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Ciclo vital del cuento

Fraile, Medardo

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CICLO VITAL DEL CUENTO* po MEDARDO FRAILE Excelen ísimos e ilus ísimos amigos: Cuando se habla del cuen o. hay que hace casi siemp e acla a- ciones y si. como sospecho. las acla aciones no son aquí pe inen- es, pido disculpas. Voy a habla del cuen o li e a io. de au o conocido y, ap oxi- madamen e. del cuen o de hoy. El cuen o popula o olkló ico y el cen o in an il son o a cosa y, sob e el p ime o, hay aliosos es u- dios con empo áneos de Au elio M. Es pino sa, Yladimi P opp, S i- h Thompson y James A. F aze . El cuen o li e a io. has a las úl i- mas décadas del siglo XIX -ha cia 1880, según Gonzalo Sobeja- no- , e a o a cosa y iene ambién (el cuen o de aye y el de hoy). buenos a :.H.lis as: Ma iano Baque o Goyanes y los i landeses Sean o·Faolain y F ank O'Conno , ambo s esc i o es de cuen os bien co- nocidos. La no ela co a, co no su nomb e indica, no es un cuen o la go; es ambién o a cosa. La echa ci ada an es como p ime es igo del cuen o mode no - 1880-, es sólo eso: el p ime es igo. En 1900, o sea ein e años más a de, se habían publicado El Seiío y lo demás son cuen os y los Cuen os mo ales de Cla ín, y sie e lib os de cuen os, luc uan es en e lo adicional y lo nue o, de doña Emilia Pa do Bazán y. sin • Con e encia leída en la Academ ia po Don Mcda do F aile el día 25 de Mayo de 1995. 226 MEDARDO FR AILE emba go. un pe iódico an p es igioso como El Libe al daba ama a José Nogales p emiándole un cu en o de espí i u egene ac ionis a , La s es cosas del ío 111011, moldeado en el cuen o olkló ico ma a - illoso: Jos es obs áculos supues amen e insal ables que iene qu e ence el p e endien e a una moza pa a que el pad e de el la se la dé en ma imonio. Es a co n usión. no sólo nominal, iene de an iguo y, po si no ue a bas an e. el cuen o es una c eación" de pocas páginas y la alsa pe spicacia de esos c í icos que sólo encuen an el de all e e iden e, lo cali ica, sin pensa lo dos eces, de géne o meno . No c eo que haya una clasi icación más oma ni más simple. Ni el ig e es menos que el ele an e, ni el b illan e menos que la oca, ni el de smi iado Kan menos ilóso o que el napoleónico H egel, ni los cuad i os de Villa Médicis, de Ve lá zq uez, son de men os ascendencia pic ó ica que Los Me11i11as. Pens a que se ha llama - do al cuen o géne o meno y que se sigue ep i iendo con ai e doc- o da, simplemen e, e güenza ajena. pe o bas an es c í icos ol i- dan a menudo que no se a a sólo de sabe ap endiendo. sino de sabe pen sa ndo. En España. el his o ial del cuen o coincide, o poco menos, con los o ígenes ele nues as le as y. en e la s má s an iguas mani es a- ciones del uso li e a io de nues a lengua. igu an ela os de p o ce- dencia o ien al, como el amoso Calilll e Dim na, aducido a me - diados del siglo XIII. En el cuen o se da la pa adoja de se el géne- o más an iguo del mundo y el más a dío en adqui i o ma li e a- ia. Así que es ambién, o debe ía se . ene able. En odo el úmbi o hispánico se ha eo izado muy poco sob e él, pe o se ha cul i ado con g an o una y ex ao dina ia iqueza. Oímos habla hoy, muy jus amen e. de Juan Rul o, Jo ge Luis Bo ges y Augus o Mon e oso, y ha y siemp e quien in ciense a dos <l e ellos que nos allan de ez en cu ando. Ho acio Qui o ga y Julio Co áza , p e o la habi ual mala memo ia de nues os pueblos pa ece habe s e ol idado de Jo s cuen os. a eces denominados es ampa s, leyendas o adiciones, de Rica do Güi aldes, Edua do Mallea, O s- ea Ce u o, Edua do A ias Suá cz, Al onso Hc nán<lez Ca ú, Bal- clome o Lillo, Miguel Angel As u ias. Ca los Sa mayoa Chinchilla, F oilán Tu cios. A emio de Va lle-A izpe, Al onso Reyes, José Man- cisido , Oc a io Méndez Pe ei a, Sal ado Calde ón, Rica do Pal- ma, José Dí cz-Canseco, Ven u a Ga cía Calde ón, Rómula Galle- gos. A u o Usl a Pie i. po ci a los que yo p e i e o. CICLO VITAL DEL CUENTO 227 Quizá lle e azón F ank O'Conno al a i ma que el cuen o ha lo ecido en sociedades aná quicas en las que los ínculos sociales lojean y las sa is acciones adicionales de la cul u a andan de s- a endidas. A i mación álida pa a su pa ia, I landa, pa a el mundo hispánico y pa a la Rusia de Chejo y, en pa e, pa a la colec i i- dad es adounidense, an compleja. La excepción se ía F ancia. De odos modos, el secula y censu able abandono de las sociedades cali i cadas po él de aná quicas es imula el alen o y la di e sidad, da ocasión a hazañas anónimas de gene osidad cons an e y hace encon a pepi as o lingo es de o o nada menos que pe diendo el iempo. El cue n o bueno equie e g an pé dida de iempo: si no , es menos bueno. Y ambién, cla o, gene osidad y al en o. La no ela se puede log a co n menos dosis de alen o, pe o con más egoísmo y codicia de iempo. Quizá es o explique el elie e de la no ela y la ela i a poca impo ancia que se le da al cuen o en G an B e aña, comenzando po las aulas uni e si a ias, donde según O 'F aolain, «C l cuen o no es o a cosa que un jugue e mode no». El í ulo de es a con e encia es, como sabéis, Ciclo li al del Cuen o pe o, siendo el géne o an o amundos, malen endido y hué - ano, lo mismo pod ía habe la i ulado Vida del cuen o y de sus . ó 1111as y mh>e sidade.1'. ¿Cómo nace un cuen o li e a io? ¿C ómo i e? ¿ Qu é des ino le es pe a? Me emo que la s espues as eng an que e conmigo alguna que o a ez y ambién pido disculpas po ello. Vamos po una calle, iajamos en un en o un au obús nos e- unimos con unos amigos, descansamos en la cama, oímos al uelo una ase, es amos, en in, en una si uación o ci cuns ancia cual- quie a y, sin p opósi o p e io, se nos ocu e un cuen o. Na u al- men e, no odo el cuen o; no es más que una idea, una ocu encia i ni cial, cualquie co sa. Po ejemplo, có mo un homb e se ha es ado peinando a la pe ección s in sabe que a a mo i en acciden e dos minu os más a de y cómo lo único que no cuen an los pe iódicos de él es p ecisamen e eso: «Lo peinando que es aba, con sang e en la boca, mue o». O cómo baña se en el ma -que se mue e y nos habla -, es baña se en pu o mis e io y el uso í olo que hacemos en las playas de ese gigan e no es á a la al u a de su c eación. O cómo a una on a Ja u ilizan sus ecinos pa a p esumi de lis os iéndose de ella po las en anas de un pa io. O cómo los amo ina- dos de la Re olución F ancesa quizá se alza an el año 1789 po que es e e a un año que los niños de l as escuelas podían eco da lo ácil- 228 MEDARDO FRAILE men e. Cualquie cosa. Pe o cualquie cosa que nos haga son ei , o nos emocione, o nos haga pensa ; es deci , que nos ea i me en lo que ya somos o debe íamos se : humanos. Tenemos ya ma e ia pa a un cuen o. Si el esc i o se sien a po in a esc ibi lo y se publica y se Ice, siemp e hab á un es udian e inmadu o o un p o eso demasiado p o eso que busca án su mensa- je. Hay muchos cuen os sin mensaje, po o una, y muchos con mensaje elado, po o una ambién, y muchos -los peo es-, con mensaje explíci o. Y pa a no equi oca nos odos los que sabemos lee , enemos que lee oda ía más pa a ap ende a lee o a ez. No se ap ende a lee sólo una ez, sino a ias. Lee bien y, sob e odo, lee bien un cuen o, es casi an di ícil y me i o io como esc i- bi bien. Hemos is o que la chispa del cuen o no necesi a de g andes hazañas pa a p ende . Es á. o puede es a , en cualquie hecho, en cualquie si io. Expe iencia no signi ica a en u a. En el mundo hay millones de pe sonas ca gadas de expe iencia que han lle ado una ida sin g andes sob esal os. Bas an las aleg ías y las penas dia ias pa a a a y hace sensible al homb e de buena ie a. Más aún: al cuen o de hoy no le in e esan, le es o ban, las g andes hazañas, y ni siquie a Je pa ecen g andes. Hace ya ein a años esc ibí que lo s cuen os de hoy es aban con el homb e de la calle, no con el hé oe. Hace doce años, P i che , quizá el cuen is a inglés ac ual más co - nocido, au o ambién de un agudo lib o sob e España. The Spanish Tempe , esc ibió algo semejan e: «Los lec o es solían habla de pe - de se en una no ela o en un cuen o; el gus ado co n empo áneo del cuen o, lo lee pa a encon a se a sí mismo». Ha ce cin co años, Sole - dad Pué olas exp esaba ideas pa ecidas. Los cuen os que yo p e ie o son co os, los que no pasan - digamos- de seis o sie e páginas. Cuan o más co o más cuen o. Po que, en con a de lo que an os c een, lo ácil es ala ga se, ex- ende se. Con a algo con ue za, con g acia, con emoción, con so - p esa, en es, cua o o seis páginas, y no con aho o de medios, sino con Jo s medios que se necesi en, los jus os, es ex ao d in a ia- men e di ícil. En la no ela se gene a una ue za cen í uga que em- puja al lec o más allá, pe o el cuen o se cuen a des-con ándose, adelgazando, hac ia den o, con una ue za cen ípe a que, después de c ea la yo mismo en mis cuen os sin se muy conscien e de ello, se me e eló un día leyendo un ela o excepcional de Ho acio Qui- oga: Los cazado es de a as, donde el i ón ha cia den o es sup e- CICLO VITAL DEL CUENTO 229 ---·-· -·· ------- mo y no se despenlicia ni la in ención del í ulo. En la p ime a mi ad del siglo XlX, Edga Allan Poe podía habla nos de cuen os, ma a illosos cuen os. que eque ían una ho a de sen ada pa a se leídos. En nues os días, una ho a es mucho. El iempo nos iene co o pa a casi odo. Y los cuen os ambién pueden se ex ao dina- ios con menos púginas. El esc i o , un día p opicio, se sien a a esc ibi aquella idea que u o. El í ulo, de momen o, no le p eocupa. Pe o el cuen o ya no se á el mismo, po que, sin que el au o lo busque ni lo ad ie a, se ha ope ado un p oceso de asimilación y en iquecimien o del ema, en el que, en aquel emb ión de cuen o, su gi án a iaciones y algún asgo común a o os ela os de su c eado o, lo que es lo mismo. end ú un ma chamo de au en icidad. El au o es á en ilo al empe- za lo y eb il y ne ioso al e mina . El es o no es más que ensa y dis ende el a co pa a esc ibi bien y con a bien, las dos cosas, y pa a sos ene el in e és del lec o , pe o el comienzo del cuen o no iene iempo pa a nada, no puede pe mi i se el lujo del pa oneo, a de echo al asun o como la espada al mo illo del o o. Pe o con gancho, con in iga o so p esa, con algo a o o inexplicable -que el lec o en ende á después; con una ase, exclamación o p egun a que no se sabe a qué iene, pe o i e ne su po qué y a apa á al lec o . Es una b e e pues a en escena que iene de un an es, que no suele impo a de momen o, y que in uye o conoce el au o , pe o el lec o , lógicamen e. no. «Yo c eo que cuando nací ya es aba en casa el Fo d colo e de acei una», es un comienzo de Ga cía Pa- ón. «A esa edad, ¡qué on a puede se una, Dios mío!», de F an- cisco Ayala. «Yo me llamo Tomás, y el p ime apellido de mi pa- d e es Ga cía», de Lau o Olmo. «Tenía lo s ojos de un g is descolo- ido y un poco bizcos», de An onio Pe ei a. «Es oy sen ado jun o a la alcan a illa agua dando a que salgan las anas', de Rul o, e c. Po supues o, como el cuen o no se hace con a lsilla, se han dado o os comienzos, desc ip i os incluso, como el de Ma ina, de Rómulo Gallegos, y ha s a de cua o páginas, como El ca i e, de Ru ino Blan- co-Fombona, pe o el cuen is a que lo es ealmen e sabe lo que se juega al empeza . Y al e mina ambié n. Uno puede acaba haciendo que mue a el p o agonis a y odos los demás y e i a así que sus idas gene en o as his o ias, pe o hoy abunda mús el inal abie o, suges i o, be - llísimo, que le d eja al lec o la posibilidad de ce a lo po su cuen a y la sensación de una despedida ni de ini i a ni lúgub e, sino co - 230 MEDARDO FRAILE dial; una son isa, una medi ación, al ez melancolía, o espe anza , o is eza; quizá un egus o de hallazgo o de ca encia o de pé dida. El inal no echa el ce ojo a la his o ia, no sube el diapasón, no es imbomban e, sino que cae con la madu ez pun ual, la sencillez in- eludible de la u a en el á bol. Pe o ese inal no es nunca una in e upción y, po se abie o, no deja de se inal ni de eje ce la a ea an di ícil que le encomienda su au o . La his o ia acaba don- de el au o la acaba, pe o esa pue a de salida, más o menos abie a, iene e ec os dis in os en dis in os lec o es. Dos inales de cuen os: «Po que ella pensa ía que es aba en la playa. Pe o la playa es aba en el ma ». Y o o: «Me gus a eco da es as cosas aho a que no hago nada». En e el comienzo y el inal hay algo que añadi . Se cuen a que un Je e del Es ado español, que eje ció el Pode unos cua en a años, le dijo a un isi an e: «Haga us ed lo que yo: no se me a en polí i - e<I». El concep o no e a nue o. Gine de los Ríos, Joaquín Cos a y Rica do Macías Pica ea habían abogado po «menos polí ica y más adminis ación». Pe o, en in, en es e País an desconocido po sus habi an es, odo es no edad siemp e. Pues bien, sin impo a nos aho a la i onía, el humo , el éxi o o el acaso de ese consejo en con a de la Polí ica, a un isi an e mío que quisie a esc ibi cuen os, yo le di ía: «Sigue mi ejemplo: no e me as a hace li e a u a». Con lo cual, no le quie o deci que no esc iba, sino que no a loje las ien - das, no se egodee, no di ague, no pie da el iempo, no ju egue de- masiado, no se ande po las amas. Que se aga e al onco del cuen o sin seca lo y igile los b o es. Esc ibi y con a , con a y esc ibi , uno al se icio del o o y al mismo paso. ¡,Es que el c uen- o no es li e a u a? Sí. el cuen o o ma pa e de la mejo li e a u a , la que menos ecibe y más da, la que cuando ga o, da ga o, y cuan- do lieb e, da lieb e, pe o jamás ga o po lieb e. La más exigen e, la que no se pe mi e un qué más da, una blandu a. En la segunda edición de su lib o Es wnpas mula as, el pe uano José Díez-Canseco incluyó un cuen o de pe sonaje, Jijuna, que ale po a ias no elas. El e ec o único que busca el cuen o se da, ge ne - almen e, en una de es as es di ecciones, a eces mezcladas, no siemp e pu as: la que nos e ela un pe sonaje, co no el ci ado de Díez-Canseco, o el pa adigma ópico en es e caso, Ma kheim , de S e enson; la que soluciona el en edo de una ama ingeniosa, como El esca abajo de o o, de Poe, o El a en ado, de Jo ge Campos; y Ja que c ea un ambien e que condiciona a los que habi an en él, como CICLO VITAL DEL CUENTO 231 El ocaso de la 11w11sú)11 Ushe , de Poe, o Dien es, pól o a, . eb e o, de Sánchez Fe losio. Quizá no es o be añadi que los emas, las es uc u as y las o mas básicas de la no ela pueden encon a se ambién en el cuen o, incluido el deso den delibe ado y, a eces, pocas eces. la dig esión ingida, que ni nos hace do mi ni nos dis ae del asun o de que a a, sino que Je da luz, como en algún cuen o de Alonso Zamo a Vicen e y, yéndonos más lejos, de Shc wo- od Ande son. El cuen o ci ado de Díez-Canseco se di ide en cua o capí ulos y en capí ulos se di idían. has a los años cua en a de nues o siglo, no pocos cuen os de au o es hispánicos, en e ellos Juan Vale a, Beni o Pé cz Galdós, Cla ín, Rica do Palma, Al onso Reyes. Rubén Da ío, Ramón Gómez de la Se na, Zunzunegui y Gi onella, pe o el capí ulo casi ha desapa ecido hoy del cuen o, siendo sus i uído, a eces, po los as e iscos -muy usados amb ién po Leopoldo Alas- , o po el espacio en blanco, más semejan es a la pausa que a la sepa ación o up u a capi ula . Aunque hice una ez un cuen o en capí ulos -e n diez capí ulos-. y además me gus a, mi p e e en cia cs ü en el cuen o con inuado, sin pausas ni in e upciones de ningu- na clase. El capí ulo cuad a mejo en la no ela co a. «En la c ea- ción de un cuen o sólo hay ensión y no egua», esc ibió Baque o Goyanes. Y pasemos al í ulo. que puede espe a y quizá sea müs p uden- e pensa lo cuando el cuen o es é esc i o, aunque puede su gi an- es, po supues o. y, si es a o unado, condiciona incluso lige a- men e la his o ia aún nona a. El cuen o cien po cien comienza ya a con a en el í ulo, como sucede en Muy lejos de Mad id, de Jesús Fe nánc.lez San os, Palio de a mas, de Ignacio Aldecoa, en el ela o de Rul o que bau iza su lib o. El llano en llamas, o en Los ca:ado- es de a as, de Qui oga. que mencioné an es. Pe o la p ác ica más ex endida es el í ulo neu o. que ni cuen a ni deja de con a y hace su papel nominal dignamen e, sin descub i o des ipa la his o ia. Supongamos que enemos ya un cuen o esc i o al que. en ade- lan e, llama emos Equis. Lo inmedia o se á publica lo. El no elis a y académico Ma ce! P é os , analizando el éxi o de Maupassan como cuen is a, alega como segunda azón «que el cuen o es una ob a co a que se publica ácilmen e y ücilmen e se ep oduce en l os pe iódicos, y que el lec o puede lee con comodidad a ias e- ces. Es un p oduc o li e a io que el público se p ocu a po poco dine o, que puede conoce po co o que sea el iempo de que dis- MEDARDO 1-'RAILE ponga, y que puede e ene haciendo un insigni ican e es ue zo de memo ia ». P i che , al que ci é an es, nos dice: «El esc i o de cuen- os depende siemp e de los pe iódicos. En el siglo XIX los pe iódi- cos de odos los países publicaban cuen os bas an e la gos, más bien no elas co as». Eso ha sido e dad en España en el siglo XIX y en es e siglo. hace unos años. Yo he is o y he publicado cuen os en La Ho a. Alcalcí, ABC. Blanco y Neg o. A iha. Ya. Íl! imnaci mes, Signo. Co eo Li e a io. Cla ile1io. El Espwiol. Ha-;., 111. nla, El Cie - 1·0. Re islll Espaíiola, Cuade nos Hispwwmne icwws, Cuade nos de Ago a, A eneo, Te/ a, Pun a Eu opa. La Es1q e a Li e a ia. Acen o C11/ 11 al. Nue n Es a e a. Papeles de Son Annadans, e c . De es as publicaciones, la mayo ía han desapa ecido y c eo que sólo dos de ellas, a l as que hay que ag ega , cuando asoma el e ano. El País, con inúan publicándolos. Aquella buena disposición hacia el c uen o -de las publicaciones pe iódicas, no de los edi o es. que hubo muy pocos -. dio luga a una pléyade de buenos cul i ado es del géne o que se hicie on jus amen e amosos. Los nomb es de casi odos - ep esen ados o no ep esen ados con un cuen o suyo-los podéis encon a en mi an ología de «Cá ed a», Cuemo Espwiol de Pos- gue a. Así que nues o cuen o. Equis, no sald á en los pe iódicos, ya que son con adísimos los que acep an ela os y es os. además. lo hacen -seg ún And és Be langa ha esc i o en n wla-. sin «Un mí- nimo con ol de calidad li e a ia». «Si ese con ol exis ie a - dice- , las es cua as pa es de los cuen os que se publican se ían echa- zados po de ec uosos o de desecho de ien a. Muchos cuen os son e azos de no elas. pa idas inisemanalcs, abu idos eje cicios de edacción de 3º de BUP, de alumnos que igno an la su ileza, el lenguaje y hÍ magia de la li e a u a. En o as palab as, en España ha habido y hay buenos esc i o es de cu en o:->, pe o sólo publican los suyos. con alguna excepción de ez en cuando. los que no saben esc ibi los, lo que son --con inúa Be langa-amigos. aman es, com- pañe os. conocidos o paisanos del esponsable del pe iódico o e- is a donde se publica». La ci a es ue e pe o no es única, y coin- cide con opiniones pa ecidas de o os buenos y asiduos cul i ado es del géne o, como podéis e en la e is a de la Asociación Colegial de Esc i o es, Rep íh ica de las Le as, núme o de ju lio de 1988, y nada ha cambiado desde ese año. También se han eclipsado, según pa ece, las muchas le c u as pú- blicas de cuen os. muy concu idas, que se daban hace unos años CICLO VJT AL DEL CUE NTO 233 en los ca és, como en los mad ileños Lyon D' O y el desapa ecido Cq é de Lisboa; en los A eneos, en los Colegios Mayo es, en los Ins i u os, en las salas de a e y has a en las o es de las iglesias: yo di una en Mad id, en la o e de la iglesia de San Ginés. Podemos en ia nues o cuen o a uno de los muchos concu sos li e a ios que ado nan Ja geog a ía pa ia. A in de cuen as, sin lo e- ía nos al a ía el ai e. Pe o quizá haya que hace an es algunas ges iones: quién ganó el p emio el año an e io , si es e año es á en el ju ado y quienes es án con él, qué posibilidades hay de lle a se el ga o al agua. ¿En iende de cuen os el ju ado? ¿Se p esen a el cazap emios al o cual que se las sabe odas? ¿Es á el p emio con- cedido de an emano? Ac i idad eb il de cha eo, ísi as, ca as y elé ono, de hoy po mí y mañana po í. El p emio se lo dan a o o y dicen que no es bueno. No impo a. Los concu sos de cuen os b o an de las pied as po odas pa es. O a ez se á. Pe o nos gus- a ía lee el cuen o p emiado. Se á di ícil. Quizá se edi e, con o os, en echa no ijada y se quede después enco delado en el almacén de un ayun amien o o acumule pol o y moscas en el escapa a e do mi- do de una lib e ía-papele ía-obje os de esc i o io de cualquie plaza mayo o úa del cabildo. Con Equis y o os cuen os he manos suyos, que ue on y no ue on publicados, podemos ambién o ma un lib o. Ba ajamos los ela os, o denamos el lib o, le s buscam os un í ulo común y le es- c ibimos un p ólogo. Hacemos copias y lo en iamos a dos o es edi o es de no elas -sob e odo de no elas-, y ambién de cuen- os cuando el año es bisies o. Aunque el au o es esc i o p obado y conocido y sabe bien lo que ha ce, no le acusan ecibo del lib o. El edi o español no ha in en ado oda ía una ó mula de co esía an simple como un imp eso que dig a: «Con echa al y al, nos ha llegado su lib o al y cual, que es á ecibiendo a ención y ag adece- mos. A su debido iempo, le comunica emos la decisión adop ada». El silencio del edi o iene algo de sob ena u al. No con es a ca as. No coge el elé ono. El cuen is a, después de a ios meses, se cansa de se más educado y amable que el edi o y le esc ibe una ca a algo subida de ono, no mucho, eco dándole que el se humano es pe ecede o y que se c ee dudoso que en la o a ida haya ambién imp en as. El au o de los cuen os, a uel a de co eo, ecibe ca a del edi o , la p ime a, amabilísima, en la que Je habla de l comi é de lec u a y Je anuncia la de olución del lib o. Podemos imagina la exclamación del edi o en su despacho: «¡Pues no al aba más que,