Antonio Machado en las tierras del Santo Reino
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ANTONIO MACHADO EN LAS TIERRAS DEL SANTO REINO Por LORENZO POLAINO ORTEGA Para mí, los tres más grandes poetas de los dos últimos siglos de España son Bécquer, Rosalía y Antonio Machado. Yo conocí a Antonio Machado durante los años 1920 a 1924, en que yo estudiaba como alumno del Institut o de Baeza, donde Machado estaba de Profesor, aunque su a lumno principal y muy querido fuese Rafael Láinez Alcalá, luego Catedrático de Historia del Arte, natural de Peal de Becerro, y asimismo muy amigo mío . Don Antonio vivió en un principio en el «Hote l Ambos Mundos» de la calle de San Pablo, de Baeza, donde nosotros, estudiantes, igualmente nos hospedábamos, y comíamos en una mesa redonda, mientras D. Antonio comía en una mesita individual, y su so la presencia nos imponía seriedad y silencio, a pesar de su constante cara de bondad. De spués vivió en . casa propia, frente al edificio del Ayuntamiento, y junto a la librería donde comprábamos nuestros libros de texto. Entre ambos domicilios estaba la farmacia de Almazán, donde él tenía su tertulia, aunque era persona normalmente solitaria, de grandes paseos por los ocho kilómetros que separan Baeza de Ubeda, y por la ronda de circunvalación de las murallas de la primera ciudad. Durante su estancia . en Baeza, con su americana poco ajustada, los bolsilios llenos de pape l es y el sombrero deformado, tuvo pocos amigos más. Normalmente, desde las murallas de Baeza, se ve la Sierra de Cazarla, y ésta le atrajo de una forma especial, como años después atrajo a otros dos profesores sev illano s, a quienes yo acompañé por esta Serranía, Jesús y José Pabón, y aunque el
108 LORENZO POLAINO ORTEGA primero supo explotar más sus investigaciones históricas, con su biografía de Cambó, era el segundo y mayor quien científicamente caló más hondo en aquélla, siendo Catedrático, poco después, de Griego en la Universidad Central. Don Antonio Machado explicó primero francés, pero, no estando esta Cátedra en Baeza a la sazón dotada formalmente, al quedar vacante la de Preceptiva e Historia Literaria, explicó esta materia, que fue en la que yo le conocí más. Recuerdo una anécdota curiosa que refleja con exactitud la fina psicología de Don Antonio: en la clase de francés había un muchacho, gordete y mofletudo, a quien Don Antonio, que suspendía muy poco, tuvo que suspender. Cierto día encontró Don Antonio en la calle al padre del alumno, tratante de ganado y de las mismas características fi so nómicas que su hijo. Este le dijo al Profesor: «¡Qué, Don Antonio, que usted es muy listo: le basta con ver a un alumno para conocer si sabe o no la asignatura ! ». Y Don Antonio le contestó: «¡y a veces me basta con ver al padre!». Durante su estancia en Baeza, él dedica a las tierras del Santo Reino innumerables poesías, que, con ligeras variantes de unas ediciones a otras, han sido recogidas en distintas colecciones de los poemas de Mach a do por tierr as de Jaén, y que yo podría clasificar, sin meno sc abo de las diferencias resa lt adas entre Baeza y Ubeda, en l as re lati vas a Viajes, Campos y Sie rra de Cazarla. A co ntinuación transcribo algunas de ellas, por el mismo orden en que yo las conocí entonces , y puntualizo algo de lo referente a los poemas so bre la Si er ra Cazorleña, que por cierto yo conocía m ejor que quien le sirvió de guía por ella, el Profesor Láinez Alcalá. A) Diferencias entre Baeza y Ubeda. Entr e Ubeda y Baeza -loma de las dos hermanas : Ba eza, pobre y señora; Ubeda, reina y gitana-.
ANTONIO MACHADO EN LAS TIERRAS DEL SANTO REINO 109 Baeza, con sus soportales, con su antigua Universidad, hoy Instituto, con su palacio de Jabalquinto, luego seminario menor, con su Catedral pequeña y renacentista con los escudos de las familias hidalgas del Santo Reino, con su bellísimo palacio-ayuntamiento, con su templo de San Francisco, «sinfonía inacabada», con su Depósito de sementales en otro viejo palacio, con su histórica e historiada plaza del pópulo, con su muralla y paseo que miran al Guadalquivir, y con sus muchas casonas-palacios, tiene un conjunto urbano muy singular e interesante. La hicieron los hidalgos del lugar : «Baeza la renombrada, nido real de gavilanes, de los moros de Granada tiñen en sangre su espada tus valientes capitanes». Ubeda fue obra de un solo hombre y su estirpe, Don Diego de los Cobas, Secretario de Estado de Carlos V y Marqués de Camarasa. Sus Palacios e Iglesias son más suntuosos y están más distribuidos: viejo Hospital de las Cadenas, Palacio del Deán Ortega, luego Parador del Condestable Dávalos, Iglesia del Salvador, con su destruida escultura de Miguel Angel, Casa-Palacio del Ayuntamiento, Casa-Palacio de la Justicia, Convento y Celda de San Juan de la Cruz, «mi medio frailecico», al decir de Santa Teresa ... B) Viajes. Ya en los campos de Jaén amanece. Corre el tren por sus brillantes rieles, devorando matorrales, alcaceles, terraplenes, pedregales, olivares, caseríos,
110 LOREN ZO POLAINO ORTEGA praderas y cardizales, montes y valles sombríos. La luz en el techo brilla en mi vagón de tercera . resonante, jadeante, marcha el tren . El campo vu e la . Enfrente de mí , un señor sobre una manta dormi do ; un fraile y un cazador -el perro a sus pies te ndido- . Tren camina, silba, humea , acarrea su ejército de vagones, ajetrea maletas y corazones. Soledad, sequedad. Tan pobre me voy quedando, que ya ni siquiera estoy conmigo, ni sé si voy conmigo a solas viajando. Seguimos. Olivares. Los olivos están en flor. En el carr icoche le nto , el paso de dos pencos matalones, camina hacia P ea l. Campos ubérrimos. ¡ Torreperogil ! Quién se quedara hec ho torre cerca del Guadalquivir.
ANTONIO MACHADO EN LAS TIERRAS DEL SANTO REI NO 111 C) Campos. Desde mi ventana, ¡campos de Baeza !, a la luna clara campo, campo, campo. Entre los olivos, los cortijos blancos. Y la encina negra, a medio camino de Ubeda a Baeza Aznaitín relampaguea: es la piedra dond e afilan sus cuchillos las tormentas. En Garciez hay más se d que agua: en Jimena, más agua que sed. ¡ Qué bien los nombres ponía qui en puso Sierra Morena a es ta Serranía! D) Sie rr a de Cazarla. Río Guadalquivir, te vi en Cazarla nacer, ahora en Sanlúc ar morir. Borbollón de agua clara debajo de un pino verde; tu música qué bi en sonaba. En la Sierra de Quesada hay un águila gigante, verdosa, negra , dorada, siempre las alas abiertas.
112 LORENZO POLAINO ORTEGA Es de piedra y no se cansa. Pasando Puerto Lorente, entre las nubes galopa el caballo de los montes. No se cansa, es de roca. En el hondón del Barranco se ve al jinete caído que alza los brazos al cielo. Los brazos son de granito. Y allí donde nadie sube, hay una Virgen pequeña con su río azul en brazos. Es la Virgen de la Sierra. Numerosas poesías más, ofrecidas a veces con ligeras variantes en las diversas ediciones que las contienen, dedica Don Antonio Machado a los viajes, paisajes y sitios del Santo Reino, y de la Sierra de Cazorla. Mas como muestra baste con lo transcrito . Y, en todo caso, cabe a su respecto hacer la observación de que la relativa al nacimiento del río, tanto por la forma de describirlo como por el lugar de entrada a la Sierra a que se alude, más se refiere al del Guadal en tín -lu ego Guadiana menor - , que nace algo más allá que el Guadalquivir, y cuyo acceso se efectúa por el camin o de Tis ca r, S antuario de la Virgen de la Sierra, que con cent ra a romeros del Adelantamiento de Cazarla, de su Si erra y de mu chos pu e blo s de los Montes de Granada, ha s ta llegar a Campotejar y Montejicar. De todas formas, no he querido ahora , de propósito, ocuparme de la bibliografía que sobre Antonio Mac hado escriben dos paisanos ilustres, el profesor Láinez Alcalá y el magistrado Rodríguez Aguilera, limitándom e, en camb io, a utilizar mis conocimientos personalísimos y de entonces de la cuestión, algunos relativos incluso a datos biográficos, no recogidos por nadie, como el enamoramiento del Profesor de cierta dama baezana, quien por cierto no correspondió al poeta, aún viva con todos sus vástagos , y cuya familia, hidalga y muy rica, es muy allegada mía.
