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Las entradas reales en Sevilla durante la Baja Edad Media. Una aproximación a partir de las fuentes cronísticas

N'Gom Pedrosa, Jimmy Noah

Abstract

El presente trabajo tiene como objetivo hacer una aproximación a las entradas reales que tuvieron lugar en la ciudad de Sevilla durante la Baja Edad Media, desde la conquista cristiana de 1248 hasta el reinado de los Reyes Católicos. La visita del rey a la ciudad y su recepción supusieron el desarrollo de un ceremonial que varió a lo largo de los siglos medievales. Por ello, además de explicar los distintos tipos de entradas reales que podemos observar durante este período, ofrecemos un recorrido histórico-descriptivo de estas manifestaciones ceremoniales durante los sucesivos reinados, lo que nos permite observar de forma cronológica su evolución y variación.

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HID 50 (2023) 331-360ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2023.i50.13 HID 50 (2023) Copyright: © Editorial Universidad de Sevilla. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento-NoComercialSinObraDerivada 4.0 (CC BY-NC-ND 4.0) LAS ENTRADAS REALES EN SEVILLA DURANTE LA BAJA EDAD MEDIA. UNA APROXIMACIÓN A PARTIR DE LAS FUENTES CRONÍSTICAS1 THE ROYAL ENTRIES IN SEVILLE DURING THE LATE MIDDLE AGES. AN APPROACH BASED ON CHRONISTICAL SOURCES Jimmy Noah N’Gom Pedrosa Universidad de Sevilla [email protected] ORCID: https://orcid.org/0009-0008-4067-9050 Resumen: El presente trabajo tiene como objetivo hacer una aproximación a las entradas reales que tuvieron lugar en la ciudad de Sevilla durante la Baja Edad Media, desde la conquista cristiana de 1248 hasta el reinado de los Reyes Católicos. La visita del rey a la ciudad y su recepción supusieron el desarrollo de un ceremonial que varió a lo largo de los siglos medievales. Por ello, además de explicar los distintos tipos de entradas reales que podemos observar durante este período, ofrecemos un recorrido histórico-descriptivo de estas manifestaciones ceremoniales durante los sucesivos reinados, lo que nos permite observar de forma cronológica su evolución y variación. Palabras clave: entradas reales; ceremonial; celebraciones; comunicación política; Baja Edad Media; Sevilla. Abstract: The aim of this paper is to examine the royal entries that took place in the city of Seville during the Late Middle Ages, from the Christian conquest of 1248 until the reign of the Catholic Monarchs. The king’s visit to the city and his reception involved the development of a ceremonial that varied throughout the medieval centuries. Therefore, in addition to explaining the different types of Recibido: 15-09-2023; Aceptado: 17-10-2023; Versión definitiva: 29-10-2023 1. Este trabajo se ha realizado dentro del Proyecto de Investigación financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación que lleva por título: “Medir la tierra: funcionalidad de los apeos y amojonamientos, gobernanza, conflictividad social y organización de los paisajes en el sur peninsular. Siglos XIII al XVI” (PID2022-137182NB-I00). Abreviaturas utilizadas: AMS= Archivo Municipal de Sevilla; P. May.= Papeles del Mayordomazgo; coord./coords.= coordinador/es; ed./eds.= editor/es; p./pp.= página/as. En la transcripción de la información cronística se respeta la grafía de los autores de las ediciones. 332 JIMMY NOAH N’GOM PEDROSA HID 50 (2023) 331-360 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2023.i50.13 royal entries that we can observe during this period, we offer an historical-descriptive tour of these ceremonial manifestations during the successive reigns, which allows us to observe chronologically their evolution and variation. Keywords: royal entries; ceremonial; celebrations; political communication; Late Middle Ages; Seville. 1. Introducción A diferencia de otros acontecimientos festivos que se desarrollaban en la ciudad de Sevilla durante el calendario anual, las celebraciones vinculadas al poder monárquico se revistieron de un carácter más extraordinario2, lo que puede explicarse por dos motivos: – La itinerancia de la corte. Como bien es conocido, los reyes castellanos no estaban asentados en un emplazamiento fijo durante su reinado, sino que se desplazaban a lo largo y ancho del reino durante toda su vida, por lo que no existía un centro político permanente. Por una parte, tenemos la circunstancia de la conquista cristiana del sur peninsular, lo que hizo que los monarcas tuviesen que asentarse en el sur durante un tiempo indeterminado, dependiendo de las campañas militares, para gestionar la empresa bélica. A ello, se le suman los distintos movimientos por el territorio para la pacificación de lugares o por otro tipo de enfrentamientos, en este caso con cristianos. Ante una nobleza levantisca, una corte itinerante permitía un mejor control del territorio, una mejor supervisión del reino debido a la importancia de negociar personalmente en un entramado político en el que las relaciones personales eran fundamentales3. Además, habría que añadir la necesidad de acudir a eventos políticos, como la recepción de representantes de reinos extranjeros o la despedida de miembros de la familia real. Tampoco hay que olvidar las preferencias personales de los reyes por habitar en ciertas ciudades. – La propia naturaleza del tipo de celebraciones que tenían lugar. Hay conmemoraciones por eventos destacados de la vida del monarca, como pueden ser la entronización, el casamiento, el nacimiento de los hijos o la propia muerte del rey que, como es lógico, son momentos puntuales en los distintos reinados. Todo esto condicionó el número de manifestaciones festivas relacionadas con la realeza que ocurrieron en la ciudad hispalense a lo largo de la Baja Edad Media. 2. Es necesario diferenciar entre celebraciones de tipo festivo y otras manifestaciones de tipo ceremonial. Las primeras, de un cariz más folclórico y popular, estarían relacionadas principalmente con acontecimientos religiosos, mientras que las segundas –entre las que se encuentran las entradas reales– podrían tener un sentido más propagandístico y legitimador, según argumentan autores como Oreja Andrés 2013, pp. 325-326. 3. No es una idea nueva, sino ya desarrollada por Marc Bloch 1939-1940. Las entradas reales en Sevilla durante la Baja Edad Media 333 HID 50 (2023) 331-360ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2023.i50.13 Pese a la dificultad de obtener descripciones completas y detalladas en las crónicas y fuentes primarias de la época4, hemos de decir que hay mayores datos que para el resto de las ciudades del sur peninsular, debido –en buena parte– al elevado número de veces que los monarcas se dignaron a visitar la urbe, unido a haber sido protagonista de relevantes acontecimientos políticos. Podríamos decir que las entradas reales en las distintas ciudades castellanas han dejado un mayor número de testimonios en las fuentes en comparación con otras ceremonias de la realeza, lo que nos permite la posibilidad de estudiar su desarrollo. Debemos considerar este hecho, la visita de un rey a una ciudad, como algo fundamental en la vida urbana5, puesto que las ciudades se transformaban y se adecentaban para recibir a su morador más ilustre, al igual que ocurría en la festividad del Corpus Christi con respecto a Jesús sacramentado. Ambos, el rey celestial y el terrenal, pasearían por las calles de la ciudad, que, debido a la importancia de tal acontecimiento, debían lucir sus mejores galas. Las entradas reales supusieron un desarrollo ceremonial complejo en el que se manifestaban numerosas ideas políticas y sociales. Por ello, coincidimos con Raufast Chico en que: […] a pesar de las numerosas y variadas definiciones que han sido sugeridas en relación a dichos eventos –“contrato feudal”, “acto de sumisión”, “ceremonia de inauguración” o “contrato social”, por citar tan sólo algunos ejemplos–, ninguna de ellas, sin dejar de ser esencialmente cierta, resulta satisfactoria por entero, incapaz de integrar conceptualmente los múltiples elementos que confluyen en la escenificación de la entrada solemne del monarca en las ciudades de finales de la Edad Media6. Al menos para el caso de Sevilla, nos atreveríamos a decir que ninguna otra celebración supuso un Hecho Social Total, tal y como diría Mauss7, de tal calado como las entradas reales. Estos eventos, cuando desplegaban todo su aparato ceremonial, iban más allá del aspecto institucional para mostrar la articulación de la sociedad medieval. No es que únicamente participara la comunidad, sino que encontramos presente desde los grupos sociales inferiores hasta el último resquicio de poder representado por el rey, que no únicamente era acompañado por el 4. A ello se une la falta de monografías que traten sobre el estudio de entradas reales y su evolución en conjunto en Castilla, a diferencia de otros lugares muy bien estudiados como Francia, con notables trabajos de Guenée 1967 y 1968; Coulet 1977; Blanchard 1983 y 2003; Bryant 1986; Blockmans 1994; Hébert 2008 o Lévy 2015, e incluso Portugal, con la obra de Alves 1986. En el caso castellano supusieron un avance, aunque no en profundidad, las aportaciones de Andrés Díaz 1984 y Nieto Soria 1993 y 2009, brillantemente matizadas y superadas por Carrasco Manchado 2000; 2006a; 2006b; 2013. 5. La importancia de este acontecimiento queda reconocida en la mayoría de estudios, entre los que se encuentran los ya citados o Martínez Martínez 2015, p. 229; Narbona Vizcaíno 1993, p. 564; Nieto Soria 1992, p. 22; Nieto Soria 1995, p. 504. 6. Raufast Chico 2006, p. 297. 7. Recomendamos leer su obra Ensayo sobre el don, forma y función del intercambio en las sociedades arcaicas, publicada originalmente en 1925 en L’Année Sociologique, con muchas ediciones posteriores. 334 JIMMY NOAH N’GOM PEDROSA HID 50 (2023) 331-360 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2023.i50.13 clero y la nobleza local, sino también por los altos prelados y los grandes hombres del reino. Si observamos la estructuración de los actos de las entradas, vemos que nos ofrecen información social, política, económica y religiosa. Nieto Soria llega a denominar al fenómeno de las entradas reales como “espectáculo dramático”8. Partiendo de la base de que no todas las entradas reales tenían un mismo desarrollo, sí que podemos hacer una subdivisión general9: – La entrada real en la ciudad conquistada10. El proceso reconquistador del sur peninsular supuso la incorporación a Castilla de ciudades, que pasaban a estar bajo el marco cultural de la cristiandad occidental. Eso se remarcaba en la primera entrada del rey a la ciudad, generándose una variante específica en la corona castellana11. En este caso, junto a la destacable exhibición pública de la victoria política, también se hacía todo un alarde religioso, siendo fundamental el hecho de la sacralización y reconversión de la mezquita aljama12. – La primera entrada del rey en una ciudad cristiana. En este caso, debemos tener en cuenta que en los sucesivos reinados los monarcas se desplazaban por el reino, por lo que en algunas ciudades la entrada real suponía la vez primera que un monarca se dignaba a visitarlas, aunque sus antecesores sí lo hubiesen hecho. Esto hizo que en este tipo de entradas la preparación de la visita estuviese muy cuidada y, además, ha dejado notables datos en la documentación. – La llegada del rey tras la victoria. La venida de un monarca a una ciudad tras un triunfo militar era especialmente festejada. Tenemos importantes noticias de la entrada en ciudades de reyes tras la victoria sobre musulmanes, por lo que en ocasiones se incluían en las descripciones los elementos procedentes del botín, incluidas personas. A esta triple tipología habría que añadir la recepción de representantes de otros estados, especialmente reyes, para los cuales las ciudades también desplegaban todo un repertorio ceremonial. También estaría la venida a la ciudad de reyes que ya la habían visitado, lo que sería una segunda entrada o sucesivas –aunque según la documentación, muy pobre detallando estas otras entradas, parece que no se preparaban con el mismo esmero–. Afortunadamente, de todo ello tenemos ejemplos en la ciudad de Sevilla. A lo largo de la Edad Media las entradas reales fueron variando, haciéndose cada vez más complejas, pasando de unas celebraciones más simples en una primera época, hasta el siglo XIV, a una segunda etapa a partir de entonces en la que 8. Nieto Soria 1993, p. 120. 9. Reconocemos las limitaciones y problemas que puede implicar crear una estructuración generalista. Por ello, más que establecer patrones concretos dentro de cada tipología, ofrecemos una división que permite incorporar las variaciones y características propias de cada entrada real. 10. Para esta variante concreta recomendamos el trabajo de Rodríguez López 2022. 11. Ladero Quesada 2015, p. 99. 12. Andrés Díaz 1984, pp. 55 y 56. Las entradas reales en Sevilla durante la Baja Edad Media 335 HID 50 (2023) 331-360ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2023.i50.13 aumentó la espectacularidad y la pormenorización del protocolo13. Para finales de la época bajomedieval hay una serie de principales elementos sintetizados por Rosana de Andrés Díaz –aunque no todos estaban siempre presentes–, tales como el recibimiento fuera de la ciudad con el correspondiente juramento del monarca, recibimiento de obsequios, visita al templo mayor de la ciudad, cena y festejos de duración variable14. 2. Las entradas reales en la ciudad de Sevilla 2.1. La entrada real de Fernando III De sobra es conocido el largo y difícil asedio al que se vio sometida la ciudad de Sevilla durante la conquista cristiana, puesto que desde que el rey estableció su campamento en Tablada en verano de 1247 tuvo que esperar para la caída de la ciudad hasta otoño de 1248, un lapso de tiempo en el que se produjo una verdadera guerra de desgaste15. La rendición se produjo el 23 de noviembre de 1248, festividad de San Clemente y fecha de cumpleaños del hijo del rey, el por entonces príncipe Alfonso, que le había acompañado en la conquista de la ciudad. En esa jornada, el Alcázar fue dado a los cristianos, ondeándose la seña real desde lo alto del alminar de la que por entonces era la mezquita aljama16, la cual pasaría a convertirse en catedral, o bien desde la propia torre del Alcázar fazíendo todos los cristianos «Dios ayuda», et dando gracias al Nuestro Sennor17. Tras el plazo otorgado por el rey a los moros para vender aquello que no pudiesen transportar y para facilitarles la salida de la ciudad, Axataf entregó las llaves de Sevilla a Fernando III, concretamente en la festividad del traslado del afamado santo Isidoro de Sevilla, que había sido arzobispo hispalense en época visigoda, a León, el 22 de diciembre18. La Crónica General informa de los detalles de la entrada del rey a la ciudad, que se habría producido –vista la fecha de la entrega de las llaves– en momentos posteriores a la rendición, cuando la Catedral ya estaba consagrada: Dia era de la traslación de sant Esidro de León, arçobispo que fue de Seuilla –en la era de mili et dozientos et ochenta et seys, quan do andaua el anno de la Encarnaçion del Nuestro Sennor Jeshu Cristo en mill et dozientos et quarenta et ocho– quando ese noble et bienauenturado rey don Fernando, de que la estoria tantos bienes a contado, entró en esa dicha noble cipdat de Seuilla, capital de todo ese sennorio del Andalozia, o fue reçebido con muy grant procesión de obispos et de toda la clerizia et de todas las otras gentes, con muy grandes alegrias et con 13. Ladero Quesada 2015, p. 94. 14. Andrés Díaz 1984, pp. 50-51. 15. González Jiménez 2006, p. 215. 16. Ibidem, p. 221. 17. Estoria de Espanna de Alfonso X en Menéndez Pidal 1906, p. 767. 18. González Jiménez 2006, p. 221. 336 JIMMY NOAH N’GOM PEDROSA HID 50 (2023) 331-360 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2023.i50.13 muy grandes bozes, loando et bendiziendo et dando gracias a Dios, et alabando los fechos del rey don Fernando; et entro asi desta gisa ese bienauenturado rey don Fernando dentro en la yglesia de Sancta Maria. Et esa procesión fezo ese dia con toda la clerizia don Gutierre, un noble perlado que era eleyto de Toledo; et canto y misa a ese noble rey don Fernando et a todo el otro pueblo délos cristianos que eran y19. Como podemos observar, nos encontramos ante una fantástica descripción que ofrece algunos detalles que deberían ser comentados. Ya observamos varias de las características que veremos en entradas reales posteriores, como son la presencia de personajes eclesiásticos recibiendo al rey o el cortejo que parte con dirección al templo mayor de la ciudad. También resulta importante la remarcación de la alegría y el regocijo popular, que será una nota presente en todos los eventos de este tipo. Especial atención merece el hecho de la conversión de la mezquita aljama en iglesia mayor de la ciudad, bajo la advocación de Santa María de la Asunción20. En este caso se siguió un ceremonial que ya estaba presente en Castilla desde hacía mucho tiempo atrás, consistente en una serie de fases “inmediatas e imperativas”21: – Purificación del edificio y de los bienes muebles que contenía, deshaciéndose de aquellos que se consideraban poco adecuados para el nuevo uso cristiano. – Consagración del altar mayor y definición de los principales espacios de culto. – Dotación de mobiliario y objetos litúrgicos, es decir, de todos aquellos ornamentos que serían necesarios para el culto. También llama la atención que en el testimonio primario de época alfonsí de la entrada de los cristianos en la ciudad no se menciona la intervención de la Virgen de los Reyes, teniendo en cuenta que su presencia sí fue tenida en cuenta en relatos posteriores. Jerónimo Müntzer, en su venida a la ciudad de Sevilla a finales del siglo XV, relata la devoción que sentía Fernando III por la imagen de Nuestra Señora de los Reyes –que desde la época fernandina ocupaba el altar de la Capilla Real–, mandada según él a hacer por el propio rey que, durante el asedio o cerco de conquista, habría recibido una revelación mariana en sueños que le prometía la victoria y la toma de la ciudad a cambio del culto ferviente a esta piadosa imagen22. Este relato sobrenatural puede deberse al desarrollo de una tradición oral, que pudo partir del propio entorno cortesano23, permaneciendo en la memoria de los fieles durante generaciones24. 19. Estoria de Espanna de Alfonso X en Menéndez Pidal 1906, p. 767. 20. Valor Piechotta y Montes Romero-Camacho 1997, p. 140. 21. Valor Piechotta y Montes Romero-Camacho 2018, pp. 101-108. 22. Puyol y Alonso 1994, pp. 202-203. 23. Si tenemos en cuenta la creencia de la intervención mariana en los sucesos mundanos, como recoge Alfonso X en sus Cantigas de Santa María. 24. Laguna Paúl 2013, p. 128. Las entradas reales en Sevilla durante la Baja Edad Media 337 HID 50 (2023) 331-360ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2023.i50.13 2.2. La entrada de Sancho IV La visita de Sancho IV a Sevilla tras su coronación en Toledo en 1284 hay que contextualizarla en la necesidad de asentar su poder en Andalucía, tras el vacío de poder existente desde la muerte de Alfonso X y el peligro que suponían sus hermanos Juan y Jaime como posibles adversarios al trono, teniendo en cuenta el desheredamiento que el Rey Sabio hizo sobre su hijo Sancho25. Si atendemos a la crónica del rey, nos percatamos de la escasez de la información. Únicamente menciona lo siguiente: É, en tanto que este mandado ovo el rey don Sancho, tomó su camino para allá, é llegó á Córdoba; é desque sopo el infante don Juan é los otros que estaban en Sevilla quel rey don Sancho estaba en Córdoba, viniéreonse luego para él, é tomáronlo por rey é por señor; é luego salió el Rey dende con todas estas gentes, é fuese para Sevilla, é luego le tomaron los de Sevilla é de su reino por rey é por señor26. De este modo, no encontramos ninguna referencia al desarrollo ceremonial que pudo tener la entrada del nuevo rey en la ciudad. Sin embargo, gracias a una fuente musulmana, del historiador egipcio Muhyî al-Dîn Ibn al-Zâir (1223-1293), conocemos más detalles. Se trata de un texto narrado desde la perspectiva de los embajadores que se encontraban en Sevilla desde principios de 1283, al servicio del sultán mameluco Qalâ’ûn27. Por tanto, llegaron cuando Alfonso X todavía contaba con vida, esperando posteriormente poder entrevistarse con el nuevo rey. La llegada de don Sancho y su mujer, con la consiguiente entrada solemne en la ciudad y la celebración religiosa en la Catedral, tuvo que ocurrir sobre el 24 de junio de 128328. Por lo que se nos relata, parece como si hubiese una especie de nueva coronación en la Catedral tras atravesar las murallas y recorrer un itinerario en el que el rey iba investido de poder, pero realmente lo que se realizaría sería un ritual simbólico en el que el monarca, portando las insignia regalia, mostraría una escenificación de poder real en un marco ideal para lanzar un mensaje propagandístico y legitimador: la Capilla Real, donde se encontraban los restos de los dos monarcas antecesores. Tras esta ceremonia, salió en comitiva con atambores y banderas desplegadas, yendo el portaestandarte de nuestro señor el sultán en cabeza, y así recorrió la ciudad29. Más que la entrada real en la ciudad, lo que se nos narra es la procesión tras la parada religiosa en el templo catedralicio, posiblemente con destino al Alcázar. 25. Hernández Sánchez 2021, p. 575. 26. Crónica de Sancho IV, p. 70. 27. Hernández Sánchez 2021 (vol. I), p. 584. 28. Idem. 29. Martínez Montávez 1963, p. 516. 338 JIMMY NOAH N’GOM PEDROSA HID 50 (2023) 331-360 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2023.i50.13 2.3. Las entradas de Alfonso XI La primera constancia la tenemos para el año de 1327, por lo que hacía escaso tiempo que el rey había salido de la regencia. La venida a Sevilla30 tuvo lugar tras el nombramiento como maestre de la Orden de Santiago31 de Vasco Rodríguez de Cornago32. Destaca en las fuentes cronísticas la loa a la ciudad de Sevilla, considerada de tal nobleza que sabe muy bien acoger et rescebir su Señor al tiempo que y viene rescebieron al Rey con grand placer et con muchas alegrías33. En efecto, esto demuestra la gran solemnidad con la que fue recibido, puesto que los hombres de la ciudad habían padecido los problemas de las tutorías del rey, por lo que vieron en la venida de la figura del monarca la salvación a todos esos problemas de años atrás34. Ese sentimiento de alegría es visible en el regocijo popular, con muestras de contentamiento en numerosos puntos de la ciudad, sucediéndose la música, las danzas o las actividades lúdico-festivas, destacando la simulación de actividades bélicas, al modo de las antiguas naumaquias romanas, tal y como podemos observar: Et en este rescebimiento ovo muchas danzas de hombres et de mugeres con trompas et atabales que traían cada unos dellos. E t otrosí avia y muchos bestiales fechos por manos de ornes que parescian vivos, et muchos caballeros que bohordaban á escudo et lanza, et otros muchos que jugaban la gineta. Et por el rio de Guadalquevir avia muchas barcas armadas, que jugaban et facían muestra que peleaban; et avia en ellas trompas et atabales, et muchos estormentos otros con que facían grandes alegrias35. Poseemos un dato muy interesante, y es la mención al primer uso del palio en una entrada real36, al menos en la ciudad de Sevilla, elemento que se convirtió en un recurso presente en posteriores recibimientos de los monarcas castellanos: Et ante que el Rey entrase por la ciubdat, los mejores hombres, et caballeros, et ciubdadanos descendieron de las bestias, et tomaron un paño de oro muy noble, et traxieronle en varas encima del Rey37. Tenemos noticias del cuidado engalanamiento de las calles de la ciudad, repletas de ricos paños que adornaban las fachadas de las casas, de materiales tan nobles como el oro y la seda, unido al empleo de plantas aromáticas esparcidas 30. Pudo tener lugar la entrada en la ciudad el 5 de mayo de 1327 o pocos días antes, según Cañas Gálvez 2014, p. 163. 31. Crónica de Alfonso XI, p. 204. 32. Personaje que alcanzó una notable influencia gracias a la confianza depositada por el rey, llegando a tener encomendada la crianza del príncipe heredero, el futuro Pedro I. 33. Crónica de Alfonso XI, p. 204. 34. Idem. 35. Idem. 36. Ortiz de Zúñiga 1677, p. 183. 37. Crónica de Alfonso XI, p. 204. Las entradas reales en Sevilla durante la Baja Edad Media 339 HID 50 (2023) 331-360ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2023.i50.13 por el suelo, sobre las que pisaría la comitiva real, teniendo en cuenta que en cada una de las casas destas calles posieron cosas que olían muy bien, las mejores que pedieron aver38. Es posible que el desarrollo de esta entrada real influyese más adelante en el engalanamiento de las calles para otras festividades, como posteriores entradas reales o la propia procesión del Corpus Christi, habida cuenta de que tal magnificencia era motivo de inspiración. El último detalle que tenemos es la participación en esta entrada real de moros que estaban al servicio del rey39: Et en este día que el Rey entró en la ciubdat falló y á Don Abrahen fijo de Ozmin; et porque bebía él vino, llamábanle Abrahen el beodo: et venian con él pieza de caballeros Moros á servicio del Rey, et saliéronlo á rescebir fuera de la ciubdat. Et este rescebimiento del Rey fué fecho con grand placentería, et lo mejor et más honradamiente que los de la ciubdat lo pedieron facer. Et pues el Rey es llegado á la muy noble ciubdat40. Sevilla estaría en esos momentos rebosante de grandiciisima opulencia, llena de nobleza, y llena de Pueblo, con la fertilidad de los campos, y con la ayuda del comercio de Naciones extranjeras, abujante y rica41. Este escenario festivo debió sorprender a sus contemporáneos, tal y como ha quedado constatado en las fuentes, atribuyéndosele a los cortesanos que volvían de la ciudad el elogio: Quien no vio a Sevilla, no vio maravilla y A quien Dios quiso bien, en Sevilla le dio de comer42. Avanzando en el tiempo, en 1336 tuvo lugar un conflicto con el reino de Portugal, debido al temor de Alfonso XI de la intervención portuguesa en los conflictos del rey con la nobleza castellana. La negativa del rey de Castilla al ultimátum de Alfonso IV de Portugal de entregar a Constanza Manuel, que iba a ser casada con el infante don Pedro de Portugal –rompiendo un acuerdo anterior, mediante el cual la prometida iba a ser Blanca de Castilla–, hizo que el portugués desplegara las tropas en la frontera y una armada de galeras43. En 1337, fueron vencidos el Almirante et los de la flota del Rey de Portogal, et preso Manuel Pezano et Carlos su fijo, capturando ocho galeas de las de los Portogaleses, et anegadas seis: et murieron muchas gentes de amas las partes44. El almirante Alfonso Jufre volvió por mar hasta Sanlúcar de Barrameda y remontó el río Guadalquivir, notificando al rey su venida a Sevilla, para la cual se preparó un recibimiento en el que estaba presente el rey, et iban con el Rey el Arzobispo 38. Idem. 39. No nos debe de extrañar la presencia de minorías. Era habitual encontrar su participación en fiestas y celebraciones urbanas tal y como se puede observar en Viñuales Ferreiro 2014. 40. Crónica de Alfonso XI, p. 204. 41. Ortiz de Zúñiga 1677, p. 183. 42. Idem. 43. Recuero Lista 2015, p. 116. 44. Crónica de Alfonso XI, p. 290. 346 JIMMY NOAH N’GOM PEDROSA HID 50 (2023) 331-360 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2023.i50.13 estaban encerrados en los sarcófagos funerarios, siendo las imágenes ceremoniales las más adecuadas para un acto de este tipo. Como parte de los festejos populares, para conmemorar el acontecimiento se lidiaron seis toros en la plaza de San Francisco, la mitad que los que se emplearon en la anterior visita de don Fernando76. En 1410 se produjo otra victoria, la toma de Antequera, que fue la que otorgó más prestigio político al infante, que dos años más tarde acabaría convertido en rey de Aragón77 tras el famoso Compromiso de Caspe de 1412. De nuevo, don Fernando volvió a Sevilla tras la victoria, entrando en la ciudad de una forma similar a la anterior. Tuvo lugar el martes 14 de octubre, y de nuevo venía muy bien acompañado: […] venían con él los Perlados é Ricos-Hombres é Caballeros que se siguen: Don Lope de Mendoza, Arzobispo de Santiago, é Don Sancho de Roxas, Obispo de Palencia, é Don Fadrique, Conde de Trastamara, é Juan do Velasco, Camarero mayor del Rey, é Gómez Manrique, Adelantado de Castilla, é Pero Manrique, Adelantado de Leon, é Diego Hernández de Quiñones, Merino mayor de Asturias, Carlos de Arellano, Señor de los Cameros, Garcifernandez Manrique, Señor de Aguilar é de Castañeda, Fernan Perez de Ayala, Merino mayor de Guipuzcoa, Juan Hurtado de Mendoza, Mayordomo mayor del Rey, Poro Canillo de Toledo, Merino mayor de Burgos, Perafan de Ribera, Adelantado do la Frontera, Pero García de Herrera, Mariscal del Rey, Diego de Sandoval, Mariscal del Infante, é Don Alvar Pérez de Guzman, Alguacil mayor de Sevilla, é Fernán Alvarez de Toledo é otros muchos Caballeros78. Lamentablemente, la lluvia hizo su aparición en la ciudad desluciendo el acto, pero no impidió la realización de danzas y otros elementos festivos, así como la organización de una comitiva que saldría a recibir al infante, compuesta por el arzobispo de Sevilla, Enrique de Villena –conde de Cangas–, la mujer del infante Leonor de Alburquerque, los alcaldes, alguaciles, caballeros veinticuatro, jurados, caballeros, escuderos y el resto de los oficiales de la ciudad79. El cortejo de Fernando de Antequera estaba organizado de la siguiente forma: hombres, damas y caballeros, diecisiete moros cautivos portando las banderas tomadas en la batalla con el asta en dirección al suelo como signo humillador, un crucifijo tras el que desfilaban los dos pendones de la cruzada –uno blanco y otro rojo–, el adelantado Perafán portando la espada de Fernando III, los grandes y 76. Romero Abao 1991, pp. 146-147. Al igual que en el caso anterior, toma la citada documentación del AMS. 77. Por las descripciones de estas ceremonias, parece ser que Fernando de Antequera gustó de exaltar la imagen regia y la escenificación del poder real, tarea que continuó en Aragón. Hay que tener en cuenta que el acceso al trono del castellano no fue natural, sino que fue uno de entre los candidatos que se posicionaron para desempeñar el poder regio, por lo que no es de extrañar la búsqueda de una escenificación y plasmación de la legitimidad, utilizando diversos medios propagandísticos, como se puede ver en Muñoz Gómez 2018. 78. Crónica de Juan II, p. 332. 79. Ibidem, p. 333. Las entradas reales en Sevilla durante la Baja Edad Media 347 HID 50 (2023) 331-360ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2023.i50.13 ricoshombres, los pendones y el estandarte de la divisa del rey, los pendones de Santiago, San Isidoro y el de la ciudad de Sevilla; yendo los pendones a la izquierda y los pajes y hombres de armas detrás80. Tras atravesar la misma puerta de la ciudad81 que en su anterior visita, parece ser que siguió el mismo itinerario, esperándole de nuevo el clero en la Puerta del Perdón, repitiéndose el ceremonial realizado en la Catedral82 salvo el besamanos a sus antecesores. 2.7. Las entradas de Enrique IV De sobra es conocido el carácter de Enrique IV. Alfonso de Palencia, pese su sabida contrariedad a la figura del monarca, hace una descripción que no se aleja de la realidad: Las resplandecientes armas, los arreos, guarniciones de los caballos y toda pompa, indicio de grandeza, merecieron su completo desdén. Embrazó la adarga con más gusto que empuño el cetro, y su adusto carácter le hizo huir del concurso de las gentes83. Este carácter introspectivo se dejó sentir en las visitas que el rey hizo a la ciudad, sobre todo en la que tuvo lugar en 1455 tras su estancia en Córdoba, ciudad en la que se casó con Juana de Avís. Se nos dice que: […] de alli el Rey se partió para la ciudad de Sevilla, donde era esperado con muy grande amor, como no hobiesen visto Rey en aquella ciudad desde el Rey Don Enrique segundo, donde le estaba aparejado muy notable recebimiento; y el Rey, no queriendo ver la nobleza de la gente de aquella ciudad, se apartó con pocos de los suyos y entróse por el postigo del Alcázar, donde muy pocos le pudieron ver, de que todos los de la ciudad fueron mucho maravillados y mal contentos ; con todo eso la gente del Rey fué muy bien aposentada, y alegremente rescebida por los huespedes84. Pese a este acto, que seguramente fuese percibido con extrañeza y cierto descontento por aquellos que le esperaban, habida cuenta de los preparativos que seguramente se habían realizado para el acontecimiento85 –a lo que hay que sumar tropelías y alborotos durante su presencia–; aun así, esta leal y poderosa Ciudad, con su acostumbrada grandeza festejó à los Reyes con todo genero de regozijos, hasta los últimos dias del año en que salieron hacia Castilla86, lidiándose una asombrosa cantidad de 25 toros87. 80. Idem. 81. Romero Abao 1991, p. 125. 82. Crónica de Juan II, p. 333. 83. Palencia 1904-1908 (vol. I), p. 12. 84. Enríquez del Castillo 1875-1878, p. 10. 85. Ortiz de Zúñiga 1677, p. 343. 86. Ibidem, p. 344. 87. Romero Abao 1991, pp. 146-147. 348 JIMMY NOAH N’GOM PEDROSA HID 50 (2023) 331-360 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2023.i50.13 El rey vino en otras ocasiones a la ciudad. Tenemos datos de su presencia en 1460-146188, en 1463, para dirimir las disputas entre los arzobispos Fonseca89, y en 1469, con la intención de prender al duque de Medina Sidonia y apoderarse de la ciudad de Sevilla90. De todas estas visitas no tenemos constancia de un ceremonial especial o de una entrada real destacada. Únicamente para la de 1461 conocemos la lidia de seis toros en la puerta del Alcázar. 2.8. Las entradas de los Reyes Católicos91 La primera venida de la reina tuvo lugar en 1477, un año después de haberse consolidado en el trono tras la batalla de Toro, aunque todavía no hubiese acabado la guerra de sucesión castellana (1475-1479). Hay que tener presente que los primeros años de reinado se habrían dedicado a asegurar el trono, estimándose en estos momentos venir al sur para acabar con grandes escándalos é guerras92. Sobre la entrada real, Hernando del Pulgar nos transmite una información muy deficiente: E fué luego á la ciddad de Sevilla, donde fué recebida con grande solemnidad é placer de los caballeros, clerecía, cibdadados, é generalmente de todo el comun de la cibdad: é para este recibimiento ficieron grandes juegos é fiestas que duraron algunos días93. La entrada de la reina se produjo en el mes de julio, pero la fecha es un tanto incierta, proponiéndose desde el 24 hasta el 29 del citado mes94. A principios de mes se había enviado a Gutierre de Toledo y a Diego de Valladolid, aposentadores reales, para avisar de la llegada real95, comenzando así a prepararse la entrada real. Por la descripción que ofrece Gestoso, tenemos una imagen de un evento espectacular. Numerosas gentes venidas desde la ciudad y de los alrededores se agolparon en el entorno del campo extendido alrededor de la Puerta de la Macarena para ver la real comitiva, situándose sobre montículos, árboles y cualquier elemento que les permitiese una mejor visión, incluso las propias murallas96. Es normal esta expectación teniendo en cuenta la pobreza de las entradas de Enrique IV, por lo que no era visto un espectáculo de tal calibre desde la entrada de Fernando de Antequera en 1410, hacía setenta y siete años, a lo que habría que 88. Ibidem, p. 120. Toma la información del AMS, P. May., 1461-1462, 7 de febrero de 1461. 89. Idem. 90. Enríquez del Castillo 1875-1878, p. 52. 91. Para una visión general de las entradas reales de la reina Isabel en Castilla, recomendamos acudir a Fernández de Córdova Miralles 2002, pp. 304-328. También resultan interesantes algunos trabajos que pretenden mostrar la importancia de estas ceremonias en la pacificación de conflictos, como Rufo Isern 1988 y Rábade Obradó 2015. 92. Pulgar 1875-1878, p. 323. 93. Idem. 94. Romero Abao 1991, p. 121. 95. Ortiz de Zúñiga 1677, p. 380. 96. Gestoso y Pérez 1891, p. 7. Las entradas reales en Sevilla durante la Baja Edad Media 349 HID 50 (2023) 331-360ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2023.i50.13 unir los deseos populares de orden y justicia teniendo en cuenta la situación que se vivía en la ciudad. La Puerta de la Macarena, al ser la que atravesaría la reina, estaba especialmente adornada, destacándose los paños de tejidos ricos que colgaban de sus muros, de carmesí y de brocado, escoltando un deslumbrante altar de plata en el que se situaría el libro de privilegios, rodeado de todo un aparato ornamental97. La reina fue recibida por Enrique de Guzmán, Duque de Medina Sidonia, é por todos los otros caballeros, é veintiquatros, é oficiales de oficios reales de ella, é por la clerecía de la ciudad98. En efecto, hubo un gran número de hombres en el recibimiento oficial, encontrando: El Cabildo y Regimiento en pleno, con sus Veinticuatros y Jurados vestidos ricamente de seda y terciopelo, con sus joyeles, cadenas, estoques y espadas de dorados puños; todos los Grandes, señores de título y caballeros emulando en ostentación y bizarria: el Señor Alguacil mayor D. Pedro Nuñez de Guzman con el Pendón de la Ciudad, que ostentaba bordada por ambas haces la imagen del Rey D. Fernando, que conquistó Sevilla, los oficiales todos de ella, ballesteros de maza, porteros, alguaciles de á pié y á caballo, los atabales y trompetas del Cabildo con sus pendoncillos y paramentos bordados: toda esta muchedumbre, resplandeciente de galas, llevando pintado en los rostros el gran júbilo que sentia99. Asombrosa fue también la apariencia de los miembros del clero, participando desde el cabildo catedralicio hasta las parroquias con sus cruces. También estuvieron presentes los trabajadores de las atarazanas y del Alcázar, los escuderos del Hospital Real y las minorías de la ciudad, que incluían a los judíos, los moros y los negros100. A ello hay que unir: […] la inmensa muchedumbre de gentes del pueblo con sus caperuzas, aljubas y sayos de mil colores, las diferentes músicas de atabales, chirimias, trompetas y sacabuches, el disparar de las lombardas de la muralla, u los mil cohetes voladores que cruzaban por todas partes, el incesante bullicio y las aclamaciones que atronaban el espacio101. Ante este escenario festivo se entiende perfectamente la pregunta retórica de Andrés Bernáldez, asombrado con la espectacularidad de este evento festivo: ¿Quién podrá decir aquí la grandeza de la tan excelente córte que les siguió y tuvieron en Sevilla, de caballeros y Prelados, Duques, Marqueses, Condes, Arzobispos, Obispos, Deanes, Abades reglares y seglares, Comendadores y grandes 97. Idem. 98. Bernáldez 1875-1878, p. 589. 99. Gestoso y Pérez 1891, p. 8. 100. Idem. De nuevo, al igual que ocurría con Alfonso XI, observamos la participación de minorías en el recibimiento a la reina. Hay que tener en cuenta que estas minorías conformaban parte de la ciudad, por lo que era la ciudad al completo la que rendía honores a la soberana. 101. Gestoso y Pérez 1891, pp. 8-9. 350 JIMMY NOAH N’GOM PEDROSA HID 50 (2023) 331-360 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2023.i50.13 señores, así de estos Reynos, como de Aragón é Cataluña, Navarra, Nápoles, é Sicilia, é de otras muchas tierras?102 La reina escuchó un discurso de bienvenida pronunciado por Alfonso de Velasco, confirmó los privilegios de la ciudad y recibió las llaves de Sevilla de mano del duque de Medina Sidonia103. Unas calles espléndidamente adoradas por terciopelos y otros ricos paños, cubiertas por toldos, perfumadas por la juncia y el romero, y con fuentes de agua y vino, recibían la comitiva de la reina, situada bajo un palio de brocado carmesí y flecos bermejos, llevado –como era habitual– por ocho regidores de la ciudad vestidos de terciopelo104. Sus capellanes, reyes de armas, pages, trompetas, ballesteros de maza, cetreros, monteros de espinosa, mozos de espuela y de cámara, reposteros de estrados y de plata […] y cinco pajes que fueron con antorchas105 la acompañaban en procesión hasta la Catedral, donde estaba presente el arzobispo que esta vez entró la primera en su iglesia, no admitiendo recibimiento particular por venir con la Reyna106. Finalmente, se retiró al Alcázar de la ciudad, lugar donde solían acabar todas las visitas reales. Por la descripción, parece que estamos ante la entrada más teatral realizada hasta la fecha. Lamentablemente, para la llegada del rey Fernando en septiembre no tenemos esta riqueza descriptiva. Aunque los reyes estuvieron en otras ocasiones en la ciudad de Sevilla, la descripción más detallada de una entrada real no se da hasta la llegada de Fernando el Católico en 1508, fecha en la que ya había fallecido Isabel y se había desposado con Germana de Foix. Antes, en abril de 1500, había venido a negociar con los reyes el rey de Navarra, lo cual no era habitual en la época, puesto que existía un aparato diplomático lo suficientemente desarrollado como para evitar el desplazamiento de los monarcas a territorios extranjeros107. Sabemos que fue muy bien recibido en la ciudad, pese a las tensiones existentes entre los navarros y los castellanos108. Se nos describe así el recibimiento: […] la Ciudad delante, todos los Veinte-y-quatros y Regimiento delante, al qual besaron la mano por mandado del Rey, é luego la clerecía toda por sí y capellanes de la córte, luego los priores muy ordenadamente, y luego el Rey Don Fernando á la postre con el Patriarcha Arzobispo de Sevilla, Don Diego Hurtado de Mendoza, é con un Cardenal é dos ó tres Obispos italianos, que habian venido con la Reyna 102. Bernáldez 1875-1878, p. 589. 103. Romero Abao 1991, p. 126. 104. Gestoso y Pérez 1891, p. 10. 105. Ibidem, p. 9. 106. Ortiz de Zúñiga 1677, p. 381. 107. Especialmente interesante es el trabajo de Adot Lerga 2010, p. 20. Trata específicamente la comitiva y el desarrollo de esta visita del rey navarro a la ciudad de Sevilla, aportando datos muy interesantes para visualizar cómo se desarrollaría un viaje de esta envergadura. 108. Bernáldez 1875-1878, p. 695. Las entradas reales en Sevilla durante la Baja Edad Media 351 HID 50 (2023) 331-360ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2023.i50.13 de Nápoles, y con los grandes y con los Obispos de la córte salieron camino de Alcalá media legua á los recibir, y llegados se abrazaron é humillaron, é vinieron á la ciudad por la puerta de Carmona, é decían que el Rey le había dado muchos ducados, é en Sevilla le hicieron muchas fiestas109. Nos encontramos ante una entrada que sigue el esquema básico de entrada real. El rey navarro es recibido por los notables de la ciudad, el clero y los reyes, para ser conducido por una de las puertas más habituales de llegada de comitivas reales. Eso sí, no se nos menciona algo que suele ser característico, que es la ida al templo mayor de la ciudad, para hacer una parada religiosa, tras la cual poder continuar hasta el Alcázar. Sí contiene algo básico a cualquier entrada real: las alegrías populares ante los eventos de este tipo. Una vez vista esta entrada particular, puesto que en Sevilla no se veía la realización de un acto de este tipo, en el que un rey de otro reino era recibido, desde la llegada de los dos Alfonsos a la ciudad –el portugués y el castellano–, podemos pasar a describir la llegada de Fernando el Católico en 1508. La entrada se produjo el 28 de octubre del citado año, estando acompañado el rey tanto por su nueva mujer como por su querido nieto, el infante Fernando, siendo recibido por el arzobispo de la ciudad, Diego de Deza110. El recibimiento no fue hecho en las puertas de la ciudad, sino en el hospital de San Lázaro –donde el monarca había hecho un alto con Germana– por las milicias que el asistente Íñigo de Velasco había dispuesto desde la Puerta de la Macarena. En total, la gente de a pie llegaba al número de diez mil soldados, con no gran número de caballería, interpolandose otra pueril milicia de niños, vestidos de militares galas, de que el principal le ofreció con una Imperial Corona, las llaves de la Ciudad repitiendo un significativo mensaje: A vos mejor pertenece, alto Rey Don, que à quantos nacidos son111. Observamos de este modo la inclusión de elementos simbólicos, que se acrecentaron en la procesión de entrada. Cerca de San Lázaro esperaban el arzobispo, los cabildos eclesiásticos y civil y el asistente de la ciudad, aunque el clero se acabó retirando para recibir al rey en la iglesia. Al igual que había ocurrido en veces anteriores, hizo uso del palio llevado por regidores, entrando por la Puerta de la Macarena para llegar a la Catedral atravesando la ciudad, cuyas calles estaban decoradas por arcos triunfales de mucha grandeza112; calles que, en algunos casos habían sufrido un importante proceso de adecentamiento, al igual que ocurriría en la siguiente entrada de 1511 con solamientos113. Se acaba de introducir un elemento nuevo en las entradas reales, que pervivirá en las próximas: el arco del triunfo. Seguramente, esta idea pudo ser exportada a España desde Italia, teniendo en cuenta que el propio rey Fernando había hecho 109. Idem. 110. Ibidem, p. 735. 111. Ortiz de Zúñiga 1677, p. 456. 112. Ibidem, p. 457. 113. Romero Abao 1991, p. 123. 352 JIMMY NOAH N’GOM PEDROSA HID 50 (2023) 331-360 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2023.i50.13 una entrada triunfal en Nápoles un par de años antes en la que había desfilado bajo arcos triunfales de tipología clásica. Los arcos sevillanos, de tipología igualmente clásica, tendían capiteles y basas, así como artesonado, con pintura en grisalla representando elementos arquitectónicos y figurativos114. Debieron impresionar estos arcos, teniendo en cuenta la descripción de Bernáldez: […] de madera muy altos, cubiertos y emparamentados muy ricamente desde la puerta de Macarena por donde entraron hasta la Iglesia, y en cada uno estaba pintada é por letras una de las victorias pasadas habidas por el Rey Don Fernando, que era cosa maravillosa de ver […]115. Sobre el recibimiento del cabildo eclesiástico, Diego Ortiz de Zúñiga nos dice lo siguiente: Salió en forma de Procession el Cabildo de la S. Iglesia, precediéndola todas las Cruzes de las Parroquias, y (segun los papeles de aquel tiempo) toda la Procession que salía el dia de el Corpus, con que llegado al Templo, ya casi denoche, lo halló coronado de luminarias, que de dauan hermosisima vista, y auiendo hecho oracion, passó con todo el acompañamiento hasta el Acaçar, de donde despidio al Arçobispo, acariciandolo con demostracion publica […]116. En la ciudad continuaron durante un tiempo los festejos populares, solicitándosele al rey que el día de San Clemente portara la espada de San Fernando en la tradicional procesión, llamando al embajador de su nieto Carlos para que llevara el pendón de la conquista, recibiendo la aclamación de los presentes117. Todo ello nos indica el carisma y el apoyo político que seguiría despertando la figura del Rey Católico en Castilla, o al menos en Sevilla. 3.Recorrido real Anteriormente, hemos visto cómo las entradas reales suponían atravesar la muralla de la ciudad por alguna de sus puertas, para luego hacer un recorrido procesional urbano. Lamentablemente, los datos de estos itinerarios son muy escasos, lo que nos hace plantearnos varias alternativas posibles. Del recorrido que siguió Fernando III sabemos muy poco. En 1248, en la entrada del rey en diciembre, pudo haber atravesado cualquiera de las puertas de la ciudad, pero hay dos que se postulan con más posibilidades: la de la Macarena y la de la Carne. La primera de ellas habría permitido al rey desarrollar una entrada espectacular, recorriendo Sevilla de norte a sur, atravesándola al completo, discurriendo igualmente por sus arterias principales. Por ello, no es de extrañar que 114. Lleó Cañal, pp. 11-17. 115. Bernáldez 1875-1878, p. 735. 116. Ortiz de Zúñiga 1677, p. 457. 117. Idem. Las entradas reales en Sevilla durante la Baja Edad Media 353 HID 50 (2023) 331-360ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2023.i50.13 fuese elegida esta alternativa, más aún por la importancia de ser la primera entrada en una ciudad recién conquistada. La segunda posibilidad era la de atravesar la Puerta de la Carne, coincidiendo con el recorrido anterior en la llegada al entorno del Salvador, a partir del cual discurriría hacia la Puerta del Perdón de la antigua mezquita aljama, ahora sede catedralicia. La importancia de esta puerta radicaba en que, pese a la estancia del campamento cristiano del rey en Tablada, el príncipe Alfonso y un importante destacamento se encontraban en la zona de la Huerta del Rey, próxima a la mencionada puerta. Del camino que siguieron Sancho IV y Alfonso XI en sus sucesivas entradas tenemos muy pocos datos. Lo mismo ocurre con Enrique II y Enrique III. Sí sabemos que este último monarca realizó la parada religiosa en el templo catedralicio, pasando después al Alcázar, esquema que se repite con posterioridad (ya presente en Sancho IV). En el caso de Fernando de Antequera, sí que conocemos muy bien su recorrido. Podría haber elegido entrar por cualquiera de las puertas de la ciudad. El camino de llegada no es óbice para elegir un emplazamiento u otro. Si eligió la puerta de Carmona puede ser por su deseo de parar en el convento agustino próximo a ésta. Figura 1. Plano de los posibles distintos itinerarios (en morado) que pudo seguir la comitiva real en la entrada a la ciudad de Sevilla. Elaboración propia. 354 JIMMY NOAH N’GOM PEDROSA HID 50 (2023) 331-360 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2023.i50.13 Posteriormente siguió por el recorrido habitual, subiendo la actual calle Águilas para llegar a la Puerta del Perdón de la Catedral rodeando posiblemente la iglesia del Salvador. De Enrique IV ya sabemos la intención de evitar este tipo de ceremonias, por lo que el rey desestimó el recorrido procesional propio de la visita real a la ciudad. Lo contrario pasó con los Reyes Católicos, que emplearon tanto la Puerta de la Macarena como la de Carmona. Parece que la primera tenía una consideración más espectacular, puesto que fue usada en las visitas más solemnes, mientras que la segunda fue empleada en otras ocasiones como en la llegada del rey navarro. Al igual que en otras ocasiones, se discurriría por la iglesia del Salvador y la plaza de San Francisco para llegar hasta la Catedral de Sevilla. Sobre las distancias, frente a los 1,3-1,6 km que suponía escoger como puerta de entrada la de Carmona o la de la Carne, atravesar por la Puerta de la Macarena hacia la Catedral, incrementaba la distancia un kilómetro y medio, suponiendo un recorrido total de unos 3 km. Esto nos da una idea de la magnitud de la procesión y del esfuerzo que supondría adecentar, adornar y engalanar el itinerario procesional. A esta gran distancia habría que añadir la de la entrada más extensa, la de Fernando el Católico en 1508. Si tenemos en cuenta que comenzó en San Lázaro, a más de un kilómetro y medio de la Puerta de la Macarena, nos encontraríamos ante un recorrido total de unos 4,6 km. 4. Análisis de las entradas reales hispalenses La presencia de este elenco de reyes o miembros de la realeza –caso del infante Fernando– y la ausencia de Alfonso X, Pedro I, Juan I y Juan II no es casual ni arbitraria. Pese a la visita documentada a la ciudad, hay casos en los que nos es imposible describir cualquier posible entrada real debido a la carencia de referencias sobre esta celebración en las crónicas y fuentes disponibles, a lo que hay que sumar la ausencia de Juan II en Sevilla durante su reinado. Esta falta de datos afecta también a los monarcas estudiados, ya que no todas las entradas que hicieron en la ciudad son conocidas, por lo que sería arriesgado aventurarnos a conjeturar sobre qué rey hizo más visitas a esta ciudad durante toda la Baja Edad Media. Todas las entradas reales mostradas parecen tener elementos comunes: regocijo popular, itinerarios con ciertos puntos comunes, celebraciones lúdico-festivas, participación de la “totalidad” de la comunidad y la decoración de las calles. Aunque algunos de estos elementos no aparecen recogidos en los relatos cronísticos, resultan casi imprescindibles en estas celebraciones. Sí parece que la tipología de la primera entrada en la ciudad y la de victoria fueron las que presentaron un desarrollo ceremonial más amplio o, al menos, las que llamaron más la atención a los cronistas. Por último, las fases de una entrada real supondrían una posible parada previa, el recibimiento fuera de las murallas, la procesión urbana con posible parada en la Catedral y la llegada al Alcázar. Una serie de actos presentes en entradas reales en Las entradas reales en Sevilla durante la Baja Edad Media 355 HID 50 (2023) 331-360ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2023.i50.13 Tabla 1. Relación de las características de las distintas entradas estudiadas en la ciudad de Sevilla. Elaboración propia. Protagonista Nº de entradas estudiadas Años “Tipologías”118 Elementos presentes Itinerario Fernando III 1 1248 Conquista Regocijo popular; presencia laica y eclesiástica ¿? - Catedral Sancho IV 1 1284 Primera entrada Presencia musical; presencia laica y eclesiástica; participación de extranjeros (mamalucos) ¿? - Catedral - Alcázar Alfonso XI 4 1327 1337 1340 Primera entrada, recepción y victoria Regocijo popular; elementos lúdicofestivos; decoración urbana; participación de minorías; suntuosidad; botín ¿? - Catedral - Alcázar Enrique II 1 1366 Primera entrada como “rey” ¿Regocijo popular? ¿? - Alcázar Enrique III 1 1395 Primera entrada Regocijo popular; ¿elementos festivos? ¿? - Catedral - Alcázar Fernando de Antequera 31407 1410 Primera entrada y victoria Regocijo popular; elementos lúdicofestivos; presencia de grandes del reino; participación eclesiástica; suntuosidad; ceremonias de tipo simbólico P. Carmona - Catedral - Alcázar Enrique IV 1 1455 Primera entrada Ausencia ¿? - Alcázar Reyes Católicos 5 1477 1500 1508 1511 Primera entrada, recibimiento, otras Regocijo popular; elementos lúdicofestivos; presencia de grandes del reino; participación eclesiástica; suntuosidad; decoración urbana; máximo desarrollo ceremonial P. Macarena/ P. Carmona - Catedral - Alcázar otras ciudades, como el discurso de bienvenida, la jura del monarca de los privilegios y la entrega de las llaves de la ciudad sólo aparecen recogidos en la llegada de Isabel I de 1477119, lo que no quiere decir que anteriormente no pudiesen haberse dado. 118. En muchas ocasiones es complicado categorizar actos de este tipo por la complejidad ceremonial. Por ejemplo, una entrada de conquista sería al mismo tiempo la primera entrada del rey a la ciudad. Véase la nota 9. 119. Romero Abao 1991, pp. 125-126.