Mobilis in mobili. Viquianamente viquiano
Abstract
El Autor realiza un ejercicio de razón narrativa y ofrece la imagen de un proceso de evolución y despliegue que parte desde antaño de su Tesis Doctoral sobre Vico y llega hasta su actual filosofía problematista. El Autor estructura su relato sobre tres columnas principales relacionadas con la arquitectura de los estudios viquianos: 1) Sus contribuciones a la interpretación historicista-problemática de la filosofía de Vico; 2) sus aportaciones a los estudios sobre Vico y la cultura hispánica; y 3) su propia recepción de Vico –junto con, principalmente, Ortega– como motivo en un proceso de teorización acerca de la “razón problemática”: viviente y narrativa (razón vital e histórica en concreto, no en abstracto) y de una “filosofía vivible”.
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307 MOBILIS IN MOBILI. VIQUIANAMENTE VIQUIANO José M. Sevilla (Universidad de Sevilla) RESUMEN: El Autor realiza un ejercicio de razón narrativa y ofrece la imagen de un proceso de evolución y despliegue que parte desde antaño de su Tesis Doctoral sobre Vico y llega hasta su actual filosofía problematista. El Autor estructura su relato sobre tres columnas principales relacionadas con la arquitectura de los estudios viquianos: 1) Sus contribuciones a la interpretación historicista-problemática de la filosofía de Vico; 2) sus aportaciones a los estudios sobre Vico y la cultura hispánica; y 3) su propia recepción de Vico –junto con, principalmente, Ortega– como motivo en un proceso de teorización acerca de la “razón problemática”: viviente y narrativa (razón vital e histórica en concreto, no en abstracto) y de una “filosofía vivible”. PALABRAS CLAVE: Vico, 350º Aniversario, historicismo, razón problemática, razón narrativa, filosofía vivible, J. Ortega y Gasset, Cuadernos sobre Vico, J.M. Sevilla. Mobilis in mobili. Vichianly vichian ABSTRACT: The Author carries out an exercise of narrative reason and shows a process of evolution and unfolding that starts from his Doctoral Thesis on Vico and reaches his current problematist philosophy. The Author structures his story on three main axes, related to the architecture of Vichian studies: 1) His contributions to the historicistproblematic interpretation of Vico’s philosophy; 2) his contributions to the studies on Vico and Hispanic culture; and 3) his own reception of Vico –along with, mainly, Ortega– as a motive in a process of theorizing about “problematic reason” –i.e. living and narrative reason (vital and historical, in concrete, not in abstract)– and about a “livable philosophy”. KEYWORDS: Vico, 350th Anniversary, historicism, problematic reason, narrative reason, livable philosophy, J. Ortega y Gasset, Cuadernos sobre Vico, J.M. Sevilla. Mobilis in mobili. Vichianamente vichiano RIASSUNTO: L’Autore realizza un esercizio di ragione narrativa e offre l’immagine di un processo di evoluzione e sviluppo che parte dalla sua tesi dottorale su Vico per approdare alla sua attuale filosofia problematica. L’Autore struttura la sua storia su tre assi principali relazionati all’architettura degli studi vichiani: 1) i suoi contributi all’interpretazione storicistico-problematica della filosofia di Vico; 2) i suoi contributi agli studi su Vico e la cultura ispanica; e 3) la sua personale ricezione di Vico – unita, principalmente, a Ortega – come motivo all’interno di un processo di teorizzazione della “ragione problematica”, ovvero vivente e narrativa (ragione vitale e storica in concreto, non in astratto), e di una “filosofia vivibile”. PAROLE CHIAVE: Vico, 350 anniversario, storicismo, ragione problematica, ragione narrativa, filosofia vivibile, J. Ortega y Gasset, Cuadernos sobre Vico, J.M. Sevilla. © Cuadernos sobre Vico 32 (2018) Sevilla (España, UE). ISSN 1130-7498 D.O.I. http://dx.doi.org/10.12795/Vico.2018.i32.43 © José M. Sevilla Fernández Especial 350º Aniversario de Giambattista Vico (1668-2018) Este artículo responde a una invitación expresa por parte de la Dirección de la Revista para este volumen especial por el 350º Aniversario del nacimiento de G. Vico, habiendo superado los criterios de valoración y del proceso de aceptación.
José M. Sevilla 308 Cuadernos sobre Vico 32 (2018) 350º Aniversario de G. Vico I obilitate uiget uirisque adquirit eundo, dice Virgilio a propósito de la Fama en el libro IV de la Eneida. La fuerza se adquiere avanzando; evocación del devenir del relámpago y el acontecimiento del trueno relatados en el poema lucreciano sobre la naturaleza de las cosas. El cambio se revigoriza en los movimientos de mutación. Cambiando dentro del cambio. Mobilis in mobili. Tal es la esencia de la historicidad, que Vico pudo advertir a través de sus poetas preferidos. La verdad se hace dentro del verdadero hacer. Verum ipsum factum, según el celebérrimo moto. La imagen del principal lema viquiano parece que deviene de los principios poéticos acerca del vehículo de la vida, del anima («anima vivimus») que metaforiza el movimiento del nacer, vivir y morir. Por la misma razón que los poetas teólogos habrían puesto el alma del mundo en el aire, igualmente habrían ubicado «con justo sentido, el curso de la vida en el curso de la sangre, en cuyo adecuado movimiento consiste nuestra vida» (SN44, § 695); del mismo modo que aquellos poetas primigenios consideraban que el movimiento del ánimo reside en los sentidos («animo sentimus»), y con lógica poética hicieron al ánimo masculino y femenina al ánima, pues «l’animo operi nell’anima» (el ánimo opera en el alma), cuyo principio Vico identifica con el virgiliano «igneus vigor».1Ministros del conato y del ánimo, respectivamente, forjaron la noción de un principio superior (idea) en las cosas hechas o dichas (hecho), el cual los latinos denominaron «mens animi» (SN44, § 696). A la base de la metafísica de la mens hallaríamos, pues, tanto una gnoseología del conato, en el De antiquissima, como una Lógica Poética en la Scienza nuova. Al fondo del escenario de la memoria2del filósofo Vico se agitarían el viento indómito, la tormenta, el rayo según Lucrecio; el vigor, en Virgilio, la fuerza que enciende el espíritu humano. La [con]fusión de intelecto-razón y ánimo-vital. Mens animi y animi mens.3El epicureísmo lucreciano que, como un virus sagrado –expresión que robo a E. Ímaz– había infectado la imaginación de Vico en su juventud, queda domesticado a través de la poética virgiliana, como un movimiento dentro del movimiento. Clave hermenéutica del devenir de la vida de los hombres, que en Vico adquiere el rango de principio: todo M M 1. Eneida, VI, 730. Cfr. verso anterior de inicio en IV, 175. 2. Memoria que es, también en la práctica del proceso creador y del ejercicio reconstructor llevados a cabo por el autor Vico, de igual condición que el principio hermenéutico-histórico que este teoriza en su Scienza nuova: sinónimo de las «tres bellísimas facultades» pertenecientes a «la primera operación de la mente humana», cuyo arte regulador es la tópica, el arte de descubrir, del mismo modo que el arte regulador de la segunda operación de la mente es la crítica, que es el arte de juzgar (SN44, § 699). «Facultades que es verdad que pertenecen a la mente, pero introducen sus raíces en el cuerpo y del cuerpo toman su vigor. Por lo que la memoria es lo mismo que la fantasía, que por eso se dice “memoria” entre los latinos [...]; y “fantasía” se toma asimismo por el ingenio [...]. Y adquiere estas tres diferencias: que es memoria, mientras que recuerda las cosas; fantasía, mientras que las altera y transforma; ingenio, mientras que las perfila y pone en orden y asienta» (SN44, § 819). 3. LUCRECIO, De rer. nat., III 615, IV 758, VI 1.183.
impulso se da siempre dentro de un movimiento; toda humanidad y razón, dentro de una historia; todo conocimiento y toda verdad, dentro de una anterioridad. Fue este ejercicio metafórico de una verdadera “razón vital e histórica”, que Ortega me había ya desvelado en bruto (es decir, sólo en concepto), el que me iluminó Vico orillando los poetas de la Antigüedad clásica como calas del verdadero saber. Fue esta iluminación de una perspectiva concreta de la “razón vital e histórica”, que en Ortega aparece en abstracto, lo que primeramente me fascinó de su pensamiento y de su obra. Y fue, deslumbrado, que ya entonces me extrañó sobremanera la desconsideración hacia el profundo genio de Vico por parte de la historia de la filosofía, no menos que también de la academia. ¿Cómo podía ser que la voraz curiosidad de mi admirado compatriota no le hubiera prestado la merecida atención a la Scienza nuova; que el eclecticismo instrumental del madrileño no se hubiera apropiado de las genialidades del napolitano? Esta cuestión estuvo martilleándome durante mucho tiempo y, en gran medida, podría decirse que incitó en mí el proyecto y la dedicación de buena parte de mi tiempo al programa de investigación sobre la recepción de Vico en la cultura hispánica, cuyos resultados, tras más de veinte años de estudios, en 2007 hallaron hospedaje en las páginas de mi voluminoso libro El espejo de la época. Capítulos sobre G. Vico en la cultura hispánica (1737-2005).4Una “historia de la cultura” histórico-reconstructiva y a la vez interpretativa; obra equilibrada de la que dijo el profesor Fulvio Tessitore que: “Se trata de una historia de la cultura española, a través del observatorio viquiano, desarrollada en clave pluridimensional, que es una idea importante para definir la idea de modernidad como la ve Sevilla”.5 Pero ese trabajo de “historia de la cultura” venía compaginado, y aún lo está hoy, con el estudio, la meditación e interpretación de problemas filosóficos a la luz de claves hermenéuticas de una razón viquiana (moderna no cartesiana; concreta e histórica, frente a la razón pura y abstracta; “mediterránea” o sureña, propuesta de integración del modo meridional de filosofar con el exclusivista modo germánico o norteño).6Una filosofía de la mutabilidad, centrada para Vico en su concepción de que la mente umana, cuyo devenir constituye lo que hace humano al hombre, no es sustancia sino narración, no es esencia inmutable sino historia: acontecimiento, cambio y sucesión. De modo que no extrañará que, siendo yo estudiante de Filosofía, y ya asiduo lector y admirador de Ortega, tras haber caído en Mobilis in mobili. Viquianamente viquiano Cuadernos sobre Vico 32 (2018) 350º Aniversario de G. Vico 309 4. La Cittá del Sole, Nápoles, 2007. Vid. en mi página web personal, http://personal.us.es/sevilla/index.php? page=libros, los diversos estudios dedicados a la recepción y confrontación de Vico en el pensamiento hispánico. 5. F. TESSITORE, «Acerca de un libro sobre Vico y la cultura hispánica», Cuadernos sobre Vico, 21/22, 2008, pp. 177-180; cit. p. 178. (También en italiano en el Bollettino del Centro di studi vichiani, XXXIX, 1, 2009). 6. Vid. de mi Bibliografía en la página web personal antes citada, entre otros títulos: «Filosofía de la razón viviente y hermenéutica dramática»(2017); «Pensamiento dramático y razón poética» (2017); «Crisis, ruinas y filosofía. Del norte al sur del pensamiento» (2016); «Ortega e la filosofia del Sud» (2016); «Ortega y el pensamiento sureño. Acerca del norte y el sur de la filosofía» (2016); «Aportes para mi propia crítica» (2013); «Universalismo fantastico: ragione poetica e ragione narrativa. (Temi per un’ontologia del problematismo)» (2004); «Retórica como filosofía. Ernesto Grassi, Vico y el problema del humanismo retórico» (2003); etc.
7. Cfr. la narración acerca de estas publicaciones en El espejo de la época. Capítulos sobre G. Vico en la cultura hispánica (1737-2005), cit., pp. 372-380. Vid. un repertorio de mi producción bibliográfica en la web citada supra. 8. Giambattista Vico: metafísica de la mente e historicismo antropológico, Pub. de la Univ. de Sevilla, Sevilla, 1988. 9. G. CACCIATORE, «Observaciones al margen de la investigación viquiana en la España contemporánea», Cuadernos sobre Vico, 4, 1994, pp. 75-81, cit. p. 78; e ID., recensión de la obra en Bollettino del Centro di studi vichiani, XXI, 1991, pp. 166-170, cit. p. 170. Vid. ID., «Appendice. Vico e Ortega. Note in margine alla critica della ragione problematica», en ID., Sulla filosofia spagnola. Saggi e ricerche, il Mulino, Bolonia, 2013, pp. 191-199. 310 Cuadernos sobre Vico 32 (2018) 350º Aniversario de G. Vico José M. Sevilla mis manos la Scienza nuova por puro azar en un reparto de lecturas (en la asignatura “Filosofía de la Historia”, la cual, impartida por el prof. José Luis López López, marcaría el futuro de tantos estudios y Tesis Doctorales de aquellos posteriores Licenciados y compañeros de fortuna académica, centrados en Maquiavelo, Spinoza, Kant, Hegel, etc.), quedara abducido por las ideas del autor napolitano. Tenía por entonces 20 años cuando me entregué con pasión al viquianismo como quien abraza una religión desconocida y mistérica; y ante la extrañeza de que Vico fuera un pensador esotérico tanto dentro de la academia como fuera de ella, respondí ya por entonces con un entusiasmo que intentaba contagiar a mis colegas constantemente ofreciéndoles destellos de la profunda luminosidad mediterránea de Vico. Reconozco que durante una época incluso llegué a resultar cansino. Fueron años de dedicación exclusiva a la investigación, el descubrimiento y el estudio, financiado durante cuatro años por el Ministerio de Educación y Ciencia como Becario del Personal Investigador. Dediqué casi dos años a mi Tesis de Licenciatura sobre La interpretación del hombre y de la historia en Giambattista Vico (1982), y el doble a mi Tesis Doctoral La metafísica de la mente humana y el historicismo antropológico viquiano (1987), dirigida por José Villalobos, Catedrático de Metafísica de la Universidad de Sevilla. Destiladas de esas investigaciones, estableciendo puentes entre la “metafísica de la mente humana” de Vico y su “historicismo antropológico”, vieron la luz algunas publicaciones,7principal de la cuales fue el libro monográfico de 1988 subtitulado «Un estudio sobre la concepción viquiana del hombre, de su mundo y de su ciencia»,8muy bien recibido tanto por el “Centro di Studi Vichiani” (Nápoles) como por el “Institute for Vico Studies” (Nueva York, luego en Atlanta). En referencia a esta obra escribió Giuseppe Cacciatore que «ahora la literatura crítica española sobre Vico se puede ciertamente medir y confrontar con dignidad con los resultados de la historiografía italiana y europea»; y que la opción del Autor resulta nítida y definidamente una «particular dimensión del historicismo».9A partir de ese momento afiancé mi vínculo de afinidad electiva con el “historicismo problemático y crítico” abanderado desde Nápoles por el ilustre Tessitore, si bien, como aclararé más adelante, con plena libertad hermenéutica y heterodoxo seguimiento en mi ejercicio filosófico y, en este sentido –sin exigencias de servidumbre ni pleitesía por parte de los Maestros –, llevando a gala el argumento viquiano del Proemio del De antiquissima según el cual: «nos vero nullius sectae addicti [...], sumus indagaturi», «nosotros, en
10. G. VICO, Opere Filosofiche, a cargo de P. CRISTOFOLINI, Sansoni Ed., Roma, 1971, p. 59; cfr. G. VICO, Obras. Oraciones inaugurales & La antiquísima sabiduría de los italianos, a cargo de F. Navarro Gómez, Ed. Antropos, Barcelona, 2002, p. 130 («nosotros en cambio, sin estar adscritos a escuela filosófica alguna, vamos a indagar...»). 11. Cfr. «Aportes para mi propia crítica ...», Cuadernos sobre Vico, 27, 2013, pp. 84-93; en italiano en Bollettino del Centro di studi vichiani, XLIII, 1-2 Terza Serie, 2013, pp. 117-130. 311Cuadernos sobre Vico 32 (2018) 350º Aniversario de G. Vico Mobilis in mobili. Viquianamente viquiano cambio, que no pertenecemos a ninguna secta, hemos de indagar [...]»;10lema que a la postre encabezaría los volúmenes de Cuadernos sobre Vico. Esta actitud, consecuente con mi perspectiva “ontológica” racio-vitalista y problematicista, me ha hecho ganador de una de las mayores satisfacciones en mi vida académica, que ha sido la de debatir filosóficamente “de tú a tú” con la alta inteligencia del profesor Tessitore, sea en una rica correspondencia escrita, sea en público cordial disenso acerca de algunos puntos sobre el historicismo en torno a los que no acordamos, aunque es más lo que une que lo que nos separa. En especial nos une ya una sincera amistad fruto del respeto que otorga la sabiduría y con la que el reconocido maestro napolitano me distingue desde hace años; al igual que mis dos maestros y amigos ya citados, profesores Cacciatore y Villalobos. Las amistades que forja la inteligencia suelen ser más fuertes y sinceras que aquellas que procura el azar y la circunstancia. Como ya escribí en otra ocasión,11 desde esta perspectiva filosófica problemática y crítica se es consciente de que, como dice Vico en sus Institutiones Oratoriae (§ 20), «las amistades se ganan con la virtud» y no están, en cambio, sometidas al arbitrio de la fortuna; conscientes, a su vez, de que las virtudes no son sólo éticas, sino también dianoéticas o intelectivas, y que el maridaje de estas y aquellas engendra la responsabilidad del intelectual. En mi caso, además, supone la exigencia de una filosofía vivible, de una búsqueda de claridad en la que la filosofía no es ajena a la biografía, ni la razón a la vida individual. Azuzado por el igneus vigor, el vigor de fuego que funde en el crisol de la razón viviente el entendimiento y el ingenio, razón y fantasia, he seguido a ese Vico que descubrí siendo yo aún joven y con el que he ido madurando mi pensamiento, sea investigante sea meditativo, hasta alcanzar esta prevejez en la que, golpeados presurosamente los años por el mismo tiempo histórico cuyo devenir es el objeto de estudio, uno comienza a mirar hacia atrás more biographico asumiendo lo sido no sólo como pasado, sino como vida activa vuelta hacia la comprensión de sí misma en rizados ejercicios de razón narrativa. Conceptos fundamentales de un pensamiento filosófico cuyas raíces se hallaban para mí –a veces de modo oblicuo– en Vico y que, tras haberlos procesado por el esfuerzo del ejercicio reflexivo y crítico, con el tiempo he devuelto al genio napolitano preñados de múltiples perspectivas nuevas y abriendo posibilidades de otros nuevos horizontes hermenéuticos –viquianamente viquianos– en torno al ser humano, la historia y el conocimiento. Rizoma de conceptos radicales que hibridan mi propia biobibliografía, como son los de “crisis”, “problematismo”, “razón narrativa”, “razón impura y mestiza”, “pensamiento ingenioso”, “ontología fantástica”, “humanismo retórico”, “decir metafórico”, “historicismo crítico”, “filosofía vivible”, “pensamiento sureño”, “razón dramática”, etcétera.
12. Cfr. SN44, § 504; vid. Eutifrón, 12 b-d. Cfr. De Constantia, Parte II, cap. II.2 (vid. Obras III. El Derecho Universal, ed., trad., intr. y n. de F.J. NAVARRO GÓMEZ, Anthropos, Barcelona, 2009, p. 260) y cap. III. 13. Prólogo para alemanes (1934), en OC de J. ORTEGA Y GASSET, Ed. Taurus, Madrid, 2009, t. IX, p. 148. 14. Cfr. P. BADILLO y J.M. SEVILLA (EDS.), La brújula hacia el sur. Estudios de filosofía meridional, Biblioteca Nueva, Madrid, 2016, pp. 157-199. 15. «Man vergilt einem Lehrer schlecht, wenn man immer nur der Schüler bleibt». Cfr. Así habló Zaratustra, primera parte, «La virtud que hace regalos», 3. Declarado en mi «Meditazione salernitana sulla filosofia ispanica...», Rocinante. Rivista di Filosofia Iberica e Iberoamericana, n. 8, 2014, pp. 83-96. 312 Cuadernos sobre Vico 32 (2018) 350º Aniversario de G. Vico José M. Sevilla II A estas alturas del discurso me gustaría poder afirmar, como Jules Michelet en el Prefacio a L’Histoire de France, que no he tenido más maestro que Vico. Pero además de una boria dei dotti incurriría en una falsedad, aunque en esta época de postverdades no resultaría difícil de creer tal proposición revestida con el insignificante color de la presunta autosuficiencia. Entre las voces provenientes de la anterioridad soy también deudor de la escucha a Heráclito tanto como a Vives, Gracián, Hegel y Ortega y Gasset –siempre presente la centrifugadora eidética orteguiana–, además de la instrucción con Guillermo Dilthey, Eugenio Ímaz, Ernesto Grassi, Isaiah Berlin, entre otros pocos, cuyo eje convergente ha sido siempre para mí el de una perspectiva viquiana de la realidad, aesencialista, humanista, pluralista e historicista. En la contemporaneidad debo reconocimiento, como ya he avanzado, al decisivo y permanente influjo de dos maestros napolitanos: el historicismo fuerte del profesor Fulvio Tessitore y el problematismo filosófico y crítico del profesor Giuseppe Cacciatore. Del mismo modo y, como mínimo, con la misma intensidad en el tráfico de fluencias, debo reconocimiento al magisterio del metafísico radicalista José Villalobos. Alguna vez he desvelado, sin la falta de pudor (que –como nos recuerda Vico rememorando a Sócrates– es “el color de la virtud”) que nace del temor asociado al respeto (y junto con la libertad perfecciona la humana conditio),12 cómo mi propia actitud investigadora deviene, de este modo, fruto de una hibridez intelectual entre la historiografía filosófica y la filosofía teorética, conjunción de la que solo podría salir aquella bastardía que finalmente ha llegado a ser consciente de sí: filosofi!a problematista. Con Villalobos aprendí que la filosofía ha de ser vivible, la búsqueda de racionalidad en el camino, para lo cual no puede uno renunciar a la responsabilidad de pensar la verdad ni a no intentar vivirla; o dicho con Ortega: «la vida sin verdad no es vivible», mas, también consciente –desde aquel inicio de mis estudios viquianos hasta desembocar en una filosofía problematista y, desde ella, de nuevo el retorno a Vico– de que «sin hombre no hay verdad».13 El “historicismo problemático-crítico” –escolastizado por Tessitore y revisionado por su discípulo Cacciatore – me ha permitido la convergencia entre Vico y Ortega en mi actual insistencia de una filosofía sureña o, más precisamente, de un filosofar al sur del pensamiento.14 Influencias, en ambos casos, libres y autónomas, a la manera proclamada por Vico: siguiendo el propio camino sin la obligación de jurar por las palabras de un maestro; pues –conforme sentenció Nietzsche en su Zaratustra– mala recompensa sería para el maestro si uno siguiera siendo siempre el discípulo.15
16. SÉNECA, Ad Lucilium Epistulae Morales, I, ep. 2. 17. G. VICO, De Constantia, Parte II, cap. I (vid. Obras III. El Derecho Universal, ed. cit., p. 249). Cfr. G. VICO, Vita scritta da se medesimo, en Opere, ed. de A. BATTISTINI, cit., p. 47 (vid. Autobiografía de Giambattista Vico, a cargo de M. GONZÁLEZ GARCÍA y J. MARTÍNEZ BISBAL, Siglo Veintiuno de España Eds., Madrid, 1998, pp. 138-139). 18. G. VICO, De Constantia, Parte II, cap. I,5 (vid. Obras III. El Derecho Universal, ed. cit., p. 252). 313Cuadernos sobre Vico 32 (2018) 350º Aniversario de G. Vico Mobilis in mobili. Viquianamente viquiano Esa misma ha sido mi experiencia no sólo respecto de los maestros de los que uno se siente discípulo heterodoxo, o sea, no sumiso ni juramentado sino dilemático y crítico, mas igualmente con relación a mis autores, aquellos que –como Vico y Ortega– tienen la capacidad de combatir a mi lado en el enfrentamiento de pensar los problemas que, al igual que a ellos ayer, también me asedian en nuestro propio tiempo. “Filósofos matinalistas” y “filósofos de la crisis” los he bautizado no pocas veces. Pensadores mediterráneos, meridionales, aurorales que me han servido constantemente de guías para no perder el Sur de mi brújula en las exploraciones por los grandes sistemas circulares y cerrados, las prometedoras doctrinas de una verdad absoluta y las sectarias ontologías de un Ser al que pastorear; en cuyos campamentos me he adentrado siempre, al igual que Séneca con Epicuro, «no como un desertor, sino como un explorador»: soleo enim et aliena castra transire, non tamquam transfuga, sed tamquam explorator.16 Pensadores de la temporalidad humana, Vico se me presenta como el filósofo del tiempo al que le faltó tiempo, que pensó en la belleza y verdad de la finitud y la limitación humanas desde su propia experiencia epocal barroca; que meditó el cambio él mismo cambiando su obra, como un proceso continuo, siempre inacabado, en permanente mutabilidad. Toda su biografía intelectual es un camino marchando hacia la Ciencia nueva, el diseño no únicamente de una novedosa ciencia intentada –«nova scientia tentatur»;17 quizás nova entre las ensayadas hasta entonces en la historia de las ideas – sino principalmente de una nueva forma de pensar, de un giro humanológico –dicho con la expresión piovaniana– en el estudio y comprensión del «testigo de los tiempos», que es la historia.18 Todas sus “ciencias nuevas” constituyen un pensamiento en curso. ¿Le faltó tiempo a Vico para culminar su ciencia del tiempo, del devenir histórico humano? No lo creo. ¿Cuantas “ciencias nuevas” habría impreso de haber vivido, p.e., diez años más? ¿Cuatro, tal vez cinco? ¿Habría sido entonces reconocido en su tiempo? Probablemente no, si este no estaba preparado. ¿Habrían sido esas reelaboraciones mejores que las anteriores? No lo creo, como no es “mejor” la Ciencia nueva de 1744 que la de 1725 o que la de 1730, ni viceversa; solo son distintas, tres originales momentos (cuatro si incluimos el Derecho Universal) en su proceso, solo truncado por la muerte. Vico, ciertamente, pensaba el cambio cambiando. Su ingenio, fantasía y razón se movían al unísono en el movimiento histórico del pensamiento humano, de los cursos alzados desde la barbarie del sentido en sus orígenes hasta la barbarie de la reflexión en sus finales, recurso y origen a su vez de un nuevo curso. Mobilis in mobili. Tal vez por ello nunca tuvo motivos para alejarse de su Nápoles natal, la polis y urbe vitalista y eternamen-
19. Prólogo en la Biblioteca Personal. Aquí citado de H. JAMES, La bestia en la jungla, trad. de A. Maccarini, Monte Ávila Eds., Caracas, 1973, p. 7. 20. G. VICO, De Constantia, Parte II, cap. II,3 (vid. Obras III. El Derecho Universal, ed. cit., p. 260). 21. SN44, § 12. 22. Vid. El espejo de la época..., cit., parte IV, cap. I. 1 (pp. 471-486). 23. Cfr. Aurora de la razón histórica (1935), en OC de J. ORTEGA Y GASSET, Taurus, Madrid, 2006, t. V, pp. 374-375. 24. El tema de nuestro tiempo (1923), X; en OC de J. ORTEGA Y GASSET, Taurus, Madrid, 2005, t. III, p. 612. 314 Cuadernos sobre Vico 32 (2018) 350º Aniversario de G. Vico José M. Sevilla te moviente, donde la razón emerge del bullicio, la transformación, el mercado, la vida palpitante bajo su luz meridional; emerge de la poesía y del canto, del sermo vulgaris y de los niños gritando en las plazuelas. Tal vez por mi condición gaditana, nacido, crecido y madurado, como la uva de los viñedos portuenses, en una ciudad fenicia junto al mar –Menesteo mirando a Gades–, haya interiorizado a mi manera su proceso filosófico, gestado en Parténope, de pensar radicalmente desde la corporeidad de la vida, de primar el punto de vista de una –orteguianamente– “coexistencia” del yo y las circunstancias, de una razón en cada momento vital y siempre histórica. A propósito, aprovecho para manifestar que nunca he creído en la representación romántica de un Vico plenamente desconocido, ni en la imagen de un autor aislado. Cierto que no le fue dada la “popularidad” fuera de Nápoles y que en cambio, al igual que escribió Borges en su prólogo de Henry James, «sólo le fue deparada una especie de respetuosa y frígida gloria»;19 porque Vico no fue el sprinter de otro efímero novismo en la Modernidad, laureado un instante y olvidado para la eternidad, sino que su gloria, su respetuosa gloria es la que se gana como corredor de fondo a lo largo de los siglos, la que se perpetúa en la memoria de los libros y del mármol. III Empeñado en mostrar que la constitución ontológica del hombre es devenir, Vico centra la agudeza de su concepto en la humanitas, que entiende como «la fuerza de la naturaleza humana» («... vi ipsius humanae naturae ...»),20 como el proceso de aquello en que se conoce y explica lo que hace humano al hombre, comenzando Vico por los orígenes de los enterramientos de los cadáveres, sepulturas donde principia la humanitas a partir de humare, derivado de humus.21 Reivindicamos con Vico esa libre estirpe de Heráclito, libertados por el napolitado de cualquier etéreo eleatismo. Vico ha colmado la exigencia que Ortega demandará para «hablar del ser hombre», a saber: «inventar un concepto de ser no-eleático». Y aunque el filósofo español nunca supo apreciarlo,22 Vico constituye ese momento en que «la razón que era sólo física» se libera y se reivindica a sí misma narrativamente como razón histórica. «Porque el hombre no tiene “naturaleza”, no tiene un ser fijo, estático, previo o dado», sino que «varía ilimitadamente».23 Pues si bien la razón –sea en su modo o modificación de razón corpórea, «ragione poetica» imaginativa y fantástica, sea en su modo de razón reflexiva– es «una forma y función de la vida», como dice Ortega, no resulta menos cierto que vida es «peculiaridad, cambio, desarrollo, en una palabra: historia».24 Y como ya sabemos,
25. G. VICO, Orat. III, 1700. Cfr. la trad. esp. de F.J. Navarro Gómez en G. VICO, Obras. Oraciones inaugurales & La antiquísima sabiduría de los italianos, cit., p. 26. 26. Principios de metafísica según la razón vital (1933-1934), en OC de J. ORTEGA Y GASSET, t. IX, cit., p. 59. 315Cuadernos sobre Vico 32 (2018) 350º Aniversario de G. Vico Mobilis in mobili. Viquianamente viquiano historia es lo que tiene el hombre en vez de naturaleza. Ser insustancial; en vez de esencia o sustancia, es narración; más que biología, biografía. Mobilis in mobili. Mi viquismo no puede ser sino viquiano; es decir, no dogmático ni escolástico. Me complace denominarlo moviente y “problemático”. Aunque llegué a Vico por azar –como ya he dicho–, fue sin embargo con un problema, el de aprehender un presunto sentido de la historia. Persecución de un ideal –que diría Berlin– con la ingenuidad y la osadía del aprendiz de brujo. Mas en vez de resolverme el problema filosófico, el magisterio de Vico me condujo hacia el convencimiento de una filosofía problematista. Lo que llamamos “realidad” no representa una esencia, sino un problema. Lo que cercamos en la historia no es una razón de ser, sino el ser histórico de la razón. A diferencia de Bossuet, de Voltaire o de Hegel, entre otros nombres relevantes, Vico no persigue una razón de la historia, sino que narra –y así desvela– la razón en la historia, encausada –y de ahí el sentido jurídico apelativo de los ricorsi– en el cambio y proceso constantes. Vico no solo me despertó de mi sueño esencialista y eleático, de mi narcosis vespertinista; también me introdujo en la vigilia del desengaño, en el desvelo matinalista por la aproximación a la vida individual, la misma vida vivida que es también pensada (siempre presentes los versos de Pessoa). Vico, el último gran filósofo humanista del claroscuro Barroco y de quien puede decirse –como escribió Zubiri a propósito de Hegel, en su Prólogo de 1935 a la Fenomenología del Espíritu– que en él hizo crisis una época, ha sido para mí hasta hoy un elemento clave en el argumento dramático existencial de mi quehacer filosófico, imprescindible cuando llegue el momento, si alguna vez llegara, de autobiografiarme intelectualmente; cosa que, por otro lado, llevo haciendo desde mucho tiempo atrás, en provecho de las ocasiones, entregando por fascículos –como en el caso de hoy, cual serie o telenovela – tramos biobibliográficos, siempre como ejercicio de razón dramática y narrativa, y consciente de la advertencia horaciana de te fabula narratur: de que al hablar del tema que trate, a la vez que del tema hablo también de mí mismo, narro mi historia. Lo que no es más que un modo activo de tener presente el precepto viquiano según el cual «Unus homo est quod vult, fit quod lubet, agit quod placet»; es decir, que entre todos los seres solo el hombre llega a ser lo que elige ser, alcanza aquello que desea llegar a ser.25 En similar onda, escribe Ortega: «nuestro ser, el de cada cual, no es, como nos parece, una cosa dada y fija, sino que en cada instante somos en potencia innumerables seres divergentes, que apenas tienen que ver entre sí. De esos seres posibles que somos elegimos en cada instante uno para serlo en realidad, abandonando los demás».26