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’Ilu (Madrid) 22 2017: 203-220 203 Tras las huellas de lo sagrado: un repaso crítico por las propuestas darwinistas para explicar la conducta religiosa Álvaro Gómez Peña1 Recibido: 12 de diciembre de 2016 / Aceptado: 6 de febrero de 2017 Resumen. En el presente estudio se realiza un repaso historiográfico por las principales hipótesis que se han propuesto desde la epistemología darwinista para explicar la conducta religiosa. Para ello, en primer lugar se analizan los pilares básicos del darwinismo: variación, herencia y selección. Teniendo presente esta tríada de conceptos, en un segundo punto se pasa a examinar el fenómeno religioso desde dichos presupuestos teóricos. En este sentido, los darwinistas han analizado la religión bien como una conducta neutra en tanto que exaptación, como un fenómeno no-adaptativo desde una perspectiva memética en tanto que anacronismo y como una práctica adaptativa desde un punto de vista individual y multinivel. En último lugar, se aporta una reflexión crítica sobre los problemas y soluciones que aporta cada perspectiva. Palabras clave: Historiografía; Exaptación; Memética; Selección multinivel. [en] Following the traces of the sacred: a critical review of Darwinian proposals to explain religious behaviour Abstract. In the present study a historiographical review is performed according to the main hypotheses have been proposed from a Darwinian point of view to analyse religion. First, the basic pillars of Darwinian theory are analysed: variation, inheritance and selection. Keeping in mind these previous ideas, Darwinists theorists have analysed the religion well as neutral phenomenon while exaptation, as a non-adaptive phenomenon from a memetic perspective while anachronism and as an adaptive phenomenon from a single and multilevel standpoint. Finally, a critical review is realised about problems and solutions of each perspective. Keywords: Historiography; Exaptation; Memetics; Multilevel Selection. Sumario. 1. Introducción 2. Análisis darwinista del fenómeno religioso 2. 1. La religión como fenómeno neutro: subproducto 2.2. La religión como fenómeno no-adaptativo: memética y anacronismo. 2.3. La religión como fenómeno adaptativo: individual y multinivel 3. Análisis crítico a modo de conclusión. 4. Bibliografía. Cómo citar: Gómez Peña, A. (2017), Tras las huellas de lo sagrado: un repaso crítico por las propuestas darwinistas para explicar la conducta religiosa, en Ἰlu. Revista de Ciencias de las Religiones 22, 203- 220. 1 Universidad de Sevilla (España). E-mail: [email protected] ’Ilu. Revista de Ciencias de las Religiones ISSN: 1135-4712 http://dx.doi.org/10.5209/ILUR.57413 ARTÍCULOS
Gómez Peña, Á. ’Ilu (Madrid) 22 2017: 203-220204 1. Introducción Tradicionalmente ha existido un intenso debate entre los defensores del evolucionismo darwinista y los partidarios del creacionismo veterotestamentario sobre la idoneidad de una u otra corriente para explicar la generación y existencia de la vida en la naturaleza. Dicha controversia se ha venido dando desde la publicación en 1859 de El origen de las especies por parte de Charles Darwin. En este sentido, famoso fue y sigue siendo el debate de Oxford que tuvo lugar en 1860 entre Samuel Wilberforce, obispo de dicha localidad, y Thomas Henry Huxley, biólogo británico. Siglo y medio después de la publicación de la más famosa obra de Darwin, dicha controversia sigue estando latente entre buena parte de la población. Sirva como ejemplo la encuesta elaborada por la empresa Gallup entre individuos adultos de Estados Unidos aprovechando que se cumplían 150 años de la aparición de El origen de las especies.2 En ella, el porcentaje de encuestados que está a favor de la teoría de la evolución crece si su nivel de estudios es mayor, lo que demuestra que las instituciones educativas juegan un importante papel en este asunto. Por otra parte, existe una relación inversa entre la regularidad con la que los encuestados asisten a ceremonias religiosas y el ser partidario de la evolución darwinista. La respuesta a porqué el darwinismo y la religión aparecen con frecuencia como modelos incompatibles reside en que la inmensa mayoría de los credos entienden que las especies son inmutables, o a lo sumo transformistas –que han ido cambiando su aspecto pero no han dejado de ser esas especies y no otras–, lo que se ha venido definiendo tradicionalmente como una visión esencialista de la cuestión. A este respecto, sin lugar a dudas existen características distintivas de cada ser vivo que le hacen único, como la combinación de su color de ojos, sus marcas en la piel, su tipo de pelo, su estatura, su complexión, etc. Sin embargo, desde la postura esencialista estas características son accidentales. Así, desde el principio de los tiempos han existido las mismas especies –esencias– como si de compartimentos estancos se tratara, y aunque dichas diferencias –accidentes– entre seres de una misma especie sean notables, de ningún modo pueden trascender dichos compartimentos estancos. Rompiendo con esta forma de pensamiento, Darwin se aupó sobre los hombros de quienes antes que él habían propuesto eliminar el concepto fijista y otorgar todo el protagonismo a los accidentes individuales con su teoría de la selección. Es decir, a la suma de características propias de cada individuo que se irían transmitiendo de generación en generación con modificaciones –lo que se conoce hoy como genes y Darwin intuyó como gémulas–. Sería por tanto la suma de esas modificaciones genéticas a lo largo de miles y miles de años la que habría conseguido potenciar especies tan disímiles entre sí hasta el punto de que si se intentaran cruzar entre ellas no dejarían descendencia fértil. Hecha esta aclaración, el presente estudio no pretende dar cuenta de los enfrentamientos entre darwinistas y fijistas. Lo que se quiere en estas páginas es mostrar que a pesar de dicha aparente confrontación, es posible analizar la conducta religiosa desde una óptica darwinista. Se trata de una cuestión en absoluto carente de 2 http://www.gallup.com/poll/114544/darwin-birthday-believe-evolution.aspx [Web consultada por última vez el 11 de marzo de 2017].
Gómez Peña, Á. ’Ilu (Madrid) 22 2017: 203-220 205 dificultad, pues la especificidad que ha caracterizado al ser humano en este ámbito es el principal motivo por el cual Edward O. Wilson, el padre de la sociobiología, llegó a calificar el estudio de la religión como el mayor desafío al que se enfrenta el darwinismo.3 Por conducta religiosa se entiende la creencia en una o varias fuerzas sobrenaturales, es decir con mayores capacidades que las que veríamos en la naturaleza sin su concurso, que pueden influir positiva y/o negativamente en las vidas de sus fieles, para lo cual se establece una relación con dichas fuerzas personificadas o no, mediante rituales y tabúes que intentan incentivar los comportamientos positivos y minimizar los negativos. Vista la religión desde esta perspectiva, desprovista de cualquier etiqueta que pueda nublar la comprensión del discurso, los investigadores darwinistas han tratado de explicar el fenómeno religioso del mismo modo que habrían abordado cualquier otro tema. 2. Análisis darwinista del fenómeno religioso Nadie duda de que la evolución –no el darwinismo– sea un hecho. Existe una gran cantidad de datos mensurables que avalan esta realidad a distintas escalas. En este sentido, el estudio del pasado, humano o no humano, no escapa a ello. Sin embargo, explicar cómo suceden los cambios no es tarea fácil ni cuenta con una unanimidad de criterios entre los investigadores que han abordado esta cuestión.4 La propuesta que cuenta con el respaldo de la mayoría de los científicos es la corriente darwinista. El motivo de tal apoyo se encuentra, siguiendo a E. Mayr,5 en el hecho de que este cuerpo epistemológico ha sabido conjugar cinco grandes ideas complementarias para explicar la historia de la vida sobre la Tierra: (1) el cambio perpetuo, que establece que la naturaleza está cambiando continuamente; (2) el origen común, que postula que cada grupo de organismos procede de un antecesor común, y en consecuencia, existe un origen único para todos los seres vivos; (3) la diversificación de las especies, que explica cómo se produce la enorme diversidad de los seres vivos; (4) el gradualismo, que propone cambios paulatinos en las poblaciones para la aparición de nuevas especies; y (5) la selección natural, un mecanismo de reproducción diferencial que favorece a los mejor adaptados al entorno. Esta última idea –la selección natural– se basa en tres pilares básicos. Primero, debe existir un registro sobre el que quepa la posibilidad de copia –herencia–. En segundo lugar, la herencia de dichos rasgos no puede ser una réplica perfecta sino abierta a mutaciones o modificaciones de un individuo a otro, lo que origina variación en el registro. En último lugar, deben existir diferencias en la aptitud del registro, es decir las interacciones entre el registro y el medio ambiente en el que existe el número de copias será disímil dada su variación, lo que comúnmente se denomina como selección. En consecuencia, el número de ejemplares con éxito para la siguiente reproducción se habrá visto de nuevo sometido al mismo proceso –feedback–. En esencia, estos tres sencillos requisitos son los pilares básicos para poder 3 Wilson 1980, 246. 4 vid. Gutiérrez 2010, 15-16. 5 Mayr 1992, 48-50.
Gómez Peña, Á. ’Ilu (Madrid) 22 2017: 203-220206 articular una explicación darwinista de la vida.6 Sin embargo, las implicaciones de estos tres puntos van más allá. Teniendo muy presente estos elementos, la escuela darwinista se caracteriza por determinar cuáles son dichos rasgos heredables, cómo ocurre dicho proceso y las causas y consecuencias que se derivan de él. Es esta la metodología que se ha utilizado para tratar de explicar la conducta religiosa. Desde la perspectiva de la tríada darwinista herencia-variación-selección, la existencia de la conducta religiosa ha sido enfocada desde las tres perspectivas posibles en que toda mutación es estudiada por los darwinistas. A saber, que la religión sea un comportamiento adaptativo, negativo o neutro. Esta cuestión que aquí se trata mantiene dividido a un buen número de psicólogos y antropólogos darwinistas. De una parte, se encuentran aquéllos que consideran que la religión ha sido adaptativa en términos de descendencia. Es decir, que los individuos o los grupos religiosos dejaron mayor número de descendientes y por lo tanto pudieron transmitir esta conducta de generación en generación a más personas en detrimento de quienes no lo eran. No hay que confundir el término adaptativo con cuestiones de otra índole que no sean estrictamente reproductivas, que es como los darwinistas interpretan el éxito evolutivo de una mutación, desprovisto de cualquier connotación social, política o económica. De otra parte, se encuentran quienes opinan que la religión influye negativamente en el éxito reproductivo de nuestra especie. Mientras que hay un tercer grupo de autores que consideran que la religión no ofrece datos ni a favor ni en contra del éxito reproductivo y que por lo tanto es una conducta neutra en los términos aquí tratados.7 Por lo general, estas tres perspectivas parecen incompatibles, sin embargo el problema se encuentra en las preguntas de partida que han hecho los investigadores y en varias malinterpretaciones de la teoría darwinista a la hora de dar respuesta a dichos interrogantes. Así, los partidarios de ver la religión como una conducta positiva en términos biológicos se han venido preguntando por qué es adaptativa la religión y cómo se han generado las conductas que lo son. Los que ven los comportamientos religiosos como negativos se preguntan cómo es posible que persistan y se transmitan los conceptos religiosos de individuo a individuo. Mientras los terceros se plantean cuál es el origen cognitivo del pensamiento religioso –en este último caso, aunque los estudios cognitivos son asumidos generalmente por los investigadores darwinistas, los cognitivistas no tienen por qué aceptar los postulados de dicha corriente epistemológica–. Con base en estas tres posiciones y sus preguntas de partida, se han creado cinco hipótesis de trabajo que la inmensa mayoría de las veces han sido vistas por los interesados de nuevo como incompatibles, cuando no contrapuestas. Sin embargo, un recorrido por ellas y sus implicaciones permite arrojar luz sobre los malentendidos de unos y otros. Quienes ven la religión como un fenómeno que no puede entenderse en términos adaptativos o negativos, sino como una exaptación, se han propuesto verla como un subproducto de otras adaptaciones (1). Para aquellos que 6 Gould 2004, 25-38. 7 Cinco buenas aproximaciones a este galimatías teórico y los posibles caminos metodológicos que se han andado desde el darwinismo en su aplicación a la conducta religiosa se encuentran en J. W. Dow 2006, M. Ruse 2008, 304-312, G. Andrade 2009, 305-334 y T. Bourrat 2015. La misma problemática en términos generales ha sido expuesta por L.-G. Pérez-Aguilar 2011.
Gómez Peña, Á. ’Ilu (Madrid) 22 2017: 203-220 207 defienden que la religión es un fenómeno negativo en términos adaptativos se ha barajado para su explicación una hipótesis memética (2) y una anacrónica (3). En último lugar, los que aceptan que la religión sí es un fenómeno adaptativo desde un punto de vista darwinista han realizado una explicación a nivel individual (4) y otra a escala multinivel (5).8 2.1. La religión como fenómeno neutro: subproducto De una parte, se encuentran los investigadores que sostienen que el pensamiento religioso ha surgido como un subproducto (1) de las auténticas conductas y módulos cerebrales que sí son adaptativos. El término subproducto –byproduct– es empleado por los autores que lo utilizan como sinónimo de exaptación. Este concepto puede explicarse del siguiente modo. Dado un rasgo determinado, ya sea de un individuo o de un conjunto de individuos, que evoluciona originalmente como adaptación a unas determinadas condiciones, una vez consolidada su adaptación acaba empleándose con una finalidad diferente de la que tuvo en origen. Un ejemplo terminará de aclarar esta definición. Se ha propuesto que varios dinosaurios no voladores habrían contado con plumas entre sus atributos corporales. Dichas plumas habrían actuado como reclamos sexuales, derivándose en un mayor éxito reproductivo de quienes las portaban. En ningún caso tales plumas acabaron teniendo valor adaptativo como atributos que permitían a dichos dinosaurios volar. Tan sólo con el paso de millones de años las plumas acabaron siendo utilizadas como instrumentos aeronáuticos por parte de las aves, influyendo en su tasa de reproducción. A este cambio de uso se le denomina exaptación. Siguiendo esta línea argumental, los autores que defienden que la religión sería una exaptación consideran que ésta no ha sido en sí misma una conducta adaptativa. El verdadero rasgo adaptativo habría sido la antropomorfización de la naturaleza y la hiperdetección de agentes en ella. El primero en abrir el camino desde esta perspectiva fue S. Guthrie.9 Para este autor, los humanos tenemos tendencia a dar características animadas y antropomorfistas a la naturaleza, por lo que la religión pudo tener su punto de partida en esta expresión. Terremotos, inundaciones, lluvias o erupciones volcánicas, por ejemplo, serían fruto de la intencionalidad de actores invisibles «sobrenaturales» que reflejarían sus actos a través de la naturaleza. En estos términos expresaba su idea en el artículo en que dio por primera vez a conocer su idea: My argument may be put in five propositions and two informal deductions, as follows: P1. Phenomena (aspects of the world as known through our senses) initially are ambiguous. D1. Therefore phenomena (at least salient or potentially significant ones) must be interpreted. P2. Phenomena are interpreted by a set of models based on experience of analogous phenomena. 8 Smith y Arrow 2010, 49. 9 Guthrie 1980; 1993.
Gómez Peña, Á. ’Ilu (Madrid) 22 2017: 203-220208 P3. A model by which to interpret a phenomenon in a context is chosen from the set by (a) its capacity to generate the phenomenon, (b) the likelihood of occurrence of the phenomenon from which the model derives, and (c) its subjective importance to the observer. P4. Humans, (a) because they are complex and multifaceted, generate a very wide range of phenomena; (b) as social beings, are likely to be wherever the human perceiver may be; and (c) are the most important factor in the human environment. D2. Therefore human-like models frequently are chosen to interpret ambiguous phenomena. P5. Generalization and systematization of this choice is the cognitive basis of religion.10 El posible surgimiento de la religión como una antropomorfización de la naturaleza tiene cumplida respuesta en la teoría de juegos.11 Aun así, la fuerza de esta hipótesis radica en que la antropomorfización no es un recurso grupal para explicar el comienzo de las creencias en lo sobrenatural, sino individual y compartido por todos los seres humanos dadas sus características cerebrales. Basado en este supuesto, la religión se construiría a partir de estas percepciones individuales, repitiéndose el proceso en cada persona. Se asume así que el origen de las creencias puede rastrearse antropológicamente en el presente, y no es necesario acudir al pasado para buscarlo. Al igual que Guthrie, autores como P. Boyer,12 S. Atran13 y L. Kirkpatrick14 entre otros consideran que nuestro cerebro ha evolucionado desarrollando capacidades como la superdetección de agentes en la naturaleza, o lo que es lo mismo, creer como primer impulso que los sonidos o movimientos que percibimos no son fruto del viento, las hojas o el agua, sino de seres vivos, por lo que se acaban vivificando los hechos. Estos investigadores consideran que esta postura ha sido bastante adaptativa en el pasado, ya que pudo permitir a nuestra especie sobrevivir más fácilmente estando alerta. A ello se suman otras hipótesis de carácter cognitivista, como intentar dar explicación de manera intuitiva a lo que ocurre en la naturaleza, aunque ello conlleve dar respuestas contraintuitivas que entren dentro del plano de lo religioso. A priori podría ser poco razonable que las ideas contraintuitivas, es decir, aquéllas que parecen contradecir la lógica que vemos en los hechos, sean tenidas en cuenta y transmitidas con mayor éxito que otras. Sin embargo, autores como J. L. Barrett y M. A. Nyhof han demostrado con varios experimentos que lo cierto es lo contrario. El primero de los llevados a cabo consistía en dar a leer a los participantes historias con ideas ordinarias y contraintuitivas. Nada más acabar de leerlas, se les pedía que contaran lo que habían leído. Ambos autores comprobaron que los lectores recordaban un 60,3% de los conceptos contraintuitivos en las obras frente a un 43,3% de los conceptos ordinarios. El segundo experimento estuvo estructurado de similar manera, aunque añadiendo conceptos poco usuales, como por ejemplo un periódico rosa, que si bien puede ser posible es altamente improbable de experimentar en la vida cotidiana. Sin embargo, esta vez se pidió a los lectores que contaran la 10 Guthrie 1980, 187. 11 Guthrie 1993, 47-48. 12 Boyer 2002. 13 Atran 2004. 14 Kirkpatrick 2005.
Gómez Peña, Á. ’Ilu (Madrid) 22 2017: 203-220 209 historia a un tercero y éstos a un cuarto hasta alcanzar tres generaciones. Los resultados fueron semejantes. Los conceptos contraintuitivos eran los más transmitidos. El tercer experimento consistió en hacer contar la historia a un tercero. Los resultados mostraban nuevamente que los hechos contraintuitivos eran recordados por encima de los usuales –un 71,1% frente a un 43,5%–. La novedad esta vez radicaba en que a los participantes se les pidió recordar la historia tres meses después, siendo los porcentajes de un 57,2% frente a un 21,0%. De igual modo, el último experimento consistió en sustituir los elementos cotidianos por elementos bizarros. De nuevo los resultados fueron los mismos. La conclusión a la que llegaron Barrett y Nyhof es que los conceptos contraintuitivos son más recordables que los lógicamente posibles, y por tanto su probabilidad de transmisión es mayor.15 En relación con estos experimentos, I. Pyysiainen, M. Lindeman y T. Honkela llevaron a cabo otra serie de estudios en que se ponía a prueba si los sucesos contraintuitivos en los que intervenían personajes eran considerados más probablemente religiosos o no. Para tal fin, se transfirieron características humanas a los animales, aspectos psicológicos a objetos naturales o fenómenos, y se le negaron cualidades físicas o biológicas a agentes intencionales. Los sujetos preguntados tenían que responder en una escala de 1 a 5 siendo 5 el nivel de religiosidad más alto. Los resultados de los dos primeros estudios mostraban que los individuos juzgan los sucesos contraintuitivos como más probablemente religiosos que los intuitivos (estudio 1: M=3.52 y M=2.14; estudio 2: M=3.46 y M=1.80). Los resultados para el tercer caso determinaron que no sólo los sucesos contraintuitivos eran juzgados como más religiosos, sino que los sucesos contraintuitivos que tenían agentes implicados eran considerados del mismo modo (M=3.39) frente a los que no (M=2.47). Al igual que los sucesos contraintuitivos en los que un agente tenía en cuenta los asuntos humanos eran vistos como más religiosos (M=3.57) que aquéllos en los que el agente era inconsciente (M=3.12).16 Al igual que las capacidades contraintuitivas, existen muchos mecanismos que han sido explicados por los seguidores de la hipótesis de la religión como subproducto. Son numerosas las sociedades que muestran una recurrencia en sus religiones a creer en la vida más allá de la muerte, en seres con poderes especiales, en los milagros y las señales sobrenaturales, en el creacionismo, en la posesión de los espíritus, en la necesidad de realizar rituales o en el castigo divino. Algunas de estas cuestiones han sido tratadas por los psicólogos y antropólogos darwinistas, como la creencia en el más allá en términos de nuestra incapacidad para simular la eliminación de nuestros estados mentales o las nociones de seres con poderes especiales como forma de explicar cuestiones que no encajan con la lógica que percibimos en la naturaleza, o el creacionismo como una predisposición a razonar de manera teleológica buscando una intencionalidad en las cosas que hacemos y ocurren a nuestro alrededor. Sin embargo, los autores partidarios de ver la religión como un subproducto han asumido que su postura es incompatible con la visión adaptativa de la religión. Es aquí donde se malinterpreta el sentido adaptacionista que propone el darwinismo. Cuando los humanos desarrollaron los módulos cerebrales que intervienen en la conducta religiosa, no lo hicieron con ninguna finalidad previa. Las 15 Barrett y Nyhof 2001. 16 Pyysiainen et al. 2003.
Gómez Peña, Á. ’Ilu (Madrid) 22 2017: 203-220210 mutaciones genéticas que desarrollaron dichos módulos se producen por azar. No hay teleología en ello. Vistas así las cosas, muy probablemente haya que dar la razón a quienes opinan que la religión ha surgido como un subproducto de partes de nuestro cerebro que tuvieron una utilidad más inmediata para nosotros, como la hiperdetección de agentes en la naturaleza comentada anteriormente, pero eso no invalida el hecho de que la conducta religiosa haya acabado mostrando una ventaja adaptativa por sí misma, como han propuesto otros investigadores darwinistas, como más adelante se verá. Precisamente, enlazando con el término ‘utilidad’, es su tergiversación la que ha llevado a algunos autores a pensar que la religión no es adaptativa. Es el caso de los investigadores que la han tratado como un parásito memético (2) y como un anacronismo (3). 2.2. La religión como fenómeno no adaptativo: memética y anacronismo El principal exponente de la hipótesis memética (2) es R. Dawkins. En su obra El gen egoísta,17 de gran éxito e igual polémica, este autor emplea la analogía gen-meme. Mientras la perspectiva del gen egoísta entiende al cuerpo como un vehículo para la transmisión de genes, la memética considera a la mente como el vehículo de los memes, es decir, de las unidades mínimas de información cultural. Los memes del mismo modo pueden sobrevivir –entiéndase la metáfora animada– y replicarse vertical y horizontalmente de generación en generación y de individuo en individuo. Las ideas, es decir los memes, son egoístas –siga entendiéndose la metáfora animada–. No importa si benefician o no al individuo, lo único que importa es que sigan existiendo, replicándose de mente en mente como si de una canción pegadiza se tratase. Tampoco tienen por qué hacer la vida de su huésped mejor, ni hacerle feliz, simplemente seguir existiendo y reproducirse. Así es como actúan para sus partidarios los memes religiosos. Sin embargo, Dawkins no es el único exponente de la propuesta memética. Otro de los autores es D. C. Dennett,18 quien distingue entre memes salvajes y memes domesticados. Existirían memes salvajes que se habrían generado y evolucionado por encima de las intenciones adaptativas de los individuos y grupos, transmitiéndose vertical y horizontalmente como propone Dawkins. Sin embargo, Dennett afirma que otros sí habrían sido domesticados para proveer beneficios individuales y grupales. Por su parte, los anacronistas (3), que están estrechamente relacionados con los memeticistas hasta el punto de que en ocasiones los partidarios de unas y otras corrientes interpretativas usan ambas hipótesis complementándolas, focalizan la atención en la disfuncionalidad que presentan las religiones modernas.19 Para explicar en qué consistiría este anacronismo, Dennett hace una analogía con nuestra atracción actual por alimentos altamente calóricos a la que denomina sweet tooth. Según este autor, dado que la vida de las tribus cazadoras-recolectoras que nos precedieron era escasa en alimentos, éstas habrían desarrollado el instinto de comer alimentos altamente calóricos para hacer frente a las tareas cotidianas, generándose una necesidad genéticamente innata a este tipo de alimentos como mecanismo de 17 Dawkins 2008 [1976]. 18 Dennet 1998; 1999; 2007. 19 Dennett 2007.
Gómez Peña, Á. ’Ilu (Madrid) 22 2017: 203-220 211 adaptación. Sin embargo, ese instinto en un contexto predominantemente sedentario como el de las sociedades occidentales actuales ha acabado produciendo un anacronismo que hace que tendamos a preferir los lugares de comida rápida y aumente el índice de obesidad. Del mismo modo, la religión es vista por este tipo de investigadores como una adaptación ancestral que actualmente es maladaptativa, lo que la habría convertido en un anacronismo frente al pensamiento científico.20 Ejemplo de ello serían los tabúes alimenticios producidos por problemas de seguridad como el caso del cerdo y su asociación a la triquinosis. Dicho tabú, antiguamente adaptativo, sería una cuestión anacrónica en el actual contexto occidental. En contra, algunos autores han apuntado las correlaciones existentes entre religiosidad y salud física, lo que en opinión de estos investigadores habría aumentado las probabilidades de sobrevivir y de éxito reproductivo reduciendo la ansiedad y el estrés, promoviendo la cooperación, incrementando la solidaridad de grupo y disminuyendo los conflictos intragrupales. Vistas en perspectiva ambas hipótesis, mientras la memética ha tratado de explicar la religión como una competición intermemética independientemente del éxito evolutivo individual o grupal de los humanos, la propuesta anacronista resalta que los cambios de contexto se producen más rápido que las adaptaciones, por lo que la religión se encontraría en estos momentos en un cambio de contexto en el que estaría siendo absorbida por otras posturas con mayor éxito evolutivo, caso del pensamiento científico. Por otro lado, tanto memeticistas como anacronistas todavía no han conseguido llevar a la práctica sus teorizaciones,21 así como malinterpretan el concepto de éxito evolutivo.22 El éxito evolutivo en términos darwinistas se mide en el número de descendencia que se deja generación tras generación.23 Es decir, que si tener conductas religiosas hace que se tengan más hijos que potencialmente pueden ser a su vez religiosos frente a quienes no practiquen dichas conductas, la religión habrá resultado un éxito evolutivo. Independientemente de que lo que dicha religión promulgue sea verdad o no, o pretenda engañar a las masas en su propio beneficio, o trate de mantener el orden social establecido, o resulte conveniente con el ideal moral o político que cada uno tenga del mundo, etc. Todas estas cuestiones son teleológicas y secundarias en los términos que aquí se plantean. 2.3. La religión como fenómeno adaptativo: individual y multinivel Por último, quienes postulan que la religión es un fenómeno adaptativo han dividido sus interpretaciones en dos bandos. Por una parte, se encuentran quienes consideran que sólo lo es a nivel individual (4), mientras que por otro lado están quienes lo analizan desde una escala multinivel (5), lo que supone combinar el nivel individual con el nivel de grupo. 20 Smith y Arrow 2010, 59-60. 21 Aunger 2000. 22 Smith y Arrow 2010, 57-59. 23 Un memeticista que parece haber entendido esta idea es el psicólogo D. Campbell (1975), para quien los memes religiosos habrían entrado en competición con otros no religiosos, habiendo salido ganando las conductas que dejan mayor tasa de reproducción para sus seguidores, sean éstas religiosas o no.
Gómez Peña, Á. ’Ilu (Madrid) 22 2017: 203-220218 giosos. Sin embargo, en ningún momento tiene en cuenta si las familias religiosas presentan más altos índices de natalidad que las familias que se declaran no practicantes. En ello consistió el estudio realizado por M. Blume45 en el que se concluía que las mujeres religiosas, con independencia de qué credo siguiesen, tenían más altos niveles de descendencia que las mujeres no adscritas a ninguna religión. En resumidas cuentas, para los darwinistas la religión se presenta como una singularidad humana que hunde sus raíces en características cognitivas que han permitido traducir en clave religiosa las conductas éticas y morales que se comparten con otros primates. El éxito evolutivo de tener una conducta religiosa radica en la minimización de incertidumbres y el reforzamiento de los códigos de comportamiento dentro del grupo, lo que le cohesiona y hace aumentar las probabilidades de supervivencia frente a otras comunidades. En este sentido, algunos psicólogos evolucionistas, neurobiólogos y antropólogos darwinistas han tratado de analizar el porqué de la religión desde diferentes puntos de vista. Sin embargo, no ha sido hasta mediados de la pasada década cuando el movimiento ha tomado conciencia de su multidisciplinariedad en el encuentro que tuvo lugar en la hawaiana isla de Oahu a principios de 2007 con unas jornadas que acabaron dando lugar a la edición de The Evolution of Religion: Studies, Theories, & Critiques,46 seguida de la posterior The Biological Evolution of Religious Mind and Behavior.47 En definitiva, tal y como ha expresado Burkert hace escasos años: Si bien la naturaleza ha dejado de existir como una esencia o una matriz inmutable y aparece más bien [como] un proceso irreversible de autoorganización en patrones transitorios que emergen del caos, no podemos escapar de la participación en ese proceso porque también nosotros hemos sido formados por la antiquísima evolución de la vida. En este sentido, la «naturaleza» biológica está actuando en cada uno de nuestros actos y nuestros pensamientos, igual que los cambios en la naturaleza y las amenazas a las que ésta se ve sometida están afectando nuestra propia existencia. El estudio de la naturaleza y el autoconocimiento humano ya no deberían estar separados, a pesar de que Sócrates, hace mucho tiempo, insistió en que eso era lo correcto. Y si la religión constituye un elemento integrante del mundo humano, que es parte de la naturaleza, comprender la religión debería ser parte del mismo esfuerzo teórico, en un marco de antropología natural (biológica).48 4. Bibliografía J. Alvar, «La alquimia del alimento: el sacrificio ritual», ARYS 9 (2011) 21-32. G. Andrade, El darwinismo y la religión, Universidad de Cantabria, Santander, 2009. S. Atran, In Gods we trust: the evolutionary landscape of religion, Oxford University Press, New York – Oxford, 2004. R. Aunger, «Introduction», R. Aunger (ed.), Darwinizing culture. The status of memetics as a science, Oxford University Press, Oxford, 2000, 1-23. 45 Blume 2009. 46 Bulbulia et al. 2007. 47 Voland y Schiefenhövel 2009. 48 Burkert 2009, 11.
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