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Rafael Cano Aguilar Yuxtaposición oracional: ¿sintaxis o discurso? Resumen El concepto de yuxtaposición no ha planteado hasta ahora grandes problemas teóricos. En general, se ha estudiado su presencia en función de los parámetros cronológico, sociocultural y situacional, para concluir con su adscripción a la oralidad, o situaciones de inmediatez o cercanía comunicativa, y a fases “primitivas” de la evolución lingüística. Sigue sin resolverse en qué plano del funcionamiento lingüístico se sitúa, y desde qué perspectiva, sintáctica estricta o sintáctico-discursiva, debería analizarse; no constituye una forma claramente segmentable que corresponda con regularidad a contenidos específicos, ni parece disponer de rasgos formales recurrentes. De ahí que quizá lo mejor sea partir del análisis de enunciados con secuencias intuitivamente “yuxtapuestas”, y establecer sobre ellos una cierta tipología. Al mismo tiempo, se determinará en qué tipos de textos y ámbitos de discurso se dan preferentemente estas secuencias. En este trabajo se ha realizado el análisis sobre un tipo textual muy interesante: la comedia humanística del siglo XVI, heredera en buena parte de la Celestina, y que, como esta, combinaba formas de lengua de la distancia con intentos de mímesis de la interacción dialogada coloquial. A este conjunto se añaden los pasos de Lope de Rueda, plasmación del lenguaje coloquial y popular de su tiempo. 1 El tratamiento de la llamada “yuxtaposición oracional“ en la teoría y la descripción gramaticales se encuentra con una cuestión previa, aún no resuelta: ¿se trata de un fenómeno propiamente sintáctico, es materia de la Gramática, o se mueve más bien en el plano de la construcción textual y discursiva, y por tanto caería bajo la Lingüística del texto o el Análisis del discurso? Y, desde la perspectiva del historiador de la lengua: ¿los cambios en la presencia e intensidad de la yuxtaposición en relación con otros mecanismos de interrelación oracional tienen que ver con la sintaxis histórica (incluso con la teoría del cambio lingüístico en el plano sintáctico)?; ¿o se trata de alteraciones en el estilo de la escritura, por lo que habrían de incluirse en un análisis histórico del discurso, y más propiamente aún en la Estilística histórica y en el estudio de los cambios en los principios retóricos? En principio, estas deberían considerarse cuestiones previas al análisis, de naturaleza metodológica, que tienen que ver con la delimitación del objeto de estudio y su atribución, excluyente o no, a distintos ámbitos del quehacer científico filológico. No obstante, dada la práctica ausencia de estudios sobre la yuxtaposición oracional, con suficiente base empírica, en la
Rafael Cano Aguilar 92 historia del español, quizá sea preferible intentar dilucidar sus condiciones de uso en diferentes tradiciones, partiendo de una imagen apriorística de la ‘yuxtaposición oracional’, para ver si se logran establecer sus rasgos distintivos, sus entornos habituales, sus intenciones de sentido …, y así llegar a una definición adecuada del concepto y a su ubicación más acertada en el seno de los estudios filológicos (véanse Cano 2011, 2012 y en prensa). 1.1 De la visión tradicional de los historiadores de las lenguas en relación con la yuxtaposición, la resumida bajo el rótulo de “hipótesis de la parataxis”, ya se dio cuenta hace tiempo en otro trabajo (Cano 1998): para muchos historiadores, la yuxtaposición, subsumida con diversos tipos de coordinación en el conjunto de la parataxis, o disposición independiente formal, gramaticalmente, de las secuencias oracionales de núcleo verbal finito 1 , supondría un modo de organización primaria, inmediata, no elaborada, propio de determinadas situaciones filogenéticas, ontogenéticas e históricosociales (en general: adquisición del lenguaje, lenguas “primitivas”, estratos socioculturales “bajos”, registros no formales, “inicios” de una lengua histórica …, y, por último, su adscripción al ámbito de la interacción inmediata (conversación) a través del medio oral). Los procesos de elaboración que se van desarrollando al compás del desarrollo de la textualidad escrita producirían un progresivo incremento, en uso y variedad, de las relaciones basadas en la hipotaxis (relaciones internas de subordinación y dependencia), más complejas y acordes con mecanismos cognitivos y argumentativos más elaborados, con el consiguiente retroceso de las paratácticas, siempre más simples y elementales. En diversos trabajos (además del citado Cano 1998, véanse también, entre otros, Cano 2001 y 2002) se intentó mostrar que, al menos en los primeros textos castellanos, dicha hipótesis carece de sólido fundamento real, y que las relaciones paratácticas (sindéticas y asindéticas) e hipotácticas se reparten en los textos según parámetros que no tienen que ver con mecanismos evolutivocronológicos (de una lengua “primitiva” a otra “madura”). Ahora bien, esta visión de los modos de organización sintáctica de los enunciados como evolución lineal, progresiva, de unos a otros no es exclusiva de los historiadores “tradicionales”. En la teoría de la gramaticalización dichos modos suelen verse como una cadena de gramaticalización: parataxis > hipotaxis [interordinación] > subordinación; es decir, desde la 1 Que la yuxtaposición es, en principio, solo una variante formal (“asindética”) de la coordinación es idea compartida también por muchas descripciones gramaticales sincrónicas: Tesnière, Dik, Lyons (véase Martínez Marín 1978: 26 y ss.); Gutiérrez Ordóñez (1997: 336); RAE / ASALE (2009: § 31.2b, 2403s.), entre otros.
Yuxtaposición oracional: ¿sintaxis o discurso? 93 máxima independencia sintáctica y mínima integración semántica (parataxis) a la mínima independencia y la máxima integración (subordinación) (Girón 2006: 396, con abundante bibliografía sobre la cuestión). Dicha visión ha sido matizada por Girón, quien concibe la tal cadena, no como un cambio cronológico en el orden citado, sino como la combinación en cualquier momento histórico de una lengua de esas tres posibilidades en función de las estrategias retóricas propias de las respectivas tradiciones discursivas (Girón 2006: 395, 398) 2 . En las más recientes contribuciones a la teoría de la gramaticalización apenas se hallan nuevas aportaciones a las relaciones entre parataxis e hipotaxis (Lehmann 2002). Solo ocasionalmente hay referencias como las de Leuschner (2008: 238–240), a propósito de la conversión del enunciado latino quam vis en adverbio y luego en subordinante concesivo (o concesivo-condicional) como una muestra del reanálisis de las secuencias paratácticas con quamvis como oraciones complejas, de modo que estas se hicieron así, sintáctica y semántica-pragmática- mente, subordinadas (aparte, se discuten casos de duda entre la interpretación paratáctica o hipotáctica en determinadas situaciones). O las de Breban et al. (2012), a propósito de la pérdida del subordinante inglés that al gramaticalizarse secuencias predicativas como I think en un marcador de calificación evidencial o modal de una aserción, si bien no señalan que en estos casos se pasa de una secuencia formalmente hipotáctica a otra paratáctica (del tipo de los “comentarios” de que se tratará más adelante), es decir, el proceso inverso al único tradicionalmente considerado. 1.2 Ya se ha visto cómo en el marco de la teoría de la gramaticalización se ha recurrido a las “tradiciones discursivas” para explicar los diferentes pesos en la historia de las lenguas de los modos de organización sintáctica del enunciado 3 . A su vez, en los estudios de sintaxis histórica desarrollados al amparo de ese marco teórico se da también una cierta tensión entre la visión lingüístico-evolutiva y la que atiende ante todo a las distintas tradiciones textuales. Un caso paradigmático sería el análisis realizado por Kabatek (2001: 102 y ss.; véase también Kabatek 2004) de tres tradiciones situadas en 2 Igualmente, en Girón (2008): “[…] relaciones extraoracionales e interoracionales como una cadena de gramaticalización especial, en la que la variación diacrónica cede su puesto a la variación textual” (366); “[…] el factor cronológico es sustituido por el retórico o textual” (371); “la elección de un miembro u otro no depende de la cronología, como en las otras cadenas de gramaticalización, sino de las tradiciones discursivas” (371s.). 3 Cf. Aschenberg / Wilhelm (2003), Kabatek (2005ª; ed. 2008), Koch (1995; 1997), López Serena (2011 y coord. 2006), Oesterreicher (1997; 2003; 2007; 2008; 2011a; 2011b; 2012), Stehl (1992) y Wilhelm (2001), entre otros.
Rafael Cano Aguilar 94 un mismo ámbito discursivo, el jurídico: fazañas, fueros y partidas, en relación con sus distintos modos de organización sintáctica. Mientras que las fazañas recurren sobre todo a una disposición lineal, yuxtapuesta, los fueros explicitan las relaciones por medio de distintos tipos de subordinación (causal, condicional, relativa), y, finalmente, las partidas muestran una estructura textual mucho más compleja. En este proceso hay una clara dimensión evolutiva: las fazañas preceden a los fueros (en romance) y unas y otros a las partidas; pero en la organización sintáctica no habría propiamente sustitución de unos modos por otros sino integración: las técnicas de las fazañas (el “primer estadio”) se integran en las del segundo, los fueros, y ambas en las del tercero, las partidas 4 ; ahora bien, para el caso contrario, que las técnicas del segundo y tercer estadios estén también en el primero, hay que recurrir al latín, o al provenzal (Kabatek 2001: 111): de este modo, la evolución se saca del terreno propio del romance castellano y se hacen entrar en juego contactos de lenguas que a través de la adopción de nuevas tradiciones discursivas modifican y amplían los modos sintácticos de organización del discurso. Estudios como este se apoyan en la teoría de las escalas del continuo “agregación” – “integración” elaborado por Raible (1992 y 2001), que si bien se plantea en principio como una escala de complejidad de modos alternativos disponibles simultáneamente para los hablantes y para los elaboradores de textos, no deja de tener una dimensión dinámica, histórica, una cierta imagen de evolución. 2 En esta contribución nos proponemos analizar los modos en que se produce la yuxtaposición en un tipo textual más o menos bien definido, la comedia de tradición celestinesca e inspiración humanista, género vivo en especial en la primera mitad del XVI. No se trata, obviamente, de una tradición discursiva concreta, sino de un subgénero literario situado entre la tradición dramática (sin ser textos destinados a la representación), el diálogo humanístico (con el que comparte reflexiones, argumentaciones y exposiciones, pero no las peripecias en interacción de los participantes, verdaderos personajes), y la “novela” dialogada. Interesan especialmente estos textos por ser quizá los primeros en donde se trató verdaderamente de mimetizar el coloquio, de 4 Sin embargo, los estudios realizados sobre las Partidas alfonsíes parecen revelar una mínima, si no nula, presencia de la relación lineal, yuxtapuesta, en ellas (tampoco la yuxtaposición parece tener ningún papel en el relato histórico alfonsí). No se ve, pues, cómo se han integrado las técnicas de las fazañas en las Partidas, a no ser que se identifiquen en un mismo modo (como parataxis, según es habitual) la yuxtaposición (asindética) y la coordinación e ilación con e(t).
Yuxtaposición oracional: ¿sintaxis o discurso? 95 construir situaciones de interacción entre dos o, generalmente, más participantes, situaciones que iban desde montajes extremadamente elaborados y sofisticados hasta otros que intentaban producir diálogos que orientaran con verosimilitud a actuaciones conversacionales, incluso propias de estratos “bajos” y registros “relajados” (si bien siempre dirigidos, como es de esperar, hacia la intención significadora global del texto). En este punto, se establecerá el contraste, si lo hay, con los pasos de Lope de Rueda, quizá la primera producción escrita en castellano que se planteó de forma sistemática la construcción de diálogos volcados a la inmediatez comunicativa, con personajes pertenecientes en general a los escalones bajos de la sociedad de su tiempo 5 ; tampoco aquí ha de olvidarse la intención cómica que preside, como objetivo final, la construcción del texto, y que se traduce en la aparición de personajes y procedimientos lingüísticos estereotipados. 2.1 La proporción de casos de yuxtaposición en el conjunto de secuencias oracionales con núcleo predicativo finito es superior, en general, en el corpus utilizado 6 a la de textos en prosa de carácter narrativo, argumentativo o expositivo. En la Celestina la yuxtaposición se acerca al 10% del total de relaciones interoracionales, ligeramente por encima de la coordinación, pero muy lejos de los porcentajes de subordinación (dominante: en torno al 40% del total) 7 . En la Comedia Thebayda el porcentaje es semejante al de la Celestina en la escena 1, pero disminuye drásticamente (entre un 3,5 y un 4%) en la escena 10, en la que, curiosamente, los personajes se limitan casi por entero a criados y prostitutas (con un incremento paralelo de la coordinación: del 19 al 23%). En la escena 1 de la Comedia Serafina nuevamente el porcentaje de yuxtaposición se aproxima al 10%, para descender hasta aproximadamente algo menos del 7% en la 4: de nuevo, como en la Thebayda llama la atención 5 No hay muchos estudios propiamente lingüísticos sobre estos tipos de textos. Sobre las comedias humanísticas Herrero Ruiz de Loizaga elaboró su Tesis doctoral inédita, precisamente para estudiar los modos de relación interoracional (entre ellos, la yuxtaposición). Para los pasos de Lope de Rueda es imprescindible el estudio de Bustos Tovar (1998). Para otras referencias, véanse Alonso Asenjo (1992), Ariza (1991), Canet Vallés (1993), Martínez Marín (1978). 6 Se han hecho los cómputos sobre: autos I y XII de la Celestina; las escenas 1 y 10 de la Comedia Thebayda; las escenas 1 y 4 de la Comedia Serafina; escenas 2 y 5 de la Comedia Cornelia; escenas 1, 15 y 43 de la Comedia Florinea; y, finalmente, los pasos 1, 4 y 7 de Lope de Rueda. 7 Ha de señalarse, no obstante, el carácter muy aproximado de tales cómputos. Las proporciones variarían según el análisis que se haga de secuencias introducidas por que con o sin vinculación a núcleo oracional precedente (y con sentido difuso o inclasificable en esa vinculación); o según se consideren, yuxtapuestas o plenamente independientes, secuencias disímiles que se acumulan en largas tiradas expositivas o descriptivas. No cabe, pues, ninguna precisión cuantitativa en este punto.
Rafael Cano Aguilar 96 que esa bajada se dé en una escena dominada por los criados. Porcentajes muy semejantes a este último se hallan en las escenas analizadas de la Comedia Cornelia o Carmelia de Timoneda. Por último, en la Florinea se da la menor presencia porcentual de estructuras yuxtapuestas: los porcentajes no llegan en ninguna de las escenas analizadas al 4%, sin que parezca haber razones específicas para tal descenso. Por su parte, los pasos de Lope de Rueda vuelven a una presencia ciertamente notable de la yuxtaposición, que llega al 10% del total, y aun lo supera, de modo que, por lo general, se sitúa por encima de la coordinación. Podría aducirse para este incremento el carácter más “popular” y “coloquial” de tales textos; sin embargo, hay que tener en cuenta, en primer lugar, que el porcentaje de los pasos viene a ser similar al de la Celestina o al del primer acto de la Thebayda, donde los personajes no son precisamente del mismo ámbito que los de Rueda, al menos en su actuación lingüística; y, en segundo, que más relevancia para la caracterización sociolingüística de estos textos tienen otros rasgos sintácticos, entre ellos el aumento del porcentaje de oraciones “sueltas”, no encadenadas a otras, lo que se justifica por el incremento de las réplicas monooracionales (y aun puramente nominales), con lo que se tiende a dar una imagen de coloquio rápido, vivaz e inmediato. 2.2 Ahora bien, más que toscos recuentos, que dada la naturaleza escurridiza de los elementos que se computan nunca podrán ser exactos (susceptibles, pues, de dar una imagen distorsionada), son otros los aspectos que han de tenerse en cuenta en el estudio de la yuxtaposición. En primer lugar, habrá que determinar si es posible, y hasta qué punto, discriminar entre la yuxtaposición de secuencias oracionales dentro de un mismo período o en períodos (o párrafos) distintos. Si en relaciones gramaticalizadas, como la coordinación o la subordinación, ello puede ser difícil, mucho más lo será en una relación como esta, sin claros elementos distintivos, y con muy fluidas relaciones de sentido entre sus miembros. Carente por completo del acceso a la entonación (que los editores de textos antiguos intentan recrear mediante la puntuación), el investigador habrá de guiarse por el sentido de las secuencias que se encadenan, por el sentido de su vinculación, y por la recurrencia de ciertos elementos lingüísticos. En este punto, puede afirmarse que la yuxtaposición se mueve entre un máximo de integración, la que se da en las completivas sin nexo: (1) … donde te suplico ordenes y dispongas de mi persona (Celestina, XII, 212) (2) Temor tengo no redunde algún inconveniente (Serafina, IV) y una mayor “soltura” en la vinculación, especialmente en secuencias expositivas o argumentativas:
Yuxtaposición oracional: ¿sintaxis o discurso? 97 (3) … que cosas vemos en esta vida, que ponen espanto: las azeytunas no estan plantadas, y las auemos visto reñidas (Pasos, 7º) o en las que suponen algún tipo de comentario, juicio o valoración sobre otra parte del discurso: (4) Muchos me parescieron; nunca en tal peligro me vi de veras (Florinea, esc. 13) Ahora bien, yuxtaposiciones como las del tipo de completivas sin nexo son prácticamente una excepción en el conjunto. En general, en la yuxtaposición no cabe suponer una vinculación precisa de índole sintáctica. Y es justamente en esos casos donde aparecen los procedimientos que vienen a remachar, más allá del sentido que se desprende de su adjunción, la unión entre las secuencias. En principio, el establecimiento de relaciones fóricas, mecanismo que, naturalmente, no es exclusivo de las relaciones de yuxtaposición, sino que aparece en cualquier tipo de vinculación interoracional (Herrero 2005: 27s.). Por otra parte, como elementos catafóricos no actúan solo los pronombres; también pueden hacerlo sustantivos de carácter más o menos genérico, o es el mismo verbo el que, por su significado o por su utilización, prefigura una secuencia posterior 8 : (5) … que cosas vemos en esta vida, que ponen espanto: las azeytunas no estan plantadas, y las auemos visto reñidas. (Pasos, 7º) (6) Valame Dios señor, vuessa merced no me quiere entender: hoy he yo plantado vn renueuo de azeytunas … (Pasos, 7º) Otro de los vínculos que suelen señalarse para las secuencias yuxtapuestas es la continuidad en los papeles sintácticos (sujeto, objeto, etc.), en el tiempo y modo del núcleo verbal, en el orden de los elementos de cada secuencia. Ello suele desembocar en claras disposiciones paralelísticas, con repetición de estructuras, elementos y orden interno, todo lo cual muestra origen e intención evidentemente retóricos: (7) Esto hize, estotro me dixo, tal donayre passamos, de tal manera la tome, assi la bese, assi me mordio, assi la abrace, assi se allego. (Celestina, I, 56) (8) … que yo soy la que he ganado, yo so la bienaventurada en serviros, yo soy la que os he dado mil enojos, yo soy la culpada. (Thebayda, esc. 12) (9) Garrote trae, riendo se viene, de buen tiempre allega … ¡Ha, ha! (Pasos, 1º) También constituye un mecanismo de conexión (y cohesión) el que se trate de actos enunciativos del mismo tipo, en especial cuando con ellos no se constituyen meras secuencias de aserciones. Especialmente en las series de 8 No otra es formalmente la relación que se establece entre un verbo de “decir” que anuncia la secuencia, en forma de discurso directo, que viene a rellenar el contenido de ese verbo, lo “dicho”.
Rafael Cano Aguilar 98 exclamaciones, vuelve a darse acumulación expresiva por motivos retóricos (lenguaje “elaborado”): (10) ¡O cómo eres ingrato! ¡O cómo no tienes agradecimiento! ¡O cómo eres desconoscido y ningún amor mora contigo! (Thebayda, esc. 10) (11) ¿Qué’s esto, señor maestro? ¿En qué vas pensando? (Cornelia, esc. 5) Frente a ello, son muchas las ocasiones en que entre las secuencias que se adjuntan en el decurso no se dan especiales elementos de vinculación, y las relaciones significativas que podrían establecerse son vagas e imprecisas; es muy habitual, en esos casos, que se sumen frases que responden a distintas actuaciones enunciativas. Podría considerarse que se trata de segmentos enunciativos independientes. No obstante, contra tal suposición está el hecho de que se trata de secuencias dentro del parlamento de un personaje: esta pertenencia convierte por sí misma en relevante la adjunción de tales secuencias, de modo que el receptor (el lector) se ve obligado a inferir que si están unidas es por algo 9 . Por otro lado, no es infrecuente que esa yuxtaposición de elementos aparentemente independientes se haga para mostrar el desconcierto de un personaje ante determinada situación, su indecisión a la hora de actuar …: la sintaxis suelta corresponde a un pensar que se pretende descoordinado, lo que acerca estos pasajes, relativamente, a una mayor inmediatez comunicativa: (12) Crito, retraete ay. Mi primo viene. ¡Perdida soy! (Celestina, I, 36) (13) ¿No oyes? No querríe que amaneciese. En mi parecer está. Con todo esso, dizen bien que … (Thebayda, esc. 12) O también responde a movimientos rápidos por parte del personaje, reflejándose así verbalmente la agitación de su comportamiento: (14) Passos oygo. Aca descienden. Haz, Sempronio, que no lo oyes. Escucha, y dexame … (Celestina, I, 45) (15) Ea, dueña, ¿qué aguardáis? Dalde rezio (Pasos, 9º) Como se ha apuntado más arriba, probablemente sean los “comentarios” el tipo de yuxtaposición más “suelto”, más lejano a cualquier clase de vinculación sintáctica gramaticalizada. Son expresiones con las que el locutor respectivo se refiere, con intenciones muy variadas, a su(s) propio(s) enunciados: puede valorarlo(s), incluirlo(s) dentro de un comportamiento general (para lo que se suele aducir un refrán), realizar alguna consideración metalingüística … En general, se sitúan tras el segmento textual al que se 9 Naturalmente, la puntuación, ni la original ni, menos aún, la dada por los editores, puede sernos de utilidad en este punto.
Yuxtaposición oracional: ¿sintaxis o discurso? 99 refieren, aunque, en principio, como construcciones “parentéticas” que son, podrían situarse antes o en el interior del enunciado 10 : (16) Assi, que donde no ay varon todo bien fallece: con mal esta el huso quando la barua no anda de suso. (Celestina, IV, 90) (17) Y bachillera me pareçe esta moça. Maravillada me estoy. (Serafina, IV) (18) … no nos pudo despachar mas presto la buñolera, no, no, la pastelera quise dezir. (Pasos, 1º) 11 (19) … que trayda a la memoria altera el supuesto del paciente, como haría - pongo exemplo-, que si tú estuviesses enamorada … (Florinea, esc. 25) Se asemejan en forma a estas secuencias comentario aquellas en que se ha dislocado el orden de las completivas de “decir”, de modo que lo dicho se enuncia en primer lugar, y en segundo lugar, adjuntado sin nexo, el verbo de “decir”, en bastantes casos dotado de una mayor fuerza ilocutiva que la del mero decir. Se trata, pues, de una de las varias formas de “discurso directo”: (20) Hartos dolores y duelos ay, yo te asseguro. (Thebayda, esc. 15) (21) … pues todos peccamos en Adán, dize la Escriptura. (Florinea, esc. 15) La inserción de estos comentarios, como secuencias yuxtapuestas, es en principio neutra en cuanto a sus condiciones de uso discursivo. Pero una variante, relativa, de tal adjunción sí puede considerarse propia de la enunciación oral, muy habitual además en la enunciación de la época, las imprecaciones (invocaciones a personajes superiores, maldiciones, etc.): (22) ¿Qué te pareçe de Franquila, Galterio, assí gozes de lo que más desseas? (Thebayda, esc. 10) (23) … que como vienes –Dios te guarde– muy endelgada y la mañana es fresca … (Florinea, esc. 15) (24) Que bien te das a ello, bendita sea la madre que te pario, que … (Pasos, 1º) Se trata de expresiones repetidas, que desembocan habitualmente en fraseología construida. 10 Para este tipo de construcciones, pueden verse Dehé / Kavalova (eds.) (2007), Fuentes Rodríguez (1998), Schneider (2007). Ha de señalarse que Herrero, en su Tesis (1990) también se ocupa de este tipo de yuxtapuestas, a las que denomina igualmente parentéticas. 11 Es muy interesante la presencia de esta corrección. Justamente, uno de los fenómenos habituales en la oralidad es la vuelta atrás, con el borrado de selecciones previamente realizadas en un paradigma para su utilización discursiva. Estos borrados no suelen incorporarse a la escritura: aquí, pues, Lope de Rueda ha sabido captar e incorporar uno de los rasgos tipificadores de la oralidad.
Rafael Cano Aguilar 106 No es raro que en las secuencias yuxtapuestas se produzca la adjunción de diversos segmentos con relaciones internas de sentido diferentes entre unos y otros. Esta situación suele corresponder con una secuencia de pensamientos que, en lugar de seguir un hilo narrativo, argumentativo, etc., constante, se mueve en diversas direcciones en lapsos temporales muy breves. Tal rapidez elocutiva corresponde más bien a situaciones más cercanas a la inmediatez comunicativa, y los diferentes autores desarrollan así otros mecanismos de mímesis “oralizante”: ciertamente, no es obligado, pero es habitual que tales configuraciones sintáctico-discursivas se produzcan en situaciones de conflicto y rapidez en la trama, y en boca sobre todo de personajes “bajos”: (73) No es mas menester, bien se de que pie coxqueas. Yo te sanare (Celestina, I, 28) [la segunda parece motivadora; la tercera, consecuencia de lo anterior] (74) ¡Escucha, escucha! ¿Oyes, Parmeno? ¡A malas andan! ¡Muertos somos! Bota presto … (Celestina, XII, 214) (75) Nunca vi buen exemplo d’esas conversaciones. No me entres por aý. Da al diablo amistad de la justicia. So color d’eso, ponte en sus manos, verás. Bueno estaría yo si … (Thebayda, esc. 8) (76) Antes oyo hablar a la puerta. Ya tocaron; la seña es aquella. Allá voy. (Florinea, esc. 43) (77) Esta deve de ser la posada; llamar quiero. ¿Quién est’acá? (Pasos, 4º) En algunos de estos casos no es fácil recuperar una relación de sentido entre los segmentos de las secuencias, por lo que se da la situación ya descrita en § 2.2. de máxima falta de integración entre ellos, de modo que el analista vacila entre seguir considerando la secuencia como dotada de coherencia discursiva, o ver ya una simple amalgama de elementos independientes: solo la imaginación de la situación factual a que pueden corresponder tales discursos (situación única, o de sucesivos pasos encadenados) permite seguir viendo ahí una secuencia coherente cuyos lazos internos hay que reconstruir. 3 Por lo expuesto hasta ahora, tanto en este trabajo como en los otros donde se ha realizado el estudio sobre textos medievales parece claro que la llamada yuxtaposición no es un mecanismo gramatical de combinación de unidades oracionales en una unidad gramatical superior. Las razones para hablar de “yuxtaposición” y no de secuencias inconexas tienen que ver solo con la construcción del discurso, con las situaciones en que este se produce y con
Yuxtaposición oracional: ¿sintaxis o discurso? 107 los efectos de sentido que se pretenden. La conexión por medios lingüísticos (elementos fóricos, recurrencia de actantes, modos y tiempos, etc.) ni es constante, ni siquiera mayoritaria, ni tampoco es elemento diferencial; y la unión por los llamados ilativos o conectores extra- o supra-oracionales, si bien daría en apariencia secuencias igualmente yuxtapuestas, no obstante, por la naturaleza y funcionamiento de dichos elementos se sitúa en otro apartado del análisis discursivo-lingüístico. Mientras que coordinación y subordinación tienen dimensión gramatical y dimensión discursiva (en distintos grados, variables además según las distintas situaciones), en la yuxtaposición, tal como se concibe habitualmente y como la hemos analizado aquí, solo hay dimensión discursiva. Su lugar está fuera de la gramática formal, pero no, claro, de una sintaxis del discurso (descriptiva o histórica) 16 . La yuxtaposición es uno de los elementos que han sido utilizados para la construcción de determinadas tradiciones de discurso, y que, por tanto, los investigadores han de ser capaces de recuperar. Como se ha señalado en trabajos anteriores (cf. Cano 2012 y en prensa), en la Edad Media caracterizó a los textos poéticos, en especial en las tradiciones juglaresca y clerical; pero a finales del XV pareció desplazarse a la prosa de ficción, a las “novelas sentimentales”. En conjunto, se situó, pues, durante todo este periodo en tradiciones pertenecientes a las formas más elaboradas de la construcción textual (ciertamente, en este punto, la textualidad medieval no ofrece demasiadas alternativas). Y ello continúa en buena parte en los textos aquí analizados, pertenecientes a una nueva tradición, o a un nuevo género literario, pero que se pretendían incardinar en una antigua tradición latina. Esta vinculación de la yuxtaposición a las formas “altas” del discurso pudo ser reforzada en esta época (quizá también en las anteriores, pero ello es menos seguro) por esa misma tradición latina: así, en el prólogo de la Celestina se ve cómo el fragmento latino de Petrarca está organizado en torno a la yuxtaposición (claramente retórica), y así se mantiene en la traducción que se hace del fragmento; claro que la yuxtaposición prácticamente no vuelve a aparecer en dicho prólogo (aunque sí lo hace profusamente la de nivel suboracional). En su tesis doctoral sobre las traducciones castellanas de los Colloquia de Erasmo, Santiago del Rey (2013) observa una clara “tendencia hacia un tipo de estructura discursiva más analítico y paratáctico” en el latín de los humanistas (134), tendencia también visible en Erasmo, según ya habían detectado diversos estudiosos de su latín. Del mismo modo observa cómo en muchas ocasiones los traductores de Erasmo no mantienen la yuxtaposición del original: en la mayoría de los casos se sustituye esta por algún tipo de nexo entre los dos segmentos oracionales yuxtapuestos en latín; el manteni- 16 Véase Kabatek (2005b: 39s.) para la cuestión de si existe verdaderamente una sintaxis autónoma, no discursiva, y en qué partes de la estructura sintáctica puede situarse.
Rafael Cano Aguilar 108 miento puede deberse a razones muy específicas (estructuras paralelísticas, asíndeton de numerosos miembros …) (366). Ahora bien, la yuxtaposición no es un modo configurativo unidimensional. Admite variedades, no solo en los sentidos que es capaz de transmitir sino en los entornos e intenciones de su utilización. Los textos analizados son quizá los primeros en castellano 17 donde la presencia de determinadas configuraciones en modo asindético puede deberse al intento de mimetizar situaciones “coloquiales”, “relajadas” y “populares” en la escala de las variaciones de distancia / inmediatez comunicativas, diafásicas y diastráticas respectivamente, por lo que es de suponer que actuaciones enunciativas de este tipo estarían presentes en la actuación oral de la época, como nuestra intuición y el conocimiento de lo que ocurre en la actualidad nos hacen suponer con bastante fundamento. Partiendo, pues, de la presencia minoritaria que la yuxtaposición tiene normalmente, ha de concluirse que esta no se ha utilizado como rasgo básico caracterizador de determinados tipos de textos. Pero tampoco su presencia puede ser interpretada unidireccionalmente, ni se han de tener en cuenta solo los tipos de texto (o las tradiciones textuales): importan, y mucho, los tipos de actuaciones lingüísticas que se producen dentro de esos tipos y tradiciones. Porque si bien es cierto que determinadas clases de yuxtaposición, con sentidos diversos (las secuencias narrativas, descriptivas y expositivas por un lado, las repeticiones por otro), se vinculan a formas diferentes de situación y discurso, dentro de un mismo tipo textual, también lo es que secuencias yuxtapositivas de un mismo sentido (por ejemplo, secuencias imperativas) pueden vincularse a distintas formas y niveles de enunciación y responder a tradiciones enunciativas diferentes. En este sentido, se puede decir que los textos aquí analizados, por un lado continúan una tradición (“alta”, “elaborada”) de utilización de la yuxtaposición, renovada por el renovado conocimiento del latín; pero por otra generan una nueva forma de utilización de ese mecanismo configuracional del discurso, a partir de un intento, parcial, fragmentario, pero real, de mímesis de la oralidad en cuyas raíces ideológicas habría que seguir profundizando. 17 La presencia de modos semejantes en el Corbacho no es relevante en este sentido: ahí lo que se da es más bien acumulación de todos los posibles actos discursivos que las mujeres puedan dar en las situaciones a que se alude: son “ejemplos” sueltos, aislados, de posibles producciones lingüísticas, no construcciones globales de interacciones lingüísticas.
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