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Feminismos y reapropiación del discurso en el hacer radio.

Araújo Mendes, Júlia

Abstract

Ddentro de los cambios promovidos por las tecnologías de la información y de la comunicación, la transmisión en línea de las radios y el advenimiento de los podcasts ha posibilitado una mayor apertura del espacio radiofónico, hecho que ha favorecido los colectivos alejados de las esferas institucionales y que tienen como foco la comunicación. En diversas radios libres, grupos de mujeres optan por promover una contrainformación desde los feminismos, dando protagonismo a experiencias cotidianas individuales y colectivas y promoviendo la difusión y creación de discursos que pretenden ser una alternativa al discurso heteropatriarcal hegemónico. La experiencia feminista compartida se asume aquí como una intersección entre la investigación académica y la militancia. De forma que se repiensan las relaciones de poder y la relación entre discurso y poder a través de las micropolíticas y de cómo éstas, a través de prácticas cotidianas y colectivas, generan discursos alternativos e inciden en cambios de consciencia.

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931 FEMINISMOS Y REAPROPIACIÓN DEL DISCURSO EN EL HACER RADIO Júlia Araújo Mendes Institut Universitari d'Estudis de la Dona Universitat de València [email protected] Resumen: dentro de los cambios promovidos por las tecnologías de la información y de la comunicación, la transmisión en línea de las radios y el advenimiento de los podcasts ha posibilitado una mayor apertura del espacio radiofónico, hecho que ha favorecido los colectivos alejados de las esferas institucionales y que tienen como foco la comunicación. En diversas radios libres, grupos de mujeres optan por promover una contrainformación desde los feminismos, dando protagonismo a experiencias cotidianas individuales y colectivas y promoviendo la difusión y creación de discursos que pretenden ser una alternativa al discurso heteropatriarcal hegemónico. La experiencia feminista compartida se asume aquí como una intersección entre la investigación académica y la militancia. De forma que se repiensan las relaciones de poder y la relación entre discurso y poder a través de las micropolíticas y de cómo éstas, a través de prácticas cotidianas y colectivas, generan discursos alternativos e inciden en cambios de consciencia. Palabras clave: feminismos, conocimientos situados, radio, sociedad-red, discurso 1. Introducción En esta comunicación, trataré sobre la reapropiación del discurso de los medios de comunicación por parte de colectivos sociales alejados de las esferas institucionales y, más específicamente, a través del “hacer radio”. Esto, dentro de los cambios promovidos por las tecnologías de la información y de la comunicación y por la sociedad-red. Trataré de radios libres y de grupos de mujeres que optan por promover un modelo de contrainformación desde los feminismos, a través de la deconstrucción del discurso heteropatriarcal, de la difusión y creación de discursos alternativos y de la auto-gestión de sus voces. Promoviendo espacios en los cuales personas normalmente alejadas de los medios de comunicación mainstream adquieren voz. Empezaré con una breve reflexión respecto al punto de partida epistemológico de este trabajo. Seguiré con una fundamentación teórica en torno a la relación entre “poder” y “discurso”, de la concepción disciplinaria y alternativa del discurso y respecto a la sociedad-red. De forma que tengamos presente cómo, en este contexto, las relaciones de poder se desarrollan, sobre todo, a través del flujo de los discursos en la comunicación y, principalmente, a través de los medios de comunicación. Finalmente, abordaré el caso práctico de un programa de radio feminista, respecto del cual expondré algunas consideraciones sobre la reapropiación del discurso en el “hacer radio”. 2. Conocimientos Situados y Análisis Crítico del Discurso: una alianza necesaria Para emprender el recorrido de esta investigación, parto de la epistemología de los conocimientos situados (HARAWAY, 1995) y la enlazo con el enfoque aportado por Martha Patricia Castañeda (2008). Castañeda encuentra en las distintas posturas teóricas respecto a una posible metodología feminista un punto de confluencia en el que 932 “retomar la experiencia de las mujeres como recurso empírico y teórico se convierte en el rasgo distintivo de hacer investigación feminista” (CASTAÑEDA, 2008: 83). Asimismo, la epistemología de los conocimientos situados encuentra que la perspectiva parcial nos concede objetividad, a través de la cual asumir una postura y negar la neutralidad es asumir la responsabilidad en la investigación. En los conocimientos situados, además, se excluyen las barreras entre objeto de investigación e investigadora. La distancia positivista establecida entre esas dos piezas claves de la investigación deja de ser fundamental, ya que lo primordial es reconocer que la investigadora y el objeto entablan una relación desde el principio y que el objeto deja de tener una posición pasiva para ser un agente de cambio en la investigación. De esta forma, abogo por una metodología que acepte un análisis a partir de la experiencia colectiva feminista, con un enfoque parcial que pueda entender la investigación y dicha experiencia como un proceso continuo de deconstrucción del sistema de valores y relaciones de poder arraigadas socialmente. Así, he realizado un análisis del discurso a partir del estudio de un caso concreto, el del programa de radio Enredadas. Para tal, me he basado en la corriente del Análisis Crítico del Discurso, suplida, fundamentalmente, por textos de Teun Van Dijk. La característica de crítico está definida por el reconocimiento de un compromiso político por parte de la investigadora, quien llevará a cabo su trabajo con el objetivo explícito de contribuir a un cambio social específico. Considero, además, que un análisis sólo es verdaderamente crítico cuando reconocemos que nuestras propias herramientas de estudio y cuerpo teórico que da forma a nuestra postura académica son parte de una lógica que refuerza las relaciones de dominación. Las relaciones de poder y el abuso del poder tienen una base institucional, como ya nos decía Foucault (2008), y está reforzada y acompañada por la forma como el conocimiento se pone en práctica, se distribuye y se valora en la sociedad. De tal modo que un estudio del discurso que pretenda ser crítico pasa, necesariamente, por una constante autocrítica por parte de quien investiga. Finalmente, parto de la consideración del lenguaje como una práctica esencialmente discursiva, en la que las relaciones entre texto, procesos de producción y reproducción y contextos sociales son los elementos fundamentales para la comprensión de las estructuras y de las relaciones de poder. Por lo que el Análisis Crítico del Discurso lo veo posible únicamente desde una perspectiva parcial y encarnada, esto es, desde los conocimientos situados. 3. Discurso, poder y medios de comunicación en la sociedad-red Entiendo los medios de comunicación tal como Manuel Castells, en su último libro Comunicación y Poder (2009), que afirma que éstos no son el cuarto poder, sino el propio escenario en el que se desarrollan las relaciones de poder. Por otro lado, relaciones de poder y discursos están intrínsecamente relacionados, dado que es, fundamentalmente, por medio del ejercicio discursivo que esas relaciones son puestas en práctica. De esta forma, es conveniente empezar entendiendo a qué nos referimos cuando hablamos de “discurso”. Con “discurso” no hacemos referencia únicamente a la práctica verbal, sino a todo un conjunto de ideas que se rige bajo un sistema social de pensamientos. El discurso está tanto en la dimensión del uso del lenguaje como en la interacción social, y aquí me refiero al lenguaje en su carácter productivo y reproductivo y no meramente instrumental y representativo. Es a través del lenguaje, en sus distintos formatos, que se 933 manifiesta toda la carga cultural que vamos adquiriendo, a la vez que la construimos y la propagamos. Este conjunto de ideas, a su vez, subyace a las relaciones de poder. Por otro lado, cuando hablamos de poder, no hacemos referencia a algo vertical, jerarquizado, sino de relaciones que atraviesan nuestra cotidianeidad, tal como lo defiende Foucault (2008, 1982, 1979, 1978). Esas relaciones se manifiestan a través de unos discursos disciplinarios que legitiman la forma de organización social de una sociedad determinada: los valores, el conocimiento, el placer, la lengua etc. Es decir, los discursos traducen las relaciones de poder y son, también, el medio mismo por el cual son ejercidas dichas relaciones. De ahí el estrecho vínculo entre los dos conceptos. En lo que atañe al concepto de sociedad-red, muy difundido por Manuel Castells (2009, 2000), traduce la idea de una sociedad fundamentada en la capacidad para comunicar en redes locales o más amplias y simultáneas, y que pueden llegar a repercutir globalmente. Un modelo fácilmente identificable con lo que se vive ya desde hace más de dos décadas y acentuado desde los finales de los años 90, con la masificación de Internet, en un contexto protagonizado por sociedades occidentales, impulsoras de unos procesos globalizadores discutibles. Aún siendo un hecho que esta relativa masificación del uso de plataformas como Internet viene siendo positiva para dar cabida a actores más plurales en la comunicación, no podemos perder de vista una postura crítica hacia este modelo de sociedad. El debate sobre la democratización de los medios no se resuelve. La total inclusión digital no es una realidad y aún entre la población conectada, es imposible hablar de democratización cuando, en esta sociedad-red y su ciberespacio, los patrones de desigualdades sociales son reproducidos de la misma forma que en otros ámbitos. A título de ejemplo, en lo que respecta a la violencia machista, conductas sexistas, misóginas etc., dado que los cambios en las relaciones de género aún no son suficientemente estructurales como para marcar una sociedad-red libre de esas tendencias, lo que vemos es que hay una proliferación de viejas formas de ejercer violencias, pero con nuevas herramientas, nuevos canales y más facilidades. Así, tenemos los medios de comunicación, uno de los principales (si no el principal) escenarios por donde fluyen discursos y se desarrollan las relaciones de poder y tenemos una sociedad-red, que hace con que esos discursos tengan cada vez mayor penetrabilidad social. Por otro lado, también en este contexto se están desarrollando prácticas activistas de resistencia, que complementan el activismo a pie de calle. Por lo que considero importante exponer cómo, apropiándose de las herramientas y de los espacios proporcionados por la sociedad-red, es posible generar discursos alternativos a los hegemónicos. En este caso, desde los feminismos, promoviendo otras prácticas activistas y de empoderamiento. Son discursos que promueven crítica social, iniciativas colectivas, ciudadanas, que impulsan acciones sociales transfronterizas. En esta línea, y dada las características enfrentadas de la idea de la sociedad-red, me gusta tener siempre presente el concepto de plasticidad de las tecnologías. Éste es utilizado reiterativamente por la socióloga Judy Wajcman, en su libro El Tecnofeminismo (2006). Lo que ella quiera decir con “plasticidad” es que una misma tecnología puede tener efectos contradictorios entre si. Es decir, por un lado tenemos una sociedad-red que reproduce desigualdades y violencias en distintos niveles, por otro, también nos brinda algunas herramientas y oportunidades de actuar en favor de unos cambios en esos modelos culturales. 934 4. Discursos alternativos en la sociedad-red a través del “hacer radio” En el sentido de analizar una de esas propuestas de cambios, quiero exponer el caso de los programas radiofónicos feministas. Hago referencia, principalmente, a los programas que surgen en el ámbito de las radios libres o comunitarias y, por lo tanto, tienen una audiencia más reducida. Actualmente, esos programas dejaron de actuar de forma aislada y pasaron a formar redes con otros grupos que producen contenido feminista a través de plataformas en línea, desde distintas partes del globo. Entraré en el caso práctico de las producciones radiofónicas feministas en un entorno colectivo y local, pero también abordaré un entorno más amplio. Desde lo local, quiero señalar la experiencia del programa Enredadas, realizado desde RadioMalva, una radio libre y asamblearia, ubicada en la ciudad de Valencia. Comentaré brevemente qué es y cómo ha surgido Enredadas, para luego pasar a las motivaciones que llevaron a su surgimiento y, de esta forma, enlazar con la reapropiación del discurso y la producción de discursos alternativos. Enredadas es un programa de radio que surgió en agosto de 2010 y de cuyo equipo formo parte. Está producido por mujeres que buscamos tratar temas de la actualidad desde una perspectiva feminista, bien como promover discusiones en torno a cuestiones típicamente invisibilizadas y/o estereotipadas en los medios de comunicación mainstream y en la sociedad. La propuesta partió de dos compañeras del Máster en Género y Políticas de Igualdad, de la Universitat de València, a la que nos sumamos otras mujeres, tanto del máster como de RadioMalva. Éramos, al principio, cinco mujeres, de las que solamente una era valenciana. Las demás éramos extranjeras, siendo que dos siquiera teníamos el castellano como lengua materna. Además, de las cinco, solamente una de nosotras era periodista por formación y tenía experiencia previa con radio. Menciono estos detalles porque considero que plasman dos de las características de una reapropiación del discurso a través de los medios de comunicación y del discurso alternativo en la radio y en la sociedad-red: el hecho de proporcionar espacios donde otras voces tengan eco y la ruptura con el criterio “profesionalidad” para hacer comunicación social. Entre las motivaciones personales y colectivas que nos llevaron a iniciar Enredadas estaban: la saturación por escuchar siempre las mismas perspectivas estereotipadas en los medios de comunicación; la invisibilización de temáticas que consideramos importantes; la oportunidad de llevar para fuera de los muros de la universidad los debates generados en las clases; y el trabajo conjunto, un proyecto común y un desafío a nivel personal. Estos son otros aspectos que considero característicos de la reapropiación del discurso y de los discursos alternativos: la apuesta colectiva; visibilizar debates que suelen estar alejados del discurso hegemónico; y la ocupación del espacio radiofónico y empoderamiento a través de la voz. Como afirmaba Hélène Cixous, “para la mujer, hablar en público –diría incluso que el mero hecho de abrir la boca– es una temeridad, una transgresión” (1995: 55). El hecho de dejar de ser “las otras” para enunciar discursos desde nosotras mismas es lo que marca también ese ejercicio de reapropiación. Una siguiente característica es la perspectiva situada. Asumir desde donde se habla, haciendo visible nuestra parcialidad que, para nosotras, implica la responsabilidad de ocupar un lugar específico en nuestras prácticas discursivas. Esto está bien reflejado en la forma como nos presentamos en Enredadas. Llevamos a cabo un canal con una clara 935 ideología feminista, sin cualquier pretensión de adoptar una imagen de periodismo imparcial. Asumiendo nuestra parcialidad, asumimos también nuestra honestidad. Otro elemento que considero importante es la música utilizada en los programas. La música refleja nuestro estado de ánimo, dialoga con nuestros sentimientos y valores y, así como los medios de comunicación, es un canal para transmitir información, reproducir y perpetuar discursos. Vale recordar lo que afirmaba Teresa de Lauretis sobre las tecnologías de género (…) también el género, en tanto representación o auto-representación, es el producto de variadas tecnologías sociales –como el cine– y de discursos institucionalizados, de epistemologías y de prácticas críticas, tanto como de la vida cotidiana. (1989:8) La música, así como el cine, es también una tecnología social. En el ámbito de un programa como Enredadas y de una sociedad-red como contexto, primamos por dar voz a mujeres (biológicas o no) que hacen música y que transmitan un compromiso con una trasformación del discurso dominante. Encontramos que espacios exclusivos de mujeres son importantes dado que ya abundan espacios en los que las mujeres estamos ausentes o poco presentes. Asumimos, así, la segregación como una práctica de afirmación y recuperación de terrenos donde las mujeres seamos igualmente protagonistas. Además, dada la velocidad con la que fluye la información en la sociedad-red, aumentan las posibilidades para que eses espacios sean cada vez más ricos en contenido. Enlazando con los demás aspectos, está la importancia de fomentar discursos que promuevan una ruptura con el modelo “mujer-víctima”. Es importante denunciar, pero la denuncia va más allá de lo visto habitualmente en los medios: la exposición y contabilización de casos de agresión. En el caso de Enredadas, se busca dar relevancia y traer al conocimiento de la audiencia acciones que sean realizadas con el objetivo de desmontar las estructuras en las que están basadas la violencia heteropatriarcal, acciones que empoderan a las mujeres y que traten de concienciar a la ciudadanía, buscando contribuir con un cambio en los códigos culturales. Además, siempre que posible, utilizando el espacio de la radio para que las mujeres puedan hablar por ellas mismas. Sin embargo, conocemos las limitaciones que hay para que un programa como Enredadas alcance un público amplio, aún con toda la revolución en las tecnologías. Desde un punto de vista técnico, personas fuera del radio de emisión de RadioMalva – que, actualmente, cubre una parte de la ciudad de Valencia – pueden acceder al contenido del programa únicamente por Internet, lo que nos lleva, otra vez, a cuestionarnos la brecha digital y sus variables: económica, generacional y de género. Desde un punto de vista teórico, nos preguntamos si los discursos de Enredadas dialogan con la ciudadanía. Por un lado, somos conscientes de que la mayoría de las personas que escuchan los programas ya están previamente sensibilizadas con temáticas feministas, en mayor o menor medida. Por otro, de ahí la importancia que atribuimos a plataformas como Internet –volvemos a la plasticidad de las tecnologías–, que brindan mayor difusión a esas iniciativas, mas allá de los círculos de debates feministas y afines. Además, es también a través de Internet que distintas radios pueden intercambiar materiales con facilidad y reproducir por antena contenidos que han estado disponible en línea. En concordancia con lo anterior, pongo el ejemplo de colaboración en iniciativas más globales, como es el caso de la plataforma en línea Red Nosotras en el Mundo (RNM), que tiene como principal actividad la producción y difusión de audios feministas, con 936 perspectiva de género y/o que recorren voces de mujeres. Una de sus principales herramientas es una radio en línea, que reúne una programación semanal con diversas producciones radiofónicas hechas por mujeres de distintos países y ciudades del territorio español. Actualmente, cuentan con una colaboración de alrededor de cincuenta programas, originarios de radios libres y comunitarias, conformando una alternativa al modelo tradicional de radio, haciendo eco de otras voces y visibilizando otras realidades. Tanto el ejemplo de RNM como el de Enredadas y de otras producciones radiofónicas feministas que pueden ser encontradas por el ciberespacio son trabajos que se aprovechan de los beneficios de la sociedad-red, sin dejar de promover un pensamiento crítico sobre ese mismo modelo social. Son muestras de ocupación de otros espacios por parte de los feminismos, generando alternativas de discursos. No obstante, y volviendo al caso específico de Enredadas, siendo éste un programa de temáticas feministas y parte de un colectivo de comunicación asambleario, es decir, al margen de lo normativo, una de las cuestiones que se me presenta es: ¿hasta qué punto esa práctica genera algún impacto real? A la que sumo otra pregunta: ¿somos una minoría aislada y que no dialoga con la sociedad? O, aún siendo minoría, ¿cumplimos con la función a la que aspiramos, que es hacer comunicación social con perspectiva feminista, contrainformar, poner en evidencia los discursos patriarcales y heteronormativos y promover alternativas? 4. El eco de las otras: esbozando conclusiones A título de conclusiones, breves y, seguramente, no definitivas, dedicaré esta última parte a entender qué tipo de impactos pueden generar los discursos alternativos propuestos por las producciones radiofónicas en cuestión. Es posible que ese impacto no pueda ser medido y, además, no creo que se deba. Al menos no de forma cuantificable. Aquí, la experiencia colectiva importa, tal como afirmaba Donna Haraway (1995). Además de las posibilidades de subversión desde lo minoritario, en el sentido deleuziano, y de las alianzas que se crean a partir de ahí, del devenir-comunitario heterogéneo, como propone Marta Segarra (2012). De la misma forma que no se puede cuantificar lo que se supone participar en una producción radiofónica feminista y lo que ésta puede contribuir al proceso de empoderamiento individual de cada mujer que pasa por ese espacio. Tampoco son cuantificables las contribuciones a los debates y críticas internas introducidas por la perspectiva feminista en el funcionamiento de los mismos colectivos sociales de los que surgen esas producciones. Lo que, sí, podría ponerse en números y que dice respecto a la audiencia del programa, puede ser considerado irrisorio, desde el punto de vista de las cifras. Sin embargo, la concienciación provocada en las personas del entorno más cercano y las posibilidades de asociacionismo que son generadas, aunque con una pequeña audiencia, no pasan desapercibidas. Aquí, creo conveniente tener presente el concepto de comunidad, pero no desde la idea de homogeneidad, del común a todas las personas. Sino como un concepto subversivo, desde la heterogeneidad, de la distancia y de la diferencia, como lo propone Marta Segarra (2012). La comunidad entendida como pluralidad, que “pone en entredicho el orden social, hace visible y amenaza su solidez” (SEGARRA, 2012: 20). La comunidad, como concepto de colectividad y asociacionismo, es también una de las características que atribuyen Gilles Deleuze y Félix Guattari (1978) al devenir- 937 minoritario y que Eloi Grasset (2012) analiza como elemento configurador de la noción misma de comunidad. Utilizando estos tres autores, quiero hacer aquí una breve reflexión sobre la experiencia feminista desde el universo radiofónico como práctica minoritaria. Deleuze y Guattari abordan la idea de minoritario a partir de lo que denominan literatura menor, a la que atribuyen tres características: la desterritorialización de la lengua, la articulación de lo individual en el inmediato-político y el dispositivo colectivo de enunciación (1978:31). Cuanto a la desterritorialización de la lengua, se plantean una literatura escrita en un entorno marginal, que no pertenece a lo normativo, aunque forma parte de él; que ya no pertenece a un territorio que pudiera ser considerado común, original, pero que tampoco encuentra en el nuevo territorio un espacio de aceptación. Ponen como ejemplo la realidad enfrentada por personas migrantes: que ya han perdido el dominio de su lengua –o siquiera llegaron a conocerla– y que conocen mal la lengua mayor, normativa, de su entorno. Podría plantear aquí el proceso de reapropiación del idioma que se hace desde distintas propuestas feministas. Subvertir lo normativo, utilizando femeninos genéricos o genéricos desgenerizados; pervirtiendo la semántica de las palabras, dándoles connotaciones distintas a las normativas o recuperando lo que se ha perdido de ellas en el proceso de patriarcalización del idioma. Si la lengua como institución, homogeneizada y estandarizada, es un ejercicio de dominación (GRASSET, 2012: 59), romper con los cánones idiomáticos sexistas es también un ejercicio de insumisión a las leyes sociales. Por lo que corresponde a la articulación de lo individual en lo inmediato-político, plantean que, en las literaturas menores, todo es político, cada problema individual es de todas, pues se desarrollan en espacios reducidos, no habiendo una posibilidad de fragmentación en bloques individuales, dentro de un espacio más amplio, como es el caso de una literatura mayor. Respecto a esto, no queda más que recordar uno de los lemas más frecuentes de las luchas feministas: lo personal es político. Además de que debates en torno a las micropolíticas y de las relaciones de poder cotidianas han estado cada vez más presentes en los feminismos. Es también una de las premisas de Enredadas, pues entendemos que los temas abordados, desde recitar un poema o comentar una canción hasta realizar una entrevista sobre economía feminista, extrapolan lo privado y se convierten en reivindicaciones políticas. Así como el proceso de empoderamiento por el que pasamos cada una de nosotras en el “hacer radio”. Cuanto al dispositivo colectivo de enunciación, es un planteamiento estrechamente conectado con el anterior. Dado que la marginación y la colectividad reducida hacen de lo individual una cuestión política, en la literatura menor “todo adquiere un valor colectivo”. Eloi Grasset (2012: 59) afirma que la variación continua de la lengua, a la que se refieren Deleuze y Guattari, es una alusión a lo que él considera una misión de todo escritor: encontrar su voz propia. Si bien Deleuze y Guattari abordan la idea de minoría, de lengua mayor y menor desde la literatura, me valgo también de la lengua menor para transportarla al universo de las radios libres y de las producciones feministas. Aquí abogo por una línea de fuga, una búsqueda por romper con el orden social a través de producciones radiofónicas minoritarias, ofreciendo la producción colectiva como un discurso alternativo. Así como afirma Grasset que “toda literatura menor es una escritura colectiva” y, por tanto, “constituye una acción política y comunitaria” (2012: 938 60), toda producción de radio feminista es un ejercicio minoritario del lenguaje y, por lo tanto, una línea de escape al orden heteropatriarcal y a los medios de comunicación normativos y sus discursos disciplinarios. Si entendemos el lenguaje como un recurso social básico, una lengua menor se puede desarrollar en distintos ámbitos de colectividad y resistencia, como son las radios libres y, más precisamente, los programas de corte feminista. Esas producciones feministas forman parte de un universo donde la desterritorialización y la articulación individual/político e individual/colectivo son parte de su corpus. Tal y como afirman Deleuze y Guattari “lo que equivale a decir 'menor' no califica ya a ciertas literaturas, sino las condiciones revolucionarias de cualquier literatura en el seno de la llamada mayor (o establecida)” (1978: 31). Así concibo las producciones radiofónicas feministas: desde los bordes y promoviendo las condiciones para subvertir el aparato mediático 'mayor'. El proceso de empoderamiento personal a través del uso de la voz es una segunda consideración que hago respecto a los impactos que puedan tener los discursos radiofónicos feministas. Ciertamente, a pequeña escala, ya que únicamente las personas que llegan a hacer radio podrían ser consideradas aquí. En este caso, abogo, una vez más, por la experiencia propia de un pequeño colectivo como el de Enredadas y sus colaboradoras. Hélène Cixous, en sus ensayos sobre la feminidad en la escritura, afirma que ésta pasa por un privilegio de la voz, “escritura y voz se trenzan, se traman y se intercambian” (1995: 54). Vuelvo a hacer uso de algunos recursos del análisis literario para reflexionar sobre el discurso radiofónico. En este caso, de la relación que Cixous establece con la escritura como una prolongación de la voz y vice-versa. Afirma Cixous que, para la mujer, hablar en público, o el mero hecho de abrir la boca, es una transgresión (1995: 55). Es vivir la toma de la palabra oral como un proceso personal-político: “toda ella se convierte en su voz, sostiene vitalmente la <<lógica>> de su discurso con su propio cuerpo” (1995: 55). Esta relación tan vital con la voz es lo que hace con que la experiencia radiofónica sea tan íntima para nosotras. Las barreras que se rompen cuando tomamos la palabra son, igualmente, barreras múltiples y que no están presentes solamente en la relación mujer-micrófono-oyentes. Están en todas las relaciones entre las mujeres, la voz, el cuerpo, los niveles de autoexigencia y de auto-aceptación. De hecho, considero que son dos, por lo menos, las etapas del proceso de toma de la palabra a través de la radio: el enunciarla, sacarla de lo privado a lo público; y la vuelta a ella, escucharnos a nosotras mismas, aceptarnos y aceptar nuestra palabra. Cixous pregunta “¿por qué hay tan pocos textos?”, a la vez que contesta, “porque aún muy pocas mujeres recuperan su cuerpo” (1995: 58). Además del llegar a apropiarse de los micrófonos, una de las barreras que se ha observado entre nosotras es el ejercicio de escuchar los programas ya grabados y, por lo tanto, escucharnos a nosotras mismas. Creo que este miedo a volver a la voz tiene que ver con la separación que menciona Cixous, de que “nos hemos apartado de nuestros cuerpos, que vergonzosamente nos han enseñado a ignorar, a azotarlo con el monstruo llamado pudor” (1995: 58). De ahí que el hacer radio, con algunas de las facilidades proporcionadas por las tecnologías de la comunicación, se ha convertido en un proceso técnicamente sencillo y que ofrece una vía de desmantelamiento de los pudores instaurados en nuestros cuerpos y, por lo tanto, de empoderamiento. En la privacidad de nuestras habitaciones, de nuestros cuartos propios conectados (ZAFRA, 2010), las barreras entre las dos fases, la enunciación y el retorno a la voz, son difuminadas con más facilidad. Vamos rompiendo las trabas del pudor y aceptándonos, primero en lo íntimo, luego en lo colectivo. 939 Cixous también habla de los silencios, “la caída en la pérdida del lenguaje”, como una experiencia por la que toda mujer ha pasado en el camino hacia la palabra oral (1995: 55). En las producciones de Enredadas, como también he observado en otras producciones feministas, son comunes los silencios. Incluso después de tres años haciendo los programas, seguimos cayendo en esos momentos. Por otro lado, en el cotidiano de Enredadas, solemos relacionar el hablar en el aire con el placer. Hemos ido aceptando y desarrollando respeto por nuestros silencios. Lo que antes nos producía un cierto desespero, ahora entendemos como una forma distinta de administrar nuestros tiempos en la radio. Como bien lo afirma Cixous, no estamos acostumbradas a hacer uso de la retórica, pero tampoco a hacer las cosas sin placer (1995: 55). Aunque Cixous aboga por los aspectos positivos en dejar la lengua intentar y en los desperdicios de lo que decimos, pues necesitamos esos desperdicios, pienso que es igualmente importante respetar nuestros silencios, no entendiéndolos como una forma de privarnos de la voz, sino como una forma de reflexividad y también como parte de nuestro proceso hacia la práctica retórica. Este silencio necesario conecta también con la crítica a la velocidad informativa que satura y que es una de las contrapartidas de la sociedad red. Remedios Zafra afirma que la velocidad nos lleva a la pérdida de la distancia necesaria para una actitud crítica (2010: 167). El bombardeo de información a través de los medios audiovisuales, saturándonos con mensajes, se sustenta, sobre todo, en las ideas preconcebidas, que ya las tenemos bastante arraigadas, por lo que no necesitan tiempo para configurarse. De ahí que esa celeridad ayuda a reforzar los discursos y valores disciplinarios. Cuando desaceleramos, cuando consentimos el silencio, nos permitimos volver a la “distancia crítica y su posibilidad imaginativa” (ZAFRA, 2010: 168). Volviendo a Cixous, también ella nos habla de inventarse una lengua, de desapropiación y despersonalización, lo que me devuelve al devenir-minoritario de Deleuze y Guattari y a su apuesta por que una debe ser bilingüe en su propia lengua como forma de romper con los mandatos de la normatividad. Manifiesta Cixous que Si la mujer siempre ha funcionado <<en>> el discurso del hombre, (…) ha llegado ya el momento de que disloque ese <<en>>, de que lo haga estallar, le dé la vuelta y se apodere de él, que lo haga suyo, aprehendiéndolo, metiéndoselo en la boca, en la propia boca, y que, con sus propios dientes le muerda la lengua, que se invente una lengua para adentrarse en él. (1995: 59) En este sentido, creo que la toma de la palabra oral, el hacer resonar nuestras voces y aceptarnos en el momento en el que volvemos a escucharnos es, en sí mismo, parte del ser bilingüe, de la transgresión del lenguaje institucionalizado y descubrimiento de nuestra lengua menor. Por lo que uno de los impactos producidos por un discurso radiofónico feminista es la misma práctica discursiva. Por otro lado, no solo por la toma de la voz pasa nuestro empoderamiento. También a través de la toma de los controles técnicos estamos rompiendo una de las barreras del binarismo de género, en el que las dicotomías naturaleza/cultura, pasividad/actividad, mujer/hombre nos ha alejado de las labores técnicas en muchos ámbitos. Así, también el “arriesgarse” a sentarse delante de la mesa de mezclas, en el estudio de la radio, y llevar el control de toda la parte técnica de los programas pasa por retomar ese territorio del cual nos acostumbramos a no formar parte. Además de las vías de empoderamiento promovidas por el hacer radio y por las alianzas generadas de ahí, un programa radiofónico feminista también aporta una importante dosis de autocrítica a la práctica de la contrainformación. Es de notar que, en muchos