"El tiempo crudo, los bagajes abandonados": testimonios de la retirada de John Moore (1809) entre Astorga y El Bierzo
Abstract
Prosigue aquí un artículo anterior sobre el recorrido del ejército inglés y sus perseguidores franceses en su retirada hacia La Coruña por Benavente y Astorga; se trata ahora de observar la desbandada desde Astorga hasta rebasar los puertos de Manzanal y de Foncebadón. Seguimos los pasos del general hannoveriano August von dem Busche (1771-1844), entonces capitán de caballería en el iii regimiento de húsares de la Legión Alemana, que protegía la retaguardia inglesa, casi un día tras la infantería.
Full text
20 - Argutorio 39 - I semestre 2018 Prosigue aquí un artículo anterior sobre el recorrido del ejército inglés y sus perseguidores franceses en su retirada hacia La Coruña por Benavente y Astorga; se trata ahora de observar la desbandada desde Astorga hasta rebasar los puertos de Manzanal y de Foncebadón. Seguimos los pasos del general hannoveriano August von dem Busche (1771-1844), entonces capitán de caballería en el iii regimiento de húsares de la Legión Alemana, que protegía la retaguardia inglesa, casi un día tras la infantería. El marco de operaciones es el siguiente (Hay 1850: 73-77): el grueso del ejército inglés llegó a Astorga el 30 de diciembre de 1808; allí estaban las tropas españolas de La Romana. Desde León y Benavente avanzaban los franceses, espoleados por el emperador. La retirada de Astorga comenzó con las divisiones de Fraser y Hope, saliendo por la calzada de Manzanal o camino real con relativa disciplina hasta Bembibre, lugar que abandonan antes de caer la noche del 31. Las brigadas ligeras de Von Alten y Craufurd, con unos 3000 hombres, salen el mismo 31 por el camino viejo de Murias, Santa Catalina, El Ganso y Rabanal, lugar este donde hacen noche (B 170); con Alten va el grueso de la Legión Alemana, aunque no Busche (Stricker 1850: 78; Davies 1974: 188). Por el camino viejo alcanzan y adelantan a las tropas españolas del general Romana, en deplorable estado. El día 1, pese a la nieve y el frío, las brigadas ligeras alcanzan Ponferrada. Este camino era impracticable para la artillería (Bl 194)1, por lo que casi todo el ejército británico fue por la calzada nueva, que franqueaba el puerto de Manzanal. Tras Bembibre, la calzada pasaba el Sil por Congosto, y seguía por Cabañas Raras y Cacabelos. El camino viejo, pasado Rabanal, iba por Foncebadón, Acebo y Molinaseca a Ponferrada. Allí un ramal seguía a Orense, el elegido por los españoles; otro confluía con la calzada nueva en Cacabelos (Hay 1850: 75). Por la calzada nueva avanzan el día 30 las divisiones Fraser y Hope. El capitán Wall, que iba con Fraser, indica que hicieron 34 millas sin detenerse un instante, entre tremendas nieves (Wall 1896)2. El 31 les sigue la división Baird, que encuentra los pueblos cerrados y hostiles, por lo que la tropa, hambrienta y desvestida, con numerosos rezagados, se da al saqueo. De camino al puerto, los soldados de Baird incendian un pueblo grande (Gordon 1913: 151; Davies 1974: 187)3, y alcanzan Bembibre el 1 a las 6 a. m.; la soldadesca se desencadena, y cunden incendios y asaltos a bodegas (B 176)4; tras pocas horas, salen de allí a las 10 a. m. del 1 hacia Cacabelos5. En la retaguardia del cuerpo principal inglés iban la caballería y la división de reserva, comandada por Edward Paget. El 31 salieron de Astorga al atardecer, parando unas horas en Combarros; allí pasó la noche anterior la división de Hope (Johnson 1809: 84)6. Con este grupo iba el cuartel general inglés, John Moore a la cabeza; su llegada a Bembibre se produjo en la mañana del día 1 (Hay 1850: 76; Hook 1832: 309)7. Gordon, del xv de húsares, que va en la retaguardia inglesa, atraviesa el puerto de Manzanal el 1 y alcanza Bembibre sobre las 4 de la tarde (Gordon 1913: 151); Bogue, de la artillería, duerme esa noche en San Román (Leslie 1908: 62). El día 2, el grueso del ejército inglés alcanzó Villafranca, y la retaguardia hizo noche en Cacabelos (Oman 1902: 567); las últimas unidades, entre ellas los húsares alemanes, llegaron el 3 por la tarde a Villafranca (Sw I: 196). La persecución francesa, encomendada por Napoleón al mariscal Soult, iba precedida por la caballería ligera de Colbert y los dragones de Lahoussaye; «EL TIEMPO CRUDO, LOS BAGAJES ABANDONADOS»: TESTIMONIOS DE LA RETIRADA DE JOHN MOORE (1809) ENTRE ASTORGA Y EL BIERZO Pascual Riesco Chueca
Argutorio 39 - I semestre 2018 - 21 todos salieron en pos de los ingleses por la calzada de Manzanal; la división Heudelet iba en retaguardia (Oman 1902: 563). El 2 de enero, Soult atraviesa el puerto de Manzanal bajo la nieve. Los húsares alemanes entran en contacto con las avanzadillas francesas. Ya el 2 de enero habían perdido en tales refriegas dos hombres y siete caballos (Sw I: 195). Peor fortuna tuvieron los numerosos rezagados ingleses y españoles, muchos de ellos ebrios tras visitar las bodegas bercianas. La vanguardia francesa iba pisándoles los talones. En la noche del 1 al 2 Colbert estaba en Torre del Bierzo, y el resto de la caballería acampaba entre Manzanal y Santa Cruz [de Montes] (Bl198). Según el boletín francés, por el camino nuevo y hasta el día 2, Colbert había hecho 2000 prisioneros y liberado a unos cuarenta franceses presos por los ingleses (Bu 13.1.1809); ese mismo día, su caballería ligera se adentró en Bembibre8, seguida de la infantería de Merle, que durmió en Bembibre y San Román y el 3 por la mañana marchaba hacia Villafranca; Mermet alcanzó Torre y Manzanal en la tarde del 2; Delaborde llegó a Combarros (Bl198-200). El resto de la caballería francesa entró en Bembibre el 3 sobre la 1 p. m. (Moore Smith 1903: 386). El mismo día por la mañana, Colbert, a quien por su belleza comparaban a Antinoo, pasó por Cabañas Raras, al par de la infantería (Bl199, 200): una bala inglesa lo abatía al caer la tarde en un ribazo de viñedos junto a Cacabelos (Bl 204; Toreno 1835: 222; Zaidman 2011: 93). William Bradford (1809) Puerto de Manzanal. Grabador I. Clark. Publicado por J. Booth, Londres, 26.5.1809. Durante la nochevieja, Busche había resistido el hostigamiento de escaramuzadores franceses en un puesto cercano a Celada, junto al puente de Valimbre. No bien comenzado el año, en la madrugada del 1 de enero, Lord Paget, con su división de reserva, releva al grupo de Busche, tras elogiar su actuación y la posición elegida. Busche recibe la orden de sumarse al cuerpo principal inglés, orillando Astorga hacia Bembibre: salen a las dos de la madrugada. Por Manzanal siguió pues Busche, acompañando a la reserva de Paget, que había pasado la nochevieja en Combarros. Blakeney recuerda que el 31 avanzaron lentamente de Astorga a Combarros, donde llegan al atardecer, tras ir destruyendo provisiones y pertrechos imposibles de transportar por falta de bestias de tiro9. En Combarros había enfermos y rezagados del ejército de La Romana, en deplorable estado, a los que asisten con el único remedio disponible, un trago de ron (Sturgis 1899: 47)10. Ormsby (1809: 120) pasó la noche del 30 al 31 «en la infortunada aldea de Bombarras [Combarros]»; esta «había sido del todo abandonada por sus aterrados habitantes; y fue inevitable el tener que forzar las puertas» (cf. Santacara 2005: 135). Previamente Ormsby atraviesa otra pequeña aldea (Requejo o Pradorrey): «muchos eran los cadáveres insepultos que yacían junto a las puertas. Parecía como si hubiesen tenido que salir de sus casas, por no tener comida ni abrigo, y hubiesen sucumbido a la crudeza del tiempo». Este mismo recorrido desde Astorga es descrito por el suizo Sprünglin, capitán del estado mayor francés, que avanzó el día 2 o 3 de enero: hasta Prado del Rey el terreno se eleva imperceptiblemente […]. El suelo rojizo y arcilloso está casi todo cubierto por humildes brezos de extremidades ramoneadas por los animales. Por este pueblo, del todo incendiado, que contaba antes con cincuenta hogares, se atraviesa un pequeño arroyo; el torrente ha excavado un hermoso valle, por cuyos flancos la calzada baja y asciende con grandes sinuosidades. A media legua de Prado del Rey está Combarros, situado cerca de un segundo arroyo que vierte aguas al Tuerto; este pueblo tiene setenta hogares (Sp 357). Volvamos a Busche: Las lomas tras Astorga van elevándose hasta hacerse montañas. Los valles se acentúan y los arroyos discurren más raudos. En vez de los monótonos llanos de antes, íbamos conquistando los más encantadores panoramas. Las aldeas estaban todas repletas de tropas, sobre todo rezagados pertenecientes al cuerpo de Romana, que con unos 5000 hombres se había apresurado a emprender la fuga desde León, huyendo de la avanzada francesa. Ahora iban siguiendo al ejército británico y, más que soldados disciplinados, parecían hordas. Esta pobre gente iba mal vestida, la caballería estaba especialmente mal equipada. Pero no les faltaba del todo el valor (D 349).
22 - Argutorio 39 - I semestre 2018 Por el camino a Bembibre, sin precisar lugar, Busche describe algunas casas ardiendo, cuyas llamas compiten con las luces del alba: «el tañido de las campanas a rebato en monasterios próximos se mezclaba con el rodar de los carruajes bélicos y el fragor de los torrentes despeñándose de la montaña» (D 349). Como Busche, Schaumann, de la intendencia inglesa, emprendió camino desde Astorga durante la nochevieja, y el amanecer del 1 lo sorprende en la calzada de Manzanal, a caballo y medio dormido. A ratos masca nieve para aliviar la sed. Describe a los maragatos: «en estas montañas y particularmente en Manzanal y alrededores se hallan muchos descendientes de los moros, como demuestra a las claras su singular atuendo, casi agitanado, y su complexión morena oscura». Explica la ausencia de hombres en los pueblos: «las maragatas […], cuyos maridos estaban ausentes, unos como muleros, otros como pastores de la Mesta, alzaron agudos gritos de alarma al forzar nosotros las puertas, se mesaban los cabellos e intentaban defender sus bienes con uñas y dientes» (Schaumann 1922: 309). El saqueo en cuestión ocurre, según el autor, en Manzanal11, aunque cabe pensar que ello no es exacto; por entonces, el pueblo ya estaba carbonizado. Por otra parte, a continuación recuerda haber pasado por otro pueblo llamado Sevadon (Foncebadón), en la cima de la sierra (310). En todo ello parece calcar una carta del médico Adam Neale, fechada en Cubillos el 30 de diciembre: carta plagada de inconsistencias, que luego repite Schaumann. Neale salió de Astorga el 29, con algunos carruajes de ballesta cargados de enfermos; este transporte delicado implica que tomó la calzada nueva por Manzanal, aunque declare haber pasado también por Foncebadón, Molinaseca y Ponferrada. Sin duda hay desmemoria o pastiche. Duerme la noche del 29 al 30 en la antes citada palloza de Manzanal; al día siguiente avanza hasta Bembibre, que encuentra ocupado por la división de Fraser, por lo que ha de pasar la noche del 30 al 31 en Cubillos (Neale 1809: 286-296). La división de Baird, indica su cronista Hook, salió de Astorga a las 4 de la madrugada del 3112, alcanzando al acabar la tarde Manzanal, «un pequeño pueblo asentado en medio de formidables montañas cuajadas de nieve13»; por estar atestado de tropa el lugar, faltó comida para la cena; los soldados mataron algunos terneros y, al no haber leña, «las míseras cabañas de los nativos pagaron las consecuencias»14. Baird castigó con severidad estos desmanes. La tropa reposó sobre la espesa nieve, buscando cobijo en ribazos y bordes de la aldea. Pero, sin tiempo de dormir, a las diez de la noche recibieron órdenes de seguir avanzando y enfilar en ayunas la ardua bajada por Torre del Bierzo hasta Bembibre, donde llegaron al amanecer (Hook 1832: 306-308). El capitán James Stirling, de un regimiento escocés (42 Highlanders), recorrió la misma ruta el día 31: «hacia las cinco [de la tarde] alcanzamos algunas míseras casas habitadas por campesinos hambrientos y atónitos por el horror. Paramos a su lado, y amontonamos nuestras armas en la nieve. No había cerca ni leña ni agua para cocinar nuestra parca comida. Impacientes por satisfacer las demandas apremiantes de la naturaleza, los hombres arrancaron puertas, sacando sillas, carros etc. de las casas aisladas» (Maurice 1904: 378). Otras crónicas de la retirada relatan saqueos e incendios de los ingleses entre Astorga y Bembibre (Robledo 2008: 2728; Santacara 2005: 133-135). El terror provocó una general huida de los campesinos hacia los montes: «los gallegos, asustados por los atroces saqueos de sus propios aliados [los ingleses], previendo desmanes aún peores del enemigo, se habían refugiado en la montaña» (Maag 1893: 39). Las privaciones afectaron también a los perseguidores, como consta en referencia a las tropas suizas agregadas al ejército francés, que en el camino a Galicia habían de contentarse «con un puñado de castañas como alimento, y para beber, agua de hielo» (Maag 1893: 38). Adam Neale (1809) Infantería inglesa, «Pass in the Sierra of Sevadon near Molina Seca» [en realidad, la calzada nueva por Manzanal]. Grabador Heath. Publicado por Richard Phillips, Londres, el 15.6.1809. Sprünglin ofrece una visión más serenamente geográfica del recorrido: A una legua de Combarros se encuentra Rodrigatos, que sólo tiene ocho hogares, y cuyo arroyo es aún tributario del Tuerto. Manzanal, compuesto de 24 fuegos, está a una legua de Rodrigatos. Este pueblo es el último de la cuenca del Tuerto. Desde sus últimas casas se empieza el descenso al Miño. Aquí el paisaje presenta el aspecto característico de la alta montaña. El
Argutorio 39 - I semestre 2018 - 23 suelo, desgarrado por las aguas de lluvia y los deshielos, muestra rocas descarnadas, aflorando aquí y allá, y precipicios a plomo, entre los cuales está hábilmente trazado el camino. Los rebollos15 se mezclan con brezos de dos o tres especies y con madroños, presentes en algunos vallejos; otros lechos de torrente son de una siniestra aridez (Sp 357). Seguimos a Busche: Rápidamente subíamos monte arriba —los caballos casi siempre llevados de la rienda, por el frío—, y, cuanto más subíamos, tanto más se agudizaba el frío, con vientos que cortaban. El camino de bajada desde estos ventisqueros era de lo más romántico. A menudo pendían sobre nuestras cabezas grandes peñas, tras de las que a grandes alturas se erguían hasta las nubes, al fondo, picachos nevados, mientras que a nuestros pies se desplegaban valles risueños, sembrados de aldeas (D 349). A las 8 a. m. del 1 alcanzan el punto más alto del camino: «finalmente nos encontrábamos entre espesa nieve y ventisqueros» (Kh 107). Se alude al puerto de Manzanal (1230 m); el tiempo invertido en llegar allí desde Celada, unas seis horas, concuerda con su indicación de que iban a pie, «para calentarse de algún modo con la marcha»16, pero ello les hacía sufrir por el estado lamentable del calzado, al atravesar campos de espesa nieve y hielo17. Busche recuerda: «era tanto más sensible a este clima arduo, cuanto que mis botas, de puro desgastadas, casi no tenían suela» (Kh 107). Por el camino, Busche da alcance a una columna de caballería británica, atascada en la nieve, cuyos carruajes y cañones no podían avanzar18. Al comprobar que no existían planes realistas para desbloquear la situación, decide adelantar a la columna por trochas laterales, y vuelve a incorporarse a la calzada más adelante. Vivian, que recorre el mismo trecho con la reserva, también señala la presencia de abundantes estorbos en el camino, con impedimenta y carretas abandonadas; en el pueblo de Manzanal el atasco les causó dos horas de demora (Vivian 1897: 105). Este desconcierto coincide con el relato de Toreno sobre la marcha al Bierzo: «el tiempo crudo, los bagajes abandonados, las municiones rezagadas, los fuertes y lucidos caballos ingleses desherrados y muertos por sus propios jinetes, los infantes descalzos y despeados, los soldados todos abatidos e insubordinados» (Toreno 1835: 220). Como otros viajeros contemporáneos (Bl 194; Schaumann 1922: 309), Busche alaba el trazado y estado de la calzada: «fuimos bajando de nuevo por la hermosa calzada, que se ciñe con múltiples curvas artificiales a las paredes de roca» (Kh 107)19. Sprünglin describe el camino nuevo entre Astorga y el Bierzo elogiando su trazado y asiento: «al salir de Astorga, la ruta se vuelve magnífica; ninguna calzada de Europa es más bella, ni más sólida, ni mejor concebida; la artillería y equipajes de ambos ejércitos no causaron el menor desperfecto, de tan sólido que era el firme» (Sp 357)20. Busche describe el paisaje de la bajada del puerto: Grandes bloques rocosos de las altas montañas, cuyas cimas se alzaban hasta las nubes, se erguían por doquier, amenazantes, sobre nosotros. La parte baja de los montes estaba casi totalmente vestida de matorrales, hasta donde la nieve y el hielo los extingue. Al borde de la calzada hay ventas aisladas, actualmente desiertas. Los habitantes se habían fugado a la montaña, y de noche se veían con claridad las fogatas, en torno a las cuales acampaban con sus familias. A mediodía [del 1 de enero] llegamos a Bembibre, una aldea situada en un valle bastante anchuroso21. La flanquean altas montañas, cuyos picos nevados se hunden en las nubes (Kh 197). W. H. Pyne (1803). Descanso del ejército inglés en el camino, con mujeres y soldados. Acuatinta J.Hill. Compárese la descripción por Sprünglin del mismo tramo: Es sobre todo en la Venta del Calvo22, a una legua de Manzanal, y en Torre23, distante otra legua de [dicha] venta, donde las sinuosidades del camino son más marcadas. Algunas cimas descarnadas, a las que se van ciñendo las curvas, recuerdan las formas imponentes de los Alpes y los Pirineos. Torre tiene 19 hogares y un hermoso puente sobre un torrente caudaloso24. A lo largo del torrente circula un camino hacia Asturias, cuyo entroncamiento es practicable25. A media legua de Torre está la Venta de San Antonio26. Desde aquí, el camino describe un notable giro. Sigue bordeando el Sil […]. Un valle espacioso y fértil se abre abruptamente27. El contraste entre el salvaje panorama recién contemplado
24 - Argutorio 39 - I semestre 2018 y el risueño paisaje que se presenta es súbito y seductor (Sp 357-358). El marqués de Londonderry comparte la admiración ante los paisajes de la calzada real, entre Astorga y Villafranca («un paisaje tan diverso y tan sorprendente como apenas se verá en otra parte de Europa»): Las primeras cuatro o cinco leguas llevan al pasajero por un continuado ascenso, sobre la falda de una loma abrupta, desnuda y despejada; al coronar su cima, tomará la embocadura de algunos formidables desfiladeros, tanto que en ellos un millar de hombres con arrestos podrían resistir fácilmente contra un enemigo diez veces más numeroso. Los desfiladeros llegan hasta el pueblo de Torre, a unas tres leguas; seguidamente, el paisaje se torna tan espléndido como lo dibujan al mezclarse colina y valles, roca y montaña, bosque y pastos. Nosotros ciertamente lo veíamos con todos los inconvenientes de una estación singularmente inclemente, con las crestas vestidas de espesa nieve, y los campos y caminos reducidos a poco más que montones de barro; pero incluso así era imposible atravesarlo sin sentimientos de la más ardiente admiración y viva pena por no haber tenido la suerte de vagar por aquí cuando los bosques estuvieran vestidos de hoja y las verdes lomas se encontraran en pleno esplendor (Vane 1828: 212). Blakeney encontró evidencias de las labores del ejército británico para cortar el camino, impidiendo el paso a carruajes. En la mañana del 1, una legua antes de Bembibre, probablemente en las angosturas del río Tremor tras Torre del Bierzo, hallan junto a la calzada un montón de palas y picos, con muestras de haber sido usados por las divisiones antecedentes (Fraser, Hope, Baird). Ellos, yendo en la retaguardia, desisten de cortar la ruta, pues el ejército francés podría en todo caso darles alcance por el camino viejo de Foncebadón, que enlazaba con el camino real en Cacabelos (Sturgis 1899: 48). Indica Busche: Media hora antes de [Bembibre]28 pasamos por un lugar en el que aún estaban en llamas varias viviendas. Imaginarás tal vez que estas rapiñas incendiarias son obra del enemigo [francés]; pues no, eran el ejército inglés y las fuerzas del marqués de Romana los culpables de estos atroces desmanes y quienes habían despojado de sus propiedades a los infelices habitantes. En varios cobertizos yacían 8-10 muertos en andrajos, casi todos sin calzado ni medias, en torno a un hogar ya extinto. Sus rostros, terriblemente contraídos, y la contorsión de sus miembros mostraban cuánto debían de haber padecido. Se trataba de enfermos y rezagados del ejército de Romana, que habían perecido aquí de cansancio, hambre y frío por falta de cuidado (Kh 107-108)29. Es interesante la narración de un francés de la caballería, Naylies, que pasó el puerto dieciséis horas después de Busche, a las 12 p. m. del 1. Allí fuimos asaltados por una espantosa tempestad, que tumbaba a hombres y caballos; torbellinos de nieve nos ocultaban los objetos a cuatro pasos de distancia. Íbamos por una de las más bellas calzadas de Europa (la que lleva a La Coruña); pero la nieve, que se helaba nada más caer, la puso lisa como un espejo. […] Encontramos unos cincuenta coches con heridos españoles [de La Romana], cuyos conductores se habían llevado los tiros. […] Solicitaban, como favor, la muerte; la mayoría hubo de perecer esta noche terrible (Naylies 1817: 37-38). Incapaces de prestarles ayuda, pues ellos mismos desfallecen de cansancio y hambre, cubiertos de nieve, llevando de la rienda sus caballos que se caen a cada instante, los franceses llegan a la 1 a. m. del 2 cerca de Bembibre y ascienden «un alto monte, a cuyo flanco encontramos un poblacho de leñadores, llamado Santa Cruz», donde hacen noche. El 2 avanzan hacia Ponferrada y toman posiciones en Cobrana (Naylies 1817: 38-39). W.H. Pyne (1803), Transporte de impedimenta. Tanto más desastrosa era para la moral de la tropa esta confusa retirada cuanto que, en los días previos, se había sopesado la posibilidad de hacer frente a los franceses en los altos de Manzanal. Un informe del 26 de diciembre, del capitán de ingenieros Carmichael Smyth, destaca lo ventajoso del terreno en la subida de Rodrigatos al puerto; allí las lomas a ambos lados de la calzada iban cerrándose, ofreciendo una óptima posición contra los perseguidores franceses.
Argutorio 39 - I semestre 2018 - 25 Sin embargo, plantea una grave objeción: si el enemigo consigue empujar al ejército británico haciéndolo retroceder los tres km que median entre Rodrigatos y el collado de Manzanal, a partir de ahí la calzada es de descenso durante casi dos leguas, hasta llegar a Torre del Bierzo. El declive sería totalmente favorable a los franceses; el ejército inglés tampoco podría aprovechar los llanos entre Bembibre y Cacabelos, porque para los perseguidores sería fácil adelantarse por caminos laterales. La mejor opción, seguía Smyth, era hacerles frente una legua antes de Villafranca, poco después del entronque con el camino viejo en Cacabelos, donde el terreno vuelve a subir (Napier 1867: 477). W. H. Pyne (1803). Escenas de campaña. Toreno (1835: 219), Hay (1834: 105) y Napier (1867: 311) atribuyen la separación de las brigadas ligeras (camino viejo) y el ejército principal (calzada real), que se produjo en Bonillos, al deseo de reducir la presión enemiga sobre el comisariado y cubrir los flancos del ejército británico. Diversos autores añaden que Moore quería controlar el puente sobre el Miño en Orense y alcanzar a la mayor brevedad el puerto de Vigo, por donde inicialmente pensaba evacuar todo su ejército (B 362; Sw I: 192; Johnson 1809: 182). Por el camino viejo viajó también el grueso del ejército español: «cedió, pues La Romana mal su grado, y dejando a Moore el ancho y espedito camino de Manzanal, reservóse para sí el agrio y áspero de Fuencebadón» (Príncipe 1846: 334). El recorrido de los británicos por el camino viejo se hizo sin hostigamiento francés directo (no así el del ejército principal, por la calzada nueva), pero los soldados hubieron de «caminar a marchas forzadas, con nieve y lluvia, por el peor de los caminos, sin reposo, y con otras privaciones y penurias intrínsecas a cualquier retirada, y más si ésta se hace en estación inclemente» (Leach 1831: 64)30. Craufurd y Von Alten alcanzan Ponferrada el día 1, tras ardua travesía por Foncebadón, entre espesas nieves (B 174; Stricker 1850: 78); muchos rezagados quedaron por el camino. La dureza del recorrido y la indisciplina de la tropa, exacerbada tras pasar por Astorga y topar con el desmoralizado ejército español, explican en gran medida los retrasos, deserciones y abandonos. Schwertfeger (Sw I: 194) exculpa a los voluntarios de Hannover, de la Legión Alemana, aduciendo que la mayor parte de los abandonos31 se registraron entre aventureros de diversas naciones, reclutados en Selandia durante la batalla de Copenhague32. En 1821, una gavilla de bandidos que actuaba cerca de Betanzos tenía en sus filas a un prusiano, que se quedó en La Coruña tras embarcarse su regimiento. Se llamaba Enrique Kipper, y su ocupación habitual era hacer licores (López Morán 1984: 42). Beamish (B 374-375) desglosa las bajas entre los legionarios alemanes, que, procedentes de Salamanca, seguían la ruta de Astorga a Vigo; considera distintas causas. Entre La Bañeza y Astorga, siete soldados quedaron atrás por agotamiento, y se supone que fueron capturados por los franceses. El camino viejo era inviable para carruajes, por lo que seis soldados enfermos, llevados a Astorga en carro, fueron transportados en mulas hacia Ponferrada, y por agotamiento de las bestias y la espesa nieve quedaron atrás y probablemente fallecieron. En Rabanal dejaron dos enfermos, que tal vez murieron33. Surtees, que iba en la brigada ligera de Craufurd, parte de Astorga por el camino viejo hacia mediodía del 31; llegan de noche al pueblo de Foncebadón, donde, al haber solo cinco o seis casas, parte de la tropa usa tiendas para dormir. Por su parte, Beamish (B 170) indica que Alten alcanzó Rabanal esa noche. El día 1, con grandes dificultades, Surtees alcanza Ponferrada (Surtees 1833: 88-89). Harris, fusilero de Craufurd, avanzando por el camino viejo, comprueba sorprendido que el enemigo no los persigue; de boca del teniente Hill oye lo siguiente: «es el día de Año Nuevo; y creo que, si llegamos a vivir otro, no olvidaremos fácilmente este» (Curling 1848: 182). El camino hacia Ponferrada, por puertos de mucha mayor altitud que el de Manzanal, supuso enormes adversidades: Las montañas iban ahora volviéndose más bravas y abruptas al avanzar; y aquellas escasas cabañas que pasábamos de vez en cuando parecían tan del todo abandonadas y míseras, que se antojaba casi prodigioso que pudiesen vivir en hogar tan desolado unos seres humanos. Cuando empezó a nevar, las lomas se pusieron tan resbaladizas (al estar en muchos puntos cubier-
26 - Argutorio 39 - I semestre 2018 tas de hielo), que varios de nuestros hombres resbalaban y caían; e, incapaces de levantarse, cedían a la desesperación, y morían. No hacíamos intento de auxiliarnos los unos a los otros tras una caída; era cada uno para sí, y Dios para todos. […] Hacia el atardecer de aquel día recuerdo pasar junto a un hombre y una mujer que yacían abrazados el uno al otro, muriendo en la nieve. Los conocía a ambos; pero era imposible ayudarles. Eran de los fusileros, y marido y mujer. El nombre de él era Joseph Sitdown (Curling 1848: 183-184)34. Por el mismo camino viajaban los soldados de La Romana, en desordenado tropel, con muchos rezagados. El general francés Jean-Baptiste Franceschi, que cruzó Astorga sin detenerse, iba siguiendo con su caballería ligera. Indican Toreno (1835: 219), y tras él, Príncipe (1846: 335) y otros, que la primera división española, de las tres que iban en retirada, fue alcanzada transcurridas «algunas horas del nuevo año» por jinetes franceses cerca de Turienzo de los Caballeros, unos 5 km tras El Ganso. El coronel Juan Rengel, que la comandaba, fue hecho prisionero y llevado a Francia. El día propuesto para este alcance es erróneo: la delantera del ejército francés pasó la nochevieja en torno a Toral de Fondo35; Franceschi pasó la noche del 1 al 2 junto a El Ganso, sin haber hecho contacto con el enemigo durante todo el día 1, salvo la recogida de equipaje abandonado y la captura de algún rezagado (Bl 196; Oman 1902: 563; Davies 1974: 188, 191). Grandmaison (1908: 431) indica que Franceschi alcanzó a los españoles, «por el viejo camino de Ponteferrada, que había visto pasar a las legiones romanas», en la Cruz de Fierro, los sableó e hizo 3000 prisioneros; el resto se daba a la fuga en el más completo desorden36. Balagny aclara los detalles: la mañana del 2, Franceschi fue avisado de que una fuerte columna de infantería española salía de Turienzo y avanzaba hacia Foncebadón; salió hacia el puerto a todo correr para cortarle la retirada hacia Ponferrada. Logró adelantarla y la atacó con un grupo de cazadores hannoverianos; el grueso de la columna española retrocedió hacia Turienzo y 2000 hombres se rindieron, incluido Rengel (Bl 104, 196). Otra columna española, que había alcanzado la cima del puerto (la Cruz de Fierro), fue atacada por la zaga y una parte de ella (900 hombres) hubo de rendirse; el resto huyó a la carrera bajando el puerto hacia Molinaseca, perseguidos por los dragones franceses (Bl 197)37. BIBLIOGRAFÍA ahn = Archivo Histórico Nacional. B = BeamiSh, N.L. (1837) History of the King’s German Legion. Vol. I. Londres: Th. & W. Boone. C = VVAA (1865) Correspondance de Napoléon Ier. Vol. 18. París: Impr. impériale. Bl = Balagny, D.E.P. (1906) Campagne de l’empereur Napoléon en Espagne (1808-1809). La course de Benavente. La poursuite de La Corogne. Vol. 4. Berger-Levrault. Bu = Bulletin de l’armée d’Espagne (1808-1809). París: Gauthier. D = Dehnel, H. (1864) Erinnerungen deutscher Officiere in britischen Diensten aus den Kriegsjahren. Hannover: C. Rümpler. JE = Journal de l’Empire. Hay traducciones contemporáneas adaptadas en la Gaceta de Madrid, de la Imprenta Real. Kh = SChwertfeger, B. (1904) Der Königlich Hannoversche Generalleutnant August Friedrich Freiherr V. D. Busche-Ippenburg: Ein Soldatenleben aus bewegter Zeit. Hannover y Leipzig: Hahn’sche Buchhandlung. Sn= SChneiDawinD, F.J.A. (1841) Geschichte des Krieges auf der pyrenäischen Halbinsel unter Kaiser Napoleon. Vol. XI. Darmstadt: Leske. Sp = DeSDeviSeS Du Dezert, G. (ed.) (1904) Souvenirs d’Emmanuel-Frédéric Sprünglin. Revue Hispanique, 11 (37-40): 299-537. Sw = SChwertfeger, B. (1907) Geschichte der Königlich Deutschen Legion, 1803-1816. Dos vols. Hannover y Leipzig: Hahn’sche Buchhandlung. vDg = vázquez Del viSo, V. (ca. 1799) Viage de Galicia [parte I]. Continuación del almacén de frutos literarios o Semanario de obras inéditas, 7.12.1818: 279-288. Curling, H. (ed.) (1848). Recollections of Rifleman Harris (old 85th). Londres: H. Hurst. DavieS, D.W. (1974). Sir John Moore’s Peninsular Campaign. 1808-1809. La Haya: Nijhoff. eSpinalt y garCía, B. (1835). Dirección general de cartas en forma de diccionario… Vol. I. Madrid: Pedro Sanz. geoffroy De granDmaiSon, C.A. (1908). L’Espagne et Napoléon. 1804-1809. París: Plon-Nourrit. gorDon, A. (1913). A Cavalry Officer in the Corunna Campaign 1808-1809: The Journal of Captain Gordon of the 15th Hussars. Londres: John Murray. hay, A.L. (1850). A narrative of the Peninsular War. Londres: J. Hearne. hooK, T.E. (1832). The Life of General, the Right
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28 - Argutorio 39 - I semestre 2018 bibre el día 2 (Moore Smith 1903: 386), y, en sentido opuesto, Baird habría alcanzado Cacabelos al terminar la tarde del 31 (Sorell 1828: 49). 6 Sorprendentemente, los franceses estimaban que la caballería inglesa haría noche el 31 en Viforcos («pueblo a cuatro leguas de Astorga por la ruta de Villafranca»), según carta del general Colbert al mariscal Bessières, firmada en Toral el 31 a las 8:30 p. m. (Bl 178). 7 Berkeley Paget y Charles Stewart, de la caballería, salieron de Astorga a las 12 p. m. del 31 y alcanzaron Bembibre el 1 a las 12 a. m., tras una noche «tan infame como apenas se puede imaginar» (Hylton 1918: 349). 8 Durante todo el día, por el camino, fue hostigando a la retaguardia inglesa y capturando rezagados; en Bembibre hizo 120 presos, entre borrachos y enfermos (Leslie 1908: 62). Los dragones de Lahoussaye entraron al galope en la población, pegando tajos a rezagados y nativos, «sableándolos, como un escolar cuando va rebanando cardenchas» (Strang 1904: 160). 9 El cirujano Milburne, que avanza a pie desde Astorga a Manzanal durante la noche del 31 al 1, encuentra por el camino una caravana de cinco carros, con enfermos, mujeres y equipajes. Confía a uno de estos carros un arca con instrumental médico y sigue adelante, pero al alcanzar Manzanal sobre las 2 a. m. y esperarlos en vano, retrocede ocho millas y los encuentra atascados en la nieve. Se impone una solución: destruir dos de los carros y sus bagajes, y reforzar el tiro de los otros carros con los bueyes desuñidos. Gracias a estas medidas, el convoy alcanza Manzanal (Milburne 1809: 24-26). 10 El 31 estaba detenida la reserva y cuartel general en Combarros, hasta que la caballería inglesa se les sumó ya de noche; seguidamente, la reserva avanzó hacia Bembibre. La Romana permitió a su infantería dispersarse, y salió con su caballería y algunos tiradores por el camino viejo (Napier 1867: 311). Colborne, que iba en la zaga, salió de Astorga al atardecer del 1 y pasó algunas horas en Combarros, viajando de noche hasta Bembibre (Moore Smith 1903: 386). 11 En Manzanal durmió la noche del 29 al 30 el médico Adam Neale. Recuerda en detalle una casa de hogar central, sin chimenea ni ventanas, con techumbre de paja, y su dueña, selvática, mugrienta y acollarada. Como indica Santacara (2005: 133), es sospechoso que Schaumann reproduzca calcada la misma vivencia. No eran infrecuentes los plagios en estas relaciones de viaje, redactadas tiempo después, sin documentos y con lagunas de memoria. Es también incomprensible que Schaumann (1922: 311) incluya como parte del viaje un recorrido por Foncebadón y Molinaseca, por el camino viejo; este párrafo fue omitido en la traducción al inglés de Ludovici. 12 Sorell (1828: 48) confunde el día, que estima ser el 30. 13 Durante todo el día 1 estuvo nevando con grandes copos en Astorga (JE 14.1.1809). 14 En octubre de 1809, el cabildo de Astorga donó parte de la plata de su iglesia para la reedificación del pueblo de Manzanal, incendiado por los franceses (ahn, eS.28079.ahn/1.1.19//eStaDo, 27,D). 15 Sprünglin no precisa especie: chênes roux es término aplicado a robles de hoja caduca o marcescente. Actualmente predomina el rebollo (Q. pyrenaica). 16 Vivian da otra explicación: el incesante pisoteo de las divisiones había endurecido la nieve sobre la calzada, cuyo piso era tan resbaladizo que había que llevar los caballos de la rienda (Vivian 1897: 105). 17 Un soldado del Regimiento 71, que el 31 cruzó el mismo puerto (al que, error común, llama «de Foncebadón»), evoca la dureza del recorrido: «en todo el camino por el puerto, el silencio sólo era interrumpido por los gemidos de los hombres, que, incapaces de seguir adelante, se tendían desesperados a morir en la nieve; o por la detonación de una pistola, que avisaba de la muerte de un caballo caído, incapaz de seguir»; «la lluvia caía a torrentes; la nieve fundida llegaba a las rodillas en muchas partes, y estaba manchada por la sangre que manaba de nuestros pies heridos y magullados» (Pococke 1819: 72). 18 Berkeley Page, que pasa por Manzanal esa misma noche, recuerda que «la calzada, atascada por bagajes de la infantería, nos detuvo más de una hora al coronar el puerto. La calzada era tan deslizante que nuestros caballos resbalaban hacia todas las direcciones» (Hylton 1918: 349). 19 En un informe del diputado Vázquez del Viso (ca. 1799) se indica a propósito del camino nuevo: «costó cuantiosas sumas, porque habiendo sido forzoso construir mucha parte de él sobre paredones, que muy en breve se arruinaron con las aguas, y con el desprendimiento de tierras y piedras de las montañas, hubo que reedificar muchos trozos de él» (vdg 7.12.1818: 286). 20 Sin embargo, dificultades varias complicaban la retirada inglesa: «la severidad del tiempo, con rápidas transiciones de hielo y nieve a lluvia, y nuevas heladas, había quebrado la superficie [de la calzada] con profundas grietas; los desperfectos estaban, por supuesto, agudizados por la marcha de tropas, en compañía de carruajes, caballos, mulas y toda la impedimenta de un ejército» (Hay 1850: 75-76). 21 Schaumann (1922: 312), que define Bembibre como un «mísero y asqueroso agujero», recuerda haber llegado el 2 a mediodía. Sin duda error: llegaría, como Busche, el 1 a mediodía. Para Strang (1908: 159), Bembibre era «un sucio pueblo de lodo y pizarra». 22 Parece referirse a las ventas antes ubicadas frente a la aldea de La Silva. 23 Antigua Torre de Santa Marina, actual Torre del Bierzo. 24 Puente de piedra, de un arco, sobre el río Tremor. 25 El camino que remonta el río Tremor para cruzar hasta Posada de Omaña. 26 Probablemente alude a las Ventas de Albares. Puede haber confusión sobre el nombre, porque un itinerario de ca. 1799 sitúa la venta de San Antonio entre Palacios de Valduerna y Celada, una legua antes de este lugar (vDg 7.12.1818: 285). Según López (1809: 81) y Espinalt (1835: 286), dicha venta estaba a media legua de Celada, por lo tanto a la altura de Castrillo de las Piedras. 27 Se refiere al río Tremor, que confluye con el Boeza hacia las Ventas de Albares, donde se abandonan las angosturas en que iba encerrado el camino desde Torre. 28 A juzgar por este dato, el teatro de tales depredaciones es Las Ventas de Albares. Torre del Bierzo queda demasiado alejada de Bembibre. 29 Por las mismas ventas cruza Milburne durante el día 1, y bajo una intensa nevada se refugia en un gran cobertizo adyacente a la calzada, donde encuentra unos diez soldados ingleses y sesenta o setenta españoles armados. Ha de evacuar a la carrera el lugar, pues una avanzadilla francesa se acerca disparando. Hasta Bembibre va dando alcance a la retaguardia británica, y adelanta por el camino a una gran masa de rezagados, enfermos, mujeres y niños, sin duda abocados a caer en manos del enemigo (Milburne 1809: 26-27). Durante la noche del 1 al 2, Gordon —su regimiento está en Matachana, donde pernoctó Ormsby la noche antes— menciona posibles escaramuzas con los franceses entre las ventas y Bembibre (Gordon 1913: 152), con dudas sobre la identidad de los atacantes. 30 Distinta parece haber sido la fortuna del ejército español, que seguía el mismo camino, como se indica seguidamente. 31 Entre Astorga y Vigo, la Legión Alemana dejó atrás 130 soldados de los que nunca más se supo (B 173). Otros batallones también integrados en las dos brigadas ligeras, que siguieron el mismo camino, sin duda tuvieron abundantes rezagados y desertores. Pero exagera el boletín francés al indicar: «los ingleses se retiran a marchas forzadas; todos los alemanes a su servicio desertan» (JE 11.1.1809). 32 La expedición a Rügen y Selandia entre julio y octubre de 1807 incorporó a la legión 1498 suboficiales y soldados (Sw II: 188). 33 Solo de la segunda brigada fueron quedando atrás 46, que o bien murieron o fueron capturados por el enemigo. Algunos rezagados pudieron ser víctima de los campesinos españoles, en venganza por tropelías del ejército inglés (Sn 87). 34 El 1, Milburne encuentra antes de llegar a Bembibre a una mujer de soldado que acaba de dar a luz,tendida con su bebé al pie de la calzada. La atiende y logra auparla a un carruaje español (Milburne 1809: 28). Un oficial francés, yendo a caballo por El Bierzo, pasado Foncebadón, topó en la noche del 3 al 4 una masa informe de nieve bajo la cual descubrió, con horror, a un húsar francés envuelto en una manta y guarecido bajo su silla; el caballo se había alejado unos metros. Nada puede hacer y sigue adelante (Levavasseur 1914: 138). 35 Es cierto que, según Toreno (1835: 218) la salida del ejército español desde Astorga por el camino viejo fue en la nochevieja, por lo que no era imposible que una avanzadilla francesa montada les hubiera dado alcance en la mañana del 1: median unos 20 km hasta llegar a Turienzo. 36 Oman (1902: 563) rebaja esta cifra a 1500 prisioneros. Muchos tenían el tifus. Napoléon llegó a verlos, cuando fueron llevados a Astorga, y declara: «les hommespris sur La Romana étaient horribles à voir». 37 Cf. Zaidman (2011: 93). Confirman Davies (2012: 192) y Oman (1902: 563) que la victoria de Franceschi en Foncebadón fue el 2 de enero, como indica el propio Napoleón en carta a su hermano (C 208).