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Estrategias de sentido común e ingenio

Velázquez Delgado, Jorge

Abstract

Las relaciones entre el sentido común -como categoría recurrente en la historia del pensamiento- y el ingenio -con sus relaciones tal y como plantea Vico- constituyen la estructura de la propuesta del autor.

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ESTRATEGIAS DE SENTIDO COMÚN E INGENIO Jorge Velázquez Delgado Las relaciones entre el sentido común –como categoría recurrente en la historia del pensamiento– y el ingenio –con sus relaciones tal y como plantea Vico– constituyen la estructura de la propuesta del autor. Palabras clave: Vico, ingenio, sentido común, Ciencia Nueva, estrategias, sociedad The paper is organised around the relationship between common sens –as a recurrent category in the history of thought– and ingenuity –with it’s relationships, as they are considered by Vico–. Keywords: Vico, ingenuity, common sens, New Science, strategies, society. Reconocer que la realidad social es el resultado de toda una seria de contradicciones, conflictos, antagonismos, tensiones e intereses entre diversas fuerzas histórico-sociales, es decir, que es producto de la lucha de clases, es reconocer el sentido común como un mundo de opiniones diversas, contradictorias e incluso de carácter irreconciliables que muestran, todas ellas en conjunto, que el interés por establecer un espíritu público armónico y medianamente estable, parece prácticamente imposible. Pero nunca impensable. Aceptando que el sentido común tiene por fundamento la predisposición natural de los hombres a vivir en sociedad, es aceptar que éste es una verdad inmutable de la historia gracias a la cual es posible cualquier forma de sociabilidad humana. Pero, justo por no ser esto así, es decir, por no ser el sentido común una verdad inmutable de la historia, el interés por determinar qué es el sentido común adquiere hoy una importancia de primer orden. Mas, como sabemos, el problema del sentido común es una cuestión que desde la Antigüedad siempre ha ocupado la atención de los filósofos. No sólo de aquéllos preocupados por esclarecer mínimamente los espinosos e inescrutables asuntos de la política; pues también y sobre todo quienes han abordado el difícil problema del conocimiento humano no han dejado de expresar sus puntos de vista al respecto del lugar que ocupa en la obtención de la verdad científica. El sentido común es, en efecto, parte constitutiva del tejido social y lo único que de éste se acepta es la forma en que lo entiende Giambattista Vico. Es decir, como “juicio sin reflexión alguna”1. Partimos, así, de este ampliamente conocido presupuesto viquiano 259©Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005) Sevilla (España). ISSN 1130-7498 © Jorge Velázquez Delgado csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:58 Página 259 para establecer a la vez que el sentido común es, parafraseando a John Elster, parte del “cemento social”. Esto es, un referente incuestionable y de gran valor para la comprensión de los procesos de sociabilidad conocidos hasta hoy. De este modo, lo que aquí se valora sobre el sentido común es su valor hermenéutico. Y se comenta, de paso, que el rechazo generalizado que existe al respecto de dicho valor parte de las actitudes ilustradas que no han dado la merecida importancia que éste adquiere como clave hermenéutica para la comprensión histórica. Por ser resultado y producto de un sin fin de contradicciones históricas de diferente corte, es imposible y tal vez absurdo que el sentido común se adopte como una verdad inmutable en la historia. Es este carácter intrínseco que tiene el sentido común, es decir, no ser una verdad inmutable y, por lo mismo, eterna de la historia, lo que mueve a decir que lo que se tiene son diferentes modos de expresión y determinación sobre el sentido común. Por ser esto así, lo que se observa es entonces, opiniones, o, si se quiere, un conjunto de “juicios irreflexivos”, sobre diferentes cuestiones de la realidad. Cuestiones que pueden ir desde las más simples y ordinarias hasta las más complejas y cruciales para la armonía y paz social. Ahora bien, la relación entre el sentido común y el consenso tiende a ser eventualmente estrecha. Pero recordemos que la obtención del consenso puede ser producto de un cambio de opinión como resultado de diversos métodos de acción o ejercicio de la política, y no tanto así un cambio radical con respecto al problema del sentido común. Pues aquí el cambio de opinión implica ejercer una reflexión en torno a un problema concreto y, por tanto, establecer un juicio como producto de la reflexión. La cuestión aquí es cómo mantener el criterio que define el sentido común como “juicio irreflexivo” cuando tales cambios de opinión pueden conducir a la fractura del orden social en la medida en que se pierde el sentido del sentido común. Es decir, cuando el sentido común deja de ser “consenso adquirido” y “patrimonio de convenciones compartidas”2. Diremos que el sentido común no se pierde en cuanto que éste conserva su utilidad con relación al “espíritu publico” que lo posibilita incluso como lo que éste es en última instancia: precondición necesaria a todo pensamiento reflexivo. Si el sentido común es un modo de certeza política que permite incluso la posibilidad de intercambio de opiniones y del diálogo, la relación entre Tópica3(o ámbito del sentido común4) y critica, debe ser entendida como una dialéctica en la construcción del proceso civilizatorio que abre la modernidad. Es decir, como una invaluable relación a través de la cual lo que se quiere es evitar la barbarie de la reflexión. Lo que nos muestra el sentido común no es ese obstáculo que dificulta la comprensión objetiva de lo real; por lo contrario, es un referente fundamental para la comprensión de la configuración del tejido social en sus múltiples relaciones y campos de complejidad. Pues, al no ser una verdad única e inmutable a partir de la cual se ejercita la cohesión social, lo que se tiene por sentido común hoy es, como ya se ha indicado, un referente común a las diferentes concepciones del mundo que son parte imprescindible de todo sistema social. Es esto lo que lleva a suponer que el sentido común es el más común de todos los sentidos. Sin embargo, cabe decir que el sentido común no es algo ajeno a la construcción y lucha por la hegemonía. Como tampoco algo que no permita la estabilidad de un sistema de dominación política sin sustento hegemónico o con débiles fuerzas hegemónicas. Lo que demuestra la historia, en particular la historia reciente de la modernidad, es que si los procesos de cambio socio-histórico y cultural ocurren y se fraguan en la mayor parte de las veces dando lugar al desarrollo de un tiempo sumamente largo de la historia, a un tiempo en el cual ciertas sedimentaciones del Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005)260 Jorge Velázquez Delgado csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:58 Página 260 pasado de algún modo siguen presentes5, los cambios ocurridos en el interior del sentido común tienden a ser igualmente de una compleja amplitud histórica. Pero, independientemente del problema de la temporalidad en la historia como de la longevidad que alcanza una civilización en cuanto a sus orígenes, grado de madurez y decadencia, es decir, de lo que serían los inevitables ciclos de la historia, lo relevante será siempre determinar cuál llega a ser la relación que existe entre una mentalidad poseedora de un cierto sentido común con la configuración de una determinada hegemonía. De igual modo, resulta de gran interés establecer cuáles serían los elementos más genuinos y originales que promueve e identifican a las fuerzas sociales subalternas en los grandes procesos de cambio social. Pues son estos elementos los que, de una forma u otra, establecen los principios que permiten la construcción de un nuevo sentido común en la historia. Es decir, el principio de una nueva forma de sociabilidad humana. Al igual que cualquier otra filosofía, la filosofía de Giambattista Vico es producto también de incontables cambios históricos. Concretamente de un intenso cambio socio-histórico y cultural en el cual, entre otras muchas cosas, se encontraban en juego también los modos del sentido común dominantes de su época. Posiblemente para dicha época la determinación del sentido común no dependía tanto de la simple distinción entre una masa inculta y una élite culta e ilustrada. Por depender más bien de la forma en que se asumía un determinado compromiso con la extraordinaria tradición humanista. Es con el apoyo de esta tradición como Vico enfrentó los embates de una nueva racionalidad a la cual las fundamentales cuestiones de la historia, así como su inteligibilidad y comprensión, en poco podrían contribuir para el desempeño de las nuevas tareas científicas. El sentido común y el ingenio como formas de representación de lo real sufren, a partir de las nuevas formas de racionalidad impuestas por la filosofía crítica, en especial por el cartesianismo y toda la tradición y desarrollo que a partir de esta racionalidad ha seguido la modernidad, una especie de desprestigio y destierro tal que prácticamente se han visto imposibilitados a recuperar un poco su viejo status y respeto con que fueron tratados a lo largo de toda la tradición humanista. Es bastante cierto que la liberación moderna se encuentra profundamente endeudada con el cartesianismo y las formas de racionalidad que se han derivado a partir de la extraordinaria hazaña cartesiana. La cuestión ahora no es tanto cuestionar la importancia de la filosofía de Descartes en el proceso de liberación moderna. O ignorarla a partir de asumir, acríticamente, la filosofía de Giambattista Vico, pretendiendo hacer con esto un falso homenaje al filósofo napolitano. Sin dar más rodeos, diremos que esto constituye un falso problema. Y lo que pensamos es que tanto Descartes como Vico contribuyeron cada uno con sus propias armas a forjar esto que hoy conocemos y vivimos como modernidad. Lo importante es, entonces, cómo recuperar la tradición humanista en el ámbito de la razón moderna6. Pues, como lo advertimos, el triunfo de la modernidad y el despliegue hegemónico que ha tenido a lo largo de los últimos siglos ha dependido en gran parte de esto último: de expresar un peculiar desprecio a un modo de subjetividad y acción humana relacionada con el sentido común y con el ingenio. Es a partir de aquí cuando el sentido común y el ingenio dejan de ser parte de las estrategias del conocimiento humano o de representación de la realidad y pasan a ser, en el mejor de los casos, eventualmente importantes, pero nunca significativos y relevantes para la comprensión histórica o para la acción y práctica política. El sentido común no es, pues, el campo irreparable del error y la falsedad, ni tampoco el mundo inconmensurable y bizarro de la opinión. Por ser, de acuerdo con Vico, parte Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005) 261 Estrategias de sentido común e ingenio csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:58 Página 261 del mundo real que tiene como criterio de mediación el “juicio irreflexivo” como principio de lo verosímil. De este modo, el sentido común no es exclusivamente, como supone Antonio Gramsci, la “filosofía de los no filósofos”, es decir, concepciones del mundo que son absorbidas a-críticamente por los diferentes medios sociales y culturales en los que se desarrolla la individualidad moral del hombre medio7. Mucho menos es el sentido común, el “folklore de la filosofía”, como lo sostiene nuestro admirado filósofo sardo. Por esto mismo, el sentido común no puede ser esa marcada línea que separa a los filósofos de oficio o vocación de los no filósofos, es decir, simple folklore filosófico o insuperable línea que obstaculiza la posibilidad de tener o adquirir una verdadera conciencia de la realidad. Si el sentido común es parte fundamental de la lucha por la hegemonía y, por lo mismo, cualquier nueva expresión del sentido común tendrá que ser, gramscianamente hablando, parte inevitable de la generación de una innumerable capa de no filósofos como de un nuevo tipo de folklore filosófico, lo que convendría considerar es, entonces, si la configuración de una nueva hegemonía supone o no la formación de un nuevo tipo de subjetividad a través de la cual se renuncia al ejercicio de la critica. Si esa nueva sociedad es la tantas veces esperada sociedad de los filósofos, es decir, una sociedad en la que al ser todos intelectuales, prescinde del sentido común como basamento de su espíritu público. Será así una sociedad regida por el sentido común de los filósofos. Pero, independientemente de tales especulaciones, la pregunta que cabe hacerse aquí es: ¿qué es el sentido común más allá de las exigencias de una racionalidad científica que solamente se reconoce como tal frente a la naturaleza y no así en los problemas de la historia, la política o de la moral? Ahora bien, si la conservación del espíritu público depende de la sensatez entendida como madura capacidad de juicio basada en los principios del sentido común (¿En juicios irreflexivos que generalmente llevan al engaño? ¿Será, entonces, el sentido común el genio maligno de la política?) su relación con el sentido común puede ser definida en términos del interés de preservar el orden social, pero no así para definir qué es el sentido común o para determinarlo como simple sabiduría innata (¿que no popular?) o práctica en los hombres8. Si el sentido común es sabiduría innata debe ser, en consecuencia, la cosa mejor repartida en el mundo. De no ser así, es decir, que es cosa adquirida a través de los procesos de socialización, entonces sí cabe la posibilidad de hablar de criterios de diferenciación entre el “buen sentido común”, el “sentido común”, el “sentido común sensato” y el “psudosentido común”. Pero la cuestión que queda pendiente de resolver es si esta división, en caso de ser aceptada, permite definir al sujeto del sentido común, claro está, en caso de existir éste; así como los criterios de demarcación que aclaran el “cambio” de un sentido común a la adquisición de otro el cual, obviamente ya no sería tal, por responder éste a un momento particular de la reflexión. No se duda aquí del carácter relevante que adquiere la sensatez como cualidad de la acción política así como de la preservación y engrandecimiento del espíritu público. Comprendida así la sensatez nos es imposible no ver aquí un sabio consejo de nuestro admirado Maquiavelo. Consejo que permite recordar a la virtù como cualidad adquirida del hombre público. Para las cosas de la política, la sensatez es cosa útil en los sentidos ya referidos, esto es, para la preservación y engrandecimiento del espíritu público. O, si se prefiere, para la construcción de una sociabilidad cimentada en criterios normativos de tipo democrático. En este sentido es posible que el llamado sentido común deje de ser tal, pues una sociedad construida con tales criterios, sólo puede ser el producto de múltiples mediaCuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005)262 Jorge Velázquez Delgado csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:58 Página 262 ciones reflexivas en torno a todo el tejido social y para las cuales supuestamente el sentido común ya no tendrá ningún papel relevante. Ylo que hoy nos anuncia nuestro elemental sentido común es que estamos seguros de que tal cosa no ocurrirá jamás. Ya que la fuerza o carácter intuitivo que preserva el sentido común permite advertir que una sociedad construida sobre la base de su negación será resultado de la barbarie reflexiva. Si el sentido común es una verdad compartida por toda la especie humana, y no así un conjunto de verdades necesarias y elementales que comparte una comunidad bajo un tiempo y espacio determinados, o, en otros términos, bajo un contexto histórico concreto: ¿a qué verdad se hace referencia cuando se habla del sentido común o desde el sentido común? Como ya se ha advertido, el sentido común no es una verdad inmutable e infalible que recorre toda la historia; es un tipo de subjetividad mediante la cual percibimos el mundo y actuamos sobre él, transformándolo y transformándonos incesantemente. Si existe un secreto profundo de la historia, no dudamos que éste es el secreto de la capacidad transformadora del hombre en su vital relación con la naturaleza y con su propio mundo social. Es este mismo secreto el que generosamente Vico, como descubridor de entrañables cosas humanas, nos lo ha compartido para comprender la historia9. Es un secreto que ha dado pie así a la configuración de diferentes horizontes de reflexión histórica endeudados, directa o indirectamente, con el filósofo napolitano. Es también gracias a Vico que entendemos ahora cómo la fractura del sentido común en una sociedad es causa de considerables alteraciones al espíritu público de la misma. Vico advierte así, con profundo conocimiento de causa, que la transmutación profunda o radical del sentido común conlleva, irreparablemente, el sacudimiento de toda la cadena político-social de mando y obediencia. Sus conocidos esfuerzos y empeños en establecer una Ciencia Nueva, es decir, un conocimiento preocupado por los innumerables asuntos de la sociedad, pero en particular de la historia, permiten definir dicha ciencia como ciencia de la política10; es un conocimiento que insiste en la cuestión del sentido común como factor de estabilidad, desarrollo y cohesión social. Pero, principalmente, como fuerza conservativa de la sociedad. De este modo, la Ciencia Nueva habla de lo inevitable del movimiento de la historia, de un movimiento que, si bien se desarrolla y, si se quiere, evoluciona siguiendo un proceso definido por Vico como de corso-ricorso, es decir, una dialéctica de la historia que tendrá que esperar a Hegel para incorporar a ella el elemento de la superación, muestra, por un lado, el sentido común en su indeterminabilidad y, por otro señala, paradójicamente, sus referentes concretos que le permiten desenvolverse hacia los fines de una realidad histórica o de un nuevo espíritu público, como para establecer los criterios coercitivos correspondientes a dicho espíritu. O bien, por último, para comprender cuáles han sido los elementos que han permitido la descomposición y desintegración de una sociedad11. De acuerdo con nuestra particular forma de ver al problema del sentido común en la filosofía de Giambattista Vico, lo que se piensa es que éste es central como parte de una interesante propuesta hermenéutica para la comprensión de la historia y de la política. Si para Giambattista Vico el sentido común es una nueva arte crítica gracias a la cual llegamos incluso a apreciar la belleza del mundo civil12, lo que advierte a su vez esta filosofía es que los aún no apagados fuegos de las pasiones políticas y religiosas que hicieron el ciclo histórico de un sentido común, reventarán en mil pedazos. Se podría decir aquí que para la cristiandad hasta antes de la Reforma el sentido común operaba como un tipo de criterio amplio de las naciones para definir lo cierto. Sin embargo, fue la certeza de un Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005) 263 Estrategias de sentido común e ingenio csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:58 Página 263 mundo sometido a constantes mutaciones lo que llevó a tomar distancia sobre la dificultad de definir los criterios de verdad que dan pie a las diferentes formas de sociabilidad histórica conocidas hasta hoy. Un mundo que constituye el sentido común en su invariable e impredecible condición contingente. Si el mundo de Vico fue ese momento en el que la tradición y las nuevas fuerzas de la historia se desplegaron con extraordinario dinamismo, es comprensible que el sentido común, como generador de ideas uniformes pero también como una propedéutica que anuncia nuevos horizontes históricos, fuera objeto de una serie de trastocamientos de gran importancia. Particularmente, porque ese mundo no deja de mostrar una idea de sí mismo como un proceso en el que, tal vez como ningún otro momento de la historia, los modos de la sensibilidad, percepción y representación colectiva se vieron afectados y sometidos a tales tensiones históricas en las que filósofos y no filósofos, es decir, hombres simples y hombres críticos o intelectuales en el sentido moderno del término, participaron de un mismo proceso histórico construyendo así los principios para el nacimiento de nuevas expresiones históricas que en general contribuyeron a modificar sustancialmente sus formas de sensibilidad, percepción y representación colectiva y, en particular, dieron origen a nuevas formas del sentido común. Son estas formas del ser colectivo de las naciones modernas lo que las hace participar de un proceso civilizatorio de larga trayectoria histórica como lo es éste, el de la modernidad. Si el sentido común genera un determinado modo de pertenencia al mundo, un mundo que sabemos finito y contingente, un mundo humano que sólo se nos revela como lo que en esencia es: una realidad histórica, lo que determinamos como la condición propia del sentido común es la suma de mediaciones sociales, políticas, culturales e históricas producidas por nuestro respectivo grado de relación con nuestra propia inmediatez. Es en el conjunto de todas y cada una de estas relaciones en donde el nexo que existe entre sentido común e ingenio llega a ser más hondo de lo pensado. Quizá a partir de esta relación la cuestión del trabajo humano adquiere en la obra de Vico –y a partir de Vico– una relevancia crucial para la comprensión histórica. Principalmente, si estamos de acuerdo en aceptar que el sentido común tiene por ámbito propio el trabajo humano13. A partir de su reconocimiento como fuerza liberadora para la modernidad el trabajo humano adquiere también, para la ubicuidad problemática del sentido común, una importancia esencial. Determinándose a la vez el carácter mediador que desarrolla entre sentido común e ingenio. La filosofía de Giambattista Vico forma parte de la cultura barroca. Su identidad más inmediata responde a dicha cultura. Es así una filosofía que, al producirse bajo un contexto histórico de invaluable riqueza material y espiritual como lo fue la cultura barroca, presenta incógnitas las cuales posiblemente las formas de racionalidad ilustrada y moderna se han encontrado poco interesadas en aclarar. Si esta filosofía es parte de las inquietudes y propuestas que caracterizan la cultura barroca, hasta cierto punto es comprensible, y diríamos natural, el no encontrar una amplia aceptación por parte de dichas formas de racionalidad. Existe así una especie de consenso, por no decir sentido común filosófico, que no deja de proyectar la imagen de la filosofía viquiana como una filosofía poco esquemática y de difícil acceso así como de poco interés, en la medida que no responde a ciertos planteamientos metafísicos, llamémoslos hegemónicos, en el interior de las diversas corrientes y comunidades filosóficas. Los esfuerzos de Vico por establecer una filosofía original son, por sí mismos, más que admirables. Y definirla como una filosofía del barroco responde a nuestro Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005)264 Jorge Velázquez Delgado csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:58 Página 264 particular interés por comprender a las actitudes del hombre barroco, como un espíritu de resistencia que, al ir a contracorriente de los tiempos, sabe preservar los más sentidos valores da la tradición humanista, permitiendo así establecer sus propias condiciones a las formas y a las tendencias históricas que configuran todo un largo ciclo de la historia. De este modo, dicho espíritu emerge como una fuerza vital que proyecta —a su modo y a partir de sus propias condiciones y circunstancias— nuevas verdades y certezas. Mas no haciendo del viejo sentido común un simple traste viejo de la historia, sino proyectándolo hacia nuevos horizontes históricos. Tomando en cuenta que el cartesianismo es una filosofía crítica que se obsesiona en no reconocer a la fantasía como lo que ella es también: medio e instrumento para la representación del mundo; la eventual relación que llegue a existir entre ella y el ingenio, tiende a significar, en el mejor de los casos, un modo incorrecto de ejercitar la razón. Si el ingenio es un modo de creación y representación del mundo en sus múltiples y variados modos de relación, éste se reconocerá como aquellas formas espontáneas de conocimiento humano que dependen más de la capacidad sensible de los hombres que de su facultad para expresar la belleza metafísica de la que habla Vico14. El ingenio es así adoptado como un tipo de habilidad perteneciente más al hombre común y a los artistas que a la “vanidad de los doctos”. El ingenio ha sido así apreciado más como una especie de remanente humanista que adquiere poco interés para el mundo moderno que como una cuestión que revele cuestiones fundamentales para la comprensión de la modernidad. Para las formas de vida de las culturas renacentistas y barrocas, desde sus estratos más profundos, el ingenio fue siempre apreciado como algo de vital importancia. La peculiar centralidad que adquirió a través de dichas formaciones culturales demuestra, entre tantas otras cosas, el porqué del sentido alegre de la vida característico al grueso de las actitudes renacentistas. El mismo que, en infinidad de casos, ha sido contrastado con la seriedad y sobriedad con que se ha fraguado el mundo moderno. Si el Barroco es un proceso de transición que va de las formas de alegría vital del Renacimiento a la solemnidad moderna, un proceso que, al no romper con las primeras, las dota de nuevos impulsos los cuales llegan incluso a nuestros días, rompiendo con ello el aburrimiento que algunos creen debe ser la condición natural de nuestra civilización, y en especial de nuestras formas de ejercer la filosofía, es comprensible que el ingenio haya sido la expresión de una cultura que prefirió caminar por otros senderos que la alejaran de los llantos místicos, así como de un mundo en el que las querellas teológicas, metafísicas y políticas terminaban, invariablemente, en cruentas revoluciones, guerras civiles y religiosas o en temibles hogueras inquisitoriales. En inevitables fracturas del mundo para el cual el sentido común ha perdido todo sentido. El ingenio se encontró así sometido también, bajo la cultura barroca, a los embates de lo que fueron los orígenes de un exitoso sistema económico para el cual la riqueza acumulada requiere de un innumerable ejército de explotados y de una enorme masa de indigentes. Es obvio suponer que para esa cultura el ingenio se ha ejercido más que como un medio de conocimiento y representación objetiva de lo real —como un momento que, de acuerdo con Giambattista Vico, es constitutivo y constituyente del largo proceso civilizatorio que ha seguido la humanidad desde sus más remotos orígenes, esto es, como un proceso que va de la barbarie a la civilidad—, como un interesante y complejo (dadas sus múltiples facetas y sectores sociales que lo practicaron con extraordinario y admirable empeño) recurso de Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005) 265 Estrategias de sentido común e ingenio csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:58 Página 265 sobrevivencia del que dependía, no sólo la población inculta, sino incluso hombres de docta vanidad, quienes hicieron del ingenio un arte para sacar mayor provecho de las infinitas vanidades palaciegas que fueron propias de la cultura cortesana del barroco. De esto último se deduce por qué tanto el ingenio como el comportamiento ingenioso se han entendido como formas elementales del conocimiento, tendentes más al artificio y, por lo mismo, al engaño que al verdadero conocimiento del mundo. Los ejemplos del arte, la literatura e incluso el pensamiento político del barroco son numerosos e importantes para la comprensión de la centralidad que adquirió el ingenio bajo los derroteros de dicha cultura. La construcción de la imagen del Rey o Príncipe barroco es, por motivos diversos, el principal referente de una realidad social en la que incluso el ingenio adquiere reconocimiento y recompensas de diverso orden; los espejos de príncipes fueron, pues, excelentes obras del ingenio político de la época. Como lo fue, de igual modo, toda la picaresca literaria del Siglo de Oro español. Los espejos de príncipes y la picaresca española fueron, sin duda alguna, medios a través de los cuales el arte del ingenio se expresó con significativa prudencia para representar, exponer y develar una verdad. La cuestión no es si dicha verdad era compartida o no. Lo importante es que el ingenio —que encuentra tal vez en Miguel de Cervantes y en Baltasar Gracián a verdaderos Homeros de la cultura del Barroco, a sus más dignos y trascendentes representantes—, es un modo de conocimiento que, recurriendo a diversas y diferentes estrategias de expresión, como lo fue el arte, la literatura, la política, el teatro e incluso el propio carnaval, produce sus propias estrategias de verdad. De un tipo de verdad que sólo puede ser reconocida por la moral, la política o la historia. En este sentido, el ingenio es, siguiendo a Vico, fuente inagotable de lo verosímil y, por lo mismo, según nosotros, campo de resistencia de la fantasía. Es, siguiendo nuevamente a Vico, fuerza indagadora e inventiva que une lo disperso y que, al igual que ocurre con el sentido común, establece cimientos para el ejercicio del entendimiento o saber práctico. Es importante observar que ha existido, querámoslo o no, el interés por parte de diversos modos y estrategias de la racionalidad moderna de expulsar ingenio, lógica de la fantasía y sentido común de toda eventual forma de comprensión del mundo moderno. Particularmente, han sido las diferentes elites cultas las que han mostrado mayor interés en tal expulsión. Exponiendo así la preocupación de no verse comprometidas con aquellas formas de conocimiento, representación y comprensión que identifica como ajenas a su propio mundo. Pero estas actitudes no significan que el ingenio, la fantasía o el propio sentido común tiendan a desaparecer de la historia. O que incluso pierda su valor hermenéutico para la comprensión histórica. En particular, es importante observar que el ingenio y la fantasía han sido formas de reproducción material y cultural que se han desarrollado de manera inusitada, incluso a través de todo lo largo y ancho de la modernidad. La cuestión es, entonces, en qué momento dejaron de ser formas de representación y comprensión del mundo; en qué momento pasan a ser consideradas únicamente como parte de la larga “infancia” del mundo, dejando así de ser parte de la supuesta madurez distintiva del hombre moderno. O bien, en qué momento se rompe con ellas y se hace de lado la centralidad humanista que hasta ese entonces habían seguido los derroteros de la historia. Al igual que cualquier otra formación cultural, el barroco fue también una cultura sentidamente preocupada por los procesos de fragmentación social y trastocamiento histórico. Serían muchos los motivos que permiten suponer que esta preocupación del espíritu Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005)266 Jorge Velázquez Delgado csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:58 Página 266 barroco fue también una constante que envuelve todo el pensamiento viquiano. Y, como ya se ha indicado, en su noción sobre el sentido común resalta el carácter preservativo que le otorga. Vico sintió así, como nosotros, un abismal terror ante cualquier forma de barbarie producto del deterioro y de la descomposición social. Pero, sobre todo, como producto de la considerable pérdida del sentido común. Ahora bien, es imposible no reconocer que la eventual pérdida del sentido común tiene también la intolerancia como una de sus más evidentes causas. Es decir, una fuerza que, recurriendo al terror, mantiene una condición poco aceptable, para nuestra visión moderna y democrática sobre el espíritu público, del orden social. Es esta visión que califica de inaceptable el terror como fuerza hegemónica. Es bajo un clima de terror generalizado como se provoca que la vida pública pierda aquella belleza de espíritu que adquiere a partir del sentido común. Y el sentido común se expresa como simple deseo de supervivencia; radicalizando de forma extrema el ingenio individual y burlando así éste los excesos de intolerancia. Un clima de extrema intolerancia religiosa y política como el que caracterizó las formas culturales del barroco ayudó a agudizar al ingenio; como también el que se manifestaran reclamos de tolerancia y libertad de opinión como fundamentos esenciales de un nuevo espíritu público15. La experiencia barroca demuestra que existe una correspondencia entre la intolerancia y las facultades del ingenio. Correspondencia que es menor bajo una sociedad con referentes socio-culturales más sombríos y dramáticos como fueron, en gran parte, los que definieron los derroteros históricos del siglo XX. Por otro lado, no es posible decir que hay una relación simétrica entre el ingenio y la tolerancia. Es decir, que, a mayor grado de tolerancia, debe existir un tipo de ingenio cualitativamente mayor; particularmente de un tipo de ingenio interesado en colaborar en los asuntos que afectan a la vida pública. Como sabemos, la salud pública no es medible por el ingenio que desarrollan los individuos para solucionar sus múltiples exigencias y necesidades cotidianas y, por el contrario, en general se ve en ese ingenio signos inequívocos de una cultura popular que en vez de manifestar la grandeza de la vida pública, se le ve como una preocupante decadencia. Es bajo tales cuadros sociales que al ingenio se le determina más con el humor que como una parte sustancial de los procesos cognitivos o de su transmisión. Si el humor es esa parte de la irrenunciable naturaleza humana que refuerza los lazos de la sociabilidad, es natural que requiera de un agudo ingenio así como un ambiente social en el que la libertad de expresión sea principio indeclinable en el fortalecimiento del espíritu público. De otro modo no queda más que aceptar que el ingenio es ese ámbito de resistencia al que acude el individuo sagaz, sabio y prudente quien con habilidad insuperable logra sortear las mil aduanas de la intolerancia. Si el Sensus comunis. Ensayo sobre la libertad de ingenio y humor16, del filósofo inglés Anthony (tercer) Conde de Shaftesbury (Londres, 1671; Nápoles, 1713), es, en términos justos, un tratado sobre la tolerancia, éste, a diferencia de las invaluables consideraciones establecidas por Locke y por Voltaire, contiene planteamientos sobre la tolerancia que bien vale la pena revaluar, en particular para la comprensión de nuestra cultura y de los grandes retos políticos del mundo moderno. Reconociendo que la cultura barroca produce excesos y contrastes diversos que, al parecer, tienden a ser comprensibles recurriendo a la propia fuerza del ingenio, es decir, reconociéndolos como parte de un todo que hay que saber identificar a partir de su propia dispersidad, los desplantes místicos resultan ser así, no el desvarío de una razón o pasión Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005) 267 Estrategias de sentido común e ingenio csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:58 Página 267