Arqueología de la paideia. Las sedes de la educación superior en las provincias helenísticas del imperio (III): los gimnasios
Abstract
En época romana, el sistema educativo del gimnasio griego se mantuvo en las provincias orientales del Imperio. La educación literaria, filosófica y científica floreció en ellos junto a la formación atlética de los efebos, y las élites locales continuaron reflejando su identidad cultural a través del mantenimiento de los principios de la paideia helena. El poder romano introdujo una serie de transformaciones en estos edificios públicos, cuya tipología se ha definido como de termas-gimnasio; contempladas como un factor de decadencia de la pureza helenística, y una mera invitación al ocio, las actividades que se desarrollaban en ellas fueron duramente criticadas por los autores griegos
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HABIS 46 (2015) 49-74 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 49 ARQUEOLOGÍA DE LA PAIDEIA. LAS SEDES DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN LAS PROVINCIAS HELENÍSTICAS DEL IMPERIO (III): LOS GIMNASIOS* Jorge García Sánchez Universidad Complutense de Madrid [email protected] ARCHAEOLOGY OF THE PAIDEIA. HIGHER EDUCATIONAL CENTERS IN THE HELLENISTIC PROVINCES OF THE EMPIRE (III): THE GYMNASIA RESUMEN: En época romana, el sistema educativo del gimnasio griego se mantuvo en las provincias orientales del Imperio. La educación literaria, filosófica y científica floreció en ellos junto a la formación atlética de los efebos, y las élites locales continuaron reflejando su identidad cultural a través del mantenimiento de los principios de la paideia helena. El poder romano introdujo una serie de transformaciones en estos edificios públicos, cuya tipología se ha definido como de termas-gimnasio; contempladas como un factor de decadencia de la pureza helenística, y una mera invitación al ocio, las actividades que se desarrollaban en ellas fueron duramente criticadas por los autores griegos. PALABRAS CLAVE: gimnasio grecorromano, efebía, Delos, Éfeso, atletismo ABSTRACT: In Roman times, the Greek gymnasium educational system remained in the eastern provinces of the Empire. Literary, philosophical and scientific education flourished together with the athletic training of the ephebes, and the local elites continued to reveal his cultural identity through the remaining principles of the Hellenic paideia. The Roman power introduced several transformations in these public buildings, such as the new type of bath-gymnasium. The activities developed in this architecture were harshly criticized by the Greek authors, who viewed the baths as a factor of decline of Hellenistic purity, and a mere invitation to leisure. KEYWORDS: gymnasium, epheby, Delos, Ephesus, athletics RECIBIDO: 27.05.2013. ACEPTADO: 12.11.2014 * La redacción de este trabajo se incluye en el marco del proyecto del Ministerio de Economía y Competitividad HAR2010-18915.
50 HABIS 46 (2015) 49-74 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 JORGE GARCÍA SÁNCHEZ A menudo, la novela griega de época imperial estaba protagonizada por jóvenes efebos, retoños de la mejor nobleza local, cuya corta existencia giraba alrededor del gimnasio. El Quéreas de la obra de Caritón de Afrodisias (mediados del s. I d. C.) y el Teágenes de Las etiópicas de Heliodoro de Emesa (s. III d. C.), junto a un ramillete de personajes secundarios de Las efesíacas de Jenofonte (ss. II-III d. C.) o de Leucipa y Clitofonte de Aquiles Tacio (s. II d. C.), se habían educado y entrenado en los gimnasios, se habían convertido en devotos seguidores de sus dioses e incluso habían vivido sus primeros amores (homosexuales) en ellos1. A pesar de que la mayor parte de las tramas se ambientaban en el periodo helenístico, el lector vislumbraba en la ficción novelada el reflejo de una realidad contemporánea y evidente en las ciudades grecorromanas: que el recinto gimnástico aún resultaba imprescindible dentro del paisaje urbano de las regiones orientales, siempre monumental y próspero gracias al bienestar aportado por la paz romana. Así lo expresaban oradores de la talla de Elio Aristides, cantor de las mercedes concedidas por el Imperio al mundo griego, cuya recuperación, señalaba, residía en esa obsequiosa protección y en las libertades que les había proporcionado2. En el recorrido panorámico por Esmirna relatado por Aristides, el espectador reconstruía la imagen de una urbe que florecía con templos, teatros, puertos, arcos grandiosos, además de por supuesto con las edificaciones de referencia pedagógica y social, los gimnasios, en el caso de los esmirneos, definidos como de indescriptible belleza3. El significado institucional del gimnasio, el modelo formativo instaurado en él y hasta su propia conformación arquitectónica, sin embargo, diferían en una serie de aspectos respecto al de los siglos anteriores a la anexión romana de los territorios de cultura griega, aunque ciertas continuidades también son detectables. Los escritores romanos hicieron ostensible su desconfianza hacia las actividades desarrolladas en el marco del gimnasio, pero no eludieron una instrucción helenizante en su seno, especialmente en torno al siglo I a. C.4. La intelectualidad griega, por su lado, reprochó la banalización de la institución gimnástica en su proceso degenerativo hacia un centro del ocio indolente, que provocaba la molicie del pueblo heleno. Con todo, su importancia pervivió hasta fechas tardoantiguas, como se mostrará a lo largo del texto. Sin que constituya un objetivo específico de este trabajo, realizaré una sucinta digresión cronológica a fin de subrayar las características del gimnasio helenístico que heredó Roma y de los mecanismos del sistema efébico que se daba allí. En los siglos III y II a. C., la fórmula educativa de los reinos postalejandrinos se alejaba de la mera preparación arcaica y clásica del efebo para su integración 1 S. Saïd, “The City in the Greek Novel”, J. Tatum (ed.), The Search for the Ancient Novel (Baltimore-London 1994) 221. Léase también E. Oudot, “Images d’Athènes dans les romans grecs”, D. Konstan y S. Saïd (eds.), Greeks on Greekness. Viewing the Greek Past under the Roman Empire (Cambridge 2006) 101-111. 2 Aristid. Or. 26.97. 3 Aristid. Or. 17.11; 18.6. 4 Algunas de estas críticas se reflejan en P. Courcelle, “Gymnases et philosophie dans la littérature latine”, RPh 105 (1979) 215-226.
HABIS 46 (2015) 49-74 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 51 ARQ UEOLOGÍA D E LA PAIDEIA. LAS SED ES D E LA ED UCACIÓN SUPERIOR... en la falange hoplítica5. Por el contrario, implicaba un relevante periodo en su biografía en el que se le desplegaba un amplio programa didáctico, que marcaba la transición entre la infancia y la plena incorporación en la comunidad, con participación a todos los niveles en sus estructuras sociopolíticas y religiosas6. Tampoco el gimnasio consistía ya en un escenario rústico asociado al santuario agreste de un héroe o de un dios, en el cual los jóvenes escuchaban las palabras de los hombres sabios a la sombra de los árboles, o se desprendían en un cercano arroyo de la suciedad acumulada durante la práctica de los deportes y del ejercicio con las armas7: poseía ahora una fisionomía arquitectónica precisa, estandarizada en sus componentes estructurales, que con la asimilación del gimnasio como el organismo conservador y transmisor de la identidad cultural de la civilización griega se había integrado enteramente en el tejido urbano, no lejos de las céntricas ágoras8. No existía una edad determinada en la cual los paides se convertían en efebos, y por ende se inscribían en el gimnasio9: la Constitución Ateniense señalaba los dieciocho años, pero las diferencias locales hacían oscilar dicha incorporación entre los catorce y esa edad, es decir, que el buen sentido y la legislación ciudadana indicaban cuándo un muchacho podía afrontar unas u otras tareas y materias. En cuanto a su extensión en el tiempo, se pueden citar ejemplos de un año de duración (Éfeso), de dos (Naxos), pero asimismo de tres (Quíos, Cnido)10. Las competiciones que con una regularidad mensual o inferior ponían a prueba las habilidades de los miembros del gimnasio informan a su vez de las competencias en las que se esperaba que progresasen, de modo que las listas de vencedores reiteran lecturas y recitaciones de poemas épicos, concursos literarios y matemáticos, o la enseñanza de la música, sea del canto individual o coral que de distintos instrumentos. A pesar de que se atestigua positivamente esa educación en disciplinas humanísticas y científicas, autores como Jason König ponen en duda que ésta tuviera lugar de forma sistemática durante el helenismo, cuestión que retomaré más adelante para el periodo imperial11. Los espacios adecuados a ese efecto, tales como auditorios y bibliotecas, sin embargo, ya se documentan 5 Ya que, pese a que la fundación de la efebía en Atenas se data hacia el 335 ó 334 a. C. en base a la Constitución de la polis, diversos elementos que la caracterizan como proceso iniciático se retrotraen a épocas pasadas y en diferentes lugares de Grecia. 6 P. Vidal-Naquet, “Le chasseur noir et l’origine de l’éphébie athénienne”, Annales ESC 5 (1968) 948 y ss. 7 C. Trombetti, “Ginnasi come santuari. Il Peloponneso”, Siris 7 (2006) 45-69. 8 R. Förtsch, “L’immagine della città e l’immagine del cittadino”, S. Settis (ed.), I Greci. Storia, Cultura, Arte, Società. 2. Una Storia Greca III. Transformazioni (Torino 1998) 418-424. 9 Una edad media se suele establecer en los dieciséis años, como paso de un estadio al otro de la adolescencia. La educación entre paides y efebos, aunque diferente, podía realizarse en los mismos gimnasios si la ciudad carecía de palestras reservadas para la ejercitación de los más jóvenes. Ver J. König, Athletics and Literature in the Roman Empire (New York 2005) 48-53. 10 A. S. Chankowski, L’Éphébie Hellénistique. Étude d’une institution civique dans les cités grecques, des îles de la Mer Égée et de l’Asie Mineure (Paris 2010) 236-249. 11 Si bien reconoce que algunos gimnasios como el Liceo de Aristóteles hubieron de constituir excepciones. J. König, op. cit. 49.
52 HABIS 46 (2015) 49-74 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 JORGE GARCÍA SÁNCHEZ mediante las fuentes escritas y la arqueología, y los rasgos estructurales del efebeo o “exedra de los efebos” quedaron fijados; y una continuidad en la asistencia a las lecciones podría intuirse en razón de los asientos reservados para cada estudiante mediante la inscripción de su nombre sobre su superficie, regrabado con uno nuevo al concluirse la efebía12. Con todo, el adiestramiento militar –a pesar de que su utilidad real resultase secundaria respecto a la época clásica–, junto a las actividades deportivas, focalizaban buena parte de la instrucción recibida en el gimnasio, según recuerda la variedad de pruebas a las que se sometía a la juventud en los certámenes; comúnmente, el tiro con arco, el combate con diversos tipos de escudos, el manejo del armamento hoplítico, las carreras de resistencia y las del estadio, el lanzamiento de jabalina y la utilización de la catapulta13. A partir de la efebía de Atenas, que limitaba a los hijos de los ciudadanos el acceso al sistema educativo, y por lo tanto, su futura adquisición de los derechos de la polis, se han extrapolado al resto de Grecia idénticas prescripciones14. Independientemente de la legitimidad del dato, la época tardohelenística contempló una transformación drástica de esas limitaciones, como demuestra la información epigráfica. A partir del 125 a. C., muchachos procedentes de Laodicea, Tracia, Clazómene, Sidón, Mileto, Ascalón, Trípoli y otros enclaves comenzaron a compartir con los alumnos del Ática idénticos entrenamientos, lecciones y maestros, además de sacrificar a los mismos dioses. Hasta el siglo II d. C., cada año ingresaban en los gimnasios varias decenas, sin llegar al centenar; pero desde entonces las inscripciones indican que las cifras se dispararon –la Atenas antonina desprendía su 12 Por supuesto, sea los bancos que los muros de los efebeos aparecen profusamente tallados con otros graffiti de los jóvenes del gimnasio. N. Petrochilos, “Graffiti du Gymnase d’Andros”, BCH 132 (2008) 424 y 425. 13 C. Pélékidis, Histoire de l’éphébie attique des origines à 31 avant Jésus-Christ (Paris 1962) 267 y ss.; M. P. Nilsson, La scuola nell’età ellenistica (Florencia 1973) 59-69. 14 A. S. Chankowski, op. cit. 277.
HABIS 46 (2015) 49-74 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 53 ARQ UEOLOGÍA D E LA PAIDEIA. LAS SED ES D E LA ED UCACIÓN SUPERIOR... mayor influjo–, alcanzando los 110-114 efebos extranjeros, según los años, para de nuevo descender a la treintena o la cuarentena a finales de ese siglo15. Cuantitativamente, la romana no se consigna como una población que acudiese en masa a las instalaciones gimnásticas, a lo sumo dos ó tres al año en el siglo I a. C. En opinión de Albert Dumont, “la jeunesse romaine à Athènes devait faire bande à part”16, idea que comparte Nicholas K. Rauh para el caso de Delos. Aquí, los no ciudadanos habían sido admitidos en la efebía local en fechas anteriores al ejemplo ateniense17, y la lógica apunta a que el vasto asentamiento de comerciantes itálicos en la isla debería de haber potenciado la inscripción de su juventud en las listas de las llamadas palestras de Granito y del Lago (s. III-130 a. C.), o con posterioridad de su gimnasio (s. I a. C.)18. Pero de nuevo el registro epigráfico manifiesta su escasa incorporación en las bases pedagógicas y atléticas ofrecidas en Delos respecto a helenos y levantinos, y tan sólo se ha documentado una acción evergética dirigida hacia este tipo de establecimientos por parte de un itálico (s. I a. C.), lo cual conduce a Rauh a señalar hacia el Ágora de los Italianos como el emplazamiento natural donde esta comunidad desplegaría sus actividades19 (fig. 1). Las evidencias apuntan a que, junto a los efebos oriundos de las ciudades y los foráneos, 15 A. Dumont, “Mémoire sur les jeunes gens étrangers admis dans le collège des éphèbes à Athènes”, CRAI 15e anné (1871) 7-9. 16 Ibid. 21. 17 J.-M. André y M.-F. Baslez, Voyager dans l’Antiquité (Lille 1993) 300. 18 J.-Ch. Moretti, “Le gymnase de Délos”, BCH 120, 2 (1996) 617-638; P. Bruneau y J. Ducat, Guide de Délos (Atenas 2005) 240-243 y 249-251. 19 El Ágora de los Italianos contaba con un gran patio o palestra para ejercitarse, con salas de banquete, exedras, facilidades balnearias, letrinas, y se supone que dicho gran espacio central podría haberse utilizado como arena gladiatoria. N. K. Rauh, “Was the Agora of the Italians an Établissement du Sport?”, BCH 116 (1992) 306 y 307. Figura 1. José Ignacio Hervada, Restitución del Ágora de los Italianos en Delos, 1935-1937. Roma, Real Academia de España.
54 HABIS 46 (2015) 49-74 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 JORGE GARCÍA SÁNCHEZ diferentes categorías sociales accedían a los espacios de los gymnasia, se deleitaban con los discursos filosóficos e incluso participaban en la instrucción que ofrecían sin que ello significara la admisión real en el sistema efébico, un seguimiento prolongado durante años, ni por supuesto –de no poseerlos– la adquisición de los derechos ciudadanos que conllevaba su culminación20. Ésta habría sido la modalidad que los autores antiguos relatan en sus obras acerca de los estadistas, militares y literatos romanos de la República tardía que, en el desempeño de sus comisiones políticas en el Oriente helenístico o atraídos por el brillo cultural de sus históricas urbes, se detuvieron durante variados periodos de tiempo (que oscilaron entre días a meses) a escuchar a los oradores y filósofos cuya notoriedad traspasaba fronteras. Craso en su cuestura macedónica, y Marco Antonio, abuelo del triunviro, en su proconsulado en Cilicia, trataron en Atenas con filósofos de diferentes escuelas y recibieron lecciones de Cármadas en la Nueva Academia21. Sea en este gimnasio de reverberaciones clásicas o en el Ptolemaion, Cicerón asimiló las filosofías estoica y epicúrea alrededor de los años 79 y 78 a. C., antes de trasladar sus inquietudes retóricas a Rodas22, donde también Pompeyo escuchó a los mejores sofistas de la época, recompensándolos con generosidad, y César se adhirió a la enseñanza de la elocuencia que impartía Apolonio Molón23. Poco después, hacia el 44 a. C., el poeta Horacio, Marco Cicerón y Marco Junio Bruto hubieron de coincidir en una Atenas atestada de compatriotas en viaje estudiantil, a los que el tiranicida reclutó en previsión de la ofensiva que se avecinaba desde Roma24. Por supuesto, con dificultad los romanos que no fueran residentes en los centros cívicos helenos habrían abrazado los programas docentes de los gimnasios griegos de forma oficial, lo cual no se contradice con que su interés les hubiera abierto las puertas al disfrute de sus ventajas educativas. ¿Pero en qué consistían éstas después del cambio de Era? Se ha producido una interesante bibliografía de perspectivas encontradas respecto al papel que jugó el gimnasio griego durante la Roma imperial, en especial en lo concerniente a si el papel jugado por el adiestramiento atlético disminuyó dentro de los ideales didácticos de la paideia respecto al relieve de los aspectos intelectuales. Han pasado cincuenta años desde que la obra fundamental sobre los gimnasios de Jean Delorme resaltara la enseñanza humanística sobre la educación física en época romana, en base a los decretos honoríficos procedentes de estas edificaciones que analizó y a la presencia de un cuerpo docente de profesionales especializados en 20 C. Pélékidis, op. cit. 277; CH. Habicht, “Roman citizens in Athens (228-31 b. C.)”, M. C. Hoff y S. I. Rotroff (eds.), The Romanization of Athens. Proceedings of an International Conference held at Lincoln, Nebraska (April 1996) (Oxford 1997) 13. 21 Cic. Orat. I, 45-47; I, 80-84. Léase A. Rodríguez Mayorgas, “El descubrimiento de la teoría en Roma. Nuevas perspectivas sobre la helenización de la república romana”, Gallaecia 22 (2003) 522. 22 M. L. Clarke, Higher Education in the Ancient World (London 1971) 73-74; LL. W. Daly, “Roman Study Abroad”, AJP 71, 1 (1950) 46-47. 23 Plu. Pomp. 42. 10-11; Caes. 3. 1. 24 Plu. Brut. 24. 3; M. L. Clarke, op. cit. 77.
HABIS 46 (2015) 49-74 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 55 ARQ UEOLOGÍA D E LA PAIDEIA. LAS SED ES D E LA ED UCACIÓN SUPERIOR... distintas materias educativas, más allá de los puntuales oradores itinerantes25. Después observaremos cómo investigaciones más recientes han dado un giro a este enfoque, pero no entran en contradicción con el hecho de que, sea esporádicamente o en régimen de semipermanencia y de forma indefinida, literatos, músicos, gramáticos, médicos, filósofos o retóricos divulgaron sus conocimientos ante un público compuesto de efebos y de oyentes circunstanciales en los gimnasios26. El autor francés discernía que el aprendizaje filosófico se hubo de llevar a cabo de manera regular, pero no alcanzaba a datar con precisión en qué momento empezó esto a ser así. Para los siglos II y I a. C. ya identificaba un abanico de especializaciones sumadas a la anterior (la retórica, la gramática, la filología, la literatura, etc.) que en ciudades como Atenas, Pérgamo, Priene o Esmirna se encontraban a cargo de determinados profesores, configurándose lo que definió como auténticos “centros universitarios”, que en el caso del gimnasio de Delfos ya incluían en el siglo I d. C. disciplinas tan concretas como la astronomía, impartida por un maestro de origen romano, o la poesía épica27. En general, el gimnasiarca –figura a la que retornaré– del helenismo se encargaría cada año de concertar los cursos y conferencias a impartir, aunque no sería hasta la intromisión del poder romano en materia magistral que los programas pedagógicos se unificarían y se asentarían más allá que como meras respuestas a las contingencias del momento, o a la costumbre didáctica autóctona. En la capital ática las clases se desarrollaban con una periodicidad ininterrumpida: la Academia era frecuentada a lo largo de todo el año, y sus discípulos también podían atender de manera esporádica a las lecciones de otros filósofos que se realizasen en el Liceo o en el Ptolemaion28. En el helenismo tardío algunas familias romanas se habían afianzado en una posición de superioridad política, cultural y social, acaparaban el arcontado, el colegio de los prítanes, los sacerdocios y las responsabilidades docentes en las poblaciones griegas. Con el tiempo se habían enlazado con la alta clase local, y así, linajes grecorromanos como al que pertenecía Casiano Apolonio (s. II d. C.) aparecen atestiguados epigráficamente sucediéndose en calidad de sofistas y retóricos –además de sacerdotes– en los gimnasios de Atenas y de Eleusis29. En el periodo imperial se intuye que el Diogeneion fue el principal gimnasio de los efebos atenienses, al que más a menudo aluden las inscripciones, estratégicamente situado en el centro del entramado urbano –aunque su situación exacta se desconoce–, a diferencia de la Academia, y con un profesorado permanente al que aquéllas aluden como “los contratados 25 J. Delorme, Gymnasion. Étude sur les monuments consacrés à l’education en Grèce des origines à l’Empire romain (Paris 1960) 316 y ss. 26 J. König, op. cit. 49. 27 Ibid. 320. 28 C. A. Forbes, “Expandes uses of The Greek Gymnasium”, CPh 40, 1 (1945) 36. 29 F. E. Brenk, “School and Literature. The Gymnasia at Athens in the First Century A. D.”, J. A. Fernández, F. Pordomingo y A. Stramaglia (eds.), Escuela y Literatura en Grecia Antigua (Cassino 2007) 333 y 334.
56 HABIS 46 (2015) 49-74 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 JORGE GARCÍA SÁNCHEZ en el Diogeneion30”. Sabemos por Plutarco que al menos para acceder a la efebía en él debían superarse exámenes de gramática, retórica, geometría y música supervisados por el estratego, así que no resultaría inusitado que esos sofistas fijos tuvieran competencias en estos campos31. El espectro de aprendizajes y de sus posibles enseñantes es incluso más amplio, dado que las diferentes competiciones y pruebas que testaban a lo largo del año a los efebos afectaban igualmente a las habilidades de la composición literaria, poética (épica, elegíaca) y trágica, si bien un mismo pedagogo sería capaz de asumir la transmisión de aquéllas. Arquitectónicamente, no cabe la posibilidad de individualizar el conjunto de los emplazamientos en los cuales se celebraran las clases, sencillamente porque una serie de espacios no se hallaban especialmente habilitados para ello o se compartirían con la actividad puramente física. Elio Aristides menciona genéricamente los cursos realizados en las palestras, y del mismo modo que Aristóteles, quien discurría sobre filosofía caminando con sus discípulos por un paseo público del Liceo, Apolonio de Tiana, en sus estancias en Éfeso, declamaba en los bosquecillos inmediatos a las pistas del gimnasio32; se trata, seguramente, de los paradromidas aludidos por Vitrubio, los paseos al aire libre, dotados con zonas de reposo, que rodeaban el xystos, el pórtico donde los deportistas entrenaban a cubierto durante el invierno, si bien en días soleados utilizaban asimismo dichos paradromidas33. Una anécdota refleja esa mezcolanza de lugares y de jóvenes entregados a las enseñanzas físicas e intelectuales, en la cual, el filósofo cirineo Carnéades, director de la Academia a mediados del siglo II a. C., fue reprendido por un gimnasarca a causa de que su alto tono de voz distraía a los atletas34. En su capítulo dedicado a las palestras griegas, Vitrubio anotó otros ambientes ya específicos que se brindaban a la instrucción juvenil: alrededor del gran peristilo central, holgadas “salas de tertulias”, exedras ubicadas en tres de los cuatro pórticos donde filósofos y retóricos explicaran sus pensamientos y apreciaciones (fig. 2), y presidiendo el cuarto, el efebeo, la amplissima exedra con asientos dispuesta para un número importante de alumnos. Su posición preeminente y su configuración formal dejan poco espacio a la suposición: se trata de un aula principal y prestigiosa, empleada con fines docentes, así como estancia de reunión y conversación de los efebos35. Asimismo, pequeños odeones o auditorios fueron habituales en los gimnasios minorasiáticos, de los que los de Pérgamo o Éfeso constituyen 30 Ibid. 339; C. Pélékidis, op. cit. 265. 31 Plu. Quaest. Conv. 9.1. 32 J.-L. Vix, L’enseignement de la rhétorique au IIe siècle ap. J.-C. à travers les discours 30-34 d’Aelius Aristide (Turnhout 2010) 321 y 322; Philostr. VA 4.235; 8.389. 33 Vitrubio además recomendaba que se plantasen plátanos, a través de los cuales circularían dichos paseos. Vitr. 11. 34 T. E. Rihll, “Teaching and Learning in Classical Athens”, G&R 50, 2 (2003) 182. 35 A no confundir con el apodyterium, una pieza de recreo, de descanso y masajes, ligada a los ejercicios físicos, no a los intelectuales. F. Yegül, Baths and Bathing in Classical Antiquity (New York 1992) 15; J. Delorme, op. cit. 329 y 330.
HABIS 46 (2015) 49-74 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 57 ARQ UEOLOGÍA D E LA PAIDEIA. LAS SED ES D E LA ED UCACIÓN SUPERIOR... un buen ejemplo36. Aquí, en el siglo II d. C., el sofista y evérgeta Flavio Damiano, junto a su esposa Vedia Fedrina, restauró la palestra del Gimnasio Este de la ciudad jónica, incluyendo dos exedras laterales. La del lado oriental se ha interpretado como un auditorium provisto de bancos corridos en sus muros, donde el orador efesino aleccionaría a sus pupilos en lecciones regulares, fenómeno que Maccanico concebía un uso distintivo de la Segunda Sofística37. En un extremo surgía un pedestal que quizá sustentara el retrato del propio Damiano, que así imprimía en la memoria de los estudiantes y de la ciudadanía su papel de benefactor y de refundador del complejo gimnástico38. La exedra occidental, revestida majestuosamente de mármoles, y cuyos nichos albergaban esculturas de divinidades (las Musas, Asclepio, etc.) y de personajes privados ataviados a la griega (se ha querido ver en ellos a la pareja de dedicantes, entre otras atribuciones)39, se ha enmarcado en la categoría de las Kaisersaal o estancias consagradas al culto imperial, recientemente puestas en entredicho por Barbara Burrell (fig. 3). En opinión de la autora, no existen argumentos epigráficos ni escultóricas conclusivos para 36 F. Yegül, op. cit. 308. 37 R. Maccanico, “Ginnasi romani ad Efeso”, ArchClass XV (1963) 54. 38 P. Barresi, “Il sofista Flavio Damiano di Efeso e la costruzione di terme-ginnasi nell’Asia Minore romana di età imperiale”, O. D. Cordovana y M. Galli (eds.), Arte e memoria culturale nell’età della Seconda Sofistica (Catania 2007) 144-147. 39 Ibid. 145 y 146; R. Maccanico, art. cit. 43 y 44. Figura 2. Filósofos conversando en una exedra en el Mosaico de los sabios, s. I d. C. Nápoles, Museo Archeologico Nazionale
64 HABIS 46 (2015) 49-74 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 JORGE GARCÍA SÁNCHEZ gimnasio y de la congregación en él de los futuros ciudadanos: la consolidación de las virtudes del alma y el fortalecimiento del cuerpo, la unidad de la ciudad en la vida pública, el mantenimiento de la paz en la urbe, la atracción de la prosperidad y la emulación de las glorias de los antiguos62. En cuanto a los efebos, más allá de la lógica inclinación juvenil por el deporte, éste les permitía además tanto desplegar sus destrezas de puertas afuera del gimnasio, en una etapa en la que su condición no se encontraba todavía equiparada a la sociedad adulta, como demostrar su capacidad positiva –aunque anacrónica– de defender a sus conciudadanos63. Los epitafios funerarios o la iconografía de los sarcófagos exhiben una ideología similar, geográficamente difundida en otras regiones de civilización helénica. A la hora de la muerte, los relieves heroicos, los relativos a temas troyanos, a héroes homéricos como Aquiles, o con una llamativa ostentación del desnudo masculino en los sarcófagos áticos, se han interpretado como una exaltación del efebo en roles mitológicos, cazando y en una serie de situaciones comunes a ese estatus, lo cual se traducía asimismo como la adscripción a un determinado grupo social privilegiado. No sólo los mitos escogidos reclamaban la atención sobre su significado patriótico, sino que el conjunto de los programas iconográficos conmemoraban la superioridad de la cultura griega de unas formas más directa que los que hacían figurar, por ejemplo, a filósofos e intelectuales64. En las empresas edilicias abordadas en el Oriente romano, la vasta construcción y renovación de gimnasios demuestra que la institución se mantenía en vigor. El propio Trajano comentaba con sorna a Plinio el Joven la debilidad que sentían los Graeculi por esta clase de establecimientos65: Plinio, recién nombrado legatus en Bitinia, se había encontrado con que los habitantes de Nicea, después del incendio que había devastado varios de sus edificios, levantaban un gimnasio de enormes dimensiones, con grandes costes económicos y basado en un proyecto arquitectónico plagado de despropósitos66. Ante estas noticias, el emperador no podía más que responder a su legado que ordenase a los nicenos que se conformaran con una fábrica de un tamaño acorde con la ciudad. Un dato interesante a subrayar es el ánimo ciudadano que había actuado de motor de la reconstrucción del gimnasio niceno. Este empuje se repite en el resto de iniciativas emprendidas en conexión con los gimnasios de Asia Menor, donde el cuerpo cívico y los patrocinadores privados costearon las obras de turno, en tanto que el Estado romano apenas intervino en su financiación67. A pesar de la multiplicación de la 62 Luc. Anach. 20. 63 O. van Nijf, op. cit. (2004) 221. 64 B. C. Ewald, “Men, muscle and myth: Attic sarcophagi in the cultural context of the Second Sophistic”, B. E. Borg (ed.) op. cit. 244 y 262. 65 Plin. Ep. 10.39 (48) y 40 (49). 66 Plin. Ep. 10.48. 67 A.-V. Pont, op. cit. 154 y 155.
HABIS 46 (2015) 49-74 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 65 ARQ UEOLOGÍA D E LA PAIDEIA. LAS SED ES D E LA ED UCACIÓN SUPERIOR... inversión particular –fácilmente explicable al tratarse de uno de los monumentos que aportaban más brillo a la urbe–, dicha sede educativa era de índole pública, y ocupar su dirección anual suponía un gran prestigio que no se hallaba al alcance de todos; por ello las autoridades municipales no siempre cubrieron con facilidad la plaza. Después de todo, el gimnasiarca sobresalía por encima del resto de evérgetas en sus compromisos para con el gymnasium, y a la misma altura que su empeño tenían que disponerse los sacrificios monetarios que se hallaba dispuesto a afrontar en aras de la mejor instrucción de la juventud. Entre sus deberes se contaban los de administrar sus fondos, supervisar su funcionamiento, el buen orden entre los efebos y el mantenimiento del edificio, subvencionar los dispendiosos banquetes ofrendados a los conciudadanos durante los festivales y las ceremonias rituales –a veces brindados en el gimnasio–, contratar a los enseñantes, a menudo a expensas propias, al igual que la distribución de estrígilos, armamento y el resto del material atlético, o desembolsar la cuantía económica de los premios académicos y deportivos68. Con el paso del tiempo, ganaron fuste la eficaz sustentación del sistema de calentamiento de los baños así como que la provisión de aceite con el que los muchachos se ungían antes de realizar sus ejercicios fuera generosa. De hecho, Estrabón anotaba como un delito ignominioso el que el poeta Boeto, nombrado por Marco Antonio gimnasiarca en Tarsos, hubiese robado aceite en las instalaciones que dirigía69. El triunviro, por su lado, conocía a la perfección las responsabilidades del cargo, dado que lo había desempeñado en su estancia en Atenas, a lo largo de la cual presidió banquetes en honor de sus habitantes e instauró unos juegos, que conducía luciendo un manto griego, sandalias blancas y el bastón de los 68 J. König, op. cit. 67-70. 69 Str. 14.3.14, Figura 6. Estatua del gimnasiarca Strato encontrada en el gimnasio de Ai Khanum, s. II a. C. Kabul, Museo Nacional de Afganistán
66 HABIS 46 (2015) 49-74 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 JORGE GARCÍA SÁNCHEZ gimnasiarcas70 (fig. 6). Con el paulatino aperturismo del gimnasio a una amplia concurrencia, la diversificación de sus facilidades y la repartición de cargas, la intervención real del gimnasiarca en el recorrido didáctico de la juventud se fue diluyendo. Antes de su extinción en el siglo IV o a más tardar el V d. C., en el periodo de la dinastía severa su titulatura se comenzó a otorgar como distinción a niños, efebos y mujeres, en ocasiones, con sólo unos días de duración71. En Paros, en cronología del III d. C., Aurelia Leta compartió la jefatura del gimnasio con su esposo Marco Aurelio Fausto, también sacerdote del culto imperial; su decisión de restaurarlo tras años de abandono le procuró, independientemente de su sexo, que se le dedicara una estatua marmórea en el recinto72. En el Imperio subsistió así la costumbre del gimnasio helenístico de que el consejo glorificara a los gimnasiarcas, decretando que sus retratos adornaran los monumentos municipales, celebrando sus acciones en inscripciones honoríficas, y de forma excepcional, permitiendo su enterramiento en el área del gimnasio73. Por ejemplo, Pausanias, gimnasiarca de la Palestra del Lago de Delos, mereció por su año de gestión una escultura en la ciudad y que se hiciera espacio en el complejo del gimnasio con objeto de colocar sus ofrendas74. Normalmente, éstas consistían en hermas, candelabros, vasos cerámicos, placas votivas, armas y estatuas de diferentes tamaños, en bronce y mármol, de Hércules, Apolo, Eros, etc.75. El gimnasio griego, con todo, tuvo que amoldarse a la nueva realidad política y social para sobrevivir a las exigencias de la evolución histórica del dominio de Roma. En este proceso de aculturación –que en tantos aspectos se había producido en un doble sentido–, no resulta paradójico que en muchos sitios el gymnasion perdiera su identidad por completo o su funcionalidad se diversificara. Cuanto más próximos a la Era nos hallemos, su acceso se había ido haciendo menos restringido a un gentío variado que disfrutaba de las instalaciones, asistía a las conferencias, o contemplaba a los efebos durante sus entretenimientos. En Berea (Macedonia) el conjunto de los ciudadanos eran admitidos, pero las leyes emitidas a mediados del siglo II a. C. vetaban el paso a esclavos y libertos, y a determinados sectores sociales poco ejemplares para los alumnos: los mercantes, los borrachos, los locos, las personas con taras físicas y los hetrireukotes 70 Plu. Ant. 33, 7. 71 M. P. Nilsson, op. cit. 122. 72 M. Joyal, I. McDougall y J. C. Yardley, op. cit. 255. 73 Por ejemplo, en la ciudad jónica de Cime se decretó que el gimnasiarca L. Vaccio Labeo fuese enterrado en el gimnasio; en el mismo caso encontramos a un gimnasiarca de Afrodisias, o al retórico Filisco (s. II d. C.), sepultado en la Academia. C. A. Forbes, art. cit. 41. 74 P. Charneux y J. Tréheux, “Décret du peuple athénien pour Pausanias de Mélitè, gymnasiarque à Délos”, BCH 121, 1 (1997) 157. A veces el gimnasiarca dedicaba junto a los demás miembros del gimnasio, como es el caso de la estatua de Apolo consagrada en el año 93 por Sosíteo en el gimnasio de Delos. J. Delorme, “Recherches au Gymnase d’Épidaure”, BCH 70 (1946) 117. 75 J. Ch. Moretti, “Les inventaires du gymnase de Délos”, BCH 121, 1 (1997) 127 y ss.
HABIS 46 (2015) 49-74 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 67 ARQ UEOLOGÍA D E LA PAIDEIA. LAS SED ES D E LA ED UCACIÓN SUPERIOR... (prostitutos)76. El desahogo de espacios que componían el gimnasio los convertía en los parajes ideales para las reuniones, a modo de las ágoras. Un documentado trabajo de Fabienne Burkhalter analiza la conversión del gimnasio de Alejandría en un centro administrativo de época imperial, en un foro: allí se congregaban los habitantes para tratar sus asuntos diarios, se exponían públicamente los documentos oficiales, se pedía y administraba justicia (era la residencia del tribunal del prefecto) y los gobernantes formulaban sus proclamas (Marco Antonio, Octavio o Caracalla lo hicieron)77. Algo similar se detecta en el gimnasio de Cirene, cuyos baños y efebeo se arrasaron a fin de levantar una basílica a mediados del siglo I d. C., cuando, transfigurado en el foro de la población, empezó a denominarse Caesareum78. Precisamente, la tendencia romana fue conducir a estas edificaciones hacia la esfera del ocio, de la sociabilidad y del disfrute, asimilándolas estructural y arquitectónicamente a las magníficas termas que se erigían en Roma79. A esta tipología monumental, pródigamente difundida en Asia Menor como un símbolo más del correr de los tiempos bajo la paz romana, se le ha bautizado “termas-gimnasio”, y la profundidad de la simbiosis se lee incluso en la ambigüedad terminológica: a pesar de la preeminencia que fue adquiriendo la parte balnearia desde la etapa Julio-Claudia –que en el mundo romano no implicaba ningún tipo de aprendizaje intelectual ni de educación atlética–, la denominación de gymnasion perduró, sin que el vocablo thermai, someramente empleado, le llegara a hacer sombra80. Los esfuerzos evergéticos de las ciudades recayeron en alzar estas complejas termas-gimnasio, renovar los antiguos gimnasios incorporando las nuevas soluciones planimétricas y arquitectónicas, revestirlas de ricos mármoles –Luciano mencionaba el frigio, el numídico y el de Laconia en los baños sufragados por el orador Hipias, así como las estatuas de Asclepio e Higía81– y de tallas escultóricas de gran valía, portadoras subliminales de mensajes cívicos, pedagógicos e imperiales. En ellas se veían representadas las divinidades que desde antaño protegían a los efebos, como Hércules o Hermes, a quienes se sumaban las deidades ligadas a las virtudes salutíferas de los baños apenas citadas, o las que ostentaban una entidad cultural, como Apolo y las Musas, a quienes se 76 L. Moretti, “Sulla legge ginnatiarchica di Berea”, RFIC 110 (1982) 49; E. Cantarella, Según Natura. La bisexualidad en el Mundo Antiguo (Madrid 1991) 49. 77 F. Burkhalter, “Le Gymnase d’Alexandrie: centre administratif de la province romaine d’Égypte”, BCH 116, 1 (1992) 345-373. 78 M. Luni, “Le nouveau sanctuaire de Déméter à Cyrene et découvertes récentes”, CRAI 149, 1 (2005) 72 y ss. 79 Una buena síntesis al respecto se lee en A. Wallace-Hadrill, “Vivere alla greca per essere Romani”, S. Settis (ed.), I Greci. Storia, Cultura, Arte, Società. 2. Una Storia Greca III. Transformazioni (Torino 1998) 941-945. 80 Véase J. Delorme, op. cit. 246; A.-V. Pont, op. cit. 133. 81 Luc. Hipp. 5 y 6.
68 HABIS 46 (2015) 49-74 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 JORGE GARCÍA SÁNCHEZ les reservó una sala en las termas-gimnasio de Faustina, en Mileto82. Las imágenes de atletas y de héroes apelaban a los valores educativos y agonísticos de la Antigüedad Clásica; dos figuras de este tipo (una, copia del Discóbolo de Mirón) compartían espacio en la discutida Kaisersaal del gimnasio de Vedio de Éfeso (146-147 d. C.) junto al cazador Andrócolo, fundador mítico de la ciudad, Asclepio, Higía y diferentes divinidades femeninas de interpretación heterogénea83. A pesar de las complejas e imbricadas fases de planificación arquitectónica de las termas-gimnasio y de sus sucesivas renovaciones, adiciones y reformas84, Fikret Yegül ha tratado de sistematizar una serie de plantas, dependientes del desarrollo regional y de la fecha de su construcción, si bien el autor reconoce moverse dentro de categorías no siempre dogmáticas. De por sí las restricciones del terreno obligarían a levantar de manera asimétrica muchas de estas edificaciones, imponiéndose como un fuerte condicionante en su proyección. Sólo en la zona del valle del río Meandro distingue una subdivisión en tres grupos tipológicos, compartidos de manera menos clara en la región de Caria y del sudoeste85: el primero, caracterizado por mostrar una perceptible independencia estructural, diferenciación que radica en la doble funcionalidad espacial, la del baño y la del gimnasio; cronológicamente se dio en los primeros modelos de gimnasio grecorromano, a finales del siglo I d. C. (un ejemplo clave es el del Gimnasio del Puerto de Éfeso); no obstante, en la centuria siguiente todavía se reproducía este arquetipo (Afrodisias, Hierápolis y Laodicea son ejemplos de ello). Datado a mitad del siglo II d. C., el segundo tipo se define por un gran ambulacro en forma absidial que rodeaba el circuito termal, creando un patrón de circulación invertido respecto al itinerario normal de los baños: teniendo la única entrada a la fábrica por la palestra –incomunicada con las habitaciones calientes de la terma–, el usuario debía caminar por un largo corredor en forma de U para encontrar en su extremo opuesto el acceso al baño, situado en el frigidarium, disposición que se observa en el efesino Gimnasio del Este (fig. 7). 82 Los baños de Faustina datan de la década de los 60 del siglo II d. C., si bien la decoración escultórica apuntada se dispuso en el edificio a mediados del siglo IV. O. Dally, M. Maischberger, P. I. Schneider y A. Scholl, “The Town Center of Miletus”, O. Dally y Ch. Ratté (eds.), Archaeology and the cities of Asia Minor in Late Antiquity (Michigan 2011) 91-95. 83 F. Slavazzi, “Uso dei modelli e recupero del passato nei programmi scultorei ufficiali di età antonina in Asia Minore”, O. D. Cordovana y M. Galli (eds.) op. cit. 127, 128 y 135. 84 Anne-Valérie Pont ha publicado una detallada recopilación de las acciones de los evérgetas minorasiáticos atestiguadas en los gimnasios imperiales, que van desde la dedicación del entero monumento (el gimnasio de los neoi de Afrodisias, el de Vedio en Éfeso) a partes de él (pórticos, como el de los Baños de Adriano de Afrodisias, revestimientos marmóreos de muros y suelos, como en Estratonicea de Caria y Sebastópolis de Caria), pasando por algunas de sus salas (el Aleiptérion o sala de masajes del gimnasio de los neoi de Pérgamo y del Diogeneion del de Afrodisias en el siglo II, o del de Sardes en el III). A.-V. Pont, op cit. 135-140. Una extensa documentación de los mecenas de las obras arquitectónicas monumentales realizadas en Asia Menor, ciudad por ciudad, se puede leer en P. Barresi, Provincie dell’Asia Minore. Costo dei marmi, architettura pubblica e committenza (Roma 2003). 85 Sin embargo, las restricciones del terreno obligarían a levantar de manera asimétrica muchas de estas edificaciones, como se ve en el gimnasio superior de Pérgamo. F. Yegül, op. cit. 271 y ss.
HABIS 46 (2015) 49-74 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 69 ARQ UEOLOGÍA D E LA PAIDEIA. LAS SED ES D E LA ED UCACIÓN SUPERIOR... En el tercer grupo, que se desarrolló entre la mitad de los siglos I y II d. C., la zona termal y la palestra se hallaban unificados en el eje longitudinal mayor, con acceso prácticamente directo entre la palestra y el caldarium. El gimnasio de Sardes o el de Vedio en Éfeso reproducen este esquema86 (fig. 8). La civilización romana se había introducido en estas instalaciones gimnásticas por diferentes vías: a través de las festividades patrias, de los ritos ofrecidos al emperador –núcleo del debate alrededor de esos ambientes de representación revestidos de mármoles de calidad (Kaisersaal)87–, pero sobre todo de las termas. Éstas asumirían algunas de los cometidos correspondientes a las estancias heredadas del gimnasio helenístico, tales como el apodyterium (vestuario), el conisterium (habitación reservada a administrarse el aceite, pero asimismo la arena, como protección en la lucha y el pancracio), el loutron (sala de agua fría con propósitos higiénicos), etc.88. Esta particularidad se constata en el Gimnasio del Teatro de Éfeso (s. II d. C.), en el que los ambientes de la palestra y del baño no aparecen diferenciados. En cuanto al papel de la palestra, Rosanna Maccanico se percató 86 Sobre los gimnasios de Éfeso citados, R. Maccanico, art. cit. 32-60; F. Yegül, Bathing in the Roman World (Cambridge 2010) 160-162, 167 y 168. 87 B. Burrell, art. cit. 437-469. 88 J. Delorme, op. cit. 276 y ss. Figura 7. Planta del Gimnasio Este de Éfeso (Yegül 1992)
70 HABIS 46 (2015) 49-74 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 JORGE GARCÍA SÁNCHEZ hace ya cincuenta años de que en el caso de Éfeso, sin llegar nunca a perder su protagonismo, si se seguía una evolución cronológica entre el gimnasio Domicianeo del Puerto, y el del Este, de periodo Antonino, el patio porticado había reducido su superficie en beneficio de los baños89. Esto lo achacaba a un detrimento del interés por lo deportivo, pero seguramente haya que revertir esa opinión y enfatizar la relevancia que fue obteniendo el aspecto balneario. Tampoco se cumple lo señalado por la autora en el conjunto de termas-gimnasio de Oriente: al igual 89 R. Maccanico, art. cit. 47 y 48. Figura 8. Planta del Gimnasio de Vedio en Éfeso (Yegül 1992)
HABIS 46 (2015) 49-74 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 71 ARQ UEOLOGÍA D E LA PAIDEIA. LAS SED ES D E LA ED UCACIÓN SUPERIOR... que santuarios, teatros y demás edificios públicos, en el transcurso de los grandes festivales eran escenario de sacrificios, libaciones, banquetes, repartos de bienes, de alimentos y aceite, de danzas tradicionales, concursos de creación literaria y de declamación y por supuesto de juegos atléticos, eventos que se oficiaban en las palestras90. Esto conllevaba un intenso flujo de asistentes, contingencia que se reflejó en la arquitectura de la palestra del Gimnasio del Teatro de Éfeso, uno de cuyos extremos lo ocupaba una tribuna, y en el Gimnasio Alto de Pérgamo, donde las reformas romanas incluyeron un auditorio con capacidad para mil espectadores en el ángulo noroeste de su palestra91 (fig. 9). Los legendarios 90 Muchas de las nuevas festividades de los antiguos estados helenísticos se relacionaban con el culto imperial, y gozaron de mucha popularidad. La regularidad de su celebración era variable: por ejemplo, las Sebasteia o Kaisareia se efectuaban cada dos o cada cuatro años, dependiendo de las posibilidades de la urbe. En enclaves como Corinto, las Kaisareia se incorporaron a los concursos del santuario del Istmo, que se solemnizaban cada cuatro años, y los juegos de la provincia de Asia dedicados al emperador, conocidos como los Koina Asias, tenían una regularidad anual. También una vez al año tenían lugar los juegos consagrados a Roma y a Augusto en Pérgamo. V. Chapot, La province romaine d’Asie depuis ses origines jusqu’à la fin du Haut-Empire (Roma 1967) 505; S. R. F. Price, Rituals and Power. The roman imperial cult in Asia Minor (Cambridge 1984) 211; M. Sartre, El Oriente romano. Provincias y sociedades provinciales del Mediterráneo Oriental, de Augusto a los Severos (31 a.C.-235 d. C.) (Madrid 1994) 116 y 117. 91 E. Akurgal, Ancient Civilizations and Ruins of Turkey (Istanbul 2011) 93. Figura 9. Gimnasio Alto de Pérgamo, con el auditorio en primer plano, a la izquierda de la imagen. Fotografía de Jorge García Sánchez
72 HABIS 46 (2015) 49-74 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 JORGE GARCÍA SÁNCHEZ festivales griegos alcanzaron la cúspide de su celebridad en época romana, y otros nuevos se sumaron a ellos, lo cual sugiere la continuidad de esos espacios facultados para su ejecución92. El sector gimnástico de las termas-gimnasio, entonces, acogió sea los espectáculos agonísticos sea los actos sociales y religiosos de la ciudad, y, de forma paralela al adiestramiento efébico, albergó las recreaciones deportivas romanas previas al baño, de una intensidad muy inferior a aquél, y que no suponían un entrenamiento real. Jugar a la pelota, pasear, correr y algunas prácticas con las armas, a cuyo límite se llegaba cuando uno empezaba a sentirse fatigado o sudoroso, eran los ejercicios más apropiados, en opinión de Aulo Cornelio Celso. Por su lado, Séneca atacaba el entrenamiento desmedido de los atletas, quienes además perdían el tiempo untándose en aceite y con la bebida: la carrera, el levantamiento de peso o el salto las estimaba actividades moderadas y convenientes a fin de desentumecer los miembros93. La progresiva imposición de los baños de agua caliente, así como de los ligeros esfuerzos físicos que antecedían al relax balneario, fueron objeto de una controversia abanderada por diversos filósofos y moralistas helenos, que juzgaban que estas modas importadas únicamente podían conducir al hedonismo y a una degradación de las costumbres que habían contribuido al esplendor de Grecia en la Antigüedad94. En este sentido, Filóstrato, al relatar la biografía de Apolonio de Tiana, no podía más que mostrarse indignado de que los lacedemonios se rodearan de lujos excesivos, exhibieran sus piernas lisas, el mentón afeitado, y se perfumaran los cabellos; sus quejas ante los éforos, con todo, habían empujado a la publicación de un edicto que prohibía los usos depilatorios en los baños –además de expulsar de ellos a los “quitapelos”–, procurando revivir el estado de cosas del pasado, que florecieran los gimnasios y los ejercicios serios95. Filóstrato escribía desde la perspectiva de un griego del siglo III d. C. preocupado por el rumbo que tomaba la moralidad de sus contemporáneos, pero ya en el siglo I a. C. se leían los lamentos del historiador Posidonio de Apamea, que criticaba que los griegos de Siria emplearan los gimnasios como meros baños, se perfumaran o se untaran el cuerpo con aceites caros96. Actitudes parejas habían arruinado la gimnástica profesional, ámbito en declive, escribía Filóstrato, con atletas de una calidad muy inferior a los de antaño, a causa de la relajación de costumbres, de la glotonería desenfrenada, de la inclinación a los placeres y el afán ilícito de la gloria y del dinero, que había terminado por 92 O. van Nijf, op. cit. (2001) 307-312. 93 R. Frasca, Educazione e formazione a Roma. Storia, testi, immagini (Bari 2011) 359 y 360. 94 J. Murcia Ortuño, Éfeso, síntesis de Grecia y Roma (Madrid 2012) 232. 95 Philostr. VA. 4.27. Asimismo, Filóstrato apuntaba que el filósofo Demetrio había predicado en el gimnasio de Nerón de Roma en contra del hábito de tomar los baños, justificándose en que suponía un factor de debilidad y un gasto inútil. Este monumento, descrito como uno de los más lujosos de la capital, se ha sospechado que podría haber sido de una combinación de un gimnasio y de una terma. G. G. Fagan, Bathing in Public in the Roman World (Michigan 2005) 110-112 y n. 21. 96 C. A. Forbes, art. cit. 39.
HABIS 46 (2015) 49-74 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 73 ARQ UEOLOGÍA D E LA PAIDEIA. LAS SED ES D E LA ED UCACIÓN SUPERIOR... corromper las competiciones97. Como arquetipo de la clase de entretenimiento sangriento, pero también del modelo de preparación guerrera romano, completamente ajeno a la mentalidad deportiva griega, los juegos gladiatorios sufrieron siempre la animadversión de los autores moralistas, quienes atacaron la banal búsqueda de fama de los evérgetas que costeaban estos espectáculos degradantes. Dion de Prusa, por ejemplo, felicitaba a los rodios por haberse negado a instaurar estos munera en su territorio, en tanto que condenaba con severidad a los corintios y a los atenienses por su comportamiento opuesto. Apolonio de Tiana insultaba a los segundos por apresurarse a contemplar las masacres de hombres al pie de la Acrópolis, en el Teatro de Dionisio98. Las fuentes exageraran la decadencia que se había apoderado del gimnasio al retratarlo como la sede de francachelas, borracheras y lascivias orgiásticas, pero es cierto que su asimilación a un centro del otium termal no hacía más que añadir otro eslabón a la cadena que maniataba muchos de los principios originales de la civilización griega. Sobre todo a la intelectualidad helena hubo de abrumarle esa sensación crepuscular de la imposibilidad de una vuelta a atrás, tan querida a la Segunda Sofística. En lugares como Egipto, la efebía y el gimnasio perduraron hasta fechas avanzadas del siglo V d. C., mientras que en las ciudades sirias parece desvanecerse al menos cien años antes. El siglo IV d. C. apenas fue testigo de inversiones en la restauración de las termas-gimnasio, y en los monumentos construidos a partir de entonces sólo constaba la parte termal. En el antiguo reino ptolemaico, la vinculación de la aristocracia con el gymnasium había gozado de unas connotaciones fuertemente elitistas, que trazaban una franja infranqueable entre la clase dominante griega y la sociedad egipcia99. La Carta de Claudio a los alejandrinos (41 d. C.) confirmaba la prerrogativa helenística, ya ratificada por Augusto, de que los derechos de ciudadanía pertenecían a los súbditos que hubiesen completado los años de la efebía, grupo de privilegiados que hacía gala del título de “los del gimnasio”100. No escasea la documentación conservada en papiro que, por ejemplo, en el siglo III d. C., manifieste los deseos de los progenitores de Oxirrinco de que sus hijos ingresen en la efebía, aduciendo la pertenencia al gimnasio desde varias generaciones atrás101. Todavía en la Antigüedad tardía, entonces, la institución alimentaba un propósito político y social: conscientes tanto de su arcaísmo, como de la relativa superfluidad de la educación contemporánea que deparaba, las elites encontraban en ella una forma de reconocimiento, una marca de distinción. Como si de un 97 Philostr. Gym. 44. 98 M.-H. Quet, “Remarques sur la place de la fête dans les discours des moralistes grecs et dans l’éloge des cités et des évergétes aux premiers siècles de l’Empire”, La fête, pratique et discours. D’Alexandrie Hellénistique à la mission de Besançon (Paris 1981) 43 y 47. 99 A. Wallace-Hadrill, op. cit. 943. 100 A. S. Chankowski, op. cit. 174. 101 M. Joyal, I. McDougall y J. C. Yardley, op. cit. 253-255.