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El proceso del pirata Bartholomew Sharp, 1682

Serrano Mangas, Fernando

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EL PROCESO DEL PIRATA BARTHOLOMEW SHARP, 1682 El presente estudio trata un hecho demostrativo del apoyo que la Co Administración británicas da los dominios españoles en América con sus acti la táctica de mantener una gue parte del nuevo continente. Estas agresiones al otro lado del Atlántico en época de paz raras veces daban lugar a conflictos diplomáticos. Este, sin embargo, es enturbió las relaciones entre España e Ingla En el último cuarto del siglo XVII encontramos que son más frecuen nunca las incursiones que tenían como objeto conseguir botín en las costas de las colonias españolas bañ adas por el Océano Pací comercio en estas aguas. Este aumento de la actividad pirática en el Mar del Sur, puede ser explicado por hechos como la toma e incen la debilidad de las defen sas hispanas en el Istmo, llave del tráfico comercial con el virreinato peruano. Los dos únicos caminos para ac Magallanes y el Istmo de Panamá. El primero fue desechado rápidamente por las enormes dificul tades a que los expedicionarios te llevar gran cantidad de bastimentos, el que el paso del Estrecho s determinada época del año, las costas eran inhóspitas preciso llevar na víos especialmente acondiciona los mares del Estrecho, etc. Por todo esto, la acción de los pirata Panamá 1 . El método consistía en atravesar el Ist hacerse con canoas o barcos pe De esta manera irrumpió Bartholomew Sharp en las tranquilas aguas del Mar del Sur en 1680. 1 Martín-Nieto, Antonio: Piratas del Pací EL PROCESO DEL PIRATA BARTHOLOMEW SHARP, 1682 Fernando Serrano Mangas Licenciado en Historia El presente estudio trata un hecho demostrativo del apoyo que la Co Administración británicas da ban a unos individuos y grupos que asolaban y depredaban los dominios españoles en América con sus acti vidades piráticas. Es un ejempl la táctica de mantener una gue rra encubierta contra la potencia que dominaba la mayor parte del nuevo continente. Estas agresiones al otro lado del Atlántico en época de paz raras veces daban lugar a conflictos diplomáticos. Este, sin embargo, es enturbió las relaciones entre España e Ingla terra. En el último cuarto del siglo XVII encontramos que son más frecuen nunca las incursiones que tenían como objeto conseguir botín en las costas de las adas por el Océano Pací fico y en los navíos que hacían el comercio en estas aguas. Este aumento de la actividad pirática en el Mar del Sur, puede ser explicado por hechos como la toma e incen dio de Panamá en 1671, sas hispanas en el Istmo, llave del tráfico comercial con el Los dos únicos caminos para ac ceder al Mar del Sur eran el Estre el Istmo de Panamá. El primero fue desechado rápidamente por las tades a que los expedicionarios te nían que hacer frente, como eran el llevar gran cantidad de bastimentos, el que el paso del Estrecho s ólo era determinada época del año, las costas eran inhóspitas y el clima durísimo, siendo víos especialmente acondiciona dos por las peculiares características de los mares del Estrecho, etc. Por todo esto, la acción de los pirata s se orientó a la vía de El método consistía en atravesar el Ist mo y, y a en la costa del Pacífico, hacerse con canoas o barcos pe queños con los que más tarde to maban barcos mayores. De esta manera irrumpió Bartholomew Sharp en las tranquilas aguas del Mar del Sur en Piratas del Pací fico. Bilbao, 1968, pág. 92. 38 EL PROCESO DEL PIRATA BARTHOLOMEW SHARP, 1682 Serrano Mangas Licenciado en Historia El presente estudio trata un hecho demostrativo del apoyo que la Co rona y ban a unos individuos y grupos que asolaban y depredaban vidades piráticas. Es un ejempl o más de rra encubierta contra la potencia que dominaba la mayor parte del nuevo continente. Estas agresiones al otro lado del Atlántico en época de paz raras veces daban lugar a conflictos diplomáticos. Este, sin embargo, es un caso que En el último cuarto del siglo XVII encontramos que son más frecuen tes que nunca las incursiones que tenían como objeto conseguir botín en las costas de las fico y en los navíos que hacían el comercio en estas aguas. Este aumento de la actividad pirática en el Mar del Sur, puede 1671, que demostraba sas hispanas en el Istmo, llave del tráfico comercial con el ceder al Mar del Sur eran el Estre cho de el Istmo de Panamá. El primero fue desechado rápidamente por las nían que hacer frente, como eran el ólo era factible en el clima durísimo, siendo dos por las peculiares características de s se orientó a la vía de a en la costa del Pacífico, maban barcos mayores. De esta manera irrumpió Bartholomew Sharp en las tranquilas aguas del Mar del Sur en No tiene este trabajo como objeto analizar todas la afortunadas, del pirata in glés. diecinueve meses y regresó a Europa con un buen botín. Hizo el trayecto de Paita al Estrecho de Magallanes en un temporales, salió al Atlántico por la ruta exterior del Cabo de Hornos. Su é consecuencias inmediatas: una, la orden dictada por el gobierno es ningún buque se hi ciese a la mar sin ir artillado y con tripulación de guerra; la otra fue la aparición de numerosos imitadores de Sharp. La orden del monarca embargo, no pudo lle varse a cabo, pues en toda la costa del Pacífico era imposible encontrar marineros, artilleros y cañones, aparte de que los mercantes perua adecuados para llevar artillerí Ante las numerosas alusiones d la atención el olvido del proceso a que se vio sometido este pirata y del robo que hizo en una de sus presas de un libro de mapas de las costas chilenas y pe también ha sido pasado por a a Inglaterra, Sharp, acusado de ejer habiéndose presentado pruebas de la acusación, no tardó en salir de ella más lejos de la reali dad, pues las pruebas existieron, así como el testimonio de testigos directos de sus delitos. Detención y prisión de Sharp Se sabía que algunos de los pira a Lon dres con la mayor parte del botí para prenderlos y buscar pruebas para su castigo. Estando así las co mayo de 1682, fue a la Embajada española un in esperanza d e ser gratificado, dijo que sabí 2 Céspedes del Castillo, Guillermo: vol. IX (Sevilla, 1952), págs. 6 y 3 Martín-Nieto, pág. 140. De la misma manera absueltos, “por carencia de prue 197. El error viene dado, al parecer, porque Gosse, al igual los hechos escrita por Basil Ringrose, pu Por su parte, Pilar Ber nal ignora las depredaciones hechas por Sharp en el mar, centrándose sólo en las operaciones terrestres en q ue fue rechazado. no se menciona, diciendo que “ expedición”. Bernal Ruiz, Mª del Pilar: No tiene este trabajo como objeto analizar todas la s vicisitudes, más o menos glés. Baste decir que deambuló por aquellas latitudes durante diecinueve meses y regresó a Europa con un buen botín. Hizo el trayecto de Paita al Estrecho de Magallanes en un tiempo míni mo y, hallando el paso impracticable por los temporales, salió al Atlántico por la ruta exterior del Cabo de Hornos. Su é consecuencias inmediatas: una, la orden dictada por el gobierno es ciese a la mar sin ir artillado y con tripulación de guerra; la otra fue la aparición de numerosos imitadores de Sharp. La orden del monarca varse a cabo, pues en toda la costa del Pacífico era imposible encontrar marineros, artilleros y cañones, aparte de que los mercantes perua adecuados para llevar artillerí a 2 . Ante las numerosas alusiones d e los historiadores a las andanzas de Sharp, llama la atención el olvido del proceso a que se vio sometido este pirata y del robo que hizo en una de sus presas de un libro de mapas de las costas chilenas y pe ruanas, asunto que también ha sido pasado por a lto. Así, Antonio MartínNieto nos dice sólo que a Inglaterra, Sharp, acusado de ejer cer la piratería, ingresó en la cárcel; pero no habiéndose presentado pruebas de la acusación, no tardó en salir de ella dad, pues las pruebas existieron, así como el testimonio de testigos Detención y prisión de Sharp Se sabía que algunos de los pira tas que entraron en el Mar del Sur habían llegado dres con la mayor parte del botí n y que est aban escondidos. Se hacían diligencias para prenderlos y buscar pruebas para su castigo. Estando así las co sas, a principios de mayo de 1682, fue a la Embajada española un in glés llamado Thomas Campe y, con la e ser gratificado, dijo que sabí a dónde se encontraban los piratas y lo que les Céspedes del Castillo, Guillermo: La defensa del Istmo de Panamá. “ Anuario de Estudios Americanos y 7. De la misma manera se manifiesta Gosse al decir q ue los bas directas”. Gosse, Philip: Historia de la piraterí a. error viene dado, al parecer, porque Gosse, al igual que otros autores, ha seg uido u los hechos escrita por Basil Ringrose, pu blicada en 1684, y que está llena de inexac titudes y falsedades. nal ignora las depredaciones hechas por Sharp en el mar, centrándose sólo en las ue fue rechazado. Por supuesto una cuestión tan vital como el libro de “ el botín fue de veinticuatro pesos duros para cada componente de esta del Pilar: La toma del puerto de Guayaquil en 1687 . Sevilla, 1979, pág. 3. 39 s vicisitudes, más o menos Baste decir que deambuló por aquellas latitudes durante diecinueve meses y regresó a Europa con un buen botín. Hizo el trayecto de Paita al mo y, hallando el paso impracticable por los temporales, salió al Atlántico por la ruta exterior del Cabo de Hornos. Su é xito tuvo dos consecuencias inmediatas: una, la orden dictada por el gobierno es pañol para que ciese a la mar sin ir artillado y con tripulación de guerra; la otra fue la aparición de numerosos imitadores de Sharp. La orden del monarca español, sin varse a cabo, pues en toda la costa del Pacífico era imposible encontrar marineros, artilleros y cañones, aparte de que los mercantes perua nos no eran e los historiadores a las andanzas de Sharp, llama la atención el olvido del proceso a que se vio sometido este pirata y del robo que hizo en ruanas, asunto que Nieto nos dice sólo que “al llegar cer la piratería, ingresó en la cárcel; pero no habiéndose presentado pruebas de la acusación, no tardó en salir de ella ” 3 . Nada está dad, pues las pruebas existieron, así como el testimonio de testigos tas que entraron en el Mar del Sur habían llegado aban escondidos. Se hacían diligencias sas, a principios de glés llamado Thomas Campe y, con la piratas y lo que les Anuario de Estudios Americanos ”, ue los encausados fueron a. Madrid, 1935, pág. uido u na narración de titudes y falsedades. nal ignora las depredaciones hechas por Sharp en el mar, centrándose sólo en las Por supuesto una cuestión tan vital como el libro de mapas componente de esta . Sevilla, 1979, pág. 3. había oído decir. Don Pedro Ronquillo, embajador es Felipe de la Guerra para que llevase a Thomas Campe ante el Secretario de Estado, Jenkins, que era también el primer declaración a Cam pe, por la cual se supo que había oído decir varias veces en la casa donde posaba el capitán Bartholo hablaban y reme moraban muchas veces los robo Sharp se ufanaba de los delitos que había cometido, nombrando di Indias. Tam bién declaró Campe que sólo entre tres de aquellos sujetos llevaban 30.000 pataco nes de plata y otras alhajas A pesar de estos indicios, por no estar permitido el tormento en In admitirse pruebas de tes tigos ausentes, pareció de poco fun ser de oídas. Cuando daba la impresión de que no iba a poder seguirse la in surgió un personaje lla mado Simón Calderón, que los pira Ingla terra. Don Felipe de la Guerra lo llevó ante Jenkins y, al tomarle de que era natural de Santiago de Chile y marinero de profesión. Gracias a su pudo reconstruir todo el proceso de uno de los hechos delictivos de Sharp. Yendo de El Callao a Pana má en el navío gran cantidad de patacones, con veinticinco hombres, encontra el navío La Trinidad y lo estimaron español, dándose cuenta más tarde que era de piratas. Estos hicieron tres des López, y apre saron el navío. Se llevaron la plata y lo que les aguardiente y dieron tormento a dos españoles para ver si había más plata. Quitaron las velas y las jar cias, menos la mayor, y dejaron ir al navío, menos cinco o seis personas que tomaron consigo, entre ellas Si donde descansaron tres días y, sospechando que los prisioneros querían dar un golpe de mano y hacerse con el barco, ma fueron a Paita, sie ndo rechazados. Por último se di pero no pasaron por él, sino alrede o seis días. Nueve jornadas tardaron en hacer este trayecto. Ya en el Atlántico, pusieron rumbo a Barbados, pero antes de llegar, un navío del Rey 4 Deducción de lo que ha pasa do en el proceso Remitido por Pedro Ronq uillo a S. M. Londres, 29 junio 1682. AGI, Indif había oído decir. Don Pedro Ronquillo, embajador es pañol en Londres, dio orden a Don Felipe de la Guerra para que llevase a Thomas Campe ante el Secretario de Estado, Jenkins, que era también el primer juez del Almirantazgo. Jen kins hizo tomar pe, por la cual se supo que había oído decir varias veces en la casa donde posaba el capitán Bartholo mew Sharp y otros piratas, que estos individuos moraban muchas veces los robo s que habían hecho en el Mar del Sur. Sharp se ufanaba de los delitos que había cometido, nombrando di ferentes parajes de las bién declaró Campe que sólo entre tres de aquellos sujetos llevaban 30.000 nes de plata y otras alhajas 4 . pesar de estos indicios, por no estar permitido el tormento en In tigos ausentes, pareció de poco fun damento esta declaración por ser de oídas. Cuando daba la impresión de que no iba a poder seguirse la in mado Simón Calderón, que los pira tas habían llevado consigo a terra. Don Felipe de la Guerra lo llevó ante Jenkins y, al tomarle de que era natural de Santiago de Chile y marinero de profesión. Gracias a su pudo reconstruir todo el proceso de uno de los hechos delictivos de Sharp. Yendo de El má en el navío Rosario, cargado de vinos, aguardientes, estaño en ba gran cantidad de patacones, con veinticinco hombres, encontra ro n a la mitad del camino y lo estimaron español, dándose cuenta más tarde que era de piratas. Estos hicieron tres des cargas, matando al capitán del Ro sario, saron el navío. Se llevaron la plata y lo que les pareció del vino y el aguardiente y dieron tormento a dos españoles para ver si había más plata. Quitaron las cias, menos la mayor, y dejaron ir al navío, menos cinco o seis personas que tomaron consigo, entre ellas Si món Calderón. De allí fueron a la Isla de la Plata, donde descansaron tres días y, sospechando que los prisioneros querían dar un golpe de mano y hacerse con el barco, ma taron a uno y castigaron a otro. De la Isla de la Plata ndo rechazados. Por último se di rigieron al Estrecho de Magallanes, por él, sino alrede dor de la Isla del Fuego, apartada del Estrecho cinco o seis días. Nueve jornadas tardaron en hacer este trayecto. Ya en el Atlántico, pusieron rumbo a Barbados, pero antes de llegar, un navío del Rey de Inglaterra les do en el proceso de los piratas q ue se determinó en Londres, 20 junio 1682. uillo a S. M. Londres, 29 junio 1682. AGI, Indif e rente, 2.578. 40 pañol en Londres, dio orden a Don Felipe de la Guerra para que llevase a Thomas Campe ante el Secretario de Estado, kins hizo tomar pe, por la cual se supo que había oído decir varias veces en la casa mew Sharp y otros piratas, que estos individuos s que habían hecho en el Mar del Sur. ferentes parajes de las bién declaró Campe que sólo entre tres de aquellos sujetos llevaban 30.000 pesar de estos indicios, por no estar permitido el tormento en In glaterra, ni damento esta declaración por ser de oídas. Cuando daba la impresión de que no iba a poder seguirse la in vestigación, tas habían llevado consigo a terra. Don Felipe de la Guerra lo llevó ante Jenkins y, al tomarle de claración, dijo que era natural de Santiago de Chile y marinero de profesión. Gracias a su testimonio se pudo reconstruir todo el proceso de uno de los hechos delictivos de Sharp. Yendo de El cargado de vinos, aguardientes, estaño en ba rras y n a la mitad del camino y lo estimaron español, dándose cuenta más tarde que era de sario, llamado Juan pareció del vino y el aguardiente y dieron tormento a dos españoles para ver si había más plata. Quitaron las cias, menos la mayor, y dejaron ir al navío, menos cinco o seis personas fueron a la Isla de la Plata, donde descansaron tres días y, sospechando que los prisioneros querían dar un golpe de taron a uno y castigaron a otro. De la Isla de la Plata rigieron al Estrecho de Magallanes, apartada del Estrecho cinco o seis días. Nueve jornadas tardaron en hacer este trayecto. Ya en el Atlántico, pusieron de Inglaterra les advirtió que ue se determinó en Londres, 20 junio 1682. rente, 2.578. no s erían bienvenidos, por lo que cambiaron el rumbo hacia Antigua, donde se les hizo un buen recibimiento. En Antigua se produjo la diáspora de los expedicionarios. Unos fueron a Nevis; ot ros, divididos en dos gru hombres , se encaminaron a Londres en dos barcos diferentes. Bartholomew Sharp hizo el viaje en el navío llamado llegar a Inglaterra dejaron a Si que sabía d ónde estaban otros cuatro españo ser testigos suficientes por que habían sido cogidos prisioneros como él. El 28 de mayo de 1682, los jueces del Almirantazgo despacharon man de prisión y embargo de bienes prendieron a t res de los principales: el capitán Bartholomew Sharp, el piloto John Cox William Williams. Sus bienes eran dos baúles de ropa, aunque los testigos declararon que su botín no lo tenían allí. “ habían hecho el viaje, pero Indio que tení a guerra con los españoles y que éstos los habían ata acercándose con pre texto de que querí y otras cosas a este mod o, aunque no de más sustancia ni más satisfacción También se tomó declaración a Jacinto de Urbina, negro de Lima, marinero de profesión, que servía a bordo del navío por cacao, se cruzaron con piratas, intentaron huir durante todo el día para ser, al final, apresados. Del lleva ron al piloto, llamado Juan Ortiz de Gamboa, dos frailes dominicos y otro capitán llamado Benabediz. El botín ascendió a 25.000 patacones, así como otras piezas de plata y cacao. Le quitaron al San Pedro la historia de dar tor mento a dos españoles para ver si había plata escondida. Tres días después se encontraron con el robaron. Luego se dirigieron a Manta y tres sema partir de aquí, el testimonio de Ja el Océano At lántico dividieron el botín, tocando a cada una de las sesenta y cuatro personas de la expedición la cifra de cuatrociento También vendieron entre sí los prisioneros, tanto negros como blancos. erían bienvenidos, por lo que cambiaron el rumbo hacia Antigua, donde se les hizo un buen recibimiento. En Antigua se produjo la diáspora de los expedicionarios. Unos ros, divididos en dos gru pos, uno de dieciocho y otro de ocho , se encaminaron a Londres en dos barcos diferentes. Bartholomew Sharp hizo el viaje en el navío llamado La Comadreja Blanca, del capitán Charles Howard. Al llegar a Inglaterra dejaron a Si món Calderón en Plymouth, de donde fue a Londres. Dijo ónde estaban otros cuatro españo les, uno blanco y tres negros, que podían que habían sido cogidos prisioneros como él. El 28 de mayo de 1682, los jueces del Almirantazgo despacharon man de prisión y embargo de bienes contra los piratas. Aquella noche, de madrugada, res de los principales: el capitán Bartholomew Sharp, el piloto John Cox William Williams. Sus bienes eran dos baúles de ropa, aunque los testigos declararon que su botín no lo tenían allí. Al tomarles confesión dijeron que habían hecho el viaje, pero no los robos y que habían llevado patente de un Rey a guerra con los españoles y que éstos los habían ata texto de que querí an comprar alguna cosa o por falta de bastimento o, aunque no de más sustancia ni más satisfacción También se tomó declaración a Jacinto de Urbina, negro de Lima, marinero de profesión, que servía a bordo del navío San Pedro cuan do, yendo de Lima a Guayaquil por cacao, se cruzaron con La Trinidad del que, por saber que lo habían tomado los piratas, intentaron huir durante todo el día para ser, al final, apresados. Del ron al piloto, llamado Juan Ortiz de Gamboa, dos frailes dominicos y otro capitán llamado Benabediz. El botín ascendió a 25.000 patacones, así como otras piezas de plata San Pedro to das las velas, menos la mayor. Tam mento a dos españoles para ver si había plata escondida. Tres días después se encontraron con el “barco luengo” llamado San Juanit o, robaron. Luego se dirigieron a Manta y tres sema nas d espués asaltaron el partir de aquí, el testimonio de Ja cinto de Urbina coincide con el de Simón Calderón. En lántico dividieron el botín, tocando a cada una de las sesenta y cuatro personas de la expedición la cifra de cuatrociento s pesos de plata, sin las demás alhajas. También vendieron entre sí los prisioneros, tanto negros como blancos. 41 erían bienvenidos, por lo que cambiaron el rumbo hacia Antigua, donde se les hizo un buen recibimiento. En Antigua se produjo la diáspora de los expedicionarios. Unos uno de dieciocho y otro de ocho , se encaminaron a Londres en dos barcos diferentes. Bartholomew Sharp hizo del capitán Charles Howard. Al món Calderón en Plymouth, de donde fue a Londres. Dijo les, uno blanco y tres negros, que podían que habían sido cogidos prisioneros como él. El 28 de mayo de 1682, los jueces del Almirantazgo despacharon man damiento contra los piratas. Aquella noche, de madrugada, res de los principales: el capitán Bartholomew Sharp, el piloto John Cox y William Williams. Sus bienes eran dos baúles de ropa, aunque los testigos declararon patente de un Rey a guerra con los españoles y que éstos los habían ata cado primero, an comprar alguna cosa o por falta de bastimento o, aunque no de más sustancia ni más satisfacción ”. También se tomó declaración a Jacinto de Urbina, negro de Lima, marinero de do, yendo de Lima a Guayaquil del que, por saber que lo habían tomado los piratas, intentaron huir durante todo el día para ser, al final, apresados. Del San Pedro se ron al piloto, llamado Juan Ortiz de Gamboa, dos frailes dominicos y otro capitán llamado Benabediz. El botín ascendió a 25.000 patacones, así como otras piezas de plata das las velas, menos la mayor. Tam bién se repitió mento a dos españoles para ver si había plata escondida. Tres días o, al que también espués asaltaron el Rosario. A cinto de Urbina coincide con el de Simón Calderón. En lántico dividieron el botín, tocando a cada una de las sesenta y cuatro s pesos de plata, sin las demás alhajas. Don Felipe de la Guerra envió a Jacinto de Urbina para que liberase a otro negro, natural de la Isla de Cabo Verde, al que tenía encerrado su a escapar a los quince días, refugiándose en casa del embajador. El nombre de este negro era Domingo Fernández y de San Pedro. Los mapas del Pacífico El cuarto testigo era un indiano que y que seguía en po der de Bartholomew Sharp en el momento de su detención. Cuando fueron a prender al pirata, Bernardo consiguió hacerse con un libro en el cual, según había proclamado a los cuatro vientos Sharp, sustraído por el indiano en los momentos de confusión de la detención resultó ser un manuscrito en folio “ de muy buen español de 315 hojas con mu hacía des cripción de las entradas, puertos y ba libro de mapas llevaba ya diez años manuscrito y una nota en él decía que se iba a imprimir, aunque esto nunca se llegó a reali Al dí a siguiente, Don Felipe de la Guerra envió el libro que le había entregado el testigo al embajador, a Windsor. Mientras, en el Almiran formán dose un gran escándalo y dicién causa. El libro, al ser analizado en Wind constituían las dos terceras partes del total, traducido al inglés todo el texto que venía escrito en español. Se averiguó que se había hecho esto para sacar un libro nuevo, en lengua inglesa, y presen társelo al rey, como en efecto se grandes servicios que Sharp decía hab descubrimientos y bue nas noticias como constaban de este libro sobe rano lo perdonase, cosa que no logró. El agente del rey de España, Don Felipe de la Guerra, escribió a Wind contando la repercusión que ha embajador, por no dar lugar al pret causa y porque lo que el volumen contenía eran mapas del Mar del Sur que ya poseían 5 Ibídem. Don Felipe de la Guerra envió a Jacinto de Urbina para que liberase a otro negro, natural de la Isla de Cabo Verde, al que tenía encerrado su a escapar a los quince días, refugiándose en casa del embajador. El nombre de este negro era Domingo Fernández y de claró lo mismo, pues ambos fueron apresados en el navío El cuarto testigo era un indiano que respondía al nombre de Fran der de Bartholomew Sharp en el momento de su detención. Cuando fueron a prender al pirata, Bernardo consiguió hacerse con un libro en el cual, según había proclamado a los cuatro vientos Sharp, estaba el iti nerario seguido. El libro sustraído por el indiano en los momentos de confusión de la detención resultó ser un de muy buen español de 315 hojas con mu chos mapas en que se cripción de las entradas, puertos y ba hías de lo más de la costa del P libro de mapas llevaba ya diez años manuscrito y una nota en él decía que se iba a imprimir, aunque esto nunca se llegó a reali zar. El nombre del autor no cons a siguiente, Don Felipe de la Guerra envió el libro que le había entregado el testigo al embajador, a Windsor. Mientras, en el Almiran tazgo lo echaron de menos, dose un gran escándalo y dicién dose que si no aparecía no se po El libro, al ser analizado en Wind sor, resultó tener en todos los ma constituían las dos terceras partes del total, traducido al inglés todo el texto que venía escrito en español. Se averiguó que se había hecho esto para sacar un libro nuevo, en társelo al rey, como en efecto se hizo. En virtud de esto y de los grandes servicios que Sharp decía hab er hecho al rey y a Inglaterra nas noticias como constaban de este libro ” , pretendía que su rano lo perdonase, cosa que no logró. El agente del rey de España, Don Felipe de la Guerra, escribió a Wind contando la repercusión que ha bía tenido en Londres la desapari ción del libro. El embajador, por no dar lugar al pret exto de falta de pruebas para la continuación de la causa y porque lo que el volumen contenía eran mapas del Mar del Sur que ya poseían 42 Don Felipe de la Guerra envió a Jacinto de Urbina para que liberase a otro negro, natural de la Isla de Cabo Verde, al que tenía encerrado su a mo. Lograron escapar a los quince días, refugiándose en casa del embajador. El nombre de este negro claró lo mismo, pues ambos fueron apresados en el navío respondía al nombre de Fran cisco Bernardo der de Bartholomew Sharp en el momento de su detención. Cuando fueron a prender al pirata, Bernardo consiguió hacerse con un libro en el cual, según nerario seguido. El libro sustraído por el indiano en los momentos de confusión de la detención resultó ser un chos mapas en que se de lo más de la costa del P erú” 5 . El libro de mapas llevaba ya diez años manuscrito y una nota en él decía que se iba a zar. El nombre del autor no cons taba. a siguiente, Don Felipe de la Guerra envió el libro que le había entregado el tazgo lo echaron de menos, dose que si no aparecía no se po dría seguir la sor, resultó tener en todos los ma pas, que constituían las dos terceras partes del total, traducido al inglés todo el texto que venía escrito en español. Se averiguó que se había hecho esto para sacar un libro nuevo, en hizo. En virtud de esto y de los er hecho al rey y a Inglaterra “en tantos , pretendía que su El agente del rey de España, Don Felipe de la Guerra, escribió a Wind sor ción del libro. El exto de falta de pruebas para la continuación de la causa y porque lo que el volumen contenía eran mapas del Mar del Sur que ya poseían los ingleses de una manera más exacta gracias al traidor Peñalosa, remitió el libro al agente y éste lo puso en manos de A decir verdad, el interés demos mapas se basaba en la creencia de que junto a ellos podía venir el itinerario seguido por los pi ratas en sus correrías y, sobre todo, la ruta que usaron, que no e salir del Pacífico al At lántico, es decir por el Cabo de Hor Fuego. Se temía que, tras el ejemplo de Sharp, pudiera venir una avalancha de imitadores, como así fue, y era necesario saber con exactitud sus vías para intentar neutralizarlos. Sin embargo, a pesar de que en el libro de mapas de las costas americanas sólo había tra español, era cierto que los piratas, con este importan volumen nuevo en el que indicaban también el diario de su navegación, los grados por donde fueron nave gando, los rumbos que tomaron y los vientos que tuvieron fruto no sólo de sus experien de los pilo tos de los navíos españoles apresa Este volumen, como anterior de York por octu bre de 1682, es decir, una vez fina “Guía del Gran Mar del S ur lo elaboró, y hacia él se encam publicación. Extraordinario interés mostraron también en Francia por esta obra, y así un francés ofreció, de entrada, sesenta guineas por ella para lograr ob tenerlo del marinero había que ofre equivalían a la nada desprecia galos, infor maba el embajador que estaba sea” 8 . Recordemos que las relaciones franco 6 Ibídem. En cuanto al asunto de Peñ como consecu encia final la expedición cientí consiguió levantar mapas de las costas occidentales americanas. En 1682, tras un largo proceso, fueron ejecu tados en Perú cuatro de los expedicionarios, norteafricano, apresados por el gobernador Ernesto: Historia de la Aven tura. Exploradores y 175-176. 7 Pedro Ronquillo a S. M. Londres, 28 8 Ibídem. los ingleses de una manera más exacta gracias al traidor Peñalosa, remitió el libro al agente y éste lo puso en manos de Jenkins 6 . A decir verdad, el interés demos trado en Madrid y por el embajador sobre los mapas se basaba en la creencia de que junto a ellos podía venir el itinerario seguido por ratas en sus correrías y, sobre todo, la ruta que usaron, que no e ra la normal, para lántico, es decir por el Cabo de Hor nos, bordeando la Isla del Fuego. Se temía que, tras el ejemplo de Sharp, pudiera venir una avalancha de imitadores, como así fue, y era necesario saber con exactitud sus vías para intentar neutralizarlos. Sin embargo, a pesar de que en el libro de mapas de las costas americanas sólo había tra ducciones en inglés de lo que es taba plasmado en español, era cierto que los piratas, con este importan tísimo soporte, habían elaborado un volumen nuevo en el que indicaban también el diario de su navegación, los grados por gando, los rumbos que tomaron y los vientos que tuvieron fruto no sólo de sus experien cias y conocimientos, sino de l as informaciones obtenidas tos de los navíos españoles apresa dos. Este volumen, como anterior mente se ha dicho, lo presentaron al rey bre de 1682, es decir, una vez fina lizado el proceso, llevando por título ur ”. Se logró averiguar que el original l o tenía el marinero que lo elaboró, y hacia él se encam inaron los intentos del embajado r para hacerse con di Extraordinario interés mostraron también en Francia por esta obra, y así un francés ofreció, de entrada, sesenta guineas por ella . Don Pedro Ronquillo decía que tenerlo del marinero había que ofre cerle, por lo menos, cien guineas, que equivalían a la nada desprecia ble suma de cuatro mil reales y, visto el interés de los maba el embajador que estaba “dispuesto a recoger le a cualquier pre Recordemos que las relaciones franco -españolas atra vesaban momentos Ibídem. En cuanto al asunto de Peñ alosa, que escapó a Inglat erra en 1669, debemos recordar q encia final la expedición cientí fico-comercial de John Narboro ugh (1670 consiguió levantar mapas de las costas occidentales americanas. En 1682, tras un largo proceso, fueron tados en Perú cuatro de los expedicionarios, entre los qu e se encontraban un españ norteafricano, apresados por el gobernador de Vald ivia cuando desembarcaron a comer tura. Exploradores y Piratas en América del Sur. Buenos Aires, 1942, págs. Pedro Ronquillo a S. M. Londres, 28 diciembre 1682. AGI, Indiferente, 2.578. 43 los ingleses de una manera más exacta gracias al traidor Peñalosa, remitió el libro al trado en Madrid y por el embajador sobre los mapas se basaba en la creencia de que junto a ellos podía venir el itinerario seguido por ra la normal, para nos, bordeando la Isla del Fuego. Se temía que, tras el ejemplo de Sharp, pudiera venir una avalancha de imitadores, como así fue, y era necesario saber con exactitud sus vías de penetración para intentar neutralizarlos. Sin embargo, a pesar de que en el libro de mapas de las taba plasmado en habían elaborado un volumen nuevo en el que indicaban también el diario de su navegación, los grados por gando, los rumbos que tomaron y los vientos que tuvieron 7 . Todo ello as informaciones obtenidas al rey y al duque lizado el proceso, llevando por título o tenía el marinero que r para hacerse con di cha Extraordinario interés mostraron también en Francia por esta obra, y así un . Don Pedro Ronquillo decía que cerle, por lo menos, cien guineas, que ble suma de cuatro mil reales y, visto el interés de los le a cualquier pre cio que vesaban momentos erra en 1669, debemos recordar q ue tuvo ugh (1670 -1671) que consiguió levantar mapas de las costas occidentales americanas. En 1682, tras un largo proceso, fueron e se encontraban un españ ol y un ivia cuando desembarcaron a comer ciar. Morales, Buenos Aires, 1942, págs. delicados, hasta el punto de manifestar el embaja “ la infestación de las Indias no la temo aho No sabemos qué fin tuvieron las diligencias del embajador, pero cua que hubiese sido no pudie ron evitar nuevas apariciones de pi El proceso La importancia de este proceso vien beneplácito con que fue tra autoridades británicas. El día señalado para celebrar la causa fue el sá “Marshall Seas” , como dec por el agente del rey de España, uno no fue admitido porque su residencia en las Indias había sido muy corta y, por consiguiente, no se cristia bautizado no pudo jurar. El tribunal lo presidía Sir Thomas Exton en lugar del secretario Jen juez del Almirantazgo. Habí juicio no era de justicia ordinaria, sino ante el Almirantazgo, ya que era un delito de piratería contra un país amigo. Cinco eran los delitos y por cual ser impuesta la pena de muerte. Los delitos de paradamente, y no de manera con pareció conve niente enjuiciar a los acusados sol El que pareció má s grave y para el que había pruebas más cla saqueo del navío Rosario, con la muerte de su capitán Juan López. Leídas las acusaciones, el presi cuyo cometido era determinar si había base suficiente para proseguir la causa, y estaba compuesto por hombres de probi a los testigos. Al cabo de una hora volvieron al tribu segu irse. Entonces el presidente or Peti Juri” , que debía determinar si los acusados 9 Ibídem. 10 Deducción de lo q ue ha pasad 1682. Cit. delicados, hasta el punto de manifestar el embaja dor his pano en la corte británica que la infestación de las Indias no la temo aho ra de Inglaterra tanto como de Francia No sabemos qué fin tuvieron las diligencias del embajador, pero cua ron evitar nuevas apariciones de pi ratas en el Pacífico. La importancia de este proceso vien e dada porque en él quedó pa beneplácito con que fue tra tado el pirata por parte de quienes debían juzgarlo y de las El día señalado para celebrar la causa fue el sá bado 20 de junio de 1682 en el , como dec ía el embajador Ronquillo. De los cinco testigos presentados por el agente del rey de España, uno no fue admitido porque su residencia en las Indias había sido muy corta y, por consiguiente, no se cristia nizó a fondo. Como no estaba El tribunal lo presidía Sir Thomas Exton en lugar del secretario Jen juez del Almirantazgo. Habí a diez comisarios por parte del rey de Inglaterra porque el juicio no era de justicia ordinaria, sino ante el Almirantazgo, ya que era un delito de piratería contra un país amigo. Cinco eran los delitos y por cual quiera de ellos les podía pena de muerte. Los delitos de bían ser juzgados uno por uno, se paradamente, y no de manera con junta, por lo que, para evitar em brollos y dilaciones, niente enjuiciar a los acusados sol a mente por uno de los cas s grave y para el que había pruebas más cla ras era el del robo y con la muerte de su capitán Juan López. Leídas las acusaciones, el presi dente dio orden a los miembros d cuyo cometido era determinar si había base suficiente para proseguir la causa, y estaba compuesto por hombres de probi dadde retirarse a deliberar aparte, donde examinaron a los testigos. Al cabo de una hora volvieron al tribu nal y decla raron que la causa debía irse. Entonces el presidente or denó comparecer a los doce jurados , que debía determinar si los acusados eran cul pables o inocentes ue ha pasad o en el proceso de los piratas q ue se determinó en Londres. 20 junio 44 pano en la corte británica que ra de Inglaterra tanto como de Francia ” 9 . No sabemos qué fin tuvieron las diligencias del embajador, pero cua lesquiera ratas en el Pacífico. e dada porque en él quedó pa tente el tado el pirata por parte de quienes debían juzgarlo y de las bado 20 de junio de 1682 en el cinco testigos presentados por el agente del rey de España, uno no fue admitido porque su residencia en las Indias nizó a fondo. Como no estaba El tribunal lo presidía Sir Thomas Exton en lugar del secretario Jen kins, primer a diez comisarios por parte del rey de Inglaterra porque el juicio no era de justicia ordinaria, sino ante el Almirantazgo, ya que era un delito de quiera de ellos les podía bían ser juzgados uno por uno, se - brollos y dilaciones, mente por uno de los cas os concretos. ras era el del robo y dente dio orden a los miembros d el Gran Jurado - cuyo cometido era determinar si había base suficiente para proseguir la causa, y estaba de retirarse a deliberar aparte, donde examinaron raron que la causa debía comparecer a los doce jurados “que llaman el pables o inocentes 10 . ue se determinó en Londres. 20 junio Volvieron a leerse las acusaciones y empezaron a examinar los segunda vez, ésta en público; pero ya antes de tomarles juramento se les pusieron trabas como la de que no eran cristianos, por ser es española, tuvo que hacer un examen sobre los conocimientos t testigos con preguntas como quién era Dios, quién era Jesucristo, qué significaba el juramento y qué cosa eran los Evangelios. Al responder satisfacto admitidos como testigos. En este examen de religión quedó ya pate los miembros del jurado. Así, por ejemplo, uno de ellos manifestó que, dijeran lo que dijeran, él no iba a creer ni una palabra. Por su las diferencias religiosas, como se demuestra en el comen abogados de la parte contraria, Mister Mo que “a bien lib rar, por lo menos, son papistas Antes de empezar el juicio, el co “ya estamos asegura dos del negocio jurado habían sido comprados. Por otra parte, el mismo D que “ no se habían de castigar aquí Las preguntas a que fueron so único fin de con fundirlos y, las más de las veces, hechas por los comisarios encarga de defender los intereses del rey de Inglaterra. De esta manera, uno de los jurados les preguntó que si Sharp había matado a Juan Ló porque del navío La Trinidad “Téngase no ticia que los testigo al capitán del Rosario”. Sir Thomas Miers, comisario del rey, preguntó a los testigos que quién los sustentaba y dónde vivían en Londres, a lo que respondieron, l Embajada de España. Entonces se levantó un gran murmullo en la sala, o grandes voces: “ ¡Oh, muy bien! ¡Muy bien En un diálogo que entabló otro de los comisarios, Sir Robert Homs, con Ba rtholomew Sharp, salió a re protegido por una comisión de uno de los reyes indios que estaban en guerra con los espa ñoles. Este rey indio, para ayudarlo más, destacó a uno de sus hombres en el navío d e Sharp. Al pedirle el presi Volvieron a leerse las acusaciones y empezaron a examinar los segunda vez, ésta en público; pero ya antes de tomarles juramento se les pusieron trabas como la de que no eran cristianos, por ser es clavos. El presidente del tribunal, a petición española, tuvo que hacer un examen sobre los conocimientos t eológicos de los cuatro testigos con preguntas como quién era Dios, quién era Jesucristo, qué significaba el juramento y qué cosa eran los Evangelios. Al responder satisfacto admitidos como testigos. En este examen de religión quedó ya pate nte la parcialidad de los miembros del jurado. Así, por ejemplo, uno de ellos manifestó que, dijeran lo que dijeran, él no iba a creer ni una palabra. Por su puesto, tampoco podían dejar de aparecer las diferencias religiosas, como se demuestra en el comen ta rio que hizo uno de los abogados de la parte contraria, Mister Mo ule, durante el m encionado examen acerca de rar, por lo menos, son papistas ”. Antes de empezar el juicio, el co misario Sir Joh n Wet Wang le dijo a Sharp qu dos del negocio ” , dando a entender que los doce miembros del jurado habían sido comprados. Por otra parte, el mismo D on Felipe de la Guerra oyó no se habían de castigar aquí delitos cometidos en otro mundo”. Las preguntas a que fueron so metidos los testigos eran siempre planteadas con el fundirlos y, las más de las veces, hechas por los comisarios encarga de defender los intereses del rey de Inglaterra. De esta manera, uno de los jurados les preguntó que si Sharp había matado a Juan Ló pez, respondiendo que no lo podían saber La Trinidad disparaban muchos a un tiempo. El Jurado dijo enton ticia que los testigo s dicen que no saben que el cap itán Sharp haya muerto Sir Thomas Miers, comisario del rey, preguntó a los testigos que quién los sustentaba y dónde vivían en Londres, a lo que respondieron, l ógicamente, que en la Embajada de España. Entonces se levantó un gran murmullo en la sala, o ¡Oh, muy bien! ¡Muy bien ! ¡Vendrán muy bien instruidos! En un diálogo que entabló otro de los comisarios, Sir Robert Homs, con rtholomew Sharp, salió a re lucir que este pirata había ido a las Indias españolas protegido por una comisión de uno de los reyes indios que estaban en guerra con los ñoles. Este rey indio, para ayudarlo más, destacó a uno de sus hombres en el navío e Sharp. Al pedirle el presi dente, a instancias de Don Fe lipe de la Guerra, que mostrase 45 Volvieron a leerse las acusaciones y empezaron a examinar los testigos por segunda vez, ésta en público; pero ya antes de tomarles juramento se les pusieron trabas clavos. El presidente del tribunal, a petición eológicos de los cuatro testigos con preguntas como quién era Dios, quién era Jesucristo, qué significaba el juramento y qué cosa eran los Evangelios. Al responder satisfacto riamente fueron nte la parcialidad de los miembros del jurado. Así, por ejemplo, uno de ellos manifestó que, dijeran lo que puesto, tampoco podían dejar de aparecer rio que hizo uno de los encionado examen acerca de n Wet Wang le dijo a Sharp qu e , dando a entender que los doce miembros del on Felipe de la Guerra oyó metidos los testigos eran siempre planteadas con el fundirlos y, las más de las veces, hechas por los comisarios encarga dos de defender los intereses del rey de Inglaterra. De esta manera, uno de los jurados les pez, respondiendo que no lo podían saber disparaban muchos a un tiempo. El Jurado dijo enton ces: itán Sharp haya muerto Sir Thomas Miers, comisario del rey, preguntó a los testigos que quién los ógicamente, que en la Embajada de España. Entonces se levantó un gran murmullo en la sala, o yéndose decir a ! ¡Vendrán muy bien instruidos! ”. En un diálogo que entabló otro de los comisarios, Sir Robert Homs, con lucir que este pirata había ido a las Indias españolas protegido por una comisión de uno de los reyes indios que estaban en guerra con los ñoles. Este rey indio, para ayudarlo más, destacó a uno de sus hombres en el navío lipe de la Guerra, que mostrase la com isión, respondió el pirata que escribir” . Después de terminado el proceso, Don Pedro Ronquillo indagó sobre que dio paso a los piratas hasta la costa del Perú, pudiendo sólo averiguar que res al pintoresco nombre de “ el rey del sombrero de oro La opinión pública, en la causa, est Don Felip e de la Guerra. Ni el fiscal ni el abogado de la parte española, el Dr. Newton, hablaron una sola palabra, ni en pro ni en c llegó la farsa que, en el momento culminante del juicio aparecieron dentro de la sala dos de los piratas que se andaban bus burlaban de los testigos diciéndoles que allí había dos más. Habiéndose dado cuenta el agente español, dio parte al fiscal para que mandase prender a los pi respondió que “ sería muy bueno que condenasen por entonces a y que le parecía que no nos Despué s del interrogatorio de los testigos, el “Estarían reti rados como poco más de un credo abso lución. Sin ningún castigo, los pira Males tar en el comercio londinense por Si en algún ambiente inglés causó mala impresión la forma en que se desenvolvió la causa contra Sharp y sus secuaces tratado firmado entre España e Ingl oficialmente unos portillos por donde las mercancías inglesas podían introducirse en la América española. El artículo octavo decía que los vasallos, habitantes, mercaderes y capitanes, maestres de navíos y marinero de traficar y navegar en los puertos y abras que tuvieran fortificaciones y almacenes. Como se ve, la prohibi ción sólo afectaba a las plazas fuer re conocían que podrían conced plazas. Pero el artículo que más favorecía a los mercaderes británicos era el no el que los navíos de gue 11 Pedro Ronquillo a S. M. Londres, 28 diciem 12 Deducción de lo q ue ha pasad 1682. Cit. isión, respondió el pirata que “todo el mundo sabía que aq uellos reyes no sabían . Después de terminado el proceso, Don Pedro Ronquillo indagó sobre que dio paso a los piratas hasta la costa del Perú, pudiendo sólo averiguar que res el rey del sombrero de oro ” 11 . La opinión pública, en la causa, est aba a favor de los piratas, ex cepto, claro está, e de la Guerra. Ni el fiscal ni el abogado de la parte española, el Dr. Newton, sola palabra, ni en pro ni en c ontra, en todo el proceso. Hasta tal punto llegó la farsa que, en el momento culminante del juicio aparecieron dentro de la sala dos de los piratas que se andaban bus cando los días anteriores. Algunos de los presentes se burlaban de los testigos diciéndoles que allí había dos más. Habiéndose dado cuenta el agente español, dio parte al fiscal para que mandase prender a los pi sería muy bueno que condenasen por entonces a los tres que teníamos acusados y que le parecía que no nos metiéramos en más historias y esto se quedó así s del interrogatorio de los testigos, el Jurado se retiró a deli rados como poco más de un credo ” y cuando volvieron, su veredicto fue la lución. Sin ningún castigo, los pira tas fueron liberados y sus bienes desembargados. tar en el comercio londinense por el desarrollo y final del proceso Si en algún ambiente inglés causó mala impresión la forma en que se desenvolvió la causa contra Sharp y sus secuaces fue en el de los co tratado firmado entre España e Ingl aterra en julio de 1670, en Madrid, abría oficialmente unos portillos por donde las mercancías inglesas podían introducirse en la América española. El artículo octavo decía que los vasallos, habitantes, mercaderes y capitanes, maestres de navíos y marinero s de cada una de las dos partes se abstendrían de traficar y navegar en los puertos y abras que tuvieran fortificaciones y almacenes. ción sólo afectaba a las plazas fuer tes y, aún así, ambas Coronas conocían que podrían conced er licencia o privilegio general para co merciar con estas plazas. Pero el artículo que más favorecía a los mercaderes británicos era el no el que los navíos de gue rra y mercantes de cualquiera de las dos Coronas y de M. Londres, 28 diciem bre 1682. Cit. ue ha pasad o en el proceso de los piratas q ue se determinó en Londres, 20 junio 46 uellos reyes no sabían . Después de terminado el proceso, Don Pedro Ronquillo indagó sobre este rey que dio paso a los piratas hasta la costa del Perú, pudiendo sólo averiguar que res pondía cepto, claro está, e de la Guerra. Ni el fiscal ni el abogado de la parte española, el Dr. Newton, ontra, en todo el proceso. Hasta tal punto llegó la farsa que, en el momento culminante del juicio aparecieron dentro de la sala dos cando los días anteriores. Algunos de los presentes se burlaban de los testigos diciéndoles que allí había dos más. Habiéndose dado cuenta el agente español, dio parte al fiscal para que mandase prender a los pi ratas, a lo que tres que teníamos acusados metiéramos en más historias y esto se quedó así ” 12 . Jurado se retiró a deli berar. y cuando volvieron, su veredicto fue la tas fueron liberados y sus bienes desembargados. desarrollo y final del proceso Si en algún ambiente inglés causó mala impresión la forma en que se en el de los co merciantes. El aterra en julio de 1670, en Madrid, abría oficialmente unos portillos por donde las mercancías inglesas podían introducirse en la América española. El artículo octavo decía que los vasallos, habitantes, mercaderes y s de cada una de las dos partes se abstendrían de traficar y navegar en los puertos y abras que tuvieran fortificaciones y almacenes. y, aún así, ambas Coronas merciar con estas plazas. Pero el artículo que más favorecía a los mercaderes británicos era el no veno, por rra y mercantes de cualquiera de las dos Coronas y de ue se determinó en Londres, 20 junio