados: Valores de la sociedad Vaciamiento personal industrial (asumidos) (pobreza mental o representacional) Deseo de éxito (imagen, prestigio, dinero, posesiones,…) Exigencias exageradas Competición (hiperactividad, (ser el mejor) falta de descanso) RENDIMIENTO Tensión PENSAMIENTOS Y permanente FANTASÍAS HOSTILES (estrés) Activación SHHA Activación SNV-S Placas de colesterol: angina de pecho, IAM Un paciente de 50 años de edad, profesor de secundaria, está observando cómo, en los últimos meses, tiene fallos importantes de memoria, que no puede resolver espontáneamente y le influyen a la hora de impartir docencia. Las pruebas neurológicas han sido negativas, no revelando ningún tipo de trastorno. Dice ser una persona que siempre tiene que estar haciendo algo, el descanso para él es un tiempo perdido y cree que sus compañeros que son unos botarates, no estando a la altura de sus tareas, al tiempo que piensa que él si que se preocupa y hace las cosas bien. Su mujer, que le acompaña en la primera entrevista, dice de él que nunca
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -34- pasean, que las vacaciones son muy cortas y que él apenas ha tenido tiempo de conversar con sus hijos, siendo ella la que ha tenido que bregar con los problemas de éstos (médicos, escolares, etc.). El año pasado tuvo, en algunas ocasiones, dolor en el pecho y, a cuenta de ello, visitó a un cardiólogo, pero las pruebas fueron negativas y se tranquilizó (mejor dicho, siguió haciendo lo mismo). 13.2.2. La personalidad “tipo D”. Buscando un nuevo constructo sobre la personalidad que se relacionara con las enfermedades cardio-vasculares se empezó a hablar de la “personalidad tipo D”, involucrada en este tipo de patologías. Se basa en la presencia conjunta de: a) Afectividad negativa: -Tendencia a estar preocupado y tener una visión pesimista. Muestran una atención excesiva a los estímulos adversos. junto a la búsqueda distorsionada de amenazas inminentes pero sin demasiado fundamento. -Malestar subjetivo en forma de infelicidad-irritación. -Escasa capacidad de disfrute. -Incapacidad para hacer frente a los estresores de la vida. b) Inhibición social: -Se mantiene distanciado de los demás e, incluso, puede llegar a evitar los comportamientos de interacción social. -Como consecuencia de lo anterior, tiene un bajo nivel de apoyo social. -Inhibición expresiva de las emociones. -Sentimientos de desamparo y tristeza. Son individuos que intentan evitar el rechazo, de ahí que se aíslen del contacto con los demás, no compartiendo los aspectos afectivos con los demás (de ahí, que muchos de ellos sean fóbicos). Este modo de ser se relaciona con la disrupción crónica del eje hipofisario-adrenal y con los síndromes metabólicos (dislipemia, resistencia a la insulina, cortisol elevado, hipertensión arterial) y, como consecuencia de ello, con una mayor morbilidad por factores de riesgo y mayor mortalidad cardíaca y por afecciones vasculares periféricas. Sabemos que, tener una personalidad “tipo D”, multiplica por dos el riesgo de morir prematuramente, independientemente de los factores demográficos, las características clínicas, la severidad de la enfermedad o el tratamiento óptimo. 13.2.3. La personalidad “tipo C”. En 1979, en la Universidad de Londres, se construyó el King´s College Research Gruup (Greer, Morris, Watson) para
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -35- buscar un tipo de personalidad relacionada con el cáncer. Configuraron una constelación característica a la que denominaron “personalidad tipo C”, que muestra las siguientes características, que se refieren a individuos: -Extremadamente cooperadores, sumisos y pasivos. -Conformistas, sufridores y preocupados por los demás. Aceptan estoicamente los sucesos desfavorables. -Suprimen de las manifestaciones hostiles. -Evitan o no afrontan las situaciones conflictivas, aunque les perjudiquen a ellos o a sus familias. -Presentan bloqueo o contención expresiva de las emociones (tristeza, miedo, ira, etc.), por lo que parecen inmutables ante las situaciones problemáticas. -Tienen deseos de agradar y dependen de la aceptación de los demás. Como puede verse, son encantadores para los demás, pero no para sí mismos, ya que su organismo acaba sufriendo. El problema que tienen es que muestran una gran dificultad para identificar y expresar con palabras las emociones y, como consecuencia de ello, las tensiones que estas provocan pasan al organismo directamente, provocando efectos negativos. En este sentido, tienen más riesgo de padecer cáncer, mostrando un peor pronóstico cuando este se presente, con una menor tasa de supervivencia a corto-medio plazo. Las relaciones entre cáncer y personalidad pueden establecerse de la siguiente manera: a) Esta enfermedad puede afectar a la personalidad, de varias formas: -Las toxinas liberadas por ella provocan (por afectación encefálica) depresiones sintomáticas. -La alteración anímica puede tratarse también de una reacción psicológica (depresiva) a la experiencia de padecer una enfermedad, que se representa subjetivamente como incurable. En tal caso, hablamos de un “trastorno adaptativo”. Se añade que esta patología hace que muchos pacientes se sientan culpables y avergonzados de padecerla, lo que les lleva al aislamiento e incomunicación. b) La personalidad puede relacionarse con el cáncer, en el sentido de que ciertos modos de ser hacen más probable el desarrollo de una neoplasia; sabemos que la personalidad tipo C puede entenderse como “precancerosa”. Además, favorecen esta patología, tanto el estado depresivo como el pre-
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -36- depresivo; por el contrario, la neurosis y la esquizofrenia se consideran protectores. 13.3. La personalidad como factor protector. Entramos ahora en el polo opuesto al anterior: cuándo se consideran los rasgos de la personalidad como elementos de protección y actúan como “fuerzas salutógenas”. 13.3.1. La personalidad “tipo B”. Se considera la antítesis del “tipo A” y presenta las características que se detallan a continuación y se refieren a sujetos: -Relajados, tranquilos y confiados. -Atentos a la satisfacción y el bienestar personal. Por consiguiente, tienen capacidad para disfrutar del ocio y del tiempo libre. -Expresan abiertamente las emociones, incluidas las hostiles. -Mantienen relaciones interterpersonales sosegadas, confiadas y no competitivas. En las personas que se afilian a la personalidad “tipo B” no se han detectado riesgos patógenos. Esto nos aporta una gran enseñanza, ya que podemos ayudar a los pacientes a modificar ciertos rasgos de su personalidad que favorecen la dirección hacia la enfermedad; en este sentido: disfrutar del tiempo libre y de otras actividades no-laborales (tener aficiones), confiar en los demás (sin ser tonto), expresar las emociones (sobre todo con palabras) y tener amigos, eliminando del contacto competitividad, la crítica y la agresividad, se convierten en elementos clave para que la persona esté más saludable, desde el punto de vista psicológico y físico. 13.3.2. Aspectos protectores de la personalidad. Terminamos el tema con este último apartado donde tratamos de aquellos componentes de la personalidad que, tal como se desprende de las investigaciones, ayudan a conservar la salud. Abrimos dos apartados: a) Dimensiones de la personalidad. Se habla bastante del “optimismo disposicional” y por tal se entiende la “tendencia generalizada a anticipar una salida favorable a los sucesos, junto con un estable control emocional y cognitivo (serenidad). En esta línea se perciben los objetivos como realizables, incluso ante situaciones difíciles; Bandura se ha referido a la “autoeficacia percibida”. De la misma forma, se tiene muy en cuenta, en relación a la protección de la salud, el “estilo atribucional optimista”, que significa ausencia de pesimismo aún en situaciones complejas negativas. Se valora dar importancia a tener amigos y apreciarlos y persistir en esta acción a pesar de las dificultades.
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -37- b) Estrategias de afrontamiento de la enfermedad. En cuanto a cómo se ajusta el individuo a la patología que padece, se utilizan hoy en día tres conceptos: -El coping, que se refiere a las respuestas y reacciones de aquel para dirigir, reducir o tolerar las situaciones adversas, e implica hacer frente a las mismas. -La “resistencia”. Indica hacer frente de forma activa y estable, no hostil, a la situación que se presenta, sosteniéndose en recursos propios y centrándose en el problema. -La “resiliencia”. Es la capacidad para sobreponerse constructivamente a la adversidad. Uniendo estos términos, y aplicándolos al terreno de la salud, se concluye que una personalidad “resistente” es aquella que realiza un coping activo y se centra en el problema. P. RESISTENTE = COPING ACTIVO + CENTRAMIENTO EN EL PROBLEMA Se ha visto, además, que estados como: la depresión, la hostilidad, el pesimismo, la evitación, la desesperanza y la ansiedad provocan una menor resistencia a la enfermedad y una mayor mortalidad y que, por lo tanto, hacen que la personalidad sea menos resistente.
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -38- Capítulo 14º. Edad y enfermedad. El desarrollo psicológico (1): infancia y adolescencia. 14.1. Conceptos básicos acerca del desarrollo. Comenzamos ahora un nuevo capítulo que trata de la evolución psicológica del ser humano, desde el nacimiento hasta la vejez o última etapa de la vida. Fue Pitágoras el primero en elaborar una teoría sobre las edades de la vida, relacionándolas con las cuatro estaciones, de la siguiente forma: -Primavera: infancia. -Verano: adolescencia. -Otoño: juventud. -Invierno: vejez. Mucho más tarde, se creó la disciplina que aborda estas cuestiones y que tomó el nombre de Psicología Evolutiva; se entiende por tal, aquella rama de la Psicología General que estudia el desarrollo del individuo e incluye, tanto las modificaciones de la conducta como los procesos mentales subjetivos, que tienen lugar a lo largo del ciclo vital. En este proceso, se reconocen: -una serie de “estadios” o “etapas”, entendidas como momentos separables del conjunto en función de ciertas características homogéneas; al mismo tiempo, dichas etapas presentan un principio y un final más o menos definido. -Los “momentos críticos” o puntos de inflexión en los que el individuo tiene dificultades en atravesarlos, pudiendo seguir adelante (progresión) o quedarse estancado (regresión). Veremos, a lo largo de los apartados de este capítulo, cómo el devenir humano tiene una cierta lógica fácil de asimilar; se abordarán sucesivamente las siguientes etapas del desarrollo: 1. El primer año de vida. 2. La primera infancia (2 a 5-6 años). 3. La segunda infancia (6 a 12 años). -Niñez media (6 a 9 años). -Niñez tardía o preadolescencia (9 a 12 años). 4. Adolescencia (12 a 17-18 años). -Temprana (12 a 15 años).
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -39- -Media (15 a 17 años). -Tardía (17 a 18 años). 14.2. El primer año de vida. Cuando nace la cría humana se encuentra en inferiores condiciones que aquellas que se dan en el resto de los mamíferos; si contemplamos el parto de un potrillo, vemos que inmediatamente se levanta, se pone en pié, intenta acercarse a la madre y mamar de ella, etc. Sin embargo, el bebé es un completo desvalido, lo que se debe a que su sistema nervioso central (SNC) no se encuentra aún maduro y, para que alcance tal estadio, haría falta un año más de gestación; en tal caso (tras 21 meses) la cabeza sería enorme y no podría salir por el canal del parto. De ahí que la naturaleza adelante este acontecimiento, pero pagando el precio de que el producto es completamente inmaduro, un prematuro que necesita todo un año para que su SNC madure (“fetalización”). En consecuencia, se considera a este periodo (el primer año) como una “gestación extrauterina”, en la que el útero es sustituido por el regazo de la madre. El bebé, cuando se encuentra en el vientre materno, no tiene necesidades ya que, a través del cordón umbilical, le llega cuanto precisa (oxígeno, aminoácidos, glucosa, sales minerales, etc.) y se encuentra flotando en el líquido amniótico a temperatura y presión constantes. El nacimiento implica, pues, el inicio de las necesidades que le ocasionan estados de tensión interna que se hacen insoportables y tiene que calmarlos; de ahí que exista una impaciente búsqueda de satisfacción. El problema es que no puede desplazarse para poder satisfacerse debido a sus dificultades motoras (el SNC no se halla aún mielinizado), de ahí que precise de un adulto que lo asista que, normalmente, es la madre (o quién realice su función). Se halla en una situación de dependencia materna, que se reconoce como “estado de desamparo”, pues sin el adulto que lo ayude no puede sobrevivir. Entonces, el bebé recurre al llanto o al grito para que se le asista, entendiéndose tales acciones como “llamada” (al Otro omnipotente, que puede aliviarlo). Al mismo tiempo, el bebé es incapaz de diferenciar el “exterior” del “interior”, entre el yo y el no-yo (él mismo y su madre) y, paralelamente, su piel es extraordinariamente sensible, encontrando agrado en las caricias. Este contacto físico con el adulto resulta imprescindible para que el desarrollo se lleve a cabo con normalidad; algunos autores lo han llamado “apego”. John Bowlby y Harry Harlow estudiaron este asunto y presentaron la “teoría del apego”. Concretamente, el último de ellos utilizó en sus experimentos monos Rhesus recién nacidos, a los que le puso una madre artificial, en unos casos de alambre portando un biberón y en otros de felpa,
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -40- desprovista de comida. Los monitos prefirieron a la “madre” de felpa aunque no tuviera alimento alguno. Demostró así, que el vínculo físico es más importante para el desarrollo psicofísico que cualquier otra necesidad básica. Incluso observó cómo, al separar a los monos de su “madre” de felpa mostraban signos claros de miedo (gritaban, chillaban y buscaban objetos suaves que le recordara a su “madre”). Posteriores investigaciones de Spitz concluyeron que la ausencia de cuidados maternos en la especie humana producía síntomas depresivos manifiestos. Al mismo tiempo, la caricia le sirve al bebé para poder definir sus límites corporales y, por consiguiente, para crear su incipiente “yo corporal”. Este momento coincide con la etapa “oral” de Freud, donde la estimulación de la mucosa bucal es importantísima, obteniéndose placer con la succión. El niño se lleva todo a la boca, convirtiéndose esta en un órgano de reconocimiento del mundo. Nacimiento BEBÉ Inicio de Dificultades Sensibilidad No separación necesidades motoras estimulación yo/no-yo. Piel Caricia Estados de Relación de tensión desamparo interna. y dependencia Impaciente búsqueda de Llanto MADRE satisfacción (llamada) El contacto interpersonal es fundamental para el desarrollo afectivo e intelectual del bebé, apareciendo la primera sonrisa en torno al tercer mes (Spitz la llama “primer organizador”). La “angustia de separación” se presenta sobre el octavo mes (“segundo organizador” de Spitz): teme que si la madre desaparece de su vista, no volverá más. El primer año acaba con el destete, teniendo el crío que adaptarse a este hecho singular (el segundo de los obstáculos de los que hablamos antes; el primero era el parto). 14.3. Primera infancia (2 a 5-6 años). Se trata de una etapa en la que se establecen los fundamentos del carácter, como veremos seguidamente. 14.3.1. El segundo y tercer años. La entrada en el 2º año se caracteriza por el desarrollo motor, gracias a la maduración neurofisiológica (mielinización de
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -41- la vía piramidal); esta capacidad recién adquirida lleva al niño a poder desplazarse por la casa, aumentando su espacio vital antes reducido al regazo de su madre. Ello implica conseguir autonomía e independencia respecto a esta, pero también el descubrimiento de un mundo nuevo, que le resulta misterioso y sorprendente; de ahí que se produzca en él un afán por explorar e investigar, impulsándole a preguntar por todo lo que tiene a su vista. A esta etapa se la llama la “edad de las preguntas” (en torno a los 18 meses). Estamos ante una cuestión bastante importante, que puede formularse mediante una pregunta: ¿qué hacer con la curiosidad infantil? La respuesta está cantada: estimularla cuanto se pueda y la actitud de los padres ante este asunto resulta fundamental. Intentar reprimir (por lo que quiera que sea) la curiosidad infantil conlleva la producción de adultos desinteresados. Un ejemplo sobre cómo la curiosidad infantil se reprime, y que este fenómeno se ha producido mayoritariamente en el sexo femenino, es el siguiente: en una ocasión, trabajando en un Equipo de Salud Mental de Distrito, me dispuse a hacer terapia a una familia compuesta por el padre, la madre, una niña y un niño. Era un dia nuboso y había llovido en Sevilla. Cuando entré en la sala donde estaban reunidos, el padre estaba mirando por la ventana y se le acercó el hijo, produciéndose el siguiente diálogo (H: hijo, P: padre): H: papa ¿qué son las nubes? P: Son condensaciones de vapor de agua entre dos capas de presión distintas. H: ¿Por qué no caen al suelo? P: Al ser tan ligeras, pesan menos que el aire y se mantienen flotando. H: ¿Y los rayos, papá?”. P: Pues mira hijo, las nubes se van cargando eléctricamente y la carga puede ser igual o diferente. Cuando se acercan dos nubes de carga opuesta, una positiva y otra negativa, provocan un chispazo, lo mismo que viste como pasó cuando saltaron los plomillos en casa. H: Gracias papá. Mientras tanto, la niña observaba silenciosa la escena y, una vez concluida la intervención del niño, se acercó al padre, preguntándole: “papá, dime ¿qué hacemos en este lugar tan feo y tan blanco”. El padre respondió: “esta niña siempre está preguntando, ¡mamá, cógela! Véase como, con esta respuesta, dada de manera automática, se está reprimiendo la curiosidad de la niña, mientras que se estimula en el niño.
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -48- -Los imitativos, con los que aprenden los comportamientos de los adultos y siguen las normas de estos (p. ej. jugar a la familia, donde se distribuyen los distintos roles: el papá, la mamá, el nene, etc.). -Los competitivos. En ellos los niños ponen sus propias reglas (p. ej. no pegar, respetar, no hacer trampa, etc.) e, incluso, pueden imponer castigos ejemplares (p. ej. el que hace trampa es expulsado automáticamente del grupo). Final Edipo Disminución Sentimientos fuerza de (desarrollo los impulsos afecivo) (latencia) Separación del núcleo familiar ESCOLARIZACIÓN Socialización Responsabilidades Desarrollo Igualdad. Derrotas Sentimientos intelectual al egocentrismo altruistas. Valores Cooperación Normas del grupo 14.4.2. De los nueve a los doce años (niñez tardía o preadolescencia). Aquí tiene lugar una selección de compañeros entre la diversidad en la que se encuentra y, sobre todo, los dos sexos se separan, debido a la existencia de incomprensión entre los mismos; hay que reconocer cierta angustia ante la proximidad al otro sexo (sobre todo en algunos individuos). Al mismo tiempo, el grupo va sustituyendo progresivamente al medio familiar. Muy importante en esta etapa es la internalización de las experiencias educativas, obteniendo un sistema de valores (si ha sabido aprovechar la etapa anterior, claro). Progresivamente, va obteniendo una identidad personal (“personificación”) que culminará en la siguiente etapa. Se produce un desarrollo notable de la capacidad intelectual, ya que se alcanza la última etapa descrita por el psicólogo suizo Jean Piaget (las “operaciones formales”), que es cuando se llega al pensamiento abstracto o conceptual. La etapa anterior se relaciona con un modo de pensar concreto (“operaciones concretas”); conviene, en este sentido, repasar el capítulo del pensamiento, donde se habló de “conceptos” y de “preconceptos”.
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -49- 14.5. La adolescencia. Estamos en la etapa de transición de niño a adulto, que se caracteriza por una marcada crisis endocrina. De nuevo, vamos a asistir a una inversión de la curva expuesta anteriormente, que constaba de impulsos (I) y de corriente de ternura (CT). El adolescente, en esta línea, aparece como: egocéntrico, impulsivo, terco, no considera lo que le dicen, cree que siempre tiene la razón, quiere hacer su voluntad, etc.; esta manera de comportarse ocasiona conflictos frecuentes en los medios familiar y social. En la adolescencia hay que tener en cuenta los duelos (pérdidas), ya que se trata de una etapa de cambios vertiginosos, y también la dirección que se produce para salir fuera del hogar; ello ocasiona una nueva ampliación del espacio vital. La proyección hacia el exterior hay que entenderla como una exogamia, que impulsa al adolescente a buscar contactos externos al hogar familiar. Impulsos (I) Ternura (CT) Primera Segunda Adolescencia infancia infancia (latencia) Se distinguen varias subetapas en la adolescencia, que pasamos a describir: 14.5.1. Adolescencia temprana (12-15 años). Tiene lugar un cambio en el plano biológico, produciéndose modificaciones bruscas asociadas a la pubertad (12 años en chicas, 14 años en chicos). Aparecen entonces los “caracteres sexuales secundarios”, que ocasionan el dimorfismo físico entre los dos sexos (voz grave/aguda, distribución característica del vello corporal, desarrollo osteomuscular, etc.) junto a las eyaculaciones y las reglas. En la actualidad asistimos a un adelanto notable de estos sucesos debido al menos a dos razones: a) una mejor alimentación (dietas ricas en proteínas) y b) la presencia de más estímulos eróticos en el medio (p. ej. imágenes sexuales, desnudos, videos, pornografía, etc.). El duelo (lo que se pierde) es el cuerpo infantil, debido a la transición brusca a una forma física adulta. El adolescente tiene que aceptar que nunca más será un niño y que el camino que sigue es hacia la adultez. Esto no siempre se asume adecuadamente, existiendo individuos que no soportan la pérdida y puede tener problemas, como es el caso de la anorexia nerviosa (sobre todo en chicas)
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -50- con la que se pretende seguir teniendo un cuerpo de niña (no aumentan de estatura o de peso, pierden el vello púbico, no crecen las mamas, etc.). Relacionado también con estos cambios pueden presentarse esquizofrenias de comienzo precoz (en psiquiatría se tratará del problema del esquizofrénico con su cuerpo). El pensamiento es de carácter mágico: todos los problemas se van a arreglar sin esfuerzo alguno por su parte. Existen diferencias entre los chicos y las chicas, de manera que los primeros son más pequeños y pasivos (se desarrollan más tarde) y retienen lo femenino (son: sumisos, tímidos, inhibidos, inseguros, etc.). Entre tanto, las chicas son más grandes y activas, retienen más lo masculino (son: fuertes, seguras, poderosas, atrevidas, invasivas, etc.). Peter Blos (3), un gran estudioso de la adolescencia, las llama “amazonas”, en alusión a este pueblo mítico formado exclusivamente por mujeres que, además, eran guerreras. En este momento evolutivo continúa la separación de los dos sexos. 14.5.2. Adolescencia media (15-17 años). Las modificaciones se producen en el plano psicológico y tienen que ver con la reaparición de la conflictiva edípica y sus significaciones, como vamos a comprobar. El duelo (pérdida) se asocia a los padres de la infancia; ahora el joven va a desplazar la problemática que tenía con los padres al medio social, alejándose de aquellos, de manera que: -Aparecen nuevas identificaciones (músicos, cantantes, profesores, actores, etc.). Los posters que el adolescente coloca en su cuarto tienen que ver con este extremo. -La rebeldía que mostraba antes en la casa, ahora se dirige contra las normas imperantes en el medio y la autoridad. Se forman pandillas y pueden desarrollar conductas antisociales que no deben entenderse como patológicas sino propias de la etapa (pequeños robos, peleas, conflictos con la policía, etc.); de ahí que se hable de la “segunda edad de la obstinación” o “edad del pavo”. Un chico de 16 años que acude a consulta, pretende ser miembro de pleno derecho de una pandilla, pero tenía que hacer algo que no estuviera permitido: una gamberrada de “libre elección”. Esta exigencia le produjo un gran conflicto, ya que la solicitud iba en contra de sus propios principios, pero tenía mucho interés en ser aceptado por el grupo. Le dieron algunas ideas, basadas en acciones que sus compañeros habían hecho antes (p. ej. empujar a una vieja, asustar a otra, levantarle la falda a una chavala, quitarle la cartera a un escolar y tirarla en otro lugar, etc.). Eran solo sugerencias porque la solución tenía que ser creativa. Finalmente, optó por pasar junto a unos veladores y volcarle la cerveza a una señora que se encontraba sentada junto a otra y salir corriendo calle abajo. Dicha acción fue aplaudida por sus compañeros, motivando su aceptación.
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -51- -Enamoramientos imaginarios o con poco sustento en la realidad (del profesor, la cantante, el médico, la actriz, etc.). El pensamiento es mesiánico: arreglar el mundo sin saber aún como es. En cuanto a la diferencia de sexos, las chicas se feminizan (desaparecen los rasgos fálico-narcisistas), mientras los chicos hacen lo mismo con la masculinidad. Aún así, existen muchas dificultades en la aproximación entre los sexos, existiendo un gran temor a la proximidad (a la vez que se desea, se teme). Ciertamente, en las distancias cortas es donde “uno se la juega” y lo que se teme es la “herida narcisista” (pueden despreciarte, abandonarte, desilusionarse contigo, etc.). De ahí que existan defensas poderosas que se ponen en marcha para evitar la intimidad con otra persona, como son: la intelectualización (ser aplicado/a y sacar buenas notas) o la promiscuidad (pasar de un “rollo” a otro). Resta decir que, en esta etapa, se definen la orientación sexual y el objeto de amor (si tenemos en cuenta lo dicho antes, en realidad se redefinen), abandonándose las posiciones indefinidas de las etapas previas. 14.5.3. Adolescencia tardía (17-18 años). En este caso los cambios se dan en el plano social, donde priva la relación interpersonal, siendo muy importante la inserción dentro del grupo y la obtención del reconocimiento de los demás. El duelo es por el rol infantil, de manera que ahora prima hacerse cargo de las responsabilidades, siendo capaz de realizar compromisos y de ser solidario con los demás. Téngase presente que, en este preciso instante, es cuando el/la chico/a tiene que elegir la profesión que va a desempeñar el resto de su vida; ello explica que muchos se queden paralizados ante esta (grandísima) responsabilidad y repitan curso, inician estudios que luego abandonan para pasar a otros o continúen realizando grados universitarios indefinidamente. El pensamiento es creador, sustentado en la inteligencia abstracta (no concreta) y en la posibilidad de contemplar nuevas posibilidades para problemas viejos. Chicos y chicas tienen que acceder ahora a la genitalidad adulta, lo que supone, en el mejor de los casos, lograr una confluencia de la ternura (CT) y los impulsos (I), que no pueden continuar separados. Se trata, como veremos en el próximo capítulo, de un requisito indispensable para acceder a la madurez que posibilita una mayor capacidad para el acercamiento y el acceso a la intimidad. La adolescencia concluye con el logro de la identidad adulta, que supone dar una respuesta a las siguientes preguntas: ¿quién soy? ¿qué quiero hacer? ¿de qué soy capaz? No basta con definir el deseo propio, sino también cuáles son los límites (p. ej. si soy una persona tímida o poco sociable, no puedo pretender llegar a ser político o líder carismático).
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -52- ETAPA Cambios Duelo Pensamiento A. temprana (12-15 años) Biológicos Cuerpo infantil Mágico A. media (15-17 años) Psicológicos Padres de la infancia Mesiánico A. tardía (17-18 años) Sociales Rol infantil Creador BIBLIOGRAFÍA. 1. Vygotsky L. Pensamiento y lenguaje. Madrid: Paidós, 2020. 2. Bettelheim B. Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Barcelona: Grijalbo,1976. 3. Blos P. Psicoanálisis de la adolescencia. México: Mortiz, 1975.
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -53- Capítulo 15º. Edad y enfermedad. El desarrollo psicológico (2): madurez y senectud. 15.1. La madurez. La madurez supone la culminación del ciclo vital evolutivo que implica una independización progresiva, al tiempo que se asumen los deberes y las responsabilidades que una cultura determina para un sujeto inscrito en ella. No se trata de un momento puntual del desarrollo, sino que supone un conjunto de modificaciones sucesivas conocidas como “maduración”. Este término alude a un proceso complejo que cuenta con dos elementos engarzados: 15.1.1. La maduración afectiva. Tiene que ver con la integración de las dos corrientes de las que antes hablamos: “impulso” y “ternura”, lo que permite crear una relación sentimental más real y no tan trastocada por el imaginario, como son los enamoramientos adolescentes, plagados de fantasía y sostenidos meramente en las características físicas (imagen). La pareja adulta se escoge en relación a ciertas similitudes que permiten la construcción de un proyecto común. Los amores “excesivamente románticos” y poco realistas no van a ningún lado y pertenecen más a la literatura y al cine que a la realidad. Las típicas “muertes por amor”, que nutren los textos de poetas y literatos pertenecen al territorio de la pasión y no de los sentimientos. Una paciente de 35 años acude a consultar, tras una vida sin formar ninguna pareja estable. Especifica: “yo solo he tenido algunas historias de amor que no me han producido ninguna satisfacción”. A lo largo de las sesiones se percata de que siempre ha buscado una relación sentimental que fuera “como en las películas” (es una gran aficionada al cine romántico). Al mismo tiempo, se da cuenta de que ha buscado algo que “no está en este mundo” (el hombre romántico que se dedique solo a ella, que tenga todas las atenciones del mundo, que se vuelque en ella, etc.). Dado que su búsqueda se ha basado en un “ideal” no ha podido estabilizarse en ninguna relación, dado que “siempre faltaba algo”. . Las relaciones de pareja proporcionan estabilidad al adulto, dado que son creaciones sentimentales. Al mismo tiempo, la adultez desde el punto de vista afectivo, supone lograr ser independiente progresivamente de los demás, es decir, romper lazos de dependencia; esto hace que los términos “relación estable” y “dependencia sentimental” no tengan nada que ver entre sí. Este proceso no siempre se logra satisfactoriamente y, de hecho existen muchos individuos que se mantienen durante la adultez con una alza en los impulsos (I); se trata de personas que seguirán sin completar el proceso madurativo, realizando comportamientos propios de los adolescentes (caprichosos, irresponsables, promiscuos, donjuanes, etc.).
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -54- Impulsos (I) Ternura (CT) Primera Segunda Adolescencia Madurez infancia infancia (latencia) 15.1.2. La maduración social. Supone hacer frente a las exigencias planteadas por la sociedad, quiere decir asumir los deberes y responsabilidades que nos corresponden, que se sintetizan en: una práctica profesional y vivir de los propios recursos. Freud decía que la persona adulta es aquella que “tiene capacidad para amar y para trabajar”, frase con la resume perfectamente la unión de estas dos corrientes (afectiva y social). Resulta curioso el cambio social que se ha dado en los últimos tiempos respecto a la maduración social. Hace décadas, al final de la adolescencia, los muchachos empezaban a trabajar en el campo y se hacían productivos rápidamente, se casaban jóvenes y tenían hijos muy pronto. Eso hoy en día es impensable, dado que hay que terminar los estudios y sacar una plaza fija, de manera que los jóvenes resultan una carga para sus familias, al tener que mantenerlos durante todo ese tiempo y, como consecuencia (socio-cultural), la natalidad ha descendido, pues sale muy caro sacar a un hijo adelante con los recursos económicos limitados. Antiguamente, era distinto porque, mientras más hijos se tenían era mejor, dado que había más mano de obra para levantar el patrimonio familiar. En consecuencia, la maduración, fenómeno contrario a la necesidad de dependencia (afectiva, social, económica, etc.), se está lentificando en las últimas décadas y con ello, prolongando la adolescencia que, según los expertos, concluye más allá de los 25 años. Los motivos son los siguientes: alargamiento del proceso de aprendizaje, acortamiento del periodo de productividad laboral y sobreprotección de los hijos (actualmente se asiste a un “filiarcado”: el hijo es el centro del sistema familiar). Hay que introducir en esta ecuación una última variable: la existencia de un largo proceso de formación, que provoca el frenado en seco de la independencia, se hace posible gracias a que ha aumentado la esperanza de vida. Así, si una persona muere a los 45 años (como ocurría antaño), tenía que empezar antes a trabajar y, si ahora vivimos 85 años (o más), podemos permitirnos el lujo de prologar la etapa de formación. Este cambio depende de la mejora de las condiciones higiénico-sanitarias (se han vencido ciertas infecciones y el hambre, que diezmaban la población, y la medicina cuenta
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -55- con mejores conocimientos y recursos). Finalmente, decir que las etapas pueden alargarse o acortarse dependiendo de los factores socio-sanitarios. Véase que la madurez también se define como un fenómeno de creación, que se inició en momentos anteriores del desarrollo y que implica establecer lazos con la realidad externa, de manera que el sujeto pueda tener elementos pertenecientes a aquella, en los que poder agarrarse. Cuando esta construcción no se ha producido o no ha funcionado, decimos que la persona se encuentra “vacía”, teniendo muchas más posibilidades de ser presa de los impulsos. El siguiente grafo muestra la estabilidad consecutiva a la creación de “agarraderas” con el medio: Integración Capacidad sexualidad/ profesional ternura y económica MADURACIÓN MADURACIÓN AFECTIVA SOCIAL ESTABILIDAD Relación Aficiones Sentimental Actividad Vida (intereses, duradera laboral social motivaciones) La “regla de la mesa” plantea una serie de elementos sobre los que agarrarse (familia, pareja, amigos y trabajo) y un sistema dinámico de compensaciones. A título de ejemplo: si una persona no tiene ni pareja, ni tampoco trabajo, se sostendrá inexorablemente en la familia y en los amigos; si tampoco los tiene, la familia será su único sostén. Evidentemente, el tablero de la mesa tiene que estar firme y, para lograrlo, se engruesan las patas restantes (en el último caso, la “pata” de la familia tendrá que ser gordísima para poder aguantarlo). Estabilización COMPENSACIONES Familia Amigos Pareja Trabajo
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -56- Al mismo tiempo, la madurez se caracteriza por el sentimiento de satisfacción ante la vida, tratándose este de un signo de salud mental, lo que supone un equilibrio de los tres elementos de la personalidad que ya definimos (ver capítulo 12º): el “deseo”, el “yo” y las “normas” y, desde cada uno de ellos, desarrollar respectivamente: la “creatividad”, la “autoestima” y el “autogobierno”: -La “creatividad” supone emplear el pensamiento racional y la inteligencia para no repetir, consiguiendo renovar constantemente la vida diaria. A título de ejemplo, diremos que existen personas rutinarias, que todos los días hacen lo mismo (comen y se acuestan a la misma hora, acuden a los mismos bares, hablan de lo mismo, etc.). Ser creativo implica buscar nuevas alternativas, para innovar y no tener la sensación de monotonía y de aburrimiento. Actuar así no significa ser inestable sino, simplemente, en la línea de uno, poder contemplar otras posibilidades. -La “autoestima” es un sentimiento que puede mantenerse sin demasiadas alteraciones si la persona es capaz de conocer sus capacidades y aceptar sus limitaciones, bajando los altos niveles de exigencia. Ello implica no intentar realizaciones que estén fuera de alcance propio; de actuar así se produciría un malestar característico en forma de ansiedad (como vimos en el capítulo 9º) y la caída de la autoestima por no estar a la altura. -El “autogobierno” tiene que ver con tener las propias normas y valores sin dejarse tiranizar por las impuestas desde fuera. No significa ser transgresor, sino simplemente no plegarse a todo lo que el medio social dicta (p. ej. vestir de una manera de acuerdo con la moda, celebrar todas las fiestas de la ciudad y no poder hacer otra cosa, seguir todas las tradiciones a rajatabla, tener que hacer regalos en Navidad o acudir a todas las celebraciones familiares, etc.). Deseo ---------------- Yo ------------------ Normas | | | Creatividad Autoestima Autogobierno En la mitad de la vida (sobre los 40-45 años, aproximadamente) se produce una crisis que implica una evaluación de lo conseguido y, si lo que se había propuesto hacer se ha logrado, y también de cómo se ha llegado a ciertos conflictos que muestran una clara tendencia a la repetición. Significa que el imperio de la realidad ha ganado la partida a la fantasía, característica de las etapas anteriores (infancia y adolescencia). Al mismo tiempo, se plantea lo que queda por vivir y el final de la vida (la muerte). La satisfacción, en este complejo instante, implica aceptar lo que uno ha conseguido con el esfuerzo, sin demasiados autorreproches, relacionados “lo que se ha hecho mal” o “lo que se ha dejado de hacer”.
José Manuel García Arroyo Psicología Médica. Parte III. Personalidad y psicología del desarrollo -57- 15.2. La senectud. Entramos en la última etapa de la vida, lo que se ha llamado “ciclo vital involutivo” (1), que abarca desde los 65 a los 80 años. Se trata de un momento muy importante a tener en cuenta, dado que estamos asistiendo a un aumento de la edad de la población. A tanto llega que, se calcula que en 2050 el 30 % de la población serán mayores de 65 años; de ahí que se hable de la “sociedad de la longevidad”. Ello implica que el médico en un futuro próximo tendrá que asistir a una alta población de pacientes mayores. La senectud se caracteriza por el “envejecimiento”, el cual no puede considerarse una enfermedad, sino un proceso funcional normal. Se entiende como el conjunto de efectos adversos del paso del tiempo sobre cualquier ser vivo y, en el ser humano en concreto, implica una disminución de las capacidades, junto a la aparición de compensaciones, que intentan paliar los efectos de aquella. Puede formularse como (Ca: capacidades, Co: compensaciones). E = ▼ Ca + ▲ Co Esto viene a indicar que, el hecho de que disminuyan las capacidades, no implica ser inútil o inservible, porque van a producirse dichas mecanismos compensatorios. De hecho, Marco Tulio Cicerón, en su obra De senectute (Acerca de la vejez) (2) hacía una apología de la vejez, no dándole importancia a la pérdida de las capacidades en los ancianos. Esta obra sorprende bastante porque es un canto a la vejez en una sociedad, como Roma, tan severa con los ancianos; por otra parte, es de gran actualidad ya que atribuye los defectos achacados a la edad al propio individuo y no a la vejez en sí misma. Ciertamente, como se llega a este momento de la vida, va a depender de la persona, más que de de los fenómenos biológicos. Si continúa activa (física y psicológicamente), va a desarrollarse un sistema de compensaciones brillante y va a cumplirse el eslogan tan conocido de los programas actuales de salud: es mejor “añadir vida a los años” que “años a la vida”; con ello se pone el acento en la calidad de vida del anciano, donde su psicología es fundamental. Respecto a la psicología del anciano, tenemos que estudiar dos apartados: 15.2.1. Las características situacionales y afectivas del anciano. Consisten, sobre todo, en las pérdidas; de hecho a esta etapa de la vida se la conoce como “edad de las pérdidas”. El anciano va a perder cosas que antes ha tenido y que han sido valiosas para él. A este fenómeno hay que añadir una visión del futuro sin ilusiones al no poder rehacer su vida como lo haría un joven; así, no es lo mismo perder una pareja a los 30 años, que queda mucha vida por delante, que a los 70, momento en el que las posibilidades son más limitadas. La pérdida en el adulto joven implica poder rehacerse con más facilidad, pero en el anciano es más difícil (menos tiempo y menos capacidades).