Protodecisiones circa 1919. Martin Heidegger y el círculo de Max Weber en torno a la primera guerra mundial
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Differenz Revisa internacional de estudios heideggerianos y sus derivas contemporáneas Nº 0: Semblantes. Julio, 2014. ISSN: 2386-4877 [pp. 66 – 80] __________________________________________________________________________________ Protodecisiones circa 1919. Martin Heidegger y el círculo de Max Weber en torno a la primera guerra mundial Patricio Peñalver Gómez Universidad de Murcia “Soziologie ist kein eigentliches Fach” Karl Jaspers (1946), vid. in Dorothee Mussgang, Die vertriebenen Heidelberg Dozenten. Zur Geschichte der Ruprecht-Karls-Universität nach 1933, Heidelberg, 1988, p. 221. “Max Webers unangebrachte Scheidung zwischen Wertung und Sachlichkeit hat schweren Schaden gestiftet für die Philosophie; selbst in sich unklar” Martin Heidegger, Gesamtausgabe, II, Band 62, p. 33. -(…)1 -Ya veo. Se trataría sólo, (¡“sólo”!), de trasmitir una impresión personal sobre “Heidegger”, en general, y en su específica, suponemos que realmente existente, “diferencia”, valga la palabra bandera, o peculiaridad, en el contexto del micromundo académico por lo pronto, o también, una impresión de en qué situación estamos hoy por lo que a la cuestión de qué hacer con Heidegger se refiere: qué hacer con el vasto corpus de sus escritos ahora disponible se diría que probablemente casi exhaustivamente, pero también cómo arreglárselas para contribuir con alguna consideración útil acerca del inmenso jaleo de la herencia filosófica de esa se reconocerá que trayectoria pensativa cuando menos “interesante” (pace los mariobunges inalterables e inextinguibles que pretenden poder resumir esa trayectoria con una sumarísima sentencia condenatoria: “pura sofística”, dicen estos filósofos sedicentes científicos, probablemente más en el sentido vago de charlatanería que en el sentido técnico histórico de ciertas no carentes de interés escuelas retóricas griegas en el marco histórico del nacimiento del intelectualismo filosófico del que es heredero a su manera Heidegger, y a su manera, Mario Bunge mismo). 1. Se aceptará quizá el dispositivo retórico del contraste entre el juego del mariposeo conversacional del diálogo quasificticio que sigue, y la rienda suelta a la pedantería “seria” del scholar en las notas. 66
Trayectoria la de Heidegger como pensador que casi coincide por lo demás con la del siglo veinte corto de Hobsbwan, el que va desde los cañones de agosto del 14 que retumban casi al mismo tiempo en que aparecían las primeras publicaciones del prometedor alumno neoescolástico del neokantiano Rickert, hasta la caída del Muro en 1989, o más vagamente, si pensamos ahora más precisamente en la fecha del fallecimiento del filósofo de la choza, hasta el comienzo del fin de la Guerra Fría en los últimos setenta, cuando la DBR de Willi Brandt estaba ya lanzada hacia la Ostpolitik, y por cierto con un impulso que sólo después se vio hasta qué punto fue determinante para que la Reunificación de 1990 resultara como resultó para casi todo el mundo: tan “evidente” como fácil. Pues aquí y ahora, en Alemania en marzo de 2014, la más directa impresión que puede tener uno de Heidegger es la de la acogida gracias a Dios de todas formas bastante tímida de un primer volumen (correspondiente a los años de hierro de 1931 a 1938) de los anunciadísimos Cuadernos Negros, el “diario filosófico” del Meister aus Deutschland2. -Tengo la impresión, valga la palabra, de que afortunadamente no va a repetirse ahora ni por asomo el éxito de público “culto” de aquella resonante narrativa de Farías en 1989 sobre el “gran” filósofo decididamente y decisivamente nazi. Aquello fue una sorpresa para mucho ignorante culto medio. Sorpresa fue para mí que tantos del gremio estuvieran en la inopia ante un asunto que ya en la inmediata postguerra se había tratado, y que quedó por cierto, se supuso, “resuelto” con rápida amnistía en los Temps Modernes de Sartre y Merleau-Ponty (la fenomenología francesa existencialista, mayormente por la cuenta que le traía, perdonó rápidamente a Heidegger, maestro malgré lui prestigioso del existencialismo doméstico parisino, su error o su confusión con el nazismo). Pero insisto, ahora ya, no como cuando el “descubrimiento” de 1989, todo el mundo lo sabe: Heidegger fue miembro activo del partido de Hitler, y no sólo durante los once meses del rectorado en la universidad de Friburgo entre 1933 y 1934. Más bien todo el mundo sabe que Heidegger fue en cierto modo el gran trofeo de alta cultura que consiguió el nazismo: éste podía enseñar orgullosamente que el filósoforey de Alemania era de los suyos3. -Otra impresión, o ya una interpretación demasiado banal en una línea “economicista” 2. M. Heidegger, Überlegungen II-IV, Schwarze Hefte 1931-1938. Herausgegeben von Peter Trawney. Frankfurt am Main, 2014, Gesamtausgabe IV, Band 94. 3. La sugerencia de que “ahora” no hay apenas jaleo mediático con esta publicación la hago a ojo de buen cubero, no encuentro el momento de medir el impacto de la supuesta polémica. Obviamente por ejemplo en el FAZ (09.01.2014) puede uno encontrar previsibles declaraciones sobre la aparición de los Cuadernos de un antiheideggeriano profesional como Emmanuel Faye, y, bien sûr, de un no menos profesional representante de la beatería heideggeriana francesa (François Fedier) que, viene a decir, no hay que dejarse impresionar por estas “tonterías” (así, de Dummheit, calificó el propio Heidegger a toro pasado su “error” con el nazismo), y seguir manteniendo tranquilamente que el pensamiento esencial del destino del ser es una “radicalización del pensamiento crítico”. 67
y secundarizante, sería ver esta publicación de los Cuadernos negros, y encima como “coronación” de la edición completa de “la” Obra (por exigencia expresa del testador estos cuadernos aparecerían en los últimos volúmenes de la costosa y larga publicación) como un último posible revival del negocio de la firma “Heidegger and sons”. Hay una publicidad gratis estos años por doquier por otra parte: la aparición de vez en cuando de la silueta del profesor Heidegger como personalidad más bien intocable e indiscutible als filósofo y hasta sabio malgré su error de al fin y al cabo “sólo” once meses de proximidad militante institucional inquietante al nazismo. Así, en la reciente no muy lograda película sobre Hanna Arendt en Nueva York, o en una serie exitosa sobre el impacto de la segunda guerra mundial en cinco jóvenes alemanes, Unsere Mütter, unsere Väter. Es cierto que para los guionistas de la película de Margarette von Trotta importante era más que nada presentar como “gran teoría”, y “valiente” (frente a Hans Jonas, frente a Gerschom Scholem, frente a la forma dominante de autoconciencia vigente del judaísmo tras la Shoah), la sobrevalorada ocurrencia arendtiana del mal radical banal de Eichmann. Una “teoría” por cierto que los adolescentes alemanes de ahora se saben mejor que, digamos, la doctrina del imperativo categórico (por cierto doctrina formalmente incompatible con la “teoría” del mal nazi como banalidad). Pero también de paso se le quita hierro al engagement equivocado del maestro: como en passant se nos sugiere que el gran profesor era un sabio trascendental del ser esencial, no quita que anecdóticamente al mismo tiempo eso sí, y como tanto alemán corriente de aquellos años, idiota político. También simplemente como figura de sabio indiscutible aparece Heidegger por así decirlo “objetivamente” en la serie televisiva evocada cuando un soldado dice, unos momentos de morir, que anhela volver del frente mayormente para oír al filósofo más celebrado de Alemania. -A primerísima vista, en estos cuadernos dit-on que literalmente negros, de cubiertas negras, el filósofo, es lo menos que puede uno decir, “no queda bien”. En principio nada nuevo relevante: la publicación de estos documentos cuidadosamente preparados para su edición póstuma por el autor no va a aportar aparentemente nada ni a la filología ni a la interpretación pensativa de “la” obra. -Son ganas de confundir al personal la insistencia en lo de que los escritos de Heidegger que se han venido publicando durante los últimos cuarenta años no son Werke, que son Wege. Lo cierto es que pocas veces un filósofo ha podido organizar tan cuidadosamente la publicación de sus escritos como una obra, en el sentido fuerte en que cierta manera de pensar y practicar la escritura deja ver que la escritura no da lugar a una “obra”. El productivo antagonismo entre la pensée de l’écriture y el pensamiento de la esencia finita del ser puede quizá verse mejor que en otro sitios en los parajes de la siempre difícil, y significativa, conexión del trabajo de Derrida y los restos de Artaud. Restos resistentes por principio a devenir obra. Ciertamente, y en cambio, el concepto clásico de la relación entre el autor y la obra reina concretamente en la edición de las Werke de Heidegger. La concepción editorial de esta eminente publicación 68
en la casa de Vittorio Klostermann es, no ya “clásica”, completamente convencional. Legítima decisión. Pero que no vengan con que son sólo Wege. -Y no hay que excluir como procedimiento analítico y como estrategia de desencantamiento que nunca sobra para defenderse del seductor que fue Heidegger la delimitación de la parte de puro ridículo de esta obra, y desde luego de “estos” textos de ahora en concreto. No sólo de estos: poco explotada pero heurística siempre había sido una línea de lectura acompañada de risa, en la línea digamos de la lectura de Derrida del pasaje sobre los zapatos de Van Gogh, de los documentos “políticos” de Heidegger ya antes disponibles, sobre todo de los de entre 1933 y 1936, empezando por el euforizante discurso de rectorado sobre la autodeterminación de la universidad alemana. Uno tropieza a cada paso en esos escritos con regocijantes saltos geopolíticos ahistóricos, con dioses griegos jugando en ríos alemanes, con aquello de más o menos “la culpa de todo es de la Inquisición española” (en el curso del 42 sobre Parménides creo), supuesto vehículo la susodicha Inquisición de trasmisión del pensamiento imperial romano a la modernidad imperial católica, o que el imperialismo inglés tiene una específica base protestante (apelando sin fundamento encima a Weber); y con hipérboles en el fondo cómicas. Mira cómo prepara en el discurso de rectorado la cita del pasaje de la República sobre la pobre filosofía en peligro. El profesor de filosofía y rector pretende abiertamente impresionar a sus colegas de “ciencias” y a algún burócrata nazi con la insostenible, tramposa, traducción de la discreta observación platónica (República, 497d) sobre los riesgos que conllevan las cosas importantes (ta megala panta episfalé), recurriendo nada menos que al “temporal”, a la borrasca puede uno imaginar en el que está todo lo grande (Alles Grosse steht im Sturm). Por cierto en las notas de los cuadernos de ahora se prepara ya esa traducción.4 Te invito a que compares esa versión magnificadora y despistante con la discreta y eficaz de Schleiermacher. El rector aficionado a lo grandioso presenta tramposamente en general al ironista Platón como precoz legitimador de la peregrina especie de que lo grande, de que la gloria y la grandeza de la decisión de los alemanes de 1933 de querer seguir siendo el pueblo histórico-espiritual que ya era, requería el valor de afrontar un tremendo temporal en la navegación correspondiente. El Heidegger del discurso de rectorado hace trampa (insisto en la palabra, concretamente traduce con engaño, él, que decía aquello de “Dime qué piensas de la traducción y te diré quién eres”), pero también hace el ridículo cuando rentabiliza las ironías de Platón sobre el filósoforey imposible para alimentar sus propios delirios del pensador-guía en la hora dizque crucial de la decisión histórica del pueblo espiritual por excelencia. El autor de la República estaba ya de vuelta de la aventura política (en la medida en que lo fue, y en suma si lo fue) en Siracusa, y a pesar de que todavía después haría un tercer viaje a Sicilia vaya usted a saber exactamente para qué, mientras que el filósofo alemán está en 1933 en el viaje de ida a la esfera política. Él, por otra parte, muy obviamente, y en el sentido técnico, caso claro de “idiota político”, como te 4. Ibid., p. 72. 69
decía. Ridículas en sentido literal son las declaraciones solemnes en las que ni siquiera puede atisbarse una mínima consciencia de la figura de una exageración retórica. Así, cuando mide, si cabe decirlo así, el movimiento nazi con las categorías del pensamiento esencial del ser, y encuentra que este movimiento “tampoco” está, ¡vaya por Dios!, a la altura de la hora del ser en la Técnica moderna, en la eclosión del Gestell o del “armazón”, y así del peligro máximo. (En el ensayito sobre la Kehre de 1949 deja ver claramente que “el” peligro del Armazón como fenómeno histórico del ser es que “no pensamos”, más concretamente que “no oímos” y que “no vemos”, mayormente porque nuestro oír y nuestro ver están sometidos al señorío de la radio y del cine. Me gustaría poder demostrar en otro momento lo que ahora sólo puedo decir de paso: que la experiencia más demoledora de Martin Heidegger en relación con la técnica moderna fue la de encontrarse un día con un transistor en el campo: la “radio” protética sonando en el espacio natural y sagrado del famoso Cuarteto de los dioses, los mortales, el cielo y la tierra). Si me sigues, eso de que en última instancia el nazismo es “también” respuesta inadecuada al ser (como el capitalismo angloamericano y el comunismo soviético) es uno de los motivos más obvios de estos cuadernos negros: en suma, que al final el nazimo es más de lo mismo. De manera que no sólo los pragmáticos angloamericanos imperialistas y los rusos comunistas soviéticos (la tenaza famosa) están sometidos sin pensarlas a la Técnica y a la Metafísica, al cristianismo y al platonismo: también el movimiento nacionalsocialista, y a pesar de que éste habría tenido inicialmente su parte de “grandeza” como respuesta epocal al destino del ser (por recordar la ominosa frase famosa del curso de 1935, la Introducción a la metafísica), el caso es que también éste cae en “la” metafísica, y en el cristianismo y en el platonismo. ¿Qué les faltó a Hitler y al hitlerismo para responder a la llamada del ser? En suma, que leían poco a Hölderlin. La Alemania nazi habría renunciado a dar el giro necesario a Hölderlin, y así el no exento de grandeza en principio movimiento no habría sido lo suficientemente coherente, habría quedado atrapado en la misma maquinización universal, y en la onto-logía cristiano-platónica, que estarían en la base del capitalismo anglosajón y del comunismo soviético, etc., etc.. Parece, “parece”, una forma de “radicalismo” propia de ciertos críticos del hitlerismo de la “timidez” y vulgaridad del nazismo, y que se asocia a la estirpe noble de los “revolucionarios conservadores”; pero ese diagnóstico del nazismo como en el fondo “lo mismo” que el capitalismo y el comunismo habría que catalogarlo, “catalogar” digo, sí, más bien simplemente como la manera exagerada de expresarse de alguien que no domina el arte de la figura de la exageración, una torpeza culpable que en cierto modo viene a darle la razón a la bella boutade de Valverde: no es que Heidegger fuera nazi, es que los nazis eran heideggerianos (aunque seguramente no muy buenos). Todo el enredo es cómico, insisto. Quizá lo ridículo empieza en el principio mismo de estos cuadernos, de estas falsas notas de diario. Empiezan con la pregunta ingenua, la pregunta idiota, la pregunta de predicador, de profeta en grado de aspirante, la concesión naîve al pensamiento edificante: “¿Qué debemos hacer?”5 5. Ibid. p. 5. 70
-No quita que ahí como en muchos otros lugares Heidegger muestra su irritación con que se confunda su programa de filosofía del ser con la “Existenzphilosophie” (que regala toda entera a Jaspers), o con la “Lebensphilosophie” (una expresión, se dice en Sein und Zeit, tan ridícula como “botánica de las plantas”). -El editor de los Cuadernos negros, Peter Trawny, llama la atención sobre un punto que algunos creerán precipitadamente que es especialmente inquietante: varios pasajes dejan ver un fortísimo antijudaísmo digamos “especulativo”. En parte Heidegger deja ver ese lado antisemita especulativo “porque” va siempre desde 1945 con sus certificados a mano: que él había sido discípulo de filósofos judíos y que había tenido discípulos, y muy apreciados, judíos, empezando por el despistado Löwith (que no se da cuenta de quién es Heidegger hasta que llega a Japón en la primera etapa de su exilio). Ciertamente lejos del racismo biologista de la ideología “vulgar” hitleriana que este filósofo del Geist despreciaba sin vacilación, pero inequívocamente se asocia el judaísmo en esas “reflexiones” a la “carencia de mundo” (Weltlosigkeit), a la “maquinación”, al “pensamiento calculador”. Estaríamos ante un antisemitismo en la línea de los Protocolos de los sabios de Sión (tal la hipótesis algo extravagante del editor Trawny): la paranoia de la conjura internacional para dominar el mundo del judío metropolitano caracterizado por los rasgos existenciales, antagónicos a los del Dasein descrito en Ser y tiempo, de universal, global, sin suelo, apátrida, sin naturaleza, sin mundo6. -A mí me gustaría preguntarle a los estudiosos de la biblioteca y de las lecturas de Heidegger si hay alguna huella en esos parajes del notable ensayo sobre la maquinización del mundo de Walter Rathenau, “el” judío alemán asimilado por antonomasia, y convencido “organizador” del modo de producción capitalista y a su manera sereno celebrador de la maquinización7. -De momento entonces no parece que estos papeles aporten nada no conocido ya al tema patético de la contaminación del pensamiento del ser con el hitlerismo entre 1933 y 1936 (un motivo que el mismo Pöggeler reconoce que no hay manera de denegar), y conste que no por patético menos sustraíble a toda amnistía, como la que le concedió y encima disimuladamente al filósofo de Friburgo la gente de Les temps modernes, y hay que recordar siempre la modélica implacabilidad de Lévinas sobre lo imperdonable de las meteduras de pata de los “sabios” cuando esas meteduras de pata, esos “errores” (la expresión del propio Heidegger en el 6. “Die Philosophen. Der Fall Heidegger”, (Entrevista con Peter Trawny), in Philosophie Magazine. April/Mai, 2014, pp. 72 y ss. 7. Walther Rathenau, Zur Kritik der Zeit, Fischer Verlag, Berlin, 1912. En 1913 publica el industrial y político Mechanik des Geistes. Del ensayo de 1912 se consultará en especial el capítulo sobre “Estado y judaísmo” (pp. 219 y ss.). Cf. Peter Berglar, Walther Rathenau. Seine Zeit. Sein werk. Seine Persönlichkeit, Bremen, 1970, y T. Buddensieg, T. Hugues, J. Kocka u.a. Ein Mann vieler Eigenschaften. Walther Rathenau und die Kultur der Moderne, Berlín. Remito en particular al estudio de Ernst Schulin sobre “Guerra y modernización. Rathenau como organizador industrial filosofante en la Primera Guerra mundial”, pp. 55 y ss. 71
contexto de la desnazificación de la inmediata postguerra) dan lugar a asesinatos y locuras destructivas.8 -Pero la hermenéutica de la implacabilidad, de la legítima negativa a “perdonar” los errores criminales de los sabios, hay que aplicarla a todo el mundo. Aunque con algunos matices los últimos años, no deja de ser sorprendente la autoindulgencia de los intelectuales que incurrieron durante decenios en el “error” de ver en el estalinismo una circunstancia oscura pero finalmente secundaria en el camino glorioso de la historia de la emancipación de los pueblos desde 1917, y al margen de la derrota de la URSS en la guerra fría. -No nos metamos en ese jardín. Los peor parados serían desde luego los intelectuales franceses, los filósofos franceses los primeros. Tony Judt nos hizo el favor de poner en claro las oscuridades de esa larga fase deprimente de la cultura francesa “izquierdista” de los cincuenta, los sesenta, los setenta. Y encima luego llega Foucault y, para escapar del estalinismo, deviene maoísta, y jomeinista. Volvamos a los cuadernos negros de Heidegger. Me gustó un gracioso pareado, es una expresión “graciosa” de uno de los errores filosóficos patentes de Heidegger, ponderado en general sin embargo como hallazgo, y por cierto de los más alabados por la Hermenéutica de nuestros pecados, la manía del primado de la pregunta. Hablo de esta rima: 8. Hasta ahora creo que no ha sido muy utilizada la publicación del seminario de Heidegger en 1933/1934, el texto digamos más “seguido” sobre el Estado de este pensador se reconocerá que poco experto en “filosofía política” (y dejando aparte lo de “idiota político” de base): “Über Wesen und Begriff von Natur, Geschichte, und Staat”, in Heidegger und der Nazionalsozialismus I. Dokumente, Heidegger Jahrbuch 4, Herausgegeben von Alfred Denker und Holger Zaborowski, 2009. Se nos propone ahí que la diferencia entre lo ente (das Seiende) y el ser (das Sein) ilumina el concepto de Estado. El Estado sería “el modo de ser, la Seinsweise, de un pueblo”. O también: “lo ente del Estado” (das Seiende des Staates), la sustancia y el fundamento portador (tragenden Grund) del Estado, es el pueblo (Ibid. p. 72). Mejor no pensar qué tenían en concreto en la cabeza aquellos días el director y los participantes del seminario, al hablar de Volk y Staat. Por ejemplo al decir: “El ser del Estado está anclado en el ser político (o en la existencia política: im politischen Sein) de los hombres que portan como pueblo ese Estado, que se deciden por él” (ibid. p. 73). De manera que el modo y manera de nuestro ser acuña (prägt) el ser de nuestro Estado. Por lo demás, eurocéntrico despistado o aproblemático (nada que ver con el eurocentrismo hiperreflexivo de Weber), o acaso un aviso sobre la irregularidad de la paraestatal nación judía en la diáspora, Heidegger da por seguro tranquilamente que ningún pueblo carece de su correspondiente “Drang zum Staat” (ibid. p. 74). Por lo demás, aparte estas curiosidades, el texto no oculta apenas el carácter básicamente escolar y escolástico en las formas. Se refiere en passant sin mostrar interés al concepto schmittiano de estirpe weberiana de lo político como relación amigo/enemigo, también al Bismarck del tópico de lo político como arte de lo posible. Y al Orden. En ese contexto, el más claro saludo al Führer de la hora: “Sólo allí donde guía y guiados juntos en un destino se ponen en contacto y luchan por la realización de una idea, crece el verdadero Orden” (ibid. p. 77). 72
Jede Frage eine Lust, / jede Antwort ein Verlust.9 -Propongo larga cambiada. Buscar “impresión” de Heidegger en otros parajes, mucho antes, y “situarlo”, bella palabra a pesar de su desgaste en el uso académico convencional, en el jaleo de la Alemania de la inmediata postguerra (de la primera guerra mundial), en 1919. En una palabra, se trataría de situar, insisto en la expresión, “la” decisión (existencial y filosófica) o la protodecisión del joven brillante profesor Heidegger en un año para cualquier alemán decisivo él mismo, el año del duelo de la derrota, y del camino al Tratado de Versalles, y de la “revolución”, si lo fue, fallida de Munich. Y situarlo en especial, por razones que voy diciendo ahora, en conexión con el círculo de Max Weber. Al fin y al cabo, “el” interlocutor más próximo de Heidegger hacia 1919, Karl Jaspers, es un miembro prominente del círculo que se reunía en la casa del sabio de Heidelberg y de Marianne en la Ziegelhaus Landstrasse, a la orilla del Neckar y con vistas a las ruinas del Castillo, círculo en el que participa gente eminente como el millonario judío húngaro George Lukacs, que se había instalado en Heidelberg huyendo de la amante suicida italiana, en los años en que preparaba, se decía, una Estética en diez tomos, el cultísimo Ernst Bloch, amigo inseparable ese tiempo del húngaro y aficionado al mesianismo, Georg Simmel, Heinrich Rickert, Ernst Troeltsch, Georg Gundolf, muy próximo éste a Stefan Goerge, “la otra” personalidad eminente de Heidelberg entonces; y, desde luego, Else Jaffé. Marianne jugaba sólo de anfitriona, eso le dice al menos a su suegra, con la débil arma de la ironía femenina, ella se limitaba a servir el Borgoña10. 9. M. Heidegger, Überlegungen…, cit., p. 36. El autor apela mucho en estas páginas a la necesidad de silencio. El tema puede seguirse también como documento existencial relevante, a la vista de la descocada charlatanería del Heidegger de aquellos años iniciales del nazismo en el poder. Por otro lado el autor pone un señuelo para investigadores, dibuja en el cuaderno un signo en principio indescifrable (el editor anota: “signo desconocido”) por lo demás en el contexto de que lo ahí designado tiene que ver nada menos que con el ser y el tiempo (cf., p. 16). Cabe simpatizar al menos con un momento de sinceridad y acaso de lucidez del filósofo: en un cierto punto considera la posibilidad de asumir el destino de ser un homo unius libri y así, de dedicarse mayormente a reescribir Sein und Zeit (p. 22). Porque eso sí, la Dummheit culpable de Heidegger en su lío con el nazismo no afecta a lo que decía Lévinas: Sein und Zeit es una obra filosófica a la altura del Fedro, de la Crítica de la razón pura, de la Fenomenología del espíritu. La veneración de tantos al segundo o al tercer Heidegger se entiende menos, tenía razón Ferrater Mora. 10. Los últimos años han visto crecer la figura histórica de Marianne Weber. Desde las nuevas perspectivas que se ofrecen sobre el destino y la contribución de esta adelantada del pensamiento feminista, cabe o se impone una reevaluación de esa obra maestra del género biografía que es su libro Max Weber. Ein Lebenwild (1926), trad. esp. de Jorge Navarro y Javier Benet en IVEI, Valencia, 1995. Y que en este contexto podría específicamente interesar en toda aproximación amplia a la convulsión de Alemania en 1919, y a la relación de Heidegger con esa constelación histórica. Por lo que a Marianne se refiere, remitimos al comentario de Isabel Sancho: Marianne/ Max Weber. Voluntad y destino, Endymion, Madrid, 1998. Cf. Christa Krüger, Max und Marianne Weber, Tag und Nachtansichten einer Ehe, Zurich, 2001; Bärbel Meurer, Marianne Weber. Leben und Werke, Tübingen, 2010. Reiner Lepsius ha publicado recientemente, en la introducción a la edición del volumen último de la correspondencia de Weber, la carta impresionante de Marianne a Else Jaffé en los días en que Weber agonizaba en Munich (MWG II, Band 10, 2012, p. 31). 73
-En principio parece ofrecerse la pista de la Rickert connection como la más pertinente para el negocio de esta tentativa de situar a Heidegger en las inmediaciones del círculo de Max Weber. El gran neokantiano, personalidad clave en la carrera académica inicial de Heidegger, y criticadísimo por éste luego por cierto por otra parte cuando el brillante fenomenólogo era ya estrella en la universidad de Marburgo, era muy amigo del Sociólogo. Y su conexión teórica con éste es fundamental: los trabajos gnoseológicos y epistemológicos de Rickert11 son decisivos en la constitución de la Sociología como ciencia en el curso de las dos grandes obras de Weber, en la Ética económica de las religiones mundiales (que incorpora como primer volumen, el único que él mismo tuvo tiempo de preparar para su edición, una revisión de la obra sobre el Protestantismo y el espíritu del capitalismo), y en Economía y sociedad.12 -No habría demasiada simplificación si se dijera simplemente que los dos filósofos realmente importantes para Max Weber son Nietzsche y Rickert, ambos por más que ciertamente diferentes de estilo y de muy distintas digamos alturas empeñados en que el negocio de la filosofía es la relación con los valores13. -Un efecto colateral del éxito clamoroso de Sein und Zeit de 1927 es que condenó a demasiado rápida olvido la decisiva aportación gnoseológica de Rickert. 11. Remitimos claro está sobre todo a la obra fundamental de Rickert: Die Grenzen der naturwissenschaftlichen Begriffsbildung. La primera edición es de 1903. La muy ampliada cuarta edición, de 1921, está dedicada precisamente a la memoria de Max Weber. El importante pasaje del prólogo de 1921 acerca de Max Weber podría impulsar una relectura de los trabajos metodológicos o lógicos del Sociólogo, que Marianne catalogó no inadecuadamente con el término fichteano de “Wissenschaftlehre” y adoptado por el editor Wickelmann. (cf., M.Weber, Gesammelte Aufsätze zur Wissenschaftslehre, J.C.B. Mohr, Tübingen, 1967). 12. Los dos grandes trabajos sistemáticos de Weber quedaron inacabados, como se sabe. Con la diferencia de que los trabajos de Sociología de la religión, o más exactamente sobre la ética económica de las religiones mundiales, estaban muy claramente organizados, mientras que lo que publicó muy poco después del fallecimiento de Weber meritoriamente Marianne estaba formado por materiales de fechas y bajo el impulso de programas científicos relativamente diferenciados. Sobre la cuestión de la edición de Economía y sociedad hay que remitir a los trabajos de Wolfgang Schluchter. Cf., especialmente, el planteamiento del problema de la edición crítica de aquella obra, ya en W. Schluchter, “Wirtschaft und Gesellschaft: das Ende eines Mythos”, in Max Weber heute (hrg. J. Weiss), Frankfurt, 1989. Y claro está la laboriosa y meritoria edición crítica del libro del 1920 en cinco volúmenes en la edición de la Gesamtausgabe. Sobre la articulación y el despliegue de los dos grandes torsos del trabajo científico de Weber, la sociología de la religión y la sociología del dominio, hay que seguir remitiendo al libro de Wolfgang Schluchter: Religion und Lebensführung, 2 Bände, Suhrkamp, Franfurt a. M., 1991. Vid. Verantwortlichkes Handeln in gesellschaftligen Ordnungen, Herausgegeben von Agathe Bienfait und Gerhardt Wagner, Suhrkamp, Frankfurt a. M., 1998. No podemos entrar en la polémica sobre los criterios de esta ambiciosa edición crítica, que ha suscitado alguna controversia sin embargo. Vid. por ejemplo las consideraciones críticas al respecto de Wilhelm Hennis: Max Weber und Thukidides, Mohr Siebeck, Tübingen, 2003, pp. 91-93. Importante por lo demás el libro de Hennis acerca del poco estudiado asunto de la relación de Weber con el pensamiento griego. Dice Hennis en ese contexto: “Das Verhältnis zu Platon ist ein Geheimnis”, p. 51. Y el caso es que el último Weber remite siempre al racionalismo griego como primera instancia, y decisiva, del racionalismo occidental. 13. Me permito remitir a mi artículo "Max Weber y los filósofos", en Sociedad y economía. Homenaje a Juan Monreal. Universidad de Murcia, 2014 74