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China y Estados Unidos. Monográfico I

Arenal Lora, María Libia

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MONOGRÁFICO I. CHINA Y ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA Libia Arenal Lora FUNDACIÓN PARA LA COOPERACIÓN APY-SOLIDARIDAD EN ACCIÓN 1. Algunas reflexiones preliminares . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .439 2. El estudio de las superpotencias y la concepción del poder . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .440 3. El papel histórico de China en las relaciones internacionales: . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .442 3.1. El orden sino-céntrico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .442 3.2. El ocaso u erosión de la pax sínica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .443 4. El establecimiento y desarrollo de las relaciones internacionales en China y los Estados Unidos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .445 5. Prospectiva de las relaciones entre China y Estados Unidos a partir de escenarios de conflictos y de cooperación geoestratégicos . . . . . . . . . . . . . . .450 5.1. El mar del sur de China . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .450 5.2. El espacio del Ártico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .451 5.3. Taiwán . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .452 5.4. Cambio climático . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .453 6. Conclusiones: los futuros posibles . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .453 Referencias bibliográficas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .454 439 1. Algunas reflexiones preliminares Para comenzar con el análisis de las relaciones entre los Estados Unidos de América (EE.UU) y China hay que tratar algunas reflexiones preliminares que ayuden a contextualizarla. La primera de ellas es que cuando elegimos el estudio entre las relaciones de EE.UU. y China hacemos un ejercicio de simplicidad porque tratamos de estudiar estos dos países como si fueran monolíticos a partir de las relaciones de gobierno a gobierno, lo que es un error. Es evidente que sobre estas relaciones inciden otros muchos actores (provincias, multinacionales, ONG, universidades) que también participan de estas relaciones y que hay que tener presentes para llevar a cabo cualquier análisis serio sobre el tema. A estos actores se les ha llegado a calificar como de perforadores de la soberanía. La segunda reflexión tiene que ver con las implicaciones que tiene este tema. Hace 50 años, probablemente, la relación entre EE.UU. y China no hubiera sido un tema particularmente importante de análisis para las relaciones internacionales; ahora que sí lo es, hay que entender que, también, al elegirlo se arrastra una determinada forma de entender cómo funciona el mundo. Esto viene a significar que hoy, para saber cómo funcionan las relaciones internacionales, tenemos que LIBIA ARENAL LORA 440 entender cómo funcionan las relaciones internacionales entre EE.UU. y China. De hecho, puede afirmarse que, en la aproximación al estudio de las relaciones entre ambos actores, se mantiene o se ha heredado el paradigma realista de las relaciones internacionales que entiende el conjunto de interacciones en el mundo como el resultado de relaciones que se dan entre países. Además, se parte de la premisa de que esta relación es por oposición y, por tanto, reforzando la idea de que son los contendientes sobre la hegemonía mundial. Podemos sumar una tercera reflexión, y tiene que ver con el carácter viciado o politizado que tiene el análisis de las RRII entre estas dos potencias. Estos no son debates puramente académicos, también, en muchas ocasiones responden a una agenda que plantea el ascenso de China como un desafío al statu quo o una forma de afectar el orden internacional poniendo en evidencia los riesgos o los peligros que suponen los cambios en las relaciones de las superpotencias. Esto creo una mayor zozobra. La mayoría de los trabajos académicos que abordan esta cuestión lo hacen para legitimar determinadas políticas o estrategias. 2. El estudio de las superpotencias y la concepción del poder Existe una percepción absoluta de que EE.UU. es la potencia dominante en el mundo hace 70 años y una superpotencia. Ahora bien, si preguntamos si China es una superpotencia quizás nos encontremos con ideas enfrentadas o con matices y esto nos obliga a definir el concepto de superpotencia en el S.XXI. Lo que define a una superpotencia tradicionalmente es la suma de una serie de elementos: un país que dispone de una cantidad y variedad de recursos (económicos, recursos naturales, humanos, entre otros) que le permiten tener una escasa dependencia de otros países y, por lo tanto, su supervivencia no está en riesgo; la capacidad para influir en la agenda global y en las estructuras internacionales, es decir, que tiene la capacidad de influir en todos los temas y en todos los momentos en la agenda global, y esto no significa que decida sobre ellos, pero sí que tiene opinión e incide sobre aquellos; además, cuando éstas afectan a las estructuras, tiene la capacidad de influir sobre las instituciones y las normas que dibujan las relaciones internacionales; la extensión geográfica del país también ha sido considerado, más en los años 50 y 60 que hoy, aunque hoy es un elemento que se encuentra más en desuso –de hecho frente a este elemento de la extensión MONOGRÁFICO I. CHINA Y ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA 441 y el control territorial han ido ganando peso otros como el desarrollo de la inteligencia artificial, la innovación o la transferencia de conocimiento y la posesión de otras fuentes de riqueza no asociadas al territorio–. A estas condiciones clásicas habría que sumar un cierto componente civilizatorio, es decir, su identificación con un grupo social diferenciado, y que además debe existir una convicción de que tiene una misión en las relaciones internacionales en tanto que pueblo. Si entendemos que China y EE.UU. son dos súper potencias, la siguiente pregunta es si es el mismo tipo de superpotencia. Hace algunos años, parte de la doctrina señalaba que China se presentaba asimismo como una superpotencia atípica. Esto abre un interesante debate sobre en qué medida el concepto de superpotencia se ha definido a través de una realidad, contaminada por la experiencia fáctica de EE.UU., o lo que es lo mismo, si se define una categoría a través del caso, si se define qué es una súper potencia a través de las características que reúnen los EE.UU. De hecho, cuando se pretende definir a China como superpotencia no encaja dentro del concepto forjada con el patrón de los EE.UU. Esta caracterización de los dos Estados como superpotencias lleva a plantear qué tipo de poder tienen unos y otros. La definición clásica de poder es la capacidad de un actor de influir en las decisiones o las acciones de otros actores y en las condiciones en la que coexisten, ya sea de forma directa o indirecta a través de las estructuras o de las normas. Otras dos dimensiones importantes del poder son el poder duro –que hace referencia a la capacidad que tiene un actor para imponer sus preferencias de forma más coercitivo y se apoya en los recursos militares y económicos y genera efectos de manera casi inmediata– y el poder blando –que se basa más en la persuasión, el liderazgo, la reputación, entre otros, y que se apoya en recursos más intangibles y los efectos se producen más a largo plazo dentro de un proceso de socialización–. El rol de las superpotencias ha dependido en gran medida del poder duro, aunque, en los últimos 25 años, se ha visto como tanto EE.UU. y China apostaban también por el impulso del poder blando en sus relaciones internacionales. Los dos Estados han ido articulando, en los últimos 15 años, estrategias para el desarrollo de smart power –una combinación de poder duro y blando– muy útil para perpetuar su posición en el orden internacional. Para poder entender la relación actual entre EE.UU. y China, tenemos que revisar el pasado histórico de esta última para comprender la representación de su posición en las relaciones internacionales contemporáneas; y esto porque, si bien la irrupción de China en el escenario global se ha presentado como una novedad, LIBIA ARENAL LORA 442 en el periodo relativamente moderno de los últimos 40 años, esta percepción no coincide en absoluto con la perspectiva de los historiadores chinos. Para ellos, este ascenso de China es un regreso a la normalidad porque lo que se ha considerado totalmente anómalo ha sido este último siglo –básicamente el periodo que comprende entre 1850 y 1980– y, por tanto, nadie debería sorprender o asustarse de este cambio. Para entender este debate tenemos que entender el papel histórico de China en las relaciones internacionales. 3. El papel histórico de China en las relaciones internacionales: 3.1. El orden sino-céntrico y la pax sínica Durante 2000 años China ha ocupado una posición muy privilegiada en las relaciones internacionales mundiales. El orden sino-céntrico y la llamada pax sínica colocaron a China en una posición central que no encuentra símil entre las experiencias de otros imperios europeos. Los fundamentos sobre los que se construye la pax sínica son los siguientes: la profunda superioridad de los ciudadanos han respecto de otros pueblos o grupos nacionales. A partir del siglo 2 a.C. los han se perciben a sí mismos como los mejores guerreros, moralmente más rectos y económicamente más poderosos que otros pueblos del mundo, idea a la que contribuyen elementos esencialmente materiales que, con el tiempo, va dando lugar a una creencia de su superioridad moral. Además, a diferencia de lo que ocurre con los imperios europeos, esta creencia no se traduce con el compromiso de una misión expansiva ya que China no aspiraba a que otros pueblos siguiesen su recorrido, si no que más bien pretendían preservar su cultura y su territorio, abandonando cualquier visión civilizatoria. De hecho, los contactos de China fuera de Asia, durante todo este periodo, son muy limitados, siendo los contactos puntuales y esporádicos. Esta manera de entender el mundo se arrastra hasta finales del S. XIX. Otro rasgo esencial para entender el auto reconocimiento de la posición internacional de China durante el periodo de la pax sínica es una concepción concéntrica o una cosmovisión circular del mundo que tenía en su núcleo central el territorio de China –Zhongguo, literalmente nación del centro, que es el nombre con el pueblo chino llama a su nación histórica–; un segundo círculo del que MONOGRÁFICO I. CHINA Y ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA 443 formarían parte Vietnam, una parte del sudeste asiático, Corea y Japón; un tercer círculo, que abarcaría el resto del sudeste y el sur de Asia: cuarto círculo, con el resto de Asia; y, por último, un quinto círculo que llegaría al resto de los territorios del planeta. En el centro de este orden sino-céntrico se sitúa el Emperador, que epitomiza todas las virtudes, y se rodea de los han, que ya no se considera que son 100% puros y virtuosos. A partir de aquí, cada círculo concéntrico se aleja de la pureza, aunque prevalece la idea de continuidad sobre la de prevalencia, muy al contrario de la experiencia europea. La idea de continuidad se mantiene sobre la de prevalencia. Esto se entiende así porque la figura del Emperador lo es de todo el mundo, Emperador entre emperadores, por lo que en este orden son existe diferencia entre el orden doméstica e internacional, es más, este se entiende como una ficción. Durante la pax sínica la construcción identitaria está basada en elementos culturales y lingüísticos, y no jurídicos-políticos como el de la ciudadanía, y el poder se proyectaba sobre las personas y no sobre el territorio. En Occidente el poder se proyecta sobre el territorio y sobre todas las personas que están en ese territorio o bajo su jurisdicción. De esta forma, la frontera de la pax sínica se movía tanto como se movían sus ciudadanos –de ahí se puede explicar la relación de China con su diáspora, sobre la que mantiene el ejercicio de su soberanía–. El poder se entiende como una derivada de la virtud y no al contrario o a la inversa. De esta suerte, cuando el Emperador pierde la virtud, puede ser despojado del poder, y los procesos que conducen a ellos –revolucionarios– se entienden de forma diferente a los conocidos por Occidente. De hecho, las revoluciones en China se han entiendo más como un movimiento de reparación y de restablecimiento de la realidad que de una ruptura. Todo esto va configurando una visión muy particular del mundo que se impone hasta finales del S. XVIII que es cuando se produce el ocaso de la pax sínica. 3.2. El ocaso u erosión de la pax sínica A partir de finales del S. XVIII hasta entrado el S.XX, o siendo más exactos en las fechas entre los años 1790 y 1942, tiene lugar el denominado “siglo de la humillación” que se caracteriza por una deconstrucción de este orden sino-céntrico, que contrasta con el ascenso de los EE.UU. en el orden internacional después de alcanzar su independencia del Reino Unido a finales del SXVIII. LIBIA ARENAL LORA 444 Hasta el comienzo de este periodo de ocaso, las relaciones entre China y Occidente habían sido muy limitadas, centradas en algunos contactos de naturaleza religiosa y económica. De China puede decirse que, por aquel entonces, ya era lo que se considera una potencia económica y algunos países occidentales tenían intereses en establecer relaciones más estrechas y estables. Sin embargo, China no había desarrollado el gusto por lo occidental y tampoco la necesidad. De esta manera, el comercio se realizaba a través del llamado comercio interpuesto, es decir, por medio de las Compañías de las Indias Orientales, a través de las que se imponían los productos occidentales a sus territorios coloniales y a cambio se extraía el opio, producto con el que se comerciaba en China. El opio resultaba ser una sustancia muy atractiva para la población portuaria de China y permitió que entre 1810-1830 el comercio entre China y Occidente alcanzara un cierto apogeo, pero del que derivado algunos incidentes y con ello algunos problemas en términos de seguridad. Además, el contacto de los comerciantes chinos con los occidentales era percibido por el Emperador de China como un correo de transmisión de algunas ideas de los llamados “bárbaros” (democracia, libertad religiosa y de intercambios), lo que suponía para este un gran motivo de preocupación y, por lo tanto, para que fraguara la idea de que junto al opio entraban en China algunas ideas que podrían poner en peligro su posición. El Emperador no decidió poner fin al comercio de opio hasta el año 1834, en el que empezó a tomar medidas para erradicar su tráfico y tras el incidente que supuso la confiscación de cerca de 20.000 cofres de opio de comerciante ingleses, a los que se negó a pagarles indemnización, dando comienzo a la llamada Primera Guerra del Opio, un duro enfrentamiento que duró tres años y del que Reino Unido salé vencedor. Ante este escenario, Reino Unido impuso a China el tratado de Nankín por el que se vio obligada a respetar la cláusula de nación más favorecida, a dar apertura de puertos y el deber de pagar reparaciones de guerra, además de ceder el territorio de Hong Kong, con lo que la derrota pone fin al orden sino-céntrico. La cuestión de fondo de este enfrentamiento es que después de 2000 años de una China invicta, el Imperio se enfrentó a una derrota militar y a una profunda crisis moral. Después de tantos años en los que China se auto reconocía una superior militar y moral, comienza a cuestionarse todo aquello aceptado como normal, desde los excesos del Emperador hasta el recorte de sus libertades, iniciando un proceso de erosión que camina a nivel doméstico e internacional. MONOGRÁFICO I. CHINA Y ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA 445 Á nivel doméstico, se profundiza en el cuestionamiento de la figura del Emperador y surgen las primeras voces que reclaman la modernización de China (modernistas) una vía posible de salida del caos en el que China se adentra con la preservación del orden tradicional, frente a aquellos que entienden que hay que preservar y fortalecer la figura del Emperador (monárquicos). En el ámbito internacional, la erosión del este orden adopta la forma de la imposición de toda una serie tratados comerciales desiguales –un conjunto de más de 20 tratados impuestos a China por diferentes potencias europeas y Japón– que van erosionando la integridad territorial de China, el control sobre sus ciudadanos y su capacidad de gestionar su propio comercio. En este contexto, en el año 1984, Japón le declara la guerra a China, que sale victorioso en apenas 1 año de contienda e imponiendo el Tratado de Shimonoseki (1895) por el que China cedía Taiwán, las islas Pescadores y Liaodong al Imperio del Japón. La derrota fue un catalizador para una serie de revoluciones y cambios políticos que se manifestarían más tarde en laRevolución de 1911, que acabó con un sistema dinástico y sino-céntrico de más de 2000 años. China se convierte así en un país soberano, con fronteras establecidas –y con enormes problemas para controlar todo el territorio de la China continental– y que le obliga a relacionarse con los otros Estados en pie de igualdad y ajustarse a una nueva realidad internacional frente a lo que se manifiesta incapaz –lo que por otro lado fue concebido como una enorme humillación política–. 4. El establecimiento y desarrollo de las relaciones internacionales en China y los Estados Unidos. Las relaciones entre China y EE.UU. atraviesan por diferentes momentos desde principios del S. XX. Si bien EE.UU., en las primeras décadas de este siglo, se van afianzado no solo como país emergente sino como una importante potencia que sale victoriosa de la I Guerra Mundial y se consolida como tal durante los gloriosos años 20, China atraviesa un periodo oscuro como consecuencia de lo que llaman el Siglo de la Humillación. La herida es tan profunda que cuando se proclama la República Popular China (RPC) Mao plantea que esta victoria alcanzada no solo lo es de los comunistas frente a los nacionalistas, sino que es una victoria de todo el pueblo chino sobre las potencias occidentales. LIBIA ARENAL LORA 446 En el periodo que se abre después de la II Guerra Mundial las relaciones de cooperación entre EE.UU. y China se estrechan teniendo en cuenta que ambas se sientan aliadas frente a la derrota de Japón y esto impulsa una mejora de la confianza entre ambas, bajo el deseo de expandir sus relaciones comerciales, en el marco de una Europa muy desgastada por la guerra, y la invitación de la República de China a ocupar un asiento en el Consejo de Seguridad (CS) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)–. Sin embargo, a partir del año 1949, las relaciones entre ambas se vuelven imposibles, promovida por una errónea interpretación de los EE.UU. de que la China comunista se sitúa de manera incondicional al lado de la URSS, lo que la convierte en un nuevo rival. A partir de este momento la relación entre las dos potencias pasa por cuatro etapas diferentes que se describen brevemente a continuación: La primera etapa se sitúa entre los años 1949 y 1954, que es un cuando se produce la primera crisis del estrecho de Taiwán (1954), y en la que se produce un proceso de distanciamiento gradual entre EE.UU. y China que llega a la ruptura de relaciones; esto precedido por un contexto de fortalecimiento de la alianza entre China y URSS, con la firma delTratado de Amistad, Alianza y Asistencia Mutua Sino-Soviético (1950). Este periodo viene determinado por el interés de la RPC por controlar la Isla de Formosa, como medio para garantizar su integridad territorial. Ahora bien, en este cálculo, Mao no consideró el estallido de la guerra de Corea (1950) y las repercusiones que esto tendría para sus intereses. Hay que señalar que durante este periodo, el puesto del CS de la ONU lo ocupaba Taipéi y no Pekín, aunque cuando Mao ya sabía solicitado el reconocimiento de la RPC y la ocupación del puesto en el Consejo, lo que fue rechazado. En este marco, la URSS decide seguir la doctrina de la silla vacía en el CS, como forma de protesta ante el rechazo de la entrada de la RPC. Esta situación permite que, cuando estalla la guerra de Corea (1950), la decisión del CS sea autorizar el envío de fuerzas para apoyar a Corea del Sur. Esto decisión deja a China en una posición muy incómoda pues inunda de temor a Mao de que el próximo paso de los EE.UU. sea invadir China, toda vez que esta última arrastra el recelo del Siglo de la Humillación. De esa manera, pide a la URSS que vuelva al CS y bloquee cualquier decisión que pueda afectar su integridad, mientras que China establece su posición de neutralidad evitando cualquier pretexto para una posible intervención militar dentro del territorio. MONOGRÁFICO I. CHINA Y ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA 453 5.4. El cambio climático Las relaciones en materia de diplomacia climática se asemejan a un oasis ya que tanto EE.UU. como China han sido socios bastante fiables en la medida que comparten un interés sistémico siendo los dos Estados más contaminantes a nivel global. El acuerdo de las dos superpotencias en 2015 en la Cumbre de París fue determinante para la adopción del Acuerdo de París, en el que la cooperación juega un papel fundamental. Si bien los Estados Unidos y China congelaron sus conversaciones sobre el clima tras la visita de Nancy Pelosi a Taiwán, a finales de 2023 han recuperado plenamente el diálogo sobre la materia y han anunciado su compromiso para “acelerar” el despliegue de la energía renovable durante esta década para impulsar “la sustitución de la generación de carbón, petróleo y gas”, ponen en marcha un grupo de trabajo para acelerar la acción climática durante esta década y que, durante la COP28 de Dubái, impulsarán la celebración de una mini cumbre sobre el metano 6. Conclusiones: los futuros posibles La pregunta que se hacen los estudiosos de las relaciones internacionales es cuál será el futuro de las relaciones internacionales entre EE.UU. y China con la vista puesta en el año 2049, que es cuando se cumplirá el centenario de la RPC y la creación del PCC. Si hay algo que caracteriza este análisis es, por un lado, el enfoque realista lo que determina un cierto sesgo sobre la amenaza, la seguridad y la defensa, el poder de suma cero, y la prioridad del conflicto sobre la cooperación como elementos determinantes de la evolución de estas relaciones entre las dos naciones; por otro lado, que a la hora de estudiar los futuros posibles el foco se ha puesto sobre el comportamiento de China, quizás porque sea el mejor candidato a la hegemonía mundial en las próximas décadas. Los escenarios que se plantean en un futuro cercano son los siguientes: • El primero es de continuidad del liberalismo institucional y una extensión de la hegemonía de los EE.UU., aunque claramente ha entrado en periodo de erosión o de descenso bajo la conformidad de China que sigue apostando por la estabilidad. LIBIA ARENAL LORA 454 • El segundo escenario que se plantea es el de un conflicto armado. Los problemas internos, tanto de EE.UU. como de China, podría desembocar en crisis domésticas que requieran de un enemigo externo como elemento integrador. A esta situación de posible conflictividad contribuyen aspectos tan importantes como el cambio climático y problemas derivados como la escasez de recursos, que obligan a los Estados a tener que gestionar más escenario conflictos por presión estructural. • El tercero de los escenarios plantea que, en los próximos años, la relación entre EE.UU. y China pase por un acercamiento estratégico y la reactivación de modelos cooperativos que se han quedado aparcados. En resumen, a lo que parece que la sociedad internacional se avoca antes del 2049 es o bien hacia un nuevo orden internacional en el que China esté al frente; un mismo orden internacional donde en la cabeza esté China; o nuevo orden internacional transformado en el que EE.UU. y China comparten el liderazgo y posición de supremacía y control sobre el sistema. Referencias bibliográficas García, C. (2014), “China en las relaciones internacionales: hacia la consolidación de la multipolaridad compleja” en PELEGRÍN, A. y TORROJA, H. (eds.), China hoy: claves para entender su posición en el tablero internacional, Barcelona/Madrid, CEI/Marcial Pons, pp. 19-56. Moure, L. (2015), “Orden internacional en transición y Relaciones Internacionales: Aproximaciones teóricas al declive hegemónico estadounidense y al ascenso de China como potencia global”, en VV.AA., Cursos de Derecho internacional y Relaciones Internacionales de Vitoria-Gasteiz 2014, Madrid, Aranzadi, pp. 367-449. Ríos, X. (2008), “China y sus relaciones con Estados Unidos: ¿competencia o interdependencia?”, Anuario CEIPAZ¸ 2007-2008, pp. 155-169. Ying Fu, Y. (2021), “Competencia y cooperación en las relaciones Estados Unidos-China desde la perspectiva china”, Documento Opinión 69/2021, Instituto Español de Estudios Estratégicos. MONOGRÁFICO I. CHINA Y ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA 455 Lecturas recomendadas para ampliar conocimientos: Chan, Steve (2017), Trust and Distrust in Sino-American Relations: Challenge and Opportunity, Cambria Press. Bustelo, Pablo y Soto, Augusto (2003), “Las relaciones entre Estados Unidos y China: ¿asociación o competencia estratégicas?”, Documento de trabajo 30/2003, Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos. Sutter, Robert G. (2022), US-China Relations: Perilous Past, Uncertain Present, Rowman & Littlefield. Tan, Andrew T. H. (2016), Handbook of US-China Relations, Edward Elgar Pub. Vinodan, C. y Kurian, A. L. (2022), US-China Relations in the 21st Century, Routledge. Wang, Dong (2021), The United States and China. A History from the Eighteenth Century to the Present, segunda edición, Rowman & Littlefield.