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Deutschland, Deutschland über alles, de Kurt Tucholsky [Reseña]

Ehlers, Christoph

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Rezensionen / Reseñas Magazin 32 86 Kurt Tucholsky Deutschland, Deutschland über alles Traducción de Jorge Seca La Fuga Ediciones, 2024 (1929), 260 pp. ISBN: 978-84-1283-230-3. DOI: https://dx.doi.org/10.12795/mAGAzin.2024.i32.11 Ningún pueblo de este mundo ha sido vilipendiado en su propia lengua como el alemán por Tucholsky» (Historia de la literatura del pueblo alemán, 1941). En las fases febriles del nacionalismo, incubadoras del fascismo, a los críticos y descreídos se les suele declarar «enemigos de la patria» o Nestbeschmutzer («los que ensucian el nido»). Sin embargo, una vez calmada la fiebre patriótica, tras incontables muertos y con el país en ruinas, la Historia les suele dar la razón. Entonces ya no ensucian, sino que dan lustre al nido. Científicos y artistas alemanes, pacifistas, comunistas, alemanes Rezesnionen / Reseñas Magazin 32, ISSN 1136-677X. 2024/2025, pp. 86-89. https://dx.doi.org/10.12795/mAGAzin.2024.i32.11 representará para siempre un gran legado de pacifismo y actitud crítica que, lamentablemente, parece que ha perdido su vigor en la Alemania actual, que vuelve a armarse contra ese mismo frente. Tucholsky era de ascendencia judía, condición que le era indiferente y que abandonó a los veinticuatro años. Su radical rechazo del nacionalismo alemán significaba también el del nacionalismo judío, el sionismo, ambos con raíces históricas e ideológicas comunes en una concepción étnica-racial o völkisch de los colectivos. Para él, al abandonar la religión de sus padres, había dejado de ser judío, joven que hubiese leído Nada nuevo en el frente de Remarque o el despiadado relato tucholskiano de un ataque de gas mostaza en la Primera Guerra Mundial —en la que Tucholsky se curó para siempre del espanto nacionalista—, difícilmente se dejaría embaucar por nuevas consignas patrióticas. El impacto de Tucholsky en el pacifismo y antifascismo alemán es indeleble: así, una de sus frases lapidarias, Soldaten sind Mörder («Los soldados son asesinos») todavía provocó un gran revuelo en 1994 al aparecer citada en una exposición sobre el papel del ejército en el frente ruso. Kurt Tucholsky representa y judíos..., cuyas obras fueron declaradas «degeneradas» por los nazis y quemadas en 1933 por atentar «contra el espíritu alemán», en los currículos escolares alemanes de posguerra fueron clave en la historia cultural y lectura obligada para la reeducación y «desnazificación». Autores vituperados por la barbarie parda, como Brecht, Döblin, Freud, Hirschfeld, Horkheimer, Kästner, Kerr, Keun, Remarque, Seghers, Toller, Tucholsky ...y más de un centenar más, a la postre sirvieron para forjar la actitud antimilitarista, antinacionalista, antirracista y antifascista de más de un adolescente alemán a ambos lados del muro. Un Magazin 32 87 Rezensionen / Reseñas Magazin 32, ISSN 1136-677X. 2024/25, pp. 86-89. https://dx.doi.org/10.12795/mAGAzin.2024.i32.11 uniforme militar y sombrero de copa burgués. En la versión española, se usó otro collage distinto del de Heartfield en el que Hitler ve su imagen en el espejo: el esqueleto de la muerte. Son dadaístas no solo estos collages, sino toda la obra en sí: fragmentaria, asociativa, política, cáustica y provocadora. Tucholsky mezcla, con inigualable calidad literaria, también a modo de collage, géneros tan dispares como la poesía, la canción satírica o chanson, subtítulos de fotografías, fotonovelas, monólogos, diálogos —muchos de ellos en cerrado dialecto berlinés, haciendo aún más meritoria la labor de traducción—, un pequeño drama satírico, aforismos, parodias y parábolas. Dada esta complejidad de la obra y su alto contenido de referencias políticas y sociales de la Alemania del momento, a un lector no especialista le sería de gran utilidad una introducción histórico-literaria, pues sin ella, muchas referencias quedan oscuras. Aparte de esto, hay alguna errata evitable en próximas ediciones, como en la mismísima portada, donde figura «John Hearfield» en vez de «Heartfield». ¿Por qué nos fascina tanto esa época, la Alemania convulsa de los «locos años veinte»? La verdadera Edad de Oro de la sus artículos, casi siempre satíricos y de profunda carga crítica, publicados en periódicos liberales y de izquierdas, sobre todo en Die Weltbühne. Sin embargo, su popularidad no pudo impedir que el partido nazi subiera del 3 % de los votos en 1928 al 18 % en 1930. Siempre fue profundamente solidario y comprometido con las reivindicaciones de justicia social de la clase obrera, aunque casi alérgico a formar parte de colectivos, asociaciones o partidos, con fama de dandy y mujeriego aparte. «Prefiero un traje a medida a una ideología prèt-aporter». El éxito editorial de Deutschland... se debió también a su concepción como Bilderbuch, que en español se traduce como «libro ilustrado» pero que en alemán tiene una fuerte connotación con lo infantil, didáctico y popular. En el texto se comentan las imágenes «de muchos fotógrafos», seleccionadas y en parte manipuladas por el gran artista del dadaísmo y pionero del collage político John Heartfield (Helmut Herzfeld, Berlín 1891-1965). En la edición alemana actual, todavía a manos de la misma editorial Rowohlt de hace cien años (!), se conserva todavía la misma portada de la primera edición: un collage de «cara machacada», reaccionaria, con contra el peligro nazi, su autor tuvo que exiliarse ya de manera definitiva a Suecia, donde se suicidaría cuatro años más tarde. Sus dianas fueron siempre el Spießer o pequeñoburgués resentido, paranoico y autoritario, obsesionado con el orden, la seguridad y la limpieza; el militar monárquico, con la cara marcada por los duelos de sable en las asociaciones estudiantiles reaccionarias, con esas cicatrices de clase que el pintor Georg Grosz hizo tan reconocibles; el juez clasista y desdeñoso, con la misma cara desfigurada («mit zerhacktem Gesicht») de las mismas cordadas ultraconservadoras; el burócrata servil y sumiso cual súbdito, el clérigo hipócrita... en resumen, las élites y las masas que tres años más tarde auparon democráticamente a los bárbaros al poder. El bofetón fue sonoro. Las primeras ediciones se agotaron rápidamente, pues el crítico, poeta y escritor berlinés (1890-1935) era una de las estrellas literarias de la República de Weimar, tanto por sus obras ligeras como Rheinsberg. Ein Bilderbuch für Verliebte y Schloss Gripsholm (este último en Acantilado, traducido también por Jorge Seca), o sus poemas satíricos o de cabaret, musicados por celebridades como Rudolph Nelson o Claire Waldoff, como por ya que rechazaba de plano una adscripción racial de lo judío, de «sangre», tal como la sostenían nazis y sionistas por igual. Pero su apostasía fue inútil. Al igual que Heinrich Heine un siglo antes, sus enemigos nacionalistas no le quitaron el sambenito de judío y Nestbeschmutzer. Fue tildado incluso de «judío antisemita» por Gershom Scholem en 1966, una infame descalificación que sigue siendo lanzada hoy en día a judíos antisionistas como Noam Chomsky, Naomi Klein o Deborah Feldman. Deutschland, Deutschland über alles..., para Tucholsky «un verso estúpido de un poema fanfarrón», máxima expresión del incendiario, racista, suprematista, excluyente y agresivo nacionalismo alemán, y por ello extirpado del himno actual, es el sarcástico título de esta obra esencial del dadaísmo alemán, ahora editada por vez primera en español. La dificilísima y muy lograda versión de Jorge Seca, traductor curtido en mil batallas contra la intraducibilidad, nos traslada in media res a la sociedad polarizada de la convulsa República de Weimar del año 1929, el de la primera crisis de Wall Street. Debido a esta obra, un vehemente bofetón periodístico republicano justo antes de las elecciones de 1930 con la que Tucholsky quiso advertir expresamente Magazin 32 88 Rezensionen / Reseñas Rezensionen / Reseñas Magazin 32, ISSN 1136-677X. 2024/2025, pp. 86-89. https://dx.doi.org/10.12795/mAGAzin.2024.i32.11 «Estás en la barrera humana / Esos de ahí quieren castigarte / Tú estás cansado, pálido y enfermo: / Ellos son dinamismo puro, están ahítos y descansados / A la labor de la Justicia, que nos es bien familiar / nos uniremos.../ ¡Chico! ¡Resístete! ¡Tres contra uno! // El presidente, orondo cual huevo / te va haciendo picadillo con sus preguntas / Frente a la peor de las broncas / no te dejan ni abrir la boca [...]». «Cambiarlo todo para que todo siga igual». Lampedusa podría haberse inspirado en Tucholsky. ¿Y hoy? ¿No vemos también paralelismos con Weimar? ¿No vemos asomarse de nuevo el monstruo del odio? El neoliberalismo desenfrenado de la globalización, con su fatídica crisis financiera del 2008-2013, más grave aún que la de 1929, ha ampliado las diferencias de clase y dejado un precariado creciente que desprecia a «los políticos» y, con ello, a la democracia. La patria chica y sus tradiciones, la Heimat del terruño, la nación, vuelven a dar seguridad y superioridad. Surge el populismo nacionalista y crecen las llamadas a la «mano dura», al «se acabó la fiesta». Los partidos de extrema derecha aumentan exponencialmente su electorado y están tomando posiciones de poder, con la izquierda fragmentada y distraída en batalla habría merecido su Tucholsky para destapar esas continuidades, latentes hasta hoy mismo y patentes en el resurgir de las banderas: los mismos militares y policías, la misma monarquía, la misma judicatura conservadora y clasista heredada de la dictadura, las mismas élites económicas, todos quedaron impunes y firmemente asentados en la recién restituida democracia, para la que Franco dejó todo «atado y bien atado». Los mismos jueces del Tribunal de Orden PúTambién están las concomitancias con la Segunda República española, que, con todas sus tensiones, significó, como la de Weimar, un breve periodo de libertad democrática y esplendor cultural brutalmente cercenado por el fascismo. La República española se había inspirado en la de Weimar y su constitución, y se vio enfrentada a parecidas continuidades, actitudes y poderes que debilitaron desde dentro y finalmente hicieron caer a ambos interludios cultura artística y científica alemana —con notable presencia de su identidad judía— que jamás volvería a alcanzar altura semejante, y que a la vez fue el siniestro «nido de la serpiente» (Ingmar Bergman) de la barbarie nacionalsocialista. Con Tucholsky como perspicaz y cáustico guía y cronista, ¿es posible aprender de la experiencia de la débil República de Weimar para prevenir el fascismo atemporal, hidra nunca vencida, que ahora nos amenaza de nuevo? Sin duda, Weimar y Tucholsky han dejado varias lecciones. Rafael Poch de Feliu, por ejemplo, propone el modelo de la «weimarización» de la Rusia postsoviética, consistente en la humillación continuada de los vencidos tras la derrota. En Alemania, tras la Primera Guerra Mundial; en Rusia, tras la implosión del bloque soviético. Esa degradación llevó en ambos casos a una fuerte reacción nacionalista y al ascenso de un líder carismático capaz de restituir el «orgullo de la nación». Con la lección aprendida, los aliados vencedores de la Segunda Guerra Mundial bendijeron a la República Federal con el plan Marshall y la condonación de todas sus deudas. (Así, Grecia, con decenas de miles de muertos por el salvajismo nazi alemán, nunca vio un euro de reparación). [ ] Su lección imperecedera es el valor de no callarse, la Zivilcourage frente al autoritarismo violento. democráticos: perviviencia del militarismo imperialista y autocrático, anticomunismo, justicia de clase, autoritarismo patriarcal, nacionalismo y racismo völkisch en Alemania, nacionalcatolicismo en España, todo ello unido al miedo de las élites económicas a perder sus privilegios. También la mitificada Transición españoblico franquista dictaban sentencias en el violento periodo de la Transición, con casi 600 muertos de origen político, las 4/ 5 partes de izquierdas. En la República de Weimar, fue esta Klassenjustiz a la que Tucholsky, jurista de formación, le dedicó especial atención, en Deutschland..., por ejemplo en el poema «Un proletario ante el tribunal» (p.199): Magazin 32 89 Rezensionen / Reseñas Magazin 32, ISSN 1136-677X. 2024/25, pp. 86-89. https://dx.doi.org/10.12795/mAGAzin.2024.i32.11 nacionales! Y, pese a toda oposición, se yergue — inquebrantable, sin banderas, sin fanfarrias, sin sentimentalismos ni espadas desenvainadas— el amor silencioso por nuestra tierra natal». ¿No nos suena esto dolorosamente también en España? ¿No sufrimos también esta desvergonzada apropiación de nuestra tierra y sus símbolos? Recordad a Kurt Tucholsky. Christoph Ehlers Universidad de Sevilla [email protected] ORCID: 0000-0002-3702-4511 mucho mejor que la mayoría de esos asnos nacionalistas, con exactamente ese mismo derecho acaparamos ríos y montañas, playas y casas, bosques y praderas: es nuestra tierra. Tenemos derecho a detestar esta tierra porque la amamos. Cuando se habla de Alemania, tienen que contar con nosotros, con los comunistas, con los jóvenes socialistas, con los pacifistas, con los amantes de la libertad de todo género. Cuando se piensa en Alemania, también se tiene que pensar en nosotros. ¡Qué fácil es pensar que Alemania estuviera compuesta únicamente por estas agrupaciones cionales y que no son nada más que burgueses y militaristas, se hayan apropiado de esta tierra y de esta lengua. Ni el representante del gobierno con levita, ni el catedrático de instituto, ni las damas y caballeros del casco de acero son Alemania ellos solos. También estamos nosotros. [....] Gritan: ¡Nosotros amamos este país, solo nosotros! Eso no es cierto. También estamos nosotros [...]. Nos importan un bledo las banderas, pero amamos esta tierra, este país. Y así como las peñas nacionales hacen repicar sus tambores por los caminos, nosotros, que escribimos y hablamos un alemán las identitarias. Tucholsky habría tenido motivo para soltar su vitriolo y reconvenirnos contra el peligro. Su lección imperecedera es el valor de no callarse, de señalar y atacar al enemigo con la palabra, la Zivilcourage frente al autoritarismo violento. Una última reflexión sobre el presente continuo. La diatriba de Tucholsky contra todo lo que odiaba en la Alemania de su época, en el último capítulo se torna en declaración de amor. El libro cierra con estas últimas frases (pp. 256-257): «No. Alemania no está por encima de todo [...] No es cierto que ésos que se autodenominan na-