scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

La historia del feminismo

Scott, Joan W.

Abstract

Este artículo rastrea el desarrollo de la historia de las mujeres en los Estados Unidos. Relaciona los principales temas de debate al activismo y las demandas de las historiadoras académicas. Su principal contribución es el enfatizar cómo los temas históricos relevantes a la historia de las mujeres han tenido un impacto decisivo en la disciplina histórica como tal. Por lo tanto relaciona las perspectivas feministas en la historia de las mujeres y establece las conexiones con la historia social, la historia cultural y cómo las nuevas herramientas y perspectivas históricas que la visión feminista de las historia de las mujeres destapó dieron por resultado conceptos claves como los estudios de la intersexualidad, la homosexualidad, el lesbianismo, los estudios poscoloniales, transnacionales y globales, la mayoría de los cuales son actualmente usados ampliamente no solo en historia sino en todas las otras disciplinas de las ciencias sociales. Reitera la contribución básica de la disciplina histórica, la siempre cambiante interpretación histórica y reconoce las múltiples causas del desarrollo histórico. Finalmente traza la agenda para investigaciones históricas con enfoque feminista y avizora los múltiples retos y sorpresas de nuevas preguntas y perspectivas.

Full text

LA HISTORIA DEL FEMINISMO1 Joan W. Scott2 RESUMEN Este artículo rastrea el desarrollo de la historia de las mujeres en los Estados Unidos. Relaciona los principales temas de debate al activismo y las demandas de las historiadoras académicas. Su principal contribución es el enfatizar cómo los temas históricos relevantes a la historia de las mujeres han tenido un impacto decisivo en la disciplina histórica como tal. Por lo tanto relaciona las perspectivas feministas en la historia de las mujeres y establece las conexiones con la historia social, la historia cultural y cómo las nuevas herramientas y perspectivas históricas que la visión feminista de las historia de las mujeres destapó dieron por resultado conceptos claves como los estudios de la intersexualidad, la homosexualidad, el lesbianismo, los estudios poscoloniales, transnacionales y globales, la mayoría de los cuales son actualmente usados ampliamente no solo en historia sino en todas las otras disciplinas de las ciencias sociales. Reitera la contribución básica de la disciplina histórica, la siempre cambiante interpretación histórica y reconoce las múltiples causas del desarrollo histórico. Finalmente traza la agenda para investigaciones históricas con enfoque feminista y avizora los múltiples retos y sorpresas de nuevas preguntas y perspectivas. 1 Publicado en: María Teresa Fernández Aceves, Carmen Ramos Escandón y Susie S. Porter (coords.). Orden social e identidad de género: México, siglos XIX y XX. CIESAS / Universidad de Guadalajara, México, 2006. Resumen y palabras clave CIESAS / Universidad de Guadalajara, México. La versión original en inglés de este capítulo se publicó en Journal of Women’s Histoy, vol. 16, nº 22004, pp. 10- 29. La versión al castellano es de Luisa Gabayet 2 School of Social Science, Institute íbr Advanced Study, Princeton, Nueva Jersey ©Universitat de Barcelona Palabras clave Historia Feminista, Feminismo Académico Norteamericano, Análisis Histórico, Historia Social, Historia Cultural. ABSTRACT This article traces the development of women’s history in the US. It links the main issues of debate to the activism and demands of the academic historians. Its main contribution is to emphasize how the historical themes relevant to women’s history had a decisive impact on the perspective of the discipline as such. Thus it relates feminist perspectives on women’s history and its links and connections with social history, cultural history, and how the new historical perspectives that feminist women’s history unveiled gave birth to such key analytical concepts as queer studies, postcolonial, transnational and global, most of which are now widely used both in history as in all of the other social sciences disciplines. It reiterates the basic contribution of the discipline: the ever changing historical interpretation as well recognized the multiple causes of historical development. Finally it traces an agenda for future feminist historical research and envisions the multiple and challenging surprises of new questions and perspectives. Key words Feminist History, North American Academic Feminism, Historical Analysis, Social History, Cultural History ©Universitat de Barcelona En 1974 Lois Banner y Mary Hartman publicaron un libro de ensayos que titularon Clios’s Consciousness Raised3. Estaba constituido por las ponencias presentadas en la Conferencia de Berkshire sobre Historia de Mujeres de 1973 y fue una llamada de atención y un punto de reunión para muchas de nosotras, una afirmación de nuestra intención de hacer de las mujeres objetos apropiados del estudio histórico. Si la musa de la historia había cantado por demasiado tiempo las alabanzas de los hombres (“adornando las incontables hazañas de los antiguos para educar a las generaciones siguientes”), ahora era tiempo de otorgar una gloria similar a las mujeres. La segunda de las nueve hijas de Zeus y Mnemosine (Memoria), Clío, tenía como especialidad la historia (y según algunos recuentos también la poesía épica -una versión de la historia). El desafío que le lanzamos parecía sencillo: hacer que las historias de las mujeres fueran de primordial importancia para la memoria que transmitía a los humanos mortales. Para facilitarle la tarea nosotras pondríamos los materiales que necesitaba: las historias de las vidas y actividades de las mujeres en el pasado. Por supuesto, ningún desafío a los dioses es sencillo y nuestro esfuerzo podía fácilmente haber sido interpretado como insolente, ya que pretendíamos decir a Clío lo que tenía que transmitir. Las musas han impuesto horrendos castigos a aquellos que buscaron interferir o competir con ellas. Cuando los Piérides trataron de ganarles en el canto a las musas, los convirtieron en urracas, patos y otros pájaros que graznan. Cuando las sirenas declararon cantar mejor, las musas las desplumaron y con las plumas se confeccionaron coronas. El juglar Tamiris fue cegado y enviado a Hades por haberse ufanado de cantar mejor que las musas. Y, un poco menos cruel, tuvieron la última palabra cuando Prometeo proclamó que fue él, y no ellas, quien creó las letras del alfabeto. Esto pudo haber sido tema de disputa, nos dicen las crónicas, “si las musas no 3 Lois Banner y Mary Hartman, Clio’s Consciousness Raised: New Perspectives on the History of Women, Sex and Class in Women’s History, Nueva York: Harper and Row, 1974- ©Universitat de Barcelona hubieran inventado todos los cuentos, incluido el de Prometeo”.4 Nuestra meta no era tanto competir con Clío como emularla, aunque siempre hay un elemento de competencia en tal identificación. Como ella, queríamos contar historias edificantes cuyo significado fuera más allá de su contenido literal para revelar una verdad mayor sobre las relaciones humanas, en nuestro caso sobre las relaciones de género y poder. Como ella, queríamos ser reconocidas como la fuente verdadera de esas historias, aunque para nosotras no hubiera un mito clásico que autorizara nuestra petición. Como ella, también queríamos toda la Historia como nuestra especialidad; no solamente estábamos añadiendo a las mujeres a un cuerpo existente de historias, estábamos cambiando la forma en que las historias serían contadas. En nuestra identificación con Clío revelamos el doble aspecto de nuestro proyecto feminista: cambiar fundamentalmente la disciplina al inscribir a las mujeres dentro de la historia y al tomar nuestro legítimo lugar como historiadoras. Las últimas décadas han visto la realización de ambas metas. Por supuesto, lo que se logró no es perfecto, ni la historia de las mujeres ni las historiadoras son jugadores completamente iguales en la disciplina, y no hemos, de ninguna manera, reescrito todas las historias. De hecho, el desequilibrio geográfico y temporal de nuestros logros -un éxito mucho más grande en la historia moderna euroamericana que en la historia antigua, medieval, moderna temprana y no occidental; mucho más éxito en introducir a las mujeres en la imagen que en el volver a concebir ésta en términos de génerosugiere que hay mucho más que falta por hacer. Empero, las ganancias son innegables. A diferencia de Clío, no podemos castigar a aquéllos que niegan nuestros logros; ni podemos sólo reírnos con la locura de esos hermanos de Prometeo que proclaman ser los verdaderos innovadores, tratándonos de imitadoras o usurpadoras 4www.eliki.eom/portals/fantasy/circle/clio.htmlyhttp://homepage.mac.com/cparada/GML/ muses.htlm, ambas consultadas el 13/11/02. Agradezco a Froma Zeitlin estas referencias ©Universitat de Barcelona (aún nos enojamos). Sin embargo, podemos señalar un importante corpus de escritos, una presencia institucional impresionante, una lista de revistas periódicas importante y un punto de apoyo en la conciencia popular que eran inimaginables cuando Banner y Hartman publicaron su libro hace ya casi 30 años. Si no hemos tomado por asalto la historia, hemos reclamado una porción de la disciplina; alguna vez vistas como transgresoras, ahora somos poseedoras legítimas del título de propiedad. Pero, para aquellas que empezaron como revolucionarias, el convertirse en propietarias es siempre un logro ambiguo. Es a la vez una victoria y una traición, el triunfo de la crítica y su abandono. Esto es difícil para las feministas que, a pesar de toda la irrisión echada sobre ellas por los socialistas en los siglos XIX y XX, han sido revolucionarias dedicadas a derrocar al patriarcado, a romper las cadenas opresoras del sexismo, a liberar a las mujeres de los estereotipos que las confinan y a ponerlas en el escenario de la historia. La realización de al menos algún cambio positivo a lo largo de la década pasada -la cual acabo de caracterizar para los historiadores como el adueñarse de una parte de la disciplinaha producido alguna ambivalencia e incertidumbre acerca del futuro. ¿Hemos ganado o perdido?, ¿nuestro éxito nos ha cambiado?, ¿qué augura el cambio de forasteras en pie de lucha al de nativas reconocidas del lugar para nuestro propio significado?, ¿nuestra presencia ha transformado la disciplina o simplemente hemos sido absorbidas dentro de ella?, ¿debemos estar contentas manteniendo y reproduciendo lo que hemos ganado?, ¿o deberíamos estar respondiendo a nuevos retos que pueden amenazar nuestro estatus de propietarias?, ¿tiene un futuro la historia de mujeres, o es historia?, ¿y, cómo debemos imaginar ese futuro? Estas son preguntas que se hacen también acerca de los estudios de las mujeres y acerca del feminismo. Al acercarse el milenio, se organizó un gran número de foros en EE UU para ©Universitat de Barcelona especular acerca del futuro. Para dar sólo dos ejemplos: en 1997, coordiné un número especial de la revista differences titulado “Women’s Studies on the Edge” -un título que pretendía evocar la película de Almodóvar Mujeres al borde de un ataque de nervios. Aunque lo escogimos por juego, la alusión resultó ser una caracterización correcta de lo nerviosas que algunas de nosotras nos sentíamos cuando nos pedían que pensáramos en el futuro.5 En 1999 el Journal of Women’s History organizó un magnífico intercambio intergeneracional entre las estadounidenses Anne Firor Scott, Sara Evans, Elizabeth Faue y Susan Cahn. 6 (Las cuatro constituyen un linaje: Scott fue maestra de Evans, Evans enseñó a Faue y a Cahn.). En una discusión por demás rica y amplia, estas historiadoras evitaron el tema del futuro (aunque era el propósito explícito de la conversación). En cierto punto, Anne Scott confesó que pensando acerca de “hacia dónde la historia de las mujeres debería, o podría, ir desde aquí” se encontró a sí misma “tropezando con una pared”.7 Liz Faue pensó que deberíamos tomarnos tiempo libre para soñar, para ejercitar la imaginación y la creatividad para salir del callejón sin salida.8 Pero Sara Evans, resumió lo que parecía ser una renuencia general entre ellas, Ah, el futuro, suspiró, Estoy de acuerdo... ésa es la parte de la conversación que encuentro más peligrosa.9 I ¿Por qué el futuro de un movimiento exitoso es tan difícil de prever? De alguna manera ya sabemos la respuesta: es una forma de análisis de movimiento social. Una generación de feministas académicas-activistas en proceso de envejecimiento mira con nostalgia su pasada loca juventud, preguntándose (pero sin atreverse a hacerlo en voz 5 Differences: A Journal of Feminist Cultural Studies, vol. 9, núm. 3, 1997. 6 Anne Firor Scott et al., “Women’s History in the New Millenium: A Conversation acros Tree “Generations”: Part 1”, Journal of Women’s History, vol. 11, n’um.1, 1999, pp 9-30 7 Ibid., p. 29. 8 Anne Firor Scott et al., “Women’s History in the New Millenium: A Conversation acros Tree “Generations”: Part 1”, Journal of Women’s History, vol. 11, , n’um2,, 1999, p 211. ©Universitat de Barcelona alta) si todas las ganancias que obtuvimos valían la pena. La institucionalización de la historia de mujeres significa su fin como campaña. Nuestra investigación y actividades profesionales parecen haber perdido su lado político y su sentido de dedicación para construir algo más grande que una carrera individual. La comunidad de feministas académicas, cuya vitalidad se manifestaba en divisiones feroces y no menos en compromisos compartidos, parece ahora difusa. Y, al menos entre historiadoras de las mujeres, las apuestas teóricas y políticas ya no son tan fuertes, los desacuerdos parecen más personales o generacionales. Si bien, finalmente sentimos alivio por ya no tener la necesidad de conspirar en sesiones estratégicas a altas horas de la noche, el no tener que justificar continuamente el currículo académico propio y el de nuestros alumnos ante colegas escépticos u hostiles y, aunque también sentimos placer, por la cantidad, la calidad y la diversidad del trabajo producido con la rúbrica de historia de mujeres, queda, empero un sentimiento de pérdida. Para muchas de nosotras estar en pie de guerra nos daba energía; provocaba una creatividad estratégica e intelectual sin parangón con nuestras primeras experiencias como graduadas. Al aspirar a ser Clío nos convertimos en una versión subversiva de ella: el activismo ratificaba la agencia. Éramos productoras de nuevo conocimiento, transmisoras de la memoria revisada, confeccionando cuentos para inspirarnos a nosotras mismas y a las generaciones por venir -todo frente a enemigos más formidables que los piérides o las sirenas, oponentes que tenían el poder de disciplinamos por lo que ellos creían que eran nuestras pretensiones y fechorías. De insurgentes nos convertimos ahora en sancionadoras, y es inevitable, pienso, que haya cierta decepción en este cambio de identidades. Una cosa es criticar el poder disciplinario desde afuera, y otra el estar dentro, entregadas a la enseñanza de corpus establecidos de conocimiento. Este tipo de enseñanza busca necesariamente reproducir la historia feminista en nuevas generaciones de estudiantes, pero con frecuencia es resistente al tipo de retos críticos que eran las características que la definían. 9 Ibid., p. 205 ©Universitat de Barcelona El feminismo académico, parece, ha perdido su conexión cercana con el movimiento político que lo inspiró, al adquirir credibilidad institucional. En las décadas de 1970 y 1980 éramos el brazo productor de conocimiento de un movimiento feminista de base muy amplia dedicado al cambio social radical. Durante la década de 1990, había ataques críticos y condenas sufridos por la culpa sobre el disminuido contacto entre las académicas y las activistas, al igual que la orden de mantener o reconstruir esos lazos. Pero este esfuerzo zozobró, no (como se argumenta algunas veces) porque las académicas feministas se hayan retirado a sus torres de marfil (la oposición entre el feminismo académico y político fue siempre una falsa caracterización), sino porque el movimiento político mismo se ha fragmentado, dispersado en áreas específicas de activismo. Esto no significa, como algunos periodistas lo han dicho, que el feminismo esté muerto. Más bien, la preocupación sobre el estatus y la condición de diferentes tipos de mujeres ha infiltrado muchos más campos de legalidad y política que cuando el movimiento estaba en su apogeo, al igual que las cuestiones sobre género han desteñido sobre áreas de estudio que eran resistentes al feminismo en los primeros tiempos de los estudios de mujeres.10 Las operaciones estratégicas discontinuas, coordinadas con otros grupos, han remplazado el sentimiento de una lucha continua en nombre de las mujeres representadas como una entidad única. Este cambio está vinculado con la pérdida de una gran narrativa teleológica sobre la emancipación, una que nos permitía concebir el efecto acumulativo de nuestros esfuerzos: libertad e igualdad eran los resultados inevitables de la lucha humana, creíamos, y esa creencia daba coherencia a nuestras acciones, nos definía como participantes en un “movimiento” progresista (estábamos 10 Este es el caso tanto en el nivel nacional como en el internacional, evidente de manera más importante en el trabajo de las comisiones de las Naciones Unidas para eliminar todo tipo de discriminación contra las mujers (CEDAW por sus siglas en ingés). Véase a Françoise Gaspard, “Les femmes dans les relations internationales”, Politique Étrangère vol. 3, núm.4, 2000, pp731 -741 ©Universitat de Barcelona del lado de la historia redentora). Aunque las operaciones estratégicas discontinuas y dispersas son eminentemente de naturaleza política (y para una generación más joven, una forma conocida de operación), la pérdida de la continuidad que venía con la noción de historia como inevitablemente progresista, ayuda a explicar la dificultad que una generación más vieja tiene para imaginar el futuro (toman la discontinuidad como regresiva -lo opuesto a progresista, lo cual era para los que veían al fascismo en Europa destruir las instituciones liberales en la década de 1930-cuando, de hecho, ahora en el contexto del siglo XXI, la discontinuidad me parece estar aliada más cercanamente a las críticas -de la izquierdaradicales). Otro aspecto de la institucionalización exitosa de la historia de mujeres es la pérdida de la agudeza crítica que viene con el estar en el margen. Había mucho debate en la década de 1980 (tal vez un poco más entre las estudiosas de la literatura que entre las historiadoras) acerca de los beneficios finales de la integración. ¿Acaso la ausencia de las mujeres en el currículo era simplemente una brecha en el conocimiento que tenía que ser llenada?, ¿o revelaba algo más pernicioso acerca de la organización patriarcal (o falocéntrica) del conocimiento mismo?, ¿qué tipo de efecto tendrían los estudios de mujeres en la universidad?, ¿proveeríamos sencillamente información faltante en este momento o cambiaríamos la verdadera naturaleza de lo que se considera conocimiento?, y ¿eran estos objetivos necesariamente contradictorios? “Mientras los estudios de mujeres no cuestionen el modelo existente de universidad”, dijo Jacques Derrida en un encuentro del seminario del Pembroke Centre en 1984, “se arriesgan a ser sólo otra celda en el panal de la universidad”.11 Algunos insistieron en que, por definición, una presencia femenina (en los 11 Jaques Derrida, “Women in de Beehive: A Seminar”, en Alice Jardine y Paul Smith (eds.), Men in Feminism, Nueva York, Menthuen, 1987, p. 190 ©Universitat de Barcelona historia producida por la anterior forma ‘artesanal’28 y Liz no estaba muy interesada en seguir el debate. (Un aspecto muy bonito de la conversación del JWH -gracias a la tecnología del correo electrónicoes su informalidad y la voluntad de las participantes de ser abiertas, inquisidoras y decir cosas de manera tentativa.) Encuentro revelador que el recurrir a un modelo de proletarización, no porque sea aplicable al campo de la historia de mujeres (de más está decir que son sus teorías sobre los movimientos sociales, no sobre la transformación ocupacional, las que ofrecen las comparaciones más relevantes), sino porque es un tema recurrente, empleado por los trabajadores en el siglo XIX y XX y por los historiadores del trabajo, para llorar por la muerte del mundo precapitalista que hemos perdido. En el uso que de esto hace Faue, el tema de la proletarización articula la pérdida afectiva en términos económicos más familiares (y a la vez más lejanos). Es, propongo al menos en parte, la inhabilidad de reconocer directamente la pérdida afectiva (la idealización apasionada de las mujeres que guió a la historia de mujeres), lo que hace (en palabras de Faue) “tan difícil ver a través del velo que esconde el futuro del presente.”29 III El “velo que esconde el futuro” es la “sombra del objeto” de Freud -la melancolía. Quiero creer que significa que hemos estado confundidas acerca del origen de nuestra pasión, confundiendo “mujeres” con el entusiasmo por lo nuevo y lo desconocido. ¿No será nuestro sentir que ya sabemos lo que es la historia de mujeres lo que bloquea esa divina locura, ese despertar inspirado, que es precisamente el encuentro con lo desconocido?, ¿y si rescribimos la historia del feminismo como una historia de una pasión crítica circular, que resbala de manera metonímica a lo largo de 'Generations': Part 2". Journal of Women's History, vol. 11, núm. 2, 1999, p. 210 28 op. Cit. p.215 29 Ibid.,p. 211. ©Universitat de Barcelona una cadena de objetos contiguos, que se detiene por un momento en un lugar inesperado, llevando a cabo una tarea, y después continúa su camino? Utilizo aquí el término historia del feminismo en el sentido no sólo de historia del feminismo y la historia escrita por feministas, pero también como una insinuación coloquial, así como en “bueno, usted sabe, esa mujer tiene una historia”. Al menos desde el siglo XVIII el feminismo ha usado la historia de diferentes maneras en épocas distintas, como un arma de importancia fundamental en la lucha por la emancipación de las mujeres. La historia del feminismo ha ofrecido pruebas, en la forma de casos ejemplares del pasado, sobre el mérito de las mujeres al involucrarse en las mismas actividades que los hombres (trabajar por un salario, educación, ciudadanía, gobernar). Nos ha provisto de heroínas a las cuales emular y linajes para una membresía contemporánea de activistas en familias ficticias de hacedoras de historia. La historia del feminismo ha expuesto como instrumentos del poder patriarcal las historias que explicaban la exclusión de las mujeres como un hecho de la naturaleza. Y ha escrito nuevas historias para contrarrestar la “mentira” de la pasividad de las mujeres, al igual que el haber sido borradas de los archivos que constituyen la memoria colectiva. No sólo ha impugnado las versiones estereotípicas de la “mujer” sino que también ha insistido en las profundas diferencias entre las “mujeres”. Igualmente, ha establecido un sinnúmero de alianzas, enfocadas en muchos aspectos del poder para avanzar en el logro de sus metas. La historia del feminismo es, a la vez, una compilación de las experiencias de las mujeres y un registro de las diferentes intervenciones estratégicas empleadas para defender la causa de las mujeres. Puede, desde luego, defenderse por sí misma; pero se le entiende mejor como un doble compromiso subversivo y crítico: con los códigos normativos de género que prevalecen y con las convenciones y (desde la formación de la historia como una disciplina hacia finales del siglo XIX) con las reglas de la escritura de la historia. La historia del feminismo ha ©Universitat de Barcelona sido un esfuerzo variable, mudable; un instrumento estratégico flexible que no ha estado ligado a ninguna ortodoxia. La producción del conocimiento sobre el pasado, aunque de vital importancia, no ha sido un fin por sí mismo, sino más bien ha proporcionado (en ciertos momentos y no siempre al servicio de un movimiento político organizado) los términos sustantivos para una operación crítica que utiliza el pasado para dar al traste con las certezas del presente, y así, abre el camino para imaginar un futuro diferente. Esta operación crítica es la dinámica que mueve al feminismo; en términos lacanianos es una operación de deseo, insatisfecho por cualquier objeto en particular, “constante en su presión,” siempre en busca de una satisfacción esquiva (ya que el alcanzar la meta utópica de abolir la diferencia sexual significaría la muerte del feminismo)”.30 El deseo, nos dice Lacan, es llevado por la carencia, es regulado por la insatisfacción; es “insatisfecho, imposible, tergiversado”.31 Su existencia expone la insuficiencia de cualquier finiquito decisivo; siempre se quiere algo más. El deseo se mueve de manera metonímica; las relaciones entre sus objetos se caracterizan por contigüidades inesperadas. Los movimientos son laterales y no siguen una dirección única. Podemos decir aquí que para el feminismo el deseo es movido por, o aún mejor, él mismo es una facultad crítica, una forma de crítica. La crítica -como la definieron los filósofos alemanes (Kant, Hegel, Marx, la Escuela de Frankfurt)- tiene la misma cualidad insatisfecha, inconsciente, apasionada. Incluso si sus formulaciones son racionales, sus motivaciones no son enteramente conocidas. Wendy Brown y Janet Halley describen la crítica como “una empresa de conocimiento perjudicial, desorientadora y a veces destructora”.32 “Al insistir en que toda producción humana 30 Jacques Lacan, "Subversión of the Subject and the Dialectic of Desire in the Freudian Unconscious", en Jacques Lacan, Écrits: A Selection, Nueva York, Norton, 1977, pp. 292-324- Véase también el apartado sobre "Desire" en Dylan Evans, An Introductor} Dictionary ofLacanian Psychoanalysis, Londres, Routledge, 1996, p. 37. 31 Jacques Lacan, The Four Fundamental Concepts of Psycho-Analysis, Nueva York, Norton, 1981, p. 154 32 Wendy Brown y Janet Halley (eds.), Le/t Legalism/Left Critique, Durham, Duke University Press, ©Universitat de Barcelona debe estar disponible para la crítica, esto es a la. posibilidad de ser repensado a través del examen de las premisas constitutivas, el trabajo de la crítica potencialmente no tiene límite ni final.”33 Los objetos de la crítica son las formas y manifestaciones de la ideología y del poder (sus verdades fundamentales, sus suposiciones fundacionales) y éstas son tan variadas y tan impredecibles como los objetos del deseo. Como lo describen Brown y Halley, la crítica (como el deseo) consiste en persecución, “personifica un deseo de conocer” cuyo ejercicio reditúa placer -el placer que deriva de la contemplación de lo desconocido.34 “Ya que la crítica corre el riesgo de abrir nuevas modalidades de pensamiento y posibilidad política, y potencialmente proporciona también la posibilidad de un enorme placer -político, intelectual y ético.”35 Que el placer significa no solamente afecto positivo sino pasión, es señalado por referencias a un “combustible flamable”, “a una euforia” y “a un placer él mismo como una fuente crucial de motivación política”.36 El concebir el feminismo como una operación crítica que no tiene descanso, como un movimiento del deseo, lo distancia de sus orígenes en las teleologías de la Ilustración y de la promesa utópica de la emancipación total. Empero, no asume que el deseo opere fuera del tiempo; más bien es un fenómeno histórico mutante, definido como y a través de sus desplazamientos. El feminismo surgió de la declaración de igualdad universal en el contexto de la democracia liberal, posicionada discursivamente en y como contradicción -no sólo en la arena de la ciudadanía políticasino también en muchas áreas de la vida económica y social. A pesar de muchos cambios en los significados y prácticas de la democracia liberal, su hegemonía, discursiva permanece, y el feminismo permanece como una de sus contradicciones. Al llamar la atención sobre sí mismo como contradicción, el feminismo ha retado las formas en las cuales las 2002, p. 28 33 Ibid., p. 26. 34 Ibid., p. 30. 35 Ibid., p 29 36 Ibid., p. 32. ©Universitat de Barcelona diferencias sexuales han sido utilizadas para organizar las relaciones de poder. La especificidad histórica del feminismo viene de que expone las contradicciones en los sistemas que dicen ser coherentes (el republicanismo excluye a las mujeres de la ciudadanía; la economía política que atribuye i salarios más bajos de las mujeres a su menor valor determinado biológicamente como productoras; a la enseñanza médica que combina el deseo sexual ‘con los imperativos naturales de la reproducción; a las exclusiones dentro de los movimientos de mujeres que presionan por una emancipación universal) y pone en tela de juicio la validez de las categorías tomadas como principios primordiales de la organización social (la familia, el individuo, el trabajador, masculino, femenino, hombre, mujer).37 Un ejemplo de nuestros tiempos de la operación crítica del feminismo es la relación de la historia de mujeres con la historia social. Con frecuencia se dice, con cierto sentido de que es inevitable, que la historia de mujeres se volvió aceptable por el hecho de que la historia social adquirió importancia. El acento en la historia cotidiana, en la gente ordinaria y la acción colectiva, hizo de las mujeres un grupo obvio que debía incluirse. Yo lo pongo de manera diferente: no había nada inevitable en que la historia de mujeres surgiera de la historia social. Más bien, argumentan las feministas, dentro de los términos y a contra pelo del behaviorismo y la nueva izquierda marxista, las mujeres eran una consideración necesaria para los historiadores sociales. Si se les omitía, se perdían elementos clave sobre cómo se construía la clase. Mientras que los historiadores (hombres) celebraban los impulsos democráticos de la clase trabajadora naciente, los historiadores de las mujeres señalaban las jerarquías de género. No solamente corregimos la ausencia de las mujeres en las historias del trabajo -aunque con seguridad lo hicimos (demostramos que “trabajador” era una categoría excluyente; que las mujeres eran trabajadoras 37 Joan Wallach Scott, Only Paradoxes to Offer: French Feminists and the Rights of Man,'Cambridge, Harvard University Press, 1996. ©Universitat de Barcelona calificadas, no únicamente una fuente barata de mano de obra; que las mujeres estallaban huelgas y organizaban sindicatos, que no eran sólo miembros de las damas voluntarias) - asimismo, ofrecimos una crítica sobre las formas en que los historiadores del trabajo reproducían el machismo de los sindicalistas. Esto no siempre cayó bien, de hecho las feministas se encontraron (se siguen encontrando) encerradas en un ghetto en las reuniones de los historiadores del trabajo. Pero había cierta emoción en el descubrimiento al tiempo que tratábamos de guiar a nuestros colegas hacia territorio desconocido. En el proceso logramos convencer a algunos de ellos de que consideraran las maneras en las cuales el género consolidaba la identidad masculina como trabajadores y como miembros de la clase trabajadora, y las formas en las cuales la naturaleza era utilizada no sólo para justificar los tratamientos diferenciales de los trabajadores hombres y mujeres, sino también para regular la estructura de la familia y los patrones de empleo. En la historia del trabajo (como en otras áreas de la historia -desde la diplomática hasta la cultural-), Liz Faue comenta, “la historia de mujeres ha ‘desfamiliarizado’ el terreno de otros historiadores”.38 Desfamiliarizado es exactamente correcto -los significados dados por sentado, los términos por los cuales los historiadores han explicado el pasado, la lista de los temas así llamados apropiados para la investigación histórica, fueron puestos en tela de juicio y se demostró que no eran tan comprehensivos ni tan objetivos como se creía anteriormente. Lo que antes era impensable -que el género era una herramienta útil para el análisis históricose volvió pensable. Pero éste no es el final del cuento. Ahora el género, una categoría aceptada por la disciplina, es criticado por la siguiente ola de feministas y por otros, quienes, con razón, insisten en que es tan sólo uno de otros tantos ejes igualmente importantes para 38Anne Firor Scott, Sara M. Evans, Susan K. Cahn y Elizabeth Faue "Women's History in the New Milleninium: A Conversation across Three 'Generations': Part 2". Journal of Women's History, vol. 11, núm. 2, 1999, p. 205. ©Universitat de Barcelona la diferencia. El sexo no subsume la raza, la etnicidad, nacionalidad o sexualidad; estas atribuciones de identidad se intersecan de maneras que hay que especificar. Restringir nuestra mirada a la diferencia sexual significa perder las maneras siempre complejas en las cuales las relaciones de poder son marcadas por las diferencias. El nuevo territorio recientemente seguro del género y de la historia de mujeres está siendo desfamiliarizado, mientras los estudios queer?39, los estudios postcoloniales, los estudios étnicos (entre otros) nos retan a llevar más lejos las fronteras, a deslizamos (¿o brincar?) de manera metonímica a terrenos contiguos. Para algunas, parece prematuro ramificarse antes de consolidar plenamente nuestras ganancias, pero ésa es la manera incorrecta de pensar acerca de la historia del feminismo. El impulso de reproducir lo que ya se sabe es profundamente conservador, ya sea que venga de historiadores políticos tradicionales o de historiadores de las mujeres. Lo que hace -ha hecho-la historia del feminismo tan emocionante es precisamente su negativa radical a establecerse, a llamar “hogar” a un alojamiento bastante confortable. IV La melancolía descansa sobre la fantasía de un hogar que realmente nunca lo fue. Nuestra idealización del momento intensamente político, orientado hacia las mujeres de la reciente historia feminista y nuestro deseo de preservarlo (al hablar de él como la esencia de la historia de mujeres) nos ha impedido apreciar el entusiasmo y la energía de la actividad crítica que era entonces y es ahora la característica definitoria del feminismo. La 39 Palabra originalmente utilizada para definir lo extraño, bizarro y singular. Se usó en los años 1950 y 1960 en Estados Unidos como un término peyorativo para los homosexuales masculinos. En la década de 1990 surge en la academia estadounidense el concepto queer theory para definir el instrumental analítico y metodológico que señala la falta de consistencia y congruencia entre el sexo cromosómico, el género y el deseo sexual. Para una introducción véase Jagose Annamarie, Queer Theory, An Introduction, Washington Square, New York University Press, 1996. Véase también Judith Butler, Cuerpos que importan. Sobre los límites discursivos del sexo, Buenos Aires, Paidós, 2002. En México sobre homosexualidad femenina véase el número especial sobre "Las raras" en Debate Feminista, año 15, .núm. 29, abril de 2004. ©Universitat de Barcelona preocupación principal de la historia feminista nunca fue el documentar las experiencias de las mujeres en el pasado, aun si ése era el medio más visible con el cual perseguíamos nuestro objetivo. La razón de mirar hacia el pasado era desestabilizar el presente, el retar a las instituciones y las formas de pensar patriarcales que se legitimaban a sí mismas como naturales, hacer que se pensara lo impensable (por ejemplo, separar género de sexo). En las décadas de 1970 y 1980 la historia de mujeres formaba parte de un movimiento que consolidó la identidad de las mujeres como sujetos políticos, que permitió el activismo en muchas esferas de la sociedad y que ganó una visibilidad pública sin precedentes y, finalmente, tuvo algún éxito. La ERA (Equal Rights Amendment) no fue aprobada, pero otras medidas antidiscriminación sí lo fueron. El Título IX tuvo un efecto tremendo como lo tuvo la acción afirmativa y las campañas para identificar y castigar el acoso sexual.40 El patriarcado no cayó, las jerarquías de género permanecen y la reacción es evidente (la biología evolucionista es su más reciente encarnación), pero muchas barreras para las mujeres (especialmente para las mujeres blancas, de clase media y profesionistas) han sido removidas. Y las Naciones Unidas han declarado al mundo entero que reconocen que los derechos de las mujeres son derechos humanos. El estatus de las mujeres como sujetos de la historia, sujetos productores de conocimiento histórico, y sujetos de la política, parece haber sido asegurado en principio, aunque no siempre en la práctica. La aceptación pública de la identidad de las mujeres como sujetos políticos hizo redundante la construcción histórica de esa identidad; no había nada nuevo que defender en ese ámbito. Las historias diseñadas para celebrar la agencia de las mujeres parecían volverse predecibles y repetitivas: más información recopilada para probar un tema que ya había sido probado. Aún más, las políticas de identidad se volvieron melancólicas y 40 La ERA -enmienda para los derechos igualitariosfue un intento a finales de la década de 1970 y principios de la de 1980 de hacer aprobar una enmienda para la igualdad entre mujeres y hombres. El Título IX era una sección del Acta de Derechos Civiles (Civil Rights Act) de 1965 que demandaba que muchachas y muchachos tuvieran las mismas oportunidades deportivas en los centros universitarios. Fue muy exitoso, ya que abrió la oportunidad para las muchachas para la competencia atlética y el ©Universitat de Barcelona conservadoras en las últimas décadas del siglo XX (como lo ha demostrado de manera tan persuasiva Wendy Brown).41 Las víctimas y sus heridas se hicieron visibles y, aunque se hizo un buen esfuerzo en su nombre, la situación de las mujeres como sujetos heridos ya no inspira políticas creativas o a la historia. Cada vez más, también, las diferencias entre mujeres se volvieron más difíciles de reconciliar en una única categoría, incluso si la pluralizábamos. “Las mujeres” (como quiera que fuera modificado) se parecía demasiado a una universalización de las mujeres blancas, occidentales y heterosexuales, una categoría no suficientemente capaz de hacer sola el trabajo que las consideraciones de las diferencias entre mujeres requerían. El surgimiento de nuevos movimientos políticos parecía clamar por nuevos tipos de sujetos políticos; las identidades únicas no trabajaban como antes lo hicieron para la construcción de alianzas estratégicas múltiples y mutables. En este contexto, una nueva generación de feministas enfocó su lente crítico hacia la construcción de la identidad misma como un proceso histórico. Tratando de desfamiliarizar las demandas contemporáneas de la identidad, resaltaron las maneras complejas en las cuales la identidad “mujeres” opera, y no únicamente para significar “género”. Si la raza, la sexualidad, la etnicidad, y la nacionalidad juegan papeles igualmente importantes en la definición de “mujeres”, entonces el género no es una categoría lo suficientemente útil para el análisis. Contar la historia como lo hice implica una narrativa singular que, de hecho, no venía al caso. No nos movimos de manera nítida de identidad a género a una crítica sobre la formación del sujeto. La historia del feminismo en estos años no es un relato sobre un asalto unificado (Clío blandiendo el género, cantando sobre las mujeres). Al mismo tiempo que la identidad de las “mujeres” se consolidaba, aun si las mujeres parecían ser los objetos principales de nuestra búsqueda, había voces críticas, conflictivas apuntando los límites de “mujeres” y de “género”, que introducían otros entrenamiento (N. de la t.)- 41 Wendy Brown, States oflnjury: Power and Freedom in Late Modemity, Princeton, Princeton ©Universitat de Barcelona objetos y que teorizaban acerca de diferentes maneras de considerar los significados históricos de la diferencia sexual. Gayle Rubin, en 1975, abría el camino (entre otras cosas) para repensar e historiar la heterosexualidad normativa.42 Natalie Davis propuso en 1976 estudiar, no a lecturas reduccionistas sobre los símbolos de lo masculino y lo femenino nos recordó múltiples y complejos significados históricos de estas categorías.43 La IX Barnard Conference, The Scholar and the Feminist en 1982 terminó devastada por los debates sobre el lugar del sexo en las representaciones sobre la agencia de las mujeres.44Denise Riley en 1988 sugirió que la categoría "mujeres" no era categoría fundamental sino histórica.45 Ann Snitow apuntó en 1989 que el feminismo estaba dividido por deseos irreconciliables tanto de similitud como de diferencia.46 Evelyn Brooks Higginbotham, al tratar de escapar de los efectos totalizadores de las oposiciones simples entre mujeres blancas y negras, teorizó sobre el "metalenguaje de la raza" en 1992. "Al reconocer plenamente la raza como una reconstrucción inestable, cambiante y estratégica,”escribió, "las estudiosas feministas deben asumir nuevos retos para informar y desechar muchas de las suposiciones que actualmente subyacen a la historia afroamericana y a la historia de mujeres. Debemos problematizar mucho más lo que damos por sentado. Debemos traer a la luz y a la coherencia lo singular y lo plural que siempre fuimos en la historia y que aún somos actualmente hoy en día".47 Afsanef Najmabadi en 1997 declaró su "no tan escondido placer de no poder (o no querer) University Press, 1995. 42 Gayle Rubín, "The Trame in Women: Notes on the 'Political Economy' of Sex", reimpreso en Joan Wallach Scott, Feminism and History, Oxford, Oxford University Press, 1996, pp. 105-152. Existe traducción al castellano en Nueva Antropología, revista de ciencias sociales, vol. VIII, núm. 30, noviembre, 1986, México, pp. 95-145. (N. de la t.) 43 Natalie Davis, '"Women's History' in Transition: The European Case," en Joan Wallach Scott (ed.) Feminism and History, Oxford, Oxford University Press, pp. 79-104. 44 La colección de ponencias de la conferencia aparecieron en Carole S. Vanee, Pleasure and Danger, Boston, Routledge &.K. Paul, 1984. 45 Denise Ríley, Am I that Ñame? Feminism and the Category of 'Women in History, Londres, Macmillan, 1988. 46 Ann Snitow, "A Gender Diary," en Marianne Hirsh y Evelyn Fox Yeller (eds.) Conflicts in Feminism, Londres, Routledge, 1990, pp. 9-43 47 Evelyn Brooks Higginbotham, "African-American Women's History and the Metalanguage of Race", reimpreso en Joan Wallach Scott (ed.) Feminism and History, Oxford, Oxford University Press, p. 202. ©Universitat de Barcelona permanente: bailaban en el monte Olimpo; el monte Helicón era también su guarida. Y no se sentaban o caminaban, volaban: “...a donde vayan pueden ir volando; ya que de tal manera viajan usualmente las diosas, como el rey Píreo de Daulis, quien trató de violarlas, lo supo demasiado tarde ya que pereció cuando brincó del pináculo de una torre al tratar de seguir a as musas voladoras que se escapaban de él”54 Aquellos que vuelan escapan a los peligros de la dominación, los poderes tiránicos de la ortodoxia. El vuelo es también un camino positivo, una subida vertiginosa; traza el camino del deseo. Cuando se deja atrás la melancolía, ese camino se abre para nosotras. Y la pasión regresa al tiempo que se apresta para su última persecución de lo que aún no ha sido pensado. 54 http://homepage.mac.com/cparada/GMLyMUSES.html (consultado el 13 de noviembre del 2002). ©Universitat de Barcelona