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Paseos de un solitario : memorias íntimas, hombres y mujeres de mi tiempo (segunda serie) / Carlos María Cortezo

Cortezo, Carlos María

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y E e a A a) CS Ga A » eN a A NAS PERÓN y E > s ' A UA EA ñ iS: EG , PISA a SN tE O A as Ae OS E ERA a OE a O ñ RE 2 An ón a GS ep ee $ é E OA SENA CEA Se e SÓN PATO ; ENE o page gia o Aba A Y AS ALA, NA nds eS Be eS Ea ac SS PCIA o E AAN od IAEA: O : AN a E A! a: noO AS Cas OA des A A ds po A ASS ES ¿Ci ea 05 al z DN uc eN A AN OS SI o Aa dd OR MR PO A AAA sr NN EL Med eb: ; da PS aa AGA AL DoS aa ds Gate era ON NO da Ney AOS IEA AOS ces Es AA y Ad as ls dns de AAA A PES done Pi ea 2 : cn de % So o E Ra OO An ¡ ON iS, O 2NSe RIE PESTE O Edo coa! y PY DS A NOA 2 OS Cc DoS o Se ETS: SO BAD iS A Mina CdS ARIS 2 ES sw y muje AULA AA MADRID IMPRENTA ENRIQUE. TEODORO : “Glorieta de Sta, María de la Cabeza, 1, 1923 7 1 A CARLOS MARÍA CORTEZO lo que alcanzaba a ver del parque. El principal motivo de mi preferencia por aquel asiento era que, muy cerca y detrás de él, había una reguera angulosa, en cuyas piedras arrancaba el agua ruidos caprichosos, y espumas chispeantes que daban al oído la ilusión de la proximidad de una importante cascada. AMí, durante tres O cuatro años, me han leído, ayudándome a traducirlos, 2 Enrique Heine, a Goethe, a Uhland, a Nietzsche y a tantos otros que mi perra escuchó con resignación, y yo con verdadero deleite, y que hoy recordábamos segura- ME mente los dos con sentimiento. q El otoño es en Madrid la estación privilegiada. Suele tener una constancia. que jamás nos ofrece la primavera, una tibieza de temperatura que nos niega el invierno y que exacerba el verano. La limpidez del cielo ostenta una brillantez de azul intenso, que ni pardea: con las brumas caniculares, ni se nubla por los vapores | precursores de las lluvias de la primavera; si alguna vez flotan nubes en medio de este esplendor, tienen matices de plata, nacarados y luminosos, que parecen venir en: EN ayuda del sol a contribuir a la belleza del cuadro. Rara vez veis ura amenaza de tempestad en las nubes de otoño, al menos en nuestro cielo madrileño. Por algo celebraban nuestros abuelos las fe+Zas, es decir, las jor- | nadas del mercado alegre de fiesta y de bulliciosas holganzas, en estos días automnales., ; Pero lo que más hermoso tiene el mes de Octibeal es el color de los árboles. Muy bello es el verde juvenil, todavía algo grisáceo, con que se anuncia la primavera, cubriendo de retoños las ramas, y dando al conjunto el aspecto de un tul de gasa verdosa, tendida sobre los árboles, secos en los días anteriores; muy bello es el 4d PASEOS DE UN SOLITARIO TI _ verde de esmeralda, vivo y transparente de las hojas recién abiertas bajo las caricias del sol de Abril y de Mayo; pero estos tonos dorados, cobrizos y carmíneos que afectan en Noviembre las hojas antes de caer, como haciendo un esfuerzo de belleza, para librarse de la condenación a la muerte, estos contrastes de los matices amarillos y cobrizos, sobre el severo verde de los pinos, que parecen envanecerse con la persistencia robusta en el lujo de su ropaje, o con el gris igual y verdoso de las encinas, que manifiestan su indiferencia de viejas originarias y que se dirían siempre privadas de juventud y alegría, todos estos matices, colores y contrastes, son mucho más variados en Octubre y en Noviembre, que en los demás meses del año. La escarcha empieza a sustituir sobre las hierbe- - cillas al rocío, como los desengaños helados de la edad madura suceden a las ilusiones irisadas de la juventud. Los crisantemos, con su dudosa belleza de flores de papel recortado, reemplazan a las rosas fragantes, orgullosas y variadas, como éstas sustituyeron a las violetas y alos lirios; pero las masas de color de las flores japonesas, nadie puede negar que dan a los jardines en esta estación, un aire señoril y suntuoso que podrá tener - menos poesía, pero que parece ostentar un lujo elegante y refinado. El mayor lujo. del otoño está en el alfombrado del suelo; las hojas que se desprenden con lentitud y caen columpiándose, y dando vueltas cadenciosas, “revisten el suelo de un mosaico policromo kaleidoscó- Pico, sobresaliendo entre ellas, como motivo de la deco- - tación del tapiz, las que se desprenden de los plátanos, SN - Semejantes a enormes abanicos caídos de las manos de -Aaliscas somnolientas; otras veces las hojitas se des- 12 CARLOS MARÍA CORTEZO prenden arrancadas por el viento, y caen ruidosas y se dejan arrastrar en remolino, que huye delante de nuestros pies, como queriendo llevarnos fascinados en una especie de Walpurgis iluminado, hacia una fosa que, come próxima, nos presagia. Después de pensar estas simplezas me levanto y 3 sigo mi paseo, siempre precedido de los saltos y carre- | ras alegres de mi perra. ¡Vamos, Gosa, vamos! ¡Qué feliz eres si no tienes memoria para estas cosas, y la conservas para la fidelidad y el agradecimiento! ¡Qué feliz eres, poniendo sobre este pentágrama de melancolía, las notas sonoras de tu cascabel metálico y - de tus ladridos alegres, que me reprenden por la: gravitación tenaz de mi ánimo hacia las tristezas de lo porvenirl P Sin querer vuelvo a meditar sobre lo que es la raza canina, como compañera y consuelo de la humana, y lo primero que se me ocurre es preguntarme, como Vol. taire: ¿por qué una religión y un pueblo tan avanzado en civilización como el hebreo, cuyos hijos han demostrado con su perseverante actuación en la Historia, lo bien que a todas las civilizaciones se adaptan, han considerado al perro como un animal inmundo? ¿Qué habrán encontrado en él que le hiciese acreedor a su anatema, y a que nos le retrate con más frecuencia, errando por los cementerios entre los leprosos y los endemoniados, “ mejor que en el hogar doméstico, acompañando a los niños y a los ciegos, guardando la propiedad y muriendo de pena sobre la tumba de su amo, como lo esculpen los artistas medioevales en los enterramientos de nuestros templos? No lo sé; pero en mis fantásticas maneras de pensar, me inclino a creer que es éste un fenó- PASEOS DE UN SOLITARIO 13 meno de aversión instintiva hacia un ser al que la realidad concede, y en quien la fantasía exagera, aquéllas - Condiciones relevantes que muchas veces niega la realidad, y muchas exagera la injusticia en la raza judía. En efecto, al perro se le atribuye la lealtad, el afec- to, el desinterés, el agradecimiento, el sacrificio por su amo, la resignación ante el castigo, la reciprocidad del amor tras el dolor causado, en fin, todas esas condiciones que se dibujan en el perro y que los observadores, los naturalistas y los poetas han extremado en sus descripciones, exagerado en sus efectos y registrado cuidadosamente en sus relatos. Compréndese pues, hasta cierto punto, que un pueblo al que sistemáticamente se le negaban, con razón o con injusticia por sus enemigos, esas verdaderas virtudes, mirase con antipatía al símbolo representativo en que las creían cifradas. Y sin embargo, pienso ahora, que era entre los cristianos viejos costumbre, la de lanzar sobre los Hebreos el paradójico epiteto de perro judío, con lo cual queriendo inferir una ofensa hacían un elogio, al menos según yo pienso, y conmigo todos los numerosos amigos de los perros. Verdad es que estos modismos representativos de ideas acuñadas, dicen muchas veces lo contrario de lo que quieren expresar, y a este propósito, por analogía de lo de perro judío viene a mi memoria la expresión de cristiano rancio. Con esta última se ha querido decir «hombre que profesa la fe de Cristo de un modo hereditario, permanente e incontestable» y se viene a decir lo contrario de lo que se deseá, dado que rancio es Aquello que, por haberse pasado del momento oportuno de su madurez, comienza a fermentarse, a perder sus e O 14 CARLOS MARÍA CORTEZO condiciones de gusto agradable y, en una palabra, a echarse a perder, a enranciarse. Si yo tuviera intención Y de dar ciertos transcendentalismos a estas livianas €X- q presiones mías, podría atreverme a decir que la frase e de «cristiano rancio» mo está tan mal producida, aunño que sí mal aplicada; pues a mi juicio estos cristianos de ó hoy, que derivan de Lourdes, como los primitivos derivaron del Gólgota, que admiran los preceptos y la moral | de Loyola, antes que las efusiones amorosas de Francisco de Asís, esos no estarian mal llamados rancios, en el sentido de que comienzan a echar a perder una cosa 7 excelente, bella y veneranda (1). No pretendo emular a Buffon ni a tantos otros es- -critores que en la alabanza del perro se han esforzado, ni pretendo ocuparme en la fácil tarea de cosechar en 1] multitud de libros y Enciclopedias, todas las anécdotas Í que en honor del can se han consignado; pero en mi manía pedagógica me ocurre, que constituiría un precioso libro de lectura educativa aquel en que se recogieran tales episodios descriptivos, pues con él se conseguiría que el (1) Dice el Diccionario de Autoridades (que en este punto ha de tenerla mayor que muchos otros), que raxcío es un adjetivo que se aplica a «una alteración que con el tiempo experimentan los comestibles y otras cosas que las mejora o echa a perder», Y como yono | puedo admitir que nada pueda mejorar la palabra de Dios mismo, | claro está que el cristianismo rancio ha de parecerme cosa echada a perder, con la más santa voluntad, pero al fin, deteriorada. Volviendo a la palabra perro empleada como término despectivo, me parece que las sectas religiosas se la han lanzado las unas a las otras, a partir de la judía que, por su concepto de inmundo, generalizaba el epiteto a los cristianos que se la devolvían, y a los Maho- ' metanos que no se quedaban con él. Es, pues, ésta, una de tantas ocasiones en que las palabras adquieren, por el uso, una significación que dista de su concepto intrínseco y de su justa aplicación. Vr, AE PASEOS DE UN SOLITARIO ! 15 "niño Aptendiese a saber por qué ama al perro, y luego hombre, recordaría que debiera seguirle amando aún e imitando sus condiciones relevantes de fidelidad, de agradecimiento, de adhesión y de respeto inquebrantable, a la propiedad de aquel de quien recibe benefi: Clos. : Este efecto debiera ser fácil de obtener, pues en general los niños adoran a los perros, por una razón que tiene fundamento psicológico innegable. Todos tenemos tendencia a amar aquello que es más débil que nosotros y sobre lo que visiblemente podemos ejercer protección que produzca reciprocidad de amor y de agradecimiento. Por eso el hombre ama a la mujer, sin que ella “sea siempre el prototipo de la fidelidad y el agradecimiento, y ama a su madre tanto más cuanto más anciana; es decir, cuanto más débil y necesitada de recibir lo que se anticipó a prestar, aunque las más de las veces no lo reciba con la efusión, la largueza del interés compues- to en que debiéramos haberlo capitalizádo; por eso, - Cambién el ciego, el inválido y el solitario aman a este ,Animal en quien ven inferioridad de capacidades y devolución de afectos que la sociedad, distraída y egoísta, puede no ofrecerles con toda la espontaneidad y perse- Verancia que su penosa debilidad exige. - El cariño de las solteronas a los perros es um ins- _Untivo e inconsciente empleo de las condiciones de amor y de maternidad que las circunstancias decretaron “quedasen en ellas depositadas sin empleo; pero como Sl amor es perfume, esencia expansiva, etérea y pene- 0 trante, no consiente el encierro, se exhala y evapora, ca: do Yendo sobre los seres que son capaces de estimarla y a | - Mienes aprovecha en su forma más simpática de pro- Ey 16. CARLOS MARÍA CORTEZO Al tección caritativa. Tengo ésto por tan cierto que, de mi parte, lejos de encontrar ridículas a las célibes que crían, se preocupan y se desvelan por los animalitos domésticos, y por los perros en particular, las encuentro dignas de alabanza y de estimación respetuosa, mien: tras que formo idea poco favorable de aquéllas sus con: géneres, que prefieren la escrupulosa corrección de su persona, de su casa y de sus costumbres, a sacrificar algo de la complacencia que estas cosas les producen en aras de afectos por ellas despertados, y de protecciones hacia las que la bondad de su corazón debe inclinarlas. - ¿Cómo hubieran estas señoras, me digo yo muchas A veces, desempeñado su papel de esposas y de madres, tan lleno de sufrimientos, de sacrificios, de desvelos y | de dolores, las más veces no recompensados, ni siquiera por una caricia, cuando no sienten la necesidad de ceder al institivo empuje del amor y de la caridad, y encierran sus aspiraciones en la sequedad estéril de la satisfacción de los pequeños gustos y de las molestias del trato social, y las arbitrarias distracciones en que éste suele encontrar su solaz? Pero un poco lejos me encuentro de mi perra, quien me advierte, con cronométrica exactitud, que la hora. de volver a casa ha llegado, y me impone, con tiránicos ladridos, la necesidad de apresurar el paso y de no detenerme conversando, ni aún saludando siquiera a personas que a ella le parecen inportunas, y hacia las cuales no se cuida de ocultar su desabrimiento, ¡Cómo ha de serl Por algo decía un viejo criado mío, jugando picarescamente con el voeablo, que «los viejos, de una o de otra manera, se dejan llevar por las y perras». j PASEO II La educación sentimental. «El que se lanzase á la refriega de la existencia con espada de caballero, no podrá escapar de entre rufianes que manejen el puñal, la navaja, 6, cuando más ennoblecidos se sienten, el revólver.» Fosé Echegaray. Leí ayer por la tarde un capítulo en el libro, hace poco publicado, de León Daudet «Le stupide 19 Siecle». Lleva por lema «L'aberration romantique et ses consé. . iences», y es uno de los más bellamente escritos y más fundamentalmente pensados del tal libro; libro que, por Otra parte, no encuentro a la altura de la reputación de “Que ha llegado precedido. Cayendo esta lectura sobre. . Una. rancia preocupación, llena hoy mi pensamiento, no con lo de ella en un principio aprendido, sino por lo que sugiere y despierta de verdades que la realidad Me enseñó en el transcurso del tiempo. i Mi generación, la de la segunda mitad del siglo XIX, recogió viva y palpitante la herencia del romanticismo, que engendrado en el Humanitarismo idealista del XVII 2 E 18 CARLOS MARÍA CORTEZO y en los sentimentalismos ultrademocráticos de la pri “mer mitad del xIX, dominaba en España en la Literatu ra, en la Música, en la Filosofía, en la Religión y en la Política. E “En vano luchaban contra él el clasicismo, la tradición, la ortodoxia y el despotismo; en el teatro, en los -Tibros, en la oratoria sagrada, en el trato social, hasta en la indumentaria dominaba el gusto romántico. No es pues, mucho, el que un niño, que nacía con ansias de ser, de vivir y de aprender, se impregnara en la atmósfera ambiente, la tomara en serio en todos sus puntos, y aun se adelantara á interpretarla con precoces manifestaciones de un sentimentalismo enfermizo. Dice un latino apotegma que el cuerpo consta de aque. llo de que se nutre, y si ésto es verdad en las materialida: des fisiológicas, lo es tanto Ó más en las espirituales y en las dela inteligencia. | eS Yo no sé si nací romántico; pero lo que sí sé hoy. es que lo extraño hubiera sido que mi joven espíritu pudiera resistir a fundirse en el molde de lo que le rodeaba. : bdo A Tenía verdadera avidez por la lectura, y en mis ma nos no caían más que libros redactados por novelistas sensibleros, extranjeros y nacionales, que suplían la fal > ta de originalidad e inspiración con la exagerada expresión de las pasiones; así devoré las obras de Pérez” Escrich, Ortega y Frías, Flores, Fernández y González, * y cien otros compatriotas de desigual mérito, pero de | idéntica tendencia, revelada unas veces en las hazaña “poca diferencia las empresas y los pensamientos d aquellos libros que creíamos muertos, bajo la donosa: PASEOS DE UN SOLITARIO 19 pluma del más preclaro de los ingenios castellanos; Otras veces lo caballeresco y aventurero se encontraba sustituído por la lucha con la injusticia social, por las diferencias de las clases, por el desconocimiento de la Inocencia perseguida, por el triunfo definitivo de la virtud sobre el vicio, Unase a ésto una tendencia mística cultivada cuida- - dosamente por una pobre señora, amiga de mi casa, que _—profesándome apasionado cariño me llevaba consigo a infinito número de novenas, sermones y ejercicios espi- - Fituales, alentándome a la lectura de libros de más piadosa intención que acertado desarrollo de su empeño (1), y entre las aventuras, las protecciones providenciales y los milagros inverosímiles, fué mi pobre cerebro nutriéndose, desarrollándose y dando como fruto un tempera- _ mento intelectual y una idiosincrasia ética, optimista, caballeresca, desprendida por repugnáncia de las impo- -Siciones materiales de la vida, y ridículamente impre- —sionable, aun ante las cosas nimias para los demás. He pensado muchas veces, y hoy me persuade la ex- —Periencia a creer que aquella errónea y casi espontánea E educación mía me ha dañado mucho en la vida, siquiera me haya proporcionado también innegables consuelos, Por hacerme creer que mi alma y mi pensamiento se -Solocaban instintivamente, en muchas ocasiones, por en- - Sima de lo que sentían y pensaban los demás. Esto último €s verdad y es muchas veces consolador; pero como la vida se vive por intercambio con las ideas ajenas, iS con los procedimientos de los demás y con las creen- 0 No se tome esta mención como queja ingrata fate la modesta NS e - infeliz doña Tomasa Monferrer, para cuya santa memoria no tengo osi ES ' infinito agradecimiento y cariño. 26 ¿CARLOS MARÍA CORTEZO suicidio de las dos obreras en «El judío errante», y multiplica durante los primeros años de su precocidad in- 3 fantil este género de impresiones, mezclándolas con las; emociones descriptivas de martitios horrendos arros'] trados por la fe; el adolescente que aprende de memos ria el capítulo del «Corazón bajo una piedra» de «Los] miserables» y el canto a Teresa de «El diablo mundo», mezclándolos con audiciones ultrapatéticas de Normay Lucía, los últimos actos de los Hugonotes y las roman*] zas de «Stella confidente» y de «Espíritus gentiles»; el! joven que devora las descripciones semiépicas de la, Revolución francesa a través de Lamartine y de Miche-] let, alternándolas con las audiciones de La patética, El aria de Bach y La Traumerai, de Schumanmn; el quel por tales cosas pasa sin interrupción, no es milagro quel llegue a crear en su organismo físico, nervioso receptor, como en su impresionabilidad ética, una susceptibilidad! verdaderamente anómala y enfermiza que le lleva. a tomar inusitada parte en todo sufrimiento ajeno, sea] O no remediable por él, y le impulse a desprendimientos y desdenes de las cosas materiales, que se paga] muy caro por estos Quijotes desconocidos, que previó. el genio de Cervantes sin duda alguna, pero que no! llegó a describir por no considerarlos tan interesantes; como el inmortal prototipo de la locura romántica, que. nos legó para gloria suya y nuestra, y que luego han +. €sbozado muchos otros, y entre ellos Flaubert en la novela que lleva el título mismo que este Paseo. ] hi h A pl ¿Qué deducciones, siquiera pasajeras y para uso pio PASEOS DE UN SOLITARIO : 27 pio, saco yo de esta experiencia mía y de lo en otros E RESACIDO: ES No En primer lugar, que es necesario el ocuparse hon- : bat de las lecturas, de los espectáculos y de las impresiones que actúan sobre el ánimo de los niños. En segundo lugar, que es preciso. preocuparse en que lo leído por los niños, sea por ellos entendido y aprovechado. Sobre ésto nunca se machacará bastante cerca de los pretendidos pedagogos, que proclaman en Sus discursos y en sus escritos esta sana doctrina, apoyándola en procedimientos más o menos ingeniosos; - pero a los cuales, apenas se les lleva al terreno de la aplicación práctica de su enseñanza, caen en las ruti. nas cómodas del memorismo, consiguiendo con ésto y con la complicidad criminal de los examinadores oficiales, que las pobres criaturas, víctimas de los unos y de los otros, se embriaguen con la obtención de sus notas de sobresaliente, concedidas a las relevantes condiciones de su papagayismo y en realidad no sepan una palabra de las materias mismas en que se asegura que han Sobresalído. Haz la prueba, lector, y cuando sepas de un alumno o alumna que ha merecido matrícula de Ho- nor en Religión, pregúntale la diferencia entre el dog- Ma de la Encarnación y el de la Concepción de la Vir- Sen, y te encontrarás con que no lo sabe en la mayor Parte de las veces; y si la asignatura en que les galardonaron es la Geometría, no te sabrán decir cuántos - CEntímetros cuadrados tiene un metro cuadrado, ni cuán- LOs metros cúbicos un decámetro. E - Pero desbarro; no es ésto a lo que yo quería llegar. Quería indicar en una tercera consecuencia, lo conve- Miente de estudiar el temperamento del educando, para 28 CARLOS MARÍA CORTEZO elección de sus lecturas, espectáculos e impresiones: La norma que para ésto debe tenerse en cuenta ea la de la semejanza, dentro de una misma raza, nación Y aún familia, de cada individualidad, con las agregacio! nes, colectividades o pueblos que siguen sistemas edu' "cativos determinados. Es indudable que dentro de uf corto número de alumnos, a puco que se investigue, su encuentra el tipo latino, el anglosajón, el eslavo y € el oriental. ] Ahora bien; educar románticamente a un latind prácticamente a un anglosajón, místicamente a un eslar: vo y fantásticamente a un oriental, es llevar a la prác: tica el simbólico mito de una Babel artificial, en la cual acabarían por no entenderse nunca los pueblos. 1] Y sin embargo, así es lo que en la práctica acontece! sobre todo en los dos tipos de temperamentos o cas racteres que he mencionado, y según ésto se ponen en manos de los niños latinos libros que hablan a su imas ginación en el sentido de la más romántica cursilería, : con lo cual se obtiene uno de estos dos resultados: 0 que el niño, en el curso de su vida práctica, resulte un' verdadero anormal del sentimentalismo; o que él, al ex ó perimentar las primeras Impresiones de realidad, con! trarias a lo por él aprendido, se haga a sí propio un es: céptico sistemático, dañoso para los demás, como el, otro lo era para sí mismo. Si al joven anglosajón no le dan sino enseñanzas! prácticas, materialistas y de oportunidad ' convencional, | quizás se conseguirá hacer un secuaz de Epicuro de vis. | ta baja en constante rebusca de todo lo asimilable; pero 1 privado de Ja contemplación y del deleite producido pot todo un mundo que se o por encima de la direc: PASEOS DE UN SOLITARIO 29 Ción de su mirada y de todos los perfumes y sentimientos que van a constituir los celajes del paraíso deleitoso. de la fantasía, del sentimiento y del inefable amor. Es, pues, necesario compensar las tendencias con las impresiones, los instintos con los frenos, y las apatías con los estímulos. : Permítaseme recordar algo que en este sentido dice _€l inimitable Schopenhauer: «Lo que el hombre maduro ha ganado por la experiencia de la vida; lo que hace Que vea el mundo de otro modo que el adolescente y el hombre joven, es ante todo, la ausencia de prevenciones. El, a lo primero, comienza a ver las cosas simplemente y a tomarlas por lo que son, mientras que a los ojos del hombre joven y del adolescente, una ilusión compuesta de sueños creados por ellos mismos, de prejuicios transmitidos y de fantasías extrañas, velaba o deformaba el - mundo verdadero. La primera tarea que la experiencia halla por realizar, es libertarnos de las quimeras y de las nociones falsas acumuladas durante la juventud. Preservar de ellas a los jóvenes sería ciertamente su mejor educación, aunque sea simplemente negativa; Pero este asunto es harto difícil. Sería menester, a este Propósito, comenzar por mantener el horizonte del niño lo más estrecho posible, no procurarle en sus límites Sino nociones claras y justas, y no dilatarlas sino muy 'Stagualmente, después que tuviera el conocimiento Se. de todo lo que está en él, y cuidando siempre de Que nada quede oscuro, nada comprendido a medias o A través, Resultaría de aquí que sus nociones sobre las Cosas y sobre las relaciones humanas, aunque restrin- Sidas aún, y muy simples, serían no obstante claras y Verdaderas, de manera que no necesitarían sino extencr A A A A A 30 CARLOS MARÍA CORTEZO sión y no restricción, se continuaría así hasta que €! niño se hiciera hombre: Este método des A todo y ejemplo, o la de Carlos Felipe Moritz, refléjada en sui obras «Antonio Reiser o Antonio viajero» y 20d | Hartkpopf o Andrés a dura.» i sucesos y los personajes importantes harán su ca : . en nuestra existencia con tambores y ias en la Rezaban así: He soñado que estaba en mi fosa, Inerte, sujeto por húmedas tablas; Y buscaban sedientos mis labios k El ramo de rosas que echaste en mi caja, Oprimía agobiando mi aliento, La losa implacable, la tierra compacta; Y ensanchaba gozoso mi pecho, -Oyendo en el mármol crujir tus pisadas. E PASEOS DE UN SOLITARIO ( 31 He sentido correr por mis sienes Contactos viscosos de fétidas larvas; Y pensaba anhelante que, entre ellos, Acaso á mi frente llegasen tus lágrimas. Desperté: con las luces del día, Gorgeos y aromas llenaron mi estancia; Y con ellos, impío el recuerdo; Con las claras luces, la verdad amarga, Ven mis ojos las flores marchitas, Las prendas devueltas, de amores las cartas, Y el pañuelo que un día me diste, Que tu llanto fingido empapaba. ¡Oh, maldita verdad!, ¡dulce sueño, Que mi cierto dolor halagabasl! Cuando en prenda de amor, me ofrecías Un ramo de rosas, echado en mi caja. 1868. Quedéme pensando y procurando recordar qué acontecimiento de mi vida podría haber justificado la amar- Sura que inspiraba aquellos renglones, Pues bien, recordé que estaban escritos a los diez y ocho años, después de una noche en que entre lagrimas y suspiros no logré Pegar los ojos hasta las cuatro de la mañana á consecuencia de una vulgarísima coquetería de una jovenzuela de quien yo estaba o me creía profundamente ena. Morado y a quien luego he encontrado muchas veces en el mundo como simpática madre y aún abuela, sin ha- 'erme venido al pensamiento ni su veleidad ni mi pa- Sión. ] E e % Re e Y AGITADA EAES E a PASEO HI - Arpegios filosóficos. «¿Qué mucho que yo perdido ande, Si nos engaña así Naturaleza?» Argensola. ¡Hermosa, anticipada e incomparable primaveral ¿Será definitivo el cambio que nos ha traído tras de S, lluvias y vendabales, esta apacible temperatura, £ste cielo transparente y Sereno, y este visible despertar de toda la naturaleza, que se manifiesta en los ar- Bustos llenos de lilas, en los arriates, platabandas o ma- Cizos (1) cercados de lirios, repletos de violetas, miosotis y pensamientos? ¿Será posible que se engañen en Sus Esperanzas esas mariposas que se han desperezado al sol, esos mirlos: y €sos ruiseñores que llenan el aire COn sus trinos y sus silbidos? No o sé; pero nacido en adrid y viviendo en él la mayor parte de mi vida, no me fío mucho; recuerdo el refrán local de hasta cuarenfrío SES : Lada CoN Ambas palabras faltan en nuestro diccionario de 194. Estas ces últimas quizss por timidez meticulosa ante el galicismo o quizás Por menosprecio al sacrosanto uso, quem poenes “ca Pascal la diversión. «A. pesar de tales miserias, qu Y 34 CARLOS MARÍA CORTEZO ta de Mayo no te aligeres el sayo y, acudiendo al alma: naque espontáneo del mundo animal, no confío en € tiempo hasta que oiga chillar a los vencejos por las calles y arrullar a las tórtolas en las arboledas. A Entretanto me siento hoy en el banco preferido, abro sobre mis rodillas un tomo de mi Pascal y le recorr0 con mis dedos, mientras mi vista aprovecha lo que le es dable en el cuadro espléndido que se le ofrece. ; Hoy no estoy para pensar en nada, O quizás, Pp pensar en tantas cosas, tiene mi imaginación que somé* terse a la férula ajena y saborear lo que le dan mastid e, : cado. ¿No habiendo podido los hombres evitar la muertól. la miseria ni la ignorancia, para ser felices, se han dad! ñ cuenta de que debían no pensar en ello.» Así se expli te el hombre ser feliz y solamente feliz, y no puede del jar de quererlo. ¿Pero como lo conseguirá? Sería nece i sario para bien proceder, que se hiciera inmortal: mas no pudiendo, se ha decidido a no pensar en ello.» 7 «Si el hombre fuera feliz, lo sería tanto más cuantó menos divertido estuviera, como los santos y comÚ Dios. Sí: ¿pero no es ser feliz el poder divertirse por la$ distracciones? Nó, porque vienen de otra parte y de fueró de él y así son dependientes y, por lo tanto, sujetas 2 ser perturbadas por mil accidentes que constituyen aflic” ciones inevitables.» 3 Según estos pensamientos del gran jansenista, ins” tintivamente buscamos el goce, o por lo menos el bier í estar, saliendo de nosotros mismos. Si a ésto unimos la sensación innegable de supremo placer que experimel* lo tamos con el sueño, al cual aspiramos como consue PASEOS DE UN SOLITARIO 35 de la tristeza, descanso de la diversión, alivio del hastío, remedio del dolor y recompensa del trabajo; si bien Pensamos en todo lo que hacemos para procurarnos este sueño, que es, después de todo, anulación de la Vida, tendremos que convenir, sin amargura ni escepti- Cismo, en que nuestra vida toda, así en su aspecto racional, como en el material y fisiológido, nos advierte Que lo mejor de la existencia es no vivir, es alejarse de La realidad: es, Pues, la muerte; y sin embargo, el instinto hace que nos agarremos a la vida, y el pensamien- to nos lleva al ideal de la Inmortalidad. ¿Cuál puede ser la explicación de esta lucha? Nadie lo sabe ni el mismo Pascal intenta explicarlo... La observación, el estudio ¿son remedios? Ambos nos alejan de nuestra realidad interior por su objeto; y su objeto es, en la primera, saber, sin darse cuenta de que se aprende; el segundo, esforzándose por aprender para llegar a Saber... ¿para qué saber si el aprender es luchar, y se- -Pamos poco o mucho al fin hemos de morir? ¿No tendrá explicación este instinto que nos arras. tra fuera de nosotros hacia la, diversión, o hacia el estudio? . Los místicos, los ascetas mismos, llenan su soledad COn la invocación de Dios, con su contemplación que les aleja de la propia realidad, es decir, con una Aver. s2óx, en el sentido más riguroso y etimológico de la palabra... (di-vertir, derramar, verter o volver afuera; dis- 1r2er, arrastrar o llevar fuera.) Cuando observo, cuando percibo una sensación por Cualquiera de mis sentidos, dicen los pensadores que “ento el tesoro y el acervo de mi ser consciente, y 9 Que hago, por lo visto, es apartarle de su propia rea- 42 ) “CARLOS MARÍA CORTEZO La abeja toma de la flor los elementos para hach 4 su miel, pero no la infecta ni la destruye. Las mate sas y otros insectos depositan en la flor los huevecils que después destruirán el fruto. La obra del trabajo al truista nunca daña ni ofende; la obra anhelante de la. generación, siempre es dañosa para los demás, bus* cando en su egoísmo la complicidad ajena. A ue- Los poetas y por extensión los oradores de alto ke 3 ; E : ex lo son como los mMICroscopios; amplifican y engran A . N ero cen las cosas haciendo de una pulga un elefante, p ; ; nte. claro está, que a nadie le hacen creer que el elefa 3 cabe dentro del microscopio, a salió! nal gótico, la tosquedad de la piedra de O 4 ¡Oh, Arte creador, tú eres lo único que a el decif que el hombre es imagen y semejanza de Dios Es evidente que el cielo azul no se a cc pre a la misma distancia de nosotros. Hay días en qu ) la insignificancia de su gris azulado parece darle el ca h rácter de un techo de casa particular; pero hay otros E que la Intensidad de su azul obscuro, parece llamarnos E Unas honduras lejanas, en que nos invita a la evapora ción del espíritu. i En las noches es esto todavía más cierto; en algu nas de ellas parece que los astros son lámparas domés-; Re ; isterio ticas; en otras son faros de infinita lejanía. El misteri es base de todas las grandezas. En materia de amor, creedlo todo y dudad de todo; AU AI II PASEOS DE UN SOLITARIO 43 | Pero particularmente creed todas las extravagancias y dudad de todas las firmezas. E La solución más feliz de una relación amorosa es la de verse reemplazado. Todo otro desenlace produce en el resto de nuestra vida, tristeza si aniábamos de veras; remordimiento, si éramos amados á pesar nuestro; embarazos materiales y pecuniarios, si éramos objeto de Un cálculo, La traición, en vez de víctimas, nos constituye, pues, en árbitros. Gozad discretamente de la juventud, pero gozad de - ella, Ahi, si la rosa pudiese retener el perfume que exhaló a las primeras horas de abrirse; si el ave pudiera sostener las notas de su primer canto; si la antorcha diera siempre luz sin consumirse; si el amor lograra hacer cristalizar la primera mirada que se cruzó entre dos seres al comprenderse... ¡Pero la flor se marchita, el ave enmudece, la antorcha se consume, el amor se hastíal ¡Gozad del perfume, de la armonía, de la luz, del amor, que para eso habéis venido al mundo y no para . Ser viejos y para llorar sobre las flores marchitas, las “luces apagadas y los amores desvanecidos! os PAE E 2 SS pS eE PASEO IV El Salón del Prado.—Lo cursi. pi «Tanto vestido blanco, Tanta farola, Y el puchero a la lumbre Con agua sola.» «Papeles son papeles, Cartas son cartas, Palabras de los hombres Todas son falsas.» Cantos infanttles. - Hoy he paseado al sol a lo largo del tradicional Y madrileñísimo Salón del Prado. Este paseo, protegido de los vientos, en estos días dudosos de invierno fugiti- VO y de primavera no confirmada, encuentra en ellos la €Xplicación de la idea que debió regir para su cons: trucción. Hoy el Salón del Prado ha perdido completamente todo su carácter con los jardinillos que en'él plantó mi Amigo el Sr, Marqués de Lema, y los arbustos, palme- ASEy Pequeños cedros que le dan ya carácter de jardín £ quitan el de amplia explanada que se destinaba 46 CARLOS MARÍA CORTEZO antes a los juegos de corro, al esparcimiento de la clas media y del pueblo, a las paradas militares y a las fiÉ tas del Carnaval. Allá por los años del 58 al 65 del pasado siglo, gu es la época a que voy a referirme, consistía el tal Salo en una vasta superficie, limitada, por un lado de No a Sur, o sea de Recoletos a Neptuno, por uno de o lados mayores, por lo que se llamaba el paseo de. ó ches; y por el Otro, por una calle abierta en toda $ longitud, en la que limitaban el lado fronterizo el pal cio de Sexto o de Alcañices, esquina a la calle de Al lá, la modesta iglesia de San Fermín del Prado, el par cio de Retortillo, y el de Vista Hermosa esquina al plaza de las Cortes o Carrera de San Jerónimo, haciel do frente al enorme caserón señorial de Medinaceli, % cuyo solar hoy se alza el Hotel Palace y que ocupa hasta la esquina de la calle de San Agustín. A Por la parte de Neptuno la rampa de un cuartel de A tillería, que marcaba la subida al Retiro y luego la ca gante verja rococó (1) de los jardines del palacio de (1) Esta verja característica y elegante cierra hoy los jardines Escuela de Veterinaria en la calle de Embajadores. Siendo yo mink tro de Instrucción Pública acababan de derribarla, cuando se presé tó a mí una Comisión del Patronato del Museo del Prado en solici ] de que reclamara la verja susodicha de estilo Luis XV para guareft PASEOS DE UN SOLITARIO , 47 Infante D. Francisco, que luego se llamaron del Buen Retiro y que daba la vuelta a la calle de Alcalá. En ellos se edificó después el pretencioso e inadecuado in- Mueble que hoy se llama Casa de Correos o Nuestra Señora de las Comunicaciones. La parte verdaderamente característica del salón, se Encontraba dividida imaginariamente, respetando la di- Visión por el uso y consagrándola por una fila de sillas, En tres avenidas: la primera llamada paseo de París, Corría a lo largo de la barra limitadora del de Coches; era el sitio predilecto de la sociedad elegante, o que tenía pretensiones de tal, y estaba alumbrada por una Serie de faroles de gas que al propio tiempo servían de postes a la barra, que se encontraban numerados y eran meta o señal para las citas de las pequeñas tertulias que, en las noches del verano, se sentaban bajo ellos “conversando, viendo circular los abiertos carruajes en que las personas acomodadas que permanecían en Madrid tomaban el fresco, y siendo el genuino mentidero de políticos, literatos y gentes a la moda. los jardines del gran tesoro nacional de nuestra Pinacoteca. Alarmado ante la posibilidad de que el severo edificio greco-romano se diera de bofetadas con el rococó circundante, me negué en redondo y me apre- SUé a acceder a la simultánea pretensión de la Escuela de Veterinara, temeroso de que otro autorizara el anacronismo, Pero no siempre bastan las resistencias en nombre de la estética: después de mi salida he visto transformada la bella columnata jónica que corre paralela al ¡Prado y que dejaba ver sobre un fondo rojo pompeyano algunas “ATacterísticas esculturas, en un acuarium tan antiestético como anti- Pático € innecesario, gracias a las vidrieras costosas y feas que cuidaldlosamente cierran los intercolumnios. Me dicen que existen huellas DY aun dibujos demostrativos de que en época anterior se pretendió “hacer lo mismo. Lo dudo... y si es cierto, lo deploro. $ 1 14 4 ' ' pS ) YE p Ur PA al Ñ YU . % o 4 Sd > q sx z d Ae y h NT : CARLOS MARÍA CORTEZO La avenida central no marcada más que por otra de sillas, era el paseo predilecto de comerciantes, em: pleados modestos, señoras de mediana posición, pero conocidas y respetadas por sus buenas costumbres. Pol último, el tercer paseo, pegado al anterior, era el teatr0 de goce y bullicio de la tropa infantil, cuyo elemento femenino cantaba en alegres corros ante sus niñeras (1) (1) Muchos de estos can: ares han quedado en mi memoria, y Y refunfuñarlos me han hecho luego ha dado nombre 2 Una suerte del toreo; el del «Sex Serení, la buena, buena vida» que coincide con algunos compases de La Mal cha de las Bodas de Lohengrin. E E ran otros epigramáticos como aqué! de: 3 «Tanto vestido blanco, Tanta farola, | Y el puchero a la lumbre Con agua sola.» : o aquél otro de; z LE «Fuera burros, fuera burros, Que aquí no se vende paja...» con el que las niñas hipocritillas de aquel tiempo fingían que les mo” a fiesas, asturianas o leonesas, que eran repetidos por sus criarzas síD: Se : saber loque significar pudieran. Á este número pertenecía aquél tan | CLARA poético de: ; a, <Con los tus manteos g : La mi anguarina EE Y por cabecera La tu mantellina, Vamos a la sombra De una verde oliva Y aMí dormiremos, Sí, prenda querida.» ct PASEOS DE UN SOLITARIO 49 Mas secas o mamás -Chachos jugábamos al -SPOrts que constituían modestas, mientras que los mumarro, al paso, al toro y a otros nuestro encanto, como hoy le Constituye el idealismo de la patada y de la coz que, On el nombre de foot ball, nos han regalado nuestros - SSPirituales amigos los ingleses, En este escenario se desarrollaban los más o menos E Inocentes esparcimientos nocturnos de la sociedad ma: Arileña, desde el día del Corpus al comienzo del otoño. AU, en el farol núm. 12, continuaba mi familia su mo- - desta reunión de las noches, acompañada de los amigos en el invierno jugaban a] tre- “ música en nuestra modesta Vivienda de la plaza del Progreso; Generalmente marcaba el cambio de la tertulia in. vernal por la celebrada a cielo abierto, una jira de cam. Po que se costeaba con la recaudación de un tanto por - Ciento, impuesto durante los nueve meses del frío sobre Las buestas y codillos del entretenido juego. El día de £sta jita pasado en los Viveros, en la Pradera del Canal 9 €n los nuevos jardines del Lozoya, representaba para MÍ y para mis hermanas, el colmo de la diversión y de da felicidad, Volvamos a] Prado. Hoy me viene a la memoria “Quel paseo como si a la vista le tuviera, Aún me pare- Ce oír a mi padre cuando, señalándome a un señor del. Sadito, pulcro y sonriente, de rizada canosa cabellera, | Muchas veces al descubierto por llevar en la mano a 1 No hablo del Mambrú ni de otros romances caballerescos, sobre $ 95 Cuales han disertado plumas doctas, y que han sido reemplazados Por ¡ á > E e MSustanciales canturreos galáicos impuestos por la presunción y POCresía, do CARLOS MARÍA CORTEZO “causa del calor su blanca chistera de castor; me parecé ver su frac azul, ya anticuado, con botones dorados, Y cómo el buen vejete, al pasar próximo a 'damas y se ñoritas las miraba al través de unos lentecillos cuadr2' dos de oro, con mango, evidentes predecesores de 105 que hoy con tanta exactitud se llaman impertizentes Aquel viejecito era Martínez de la Rosa; después sup? que a él se debía en gran parte la institución del Sisté* ma Constitucional en España, la del Estamento de PrW' ceres, germen de los futuros Parlamentos, y sobre tod0 versos que ya yo iba aprendiendo de memoria, especia! mente en aquellas tiradas del Edipo, que asegurabal mis padres que yo recitaba con precoz y atinada ent tonación: , 3 AAN AS . . ya pisaba - Del panteón el último recinto: El silencio, el pavor, la luz escasa ON De las antorchas fúnebres y el viento A Que en las oscuras bóvedas zumbaba.., etc. SS ¿Pero adónde voy a parar? Dejaré al simpático MaS tínez de la Rosa, para recordar cómo por el mismo Pp% seo veíamos todas las noches al general Narváez, CO su mal disimulada peluca negra y sus medias patilli a hasta la mitad del carrillo. Iba siempre muy acompaf do de amigos políticos, cosa que después me he exP cado por conocer el safelitismo, como yo le llamo, gi debe hacer aburridísima la vida de los prohombrf siempre rodeados de los que bajo una burda capa d lealtad afectuosa, encubren malamente la codicia y pordioseo. ¡Qué asco ahora y qué asco debían sentir e tonces los indiscutibles árbitros de la política español - Part Memigos PASEOS DE UN SOLITARIO BI De este srupo de Narváez formaba casi siempre € su ayudante el coronel D, Pedro de la Bárbara, amigo y vecino nuestro, quien alguna vez me llamó al Pasar y saludarle, recibiendo su caricia al tiempo que la del espadón (1), no sin cierto estremecimiento mío, Por representarme las cosas que del Herodes de la Mancha había oído contar, D. Ramón, el héroe de Loja, el verdugo de la Man. Cha o el Napoleón español, como alternativamente le llamaban enemigos y partidarios, era entonces el inconjuntos. Entre estos concurrentes habituales del paseo de París, debo no olvidar a Otros que por él circulaban constituyendo, 6 creyendo constituir, un deleite íntimo del mismo, tales eran: los cobradores de las sillas, las agua. doras ambulantes, las ramilleteras, los saboyanos del Arpa y los barquilleros, ES Las sillas de anea y madera muy ligera y rústica en Un principio, hijas probablemente de las que sirvieron de tribuna a Camilo Desmoulins, fueron después sustituídas por las de hierro, cuyo modelo se ha generaliza. do a todos los países europeos, habiendo venido a Madrid, YO no sé de dónde. El vigilante que las custodia- A COnocía, a poco de comenzar el verano, a los concurentes de cada tertulia y acababa por llamarles por sus | (1) Empleo la palabra espadón, como entonces la empleaban los de Narváez en el sentido metonímico de hombre de grande Pada; Nunca en la otra acepción que de antiguo viene, que el dic- “lOnario Consigna y que no creo que pudiera aplicarse a Don Ramón, EE: CARLOS MARÍA CORTEZO AS : A mes y todas mis correrías por el paseo destinado a lo3 *chicos, volvía al de París en busca de mis padres pará regresar a casa, me sentaba junto a ellos algunas no' ches, escuchando con ansiosa curiosidad las conversa” ciones de los mayores. Una noche, no sé por qué me ha impresionado más que otra alguna, oí que mi cuñado. Bona decía viendo pasar a un presuntuoso petit 1maltrér E - multicoloro en el vestir y exagerado en los ademanes q «¡Qué cursí es ese muchacho!» Otro de los contertulios dijo entonces: «¡Hombre, verdad es que la palabra cursi se va extendiendo muchos es muy significativa y, sin embargo, la he buscado eb el Diccionario y no he podido encontrarla! ¿De dóndé diablos viene?» A — «¡He tenido la misma curiosidad que pated: y se: gún me ha dicho un amigo gaditano, es en la ciudad de Hércules donde ha nacido el tal vocablo. Parece que había allí una familia en menos que modesta posición, que disimulaba su penuria con exageraciones inadecua- . das en el vestir, y procuraba ganarse el afecto de tod0' : .el mundo empleando términos enfáticos, adulaciones* extremadas e hipérboles en la conversación. Esta fami: lia, cuyo apellido constituiría un anagrama de la palas bra cuysí y viceversa, Jaba lugar a chanzonetas y epí” gramas: entre los jóvenes humoristas gaditanos, y de ss repetir el anagrama en burla, aplicándosele a los tales; vino el que en Cádiz se generalizara el adjetivo curst aplicándole a casos end 0805; y desde allí lo hemos im RA / És E DhOzEO », PASEOS DE UN SOLITARIO 59 No sé si sería exacta la interpretación dada por mi Pariente a aquella epigramática palabra; pero lo que sí Sé es que hoy suscribo completamente a lo por él di. cho, recordándolo desde mi sillón de la Academia de la Lengua, Nuestro Diccionario ha abierto sus nada fáciles va- _lladares al empuje persistente de la costumbre y el uso, - Y €n ediciones posteriores a la fecha a que me vengo re- _firiendo, ha consagrado el gráfico calificativo en los si- Suientes términos: «CURSI. Adj. fam. Dícese de la per- _ SOna que presume de fina y elegante sin serlo. U, t. c. S. [1% fam. Aplícase a lo que, con apariencia de elegancia o riqueza, es ridículo y de mal gusto.» Es «CURSILERÍA, f. Cosa cursi. ||? f. Conjunto ó reunión de cursis,» No puede negarse que nuestro Léxico dá una idea - bastante aproximada de la verdadera significación de la palabra; pero lo que tampoco puede negarse es que Ésta, con el ir y venir en el tiempo, con las acepciones del sentido figurado, y con la afición a ampliar las apli- - Saciones léxicas, tiene hoy una significación gramatical Mucho más amplia, y otra significación filosófica ó trans- “endental, que me provoca a hacer algunas considera- Ciones: El curs; constituye un verdadero tipo psicológi- So, fisiopatológico; y conste que no hablo en sentido lrónico, sino con toda la autoridad que pueden darme Mi arrugada toga y mi marchita borla amarilla. Hablo £n serio, : Cursi es todo sentimentalismo afectado, tiene su Progenitor en el preciosismo ridículo, es una elegancia fingida, ansiosa de efectiva realización, es la exagera- Ción pasional infundada, la expresión rebuscada de los ad ; ón CARLOS MARÍA CORTEZO. afectos naturales; un bienestar fingido y aparatoso curst y la cursi viven como. los histéricos: preocupa no por lo que poseen, por lo que son, por lo que pi san, saben o aman, sino por lo que en todos estos N vimientos del ánimo quieren hacer creer a los demá Sin que de ordinario les vaya a ellos nada en tal enga ño, Son unos seres dignos de compasión, por lo que l£ presenta de violencia su perpetua estratagema inofenál va y pueril, y raro es que se encuentre en la socie tipo que presente mayor blanco al ridículo del que el ofrecen, | 3 Para el cursi fundamental y castizo, no hay momel to de la vida en que él no encuentre irresistible impulg para hacer reir a los demás, aun a expensas de su pr pio dolor. : | d Ejemplos al canto: ] Visitaba yo, hace muchos, muchos años, a una ÍA milia honradísima y simpática pero que, en su vestir J en sus costumbres, era víctima de aparentar un estadU social que estaba muy distante de disfrutar, Las dos hf Jas, por cierto bellísimas, eran conocid vola sociedad de Madrid con el nombre de marquesa! de la Tostada, por no sé qué costumbre que se les atril! buía al tomar en un modesto café su cena, consisten en un café con media tostada La cosa era, seguramente falsa; ba como artículo de fe, » as entre la malé Para cada dos persona% pero para la gente pasa Aicababa de morir la reina Mercedes y los periódicoS habían hecho extensas descripciones de las escenas ÚS timas que en Palacio se habían desarro] de aquella desgracia. 4 Una noche me llamaron apresuradamente a casa de lado con ocasiól PASEOS DE UN SOLITARIO 6I is simpáticas clientes; acudí a la llamada y encontré a. la buena madre que yacía en el lecho, ya muerta a con- Secuencia de una embolia cardíaca; el cuadro no podía ser más triste, Las hijas, creyéndola aún viva, la prodi- | gaban inútiles remedios; el padre, más persuadido de la z Certeza de su desgracia, daba al pie de la cama muestras de un sombrío y reconcentrado dolor. Cuando yo Comprendí lo inútil de todos nuestros esfuerzos, quise . Sacar de la alcoba a aquellas pobres niñas, cuando, ir- - Suiéndose la mayor me dijo: «No, doctor, no, la familia Real ha permanecido junto al lecho de doña Mercedes hasta el último momento; debemos imitar a nuestro : Rey». : ¿Puede darse nada más trágicamente cómico? Otro caso análogo; 4 Acababa de perder uno de mis amigos al hijo que más amaba; encontró en la calle a un pobre señor muy | exagerado en la expresión de sus afectos y rebuscado en el decir, quien abriendo los brazos le dijo con ademán épico: «¡Qué hecatombe, amigo mío, qué heca- - tombel» ¿Qué creería que era hecatombe («aquel buen señor? - Yo que presenciaba la escena, no podía menos de son- _Telr ante la comparación de la muerte de un hijo con el sacrificio de cien bueyes, que es lo que yo tenía apren- Jido que significaba la tal palabra. Cuánto más me hubieran conmovide, en el primer “aso, la reciente huérfana, diciendo con naturalidad: MO, doctor, no me quiero separar de mi madre, hasta Que se la lleven de mi casa»; y en el segundo, el retótico amigo diciendo al otro «¡qué gran desgracia, po- '€ amigo mío!» Pero lo cursz, al expulsar lo natural no 03 CARLOS MARÍA CORTEZO lo deja volver, a pesar de la sentencia conocida Botlean. He pensado antes que por lo general el cursí es q ridículo gratuito, a quien ni a SÍ propio le viene bent Muy prolijas, y ciertamente para los demás pesadaH son las reflexiones a que me encuentro hoy arrastradl | saliendo de la inocente descripción de este Salón de Prado, a Pensamientos que forman una serie fija desd hace mucho tiempo en mi imaginación. Teniendo el concepto que yo tengo moral en que vamos cayendo, Dadle a un político cay57 o PASEOS DE UN SOLITARIO 63 _ Véncimiento para ello, impregnará sus: discursos y sus - ESCritos y pondrá en sus actos un espíritu y un propó:- Sito que del todo le faltan, y que no ha cuidado de ad- ¿QUitir ni robustecer, ni en sus estudios, ni en la expes riencia de la vida, ni en la sensata y serena discreción Que debieran informar sus actos. ¡Aparentar que se sabe y que se cree, aparentarlo _Yápidamente, para llegar pronto! Tal es el programa ín- | timo, consciente o inconsciente, que sirve de impulsor a todas sus acciones, y que explica al buen observador el malogro de muchos talentos que pudieron ser útiles y gloriosos para su Patria, si no se hubiesen visto acuclados a las improvisaciones arrivistas, con las facilidades del aparentar y las exageraciones del persuadir, Poned a un abogado o a un médico cursi (y son mu- - Chedumbre) en el caso de necesitaf persuadir a su pú: “blico de que son modernistas, reformadores, sabios por la gracia de Dios e inspirados por un Espíritu Santo, Que ellos no han procurado atraer por su labor despa- Ciosa y ordenada, y ellos, en caso tal, excitarán sus pro: pias manifestaciones, se envolverán en sus hilos mal tramados, y acabarán por producir en público y clientes Un falso concepto, no ya respecto a ellos mismos, que €sO poco importaría, sino a la Ciencia y al Arte en general, y en particular a la de su Patria. : > - Individuo conozco que porque una vez hizo un viaje de tres semanas, durante las cuales gracias a las facilidades proporcionadas por el inmortal Cook se paseó por tancia, Bélgica, Alemania, Austria, Suiza e Italia, se SIeyó, llegada la guerra europea, obligado a demostrar- Se ferviente germanófilo; porque, como él decía: «Du- "ente mi estancia en Alemgnia»... «durante mi perma- sus convencimientos, _ mente peligroso? a un ejemplar verda PASEO V Figuras y figurones revolucionarios, a Multa renascentur... ¡ “Horvcio. «». 10 de Abril de 1865. 19 de Noviembre de 1885. 15 de Noviembre de 1922... En estos días de motines estudiantiles, nacidos por el natural hervor de la sangre juvenil, Sstima como abuso, atropello y pelig Sstos movimientos agravados por 1 SSstiones ministeriales que ha cono contemporánea, es bien natural que acudan a mi memo: Ma sucesos de otros tiempos, análogos a los actuales, y Son ellos figuras de hombres de todas tallas y magnitu- 155, Pero cada una de las cuales, aun la más cómica y ana, me parece hoy respetable y gigantesca, compara- “ con los hombres en cuyas manos nos ha colocado la fatalidad histórica, _% €n otra ocasión he hablado de cómo González Ol Narváez abordaban el problema de las huelgas 5 ante lo que ella ro nacional, ante a más torpe de las cido nuestra Historia 6 CARLOS MARÍA CORTEZO y las protestas estudiantiles;-pero, ¿quién iba a deci que, cuando los cajistas componían aquellas líneas que refería yo tales sucesos, pasados cincuenta y Ci años se estaba en la calle de Atocha renovando la e na, con iguales procedimientos por parte de la juven bulliciosa, pero con medios de represión infinitamé más bárbaros, arbitrarios y deshonrosos que los emp dos en 1867, por los que entonces llamábamos désp y sanguinarios? E Y, sin embargo, por inverosímiles que parezcan, han pasado las cosas. Un Gobierno de 1922 se ha contrado ante un problema igual al en que se enco ds Narváez en 1867; éste, como en otro lugar he referll detuvo a quince o veinte estudiantes, los encerró | Prisiones Militares durante los días de Carnaval, los $ metió, siquiera en apariencia, a un Consejo Universi rio y los puso en libertad cuando las fiestas de antrué hubieron pasado. Hoy hemos progresado más. Los! tudiantes unen su voz de protesta a otras muchas 9 piden una reivindicación ante un desastre, tan hondo: la vida material como en la honra de nuestro país; € presión primera de estas reivindicaciones había de ser su Juicio, la disolución de ciertas Juntas; en primer término hacía vociferar a los escolares, y 50%] tenía su actitud levantisca; pues bien, un señor pré í dente-del Consejo de Ministros de 1922, llevando en bolsillo la solución de este primer punto que debía l ante las Cortes, a las tres de la tarde, consiente qu la misma hora se esté provocando a la irritación pun norosa del motín y enseñando, con amenazas de p cías rusos del último Imperio, palos e instrumentos, h ta ahora no empleados en España más ésto era lo 4 que contra PASEOS DE UN SOLITARIO 67 Perros, y en tiempos deesclavitud antillana, contra los SEtOS cimarrones; y, por no menoscabar el efecto tea: l de su efímero triunfo, permite que se hiera y atro- SS ta elle a la juventud por una taifa de polizontes, que re- E Ultan más deshonrados después de.su dudosa victoria, Ye lo que habitualmente lo están, por el empleo en que Se les utiliza y por la torpeza con que lo ejercen. Que ha habido heridos graves; que se ha persegui- 29 dentro de los edificios docentes y hasta de las casas Particulares a los estudiantes y se les ha apaleado, - Mientras que aparecía el Gobierno que ésto patrocinaba SOncediendo ante el Parlamento lo mismo que ellos pedlan; eso no importa: la cuestión estaba en dar una Muestra flatulenta de energía, y darla de un modo ines- - Berado, teatral del género chico, que provocase el genetal aplauso y consolidara la situación política, y la con- 'solidara hasta el punto de que quince días después ni - Memoria quedara de los sucesos y los procedimientos - A queconfiaba la mediocridad de nuestros gobernan- - Es empinados, que no elevados, a la gestión de los ne- - SOcios públicos. Pero dejo estas cosas de actualidad para no tomar - de ellas sino lo que tienen de estimulantes en mis pasa- 295 y ya remotos recuerdos. Entre éstos figuran pronto los de las personas que -Méluyeron en la esfera de la enseñanza pública después - “S la conmoción revolucionaria de 1860, y estas petso- > Ras, claro está que debo elegirlas entre los escolares, los - “Atedráticos y los gobernantes. S Fué el período inmediato a Septiembre de 1868 de Uy digna consideración aún en sus mínimos detalles. : El Movimiento revolucionario que le precedió y del que Ad 7 ÓN AA + ESA, No es Ms 2 77 py Le ÍN 4 S E » de ciencia había fabricado hasta entonces a sus expel y desconocimiento juñto a esta figura excelsa, que hoy i 4% CARLOS MARÍA CORTEZO E si ejecución. En su clase permanecía él, y consentía a alumnos que permaneciesen y fumando si bien Bá con los sombreros puesto! les placía, Sus recursos oratorios exa de un candor pueril y de un progresismo de broch gorda; cuyo mérito intrínseco se comprende hoy, pel producía entonces comentarios grotescos y críticas 1 placables. : a Determinaba todo ésto que alrededor de Velasd hubiese un círculo de discípulos incondicionales co 2 Castro, Pulido, Muñoz (Teodoro) y Ustáriz; pero fuela de ésto reinaba una atmósfera de injustificada frialdal que manteníamos los que en todo aspirábamos a Y cierta corrección estética, que no considerábamos 1 A compatible con ninguna aspiración revolucionaria. A Al considerar hoy la figura de D. Pedro Gonzálel Velasco; al recorrer mental, pero documentadament la historia de su calvario, hasta llegar a la realizació de su Museo, palacio lujoso, como ningún otro hombf Sas, en parte alguna; al haber sido testigo presencial de Su muerte, cuando arruinado, pero no vencido, cay más que al peso de su enfermedad al de sus preocup? ciones, sus amarguras y sus desencantos; al conocél detalladamente aquella trágica historia de su laceradO corazón de padre, que recuerda los relatos lúgubres dé Edgardo Pos, o las tragedias de Shakespeare y los ren latos de Cadalso y de Radcliffe, confieso rendidamenté | que no me perdono el haber pasado con indiferencia 4 de La FECONOZCO como una de las más dignas de admiracióM de nuestra historia médica contemporánea. É Nada da mejor idea de quien era D, Pedro Velascoy' Ptivo debido a la incomparable pluma de Angel Pulido, documento que encuentro hoy a mano, al trazar ce Es el primero el discurso: de salutación que dirigió E D. Alfonso XI, al visitar este Monarca su Museo, O concretada la historia romancesca de Velasco. - R£Cla así: : , «Señor: honra V. M. la casa de un sufrido obrero a Quien cupo la suerte venir a la vida en pobrísimo zaquizamí, de muy oscuro pueblo, situado en modesta pro- Vincia española, para que lo recogiera al punto en sus brazos la miseria, y lo lactara con sus negruras y sus _desesperaciones.» | «Fuí porquerizo en mi niñez: busqué luego el refu- “glo del convento, y esclavicé espíritu y cuerpo en la Necesidad; serví a la patria de soldado; tuve hambre y - S Catecí de lecho un día, recogiéndome.del arroyo la : Compasión de un albañil; creíme dichoso cuando padecí la esclavitud de la servidumbre doméstica, y deseando Mi alma remontarse a otras altufas, busqué los resplan- A dores de la ciencia más humanitaria entre las ciencias, - Poniendo de mi parte privaciones y trabajos, que difícil- Mente podréis imaginaros.» i Ñ «Producto de una labor incalculable de muchos lus- Los es toda esta riqueza que contempla Vuestra mirada, Dejé, Señor, un día la religión de un convento, y as Entré como cartujo en la religión de la enseñanza. Yo - 8noro lo que es el placer y el lado alegre de la exis- CA tencia; como las manos encallecidas en el manejo del / : REY r espíritu encallecido en el sufrimiento y en el trab: rudo, no puede vibrar con las delicadezas del arte; 3 áspero y amargo, Señor, porque el pan que he com fué amasado con lágrimas; pero del fondo de mi c0 zÓn suben hasta la cabeza llamaradas de amor intenW a mi patria, a mi ciencia, y a la juventud que me sod rió, cuando yo era un estudiante necesitado, y a la qu enseño con deleite lo que he logrado aprender.» E -— Bastan estos trazos magistrales para dejar compre der quién era el Obrero y el hombre de ciencia, quié | fué el profesor infatigable, que aunque no haya dejad: e un trabajo Investigador, ha legado un ejemplo que b dos los hombres honrados tienen el deber de alabaf 1 : - de esforzarse en que no se pierda en el olvido para ¡mé tación de las generaciones futuras. h Yo no me arrepentiré bastante, lo digo con toda? ol tad de que rebosa mi alma, no me arrepentiré bad tante de no haber estimado en todo lo que significa e y valía la figura ética y pedagógica del Dr. Velascó suando aún pude ser testigo de su actuación incansabl | POP onseguir sus altos propósitos, y encuentro algo E | como ún desahogo de contrición, y de dolor de arrepeMf timiento, cuando pienso que, por ligerezas de la juver tud, llegábamos algunos mozalbetes de aquellos tiempo hasta a encontrar ridícula la venerable figura de aque! maestro insigne, que hoy se nos impone serena y re% -Petable, como lo es siempre la verdad limpia del polv0 transitorio de las superficialidades del momento. Tal era el hombre de ciencia; en cuanto a lo que % hombre de corazón y de familia era, bástenos recordal. algunos detalles, mitad sentimentales, mitad horribles Y' lea] . PASEOS DE UN SOLITARIO 71 Macabros, que nos refiere el precioso libro del Dr. Pulido, y que por la época en que ocurrieron eran comea: tados, no siempre de un modo piadoso, por los médi- Cos, por los políticos y en general por la sociedad, in- “apaz de dejarse penetrar fácilmente por tales ternuras, y que luego se encarga de hacer dignas de respeto y acatamiento la frialdad acerada de la historia, Tenía el Dr. Velasco una sola hija, que era su ¡lusión, su esperanza, el encanto de su vida. A los diez y Seis años, una fiebre tifoidea puso fin a aquella existencia que se había desarrollado entre los mimos y blanduras del amor paternal, del bienestar y del halago de - todos, como formando contraste con la triste infancia y y con la juventud necesitada y oprimida en que se había desarrollado quien la diera el ser, 'Enloquecido el padre por el dolor que aquella pérdida le ocasionara, no quiso consentir en su desvarío que las leyes de la naturaleza reclamaran y destruyeran el hermoso cuerpo en que se alojara aquel alma que fué la suya, y apelando a sus incomparables destrezas y conocimientos como anatómico, embalsamó e su propia Mano el cadáver de su hija. | No limitó Velasco a ésto su horrible tarea de luchar Contra el dolor irremediable: doce años después de la Muerte de la niña, consiguió exhumar sus restos; los despojó del hábito de la Concepción con que habían Sido enterrados, y engalanándolos con trajes de virgen Que marcha a los desposorios, los ciñó de flores y de alhajas, y llegó á la horrible prueba de sentarlos a su mesa entre la madre y él. ¿Quién podrá aplaudir tales excesos de la mente extraviada? A o EZ er dd Sin llegar a los Ñ Y 78 CARLOS MARÍA CORTEZO Nadie; considere con respeto Pasión humana compatible con la f río hasta los e padre puedo yo del más amado rante aleunos Pensamiento ] que iría pasa XCcesos más incomprensibles? De alg dar cuenta, que, privado por la mu y el más perfecto de los hijos, tuvo E años la idea fija de ir siguiendo com as descomposiciones y los destrozos PA ndo el hermoso cuerpo de su hijo, en: seno de la tierra y por la labor incansable de los sc ¿Podrá nadie responder, ni él tampoco, de que si el dáver hubiera estado en condiciones probables de más | tener la figura que tuvo en la vida, no hubiera deseadO este padre verla alguna vez y estrecharla entre | brazos? xXx — Y Pero mi paseo de hoy me lleva a bien lúgubres idea consuélom y le con tener la certeza de que las flores E | nacen sobre las tumbas tienen algo del cuerpo de nuest tros hijos) y Quién sabe.si también de su espíritu; cultl: vémoslas complaciéndonos en creer que son parte suyó trágicos excesos del pobre Velasco. PASEO VI Sagasta, tertulias, comedores y reuniones intimas, Sed cautos contra quienes, después. de - leve conocimiento, se introducen, ' sin ser buscados y sin mérito alguno, en nuestra amistad y confianza, porque probablemente sólo tienen puesta la mira en su propia conveniencia; no obstante, por esta general suposición, no los rechacéis villanamente. Chesterfela, Los jefes de las agrupaciones políticas nos hallamos en el mismo caso que los conductores de los tranvías: admitimos a E todo el mundo; no tenemos derecho a pre: 39 guntar al que viene de dónde viene; pero ' debemos preguntarle adónde quiere ir. (Inédito de Francisco Silvela). - Esta mañana llovía copiosamente a la hcra de mi Daseo y aproveché esta circunstancia para hacer alguna Visita, siendo la primera a mi querido amigo y jefe po- go CARLOS MARÍA CORTEZO -3 lítico actual, el conde de Romanones. Llegué a su % y entré en su despacho, con la confianza a que su bl dad me autoriza, pero a hora más tardía de la en 2 habitualm ente acostumbro, Cuando el Coxde entró su despacho, saliendo de una entrevista reservada € en otra habitación tuvo, había en el primero a lo mel veinte Personas que en seguida le rodearon, y con aj nes Él comenzó a platicar, con su afabilidad acostil brada, d Salí a poco rato, evacuada la comisión que me ) vaba, y cayendo como siempre en mis recuerdos y Ñ reflexiones, acudió a mi pensamiento otra reunión, co A la que acababa de Ver, y otro hombre político muy P recido, aunque no igual al que acababa de hablar. : estas dos rememoraciones la dela interesante figura € S 74 r. Sagasta y la de lo que se llamaba su Comedor. 3 Yo tenía desde mi primera juventud simpatía p D. Práxedes Mateo, por lo que él significaba como pe severante revolucionario, y por lo que parecía promelé | - como hombre reformador y de avanzadas ideas. Sin So S argo, su personalidad particular no me era muy qué 4 a, porque en mi amistad íntima con Gonzalo Calvi | Asensio, había podido recoger de éste algunas imple Ens fam lliares de descontento, consecutivas a la mue! te de D, Kedro Calvo “Asensio, y a la propiedad del pé riódico Laberia, Nada sé de las razones que pudíé 3 haber sobre éste asunto; tratábase para mí de una Í í Presión puramente sentimental y amistosa, 4 Mi primera entrevista con Sagasta tuvo por causa M Srave enfermedad de su íntimo amigo D. Bonifacio É Blas, ministro que había sido de Estado durante el rel hado'de-D. Amadeo de Saboya. Este señor de DS ON 4 y PASEOS DE UN SOLITARIO et lOmbre muy urbano, afable y atractivo, tenía por mí una - Marcada preferencia, y a pesar de mis veintiséis años Me suponía un médico de grande entendimiento y de no Menor acierto. En los últimos períodos de su enfermedad (1877) Creí necesario acudir al buen consejo de otros compa- 3 fieros, y llamé en consulta a los Sres, Sanmartín (don $ asilio) y Manrique de Lara; este último, médico ame- A ticano que gozó en Madrid de un crédito tan grande - Como pasajero. En todas estas consultas y muchas veces en las visitas particulares hechas al enfermo, coin- Cidía yo con D. Práxedes Mateo, y éste, sin duda, - Impresionado por lo que de Blas de mi le decía, se _Mostraba afectuoso y cortés en el mayor extremo, Feiterando sus ofrecimientos de toda especie, que yo 'excusaba con una rigidez verdaderamente republicana. => Pasó algún tiempo, y al cabo de él ideamos Simarro Y yo con otros amigos, crear en España una Sociedad E ju e Pata el adelanto de las Ciencias, análoga a las que en -Erancia, Alemania e Italia prestaban por entonces pe A 2 - Síandes servicios al progreso intelectual y material de SUS respectivos países. Tuvimos el propósito de obte: -Rerla protección de los políticos más eminentes, y para -Sllo distribuimos entre los organizadores las visitas que E abíamos de hacer a aquellas personas con quienes tu- E Viéramos alguna influencia o, por lo menos, trato parti- Suar. Tocáronnos a mí y a Simarro, Castelar y Sagasta; ' EY Visitado el primero y obtenida su entusiasta aquies- -Sencia, nos dirigimos a casa del segundo. Vivía entonces Sagasta en el núm. 40 de la calle de Alcalá, en un piso principal, cuya distribución y - Mueblaje me parece estar viendo. Nos pasó el criado al - 6 82. CARLOS MARÍA CORTEZO cuarto de trabajo de su o y a poco vino a dec . que pasáramos al comedor, : Por aquella época, que SNE ser hacia el año 80, cotizábase ya como muy próxima la entrada del par fusionista en los Consejos de la Corona, que él tan p rosamente había contribuído a derrocar; hacía esto 4 la concurrencia a la casa de su jefe fuese más numer0* sin duda, que de costumbre; y yo no olvidaré nunca efecto que me produjo, al abrir la mampara que daba greso al aludido comedor, el espectáculo que éste ofre pues se hallaba literalmente lleno de señores que hab o ban unos con otros, apurando algunos las copitas de lid e del final del almuerzo, y fumando casi todos, por lo producían una atmósfera irrespirable y nebulosa, € “cual se les vislumbraba gesticulando con vehement Al vernos Sagasta se levantó y con su exqui5 urbanidad habitual y con su no menos habitual puy sentido, nos condujo de nuevo a su despacho, comprek diendo, sin duda, que ni a nosotros nos agradaba el “medor, mi a los concurrentes a éste les era grata nues presencia de profanos. ad Una vez más en aquella entrevista me convencÍ A talento mundano y de la inverosímil educación y savol vivre del jéfe del partido fusionista. Mostróse convenó ; | do de la necesidad y de la bondad de nuestro proyectó y nos colmó de promesas, adelantando previsiones, 29 demostraban la sinceridad de su aquiescencia, La Sociedad no se fundó por entonces; pero no fa por culpa de los políticos, sino por desfallecimientos 2 distracciones de los científicos. Más tarde, organizadi con otros elementos, ha alcanzando vida relativament - próspera, - PASEOS DE UN SOLITARIO 83 Después de estas impresiones personales, las que RnSo de Sagasta son de orden político y no me pre- Cupan gran cosa, Quedome sí la de aquel comedor re: Pleto de gente que.me hacía pensar en la necesaria fal. : 2 de independencia que han de tener los políticos que, oe bondad o por sistema, emplean este procedimiento e € las reuniones íntimas. Creía yo (no se olvide que era Entonces muy jovenzuelo), que cuando a tales intimidades se autoriza a muchas personas, no se les puede, lle- - Sado el momento, negar lo que exijan. Sagasta ha de- - Mostrado que, como tantas otras dificultades, salía airo- - Samente de las que de éste procedimiento pudieran sur- 8lr, Su indulgencia, y aún su descuido en recibir gente, dieron origen a muchas anécdotas, y entre ellas a una Absolutamente característica. Parece que comenzó a fre- Cuentar el comedor con toda asiduidad, un señor de bue- a apariencia, cortés e irreprochable, que saludando a 0s dueños de la casa se sentaba y permanecía largo t Xato, hasta que de nuevo y urbanamente se despedía, Sna tarde, al verle salir, preguntó un amigo de Sagasta A óste: «Diga usted, D. Práxedes, ¿quién es este señor po Simpático, que nunca habla y parece que le quiere E Pues mire usted, no lo sé; aquí viene A Usted tanto?» —«< X Ro le voy a echar a la calle; nadie me le ha presentado, dE SÉcómo se llama, pero es persona bien educada y no os qué hacerle un desaltez. Repito que conozco 3 Echo por sola referencia. Delos que puedo dar mayor seguridad son de los o: Siguientes; Visité /4 D. Práxedes en una grave pul.- BAñO Ría, de que tuvo la buena suerte de curar, y esto Aumentó Su cariño para conmigo, así como el de su bon- S osa esposa doña Angelita, de su hija Esperanza y y go CARLOS MARÍA CORTEZO Yo no sé cómo estos hombres cumbres no apren ni en la experiencia ajena ni en la propia, y no llega convencerse de que esos aduladores de tertulia, “% apariencias de incondicionales y de adictos, so primeros en abandonarlos, llegada la situación cr como abandona el parásito el cuerpo del que vivió y cual fué picazón molesta, cuando se aia la muel del organismo poderoso. 3 En mi vida, más de observador. que Ade político, visto casos bien claros de esto. : En la casa misma a que me refería al comenzar es > paseo ha habido una época en que, repleto el despacil de su dueño de políticos más o menos importantes, M bía entre ellos algunos que inclinados sobre el persa s S, y apoderándose materialmente de sus oídos, a nadi caba aproximarse, ni consentían que se oyese O otí voz que la suya, expresiva de los conceptes más adul dores, exagerados y entusiastas. Pues bien, bastó qu en un momento determinado creyeran que el tal polifl co cometía un error en la política internacional y qu por. este error resultaría alejado indefinidamente de lo Consejos de la Corona, para que aquella concurrenck desapareciese en su mayor parte y fuera a engrosal otros círculos y tertulias que para ellos significaban na yores O más. próximas realizaciones en sus esperanzas: Y nada digo de los que se colgaban a las orejas, qué éstos fueron los primeros en desaparecer. 4 Tal sucede ahora; pues en tiempo de Sagasta po ocurría de otro modo. z Mi entrañable amigo Paco Huertas, que fué durantf los últimos años de la vida de D. Práxedes, su inteligem” te médico, y más que ésto, su amigo cariñoso e insustí” PASBOS DE UN SOLITARIO gÉ - fuíble, me refería el otro día un hecho de cuya realidad estoy cierto, por ser él quien lo cuenta, y por su impoitiva verosimilitud, ] E En los tiempos prósperos, frecuentaba las reuniones domésticas de D. Práxedes un político provinciano, que UÉ precisamente el que vertió la especie calumniosa que hizo que se enfriasen hasta cierto punto las buenas dis- - Posiciones de aquella familia para conmigo. Era adula- Jor, perseverante, y se le antojaban huéspedes todos los dedos, incluso el representado por mí, que nada - Tenía para él de peligroso, dado el que yo, aunque muy Amigo y admirador de Sagasta, no era correligionario _ SUyo. O Un día en la triste época en que comenzaba a eclipsarse por la edad, por las dolencias y por los disentimientos de los amigos, el astro fusionista, refiere Huertas que, volviendo del Congreso con Práxedes, le halló en un estado indefinible de decaimiento y de tristeza. 3 Preguntado por el docto médico cuál pudiera ser la cau- - Sa que aquello producía, le dijo el buen Sagasta: «Vengo - Jesalentado y no por los discursos de Canalejas y de =S “Maura aunque han sido formidables, sino por la conduc- Ra inexplicable de D. C, que ha venido exprofeso a colo- - Satse delante del banco azul aplaudiendo con formidables palmadas a los que con crueldad me maltrataban. El, que todo me lo debe, a quien yo tenía por un - Amigo incondicional y agradecido!...» | - Aprendan los que tengan ojos y oídos, para aguzar los Primeros y poner algodones en los segundos, contra el Concierto permanente y el zumbido de las abejas de Fe tertulia, PASEO VII Teatros y teatrillos,. —Actores y cómicos po nacionales y extranjeros. ES | | ñ El teatro es bello, porque no es lá rea- E : S lidad, porque aspira a serlo que nosotros Ñ creemos que debiera ser la vida, Lech. E Leyendo ayer la interesante y bien escrita novela Que mi amigo el doctor José María Albiñana me ha en- - Viado desde Méjico, y que lleva por título Sol de Les vanie, quedó zumbando en mi recuerdo el final de una - Sstrofa de Zorrilla, que el novelista valenciano pone en zi e labios de un paleto que interviene en una fiesta de 720- YOS y cristianos, deliciosamente descrita: «... vuestros blancos alquiceles - Rojos serán, y pues la guerra os doma, Pesebres han de ser de mis corceles - Los impuros altares de Mahoma, Y tus ricas doncellas africanas, Esclavas de mis pobres castellanas.» Al canturrear, como con frecuencia con tantos otros 94 E CARLOS MARÍA CORTEZO me ocurre, los y ersos de mi pobre amigo Zorrilla, . rehaciéndose en mi memoria la figura de un actor 0% dado, Pedro Delgado, quien en el Saxcho García, a a la cita pertenece, y en el Guemáós el Bueno, de Záral no tuvo rival. Aún me parece verle con su hermosa he _ Ta, revestido de la cota de mallas y caracterizado. e. toda propiedad de guerrero de los tiempos medioevale? declamar con enérgica entonación los sonoros endecay labos, a Pesar de su tendencia a cerrar los dientes PR darles mayor vigor y efecto, sica. La vez primera que mis padres me enviaron a 0 y Espectáculo teatral, fué teniendo yo cinco años, en ul una fidelísima criada, Bruna de nombre, que adoraba mí, Pidió permiso un día de salida, para llevarme + Comedia y lo hizo conduciéndome al teatro del Insti! 4 _Lo que entonces se encontraba situado en el núm. 8 dé la calle que ye llamaba de las Urosas, y hoy de Lula Vélez de Guevara. Por lo que he podido deducir dea Pués, se *epresentaba el Dor Francisco de Quevedo, Florentino Sanz, y como en el primer acto, figurando a escena una calle de Madrid en el siglo XVII, mal alu 4 brada por un farolillo, y tuviese lugar un duelo en el e uno de los actores mata a otro, fué tal el terror que ca mí se apoderó, que, ocultándome detrás de Bruna y un dio metido debajo del asiento del anfiteatro, permaneó PASEOS DE UN SOLITARIO 95 4 mayor parte de la fiesta, hasta que lograron tranqui- “lzarme, y salí después de esperar con impaciencia el final de aquella función medrosa para mi ánimo infantil. Ss Mi segunda impresión teatral se refiere a la repre- - Sentación de Catalina, zarzuela famosísima, estrenada Pot aquel tiempo y a cuya representación me llevó mi Padre en Toledo, cuando tenía yo seis o siete años. ¿Podrá Creerlo el lector? La famosa cantante que ejecutaba la Obra de Gaztambide, y que en Madrid la había estre- Nado, era una graciosísima joven pequeñuela, con podetOSa voz, ágil y bien manejada, y que se llamaba Amalia Gutiérrez y que después ha sido cliente mía hasta su Muerte, siendo viuda del oculista Sr. La Rosa y suegra de mi joven amigo Gómez del Castillo, Desde estas dos lejanas impresiones tengo que venir a mis asistencias al teatro de Variedades para ver eje- Cutar al gran Julián Romea la Mojigata, de Moratín, y Las Memorias del Diablo, no sé si de Scribe o de otro de los explotadores del melodrama de aquellos tiempos, En que La Huérfana de Bruselas e. El abate Lepe y el Asesizo, llenaban el teatro de bote en bote, con admira- : Ción y entusiasmo de los públicos descendientes del que Mabía admirado las grandes obras de Calderón y Lope. Eran estos dramas tétricos, entre los cuales recuerdo -imbién El Testamento, Margarita la Mendiga y va- Mos otros melodramas, obras de las que pueden llamar- Se de actor, pues con muy endeble mérito literario con- Seguían los unos en manos de Romea, de Arjona o de Valero los otros, de las Lamadrid y Matilde Díez, im- Presionar a los auditorios, y hacer pasar aquellas ende- LS obrillas por colosales producciones del ingenio, Oy resistirían a duras penas la lectura del mejor dis- Pd 96 CARLOS MARÍA CORTEZO puesto de los que entonces fuímos sus admirado En Las Me morias del Diablo me dejó Julián R la más honda de las impresiones, por él en mí prodi das. Es evidente que era un actor dramático colosal. a argumento del drama ponía a prueba sus extraordinarid condiciones. En un castillo anti un testamento que u legítima y natural, lo documentación demo claración de su últim conserje y albañil en Jamás revelara el siti terrados, ni el notari NO Oyese pronunciar tamente, Muerto el s quísimo, un gran señor declara E | na hija que su familia tiene es de legítimo matrimonio, y strativa; entrega el padre la a voluntad a un servidor fidelísít el castillo; pero encargándole Q 0 en que los papeles quedaban O Poseedor del secreto, hasta E tres palabras que le confió concté y, entre gritos y frases seedor del secreto, y c ÓN E ¡nfó misteriosos Papeles, Cada representación era un triunfó clamoroso, merecido y consagrador de ser aquel ven dadero titán el primero entre la Pléyade de admirables Ñ actores de aquel tiempo, - | ol De él tengo presentes aún otros dos momentos s PASEOS D£ UN SOLITARIO 97 . En el verano de 1865, es decir, cuando Romea ba ya casi viejo, realmente enfermo y trataba de Parar su salud con largas ausencias de la escena, vino adrid, al teatro de la Zarzuela, con una escogida Ipañía italiana, el famoso Ernesto Rossi. El éxito fuvo este actor fué enorme, mayor que el de su Patriota Salvini, que casi al propio tiempo, había Mido ruidosas aclamaciones en el teatro del Circo, tando particularmente 27 hijo de las selvas, Otelo de : Muerte civzl, Rossi llenaba el teatro especialmente en las noches * ejecutaba el Hamlet, el Machbeth y el Sullivan. Esta. ma Obra, que era la favorita de Romea para las no- S de 3u beneficio, produjo multitud de controversias de disputas acaloradas, dividiéndose la opinión de los cionados, como siempre sucede en Madrid, en dos. idos: el de los rossizistas y el de los romefsias; en- ¿Abdo en la disputa argumentos de patriotismo, de elsrencias de edad, de elegancia y de fuego dramáti- Ossi tenía una hermosísima figura, era joven, de ras distinguidas, elegante y apasionado en los mo- Os dramáticos, para lo que le favorecía la hermosa úa en que se expresaba; Romea comenzaba a de- €n condiciones físicas, y había tenido siempre, hota excelsa de su escuela, la naturalidad. Marchó Rossi a su país, y al comenzar la temporada Oño en el teatro Español, puso Romea en escena llivan, obteniendo el éxito más delirante y frenéti- a de los que pudo ya obtener hasta su muerte, El Eno de Za muerte de César, de Ventura de la Vega, Antes fallecido, fué otro triunfo del gran don Juaunque muchos críticos censuraron el modo Jlano 7 9Mo 98 CARLOS MARÍA CORTEZO y sencillo que tuvo de interpretar la figura del gl] dictador, durante la mayor parte de la obra, Estas (% suras le movieron a escribir un discreto opúsculo ' el título de Los héroes en el Teatro, que viene 4 la recopilación del concepto del arte dramático efeC que le inspiraba, Al quedar huérfana la escena de Romea, apaf ge ron en ella astros de menor magnitud, pero aun Ml de la de los que por hoy se gastan. Mata hizo cof bir la esperanza de ser un heredero ventajoso; nadi olvidado cómo decía el famoso monólogo del 4 4 10 AZYAUVÍO, Secreta venganza, y cómo interpretabd Tenorio y el Don Alvaro; pero ausente algunos año; Madrid, volvió resabiado y no contentó en lo suce?” a los señores. De Manuel Catalina no hay para y hablar: era elegante, pero decía de manera defectu sobre todo los versos, que entonces eran la vida de producciones dramáticas; por otra parte, sus cuesti0 personales con Romea por excesivas preferencias * mujer de éste, la insigne Matilde Díez, le hacían qu Público no le aceptara con gusto. za Otra cosa sucedió cuando ¡aparecieron casi simull Meamente dos astros luminosos de nuestra escena se llamaron Rafael Calvo y Antonio Vico. Sucedió 8 ellos lo que siempre ocurre en Madrid, y antes apul” ba yo de pasada; formaron, más que escuela, parti y fueron de ellos víctimas, haciendo imposible la for ción de compañías verdaderamente sólidas, y da lugar á espectáculos ridículos, como los de aparece los carteles con los dos nombres en forma de aS para que no resultara preferencia ninguna, ni siquief del orden alfabético. El público era el mismo de sÍ : C e 0 Mt PASEOS DE UN SULITARIO 99 US el de Cúchares y el Tato, el de Lagartijo y Fras- e 500, el de Gayarre y Stagno, el de la bailárina H y la —Dailarina J... Se diría que España es tan modesta que o Concibe que pueda producirse en su suelo más que Ma mo tabilidad én cada rama. : 0% Sin embargo, la simpatía del público se inclinaba Más a Calvo que a Vico; pues teniendo éste quizás ma- Votes Condiciones de actor que el otro, tenía el defecto y DO Servir más que para las noches de estreno o las y ue, por cualquier motivo, resultaban solemnidades ex- <Epcionales; y la de dar una veladura sombría a su voz Ale la hacía monótona cuando no estaba en momento de Verdadero entusiasmo. Calvo decía los versos como Jamás los hemos oído recitar; algunos viejos de entonces AScsuraban que le era superior en ésto Carlos Latorre. BENo he tenido la desgracia de alcanzar a poder hacer POr, mí mismo la comparación. La figura de Rafael no £ra Ventajosa, y cuando, llevado de su fuego artístico, “antata alguna de sus tiradas de versos inolvidables, Abría las piernas en forma de compás, hasta que percaido de ello tomaba una postura más natural. Nadie odrá Olvidar sus éxitos en los dramas calderonianos, Mel Castigo sin venganza de Lope, en el Gran Galeo- LY En el seno de la muerte de Echegaray. - ¿Cuál era mejor: Calvo o Vico? ¡Quién nos diera hoy * cualquiera de los dos, o siquiera a un remedo suyo! Poco galante ha resultado mi enumeración, .pare- : Ado olvidarme de las damas en la mención de los ga- Mes; Pero a ello me ha llevado el modo de pergeñar e as escritos, que van saliendo de mis labios al meca- o conforme pasan las ideas rápidamente por la - “Sinación, De otro modo no podría yo pasar en silen- 106 a CARLOS MARÍA CORTEZO pe ES da de los Siglos», y la ilustre doña Emilia, con acera a crítica, argumentos positivos y tendencia un tanto real Dl CADENA MARIS ANTAD E que actuó en el teatro de Variedades con tanto aplau”: SO, y por tanto tiempo, que llegando a creer la hermos2- < e inspirada actriz que podría arraigar en España, $6: ¿ perfeccionó en el idioma y anduvo luego errando por a, Teatros provincianos hasta que murió, casi en la mir. pS . E seria. ; 3 1 Mayeroni y la Pascuali hicieron las delicias del pú blico, en el teatro de la Alhambra, en dos o tres tem poradas de verano. Aquel teatro construído en una an. tigua iglesia tenía un hermoso jardín, al que, durante ES ; los entreactos, salía la gente 2 pasear y tomar el fresco A y alguna que otra bebida helada. Eran los aludidos dos actores de primer orden; su obra cúspide era La Dam de las Camelias, a cuyas representaciones acudimo muchas noches Miguel Echegaray y yo, hasta conoce la obra de memoria, Mayeroni tenía mucha más edad. que la Pascuali, y era demasiado obeso para represen: | PASEOS DE UN SOLITARIO 107 tar al romántico Armando Duval; pero su enorme talento hacía olvidar estas contrariedades. La Ristori, la Pezzana, la Marini (ya conocida como dama joven de Salvini), Ceresa, Tina di Lorenzo, la Mariani, Noveli y cien otros sostenían la afición al gran drama en sus apariciones periódicas de la primavera. El público los acogía con amor y a veces con excesivo - Aplauso; pues es un fenómeno singular y que no he vis- to desmentido, el de la facilidad que los madrileños tehemos para mostrar la simpática predisposición de nuestro ánimo, hacia las compañías que nos hablan en lenguas que no son la nuestra y en idiomas y dialectos más o menos literarios. Esta cortés disposición no siempre ha sido bien agradecida, sobre todo en los úl- “timos casos, en que, por autores de producciones de escasa originalidad y de urdimbre de pacotilla y actores mediocres, se han pagado con ingratitud y grosería los elogios y las obsequiosas manifestaciones de este pueblo generoso. De actores franceses, no hablemos: la enorme Sarah Bernard ha venido en repetidas ocasiones, cuando aún se encontraba en la esplendorosa aptitud de su incomparable genio; la Barthet, de Bergy y Monnet-Sully; Mademoiselle Favart y muchos otros en breves tourxés Por Madrid nos daban a conocer en su ingénita belleza el repertorio de Dumas (hijo), de Sardou y los dramáti- Cos franceses contemporáneos, intercalando alguna que Otra obra clásica de Racini y de Víctor Hugo. A. propósito de este último, viene a mi recuerdo un apuro cómico en que me ví una noche. Representaba mademoiselle Favart la Lucrecia Borgia del gran dramaturgo. El teatro de la Princesa estaba lleno de ese pú- 108 e CARLOS MARÍA CORTEZO “blico distinguido y elegante que acude a aplaudir a 17 actionnatres de la Comedie cuando por aquí pasan €M* tendiéndoles algunos, adivinándolos otros y aburriéndo:: se la mayor parte, sobre todo cuando las obras repre” sentadas no son picantes y resbaladizas. Una dama de mi amistad, un tantico extravagante y conocidísima de todos, me había invitado a su palco bajo, en el que me al mediar éste, y cuando el aburrimiento de la sala er mayor, abriósc la puerta del palco, y apareció apresura - damente la señora que me invitó, envuelta en un aparato:. so albornoz bl anco y abrigada su cabeza por una larga banda de blo E ruido de su entrada, todos los gemelos de la distraída concurrencia se clavaron en mi palco, Yo, puesto en pie, como es natural, ayudaba a mi buena amiga a des: embarazarse de sus abrigos, y al comenzar a desenvolver su cabeza de la blonda en cuestión, encontré que llevaba rizados sus cabellos sueltos y prendidos tan sólo > con seis o siete horquillas, cada una de las cuales rema: “taba en una estrella de brillantes. Las pérfidas conste: laciones habían introducido Sus puntas agudas en la trama del encaje, y cada vuelta que yo daba a éste, se hacía a costa del desprendimiento de alguna estrella, a. cuya seguridad acudían las apresuradas manos de la dama. El espectáculo no Podía ser más regocijante para “los que le seguían con benévola curiosidad, ni más apurado para mí que, haciéndome cargo de la situación, hubiera deseado que el foso del teatro se abriera y nos tragase a los dos verdaderos actores de aquella noche. Otro episodio cómico, y éste pertenece a Sarah Bernard. También tuvo lugar en el teatro de la Princesa; > E e z pez, : SE : PASEOS, DE UN SOLIT ARIO E 109 debutaba A, DA quella noche la gran trágica con la comedia de Sardou Frou-Frou. El público de siempre, como SIempre medianamente educado, tosía sin reparar en las. molestias que cada tos produce en el resto de los asistentes, y Sarah, sin interrumpir sus vivas frases Pronunciadas con su voz atgentina, dijo sin bajar el -Lono: «¡pmox Dieu, comntils sont enrhumeés!...», y nadie, O por lo menos muy pocos notaron el embutido (1). Y vaya de episodios alegres y algunos a mi costa: ECER 1902 se celebró en Monte-Carlo una reunión o asamblea de la Prensa internacional médica, a la que asistieron varias notabilidades del periodismo científico alemán, del inglés, del francés, de) italiano, y como tre- _presentantes del español, mi pobre amigo Rafael Ulecia yel que estas líneas dicta. El Príncipe de Mónaco nos recibió y hospedó con suntuosa cortesía, y el Ayuntamiento de la próxima ciudad de Niza nos invitó a un gran banquete en un hotel recientemente inaugurado, debiendo seguir a la tal comida una función de gala en el teatro, en la que se cantaría El Oro del Rhin, del Maestrazo Wagner, Transcurrió la espléndida comida, lujosa como he O pocas, y al llegar a los postres comenzaron los eechs, los toast, los hurras y las gentilezas expresadas en todos los idiomas por los delegados agradecidos de los diferentes países. Apenas terminé el mío, invité Vist (1) He sostenido siempre que en el teatro no tosen más que las Personas mal educadas: primeramente, porque como médico sé que la Mayor parte de las toses pueden reprimirse, y como persona afirmo Que los que tienen la desgracia de no poderla reprimir lo saben ya, y deben quedarse en su casa, lo cual les sentará muy bien a ellos y me- JOr a los demás concurrentes al espectáculo, A A TIO | CARLOS MARÍA CORTEZO | a la señora que a mi lado se sentaba, por cierto apara: tosamente ataviada y muy hermosa, a retirarnos pará el teatro, pues tenía yo deseo de conocer la ópera de Wagner y me habían asegurado que la función comen”: =zaría a la hora debida, pues se habían vendido todos los billetes, excepto los de invitación a los asambleístas: ] Condújonos el coche al coliseo, y al bajar y dirigirmér dando el brazo a mi compañera, hacia la ancha escale ra, llamó ya mi atención la aglomeración de jóvene% entre los cuales, abriéndonos' paso trabajosamente, pur dimos subir hasta nuestro palco. Entramos en éste, ; despojándose de los abrigos, quedó la dama en el ante palco retocando al espejo su peinado, mientras que y salí hasta la barandilla, y de pie miré a ambos lados de la sala, y particularmente a la orquesta, que apresura: damente comenzó la introducción. A Pero no pudo continuar; tal fué el tumulto de gritos, : silbidos y voces acompasadas con golpes de bastone?. y patadas, que llenaron el recinto. Yo, ignorando de “qué se trataba, continuaba en pie ostentando mi tozllelt. de etiqueta rigurosa, mi pechera cruzada por la banda. ¿de la Gran Cruz de Isabel la Católica, y dos o tres pla: as que en mi frac lucían. A esto, mi compañera, alaf- | gando la mano por detrás de las cortinas, me tiró de los faldones, diciéndome: «Retirez-vous, Mr. Cortes0; cest-4 vous». Obedecí al incomprensible mandato, Y entretanto, al aparecer el alcalde en su palco, reprodu- Jeronse aún más estruendosos el griterío y la protesta. La razón de ello era que la Empresa, por un exceso de Politesse, no había querido comenzar la representación hasta que nosotros fuéramos, y como eran las diez de la noche y la hora anunciada para el espectáculo era PASEOS DE UN SOLITARIO 111 > la de las ocho, el público no tuvo aguante, y yo me Jn levé las primicias de una silba en una representación de Una ópera wagneriana. ¿Sería ésta una venganza del 3d gran maestro, desde él otro mundo, por no ser yo en Éste un incondicional, aunque sí un admirador suyo? Teatros y Teatrillos he dicho al tratar de dar forma alos recuerdos e impresiones de los tiempos de mi ju- Ventud, respecto al arte dramático, y por algo dije Zea: | brillos; no ciertamente en sentido despectivo para todos -€llos, sino porque la importancia indudablemente meño MOE de los espectáculos a que me refiero relativamente qe Con los grandes teatros, bien autoriza, para los unos un “Sencillo diminutivo, y para los otros toda la significación desdeñosa que se quiera, Refiérome a la novedad de los teatros por horas y alos teatros con obsequio, que por los años del 72 en adelante aparecieron para distracción al alcance de todas las fortunas, unas veces con provecho para el arte y Otras con detrimento suyo. Fué el primero de los teatros por horas, si no son Infieles mis reminiscencias, el del Recreo, situado en la : Calle de la Flor, en el solar mismo en que hoy se alza la iglesia de San Francisco de Borja. No siempre habían - de ser los teatros los que aprovecharan los solares deq _Jados por las iglesias, como en el de la Alhambra el de E Capellanes, y hoy en el Monumental Cinema sucediera; De alguna vez habían de ser los templos los que aprovecha- A tan los espaciosos lugares abandonados por los teatros decaído, : Consistían los teatros por horas en empresas donde Se daban comedias o zarzuelas en uno, a lo sumo en dos actos, ejecutadas por compañías de mediano mérito, en ps Lo: e ARO MARÍA CORTEZO as que sobresalía aloún que otro actor o cantant mable. Por punto general, el precio de la butaca de un real por función y el de medio en las galerl unida a esta baratura la comodidad de cortar el eS $ va . . ] z yo táculo, según la conveniencia del espectador, y de ap) vechar de él solamente la parte que le parecía apetitl sultado de prosperidad y ganancia 4 reflejó en la multiplicación de empresas iguales en Ol locales. De todos ellos lleváronse la palma el de Varieda y el de Capellanes; el primero, ennoblecido por el cuerdo de Romea y la Civili, por la escogida, aul modesta compañía, que ejecutaba obras del repertola E de Romea y de Mariano Fernández, y en el que s = velaron artistas muy estimables como Luján, Riqué (padre), Vallés, Mariscal y otros. El teatro de Cap nes atraía a la juventud bulliciosa y amiga del géntl ¿Picante y de las exposiciones de atracción sexual. las zarzuelas que a este género obedecían, alternabi z compañías extranjeras de baile cancanesco, de cuadi0% EN vivos y de otras cosas análogas. Este teatro hallábe AN instalado 'en el que fué antiguo salón de baile de Ca Mllanes, que hoy lleva el nombre de teatro Cómico. 23 a A. Como en todo se va pronto en Madrid a la exagt ción, se significó ésta en tal asunto por los teatros obsequio y los cafés cantantes; en unos y Otros, insta “dos en cafés amenazados de ruina económica, se : Presentaban durante la noche comedias, zarzuelas y al dramas de grandes pretensiones, mientras los conc! “tentes consumían lo que constituía el pago de su ent tenimiento, De algún A és bs É episodio ocurrido en uno de estos ca: AO y Y y PASEOS DE UN SOLITARIO 113 Puedo dar cuenta como testigo presencial. Un mi ami- e Joven inocentón pero de carácter áspero y vehemen- €, Muy aficionado al teatro, prestaba sus servicios ofi- a y gratuítos en las representaciones de un café de la calle de Hortaleza. Su distinguida familia, molesta- SS pe Por el secundario papel que casi siempre como tra- - MoOyista desempeñaba con grande entusiasmo, trataba e de disuadirle e impedir su asistencia a tales representa- - Slónes. Siendo inútiles los consejos y continuas las la- - Mentaciones de las señoras, ofrecimos algunos amigos y dos o tres de sus parientes varones, curar al improvisado farandulero, dándole un disgusto en el ejercicio de Sus papeles; y. con efecto, fuimos al teatro una noche en ñ Que se representaba un melodrama en el cual sabíamos Que, llegada la situación culminante, debía nuestro amigo dirigir por sí mismo la aparición dé una milagrosa y E: Popular ¡ imagen madrileña, cosa que producía siempre Ovación en el sencillo público de aquél café, Llegado el Momento crítico en aquella noche, después de efectuar- Se la aparición consabida, comenzamos los conjurados A pedir a voces que saliera fulanito, llamándole por su nombre y su apellido, y con efecto, fulanito, echando Atrás la imagen, apareció por el hueco de la decoración llamándonos por nuestros nombres, llenándonos de S improperios y prorrumpiendo en interjeciones nada Místicas y en amenazas contundentes para el momento Oportuno. RE El Público que se puso de parte del O nos E bligó a dejar el local. O todos los grandes teatros se diia de las Sentaciones parcelarias; alguno de ellos, el de Anpo- 9 logró hacer de moda entre la gente elegante y ale- 8 gre, la Edita de. sus. tad y el ci ' la Cuarta de Apolo, fué cosa muy corriente duran cho tiempo, saliendo quizás E ella la malhada drugada. PASEO VII Estrenos y emociones. Ñ 1 Ñ -<Los hombres, y Dios Sobre los hom- 1 Dres, este es mi símbolo!... Muchas amar- o UTAS me aguardan.—Joven SOy, constancia tengo; la fe suplirá lo que no alcance la inteligencia. ¡Tal vez llegue!» ....o...o.s e IA A . Lor. ...o... .. «El teatro no es copia de lo real, sino invención de lo verosímil.» Manuel Tamayo. Después de haber hecho revivir ante mi imagina- 1 Ociosa y vagabunda los actores principales de mi “EMO, tal y como en acción se ofrecían a mi nunca “lada curiosidad, acuden ante esta misma imaginación mo Consecuencia necesaria, las emociones que me han Proporcionado las obras por aquellos actores represen- o 7 Los estrenos eran para la juventud culta de mi tiem. la emoción suprema, la atracción insuperable, el de- Más grande de nuestras capacidades artísticas. Mu- OS a 30 av E “CARLOS MARÍA CORTEZO Po en uno de los últimos estrenos del mismo García tiérrez (Doña Urraca de Castilla), cómo al de Matilde Díez, refiriendo un cuadro de velada P y patriótica, fué también interrurnpida por un entusiasta, cuando con su incomparable voz de 0) taba, que no recitaba: «Era una noche de Enero, Se oía el viento bramar, Y en el anchuroso hogar Chisporroteaba el tuero. Aún veo al viejo, entre dientes Rezando con gran fervor, Las hijas en su labor Y los dos novios presentes, Y oigo del neblí zahareño La voz destemplada y bronca, Y al mastín, que gruñe y ronca, Entre los pies de su dueño.» (1) Y seguía la hermosa relación interrumpiendo efectos escénicos los aplausos que cada redondilla a Podría citar centenares de ejemplos de estos efe en el público, que demostraron e] deleite que la for poética le producía. E A - Un día, en un drama de Retes, describiendo la m te de un héroe en una batalla, pronunciaba Pizar esta quintilla, con interrupción del público: (1) No respondo de la exactitud textual de éstos ni de los del versos que cito, pues al dictarlos me fío solamente en mi lleva y traída memoria. Si los estropeo, perdónenme los manes amados. sus autores, PASEOS DE UN SOLITARIO RES «La cabeza ensangrentada, La coraza destrozada, Muerta la cabalgadura, Y la vencedora espada Rota por la empuñadura». 5 La culpa de estas interrupciones de tructoras del “ecto escénico era y es de nuestro público, educado en Pernicioso sistema de empeño.en mostrar su persoidad en las obras a que debiera asistir, sino con imdasibilidad, con contenida expresión, hasta el final de los OS, O cuando menos de las escenas. Los que hemos Istido a representaciones en teatros franceses, y sobre todo alemanes, apenas comprendemos la reserva del público y las miradas torvas que se nos dirigen, cuando, llevados por nuestra costumbre latina, iniciamos un bra- VO, O arriesgamos un aplauso, fuera de tiempo. - El verso va directamente al corazón del pueblo (en u más amplio sentido), por lo que tiene de musical; por so, la forma poética será siempre la forma ideal del rama, cuando, volvamos «u tener la suerte de dar con 'Ofes que hagan verdaderos versos, bien medidos, bien acentuados y bien rimados, inspirándose en los grandes modelos de nuestro tesoro teatral, y no en las as callejeras a lo Perico el Ciego, con violencias de centuación, olvido de la censura y libertinaje e en la melida y en la rima. ' Y por eso también la prosa de Tamayo; por ser pro- ES «musical, debe tenerse como modelo de expresión en Ste grande arte, por lo menos en su manifestación trá- _S1S2 y dramática, dejando para la cómica la llaneza, Aunque siempre correcta, de la expresión. SE -Siguióse á a este otro poo de nueva indifsiencia A la distracción del público hacia los SUCesos polítict volucionarios, : ción y el prurito de su codicia, todos parece que tren a producir en el público la esterilización par semilla de cultura y de buen gusto, y la cosecha Y: fomento de los productos prosáicos y desprovistos todo jugo exquisito, ¡ E Todos arrancan rosales para sembrar remolaci patatas; todos llenan la capacidad destinada 'al arté leitoso con el fruto indigesto y burdo de las raícé culentas. - ¿Cómo querrán convencerme los señores emp rios de que el público prefiere esas producciones ladas del decadente teatro moderno francés, a la Y ducción de las obras, no del teatro remoto del «de Oro, pero al menos del inmediatamente anteri nuestro? ¿Pues no veo yo, y ven todos los que teatros frecu! tan, que cuando se resucita una Obra de Zorrilla, García Gutiérrez, de Bretón, de Vega o de Tamayo * la resurrección ha sido bien elegida y si los actores han permitido el trabajo de estudiarla, se llena más * durante más noches el teatro, que cuando se emp en hacer tragar al público esas nuevas Producciones | e. | versos modernistas, sin asunto, sin caracteres, sin 16044 PASEOS DE UN SOLITARIO - 125 Y Sin Interés y que no tienen más mérito que lo recien - He de la fecha? 7 La Cuestión para los empresarios está, no en delei- ¿Lal público, sino en estrenar, y si no, hágase la prueba: llévese al cartel una producción de las verdadera- Miente meritorias de nuestro teatro romántico o del se- - Mirrealista del fines del XIX, pero llévese cambiándole 1 título y ocultando el nombre del autor. No tema el : -Mpresario que tal haga la censura, que esto merecería : -SOmo falta de respeto al público, pues éste le indemni- Zara, llenándole la sala, siempre que éla su vez haya SOnseguido de los actores que, deponiendo sus ínfulas y SOmetiéndoles a la verdadera disciplina del arte, ESTUIEN sus papeles y pongan algún celo en el cumplinhiento de su deber, sin apelación a los recursos desastrosos a que diariamente apelan. | Cuando, en la época de mi juventud, asistía a los estenos a que me vengo refiriendo, podía observarse en da construcción material de las salas de espectáculos una Osa, que a mí no me parece indiferente en lo que des: Pués ha venido sucediendo: era ésta la distribución de 3 Ps. “las localidades, en la que, a juicio mío, se equivocan los er Presarios, como en la elección de obras y enla for- Mación de cuadros de compañía, y. no se olvide que, Sa A A $ - £n los negocios artísticos-industriales, nada es indife- - Tente, , 3 e En : En el Teatro Español, por ejemplo, cerraba el piso SN ajo de la sala, o la platea, en su parte más lejana del - SScenario, un anfiteatro en el que tras una delantera ALIAS A - “SStante cómoda, había tres o cuatro filas de banquetas, € e : 6 las que nos aglomerábamos todos los jóvenes litera.- Y z ; ; ES 9s de la Epoca, chicos bien educados, llenos de fervor a ES, 126 CARLOS MARÍA CORTRZO artístico y que por un par de pesetas nos permii el lujo de asistir a los estrenos de Tamayo, de o de Echegaray. Pues bien, ese mismo anfiteat reproducía en el piso principal y en el segundo, Y. en este teatro como en casi todos los demás, ha sustituído por cuatro o cinco palcos que con su £3 ¿0so vacto, pueden demostrar a los señores empres lo que tienen de equivocados sus cálculos, y ad crean una dificultad de asistencia a los teatros par clases poco acomodadas, no dejándoles más sitio: los aristocráticos de las butacas o los ultrapopulares gallinero, Raro es que se prefiera tener vacíos los pa a tener llenas las galerías; pero así somos los espal les, puesto siempre el pensamiento en la lotería 6 del lleno lujoso, y menospreciando la contribución: desta de la concurrencia diaria. ¿Qué esta es una puerilidad? Pues digan si tengO Zón los explotadores de ciertos coliseos en que se $ a los espectadores zarzuelas del género antiguo, E precios modestos de las localidades y alos cuales M mos oído confesar que han tenido rendimientos v deramente increíbles por lo cuantiosos, ce Pero los españoles tenemos todos la inoculació 2. cional del orgullo, El empresario Su teatro sea aristocrático y. le or preferencia a las localidades de ] producciones a las horas invero: que sólo los vagos y las sentes desprovistas de g3 artístico pueden asistir, y todo lo sacrifican a la idea que su teatro sea más c/hzc que el de ta] otro; y con competencia y mal entendida emulación caminan tras día a la obtención del resultado del vacío teatr? sueña siempre conQ ganiza dando exclus : PASEOS DE UN SOLITARIO — 127 8 £quivale al de sus arcas, mientras que llenan las de 2d E | Plotadores de otros espectáculos, aún menos esti- 22 916S que los suyos, Por los año 200 de F s de 74 y 75, ¿quién lo diría?, un minis- Omento del grupo democrático, ingeniero repu- Orador de Ateneo, economista muy célebre en S y asambleas, se lanzó a la escena con produc- » Tecibidas, primero con estimación, después con USO, y por último, con apasionado y sostenido éxito. a este autor D. José de Echegaray. - Perdónenme la omisión que respecto a ellos cometo Mítine sin * tal brinco signifique menosprecio, sino perdonable do, hacia las cosas no mencionadas, La esposa del vengador, interpretada por Elisa Endoza, fué la primera de las FOdujo verdadera emoción ye 9 aficionado: "SUiéronle mu -SObre tod ol obras de Echegaray que fecto ruidoso en el públihabíala precedido 42 Libro T, alonario, chas otras, cada vez con mayor frecuen- O, durante el período de los años 74. al 86 Je el activísimo político D. José permaneció en un Screto alejamiento del ejercicio del poder y de las lupeas Parlamentarias. E ¿Qué representaban para la juventud de mi tiempo SStrenos de Echegaray? Primeramente, una expecta- “esde que aparecían los títulos en los carteles y en Ensa; después, una noche de impresiones, de dis. 128 - [CARLOS MARÍA CORTEZO Do putas, de gritos y de peleas, que odas ent lón no se interrumpían ni en los entreactos, ni del teatro, ni siquiera en los días siguientes en los $ cillos del Español, de la Cacharrería o de la Acan de Furisprudencia. ) La descripción de cada uno de ESO estrenos pol : constituir materia para un libro, con sólo que me de llevar a la referencia de mis recuerdos más ó mien vos; me limitaré a dos o tres de ellos. Es cosa sabida lo que ocurrió en el estren La última noche, drama ejecutado por Antonio ” salvado por él de la evidente catástrofe a que cami! según el efecto de los primeros actos; pero lo que! ralmente no se cuenta es cuál fué la verdadera 20 de tal drama. Mi pícara memoria infantil me pel m asegurar que los primeros actos de tal obra estab; cados en un drama que, traducido del francés, pus escena Manuel Catalina por los años del 64 o 65 semejanza entre ambas obras era tal, que record yo el estreno de la francesa, iba prediciendo el de llo de la española conforme la representación adelal ba. Llamábase la obra traducida Uy banquero; puedo recordar su autor. Asegura un biógrafo de É garay, que éste, antes de estrenar alguno de sus mas, tuvo en cartera La última noche, que dió a! - cena en 1880, es decir, después de La esposa del vello dor. Me explico yo este fenómeno de coincidencia É que como D. José era aficionadísimo a la literatu 3 ficción en sus géneros xzovela y drama, asistió, seg mente como yo, al estreno del francés, que xo pas su primera noche, e impresionado por lo que la % tenía de nuevo, a pesar del juicio del público, escí o EROS PAS80S DE UN SOLITARIO 129 * Suya, que guardó doce o catorce años, hasta que ani- O por sus éxitos, discurrió que con el epílogo que Afadiera, se constituía un drama verdaderamente Así fué en verdad, y el epílogo que constituía Si un raonólogo, fué declamado por Vico de modo tal ue trocó la frialdad y aun la hostilidad del público, en a de las más clamorosas ovaciones que Echegaray y > Han recibido. No puedo olvidar cómo Antonio dijo vella frase el <A sangre tiene el sabor Ñ AS la maldita copa de bro.» Ñ Que fué la salvación de la obra. Lo de la imitación o el. gio hizo que una compañía que por entonces actua: . en el teatro del Circo, y de que era primer actor ictorino Tamayo, resucitara con no muy buena intención El Banquero, de que pocos nos acordábamos. La dramática de Echegaray, hija directa de la de congénere Sardou, descansaba principalmente en los fectos inesperados; se veía siempre en ella al matemá- O que, tras operaciones laboriosas al parecer indifeentes e intrincadas, 1 a ega bruscamente a un resultado Mpositivo, ¡Cuántas cosas pudiera contar de los estre- Os de Ex el Puño de la espada, El gran Galeoto, Mar 1% Orillas, El seno de la muerte y Mancha que limpia!; - YSIO aunque a mí no me aburran tales recuerdos, temo a Ucho que carezcan de todo interés para los que me an. a ¿La forma de las obras de Echegaray? De eso poco ede decirse, pues es de lo más desigual que por el a 'o ha Pasado. Junto a hermosas y aplaudidas quin- Y redondillas pudieran citarse las de: E j 130 CARLOS MARÍA CORTEZO - «En donde el autor celebra, - Demostrando no ser zote, Amores de Lanzarote Y de la Reina Ginebra», otra de: «Y la llevarán a Argel, Y la arrojarán al mar; Y así, Leonardo al tornar, No encontrará su joyel.» Estas muestrecitas se me pegaban al oído P% malas, como otros hermosos trozos de Ll seño correctos y elevados, Tal aquel en que hablando de su armadura y e dolor, dice el protagonista: x «No ía labró con afán, A fuerza de fuego tanto 2 Para mancharla con llanto, X El armero de Milán» y en la que bien pueden perdonarse los ripios de los A. primeros versos por la galanura de los dos último ¿todos los sonoros endecasílabos de las últimas escel Echegaray debió convencerse de lo mismo que mayo: la prosa era su arma de expresión; dígalo si 2 la más hermosa de sus producciones O Locura 0 tidad. ¿Por qué han caído en el olvido los dramas de E garay, siendo como son relativamente mode A o PASEOS DE UN SOLITARIO 131 Carse la explicación de ésto en la carencia de acto- y en lo Pasajera que es la vida de las obras de efec- Sl inesperados; pues como éstos son pronto conocidos Por el Público, impresionan la primera noche, pero des- Pués, son descontados desde el Principio de la repre: sentación y quedan por ello neutralizados y sin éxito. o Procuro ya apartar el pensamiento de este asunto SiQuiera sea para mí bien deleitoso y me pese el no conta Mis emociones en los estrenos de Consuelo del Íncom- _Parable Ayala, representación en la que triunfaron, tan- to como el autor, Elisa Mendozá y Antonio Vico, doléndome también el no poder referir detalladamente el timo éxito de García Gutiérrez en su delicada joyista »sálida y Mariposa. ! leg .. He de guardar también silencio respecto a autores cómicos de tanta fuerza como Vital Aza, original, coecto e ingeniosísimo y fino como el que más, que dejó Sjemplo bien digno de ser imitado del los públicos sin acudir a los recursos tía y la fácil desvergiienza, Maestro en estas mismas artes fué el Primero de los Echegaray; primero, en el orden cronológico, pues aun £ndo mucho más Joven que su hermano D. José, estre- Su primera comedia ocho años antes que el primo- Sénito; es decif, en 1866, cuando Miguel, que es a quien na refiero, contaba apenas diez y siete años de edad. ASteme decir que fué la tal obra una comedia en un Acto, Cstrenada en el beneficio de Juan Catalina en el Satro del Circo, y que el éxito obtenido por el novel Autor Y realzado por la Lombía y Juan Catalina fué ex. “ordinario, produciéndose ruidosas ovaciones al ver “Parecer en la escena al casi infantil autor. arte de regocijar de la chavacane- PS V 138 CARLOS MARÍA CORTEZO selectas, si no la más exquisita de Madrid, pues no sólo en las fiestas y momentos extraordinarios o señalados, sino a diario, podían compararse sus menús (minutas) con las esplendideces de gala de las mesas reales. Mi agradecido estómago y mi paladar de sibarita, no han: de dejar en el olvido la merecida mención de aquellos. manjares condimentados por cocineros que disfrutaban + sueldos de directores generales, de aqueñlos vinos, cuyo 7. catálogo, que ocupaba un grueso volumen, constituían un verdadero tesoro vivificador del deleite amistoso, endulzador de los contratiempos y preocupaciones, y quizás inspirador afortunado de más de una operación bancaria, de una combinación política, o de una intriga de sobremesa, Sin duda alguna, la ciencia de los negocios es una verdadera ciencia, y cuando tiene por intérpretes hombres inteligentes como los Baiier, no pueden éstos desconocer la influencia del fenómeno fisiológico y eufórico de la buena digestión, la placidez producida por el blanco mantel adornado de bordados y encajes al que 5. se sobreponen la irisada cristalería, la argentería brillan- SN te y las flores regaladas y olorosas. ¿Puede con tales atractivos, a los que se añaden una conversación culta, - la compañía de damas elegantes y bellas y la esperanza de un espectáculo teatral íntimo, o de un concierto escogido, puede con tales circunstancias el ánimo hallarse dispuesto a buscar dificultades, o poner tropiezos, ni idear repulsas? , Nadie pensará que el desarrollo de tales naturales medios, constituya un arte o una habilidad; pero es indiscutible que ellos colaboran, cuando menos, en quitar a los negocios ulteriores la aspereza y el prosaismo ASES LAS 24 - tante para lanz Superficial, en ri Primeros tercios, se vió minada en el úl _ tenaz e implacable dolencia, que ya ter mal disimulado tedio ] - POsa de D. 1 xib] pe sz, E PASEOS DE UN SOLITARIO 139 naES ; ; Ue han de ser Propios de tales operaciones. Y digo que que por fortuna mía, no he tenido la basarme nunca a especulaciones financieras, los Baiier que comenzó por una amistad a h an de ser, por Y mi trato con euniones con nuestro común amigo Dato, siguió después por una relación médico profesional, en momentos angustiosos, y terminó por constituir una intimidad estrechísima, principalmente con el pobre don Gustavo, uno de los hombres de cultivado entendimien- to, de delicado gusto y de sentimientos más selectos que he conocido. Su vida llena de halagos en sus dos timo por una minó con los días de su padre y que tiene cierta tendencia hereditaria en la familia, De las señoras de Baijer poco he de decir, pues ellas han tenido, sobre todo la esposa de Gustavo, el buen talento de no traspasar los límites de la mujer elegante, distinguida, culta y caritativa hasta la inverosimilitud, sin mezclarse jamás en los negocios, y aun oyendo con as discusiones y la narración de las aventuras políticas. En su palco bajo de la Opera me parece ver a la esgnacio con su figura esbelta y su talle fle- E, Vestida con refinada elegancia y adornada su ca- £za de prematuros cabellos blancos con joyas de buen Susto, nada llamativas y sí reveladoras de la hereditaria costumbre de la elegancia exquisita. Rosa, la cónyuge de Gustavo, no cedía en elegancia €sbeltez a su madre política Ida; a su lado es la soedad un Verdadero ideal; conocedora de las literaturas SXtranjeras y de la española, emite sus juicios con una ni ci a AD A CARTOS) MARÍA CORTEZO especie de estudiado encogimiento, revelador de su con- . vicción en la propia competencia. Su mano benéfica sacude a todas las verdaderas lástimas, hasta el punto de tener montada una completa oficina de información en su elegante hogar, y quien como yo visitara con ella "asilos por ella erigidos y costeados en los que son atendidos los niños pobres por hermanas de la caridad, sin escrúpulos religiosos por diferencias de rito, comprenderá el por qué rompo con mi propósito de no hablar de las personas que aún viven, en honor de tan respetable señora, de cuya casa me apartan hoy, no cierta. mente diferencias en el afecto con que en ella se me recibe, sino el miramiento mío de no querer renovar con mis tristezas actuales, los cuadros de bienandanzas de Otros días. Pero volvamos a la banca romántica. En los primeros años del reinado de Isabel II, vino. a Madrid un banquero judío de Estrasburgo, llamado Busenthal; de éste sería muy natural que yo nada dije- e, pues ni le conocí personalmente ni de él han llegado a mí hoticias, sino las referencias de sus suntuosidades y de sus arriesgados negocios; pero se hallaba el señor Busenthal casado con una bella, interesante e inteligentísima brasileña, llamada María Pereira, a quien muchos de los madrileños tenían por hija del Soberano del Brasil. Fuéralo o no, es lo cierto que esta dama, como sucede con mucha frecuencia a los extranjeros que en Madrid residen algún tiempo, tomó asiento definitivo en nuestra capital, y fué una de las personalidades más distinguidas y salientes de la Corte, durante muchos años, hasta su muerte, ocurrida en edad muy avanzada, edad que en muy poco logró afear los rasgos de la figura AS E PASEOS DE UN SOLITARIO 14I la esbeltez na A tural de aquella mujer, y en nada su . nt ligencia y ] Os atractivos de su trato. Puede sin exageración decirse que la platea prosce- EMO de la derecha del teatro Real era la más conocida ES todas las diferentes alturas de la sala. El palco de : María Busenthal se señalaba por los habituados, a los Xtranjeros y provincianos como una de las cosas nobles y dignas de ser conocidas en el coliseo; en él se visaba a su propietaria casi siempre sola, como ele- Mento femenino, vestida con tozlettes claras y adorna= da de joyas radiosas, aunque sencillas; a su alrededor Se veía una verdadera corte de personalidades nota: “bles pertenecientes a los diversos campos políticos, y a las ramas más distintas de la literatura y de las artes. Aquella dama, única republicana de nuestra alta «sociedad, era considerada por la aristocracia, con cuya epresentación femenina sostenía relaciones puramente protocolarias, pero cuyo elemento masculino: unido a Os altos políticos y a los artistas más renombrados, lenaba su espacioso antepalco y frecuentaba los salones de su élegante domicilio, en los que debía conti: Huar la tertulia comenzada en el teatro hasta avanzada hora de la noche. La notoriedad de Busenthal ha quedado obscurecida S por la de su esposa que aún perdura en la memoria de los madrileños, Además, no habiéndole tratado personalmente, pues murió antes de que yo naciera, como Creo que su personalidad confirma mi idea de la influencia del romanticismo en la banca, transcribo un párrafo de las Memorias de su íntimo amigo el general Córdóva, mo demostración de que pertenecía al grupo por mí alificado; «Hasta su llegada no se conoció en Madrid IAS CARLOS MARÍA CORTEZO 5% NUIES ; j , EG Eo al prototipo del hombre de negocios original, d: dor incansable y de actividad febri] y fecunda pa adelantos y progresos materiales del país. A él se las grandes empresas, las grandes iniciativas indust les y mercantiles que o tinuadores suyos, enrig na pública. » No podrá calificarse ciertamente de inoportu intromisión de esta figura digna de mención y €s como personaje activo de la banca romántica, siqU no se trate de un español; llegó a tener tres nacionalidades distintas, obtuv acta en nuestras Cortes y desapareció tras de un graciado debug parlamentario y una quiebra de su gocios para ir a reponerse a Montevideo, en donde a reunir una nueva y considerable fortuna. : De todos los banqueros, el que era más populaf, que llegó casi a disfrutar del privilegio de la antono sia, fué el marqués de Salamanca. Malagueño de oriS Ss abogado hábil y emprendedor, improvisó rápida N un capital, que acrecentó con increibles aumentos, A terrumpidos a veces por las oscilaciones de depresi0* A. y teniendo siempre por incentivo y por base empré arriesgadas, inverosímiles para aquellos tiempos, : muchas de las cuales gozamos aún bien fructuosos FÉ sultados los que vivimos en los presentes, E Los ferrocarriles españoles encontraron en él el pur cipal de sus impulsores, y no contento con trazar y €% Plotar los de nuestra Patria, construyó las primeras Principales vías de Italia, en los Estados Pontificios. ; Como muestra de la exactitud de su intrusión € la clave romántica de los banqueros, nos permitirem financiero de aventuras Y: » POr referencia, mente fantásticas; en el palacio de Recoletos, - €n su género y hoy residencia del Banco Hipotecario, en Su finca de Vista Alegre, se reunían colecciones de ps de de su mujer A LAA Yn le acom e PASEOS DE UN SOLITARIO 143 hacer alusión a su proyecto de túnel en- ; tre Francia e Inglaterra, por debajo del Canal de la AN Manga ( Mancha, como dicen los malos traductores) y Aigunas anécdotas de las que de boca en boca circula- ¡AN respecto a este extraordinario personaje que al e 0 Ismo tiempo que sus negocios financieros, cultivó la Política, fué diputado, ministro de Hacienda, gozaba de a amistad íntima de Doña María Cristina y de la paternal de Pío IX, y vió saqueada su casa y quemados sus Muebles en el movimiento revolucionario de 18 54, Y era, Sin embargo, una de las entidades más populares y admi- _TFadas por el buen pueblo madrileño (1). De sus fastuosidades se contaban cosas verdaderaprimero Cuadros, de estatuas, de b2belofs, de armas y de libros, dignos del Museo de un emperador. Refieren de él como rasgo de su desinterés respecto Al dinero, que jugando una noche al tresillo en una man- (0) Ens 54 tuvo que huir el banquero malagueño y he aquí cómo na, distinguida señora superviviente me transcribe en forma textual Y £n carta particular los detalles de la fuga: “Cuando ese acontecimiento, estaba Salamanca en casa de una ga en la calle de Cañizares, en casa de la señora Periche. La casa los abuelos era de la sobrina de Salamanca, casada con Don José Méndez. Se vino ami a casa de su sobrina Matilde Briand, hija de una hermana Había una barricada y el jefe de la barricada era Matías Bedoya; € vistió de sereno con sú propio pantalón negro, por ser muy alto O haber ninguno a su medida, y Matías emborrachó a sus hombres pañó a la estación del Mediodía y salió para Aranjuez, y al extranjero.» se l desde all; EI 144 CARLOS MARÍA CORTEZO z _sión aristocrática, como una alta dama, que fig lá partida, quisiera buscar una moneda peque bía dejado caer, y para alumbrarse se dispusie plear una de las bujías que ardían sobre la m Juego, Salamanca lo impidió con rapidez, y arr un billete de Banco de los que delante de sí tenía cendió en la vela y se lo alargó a la señora P con él pudiera alumbrarse sin molestia de sus comP fieros de juego, | Otra vez, cuentan que se le presentó un sujeto Poniéndole la compra de un ejemplar de la Ciiristiak m2 Restitutio de Miguel Serv a sabido, et, libro rarísimo como por haber sido quemados todos sus ejemp en conmpañía de su desgraciado autor, por la liber tuación de Calvino en Ginebra, y ser además libro estimado por asegurarse, y ser cierto, que en él € la primera explícita descripción de la circulación sangre, que completó más tarde Harveo. Vió Salam ca el ejemplar, y teniendo ya otro, que «suponía únil en el mundo, preguntó el precio al vendedor, dió a un talón sobre su caja por val que le pidió, y a presencia su mas de la chimenea or de las 30.000 pesel ejemplar, De la veracidad de este último caso pl permitirme dudar, pues comentándolo muchos años pués con mi amigo el Sr, Sánchez, tradicional li clásico de la calle de Carretas, se sonrió y me pres tó la hora a que le podría recibir al día siguien que se presentó en mi casa, llevando el precioso ll algo chamuscado por los bordes. ¿Había escapado d quema de Calvino, o se había librado de la de | E > (1. Ponga nuestra imaginación la solución que SS La figura de Salamanca brilló en primera línea en As Más variadas esferas: alto, elegante, distinguido, =IGOr ingenioso y chispeante en sus conversaciones, ó un hombre de sociedad con quien se contaba en los : 'S altos círculos aristocráticos, diplomáticos y galan- Y esto en aquella época cuyas descripciones nos “en concebir de la Corte madrileña un centro de dis- Unción, de Suntuosida] y de vida fastuosa, que ha venido decayendo de manera innegable, hasta convertir lo € era una Corte distinguida residente en una capital O extensa, en Una gran aldea. manchega de enorme lación y. perímetro, pero desprovista de toda elegancia e invadida por todo linaje de arribistas; carayaz serrat! de provincianos intrigantes, rastacueros anóni- MOS, pretendientes y logreros, La actividad de Salamanca se d Sien política ] Míluyente en la, su deseo ejaba sentir en todo: legó a ser ministro, presidente y personaje las soluciones críticas de mayor importande mejorar y enal 0 ac A Convertirse en empresario do "nun casi abandonado so] transformado después e Pera con los más renom tecer nuestra capital le de teatros, Construyen- ar un magnífico circo, al n teatro, trafa compañías brados y costosos artistas, mo eran por entonces Ronconi, Moriani, la Persiani, Xx En un hermoso trabaj Yitiento qe la circulació 5 El Sigo Médico, helor of Arts), lares del prec : Fegalo de Una re o que con el título de Miguel Servet y el 2 de la sangre, publica en estos momendebido a la pluma del Sr. Howard R. Marraro de Nueva York, afirma este señor que existen tres lado libro, ¿Quién podía hacer a la pública cultura impresión de tal obra? UN 10 “PASEOS DE UN SOLITARIO A » conversación ingeniosa, animada, pulcro en el vestl z / 0 A de Tamberlick y otros, que alternaban con compañías , baile de espectáculo, de lujo inusitado hasta entonces, Y el que hacía brillar a su preferida amiga la famosa Stephan, al lado del no menos renombrado Petit: produciendo cada una de las representaciones de famosos ballets un triunfo ruidoso y apasionado pat protegida, en la viva competencia que, a decir d coetáneos, sostenía ella con otra protegida del gent Narváez, para la cual aseguran que éste ideó levant un verdadero templo en el elegante teatro del Orien! Fomentaba el ilustre banquero todo aquello en gq creía ver un positivo valor: a su lado encontraron C caciones codiciadas los ingenieros más renombrad0 los literatos, los periodistas, hasta fundar órganos pa la defensa de sus empresas, a cuyo frente ponía h bres políticos, dotándoles de sueldos pingiies hasta tonces desconocidos en España. Después de entrar el buen marqués de Salama en una ancianidad tranquila y de poder gozar con el % pectáculo que de día en día se desarrollaba ante si ojos en el espléndido ensanche dado a Madrid por barrio que llevará siempre su glorioso nombre, se le v y aunqué arruinado, sereno, de modales agradables, 146 CARLOS MARÍA CORTEZO ] 'ocupando algún modesto palco en teatros más o men alegres y dirigiendo las inteligentes saetas de sus mi das a las actrices y bellezas profesionales. ¿Por qué cordaría yo una noche que lo veía en el teatro de ES va dirigir sus gemelos a una estrel/a popular en aqué época, cierto espiritual grabado de Gavarny que llevab: | por título: le ¿on devernu vieux? E Na paso una sola vez ante la estatua de este ho a , d h 1 - SOMbrero, ban _ Persuadida por la Historia y por s uno de los elementos más podero - Neos, - Clad , das y PASEOS DE UN SOLITARIO 147 bro, colocada e n el encruzamiento de las calles de Lista Y de Velázqu €Z, sin echar instintivamente mano a mi por el espontáneo reconocimiento de ser él Uno delos ESpañoles que más han trabajado en provecho de la patria, t Los que duden de la exactitud de mi calificación de Quero romántico dada al marqués de Salamanca, “an algunos detalles que acerca del túnel del Canal de la Manga se describen en los Memorias de D. José Echegaray, entrando en pormenores acerca de la inter- Vención de este último y de su compañero el ingeniero Brockman, en el proyecto muchas veces luego renovado y al que parece haberse opuesto siempre Inglaterra, u buen sentido, a que sos de su independencia y hegemonía europea, consiste en su aislamiento Xerrestre que le ha puesto a cubierto de toda invasión desde los tiempos de César a los de los sajones, y luego hasta nuestros días, a pesar de Felipe II, de Napoleón Y de todos los megalomaníacos pasados y contemporá- Hablar de banqueros, de hombres de negocios, de SOS más O menos aventureros, y no acudir en mis Paseos a mi imaginación el famoso marqués de Campo, Sería una cosa inexplicable; pero más inverosímil, aunque Perfectamente explicable, parecería si yo contara todo Cuanto de un modo positivo he sabido y presen. lado en mi relación amistosa y profesional con aquella Y con sus afines, familiares y dependientes. enía el marqués de Campo un sobrino, D. José as, de cuya probidad, rectitud y sanidad de con. a Sería poco cuanto yo dijera, Este D, José Maicas, a Cre “aic duct 250 5 CARLOS MARÍA CORTEZO explosión de su mal contenida nerviosidad, 18: «Hombre, eso sería un desatino», El presuntu0 riodista se sintió de ta] modo ofendi se, que, a pesar de las atenuaciones y habilidad que su autor la quiso dulcificar, salió del despaci ciendo: «Yo te daré el desatino». Y con efecto, pocos días, público ya y aplaudido el nuevo Pp Hacienda, y cubierto con creces el primer emp 8 que había de darle vida, apareció en el indicado Pf dico un memorable artículo en el que, a vueltas de% picacias y-de argumentos más O menos sólidos, se lizaba la insinuación reticente que trataba de Í hasta a la honra personal de aquel político probo, pendiente e intachable, 3 Un enemigo, por una frase hija de un impulso;* petido el caso, podría hallarse la explicación de concebible atmósfera de frialdad con que Villaverd nía que luchar, a pesar de sus altas cualidades y d innegables servicios, De algún compañero suyo de Ministerio sé, haber en un Consejo pedido el ministro de H que se le dejara estudiar un Proyecto del otro, por berlo hecho. en términos demasiado llanos, aquél el olvidó todo lo que a Villaverde debía desde el principl de su carrera Política, y fué desde aquel momento y lo sucesivo un ene aci política pri de mi desgraciado amigo. público le conocían hubie unos íntimos, estudiarle en e ubiera dejado de quererle, 4] ro, y la natural después, Si todos los que en podido, como yo y alg vida privada, ninguno h PASEOS DE UN SOLITARIO 251 ta sus defectos aparentes. “a hipocresía es una vestidura demasiado estrecha las almas grandes, y es raro que éstas, cuando in- Man Oprimirse en las vestimentas de los convenciona- MOS y de la falsedad, no las hagan estallar o por las turas o por la trama misma del tejido. : No sería justo, ni ante todo verídico, el que yo omi- Se la mención merecida que me dicta mi convenci- “ento, en honor de la ilustre dama que compartió con úl buen amigo muchos de sus sinsabores y algunos de US triunfos. | a Perteneciente a una noble familia, emparentada con ran parte de la aristocracia española, educada en un logar en que a la rigidez de las exigencias de una alta sición se mezclaban las dulces alternativas de los Unfos literarios, y los halagos de las altas situaciones Dolíticas, se unió doña Angela Roca de Togores, hija de S marqueses de Molins, a Fernández Villaverde, consútuyendo con él un hogar que, como verdadero modelo “€ corrección, de amor conyugal y de compenetración Caracteres, puede recordarse, -La-prematura viudez de esta noble señora no fué várte a cambiar los severos procedimientos de educa- Ón a un mismo tiempo amorosa y rígida, que ha dado Por fruto el de una familia compuesta por siete hijos es- “Mados y alabados por toda la sociedad madrileña. Administradora inteligente y meticulosa, madre Mantísima y previsora, esposa modelo y consejera des” leresada, bien merece mi noble amiga que yo le rin A Públicamente el testimonio convencido de mi admitación. el PASEO XVI erno. En el Retiro. Las cortesanas | de mi tiempo. Í «No vaya a creerse que la consecuencia que de este relato infiero, es que todas - las mujeres de la condición de Margarita son capaces de hacer lo que ella hizo; - todo menos eso.» : Dumas (hijo). Son muy hermosos los días del invierno madrileño, ido el cielo está despejado, brilla el sol y no sopla “Viento, En días tales desde las once de la mañana Sta las cuatro de la tarde, puede el clima de Madrid «Safiar a los que mayor fama de templados gozan en el diodía de Europa. Del paisaje, nada digamos: todas "Perspectivas alcanzadas desde los altos del Retiro, aseo de Rosales, de la Moncloa y de la Dehesa de illa, son verdaderamente deliciosas. El predominio Os pinos y de las encinas de hoja perenne, dan una 'eza al paisaje invernal, que no tienen los de las proclas españolas en que la frondosidad ES sus bosques representada por los árboles de hoja caduca, Las. 254 - CARLOS MARÍA CORTEZO anchas planicies que entre los encinares se divisan,' cen matices verdosos y grisáceos de un aterciope que recuerda esas telas felpudas que tienen un colo la raíz de su sedería flecosa y otro en las punta superficie, La barrera que cierra el cuadro con los tes del Guadarrama, blancos en su cúspide, azula violáceos y sonrosados en su base, según las horas día y las incidencias de los rayos del sol, todo esti hoy para mí es un recuerdo, autoriza a decir que € saje invernal madrileño, dista mucho de tener la a la monotonía y la ausencia de encanto de que los O vadores superficiales le motejan. A El Retiro no es sitio muy a propósito para pasts a5 mañanas de invierno riguroso. Las masas d boles, aun despojados de hojas, dificultan en la m parte de los sitios la llegada del pleno sol; pero sal do bordear estos islotes de sombra, todavía pueden zarse hermosos puntos de “vista y aspectos muy a dables. : en ] ma primavera, La próxima primavera Sí, porque ellos como yo, cuentan seguramente, los días y aun las ho ras que nos faltan para que el ambiente sea tibio, € O PASEOS DE UN SOLITARIO 255 | Más que hoy el sol, y sientan ellos subir la savia 54 y nacer el amor maternal que hoy no sienten, ; el invierno es la estación del egoísmo, el imperio e Socupación individual. Durante él, se diría que s Piensa más que en sí mismo, en buscar el mejor 0 al sol, el más cómodo sitio al calor del hogar, el Y abrigo en el lecho, los alimentos y las bebidas "Confortantes que consintió reservar el pródigo estío -Seneroso otoño. En el invierno las aves no piensan maternidad porque no sienten el amor, y el com- Mento de éste sublimizado es la maternidad. El nido su trono; hoy de nada le serviría el nido. “¿No habéis pensado muchas veces en lo que podrá Ade estas avecillas amigas, cuando una nevada espeubra la tierra por igual, escondiendo cruelmente las semillas, todos los pequeños insectos, todos esíduos que pueden servir de alimento a los débiles Hrezcan, en vez de sus suaves aguas, el vidrio duro Un hielo imposible de picotear? %S0s del día que se acerca. ¿Me esperarán mi paja- ¿No debería hoy yo, con mayor razón que en el O, ira ofrecerles mis migajas? Sin duda alguna; 0 tengo frío; tengo miedo, ¿por qué no confesarlo?... po Os en Enero, y hemos convenido en que el in- 9 €s la estación del egoísmo. ¡Qué cosa tan hermoel calor de la camal ¿Dónde hay estufa eléctrica, Mía, de cok, de gas o de serrín; dónde hay calefacción REDES ideadas para que la gente tenga siempre se congestione por exceso de calor, que pueda a .. Mas y de landaux llenos de familias aristocráticas, 4! 256 E CARLOS MARÍA CORTEZO ¿7 sustituir el suave calorcito de una cama mullida, amparada por mantas gruesas y flexibles, y cob bajo un edredón de apariencia vaporosa y de el verdaderamente maternales? . de “Pobres gorriones... pero, ¿quién sabe si ellos. bién tendrán sus maneras de procurarse camas-Y. dones relativos? ze Esta última es consoladora reflexión de viejo rico aparente, de invierno y de egoísmo, - 08 El paseo de coches está hermosamente solead pavimento sólido de la parte destinada a los viandaM jas y gentes que me fueron conocidas, y la ancha ví E carruajes, de trenes, de Jinetes sobre fogosos caball0% E . AA de mujeres hermosas arrellanadas en carretelas lujosí3! / 3 p tro delos carruajes, ni en los fingimientos de las 50 sas con 'que saludaban a las mismas amigas, ni las. radas de reojo con que observaban recelosas a las jeres galantes, que con sus trenes se cruzaban. Preciso es recordar lo que allá por los años del ¿al 90 era el paseo de coches del Retiro. El número * PASEOS DE UN SOLITARIO 257 ticas telas en su interior, lustrosas y brillantes fuera; las guarniciones de hebillas de plata con eslos giratorios y flores naturales en las frontaleras, nero de tales alardes de lujo y de buen gusto era AContable. Muy extraño era el que algún coche de €r se mezclara entre tales primores, y desde luego UPonía que su ocupante había de ser algún extran-. 5 9 algún provinciano curioso que no estaba identido con ALE costumbres. , | Oy es bieh diferente lo que en tal paseo se ve; los hes de caballos son casi todos de los llamados de Ono, según lo publican lo destartalado del mueble, lo E9Co airoso de los troncos y el desaliño en la librea de S servidores; con tales vehículos se cruzan automóvisde todas las marcas y cataduras, alardeando los unos : * enorme coste que representan, aspirando los otros asar por lujosos... cursis todos. Cursis, sí; porque emplear una máquina de fuerza 40 0 60 caballos en ir a un paseo que no dista medio Metro de la población, y cuya pista se tarda en re: ter minuto y medio, en vez de ser una demostración lujo, es una prueba de rastacuerismo aparatoso de ndo mezquino y ahorrativo. Porque el verdadero lujo Verdadero buen gusto, consistirían en tener una máfa tal para las largas expediciones, y un buen coche * caballos para el paseo de la tarde, y las visitas y tés E Ciudad a esa hora, en que como dice as es: «L'heure du thé fumant Ou Pon ferme les livres.» Esto tendría por lo menos la. ventaja de que en los eos se pudiese pasear, si por paseat se entiende re- : 3 258 CARLOS MARÍA CORTEZO crearse el ánimo con la contemplación del paisa je: los rostros amigos, y deleitar los pulmones co piración de un aire puro, perfumado por las floré OS Hor la a rruajes de lol Chirimbolo perturbador de la moral pública y privada; artefacto antipático y antiesté peligro de las gentes pacíficas y honradas; de aqU en sus vidas, de estas en la tranquilidad de sus conc cias, que no compensará de los males que produa , siquiera librándonos de algunos de los cretinos ponen todos sus ideales en noseerlos y guiarlosl ¡Trono de la vanidad idiotizada, acicate del vició Pero.., vuelvo mi pensamiento al Paseo de Coc | de los años del último cuarto del siglo pasado y no pr do HiSnÓS de pasar en medio de la cis .. Jas las tardes, -sobre todo, en el verano y en el pi l z del otoño, y Esto necesita una explicación. Uno de los solac que me procuro en la constante actividad de mis led ras, es el de entremezclar con las más o menos sel y con las impuestas por mis obligaciones más o me! oficiales, las lecturas de novelas, En esto me parezó al glorioso D. José Echegaray. (en algo me había parecer), quien declara frecuentemente en sus Memol que desde su juventud hasta su vejez, fué constante ardoroso aficionado a la literatura de ficción y devo centenares y aun millares de novelas de los más vafÍ dos géneros y de las más diferentes procedencias. pue | PASEOS DE UN SOLITARIO 259 €n mi vejez he dado en releer aquéllas de estas pro lones que en uno u otro sentido produjeron mayot Sión en mi alma, cuando por primera vez las cO- No hace mucho tiempo leí el «Gil Blas de Santi- '2 Y no hace aún dos meses que releí el «Judío te», de Eugenio Sué, la «Georgina», «El amante luna» y «Bigotes», de Pablo de Kock y no hablo a «Educación sentimental», de Flaubert, «La Tiede Zola, y otras de aa menos antigua y de O más serio, que han pasado dos y aun más veces mis ojos. Hay una novela del género moderno, que pasa po; ticuada en España y que no lo es, como tampoco el ma inspirado en su mismo asunto, en las poblacio- ¿más cultas del extranjero. Me refiero a «La Dama as Camelias», de Alejandro Dumas (hijo). El drama con el mismo título es, sin duda alguna, el que ma- ' número de representaciones ha alcanzado entre los e forman la colección teatral contemporánea, me es Conocido, que muchas de sus escenas podría repe- S de memoria. Ha servido el tal drama como de ta de toque o pieza de concurso, para todas las acdramáticas extranjeras, y para muchas de las naales, y así yo no puedo pensar en «La Dama de las Mnelias» « sin acordarme de la Pascuali (1865), la Mala Pezzana, la Mariani, la Duse, Tina. di Lorenzo, ah Bernard, La Rejane, María Tubau, María Guerre- Catalina Bárcena, Sada Yako, etc., etc.; hace apenas AÑO que todavía asistí a una representación en París Csta grande obra y, al volver ahora, me aseguran, de PASEO XVII Variedades macabras. -«Certes; ils doivent trouver les vivants a : [bien ingrats A dormir comm'ils font chaudement sous [leurs draps.» Bodelaire. No os fieis de la erudición de los hombres que no frecuentan los puestos de libros viejos, y tened por cierta la fatuidad de los que miran el año de la impresión en el libro moderno antes de leerle. Lch. Esta mañana me han leído una noticia inserta en un tio, y según la cual los obreros que practican las avaciones para la construcción del ferrocarril metroitano, por debajo de la plaza del Progreso, han :entrado las lápidas y huesos correspondientes a un Antiguo cementerio. Esto que, para muchos, se habrá stado a interpretaciones más O menos fantásticas, tiene para mí una explicación muy sencilla sugerida. Y algunos recuerdos infantiles. . 268 CARLOS MARÍA CORTEZO y y En el actual emplazamiento del jardín de la plaza Progreso, parece que existía, hasta entrado el siglo XÍ el convento de la Merced, que fué uno de los que, pol leyes desamortizadoras y por la expulsión de las O , munidades religiosas de varones, pasó a ser propié h - del Estado, quien lo cedió al Ayuntamiento de Madr io el cual, después de detribarlo, trazó una explanada aspiraciones a jardín, en la que tan sólo se elevabil | alsunas acacias, que sombreaban malamente unos fo cos bancos de piedra, en los que al caer de la tarde % el verano, y a las horas del mediodía durante las esté” ciones del frío, se sentaban amas de cría y niñeras escuchar los galanteos y las conversaciones nostálglt 3 de los bravos militares, a veces sus paisanos, que l8 recordaban los parientes y las fiestas de su tierra. muchachos jugábamos en la anchurosa plaza, alreded% ll de cuyo presente jardín se veía una larga parada % coches de colleras, especies de lazdaux viejísimos, ac chados en el interior con telas claras y vistosas, y tira” dos por un par de mulas, que guiaba un cochero ( “descuidada vestimenta, quien chasqueaba continuame! E te eblátigo, junto a su armatoste, como luego he visto! hacer alos cocheros napolitanos. Aún he llegado yo? utilizar tales coches, par ! a acudir en consultas a 10% pueblecillos de las inmediaciones, cuando comenzab a ejercitar la profesión con un favor público a Mi: edad inverosímil, y por mí bien poco aprovechado." También tenían en aquélla plaza descanso las famosa? calesas, airoso vehículo para dos solas personas, sin te PASEOS DE UN SOILZLARIO 269 de colores chillones, con figuras y flores de mal gus- Este era el carruaje de alquiler característico para días de toros: el que inspiró a un vate, autor de - con las costumbres de Madrid, aquél dístico ecía; «En calesa, nunca sola, Va a los toros la Manola». -——Enla parte más estrecha del irregular cuadrilátero de Na plaza, al lado que mira hacia la calle de la Magdale- Ma, entre las de Relatores y Lavapiés, había una fuente de ancho pilón, con una pirámide central, a la que no fal- “laban ciertas pretensiones de monumento, rematado en Un jarrón de dudoso gusto. Alrededor del pilón, forman- ¡do círculos concéntricos y muy apretados, se veía hasta a número de más de cien cubas, a las que los clásicos “Aguadores de aquella época hacían llegar el agua con Orden meticuloso por ellos impuesto, aunque no siemte respetado, según lo probaban las frecuentes refrie- Sas que entre sí sostenían a puñetazos, aquellos honra- e S astures de chaleco de pana, camiseta de lana burda, tde, roja o amarilla, y montera gallega, o asturiana, £gún la procedencia del propietario. Rodeaban al jardín tres estrechas avenidas, que reesentaban las antiguas calles que circundaban el conhito, y que ahora constituían, con el centro, la gran laza, a su vez rodeada de casas de moderna construc» 1, O cuando menos de reciente revoco. Sucedió, allá por los años del 60 al 62, que el Ayunmiento decidió transformar el elemental jardín, en uno gusto inglés, y para ello comenzaron 4 hacerse ex- Vaciones, que no debieron ser muy profundas; pero 0 xi 270 CARLOS MARÍA CORTEZO | recuerdo que al volver un día del Colegio, vi un ge > grupo de gente apiñada alrededor de una zanja, de que trabajaban varios obreros. Comentábase, entfi curiosos, el hecho de que uno de los trabajadores encontrado huesos al parecer humanos, y objetos * metal, que la fantasía popular bautizaba de crucifijos Y oro macizo y custodias con pedrerías. Lo que entof sucedió, y ahora acude a mi memoria, es que se trop! con el antiguo cementerio de la iglesia, en la cual, C0 en otras, se hacían muchos enterramientos hasta Es sado siglo, 30 No me cabe duda alguna de que aquellos huesos! contrados por el año 60, tenían el mismo origen qué hallados ahora, con sus correspondientes lápidas, pof obreros del ferrocarril metropolitano, ¿Qué habrá de los unos y de los otros? No lo sé, ni lo quiero pela En Madrid no existe, no ya el culto, sino ni siqul el respeto a los muertos. Quien, por devoción a los la,muerte le ha quitado, o por tributo último rendil los que se van, visita con frecuencia los cementerÍ puede ver que mi aserción no es infundada: parece ! existe una verdadera conspiración entre los explotado! res dela triste industria, los empleados y vigilantes ' ) que se valen y los que debieran ser interesados por custodía de sus muertos, y según la cual, por codi los unos, por descuido y abuso los otros, y por indi rencia malsana los más, se dá el caso de que nuestióó cementerios parezcan abandonados muladares, con lá? das rotas, cruces derribadas; hierbajos sedientos, abs luta deficiencia de aguas, suciedad sobre los epitafios) tolerado robo de los piadosos recuerdos que las famili? dejan sobre las tumbas. y : PASEOS DE UN SOLITARIO ye as quejas son inútiles, los dispendios infructuosos, eptan las propinas, sin responder a lo que debieran “Ponder, y se estrellan las quejas en los cerrados oídos £stros alcaldes y munícipes, que parecen empeña- > € que se parodie el dicho del famoso dramaturgo: «El tirón que dá el presidio Se siente en el Ministerio.» Como no me gusta criticar sin fundamento, voy a tinuar hablando de restos mortales abandonados, ¿Quién no conoce lo ocurrido en los Camposantos Ye las afueras de la Puerta de Atocha? Si allí no se hubi era dado la voz de alarma, por los jovencillos entu- Slastas de Espronceda y de otros poetas de la época ro- Mántica ¿quién sabría ahora dónde habrían ído a parar ús huesos? Y si en los de las afueras de la calle de ncarral (la Patriarcal y “San Martín), no se hubiese Marmado a la opinión, acusando la instalación en ellos *S industrias de alimentación, de conejos y otros ani- Males comestibles, ¿se hubieran salvado los restos de htana, y de cerca de un centenar de políticos y lite: AS Os ilustres, que han podido ser rescatados? Pues bien; sin ser Esproncedas, Larras ni Quinta: los otros muertos merecen piadoso respeto; y las Cramentales, el Ayuntamiento y los industriales de- S Stían pensar en otra cosa que en cobrar crecidos estidios para abandonar a los inhumados, cuando saben Pueden contar con la complicidad inerte del des: Or de sus deudos y de sus amigos. ¿No habrá modo de construir un grande recinto, en al pudieran ser depositados todos estos restos, de que fueron nuestros abuelos, con un sencillo templo y un limpio jardín, sin más pretensiones que las de : nificar respeto y consideración a los que fueron? A ¿No habrá manera de introducir en los cemente! chamiento del precio de los terrenos, vendidos €M? mas respetables, y empleados siempre únicamentt ampliaciones productoras de mayores ingresos? ¡Pobres muertos, objeto de la explotación de VIVOS! - Si el lector ha parado miéntes al bajar por la $ da acera de la izquierda de la calle de Alcalá, h4 mirado a la característica iglesia de San José, hoy , taurada con inverosímil buen gusto por un arquitel genial, que me es desconocido. Pero, aparte esta ju: cada alabanza, tanto más de extrañar cuanto qUé creemos merecida, aun en un arquitecto madrileño A temporáneo, fíjese el lector en que, sustituyendo 4: viejos caserones de estrecho solar y de pobre apalll! cia, que costeaban el templo, se ha edificado hoy Y >, casa de bello aspecto, que sin duda es explotada laiglesia, a lo cual nada tenemos que decir; peró lado derecho de li verja, y pegado al templo, vef lector un establecimiento de refrescos, bebidas y € colates, y si entra en él, encontrará que el salón pie pronto su paralelismo con el eje del templo, para in narse hacia la izquierda, cosa que me ha hecho siemP! temer que pase por debajo o por entre las sepultulé” de las monjas y de los fieles que, en los antiguos Cal” melitas, creyeron hallar su perpetuo reposo. : Nada afirmo, pero no me parece la cosa inverosíM y, desde luego, reputo de dudoso gusto el género de € ión del sagrado solar. Y sien esto hay alguna AS “ta, sea sólo para el párroco que lo ideó y el obispo - autorizó, si no me equivocara en mis sospechas. Dando en pensar en estas cosas, no puede menos Acudir a mi Imaginación * un contraste DS no o He de y oo de Misset durante una de nuestras estan- Sen París, fuímos a visitar la tumba del gran poeta, el cementerio del Padre Lachaise (como ahora se esbe), y recordamos y vimos el famoso sauce cuya “Sombra es ligera para la tumba donde reposa el gran Doeta» (1). Muerto mi hijo, quise plantar en su sepultuld un sauce procedente del mismo de Musset:'Apro- Veché otra estancia en París, fuí a la célebre tumba; sodre ella estaba el poético árbol, que seguramente iba a Ser podado en la estación apropiada; no atreviéndome ortar ramas, fuí a la administración del Cemente- y me recibió cortésmente un señor condecorado, a Alten expuse la pretensión de que, llegada la época de A Poda, consintiese dar algunas ramitas del celebrado ÉÉC€ a mi bondadoso amigo parisino Aberto Mar que Am S acompañaba. El administrador me contestó con fable solemnidad galaica, que eso no le era posible, sin ta po de E família de Alfred de Musset. Diónos «Mes chers amis, quand je mourrai, Plantez un sau/e au cimetiére; J'aime son feuillage éploré; La páleur m'en est douce et chére, Et son ombre sera légére A la terre oú je dormirai > o 18 PASEOS DE UN SOLITARIO 273 274 CARLOS MARÍA CORTEZO - 3 miére las plantas que florecientes se me enviaron . paña; fueron colocadas en la tumba, donde a P “mis esfuerzos y cuidados, murieron faltas de rieg Comprendo que entre la solemnidad franc exigir un permiso particular para recoger algun litroques, que van a ser tirados, y la falta de cuidado de la administración de los cementerios ? drileños, cabrá que haya algún justo medio, y ese que deberían reclamar en primer término las fam a y plantear las autoridades administrativas y eclé ticas. 0 ¡Pero, Dios mío, qué tristes son mis ideas de 10) te pido que no sean así las de mañanal : Volviendo de este triste paseo, he encontrado. 2 buen amigo el Dr. Mariscal, uno de los hombres Es eruditos, y para mí el médico más erudito de Espa Hemos conversado sobre estos puntos lúgubres, y ' salido a colación Cadahalso, Gray, Young y todos | autores fúnebres, de todos los países; pero disertaM Acerca de los encantos que tiene lo triste y lo melan lico en el Arte, me ha referido Mariscal un hec! que no deja de tener transcendencia, a lo menos P los que encontramos transcendencia en todo. Como buen bibliófilo, es Mariscal aficionado a lo los franceses llaman bouquiner, o sea a revolver pu tos de libros viejos, en busca de curiosidades, y si posible, de gangas. Hallábase un día a gatas sobre montón de vejeces en la feria, cuando reparó que a lado el ilustre Pí y Margall investigaba por los esta” tes y las mesas, y terminaba por preguntar al cham rilero: «¿Tendría usted, por casualidad, «Las Noche de Young?» «No, señor, no las conozco. » : E, PASEOS DE UN SOLITARIO AE “Perdone usted, D. Francisco, dijo entonces Maris- | tigiéndose al ilustre y simpático republicano, a en Sólo de vista y de nombre conocía; en tal libre- Alas tiene usted, por cierto muy bien conservadas y tatas.» : ; Tomó Pí y Margall las señas, saludó cortésmente y JÓ. Al verano inmediato coincidieron en el Monas- ¿So de Piedra, Pí y Margall y el doctor bibliófilo; ob- SErVÓ éste el libro que llevaba a sus paseos el insigne ralista: eran «Las Noches», de Young; y como intian en el bello sitio, se comunicaron el mutuo entu- Asmo que por Young y Gray ambos tenían. Y digo yo ihora: ¿habrá entre nuestros modernos republicanos, Muchos partidarios de la literatura melancólica extran- ¿Qué encantos pueden tener esos tres autores que Fa se barajan en mi imaginación? En cuanto a Cadahalso y a sus «Noches Fúnebres» Ñ lO diré que las leí casi en mi infancia, por ser libro E ' preferido de mi padre, en cuya modesta biblioteca “Buraban y que reeleídas el pasado año, por piadoso tivo, las he encontrado interesantes como dato his. ico de un romanticismo extremado, cuando aún la “uela no había tomado el desarrollo que posterior- Ente la enalteció; pero por lo demás no tienen ahora Sade atractivo; es probable que estuvieran inspiradas | las de Young, como me permito creer que las... «Car- 3 Marruecas» estaban también influídas por las «Car- Persas» de Montesquieu. En cuanto a Gray no he podido encontrar ahora releerle su famoso «Cementerio de aldea»; pero que aquellas señoras vivían en la inmediata call Silva. Simultáneamente, ambas hermanas, al of Oferta, Prorrumpieron en un «No; Causa se negaban a la Propuesta, cuando ellas m habían indicado su necesi > Capricho Pot suponer que en algún motivo, que 4 - nome importaba, se fundaría. 08 Habían transcurrido algunos días, cuando una nocik a las tres de la madrugada, en Enero, subió mi seré diciendo que su compañero de la calle de Silva muy alarmado, para rogarme que fuese corriendo al 1 mero 13 0 15 de la misma calle, donde recordé en .. Buida que vivían aquellas extrañas clientes, XX Por más el sereno, que accedí alarmadas mujeres, Acompañóme el de la misma calle bir, vimos en el con ademanes d guardián de noche desde la esquís > Y al descubrir la casa adonde debía Sl balcón a una de las hermanas, la cu? escompuestos y voces medio ahogada e hy A OE E a Bl PASOS DE UN SOLITARIO | 283 intaba al sereno si era yo verdaderamente quien iba, mandándole al propio tiempo que acercase 13 a mi cara. Entramos en el estrecho portal, su- A. A nada cómoda: escalera y, al llegar al descansi- “el segundo piso, oí detrás del ventaniilo de la puer- € la izquierda la voz trémula de una mujer que de- «D, Carlos, ¿es usted?... Hable, para que yo oiga su » Sereno, acérquele el farol a la cara...» y después COmplacida, oíamos a través de la puerta ruidos y Olpes incomprensibles de cerrojos, cadenas y llaves, zclados de cuando en cuando con un golpe seco 10 de un cuerpo pesado que caía al suelo. Nueva rrupción de aquellas maniobras, nueva 'apertura del 'Ventanillo, y vuelta a pedirme que hablara y que el seeno me alumbrara, hasta que al cabo, pero no antes diez minutos, se entreabrió la puerta, apareció la exfía señora asomando solamente la cabeza, y mirando Son recelo detrás de mí y del buen asturiano, quien con € muy filosófico me dijo, dejándome en la puerta y 8jando lentamente la escalera: «Va verá el señor dotor, 'án locas!... ¡están locasl» Entré en la casa y tras de mí cerróse la puerta, en al maniobró la buena señora durante algunos mi- Os corriendo “cerrojos, fijos los unos y movibles los 05, que pasaban por abrazaderas colocadas á lo largo | Jintel en todo su contorno: fuí a moverme en Anos semioscuridad y tropecé con dos vigas bastante €sas que en el suelo yacían, y en las que creí ver la *plicación de los golpes secos que desde fuera oí. En- Mé en la alcoba, vi a la enferma, que nada de particular 284 - CARLOS MARÍA CORTEZO cinco o seis cerrojillos de los movibles, que si estaban destinados a asegurar la puerta. A Terminada mi visita abrió la enfermera el pal! llamó nuevamente al sereno, subió éste, y previas A precauciones de miradas por el ventanillo y de aseguit” se bien que era el guardián el que había subido, me ron salida de aquella verdadera jaula de locos. Al día siguiente por la mañana fuí recibido €M casa con evidentes deseos de que no volviera, y promé de que seguiría la enferma asistiendo a mi consult quise, sin embargo, dejar de enterarme de aquel (e meno verdaderamente vesánico, y agobié a la herme” sana con preguntas, por las cuales pude saber que X puerta de entrada y el tabique correspondiente medlé nero con la escalera, estaban forrados con planchas. hierro; los cerrojos portátiles que aseguraban la put en sus tres lados eran seis, y las vigas que llamaron - atención la noche antes, estaban cortadas de man tal, que se fijaban en la puerta y en la pared fronteif No recuerdo qué otros detalles pude observar con ven dadero asombro. : o Xx El final de la aventura fué, que aquella misma tar ; recibí la exigua cantidad en que consideraron tasados 2 mis servicios aquellas pobres mujeres, acompañada de ) y p una cartita en que me decían que habían pensado salif | de Madrid, y que no debía, por tanto, volver por en casa, Y esto lo decidieron porque pensaron, que al ha” berme enterado del sistema de sus defensas interiort%: constituía yo un peligro para su seguridad porque podía cometer una indiscreción. | Pero realmente no ha terminado aquí la anécdota Pues pasados dos o tres años leí en un periódico de A E PASEOS DE UN SOLITARIO 285 4S que había sido robada una casa en la calle de Silheridas las señoras que la habitaban, coincidiendo S las señas con las de mis dos desgraciadas y efí. ás amigas. Sin duda, sus aparatosas precauciones ertaron la codicia de quien logró burlarlas. Nada Supe de ellas. - ¿Puede dudarse que éstas le eran unas locas sas que se hacían imposible la vida? Vamos a otro caso: en la Plaza de Celenque fuí llado a visitar a un D. J. M. C. que padecía una pulmola de cierta gravedad. Desde mis primeras visitas me Mostró aquel hombre una gran simpatía, y sobre todo lamó mi atención lo enterado ques o de 'ndido confort. Constituía su Única ae una E lada de cierta edad vestida con descuido, sin llegar a Suciedad ni a la pobreza. ; Un día en que celebré una consulta con el Dr. Ma- Mani, nos introdujo la sirviente a un gabinete, atrave- “ando el salón principal que estaba profusamente ilumi- 15 por la luz eléctrica (la que entonces todavía no se lizaba sino en muy pocas casas de Madrid). Pude al Ate tavesar aquella habitación darme alguna cuenta de los Muebles lujosos y de las estatuas originales de mármol € luego me contó el dueño que había traído de Italia; ¿Pero sobre todo lo que llamó mi atención, y en particu- Rrla de Mariani, fué un magnífico retrato de Madrazo, locado al nivel del suelo, en uno de los testeros de la 286 : CARLOS MARÍA CORTEZO sala y que representaba una señora de nada par «belleza, pero tan primorosamente reproducida y geniosamente iluminada en el cuadro, que daba presión de una persona que se adelantaba a Y hasta el punto de que Mariani tuvo que conten€ tgverencia que hizo a la hermosa pintura, Alivióse el enfermo, y cuando yo le considera fuera de peligro recibí la visita de un señor que: anunció como hijo suyo, y que me contó tan ex detalles de comportamiento de su padre para con él, 9 no podían explicarse sino por una preocupación mM maníaca, O por influencia de aquella señora, cuyo consabido retrato, y que había muerto hacía pocos ses, siendo adorada por el Sr. M. C., quien dedica vida entera al recuerdo idolátrico de la mutrta, Mi pícara manía quijotesca me inspiró el desaciéf lencia de su exaltación, que para calmarle ofrecí cu plir lo que deseaba, y con efecto, fuí a la noche y, col repitiese con insistencia su ruego, me presté a dormir! la casa, á —Conversamos hasta muy avanzada la noche mos trándose el enfermo cada vez más tranquilo, a punto de rogarme que me retirara a la habitación que me había preparado. Hícelo así, conduciéndome la criada a un Y PASEOS DE UN SOLITARIO 237 A alcoba, en la que encontré-ancha y cómoda cama, ; 50 lavabo, o a y todo cuanto pudierente a mi cama había una gran puerta vidriera, in duda, comunicaba con uña sala o Aint cosa ndo. € nos encontramos cuando hemos dormido en lugar QUe no es el acostumbrado. Hallábase la alcoba com Dletamente a oscuras, y de la habitación inmediata la tgaba a través de las vidrieras una luz escasa, más len una penumbra, que no acababa de despabilarme “mi somnolencia; pero pronto comencé a fijarme en ue en aquella habitación pasaba, y, primero de un do confuso, y poco a poco con más claridad, percibí tesencia dé cinco o seis mujeres, cuyas siluetas daban dea de estar lujosamente vestidas, pero cuyas cabezas Saban de sobre sus hombros. Por sus actitudes, aunque Móviles, parecían hablar entre sí, y yo, restregándome Ojos, me dí'al fin cuenta de no estar en mi casa y creí Víctima de una pesadilla o de una /2storía extraordi: fra del género Edgar Poe. Cuando me desperté del. O, salté de la cama, abrí la misteriosa vidriera, busqué a A llave de la luz, y cuando ésta se encendió, me hallé “ado por seis maniquíes, vestidos de lujosos trajes, eran los que, regalados por mi amigo, había vesti- 9 su amada, y que él conservaba de aquel medo en “Y Sabinete para mantener la ilusión de su convivencia, ¿Pertenece este caso a los cómicos 0 A los dramáti- 288 - CARLOS MARÍA CORTEZO 3 t cos? Mi primera idea fué la de que pertenecía a lo micos, pero luego fuí persuadiéndome a que el cas “bien triste, y cuando encontraba paseando en el Retll a mi enfermo en su coche lujosísimo, solo y con la rada abstraída, no podía menos de sentir una profund compasión. Más tarde le ví acompañado por una señor de apariencia física semejante a la que yo había Y en el retrato, y su familia me contó que se hacía acor pañar por ella solamente en el paseo, y sin duda pe hacerse la ilusión de que se encontraba al lado de muerta, de Ya lo estará el infeliz, si la Providencia se ha ap dado de él en su infinita misericordia. : Seguiría narrando episodios extraños, y me S difícil agotar el archivo de mi memoria; pero tienen. Sucesos que se refieren a este género de enfermo carácter en cierto modo ridículo, que impone a la. ciencia recta el sigilo absoluto, por temor de incl en la impiedad de despertar, a expensas de los desg' ciados, el regocijo de los lectores. . Hay, no obstante, en mi vida una época de verda0?” ra amargura, ocasionada por una pobre loca que, pel dicamente, aparecía y desaparecía en el tranquilo de” cicio de mis ocupaciones médicas y políticas, en ME expansiones familiares, en mis diversiones y en todí E los actos de mi vida, hasta el punto de hacérmela imp E sible mientras duraba el anual acceso de su excitació PASEOS DE UN SOLITARIO 289 ¡“Cuentes viajes el concepto de que las mujeres espa- E. “se preocupaban con exceso de trapos y atavíos. aba a caballo, y con su misma amazona de larga , arrollada al brazo, y una enorme fusta en la mano, Y lesentábase en el patio de butacas del teatro Real, toida de un sombrero canotier de paja, preguntando en as vOcSS cuál era la localidad en que yo me encontra» Ólver del bolsillo y lo dirigía a sus sienes, Saltando ha ego ser un pulverizador de aquella forma. Las gentes, ue al principio no distinguían el engaño, se levantaban Mecipitadamente, provocándose el bullicio y desorden asta el punto de suspender la orquesta la representa- Ón, teniendo necesidad de intervenir el gobernador Sacar del coliseo a la pobre demente. Otro día se mostraba en la tribuna de la Prensa en Ongreso de los Diputados, y desde allí comenzaba Eo hichear, a apuntar con el dedo al escaño en que yo Me encontraba y a contar a los regocijados periodistas, po los que se había hecho pasar por representante S€ un periódico extranjero, la historia de sus males, de resistencia a asistirla y de la explicación de celos Meninos que ella daba a aquella resistencia. Nuevo Sorden, intervención de los ujieres y del bondadoso sidente Sr. Pidal, que procuraba de todas maneras Pedir la entrada en los días sucesivos a la tenaz perbadora. : - Cito estos dos, entre otros episodios, mediante los 19 / 290 CARLOS MARÍA CORTEZO todas partes, en Madrid, en mis viajes, en las Aca mias, hasta que unas veces capitulando y acudient don visitarla en compañía de un especialista, otras yc conduciéndola con engaños al manicomio de Esque fu lograba una tranquilidad que era absoluta por €5] de ocho o de diez meses, en los cuales, según su dí guida familia me aseguraba, era la infeliz la pef más agradable, discreta y cariñosa que se pudiera Y _ginar. De pronto un día, después de no haberme ! cionado en un año, comenzaba a decir que tenía. 4 consultarme, y la familia me advertía al instante a tables rachas que vo tenía que sufrir hasta que su act tuación me obligaba a adoptar alguna medida extrel da que a las pocas semanas resultaba innecesaria, el alivio súbito de la enferma. 0 El fundamento fantástico que esta vesánica daba : sus extravíos era el de saber que el año, el mes y eld de mi nacimiento coincidían con los del suyo y dedu' de ésto que mientras yo viviera viviría ella si yola 2 asis tía en sus casi siempre imaginarios males, teniendo a más la superstición francesa del 1.9 de Abril, fecha nuestros nacimientos, lagos casos representan para un médico de coracóN de conciencia, que se SA CUEnga AS sol ira, y se vé víctima de interpretaciones, chanzonel burlas o calumnias que las gentes bien intencional idean y esgrimen a costa suya, : PASEOS DE UN SOLITARIO 291 Me consta que el buen Mariani fué también objeto a persecución análoga cuando se encontraba en el Y merecido Je su reputación, y de alguno de los comeros hoy vivos podría contar cosas parecidas. Spués de impresionarme ayer con estas cosas y E: EE leídos ayer en la Real Academia de Medicina motivó de la recepción del Sr. Valle y Aldabalde, este último y por el Dr. Pérez Valdés, y cayendo A sugestiva lectura acerca del tema de lo subconsnte, con otra de un hermoso pasaje de Enrique Ferico Amiel, he dado en pensar cosas que en cierto Modo tienen relación con mi antiguo oficio de médico Y con mi aun constante estudio de la Medicina. E Las diversas disposiciones del espíritu, con arreglo “las diferentes horas del día, han sido señaladas por do el mundo, y observadas, aun por las gentes más doctas, Todos advierten que la noche es: la hora de : 5 pasiones, ly el alba y la mañana, la de la paz y la Peranza. Amiel trata varias veces este punto con su tilo mágico y dulce; pero yo me permito añadir una Ervación, primeramente propia y subjetiva, luego de dico o a lo menos de observador de los fenómenos los demás, es decir, de objetivista. ÓN Por las mañanas, después del sueño, se ven sin duda E guna las cosas con mayor claridad; pero como si eslesen dibujadas y resaltadas sobre un fondo indeciso temor mal: definido, expresado por una sensación Asi advertirnos de la posibilidad de ASI física, que parece peligro, o cuando menos de un disgusto o de una Mplicación. Se ha dicho que cada aurora es un nacimiento, y yo y NX 298 CARLOS MARÍA CORTEZO les producen.» Tranquilo con aquella conversación y sintiend ber sospechado que en la inteligente y aristocrática $ ra pudiera haber cabido duda alguna sobre el caso, a mi casa en la que se presentaron a los dos días «mujeres susodichas, Oíles entonces con complacencii regocijo contenidos, la referencia del pretendido mila Hallándose la j joven en oración ante una magenta 7 dor, le dejó oír estas palabras: «¡Tú eres la cil Entonces yo, poniéndome en pie, les die: «Pues! presentan otro milagro que el de una solución de ci fénico con que un pincel ha trazado las letras y las e ras de que ustedes fingen maravillarse. » Callaron ambas mujeres, salieron apresuradamen to a su acompañante, la de los anteojos negros, algu vezla he encontrado sin que acierte a 2 saber, ni me ho PASEO XIX Pontífices.—León Máximo. ES: «Tu es Petrus.» A 3 Í «Qr vedi, anima mia: ¿non par di sangue quella corrusca linéa che cinge . i colli, ove il bagliore ultimo langue e su San Pietro il ciel di fuoco tinge?» Gustavo Pittaluga. (Canzoniere.) En mi ya larga vida he conocido cinco Pontífices: O IX, León XII, Pío X, Benedicto XV y Pío XI y han sido pocos, si se tiene en cuenta que los dos Primeros han sobrepasado del plazo de los veinticinco Años que se atribuía como máximo a los sucesores de olamente he cono- Pontífices de la cometer la - Hablando con mayor propiedad, s lo a León XII, el más grande de los dad Moderna. Acerca de los otros no he de WMpertinencia de formular comentarios históricos; peto: O puedo excusar, sin hipocresía, la confesión de que en l interior, obtienen un juicio, que, Por respetuoso que 3oo ; CARLOS MARÍA CORTEZO sea, acude hoy en mis meditaciones deambulatoria5» * rededor del cuadro que viene a mi recuerdo. En la primavera de 1900, con motivo de la Conte rencia de la Tuberculosis, estuve en Nápoles y en RO A esta ciudad de mis sueños, a la Roma de las ruinas. clásicas, a la Roma del Arte, a la Roma papal, ala ROM de mis anhelos y de mis inextinguibles curiosidats” llevaba un valioso documento, que esperaba que haba de serme útil en mis gestiones de estudio, sobre todo, * 44 la ciudad pontificia. Era el tal documento una carta Y de ESUCiAdo padre Azevedo, a a quien yo gunda por 3 que, por razón de vecindad, le veía con ear ol Iglesia, entonces larada, de San Justo y hoy Da 3 wedo y ds una Cta de recomendación para su 3 mano el SES del 1 mismo apellido, que a jefe y secretario de su cámara particular. E Obtuve la deseada carta, redactada en términos E ella significaba un Erandio salvoconducto, que mé consentiría Negar hasta el Pontífice, a pesar de las ss que estábamos. PASEOS DE UN SOLITARIO 3or d No me engañé: la epístola de mi hoy compañero de “Suera, ingenioso autor de un tablero en el que él esbe a ciegas y yo poco menos, fué recibida con expre- Wa alegría por su hermano el hoy Cardenal, quien me lteció todo género de facilidades para oír una misa diha por el Papa, asistir a una gran ceremonia de bendición de peregrinos (me parece que bávaros) y aun ser reibido en audiencia particular. Renuncié voluxtar2amen- de a. este último honor porque siempre ha sido norma de Mi vida, la de hacerme cargo de las circunstancias y Saber renunciar a mis gustos, cuando su realización significa una molestia cierta e injustificada para personas dignas de ser tenidas en consideración respetuosa. Lo que ¡me impone discreta abstención en frecuentar el Palacio ¡Real de Madrid y aun me hace no visitar sino rarísimamente a los presidentes del Consejo de Ministros, todos ellos íntimos amigos míos, me movió entonces a declinar la que otros hubieran tenido por codiciada honra or el solo deseo de poderse alabar de ella. Comprendía 'O, y el Cardenal Azevedo me ratificó bondadosamente ¿En mi creencia, que el Papa, particularmente en aquelos días, no tenía un momento de sosiego. ¿A qué aulentar contina audiencia de indiscreta curiosidad las 'Molestias del santo anciano, para mí veneradísimo, sim- -Pático, verdaderamente fascinador y sugestivo, que ya "Mabía yo visto en la misa y en la inolvidable ceremonia de los peregrinos? Agradecióme el Cardenal Azevedo s buenas disposiciones y aceptó, en cambio, o árgo de que S. S. bendeciría especialmente un rosario ara mi mujer y una cruz para mí (que luego, por cier- O, me fué robada en un gran hotel de Berlín) (1). (1) Como bueno, sincero, y convencido individualista, sé que el v zo CARLOS MARÍA CORTEZO E Lo más impresionante para mí en aquellos dí la Roma papal, fué la bendición de los peregrinos EM iglesia de San Pedro. E No tema el lector que pretenda describirle la Basílica; pero sí ha de permitirme que le diga con $ cillez lo que en ella experimenté. Yo soy un extraño creyente; paso de los mistici : y los enfervorizamientos más intensos, al descreimié a las dudas y al escepticismo según me traen y llevaf dolores del alma, los apetitos del cuerpo o los est de la mente. Soy en este punto verdaderamente di de compasión, pero al propio tiempo tengo la vent de que mi espíritu se adapta espontáneamente y casi un modo automático a lo que le imponen las circule tancias, el espectáculo a que asiste o la lectura en. se nutre. | un gran personaje, es el que echa a perder multitud de empresas J grandes propósitos. Esos diez minutos que yo ahorré a su Santi con la simple renuncia de una aspiración vanidosa, multiplicados |] los de otros ciento, que seguramente pudieron hacer lo mismo, rep cionarle los que verdaderamente le amaran. He visto perderse Y votación para senador por la Universidad de Madrid por tres Y constándome que por lo menos cuatro individuos, impaciente irse a almorzar, dejaron de votar al candidato derrotado confiad su victoria. Los dos reales que los médicos descorazonados deja imponer como sello en las certificaciones para mi Colegio de Hu mos diciendo; «por dos reales más o menos no se va a perder la 18% tución»... esos dos reales multiplicados por 20.000 médicos que hagW” eso solamente una vez al mes, representan 120.000 pesetas al año, q : agregadas a los demás ingresos garantizarían la prosperidad suntu' de que la institución es merecedora, PASEOS DE UN SOLITARIO -303 leran: todo, menos perversidad en la intención, me- 29 Propósito de hipócrita apariencia, menos imposi- 9 del convencionalismo o del provecho. Había yo visitado varias veces en los días anterio- S el famoso Templo, la incomparable creación de Mil Angel, repleta de todas las riquezas espirituales y Materiales de los genios del Renacimiento y de los so- Deranos de la edad moderna y contemporánea; pero en no ha visto la iglesia de San Pedro en día de bención papal a alguna peregrinación extranjera, no puede mprender ni lo que significa aquel Templo como mag- Ndificencia y suntuosidad, ni lo que vale el espíritu reli- £ioso en la vida individual y colectiva, para exacerbar la pasión, para enloquecer la mente, para excitar las xpresiones de la renuncia de la propia personalidad en la adoración del Ser Supremo y en la sumisión a su re- "Presentante y Vicario. En el día memorable a que me refiero, yo creo que Ro hubo dentro de la iglesia de San Pedro un papista, ón católico más convencido y más incondicional que yo. Habíame proporcionado el Cardenal Azevedo una tri: na de la mayor preferencia, situada a la izquierda y poco detrás del Altar Mayor en el machón enorme € sostiene la cúpula por aquel lado; recomendóme el -Mrelado al darme el pase que fuera de etiqueta y que ES Vase algún gran cordón si le tenía; obedecí la indica; “ión sin comprenderla hasta que al entrar en la tribuna “Y sentarme modestamente en segunda O tercera fila, de preferencia. (No me pareció la cosa muy propia el más cristiano de los Templos.) Coloquéme al lado 304 CARLOS MARÍA CORTEZO tras de un estado de verdadera fascinación mística bido es que el Altar Mayor de la Gran Basílica situado en medio del enorme semicírculo que por d d le rodea y que el Papa oficia de espaldas a este $ círculo,¡esto es, de frente al pueblo y al través del al Mi situación no podía ser más estratégica. z Ya a mi entrada estaba lleno el Templo port multitud innumerable que parecía moverse en oleada en la ancha nave central, en las laterales, en las capil adyacentes, grandes como iglesias y altas como C4% drales, en las puertas de entrada, en todas partes € de, un murmullo, interrumpido a veces por voces incol Ñl prensibles y agitada sin cesar por vaivenes encamin20% al logro de los mejores puestos. En las columnas au mi vista estaban, leía yo cartelitos que decían: «Pue - de Sanidad» y que me explicaron asegurándome 4% era necesaria la precaución que significaban por $ s muchas las personas que sufrían de ataques de solo! ción por las apreturas o de síncopes y convulsiones P el efecto fascinador del solemne acto. 3 Llevaría un cuarto de hora esperando cuando | E producirse inusitado movimiento al pie y a la izquierda de la iglesia. Varios guardias suizos y alguno3 noble con vestimentas ricas y arcaicas aparecieron abrienó” el paso a los prelados de todas clases y procedenciá” / que rodeaban la silla gestatoria sobre la cual apared! sentado aquel Pontífice, verdaderamente bello en su de macración, luminoso en su palidez, atractivo y emis de interna bondad por la sonrisa estereotipada en ' 2 ancha boca y el brillo inolvidable de sus ojos resplal y El griterío que se produjo al aparecer el Pontífice obre las cabezas de aquellas treinta mil personas que clamaban, ni puede describirse, ni cabe ser olvidado. 05 vítores lanzados en multitud de idiomas y de dia- | iectos, los gritos casi sin articulación acompañados de ES ticulaciones dementes duraron hasta que el Sumo Pontífice subió las gradas del altar y apareció haciendo frente al pueblo y acompañando con continuas bendicio. hes cada uno de sus movimientos. Entonces, sin que Madie le impusiera, se hizo un silencio profundo: la im- Presión del paso de aquellas aclamaciones ensordecedolas a un silencio absoluto es de un efecto incomparable, duce una de esas sensaciones que se sienten a un ISmo tiempo en el corazón que late desordenado, en Sarganta que quiere hablar y no puede, y en los ojos AU sienten la plenitud molesta que precede al llanto nhechor. | El Papa alzó su voz: es incomprensible que de aquel “pecito envejecido, de aquella personalidad débil y “adente saliera una voz tan clara, tan bien timbrada simpática y penetrante, que llegó seguramente a Oídos de todo aquel innumerable auditorio. Pronun= a bendición de ritual en un perfecto latín con prolación italiana (más simpática inteligible, por , a los españoles) y después de muy breve ceremo- "Olvió a vérsele aparecer sobre su silia con la mano 20 306 CARLOS MARÍA CORTEZO derecha extendida sobre la muchedumbre y pasó Y ducido en hombros por sus servidores por delante Y ye encima de la tribuna en que nos encontrábamos Y € que todos de rodillas, inclinadas las cabezas, recibimó” con visible acatamiento la bendición que de lo alto 1 venía. Cuando León XII pasó, levanté hacia él la rada y aún me parece ver aquella manita descarl con sus dedos finos de marfil viejo cruzados en elegal ademán y contrastando con el enorme anillo del pesté” dor, cómo lanzaba su bendición pausada, rítmica, "2. lemne, con algo de santidad comunicada, mientras que - cuando a un lado y otro volvía el Pontífice la cabezas acababa de sentir el efecto sugestivo incomparabli ver caer sobre todos aquella sonrisa promisora de bié% aventuranzas y aquella mirada llena de efluvios amor. : E Rememoré en aquel instante solemne lo que ag! santo pastor significaba y quizás también lo que signi!” caban aquellas férvidas aclamaciones de la innúmé muchedumbre. Sí, todos veíamos en él al elegido pof' Espíritu Santo en el momento difícil para la hist de del mundo representado por el año de 1878, en mé “de la lucha política y religiosa de Francia y de Alema”. nía, exacerbada por las últimas medidas dé Pío IX, po . el dogma de la Infalibilidad a que ningún Pontífice ante” rior a éste había llegado, por la Encíclica Ouantía curo el Syllabus, porel renacimiento del positivismo, del M terialismo, del racionalismo, por el Xu/lturkampf, pa 2 el asalto de la Puerta Pía y por la exacerbación polítil anticlerical francesa, y me parecía oír en aquel momt! to la voz serena e inspirada que dictó la Encíclica Im mortale Dez, recomendando a los católicos, mientras lo A PASEOS DE UN SOLITARIO CO nta al E la Iglesta y la verdad religiosa 10 pooR Mesas On de las instituciones pomos fran: ea. a olos a AS paño en el Gobiert e Francia; la Encíclica Libertas, inspirada uando los reacciona= aban el asalto bouno de la O espíritu y aparecióa c E an E 58 y EE ci intent an de E a a o Sapintee christianae declaran- “Súltado E el poder civil de origen de Dios y cuyo re: “tado fué que en las elecciones de 1893 la separación as medidas anticlericales de eE “ela Iglesia y el Estado y otr s republicapo casi desaparecido de los programa 7 E pe del de los radicales. o RE mi entusiasmo emotivo LA ¿Cristo ñ por ver la expresión del verdadero €S E. ; aquel anciano, cada una de cuyas ben Ñ : decir: «¡Paz, amor, tolerancia!» Salió del Templo el místico papista que hoy escribe Y fué Y 106 a buscar a su buen amigo el entonces formidable sn hor Tuli4n Bi : “nor Julián Biel, que en casa del gran maestro Cotogni Fuímos a. almorzar $0 as y suspendiendo 1 de aquella píritu de diciones io, aos a su lección. 008 o aquel día muy pocas palabr a a E habituales tarareos. Mi atención estaba empa- E o. el espectáculo que la acababa de satisfacer. Es s por la tarde a las Catacumbas; primero, 2 las 8 an Calixto, que nos enseñó minuciosamente un e dable monje, decidor culto y discreto, que 2 todas Muestras preguntas respondía con afabilidad, cuando no plicaciones. Entra: Y anticipaba con sus instructivas ex Bos después en las Catacumbas de San Sebastián, a piu más románticas Y bellas, aunque menos exnsas que las anteriores, y €n ellas tuve positivamente tivas al oír el rodar de « a, ys 4 EN E , pia de las bendiciones suges PASEO XX Los Silvelas. «Si mi ingenio fuera capaz de encontrarlas (las ideas recónditas), no las llevaría yo jamás a un Círculo político, porque a la política, que es ante todo sentida práctico, no se deben llevar cosas recónditas, que sólo por ser recónditas son para la política desatinadas; es preciso buscar y llevar a ella cosas que estén en la conciencia universal...» Francisco Silvela, El linaje de los Silvelas ha influído en nuestra políica contemporánea de un modo relevante y digno de - €studio, Dentro del tono personalísimo que doy a estas teflexiones, no me considero autorizado a hablar del E: Primero de los hombres que acuden a mi memoria con -Sste ¡lustre apellido, y aún menos de su antecesor (de 3 nombre D. Manuel, como él antes citado), amigo íntimo de Moratín, afrancesado Como este último, y que cons- - tituyó el tronco ilustre de su notable descendencia. la. El mayor de los hermanos Silvela, de la tercera ge- 316 - CARLOS MARÍA CORTEZO i neración a que aludo, diplomático y político de renol bre europeo, me era conocido por sus escritos, ent los cuales resaltaba una sabrosa colección de artícul que bajo el título de «.Síy nombre», firmó con el anag! ma de Velista. Mi deseo de comprobar la gran repu ; ción que de hombre de sociedad tenía, sólo se vió sal fecho en una coincidencia de viaje oficial que, con tivo de un Congreso internacional, tuvimos después ( una fiesta dada a Julio Simon y a otros extranjero Toledo. No es fácil que yo olvide las dos horas que tuve pendiente de sus labios, escuchando un verdad: derroche de frases agudas, anécdotas vibrantes y cl de erudita selección. pe - Aunque también me honré con la amistad de ( Luis, abogado ilustre y hombre de estimable ' erudicl de literaria, no conozco de su vida episodios que me pudie: ran impresionar hasta el punto de recordarlos ahora. NC me sucede lo mismo con el único hijo varón de este úl: timo, mi cordial amigo Eugenio, que murió de mod0' prematuro, cortando la realización de las fundadas espe: ranzas de los que admirábamos su imaginación viva, SU origina] ingenio, su nutrida erudición y, sobre todo, la franca independencia de su carácter, Amaba el culti de los clásicos españoles, hasta el punto de poco antes de su muerte, de toda ambición y actuació política, e instalarse en el campo extremeño del que PASEOS DE UN SOLITARIO ES onados. Le hacía demasiado altanero e indepen- e el convencimiento de su propio mérito, para va- e de su nombre como palanca de su reputación. En quien más ha de fijarse, y con mayor complacia mi recuerdo, es en el tercero de los hermanos de Manuel. : Por los años del 68 al 70, en mis frecuentes asistenas como espectador a las sesiones de la Academia de tisprudencia, conocí al entonces mozo D. Francisco Vela, ya célebre entre los camaradas de su tiempo, su ingenio, por la corrección de su palabra y por el estigio que le daba su apellido, ilustrado por su padre ' por su hermano mayor D. Manuel, reputado jurisconlto y literato insigne. Aunque mis idas a aquella Academia tenían por liciente el asistir al desarrollo próspero de las reputanes de mis amigos Calvo Asensio, Echegaray y Viverde, es lo cierto que en los debates que con ellos enían, como conservadores más o menos acentuados, eran simpáticos en extremo dos oradores, que luego On insignes en la política: Ramón Nocedal y Fran- Si La acerada intención y frase cáustica del primero, y ave dialéctica intencionada y sutil del segundo, me' - daban, a pesar de que los ideales por ellos defendino eran por entonces los que a mí me cautivaban. La primera vez que estreché la mano de D. Fran- Cisco Silvela, fué hacia el año 89, en una ' tarde en que resentado al Círculo Conservador, donde él actuaba ugarteniente de Cánovas, hallándose entonces en Oda su agudeza la disidencia de Romero Robledo. Con. Mé en la breve conversación que con él tuve el juicio 318 CARLOS MARÍA CORTEZO. que, años antes, había formado de él a distancia; es dl cir, que era ante todo y sobre todo un hombre fi 50 agradable, inteligente, y un tanto reservado en el trato. “social, a lo menos en sus primeras impresiones. Desde aquel momento, las exigencias políticas, condición, primero de subjefe, de ministro de la Go nación después, y mi actuación de candidato y de di tado, hicieron que las tibias simpatías de los comien fueran convirtiéndose en una afectuosa amistad, 4 llegó a ser efusiva y aun íntima más tarde, por el 348 cero y vehemente entusiasmo que yo sentía hacia 9 Es vela, según me parecía descubrir en él las condicioné? excelsas que constituían la moral íntima de su carác aparte de aquellas otras externas, que todos en él acá taban y aplandían. 00 Mi íntima amistad con Eduardo Dato y el manifies to empeño que éste puso en acentuar su aproximación a Silvela, arrepentido de su pasajera veleidad de dis" dente romerista, estimuló la acentuación de mi tratos con D, Francisco, a lo que favorecían algunos bangué E tes íntimos, en los que las conversaciones literarias al políticas ocupaban el habitual puesto de las maniobr25 es e intrigas, que la gente vulgar supuso que formaban base de tales ágapes. , Los banquetes de los rusos, así llamados, porqU*: tenían lugar en el restaurant del Hotel de Rusia en Carrera de San Jerónimo, y a los que por cierto Silv no asistía, comenzaron a producir cierta preocupación más que en D. Antonio Cánovas, en las gentes que 11 _mediatamente le rodeaban y que de modo manifiesto fomentaron la idea de la reintegración de Romero € el partido conservador. ¿Por qué los canovistas íntimo” erían a Romero, en comparación con Silvela? No “ría esto ciertamente por, no reconocer en el último Y Adiciones de superioridad mental y de claridad exten- Ñ a, de una política desinteresada; pero Romero se WWstaba mejor, por las condiciones de franqueza y de- “sión de su carácter, por la abierta y romántica llaneza e su trato, y por su cosecuencia en premiar los servi- “lOs menudos o importantes de sus amigos, a alimentar esperanzas de ventajas y logros en los días del diste del Poder. Algunos muy eximios canovistas, sé de cierto que NO veían bajo este aspecto ventajas en la deseada unión lanza, suponiendo equivocadamente que ella pudiera er compatible con la persistencia de Silvela y de sus migos en el partido. Grande era el error: la causa del disentimiento de q Sus actos públicos, era fervorosamente secundada Bor una valiosa falange, en la que, como en la de Cáno- 95, confieso que se agrupaban también entre los since- “9 ideales, los que aceptando las fórmulas y la bande- Pa y Ento más fácil, para conseguir los mismos fines que pos Canovistas aprovechados. ? Pero vuelvo mi pensamiento a Silvela, porque en él 80 personificada una de las figuras más dignas de esnación y de ensalzamiento, entre las que he visto pasar la historia política de mi tiempo. En la historia polí- PASEOS DE UN SOLITARIO 319. a, lo hacían por suponer que adoptaban un procedi-. 320 CARLOS MARÍA CORTEZO E tica digo, porque así es la realidad; pero no cier - porque yo erea que Silvela era un gran político. Y ; derándole como muy estimable y digno de todo gén de aplauso en los. demás órdenes de la vida, yO la persuasión de que Silvela era un mal po'ítico española. Y era un mal Político, porque precisar E le faltaban aquellas cualidades que la fácil crítica nal nal, consideraba como las dominan de su conducta, Silvela era un espíritu verd cultivado, exquisito, nutrido d asimilada; crítico de gusto refin tes grotescos en la cursilería y 1 trando en ellos una inconsciente tendencia a ser contraste con lo elegante y lo bello. Era un ca4s incomparable, aunque las damas le encontraban fi felino; a alguna he oído decir que no se atrevía a ha con él aun siendo mujer de gran mundo, porque le tes miedo, creyendo ver en la contracción de su habit Sonrisa, más bien la contención de una burla, que: .. €xpresión benévola de la cordialidad. 3 [Y quizá no se equivocaba mi hermosa amiga! Francisco Silvela gustaba : como producciones bellas q imposiciones de la necesidad tes de su caráctel aderamente superior, fué el 220%5truo malagueño, Cánovas fué un Sourmand del b ello sexo; Silvela €l un $ourmef del mismo manjar, ye PE s natural la preferen” PASEOS DE UN SOLITARIO 321 Plebiscitaria q1e en favor del primero se manifestaba. -29S alimentos votaran, el triunfo sería de los cocineros Ue Prefirieran las patatas a las trufas. . Conforme hay hombres en quienes el paño fino del v7AC parece querer desprenderse para ceder su puesto a “d Pana áspera de la zamarra, en Silvela parecía querer ; desprenderse para dejar su sitio al raso de la casaca “Ordada de-sedas de matices delicados; pero tales indu- Mentos no sirven para andar por el campo de la polí- “Ca; en éste se arrugan con los achuchones de los que Quieren abrirse camino, se chafan por las manifestacioles del fingido afecto, Ó se rasgan por las asperezas de tosco roce y de la aguda malquerencia, CES -—Vuelvoa mi duda. «¿Era Silvela un político?» Un político ala española y a la moderna española, no; un pen- Sador político, un estudioso, escudriñador en los hechos ¡Pasados del espíritu y las tendencias de la raza y en la Astoria contemporánea europea, de las aspiraciones que Sbieran mover a nuestra Nación y a nuestro pueblo, eso Sí, como pocos. Pero ¡ay! puesto que en España y entre Spañoles era en donde debían influir los talentos de este Ombre y gobernar sus actividades, resultó mi admira- N 9 amigo uno de los más fracasados políticos españoles de su época, Aquella flexibilidad y ductilidad, prendas estimables a el suyo, como en todo espíritu superior y elevado, Se estrellaron contra las resistencias rutinarias de los Soísmos, y los ciegos intereses ambiciosos, o se des- : icieron y perdieron entre la indiferencia de la incultura Y la indolencia masiva del pueblo. - Silvela pasó sin ser comprendido; a veces, por adinación instintiva se le vislumbraba y se le aclamó ha- 34 21 g % 322 - CARLOS MARÍA CORTEZO ciéndole confiar en una compenetración de sus adept - con la que, a mi juicio, jamás pudo contar; y con. anhelo popular del que en absoluto le alejaban sus f€ bios conservadores y las imputaciones burdamente : nejadas por sus enemigos, de un clericalismo y un E 5. píritu sectario religioso de que yo jamás le encontí imbuído. 0 Su retirada de la política fué más bien un gesto. elegante desdén, que un movimiento de despecho. Ten go por cierto, que si hubiera sobrevivido algún tiempo! tal resolución, no hubiera habido momento en el que Patria realmente le necesitara y en que no hubiera po : do contar con él. Pero hizo bien la Providencia en cof A su vida cuando la cortó; pues, por cierto tengo, qUé como hasta su oído no había más que dos caminos ' acceso para el llamamiento a su patriotismo, y ést eran o las informaciones de los selectos que le rodeaba o el de la masa de la pública opinión, que de él se apar tó recelosa, nunca hubiera sentido la apelación, aung*% sí hubiese comprendido la necesidad; y esto hubiera. .. cerado su corazón generoso al percatarse de que los sé? lectos ya no le necesitaban, porque habían obtenido ! 5 posiciones y trincheras, desde las cuales se hombreab! y dejaban sentir sus nutridas personalidades, y el pue” blo... ¡ah! el pueblo era natural que nunca se identifica” ra con Silvela; porque Silvela había estado siempre, £ por su voluntad ni por su conducta, sino por su esenc misma, muy fuera de su alcance. : Su debilidad y su indecisión... ¡Qué fácil es al : caminante que marcha a obscuras el orientarse por un4 sola luz lejana en las tinieblas! ¡Qué difícil es adivina cuál es la conducente a la meta, cuando las luces visluM LE ce 2 das en la distancia son varias! Tal sucede a los es- “tus imparciales y cultos, eruditos y desinteresados; decisión y a la debilidad. El defecto primordial de Silvela para la pels prác- %, €ra precisamente lo que constituía su más estima- € condición como pensador, como crítico y como eru- 28, y su honrada imparcialidad le hacía no escoger para € po veros la santo ada que pudiera herir con in- e la conflagración guerrera en que, rsulando ven: cidos, perdimos con el dominio materia] el prestigio his- : órico de colonizadores, que nuestros antepasados nos labían eggs, comprendió su alta inteligencia que se e .. acertadas de Villaverde, nada dejó hecho en ¡SSte printer intento, en aquel camino de corrección y de Busteridad, en el que se proponía imitar el ejempio su- PASEOS DE UN SOLITARIO 5 323 acilación en el acierto les conduce necesariamente. a 830 CARLOS MARÍA CORTEZO vas, a quien como compensación pudiera dársel título de Principe, a la manera de lo hecho con BP .marck en circunstancias nada comparables, Si se recú da lo que modestamente he insinuado al estudiar el rácter de Cánovas y lo que he recordado, como , presión personal, relativamente al sincero arrepen trañar mi asombro, ni menos la deducción que del c saco. Si lo que el autor de la susodicha epístola se Puso, conocido el temple del monstruo, Lué exacerbi en su soberbia y hacer la reconciliación irrealizable, “A cabe sino aplaudir a aquél como Aumorista; pero nadie político. , Dejemos a un lado la política y regocijémonos £l el recuerdo de Silvela como hombre de sociedad y familia, como literato y como jurisconsulto; pero en t sino simplemente relator de las impresiones personall que el trato con ellos ha producido en mí, y Uno de los aspectos de la personalidad que hoy f memoro era el completamente Opuesto al que la geni le atribuía: la leyenda de la daga florentina hacía pensa! en un hombre mal intencionado, avieso y maquiavélic( como la erudición barata Juzga al toscano Nicolás, qu dió origen al último de estos adjetivos. Silvela era tod0. lo Contrario, un hombre sencillo, candoroso, que por su PASEOS DE UN SOLITARIO 33H idad de ingenio bromeaba consigo mismo y Se cOmicía en el aspecto cómico de las cosas; pero jamás, su inmediata actuación con las gentes, ni en lo que Ude saber de él, ni en lo que sus más íntimos recogie- On en el espacio de su vida, puede encontrarse un solo ho, ni siquiera un rasgo que indique malevolencia, : ención dañosa, ni rencor perseverante. En un viaje mío por Florencia vi en casa de uno de s fabricantes reproductores de objetos antiguos, una morosa daga, que aseguraba el buen chamarilero Que era reproducción de una de Lorenzo el Magnífico. Parecióme que gustaría a Silvela la broma que con ella Pensaba darle, y se la llevé en modesto estuche para que la aplicara al uso de cortar las hojas de sus libros no "encuadernados. El día que se la entregué la tomó con vi- 'sible complacencia, y sonriente me dijo: «Se la agradezco a usted de todas veras, porque ella me demuestra Que usted me conoce; esta es mi daga forentina, un Cuchillo de cortar papel, para enterarme de lo que los “Mbros dicen, es decir, del espíritu de las cosas.» En otra ocasión íbamos juntos en su coche oficial € la Presidencia, camino de Palacio, y como me dejata al paso en el Ministerio de la Gobernación, donde yo esempeñaba un cargo de importancia, interrumpió la Onversación interesante que llevábamos y la respuesta | ministro, mi jefe, que por encargo de éste le había yo Ometido. Al despedirme de él, acercóse una vendedora e periódicos y nos ofreció: «la lista grande». Traté yo de apartar a la vendedora, y D. Francisco me dijo: «No, Nágame el favor de comprársela, pues quiero ver mi nú. oa ero.» —«Pero qué, ¿juega usted a la Lotería?», —-«No, Señor; pero tengo la curiosidad de ver en todos los sor- BRL CARLOS MARÍA CORTEZO teos si toca el número 4.444, y veo desde hacé de diez años que nunca ha salido premiado, con lo c ] me persuado cada día más a creer en lo ruinoso de Lotería.» crata había adquirido como cobos de una de principales provincias de España. Silvela reflexionó momento y dijo sonriente: «Pero, ¿de veras? ¡Hombt quién sabe si el marqués de Pontejo sería alguna : en asíl» $8 Linares Dd (hoy cplsiltes insigne oa a con regocijo, las más veces, de los que sil] fuímos sus admiradores. pero equivocadas para sus conveniencias, de desc fiar algún cargo importante, preguntó al presidente: : qué sucede por Madrid? Aquí se corren una por de tonterías... ¡Selcule usted que se dice E ha nom Linares dle y anciónda no haberle oído, insist en decirle: «Quiá, si no lo hemos creído, no se molest PASEOS DE UN SOLITARIO : 333 de en desmentirlo; ¿cómo había usted de hacer semetontería?» Y así sostuvo su broma con el tío, | éntras el sobrino, que me refirió más tarde el episo- “lO, se desternillaba de risa. Cierta vez pidió Silvela a un su amigo que le enviara “Mo amanuense a un joven de cuyas excelentes dis- Siciones hacía el otro grandes elogios. Dictóle algu- Mas cuartillas para probar su letra y su ortografía, y E Omo viese que el muchacho había escrito ayer con h, ole con su sonrisa afectuosa: «Mire usted, joven: la h do es una cosa tan antigua como usted cree; es cosa de hoy, no de ayer.» Este espíritu delicado, de tendencia ómica y epigramática, no abandonó nunca a D. Frans. tisco, como por punto general no abandona a los espífitus verdaderamente selectos y elevados. E E En momento bien solemne pude comprobar esto. Hallábase mi insigne amigo casi en el comienzo de Su agonía; mostró deseo de consultarme como médico. “ta yo ministro de Instrucción Pública, y al terminar reconocerle, como leyera sin duda en mi semblante, a Ñ esar mío, el mal efecto que su estado me producía, me jo apretándome cordialmente la mano: «¡Qué mal ex- Dediente le someto a usted, señor ministrol ¡Me parece QUe no va usted a poder desatar el balduquel» Al día si- Siente convinimos Grinda y yo en el empleo de un re- Medio que juzgábamos heroico y que había de aplicar el Sxperto electrólogo Dr. Decref. Seguía el enfermo con Visible curiosidad los preparativos que en los aparatos Macía Decref, y como éste, por haber olvidado un utenllio, saliera rápidamente para su casa en su busca, en ntermedio surgió un fenómeno, por nosotros espera- 30, que podría juzgarse como indicio de mejoría. En- E 1 A. TA CARLOS MARÍA CORTEZO — e : tonces Silvela, volviendo hacia mí la vista, me 40 <¡Hombre, esto parece que es de buen augurio; Pi siento haberme anticipado, porque no se ha pod - Jucir ese señor como yo quisiera!» e Murió al siguiente día mi ilustre amigo después - una inolvidable, escena de reconciliación con Raimu Villaverde, de quien por entonces le separaron pe ñeces de detalle, que a ambos amargaban, como € se vió por el deseo de hacerlas desaparecer, y cn mundo por el copioso llanto que en mis brazos verti0 por largo rato al salir de aquella triste alcoba en quedaba expirante el que había sido amigo de toda vida... 8 No transcurrió un mes sin que le siguiera al mu en que sus almas estarán libres de todas las impure _ de las realidades terrestres. : A Muy interesante ha sido la figura de Silvela com0 hombre público; pero más, mucho más la encuentro | disirutado mi amigo de una: reputaci como jurisconsulto, comparable a muy pocas, la modé tia de sus exigencias en materia de honorario era tab. que pudiendo haber acopiado una fortuna, si se hubiest sometido a la imitación de algunos de sus colega murió sin dejar tras sí sino una muy modesta, Sabía Y esto muy bien, por haberme honrado haciéndome pres. senciar como testigo la-redacción de su sencillo y ca elemental testamento, y lo sabía además porque M constaban algunos hechos de su vida profesional qué PASEOS DE UN SOLITARIO 335 te De pueril el enumerar. No obstante recuerdo dos ron el unánime aplauso de los is y que mbargo dieron lugar a la exigencia de una retribu- » en tal proporción exigua, que fué por todos tacha- e insuficiente y aun de ridícula. En cierta ocasión hubo de defender en ruidoso plei- 9 auna Sociedad malagueña que disputaba intereses Onsiderables y que se hallaba constituída por varios ccionistas. Como, después de ganado el asunto, pidie. Se el representante de estos últimos su minuta a don Re Brancisco y éste tardara en enviarla, insistió aquel, sudoniéndo!a posiblemente elevada y diciéndole que no ñ viese miramiento dada la complacencia de sus repre- Entados por el resultado obtenido y considerando que stos por su número no escatimarían el sacrificio que se exigiera. Pasó otro período sin recibirse la esperada Senta y el apoderado en cuestión se presentó en casa “el ilustre abogado llevándole un abultado sobre en el due le dijo estar contenidos los honorarios que pruden- “Mente habían considerado que debieran dedicarle. Sa- AN aristocráticos no se llega a la vejez habiendo ateso- O riquezas, y así le sucedió a mi buen amigo, a pesar de la meticulosa e inteligente administración de su es- Doa incomparable. - Fué ésta doña Amalia Loring, hija del acaudalado Y: “CARLOS MARÍA ' CORTEZO fueran siempre lo: ecientes, no pudo por aquellas ép suponerse que el holgado pasar de Silvela se debie: nistradora de sus rendimientos. Respecto a esta última señora todo cuanto yo in te en la, alabanza sería poco y además inútil, tal e e jer verdaderamente Mas y levisira en todos 1 los lances de su vida hasta complementarse con él de n nera inverosímil, E ¿Se juzgará de pueril El que yo diga algo de los ee nidos por ella constituídos y en que pudo penetrar. curiosidad de mi afecto? Por si así no fuera me limitap decir: que la casa de la calle de Lista en que murió do Francisco es un verdadero modelo de comodidad E distinción y de confort, en el cual no se percibe niu solo detalle que pueda expresar pretensiones de lujo! deficiencias de bienestar. La finca de La Concepción € quel la espiritual Amalita se educó con su inolvidable her: manada bellísima vizcondesa de Irueste, en los alredé dores deda hermosa Málaga, era un verdadero model és “en el mismo género y en el cual sin duda se inspiró pal la instalación de la de Madrid y para la aún más primo” rosa de la llamada Baviera, de Aranjuez. Una palabra sobre esta última. Las instalacione : campestres, lo mismo que los trajes que adoptan gentes elegantes en el campo, reflejan una de dos ten me dencias o marcan el gusto y la apariencia hacia lo vul: gar y rústico, o adaptan la elegancia a lo sencillo y cam PASEOS DE UN SOLITARIO 337 sino, Lo ordinario es lo primero; de aquí las sillerías loscas, los bancos con cortezas sin pulir que rasgan los ¡Vestidos y molestan las carnes, las alpargatas, la supre- Sión de los calcetines, los sombreros de playa en que se ganchan los cabellos hasta arrancarlos y otras linde= s, más inspiradas por la afectación, que exigidas por la. modidad. No pertenecía a este tipo de viviendas cam- Pesinas la casa de Silvela en Aranjuez. Allí todo era distinguido, elegante, cómodo y sencillo; desde el espléndo rosal trepador que ponía sobre la puertá una cortina de follaje y grandes flores amarillas olorosas, hasta € el último cachibache de la mesa en que D, Francisco escribía, todo era elegante, delicado, exquisito y no obstante todo recordaba que estaba destinado a una resi- ¡dencia campestre. Un día en que fuí invitado a un almuerzo, en aque- “lla casita ideal, como estuviéramos esperando en el jardín para ser llamados a la mesa, aquellos simpáticos embajadores rusos Mets. de Sewitz y su hija pintora re- Hratista laureada de primera fuerza, los Radowitz, Embajadores de Alemania y no recuerdo quiénes más, todos Amigos y clientes míos; una de las señoras fisgoneando de una a otra parte, comenzó a llamar a las demás sefMalándoles algo que por una reja del sótano se veía. Lo Que por aquella ventana se divisaba era... la cocina, que Por su pulcritud, por el orden de sus utensilios, por la disposición de los manjares preparados, por el traje y limpieza del cocinero y pinches y por todos los detalles Podía calificarse de perfección teatral. Como hasta nuestro olfato llegase el agradable tufillo de los guisos, exclamó una de aquellas damas: «¡Qué olor tan ricol ¿A Qué huele?» 22 338 a CARLOS MARÍA CORTEZO Pues huele : a... Amalita, me apresuré yo a dec diendo al espíritu de corrección de todo aquello qu terminaba nuestro elogio. La ocurrencia fué aplau y más que por nadie por una mirada de afectuoso agil” decimiento con que Silvela la premió. tudes al cuidado de sus hijos, de sus nietos, al Zo de sus pobres y a sus fervorosas gevociónes; non PASEO XXI E cs Evangélica. a Andrés A q lo y E k a E €n la que yo suponía estúpidamente que no había de encontrar sino colaboraciones desinteresadas, me han llevado hoy a reflexiones sobre ciertos puntos que no treo sea ocioso consignar en estos Paseos. Manjón. «Dejad que los niños vengan a Mí.» San Lucas. «Quien indiscreto cierra las puertas a las inclinaciones naturales, obliga a que se arrojen por las ventanas, » Saavedra Fajardo, - Preocupaciones, luchas y disgustos inesperados, que han venido a interponerse en la realización de una obra Primeramente he consultado, como texto único y leyéndolo a tientas, el pasaje de San Lucas en que Jesús pronuncia aquella tan hermosa como repetida frase de «Dejad que los niños vengan a Mí». ¡Cómo hubiera deseado esta madrugada, cuando la Jefa, conocer lo bastante el griego, el texto primitivo, -y ee ei CARLOS MARÍA CORTEZO No se me oculta que la mayor parte de los padres. de las madres adolecen de insuficiencia pedagógica: € el sentido de la instrucción, pueden sustituirla y comple tarla, y aun deben hacerlo con maestros adiestrados Y. competentes; pero ¡ay! en el terreno de la educación Y. de la moral ¡qué pocos padres he conocido a quiene pudiera darse el diploma de educadores! Leí ayer, en un periódico, que mis celosos amigos los Dres. Juarros, Navarro Fernández y Sampelayo abo-. gan ante el Gobierno por la, creación de lo que llama no con mucha propiedad, «Vicaría Sanitaria». Sin deja de aplaudir lo que hay de generoso en su propósito, mé han de permitir que lo considere incompleto y, por. tan to, indigno de ellos. 28 ¿Qué conseguirían con esta Vicáría teórica, si a la práctica se llevase? Que un hombre sano se casara con una mujer sana; que pudiera realizarse el soñado ideal de la anulación de las taras y enfermedades hereditarias; es decir, que obtuviéramos un excelente rebaño de garañones y vacas de cría. Muy bien me parece, como terreno; pero y el hombre espiritual, el superhombre soñado, Ro merece que se le sobreponga a la super bestia? E - Pues vamos a pedir, no vicarías,- sino seminarios, O Escuelas Normales de Padres, y a examinarlos para que se muestren competentes de suministrar a la sociedad, no solamente ejemplares físicos del reino animal, sino hombres dignos de figurar en las filas del ejército espiritual del perfeccionamiento y del progreso. Entretanto: ¿por qué he querido yo dar nombre de «Pedagogía Evangélica» a mis reflexiones de hoy? ¿Será por espíritu sectario de adversidad respecto a la PASEOS DE UN SOLITARIO 347 ervención de las representaciones religiosas enla Ucación popular, nacional o social? | Nada más lejos de eso: por muy amante de la sana ertad de pensamiento y de la tolerancia de la propanda y defensa de todas las doctrinas que yo sea en lo lesente y que haya sido durante el transcurso de mi la, nunca he incurrido en el error apasionado de supo- E una artificiosa incompatibilidad entre el ideal religio- 0 (entiéndase bien, rel2g1050) y el pedagógico. Aún hay Más: cuando he podido influir con mi palabra y mi voto En los Cuerpos consultivos, en el Parlamento y en la Pensa, siempre he supuesto una perecta relación digna | de un modo igual, a lo que en me antiguos tiempos se E Quería yo are el Clero de te DOS adquiriese 1o se habían de Sola garantías de competencias para ejercicio; y no siendo ni ella ni la educación de los clesiásticos cosas incompatibles por lo abstrusas y netesitadas de muy prolongados estudios, tampoco se me Ocultaba el por qué no se había de consentir, cuando Menos en algunas circunstancias, la fusión del cargo de aestro con el de sacerdote, con un aumento de sus 348 CARLOS MARÍA CORTEZO ción ar cn congregacionista, o confesictl otra cosa la pedagogía evangélica de la cual soy y si6 pre he sido defensor, por no creer que la impregnaci de los principios de moral cristiana que ella deja en niñez para el resto de la vida, pueda ser nunca obstácl lo para que el hombre hecho, pueda cuando posea totalidad del ejercicio.de su razón, pensar según és que nunca le llevará a salir de los círculos de aque moral primera que nadie ha logrado ni asociándo 5 otros dogmas, ni tratando de desligarla de todos, sac? de aquellos principios fundamentales que con el Cristi nismo se encuentran identificados. No necesité para llegar a estos convencimien pasar por el ejemplo que voy a citar; pero si no los h biera tenido, él me hubiese llevado a adquirirlos, si más que desear la generalización en lo posible y la im tación del caso. Me refiero al hecho ejemplar de San Andrés Manjóx Muy tarde he conocido la noticia de su muerte; K familia, sabiendo la admiración y el amor que por! tenía y el estado transitorio de mi salud, me ha oculta o do el fin de mi santo amigo, y con ello han impedido. que yo fuera, como era desde hacía mucho tiempo mi propósito, a asistir a su entierro en Granada. , San Andrés llamo al que en el mundo se ha llamad D. Andrés Manjón: yo tenía de él una idea muy confu Sa, cuando allá, por los años 85 o 90 me hablaron de él saliendo un día de la Academia, mis también santoS PASEOS DE UN SOLITARIO AO 1 taba y amaba, sin que él tampoco me conociese. pS Cuando con motivo de una intervención mía patrla- _Mentaria, obtuve en el Congreso una pequeña mejora En la subvención que a sus «Escuelas del Ave Maria» -se otorgaba, recibí una carta de gracias por mi espon- “fánea iniciativa, y desde entonces tuve alguna relación “con el ilustre pedagogo burgalés y granadino. = Ministro de Instrucción Pública, tuve necesidad de “hacer un viaje a Granada para enterarme de lo que pu- “diera haber de cierto en las denuncias publicadas por la Prensa acerca de la posible ruina, y el evidente des- “amparo que pesaban sobre el Palacio de la Alhambra. “Llegado a la ciudad, que para mí tenía agradables re- Cuerdos de uno de los mayores triunfos de mi juventud, el de haber sido catedrático de número en aquella Universidad, en la que expliqué una sola lección, apenas “cumplidos los primeros deberes de cortesía y ceremonial de protocolo, y agradecidas las manifestaciones de benevolencia que los granadinos, y particularmente los estudiantes, me prodigaron, fuíme a inspeccionar la Alhambra, y manifesté desde luego mis deseos de visitar al siguiente día las Escuelas de Manjón. E Todo ésto traía ante mi espíritu el recuerdo de mi primer viaje a Granada. Creo que ya en algún otro lu. : gar lo he referido. Mi imaginación juvenil anhelaba em- - paparse en la contemplación de aquella ciudad de en- 4 a E E 5 e ¿ 350 CARLOS MARÍA CORTEZO sueño, por mí conocida al través del prisma irisadO los versos de Zorrilla. Hernando me llevó la primer fíana a visitar su Hospital de San Lázaro y en él, su minuciosidad habitual, me explicó sus últimos € dios acerca de la lepra, que le habían valido el apla aprobatorio del que entonces era ídolo de la medic de investigación, o sea de Rodolfo Virchow. Al sigui te día (en Enero de 1876), conducido siempre por He nando, fuí a visitar al que para mí ha sido primero enÚi los primeros cirujanos españoles del siglo XIX, es de a D, Juan Creus. Con éste fuf aquella misma tarde visitar la Alhambra, y al siguiente día el Albaicín. A me parece ver en este último punto, en las afueras de ciudad, a los gitanillos harapientos, casi desnudos, hi bs: cos y burlones, con risas de idiotas sorprendidos, qua contemplaban, cuando no esquivaban la extraña visif de aquellos dos señores de chistera que los observaba como objetos dignos de estudio. Aún creo ver a un mo zalbete, de más de diez y seis años, que tendido ala | Puerta de su cueva, exponía a las caricias del Sol st más íntimas desnudeces, y recuerdo la contestación q dió, entre descarado e ingenioso, a la pregunta g Creus le dirigiera: «Pero muchacho, por Dios, siquie ¿no tienes frío?» — «¿Le tié usté en la cara, cabayero Todo esto recordaba en 1905, cuando con discre solemnidad llevaban al ministro de Instrucción Públi a visitar las Escuelas del Ave María. ; . El Albaicín de ahora, no era ya el Albaicín de 187 A Por él había pasado un taumaturgo, un mago, un reden* tor que había civilizado a aquellos ¿2 dígexas, había des” z PASEOS DE UN SOLITARIO 351 puprendidas, ofrecióndolos al propio tiempo a la, pa: al común bienestar. El redentor moderno había sido San Andrés Manjón. Y a propósito de esta insistencia mía en axticiparle -€l nombre de Santo, contaré que ayer, conversando con Unas Hermanas de la Caridad, a quienes encomiaba la figura del insigne canónigo del Sacro Monte, me decían ES Éstas, meticulosas, en su parcial sencillez y su efectiva complicación de espíritu; «¡Por Dios, no le llame usted Santo todavía, dijo la una; primero le tienen que hacer Venerable, después Beato y luego le canonizarán y será Santo!» Esto decía la buena Hermana, como pudiera un militar exigir la necesidad de pasar por los grados de sargento y de teniente, para llegar a capitán; pero aún E añadió otra de estas señoras: «<¡Oh, y para ésto, será 3 necesario que haya hecho milagros, que se demuestren y Moo en el expediente de canonización!» «No tenga usted miedo, Hermana-—repuse yo;—el : milagro está hecho y bien patente: civilizar en España A todo un pueblo semisalvaje, y civilizarle por la sola ¡ Obra personal de apostolado de un sacerdote pobre, y E oiovisto de influencias y de apoyos, obra es de mi- E lagro que Dios ha inspirado, y puede usted creer que el y Expediente estará ya en el cielo concluso y archivado.» . ¡Qué día aquel de Mayo de 19051 El cielo granadino tenía trasparencias de zafiro y azulados mates de turquesa; las lejanías de la Siérra Nevada deslumbraban A mis ojos con esplendores teatrales de apoteósis; el aire E “tibio de Mayo mecía en los jardines de las orillas del Darro un inmenso bosque de árboles en flor, de rosales con más flores que hojas, y por todas partes se escu- 352 CARLOS MARÍA CORTEZO chaban gorjeos de ruiseñores; de esos ruiseñores gram dinos que ha descrito Brehm en su precioso libro sob! los pájaros; y entre estos gorjeos, los aún más simpa cos de niños que cantaban, y de acordes de música mí -litar, que marcialmente se aproximaban hacia nosotr0 D, Andrés Manjón estaba silencioso y respetuoso a M lado, exponiéndome los ingeniosos procedimientos que, , para la enseñanza de la Geografía, empleaba en el sue del jardín con montones de tierra, canalillos de agua pequeños charcos representativos del Mediterráneo, ' Atlántico y del Pacífico. Manjón me invitó a que P guntara a cualquiera de las niñas que formaban cíte en derredor nuestro. Yo me dirigí a una cuya mir. inteligente y viva me parece estar todavía viendo invité a que diese la vuelta al mundo y ella, cogiend una varita, comenzó a señalar y a pasar dando saltitd por los países, los estrechos, los mares y las montaña» que, sin vacilar un momento, la llevaban de una mane” ra imaginativa, desde Cádiz, saliendo por la izquierdas hasta volver a Cádiz por la derecha, después de atra sar el Mediterráneo, el Canal de Suez, el Asia, etc, 8 Cuando la niña terminó, el cuadro no podía ser má emotivo; ¿Una rama péndula de un árbol de los que o nosotros estaban, cargada de flores, tocaba casi con l! cabeza de la alumna, y sobre aquella rama un miis | estimulado por los gritos de los niños, se esforzaba. e ) cantar, agitando de cuando en cuando sus alitas, y pa _reciendo decirme: «Mira, éstos son los hijos de aquello: gitanos, que tiraban piedras a los extranjeros cuando ti los visitaste en 1876; y ahora, ya ves, ni siquiera se me ten conmigo». En aquel momento sentí un fuerte apf' tón de manos en la mía izquierda: Manjón que me Le PASEOS DE UN SOLITARIO | 333 taba fijamente, había sorprendido sobre mis mejillas las dulces lágrimas que, a pesar de mis esfuerzos, no pude Contener y me dijo estas palabras, que todavía me saben a bendición: «¡Qué buen corazón tiene usted, señor Ministro!» Al otro día invité a mi mesa al buen apóstol, y E. obtuve de él algunos datos de la historia de su santa de Obra; que unidos a los que por otros conductos me he proporcionado, pueden resumirse en los siguientes sencillos términos. | Manjón era, al propio tiempo que, catedrático de Derecho Canónico en la Universidad de Granada, canónigo y profesor del Sacro Monte; para desempeñar su cometido en este último Colegio, iba diariamente montado en una borriquilla, por ser larga la distancia que separa el edificio de la urbe granadina; tenía necesidad de atra- =vesar el Albaicín, y era raro que al hacerlo no provoca- “ra su figura de clérigo cabalgando en su borrica, las -chanzas más o menos injuriosas de los holgazanes, pilluelos y gentes maleantes, que se soleabar a las puerta de las cuevas y de los tenduchos de vino. Un día, volviendo a la hora de la puesta del Sol, y cuando las remo- “tas campanas tañían el «Angelus», al pasar por las cuevas, Oyó Manjón unas voces infantiles que cantaban el Ave María. Paró su asna, prestó atención y a seguida dirigió los pasos de la cabalgadura hacia el sitio de donde las voces salían. Pronto llegó a una pequeña explanada en la que, y a la puerta de una humilde cueva, una gitana vieja, la ¿a Migas, rodeada de ocho o diez niñas, que hacían labor, cantaba el 4ve María acom- - pañada por sus infantiles discípulas.. Quedóse inmóvil el buen sacerdote, y después, sin 23 EOS TR A A A A TS A RA AAA 4 qe ERA ds AS Die 354 CARLOS MARÍA CORTEZO decir palabra, continuó su itinerario hasta Granada. Si decir palabra, sí, pero no sin engendrar ideas y formaf propósitos, que desde el día siguiente llevó a la realiz ción de lo que constituye hoy la obra admirable de la Escuelas del Ave María. | Lo que aquella gitana pobre, anciana y desvalida realizaba con un grupo de niñas desamparadas, bie podía hacerlo él que al cabo era un canónigo, un cate —drático, tenía sueldos, consideración social:e influenci en las buenas almas de sus amigos y sus penitentes. Y así nació el pensamiento de su empresa, que luego n abandonó ni un solo día, ni un momento y que hoy pese a quien pese, y a los pedagogos de cartel que, con fingido desdén juzgan sus métodos, Manjón será con justicia proclamado como el más grande, el más esti mado, y sobre todo el más desinteresado de los pedago gos españoles. 3 ¿He hecho bien al llamarle santo, a pesar de no haber recorrido los grados del escalafón, que las Hermanas de la Caridad consideraban imprescindibles? Si he - hecho mal, perdónemelo el buen padre caxorizado, que tengo la soberbia de creer que el Padre de todos me lo ha perdonado desde luego. ¿Hay incongruencia entre lo que he pensado respec: to a la educación congregacionista, juzgándola imper= fecta, y lo que digo respecto a la educación religiosa. ejercida por sacerdotes seculares o por maestros laicos? : Pienso que no, Los defectos encontrados en la primera, no depen» den, a juicio mío, ni de la buena voluntad, ni del celo y la abnegación de los que a ella se consagran, Dependen PASEOS DE UN SOLITARIO 355 de otra cosa: de que actúan en un mundo en el que, por lo general, ni han nacido, ni han vivido y al cual se adaptan por reglamentaciones rituales y por imposiciones más o menos voluntariamente recibidas. El crecido número de los maestros y maestras dedicados a esta in- _ teresante función, hace necesario que su reclutamiento se efectúe sobre una amplia base, muchas veces en cla» ses sociales muy dignas de consideración y de respeto, pero desprovistas de aquella experimentación lenta y aun atávicamente adquirida que pudiera servir de ele. - mento informador para la educación de seres que han de vivir en un mundo y una sociedad que sus maestros conocen solamente por referencias, A ésto se agrega otra razón que es beneficiosa hasta cierto grado, la de la respetabilidad que imponen y la sumisión a que invitan los 2ádztos y la rigidez de la ins. 3 titución monástica. Los y sobre todo las que de ésta : | | forman parte, se sienten de pronto rodeados de una con- _sideración merecida, pero también de una sumisión in- Consciente que produce en ellos, sumado al concepto de Ñ la perfección religiosa, un involuntario sentimiento de > presunción y soberbia de que ellos mismos no se dan cuenta. «La justicia de los impecables está muy cerca de ser crueldad», dice Benavente. Es la soberbia el más peligroso de todos los pecados capitales: el iracundo, el perezoso, el avariento y el lujurioso, al conocer fácilmente que lo son, se ponen en el camino de la enmienda; el envidioso y el glotón, aunque más tarde, pueden recono- - cerse pecadores; sólo el soberbio no puede conocer que lo es, pues el conocerlo es condición negativa de serlo. De este desconocimiento viene lo más de su perni- SAT II ds E ti 362 CARLOS MARÍA CORTEZO baba de dejar, y oyendo sin ser reconocida cómo llenaban de insultos a la que otras veces habían adorado, lla- _mándola la maldita española y Pidiendo su cabeza, como ; si en los arcos del Palacio, y bajo las frondas de aquellos Jardines, hubieran quedado dormidos los ecos que ochen- | > ta años antes pedían la cabeza de la austriaca, y maldecían y ultrajaban su nombre, Confirmé también por: aquellas referencias el cómo la ilustre ex condesa de Teba y ex Emperatriz, escondida entre los viajeros de y un departamento ordinario, para ganar la frontera bel q ga, se consideró reconocida por el revisor de los bille: tes, bastándole una mirada inteligente y piadosa de | aquellos ojos azules quehabían conquistado la Europa para que el modesto y anónimo empleado fingiera no haberla conocido, y la dejase, con bien afectada indife- ” rencia, continuar su viaje y ganar la frontera. de En todo ésto pensaba, en tanto me alejaba hacia la. E Plaza de Oriente, por ser aquellos acontecimientos los. que, en a más reciente, se habían pres mEnO a E representarme la figura de Eugenia de Montijo, no €e5- solamente como Emperatriz fugitiva y desgraciada, como acude a mi pensamiento. ' ¡Qué extraña figura la de esta mujer! ¡Qué anacró: nica en los primeros momentos de su vida! ¡Qué extrak ordinaria en el desarrollo y logro de sus ambiciones! ¡Qué vulgar y torpe en sus últimas actuaciones de Soberana! ON Aunque no me haya cabido la fortuna de tener, res: en pecto a la egregia dama, esa coincidencia de contacto que me he propuesto que sea fundamento principal de E mis juicios acerca de los «Hombres y mujeres de mb A e | E PASEOS DE UN SOLITARIO 363 po»; sin embargo, Eugenia de Guzmán y Kirkpaes tan de mi tiempo y llena tan amplio lugar en la toria europea y en los acontecimientos sociales de la a española; son tantos los parientes de la ilustre ma con quienes en ocasiones diferentes de mi vida, nido más o menos Íntima amistad, que parecería ompleta mi colección, si en ella no incluyera algún tato cubista y de chafarrínones, que pretenda dar trta idea sobre la singular mujer que vino a morir a Madrid, después de haber recibido los homenajes de la ropa entera, los del Africa y la atención primero, y el cio después, de todo el mundo que se Ocupa en críti- a histórica. Han ido pasando por delante de mi imaginación los cuerdos infantiles, primeramente significados por los ratos que, en algunas casas y En los escaparates de is estamperías, veía mi curiosidad pueril, representan- ' 9 a una hermosísima joven, montada sobre un caballo “cargadamente adornado a la andaluza, vistiendo ella traje entonces, aunque efectivo, poco usado y hoy Dsolutamente convencional, de la maja de los campos Mdaluces: con gracioso sombrero calañés, ceñida chaluetilla de terciopelo rojo, y aun más ceñida faja azul lle en la cintura detenía un chaleco abierto que dejaba ler una camisa de encaje, sobre la cual caía una corbalta graciosamente anudada con lo que hoy se llama el y do marino. La falda de amazona era corta para lo lue por entonces usaban las ecuyeres y las mujeres del fran mundo, y dejaba ver un menudo pie y el principio le una pierna, calzada con polaina de cuero profusa- Mente ataraceada con sedas de colores. Las crines y la tola del caballo estaban trenzadas con cintas vistosas 364 CARLOS MARÍA CORTEZO de seda, con borlones, flecos, alamares y cordones d oro: aquél era el retrato de Eugenia de Guzmán, ye Emperatriz de los franceses, eso AE Recordaba yo después, con impresión de adolescel: E te, las lecturas descriptivas de los primeros años [de ela ; _ Vida de la bella granadina, en el noble hogar, aristociór tizado por la realidad de la estirpe paterna, e idealizad 00 por la suposición de la descendencia real de la dina! escocesa en la materna; y venían a mi memori referencias del desarrollo juvenil de las dos hijas de condesa de Teba que, secundando las aficiones de madre, y venciendo las dificultades que entonces los vía z jes significaban para las familias acostumbradas al bis ES estar y al lujo, cambiaban incesantemente de moradh se pasando de Granada a Sevilla, de Sevilla a Madrid, Y os Madrid a París, y nuevamente volviendo a E spaña, en todas partes dejando una estela de admiración pa su belleza, y de simpatía por el encanto atractivo yin ll exquisitez de su trato, No faltaban a mi recuerdo. elogios apasionados de dos hombres tan ilustres col e. Stendhal y Merimée que tanto contribuyeron a mi juicio! jo. en el auge, en la reputación y en el relieve de aquellas interesantes figuras femeninas, El príncipe presidente Luis Napoleón; las revistas. militares en que la bella amazona humillaba a todas las damas parisienses y europeas por su habilidad de caba llista; las cacerías de Compiegne y Fontainebleam; picante y dudosa anécdota del latigazo dado en el r0 tro del pretendiente a emperador; las románticas del tre: bol de esmeraldas y la despedida en los días que ante cedieron al golpe de Estado de Diciembre; la ingenio: contestación dada de ventana a ventana cuando el ent | PASEOS DE UN SOLITARIO | 365 trado César parvenu (1) preguntaba a aquella mujer le le enloqueció, por qué camino podía pasar a su arto, y ella le respondía «P07 la capilla»; la ceremonia matrimonio en Vótre Dame, los regalos suntuosos francesas; el brillo de la Corte imlas corporaciones añola; todo ial caldeado por la fastuosa aristócrata esp ) en rápida, visión pasaba ante mis ojos, como si yo almente lo hubiera vivido, y como si sintiera cierto wanecimiento nacional, al considerar que la protago- a de tales grandezas, inverosímiles en la época en ue se desarrollaron, era una compatriota mía, mucho Más interesante que su antecesora Josefina Bauharnais, bero ¡ay! mucho más funesta que aquella pobre criolla, tuya historia vino a ser la opuesta a la de la bella gra- a la Historia a los que lelos fáciles surgen en la ue la fortuna coloca en o en los seres más vul- en inadvertidos, como Soberanos teinantes a, ceremonia nupcial, lendideces de los re- y aduladores de la ; ¡Cuántas enseñanzas prodig ás quieren escuchar! ¡Qué para ida de cada personaje de los 4 tios y posiciones visibles, com ares, siquiera en éstos Se deslic diferentes en aquéllos! ¿Cuántos ensarán, al volver de la suntuos ntre aclamaciones del pueblo, esp resentantes de Cortes extranjeras, Propia, cuántos pensarán en que puede llegar un mo- 1 lento en el que se sustituya el brazo de un emperador reulloso con la belleza que ha conquistado, por el de Un dentista que protege la vida amenazada de una egre- (1) De este modo se calificó él mismo según asegura la princesa e Metternich en sus «Memorias» como archivo de frivolidades y ostentacione , que por cierto merecen ser leídas 3 de la ambiciosa pareja “imperial, 366 CARLOS MARÍA CORTEZO las glorias que se fundan en los hombres, cuando que alguno de ellos sea criminal (y lo son mucho ; a: puede depender que se trunque el destino triunfador 197 otro a quien halagara la fortuna y la protección de 9 A A ¿Se olvidarán estas cosas? Sin duda alguna, que €%; mayor o menor grado han de olvidarse; pues de otra manera la vida de los héroes y de los Soberanos, sél ee todavía más digna de lástima de lo que yo real y sinct” tamente creo que lo es; sería para ellos imposible vivit : Aumentar a la propia responsabilidad, que ya resulta 1 mensa, y a la de la influencia que ejercemos en los qUé nos rodean, la que se deduce de los destinos de un pue blo que ha de ser exigida por la posteridad y por M historia, cuando de la nuestra nadie se ácordará a pocó que... doble la campana. Si dobla en mi funeral, De qué pasé por el mundo, ¿Quién se acordará? A través de estas cosas renace en mi pensamiento obsesionante y fija, la figura de Eugenia de Montijo, Y digo, como al empezar estas líneas: ¿fué una aventurerah 3 ¿fué un talento superior? Yo creo que fué las dos cosas PASEOS DE UN SOLITARIO 367 de ideales, en cierto modo desproporcionados con las fiturales aspiraciones de cada cual, y que para satisfa- ¡los emplea procedimientos, O heroicamente peligro- Ps o hábilmente discurridos y no puestos al alcance de f vulgaridad, ni siquiera del habitual ejercicio de las Mbiciones humanas. Aventurero fué Hernán Cortés, y hoy es una gloria Inegable, aunque no celebrada en la proporción que lo Wereciera; aventureros fueron Julio César y Catalina de Rusia, el Rey D. Sebastián; y, afortunados los unos, desventurados los otros, a nadie puede considerarse que e le ofende con la aplicación del calificativo, mientras ta ella no vaya incluída, tácita o expresamente, la idea lel empleo de medios inmorales e ilegítimos para el gro de la vez?ura. 3 Aventurero es quien a la ventura se dirige, con la Ambición por estrella conductora y la confianza en sí Propio, y en la fortuna, que unas veces garantiza el éxilO del barquero que lleva a César, y otras guía el puñal de Bruto en los Idus de Marzo. Nadie puede negar que la pareja imperial que unió Sus corazones y sus destinos en el histórico templo de Nótre Dame en 1853, era una pareja de aventureros a quienes desde aquel día el dios Exito consagró tanto tomo el arzobispo de París, colocándola al abrigo de Oda insinuación que al calificativo de aventurero se pateciera. Pero ¿y antes? Recordemos al hijo de Hortensia de Bauharnais, 'eina de Holanda, y de Luis Bonaparte, tercer hermano Varón del gran fundador de la dinastía, árbitro de Eutopa durante diez o quince años, aunque esta paternidad ofreciera a veces duda al mismo D. Luis. Recordemos EN 1 ae y 368 CARLOS MARÍA CORTEZO la niñez del Príncipe, sus aspiraciones al Trono de de la muerte del Rey de Koma, la tentativa de Es burgo, la grotesca del águila domesticada de Bolo. limosna recibida de manos del Rey Felipe al part donado para América, su escapatoria de Ham, su piginosas habilidades en la Asamblea Nacional, conseguir la Presidencia y la transformación de pro! tor en verdugo, en los sangrientos días del golpe de ÉS” tado. No olvidemos las «maniobras perseverantes y hu miúldes con que procuró congraciarse con las Cort extranjeras, que, demasiado confiadas, creyeron que UM Bonaparte, que sólo tenía como argumento para aspi al Imperio, lo dudoso de su sangre borapartina, pol a nunca olvidar de un modo radical, que las glorias bél cas de su tío habían embriagado y enloquecido a Fran: cia inspirándole el convencimiento de ser el pueblo el tOpeo providencial que, por el camino de la guerk había de ejercer la hegemonía de Europa. Fiarse de Bonaparte en materia de paz, después de Austerli de Jena, equivale a fiarse de un Hohenzollern en el mo sentido pacífico después de Gravelote, Sedan y dova. Si Napoleón I y Guillermo I hubiesen superv , Quizá hubie s de la paz; pero sus desce imitadores infatuados, ten que ser necesariamente, como lo han sido, un pelig para el mundo. La Historia es la única mujer que dice sistemáti mente la verdad; pero como siempre la dice, resulta p£ sada y monótona para los oídos de las gentes, y se Oy€.,. pero no se la escucha, ) : Ñ Siguiendo mi comparación, no encuentro grano€ sido al cabo sostenedore dientes mediocres y sus PASEOS DE UN SOLITARIO os: 369 4 diferencias personales entre la conducta éticopolítica de ¿Luis Napoleón y la de su ilustre cónyuge, ostentadora de un noble apellido español y poseedora de una de las más espléndidas bellezas de su tiempo, de una inteligencia fina y penetrante y asesorada por una consejera experimentada que, primero a su lado, y después apartada de ella por conveniente sagacidad, fué estimada - €ntre la alta sociedad de Madrid como una de las muje- E res más inteligentes, hábiles y sugestivas de su tiempo, hasta que la muerte la sorprendió rodeada del general aplauso, en un estudiado alejamiento de los ostentosos lujos de su hija, Emperatriz de los franceses, mujer fes- - tejada y adulada por todos los soberanos de Europa, consagrada por la inolvidable reina Victoria de Inglaterra, y al parecer amada por: su pueblo. Al aludir a la “ilustre condesa de Montijo no tengo otra intención que la que puede inspirar la más respetuosa alabanza res- - pecto a una madre amante, hábil e inteligente, como pocas de las que pueden ser consideradas en el escena- “rio de la vida pública como personajes de mayor o de menor importancia. Si siguiera desmenuzando todos los hechos que, relativos a la ex emperatriz Eugenia, han llegado de una. O - de otra manera a mi conocimiento, ocuparía ciertamen- - te más de una mañana de meditaciones, en la crítica de - mujer tan extraordinaria. ¿Mujer dije? ¡Ah!, pues como mujer ya es bien diferente el juicio, acertado o erróneo, que me ha llevado a formar las referencias de diferentes linajes que acerca - de ella, y sin intención de ello, he podido recoger, | Para seguir los caminos del éxito, de la ventura y del triunfo, el corazón es una pesada impedimenta; todas 24 AI AA Ed e AIR e AA AAA yl | ara echar mano de las apariencias de la sensibilidad, de 370 ) CARLOS MARÍA CORTEZO las cuestas que conducen a las cimas iluminadas por el. sol de la gloria requieren que el que las sube deje en la a falda los pesos inútiles; y el corazón es un peso inútil Es : en el viaje a la Fortuna. Mientras la inteligencia procu- A : la filantropía y del amor, consíguelo deslumbrando. los ojos ajenos con los destellos y los reflejos del triunfo pero cuando el deshielo llega, es cuando se vé si la nie. ve cubría o no, flores, frutos o materiales sólidos, y las más veces, el deshielo de la desgracia es el que enseña a ver todo lo que tenían de falaz los espejismos de las | ib alturas. Como no abrigo la pretensión de escribir la crítica. sl histórica, arrepintiéndome de lo dicho, me contento con bis recordar algunos hechos de la vida de la ilustre señora Bos que me preocupa; su conducta después del destronamiento; sus inteligencias o sus tentativas de melena con Bazaine y con los alemanes; la. obscura actuación de Regnier, la perseverancia de su ambición bonapar-=, E E tista después de la muerte de su esposo, y sobre todo $e de la de su infeliz hijo, y más que nada ciertos ico de la vida vulgar, que son los que mejor influyen, a mi ES entender, en la opinión que debemos formar de un co-. E » razón y de un carácter, Todos sabemos lo que la emperatriz Eugenia fué para el hasta entonces insignificante puertecillo de Biarritz y cómo ella le convirtió en villa de moda, en centro de la elegancia francesa, primero, y europea des-. pués, hasta el punto de que por inercia del impulso por ella dado, continúa siendo hoy una de las poblaciones - más famosas y ricas del mundo, entre las que atraen a los. veraneantes internacionales. Pues bien; este pueblecito A eS (según nos han asegurado personas de la localidad, que habían ejercido cargos administrativos) regaló a la emperatriz Eugenia varias hectáreas de terreno, en las cuales se instaló la suntuosa residencia a que ella acudía los veranos y que estaba rodeada de un bosque destinado a las excursiones, partidas de caza y correrías de su Corte. Los terrenos que constituían este espléndido regalo, han - sido reconocidos como propiedad particular de aquella señora, y vendidos por ella metro a metro de terreno en cantidades inverosímiles, comparativamente con el valor que tenían al hacerse el cariñoso don de aquellos ' marineros. No sé lo que en ello habrá de verdad; pero he oído asegurar a algunas de estas gentes, que cuando ya destronada, pero respetada. siempre en Francia, pasaba la ex Emperatriz para España por la estación de Biarritz, nunca levantaba las cortinillas de su departamento, ni consentía en recibir los saludos de Comisión A as AA como explicación y disculpa, la de no querer contemplar los sitios en que sus mayores glorias había desarrollado, la playa en que jugaba su desgraciado hijo, el mar que parecía venir a besar sus minúsculos pies de andaluza cantándole himnos de prosperidad y de alabanza; todo esto puede ser verdad; pero sentiríamos que también lo fuera, que cuando a ella acudieron los habitantes de Biarritz en demanda de socorro, para pes- -cadores ahogados en catástrofes de aquella accidentada Ñ | costa, nunca obtuvieron contestación a sus demandas, También puede creerse que no produjesen mucho efecto en su sensible corazón los recuerdos localizados en ciertos parajes, cuando durante sus estancias en París prefería a todos los demás el Hotel que estaba PASEOS DE UN SOLITARIO : Zoe alguna de las que intentaban verla. Podrá tener ésto. ” Sy 378 CARLOS MARÍA CORTEZO dadero erudito, selecto, imparcial y fecundo para el q busca en él consejo o la posibilidad del imperfecto co: loquio. Además, es bueno, 4 Honra con frecuencia mi Casa, y casi siempre que 4 . ella viene, en las horas de la tarde, trae alguna composición poética, alguna nota lexicológica o algún libro cazado a gatas en montón de feria u olfateado más que visto en el estante de un librero de viejo. dl ¿Por qué se da con tanta frecuencia. el hecho de coincidir con la capacidad erudita la poca escrupulosidad de los procedimientos sociales? Debo advertir que a mí ningún erudito me ha hecho daño alguno; pero no digo esto en su alabanza, sino porque creo que he tenis, do la fortuna de pasar inadvertido para su desdén. Ob-- servándolos con imparcialidad, he comprobado siempre en los rebuscadores de exégesis menudas de datos y fechas, procedencias y minucias, una falta de probidad, - de generosidad y de alteza de miras, que me parece que MN Justifica el epíteto de «ratones de Biblioteca» con que se les designa en el comercio habitual del habla, pues más tienen de roedores, que contribuyen a su desmenuzamiento y deterioro, que distas de los m A que de asimiladores Y propagan. anuscritos y libros entre los cuales viven, — se nutren y aun se reproducen. Todo esto me lo ins la lectura de un pasaje de un dar autoridad a lo que va a deci pira 1] prologuista,- quien para MM r, refiere un diálogo con $ un desgraciado humanista a quien por milagro de Dios he reconocido en mi pobre amigo D. Luis Marco, pero. a quien el prologuista se cuida muy bien de no nombrar, quedándose muy satisfecho por esta falta evidente — de rectitud cometida con un hombre que por circunstancias especiales e injustas, no es muy conocido en el mercio de las letras y menos en los círculos convencionales de los escritores. Sacar a colación a un sujeto, sirviéndose hasta del detalle cómico de su sordera para dar interés a lo que se dice y no mencionat el nombre ¡de la persona de quien se reciben los datos que se avaloran después, será cosa muy lícita y corriente entre... eruditos; pero en mi casa, eso es una maldad inconslente por habitual y genérica, pero maldad a la postre. El erudito es al fin y al cabo un intermediario en el Comercio de las letras; no es de extrañar que con frecuencia caiga en las claudicaciones de los mercachifles. El primer sorprendido con la lectura de éstas mis lí- “neas será el mismo Luis Marco, quien nada me ha dicho; hasta creo que el lapsus literario del mencionado prolo- ¿guista no sólo es involuntario, sino aun cometido contra “su voluntad, pues me consta que ambas personas se estiman una a otra y se quieren mutuamente. : Marco, que es un poeta inSpirado y original, tiene “una monomanía, la de la técnica métrica. Yo, que nunca 7 e incurrido en ella (única quizás que se ha salvado de mi cultivo) le escucho con asombro cuando, hablándome del hexámetro latino, me explica en largas divagaciones, imposibles de interrumpir ni desviar a causa de «la sordera del exponente, las sesenta y tres variedades que del clásico metro tiene cóleccionadas y me repite ejemplos de Horacio, Ovidio, Catulo, Juvenal o de Lu- 4 e “crecio. Con la métrica castellana tiene la misma preocu- : - poesías, explica por qué y cómo ha empleado los versos de doce sílabas con preferencia al endecasílabo y cuál ha sido el motivo de servirse de la versificación libre, el verso blanco y las rimas asonantada o aconsonantada, PASEOS DE UN SOLITARIO 2% : 3719 pación, y antes de dar lectura a alguna de sus bellas 4 380 -. SARLOS MARÍA CORTEZO en versos de cinco, siete o nueve sílabas, casi por nad más que por él usados. Daña esto, a mi juicio, a su ob poética, sin duda de mérito evidente, como me seríl dado demostrar si a mano tuviese sus bellas produccio mes: «La Iustitutriz) y «La Camisa de Boda», trozos poéticos verdaderamente conmovedores y dignos de un] escritor de primer orden. titud de censurar a quien me proporciona ratos de de leite en pintorescos coloquios entre un casi ciego y un casi sordo, que presenciados o escuchados por un te cero, no dejarían ciertamente de hacerle gracia, ' Mi buen amigo lee muchas veces los originales de estos «Paseos» antes de que vayan a la imprenta; y el otro día, al terminar la lectura del dedicado a Eugenia de Montijo, quedó pensativo y me ofreció traerme al día siguiente algo que mi trabajo le había sugerido, € inspirádole Eugenia, ARA Ese algo es la siguiente composición que, con 1% advertencia preliminar, relativa a la factura técnica, | creo digna de ser publicada. | «LA HERMOS URA, EMPERATRIZ A —Al Palacio de Liria vaya usted, amigo Gil, para hacer la reseña del traslado del cadáver de la Emperatriz. dn PASEOS DE UN SOLITARIO - Esmérese mucho, - pues esa reseña no es grano de anís: que sus cuartillas reflejen la vida de la muerta y el alma de Madrid. -—Juntaré realidad y fantasía, historia y ensueños, con arte sutil: casi fuera mejor que escribiese sin ir allí. —:¿No es usted periodista-poeta? ¡Pues no le hace falta la voz del clarín! —Para hacer la reseña de uz siglo que ha anuerto basta contar esa vida... ¡feliz e infeliz! 1 Con tu recuerdo a solas (oh Condesa de Tebas, no de Teba), te evoco dentro de mí: figura mucho más trágica que la de Boabdil. Tu gracia, tu hermosura, tu gentileza te llevaron a ser Emperatriz de la nación que cuando tú naciste nos trajo cien mil hijos de San Luis, para anegar en sangre generosa tu patria, víctima de un Rey malsín. Década de tiranía y siete años de guerra civil " conoció tu niñez y adolescencia, ] cuando sólo sabías reir y eras aún muy dich0Sa... ¡tánto cual fuíste luego infeliz! - Eras flor la más linda de granadino carmen, ¡un oriental pensil!: mezcla de azucena, rosa, nardo, clavel, heliotropo y jazmín; / E 381 5 CARLOS MARÍA CORTEZO y también hecha de gemas engarzadas en oro de Ofir, conjunto de topacio y de zafiro, de perla y de rubí; semejante a soberbia sultana, del Profeta esposa, favorita hurí. Fuíste de mármol de Paros, pentélico, con un cuerpo de Venus y un alma mujeril, suprema tentación del mayor santo en todo tiempo y país, despertadora del éxtasis más hondo de gangético faquir, de perfecciones divinas y humanas tesoro sin fin. [Tristes cabellos, corona de espinas de plata, faz blanco-amarillenta, rostro de marfil, ruina de un siglo de trágica vida: Oh, quién tuviera el arpa del santo rey David!] A e IAN e a PAN AS A Eras la reina del mundo desde tu trono imperial de París, y en los eternos dominios de Cleopatra besáronse dos mares delante de ti, Y luego cesariano plebiscito en que Francia engañada dijo: «¡S£l>; después unos gritos frenéticos del pueblo «4 Ber lí! sy en seguida el desquite de lena, > Francia en derrota, un engaño vil, E rendido su César... * Jn que no supo lidiar ni morir.., mientras tú, la Regente, veías la República en París. Diez lustros viviste después, 4 f PASEOS DE UN SOLITARIO : 383 medio siglo de vida infeliz: más que la Loca del Vaticano, que ha vivido inconsciente por su frenesí, Tu esposo y el Papa a Carlota dieron otro Imperio... ¡No lo quiso Prim! 9605000000000 00. 0.0.%./.00 ...o.o...o. 4... .... ..oo .o»sos [Brecha de la Puerta Pía: Cavour, Garibaldi, Mazzini, Manín.— Carlomagno, Matilde, Hildebrando: ¡para siempre huidl] * Eugenia de Guzmán, “en ese medio siglo que viviste sin ser Emperatriz nació y murió el Imperio de la Fuerza, que sitió a París. En ese medio siglo la Lorena y la Alsacia redimiéronse al fin; cayeron las coronas imperiales de China, del Brasil, de la Rusia, del Austria, de Alemania... mas la que te dieron por hermosa a ti. Rodaron coronas de reyes y príncipes de estirpes más rancias que Luis Napoleón Bonaparte... ¡Presidente que te hizo Emperatriz - Suponen hoy más en el mundo dos plebeyos cual Trotski y Lenín. TI No quiero, mujer trágica, blanca y roja flor de lis, ver cómo te conducen / en un coche-estufa, con toques de clarín, para llevarte lejos, J “los 109 yersos de que consta esta poesía los hay de estas medidas: 5 | > Y BA CARLOS MARÍA CORTEZO muy lejos de aquí, . donde sepulten tus restos mortales entre tu esposo y tu hijo, ¡madre infeliz] extranjera dos veces: de tu Sena adoptivo, de tu patrio Genil... ¡Sola ya para siempre la trágica y hermosa Emperatriz, que vivió cerca de un siglo, cansada de gozar, rendida de sufrir... muerta hace medio siglo, sin cesar de vivir! - Luis Marco (1)». Cuéstale trabajo a mi atención el apartarse de la atractiva figura de esta dama insigne realzada tanto por: los esplendores del poder, como por los melancólicos reflejos de la desgracia. De conversaciones recordadas de los que fueron sus contemporáneos, lecturas de la copiosa literatura biográfica e histórica en que ha figu. rado durante casi un siglo, entrevistas tenidas con los. (1) LLORÉ Escribí estos versos la misma noche del día en que se trasladaron E los restos de la Emperatriz de la Hermosura desde el Palacio del Duque de Alba a la estación del Ferrocarril del Norte, : E PENSÉ Elegí la versificación dibre, con versos pares de rimas agudas, En 6, 7,8, 9, KO, 11, 12 y 13 sílabas, Basta de técnica, ENVÍO A Carlos María Cortezo, recuerdo de la lectura de su inédito | capítulo del tomo II de sus PASEOS DE UN SOLITARIO: 29-VIIL 1923.—L, M, : PASEOS DE UN SOLITARIO. 385 E médicos que últimamente la cuidaron y amables y nun-. Ca bastante por mí agradecidas confidencias de su noble | SObrino-nieto el Duque de Alba, quien en interesantes notas reservadas ha consignado, día por día los últimos - ES de esta mujer extraordinaria; todos estos materiales pu- [dieran servirme para escribir largamente, pero me limito ala consignación anecdótica de lo que puede ofrecer | más agradable interés, Durante la época del apogeo de su poder hizo Eu- E genia un viaje a España y visitó la feria de Sevilla, ves- -—tida con el traje que en un su retrato me impresionó de niño y acompañada por el célebre D. José Luis Alba- =- reda. ; AIN A INTA a Comenge, en un artículo maravilloso como todos los suyos, describió el interesante cuadro de la entrada de - ambos jinetes en el Real de la feria, En el mismo escri- to refiere el gran periodista una anécdota que no fui caer en completo olvido: Al llegar Albareda a posesionarse de la Embajada q : de París, destronados ya los Emperadores, un periódico de la capital, saludando la llegada del nuevo represen- - tante y jugando con el doble sentido que el adjetivo y el participio de presente amarxt tiene la lengua francesa, insinuó una calumnia respecto a Eugenia de Guzman; a quien en los primeros años de su juventud supuso amarnt de Albareda. Los episodios a que la imputa- - ción dió lugar merecen que los reproduzca, ya que entre mis apuntes los he conservado, Leyó indignado el equívoco suelto el Embajador de España, al día siguiente del de haber presentado sus credenciales; y sintiéndose más hidalgo que Embajador y más Albareda que diplomático, hizo buscar al 25 386. + CARLOS MARÍA CORTEZO periodista y le pidió una explícita rectificación, que ob: tuvo antes de acudirse al terreno de las armas. * A Eugenia, desterrada en Inglaterra, hacía más de 3 doce afíos, supo, no se sabe cómo, lo sucedido y puso un telegrama a su paisano y amigo de la juventud di- A ciéndole: «Pepe: siempre fuiste un caballero; ¡gracias! ] »Lugenta». 4 Cuando Barraquer llegó a Madrid, llamado para operar a la ex Emperatriz, hizo ésta por impaciencia 4 que le viese los ojos en el jardín mismo de Liria, en donde se hallaba sentada al llegar el ilustre oftalmólogo, z bajo un árbol que era favorito suyo. Reconocióla, £7OSSO | modo lgnacio y exclamó con una significación muy - comprensiva para operadores y catalanes: «¡Bonitos : ojosl», tratando de expresar sin. duda que los hallaba - aptos para la operación que se le proponía; pero Euge= nia supuso sin duda que en la frase había un requiebro español, y aquel rostro nonagenario se volvió sonriente ; hacia otro lado y se ruborizó, por última vez de su vida. ¿Quién había de decir a mi hábil e ilustre amigo que — había de producir el último sonrojo de coquetería, enla 3 mujer que mayores alabanzas y triunfos había merecido q por su hermosura? No sé si en estas reflexiones improvisadas al volar de la imaginación y reflejadas al galopar de la palabra A a través de la mecanografía, podrá haber cosas que lle. ' ven a formar el juicio de que el mío sea despectivo, res- | pecto a la mujer genial de que me he ocupado. Nada sería más injusto; lo que puede haberme sucedido es que impresionado por múltiples lecturas que satisfacían mi interés y mi curiosidad, unas veces la haya calificado de ambiciosa, de superficial y de amante de las suntuo- PASEOS DE UN SOLITARIO 387 4 sidades aparatosas, y que otras se me haya presentado | como firme sostenedora, aunque tardía, de los verdaderos fundamentos en que había de sostenerse la dinastía - Que contribuyó a formar; pero siempre, a través de estas impresiones en mí formadas por las relaciones de Fillon, Sergeant, Saint Amand, la princesa de Metternich y muchos otros y a través de los diálogos de contemporáneos y personas más o menos afines, he conservado el concepto con que hoy cierro estos comentarios: era ante todo y sobre todo, una mujer genial, firme en sus propósitos, decidida en los medios de su realización, infatigable en los procedimientos de su consecución y confia. - da sin desmayo en la prosperidad de su estrella y en el cumplimiento de sus aciertos. Los años, las adversidades, los dolores del alma, ni. aun los padecimientos físicos doblarón de modo permanente la voluntad y el espíritu infatigable de esta dama excepcional. Aparte de su fe religiosa, llevase hasta el extremo, no tenía confianza más que en sí misma. Dos hechos al. parecer sencillos, lo demuestran: los más reputados médicos de Europa le habían impuesto un régimen severo de alimentación, y ella, a escondidas de sus cariñosos y vigilantes deudos, se hacía servir con predilección aque: llos manjares que más vedados le estaban. Cuando, después de la operación a que fué llevada - por el terror de quedar su vida en una ceguera que le privara de la lectura y del deleite del trato humano, comprendió al recuperar su vista que el peligro había - pasado, lo primero en que pensó fué en planear sus viajes marítimos desde el Cap-Martin, y en ir en su yate para efectuar un viaje de estudio y de recreo al Japón. / (18 M = = e f F f í s JE de 0 da CS 79 COLO peo, AS CONSI ie a ss Es > ES . ENS ROTA s AAA 4 Da S de ; E A OE OEA PA, e ds e Re AROS h RS $e : Ne IDO (in UA puna NAS ON