Ciclo vital del cuento
Full text
CICLO
VITAL
DEL
CUENTO*
po
MEDARDO FRAILE
Excelen ísimos e ilus ísimos amigos:
Cuando se habla
del
cuen o. hay
que
hace
casi siemp e acla a-
ciones y si.
como
sospecho. las acla aciones no son aquí pe inen-
es, pido disculpas.
Voy a
habla
del
cuen o
li e a io.
de
au o
conocido y, ap oxi-
madamen e. del
cuen o
de
hoy. El
cuen o
popula o olkló ico y el
cen o in an il son o a
cosa
y, sob e el p ime o, hay aliosos es u-
dios con empo áneos
de
Au elio M.
Es
pino
sa, Yladimi P opp, S i-
h
Thompson
y James
A.
F aze . El
cuen o
li e a io. has a las úl i-
mas décadas del siglo XIX
-ha
cia 1880, según Gonzalo Sobeja-
no-
,
e a
o a
cosa
y iene ambién (el cuen o de
aye
y el
de
hoy).
buenos
a :.H.lis as:
Ma iano Baque o Goyanes y los i landeses Sean
o·Faolain
y F ank
O'Conno ,
ambo
s esc i o es
de
cuen os bien
co-
nocidos.
La
no ela co a, co no su nomb e indica, no es un cuen o
la go; es ambién o a cosa.
La echa ci ada an es
como
p ime es igo del
cuen o
mode no
-
1880-,
es
sólo eso: el p ime es igo. En 1900, o
sea
ein e años
más a de, se habían publicado
El
Seiío y lo demás son cuen os y
los Cuen os mo ales de Cla ín, y sie e lib os de cuen os, luc uan es
en e lo adicional y lo nue o, de
doña
Emilia Pa do Bazán y. sin
• Con e encia leída
en
la
Academ
ia
po
Don
Mcda do
F aile el
día
25
de Mayo de
1995.
226
MEDARDO
FR
AILE
emba go. un pe iódico an p es igioso como
El
Libe al
daba
ama
a
José Nogales p emiándole un
cu
en o de espí i u egene ac
ionis a
,
La
s
es
cosas
del ío 111011, moldeado en el
cuen o
olkló ico
ma a
-
illoso:
Jos
es obs áculos supues amen e insal ables que iene
qu
e
ence el p e endien e a una moza pa a que
el
pad e de
el
la se
la
dé
en ma imonio.
Es a
co
n
usión. no sólo nominal, iene
de
an iguo y, po si
no
ue a bas an e. el cuen o es una c eación"
de
pocas páginas y
la
alsa pe spicacia de esos c í icos que sólo encuen an
el
de all
e
e iden e, lo cali ica, sin pensa lo dos eces,
de
géne o meno .
No
c eo que
haya
una clasi icación más oma
ni
más simple.
Ni
el
ig e es menos que el ele an e, ni el b illan e menos que la
oca,
ni
el
de
smi iado Kan menos ilóso o que
el
napoleónico H
egel,
ni los cuad i os de Villa Médicis, de Ve
lá
zq
uez, son de
men
os
ascendencia pic ó ica que
Los
Me11i11as.
Pens
a que se ha
llama
-
do
al
cuen o géne o meno y que
se
sigue
ep
i iendo con ai e
doc-
o da, simplemen e, e güenza ajena. pe o bas an es c í icos
ol i-
dan a menudo que no se a a sólo de
sabe
ap endiendo. sino
de
sabe pen
sa
ndo.
En España.
el
his o ial del cuen o coincide, o poco menos,
con
los o ígenes
ele
nues as le as y. en e
la
s
má
s an iguas mani es a-
ciones del uso
li
e a io
de
nues a lengua. igu an ela os de p o
ce-
dencia o ien al, como el amoso Calilll e
Dim
na,
aducido a
me
-
diados del siglo XIII.
En
el cuen o se da la pa adoja
de
se
el
géne-
o más an iguo del mundo y el más
a
dío
en
adqui i o ma li e a-
ia. Así
que
es ambién, o debe ía se . ene able. En odo el úmbi o
hispánico se
ha
eo izado muy
poco
sob e él, pe o se ha cul i ado
con g an o una y ex ao dina ia iqueza.
Oímos habla hoy, muy jus amen e. de Juan Rul o, Jo ge Luis
Bo
ges y Augus o Mon e oso, y
ha
y siemp e quien
in
ciense a dos
<l
e ellos que nos allan
de
ez en
cu
ando.
Ho
acio Qui o
ga
y Julio
Co áza , p
e o
la
habi ual mala memo ia
de
nues os pueblos pa ece
habe
s
e ol idado de
Jo
s cuen os. a eces denominados es ampa
s,
leyendas o adiciones, de Rica do Güi aldes, Edua do Mallea, O
s-
ea
Ce
u o, Edua do A ias Suá cz, Al onso Hc nán<lez Ca ú, Bal-
clome o Lillo, Miguel Angel As u ias.
Ca
los
Sa
mayoa Chinchilla,
F oilán Tu cios. A emio de
Va
lle-A izpe, Al onso Reyes, José Man-
cisido , Oc a io Méndez Pe ei a, Sal ado Calde ón, Rica do Pal-
ma, José
Dí
cz-Canseco, Ven u a Ga cía Calde ón, Rómula Galle-
gos. A u o Usl
a
Pie
i.
po ci a los que yo p e
i
e o.
CICLO VITAL
DEL
CUENTO 227
Quizá lle e azón F ank
O'Conno
al a i ma que el cuen o ha
lo ecido
en
sociedades aná quicas en
las
que
los ínculos sociales
lojean y las sa is acciones adicionales
de
la cul u a andan de
s-
a endidas. A i mación álida pa a su pa ia, I landa, pa a el mundo
hispánico y pa a
la
Rusia de Chejo y,
en
pa e, pa a la colec i i-
dad es adounidense, an compleja. La excepción se ía F ancia. De
odos modos, el secula y censu able abandono de las sociedades
cali
i
cadas
po
él
de
aná quicas es imula
el
alen o y la di e sidad,
da
ocasión a hazañas anónimas
de
gene osidad cons an e y hace
encon a pepi as o lingo es
de
o o nada menos que pe diendo el
iempo. El
cue
n o bueno equie e g an pé dida
de
iempo: si
no
,
es
menos bueno. Y ambién, cla o, gene osidad y
al
en o. La no ela se
puede log a
co
n menos dosis
de
alen o, pe o con más egoísmo y
codicia de iempo. Quizá es o explique
el
elie e de la no ela y
la
ela i a poca impo ancia que se le da al cuen o
en
G an B e aña,
comenzando
po
las aulas uni e si a ias, donde según O
'F
aolain,
«C
l cuen o
no
es o a cosa que un jugue e mode no».
El í ulo
de
es a con e encia es,
como
sabéis, Ciclo li al del
Cuen o pe o, siendo el géne o an o amundos, malen endido y hué -
ano, lo mismo pod ía habe la i ulado Vida del cuen o y de sus
. ó 1111as
y
mh>e sidade.1'.
¿Cómo nace un cuen o li e a io? ¿C
ómo
i e? ¿
Qu
é des ino le
es
pe a? Me emo que
la
s espues as eng
an
que e conmigo alguna
que o a ez y ambién pido disculpas
po
ello.
Vamos
po
una calle, iajamos en
un
en o un au obús nos e-
unimos con unos amigos, descansamos
en
la cama, oímos al uelo
una ase, es amos,
en
in, en una si uación o ci cuns ancia cual-
quie a y, sin p opósi o p e io, se nos ocu e
un
cuen o. Na u al-
men e, no odo el cuen o; no es más
que
una idea, una ocu encia
i
ni
cial, cualquie
co
sa.
Po
ejemplo, có
mo
un
homb e se ha es ado
peinando a
la
pe ección s
in
sabe que
a
a mo i
en
acciden e dos
minu os más a de y cómo lo único que no cuen an los pe iódicos
de
él
es p ecisamen e eso: «Lo peinando que
es
aba, con sang e
en
la
boca, mue o». O cómo baña se
en
el
ma -que se mue e y nos
habla
-,
es baña se en pu o mis e io y
el
uso í olo que hacemos
en
las playas
de
ese gigan e
no
es á a
la
al u a
de
su c eación. O
cómo a una on a
Ja
u ilizan sus ecinos pa a p esumi
de
lis os
iéndose de ella
po
las en anas
de
un pa io. O
cómo
los amo ina-
dos de la Re olución F ancesa quizá se alza an
el
año 1789 po que
es
e e a un año que los niños de l
as
escuelas podían eco da lo ácil-
228
MEDARDO FRAILE
men e. Cualquie cosa. Pe o cualquie cosa que nos haga son ei , o
nos emocione, o nos haga pensa ;
es
deci ,
que
nos ea i me
en
lo
que ya somos o debe íamos se : humanos.
Tenemos ya ma e ia pa a un cuen o.
Si
el esc i o se sien a
po
in a esc ibi lo y se publica y se Ice, siemp e
hab
á
un
es
udian
e
inmadu o o un p o eso demasiado p o eso
que
busca án su
mensa-
je. Hay muchos cuen os sin mensaje, po o una, y muchos
con
mensaje elado,
po
o una ambién, y muchos -los peo
es-,
con
mensaje explíci o. Y pa a
no
equi oca nos odos los que
sabemos
lee , enemos que lee oda ía
más
pa a ap ende a lee o a
ez.
No se ap ende a lee sólo una ez, sino a ias. Lee bien y,
sob e
odo,
lee
bien
un
cuen o, es casi an di ícil y me i o io como
esc i-
bi bien.
Hemos is o que la chispa del cuen o no necesi a de
g andes
hazañas pa a p ende . Es á. o puede es a , en cualquie hecho, en
cualquie si io. Expe iencia no signi ica a en u a.
En
el mundo
hay
millones de pe sonas ca gadas
de
expe iencia
que
han lle ado
una
ida sin g andes sob esal os. Bas an las aleg ías y las penas
dia ias
pa a
a a
y hace sensible al homb e de
buena
ie a. Más aún: al
cuen o
de
hoy no le in e esan, le es o ban, las g andes hazañas, y
ni
siquie a
Je
pa ecen g andes. Hace ya ein a años esc ibí que
lo
s
cuen os de hoy es aban con el homb e de la calle, no con el
hé oe.
Hace doce años, P i che , quizá el cuen is a inglés ac ual más
co
-
nocido, au o ambién de un agudo lib o sob e España. The Spanish
Tempe ,
esc
ibió algo semejan e: «Los lec o es solían habla de
pe
-
de se
en
una no ela o en un cuen o; el gus ado
co
n
empo áneo
del
cuen o, lo lee pa a encon a se a
sí
mismo».
Ha
ce cin
co
años,
Sole
-
dad Pué olas exp esaba ideas pa ecidas.
Los cuen os que yo p e ie o son co os, los que no pasan -
digamos-
de seis o sie e páginas. Cuan o más co o más cuen o.
Po que, en con a
de
lo que an os c een, lo ácil es ala ga se,
ex-
ende se. Con a algo con ue za, con g acia, con emoción, con so -
p esa, en es, cua o o seis páginas, y no con aho o de medios,
sino con
Jo
s medios que se necesi en, los jus os, es ex ao d
in
a ia-
men e di ícil. En la no ela se gene a una ue za cen í uga que
em-
puja al lec o más allá, pe o el cuen o se cuen a des-con ándose,
adelgazando, hac
ia
den o, con una ue za cen ípe a que, después
de c ea la yo mismo en mis cuen os sin se muy conscien e de ello,
se me e eló
un
día leyendo un ela o excepcional de Ho acio Qui-
oga: Los cazado es de a as, donde el i ón ha
cia
den o es sup e-
CICLO VITAL DEL
CUENTO
229
---·-·
-··
-------
mo y no se despenlicia
ni
la
in ención
del
í ulo. En la p ime a
mi ad del siglo
XlX,
Edga Allan Poe
podía
habla nos
de
cuen os,
ma a illosos cuen os. que eque ían una ho a
de
sen ada pa a
se
leídos. En nues os días, una ho a
es
mucho.
El iempo nos iene
co o pa a casi odo. Y los cuen os ambién pueden se ex ao dina-
ios con menos púginas.
El
esc i o ,
un
día p opicio, se sien a a esc ibi aquella idea que
u o.
El
í ulo, de momen o, no le p eocupa. Pe o el cuen o ya no
se á el mismo, po que, sin que el au o
lo
busque ni
lo
ad ie a, se
ha ope ado un p oceso de asimilación y en iquecimien o del ema,
en el que, en aquel emb ión de cuen o, su gi án a iaciones y algún
asgo común a o os ela os de su
c eado
o, lo que
es
lo mismo.
end ú
un
ma chamo
de
au en icidad. El
au o
es á
en
ilo
al
empe-
za lo y eb il y ne ioso al e mina . El es o no es más que ensa
y dis ende
el
a co pa a esc ibi bien y
con a
bien, las dos cosas, y
pa a sos ene el in e és del lec o , pe o
el
comienzo del cuen o no
iene iempo pa a nada, no puede pe mi i se el lujo del pa oneo, a
de echo al asun o como
la
espada
al
mo illo del o o. Pe o con
gancho, con in iga o so p esa, con algo a o o inexplicable -que
el lec o en ende á después; con una ase, exclamación o p egun a
que no se sabe a qué iene, pe o
i
e
ne
su po qué y a apa á al
lec o . Es una b e e pues a en escena
que
iene de un an es, que no
suele impo a
de
momen o, y que in uye o conoce el au o , pe o
el
lec o , lógicamen e. no. «Yo c eo que cuando nací ya es aba en
casa
el
Fo d colo e de acei una», es un comienzo de Ga cía Pa-
ón. «A
esa
edad, ¡qué on a puede se una, Dios mío!», de F an-
cisco Ayala. «Yo me llamo Tomás, y el p ime apellido de mi pa-
d e es Ga cía»,
de
Lau o Olmo. «Tenía
lo
s ojos de un g is descolo-
ido y un
poco
bizcos», de An onio Pe ei a. «Es oy sen ado jun o a
la alcan a illa agua dando a que salgan
las
anas',
de Rul o, e c.
Po
supues o,
como
el cuen o no se hace con
a
lsilla, se han dado o os
comienzos, desc ip i os incluso, como el de Ma ina, de Rómulo
Gallegos, y
ha
s a de cua o páginas, como El ca i e,
de
Ru ino Blan-
co-Fombona, pe o el cuen is a que lo
es
ealmen e sabe lo que se
juega
al empeza .
Y al e mina ambié
n.
Uno puede acaba haciendo que mue a
el p o agonis a y odos los demás y e i a así que sus idas gene en
o as his o ias, pe o hoy abunda mús el inal abie o, suges i o,
be
-
llísimo,
que
le d
eja
al
lec o
la
posibilidad de ce a lo
po
su cuen a
y
la
sensación
de
una despedida ni de ini i a ni lúgub e, sino co -
230 MEDARDO FRAILE
dial;
una
son isa, una medi ación, al ez melancolía, o
espe anza
, o
is eza; quizá un egus o de hallazgo o de ca encia o de
pé dida.
El
inal
no
echa el ce ojo a
la
his o ia, no sube el diapasón,
no
es
imbomban e, sino que cae con
la
madu ez pun ual, la sencillez in-
eludible de
la
u a en el á bol. Pe o ese inal no es
nunca
una
in e upción y, po se abie o, no deja de
se
inal ni de
eje ce
la
a ea an di ícil que le encomienda su au o .
La
his o ia
acaba
don-
de el au o
la
acaba, pe o
esa
pue a
de
salida, más o menos
abie a,
iene e ec os dis in os
en
dis in os lec o es.
Dos
inales de
cuen os:
«Po que ella pensa ía que es aba en
la
playa. Pe o la playa
es aba
en
el ma ». Y o o: «Me gus a eco da es as cosas aho a
que
no
hago nada».
En e el comienzo y el inal hay algo
que
añadi . Se
cuen a
que
un Je e del Es ado español, que eje ció el Pode unos cua en a
años,
le
dijo a un isi an e: «Haga us ed lo que yo: no se me a
en
polí i
-
e<I».
El concep o no e a nue o. Gine de los Ríos, Joaquín
Cos a
y
Rica do Macías Pica ea habían abogado
po
«menos polí ica y
más
adminis ación». Pe o,
en
in,
en
es e País an desconocido
po
sus
habi an es, odo es no edad siemp e. Pues bien, sin impo a nos
aho a
la i onía, el humo ,
el
éxi o o el acaso de ese consejo en
con a
de
la Polí ica, a un isi an e mío que quisie a esc ibi cuen os,
yo
le
di ía: «Sigue mi ejemplo:
no
e me as a hace li e a u a».
Con
lo
cual, no le quie o deci que no esc iba, sino que no a loje las
ien
-
das, no se egodee, no di ague, no pie da el iempo, no
ju
egue
de-
masiado, no se ande po las amas. Que se aga e al onco
del
cuen o sin seca lo y igile los b o es. Esc ibi y con a ,
con a
y
esc ibi , uno al se icio del o o y al mismo paso. ¡,Es que el c
uen-
o
no
es li e a u a? Sí.
el
cuen o o ma pa e de la mejo
li e a u a
,
la
que menos ecibe y
más
da, la que cuando ga o,
da
ga o, y
cuan-
do lieb e, da lieb e, pe o
jamás
ga o po lieb e.
La
más exigen e,
la
que no se pe mi e un qué más da, una blandu a.
En
la
segunda edición de su lib o Es wnpas mula as, el
pe uano
José Díez-Canseco incluyó un cuen o de pe sonaje, Jijuna, que
ale
po
a ias no elas. El e ec o único que busca el cuen o se da,
ge
ne
-
almen e, en
una
de es as es di ecciones, a eces mezcladas,
no
siemp e pu as:
la
que nos e ela un pe sonaje, co no el ci ado
de
Díez-Canseco, o
el
pa adigma ópico en es e caso,
Ma kheim
,
de
S e enson;
la
que soluciona el en edo de una ama ingeniosa,
como
El
esca abajo
de
o o, de Poe, o El a en ado, de Jo ge Campos; y
Ja
que
c
ea
un
ambien e que condiciona a los que habi an
en
él,
como
CICLO VITAL DEL
CUENTO
231
El ocaso de la 11w11sú)11 Ushe ,
de
Poe, o Dien es, pól o a, . eb e o,
de Sánchez Fe losio. Quizá no es o be añadi que los emas, las
es uc u as y las o mas básicas de la no ela pueden encon a se
ambién en
el
cuen o, incluido
el
deso den delibe ado y, a eces,
pocas eces. la dig esión ingida, que ni nos hace do mi
ni
nos
dis ae del asun o de que a a, sino
que
Je
da luz, como en
algún
cuen o de Alonso Zamo a Vicen e y, yéndonos más lejos, de Shc wo-
od
Ande son.
El cuen o ci ado de Díez-Canseco se di ide en cua o capí ulos
y en capí ulos se di idían. has a los
años
cua en a de nues o siglo,
no pocos cuen os de au o es hispánicos, en e ellos Juan Vale a,
Beni o
Pé cz
Galdós, Cla ín, Rica do Palma, Al onso Reyes. Rubén
Da ío, Ramón Gómez
de
la Se na, Zunzunegui y Gi onella, pe o el
capí ulo casi
ha
desapa ecido hoy del cuen o, siendo sus i uído, a
eces, po los as e iscos -muy usados
amb
ién po Leopoldo
Alas-
, o po el espacio en blanco, más semejan es a la pausa que a
la
sepa ación o up u a capi ula . Aunque hice una
ez
un
cuen o
en
capí ulos
-e
n diez
capí ulos-.
y además me gus a, mi p e e en
cia
cs ü en el cuen o con inuado, sin pausas
ni
in e upciones de ningu-
na clase. El capí ulo cuad a mejo en
la
no ela co a. «En la c ea-
ción de un cuen o sólo hay ensión y no egua», esc ibió Baque o
Goyanes.
Y pasemos al í ulo. que puede espe a y quizá sea müs p uden-
e pensa lo cuando el cuen o es é esc i o, aunque puede su gi an-
es, po supues o. y, si
es
a o unado, condiciona incluso lige a-
men e la his o ia aún nona a. El cuen o cien po cien comienza
ya
a
con a
en
el í ulo, como sucede en Muy lejos de Mad id, de Jesús
Fe nánc.lez San os,
Palio
de a mas, de Ignacio Aldecoa, en el ela o
de Rul o que bau iza su lib o. El llano
en
llamas, o en Los ca:ado-
es de a as, de Qui oga. que mencioné an es. Pe o la p ác ica más
ex endida
es
el í ulo neu o. que
ni
cuen a ni deja de con a y hace
su papel nominal dignamen e, sin descub i o des ipa la his o ia.
Supongamos que enemos
ya
un
cuen o
esc i o
al
que. en ade-
lan e, llama emos Equis.
Lo
inmedia o se á publica lo. El no elis a
y académico Ma ce! P é os , analizando el éxi o de Maupassan
como cuen is a, alega como
segunda
azón «que el cuen o es una
ob a co a que se publica ácilmen e y ücilmen e se ep oduce en
l
os
pe iódicos, y que el lec o puede
lee
con comodidad a ias e-
ces. Es
un
p oduc o li e a io que el público se p ocu a po poco
dine o, que puede conoce po co o que sea el iempo de que dis-
MEDARDO
1-'RAILE
ponga, y que puede e ene haciendo
un
insigni ican e es ue zo
de
memo ia
».
P i che ,
al
que ci é an es, nos dice: «El esc i o de
cuen-
os depende siemp e
de
los pe iódicos. En el siglo
XIX
los
pe iódi-
cos de odos los países publicaban cuen os bas an e la gos, más
bien
no elas co as». Eso ha sido e dad en España en el siglo XIX y
en
es e siglo. hace unos años. Yo he is o y he publicado cuen os
en
La
Ho a. Alcalcí, ABC. Blanco y Neg o. A iha.
Ya.
Íl! imnaci mes,
Signo. Co eo Li e a io. Cla ile1io. El Espwiol.
Ha-;.,
111. nla,
El
Cie -
1·0. Re islll Espaíiola, Cuade nos
Hispwwmne icwws,
Cuade nos
de
Ago a, A eneo, Te/ a, Pun a Eu opa. La Es1q e a Li e a ia.
Acen o
C11/ 11 al.
Nue n
Es a e a.
Papeles
de Son
Annadans,
e
c
.
De
es as
publicaciones, la mayo ía han desapa ecido y c eo que sólo dos
de
ellas, a l
as
que hay que ag ega , cuando asoma el e ano.
El
País,
con inúan publicándolos. Aquella buena disposición hacia el c
uen o
-de las publicaciones pe iódicas, no de los edi o es. que hubo
muy
pocos
-.
dio luga a una pléyade de buenos cul i ado es del
géne o
que se hicie on jus amen e amosos. Los nomb es de casi odos -
ep esen ados o
no
ep esen ados con
un
cuen o
suyo-los
podéis
encon a en mi an ología de «Cá ed a»,
Cuemo
Espwiol de
Pos-
gue
a.
Así que nues o cuen o. Equis, no sald á en los pe iódicos,
ya
que son con adísimos los que acep an ela os y es os. además.
lo
hacen
-seg
ún And és Be langa ha esc i o en n
wla-.
sin
«Un
mí-
nimo con ol de calidad li e a ia». «Si ese con ol exis ie a -
dice-
, las es cua as pa es de los cuen os que
se
publican se ían
echa-
zados po de ec uosos o de desecho
de
ien a. Muchos cuen os
son
e azos
de
no elas. pa idas inisemanalcs, abu idos eje cicios
de
edacción
de
3º
de BUP, de alumnos que igno an la su ileza,
el
lenguaje y hÍ magia de la li e a u a. En o as palab as, en España
ha
habido y hay buenos esc i o es
de
cu
en o:->,
pe o sólo publican
los
suyos. con alguna excepción de ez en cuando. los que no
saben
esc ibi los, lo que son
--con
inúa Be langa-amigos. aman es,
com-
pañe os. conocidos o paisanos del esponsable del pe iódico o
e-
is a donde se publica». La ci a
es
ue e pe o no
es
única, y
coin-
cide con opiniones pa ecidas de o os buenos y asiduos cul i ado es
del géne o, como podéis e en
la
e is a de la Asociación Colegial
de Esc i o es, Rep íh ica de las Le as, núme o de
ju
lio de 1988, y
nada ha cambiado desde ese año.
También se han eclipsado, según pa ece, las muchas
le
c u as
pú-
blicas
de
cuen os. muy concu idas, que se daban hace unos
años
CICLO VJT AL DEL
CUE
NTO 233
en los ca és, como en los mad ileños Lyon D'
O
y el desapa ecido
Cq é de Lisboa; en los A eneos, en los Colegios Mayo es, en los
Ins i u os, en las salas de a e y has a en las o es
de
las iglesias:
yo di una en Mad id, en la o e de la iglesia
de
San Ginés.
Podemos en ia nues o cuen o a uno de los muchos concu sos
li e a ios que ado nan
Ja
geog a ía pa ia. A in de cuen as, sin lo e-
ía nos al a ía el ai e. Pe o quizá haya que hace an es algunas
ges iones: quién ganó el p emio el año an e io , si es e año es á
en
el ju ado y quienes es án con él, qué posibilidades hay de lle a se
el ga o
al
agua. ¿En iende de cuen os el ju ado? ¿Se p esen a el
cazap emios al o cual que se las sabe odas? ¿Es á
el
p emio con-
cedido de an emano? Ac i idad eb il de cha eo, ísi as, ca as y
elé ono,
de
hoy po
mí
y mañana po í. El p emio se lo dan a
o o
y dicen que no es bueno. No impo a. Los concu sos de cuen os
b o an de las pied as po odas pa es. O a ez se á. Pe o nos gus-
a ía lee el cuen o p emiado. Se á di ícil. Quizá se edi e, con o os,
en echa no ijada y se quede después enco delado en el almacén
de
un ayun amien o o acumule pol o y moscas en el escapa a e do mi-
do de una lib e ía-papele ía-obje os de esc i o io de cualquie plaza
mayo o úa del cabildo.
Con Equis y o os cuen os he manos suyos, que ue on y no
ue on publicados, podemos ambién o ma un lib o. Ba ajamos los
ela os, o denamos el lib o,
le
s buscam
os
un í ulo común y
le
es-
c ibimos un p ólogo. Hacemos copias y lo en iamos a dos o es
edi o es de no elas
-sob e
odo de
no elas-,
y ambién de cuen-
os cuando el año es bisies o. Aunque el au o es esc i o p obado y
conocido y sabe bien lo que
ha
ce, no le acusan ecibo del lib o.
El
edi o español no ha in en ado oda ía una ó mula de co esía an
simple como un imp eso que dig
a:
«Con echa al y al, nos ha
llegado su lib o al y cual, que es á ecibiendo a ención y ag adece-
mos. A su debido iempo, le comunica emos la decisión adop ada».
El silencio del edi o iene algo de sob ena u al. No con es a ca as.
No coge el elé ono.
El
cuen is a, después de a ios meses, se cansa
de se más educado y amable que el edi o y le esc ibe una ca a
algo subida de ono, no mucho, eco dándole que el se humano es
pe ecede o y que se c ee dudoso que en la o a ida haya ambién
imp en as. El au o de los cuen os, a uel a de co eo, ecibe ca a
del edi o , la p ime a, amabilísima, en la que Je habla
de
l comi é de
lec u a y
Je
anuncia la de olución del lib o. Podemos imagina la
exclamación del edi o en su despacho: «¡Pues no al aba más que,