Pronunciación e impresión acústica en las gramáticas de francés para españoles (s. XVII y XVIII): el caso de la fuerza
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PRONUNCIACIÓN E IMPRESIÓN ACÚSTICA EN LAS GRAMÁTICAS DE FRANCÉS PARA ESPAÑOLES (S. XVII Y XVIII): EL CASO DE LA FUERZA 1 Marc Viémon Universidad de Sevilla Son ahora muchos los estudios dedicados a la historia de la enseñanza del francés en España que se han publicado desde que SUÁREZ GÓMEZ defendiese su tesis en 1956 2 ; una historia que abarca cinco siglos (XVI-XX) y cuyos objetos de estudio son múltiples. Entre ellos se encuentra la cuestión de la pronunciación, que ha sido ya tratada en mayor o menor medida en diversos trabajos como los de BRUÑA CUEVAS (1998, 2000b, 2001), GARCÍA BASCUÑANA (2010), JIMÉNEZ DOMINGO (2006, 2010) o LÉPINETTE (2000), entre otros. Pero el aspecto por el que nos interesamos en esta comunicación no ha sido todavía estudiado de manera sistemática en las obras de los siglos XVII y XVIII 3 . Se trata de uno de los varios métodos empleados por los autores en su obra para favorecer el aprendizaje de la pronunciación por parte de los usuarios y consiste en describir los sonidos mediante términos que reflejan la « impresión acústica sintética » (ALONSO, 1988: 147) o « impresión auditiva » (SUPIOT RIPOLL, 1996: 23). Es, por tanto, una definición del sonido desde el punto de vista de su percepción. Esta técnica, que hunde sus raíces en los gramáticos griegos y latinos (LÉPINETTE, 1995: 48), se ha transmitido a lo largo de los siglos 4 , para llegar incluso, en el caso de algunos de los términos empleados, hasta nuestros días 5 . Sin embargo no es el único método que se empleaba para acercar al usuario de la obra a los sonidos del francés a través del papel, es decir, sin maestro. Otros existían tales como: la comparación de sonidos, que podía ser exacta o aproximada, y efectuarse entre el sonido francés y otro, bien de la lengua fuente, bien de otra lengua o bien de la propia lengua meta 6 ; la transcripción fonética, puesta en práctica por numerosos autores, en un grado mayor o menor, aunque las más de las veces, era solamente una simplificación ortográfica 7 ; y finalmente, la descripción de los sonidos, no ya desde el punto de vista de la recepción, sino de la producción, mediante descripciones articulatorias, o sea, explicaciones sobre la 1 Esta comunicación forma parte del proyecto de investigación nacional Elaboración de un diccionario de historia de la presencia y enseñanza del francés en España, siglos XVI-XX. Continuación y conclusión (FFI2011-23109). 2 Cuando se defendió, este trabajo se titulaba La Enseñanza del Francés en España (Comentario a una bibliografía establecida hasta 1850). Posteriormente, fue retomado para su publicación (2008), editada y comentada por GARCÍA BASCUÑANA y JUAN OLIVA. 3 Para un análisis y una valoración del uso de algunos términos describiendo la impresión acústica en las gramáticas de español del siglo XVII para franceses, véase MAUX-PIOVANO (2012); para la descripción del español de los siglos XVI y XVII en gramáticas españolas o extranjeras, véase ALONSO (1976, 1988). 4 Después de que los neogramáticos latinos del Renacimiento retomaran la terminología empleada por los antiguos para describir los sonidos del latín (MIQUEL CLÉRICO, 1995), esta se transmitió naturalmente a los gramáticos de las lenguas vernaculares, que se la apropiaron traduciéndola a su propio idioma. Así, palabras como ápero, firme o duro derivan directamente de asper, firmus o durus. 5 Todavía se usan en francés, por ejemplo, los términos fortes y douces para designar respectivamente a las consonantes tensas y laxas (MALMBERG, 1971: 60). 6 Aquí tenemos los tres casos: « El ditongo ou, se pronuncia como u Castellana. » (CONTAUT, 1763: 14); « La G [...] delante de e, i è y, se pronuncia sin diferencia alguna como la J Portuguesa » (GRIMAREST, 1747: 39); « La I consonante, ò jota, antes de todas las vocales, se pronuncia casi como la g Francesa , antes de las vocales e, i » (BILLET, 1673: 5 v.). 7 Sin embargo con autores como GALMACE, GRIMAREST y CHANTREAU, se desarrolló un verdadero sistema de pronunciación figurada, más o menos útil y a veces criticado por otros autores.
colocación de los órganos de la fonación 8 , a veces indicando el grado de fuerza o de blandura con el que había que posicionar o apretar alguna parte de la boca, de los labios o de la garganta (FISCHER HUBERT, 1997: 44-45). Pero volvamos a la impresión acústica. Hemos estudiado la presencia de este método de descripción en un corpus que se compone de diecinueve obras, cinco del siglo XVII y catorce del siglo XVIII, sencillamente porque se publicaron muy pocas en el XVII. Todas son gramáticas de francés u obritas, cartillas destinadas únicamente a la pronunciación del francés para españoles, publicadas en España. Es, por lo tanto, un corpus bastante homogéneo, y, sin ser exhaustivo, pretende ser representativo del periodo estudiado. Lo reproducimos a continuación: 1635. Diego de Cisneros. De Grammatica Francessa, en Hespañol. Madrid: Emprenta del Reyno. 1642. Pere Lacavalleria. Dictionario Castellano - Dictionaire François - Dictionari Catala. Barcelona: Pere Lacavalleria. 1647. Antoni Lacavalleria. Grammatica con reglas muy provechosas y necessarias para aprender a leer, y escrivir la lengua Francesa, conferida con la Castellana [...]. Barcelona: Antoni Lacavalleria. 1673. Pedro Pablo Billet. Gramatica Francesa, dividida en dos partes [...]. Zaragoza: s. n. 1688. Juan Pedro Jaron. Arte nuevamente compuesto de la Lengua Francesa por la Española [...]. Madrid: Lucas Antonio de Bedmar y Baldivia. 1728. Francisco de la Torre y Ocón. Nuevo Methodo breve, util, y necessario para aprender a escribir, entender, y pronunciar las dos principales Lenguas, Española, y Francesa […]. Madrid: Juan de Ariztia. 1728. Antonio Courville. Explicacion de la Gramatica Francesa, […]. Madrid: Domingo Fernández. 1728. José Núñez de Prado. Grammatica de la Lengua Francesa, dispuesta para el Real Seminario de Nobles. Madrid: Alonso Balvás. 1745. Antonio Galmace. Adiciones a la Gramatica Francesa, que compuso el R. P. Núñez [...]. Madrid: s. n. 1747. Juan Henrique Le Gallois de Grimarest. Nueva Gramatica Francesa. Herederos de Martínez: Pamplona. 1750. Sebastián Roca y María. Arte Francés, [...]. Barcelona: Francisco Surià. 1754. Pablo Francisco Rousseau. Rudimentos de la Lengua Francesa. Valladolid: Alonso del Riego. 1763. Pedro Contaut. Gramatica Española y Francesa, [...]. Madrid: Imprenta del Diario. 1767. Francisco Soldevila. Rudimentos breves para aprender a leer y a escribir en francés sin socorro de maestro. Madrid: Antonio Muñoz del Valle. 1773. Juan Magín Tallés. Rudimentos de la pronunciacion Francesa, […]. Madrid: Antonio Mayoral. 1781. Juan Antonio González Cañaveras. Cartilla Francesa, […]. Cádiz: Luis de Luque y Leyva. 1784. Estevan de Laborda. Reglas para la pronunciacion de la lengua Francesa, [...]. Madrid: Antonio de Sancha. 8 « Para pronunciar [la u vocal francesa], se han de fruncir los labios algo mas, y abanzarlos algo menos que para pronunciar la u castellana » (NÚÑEZ DE PRADO, 1728: 11).
1797 [1781]. Pedro Nicolás Chantreau. Arte de hablar bien francés o Gramática completa dividida en tres partes. Madrid: Antonio de Sancha. 1799. Juan Tomas de Mairán. Compendio Nuevo de Gramatica Francesa. Madrid: Josef Herrera. Muchos de los autores de nuestro corpus usan términos idénticos tanto para la descripción de la pronunciación del sonido como para la impresión acústica que esta provoca en cada uno de ellos. Así, una letra puede pronunciarse « con fuerza, fuertemente, con aspereza, reciamente, suavemente, dulcemente, blandamente, etc. », pero también puede ser o tener un sonido « fuerte, áspero, recio, suave, dulce, blando, etc. ». Son, por lo tanto, términos que podemos llamar articulatorio-acústicos. En su mayoría, estos términos tienen que ver con la fuerza, o su contrapuesto, la suavidad, aunque también encontramos otros como « claro, entero, medio, obscuro, etc. ». Sin analizarlos todos uno por uno, comentamos brevemente su uso generalizado a lo largo de dos siglos en los autores de nuestro corpus para luego concentrarnos en las distintas oposiciones fónicas que se esconden detrás de la fuerza y de la suavidad. En todas las obras estudiadas se recurre a términos de naturaleza articulatorio-acústica para describir los sonidos, aunque no en la misma proporción. Siguiendo el criterio de la frecuencia de uso, distinguimos tres grupos. El primero está conformado por una minoría de cuatro autores en los que encontramos menos de diez referencias. Estos son los impresores LACAVALLERIA, que reservan apenas cinco páginas para la pronunciación en sus respectivas obras 9 , COURVILLE y TALLÉS, que no le dedican tampoco más de diez páginas a la pronunciación en cada una de sus obritas. En el caso de este último, era solo un cuadernillo que acompañaba la lección de un profesor 10 , por lo que parece lógico que no necesitara describir tanto los sonidos. En el segundo grupo se encuentran las obras que presentan entre diez y veinte referencias. Se compone de la gran mayoría de los autores de nuestro corpus, pues consta de todos los que no están en el primero, salvo ROCA Y MARÍA, que por sí solo constituye el tercer grupo. Así, son catorce de diecinueve, o sea más de las tres cuartas partes, los que usan, en mayor medida, términos de carácter articulatorio-acústico independientemente del año de publicación y de del tipo de manual 11 , de manera que esta práctica no parece ser característica de un cierto perfil de autor o de obra, ni de una época. Uno de nuestros gramáticos, sin embargo, se singulariza por una profusión de referencias, si lo comparamos con el resto de los autores. En efecto, ROCA Y MARÍA, en su obra, se vale de descripciones articulatorio-acústicas en más de cincuenta ocasiones. Es difícil explicar esta desproporción, sino, quizás, porque a lo largo de su extensa gramática, en la cual dedica más de ciento veinte páginas a explicaciones sobre pronunciación y ortografía –a veces entremezcladas–, se pierde en menudencias y en comentarios a veces largos y complejos, como el que propone para pronunciar el dígrafo ie: Dexo ya advertido el modo de formar la unica sylaba, que es passar el ie junto, pronunciando una, y otra vocal con ligereza, y suavidad: y para hazer dos sylabas con él, se divide la i de la e, pronunciando la i con mucha 9 En realidad, las páginas sobre pronunciación que encontramos en las obras de Pere y Antoni LACAVALLERIA provienen de la parte de pronunciación francesa de la Breve instruction de MEURIER (1558), traducida al español. Para más información sobre este asunto particular, véase VIÉMON (en prensa); para profundizar sobre las obras de los impresores catalanes en general, veáse BRUÑA CUEVAS (2012). 10 Podemos leer, por ejemplo, en la página siete: « la z Francesa, que supongo habrá aprendido el Discipulo de la voz del Maestro en la primera Leccion ». 11 En efecto, en este grupo se juntan gramáticas teóricas extensas, como la de TORRE Y OCÓN, y simples cartillas para aprender a leer, como la de SOLDEVILA.
claridad, y passando (sin perder el aliento) à la e; dándole algo de fuerza masculina, si lo es; ò el sonido de femenina, si es tal, ò pronunciándose obscurissima, si tal pide. Esta Observacion pide mucha atencion; pero servirá para todas las demás. (1750: 93-94) Así, pues, como hemos adelantado arriba, no hay autor de nuestro corpus que no haya recurrido a descripciones articulatorio-acústicas. Y todos usan los términos fuerza o fuerte, excepto tres autores: A. LACAVALLERIA, JARON – que sí usa recio por ejemplo – y TALLÉS. Parece claro que el rasgo de fuerza es uno de los que más atrae la atención de los autores. SUPIOT RIPOLL ya había apuntado que « por lo que respecta a la pronunciación de las consonantes, el rasgo cuya articulación llama más la atención de los autores de gramáticas FLE para españoles es el de sonoridad. Este rasgo es percibido en general como suave » (1996: 28). Efectivamente, en muchos casos, a los sonidos que conocemos hoy como sonoros, por ejemplo [z], [v] o [ʒ], se les asocia la suavidad o la blandura, sobre todo a la fricativa dentoalveolar y a las fricativas (sonoras) en general. Pero si esta asociación se verifica en este sentido, no pasa así al revés. Es decir, no siempre al sonido que se le tacha de suave o de más suave es porque tenga el rasgo de sonoridad frente a otro que no lo tenga, que sería, en este caso, fuerte o algo similar. Y es que este término –fuerte– y otros equivalentes áspero, recio, firme e incluso duro, son polisémicos, pues designan muchas realidades fónicas. Veremos más adelante que la oposición fuerza/suavidad en los autores de gramáticas de francés para españoles en los siglos XVII y XVIII corresponde más a una oposición de tensión articulatoria; eso sí, los sonidos considerados como tensos en la época pueden coincidir o no con los tensos de la clasificación actual. Por otro lado, fuerte se puede oponer a varios términos como suave, blando, menos fuerte, oscuro, pero casi nunca a débil, que no se usa más que para referirse a la e muda. Finalmente, los calificativos que denotan la fuerza se aplican en la mayoría de las veces a consonantes, pero también en alguna ocasión a vocales, aunque en el caso de estas, encontramos más a menudo los de claro o entero opuestos a oscuro o medio. Además, aparte de todo lo expuesto anteriormente, la palabra fuerza tiene otro significado. En efecto, se usa también para significar solamente el valor fónico de una letra, siguiendo la tradición greco-latina y como traducción de Potestas o Vis (MIQUEL CLÉRICO, 1995: CXLVI, CXLIX). La inmensa mayoría de nuestros autores emplea fuerza en este sentido 12 y eso independientemente de si se considera esa letra fuerte o suave, lo que nos lleva a pensar que su uso ha podido generar incomprensiones en el lector, por ejemplo en descripciones como la de ROUSSEAU (1754: 11): « [z] siempre tiene fuerza de s suave ». Pero pasemos ahora a comprobar a qué oposiciones fónicas pueden referirse los términos fuerte, áspero, recio, firme o duro frente a los de suave, blando, dulce o ligero. A continuación exponemos la clasificación de las oposiciones encontradas: fricativas tensas (sordas) vs. fricativas menos tensas (sonoras): o JARON (1688:7 r.): « [z] en medio del vocablo, suena muy suavemente, al rebès del Castellano, que la haze sonar muy rezio »; o TORRE Y OCÓN (1728: 20): « [s] tiene en francès dos pronunciaciones diversas, la una es fuerte, y aspera, y la otra blanda, y suave »; o COURVILLE (1728: 2): « [g] se pronuncia che, pero algo mas suave »; o NÚÑEZ DE PRADO (1728: 35): « [ss] suenan fuertes como en Castellano »; o GALMACE (1745: 31): « [s] en principio de diccion se pronuncia como en Castellano, esto es fuertemente »; 12 LABORDA (1784: 5), por ejemplo, dice acerca de la c de secret que « tiene fuerza de g ».
o GRIMAREST (1747: 49): « la [s] inicial, la doble, y la que no está entre dos vocales, se pronuncian fuerte »; o ROCA Y MARÍA (1750: 68): « Si la s se halla en medio de dos vocales, y se pronuncia con toda su fuerza, como esse; entonces se dobla »; o ROUSSEAU (1754: 6): « [j] se pronuncia con mucha suavidad antes de todas las vocales »: o SOLDEVILA (1767: 20): « [s] estando en medio de dos vocales, debe pronunciarse con la ultima blandura »; o CAÑAVERAS (1781: 141): « La v consonante se pronuncia tocando con los dientes de arriba el labio de abajo, como se pronuncia la f, pero mas suave »; o LABORDA (1784: 29): « Cha, fuerte » frente a « Ja suave »; o CHANTREAU (1797: 37): « G suave, J » frente a « G fuerte francés » y a « G menos fuerte »; o MAIRÁN (1799: 8): « [s] tiene dos sonidos distintos: uno fuerte, y otro muy suave »; oclusivas vs. fricativas: o CISNEROS (1635: 5): « La b se pronuncia juntando y plegando los labios con un poco de fuerça. Y debe advertir el Español no la pronuncie como v, consonante »: o GALMACE (1745: 22): « [c] se pronuncia como k, esto es, con fuerza »; o GRIMAREST (1747: 27): « pronunciar la b como b, es à decir fuerte, [...] y la v, como v, suave »; o ROCA Y MARÍA (1750: 27): « si [c] se halla entre dos vocales, y se pronuncia de un sonido un poco aspero »; o ROUSSEAU (1754: 2): « [b] siempre se pronuncia fuerte y nunca se puede equivocar con la v consonante »; o CAÑAVERAS (1781: 136): « La c se pronuncia suave quando se pone antes de las vocales e, i, como ce, ci »; o CHANTREAU (1797: 18): « c antes de e hace se, y g, je, pues con la u ambas conservan el sonido fuerte francés de cu y gu »; fricativa velar sorda vs. fricativa postalveolar sonora: o CISNEROS (1635: 4): « [j] se pronuncia como la ijota en Español, aunque mas dulcemente »; o LACAVALLERIA (1642: s. n.): « g, seguida de vna e, o, i, suena como ie, ji [...] sin hacer fuerça de la garganta »; o BILLET (1673: 5 r.): « [g + e, i] se pronuncia casi como la ch Francesa [...] y pronunciandola con mas suavidad que la g Española que tiene algo de la pronunciacion gutural »; o CHANTREAU (1797: V): « j ó g suave » frente a la « x ó g fuerte » española; vibrante múltiple vs. vibrante simple: o BILLET (1673: 6 v.): « [r] sola, no se pronuncia con la fuerça que en romance »; o GRIMAREST (1747: 46): « [r] en Español, la doble se pronuncia fuerte, y la sencilla suave »; o CAÑAVERAS (1781: 140): « La r es fuerte aunque no se duplique en principio de palabra »;
o MAIRÁN (1799: 8): « [r] tiene su sonido fuerte ò suave: lo tiene fuerte quando principia la voz; tambien en medio de diccion, quando está precedida de consonante »; consonantes nasales vs. consonantes « desnasalizadas »: o CISNEROS (1635: 8): « La n, y m, en el fin de la diction, syllaba, se pronuncian con mucha suavidad, sin cerrar los labios, como en el Castllano »; o BILLET (1673: 6 r.): « La N final no se pronuncia con tanta fuerça como en romance »: o TORRE Y OCÓN (1728: 14): « [n] quando es final del vocablo, algunas vezes se pronuncia con su propia pronunciación, que es un poco fuerte »; o GALMACE (1745: 27): « [n] final, [...] unas veces se pronuncia fuerte, como si estuviera doble, y otras no »; africadas vs. fricativas: o BILLET (1673: 9 v.): « [ch] tiene la pronunciacion mas blanda que en romance, en que tiene tiene casi fuerça de tch »; o TORRE y OCÓN (1728: 5): « Las dos letras [ch] se pronuncian comunmente como en Español, [...] sin fuerça alguna »; o SOLDEVILA (1767: 16): « [ch tiene] un sonido mas suave que en Castellano »; ciceantes vs. siseantes: o CISNEROS (1635: 6): « Pero con e, i, se pronuncia mas blandamente que en español, de manera que por dezir ce, ci, pronuncia se, si » ; o BILLET (1673: 4 r.): « [c + ç] tiene un sonido mas firme que en romance, que lo tiene algo ceceoso » ; vocales vs. e muda: o JARON (1688: 7 r.): « Sin poner un acento en la, e, [la z] la hace sonar muy rezio »; o ROCA Y MARÍA (1750: 6): « Todas las vocales suenan con fuerza, salvo la e ». A la luz de esta clasificación, podemos sacar dos observaciones. Por un lado, como era de prever por la dificultad que entrañan los sonidos fricativos sonoros del francés, la oposición más explicada es la de fricativas tensas vs. fricativas menos tensas. Nada menos que trece autores la recogen. Pero, por otro lado, es la única de las ocho expuestas que se basa en la oposición sonoridad/sordez 13 . Es por lo que insistimos en que el rasgo atendido por los gramáticos tiene que ser el de tensión articulatoria 14 . En efecto, estos no solamente usan fuerte, recio, áspero o firme frente a suave, blando, dulce o ligero para oponer consonantes 13 Creemos que la oposición fricativa velar sorda vs. fricativa postalveolar sonora se basa más en la impresión de fricción que provoca el sonido español que en la sonoridad frente a la sordez. 14 MARTÍNEZ CELDRÁN y FERNÁNDEZ PLANAS explican con los siguientes términos las características de las consonantes tensas frente a las laxas en español: « las tensas se diferencian de las laxas correspondientes por ser más largas, por tener una presión intraoral más alta, por provocar mayor proporción de salida de aire y amplitud en la vocal siguiente y ejercer mayor fuerza en la musculatura labial, en el caso de las labiales ; en los sonidos linguales, la mayor tensión lingual se refleja, además de en la mayor duración global del sonido, en un tiempo considerable de mantenimiento del punto máximo de contacto de electrodos frente a las laxas » (2007: 75).
sordas a consonantes sonoras, sino también oclusivas a fricativas, vibrante múltiple a vibrante simple, africadas a fricativas, etc. Así es que, tal y como lo apuntaba Amado ALONSO, en los autores antiguos « lo atendido – lo funcionante– era el grado dispar de energía, fuera o no acompañante de una correlación de sonoridad; el grado mayor o menor de energía articulatoria estaba para ellos categorialmente fijado y funcionaba autónomamente » (1988: 149). El rasgo de sonoridad, pues, no era más que un rasgo concomitante de la tensión. Con todo, cabe señalar que, en la época a la que hemos dedicado este trabajo, ni el rasgo de tensión ni el de sonoridad estaban teorizados como hoy en día, y mucho menos por los autores que nos ocupan. Bien es cierto que incluso ahora tampoco se acepta de manera unánime la existencia de un rasgo diferenciador de tensión 15 ; pero por la naturaleza de las oposiciones encontradas, parece ser que es el que más se adecua al de fuerza. Ya hemos señalado que no todos los sonidos considerados como fuertes en esa época, frente a otros que serían suaves, se clasifican como tensos en la teoría actual. Es el caso, por ejemplo, de las oclusivas, menos tensas que las fricativas (MARTÍNEZ CELDRÁN y FERNÁNDEZ PLANAS, 2007: 102). Sin embargo, por la explosión que se escucha al articular las consonantes oclusivas, no es de extrañar que estas se catalogaran como más fuertes frente a las fricativas. Los antiguos maestros de lengua así lo tuvieron que apreciar, pues esta oposición es la segunda más señalada de las que hemos encontrado. Pero, ¿pudo serle de ayuda al lector para pronunciar, por ejemplo, la consonante fricativa labiodental sonora [v] el compararla con la oclusiva bilabial sonora [b], explicándole que esta es más blanda que aquella? Y más generalmente, ¿qué tan útiles han podido llegar a ser las indicaciones de tipo articulatorio-acústico para los usuarios españoles en su intento de aprender la pronunciación del francés? No parece descabellado afirmar que las descripciones acústicas eran raras veces aprovechables, y eso por tres motivos principales: en primer lugar, porque se referían a realidades fónicas desconocidas por los españoles y por lo tanto eran de difícil interpretación; en segundo lugar, porque a menudo los mismos términos designaban oposiciones de sonidos muy diversos, lo que pudo sembrar cierta confusión en los lectores; finalmente, porque podían ser poco comprensibles, por la manera en la que estaban redactadas 16 . Pero también hay que señalar que estas descripciones rara vez aparecían solas. A menudo, eran complementarias de indicaciones de tipo puramente articulatorio y/o contrastivo e incluso, en alguna ocasión, de transcripciones de las palabras. BRUÑA CUEVAS apunta lo siguiente sobre los comentarios articulatorios o acústicos que acompañaban las comparaciones de sonidos en CISNEROS: « Il se peut fort bien que Cisneros, s’apercevant de l’à-peu-près réel de beaucoup de ses parallélismes phonétiques, ait pensé à y remédier par ce genre de renseignements complémentaires » (2000a: 79). Bien podría extenderse esta observación a todos los autores que se valieron, en sus partes de pronunciación, de descripciones tanto articulatorio-acústicas como de cualquier otro tipo. Así, tal vez, el uso de términos de naturaleza acústica y articulatorio-acústica no fuese, por sí solo, un método muy valioso, pero podía ayudar al usuario si se combinaba con los que hemos comentado al principio de nuestra comunicación. En cualquier caso, dejando de lado el grado de efectividad del método, debemos reconocer la valentía de aquellos « maestros de lengua » en su intento de enseñarle al aprendiz de la época 15 « Muchos fonetistas y fonólogos actuales rechazan la tensión porque no se conoce la naturaleza exacta de este rasgo » (MARTÍNEZ CELDRÁN y FERNÁNDEZ PLANAS, 2007: 83). 16 Como en estas explicaciones de ROCA Y MARÍA: « el om no se pronuncia como on; sino tirando al um de los latinos, y abaxando un poco la sylaba para juntarse a la m, ò à la n » (1750: 56).
unos sonidos extraños sin el recurso de la viva voz ni, por supuesto, el de las tecnologías del mundo moderno. El comentario de CISNEROS acerca de la pronunciación de [y] resume perfectamente la dificultad y el reto en el que consistía describir ciertos sonidos: « Es muy dificil èsta, y otras pronunciaciones desta lengua sino es oyendolas a los mismos Franceses: y assi no pongo exemplos desta pronunciacion; porque escritos son muertos, y ella es viva » (1635: 4-5). El problema que menciona CISNEROS fue el mismo para todos los autores de esos tiempos pasados pero en numerosas ocasiones sí hubo un intento de transmitir un sonido desconocido a través del papel, con descripciones escritas, « muertas »: muchos autores, incluso sabiendo que se enfrentaban a un desafío de lo más difícil no desistieron en su empeño. Bien es cierto que pudo haber intereses económicos de por medio. En efecto, dar al lector la posibilidad de aprender a pronunciar los sonidos sin maestro es un poderoso atractivo a la hora de comprar una obra; aunque a un autor que también pretendía tener alumnos no le convenía que reemplazaran su voz por unas explicaciones, por lo que se puede entender la negativa de algunos a explicar ciertos sonidos con fama de ser especialmente dificultosos. De todos modos, fuera por los motivos que fueran, la existencia de tales explicaciones no deja de ser algo digno de señalar y de alabar. BIBLIOGRAFÍA ALONSO, Amado (1955): De la pronunciación medieval a la moderna en español. Madrid, Gredos, t. I, 1976. ALONSO, Amado (1969): De la pronunciación medieval a la moderna en español. Madrid, Gredos, t. II, 1988. BRUÑA CUEVAS, Manuel (1998): « L'enseignement de l'r français aux Espagnols (XVIe- XIXe siècles) », en Teresa García-Sabell Tormo, Dolores Olivares Vaquero, Annick Boilève- Guerlet y Manuel Ángel García Fernández (eds.), Les Chemins du Texte. Santiago de Compostela, Universidad de Santiago de Compostela / APFFUE, t. II, pp. 527-539. BRUÑA CUEVAS, Manuel (2000a): « L'enseignement de la prononciation française aux Espagnols (XVIe et XVIIe siècles) », en Jan De Clercq, Nico Lioce y Pierre Swiggers (eds.), Grammaire et enseignement du français, 1500-1700. Lovaina / París, Peeters, pp. 61-96. BRUÑA CUEVAS, Manuel (2000b): « À nouveau sur l'enseignement de l'r français aux Espagnols depuis le XVIIe siècle », en María Luz Casal Silva, Germán Conde Tarrío, Jesús Lago Garabatos, Laura Pino Serrano y Nuria Rodríguez Pereira (eds.), La lingüística francesa en España camino del siglo XXI. Madrid, Arrecife, t. I, pp. 177-201. BRUÑA CUEVAS, Manuel (2001): « Les transcriptions de la prononciation française à l'usage des Espagnols de Galmace (1745) », en Isabel Uzcanga Vivar, Elena Llamas Pombo y Juan Manuel Pérez Velasco (eds.), Presencia y renovación de la lingüística francesa. Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, pp. 55-64. BRUÑA CUEVAS, Manuel (2012): « Le Dictionario castellano - Dictionnaire françois – Dictionari catala (1642) et la Grammatica [...] para aprender a leer, y escrivir la lengua Francesa (1647), publications des imprimeurs Lacavallería » en Marc Zuili y Suzan Baddeley (eds.), Les langues étrangères en Europe. Apprentissages et pratiques (1450-1720). París: Presses de l’université Paris-Sorbonne, pp. 265-282. FISCHER HUBERT, Denise (1997): « L'enseignement de la phonétique française aux Espagnols, présenté dans les grammaires des 17e et 18e siècles », Documents pour l’histoire du français langue étrangère ou seconde. 19, pp. 37-50
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