El estudio de la historia de américa en la Universidad de Sevilla: sección y departamento
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—9— EL ESTUDIO DE LA HISTORIA DE AMÉRICA EN LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA: SECCIÓN Y DEPARTAMENTO Lඎංඌ Nൺඏൺඋඋඈ Gൺඋർටൺ Departamento de Historia de América Universidad de Sevilla EN las primeras décadas del siglo එඑ se realizaron esfuerzos en varias ocasiones para organizar, bajo distintas denominaciones, un núcleo de profesores e investigadores interesados en llevar a cabo estudios sobre la Historia de América, o de impartir cursos para la difusión de conocimientos sobre esta materia. Tales intentos no tuvieron pleno éxito hasta que el Dr. Vicente Rodríguez Casado, Catedrático de Historia Moderna en Sevilla desde 1942, que previamente había logrado establecer en la misma ciudad la Escuela de Estudios Hispanoamericanos, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones CientíÞ - cas, obtuvo la organización de una verdadera carrera de estudios americanistas en la Universidad Hispalense.1 Creada por Decreto de 12 de septiembre de 1945 (BOE 17 octubre), la Sección de Historia de América vino a constituir un desdoblamiento de las posibilidades de especialización que hasta entonces ofrecía la Facultad de Filosofía y Letras de Sevilla, donde hasta esa fecha quienes aspiraban a obtener el correspondiente título de Licenciado sólo podían cursar la Sección de 1 Una interesante información sobre la creación de la sección y sus antecedentes se puede ver en “Entrevista a Francisco Morales Padrón (Punta Umbría, 11 de junio de 2004)”, en Gංඋൺඎൽඈ, Lൺඎඋൺ: Historia de AHILA. PerÞ l de la Asociación de Historiadores Latinoamericanistas Europeos (1969-2008). Madrid: AHILAIBEROAMERICANA, 2008, pp. 93-108.
—10— Geografía e Historia (o Historia General). El Plan de Estudios de la Facultad contaba con dos Cursos de Estudios Comunes –en los que entraban varias asignaturas de Latín y Griego o Árabe; Lengua y Literatura, Filosofía, Historia del Arte e Historia de España y Universal– y luego otros tres de especialización, que en el caso de las materias americanistas quedaron a partir de aquella fecha a cargo de la Cátedras de la nueva Sección de Historia de América. El Decreto de 1945, que creó esta Sección sólo en las Universidades de Madrid y Sevilla –aquí «por su singular tradición indiana y por el hecho de atesorar los fondos documentales y bibliográÞ cos del Archivo General de Indias, del de Protocolos Notariales y la Biblioteca Colombina», lo que parece marcar desde el principio una indudable orientación a la investigación– dispuso la organización de una plantilla de cátedras numerarias propias de la Sección, compuesta por cinco: Historia de América Prehispánica, Historia de los Descubrimientos, Historia de América en la Edad Moderna y Contemporánea, Arte Hispanoamericano, e Historia del Derecho Indiano.2 Las restantes asignaturas de los tres cursos correrían a cargo del profesorado de la Sección de Historia, bien en las mismas clases de los alumnos de esta Sección, o bien mediante encargos de Curso especiales para la Literatura y la Paleografía de América. La Historia de la Iglesia en América se encargaba al Catedrático de Derecho Canónico de la Facultad de Derecho, y se preveía la designación de un Profesor especializado que impartiese una Introducción a las Lenguas Indígenas. Los estudios de Licenciatura habían de culminar con unas pruebas Þ nales especíÞ cas, análogas a las de las restantes Secciones de la Facultad, y podrían continuar con unos estudios de Doctorado (aunque por entonces este Grado sólo podía ser conferido por la Universidad Central de Madrid). A esta nueva Sección se incorporó la Cátedra de Historia del Arte Hispanoamericano, existente en la Universidad Hispalense 2 Con esta sola medida prácticamente se duplicaba el número de Cátedras de la Facultad de Letras y se equiparaban los estudios de Historia de América con lo de Historia Universal y de España.
—11— desde 1927, y sucesivamente se dotaron y proveyeron por oposición la de Historia del Derecho Indiano (1946), la de Historia de los Descubrimientos GeográÞ cos y Geografía de América y la de Historia de América en la Edad Moderna y Contemporánea (ambas en 1949). Este mismo año se proveyó una Cátedra de Historia de América e Historia de la Colonización Española, destinada a cubrir las enseñanzas americanistas en la Sección de Historia General, pero que podía asumir otras en la de América. La Sección de Historia de América contará desde el principio con un número muy reducido de alumnos, dentro de una Facultad ya de por sí minoritaria. Ello se comprende porque siendo entonces la Enseñanza Media la casi única salida profesional de la carrera, se podía suponer que la Sección de Historia General proporcionaba una mejor preparación para las oposiciones a las Cátedras de Geografía e Historia de los Institutos. El corto volumen del alumnado de las asignaturas americanistas constituía, sin embargo, una ventaja tratándose de estudios de especialización, ya que permitía un fácil conocimiento y contacto personal entre Profesor y alumno, lo que no era posible en otras Facultades. Las primeras promociones de licenciados en Historia de América apenas comprendían media docena de titulados, Þ gurando entre los primeros Ángel O’Dogherty, que pronto marcharía a México; Joaquín González Moreno, que sería archivero de la Casa de Medinaceli; el sacerdote mexicano Agustín Cué Canovas, cantor de la Semana Santa sevillana, y Francisco Márquez Villanueva, luego Catedrático de Literatura en la Universidad de Harvard. De estas promociones saldrían además los primeros Ayudantes y Adjuntos especialistas que se incorporarían después a la Sección. En la década de 1950 la Sección de Historia de América contó con cuatro Catedráticos de la Facultad de Letras en cuatro asignaturas clave: Descubrimientos (vacante, pero cubierta interinamente por el Dr. Calderón Quijano, de la cátedra de Hª General, hasta que en 1958 la ocupó el Dr. Morales Padrón), Moderna y Contemporánea (Dr. Céspedes del Castillo), Derecho Indiano (Dr. Muro Orejón) y Arte Hispanoamericano (Dr. Marco Dorta). Indudablemente el núcleo de la Sección lo constituía la cátedra
—12— de Moderna y Contemporánea, cuya labor se desplegaba en dos asignaturas de los cursos 4º y 5º, impartidas por el Dr. Céspedes, que además explicaba también en el último curso la asignatura de Instituciones Americanas Contemporáneas. Otra importante asignatura, la de Historia de la Iglesia en América e Instituciones Canónicas Indianas, era impartida por el Dr. Giménez Fernández, prestigioso investigador y biógrafo del P. Fr. Bartolomé de las Casas, que desempeñaba la Cátedra de Derecho Canónico en la vecina Facultad de Derecho, mientras que las enseñanzas de Paleografía Americana y de Literatura Hispanoamericana habían sido asumidas por el Dr. López Estrada, Catedrático de Lengua y Literatura Española de la misma Facultad de Letras, hasta que en 1958 la Cátedra de Paleografía y Diplomática fue proveída en el Dr. Marín Martínez. En 1959 se incorporó un nuevo Catedrático de la especialidad, el Dr. Alcina Franch, que lo fue de Arqueología Americana. Otras asignaturas americanistas, todas ellas obligatorias, estaban a cargo de varios Profesores Ayudantes o Encargados de Curso, tales como el Dr. Sancho Corbacho y las Dras. Cortés Alonso y Rodríguez Vicente. En el transcurso de esta década se produjo el traslado de la Facultad de Letras al magníÞ co ediÞ cio de la antigua Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, a la que con anterioridad ya se habían trasladado las Facultades de Derecho y Ciencias. La de Letras pasó de la calle Laraña a la de San Fernando en la primavera de 1956. Se perdió entonces el indudable encanto de las antiguas instalaciones de la vieja Universidad, en las que a nuestra Facultad le bastaban de ordinario las pequeñas aulas –denominadas “La Cueva” o “El Comedor”– que se abrían en torno al segundo patio, con su fuente y sus plataneros, del que fuera Colegio de la Compañía de Jesús antes de la expulsión ordenada por Carlos III. En un rincón de ese patio se ubicaba el Laboratorio de Arte, y en el pasillo que comunicaba ese patio con el principal, presidido por la estatua de Maese Rodrigo y que habían poblado los nutridos cursos de Derecho, se abrían la única clase amplia de Letras y, enfrente, el Paraninfo de entonces y un “gineceo”, pequeño espacio reservado a las alumnas.
—13— En el gran ediÞ cio de la calle San Fernando, que todavía se encontraba en gran parte en obras para su adaptación a la Þ - nalidad docente, la Facultad de Letras empezó ocupando sólo los dos pequeños patios próximos a la esquina de Dª María de Padilla, pero al tratarse de una construcción de tres plantas, se pudo disfrutar de una amplitud de espacio para aulas y despachos nunca antes conocida. Uno de los primeros días de clase en la nueva sede, aprovechando el agradable clima primaveral, el profesor Céspedes hizo que un curso saliera al jardín inmediato y allí explicó la lección correspondiente. El traslado de la Facultad hizo necesario también el de su entonces pequeña Biblioteca, cuyos fondos hubo que segregar de los de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de la calle Alfonso XII, con los que estaban mezclados desde tiempo atrás, y se recurrió a algunos carros tirados por caballerías para efectuar el transporte. Esto no signiÞ có, sin embargo, la desvinculación de la Sección de Historia de América de la Escuela, pues hasta la década de 1980 el Director de la Escuela fue un Catedrático de la Universidad y la cooperación de ambas instituciones fue intensa como lo prueba la serie de publicaciones de la Escuela de aquellos años. En 1955 se introdujo en el Plan de Estudios una Reválida de los Cursos Comunes, sin cuya aprobación el alumno no podía pasar a los Cursos de especialización. A Þ nales de esta década se modiÞ có la prueba de Licenciatura, sustituyendo los exámenes oral y escrito hasta entonces habituales, por la presentación ante un tribunal de un trabajo de investigación que el alumno habría realizado bajo la dirección de un Profesor, la llamada Tesina, lo que constituyó un poderoso estímulo a la investigación, de modo que en los años siguientes se publicaron más de treinta Tesis de Licenciatura en Historia de América. También en 1954 se autorizó a todas las Universidades a otorgar el grado de Doctor, cosa antes reservada a la Central de Madrid. El primer Doctor en Historia de América fue en Sevilla el canónigo Pedro Rubio Merino, cuya tesis dirigida por el Prof. Calderón Quijano fue presentada en 1957. Desde entonces, además, acudieron a Sevilla muchos licenciados hispanoamericanos
—14— que, convalidando aquí el título, podían realizar los estudios e investigaciones precisos para lograr el de Doctorado. En la década de 1960 la Sección estaba claramente consolidada, teniendo como base las cinco Cátedras especializadas de Arqueología, Descubrimientos, Moderna y Contemporánea, Derecho Indiano, y Arte. En 1966 se conÞ guró por primera vez el Departamento de Historia de América, cuyo primer Director fue el Dr. Calderón, al que sucedió el Dr. Morales Padrón. A lo largo de esta década se produjeron los siguientes cambios: por traslado del Dr. Marco Dorta a Madrid, se incorporó en 1965 un nuevo Catedrático de Arte, el Dr. Bonet Correa; por excedencia voluntaria del Dr. Céspedes del Castillo, que marchó a los Estados Unidos, el Dr. Calderón Quijano obtuvo por traslado la Cátedra de Moderna y Contemporánea, convirtiéndose así en la pieza clave de la Sección. De las Cátedras generales, la de Paleografía pasó a ser ocupada en 1966 por el Dr. Núñez Contreras. En la asignatura de Historia de la Iglesia, al jubilarse el Dr. Giménez Fernández le sucedió, en 1968, el Dr. De la Hera. En 1961 tuvo lugar el acto solemne de investidura de tres nuevos Doctores en Historia de América, los Sres. Navarro García y Torres Ramírez, discípulos del Prof. Calderón Quijano, y el Sr. Llavador Mira, que lo era del Prof. Muro Orejón. Presidió esta ceremonia, que pronto cayó en desuso, en el antiguo Paraninfo de la calle Laraña, donde aún seguía funcionando el Rectorado, el entonces Rector Dr. Hernández Díaz. En esta etapa actuaban como Adjuntos o Encargados de Curso en diversas asignaturas los Dres. Sancho Corbacho, Rodríguez Vicente, Gil Bermejo, Muñoz Pérez y Navarro García. Al Þ nal de esta década se crearon las primeras adjuntías, que fueron cubiertas como contratos temporales por oposición. En 1970 el Dr. Jiménez Núñez sucedió en Arqueología al Dr. Alcina Franch, y el Dr. Juan Collantes se hizo cargo de la asignatura de Literatura Hispanoamericana, lo que supuso un enriquecimiento notable. En 1973 el Dr. Gómez Piñol ocupó la Cátedra de Arte Hispanoamericano y poco después el Dr. Castañeda Delgado ganó la Agregación de Historia de la Iglesia, pronto convertida en Cátedra, ampliándose la plantilla inicialmente
—15— prevista. También en 1970 el Dr. Navarro García obtenía la Cátedra de Hª de América y de la Colonización Española y empezó a hacerse cargo de distintas asignaturas de la especialidad. Esta Cátedra puso especial interés en ir formando una biblioteca americanista –aunque los Profesores seguían haciendo amplio uso de la de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos, a la que todos ellos seguían vinculados– y que podría convertirse en núcleo de una Biblioteca de Departamento, cuya existencia venía diÞ cultada por la falta de espacio, a pesar de que se construyó entonces una cuarta planta destinada a despachos y aulas. Aprovechando, en cambio, la constante ampliación del Departamento, se produjo en estos años un considerable desarrollo de las clases prácticas, que más adelante se verían afectadas negativamente también por la escasez de aulas disponibles, consecuencia de la masiÞ cación del alumnado de Letras y de la desaparición de los Profesores Ayudantes en la nueva organización del profesorado universitario. A esta Cátedra le correspondió también desempeñar la docencia americanista en los nacientes Colegios Universitarios de Cádiz y Huelva, hasta que estas ciudades llegaron a tener sus propias Universidades. A partir de mediados de esta década en la Universidad Hispanoamericana de Santa María de la Rábida establecida en Palos (Huelva), se creó un Vicerrectorado a cargo de un Catedrático del Departamento americanista sevillano, y posteriormente otros Profesores del mismo Departamento ejercieron como Directores de Cursos en la Rábida, hasta que este centro pasó en 1994 a depender de la Universidad Internacional de Andalucía. Empezó en esta época a adquirir creciente importancia la presencia en la Facultad de alumnos extranjeros, muchos de los cuales se inscribían en las enseñanzas americanistas, como lo harían pronto los estudiantes europeos del programa Erasmus, mientras que para los norteamericanos se empezaron a programar cursos y asignaturas especiales en relación con Iberoamérica. La Sección se consolidó con la reestructuración, dispuesta en 1973, del Departamento de Historia de América, que comprendió las Cátedras de Descubrimientos, Moderna y Contemporánea, Derecho Indiano e Historia General de América, que
—16— asumieron todas las enseñanzas americanistas entonces impartidas. En cambio la Cátedra de Arqueología Americana pasó a integrarse en el Departamento de Antropología Social (aunque en 1985 el Catedrático y la Profesora Adjunta de Arqueología Americana volvieron al Departamento de Historia de América por sentir mayor aÞ nidad con el area de conocimiento americanista que con la de Antropología Social), mientras que las enseñanzas de Arte y de Literatura se vinculaban a los respectivos Departamentos de Historia del Arte y de Literatura Española, y las de Paleografía quedaban englobadas en el Departamento de Historia Medieval y Ciencias y Técnicas HistoriográÞ cas. El Departamento de Historia de América, que contaría con su reglamento de régimen interno y un Consejo integrado por los Profesores más una representación de los alumnos, vino a asumir desde su erección la responsabilidad fundamental de las enseñanzas de la Licenciatura en Historia de América, que por aplicación del Plan de 1973, según Orden de 1º octubre 1976 (BOE 15 agosto), vino a tener dos Cursos, y en cada uno de ellos 4 asignaturas obligatorias y 1 o 2 optativas (según fueran anuales o cuatrimestrales). En 1979 (Orden de 7 marzo) se modiÞ có el Plan de la Licenciatura en Historia General, dando entrada en el 5 º Curso a dos asignaturas optativas cuatrimestrales (Historia de los Estados Unidos de América e Historia de Hispanoamérica en el siglo එඑ) que no formaban parte de la Sección de Hª de América pero sí eran responsabilidad del único Departamento americanista. En esa misma disposición de 1979 se estableció que las optativas de cada uno de los Cursos de Licenciatura de Historia de América fuesen seis cuatrimestrales, de las que el alumno tendría que elegir dos. Con esto se logró una creciente especialización de las asignaturas y de los Profesores que habían de impartirlas. También se adoptaron las nuevas normas para potenciar el Tercer Ciclo, o de Doctorado, en virtud de las cuales varios Profesores del Departamento añadieron a su labor docente en el primero y segundo ciclo la impartición de un curso especializado para los doctorandos, y poco después, gracias a un acuerdo establecido con la Universidad de Río Piedras, en Puerto Rico, y con la de Santo
—17— Domingo, en la República Dominicana, algunos Profesores se desplazaron anualmente a estos países para impartir esas mismas enseñanzas de Tercer Ciclo a grupos de alumnos que Þ nalmente realizarían su Doctorado en la Universidad Hispalense. En 1983, año en el que el Dr. Castañeda sucedió al Dr. Navarro en el dirección del Departamento, se introdujo un cambio importante al incluir en el tercer Curso del Primer Ciclo (estudios comunes de Geografía e Historia) una asignatura obligatoria de Introducción a la Historia de América, al tiempo que en el 2º y 3º Cursos de ese Primer Ciclo aparecían unas asignaturas obligatorias de Sección para los alumnos que proyectasen seguir los estudios americanistas. De este modo pasaron a ser asignaturas de Comunes la Geografía de América, la Historia de América Prehispánica, la Paleografía y la Metodología. Seguidamente, el 2º Ciclo estaría formado por dos Cursos de 5 asignaturas obligatorias de Curso completo más dos optativas cuatrimestrales. De este modo quedaron organizados unos estudios de Historia de América verdaderamente amplios, cubriendo gran variedad de especializaciones, aunque algunos de ellos (Arte, Literatura, Paleografía) estuviesen a cargo de otros Departamentos. Sin embargo, la transformación de la Facultad de Filosofía y Letras en Facultad de Geografía e Historia, y los posteriores cambios de planes, hicieron que las enseñanzas de la Sección de América se fueran centrando casi exclusivamente en las asignaturas de Historia, quedando las de Arte y Literatura sólo entre las optativas que se podían ofrecer al alumnado. El profesorado americanista se amplió, de modo que, habiéndose jubilado en 1974 el Dr. Muro Orejón, en la década de 1980 el Departamento estuvo inicialmente formado por cuatro Catedráticos –Dres. Calderón Quijano, Morales Padrón, Navarro García y Castañeda Delgado–, y posteriormente, al jubilarse los dos primeros, se incorporaron los Dres. Serrera Contreras (1987), Ruiz Rivera (1995) y Pérez-Mallaina Bueno (1999), con lo que llegó a contar con cinco Catedráticos, más una docena de Profesores Adjuntos o Titulares y Ayudantes.3 Era evidente que 3 Dres. Llavador Mira, Sarabia Viejo, García Bernal, Eugenio Martínez (ambas en 1979), Gil Bermejo, Vila Vilar, Acosta Rodríguez, Tornero Tinajero, González Rodríguez, Castillo Meléndez, Macías Domínguez, López Cantos, Mora Mérida,