Rodríguez Valls, F.: El sujeto emocional. La función de las emociones en la vida humana [Reseña]
Full text
THÉMATA. Re is a de Filoso ía
Nº 53, ene o-junio (2016) pp.: 333-342
ISSN: 0212-8365 e-ISSN: 2253-900X
doi: 10.12795/ hema a.2016.i53.01
RodRíguez Valls, F.: El suje o emocional. La unción
de las emociones en la ida humana. Se illa:
Théma a, 2015, 196 páginas.
José An onio Cab e a Rod íguez
Uni e sidad de Se illa (España)
La an opología ilosó ica se ha enido en en ado desde an año a odo
un ma emágnum de p oblemas en su empeño po b inda nos un e a o más
o menos pe ilado de qué signi ica se humano. A lo la go de sus muchas es-
pues as, algunas esuenan con más ue za que o as en nues o imagina io
colec i o: desde el a is o élico zoon logis ikón y poli ikón has a el heideggenia-
no se del lenguaje que «pas o ea el se », po in oca sólo un pa de ellas. Sin
emba go, pa ece menos común, casi como si de una delica essen ese ada pa a
gus os más selec os y especiales se a a a, ci a en la dimensión a ec i a la
cla e misma donde pode dilucida una nue a espues a a la g an p egun a:
¿cómo de ini cabalmen e lo humano? Pues bien, jus o a es a emp esa especu-
la i a e e ida a las emociones, an es imulan e como poco común de abo da
en e los es udios ilosó icos, se di ige el ensayo de Rod íguez Valls, El suje o
emocional (Théma a, Se illa, 2015), cuyo sub í ulo nos ad ie e ya sob e aquel
in e és an opológico: «La unción de las emociones en la ida humana».
An e odo, y como ya a anza su au o desde el p ime capí ulo («Las
emociones y el p oblema de la unidad de la pe sona»), cen al pa a cap a sus
esis nuclea es, no adqui i íamos una cabal comp ensión del se humano si
nos dejá amos en a po las pe e siones educcionis as. Ni un na u alismo
ma e ialis a ni un espi i ualismo ciego a nues a cons i ución somá ica po-
d íamos oma los como soluciones deseables al p oblema an opológico. An es
bien −y ahí adica el p ius desde el que despega oda su iloso ía de las emo-
ciones−, pa a Rod íguez Valls «a lo humano hay que concebi lo en su unidad
subs ancial e inqueb an able y eso signi ica ap ecia lo en la indisolubilidad de
su condición peculia y en la o alidad de su iempo: en una elación que cuen e
con su his o ia o con la biog a ía pe sonal y social del espí i u humano» (p. 22).
Teniendo p esen e es e pun o es como pod emos an icipa la posición que adop-
a á el au o : aquella que, en despecho de cualquie a eba o dualis a, in eg e
solida iamen e la lec u a na u alis a de inspi ación da winiana y el ca ác e
exis encial y ascenden al a la inmedia ez ma e ial con que se p esen a el
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indi iduo lib e y au ónomo; odo ello, po supues o, a endiendo siemp e a
esa on ología de la empo alidad po la que el au o apues a con denuedo.
No en ano, concibe al se humano en su ace a dinámica, g acias a la que
en an en juego el i enunciable escena io de la iden idad biog á ica (pla-
no pe sonal) y el decu so his ó ico (plano colec i o).
Pa a concede un p o agonismo a las emociones en la ida humana,
Rod íguez Valls empieza desdiciendo que la conduc a humana deba egi se
po un modelo lógico y compu acional de in eligencia (semejan e a una a-
zón pu a eó ica kan iana), conside ando en su luga aquel o o uso p ác ico
de la azón con el que casa ían nues os a ec os y pasiones. Es así como
muy sagazmen e sugie e una cie a in eligencia emocional, po cuan o las
emociones pueden se i como guías pa a la acción p ác ica, epo ándonos
g andes bene icios y en ajas sob e aquel juicio e lexi o que, como pega,
necesi a un iempo mayo pa a delibe a an es de oma alguna decisión en
i me. F en e a las impá idas y neu ales igu as cinema og á icas de M .
Spock (S a T ek) o el D . Manha an (Wa chmen), en quienes se enca na
po odo lo al o la indiscu ible c eencia en una acionalidad sobe ana abso-
lu amen e calculado a, desapasionada e impe sonal, cualquie se humano
con los pies en la ie a end ía que con a con sus in eligen es emociones
pa a pode p og esa an o a ni el biológico y e olu i o (éxi o en la adap-
ación al medio) como a ni el pe sonal y exis encial (donación de sen ido
a su quehace en el mundo). Pa a mayo p ueba, se ci a la in es igación
que Damasio saca a la luz en El e o de Desca es, donde los pacien es
Phineas Cage y Ellio , habiendo su ido lesiones g a es en el lóbulo on-
al que a ec ó al sis ema límbico, eían menoscabadas su des eza pa a los
asun os p ác icos, aun cuando las acul ades lógicas y lingüís icas siguie an
uncionando a la pe ección. Así pues, no se puede asimila la in eligencia
humana a la in eligencia a i icial del o denado , sencillamen e po que en
es e desca amos cualquie a isbo de emoción in eligen e.
Cuando decimos que el homb e es el «animal que iene lenguaje»,
se pod ía con eni en que al de inición se á co ec a siemp e y cuando,
según Rod íguez Valls, nos gua demos de ac u a la unidad que com-
pone la pe sona. En e ec o, «ni el lógos ni la co po alidad son pe sona»
(p. 31), sino que pe sona es p ecisamen e su unión indisociable. Bajo es a
a ibución del lenguaje a la es e a p opiamen e humana la e asimismo la
imagen del homo simbolicus, p ecisamen e po que desde el pun o y ho a
en que hablamos, es amos exp esando y cons uyendo mundos simbólicos.
Y ello lo hacemos ambién con una in encionalidad polí ica y dialógica,
en ando en liza di e sos in e eses −cuya a monización y sa is acción se
encomienda al buen polí ico−, po lo que se ponen a lo de piel sensibili-
dades y sen imien os dis in os. De es a o ma es como los eclamos de lo
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somá ico apa ecen es echamen e ma idados -y no ca esianamen e escin-
didos- con el lujo de pensamien os, palab as y acciones del se humano en
el ma co indi idual y social. Como bien exp esa el au o , «el se humano
ac úa y piensa sin iendo sen imien os, de la misma mane a que sin iendo
comp ende su medio ambien e y los p opósi os úl imos de su acción» (p.
33). Se en ende á así que, una ez sa is echas sus necesidades biológicas
p ima ias, es o es, las que lo conducen e icazmen e a la supe i encia indi-
idual y g upal, ambién nazca en el indi iduo o a sue e de necesidades
no menos impo an es como son las cul u ales: el eje cicio con empla i o,
el a e o la iloso ía. Po que no sólo de neg-o ium i e el homb e, sino ade-
más de o ium: ahí ienen su jus i icación las ac i idades que ascienden la
unción me amen e ape i i a y animal (el deseo inmedia o), e elando un
cosmos axiológico inap ensible pa a el animal, a añido más que nada po
los ins in os básicos de la nu ición, el descanso y la ep oducción.
Así como el deseo −según eo iza on con p o undidad Schopen-
haue y F eud en e o os− ca ac e iza la es uc u a undamen al de cual-
quie i ien e con sis ema ne ioso, el impulso y la olun ad disponen al
se humano an e un ho izon e dis in o al de la p esencialidad ma e ial
cuyo lími e encuen a el animal: el ho izon e del u u o. Po el impulso, al
animal humano se le ab e la opción de pos e ga o coa a la sa is acción
de cie as pasiones en pos de un bene icio con is as al u u o, siguiendo
un cálculo de las pasiones cohe en e con esa acul ad es ima i a que le
pe mi e alo a lo más con enien e. Es lo que sucede cuando las pasiones
en an en con lic o: con el impulso ganamos una sana homeos asis aními-
ca, buscando el equilib io en e las di e sas emociones. O o an o pod ía
deci se de la olun ad, cuyo pode ya se de ae del simple apego co po al
egocén ico en el sen ido que pe mi e al indi iduo alo a expe iencias y
juicios ajenos pa a p oyec a con ilusión y espe anza su p opia exis encia;
po ello, la acul ad oli i a sus en a lo que O ega ponía como condición
sine qua non de la ida humana: la u u ición. Dado que la elección y la
oma de decisiones cons i uyen una cons an e en el p opio de eni del es-
a haciéndose de cada indi iduo humano, y pues o que no somos ías
máquinas insensibles que deciden desde la más pu a asepsia, la emoción
empaña como al odo ac o delibe a i o y oda consecuencia de ese eje cicio
enca nado de la libe ad.
Pa a Rod íguez Valls, las emociones «es ablecen pau as de com-
po amien o que, de di e sa mane a, conducen a conse a la in eg idad
del indi iduo o de la especie» (p. 39). An e el impe io del ins in o debe
pos a se oda esolución o e lexión conscien e, ya que, po ejemplo, cual-
quie ac o e lejo o ap ensión an e un pelig o dela a esa olun ad de su-
pe i encia y s eng h o li e da winiana. Pe o es o no quie e deci que la
conduc a ins in i a se a ogue el de echo sob e la ac i idad homeos á ica
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del indi iduo: si bien g acias a aquella se p ese a su homeos asis na u al,
es g acias al hábi o, que nos ayuda a a on a si uaciones no edosas no
p e is as po las emociones p ima ias de i adas de aquella, como se uel-
e igual de álido pos ula una homeos asis cul u al. Y no hay que p ejuz-
ga que el hábi o deba queda o zosamen e suje o a la u ilidad biológica,
sino que puede ambién gene a una se ie de emociones elacionadas con
la au oin e p e ación misma que cada uno hace de su exis encia y con o -
me a la cual cada uno puede expe imen a una emocionalidad dis in i a.
En cualquie caso, al como ejempli ica Rod íguez Valls glosando
algunas ideas de la ob a de Da win La exp esión de las emociones en los
animales y en el homb e (1872), cab ía sos ene que exis e una es uc u-
a emo i a común a oda la especie humana, cla amen e mani ies a po
los p ocesos de soma ización o espues as isiológicas que damos según
la emoción que nos emba gue en cada momen o. Fiel a la es ela da wi-
niana, Ekman hab ía de ec ado en la aleg ía, la i a, el miedo, el asco, la
so p esa y la is eza las seis emociones undamen ales que la humanidad
compa i ía con el animal. Sal ando cualquie ingimien o o disimulo, a
odas ellas co esponde ían no malmen e cie as exp esiones isiológicas.
P ecisamen e desde que nacemos amos ap endiendo la co elación en-
e dichos es ados anímicos subje i os y su obje i ación somá ica, po lo
que du an e la in ancia y con el con ac o sociocul u al ap endemos más de
lo que sen imos obse ando cómo se sien en (o dicen sen i se) los demás.
Aquí es donde se asoma la unción polí ica de las emociones.
No bas a aun así ci cunsc ibi se a la p opia comunidad, al p opio
en o no sociocul u al (la amilia, el país...); es p eciso no pasa indi e en e
an e el á ago in e cul u al, pues o que con él se descub en las a iopin-
as idiosinc asias de las nume osas cul u as que pueblan el globo. Lejos
es a íamos de claudica an e los desmanes del ela i ismo cul u al, ya que
en al caso in alida íamos la posibilidad de un diálogo con sen ido (y no
uno de besugos); ampoco nos con o a ía un desc ip i ismo e nog á ico,
quizás p ocli e a ence a nos en un simple anecdo a io; an es bien, se nos
encomienda una misión más ambiciosa, que aya más allá: acoge nos a la
iloso ía como p og ama me acul u al. Aunque odos debamos sa is ace
necesidades básicas (comida, bebida, sueño, e ugio), no odos las sa is a-
cemos con los mismos usos, gus os y cos umb es. Si bien podemos concede
la uni e salidad de las emociones en odo se humano, no es ella incompa-
ible con una di e sidad y plu alidad de p o ocolos de ac uación. Po eso,
sob e un mismo onco común (la emoción) con e gen múl iples amas ( a-
ianza cul u al). Buena mues a de ello son los ideales de una ci ilización:
si median e el hábi o y la olun ad ascendemos el ámbi o ins in i o com-
pa ido con el animal es po que la emoción puede se moldeada y educada
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po los ideales. Quizás sea és e uno de los asgos que nos hacen únicos e
i epe ibles en odo el eino animal.
En conexión con es o úl imo, se en ende ía a las cla as po qué la
emoción in luye ambién en la ocación y di ección hacia la que cada cual
encamina su p oyec o i al. Depende ía de la complexión biológica indi i-
dual ( endencias gené icas), po un lado, y de la in e io ización p opia de
los alo es po ap endizaje conscien e e inconscien e, po o o, el que cada
indi iduo sien a p e e ible un ipo de exis encia an es que o o, siemp e
con mi as a la elicidad. Rod íguez Valls c i ica la isión eudiana que
p opone concebi la elicidad con la sola sa is acción del deseo e ó ico y
del impulso aná ico, pues en al caso p osc ibi íamos lo emocional a un
es adio demasiado p imi i o. También la olun ad, jun o con el deseo y el
impulso, se a ana po conduci nos hacia una dicha más plena y comple a
en p e isión de un p oyec o global, cons uc i o y p eñado de sen ido. Pa a
ello, no es á de más eco da que ninguna emoción es pe se i acional ni
mo al, sino en odo caso amo al; es nues a libe ad y la co ec a pues a
en p ác ica de la p udencia lo que pod ía conlle a o no el éxi o i al. Po
ello, son más bien los ideales y la o ien ación exis encial los que nos ap o-
ximan a la bea i ud, como que ía Schele , y no una ep esión es ic a de
la «pasión», is o como algo que nos a as a y consume. Rod íguez Valls
nos in i a con acie o a un análisis de nues a dimensión emocional pa a
desmen i la concepción e é ea y desenca nada de un animal i anizado
po una in lexible azón pu a.
En el Capí ulo 2 (¿Qué es una emoción?), expone el au o con muy
buen c i e io un conjun o de eo ías ep esen a i as sob e la emocionali-
dad humana, que aba ca desde la p opues a po el p agmá ico William
James has a la más ac ual de Goleman, pa a e mina haciendo algunas
obse aciones semán icas sob e oces amilia es (ape i o, a ec o, sen i-
mien o, pasión y es ado de ánimo) y una alo ación conclusi a. En p ime
luga , James, al igual que Lange, iden i ica sin más el es ado emocional
con la eacción o gánica en la ísce a, de sue e que, e big acia, «es amos
is es po que llo amos», y no al e és. Con a la hipó esis James-Lange se
posiciona ían Cannon y Ma añón, a quienes al educcionismo se les an o-
ja imp oceden e po cuan o dis in os expe imen os, como simpa ec omías
y ago omías a animales o la inyección de g an can idad de insulina en hu-
manos, pa en izaban que no exis e una elación necesa ia en e eacción
isiológica y emoción concomi an e. Dicho po Cannon, más bien hab ía
que a i ma que «llo amos de pena y aleg ía», siendo así que an o él como
Ma añón apoya ían la indisoluble unidad psico ísica en el se humano, y
no la educción de una es e a a o a. A ello se suma la ca ac e ización que
nos o ece Laza us sob e la emoción en an o que un ipo de e aluación
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in encional sob e las ci cuns ancias en que se halla ía el suje o en a as de
g anjea se el mayo bienes a posible, o la que análogamen e expone Nuss-
baum sob e la emoción in eligen e. Tampoco pod ían al a las alusiones a
Le Doux y Damasio, quienes po su pa e abande an el en e neu obiológi-
co: oda emoción no es más que una espues a a cie os p ocesos neu onales,
y po an o la cla e pa a en ende las adica en el ce eb o. No e elamos
sec e o alguno al deci que odo ipo de ac i idad neu ológica es á así en la
base del sen imien o, que compo a la conciencia de un es ado anímico. Si a
ello acompañamos la ecien e eo ía p opues a po E an, F ankish y Kahne-
man, e emos que las emociones se explican sob e la base de un doble sis e-
ma men al: las emociones ope an como p ocesos psíquicos de un sis ema 1,
ápido, inmedia o e inconscien e, p opio ambién de las in uiciones, en e al
sis ema 2, más so is icado, len o y conscien e (a inen e al pensamien o abs-
ac o, concep ual y lingüís ico). Po úl imo, no se pasa po al o la apo ación
de los psicólogos expe imen ales Maye y Salo e y, así como de Goleman, a
la cada ez más pujan e eo ía de la in eligencia emocional, máxime cuando
le con iene al coaching o iloso ía p ác ica, cuyo obje i o consis e en sabe
o ien a a quien lo p ecise hacia una adecuada ges ión de las emociones y
sen imien os po el labe in o exis encial que a a iesa, complemen ando el
se icio desempeñado po los psico e apeu as.
Po su lado, el capí ulo e ce o lo dedica Rod íguez Valls a una
clasi icación de las emociones es ableciendo dos c i e ios: el desc ip i o ( o-
can e a la ciencia empí ica) y el explica i o ( ocan e a la iloso ía). Pa a la
me odología desc ip i a echa mano de Ekman, quien, como se enunció más
a iba, desc ibe las emociones que humanos y animales ienen en común:
1) la so p esa como espues a somá ica a un hecho que se descub e como
no edoso; 2) el asco o sensación de epulsa hacia un obje o p esen ado
como echazable y noci o pa a la salub idad; 3) el miedo como ins in o
de supe i encia que conduce a e adi el pelig o o aquello que es epu a-
do dele é eo; 4) la aleg ía o complacencia en la posesión o llegada de un
bien, sensación expansi a y exul an e de la co po alidad; 5) la is eza o
languidez de aquel a quien sob e iene una pé dida o un mal que lo lle a a
e ae se y mengua en su i alidad; y 6) la i a o in ensa pasión eac i a
an e un acaso o un impedimen o que suele he i el o gullo.
Con espec o al c i e io explica i o, Rod íguez Valls acude a To-
más de Aquino, quien di e encia en e dos clases de emociones: aquellas
subsumidas bajo el ape i o concupiscible (el deseo) y las p opias del ape i o
i ascible (impulso). Desde luego que odas ellas se les a ibuye an o a los
animales como a los se es humanos, si bien es os úl imos pueden i encia -
las de o ma especial y di e en e a como les a ec an a aquellos. Den o de
las concupiscibles encon a íamos una ez más seis emociones: 1) el amo
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o endencia a la unión, es echa comunicación (amo de aman e o amigo) o
incluso la usión (amo sexual) con un se cuya exis encia es ape ecida como
buena; 2) el odio, de i ado del amo , deseo que pe sigue el ex e minio de la
nega i idad, de aquello que anula la p opia in eg idad; 3) el deseo p opia-
men e dicho, que, cumpliendo una unción eminen emen e e olu i a, busca
colma un es ado ca encial (él pueda o igina ambién o os sen imien os
como la en idia o los celos); 4) la a e sión como deseo de eludi lo dañino, de
p e eni an es que cu a cualquie mal que aceche; 5) el gozo como pe cep-
ción de ui con el bien poseído, y que en el alma humana puede da se en
o ma de elicidad empo al; y 6) la is eza o a licción an e lo que se oma
po malo y que causa encogimien o, dolo y, en su ex emo, incluso cuad os
dep esi os. Pa alelamen e, es án las emociones que pueden colegi se del
ape i o i ascible, en el que la mi ada hacia el u u o se uel e no a dominan-
e: 1) la espe anza o con ianza en ob ene el bien codiciado; 2) la desespe a-
ción, con apa ida de la an e io , en an o que esigna a la idea del acaso
o p ác ica imposibilidad de ob ene lo deseado; 3) la audacia, impulso que
empuja al suje o a comba i las inclemencias que puedan asal a en el ca-
mino si con ello se log a alcanza el bien ape ecido; 4) el emo o impulso
a ehusa cualquie mal que es é po eni , usando en muchos casos de la
conduc a in eligen e, la plani icación de las acciones más con enien es; y 5)
la i a o a eba o a ec i o que comba e el pelig o y lo dañino, has a el pun o
de que el i acundo puede llega a oma la jus icia po su mano.
Vis o lo cual, Rod íguez Valls acla a que an p on o como la de
Ekman es una clasi icación pe ec amen e asumible po un p isma de e -
ce a pe sona (desc ip i ismo empí ico), la de Tomás de Aquino apela a una
concepción gené ica de la na u aleza humana y po an o emi e a causas
in e nas. Po ello, dado su ma cado ca ác e especula i o, la ipología o-
mis a la oma así el au o po modelo e e encial a cuya luz cob a sen ido
el análisis desc ip i o y empí ico de cada emoción.
Aho a bien, no es has a el capí ulo 4 («In encionalidad de las emo-
ciones. El sí mismo, los demás, la ealidad») cuando Rod íguez Valls se lan-
za a desci a cuáles son aquellas emociones exclusi amen e humanas. Así,
comienza señalando a la angus ia como es uc u a a ec i a de la libe ad
humana, según pensa on muy bien los exis encialis as. Desde Kie kegaa d
has a Heidegge o Sa e, el sen imien o de la angus ia es el sen imien o
de un «angos a se» del se an e la nada que lo abisma, un « é igo an e la
libe ad» pa ecido a lo que sien e el suje o cuando se ins ala al bo de del
p ecipicio de la exis encia. Po la angus ia se dilucida el peso de nues o se
en el mundo y, po ello, Heidegge la coloca como uno de los exis encia ios.
El angus iado sien e po an o un é igo an e las nume osas posibilidades
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que le ab e el u u o y an e el hecho de que se encuen a solo an e sí mismo
al oma sus decisiones (condena sa eana a la libe ad).
De igual modo, la isa apa ece ambién como una exp esión somá-
ica in olun a ia, espasmódica que, aunque no malmen e obedezca a mo-
i os di e idos y g aciosos, puede se o zada po las cosquillas o susci a-
da en cie os juegos de socialización (como ocu e en e p ima es, según
algunas in es igaciones emp endidas po P o ine). Asociada al sis ema
límbico y a la co espondien e co eza p e on al del ce eb o, omen a una
ac i ud posi i a an e la ida y desca ga del es és (sal o en la isa ne -
iosa, que p oduce el e ec o in e so). Pa a el au o , no cabe duda de que
es el in elec o el que p omue e no malmen e la isa median e el chis e o
la i onía, dila ando nues os es echos lími es in e p e a i os sob e el en-
o no y deshaciendo cualquie expec a i a se ia que engamos, según eía
Kan . O como enseñaba Schopenhaue , pa a que su a el e ec o i iso io
an sólo se p ecisa que el concep o y la ep esen ación in ui i a en en en
una dialéc ica pa adójica.
Asimismo, ad ie e Rod íguez Valls o as an as emociones que,
siguiendo a Schele , dicen mucho sob e la in eg idad del indi iduo huma-
no, a sabe : la bea i ud (y desespe ación i al), el abu imien o, el pudo ,
el llan o y el humo . Sob e las dos p ime as, compene adas pa a el au-
o , a i ma en é minos eológicos que la bea i ud se empa en a con las
sal ación y la desespe ación con la condenación, ya que sendas emociones
son la lec u a especí icamen e humana de la aleg ía y la is eza. Cuan-
do sen imos abu imien o, se nos impone como insopo able el g a amen
del iempo al no p e e i llena lo con una ac i idad an es que con o a:
la indi e encia nos ab uma y el se , nue amen e con Heidegge , se nos
mani ies a en oda su neu alidad; de ahí que sea p obable que del abu i-
mien o se ansi e a una apa ía pa alizan e. Menos nega i a es la sensa-
ción de pudo , g acias a la cual elamos po nues a in imidad y unicidad:
es un sen imien o que conci a la e güenza an e la posibilidad de no se
conside ado al y como uno posi i amen e lo espe a, p esuponiendo una
p eocupación po el qué di án, po cómo me juzguen los demás; gua da
elación con sen i se desnudo an e el o o y con el ubo como su e ec o
isiológico. Tampoco el llan o hay que supone lo como una emoción uni-
e salmen e nega i a, pues de aleg ía y de isa ambién se llo a, si bien es
e dad que po lo no mal a apa ejado al su imien o o al dolo co po al
y p esume una capacidad de empa iza con el p ójimo (pena, conmise-
ación...). Po úl imo, con el humo p o ocado po la isa del absu do es
capaz de ca ica u iza se la p opia humanidad: el sen ido del humo exige
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RodRíguez Valls, F.: El suje o emocional
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la posibilidad de au oc í ica y el abandono del sen ido del idículo, y en
muchas ocasiones se p es a a ello ambién la i onía.
Rod íguez Valls ap ecia ambién el con ol que de en an las emo-
ciones en la egulación de la con i encia g upal, pe o además señala
has a qué pun o si en a la misión del cambio cuando se desmon an las
con icciones y sumisiones a unas p econcepciones que hab ían quedado
des asadas: po eso poco e ec o su i ían, po ejemplo, las emociones de la
isa si no se compa e un backg ound pa ecido y se expone cándidamen e
al esca nio público. El humo absu do es á pa a que odos nos iamos
con odos al in ingi la no ma se ia y ígida a en u ándonos en el o den
de ein ención del uni e so simbólico (con a las ideologías aná icas o
dogmá icas, con a el seño ío del pensamien o único). También en la in e-
acción a ec i a que desde niños enemos con nues os semejan es se p o-
duce un in e cambio polí ico de la emoción, po lo que és a iene de edu-
ca i a (pau as conduc uales que nos asis en pa a sabe cómo esponde
an e cie os es ímulos) y socializado a, auspiciada po la capacidad pa a
empa iza con los o os. Pe o no es menos cie o que ambién en nues-
as elaciones in e pe sonales puede in il a se el disimulo y la men i a
cuando ingimos algo que no somos o sen imos con al de engaña ; aquí es
donde hace su apa ición la simulación, con a ia po p incipio a la amis-
ad since a y únicamen e acep able, sin in ención alaz, cuando se aplica a
la icción a ís ica ( ea o, li e a u a, cine, e c.). P ecisamen e con el a e
cie a Rod íguez Valls el capí ulo, donde supe a la concepción biologicis a
del place como búsqueda de lo me amen e ag adable y sa is ac o io úni-
camen e a e ec os adap a i os pa a esal a la sensibilidad es é ica que
luce el indi iduo en su aspi ación a la belleza o, más conc e amen e, a lo
«sensible pu o»; es en la con emplación y dis u e de la ob a a ís ica don-
de asis imos en oda su ex ensión a la conjugación en e el goce co pó eo
y la sa is acción espi i ual, a cuyo espec o el au o conside a la emoción
el puen e mediado en e lo celes ial y lo e enal que hay en noso os.
Es o úl imo es lo que ei indica nues o au o en el epílogo
conclusi o: «la emoción es la bisag a que une las dis in as es uc u as
de la subje i idad humana y en donde se puede encon a su máxima
unidad» (p. 171). Rod íguez Valls ecapi ula odo lo expues o en su ensayo
pa a conclui que median e las emociones se ac i a una in eligencia
adap a i a al medio na u al y sociocul u al, pe o ambién que son ellas
las que, bien ges ionadas, nos pueden ace ca a un ipo de ida o un
modelo de excelencia y i ud que nos epo a la elicidad que ansiamos.
Pues o que no puede habe una elicidad pu amen e ul amundana, ya
que no somos en idades angelicales inco pó eas, «no puede habe ideal
de pleni ud cumplido ni, en consecuencia, elicidad humana sin un es ado