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Un enterramiento colectivo en cueva del III milenio AC en el centro de la Península Ibérica: el Rebollosillo (Torrelaguna, Madrid)

Díaz del Río Español, Pedro; Consuegra Rodríguez, Susana; Audije, Julia; Zapata, Susana; Cambra Moo, Óscar; González Martín, Armando; Waterman, Anna J.; Odriozola Lloret, Carlos Patricio

Abstract

El Rebollosillo es una pequeña cueva kárstica situada en el centro de la Península Ibérica utilizada para la disposición de enterramientos secundarios en la mitad del III milenio AC. Presentamos resultados bioantropológicos, isotópicos (87Sr/86Sr, δ13C y δ18O) y 16 dataciones radiocarbónicas de los restos humanos, una descripción cuantificada de los 43 fragmentos cerámicos y de caracterización mineralógica de 6 cuentas recuperadas durante la excavación de 1989, cuatro de las cuales probablemente proceden de Palazuelo de las Cuevas (Zamora). El análisis bioantropológico indica un mínimo de 21 individuos con todos los rangos de edad y sexo. Se han detectado bajos porcentajes de patologías, mayoritariamente cálculo dental y caries, con casos puntuales de cribra orbitalia, periostosis y artrosis. La disposición de los restos sugiere que sólo los adultos recibieron un tratamiento claramente individualizado, quizás acorde con un estatus adquirido con la edad. Proponemos que el registro representa la última fase de un programa mortuorio cuyas etapas previas debieron desarrollarse en otros lugares y valoramos estos resultados en el contexto del registro funerario regional.

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Copyright: © 2017 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de una licencia de uso y distribución Creative Commons Attribution (CC-by) España 3.0. Un enterramiento colectivo en cueva del III milenio AC en el centro de la Península Ibérica: el Rebollosillo (Torrelaguna, Madrid)* A mid-third millennium BC collective burial cave in central Iberia: El Rebollosillo (Torrelaguna, Madrid) Pedro Díaz-del-Ríoa, Susana Consuegraa, Julia Audijeb, Susana Zapatab, Óscar Cambrab, Armando Gonzálezb, Anna Watermanc, Jonathan Thomasd, David Peatee, Carlos Odriozolaf, Rodrigo Villalobosg, Primitiva Buenoh y Robert H. Tykoti TRABAJOS DE PREHISTORIA 74, N.º 1, enero-junio 2017, pp. 68-85, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12184 ReSumen El Rebollosillo es una pequeña cueva kárstica situada en el centro de la Península Ibérica utilizada para la disposición de enterramientos secundarios en la mitad del III milenio AC. Presentamos resultados bioantropológicos, isotópicos (87Sr/86Sr, δ13C y δ18O) y 16 dataciones radiocarbónicas de los restos humanos, una descripción cuantificada de los 43 fragmentos cerámicos y de caracterización mineralógica de 6 cuentas recuperadas durante la excavación de 1989, cuatro de las cuales probablemente proceden de Palazuelo de las Cuevas (Zamora). El análisis bioantropológico indica un mínimo de 21 individuos con todos los rangos de edad y sexo. Se han detectado bajos porcentajes de patologías, mayoritariamente cálculo dental y caries, con casos puntuales de cribra orbitalia, periostosis y artrosis. La disposición de los restos sugiere que sólo los adultos recibieron un tratamiento claramente individualizado, quizás acorde con un estatus adquirido con la edad. Proponemos que el registro representa la última fase de un programa mortuorio cuyas etapas previas debieron desarrollarse en otros lugares y valoramos estos resultados en el contexto del registro funerario regional. ∗ Investigación desarrollada en el contexto de los proyectos HAR2013-47776-R y CGL2012-35199 del Ministerio de Ciencia y Competitividad y el proyecto Cód. 099100 de la FUAM. a Instituto de Historia, CSIC. C/ Albasanz 26-28. 28037 Madrid. Correos e.: [email protected] http://orcid.org/00000002-4150-6185; susana.consueg[email protected] http://orcid.org/0000-0002-5032-6856. b Laboratorio de Poblaciones del Pasado (LAPP), Dpto. de Biología, Facultad de Ciencias. Universidad Autónoma de Madrid. C/ Darwin 2. Ciudad Universitaria de Cantoblanco. 28049 Madrid. Correos e.: [email protected] http://orcid.org/0000-00019990-1965, [email protected] http:// orcid.org/0000-0001-6528-1171; oscar[email protected] http://orcid.org/0000-00017730-3294; [email protected] http://orcid.org/0000-0001-9216-1220. c Mount Mercy University, Dept. of Natural and Applied Sciences. 150 Basile Hall. Cedar Rapids. Iowa 52402 USA. Correo e.: [email protected] http://orcid.org/0000-0002-5321-2539. d Dept. of Anthropology, University of Iowa. 114 Macbride Hall. Iowa City. Iowa 52242 USA. Correo e.: jonathan-t-thomas@ uiowa.edu http://orcid.org/0000-0002-4989-0089. e Dept. of Earth & Environmental Sciences, University of Iowa, 121 Trowbridge Hall, Iowa City, IA 52242, USA. Correo e.: [email protected] http:// orcid.org/0000-0002-7813-5824. f Dpto. de Prehistoria y Arqueología, Facultad de Geografía e Historia. Universidad de Sevilla. C/ María de Padilla s/n. 41004 Sevilla. Correo e.: [email protected] http:// orcid.org/0000-0002-4411-2528. g Dpto. de Prehistoria, Arqueología, Antropología Social y Ciencias y Técnicas Historiográficas. Universidad de Valladolid. Plaza del Campus s/n. 47004 Valladolid. Correo e.: rodrigo[email protected] http://orcid.org/0000-0002-9064-1295. h Área de Prehistoria. Universidad de Alcalá de Henares. C/ Colegios 2. 28801 Alcalá de Henares. Madrid. Correo e.: p.bueno@ uah.es http://orcid.org/0000-0001-8958-8928. i Dept. of Anthropology. University of Florida. 4202 East Fowler Ave, SOC107, Tampa, FL 33620-7200. Correo e.: rtykot@usf. edu http://orcid.org/0000-0002-8154-9331. Recibido 1-VII-2016; aceptado 6-II-2017. un enterramiento colectivo en cueva del III milenio AC en el centro de la Península Ibérica: el Rebollosillo… 69 Trab. Prehist., 74, N.º 1, enero-junio 2017, pp. 68-85, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12184 ABSTRACT El Rebollosillo is a small karstic cave located in the center of Iberia used for the disposition of secondary burials during the mid third millennium BC. We present bioanthropological, isotopic (87Sr/86Sr, δ 13C y δ 18O) analyses and 16 radiocarbon dates on human remains, as well as mineralogical characterization of 6 beads (4 of them variscite from Palazuelo de las Cuevas, Zamora), and a quantitative analysis of 43 pottery fragments recovered during the 1989 excavations. A minimum of 21 individu-als have been identified, covering all age ranges and sex. Low percentages of pathologies have been detected, mainly dental calculus and caries, with specific cases of cribra orbitalia, periostosis and arthritis. Only adults received a clearly individualized treatment, suggestive of achieved status. We interpret the evidence as a multi-staged mortuary program, the last phase of which is documented at the site, with previous stages perhaps carried out elsewhere, and we evaluate these results in the context of the regional funerary record. Palabras clave: Enterramiento colectivo; Enterramiento secundario; Estatus adquirido; Edad del Cobre; Península Ibérica; Bioantropología; Análisis isotópico; Radiocarbono; Variscita. Key words: Collective burial; Multi-staged mortuary program; Achieved status; Copper Age; Iberia; Bioanthropology; Isotopic analyses, Radiocarbon; Variscite. 1. el yACImIenTO El Rebollosillo (Torrelaguna, Madrid) (ETRS89, Huso 30, x 451593, y 4517452, z 809 m) es una pequeña cueva natural de aproximadamente 23 m2 situada en las rocas carbonáticas cretácicas del macizo kárstico que se dispone al sur del Sistema Central. Formada durante el Plioceno, es una de las múltiples cuevas de la zona que fueron utilizadas durante la Prehistoria reciente como lugares de enterramiento, abrigo o vivienda estacional 1. El lugar está topográficamente retirado aunque a unos 5 km de la fértil vega del río Jarama, una de las principales cuencas fluviales de la región. 1 Como son la Cantera de los Esqueletos (Tortuero), el Abrigo de los Enebrales (Tamajón) y La Cueva (Bañuelos) en Guadalajara, o la cueva de la Ventana, del Aire, de las Avispas (Patones) o de la Higuera (Torremocha del Jarama) en Madrid. Una rigurosa y actualizada revisión del registro funerario de la Prehistoria reciente en la región de Madrid en Aliaga (2014). Se dispone en una vaguada secundaria por la que fluye un arroyo estacional. La boca se abría sobre una banda caliza que discurre paralela a escasamente 2 m de la base del arroyo de Santa Lucía, regato que confluye en el de San Vicente, afluente del Jarama. La anchura de la boca en su zona más estrecha llega a los 1,72 m, abriéndose en su interior hasta un máximo de 4,13 m. El eje longitudinal medía 4,85 m antes de la intervención arqueológica. La grieta presenta una inclinación hacia el interior del 11,2%, con un desnivel de 84 cm entre boca y fondo (Fig. 1). El yacimiento se descubrió tras la recuperación en el verano de 1989 de un pequeño conjunto de restos humanos y un cuenco de carena baja fabricado a mano 2. Previa excavación, la superficie de la cueva presentaba abundantes rocas calizas, sedimentos removidos y ocasionales fragmentos óseos. La extensión inicial de la cueva era de 15,15 m2. En toda la zona occidental la roca caliza afloraba en una banda de 5,9 m2, dejando exclusivamente 9,25 m2 con depósito arqueológico. El fondo, colmatado de techo a base, sugería que la cueva era en realidad la boca de un karst holofósil. 2. lA exCAVACIÓn Tras la limpieza de la superficie se planteó la ‘cata 1’ (1 x 1,50 m) sobre el lugar del que, por las huellas, supusimos fueron extraídos los materiales que permitieron el descubrimiento arqueológico. Su excavación permitió recuperar un conjunto fragmentado y disperso de restos óseos humanos con una mayor densidad en el ángulo sureste. La cata contaba con un máximo de 15 cm de potencia estratigráfica hasta el sedimento arcilloso que consideramos estéril, por lo que se 2 Depositados junto con el preceptivo aviso en la Dirección General de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid que financió un sondeo de valoración de dos meses. En la campaña participó un pequeño grupo de arqueólogos voluntarios bajo la dirección de uno de nosotros (PDR) y la codirección de Eduardo Penedo Cobo. La escasa potencia del yacimiento y su frecuentación como refugio ocasional de excursionistas nos llevó a solicitar ampliar la excavación hasta agotar en lo posible la zona potencialmente afectada. Esta decisión fue providencial: en nuestra última visita (2014) el reciente abancalado de la ladera hacia irreconocible la boca de la cueva. 70 P. Díaz-del-Río, S. Consuegra, J. Audije, S. Zapata, Ó. Cambra, A. González, A. Waterman, J. Thomas, D. Peate, C. Odriozola, R. Villalobos, P. Bueno y R. H. Tykot Trab. Prehist., 74, N.º 1, enero-junio 2017, pp. 68-85, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12184 procedió a plantear y excavar consecutivamente otras 6 catas (nº 2, 3, 4, 5, 6 y 11) hasta llegar al límite marcado por la boca de la cavidad (Fig. 2). La práctica totalidad de las catas contaba con restos humanos muy fragmentados y dispersos, sin organización espacial alguna. Solo en el ángulo noroeste de la cata 2 se concentraban in situ, agrupados a modo de fardo, los restos completos de un brazo (húmero, cúbito y radio), así como fragmentos craneales de dos individuos, uno de ellos rodeado de piedras calizas de mediano tamaño. Fig. 1. Localización de El Rebollosillo (Torrelaguna, Madrid) en la Península Ibérica. Planimetría general con la distribución de los restos óseos humanos y secciones. un enterramiento colectivo en cueva del III milenio AC en el centro de la Península Ibérica: el Rebollosillo… 71 Trab. Prehist., 74, N.º 1, enero-junio 2017, pp. 68-85, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12184 La limpieza del perfil norte de la excavación permitió reconocer dos estratos claramente diferenciados. El superior, un estrato arcilloso, oscuro y muy plástico, ocupaba prácticamente desde la mitad del perfil hasta el techo calizo. El inferior, con una potencia máxima de 30 cm, era clara continuación del sedimento arqueológico en el que se habían recuperado los restos humanos. El estrato superior indicaba que la sedimentación completa del karst fue posterior a su uso funerario y que, por tanto, la zona colmatada quizás fuera la mejor preservada del conjunto. El estrato de colmatación, sin material arqueológico, se excavó horizontalmente (en mina) para acceder en planta al que contenía los restos prehistóricos. Para ello, dadas las dificultades del proceso, se abrieron 6 catas de planta irregular (nº 7 a 10, 12 y 13, Fig. 2), excavándose un total de 7,35 m2 nuevos de yacimiento que incrementaron la superficie de la cavidad a 22,5 m2. La ampliación definió con claridad el proceso de formación del yacimiento. La zona preservada de enterramientos se disponía en el fondo de la cavidad, sobre la superficie calcárea. La planimetría general obtenida de la excavación de estas últimas catas (Fig. 1) permite hacerse una idea de cómo se depositaron los restos humanos antes de verse afectados por procesos posdeposicionales. Las sucesivas inhumaciones de porciones de individuos ya esqueletizados implicaron la remoción de rocas y sedimento, seguida por la excavación de una oquedad donde se depositaban los restos. Posteriormente se protegía algunos cráneos y una selección de huesos largos con fragmentos calizos de tamaño medio. Este procedimiento se utilizó para inhumar los restos parciales de al menos 6 individuos. De todos ellos, únicamente un fragmento de fémur y cadera se encontraban en conexión anatómica, dispuestos en el borde occidental de la cata 7. Las características y distribución de los restos humanos, con una combinación de elementos dispersos sin conexión anatómica y otros intencionalmente agrupados en conjuntos, sugerían un programa mortuorio de manipulación secundaria de los cadáveres, sin que se constataran evidencias de dónde se pudo producir la esqueletización de los individuos. Antes de estas acciones se hincaron verticalmente dos grandes lajas calizas, resultantes del derrumbe parcial del techo, para limitar el espacio Fig. 2. Arriba, materiales recuperados en El Rebollosillo (Torrelaguna, Madrid) y abajo su distribución espacial por ‘catas’. 72 P. Díaz-del-Río, S. Consuegra, J. Audije, S. Zapata, Ó. Cambra, A. González, A. Waterman, J. Thomas, D. Peate, C. Odriozola, R. Villalobos, P. Bueno y R. H. Tykot Trab. Prehist., 74, N.º 1, enero-junio 2017, pp. 68-85, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12184 funerario al sector occidental de la cavidad. Sobre ellas se acumuló un conjunto de rocas de mediano tamaño. Estos bloques cerraban el acceso a la conducción kárstica, que corría encajada en todo el sector oriental y que quizás estuvo temporalmente en funcionamiento durante el uso funerario de la cueva. La conducción se documentó con claridad en la cata 12 y afecta a 9,90 m2 de la superficie desde la boca hasta el límite noreste de la excavación. Dicha filtración fue encajándose y profundizando hacia el noreste de la cavidad, removilizando los posibles restos humanos depositados sobre ella. Su progresiva colmatación fue posterior al uso funerario del lugar, dado que sus sedimentos incluyen restos humanos, 13 fragmentos cerámicos prehistóricos y 4 de las 6 cuentas de collar recuperadas. Tras este proceso una nueva fase de sedimentación cerró definitivamente el karst, sellando gran parte de los enterramientos. La cavidad no llegó a colmatarse por completo. El espacio de mayor amplitud se convirtió en refugio de pequeños mamíferos, roedores y algún que otro humano rastreable por dos fragmentos de cerámica contemporánea y un pequeño trozo informe de hierro recuperados en la cata 11, dispuesta en la boca. 3. CIRCunSTAnCIAS e InTeGRIDAD De lA COleCCIÓn AnTROPOlÓGICA Tras finalizar la intervención los restos humanos y demás artefactos fueron adecuadamente etiquetados y depositados en los almacenes que la Comunidad de Madrid tenía por entonces en la Escuela Taller de Arqueología de Alcalá de Henares. Tras 10 años la colección fue trasladada a la sede actual del Museo Arqueológico Regional en dicha ciudad. Durante el proceso se etiquetaron de nuevo las bolsas que habían perdido su identificación contextual. Cuando, en junio de 2012, surge la posibilidad de abordar en profundidad el estudio antropológico, prácticamente el 25% de las bolsas carecían de etiqueta de identificación contextual. Las catas originales en las que se dividió la excavación fueron la referencia para la observación macroscópica de los restos, la toma de medidas antropométricas y el cálculo fiable del Número Mínimo de Individuos (NMI). En cada una se intentó recomponer los restos partiendo de su posición original en la cueva. Una vez localizados los fragmentos pertenecientes al mismo hueso se buscaron los que pudieran estar en otras catas contiguas o no. Como se observa en la figura 3, a excepción de un húmero de un individuo adulto, los remontajes se limitan a las catas afectadas por la conducción del karst. Ello apoya la integridad relativa del registro excavado en las cuadrículas interiores de la cavidad. Como el estudio del material requería su limpieza y reconstrucción parcial, antes de iniciarlo se seleccionaron para su potencial análisis isotópico (C14, Sr, O) 16 fragmentos que correspondían a 16 individuos: 2 infantiles, 1 juvenil, 13 adultos y otro al que no se pudo identificar con precisión como juvenil o adulto. Para aseFig. 3. Relación espacial de los remontajes de restos óseos humanos detectados en El Rebollosillo (Torrelaguna, Madrid). un enterramiento colectivo en cueva del III milenio AC en el centro de la Península Ibérica: el Rebollosillo… 73 Trab. Prehist., 74, N.º 1, enero-junio 2017, pp. 68-85, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12184 gurar que la muestra pertenecía a individuos diferentes se seleccionó el hueso más frecuente (temporal derecho) que identificaba el NMI en adultos. Cuando la reconstrucción del cráneo lo permitió, el hueso temporal izquierdo sustituyó al anterior como material para dataciones, para no destruir todos los huesos temporales derechos adultos de la colección. Si era posible se tomaba, además, un molar del individuo para análisis de dieta (δ13Cap) y movilidad (Sr y O) (individuos 14, 15 y 16, Tab. 1). La conexión del hueso maxilar que albergaba el molar con el hueso temporal permitía confirmar la reconstrucción y la pertenencia de los fragmentos al mismo individuo. 4. CROnOlOGíA Se han obtenido un total de 16 determinaciones radiocarbónicas (Tab. 1) correspondientes a 16 de los 21 individuos identificados en el análisis antropológico, de los que conocemos también sus valores de 87Sr/86Sr. Las dataciones calibradas muestran una fuerte coherencia interna con 11 de ellas estadísticamente iguales. Las dos más recientes pertenecen a individuos recuperados en la cuadrícula 11, la más próxima a la boca de la cueva, lo que reforzaría la relativa integridad tafonómica del conjunto. El modelado bayesiano de la secuencia completa (Amodel: 77) sugiere un uso funerario breve situado entre el 2620 y el m. # Ind. # Cata Pieza edad 87Sr/86Sr δ13Cap δ18Oδ13Cco δ15n C:n C14 BP δ13Cco Cal 2 δ AC 67 1 7 temporal izq. adulto 0,70830 CNA4006 4065±31 –18,60 2850 a 2480 68 2Superf. temporal der. adulto 0,70816 CNA4007 4004±31 –18,51 2620 a 2460 69 3s/e temporal der. infantil 0,70811 CNA4008 4005±30 –16,30 2580 a 2460 70 412 temporal izq. infantil 0,70808 CNA4009 3995±31 –19,52 2580 a 2460 71 5 8 temporal der. adulto 0,70829 CNA2364 4015±35 –18,49 2630 a 2460 72 6 2 temporal der. adulto 0,70810 CNA4010 3989±31 –19,58 2580 a 2460 73 7 7 temporal der. juvenil 0,70828 CNA2365 4005±35 –18,54 2620 a 2460 74 8s/e temporal der. adulto 0,70822 CNA4011 4007±31 –19,21 2620 a 2460 75 9 9 temporal der. adulto 0,70817 CNA2366 4020±35 –18,37 2630 a 2460 76 10 7temporal der. adulto 0,70821 CNA4012 4086±30 –16,02 2860 a 2490 77 11 11 temporal der. adulto 0,70846 CNA2367 3915±35 –19,06 2490 a 2290 78 12 s/e temporal der. adulto 0,70831 CNA4013 4024±30 –15,95 2620 a 2470 79 13 11 temporal der. adulto 0,70863 CNA4014 3774±30 –16,22 2300 a 2050 80 14 7temporal izq. adulto 0,70815 CNA2368 4000±35 –19,42 2620 a 2460 81 14 7M2 der. max. adulto 0,70938 –10,4 –3,1 82 15 2temporal izq. adulto 0,70898 CNA2369 4020±35 –17,88 2630 a 2460 83 15 2M2 der. max. adulto 0,70896 –10,9 –4,4 84 16 13 temporal der. adulto 0,70825 CNA2370 4090±35 –18,81 2870 a 2490 85 16 13 M1 der. sup. adulto 0,70922 –11,3 –2,5 97 * 9 Oryc. cuniculus adulto 0,70809 –8,8 –1,6 –19,1 6,6 3,5 98 * 9 Vulpes vulpes juvenil 0,70819 –10,7 –0,6 –21,4 4,4 3,3 Tab. 1. Resultados de los análisis isotópicos realizados sobre restos óseos humanos, de Oryctolagus y Vulpes de El Rebollosillo (Torrelaguna, Madrid). M Muestra; Ind Individuo; superf. Superficie; s/e Sin etiqueta; sup. Superior; max. Maxilar. 74 P. Díaz-del-Río, S. Consuegra, J. Audije, S. Zapata, Ó. Cambra, A. González, A. Waterman, J. Thomas, D. Peate, C. Odriozola, R. Villalobos, P. Bueno y R. H. Tykot Trab. Prehist., 74, N.º 1, enero-junio 2017, pp. 68-85, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12184 2430 cal AC (mediana de los valores) 3, que pudo prolongarse de 120 a 200 años (1σ), algo acorde con otras evidencias materiales y espaciales recuperadas. 5. lA POBlACIÓn HumAnA La observación de los restos antropológicos a partir de su posición con respecto a las cuadrículas en las que se dividió la excavación permitió valorar su compatibilidad estructural y anatómica, identificando los compatibles entre sí y reconstruyendo las unidades esqueléticas, contiguas o no en el momento de su recuperación. 5.1. Preservación y alteraciones tafonómicas La preservación del material óseo recuperado es buena a pesar de la escasa potencia estratigráfica del depósito arqueológico abierto a los frecuentes y agresivos procesos postdeposicionales abióticos, bióticos y —sobre todo— antrópicos. La muestra recuperada se compone de 2100 restos: 1225 (58,3%) pertenecientes a individuos adultos y 875 (41,7%) a no adultos. Del total, 903 (43,0 %) han podido ser identificados anatómicamente. Al primer grupo corresponden 651 (72,1%) y al segundo 252 (27,9%). El análisis antropométrico solo fue posible en 17 elementos completos, entre los que destacan 8 cráneos casi intactos. En la colección había evidencias de exposición al fuego: un primer metatarso completo, un fragmento de diáfisis de radio de adulto, otro no identificable de un hueso largo y algunas falanges con coloración oscura en varias de sus caras. Los fragmentos de huesos quemados presentaban estrías superficiales. Las características de las mismas hacen pensar que se quemaron tras la esqueletización. Los huesos frescos quemados presentan estrías y fracturas perpendiculares al eje mayor del hueso, se fragmentan más y, además, el hueso se vuelve muy ligero y puede deformarse notablemente. En cambio el hueso seco quemado no se 3 Los resultados del modelado, realizado con OxCal 4.2, son los siguientes: 2640/2580 a 2460/2410 cal AC (1σ), 2700/2510 a 2470/2230 cal AC (2σ). contrae, si/no que se fractura en astillas, tomando como patrón el eje longitudinal del hueso. Además la reducción del peso es menor (Etxeberria 1993; Botella et al. 2000). Cuando la exposición al fuego ha sido accidental, los efectos del calor suelen quedar limitados al quemado superficial y ennegrecimiento de los huesos (Brothwell 1981). La distribución de los huesos quemados por gran parte de la cueva sugiere que la acción del fuego no es achacable a procesos posdeposicionales, por ejemplo, vinculados a hogueras encendidas tras los enterramientos de las que tampoco hay evidencia sedimentaria. Más bien es previsible que sucediera tras la esqueletización de los cadáveres y, quizás, antes de su traslado al interior de la cueva. El efecto del fuego, intencionado o fortuito, se detecta ocasionalmente en el registro funerario del III milenio AC en la Península Ibérica, en contextos de enterramientos colectivos secundarios (Fernández-Crespo 2015; Silva et al. 2015: 12), similares al del Rebollosillo. En particular, en el entorno de la Meseta el uso del fuego en contextos funerarios de diversas cronologías es bien conocido, tanto en estructuras al aire libre como en el interior de cuevas (Kunst y Rojo 2002; Vidal 2013). Además, en el Rebollosillo, se han reconocido escasos huesos con marcas producidas por roedores y mamíferos de pequeño tamaño, a pesar de que sus restos se han recuperado en gran número en la criba por agua de un muestreo de sedimentos. Esta escasa afección por parte de roedores sugiere que el proceso de colmatación de la cavidad se inició poco tiempo después de su uso funerario, lo que quizás limitó la accesibilidad de los restos óseos. 5.2. Identificación del nmI El análisis ha establecido el siguiente NMI por categoría de edad: 2 individuos perinatales, 5 infantiles, 2 juveniles y 12 adultos. El NMI de los restos óseos de mayor tamaño se estimó a partir de la porción petrosa del hueso temporal. Corresponden a individuos juveniles (>12 años) y adultos (>20 años). Gracias a la reconstrucción de fragmentos de huesos compatibles se reconocieron diez huesos petrosos completos pertenecientes a distintos temporales derechos y otros cuatro frag- un enterramiento colectivo en cueva del III milenio AC en el centro de la Península Ibérica: el Rebollosillo… 75 Trab. Prehist., 74, N.º 1, enero-junio 2017, pp. 68-85, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12184 mentos de temporal derecho incompatibles con los anteriores. Como resultado, se han identificado 14 individuos juveniles/adultos. La estimación del NMI de los individuos subadultos (<12 años) tuvo en cuenta las características del esqueleto y de la dentición. Se evaluó la frecuencia de aparición de determinados huesos, junto con sus incompatibilidades en tamaño y desarrollo biológico. Se identificaron los dos individuos perinatales a partir del tamaño de 2 huesos temporales derechos y 2 isquiones derechos. La discriminación de los 5 individuos infantiles atendió a las incompatibilidades de tamaño y lateralidad de 5 iliones y 5 primeros metatarsos. El NMI de la categoría de edad de individuos juveniles se ha estimado a partir de las incompatibilidades en el desarrollo entre un fémur izquierdo y una tibia izquierda que existen, al menos, en dos individuos pertenecientes a este grupo de edad. 5.3. estimación de la edad de muerte La identificación del NMI arroja información general sobre el número de individuos pertenecientes a los diferentes grupos de edad de la muestra recuperada. La desconexión de las unidades anatómicas y la gran variabilidad poblacional encontrada, incluso en cada grupo de edad, exigió diferentes metodologías para eliminar al máximo el posible error en dichas estimaciones. De forma preliminar se utilizaron los siguientes grupos de edad de muerte: perinatal (de 0 a 1 año), infantil (1 a 12 años), juvenil (12 a 20 años) y adulto (>20 años). En los individuos adultos que preservaban la sínfisis púbica (2 individuos masculinos) se estimó la edad a partir de su morfología (Brooks y Suchey 1990) en los rangos entre 23-57 y 34-86 años. La estimación de la edad de muerte de los individuos subadultos según las características de la dentición siguió la metodología propuesta por Ubelaker (1978), basada en el desarrollo y la calcificación dental, y por Liversidge et al. (1998), que considera la longitud del germen dental en calcificación. Además, se tuvo en cuenta el patrón de fusión de las epífisis de los huesos largos. La metodología de Ubelaker (1978) pudo aplicarse a 60 piezas dentales. Las edades de los subadultos se estimaron entre los 6 meses ±3 meses y 15 años ±24 meses. Se identificaron once edades diferentes, muchas de ellas solapadas. Por ello se evaluó la posibilidad de que algunos dientes perteneciesen al mismo individuo y hubieran sido clasificados en varios estadios de crecimiento. Para establecer si existía más de un individuo en cada rango de edad se consideraron el número total de dientes, el tipo de dentición (de leche o permanente), la arcada (superior o inferior) y la lateralidad. Las edades estimadas por el segundo método resultaron similares a las obtenidas por el primero y con valores muy próximos entre sí. Esta continuidad en las edades calculadas impedía establecer límites claros, por lo que se excluyeron los resultados de este procedimiento para los subadultos. Para estimar la edad fisiológica de los esqueletos inmaduros también se observó el aspecto y la unión de las epífisis a las diáfisis en algunos elementos óseos, así como la longitud de los huesos largos (Campillo y Subirà 2004). Estas edades también deben entenderse como estimadas (Baker et al. 2005) dado que existe una importante variabilidad interpoblacional en las edades de fusión y en el desarrollo del esqueleto. En los individuos perinatales la fusión del anillo timpánico en el hueso temporal se produce alrededor del octavo/ noveno mes de gestación. Su ausencia indicaría que la edad de estos individuos se correspondería con la estimada a partir de la dentición (i.e. menores de un año) (Scheuer y Black 2000). En los individuos infantiles, se identificaron cinco fragmentos de atlas atribuidos a cuatro individuos menores de 5 años considerando las edades de fusión y su lateralidad e incompatibilidades de desarrollo. Además, se identificaron un axis en proceso de fusión y una mitad izquierda del arco neural de otro aún sin fusionar al resto de estructuras que componen la vértebra. Como esa fusión ocurre aproximadamente entre los 4 y los 6 años (Baker et al. 2005) la pieza debe pertenecer a un individuo de menor edad. Por último, en los 2 individuos juveniles se observó una sutura esfeno-occipital en proceso de fusión. Este cierre ocurre entre los 11 y los 16 años en individuos femeninos y entre los 13 y 18 en masculinos (Scheuer y Black 2000). La edad se estima por tanto entre los 11 y 18 años. Se identificaron además un radio y un ilion juveniles cuyo rango de variabilidad es compatible con el de las demás piezas que determinan el NMI de juveniles. 76 P. Díaz-del-Río, S. Consuegra, J. Audije, S. Zapata, Ó. Cambra, A. González, A. Waterman, J. Thomas, D. Peate, C. Odriozola, R. Villalobos, P. Bueno y R. H. Tykot Trab. Prehist., 74, N.º 1, enero-junio 2017, pp. 68-85, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12184 5.4. Determinación del sexo Solo se determinó el sexo sobre los individuos adultos que mostraban un marcado dimorfismo sexual. Se analizaron los siguientes caracteres morfológicos de los huesos coxales, tanto completos como reconstruidos: surco preauricular, escotadura ciática, arco compuesto, pelvis inferior y proporción isquiopúbica (Bruzek 2002). Su mala preservación limitó la aplicación del método a tres coxales, reconociendo 1 femenino y 2 masculinos. 5.5. Patologías y otros caracteres de interés El 12,7% de los 202 dientes estudiados presenta cálculo dental, pero la estimación puede verse afectada a la baja por el posible desprendimiento de los depósitos de calcio durante o tras la excavación. El 9% de la muestra tiene caries: el 6% con lesión en la línea amelocementaria, el 1,5% en la cara oclusal y otro 1,5% en la corona. Un 22% son lesiones graves que alcanzan la pulpa del diente. El resto son lesiones superficiales o de gravedad media. En general la prevalencia de caries es leve o moderada, pudiendo indicar una dieta baja en hidratos de carbono, aunque también podría considerarse esta baja frecuencia como reflejo de la juventud de los individuos (Díaz-Zorita et al. 2009). El 42,3% de las piezas cuentan con un desgaste dentario nulo o casi nulo; un 21,3% moderado y un 3,7 severo con exposición de la dentina de la cara oclusal. Finalmente, en una mandíbula un proceso patológico perfora el hueso a nivel del segundo incisivo de la hemimandíbula derecha, formando una cavidad irregular. Sin pretender hacer un diagnóstico diferencial de la lesión, se pueden citar como posibles orígenes tanto un quiste radicular o granuloma apical como una osteítis inespecífica, generalmente asociada a una reabsorción ósea y a la pérdida de la pieza dentaria (Campillo 2001), entre muchos otros posibles diagnósticos. Se observan patologías del esqueleto axial y apendicular. Uno de los cráneos recuperados presenta fenómenos porosos localizados en el eurión del parietal izquierdo, en la zona media de la sutura lambdática derecha y en el occipital, en la región del opistocráneo. Sus características macroscópicas, sin engrosamiento aparente, descartarían la hipótesis de que se tratara de osteoporosis hiperostótica (Campillo 2001). Se consideró como alternativa que un tumor destructor de hueso en sus primeros estadios de desarrollo, pudiera haber originado un mieloma múltiple (Botella 2003). El diagnóstico diferencial de estos signos requeriría el examen directo de un especialista en este tipo concreto de patologías. Se identificó también un fragmento de techo orbital de un individuo infantil con cribra orbitalia. Entre las etiologías descritas para su aparición, las más citadas son la anemia ferropénica adquirida por nutrición deficiente, mala absorción intestinal, pérdida de hierro por hemorragias, diarreas o infecciones (Carlson et al. 1974). Otros motivos podrían ser las anemias congénitas hemolíticas (talasemia, anemia falciforme, etc) (Campillo et al. 1990). Sin embargo, varios autores proponen una disminución gradual de la frecuencia de cribra orbitalia con la edad (Trancho et al. 1991). Sugieren un proceso evolutivo en los fenómenos porosos encontrados en la bóveda craneal y en otras partes del esqueleto por el cual unos tipos de porosidad darían lugar a otros. Entre los huesos largos de la colección se identificó la porción diafisiaria de un cúbito subadulto, probablemente izquierdo, con marcadas alteraciones macroscópicas. Algunas son posdeposicionales y otras signos de aposición ósea a modo de ‘capa de cebolla’ compatibles con periostosis. El estudio radiológico confirmó su origen infeccioso, descartando otras posibles patologías traumáticas. Una tibia infantil cuenta con una porosidad periostótica asociada a exostosis. Este fenómeno es característico de los individuos infantiles que han sufrido un proceso infeccioso (Ortner 2003). Su prevalencia en tibias es bastante frecuente: la incidencia de remodelaciones del periostio es mayor en los huesos de las extremidades inferiores. Finalmente, se observan numerosos signos artrósicos en dos vértebras cervicales. Ambas tienen un gran desgaste en sus superficies de articulación, disco vertebral e interapofisarias, acompañado de una fuerte remodelación. Además, son marcadamente asimétricas como consecuencia de un aplastamiento lateral. En aquella donde la lesión es más notable, se advierte una eburnación con porosidad coalescente. También se identifican algunas vértebras lumbares aisladas con leves signos de eburnación y excrecencias óseas en forma de osteofitos. Estos signos artrósicos parecen ser un enterramiento colectivo en cueva del III milenio AC en el centro de la Península Ibérica: el Rebollosillo… 83 Trab. Prehist., 74, N.º 1, enero-junio 2017, pp. 68-85, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12184 Madrid), Ángel Minaya Vaquero (UCM), Enrique Baquedano, Antonio Dávila y Miguel Contreras (Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid), así como las detalladas y constructivas críticas de los evaluadores, que han permitido mejorar sustancialmente el manuscrito inicial. Dedicamos una especial mención a Eduardo Penedo Cobo, que compartió con uno de nosotros (PDR) la responsabilidad de la excavación y documentación del yacimiento hace 28 años. BIBlIOGRAfíA Aliaga, R. 2014: Sociedad y mundo funerario en el III y II milenio a.C. en la región del Jarama. British Archaeological Reports International Series 2630, Archaeopress. Oxford. Baker, B. J.; Dupras, T. L. y Tocheri, M. W. 2005: The osteology of infants and children. University anthropology series 12, Texas A&M University Press. College Station. Texas. 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