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Adiós a Barataria: Horacio y el Quijote, 2.53 (y 2.58)

López-Cañete Quiles, Daniel

Abstract

Análisis de influencias horacianas, con especial atención a Epist.1.7, en el discurso de renuncia de Sancho Panza como gobernador de Barataria (2.53) y en el de D. Quijote sobre la libertad (2.58).

Full text

111Cuad. Filol. Clás. Estud. Lat. 39(1) 2019: 111-127 Adiós a Barataria: Horacio y el Quijote, 2.53 (y 2.58)1 Daniel López-Cañete Quiles2 Recibido: 21/03/2019 / Aceptado: 16/06/2019 Resumen. Análisis de influencias horacianas, con especial atención a Epist.1.7, en el discurso de renuncia de Sancho Panza como gobernador de Barataria (2.53) y en el de D. Quijote sobre la libertad (2.58). Palabras clave: Quijote; Horacio; Sátiras y Epístolas; campo vs. ciudad [en] Goodbye to Barataria: Horacio and the Quijote, 2.53 (and 2.58) Abstract. This article explores Horatian influences (especially from Epist.1.7) on Sancho Panza’s speech of resignation as governor of Barataria (2.53) as well as on D. Quijote’s speech on freedom (2.58). Keywords: D. Quijote; Horace; Satires and Epistles; country vs. town. Cómo citar: López-Cañete Quiles, D., «Adiós a Barataria: Horacio y el Quijote, 2.53 (y 2.58)», en Cuad. Filol. Clás. Estud. Lat. 39.1 (2019), 111-127 El pasaje en castellano que primordialmente nos interesa corresponde al «fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de Sancho» en la Ínsula Barataria, asunto del capítulo 53 de la Segunda Parte del Quijote3. En los capítulos anteriores hemos visto al escudero, ya encumbrado a gobernador de la fingida república, mostrar un sorprendente buen criterio y sabiduría al administrar justicia y «hacer estatutos y pragmáticas», pero en la hora del peligro su energía y su valor quedaron muy en entredicho: unos supuestos «infinitos enemigos» habrían emprendido un «asalto furioso» contra la Ínsula y, mientras Barataria era, no menos supuestamente, defendida por sus súbditos con profusión de ardor guerrero, un aterrado Sancho cayó trabado por los dos paveses que le habían puesto por 1 Leyeron y mejoraron el borrador con valiosísimas sugerencias mis maestros Juan Gil, José María Maestre, así como Isabel Román, Bartolomé Pozuelo, Ana Pérez Vega, José Armenta y Mercedes Comellas; mi profunda gratitud a todos ellos. 2 Universidad de Sevilla, Facultad de Filología. Departamento de Filología Griega y Latina. 3 El texto del Quijote seguido es el de Rico (2015, I 1163-1164). La abreviatura empleada en la misma edición para el título de la novela (DQ) aparecerá aquí sólo cuando el contexto comprometa la claridad de la referencia a este título; de lo contrario, me limitaré a indicar la Primera o Segunda parte y el número de capítulo (en ambos casos con cifras arábigas), seguidos del número de página correspondiente al primer volumen de Rico 2015. Por el contrario, las citas del ‘Volumen complementario’ de este trabajo incluirán el nombre del autor, el año y el número romano del volumen (II), seguido del de página; igual ocurrirá con el primer volumen, que contiene texto de la novela, en caso de referencia a una nota infrapaginal. Salvo mención expresa en otro sentido, las ediciones de los demás textos hispánicos citados –de Cervantes inclusive– son las del CORDE, al que remito para la referencia de editor, fecha y página, datos aquí sacrificados a la brevedad. Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos ISSN: 1131-9062 https://dx.doi.org/10.5209/cfcl.64895 ARTÍCULOS 112 López-Cañete Quiles, D. Cuad. Filol. Clás. Estud. Lat. 39(1) 2019: 111-127 armadura, quedando inmóvil en el suelo «como galápago, encerrado y cubierto con sus conchas, o como medio tocino metido entre dos artesas». Pasado el peligro, «limpiaron» a nuestro héroe4, que exhausto de la tensión se desmayó sobre su lecho y, tras volver en sí, se vistió en silencio ante «los de la burla» y marchó a la caballeriza, donde abrazó a su rucio entre lágrimas y suspiros de añoranza por la vida simple pero dichosa que había disfrutado en compañía del animal, y que en mala hora despreciara cuando «me subí sobre las torres de la ambición y de la soberbia», donde «se me han entrado por el alma adentro mil miserias, mil trabajos y cuatro mil desasosiegos». Dicho lo cual, Sancho comparece a lomos de su montura ante el mayordomo, el secretario, el maestresala, el médico Pedro Recio y otros más, y presenta su dimisión como gobernador de Barataria en un discurso que cumple aquí reproducir casi entero (dejo fuera dos interlocuciones finales con el mayordomo y el doctor Recio, respectivamente): –Abrid camino, señores míos, y dejadme volver a mi antigua libertad: dejadme que vaya a buscar la vida pasada, para que me resucite de esta muerte presente. Yo no nací para ser gobernador ni para defender ínsulas ni ciudades de los enemigos que quisieren acometerlas. Mejor se me entiende a mí de arar y cavar, podar y ensarmentar las viñas, que de dar leyes ni de defender provincias ni reinos. Bien se está San Pedro en Roma: quiero decir que bien se está cada uno usando el oficio para que fue nacido. Mejor me está a mí una hoz en la mano que un cetro de gobernador, más quiero hartarme de gazpachos que estar sujeto a la miseria de un médico impertinente que me mate de hambre, y más quiero recostarme a la sombra de una encina en el verano y arroparme con un zamarro de dos pelos en el invierno, en mi libertad, que acostarme con la sujeción del gobierno entre sábanas de holanda y vestirme de martas cebollinas. Vuestras mercedes se queden con Dios y digan al duque mi señor que desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano; quiero decir que sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo, bien al revés de como suelen salir los gobernadores de otras ínsulas. Y apártense, déjenme ir, que me voy a bizmar, que creo que tengo brumadas todas las costillas, merced a los enemigos que esta noche se han paseado sobre mí. –No ha de ser así, señor gobernador –dijo el doctor Recio–; que yo le daré a vuesa merced una bebida contra caídas y molimientos que luego le vuelva en su prístina entereza y vigor; y en lo de la comida, yo prometo a vuesa merced de enmendarme, dejándole comer abundantemente de todo aquello que quisiere. –¡Tarde piache! –respondió Sancho–. Así dejaré de irme como volverme turco. No son estas burlas para dos veces. Por Dios que así me quede en este ni admita otro gobierno, aunque me le diesen entre dos platos, como volar al cielo sin alas. Yo soy del linaje de los Panzas, que todos son testarudos, y si una vez dicen nones, nones han de ser, aunque sean pares, a pesar de todo el mundo. Quédense en esta caballeriza las alas de la hormiga, que me levantaron en el aire para que me comiesen vencejos y otros pájaros, y volvámonos a andar por el suelo con pie llano, que si no le adornaren zapatos picados de cordobán, no le faltarán alpargatas toscas de cuerda. Cada oveja con su pareja, y nadie tienda más la pierna de cuanto fuere larga la sábana; y déjenme pasar, que se me hace tarde. 4 En la frase inmediatamente anterior, Sancho pide que se «me enjugue este sudor, que me hago agua» (2.53, 1162) pero debe de estar enmascarando la verdadera causa de sus efusiones corporales; las connotaciones escatológicas son insoslayables (Pelorson 2015, 242). 113López-Cañete Quiles, D. Cuad. Filol. Clás. Estud. Lat. 39(1) 2019: 111-127 Los hispanistas no han escatimado esfuerzos en el rastreo de fuentes. A. Redondo (1997) vio reflejos de la tradición carnavalesca en las transformaciones y tribulaciones de Sancho. Estudiando las huellas de Fray Antonio de Guevara –sobre todo, del Relox de príncipes– en el relato sobre el gobierno de Sancho en la Ínsula, H. Chiong Rivero considera que, enmarcada en «un contexto abiertamente carnavalesco», la abdicación de nuestro héroe «apunta a una novelización política que inserta el episodio cervantino en la vena satírica y paródica que Guevara ya había forjado en sus abigarradas obras de crítica sociopolítica» (2008, 160). La renuncia del gobernador, asimismo, ha sugerido paralelismos con la recuperación de la «libertad» por Rinaldo, curado de sus amores por Angélica (Orlando furioso, XLII, 65-66; Güntert 1994), con la renuncia «de los héroes bíblicos al mundo y sus vanidades»5, y con el episodio del romano Cincinato (Rico 2015, II 704). A su vez, el tratamiento cervantino, en el mismo pasaje, del tema del menosprecio de corte y alabanza de aldea se ha puesto en correspondencia con una famosa letrilla de Góngora («Ándeme yo caliente / y ríase la gente»)6 y con la «Oda a la vida retirada», de fray Luis de León (cf. Rico 2015, II 704): línea genealógica que, a su vez, propicia la conexión del discurso sanchesco con el horaciano Epodo 2 (cf. Santos 2008, 241-242). Las referencias a Horacio y a la tradición clásica pueden, creo, ampliarse con algún provecho7. De antigua raigambre filosófica y literaria, y caros al poeta de Venusia, son en efecto temas particulares del pasaje cervantino –y de los citados de Góngora o de Fray Luis– como el de la preferencia por la humildad en libertad frente a las paradójicas servidumbres de una posición elevada, y la disyuntiva aneja de la pobreza despreocupada frente a la «ansiedad en lecho de oro», según palabras de Epicuro (fr.207 Usener); antigua es asimismo la combinación de estos temas con el de la antítesis ‘campo / ciudad ~ corte’ (cf. la frase «más quiero recostarme a la sombra de una encina en el verano y arroparme con un zamarro de dos pelos en el invierno, en mi libertad, que acostarme con la sujeción del gobierno entre sábanas de holanda y vestirme de martas cebollinas»)8. El citado Epodo 2 ilustra en alguna medida esa mezcla de temas (cf. vv. 37-38; 49-60; Watson 2003, 113- 114); y, dada la coincidencia del texto latino y el castellano en el tema de ‘menosprecio de corte y alabanza de aldea’, la preferencia del escudero por recostarse «a la sombra de una encina en el verano» revela una procedencia inequívoca (cf. v. 23 libet iacere modo sub antiqua ilice)9. También la lírica del vate venusino ofrece tratamientos insignes de los temas mencionados10. Pero ya desde las Sátiras sermonea Horacio sobre las ventajas 5 Así, en Santos (2008, 242), quien compara la frase «desnudo nací, desnudo me hallo» con Eclesiastés 5.4 («Como desnudo salió del vientre de la madre, desnudo se tornará»), y «sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo» con la Epístola de Pablo a Timoteo, 6.7 («Nada trajimos al mundo y nada podemos llevarnos de él»). 6 Cf. Rico (2015, II 704). Los paralelos se localizan, con todo, entre los vv. 3-22 y un pasaje muy preciso del discurso de Sancho («Mejor me está a mí una hoz en la mano que un cetro de gobernador [...] y vestirme de martas cebollinas»; véase infra, sobre posibles raíces clásicas de este pasaje). 7 La edición de Horacio que aquí sigo es la de Klingner (2008), adaptada a los criterios ortográficos de esta Revista. 8 Como recuerda Braund (1989), las escuelas romanas de declamación incluían, entre otros temas típicos para la ejercitación en debates, el de la comparación entre los dos hábitats –Quint.Inst.2.4.24 rusticana uita an urbana potior–; semejante es, en este sentido, la tradición retórica griega (Cairns, 1975). Para la antítesis campo / ciudad en la poesía de Horacio en general, baste aquí remitir a Harrison (2007); para aspectos y obras particulares, véase infra y las nn. 10 y siguientes. Cristóbal López (1992) traza una muy ilustrativa panorámica de la tradición del tema desde la antigüedad grecolatina a nuestros días. 9 El paralelo falta en Santos (2008); sobre otro posible eco horaciano, éste subsidiario, véase n. 46. 10 Cf. v.g. Carm. 2.16, esp. vv. 5-16 (con Nisbet–Hubbard 1978, 258-260); 3.1, esp. vv. 17-24 (el insomnio de los ricos vs. el sueño fácil de los pobres); vv. 46-48 diuitias operosiores; 3.29, esp. vv. 9-16 (con Nisbet–Rudd 2004, 12-14; 19-21; 350-352). Schwarz (2013, 120), Rico (2015, I 826, n. 63; II 587) ven un eco de Carm.3.1, v. 1 114 López-Cañete Quiles, D. Cuad. Filol. Clás. Estud. Lat. 39(1) 2019: 111-127 de la simplicidad rústica para el buen vivir (cf. sobre todo 2.2), al tiempo que advierte sobre las peligrosas complicaciones de la vida en la ciudad: así, paradigmáticamente, en la sátira 2.6, que contiene –es la versión más temprana que conservamos de este tema tradicional, y también la mejor, desde un punto de vista literario11– la célebre fábula del ratón rústico y el ratón urbano (Sat.2.6.79-117)12. Hasta donde alcanzo a ver, la exegética del pasaje cervantino no da noticias a este último respecto13; sin embargo, dicha tradición fabulística –de hecho, recreada por ingenios hispanos contemporáneos y anteriores a Cervantes14– presenta llamativas similitudes con el desenlace del relato sanchesco. ‘Ratón de campo’ a su manera, también el buen escudero huye finalmente de regreso a su hábitat original, siendo el detonante de su espantada –si bien el hambre que pasó de gobernador también habría ayudado a su decisión– justamente el horror a los peligros con que le sorprende la vida en la corte15; y si estos paralelismos pueden referirse a más de una versión de la antigua fábula16, hay algún detalle que tal vez apunte, específicamente, a la de Horacio17. Pero más aún que las Sátiras nos interesan aquí las Epístolas, donde la Odi profanum uulgus et arceo en 2.16, 826: «Y no penséis, señor, que yo llamo aquí vulgo solamente a la gente plebeya y humilde, que todo aquel que no sabe, aunque sea señor y príncipe, puede y debe entrar en número de vulgo»; en el mismo capítulo cervantino, de hecho, se menciona repetidamente a Horacio. 11 Cf. Cascón Dorado (2003-2004, 88); para la fábula en otras fuentes antiguas y su transmisión posterior, véase también Gutiérrez (2009, 281-296); cf. nn. 16 y 56. 12 Para el tema ‘campo / ciudad’ en la sátira romana, véase Braund (1989); sobre la elaboración horaciana de la fábula ratonil en West (1974). En Sat.2.7 trata Horacio el tema de la libertad frente a los halagos del lujo y el poder, así como frente a las pasiones y al miedo (esp. vv. 75ss.). 13 Andino Sánchez (2008, 173; cf. 125-126, 187) cree ver una reminiscencia de la versión horaciana en 2.29, 950: «¿Quién te persigue, o quién te acosa, ánimo de ratón casero, o qué te falta, menesteroso en la mitad de las entrañas de la abundancia?»; más claro es el eco de Carm.3.16.28 inter opes inops, indicado por el mismo estudioso, en la secuencia final de esta misma cita. 14 Cf. el «Enxiemplo del mur de Monferrado et del mur de Guadalajara» (Libro de buen amor, estr. 1370-1386); hay otra versión en el Libro de los gatos (s. XIV); en la «Epístola a Don Francisco de Eraso», de B. L. de Argensola (1604 / 1606); en el Fabulario de Sebastián Mey (1613); véase Chevalier (1999, 89-90); Beltrán (2014, esp. 20-26), rastrea ecos de la fábula en La Celestina (final de la segunda escena del acto noveno). 15 En la versión de Horacio también el ratón de campo –como Sancho– se lo piensa mejor tras el sobresalto final, producido al oírse de improviso «un ingente estrépito de puertas», cuando «la alta casa retumbó por los ladridos de canes molosos» (Sat.2.6.112-115; en otras fuentes, sabido es, provoca el desenlace la irrupción del gato en vez de los ladridos: Chevalier 1999, 89-90); hasta ese momento, el roedor se hallaba repanchingado sobre el lecho convival, disfrutando de una cena exquisita y contento con «su cambio de suerte» (v. 110 mutata sorte). Aquí hay un punto de contraste, ya que, de gobernador, Sancho apenas consigue dar gusto a su paladar, dado el régimen severo que le impone el doctor Recio (cf. v.g. 2.47, 1097). Pero, en cualquier caso, y al igual que en la fábula grecolatina (cf. West 1974, 71-74), la comida (o, ahora, más bien la falta de ella) es un elemento importante en el episodio de Barataria. Tras protestar por el hambre pasada, al fin «le dieron de cenar un salpicón de vaca con cebolla y unas manos cocidas de ternera algo entrada en días» (2.49, 1118); pero al día siguiente «levantóse, en fin, el señor gobernador, y por orden del doctor Pedro Recio le hicieron desayunar con un poco de conserva y cuatro tragos de agua fría, cosa que la trocara Sancho con un pedazo de pan y un racimo de uvas» (2.51, 1141; cf. 1144). En su carta de respuesta a D. Quijote, Sancho incluye la expectativa de lujos y gollerías, a la postre desengañada, entre los alicientes que al principio le ilusionaran de su nuevo estado (2.51, 1147). Tal insistencia en las tribulaciones dietéticas del gobernador, que cuadran al carácter –nomen, omen– de un personaje aptamente apellidado Panza, cobra posible sentido adicional en una comparación con la fábula de los roedores. El asustado ratón de campo al menos ha logrado antes regalarse el estómago; el relato de Cervantes sobrepuja este modelo en lo que se refiere a la miseria final del protagonista: como hemos apuntado, el motivo de Sancho para el escarmiento –frustración gastronómica y, sobre todo, miedo– es doble (véase n. 17). 16 Cervantes, claro es, estaría familiarizado con la colección de fábulas esópicas conocida como Isopete («Guisopete», en DQ 1.25, 296; cf. Rico 2015 II, 435; Andino Sánchez 2008, 125-129); en DQ 1 Prólogo, 15, leemos cita de un verso que procede del texto latino de Gualtero el Inglés, Non bene pro toto libertas uenditur auro (De cane et lupo, III, v. 25); véase n. 55. 17 Más arriba en la carta a D. Quijote, Sancho ha declarado pasar en su gobierno «más hambre que cuando andábamos los dos por las selvas y por los despoblados» (2.51, 1147). El dato topográfico y la elección léxica 115López-Cañete Quiles, D. Cuad. Filol. Clás. Estud. Lat. 39(1) 2019: 111-127 antítesis ‘campo / ciudad’ no sólo cobra especial importancia como tema, sino que, de hecho, es consustancial al propio género literario elegido: Horacio aparece aquí escribiendo a amigos y a conocidos desde la distancia, y en la mayoría de los casos, la distancia corresponde a un medio rural18. Y de entre las diversas incursiones en este tema del Horacio epistolar19, nos interesará sobre todo una curiosa inversión-variación sobre la fábula de los ratones, que ahora se presenta como apólogo protagonizado por humanos (Epist. 1.7.46-98)20. Hasta donde sé, la filología cervantina tampoco parece haber reparado en este antecedente, pese a sus llamativas coincidencias con el desenlace de DQ 2.53 en lo que se refiere a situación, reacción y evolución de los protagonistas, e incluso motivos y lenguaje metafórico21. Es mi propósito a renglón seguido indicar esos puntos de contacto de manera esquemática22; la comparación bastará, según espero, para enriquecer de manera sustancial la genealogía literaria del relato sobre Sancho en Barataria, considerado «tal vez, el más importante de la Segunda Parte del Quijote» (Redondo 1997, 191). Antes de hacer la comparación con DQ 2.53, cumple recordar algunos datos sobre esa composición latina. Con razón se ha dicho que la epístola 1 del mismo libro, dirigida a Mecenas, es una carta de dimisión23: no sin ironías ni implícitos autodesmentidos, Horacio rehúsa allí la invitación de su patronus a volver a escribir poesía y, en definitiva, declara ‘dimitir’ como poeta (en muy poéticos versos, por cierto) para dedicarse a la filosofía moral y los cuidados del alma. Pues bien, la epístola 7 es en cierto modo otra carta de dimisión enderezada al mismo destinatario, aunque digamos que con fecha en blanco y entrada en efecto sólo eventual. Me explicaré. Según cabe inferir de los versos iniciales (vv. 1-13), el patrón de Horacio habría reclamado desde Roma la compañía del poeta, que éste le habría prometido con anterioridad24; sin embargo Horacio escurre el bulto alegando excusas de salud y remolonea en su («selvas») son interesantes: cf. Sat. 2.6.116-117 me silua cauusque / tutus ab insidiis tenui solabitur eruo; Villén de Biedma 1599, 234r.: «la selva y un agujero seguro» (sobre este comentario a Horacio y su uso por Cervantes, véase n. 57); v. 90 uis tu homines urbemque feris praeponere siluis?; Villén de Biedma 1599, 233v.: «las ásperas selvas»); Argensola, «Epístola a Don Francisco de Eraso» (cf. n. 14): «No me dirás, amigo, por qué pasas / la vida en este mísero escondrijo? / ¿Antepones las selvas a las casas, / i al sabor de los más nobles manjares / unas legumbres débiles y escasas? / Ruégote que a este hiermo desampares [...]». El detalle falta en la versión de Gualtero el Inglés (véase nn. anterior y 56). Es conocido el interés de Cervantes por «los sermones al modo de Horacio» (DQ 2.16, 826 y n. 20; Close 1990; cf. Schwarz 2013, 119). 18 Epist.1.5 y 14 se presentan como escritas desde la ciudad; 1.12 parece escrita por un Horacio bien informado sobre los asuntos de Roma (vv. 25-29); 1.20, decididamente ficticia, menciona lugares de Roma pero no indica que el poeta se halle en la Urbe; 2.1 no dice nada sobre la dirección del remitente; en 2.2, Horacio pretexta las incomodidades de la vida urbana para justificarse ante Julio Floro por no escribir poesía (vv. 65-86, esp. 84-85). 19 Programáticamente, ya en 1.1 declara Horacio haberse retirado de la actividad poética al igual que el gladiador Vejanio, ya jubilado, se «oculta en el campo» (vv. 1-6); variaciones sobre las bondades de la vida rústica, en 1.7 (véase infra); 1.4.4-5 (cf. vv. 15-16); 1.10.1-25 (cf. v. 50 laetus); 1.14; 1.16.1-16; 1.18.101-112; 2.2.65-80; en 1.8, un deprimido Horacio dice añorar el campo cuando está en la ciudad, y viceversa (cf. Sat.2.7.28-29).Véase Hirth (1985); Ferri (1993); McCarter (2015, 124-189); cf. Jenkyns (2013, 58-62). 20 Sobre este apólogo como inversión de la fábula narrada en Sat.2.6, cf. Jenkyns 2013, 59-60. 21 Anotadores y comentaristas no dan noticia al respecto: cf. Pellicer (1798); Ideler (1805); Clemencín (1834); Cortejón (1913); Schevill–Bonilla (1941); Gaos (1987); Sevilla–Rey Hazas (1993); Riquer (1997); Sevilla (2014); Rico (2015); tampoco la hay en los estudios que conozco sobre la tradición clásica en Cervantes (véase n. 57). 22 Así pues, y como vengo haciendo hasta ahora en el presente trabajo, limitaré las referencias bibliográficas sobre la epístola latina y otras composiciones horacianas a las mínimas requeridas para una contextualización crítica suficiente. 23 Johnson (1993, 3): «E. 1.1, the dedicatory and programmatic letter of resignation». 24 Pese a McGann (1969, 48-49: «He does not say that Maecenas has asked him to return»), Horacio está en su finca: si sabe que es añorado (v. 2 desideror), Mecenas le habrá escrito reclamándole su compañía (cf. v. 25 quod si me noles usquam discedere). 116 López-Cañete Quiles, D. Cuad. Filol. Clás. Estud. Lat. 39(1) 2019: 111-127 finca, deleitable retiro donde se siente un metafórico rey (Epist.1.10.8ss.)25. Para no resultar ingrato, el protegido reitera su reconocimiento a Mecenas por «haberle hecho rico»26, y lo alaba por ser un patronus de buen juicio a la hora de hacer regalos y de seleccionar a los destinatarios de su favor (vv. 14-24)27, pero le expresa su deseo de preservar una relativa independencia y declara estar dispuesto a devolver los beneficios recibidos si el precio de ellos, impuesto por la obligación de gratitud, fuera renunciar a la libertad de sus ratos de ocio y al dominio de su propio tiempo y de su vida, riquezas inigualables que no cambia por todo el oro del mundo (vv. 29-45)28: Cierta vez por angosto resquicio una flaca raposa Forte per angustam tenuis uulpecula rimam se coló en un arcón de cebada y, ahíta, de vuelta 30 rep serat in cumeram frumenti, pastaque [rursus ir afuera intentaba, repleta la panza: era inútil. ire foras pleno tendebat corpore frustra. Un tejón le gritó desde lejos: «si quieres salirte, cui mustela procul: ‘Si uis’ ait ‘effugere istinc, vuelve enjuta al estrecho agujero que enjuta cruzaste.» mac ra cauum repetes artum, quem macra [subisti.’ Si alguien me acusa invocando esta fábula, a todo Hac ego si compellor imagine, cuncta resigno; [renuncio29. Ni harto yo de capones alabo el dormir de la plebe, 35 nec somnum plebis laudo satur altilium nec ni por joyas de Arabia mi holganza libérrima trueco30. otia divitiis Arabum liberrima muto. Mi humildad a menudo elogiaste: me oíste llamarte Saepe uerecundum laudasti, rexque paterque ‘Pa dre’ y ‘Rey’31 cara a cara; en tu ausencia, no dije audisti coram nec uerbo parcius absens: [otra cosa: mira tú si podré devolver tan contento tus dones. inspice si possum donata reponere laetus. No sin tino Telémaco, prole del sabio Odiseo, 40 Haud male Telemachus, proles sapientis Vlixei: dij o en respuesta: «No es Ítaca sitio que cuadre a ‘Non est aptus equis Ithace locus, ut neque [caballos, [planis pues ni es vasta en llanuras ni pródiga en pasto porrectus spatiis nec multae prodigus herbae; [abundante; más , Atrida, te cuadra tu obsequio que a mí: Atride, magis apta tibi tua dona relinquam.’ [todo tuyo». Sie nta bien lo pequeño al pequeño. No es ya de mi paruum parua decent; mihi iam non regia [agrado [Roma, Roma la real, sino Tívoli ocioso y Tarento apacible. 45 sed uacuum Tibur placet aut inbelle Tarentum. 25 Horacio debía este «reino» a la magnificencia de Mecenas, a su vez «rey» de nuestro poeta (cf. Oliensis 1998, 161), según apelación usada por clientes romanos para sus patrones (vv. 37-38; cf. n. 31). 26 V. 15 tu me fecisti locupletem; cf. Epod.1.31-32; véase Bowditch (2001, 211-246). 27 Sobre la implícita autoalabanza de este elogio a Mecenas, véase Hawyard (1986, 18). 28 Mi traducción forma parte de una edición bilingüe de las Epístolas de Horacio, en vías de publicación. 29 El subtexto: si quieres liberarte de las servidumbres del clientelazgo y recuperar la independencia, devuelve antes todas las riquezas recibidas de tu patrón, que tanto te han hecho «engordar». 30 La plebe goza de un sueño envidiable porque no la acucian las preocupaciones que al poderoso o al rico (dormir en el campo tiene parecidas ventajas, cf. Hor.Carm.3.1.21-22 somnus agrestium / lenis uirorum; Epist.1.10.18; 2.2.77-80; véase supra y n. 10), y sobre todo porque sus más apretados recursos la fuerzan a cenar poco, cf. Eclesiastés 5.11: «Dulce es el sueño del obrero, coma mucho o coma poco; el que se harta de riquezas no logra conciliar el sueño». Hombre no siempre frugal (cf. v.g. Epist.1.5.2; 1.15; Sat.2.7.29-45) y de pasar desahogado (de nuevo, gracias a Mecenas), Horacio dice no caer en el fariseísmo o la inconstancia de alabar aquel higiénico hábito tras atiborrarse de manjares (cf. McGann 1969, 51; Mayer 1994, 164); pero, al mismo tiempo que no hace ascos a esas y otras comodidades, se muestra preparado para renunciar a ellas si el precio de poseerlas es perder la libertad y el dominio de su tiempo. 31 Son tratamientos habituales del cliente al patrón romano; véase supra n. 25. 117López-Cañete Quiles, D. Cuad. Filol. Clás. Estud. Lat. 39(1) 2019: 111-127 La fábula de la raposa y las palabras de Telémaco al rey Menelao (HoM.Od.4.601- 608) constituyen los dos primeros exempla a los que acude Horacio para justificar su actitud frente a Mecenas. Pero el que principalmente nos interesa ahora es el tercer exemplum, con mucho el más extenso (de hecho, alcanza hasta el final de la epístola). Se trata de una anécdota ambientada en Roma. No hay seguridad sobre si es invención del poeta, o relato de un caso real transmitido oralmente32. Uno de los protagonistas, llamado Filipo, parece inspirarse en un personaje histórico33. Horacio lo presenta como abogado célebre (cf. vv. 46 causisque Philippus agendis / clarus), oficio al que, de modo apto al asunto de la narración, presta nombre el mismo sustantivo (patronus) que designa en latín al protector de un cliens: como es sabido, aquél tenía entre otras obligaciones típicas, la de ofrecer a su protegido asistencia legal gratuita. El otro personaje es un humilde liberto, Volteyo Mena; no hay de él en las fuentes antiguas más noticia que lo aquí narrado por Horacio (vv. 46-98)34: Hombre animoso y bizarro, abogado eminente, Filipo Strenuus et fortis causisque Philippus agendis reg resaba a las dos más o menos de hacer sus35 clarus, ab officiis octauam circiter horam [deberes lam entando –pues ya era mayor– que estuvieran dum redit atque foro nimium distare Carinas [tan lejos las Carinas del Foro, y se cuenta que vio en la iam grandis natu queritur, conspexit, ut aiunt, [indolente som bra de una barbería a un sujeto muy bien 50 adrasum quendam uacua tonsoris in umbra [afeitado que se estaba cortando a navaja calmoso las uñas. cultello proprios purgantem leniter unguis. Dij o Filipo: «Demetrio» –era un mozo que oía ‘Demetri’ (puer hic non laeue iussa Philippi [muy presto sus mandados– «pregúntale y dime cuál es su linaje, accipiebat) ‘abi, quaere et refer, unde domo, quis, y q uién es, y de qué condición, de qué padre o cuius fortunae, quo sit patre quoue patrono.’ [patrono.» Va y regresa y le cuenta: «Apellídase Mena Volteyo; 55 It, redit et narrat Volteium nomine Menam, pregonero, de magro peculio, intachable y con fama praeconem, tenui censu, sine crimine, notum de afanarse y holgar, de ganar y gastar cuando debe; et properare loco et cessare, et quaerere et uti, se contenta con un lar seguro y humildes amigos gaudentem paruisque sodalibus et lare certo 32 Todo depende del crédito que demos a ut aiunt (v. 49): Hiltbrunner (1960, 296); Horsfall (1993, 65-66). 33 Lucio Marcio Filipo (cónsul en el 91 a.C.): Münzer (1930); Horsfall (1993, 66), Mayer (1994, 166). 34 Valiéndome de una licencia empleada por los escritores romanos, en mi versión trueco a conveniencia el orden del nomen (Volteius) y el cognomen (Mena) del personaje. Libertus / libertinus no aparece en toda la epístola, pero el cognomen griego Mena delata la condición social de Volteyo (Horsfall 1993, 70-71; Mayer 1994, 167). Tal estatus favorece su asimilación con Horacio en paralelo a la de Filipo con Mecenas (Horacio fue hijo de un liberto), si bien las correspondencias ‘Horacio ~ Volteyo / Filipo ~ Mecenas’ no son equivalencias exactas o inequívocas a lo largo del apólogo; cf. Horsfall (1993, 92-94), Oliensis (1998, 161-165). Más allá de 1.7, el de la libertad es tema central y poliédrico en Epístolas 1, cf. Johnson (1993); McCarter (2015, 4-18) estudia el concepto de libertad moderada –equidistante entre la mera libertas y la seruitus– predominante en la perspectiva del Horacio epistolar, observando que dicho concepto encuentra un símbolo apropiado en la figura social del liberto (véase pp. 124-160, sobre Epist.1.7). También la libertad es asunto importante en el discurso de Sancho (2.53, véase infra) y en las reflexiones de Don Quijote (2.58) sobre la experiencia vivida en Barataria (véase infra). 35 Aquí y más abajo (v. 71 post nonam uenies; cf. n. 39) adapto redondeando las referencias horarias del original al sistema moderno (Mayer 1994, 166). 118 López-Cañete Quiles, D. Cuad. Filol. Clás. Estud. Lat. 39(1) 2019: 111-127 y, después del trabajo, con ir a los juegos y al et ludis et post decisa negotia Campo. [Campo.» «De su boca me place escuchar cuanto estás 60 ‘Scitari libet ex ipso quodcumque refers: [refiriendo; [dic dil e que venga a cenar». Mena no daba crédito: ad cenam ueniat.’ non sane credere Mena, [mudo de estupor se quedó. Bueno, abrevio. Responde: mirari secum tacitus. Quid multa? ‘benigne,’ [«Qué amable; gra cias, mas no». «¿Que él a mí se me niega?» respondet. ‘Neget ille mihi?’ ‘Negat inprobus [«Se niega el canalla: [et te te desprecia o te teme». Encontrábase al día siguiente neglegit aut horret.’ Volteium mane Philippus Mena vendiendo retales al vulgo que va de trapillo. 65 uilia uendentem tunicato scruta popello Se adelanta y se acerca Filipo a decir buenos días. occupat et saluere iubet prior; ille Philippo Pretextóle Volteyo el trabajo y las mil ataduras excusare laborem et mercennaria uincla, del negocio: «Por eso no fui con el alba a tu casa quo d non mane domum uenisset, denique [quod non ni te he ido a ver antes por eso»37 –«Pues júzgate38 prouidisset eum. ‘Sic ignouisse putato [absuelto si hoy vinieres conmigo a cenar.» «Como 70 me tibi, si cenas hodie mecum.’ ‘ut libet.’ ‘ergo [gustes.» «Entonces, ven después de las tres39. Ahora, aumenta post nonam uenies; nunc i, rem strenuus auge.’ [animoso tu hacienda.» En la cena charló de cuanto hay que decir y callarse; Vt uentum ad cenam est, dicenda tacenda locutus se le manda por fin a dormir. Viose pronto acudiendo tandem dormitum dimittitur. hic ubi saepe a menudo al anzuelo escondido, cual pez: de mañana occultum uisus decurrere piscis ad hamum, cli ente, a diario en su mesa. Llegaron las Ferias 75 mane cliens et iam certus conuiua, iubetur [Latinas, y, obligado, acompaña a Filipo a su casa de campo. rura suburbana indictis comes ire Latinis. Iba en un carro de jacas; el clima y el agro sabinos inpositus mannis aruum caelumque Sabinum de alabar no paraba; Filipo lo advierte y se ríe, non cessat laudare. uidet ridetque Philippus, y con tal de buscarse doquiera el solaz de unas risas, et sibi dum requiem, dum risus undique quaerit, va y le da siete mil y otro tanto promete fiarle 80 dum septem donat sestertia, mutua septem de sestercios; lo anima a comprarse un campito promittit, persuadet uti mercetur agellum. [y Volteyo se lo compra. Y, en fin, para no entretenerte más mercatur. ne te longis ambagibus ultra [tiempo del preciso: era un hombre elegante y se vuelve quam satis est morer: ex nitido fit rusticus atque [un paleto, 36 Se refiere al Campo de Marte, junto al Tíber, lugar de esparcimiento donde los romanos celebraban pícnics o hacían ejercicio al aire libre. 37 Se recordará que el cliens tiene, entre otras obligaciones con su patronus, la de ir cada día al alba a casa de éste a presentarle sus respetos (salutatio matutina). 38 Adapto libremente en mi versión el tono forense que parece imprimir Horacio al habla del abogado Filipo a través del imperativo de futuro putato, de gusto arcaico y uso frecuente en textos legales (cf. Powell 2005, 127). 39 La hora nona, que en verano duraría de las 2:31 a las 3:46, era habitual para la cena romana, si bien los laboriosos abogados solían cenar más tarde (Horsfall 1993, 78-79). 119López-Cañete Quiles, D. Cuad. Filol. Clás. Estud. Lat. 39(1) 2019: 111-127 no habla más que de arados, de surcos, de olmedos sulcos et uineta crepat mera, praeparat ulmos, [y vides, mue re de afán, lo envejece el amor de poseer. 85 inmoritur studiis et amore senescit habendi. [Mas entonces un ladrón se llevó sus ovejas, la peste sus cabras, Verum ubi oues furto, morbo periere capellae, la cosecha engañó su ilusión, reventó el buey arando. spem mentita seges, bos est enectus arando: Afligido por tanta ruina, en mitad de la noche offensus damnis media de nocte caballum un rocín agarró y fuese a ver, irritado, a Filipo. arripit iratusque Philippi tendit ad aedis. Éste, apenas lo vio desgreñado y mugriento, le dijo 90 que m simul aspexit scabrum intonsumque [Philippus: «Me pareces pasarte, Volteyo, de estricto y atento». ‘durus’ ait, ‘Voltei, nimis attentusque uideris «Desgraciado, por Pólux, podrías llamarme, patrono, esse mihi.’ ‘Pol, me miserum, patrone, uocares, si quisieras ponerme apellido veraz y atinado. si uelles’ inquit ‘uerum mihi ponere nomen. Por tu genio y tu diestra y penates te ruego y te pido: quod te per Genium dextramque deosque Penatis haz que vuelva mi vida anterior». Quien apenas 95 obsecro et obtestor, uitae me redde priori.’ [advierta cuá nto mejor que lo ansiado es aquello que necio qui semel aspexit quantum dimissa petitis [desecha, vue lva al instante a buscarlo, si es cierto y verdad praestent, mature redeat repetatque relicta. [lo que dicen: que se mide de acuerdo a su talla y su pie cada metiri se quemque suo modulo ac pede uerum est. [quisque. Entre las historias de Sancho y de Volteyo pueden señalarse las siguientes coincidencias: 1. Asunto general y evolución de los protagonistas. La transformación que ambos experimentan es parecida. Son hombres originalmente sencillos y felices en la simpleza de sus vidas anónimas. Sin embargo, no son del todo inmunes a la tentación del poder o de la riqueza. La ambición (Sancho) y la codicia (Volteyo) parecen nublarles el sentido de la medida40 y, cuando dan colmo a sus aspiraciones, ciertos gajes imprevistos de su nuevo oficio se lo hacen pasar muy mal. Finalmente se arrepienten y la transformación se revierte: uno y otro descubren que no estaban hechos para tan exigentes ocupaciones y reclaman el regreso a sus anteriores vidas. 2. El papel jugado por unos patrones bromistas. Hombre humilde y feliz, Volteyo cambia de vida y carácter cuando traba conocimiento con Filipo; es invitado todos los días a cenar –acude «a menudo al anzuelo escondido, cual pez» (v. 73)– y se convierte en cliens del prestigioso patronus: éste le mete el gusanillo de la codicia y lo ayuda económicamente a hacerse propietario de un agellus. A su vez Sancho Panza adquiere el gobierno de la Ínsula bajo el patrocinio de los Duques, en cuyo castillo se hospeda y cuya mesa comparte. Por otra parte, de Filipo se dice que buscaba a toda costa una ocasión de risa cuando ayuda a su cliente a ascender de estatus 40 Volteyo (v. 85): immoritur studiis et amore senescit habendi. Antes de tomar posesión como regidor, Sancho alega la curiosidad hacia la novedosa experiencia como el motivo principal de su interés por el cargo, negando por el contrario que lo guíe la codicia (2.42, 1057). Pero hablándole a su rucio, reconocerá: «me subí sobre las torres de la ambición y de la soberbia» (2.53, 1162; cf. 2.36, 1018). Sin embargo, a la vista de su desempeño no cabe imputar afán de enriquecerse a Sancho: «ni pierdo ni gano; quiero decir que sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo, bien al revés de como suelen salir los gobernadores de otras ínsulas» (2.53, 1163). Sobre el adicional interés hedonista de Sancho por su cargo en Barataria (2.51, 1147), véase n. 15. 126 López-Cañete Quiles, D. Cuad. Filol. Clás. Estud. Lat. 39(1) 2019: 111-127 Cristóbal López, V. (1992), «Búsqueda de campo, hastío de ciudad: pasión antigua y contemporánea», en F. J. Gómez Espelosín, A. Guzmán Guerra, J. L. Gómez-Pantoja Fernández-Salguero (coords.), Aspectos modernos de la Antigüedad y su aprovechamiento didáctico, Madrid, 131-144. Ferri, R. (1993), I dispiaceri di un epicureo. Uno studio sulla poetica oraziana delle Epistole (con un capitolo su Persio), Pisa. Finello, D. 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