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“Poesía y verdad en el primer Valente”. Es reseña de: Tatiana Aguilar-Álvarez Bay, La verdad poética en José Ángel Valente (1955-1966). México D.F., El Colegio de México, 2011.

Peinado Elliot, Carlos

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Carlos Peinado Elliot, “Poesía y verdad en el primer Valente”. Es reseña de: Tatiana Aguilar-Álvarez Bay, La verdad poética en José Ángel Valente (1955-1966). México D.F., El Colegio de México, 2011. El presente libro, fruto de una tesis doctoral elaborada bajo el magisterio del profesor James Valender, acierta en los cimientos que toda buena investigación debe tener: el corpus y la hipótesis que se va a desarrollar en el estudio. La investigadora Aguilar-Álvarez Bay muestra la búsqueda de la realidad y de la verdad (de la verdad de la realidad) como el impulso primordial que se halla tras la trayectoria de José Ángel Valente. Esta intuición (demostrada en la presente tesis) se ha visto confirmada tras la reciente publicación del Diario anónimo. Por otra parte, la autora se centra en los tres primeros libros de José Ángel Valente (y en los ensayos correspondientes a esta etapa) que, aunque últimamente han merecido menor atención por parte de la crítica (debido al fulgor de su obra final y a su influencia en la poesía española reciente), son sin duda el pilar de su andadura poética, pues en ellos podemos encontrar (como con acierto rastrea Aguilar-Álvarez) los motivos principales que catalizarán (tras ciertas lecturas místicas y filosóficas) en el poeta de la madurez 1 . Esto se pone de manifiesto en múltiples motivos (la tendencia a disolverse en el impulso anónimo de la vida 2 , la contraposición entre habladuría y palabra única 3 ), pero especialmente en la concepción de la materia y en la presencia del deseo del otro. Las páginas dedicadas a la materia me parecen verdaderamente relevantes, tanto en su análisis sobre el ensayo en torno a Pasión de la tierra y su conexión con el pensamiento de María Zambrano, como en los comentarios de Poemas a Lázaro, libro en el que aparecen con frecuencia “términos como semilla, raíz, germen o savia, así como las frecuentes alusiones al barro y a la tierra” 4 . El camino de la madre a la materia (esa “madre, matriz, materia” de Tres lecciones de tinieblas) comienza sin duda en poemas como “Maternidad”. Por otra parte, es bastante certero que la orientación hacia lo real de Valente se basa en el deseo del otro, en la “esencial heterogeneidad del ser”. La poesía será una continua muerte o destrucción de la palabra cerrada, impuesta, para poder tocar la verdad que aquella esconde. Esta concepción, que implica efectivamente una crítica al yo simbolista vuelto sobre sí, conlleva la unión entre poesía y revelación, la literatura y lo sagrado, vía que va a profundizar Valente hasta sus últimas consecuencias 5 . La conclusión de su trabajo (con la aparición de los ciclos de nacimientos sucesivos –tan zambranianos-) supone una apertura a las siguientes etapas del autor: 1 En alguna ocasión quizá pueda parecer que interpreta los textos de esta época a partir de criterios y lecturas posteriores. Es el caso (por ejemplo) del concepto de retracción (Aguilar-Álvarez Bay, op. cit., p. 140), que Valente encuentra en el libro de Scholem, La cábala y su simbolismo. Este libro no es citado por Valente hasta “La hermenéutica y la cortedad del decir”, de 1969; en Diario anónimo, se anota la idea de Tsimtsum el 10 de diciembre de 1973, comentando Las grandes corrientes de la mística judía. 2 Aguilar-Álvarez Bay, op. cit., p. 167. 3 Ibíd. 268. 4 Aguilar-Álvarez Bay, op. cit., p. 155. 5 Así se observa con claridad en Valente, Diario anónimo, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2011, pp. 35-36. No podemos coincidir, sin embargo, en los comentarios sobre la posición crítica de Valente ante Juan Ramón Jiménez, pues (si bien es cierto que inicialmente lo considera ejemplo de la subjetividad simbolista enfrascada en sí misma) el descubrimiento de su poesía final se une al ahondamiento en los conceptos de subjetividad y alteridad, del yo y de lo real (lo que se observa por ejemplo en “Pasmo de Narciso”). Uno de los testimonios más rotundos de la opinión encomiástica de Valente sobre la obra final de Juan Ramón se halla en el segundo fragmento de “Notas de un simulador”. La llegada del alba, en el sentido de renacer individual y social, parece requerir la efusión de sangre que es propia de un acto ritual. (…) La raigambre utópica de la primera poesía de Valente se expresa en este gesto poético primordial que precipita la llegada del futuro, modalidad del tiempo en que está inscrita la exigencia de resurrección. Finalmente, la realidad vendría a ser aquello que se espera, de la que es correlato la demorada atención ante la súbita emergencia vida 6 . Posee el libro numerosos aciertos, como la primacía de la verdad sobre la belleza en el pensamiento poético de Valente, la relación que establece entre la concepción de la muerte en A modo de esperanza y Rilke 7 , la vinculación de pertenencia y memoria, o el análisis de la alegría en “De luz menos amarga”, que no puede dejar de recordar (por su gratuidad, su irrupción súbita, su inmanencia a todo y al tiempo su libertad absoluta) a la acción del Espíritu (especialmente en la consolación sin causa precedente). Junto a ello, es destacable el esfuerzo investigador que se ha traducido en diversas aportaciones: el empleo de material inédito que se encuentra en la Cátedra José Ángel Valente de la Universidad de Santiago de Compostela, como el borrador de los cursos que impartió en Oxford 8 , la consulta de la biblioteca del poeta 9 o el cotejo de las ediciones (que llevan a la autora a señalar una variante 10 ). Mención aparte merecen los textos extraídos de la correspondencia de Jiménez Fraud. Estos sirven para construir unas páginas que profundizan en la relación filial que Valente mantuvo con el director de la Residencia de Estudiantes, que se erigió en modelo intelectual para el poeta. En algún caso, el texto rescatado por la autora de este estudio arroja luz tanto sobre un determinado episodio de la vida de Valente poco conocido, como sobre la relación de este con algún poema suyo. Así sucede con la carta fechada en Ginebra el 26 de abril de 1963, en la que Valente comunica la muerte de su tercera hija a Jiménez Fraud, y el comentario dedicado a “Como la tierra seca se abre”. Finalmente, la figura de Jiménez Fraud se engarza en el comentario de La memoria y los signos, al constituirse en una de las figuras de la otra España posible (junto a Machado, que sirven para “reelaborar las nociones de esperanza o fe” 11 . Si acertada nos parece la interpretación de la obra de Valente a partir de las nociones de verdad y trayecto, el empleo del concepto “realismo” para caracterizarla plantea quizá algunas dudas. La autora (que, siguiendo declaraciones del propio Valente, comienza y concluye hablando del “realismo del autor” 12 ) matiza el concepto hasta vaciarlo de contenido. Pues si el primer imperativo de su obra consiste “en no asimilar la verdad de sí mismo o del 6 Aguilar-Álvarez Bay, op. cit., p. 293. Recuerda así la ontología escatológica de Máximo el Confesor. En las consideraciones sobre la memoria o la raigambre utópica se echan en falta algunos de los autores citados por Valente en sus ensayos, especialmente Bloch. 7 Aguilar-Álvarez Bay, op. cit., p. 126. 8 Cfr. ibíd., p. 151. 9 El catálogo de la biblioteca puede consultarse electrónicamente, pero Tatiana Aguilar-Álvarez menciona alguna idea subrayada en las ediciones del poeta (ibíd., 190). 10 En el poema “Un canto”. Cfr. p. 218. 11 Ibíd., p. 197. Hay que destacar la presencia (así se observa en el presente estudio) de lo que, en la tradición cristiana, se denominan las virtudes teologales. En Valente (que procedía del ámbito católico – del que fue apartándose-) estas se hallan presentes, como categorías antropológicas (posteriormente metafísicas). 12 Cfr., por ejemplo, las páginas 18 ó 278. mundo con lo que parece seguro o ya terminado” 13 , el principio de la verosimilitud queda en entredicho. Valente (en efecto) preferirá siempre lo verdadero a lo verosímil y la distinción que establece entre la vida y sus representaciones 14 , oscurecidas por la costumbre si no manipuladas o envilecidas por el poder, apunta al descubrimiento de una realidad que no es la comúnmente asumida (en contra de lo necesario en todo realismo). Esta, por el contrario, es la representación a la que debe morir el poeta para poder acceder a la verdad. Este acceso a la realidad como despertar supone un itinerario interior, de carácter espiritual 15 . Igualmente, Tatiana Aguilar-Álvarez señala cómo la poesía de Valente prescinde de referencias y cuestiona “los presupuestos ilusorios sobre el tiempo y la identidad”, al sustraerse de la lógica lineal y dejar de considerar la identidad como bloque inalterable 16 . Pero estos (referencialidad, identidad, temporalidad lineal) son los pilares sobre los que se construye el realismo literario. De ahí que, cuando en la conclusión del libro, defina la investigadora el realismo de Valente, parezca estar definiendo una actitud existencialista: “El realismo de Valente consiste, entre otras cosas, en la valiente aceptación de la condición humana. Es preciso aguantar ahí, es decir, en la realidad, lo que incluye la aceptación del destino, es decir, el reconocimiento de la muerte como desenlace ineludible” 17 . El realismo de Valente es celebración de la finitud, adhesión a la tierra, voluntad de encarar la muerte, actitud de sostenerse en el abandono. Esta actitud existencialista (que es un nuevo rebrote de la crisis finisecular-Blas de Otero que nos reenvía a Unamuno 18 ) nos abre a una de las corrientes que poderosamente capta la poesía de Valente, aunque teóricamente la niegue en sus inicios: el simbolismo. Tatiana Aguilar-Álvarez la retrata bien en sus comentarios (aunque no la articula en su reflexión). Me parece francamente relevante el comentario al ensayo “Notas breves a un poema largo”, sobre La Budallera, de Aurelio Valls, en el que se destaca la realidad como “estar en la vida”, la ausencia de trama, la manifestación de la realidad “a partir de un estímulo sensible que abre, para la mirada contemplativa, el significado secreto de un lugar” 19 , el reflejo de “la coloración de las horas” (tan impresionista y azoriniano) 20 , la vinculación que se establece entre la realidad y el misterio. La autora concluye que “la mera realidad en la que Valente insiste, encierra algo más, esa “otra cosa” de la que el hombre está hambriento” 21 , hasta el punto de que la reflexión sobre el misterio se identifica con el “descubrimiento de lo sagrado como elemento recóndito y sustancial del mundo” 22 . Si a esto unimos el cuestionamiento de la palabra que se manifiesta ya desde sus primeros años, fruto de la crisis 13 Ibíd., p. 114. 14 Ibíd., p. 142. 15 Cfr. la cita del texto de María Zambrano “El tiempo y la verdad”, recogida en su diario por Valente el 23 de diciembre de 1964 (op. cit., p. 80): La realidad “se da en la vida del hombre, sólo en la del hombre exigiéndole algo que le pone aparte de todos los demás vivientes; le exige despertar. Despertar a la realidad es despertar al tiempo. Mas no se despierta a la realidad sino tras de haber despertado a la verdad. 16 Tatiana Aguilar-Álvarez, op. cit., p. 158. Cfr. Darío Villanueva, Teorías del realismo literario, Madrid, Biblioteca Nueva, 2004. 17 Aguilar-Álvarez, op. cit., p. 291. 18 Se echa en falta quizá al primero, pero se comenta muy bien en el libro al segundo. 19 Ibíd., p. 63. 20 Esta idea (“el color de las horas”) se repite en el comentario de María. 21 Ibíd., p. 67. 22 Ibíd., p. 67n. del lenguaje que arranca en el XIX 23 , se puede afirmar que Valente se encuentra desde sus inicios en la órbita de la tradición simbolista, de ahí la importancia que tanto Unamuno como Machado (este en cuanto que vértice o quicio que lo ancla en lo real para penetrar en el misterio, al tiempo que lo relaciona con los autores realistas del momento) pueden tener en su obra inicial y en su evolución 24 . No me parece un asunto menor este último, pues precisamente en la generación de Valente (y a partir de Machado como figura central) confluyen diversas líneas poéticas que van a recorrerse hasta el fin (y así, a diferenciarse y apartarse): del realismo más apegado a lo visible (Gil de Biedma) a la mística (Valente o Gamoneda); y como bisagra (a partir probablemente del magisterio machadiano), la meditación simbolista (Brines). En conclusión, el trabajo de Tatiana Aguilar-Álvarez supone una aportación relevante en los estudios sobre José Ángel Valente. Al tiempo que centra su atención en un periodo desatendido por la crítica (pero clave para la comprensión del poeta) y fija las categorías centrales de su trayectoria (lo real y el deseo de lo otro), une a un trabajo minucioso de investigación (que se concreta en el estudio de documentos inéditos que arrojan una luz a facetas hasta ahora desconocidas) una importante capacidad para el análisis de los poemas y la reflexión de carácter filosófico. Todas estas vertientes son imprescindibles para el acceso a una obra compleja e insustituible en el panorama de la poesía española del siglo XX. 23 Ibíd., p. 141. Para todos estos motivos, cfr. el libro de Pedro Cerezo, El mal del siglo. En él podemos hallar explicada esta crisis del lenguaje, y hallamos en él una frase de La carta de Lord Chandos que serviría para caracterizar el pensamiento de Valente expuesto con acierto por Tatiana Aguilar-Álvarez: “Mit dem Herzen zu denken”. 24 Cfr., por ejemplo, el poema “Cae la noche”, comentado en la página 178 del presente estudio: “infinitos peldaños”, “enormes galerías”, experiencia espiritual, viaje subterráneo…