Herrera, Pedro de (2016): Translación del Santissimo Sacramento a la Iglesia Colegial de San Pedro de la villa de Lerma (Madrid, Juan de la Cuesta, 1618) [Reseña]
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Con un encabezamiento así, que contiene la exclusiva alusión a una solemne celebración religiosa, el lector se preguntará si no habrá alguna equivocación en la portada de este libro editado por la prestigiosa Unión de Bibliófilos Taurinos y cuyo estudio preliminar corre a cargo de uno de los máximos estudiosos de la tauromaquia en España, Rafael Cabrera. Fig. n.º 12.- Herrera, Pedro de (2016): Translación del Santissimo Sacramento a la Iglesia Colegial de San Pedro de la villa de Lerma (Madrid, Juan de la Cuesta, 1618). Estudio Preliminar de Rafael Cabrera Bonet, Madrid, Unión de Bibliófilos Taurinos, 76 páginas + 76 folios de la reproducción facsímil. Revista de Estudios Taurinos N.º 40, Sevilla, 2017, págs. 313-316
Dicho texto preliminar nos saca de toda duda. Aunque el equívoco no debía ser tal cuando sabemos que los toros están asociados en la España del Antiguo Régimen con todo tipo de celebraciones, ya sean monárquicas, patrióticas o, particularmente, religiosas. En este caso se trata de las distintas ceremonias festivas que se dieron con ocasión de la entronización del Santísimo Sacramento en la colegiata de San Pedro de la villa burgalesa de Lerma, cabeza del ducado que ostentaba el famoso valido de Felipe III, monarca que concurrió el 3 de octubre de 1617 a la población para presidir el solemne acto, que de algún modo trataba de detener la irremisible caída de un privado en desgracia, con el prestigio muy disminuido por sus errores políticos y, sobre todo, por su desaforada corrupción, que en las coplas populares hacía de él "el mayor ladrón de España". El libro que ahora se edita en bellísima reproducción facsímil (baste decir que con el mismo cuidado que pone la Unión de Bibliófilos Españoles en todas sus publicaciones), era obra conocida y citada, pero que no había sido objeto de reedición desde que saliese a la luz en Madrid, en la imprenta de Juan de la Cuesta, al año siguiente de 1618, aunque se tiene referencias de una impresión en Lerma en 1896, de la que el autor de la introducción no ha encontrado ningún documento material. Esta circunstancia otorga un interés especial a esta edición de la famosa crónica escrita por el licenciado Pedro de Herrera, que fue la que (frente a otras coetáneas de los hechos) mejor supo dar cuenta de las festividades, gracias al estilo ágil y ameno de su autor, al que Miguel de Cervantes menciona brevemente en su famoso Viaje del Parnaso. Rafael Cabrera nos introduce en la obra con el perfecto rigor a que nos tiene acostumbrados. Para no repetir sus eruditas palabras, limitémonos a decir que el prestigioso investigador nos enumera las menciones a la crónica en autores posteriores, nos explaya la vida y la obra de Pedro de Herrera, nos pone en con- Carlos Martínez Shaw 314
texto la obra y nos resume las celebraciones de Lerma, que fueron de todo tipo, ya que, al margen de las funciones religiosas (misas, procesiones, traslación), hubo danzas, mascaradas, luminarias, fuegos artificiales, carros triunfales (con la sorpresa de los autómatas y con profusión de salvas y cohetes) y hasta la representación de dos comedias: El Caballero del Sol (firmada por el célebre Luis Vélez de Guevara) y El palacio confuso (atribuida al no menos famoso Antonio Mira de Amescua). Y, naturalmente, diversos espectáculos taurinos. Como es lógico, el estudio hace especial hincapié en esos festejos taurinos con que se quiso realzar el brillo de la efemérides. Si dejamos a salvo la práctica del despeño (en el lugar conocido explícitamente como el “despeñadero de los toros”), los festejos fueron tres: la corrida del 12 de octubre (con asistencia de Felipe III), la corrida del 19 de octubre (ya sin la presencia del rey) y los tres toros encohetados de la noche inmediatamente siguiente. Rafael Cabrera nos da cuenta de todos los hechos relevantes que para el mejor conocimiento de la historia de la tauromaquia pueden entresacarse de la obra de Pedro de Herrera. Así sabemos que los festejos eran caros (se habla de “costes fabulosos”) y que la organización (y más en un lugar no acostumbrado a tales fastos) resultaba muy complicada, pues había que atender a numerosos frentes: el acopio de los toros (posiblemente del Jarama), el traslado y el encierro de las reses, el apresto de los caballos, la limpieza de las calles (enarenado y enrasado) y de la plaza (adecentamiento del piso y riego), la distribución de los toros lidiados entre las carnicerías de la villa y la contratación del personal, desde los alguacilillos y los músicos (trompeteros y timbaleros) hasta los toreros de a pie (entre los que aparece algún nombre, como el de Juan Moreno, del pueblo de Barajas), ya que la parte del toreo caballeresco corría de cuenta de la nobleza, que se hacía cargo del aderezo de sus corceles y del ata- Recensiones de libros 315
vío de sus criados. De esta forma, también se nos ofrece una nómina de los aristócratas participantes, entre los que se cuenta incluso un tratadista ilustre como Gaspar de Bonifaz. En resumen, nos encontramos ante una obra que por primera vez se publica en facsímil, cuya edición es la única disponible aparte de la original y que se ofrece precedida de un valioso estudio preliminar. Una obra que puede tomarse como una relación de unos solemnes festejos típicos de los tiempos modernos, como un testimonio de los esfuerzos postreros de un político en declive por evitar su hundimiento e incluso tal vez por salvar su cabeza, como una guía ocasional de la bella villa de Lerma y, en lo que más particularmente aquí nos atañe, como una crónica de unos espectáculos taurinos que nos permiten acopiar nuevas evidencias sobre los variados juegos con los toros (despeñados o encohetados) y, sobre todo, sobre las diversas suertes (lanza, rejón, garrochón, varilla y espada) de la tauromaquia caballeresca en su momento de esplendor. Carlos Martínez Shaw Fundación de Estudios Taurinos Carlos Martínez Shaw 316