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Impeler columpios o la leve arquitectura de la acción

Parra Bañón, José Joaquín

Abstract

Ningún diccionario de términos arquitectónicos incluye en su nómina de palabras significativas el término columpio y, quizá por similares razones, es infrecuente encontrar en las bibliotecas de arquitectura referencias a él: solo unos pocos de los que se han ocupado de ella, en la teoría o en la práctica, lo han considerado objeto y asunto de su competencia, materia de su disciplina. En la aproximación que este ensayo plantea se reivindica el columpio como arquitectura: como estructura elemental que no necesita cerramientos ni cubiertas ni precisa de otros componentes arquitectónicos complejos para instaurar un espacio, para definir y cualificar un lugar; como elocuente edificio simbólico que cumple con suma eficacia la función para la que fue ideado. Para el estudio del columpio se recurre en este análisis a algunos casos ejemplares contenidos, además de en la arquitectura contemporánea, en la pintura y en la cinematografía, omitiendo lo mucho que han dicho de él la literatura y la fotografía, investigándolo en la obra de Navarro Baldeweg y en la de Prouvé, tanto en la de Cranach como en la de Renoir, en la de Fragonard y en la de Goya, así como en una película esencial de Kurosawa y en otra de Antonioni.

Full text

REVISTA EUROPEA DE INVESTIGACIÓN EN ARQUITECTURA 08 José Joaquín Pa a Bañón ETS de A qui ec u a. Uni e sidad de Se illa / [email p o ec ed] Impele columpios o la le e a qui ec u a de la acción / Pushing swings. Sligh a chi ec u e in ac ion REIA #02 / 2014 208 páginas ISSN: 2340–9851 www. eia.es Columpio, A qui ec u a en acción, Baldeweg, F agona d, Goya, Noguchi, P ou é /// Swing, A chi ec u e in Ac ion, Baldeweg, F agona d, Goya, Noguchi, P ou é Ningún dicciona io de é minos a qui ec óni- cos incluye en su nómina de palab as signi i- ca i as el é mino columpio y, quizá po simi- la es azones, es in ecuen e encon a en las biblio ecas de a qui ec u a e e encias a él: solo unos pocos de los que se han ocupado de ella, en la eo ía o en la p ác ica, lo han conside ado obje o y asun o de su compe encia, ma e ia de su disciplina. En la ap oximación que es e ensayo plan ea se ei indica el columpio como a qui ec u a: como es uc u a elemen al que no necesi a ce amien os ni cubie as ni p eci- sa de o os componen es a qui ec ónicos com- plejos pa a ins au a un espacio, pa a de ini y cuali ica un luga ; como elocuen e edi icio simbólico que cumple con suma e icacia la un- ción pa a la que ue ideado. Pa a el es udio del columpio se ecu e en es e análisis a algunos casos ejempla es con enidos, además de en la a qui ec u a con empo ánea, en la pin u a y en la cinema og a ía, omi iendo lo mucho que han dicho de él la li e a u a y la o og a ía, in es i- gándolo en la ob a de Na a o Baldeweg y en la de P ou é, an o en la de C anach como en la de Renoi , en la de F agona d y en la de Goya, así como en una película esencial de Ku osawa y en o a de An onioni. No dic iona y o a chi ec u e includes in i s lis o signi ican wo ds he e m swing and maybe o simila easons i is in equen o ind e e ences o i in a chi ec u e lib a ies: only a ew o hose who ha e a ended o i , in heo y o in p ac ice, ha e conside ed i an objec and an issue wi hin hei p o iciency, a subjec o hei discipline. In he app oach ha his essay p esen s, he swing is claimed as a chi ec u e: as elemen al s uc u e ha doesn´ need walls no oo s, no o he complex a chi ec u al componen s o es ablish a space, o de ine and quali y a place; as an eloquen symbolic building ha sa is ies e y e ec i ely he unc ion i was designed o . In o de o ealise a s udy o he swing, his analysis appeals o some exempla y cases belonging, in addi ion o con empo a y a chi ec u e, o pain ing and cinema og aphy, omi ing how much li e a u e and pho og aphy ha e said abou i , esea ching i in he wo k o Na a o Baldeweg and P ou é, in C anach´s wo k and in Renoi ´s, in F agona d´s and in Goya´s and as well in an essen ial mo ieby Ku osawa and ano he one by An onioni. REIA #2 José Joaquín Pa a Bañón — Impele columpios o la le e a qui ec u a de la acción pág. 129 Que Jean P ou é, John Kejduk, Juan Na a o Baldeweg, Isamu Noguchi y Alexande Calde , en e o os, se ocupa an en su ob a de él, debe ía de se una azón y un a gumen o su icien e pa a conside a al columpio como a qui ec u a y pa a pode analiza lo como al: pa a en ende lo como una compe encia p ima ia de la a qui ec u a. Que Le Co busie no lo incluye a en su epe o io y que Mies an de Rohe no hicie a colga uno de ellos a la izquie da de la Casa Fanswo h pa a dis ae a los huéspedes del bajan e mal disimulado bajo el o jado no le es a au o idad ni al a ilugio mecánico ni al a qui ec o mode no. Que Adol Loos, po lo que has a aho a se sabe de su is e biog a ía de homb e p i ado de in ancia, no se subie a jamás en ninguno de ellos a en pe juicio del ienés ca iacon ecido, más no del obje- o a iculado. Que no se haya cons uido aún un edi icio que imi e su o ma, que eplique su es uc u a o que conmemo e su mo imien o, no me ma, y en odo caso a ala, que los columpios son, incluso cuando acíos los mece el ien o del a a dece , a qui ec u a. En cualquie de inición álida de a qui ec u a los columpios ienen cabida: en cualquie a de aquellas que no son demasiado es ic i as po a ende exclusi amen e a algunos de sus aspec os o de sus mani es aciones (la luz que juega, el espacio cuali icado, la unción cumplida, la o ma no edosa, la ma e ialización del espí i u de la época, e c.); cabe incluso en la muy gene al que enunció William Mo is, a pesa de que ellos no siemp e modi iquen de un modo e iden e la supe - icie de la ie a que a ec an y al e an, pues los columpios au én icos nunca ocan di ec amen e el suelo sob e el que oscilan, no acos umb an a pisa el plano de apoyo mien as agi an el espacio que gobie nan. Que desde Lucas C anach el iejo, en el p ime e cio del x i, has a Édoua d Mane o Pie e Augus e Renoi , en el úl imo cua o del xix, no pocos pin o es ilus es se ija an en él y lo inco po a an como e iche y como luga en sus cuad os, pod ía con abiliza se como o o da o a a o de su inclusión en la nómina de las o mas ge minales de a qui ec u a. Que Jean Hono é F agona d y Pie e-Jacques Cazes, que Giuseppe Zais y Nicolas Lanc e , en e an os o os que se in e esa on po lo que ocu ía en la in imidad de los pa ques y de los bosques, lo u ie an po mo i o ecuen e, lo usa an como ema ei e a i o, lo eligie an como obje o de su pin u a y lo ubica an en el cen o, o en el eje, o en una de las diagonales del lienzo ec angula , no signi ica sólo que el x iii es el siglo del colum- pio en Eu opa, sino que el columpio es al mismo iempo a qui ec u a sus ancial y simbólica, cons ucción y p oyec o, ma e ia p ima y sopo e de ideologías. Gio anni Domenico Tiépolo lo analizó desde abajo po su ca ác e poli acé ico, po la mul iplicidad de sus pe spec i as y po la José Joaquín Pa a Bañón Impele columpios o la le e a qui ec u a de la acción REIA #2 José Joaquín Pa a Bañón — Impele columpios o la le e a qui ec u a de la acción pág. 130 REIA #2 José Joaquín Pa a Bañón — Impele columpios o la le e a qui ec u a de la acción pág. 131 pe sis encia de su mo imien o pendula . F ancisco de Goya, ya en el siglo siguien e, ambién mi ando hacia lo al o, lo dibujó con un iejo desaliñado en su seno, conside ándolo no un jugue e sino una p ó esis: un apa a o o opédico, una máquina pa a el uelo sin mo o y una esidencia jo ial y op imis a. Édua d Mane en el xix, en uno de los úl imos cuad os que pin ó, se ocupó de esa e sión ac obá ica y es a os é ica de los colum- pios que son los apecios (en la esquina supe io izquie da de El ba del Folies-Be gè e, 1882, hay uno pisado po unos bo ines emeninos), de esos asien os ci censes que apenas cincuen a años después a mó con alamb es y cue das Alexande Calde (El ci co, 1927), columpios a menudo empa e- jados y en en ados que ambién se ma ginan de es a some a in oducción. Que en el siglo xx Jean Renoi , Aki a Ku osawa, Robe Mulligan, Michelangelo An onioni y Wim Wende s igu en en la nómina de los di ec- o es que ilma on columpios usuales, descolgados de la ama de un á bol, pendien es de un andamio me álico o anudados a la iga de un echo, les augu a a es os ingenios di íciles de ca aloga un cie o po eni en el ajua público, alguna pe manencia en la melancolía de los ciudadanos, en la libido de una especie, aún no emancipada del odo de su o igen simiesco, que ecue da el place de deja se mece , de impulsa se hacia las al u as has a el é igo, de ascende su cando el acío y balancea se po encima de un mundo elú ico al que eme. Los columpios, pa ien es de la hama- ca y de los í e es, de la plomada y de la mecedo a, del apecio dinámico y de la come a, ue on in en ados po nues os p edeceso es pa a que la capacidad de soña no se ex inguie a: pa a da le es ímulo y cobijo a la imaginación. Fue on ideados como luga y como mueble, como a e ac os idóneos pa a cons ui un luga y como a i icios con los que domes ica el medioambien e: desde su o igen, desde los p ime os que a a on dos cue - das a un palo que se ía de iga y las anuda on allí a iba inaugu ando un asien o lo an e, el columpio es a qui ec u a. Aunque las elaciones en e la a qui ec u a, el columpio y la o og a ía, po su ex ensión se excluyen de es e capí ulo, como a qui ec u a en la a qui ec u a lo o og a ia on Hen i Ca ie -B esson y Robe Doisneau en e los anceses; Wal e Rosenblum, Roge Maine, And é S eine , Geo ge Ma ks, Pe e sen E ik, Bu Glinn y Agus í Cen elles en Ba celona, Shi ley Bake en Lond es y F ank Ho a en El Cai o, y el checo Ji i Ji u, po ci a sólo algunos occiden ales, en 1966 en Eslo aquia, donde so p endió a es muje es cubie as con ocas y con g andes aldas neg as columpiándose en columpios dobles y simé icos, en ecipien es que emi en a bañe as a caicas. Que el columpio lo usa an Adán y E a an es de su expulsión, Pulcinella en Venecia o Kanji Wa anabe en Tokio, así como algunas Inmaculadas medi e áneas an es de se con- cebidas, mien as descendían hacia el seno ma e no de Ana, o que cada día Venus en los cielos olímpicos haga desnuda en ellos gimnasia, eje cicios a lé icos y cab iolas pa a conse a su igu a di ina, anuncia la e sa ilidad del columpio y su inusi ada capacidad de adap ación. También nos in o ma sob e su polisemia y la di e sidad elocuen e de su iconog a ía. La esidencia p imo dial del columpio es el ex e io : la na u aleza ans- o mada, el e i o io con e ido en luga y la ciudad en cualquie a de sus e siones, en cualquie a de los ecin os abie os que p opone pa a la es ancia. En el columpio palpi a la ocación po lo u bano, la a qui ec u a dinámica del ges o, la co eog a ía de lo colec i o. Su eclusión en los in e- io es, en los espacios públicos p i a izados y igilados, o en la in imidad (Todas en página an e io ) 1.1 (Izquie da a iba)– Han i Ca ie - B esson, Boda en Join ille-le-Pon , 1938. 1.3 (Izquie da cen o)– Bu Glinn, Ba celona, 1960. 1.5 (De echa)– Ji i Ji u, T es muje es columpiándose, Slo aquia, 1966. 1.2 (Debajo de echa)– Wal e Rosenblum, Niña en un columpio, Pi S ., New Yo k 1938. 1.4 (Debajo izquie da)– Agus í Cen elles, Gua de ia In an il en Via Laye ana, 1936. 2.1 – 2.3 (A iba)– Juan Na a o Baldeweg, Luz yme ales, Sala Vinçon, Ba celona, 1976. 2.4 (De echa cen o)– An ológica de Juan Na a o Baldeweg en el Ins i u o Valenciano de A e Mode no, 1999. 2.5 (Izquie da)– Juan Na a o Baldeweg, Luz y me ales, sala Vinçon, Ba celona, 1976. 2.6 (Debajo de echa)– Juan Na a o Baldeweg, p oyec o pa a Luz y me ales, 1976. REIA #2 José Joaquín Pa a Bañón — Impele columpios o la le e a qui ec u a de la acción pág. 132 de lo domés ico, p oduce una asg esión: la p o anación del columpio. Su aislamien o o zado p i ándolo de la posibilidad del uso comuni a io, enjaulándolo en e alamb adas y excluyéndolo del in en a io de las a qui- ec u as elices, de las a qui ec u as elemen ales que se cons uyen con lo mínimo, es ambién un mal sín oma. Analiza las peculia idades y las ca ac e ís icas de es a a qui ec u a disc e a, a e igua cuáles son sus adje- i os o cuál es la ipología edi ica o ia a la que pe enece, pod ía lle a se a cabo poé icamen e ecu iendo a me á o as y seleccionando pa a la disec- ción y la au opsia algunas piezas ejempla es. Juan Na a o Baldeweg, 1976 El columpio, obsceno si es ecluido en un in e io , e oca el ex e io : in o- ca la disolución de los lími es de su clausu a po que él pe enece a las a ue as, a lo abie o, a lo anspa en e, al g an á bol del que pende, y no al seno ocluso de la a qui ec u a, no al ecin o cúbico de las habi aciones, no a las on e as impues as po los echos y po las pa edes. Es compe encia an es de lo u bano que de lo domés ico, de lo descubie o y pe meable más que de lo he mé ico. El columpio celado es una solici ud las ime a de ai e esco: la alusión a un luga ex e no en el que pod ía cae la llu ia, sopla el ien o, c ece la hie ba, g i a un niño y gemi la nin a mien as goza. Un columpio es un an ído o pa a la clausu a, una g ie a en la celda, un na ajazo en el aislamien o sin deseo, una isu a lineal en la ano exia. De un modo imp eciso el columpio delimi a un luga : de ine un espacio, a eces cons eñido en e dos planos pa alelos; dibuja un ec ángulo, una c uz, un cí culo en plan a; gobie na un ecin o con su mo imien o. El columpio, como un oco de luz pun ual, se ap opia de un cono, del luga geomé ico de los pun os a los que puede accede en su eco ido side al. El columpio suple al ayo de luz declinan e (en F agona d la luz y el columpio cons uyen una u e: un g an pubis ené eo). El columpio, como la luz diu na, como el deseo, eside en la diagonal. El columpio, como el u íbulo, se cumple en la ines abilidad de las pendien es, en las ue zas de la inclinación. El columpio colgan e, como el obogán, como la línea Kandisky, como el ayo, p e ie e la diagonal. El columpio en mo imien o ecunda en bisel al ángulo ec o. El columpio en acción, aquí y en C anach y en Goya, e idencia la sobe anía de la diagonal: la inco po ación de la diagonal descompone el espacio ca esiano, que iende a echaza la, que p e ie e la e ical y la ho izon al, la c uz a la equis, el signo suma o io al di iso , que ehúye lo a ieso y eme lo o o, que limi a al mínimo lo inclinado po que lo deses abiliza y lo con adi- ce. La inclusión iolen a de lo des iado, de la línea que une los é ices opues os del ec ángulo, ensiona y a i a el espacio: ale a la habi ación y some e a la ciudad ciclos de sís oles y de diás oles. El columpio es el esco zo, la ampa de ascenso, la escala de la que sólo queda el p ime peldaño, la zanca de la escale a po la que pode escapa se hacia a iba, siemp e subiendo. Los columpios aspi an a la bisec iz (a la bisec iz ines able de la ealidad y a la no menos esbaladiza de las quime as). Los columpios son la a qui ec u a de la inquie ud: la o ma suspendi- da, ing á ida y no siemp e explicable. En 1976 Juan Na a o Baldeweg, en la ins alación que i uló Luz y me ales, ideada pa a la Sala Vinçon de REIA #2 José Joaquín Pa a Bañón — Impele columpios o la le e a qui ec u a de la acción pág. 133 REIA #2 José Joaquín Pa a Bañón — Impele columpios o la le e a qui ec u a de la acción pág. 134 Ba celona y cons uida en ese luga según su p oyec o y de acue do a sus ó denes a pie de ob a, de u o un columpio en un momen o de su ascen- sión: del ascenso y no del descenso po que pa ece que la es uc u a coagu- lada conse a un es o del impulso que la condujo has a allí. Un columpio me álico, in an il, con la mon u a doblemen e suje a po la gas cadenas inmo ilizadas, que sob e uela po encima de una casi a de ca ón den o de un cua o con pa edes en las que se han pin ado líneas con e gen es y di e gen es, ho adado con dos g andes en anas opues as e i isadas, al que se accede a a és de una pue a con a co de medio pun o, a la que se llega as subi una escale a de doce apos ólicos peldaños. Hay, además, una mon e a a dos aguas po la que se inmiscuye el cielo en la sala. El columpio Baldeweg, como los hilos de Duchamp en la exposición neo- yo quina de 1942 sob e el su ealismo, inu iliza la habi ación. La niega al hace la inhabi able, al ol e la pelig osa, al inocula le la amenaza de la acción oscilan e, de un impac o po so p esa ¿Quién se a e e á a ocupa la habi ación si emie a que sin p e io a iso el columpio pod ía einicia su cadencia, su mo imien o de ai én a una elocidad con en- cional?, ¿Quién osa á en a si el columpio indisc e o mani ies a su ines- abilidad po el o i icio? En e e , como en la exposición an ológica del IVAM de 1999, un columpio que se aba e desocupado en el acío es una imagen de la in iga y una in i ación al p ecipicio. Un columpio sin ocu- pan e es un signo de exclamación de la ausencia, un e a o de lo hue o y un p esagio de la is eza. Es e columpio elec i ica el luga , lo hace emible, ines able, iolen o. Su balanceo, su len ísimo columpia , apenas pe cep ible pa a el ojo desa en- o, es sen ido como una amenaza po el espec ado c í ico, pe cibido con pa o po la mi ada sensible. El columpio, cual péndulo congelado en el ex emo de su ciclo, pa ado en una posición que es es á icamen e impo- sible, apa ece sin a iso as el elo de la pue a como una p o ocación: en es e es ado es una o ma impe inen e, de insolencia. El columpio pa alí ico, en e is o a a és de la discon inuidad, de las jambas de la pue a po la que asoma declinan e y sin ine cia, a endido desde el ex e- io causa una inquie ud mayo que si es analizado cien í icamen e desde den o, desde uno de los incones a los que, po la al a de elas icidad de sus a adu as, no puede llega . No sabe de dónde cuelga, de qué se suje- a, cómo se anuda en las al u as, añade so p esa y males a , in e ogan- es y pesadumb es, desasosiego y desazón. Lucas C anach, 1532 Las es melancolías que pin ó Lucas C anach el iejo, (una en 1528: Na ional Galle y o Sco land de Edimbu go; y dos en 1532: S a ens Museum o Kuns de Copenhague y Musée d’Un e linden de Colma ) con ienen casi al comple o la pa a e nalia de las melancolías enacen- is as cen oeu opeas: es deci , incluyen g an pa e del epe o io ico- nológico de la acidia, de la melancolía sa u nina cuando e a conside ada un p i ilegio y no una en e medad psiquiá ica, los símbolos de la bilis neg a de la que se c eía que emanaba el genio c ea i o. Sólo en la úl ima de sus muje es aladas, en el eje del óleo, pa a acele a la escena, incluyó un columpio que aún causa so p esa. 3.1– Lucas C anach el iejo, Melancolía, 1532, óleo sob e made a, Un e Linden, Colma . REIA #2 José Joaquín Pa a Bañón — Impele columpios o la le e a qui ec u a de la acción pág. 135 Algo láccido, con las cue das des ensadas, dis aídas como el niño que si e de pesa al péndulo que mide el iempo, el columpio i umpe po el hueco pos e o pa a que la c ia u a desnuda pueda en en a se a los es niños bu lones que desde el suelo lo en idian ¿De dónde iene?, ¿Dónde es á?, ¿Fue a o den o, en la habi ación o en el paisaje, sob e el al eiza o sob e las pe dices i uosas?, ¿A qué al u a si ua el o o é ice del ec ángulo al que el columpio si e de diagonal? Si la mi ad in e io del cuad o la ocupa el suelo y la mi ad supe io los pa amen os, no queda en onces ningún si io en la abla pa a el echo, pa a mos a la supe icie de la que penden las cosas colgan es. Aunque el a e a los columpios, al igual que a las ma ione as, les niegue la cimen ación y la es uc u a, és os ienen necesidad de echo, deseo exis encial de igas, de ménsulas, de din eles, de aside os en los que aga a se, de bó edas desde las que descende , de cielos ma e iales y densos desde los que descolga se. El columpio, no la es e a, ocupa el pun o de uga de la Melancolía de Colma . El columpio es aquí una ci cuns ancia de lo aé eo, de las nubes que ampa an la coho e de demonios, de la ciudad que sob e el acan ilado 7.1 (A iba izquie da)– Alexande Calde , pendien es pa a Peggy Guggenheim, h.1938. 7.2 (A iba de echa)– Peggy Guggenheim luciendo los pendien es cons uidos po Calde . 7.3 (Debajo)– Robe Mulligan, escena deMa a a un uiseño , 1962. de su eje has a que las cadenas se en ollan, se enzan y se des enzan ans o mando al columpio en una peonza, en un asien o ma eado que da uel as y uel as mien as epana la luz declinan e. La música de U2 y B ian Eno se supe pone a los sonidos na u ales de los columpios: los susu os, los mu mullos, el ulula del ien o en e sus ib as, el c uji de las made as, el es alla de las cue das, el chi ia de los hie os sin ungüen o. Un columpio es ambién, aunque John Cage no los ap o echa a y Da id B yne no haya epa ado aún en ellos, a qui- ec u a sono a: esul a ex año el columpio que no e asmi e, el que es mudo, aquel del que no p ocede siquie a un sonido ajeno, un g i o, una ca cajada densa de oxi ocina, un lamen o indolo o o un clamo placen e- o. Los dos columpios que apa ecen en Ma a a un uiseño , el balancín en el po che en el que se sien a A icus Finch y el udimen a io de neu- má ico en el que juegan los niños, son len os y silenciosos. Jean-Hono é F agona d, 1767 Mademoiselle en su columpio es una lucié naga: un su il o ganismo a bó eo que ilumina la lo es a. El columpio de El columpio de 1767 de Jean-Hono é F agona d pa ece un p oduc o na u al, una pe enencia del ja dín oscu o poblado de c ia u as somb ías y ala gadas, una o ma seg egada po el p opio á bol del que depende, una de sus exc ecencias: uno de sus pa ási os con es uc u a de liana. Aunque el columpio, como denuncia el mullido asien o de e ciopelo ojo que sus en a a la doncella lige a, es un a i icio, un a ilugio y una excusa pa a deci o a cosa. REIA #2 José Joaquín Pa a Bañón — Impele columpios o la le e a qui ec u a de la acción pág. 142 F agona d lo pin a comple o, desde las amas de las que cuelga has a el suelo que e i a: en e o aunque disimule su o igen en e el ollaje, cada cue da anudada complicadamen e a un muñón dis in o. No como C anach, como Goya o Mane , quienes sólo se ocupan de un apéndice, que se con en an con insinua lo. La compleni ud y la ins an ánea del cue po en mo imien o: la doble línea que oscila bajo el oco, el zapa o e ichis a que se desp ende y uela hacia un Cupido que exige silencio an eponiéndose un dedo e ec o en los labios. El pie emenino, ya des- calzo, p epa ándose pa a pisa (muje que pisa un columpio-se pien e: Ma ía de Naza e ; muje que pisa un columpio- ene a: A odi a; muje que pisa una columpio-cabeza: san a Bá ba a; muje que pisa un colum- pio-columpio: Syl ia Ba aille). En F agona d el columpio es una exp esión del mo imien o en el co a- zón de la na u aleza exube an e y domes icada del pa que: exp esión no de la dinámica del bosque sino de la a qui ec u a en acción, de la ac i idad a qui ec ónica. El columpio es aho a el badajo a qui ec ónico de una campana ege al; es en los cuad os de F agona d el pabilo del candil, la lámpa a de una cabaña. Subi se a un columpio es en onces como pone se debajo de un oco, como ascende a un podio, epa a la mayo ho nacina del al a , iza se a lo más al o de un más il o expone se en un paso de palio. I con a la disc eción. Es como oci e a , clama o ale a de una p esencia. Es es a po encima. A Mane le bas a con insi- nua unos pies olande os pa a que el pálpi o le e se expanda como una onda y acabe eclamando oda la a ención. El columpio es a qui ec u a que iembla, pulsá il, ib á il. En ocasiones, cándida (Pál Szinyei Me se, El columpio, 1869); en ocasiones, olup uosa (John Reinha d Weguelin, El columpio, 1893). El siglo de la exal ación del columpio es el x iii. De los columpios como elemen o cen al de la escenog a ía: es deci , como ó ice del espacio que agi an, del luga que ges ionan. La pin u a del x iii pe mi e analiza el ja dín y el pa que como a qui ec u a y el bosque como paisaje a i i- cial, y en su seno in es iga al columpio como angua dia de los p ocesos de u banización. Columpios con una es uc u a sus en an e simila a la ococó que empleó en 1767 F agona d, con cada uno de los i an es a ado en un luga o a una ama dis in a, ue on pin ados decenas de eces du an e ese mismo siglo, uc í e o en paisajes: Pie e-Jacques Cazes, El colum- pio, 1732, El Lou e, Pa ís; Giuseppe Zais, El columpio, 1765, Gale ía de la Academia, Venecia; Goya, El columpio, 1787, colección Mon ellano, Mad id, son es ep esen an es de ellos. Columpios accionados del mismo modo que el de F agona d, mo idos no an o po el impulso de ai én de la columpis a cuan o po el empuje inicial y el i a y a loja de un asis en e con sus cue das de i i i e o, han sido pin ados po o os en muchas o as ocasiones: los a ios de 1735 de Nicolas Lanc e o el so p enden e de Hube Robe (es el que iene el ángulo más ob uso de odos los que se han pin ado, el que se acciona con una cue da más la ga) si uado en la A enida de un pa que, (1799, Musées Royaux des Beaux- A s, B uselas), bas a ían como ejemplo. REIA #2 José Joaquín Pa a Bañón — Impele columpios o la le e a qui ec u a de la acción pág. 143 8.2– Pál Szinyei Me se, El columpio, 1869, óleo sob e ca ón, 54 x 41 cm, Magya Nemze i Galé ia, Budapes . 8.3– John Reinha d Weguelin, El columpio, 1893. 8.1 (De echa)– Jean Hono é F agona d, Elcolumpio, 1767, óleo sob e lienzo, 81x65cm, Colección Wallace, Lond es. El p opio F agona d cons uyó o o mayo en un cuad o mucho más g ande años después, en 1775, és e anudado a dos á boles di e en es y muy sepa a- dos (no es en un columpio sino en un balancín de pi o e y con apeso donde se en e iene la muchacha del lienzo de F agona d i ulado El columpio, c. 1750-1752, del Museo Thyssen-Bo nemisza de Mad id). Aquí, al p incipio de la inmensidad de un e i o io amable, el jugue e ac obá ico es un anal: de él b o a la luz; es el oco de la elipse que ama illea en el suelo. De odos, quizá sea és e el que más se ajus a a la de inición y a las leyes que igen el mo imien o del péndulo ideal, ese sis ema o mado po un cable y una masa suspendida en su ex emo que oscila some ido a la acción g a i a o ia. El columpio o ma un ángulo de casi cua en a y cinco g ados sexagesimales con el ma co del cuad o: ella esbala po la hipo enusa de ese iángulo ayendo, como P ome eo del Olimpo, la luz. F agona d la de u o cuando había descendido unos es cua os del obogán. El columpio es en la na u aleza, en el cla o que p oducen en el bosque, en el luga que espacian, como pos ulan F agona d, Cazes, Zais, Lanc e , Robe y muchos o os pin o es de las cos umb es galan es (Goya no es uno de ellos), una a qui ec u a op imis a: uno de los escasos ejemplos de a qui ec u a de la aleg ía. Una a qui ec u a uncional y, no obs an e, suje a a inexo ables leyes es uc u ales, cuyo incumplimien o de iene en REIA #2 José Joaquín Pa a Bañón — Impele columpios o la le e a qui ec u a de la acción pág. 144 8.4 (A iba izquie da)– Pie e-Jacques Cazes, El columpio, 1732, óleo sob e lienzo, 97 x 88 cm, Museo del Lou e, Pa ís. 8.6 (A iba de echa)– Nicolas Lanc e , El columpio, 1735, óleo sob e lienzo, 70x89cm, Vic o ia andAlbe Museum, Lond es. 8.5 (Debajo izquie da)– Giuseppe Zais, Elcolumpio, 1765, óleo sob e lienzo, 53 x 39 cm, Gale ía de la Academia, Venecia. 8.7– Hube Robe , A enida de un pa que, 1799, óleo sob e lienzo, 59 x 39 cm, Musées Royaux des Beaux-A s, B uselas 8.8– Jean-Hono é F agona d, El columpio, 1775-80, óleo sob e lienzo, 216 x 186 cm, Na ional Galle y o A , Washing on. desas e. Ninguna de las es udian es de Cazes, de Zais, y ampoco alguna de las que pin ó Goya, sob e i ie on a la expe iencia de mon a en un columpio mal cons uido. El columpio es una a qui ec u a p imi i a: sag ada. El columpio es a qui- ec u a imagina ia: es, po un ex emo, la a qui ec u a del acaso y, po el o o ex emo del hilo, la de la ilusión. El columpio es a qui ec u a eman- cipada de la ie a. Los columpios, an es de se ecluidos en los campos de concen ación de los pa ques in an iles de los polígonos de las pe i e ias, no se e igían: se dejaban cae , se descolgaban, se suspendían: como la opa pues a a seca , se endían al ien o. Los columpios, an es de que se ab ica- an con me ales, se a maban con hilos y made a, con ma e iales eciclados, con ozos enzados de cue das y con ablas desechadas (hubo algunos de in e io que enían de asien o sillas y bu acas). Aislados, de uno en uno, adul os, nunca en se ie, ni en g upos, ni en ila: siemp e indi iduales y sobe anos has a el ad enimien o coe ci i o de las ludo ecas, has a que han sido p i ados de muchos de sus an iguos signi icados. REIA #2 José Joaquín Pa a Bañón — Impele columpios o la le e a qui ec u a de la acción pág. 145 9.1– Goya, El columpio, 1779, óleo sob e lienzo, 260 x 165 cm, Museo del P ado, Mad id. 9.2– Goya, El columpio, 1787, óleo sob e lienzo, 169 x 100 cm, Colección Mon ellano, Mad id REIA #2 José Joaquín Pa a Bañón — Impele columpios o la le e a qui ec u a de la acción pág. 146 F ancisco de Goya, 1779-1824 F ancisco de Goya y Lucien es, in e esado po los mu ciélagos y po o os mamí e os que uelan, desp eciando las leyes elemen ales de la geome ía y los p incipios de la dinámica al a a cada uno de los ama- les de un columpio imposible a una al u a bas an e dis in a, se mo a del iángulo isósceles: el p e e ido po el columpio pa a compone se en equilib io. En él, dijo Goya el 21 de julio de 1799, una de las es c iadas que han salido al campo a di e i se “se es a colunpeando en una cue - da que es á asida a un á bol”. El columpio es la a qui ec u a sin suelo: desolada. Es un balcón, un ejado o una apia desde la que lanza se a lo hueco, una ménsula, un ampolín desde la que sal a (I es Klein pod ía habe elegido uno de ellos pa a su Sal o al acío). De nue o Goya años después, en 1787, aho a u ilizando una cue da o a, una soga insu icien e que se ha ampliado con un ozo adicional po cada ex emo, se ocupa del columpio galan e (los omán icos se adue- ña on de él du an e un la go pe iodo). T es homb es y es muje es en e los á boles hi su os, bajo un uni e so de u es ilamen osas, ampa- ados po una ama diagonal: la única lo ecida. Esa ama es el din el: los oncos, las jambas. El columpio es, más que una pue a, un umb al que oscila. Los b azos, las pie nas, los á boles, las cue das oblicuas: el columpio, en consecuencia, como sis ema axonomé ico. El columpio es 9.3– Tiépolo, El columpio de Pulcinella, 1791-93, esco, 200 x 170 cm, Museo del Se ecen o Veneziano, Venecia. 9.4– Goya, Anciano en un columpio, 1824- 28, iza neg a, 190 x 151 mm, Hispanic Socie y o Ame ica, Nue a Yo k. una a qui ec u a mínima, hilada. Una hila u a. A qui ec u a hil anada. A qui ec u a de hilos, sin cos u as. Es una palab a. Un columpio es algo más que un mecanismo lúdico colgan e, ú il pa a balancea se pendula y acompasadamen e; más que un simple un a i icio mobilia io que e i a el ozamien o con el suelo que sob e uela; más que un asien o en el que aposen a se en cualquie pos u a que pe mi a se impelido, po una ue za p opulso a ex e io o po el p opio impulso del ocupan e, con la in ención de mece se. Es una a qui ec u a suspendida que ensa y des- ensa y con ulsiona el espacio que gene a y ges iona, una a qui ec u a placen e a del ai én que asciende y desciende del ai e a la ie a; es una la a qui ec u a jo ial del é igo que, mien as no ue ecluida como ehén en los pa ques en in an iles de las pe i e ias, pe enecía an o a la indus ia como a la a esanía. Un columpio es un edi icio descolgado o le an ado sólo con los componen es imp escindibles: una habi ación mínima de lími es ines ables en la que pode anida ; un asien o siemp e en mo imien o con aspi aciones ae odinámicas. Es a qui ec u a pendu- la pa a el balanceo cons uida con líneas que ansi a po el semicí culo. Un columpio es un ejemplo de la a qui ec u a li iana en uncionamien o. Es un sus an i o que hay que eci a desde abajo. Los columpios hab ía que e los, que exp esa los siemp e desde abajo, con los ojos apoyados en el suelo, con los ojos del pe o de Goya que mien as se hundía en la ie a REIA #2 José Joaquín Pa a Bañón — Impele columpios o la le e a qui ec u a de la acción pág. 147 obse aba, cuando aún el iempo no los había bo ado del esco, el uelo de los pája os sucediendo allá en lo al o. Como Tiépolo, hab ía que dibu- ja los siemp e en el echo, en las cúpulas y en las bó edas pa a que a a és de ellos pudie an pene a el ocío y los ángeles a epen idos (El columpio de Pulcinella, 1791-93). Desde abajo, como lo o og a ia on Geo ge Ma ks, Bu Glinn y And é S eine . Po que en un columpio no se habi a: se anida. Es una a qui ec u a pa a las a es, un ipo de paja e a (no en ano algo iene que e con las palomas e imológicas, los columba ios y las columnas). Una a qui ec u a a bó ea. Un columpio puede se un nido: así, los colum- pios a esanales ab icados con un capazo de espa o a ado con sogas po sus asas a la ama de un níspe o (en Níja o en Tíjola). En su in e io se o illan los niños a incuba sus p oyec os. A eces, jun o al níspe o, el b ocal de un pozo. Como el a pa, el columpio es un ins umen o de cue da: el de Tiépolo, un ins umen o monoco de sin caja de esonancia. Has a el siglo xx en los columpios no hay niñas ni niños. Hay algunos mozos y muchas muje es, algunas de ellas impúbe es. Hay, po in, a causa de Goya a mado con una iza neg a en 1824, un anciano malé olo que son íe ijoso, que ni es á is e ni su e de amo con a iado. Un iejo descalzo agi ando el ondo blanco del papel, ba iendo el ai e, azando a cos, haciendo ib a las en añas del dibujo, con ulsionando el plano y el espacio. Y, si acaso iene o os po de ás los pan alones, que se balancea con el culo al ai e. En el columpio uela madu a la an asía: en su seno se engend a he ma odi a el p oyec o y sob e él se ges an onanis as los más elices p ocesos a qui ec ónicos. El columpio es la a qui ec u a en acción: soña los, cons ui los, dona los, ocupa los e impele los sin espe a nada a cambio son algunas de sus compe encias y cinco de los e bos obliga o ios a los que se ha dejado de p es a les la debida a ención. Bibliog a ía ARGULLOL, Ra ael. La a acción del abismo. Un i ine a io po el paisaje omán ico. Ba celona: Plaza y Janés, 1987. BERNHARD, Thomas. T as o no, Sáenz, M. ( ad.). Mad id: Al agua a, 1999. Calde : la g a edad y la g acia. A iño, Ama an a (Coo d. Ca . Exp.). Mad id: TF Edi o es, 2003. DAL CO, F.; LAHUERTA, J. J.; GONZÁLEZ GARCÍA, A. Juan Na a o Baldeweg: le ope e, gli sc i i, la c i ica. Milán: Elec a, 2012. Du e o y C anach. A e y Humanismo en la Alemania del Renacimien o. Checa, Fe nando (Coo d. Ca . Exp.). Mad id: Museo Thyssen-Bo nemisza, 2007. Soundings: a wo k by John Hejduk. 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