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No todo lo que reluce es sexo, una etnografía sobre historias de amor en Grindr

Díaz Reyes, Jairo Andrés

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1 No todo lo que reluce es sexo, una etnografía sobre historias de amor en Grindr Jairo Andrés Díaz Reyes Índice Puntos de partida: el amor romántico como canción en bucle!3" Introducción: preguntas sin respuestas!10" Grindr: “El patio virtual de maricones”!12" Metodología!18" Hugo!23" Pablo!44" Ismael!61" Jesús!73" Hacia un estudio del amor romántico entre hombres que usan Grindr!82" Imaginarios en torno al amor romántico: el relato popular!84" Cultura y emoción: el amor romántico como producto cultural!89" ¿Notas específicas del amor entre hombres gays?!95" Reflexiones finales!105" Bibliografía!113 2 Puntos de partida: el amor romántico como canción en bucle Me mudé a Sevilla no porque quisiera estudiar antropología, eso era mentira, al fin y al cabo podía estudiar antropología en la Universidad de La Laguna. Me mudé a Sevilla porque quería salir de aquella isla como fuera. Quería y tenía. Quería salir porque evitaba reunirme con un grupo de hombres a los que tuviese que explicarles mis deseos y prácticas sexuales, para que luego ellos decidieran si estos eran aprobados por Dios. Tenía que salir porque sabía que si aquella reunión ocurría, el propio grupo me expulsaría, pues Dios no aprobaba tales prácticas dentro de su pueblo escogido, y entonces estaría solo, sin apenas vínculos y atrapado en aquella isla. Era incapaz de afrontar esa situación sin apoyo. Así que hice las maletas y el uno de septiembre de 2020 estaba aterrizando en el aeropuerto de Sevilla con la excusa de estudiar antropología. Casi cuatro años más tarde, escribo las primeras líneas de este proyecto, que guarda una relación directa con esos acontecimientos. Y es que la elección temática de este proyecto, así como de su metodología, devienen de una acumulación de experiencias personales. Estas se presentan centrales tanto al escoger el tema como en el desarrollo del mismo. Esta historia mía es tan relevante que considero importante exponerla brevemente para hacer entender al lector el contexto en el que se cuece esta investigación. Desde mi temprana adolescencia el amor romántico fue algo a desear. Más recientemente, en una confluencia de vivir mi sexualidad libremente e iniciar mis estudios en el grado de Antropología Social y Cultural, se presentaron ante mí nuevos interrogantes alrededor del amor romántico. Interrogantes que son consecuencia de toda una serie de contradicciones a las que soy sometido en un intento de dejar de lado antiguas creencias y estar dispuesto a explorar nuevas formas de entender las diferentes realidades que me rodean. Para entender a qué me refiero cuando hablo de estas contradicciones internas, primero debo decir que estas son consecuencia de mi paso de “un mundo” a “otros mundos”. Es la exploración de la otredad, de otras formas de pensar-sentir-hacer los diferentes mundos, lo que despierta en mí toda una serie de contradicciones internas. Es, por un lado desde la confusión, y por otro desde la curiosidad, que nace la idea de este proyecto. Hasta aquí hablo de “diferentes mundos” a los que he 3 pertenecido a lo largo de mi vida. No es que quiera dotar de un halo de misticismo a mis palabras, es que realmente siento que a lo largo de vida he vivido en varios mundos. Me explico. Nací en el seno de una familia de Testigos de Jehová y yo mismo pertenecí a esta minoría religiosa hasta casi cumplir los 29 años de edad. El crecer dentro de este grupo, con una cosmovisión muy específica, marcó mi forma de entender y relacionarme con el mundo que me rodeaba. Queriendo evitar los reduccionismos, pero siendo consciente de que el objetivo de este párrafo es simplemente mostrar el contexto en el que nace esta investigación, diría que mientras era Testigo de Jehová entendía el mundo de una forma bastante dicotómica, probablemente producto 1 de las enseñanzas de los testigos. Así, mi entendimiento de el mundo se reducía a estar dentro o fuera de los testigos. Existían dos categorías opuestas, dos formas de habitar el mundo: ser Testigo de Jehová o no ser Testigo de Jehová. Durante la pandemia de Covid en 2020, y debido a toda una serie de acontecimientos, decidí dejar de ser Testigo de Jehová. Fue complicado, mejor dicho, fue extremadamente complicado. Las palabras con las que comienzo este apartado son una pequeña muestra de a lo que me enfrenté. Yo había nacido dentro de una familia de Testigos de Jehová y no conocía nada fuera de eso, solo podía hacerme una idea, según me contaban los testigos, de lo que era no ser testigo y de cómo pensaban-sentían-actuaban los no testigos. Dejar de ser Testigo de Jehová no fue una decisión que tomé de la noche a la mañana, aunque la pandemia fue el contexto que lo favoreció a través del aislamiento y la pérdida de las rutinas religiosas como ir a evangelizar, reunirme varias veces en semana con otros testigos, estudiar la biblia y las publicaciones de los testigos de forma grupal… Eso no fue más que la gota que colmó el vaso, el verme completamente solo durante la pandemia. Desde pequeño me había sentido fuera de lugar y mi sentimiento de pertenencia entre los testigos iba y venía y a menudo me preguntaba si era lo suficientemente bueno para serlo, para formar parte del pueblo escogido por Dios. Recuerdo con gran claridad una mañana en la que, La utilización del término el mundo me parece problemática, ya que parece promover una visión única y verdadera de todas las 1 experiencias vitales y cosmovisiones asociadas a ellas posibles, por ello utilizo la cursiva. Sin embargo, en aquel entonces, mi forma de entender la realidad era única y dogmática. Además, utilizo mediante este término léxico propio de los testigos para referirme a todo aquello que sale de los límites de la organización religiosa de los Testigos de Jehová. El mundo es así concebido como el otro, el que no es testigo, todo aquello que está fuera de la entidad religiosa, englobando a personas, instituciones y formas de pensarsentir-hacer que estas promueven. 4 mientras evangelizábamos, le decía a mi madre cómo sentía presión para bautizarme . Yo tenía 2 catorce años, ese mismo verano acabé bautizándome. Mis dudas se complicaron cuando ese mismo verano, y justo después de mi bautismo, empecé a sentirme sexualmente atraído hacia los hombres. Recuerdo también el momento exacto en el que me di cuenta de que me atraían los hombres, en ese preciso instante pensé: “Dios me va a matar”. Pensaba que iba a morir en “Armagedón”, lo que los testigos entienden que es una guerra del Dios hebreo Yahvé (renombrado como Jehová) contra los gobiernos y las instituciones de las sociedades modernas. En el imaginario colectivo de los testigos sólo los buenos testigos y alguna que otra excepción se salvarían y sobrevivirían a esa temible guerra, teniendo la oportunidad de trabajar intensamente para repoblar la tierra y convertirla en el primitivo “jardín de Edén” durante los siguientes mil años, para, después de pasar una última prueba final, vivir en ella para siempre y formar parte de una sociedad utópica. Así, mis sentimientos, que se salían de la norma heterosexual impuesta en los Testigos de Jehová, me ponían más difícil poder formar parte de esa utopía, pues se entiende que la homosexualidad aleja al sujeto de Dios y su práctica no es tolerada dentro del grupo. Sobrevivir a Armagedón significaba que tenía que ser un buen testigo, y, por tanto, debía reprimir, cuanto menos contener, mi sexualidad. Mi adolescencia se convirtió en un intento constante de lo anterior y en un cuestionamiento constantemente de qué estaba haciendo mal, en qué fallaba o por qué era peor que los demás, pues mi atracción sexual hacia los hombres no solo no disminuyó sino que siguió creciendo. Alrededor de los 22 años decidí, motivado por relatos de otros hombres homosexuales que contaban sus historias en las publicaciones de los testigos, que dedicarme de lleno a la religión sería lo mejor para mí. Por ello, me mudé a Reino Unido primero para dar lo mejor de mí a la religión y que me sirviera de trampolín para luego emigrar como ministro religioso hacia Latinoamérica. Así, con 26 años mi sueño se hacía realidad: me mudaba a República Dominicana para evangelizar casi a tiempo completo, pues solo dedicaba unas diez horas a la semana a pequeños trabajos que me iban saliendo. En República Dominicana pasaron muchas cosas, aunque solo estuve un año y medio. En resumen, me expuse, con una crudeza difícil de explicar, a todas las contradicciones a las que estaba sometido dentro de los testigos, a las que muchos testigos también estaban sometidos, y la desilusión comenzó. Para empezar, me preguntaba cómo la gente era capaz de aceptar lo que yo le decía sin apenas ofrecer oposición, y sobre todo sin apenas yo darles argumentos. Quizás el mayor de los argumentos es que era un muchacho blanco que venía de Europa a enseñarles cómo debían El bautismo es un ritual de paso a través del cual la persona llega a formar parte de los Testigos de Jehová. Es entendido como una 2 declaración pública de la fe individual en las creencias colectivas del grupo religioso y del deseo de pertenecer al mismo. 5 vivir. A día de hoy, me sigue dando vergüenza esa etapa, ya que no soy capaz de perdonar los procesos de aculturación en los que intervine y desde la posición en la que lo hice. También, en República Dominicana me enamoré de un muchacho de la iglesia. No sé si me enamoré realmente o no, darle un nombre a lo que sentía resulta difícil, sobre todo después de este proyecto. Solo sé que existía una atracción física, sobre todo, y una conexión muy grande al compartir una crianza similar, ya que nuestros padres, el mío en Tenerife y el suyo en aquel pueblo de República Dominicana, ocupaban puestos de responsabilidad importantes dentro de la iglesia y nuestras familias eran leídas como ejemplares. Aquel muchacho y yo pasábamos mucho tiempo juntos, evangelizando y quedando para ver películas, sobre todo. Después de un par de meses de nuestras quedadas, llegaron los rumores dentro del grupo, y el control por parte de su familia, que le reprochaba al muchacho que pasáramos tanto tiempo juntos, sobre todo a solas. Ahí fue cuando llegó la mayor de las contradicciones para mí: por un lado, se me criticaba a mis espaldas, o eso me dejaron caer a través de un par de comentarios, y por otra parte, se me empujaba, desde las esferas de poder de la iglesia, a dar más por el grupo, a asumir más responsabilidades. Caí en una depresión. Me sentía usado, como si no les importara quién era yo, Jairo, el individuo, como si lo único importante fuera seguir evangelizando, convirtiendo o ayudando a otros a que convirtieran. En definitiva, me parecía que lo único realmente importante era el grupo religioso y los intereses del mismo. Volví a España con el rabo entre las piernas después de un año y medio porque mi sueño (en realidad no era tan mío) se había frustrado. No me había curado siendo ministro religioso en República Dominicana, uno de los motivos por los que me fui. Seguían gustándome los hombres y tenía una gran disonancia en mi interior, además de una gran depresión. Decidí confiar en dos figuras de autoridad dentro de la iglesia al llegar a Tenerife de nuevo y contarles cómo me sentía. La respuesta fue, para mí, decepcionante. Todavía recuerdo las palabras que uno de ellos me dijo: “Si lo hubieras dicho antes… quizás las cosas ahora serían diferentes”. Se refería a haber hablado sobre mi atracción hacia los hombres. También me dijo: “Tienes que recuperarte para que sigas dando lo mejor de ti”. Lo segundo me impactó todavía más que lo primero. No dudo de sus buenas intenciones. De hecho, sigo teniéndole cariño a esta persona. No solo a él, sino a todos los testigos que han formado parte de mi biografía, pues han sido mi familia durante muchos años. Pero sus palabras me recordaban otra vez que lo importante era el grupo, no tanto Jairo, que en ese momento lo estaba pasando bastante mal. 6 Poco después llegó la pandemia y tras un periodo en el que mi rutina religiosa se vio radicalmente alterada, junto con los sentimientos de ser una pieza totalmente reemplazable en un entramado que no era capaz de comprender, se derrumbaban toda una serie de concepciones en torno al mundo y a lo que habitarlo se refiere, pero sobre todo en torno a lo que significaba para mí ser testigo. Por supuesto, no dije nada, igual que no lo dije cuando me empezaron a gustar los hombres. Pero esta vez no me ceñí a lo que los testigos tenían que decir sobre cómo debía pensarsentir-hacer, esta vez decidí abrirme a lo que el mundo, lo que estaba fuera de las fronteras de los testigos, tenía que decirme sobre cómo pensar-sentir-hacer en mi situación. Me convenció más la opción que me ofrecía el mundo. Decidí huir de Tenerife, donde quedaban mis padres y el resto de amigos y compañeros, en una especie de exilio religioso a la inversa que los testigos denominan expulsión. Me mudé a Sevilla y comencé a estudiar antropología en septiembre de 2020. Quedaba espacio entonces para construir sobre esos escombros, sobre esas relaciones y epistemologías derrumbadas, nuevas formas de entender las diferentes realidades que observaba. Comenzó así un viaje hacia el aprendizaje. Una de estas realidades que observaba con extrañeza era la de la concepción del amor romántico. Decidí no ser más Testigo de Jehová para, en un principio, vivir plenamente mi vinculación sexo-afectiva, lo que, más adelante, me llevó a cuestionarme mis concepciones sobre el amor romántico. Hasta que renuncié a ser Testigo de Jehová, había entendido el amor romántico siempre dentro del marco heterosexual. Aunque empecé a sentirme atraído sexualmente por otros hombres a los casi quince años de edad, no fue hasta los veintiocho que empecé a plantearme la posibilidad de tener una relación romántica con uno de ellos. Como entendía el amor romántico bajo la cosmovisión de los Testigos de Jehová y dentro del marco heterosexual, mi intención tras abandonar el grupo religioso era sustituir la relación romántica heterosexual, tal y como yo la entendía en aquel entonces, por una relación romántica homosexual. Para ello, me abrí una cuenta en Grindr, que ya en 2020 se había establecido como app central para el contacto sexo-afectivo entre hombres. Mi sorpresa fue encontrar a hombres que buscaban principalmente sexo, pero casi ninguno buscaba una relación romántica con otro hombre. Al menos no lo decían abiertamente, aunque mi experiencia con los años me hace pensar que algunos sí están abiertos a esa posibilidad, solo que no la explicitan desde un primer momento. Sobre esto hablaremos bastante en este proyecto. Al ir introduciéndome en la dinámica de citas entre hombres, 7 me di cuenta de que tenía que aprender toda una serie de normas, códigos, tiempos, léxico, y muchas otras cuestiones de las que yo me sentía ajeno. Mi concepción del amor romántico en ese momento, que básicamente era una sustitución de la mujer por otro hombre pero que seguía manteniendo la misma cosmovisión de el mundo, estaba chocando frontalmente con la visión de las personas con las que me acostaba un sábado por la noche en la discoteca de ambiente de turno. Estaba claro que mi forma de entender la relación romántica era distinta a la de la persona que tenía en frente. Además, a medida que los partenaires iban cambiando, a medida que iba teniendo más citas y encuentros sexuales, parecían repetirse ciertos patrones. El huir del compromiso a largo plazo, el no hablar abiertamente de los sentimientos o la simultaneidad entre diferentes citas y/o encuentros sexuales (es decir, la no exclusividad), parecían ser una constante. Yo, que venía de una concepción exclusiva del amor romántico y atravesada por la visión, casi caricaturesca, de la familia nuclear americana de los años 50, no podía sentir más que frustración al no entender y/o compartir estas nuevas dinámicas en las que me veía inserto. Debía, en primer lugar, aprender las nuevas reglas del juego, y después decidir si iba a jugar con ellas. Es en este punto, y gracias a la asignatura de Métodos I del grado de Antropología Social y Cultural, donde decido hacer de estas contradicciones internas mi problema de investigación y mirar a la otredad, ahora con las lentes de la antropología. Este proyecto, por tanto, ha sido un intento, sobre todo en las primeras fases, de acercarme a esa otredad, de entender cómo los hombres gays buscan el amor, si es que acaso lo buscan, y en caso de hacerlo, qué códigos existen y qué interpretación de los mismos se hace. También ha sido un diálogo con mis colaboradores, en un intento de entender mis propias concepciones del amor romántico a través de las suyas. Por último, y en fases más tardías, he hecho un esfuerzo por entender cómo Grindr se articula en estas visiones del amor romántico y la pareja que los colaboradores de este proyecto me cuentan. Decido situar este proyecto dentro del campo de la autoetnografía. Lo hago al ser mi historia personal central en la formación de este proyecto y al estar yo mismo inserto en las dinámicas que pretendo observar y analizar. El que durante algunos años haya sido usuario de la app Grindr, es decir, el que analice mis propias experiencias personales y la compare con la de otros usuarios de la app, hace que la autoetnografía sea el marco metodológico en el que encuadre esta investigación. En la sección de metodología doy más detalles en cuanto a este tema. 8 De momento, me gustaría presentar el universo epistemológico en el que me sitúo y del cual parto, si bien las diferentes entrevistas con los colaboradores han ido estableciendo un diálogo con el mismo, en un intento de intersubjetividad (Honorio Velasco & Díaz de Rada, 2004). 9 Lo que intento transmitir es que estar en Grindr no es excluyente de buscar el amor por otros lados, ni siquiera de buscarlo en el mismo Grindr, por muy contradictorio que parezca. De hecho, es esa una de las contradicciones que me interesa. En efecto, el sexo parece presentarse como vehicular a la hora de establecer un vínculo entre hombres. Grindr se presenta como institución, regulando comportamientos y provocando que el sexo sea algo que se dé fácilmente, como veremos en las microhistorias. El afecto o la intimidad necesaria para formar un vínculo amoroso es mucho más difícil de mostrar, algunos de los colaboradores dicen que es "raro" abrazar a alguien después de tener sexo, pero no les resulta "raro" hacer tal o cual práctica sexual. Por tanto, al percibirse el sexo como algo central y al haber tantos requerimientos alrededor de este (activo, pasivo, prácticas y cuerpos específicos…) me parece buena idea estudiar el amor romántico entre hombres que usan Grindr. Claro, habrá hombres que no usarán Grindr y busquen el amor de forma diferente. Mi interés personal gira alrededor de la app, porque es ahí donde yo acudí cuando decidí vivir mi sexualidad, y fue en Grindr donde me choqué con la primera pared. Por otro lado, a través de las entrevistas y conversaciones informales he podido escuchar a personas que dicen no buscar el amor pero que están abiertas a él. Esto suele traducirse en que si hay una buena conexión sexual, algunos están dispuestos a conocer a la otra persona en el plano romántico. Por otra parte, también existe un estigma hacia mostrar abiertamente que buscas pareja. El término "intenso" es uno que se utiliza mucho para hablar de esos hombres que viven el amor romántico de una forma más abierta. A lo largo del proyecto intentaré vincular esto con las percepciones y representaciones de la masculinidad. Parto también de esa hipótesis, que algunos hombres no expresan abiertamente que sí les gustaría tener pareja (al menos en Grindr) porque existe un estigma alrededor de la expresión de sentimientos, que normalmente se asocia más a lo femenino. Es por eso que me interesa qué percepciones tienen del amor y cómo lo buscan los hombres en Grindr. Una forma de profundizar en eso más allá de un cuestionario con una batería de preguntas, en el que los sujetos pueden modular más sus respuestas, puede ser la narración de historias de amor de chicos que han conocido por Grindr y que les ha interesado más que para sexo rápido. A través de esas historias meditaremos en cómo interpretan la cultura del amor romántico estos hombres. Por supuesto, en Grindr hay de todo, desde hombres heteros que buscan a chicas trans, parejas de hombres en relaciones abiertas, chaperos, camellos, hombres que buscan el amor... de todo. En este proyecto me centro en las historias de romance que ocurren dentro de la app, 16 porque creo que pueden reflejar de una forma más certera y menos calculada cómo piensan-sienten- actúan sus usuarios en torno al amor romántico. Por todo lo anterior, decidí hacer de Grindr una de las unidades de observación a través de las cuales contactar con posibles colaboradores para esta etnografía, ya que es entendida como institución central dentro de la cultura gay. En palabras de uno de los colaboradores que participó en el periodo inicial de entrevistas y que prefiere mantener su anonimato: “¿Qué maricón no ha tenido, tiene o tendrá Grindr?” (Hombre anónimo, 2023). 17 Metodología En esta investigación, el concepto de atmósfera afectiva se torna fundamental como herramienta de análisis, que es incorporado a lo la largo del proceso, evidenciando el carácter emergente de la misma. Por tanto, me parece conveniente ofrecer algunas claves teóricometodológicas en torno a la concepción, desarrollo y disposición sobre el papel de este proyecto. En un intento de comprender las atmósferas afectivas que los protagonistas frecuentan alrededor del amor romántico en Grindr, me ha parecido importante centrarme no solo en historias de amor exitosas sino en aquellas que fracasan, en aquellas que a nivel de performatividad puede ser entendidas como fallos, intentos. Sin embargo, en un estudio alrededor de las concepciones del amor, una emoción, y por tanto no representable a través de lo escrito, me pregunto cómo exponer lo vivido, lo sentido a través de las charlas con los protagonistas de las microhistorias. Es por ello que he optado por volcar literalmente fragmentos de las entrevistas, ya que, si bien estos fragmentos han sido escogidos por mí con una intención determinada, al menos el lector puede leer las palabras exactas con las que se expresan los protagonistas, y así aproximarse a un contagio de sus emociones, si es que acaso esto es posible a través de la palabra escrita. Los fragmentos escogidos, son, a su vez, comentados y analizados por mí, en un intento de diálogo entre el protagonista, el lector y mis propios pensamientos que llevará, en el mejor de los casos, a una transmisión de las emociones percibidas en esas charlas y una aproximación a la cultura del amor en Grindr. Para una aproximación a estas atmósferas me he lanzado al consumo masivo de productos culturales en torno al amor romántico y Grindr: canciones, relatos escritos, películas, documentales, exposiciones de arte… Todo aquello que pudiera ser sugerente de alguna forma para adentrarme en lo que los protagonistas sienten. También, a la hora de alcanzar esas atmósferas afectivas, intento componer los relatos de una forma más íntima, más descriptiva, dando detalles que en un principio pudieran parecer irrelevantes, como por ejemplo el tiempo atmosférico o mi estado de ánimo en ese momento. Así, es posible “observar” a través del papel más allá de lo que los protagonistas me dicen, más allá de lo que se puede leer. De hecho, en muchos momentos dudo de que lo que ellos me digan sea todo lo que piensan, ya que en ocasiones me parecen discursos producidos por el contexto, un antropólogo desconocido que les pregunta sobre el amor romántico en Grindr. Algunos protagonistas son más espontáneos que otros, mientras que otros intentan presentar un relato cohesionado, pulcro, aunque a través de un análisis del discurso de los mismos se pueden percibir 18 las contradicciones internas a las que están sometidos. Esto es precisamente lo que me interesa. La contradicción. Este proyecto surge de mis propias contradicciones internas y mira hacia las contradicciones de los otros, tomando un espacio, Grindr, que también pudiera parecer contradictorio para ciertos propósitos, como es el romanticismo. Intento articular todo esto en las microhistorias, y yo mismo me contradigo, pues algunas microhistorias parecen una búsqueda de sentido por mi parte a lo que mi interlocutor me cuenta. He decidido no hacer demasiadas modificaciones a los primeros borradores que escribí, ya que este proyecto es también, a nivel personal, una especie de meta-etnografía, es decir, un relato que me cuento a mí mismo sobre cómo he hecho etnografía. A través de la lectura de estos párrafos seré capaz de recordar el proceso y ver en qué momentos he podido profundizar más o me he dejado llevar por un análisis somero. Otra parte importante en la que intenta centrarse esta etnografía es en los cuerpos. Empiezo por mi propio cuerpo, y las experiencias que este tiene en Grindr, que sirve como laboratorio previo a esta investigación a través de los encuentros que he tenido con otros hombres en la aplicación y las historias amorosas vividas. Pero también existen otro tipo de encarnación personal a la hora de saber, sentir y verme reflejado en los protagonistas y en mí mismo a través de sus historias. Esta etnografía ha sido un esfuerzo por dejarme afectar, salir de mis esquemas y ver más allá de mis intenciones. Claro, debido a los plazos de tiempo, y a tener que combinar este proyecto con otras asignaturas del grado, la tarea se vuelve desafiante. También, la investigación ha supuesto un ejercicio constante de desencorsetamiento académico y sus formalidades, del anonimato, de la asepsia. Además, debido a que es mi experiencia personal la que bombea el corazón de este proyecto, este se sitúa dentro de la categoría autoetnográfica, la cual analiza “sistemáticamente la experiencia personal para entender la experiencia cultural” (Ellis et al., 2015). La autoetnografía es “un acercamiento a la investigación y la escritura que busca describir y analizar sistemáticamente (grafía) experiencias personales (auto) para entender la experiencia cultural (etno)” (Ellis et al., 2015). Así, pretendo entender la experiencia cultural alrededor de las sinfonías que se componen alrededor de Grindr y las relaciones románticas. Lo hago, en un principio, y en las primeras fases de esta investigación, a través de mis experiencias personales, más precisamente de la descripción y el análisis de estas. Sin embargo, no pretendo hacer un ejercicio ensimismado, en el que todo gire 19 alrededor de mis intereses. Esta aproximación teórica metodológica supone una mirada singular en lo que respecta al ideario romántico alrededor de Grindr, ya que yo mismo me veo inmerso, a menor o mayor grado, en las ideas, valores y dinámicas que pretendo estudiar y, probablemente, estoy atravesado por las mismas lógicas que mis interlocutores. Ellos son la clave, los protagonistas de las historias. Por otra parte, mi historia, con la que comienza este proyecto, es solo el contexto a través del cual me acerco, es solo el punto de partida desde el cual este futuro antropólogo comienza su investigación. Lo interesante son las historias que los colaboradores me cuentan, y ver cómo estas son articuladas por mi propio contexto, incluso la capacidad que tengo para dejarme afectar, o no, por estas. Es, por ende, un estudio profundamente reflexivo y analítico, en el que intento entender mi propia incidencia en cada uno de los pasos a la vez que me esfuerzo por dejarme sorprender por lo que los colaboradores me cuentan, por hacia dónde dirigen ellos la conversación, por aquellas cosas que no dicen, por aquellas emociones que afloran a lo largo de sus discursos, por lo que esto provoca en mi cuerpo. Además, este proyecto no es solo pura narrativa, a la que presto especial atención, sino que es también un análisis de la misma. Podemos encontrar miles de historias sobre el amor y Grindr en cualquier parte, pero si no son sometidas a análisis se pierde la riqueza antropológica de las mismas. En cuanto al “hacer” de esta etnografía se realizaron un total de seis entrevistas. Cuatro de estas fueron facilitadas a través de la Grindr, en la que a través de un perfil explicité mi deseo de hacer una investigación en la app, sin dar demasiados detalles sobre el mismo. La explicitud en la app de Grindr, donde dejo claro que busco colaboradores para un proyecto sobre Grindr y no sexo, se debe a un intento de no generar falsas expectativas en los colaboradores. Mi intención era que mi perfil no fuera malinterpretado en una app de sexo. Mirando hacia atrás, estoy seguro de que podría haber tomado un enfoque diferente, dando otros matices al proceso de investigación. Otra entrevista fue posible gracias al uso de Instagram, en la que a través de una “story” hice un llamado para recoger “historias de amor en Grindr”. Otra más fue factible gracias a un grupo de WhatsApp para hombres gays, en el que uno de sus integrantes anunció que yo hacía un “estudio sobre Grindr”. Del total de seis entrevistas, cuatro fueron presenciales y dos online. De estas dos en modalidad online, una se realizó a través de videollamada de Instagram y otra directamente en el chat de la aplicación. De las seis entrevistas, solo decido incorporar cuatro a este proyecto, sobre 20 todo por una cuestión de límite en la extensión, si bien algunas ideas que surgieron durante las mismas y tras la revisión de estas han sido incorporadas en algunas de mis reflexiones. Para la realización de las entrevistas se hizo una selección de preguntas previas que guiaran la conversación de manera abierta. En cuanto a la temática de las preguntas, estas abarcan el género, el amor romántico, la aplicación Grindr y el cuerpo de manera general. A lo largo de la primera entrevista, o conversación, como prefiero llamarla, los temas iban emergiendo y modificándose como ocurre en cualquier diálogo abierto. En una segunda conversación, la cual solo se mantuvo con cuatro de los entrevistados, se hizo una profundización de los temas hablados anteriormente a través del relato de una o varias historias de amor en Grindr por parte de los protagonistas. El concepto “historia de amor”, ambiguo, quedó abierto a la interpretación de los protagonistas y se refleja en estas. Algunos hablan de historias de desamor, algunos de ellos mismos, otros de lo que ellos consideran que son sus historias más exitosas, y otros de sus ligues y las contradicciones a las que ellos mismos se ven sometidos. Así, surge una amalgama de voces protagonistas que nos ayuda a observar las experiencias que surgen alrededor del amor en Grindr, y cómo estas lo hacen. Todas las entrevistas, a excepción de la realizada a través del chat de Grindr, fueron grabadas con mi teléfono móvil para su posterior transcripción y análisis en un intento de demostrar intimidad y crudeza por parte de los protagonistas y de dotarlos de una mayor agencia dentro del proyecto. En un posterior análisis de las entrevistas se utilizó el software Atlas.ti para crear un sistema de categorías cruzado entre las diferentes entrevistas, posibilitando la contención de toda la información en un mismo espacio virtual y dotando de orden al proceso etnográfico. Las entrevistas comenzaron en julio de 2023 y se extendieron hasta marzo de 2024. Está claro, y eso es algo por lo que me esfuerzo a lo largo de esta aproximación etnográfica, que las preguntas de las entrevistas fueron diseñadas por mí, bajo unos objetivos específicos y concretos. Por lo tanto, lo que los entrevistados, o protagonistas de las historias, como yo prefiero llamarlos, me cuentan no deja de ser un discurso producido para mi conveniencia. Un discurso que se adecua a lo que creen que espero de ellos. Esto algo sobre lo que reflexionaré bastante a lo largo de estas páginas: el papel que ocupo yo dentro de esta investigación y la repercusión que eso tiene en los protagonistas de esta. Distinto habría sido si hubiera tenido superpoderes y hubiera podido hacerme invisible, cosa que deseo desde que tengo uso de razón, y 21 así poder observar a los protagonistas en sus quehaceres de Grindr. Ansío el día en que llegue ese momento. Hasta entonces no me queda otra que recoger lo que los protagonistas me cuentan e intentar estar atento a cómo yo, Jairo, incido en el proceso de investigación. Luisa Abad y Juan Antonio Flores expresan de una forma más certera lo que yo intento comunicar: "Podemos establecer un límite con claridad, y es que no podemos hablar de cómo sienten otras personas u otros pueblos, sólo podemos hacer -desde la antropología y las ciencias socialesuna interpretación de lo que dicen que sienten o analizar los modos y maneras como lo expresan, como sería el caso de la perspectiva de la historia del arte o la literatura" (Abad & Flores, 2010, p.20). Así, solo puedo expresar lo que los protagonistas dicen que piensan-sienten-hacen y meditar sobre ello con la mayor reflexividad posible. Esto se presenta como uno de los retos fundamentales de esta aproximación etnográfica. 22 Hugo Estaba un poco nervioso de camino a casa de Hugo . Era la última semana de Agosto de 4 2023 y hacía un calor terrible. Sevilla, como de costumbre en esas fechas, era un horno. Debían ser las ocho de la tarde pasadas. Recuerdo que el sol ya estaba empezando a bajar. Eran los últimos minutos de gratinado en aquella ciudad convertida en horno. Me había duchado y puesto ropa fresca para sudar lo menos posible en el trayecto de dos autobuses que debía tomar para llegar a casa de Hugo. No era la primera vez que quedábamos. La semana anterior me había hablado por Grindr, y al explicarle un poco más mis ideas sobre el proyecto mostró interés en el mismo. Al par de días quedamos en un bar cercano a su casa y le conté más detalles. Le interesaba mucho, me decía que era muy necesario porque “la gente que está en Grindr está fatal” y me insistía en que era una app “muy peligrosa”. Esa noche, entre un par de cervezas le hablé sobre mi historia: cómo había sido Testigo de Jehová y cómo fue precisamente a través de romper mis lazos con los testigos e introducirme en las dinámicas de Grindr que surgía este proyecto. Después de la segunda o tercera caña nos despedimos. Esta vez el ambiente era mucho más formal. Quedábamos en su casa y yo estaba más nervioso, a pesar de que sería más cómodo para charlar, ya que no habría tanto ruido, entre otras cosas. Me ofreció cerveza al llegar, yo preferí agua esta vez, quería estar más concentrado, a pesar de que el calor me lo ponía difícil. Empezamos hablando de nuestras impresiones generales de Grindr como app. Me dijo: “Me parece una app que está muy bien conseguida para el propósito que cumple, pero también me parece que, aparte de que puedes conocer a gente, que puedes tener sexo con muchas personas… pues es un arma de doble filo en el sentido de que te genera adicción. Te machaca la autoestima. Sí… -pausó unos segundos, como si buscara las palabras adecuadascomo que te hace vivir un mundo virtual, en el que te metes en un patio de mariquitas virtual y ahí estáis todos y te da hasta compañía”- refiriéndose en esto último a la app. Hugo parecía Todos los nombres se han alterado por respeto a la intimidad y privacidad de los colaboradores. 4 23 entender Grindr como algo que puede llegar a ser peligroso, y que podía ser “un arma de doble filo”, en sus propias palabras, sobre todo si los usuarios no saben usarla correctamente. Siguió diciendo: “me parece bien -la app- si supiéramos utilizarla de manera ordenada, pero como no sabemos hacer eso, pues me parece un poco… no sé, peligrosa”. Es interesante, porque de lo anterior puedo identificar al menos dos puntos en los que me gustaría detenerme: el uso correcto de la app y el sentido de alerta. Sobre el uso correcto de la app me parece interesante reflexionar sobre lo que en este contexto Hugo entiende por correcto e incorrecto. Hugo me desvela más adelante qué significan estas categorías para él al decir: “¿Por qué utilizamos Grindr como una red social? Se está convirtiendo en una red social, pero ese no es el objetivo de la aplicación. La gente utiliza Instagram para ligar. Puedes ver las fotos y toda su vida. La gente usa Grindr por puro entretenimiento como Instagram”. Parece que lo incorrecto, para Hugo, pasa por el uso de Grindr de una forma equiparable al de otras apps como Instagram. Un uso incorrecto según su criterio, es decir, que no se amolda a lo que él quiere. Una actitud negativa frente a la app porque no le da lo que quiere. Más adelante veremos lo que Hugo parece querer a través de sus palabras. Por otra parte, pese a la disconformidad, sigue utilizando la app. En las razones que Hugo me explica para justificar esto, también profundizaré más adelante. Por otro lado, está el sentido de alerta. Un sentido de alerta que puede estar motivado por la sensación de poder ser engañado, de no poder verificar la información que te da la otra persona, una percepción de desconfianza ante una supuesta falta de sinceridad de las otras personas. Esta desconfianza se refleja al pedir foto a los usuarios que no las tienen, requerir videollamadas para verificar que las fotos enviadas se corresponden con la persona a la que llamas, etc. Así, algunos usuarios, como en el caso de Hugo, parten de una concepción de peligro dentro de la app, probablemente, al menos en el caso de Hugo, debido a sus propias experiencias dentro de esta. Volveremos a eso más tarde. Lo cierto es que parece existir una constante percepción del peligro en Grindr que probablemente nace de una desconfianza en la otra persona. Esto es algo que se repite en otras historias, como es el caso de Pablo, quien no se fía de los perfiles en Grindr sin foto, ni tampoco de personas que practican determinadas prácticas sexuales. 24 Sin embargo, no todo era negativo para Hugo. Me comentó que la app puede ser útil “en el sentido de que bueno, como vivimos la vida hoy en día, no tenemos tiempo para nada y [por eso] si quieres conocer a alguien pues te viene bien, si quieres tener sexo pues te viene bien, o si simplemente estás aburrido pues te viene bien, si te vas de viaje pues es una forma muy fácil de realmente conocer gente, cosa que antes era inviable e impensable. Por ahí lo veo bien. Lo veo bien como lo mismo que puede ser Tinder, Wapo o cualquier otra cosa ”. 5 Lo anterior me hace pensar en una de las múltiples razones por la que muchos hombres gays pueden decidir utilizar Grindr, ya sea para la búsqueda de encuentros sexuales, o para la búsqueda del amor: la rapidez. Grindr se convierte en un trampolín para tener acceso a cientos, quizás miles (si uno decide activar la versión de pago) de perfiles de personas con las que “conectar”. Es decir, Grindr ofrece un mundo de posibilidades. Que luego estas posibilidades se trasladen al plano de la realidad es otra cosa, pero al menos la app es capaz de interactuar con las expectativas de sus usuarios. Son esas expectativas las que parecen mantener el deseo, y, sin embargo, parecen entrar en una contradicción, o al menos una lucha, con las realidades que viven los sujetos (Esteban, 2011; Herrera, 2010). Este conflicto entre expectativas y realidad en la búsqueda del amor lo veremos a lo largo de las diferentes historias. A continuación, Hugo dice algo que me ayuda a acceder a lo que considero que es otro de los pilares fundamentales de Grindr, y probablemente la razón por la que usar la app para buscar pareja, afianzando así la relación entre romanticismo y Grindr, y en la cual yo no había caído hasta ese momento. Al preguntarle si creía que en la app podía encontrar algo que no tenía antes de instalarla, me contestó con una sola palabra: “información”. Luego siguió explicándose: “Consigues mucha información, [...] de quién está, quién no está, de sus edades, sus alturas, sus pesos, sus orientaciones dentro del mundo, si es activo o pasivo. Información de cuándo están en línea, cuándo no, cuándo se mueven de un sitio a otro, cuándo están en su casa o no, porque ya controlan las distancias. Es mucha información que te da esa aplicación, realmente lo es. Incluso cuando te mueves y te vas a otro sitio, te dice el radio de distancia en el que está todo el mundo, por lo que es como un Tinder y Wapo son otras dos redes sociales. Podría decirse que Tinder se anuncia como una app de citas, no exclusiva de hombres 5 homosexuales, mientras que Wapo es una especie de versión española de Grindr, más enfocada hacia los encuentros sexuales. Por supuesto, hablamos de usos ideales, las realidades de uso de cada usuario está aún por descubrir. Lo que sí es muy frecuente es la sincronía en el uso de varias apps por parte de los colaboradores de este proyecto. 25 conversación más formal en la que Hugo me hablara sobre la historia con este chico que, al parecer, había dejado huella en su biografía. Un mes más tarde, tras varios intentos fallidos, por fin pudimos vernos de nuevo en su piso. Era alrededor de la primera quincena de febrero. Quedamos a las ocho de la tarde. Estaba algo cansado después de un día intenso en la universidad y de revisar todas las notas de la primera conversación, pero allí estaba, un lunes de febrero por la tarde noche, dispuesto a conocer más sobre su historia de amor, o más bien de desamor, por lo que me contaría más adelante. Después de que me sirviera agua en un vaso y nos sentáramos en el sofá del salón, le pregunté, para iniciar la conversación y romper un poco el hielo, si seguía usando Grindr. Me dijo: “Utilizo Grindr pero poquísimo. Porque estoy súper cansado. Voy a cumplir 46 años y estoy divorciado . Ya he podido encontrarme, por fin. Por fin creo 6 que he podido encontrarme. Pero bueno, que más o menos me da miedo, porque en Grindr en cuanto a experiencias sexuales puedes encontrar cualquier cosa, pero sí es cierto que quiero algo más. Pero me da pereza. Eso que busco, espero no encontrarlo en Grindr. Porque si lo encuentras en Grindr, está destinado a que se acabe -hace una pausa. Habla en tono bajo, sus palabras casi no salen de boca. Todo se acaba. Nada es para siempre, pero ¿personas que realmente han estado conectadas a una aplicación tanto tiempo? Eso crea una dependencia”. Hugo, con su discurso, me lleva hacia la desesperanza, emoción muy común en cualquier situación de desamor, sea este heterosexual, homosexual o del tipo que sea. Hugo se debatía entre querer y no querer una relación romántica. Interesante cómo presenta a Grindr como un pájaro de mal agüero, otorgándole el poder místico de truncar una relación que empieza ahí. Sin embargo, ahí seguía, en Grindr, decía que lo usaba poco, que esperaba no encontrar pareja a través de Grindr, pero ahí seguía. ¿Seguía porque ahora estaba buscando solo sexo, al menos en Grindr? No se lo pregunté directamente, hubiera sido demasiado obvio, demasiado fácil de negar en un intento de presentarse hacia mí como una persona con valores, y no como alguien promiscuo, siguiendo los valores tradicionales de la moral patriarcal cristiana. Preferí esperar, y que fuera él mismo quien me contestara a mis interrogantes, aunque fuera de manera indirecta. Hugo estuvo casado con este primer novio durante varios años. 6 32 Pasamos a hablar de su historia con Saúl, este chico con el que salió algunos meses y que le cambió su percepción del amor romántico. Hugo y Saúl ya habían hablado alguna vez en Grindr, hacía bastante tiempo, pero la conversación no había quedado en nada. Después de algún tiempo volvieron a hablar. Hugo me seguía explicando: “Las primeras conversaciones fueron súper interesantes. Quería saberlo todo de mí. Eso es lo típico que hace un narcisista. Hablábamos de todo: cocinar, viajar, millones de cosas, películas, gustos. Al principio sí hubo una importancia del sexo en la relación. Al principio, pero luego no. En las primeras conversaciones fueron otro tipo de conversaciones, no fueron las típicas de mandar foto. Sí, hubo sexo, pero nunca hubo una tensión sexual como la he tenido con otras personas. Desde que empezamos a hablar hasta que quedamos pasaron unas dos semanas. Entre tanto, hablábamos cada día, sobre todo por la noche”. Me siguió hablando sobre la primera vez que quedaron: “El primer encuentro fue fantástico. Quedamos en mi casa. Cenamos juntos y se quedó a dormir. Todo iba muy bien, la conversación, el vino... No roncaba…” Nos empezamos a reír a carcajadas porque ambos sabíamos lo que era dormir con una persona que ronca y el martirio que eso supone. Yo, la verdad, es que no podía parar de reírme, al momento de esa entrevista la relación que tenía con el que era por aquel entonces mi novio acababa de terminar, y sus ronquidos habían sido una dificultad a la hora de dormir juntos, y, por tanto, de explorar nuevas formas de intimidad. No podía sentirme más identificado con lo que me estaba contando. Siguió hablándome de los avances en la relación: “Cuando lo conocí, dejé de usar Grindr, pero sí me conectaba para ver si él estaba conectado. En realidad, al principio, cuando lo conocí, lo apagué y punto. Un día pensé en conectarme a Grindr y lo vi conectado. Lo añadí a favoritos . 7 Comencé a conectarme para ver cuándo se conectaba. Siempre estaba online. Se lo dije, que si esto iba a algo más no quería estar en una relación en la que fuese un tonto. No quería estar en una relación abierta, y menos al principio”. Al parecer, Saúl también quería una relación cerrada. Hugo Cuando añades a alguien a favoritos es posible saber a qué distancia se encuentra en todo momento, incluso si está tan lejos de ti 7 que, en la versión gratuita, no saldría en la cuadrícula inicial de Grindr. Es una forma de obtener información sobre los movimientos de alguien utilizando la versión gratuita. Además, puedes ver en todo momento la última hora de conexión. 33 me dijo: “Él me había dicho textualmente: «yo no quiero una pareja abierta»”. Hugo le dio una oportunidad a Saúl de sincerarse: “Hablé con él, se lo pregunté -si estaba usando Grindr- y me lo negó. Le di una oportunidad de reconocerlo. Lo negó todo. Lo había pillado y era incapaz de reconocerlo.” A continuación, Hugo se sinceró sobre cómo se sintió cuando descubrió que Saúl seguía usando Grindr pese a estar conociéndose entre ellos: “Siempre tuve la sensación de que iba a ser infiel, siempre. No sé por qué. Desde el principio. ¿Por qué se seguía conectando a las redes? ¿Por qué estaba todo el día conectado? Aunque se conectase para ver si yo estaba conectado, le podían entrar en ese momento 15 mensajes, tentaciones”. La concepción de la pareja como algo cerrado y exclusivo puede verse claramente en lo anterior. Se habla incluso de “tentaciones”, añadiendo un valor moralizante a practicar sexo fuera de la pareja. Se toma la monogamia como la norma a seguir y se castiga lo que se salga de ella. Se cataloga de “tentación” aquello que pueda llevar a un “pecado”, es decir, aquello que se sale de la norma establecida, la monogamia en este caso. Queda claro cómo las normas que existen desde la heterosexualidad hegemónica sobre el matrimonio, la pareja y la exclusividad inciden en este caso. Lo que puede romper la unión exclusiva de la pareja es entendido como una tentación. Si se sucumbe a la tentación, se lleva a cabo el pecado. Todo un ideario cristiano conservador que permea en la concepción del amor romántico y en las normas alrededor de cómo este debe llevarse a cabo. También es interesante cómo Hugo nos transporta a una atmósfera afectiva cargada por la desconfianza, la tensión, la inestabilidad. Hugo crea, y nos transmite, toda una serie de sospechas alrededor de Saúl, un mundo de posibilidades perversas, una profecía autocumplida en la que no se sabe quién es el pájaro de mal agüero. ¿Es Grindr o Hugo a través de su predisposición de que cualquier cosa que salga de Grindr saldrá mal? El relato de Hugo cada vez se va tornando más oscuro, más tenso, casi asfixiante. Pese a las mentiras, Hugo decidió seguir conociendo a Saúl, de hecho, aun tras esta primera quiebra de la confianza decidieron seguir adelante y cerrar la pareja. Hugo me contaba: “Sobre tener o no una pareja abierta hablamos al principio. Fue el día en el que hablamos de una relación anterior que él tuvo, que según él le salió rana, porque incluso lo llegó a agredir físicamente. A raíz de eso hablamos de cerrar la relación. […] Todo eso ocurrió después de los episodios de Grindr, que también ayudaron a cerrar la pareja”. 34 Es más, incluso llegaron a hablar sobre lo que significaban el uno para el otro: “Él me preguntó: «¿tú y yo qué somos? ¿A dónde va esto?» Entendimos que éramos novios. Hacíamos planes todas las semanas. Lo dábamos por hecho que la siguiente semana nos veríamos. De hecho, creo que mientras estuvimos juntos nunca estuvimos un fin de semana sin quedar”. Siguió diciéndome: “Con este chico todo iba muy rápido, hacía planes de futuro. Por ejemplo en Febrero hablaba de hacer planes para Navidad”. Sin embargo, un evento inesperado marcó un antes y un después en la relación: “Esta fase más intensa duró un par de meses, hasta que enfermó su padre. Desde entonces cambió todo. Dejó de interesarse. Empezó a hacerse la víctima, se quejaba mucho. Todo le pasaba a él, él era el más desgraciado. [...] Su comportamiento empezó a enfriarse. Se volvió, no voy a decir agresivo, pero seriote. De estar contigo todo el tiempo a absolutamente nada. Era como: no te voy a prestar atención casi. La información que me daba era selectiva, le preguntaba tres cosas y me contestaba a una, el resto las ignoraba. Evitaba hablar de ciertos temas. Ya no era como era antes. Pensé que podría estar haciendo cosas fuera. Yo empecé a investigar. Me abrí un perfil en Grindr sin foto ni nada y fue súper fácil encontrarlo”. Hugo siguió investigando a Saúl, al modo de un detective privado: “Su padre murió y durante la muerte de su padre y después él seguía [conectándose]. Necesitaba encontrarse con personas. A partir de ahí comencé a leer mucho sobre el narcisismo y a cuidarme mucho. Me he dado cuenta de que el narcisismo está muy ligado al uso de las aplicaciones, y eso me da mucho miedo. Por eso me estoy intentando alejar de las apps porque pueden hacer mucho daño”. Al contarme lo sucedido, Hugo para unos instantes para reflexionar sobre la relación y dice lo siguiente: “Después, con el tiempo, me di cuenta de que teníamos una relación de cinco meses basada en la confianza y en el mutuo acuerdo de cerrarla. Era alguien que por su falta de seguridad en sí mismo, porque no se aceptaba físicamente a él mismo, quería ser reconocido a través del sexo. Necesitaba que constantemente la gente le dijera que era atractivo, y las aplicaciones le daban eso. Creo que eso le ha causado tener ninfomanía, creo”. Hugo intentaba buscar una explicación a lo que le había ocurrido, darle sentido a la experiencia que había vivido. 35 Lo cierto es que Hugo parece tener una serie de ideas alrededor de lo que para él significa el amor y estar en pareja. Expectativas que Saúl no cumplió. Cuando el comportamiento de Saúl cambió, Hugo decidió investigar por su cuenta, es decir, controlar a Saúl a través de la información que tenía o podía obtener de él. Cuando se conecta, cuando se desconecta. Qué app se instala y cuándo la usa. Para ello se abre un perfil en Grindr. Uno en el que no revela su identidad. En su investigación detectivesca también comienza a leer sobre psicología y es rápido en diagnosticar a Saúl como narcisista. Me pregunto hasta qué punto esto es algo que hace Hugo o es algo común en ciertas relaciones amorosas hoy en día. De hecho, en otras historias, como la de Pablo, también vemos la misma tendencia hacia la diagnosis del otro. Por tanto, ¿nos estamos valiendo del diagnóstico psicológico con terminología como narcisista, ninfómano, adicciones, toxicidad y autoestima para juzgar al otro y que de esta manera nos sea más fácil distanciarnos de él? Soy más explícito, ¿existen un conjunto de reglas no escritas sobre cómo nombrar a una persona que no encaja con las expectativas que teníamos de ella, ya sea por lo que dice, lo que hace o lo que siente? ¿Nos valemos de categorías como tóxico, narcisista, intenso o incluso ninfómano para catalogar ciertos comportamientos que entendemos que no deberían ocurrir dentro de la pareja? ¿Están estas categorías más presentes en Grindr por existir un estigma desde la hegemonía hacia esta app? ¿Utilizan los sujetos que buscan relaciones románticas en Grindr este tipo de terminología para diferenciarse del otro, para marcar distancia a través del discurso? Por supuesto, no quiero restar importancia o justificar el comportamiento peligroso y nocivo que puedan tener algunas personas en las relaciones amorosas, mi pregunta es, más bien, si existe una corriente, sobre todo en los círculos de Grindr, que nos anima a poner etiquetas rápidamente ante una otredad que no comprendemos o contra la cual nos queremos diferenciar. Para seguir con la conversación, le pregunté en qué momento de la relación empiezan a cambiar sus sentimientos hacia Saúl. Hugo contesta: “Cuando me di cuenta de que esa persona no estaba bien. La muerte del padre me confundió, no fui capaz de darme cuenta de su comportamiento. Si el padre no hubiera muerto, hubiera durado muchísimo menos. Empezó a comportarse raro: cambios de humor, muy cercano, muy distante. Cuento contigo, no cuento contigo”. Hugo también explica cómo se implicó de lleno con Saúl durante la muerte de su padre: “Vi a toda la familia que no la conocía, los acompañé cuando tiraron las cenizas del padre y vi a toda la familia fatal. Yo no conocía a nadie y estaba allí. Para mí todo aquello fue mucho”. Luego, al 36 hablar de cómo se sentía él, prosiguió diciendo: “Como yo me sintiera daba igual, no pensaba en mí. Lo importante era cómo se sentía él”. En esta etapa en la que Hugo se cuestiona sus sentimientos hacia Saúl y las intenciones que este tiene, se produce otro episodio de ocultación de información, por parte de ambos, que hace que la relación estalle. “Todo explotó a partir del episodio de la tablet. Un día, mientras bajábamos una aplicación en su tablet, vi que se había descargado Grindr y Wapo. Quise investigar más y en un blog leí que podías entrar en el historial de descargas y ver cuándo exactamente habías descargado una aplicación. Yo ya estaba en modo alerta. Así que otro día entré en su tablet y miré su historial y vi que se estaba descargando las apps constantemente. A mí me costó aceptar que yo pasara esa barrera, porque era su tablet. Pero realmente es que me estaba volviendo loco. Cuando lo confronté, él nunca admitió que quedaba con otros chicos. Me dijo que estaba en las aplicaciones porque su foto la estaban utilizando otros chicos [en sus perfiles], y quería averiguar. Tuvimos una pelea un tanto fuerte y dura ese mismo día. Yo estaba muy decepcionado y me sentía muy culpable. Solo se hablaba de cómo yo había mirado su tablet, pero no se hablaba de cómo él estaba usando Grindr. A partir de ahí ya fue muriendo la cosa. Unos días después él me dijo que no quería seguir, e incluso me acusó de que era yo quien estaba usando sus fotos [en un perfil falso]. Ahí dije que no quería estar con él”. Hugo pausó, dejé correr el silencio para que se sincerase: “Ahí fue cuando llegué al momento más bajo de mi vida. Nunca he vuelto a saber nada más de él, ni quiero. Lo que quiera que vaya a salir de eso es tóxico. Y más con ese comportamiento. He seguido utilizando Grindr, pero de otra manera”. La historia entre Hugo y Saúl finaliza de forma trágica, con una gran discusión a partir de la cual hay una ruptura definitiva de la confianza de Hugo hacia Saúl. Es precisamente eso lo que, escribiendo estas líneas, percibo de las conversaciones con Hugo: desconfianza. Una desconfianza que no solo se focaliza en su relación con Saúl, sino que permea en las siguientes interacciones en su búsqueda del amor. Una desconfianza que probablemente no aparece de la nada en su relación con Eloy, sino que ya estaba ahí, presente en Hugo, en su atmósfera, esperando a aparecer ante el contexto propicio. Cuando se trata de Grindr, Hugo parece vivir en un estado de alerta permanente. 37 De hecho, lo primero que me mencionó en aquella conversación inicial son los peligros de Grindr. Hay que entender también que esta primera conversación la tuvimos a finales de agosto, cuando ni siquiera habían pasado dos meses de la ruptura con Saúl. Me pregunto si este sentido de peligro es algo generalizado en Grindr, a lo cual tengo la impresión de poder responder positivamente. En ese caso, sería interesante profundizar sobre cómo se crea y las diferentes formas de gestionar ese peligro. ¿Hay usuarios que evitan ciertas prácticas ante una percepción del peligro? ¿Hay otros que ante esa percepción de peligro se sienten atraídos y se comportan de manera diferente? ¿Qué reglas hay en torno a la percepción del peligro dentro de Grindr? La siguiente historia, la de Pablo, nos aporta un poco más de perspectiva en torno a esto, sobre todo en las prácticas para evitar el peligro, no solo a nivel físico sino también a nivel emocional. Es probablemente a raíz de este descontento que Hugo se muestra reticente a volver a encontrar el amor en Grindr. En nuestro primer encuentro, a escasos dos meses de su ruptura con Saúl, reconoció que cada vez se sentía menos satisfecho con los encuentros en Grindr. Me dijo: “Yo ya estoy pensando de que ya he follado mucho en mi vida. Es como cuando te comes un caramelo, al principio es genial pero cuando ya llevas cuatro años comiendo caramelos dices: ¡yo qué sé! Ya el caramelo no me pone. Que no creo que llegue a ese punto. A mí me gusta el sexo, como a todos, creo. No sé, es que para mi el sexo es diferente, no es todo llegar y pegar y penetración y demás. Un masajillo, o las caricias, besar, jugar con juguetitos, enseñar a la otra persona a masturbarte… que es muy importante. Hay muchas cosas, hay muchos rincones que investigar, cosas que puede que tú no sepas que te gusta pero que te puede gustar. Y eso me gusta mucho más, aparte, que me río mucho también”. Sin embargo, en la segunda conversación que tuvimos, en febrero de 2024, me contó que seguía usando Grindr, aunque cada vez menos, y esperaba salir completamente de la app. También, en esta segunda conversación admitió que la relación con Saúl había cambiado totalmente su visión del amor. Me dijo: “Ha cambiado mi visión del amor y mi visión sobre las personas. Hay personas que son malas y les da igual. No sé, me parece que he tenido mucha suerte hasta hace poco. He encontrado a gente muy buena en el camino y nunca me había encontrado una persona así y me había metido en una secuencia de mentiras. Es que yo creo que para mí es tan estresante el meterte en algo que no es cierto. Yo creo que tiene que ser estresante. Ya no creo en el amor.” 38 A pesar de esto, Hugo se contradice y me cuenta cómo conoció lo que es el amor a través de su primera relación. Admite: “Pero se acabó. Cuando lo encuentras es maravilloso, pero cuando se acaba es una mierda - se queda callado durante algunos segundos, reflexionando. Por eso prefiero estar solo, tengo mi libertad... y ya está” Me dijo esta última frase sonriendo. ¿Se está protegiendo Hugo, a través de su narrativa de Grindr como lugar peligroso, del dolor que causa una ruptura? La atmósfera afectiva cambia hacia la resignación, la desesperanza, el pájaro de mal agüero que trae malas noticias, la profecía autocumplida que nos lleva al dolor, la resignación de tener que sufrir en esta vida, quizás más por ser gay. Leyendo las palabras de Hugo, parece que vuelvo a estar en los testigos: algo que se anhela pero que nunca llega, ese paraíso en la tierra, el cual uno debe esperar, pero que nunca aparece. Ese estado de resignación, de aguante ante “la tribulación”. Al leer lo que Hugo me contaba me transporto ahí. Sujetos pasivos, que hacen y repiten lo mismo una y otra vez, esperando que Cristo baje del cielo para salvarlos. Sujetos pasivos, que hacen y repiten lo mismo una y otra vez, esperando que el príncipe azul aparezca en Grindr para salvarlos. Y luego añadió lo siguiente como para quitarle importancia: “Que tengo una época más tontilla, pues estoy más tontilla” Lo de tontilla se refiere probablemente a estar más activo sexualmente. “Que no, que estoy más tranquilo como ahora... pues sin problemas”. Le pregunté si quería tener pareja en ese momento. Me dijo: “No lo sé. No lo sé. Si surge alguien, tiene que ser... muy poquito a poco, muy tranquilo, muy informal. Es tan difícil. Es que yo creo que no, me costaría mucho. Pero abierto a conocer a alguien, sí, a ver: yo creo que aunque digamos que no siempre lo estamos”. Resulta llamativo ver cómo Hugo parece “tomarse un descanso” de la búsqueda del amor (sea lo que sea que eso suponga en su caso particular) para entrar en un terreno mucho más flexible, el de sexo más despreocupado y casual, un terreno que fue el que precisamente favoreció la ruptura con Saúl. Vemos las contradicciones. Más allá de estas, es evidente, entonces, que ciertos comportamientos son castigados dentro de la pareja, sobre todo si no existe un acuerdo previo para ello. La necesidad de acuerdo, en sí misma, también se presenta como un factor fundamental en el establecimiento de las relaciones, sobre todo al abandonar fases iniciales con la intención de una mayor consolidación del vínculo. De hecho, el no acuerdo explícito y pactado, es entendido como una falta de compromiso, y, por tanto, se sobreentiende la no exclusividad y la no conformación de 39 la pareja. Esto es algo que se verá a lo largo de otras historias, y claramente en el caso de Pablo. También, en el caso de Ismael, veremos cómo se entiende la exclusividad y cómo esta es pactada y los motivos que empujan a hacerlo. Es interesante ver también cómo, tras sus diferentes experiencias amorosas, Hugo parecía haber puesto ciertas condiciones. Parecía seguir abierto a su ideal de amor pero, al menos en el momento en el que me decía estas palabras, ya no lo buscaba activamente. “Como quererlo, sí. Como buscarlo activamente, no. Vamos, ni tengo Tinder, ni rollo para buscar pareja, ni nada, ni todas las aplicaciones que tuve un día. Pues yo me acuerdo que tuve todo al mismo tiempo y no me daba a basto para hablar con todo el mundo. Yo paso, vamos” Esto último me lo dijo con desprecio, con hastío, como si realmente estuviera harto del amor romántico, o al menos de su búsqueda. “A ver, cuéntame tus hobbies. Ahora cuéntame qué te gusta. Parece que estás haciendo una entrevista continua. ¡Qué cansino! Mejor me hago un blog. Hablo sobre mí. Si te interesa, mira”. No lo busca activamente, pero siempre deja una puerta abierta por si surge, y esa puerta abierta es la de Grindr, no la de otras apps o formas de conocer a alguien. Complejo, cuanto menos. Hablamos un poco más sobre el amor romántico y admitió que nunca antes se había planteado lo que era el amor. Acto seguido me suelta esta frase tan impactante: “Es una puñetera mentira”. Lo cierto es que parecía que las ganas que tenía Hugo de cumplir sus expectativas se debatían con el cansancio que provocaba la propia búsqueda de pareja que él mismo había iniciado. Una búsqueda constante que ya comentaba anteriormente, pero que Hugo trasladaba de la siguiente manera: “Aquí nadie se compromete con nadie. [...] No, no te conformas. Porque ahora es más fácil buscar más.” En torno a esta búsqueda constante, que requiere una energía alta para poder llevarla a cabo, me comentaba: “No voy a malgastar más energía en una persona que después realmente me la va a pegar otra vez. Y visto lo visto, aquí todo el mundo se la pega a todo el mundo. Por lo que las probabilidades de que te pasen son altísimas. Entonces no, no lo veo. Esos son mis valores. Yo veo a mis padres, pues que no son la pareja ideal ni almas gemelas, pero llevan juntos 50 años. Y ahí están”. Y es que Hugo, finalmente, se descubre a sí mismo, sus nociones del amor y lo que puede significar buscarlo al hablar de la relación de sus padres. ¡Esa es la idea del amor romántico que tiene: la de sus padres! Unos padres que crecieron alrededor de los años 40, en los que el contexto histórico y sociocultural era completamente distinto. Un contexto en el que la tecnología no se 40 ponía al servicio del amor romántico de la forma en la que lo hace en 2024. Sin embargo, es ahí, a ese contexto, al de sus padres, al que Hugo acude para compararse. Parece que para Hugo es a través de la representación del amor de sus padres que se construye su ideal del amor. Por tanto, es normal que surja descontento y pesimismo si se mira al pasado, normalmente idealizado, para juzgar el presente. Es normal que una pareja heterosexual que lleva casi toda la junta conviviendo y ha formado una familia con varios hijos no sea igual que una pareja homosexual que se acaba de conocer a través de una aplicación que se vende como útil para tener sexo rápido. ¿No será que Hugo está queriendo conseguir algo que conlleva mucho más tiempo y dedicación? ¿Es esta comparación algo común entre otros hombres abiertos a una relación romántica en Grindr? Si es así, ¿qué idearios existen en torno al amor romántico entre los usuarios de Grindr? ¿Por qué algunos dicen estar abiertos al amor en esta app y otros no? Otra vez, muchas preguntas, a las cuales sólo puedo aproximarme y que dejan las puertas abiertas a futuras investigaciones. Al ver su gran descontento, le pregunté por qué seguía usando Grindr. Me contestó: “Porque es otra puerta más para poder encontrar a alguien. Aunque visto lo visto, después, todo el mundo que he conocido en Grindr, después no va a nada. Siempre después sale rana. Pero... nada, he conocido a gente muy buena. Eso era broma. Pero también puede ser por la adicción, porque al fin y al cabo todos somos más o menos adictos a esto. Porque todos somos adictos, todos. Quién me diga que no es mentira. Vamos, que te digo adicto a Instagram o Facebook o a lo que sea. Cualquier aplicación te crea adicción y para tú dejar este tipo de aplicaciones pues es como si le quitas la droga a alguien. No, hay que ir poco a poco. De hecho, creo que este tipo de aplicaciones deberían de estar por ley limitadas a un tiempo diario. Porque no tenemos autocontrol”. Fuera de si las aplicaciones generan adicción o no, lo interesante es ver cómo Hugo nos traslada a una atmósfera en la que Grindr se presenta como una adicción, igual que las drogas. En este uso, intento de desuso y re-uso de Grindr, como si de una droga se tratara, las expectativas se presentan como eje central a la hora de continuar usando la aplicación. La esperanza de conocer a “esa persona especial” es la justificación que Hugo me da para seguir en Grindr. Es la que me da a mí, pero me pregunto si es esa realmente la razón por la que sigue en Grindr o existen otras, que también tienen peso a la hora de no abandonar la app, pese a que para Hugo parece difícil encontrar lo que quiere dentro de ella. También me pregunto si esto que Hugo me cuenta es un relato montado para mi conveniencia. Durante las dos entrevistas trato de captar qué es lo que Hugo piensa y siente más allá de la típica historia de desamor que me acaba de contar. Pocas contradicciones en el relato que me cuenta con 41 me lo reprocho porque me sienta sucio o... Forma parte también de mí, está ahí, y la honro y le doy la parte que necesite y la que quiere». Creo que también hay muchas veces, sobre todo al principio, cuando tienes relaciones con hombres y no las tienes nunca, de cuando tienes sexo con alguien con quien no tienes ninguna relación emocional, de sentirte un poco sucio. De hecho, es algo que ocurre cuando terminas [de tener sexo], y como no tenemos nada, ahora es: «¿Qué hago? Me levanto y me voy, ¿se levantará él? ¿Se va? Quedarse a dormir sería un agobio, porque claro, a lo mejor no me gusta, y si me quedo a dormir lo mismo le molesta a él, ¿no?» Y te sientes como… Esa sensación ha sido al principio, ¿no? Hasta que ya después vas aceptando que puedes tener sexo y que no tienes por qué ser tu pareja para tener sexo. Pero es una parte también que, por ejemplo, a mí, que venía de estar metido en la iglesia y que venía de esa mochila de prejuicios y de dónde tiene que ser y cómo tiene que empezar las relaciones y todo, para mí yo pensaba que la relación con un hombre también podía empezar de la misma manera y tener algo y que el sexo fuera algo más pero que no fuera el motivo principal por el que empieza la relación”. Pablo se siente culpable por toda una serie de ideas compartidas en torno al sexo. El ideario católico de sexo cómplice, dentro del matrimonio heterosexual y con fines reproductivos a ser posible, se instala en su mente. Aunque todo esto no tiene por qué cumplirse, y de hecho muchos heterosexuales no lo cumplen, son todas estas prenociones las que hacen que la culpabilidad surja ante el sexo esporádico, sin complicidad previa más que la que puede formarse durante la relación sexual, entre hombres. Ese discurso moralista, que condena y castiga lo que se sale de la norma. Esto es algo común, ya que en la mayoría de las entrevistas percibo un juicio hacia las relaciones sexuales esporádicas en los discursos de mis interlocutores, bien en forma de rechazo, bien en miedo a ser juzgado por llevarlas a cabo. También resulta curioso ver cómo Pablo intenta adaptarse a su nueva realidad. Me mencionó que había tenido relaciones con chicas, en las que todo era muy normativo. También estuvo muy vinculado a la Iglesia Católica durante algún tiempo. Al separarse de ese ambiente y enfrentarse a unos nuevos códigos, donde el sexo ya no es algo con fines ideales reproductivos, que no es un sexo cómplice entre un hombre y una mujer que prometen públicamente amarse y respetarse hasta que la muerte los separe (al menos idealmente), es ahí donde llega la culpa. Pablo se enfrenta a un nuevo contexto en el que el sexo es rápido y entre hombres. Dice que lo ha ido aceptando, que da espacio a 48 su lado más animal. Sin embargo, los juicios de valor hacia Eloy por sus prácticas sexuales están por todos lados. Sus juicios hacia sí mismo, llamándose animal y estableciendo una jerarquía alrededor de los deseos, también lo desvelan. Esto es algo que no solo le ocurre a Pablo, sino que se presenta como algo común entre los protagonistas. Y es que incluso dentro de Grindr existe un discurso moralista en el que se condena, por parte de ciertos usuarios, el sexo por sexo. Un sexo de “aquí te pillo, aquí te mato”, en el que no hay vínculos previos con la otra persona, y en el que se va “a saco”. Un sexo que se puede tener casi con cualquiera, siempre que la otra persona te parezca atractiva, porque lo que te atrae es el cuerpo, el uso del cuerpo para tu disfrute, no la persona que encarna el cuerpo. Es ese tipo de sexo el que se condena desde el discurso moralista, incluso en Grindr, una app en la que sus usuarios pueden encontrar sexo rápido, supuestamente. En todos los hombres a los que he entrevistado parece existir algún tipo de condena, o en menor caso remordimiento, a comportamientos que evoquen este tipo de sexo. Parecen también existir diferentes representaciones de los sujetos, que se proyectan a través de los discursos y de las acciones de estos. Representaciones que son ajustadas en función de a quienes son presentadas. Porque, si la mayoría de los entrevistados piensan así, si la mayoría busca el amor y quiere alejarse del sexo animal, entonces, ¿qué hacen en Grindr? La mayoría de los hombres que han participado en este proyecto parecen debatirse entre la mala conciencia que les otorga el discurso moralista que escuchan llegar desde las posiciones más normativas de la sociedad y las posibilidades que Grindr les ofrece. Posibilidades en torno a la información y a la probabilidad. Grindr aglutina en una pantalla a multitud de hombres que buscan interaccionar con otros hombres, sean como sean estas interacciones (sexo rápido, buscar pareja, hacer nuevos amigos, tomar un café o hablar por un chat). Creo que esa es la base de su éxito, la posibilidad de cumplir tus deseos parece ser más fuerte que el discurso opositor y moralista procedente de una tradición heteropatriarcal. Al menos así me lo presentan a mí. Y es que hay que tener en cuenta que lo que Pablo y el resto de protagonistas me cuentan es un discurso producido para mi conveniencia. Pablo y los demás intentan adivinar las expectativas que yo como investigador tengo para con ellos y por lo tanto adecuan su discurso. También lo adecuan en función de lo que creen que yo pienso, y en la que creen que es la moral en la que yo me instalo. A su vez, yo mismo, a través de las preguntas que les hago, y de mis intervenciones en nuestras 49 charlas, les voy dando pistas acerca de mi posición ideológica. El entramado es complejo, sin duda, y defender que mi presencia e intervenciones no generan una serie de reacciones y discursos específicos sería cerrar los ojos a una reflexividad esencial en la investigación etnográfica. Por tanto, las preguntas que yo le hago a Pablo, cómo decido de qué forma nos vamos a ver, o dónde, ya está enfocando la investigación de una forma específica y, por tanto, provocando reacciones en mi interlocutor y demandando una serie de respuestas específicas a lo que él entiende que es lo que yo busco. Por ello, Pablo me presenta una moral heteropatriarcal, que se adecua a las expectativas que cree que tengo de él. Un discurso moralista en el que Grindr es prácticamente basura, en el que solo se encuentra sexo. Sin embargo, ahí sigue, tanto Pablo como otros protagonistas, debatiéndose entre la moral compartida y su deseo individual, explicándome y justificándome por qué están en Grindr. Para hablar del amor, primero tienen que justificar qué hacen en Grindr y tienen que contarme mil y una historias sobre lo mala y perversa que es la gente que utiliza la app, y cómo ellos son diferentes. Necesitan distanciarse de lo que se entiende colectiva y hegemónicamente que es Grindr, de lo que creen que yo entiendo que es Grindr, y presentarse como superiores a eso. El único que parece ser consciente de esas contradicciones internas y las toma en un tono más humorístico y honesto es Jesús, el protagonista de la cuarta microhistoria. Es a través de estos diálogos, en lo que la reflexividad se conforma central, que intento ir más allá de lo que me dicen, de lo que yo les animo a que me digan, y de lo que ellos entienden que tienen que decir. Siguiendo con Pablo y Eloy, pese a sus diferencias, estos continuaron viéndose por un año. Pablo me explica que eran encuentros donde no había solo sexo, aunque este era una parte muy importante de los mismos. Quedaban cada dos o tres semanas para hacer algún plan y tener sexo. Con el tiempo, los planes decayeron y el vínculo se limitó a la relación sexual. Cuando me cuenta esto, Pablo no sabe cómo nombrar el vínculo, en qué categoría meterlo: “Era esa cosa que no sabemos cómo ponerla en el armario, si ropa de invierno…dónde colocarla. Pero ahí está. Esa percha que es de metal, y no la quieres tirar, pero que ahí la tienes. Porque te funciona. Porque tiene su función. No sabes cuál es, pero ahí está”. Por un lado, existe el dilema de cómo nombrar, de cómo categorizar al otro. En otras partes de la conversación, Pablo lo asemeja a un “follamigo”, usando sus palabras textuales. Por otro lado, a través de Pablo el sexo esporádico es presentado como funcional. No es ideal, al menos para Pablo, que me contaba que idealmente quisiera tener pareja, pero es funcional. De hecho, parece que esta funcionalidad del sexo esporádico, sin la 50 necesidad de conformar una pareja, sin atadaduras de ningún otro tipo, en el que los sujetos son libres y pueden ir y venir a su voluntad, conforma uno de los principales atractivos para utilizar Grindr. “Grindr me parece una herramienta funcional, desde el punto de vista de que es equiparable a un Just Eat, ¿no? Que quieres comida y la adquieres, y qué quieres comer y cómo lo quieres hacer. Otra cosa es que obtengas exactamente lo que quieres y en el momento que lo quieres. Pero sí creo que te da la facilidad de poder conectar con alguien para saciar una necesidad. Es su primera base, más allá de la parte emocional. Pero por la parte sexual sí creo que te aporta el «necesitas algo y de otro modo lo hubieras conseguido en otra circunstancia a través de conocer a una persona y entrar a una relación más íntima para que llegue a ese punto». Sin embargo, a través de Grindr sí he visto que se dan conexiones sexuales saltándose varios pasos de esa escalera. De conocer a una persona, de quedar, de tomarse algo, de... No es necesaria toda esa... ¿Cómo te diría? Ese cortejo para llegar a... sino que directamente el cortejo se puede resumir en: «Hola, ¿cómo estás?». Un par de fotos y dar tus gustos, ¿no? Básicamente”. A pesar de no saber catalogar su vínculo con Eloy, Pablo sigue viéndolo. ¿Lo mueve la facilidad de obtener sexo con Eloy, pese a que sabe que no va a pasar de eso y a pesar de que lo que él busca idealmente es algo donde haya más que intimidad sexual? Pablo mismo reconoce en varios puntos de la entrevista que se dejó llevar. Quizás se dejó llevar por la facilidad que provoca el no tener ataduras, el poder disfrutar de los cuerpos sin la necesidad de establecer ningún contrato social, como puede ser el matrimonio o la pareja. Apenas existen responsabilidades más allá de las de cuidar a la otra persona durante la relación sexual y algún que otro mensaje entre una quedada y otra. Es fácil, es cómodo… Pero a Pablo no le satisface. A pesar de estos encuentros sexuales, Pablo me contó que quería algo más: “porque lo que tenía no era algo, no lo podía llamar ni algo, una cosa que era un amigo y me acostaba con él. Entonces, como yo quería esa otra imagen que tengo de lo que era la pareja, que no era eso, pues lo seguí buscando”. Pablo sigue buscando “algo” que lo satisfaga más. Esto es algo común entre los entrevistados, esa búsqueda permanente, no se sabe muy bien de qué. Quizás sea una búsqueda de las expectativas individuales de llegar a conocer a “la persona”. Como en el caso de Hugo, Pablo parece encontrarse en una búsqueda permanente, una búsqueda del ideal. Una búsqueda que se realiza a través de Grindr. Aunque nuestras conversaciones se centran en Grindr, es curioso cómo Pablo no me menciona si buscaba ese algo 51 fuera de Grindr. ¿Invertiría Pablo el mismo tiempo y esfuerzo en encontrar ese algo fuera de Grindr? Si así era, al menos no me lo mencionó. Esto puede mostrar la centralidad que tiene Grindr en el establecimiento de vínculos sexo-afectivos. Además, el sexo parece ser uno de los primeros filtros a la hora de buscar ese algo. Grindr permite filtrar esos posibles “algos” en función de la información aportada en la app en un contexto muy sexualizado. Fotos de perfil donde se muestran fotos provocativas, a veces semidesnudos. Información sobre el rol que tiene la otra persona (central en la mayoría de relaciones entre hombres homosexuales), su edad, su peso, su altura, sus gustos sexuales y la posibilidad de compartir alguna que otra foto explícita. Todo eso es lo que Grindr aporta. La lectura que Pablo hace de esta herramienta es la de poder saltarse pasos, como nos contaba antes. Rapidez, inmediatez, eficiencia. Como una app de comida a domicilio, tipo Just Eat. Entras en la app, miras la oferta que hay, eliges lo que más te gusta, recibes el pedido en casa, te lo comes, te sacias (o no), te vuelve a dar hambre. Vuelves a entrar, vuelves a ver el catálogo, vuelves a pedir, vuelves a consumir. En una consumes comida, en otra consumes cuerpos. Me resulta fascinante ver cómo una app de transporte de comida a domicilio y una app de encuentros para hombres pueden compartir los mismos conceptos en su diseño. En ambas se conecta a dos partes: en el primer caso al restaurante y al cliente, en el otro a dos personas. También se establece una relación alrededor de la oferta y la demanda: en una se ofrece y se demanda comida, en la otra se ofrece y se demanda un vínculo (entendido este de manera amplia, ya que aunque la mayoría de usuarios buscan sexo, otros están también abiertos a otro tipo de conexiones. Lo veremos en la historia de Ismael, el protagonista de la tercera microhistoria). Por otro lado, está la inmediatez. En Just Eat solo tengo que esperar a que preparen mi comida y me la traigan a casa. Es fácil. En Grindr puede que incluso vengan a mi casa o, en el peor de los casos, me tenga que desplazar a la casa del otro. Es fácil. Nos ahorramos el periodo de “cortejo”, como lo nombra Pablo, en el que es normal hacer una especie de “entrevista” o “casting”, usando términos del propio Pablo. En Grindr todo es rápido, las conversaciones no tienen por qué durar más que unos minutos para comprobar que hay afinidad sexual, a través de otra especie de cuestionario, dicho sea de paso. En Just Eat el pedido llega a casa, te lo comes, lo consumes. En Grindr, “el pedido” también puede llegar a domicilio. Lo consumes. En Just Eat, a pesar de que el producto te haya podido saciar, al cabo del tiempo vuelves a tener hambre. En Grindr ocurre exactamente lo mismo. El “hambre” vuelve, y con ella el deseo de consumir. Grindr parece no saciar a largo plazo, sino que invita a entrar en unas dinámicas de consumo propias de una app de pedido de comida a domicilio. Prácticas que requieren de cierto carácter cíclico, ya que el uso constante de la app conlleva a la 52 exposición de propaganda publicitaria, dicho sea de paso. Just Eat es práctico para saciar el hambre en una tarde de domingo de resaca, o para evitar cocinar un miércoles por la noche después de un largo día de trabajo, pero no ofrece una solución a largo plazo. Con Grindr parece ocurrir lo mismo. Si las prácticas en Grindr se asemejan a aquellas que pudiera tener el usuario de Just Eat, los vínculos son de poca duración, en su mayoría, y con suerte se extienden durante algunos meses. Estas prácticas de consumo, en las cuales prima la inmediatez, la rapidez y el deseo individual, son difíciles de encajar con el ideario romántico de vínculo a largo plazo, tarde de sofá y mantita y cuidados mutuos. Difícil porque para lo último, si es que acaso es alcanzable y no solo la reproducción de un ideal de una comedia romántica, sería necesario tiempo, mucho tiempo, y cuidados mutuos, muchos cuidados mutuos. El problema es que en Grindr la inversión de tiempo se vive como una pérdida de otras oportunidades: el tiempo que invierto contigo lo pierdo en conocer a otra persona que realmente colme mi ideal. Por ello, se debe llegar al ideal rápidamente. Es decir, la persona que tengo delante debe causar en mí una impresión deslumbrante para que decida seguir adelante. Debe causar una primera impresión tan fuerte que haga que quiera centrarme únicamente en esa persona. La realidad es que esto es bastante raro, ya que la mayoría de nosotros somos personas mediocres, sobre todo si hablamos a través de un chat para tener sexo con otras personas. Lo que quiero decir es que es improbable que, siguiendo la cultura de Grindr (y cuando hablo de cultura me refiero a las normas y códigos que existen dentro de la app en torno a cómo pensarsentir-hacer, es decir: esa corriente que empuja a vínculos exprés, centrados y/o atravesados por la sexualidad en un contexto equiparable al de consumo) podamos encontrar espacio para establecer vínculos más profundos, en donde la otra persona sí que pueda deslumbrarnos, o en el que nosotros mismos podamos deslumbrar. Estos encuentros rápidos, en los que es común pasar de una persona a otra, de un cuerpo a otro, no facilitan las condiciones para encontrar una pareja estable ni para ver una peli bajo una mantita en el sofá con nuestro amado, si eso es lo que se entiende por amor romántico. Pablo expresa muy bien ese ambiente rápido y exigente que existe en la app: “La gente va muy a saco y tiene muy claro lo que quiere y cómo lo quiere. Si es alto, bajo, gordito, delgado, con pelo, sin pelo, si estás circuncidado o si no lo estás... O sea, la gente tiene una necesidad de mucha seguridad para decir, «venga», y «acepto». Entonces, a veces con tanta entrevista y tanto casting, me canso y digo, mira, lo dejamos. Entonces, muchas veces se queda mucho la conversación, más que... [sexo]. He pasado la entrevista 53 de trabajo para poder quedar y que nos veamos sin necesidad de saber si... La gente da muy por sentado de que como te gusta por foto te va a gustar en persona y va a haber la misma química en persona que por la foto. Pero es que la gente, bajo mi punto de vista, la gente se equivoca mucho o a la gente le vale cualquier cosa, a mí no”. Más allá del juicio de valor que Pablo pueda hacer de todo esto, a lo cual volveremos más adelante, resulta interesante ver cómo se evidencia lo anteriormente explicado. Existe una percepción de exigencia mayoritaria en la app por parte de los usuarios, equiparable a la exigencia que un consumidor puede hacer en un establecimiento de compra y venta. Y es que aquí la atmósfera cambia a una percepción de Grindr comparable a un mercado de compra y venta. El producto debe cumplir una serie de requisitos para ser comprado. El cuerpo/la persona debe cumplir con una serie de requisitos para ser deseada. Por supuesto, en el caso de las personas se complica mucho más, ya que hablamos de dos personas con dos deseos que deben llegar a algún tipo de acuerdo. Esto parece olvidarse muchas veces en Grindr, llegando a la cosificación de los cuerpos y olvidando que del otro lado también existen personas con sus propios deseos. Pablo nos transporta a esta atmósfera afectiva de exigencia, de requisitos, transaccional, eficiente, en definitiva: mercantil. El amor como producto de consumo, la experiencia romántica vinculada al capitalismo (Illouz, 2009). Por otra parte, Pablo, tras trasladarnos a esta atmósfera de aparente asepsia mercantil, pero que esconde un deseo pervertido de consumo y que está infectada de la culpa cristiana porque son cuerpos los que se consumen, siente que debe distanciarse y subraya que él no es así. Otra vez ese juego de máscaras, como lo llamaría Goffman, en el que Pablo se presenta ante mí con una representación específica de sí mismo. Él es “diferente”. Volviendo a la historia entre Pablo y Eloy, esta acaba rompiéndose debido a que Eloy se acuesta con un antiguo amigo de Pablo, Carlos. Entre Pablo y Carlos hubo un desacuerdo y la amistad se cortó. Eloy estaba al tanto de la situación, porque Pablo se lo había contado. Eloy se acostó con Carlos y se lo dijo a Pablo, lo cual no fue bien recibido por este último. A partir de ahí la relación entre Pablo y Eloy se enfrió. Pablo lo siente como una traición de la amistad. Es decir, Eloy, al acostarse con Carlos, estaba traicionando la amistad con Pablo. 54 Pablo me explicó cómo se sentía: “Le has hecho a un amigo tuyo algo que no le harías a un amigo, no a una pareja. Porque a mí en ningún momento me puso los cuernos con mi amigo. Porque él no estaba conmigo. No éramos nada. Fue una deslealtad, una... traicionarme a mí ante una cosa que sabes que me podría molestar y nunca en la vida pensaría. Puedo pensar en otras personas, pero de ti no porque te lo estoy contando y sabes lo que me molesta. Y ahora lo haces tú y lo haces dos veces y me lo cuentas”. Otra vez, igual que en la historia de Hugo, volvemos al control. Parece existir una tendencia a controlar qué hace la otra persona, especialmente en lo relativo a lo sexual, cuando se ha establecido un vínculo sexo-afectivo. ¿Se habría sentido Pablo igual de traicionado si Eloy y Carlos hubiesen tomado solo un café? ¿Qué nos dice eso de la forma de pensar el vínculo afectivo-sexual? ¿Qué nos dice en cuanto a la demanda de exclusividad? ¿Qué nos dice sobre el concepto de lealtad? ¿Cómo se lee la lealtad en este relato y qué implicaciones tiene para Pablo? ¿Qué nos dice esto en cuanto al conjunto de reglas alrededor del vínculo-sexo afectivo entre hombres homosexuales? Son preguntas difíciles de contestar en solo unas líneas, pero al menos nos hacen reflexionar. Aun cuando la relación entre Pablo y Eloy no es exclusiva, la relación sexual entre Eloy y Carlos es leída como una traición. La lealtad no se asienta en este caso, al menos en palabras de Pablo, sobre la relación romántica, sino sobre la amistad con Eloy. Para Pablo, Eloy traiciona esa amistad al acostarse con Carlos. Queda claro que cuando Eloy se acuesta con alguien cercano a Pablo, con alguien con quien Pablo había tenido ciertos conflictos, Pablo lo siente como una traición. Aquí, además del propio concepto de exclusividad y traición, entra también el poder que se le otorga a la relación sexual. Paradójico, porque a pesar de que en el ideario colectivo Grindr existe como una app para tener sexo rápido, donde la relación sexual es pensada como un mero trámite equiparable a una relación de intercambio, es ahora esta misma relación sexual la que es resignificada en otro contexto como una traición. Vemos entonces cómo el sexo es polisémico y resignificado según el contexto. Lo que parecía que era dado sin demasiado reparo ahora cobra un gran valor, en este caso cuando es el otro quien no se ajusta a las expectativas individuales. Es curioso también que Pablo sintiese esa traición cuando él mismo se autoprotegió poniendo una distancia clara con Eloy. En una primera conversación, en la que Pablo me expresó sus ideas en torno a los sentimientos y a la masculinidad, me dijo: 55 "Muchas personas dicen que sí -se refiere a personas que buscan pareja estable-, pero luego a la primera que tienen que abrirse un poquito y sentirse un poquito vulnerables, ya no quieren. Entonces ahora sí podemos follar. Y solamente follar. Pero ya una parte más de que te cuente algo íntimo, o vamos a hacer un plan de una cena … [eso] no. Porque [eso] me conecta con algo mío que me da un poco de... Pero sin embargo, estoy muriéndome por dentro de poder tener algo. Pero no lo tengo porque me cago vivo por el daño. Entonces ahí está la teoría de que la gente no tiene miedo al amor, la gente tiene miedo al desamor, a lo que es la caída. Por eso no se entregan, por lo cual hay muchísima gente cagada de miedo deseando algo que no hacen por el miedo a que salga mal. O sea, hay mucha gente que no da el paso porque tiene muchísimo miedo a que no funcione”. Pablo se queja de las personas que no están dispuestas a abrirse emocionalmente, que se protegen. Sin embargo, él parecía estar haciendo lo mismo. Me dijo: “Pero yo no me podía permitir, por mis convicciones, poder pensar que podía mantener una relación con una persona que tenía ciertas prácticas sexuales. Que para mí eran... siguen siendo, unas prácticas que para mí dejan mucho que desear en el terreno de que igual, como yo no lo haría…” Pablo hace una serie de juicios de valor que llevan al sabotaje de una posible relación amorosa. Parece que se está protegiendo. Pero, ¿de qué? ¿Del dolor ante un posible desamor, como nos avanzaba antes? Pablo lo revela en sus siguientes palabras: “Vamos a ver de nuevo lo del espejo: como yo no lo haría, no lo acepto en ti. Entonces no lo acepto porque no lo acepto en mí. Entonces no, como no me gusta… no lo hago. Entonces no te acepto directamente. Pero tenemos buen sexo y después nos caemos bien. Somos colegas, nos llevamos bien y podemos hacer planes de ir al cine, de ir al teatro, ir a comer sushi y ver una película en tu casa, quedarnos a dormir, que te quedes para dormir y que no se haya dado más”. Parece que Pablo, analizando lo anterior, se está protegiendo de descubrir al otro, al diferente, al bárbaro. ¿Un bárbaro que al final puede resultar no ser tan bárbaro si lo conozco en profundidad? ¿Un bárbaro que tras conocerlo pueda darme cuenta de que yo puedo ser igual que él? El miedo a verse reflejado en el otro y aceptar que la barbarie del otro también está presente en mí, de alguna manera. Porque aceptar al bárbaro sería dejar de entenderlo como bárbaro. Sería verme reflejado en su propia barbarie y aceptar mi propia barbaridad. Conllevaría un cuestionamiento del yo, de mis valores y de mis ideas. Y eso, como todo antropólogo sabe, es un ejercicio muy complejo y que demanda mucha energía, pues requiere llegar a unos niveles de reflexividad muy altos. Es más fácil 56 y rápido juzgar y zanjar, establecer categorías dicotómicas en las que alguien encaja o no encaja, tanto si es para mantener una relación exclusivamente sexual como una relación de pareja. La historia de amistad y sexo entre Pablo y Eloy contiene muchas aristas. Dada la extensión de este proyecto, me gustaría centrarme en cuatro: la dicotomía entre sexo y cariño, los estigmas en las relaciones a través de Grindr, los juicios de valor y la centralidad del sexo. Analicemos brevemente cada una de estas aristas para aprender la cultura de citas en Grindr, es decir, qué normas y códigos existen en cuanto a la manera de relaciones a través de la app, tanto dentro como fuera de esta. Algo que Pablo nos presenta a lo largo de toda la historia es una constante dicotomía entre sexo y cariño, esta última nombrada por él como parte emocional. Se equipara el sexo no cómplice como algo más animal, quizás haciendo referencia a un instinto biológico que debe ser saciado de alguna manera. Esto resulta interesante y relevante a la hora de ver cómo el sexo es pensado en sus diferentes contextos y qué significados atribuidos al sexo son aplaudidos y cuáles estigmatizados, al menos a través de Pablo, que busca una relación estable con la ayuda de Grindr. De esa forma podremos adentrarnos en el ideario que pueden tener este tipo de usuarios, es decir, cómo el amor es pensado en Grindr. Entonces, por una parte, está el sexo animal, más biológico y normalmente entendido como una relación en la que el cariño y el afecto pasan a un segundo plano, donde la centralidad está en los cuerpos y los roles (reforzando las categorías de activo y pasivo) desde un punto de vista falocéntrico. Pablo lo expresa así: “Nunca me ha gustado el tema de, aunque pueda tener sexo con alguien, sentirme que soy o un agujero o una polla”. A pesar de que dice huir de esas categorías, estas están asentadas en su ideario y se reflejan a lo largo de toda la entrevista. Este tipo de sexo animal es entendido como básico. Por otro lado, está el cariño, la sensibilidad, la parte emocional, a la que, según este ideario, el sexo animal no es capaz de llegar. Esa parte sensible es entendida como vulnerable, y en el caso de Pablo más valorada, pues no se muestra tan rápidamente. Es escasa, y, por tanto, su valor es mayor en algunos contextos, como en los círculos de Grindr en los que se busca pareja. El sexo animal está por doquier, y por tanto es minusvalorado o incluso despreciado, a través de los juicios de valor y el discurso moralista. Existe así una dicotomía sexo/sensibilidad o sexo/emoción al estilo cartesiano de cuerpo/mente, dos entes que se entienden como separados, paralelos, que nunca llegan a tocarse. En un análisis más profundo, también es curioso ver cómo esta dicotomía se asocia a otro par, en este caso relacionado con el género: masculino/femenino. Lo masculino se asocia a la fuerza 57 como para ampliar, porque mi círculo como contexto en su inmensa y profunda mayoría era heterosexual”. Una primera conversación amigable, que se inicia ante el aburrimiento, en la que si existía algún tipo de atracción sexual no se explicita por ninguno de los dos. Interesante esto del aburrimiento. Porque Grindr no deja de presentarse como una app en un teléfono móvil. ¿Hasta qué punto el uso de la app es percibido como entretenimiento? ¿Hasta qué punto el entretenimiento personal ayuda a la deshumanización del otro, reduciéndolo a una foto de perfil atrayente, a un intercambio de mensajes para pasar la tarde noche de un sábado aburrido? ¿Se está gamificando la experiencia en torno al uso de apps de encuentros y citas? Todo parece indicar que sí. Ismael me contó entonces los inicios de la relación. En este aspecto, Ismael se explaya, dejo que hable. “Yo, como tal, yo no tenía un amigo LGTBI, o sea, ya no por entrar en categorías ni nada, hasta hace relativamente poco. Y claro, yo tenía ganas como de, aunque con mi entorno y mis amigos estoy muy bien, pues tenía yo ganas un poquito como de hablar con alguien… un poquito más de colectivo y tal, y tener yo, pues, también otras referencias y otras historias. Entonces, mientras yo estaba hablando con él, estaba también contactando, pues, con diferentes perfiles que tenían por grupos de amigos y tal… De reuniones, de juegos de mesa, etcétera, ¿no? Como para socializar. Entonces yo tuve la inmensa potra de que el grupo en el que a mí me acabaron metiendo, pues de juegos de mesa y tal, estaba este chico. Entonces claro, la primera vez que nos vimos no fue técnicamente una cita, fue como un encuentro entre todos. Entonces también eso lo puso más fácil para que hubiera una habitualidad a la hora de vernos, de hablar, de tal. Entonces, es verdad que fue un poquito pasarlo en modo fácil -habla aquí como si de jugar a un videojuego se tratase, “el juego del amor en Grindr”. Volvemos a la gamificación- Así que claro, cogimos confianza muy rápido. Es verdad que al principio estaba un poco esto de que no se quería como encauzar todo hacia una pareja porque, además, él también tenía una situación con un ex con el que había terminado hace relativamente poco que era un poco complicada y tal, y no era como para poner en ciernes ahí una relación porque eso no tenía ningún sentido. Pero claro, sí que es verdad que había un comportamiento entre nosotros dos que se podía tildar más de relación que de otra cosa. 64 Entonces era un poco de «no somos pareja, pero solo nos enrollamos entre nosotros y tal». Y es como: «a ver, qué chorrada es esta situación». Pues un poco así. Entonces, bueno, dentro de todo, pues la situación fue muy fluida, fue bien. Es verdad que tuvimos un proceso muy largo porque yo ahora mismo con él llevo como un año y unos meses, oficialmente hablando, pero nosotros tuvimos un proceso de conocernos bastante largo. O sea, yo estuve hablando con él sin ser nada oficial cerca de ocho o nueve meses, más o menos. Y a lo sumo es como que lo conozco ya, pues casi de tres años -se refiere a que parece que lo conociera de hace tres años, por la cantidad de tiempo que pasaban juntos. Pero claro, como pareja en sí misma, pues en realidad año y pico nada más. Entonces ha ido todo como muy lento, pero ya te digo, en mi caso porque ya todo fue muy bien encauzadito por el carácter que también tenemos un poco los dos. Sí que es verdad que él, cómo decirlo, el sexo y todo esto sí que estuvo presente desde un momento muy temprano. O sea, no eran citas de ir a comer pipas al parque solamente, pero sí que es verdad que hubo sexo desde un momento, bueno, temprano … y no tan temprano… Verás, porque yo lo conocí y yo no estuve con él, sexualmente hablando, hasta que no pasaron por lo menos tres [o] cuatro meses. Entonces es rápido, pero tampoco es una cosa aquí de la primera tarde. Pero bueno, sí que fue pronto. Entonces, es verdad que aunque teníamos sexo y demás, no se quedó como escasillado solo en eso. También porque en ese momento ni yo estaba cerrado emocionalmente y él tampoco. Entonces, no había como este choque que sí que puede ocurrir, muy típico de «¡ay! pues, yo busco tal» y la otra persona «pues yo no»… Que es como ¡puff! Entonces claro, no tuve como ese bloqueo o esa situación, ni él por mi parte ni yo por la mía, en la que hubiese como algún tipo de freno. Así que fue todo como bastante fluido, pero porque había muchas cosas a favor… Que él estaba receptivo, que teníamos un núcleo de amigos en común, que es verdad que había muchos hobbies y muchos intereses en común… Con lo cual era muy fácil hablar, aunque solo fuera para darnos información. Entonces, pues hombre, pues fue sencillo, la verdad. No fue algo de lo que yo me ataqué. Así que, hasta ahí… Claro, mi situación ha sido muy fácil pero por eso. También te digo, por el perfil de él [en Grindr]. Seguramente si él, que también él ha tenido épocas de solo buscar sexo en redes sociales y demás… todo ha podido influir… Si a lo mejor si hubiese visto fotos de él dónde está, yo qué sé, en suspensorio, que no pasa nada, 65 que es genial… Pues yo qué sé, a lo mejor no me hubiese dado por decirle hola, ¿sabes? Que al final, también sobre todo en redes sociales y tal, lo que hace un perfil hace mucho, como para tener una primera impronta. Entonces fue un poco eso, que ninguno queríamos buscar solo sexo, aunque sí lo hubo al final, y que ninguno se va poniendo palos en las ruedas”. Lo primero que me llama la atención de las palabras de Ismael, en este análisis posterior, es la concepción del tiempo que existe por parte de Ismael y cómo la presenta como esencial al proceso de conformar la pareja. Ismael cataloga como largo el periodo en el que se estuvieron conociendo. El que los encuentros entre ambos se prolongaran en el tiempo parece, bajo la opinión de Ismael, haber contribuido a que se conformara el vínculo, a que este se cocinara a fuego lento. Ismael y su novio se dedicaron tiempo, lo cual fue facilitado por un grupo de amigos en común, con intereses comunes al que los dos pertenecían. Hasta aquí lo evidente. Me pregunto cómo los sujetos conciben el tiempo a la hora de entablar una relación en pareja. Es decir, si existen normas no escritas alrededor de la duración de cada una de las fases en torno al vínculo. ¿Cuánto tiempo tiene que pasar hasta tener sexo? ¿Cuánto tiempo tiene que pasar hasta cerrar la relación, si se decide así? ¿Cuánto tiempo tiene que pasar para llamarse novios? ¿Cuánto tiempo tiene que pasar para presentar a la pareja a la familia y a los amigos? ¿Cómo condicionan las concepciones de los sujetos alrededor del tiempo y la frecuencia el establecimiento del vínculo? Esto es algo interesante ya que es común escuchar el adjetivo intenso, también dentro de Grindr y sus círculos, para hablar de personas que no se ajustan a los tiempos socialmente estipulados. Es decir, para personas que normalmente van más rápido de lo que socialmente es aceptado. Aceptado entre hombres homosexuales. De hecho, dentro del colectivo siempre existe la broma de que las lesbianas van muy rápido en las relaciones, cosa con la cual algunos entrevistados han hecho alguna broma. Está claro que las prenociones en torno al tiempo y frecuencia, si son compartidas entre dos o más sujetos, facilitan la conformación de la relación. Pero más allá de esto, que resulta evidente, es decir, el que se tengan concepciones comunes facilita el establecimiento y duración en el tiempo de cualquier vínculo, no solo el amoroso, me interesa más la forma en la que Ismael presenta la historia. Es decir, qué información elige, qué información no elige y qué atmósfera crea alrededor de su historia de amor. Porque hasta ahora todo parece ser un camino de rosas, según lo cuenta Ismael. A diferencia de otras historias donde lo que prima son los juicios, los celos, las dudas, la incertidumbre, donde se nos coloca en una atmósfera 66 afectiva en la que Grindr es partícipe de un entramado que bien pudiera asemejarse al del consumo de drogas a través de la utilización de léxico como adicción, psicosis o enganche, Ismael nos transporta a una atmósfera bien distinta. Hasta ahora, por lo que me cuenta, parece la típica historia de amor feliz. La facilidad con la que se sucede todo parece increíble. ¿Dónde está el conflicto? ¿Dónde está la duda? Creo que no es que no existiera, es que Ismael no me la cuenta, porque decide presentar una versión amigable y para todos los públicos (en la que el sexo llega relativamente tarde y a través de una amistad previa) de su historia de amor. La historia de amor, por cierto, que él decide contarme, porque no me cuenta otras que había tenido, a pesar de que había utilizado Grindr y conocido a otros muchachos, y que había rondado otras aplicaciones, como Wapo, cosas que me deja entrever por lo que me dice. Con todo esto no quiero desacreditar a Ismael, su historia me resulta valiosa y confío en sus palabras. A su vez, la historia que me cuenta me hace reflexionar sobre la relación que establece conmigo, y cómo decide presentarse. ¿Qué me podría decir todo esto de las percepciones que se tienen sobre Grindr? ¿Presenta Ismael un amor Disney, descafeinado, sin conflicto por miedo a ser juzgado? ¿Presenta esta historia y no otras porque sabe que en Grindr esto es la excepción, aumentando así el propio prestigio de la relación, una relación que seguía vigente a día de nuestra charla? ¿Cómo hubiese representado Grindr y la historia de amor si me hubiese hablado de un ex que conoció en la app? Otro tema del que Ismael me habla es lo fácil que fue todo. La apreciación de que se está ante una situación conocida juega un papel fundamental en la relación que inicia Ismael. Me pregunto si esta apreciación tiene que ver con la falta de expectativas, su relajación, porque estas se cumplen o una combinación de estos tres factores. También, más allá de las expectativas que el sujeto pueda o no tener…¿Es la casualidad un factor a tener en cuenta en las relaciones amorosas? La casualidad de encontrar a alguien que comparte los mismos hobbies, el mismo grupo de amigos, que se encuentra en el mismo estado emocional que tú. ¿Hasta qué punto es la casualidad un factor a tener en cuenta? Ismael podría haber conocido también a cualquier otro chico con el que tener intereses y amigos en común, pero conoció a este. Esto me hace pensar hasta qué punto pensamos las conexiones como únicas e irrepetibles, cosa muy común en el ideario tradicional romántico, o como intercambiables, fruto de una casualidad, de un mero factor estadístico que puede volver a repetirse. Por tanto, ¿cómo influiría la concepción del amor dentro de una u otra categoría en la conformación de la relación? ¿Cómo entienden y viven el amor aquellos sujetos que lo conciben como un producto casi del destino y cómo lo viven aquellos que lo entienden como una casualidad? Más allá de mis propias reflexiones ensimismadas sobre el amor, que no puedo responder, lo que queda claro 67 es que Ismael presenta su relación como fácil y esto es clave en la conformación del vínculo. En una sociedad hastiada de dificultades se busca la facilidad en el vínculo romántico, ese “lugar seguro” del que nos hablaba Hugo debe ser de fácil acceso. Si no, pasamos al siguiente, seguimos buscando en las pantallas de nuestros teléfonos. En un análisis superficial, y bajo lo que Ismael cuenta, pudiera parecer que la clave para que la relación de Ismael con su novio siga adelante es la flexibilidad en las expectativas y en los tiempos. Al menos, en cierta forma, él parece presentarlo así. Sin embargo, un análisis más profundo, entendiendo también el contexto en el que se mueve Ismael, nos ayuda a arrojar luz sobre esta casuística. Para empezar, Ismael no es más flexible que otros colaboradores como Pablo, Hugo o Jesús. Ismael tiene muy claro lo que quiere, por eso va a Grindr y utiliza los diferentes filtros para acotar la búsqueda. También, busca amigos muy específicos, interesados en juegos de rol, cómics japoneses, novelas fantásticas y por el estilo. Tiene claro que no busca sexo de primeras, de hecho él mismo dice que si hubiera visto una foto de su actual novio en ropa interior quizás no hubiera cuajado. Ismael sabe lo que quiere y la suerte ha jugado a su favor. Lo que intento transmitir es que no existe ninguna clave, ningún recetario para definir qué relaciones salen adelante y qué relaciones no lo hacen. Aunque lo hubiera, eso no es lo primordial. Lo interesante es ver qué atmósferas afectivas existen en torno al uso de Grindr y cómo esto incide en las historias amorosas que ocurren dentro de la app. También, se ha de tener en cuenta que Ismael se mueve en contextos muy específicos, los de hombres homosexuales que tienen intereses por los juegos de rol y la literatura fantástica, entre otros, y cuyos círculos relacionales suelen ser bastante endogámicos, lo que propicia el conocer a otras personas con los mismos intereses abriendo la puerta a nuevos vínculos relacionales. Resulta también intrigante los motivos que llevaron a Ismael y su novio a cambiar rápidamente de plataforma para seguir conversando. Y es que por lo que Ismael me cuenta, pasaron rápidamente de hablar por Grindr a intercambiar números de teléfono y chatear por WhatsApp. Reflexionando sobre los motivos que pudieron generar este cambio, me pregunto si fue por una percepción de WhatsApp como un entorno más seguro, incluso más intimo y menos sexualizado. Sobre esto me pregunto, ¿qué percepciones existen sobre la intimidad al usar Grindr entre sus usuarios? ¿A qué factores responden tales percepciones? ¿Es el sentimiento de estar expuesto algo común o más bien se viven las interacciones en la app como privadas? Probablemente las percepciones dependan de la cantidad de información que uno facilite en su perfil y creo, sobre 68 todo, de si se mantiene el anonimato o no a través de la foto de perfil. Muchos son los perfiles que uno puede encontrar con las “cabezas cortadas”, probablemente en una búsqueda de lo que en los entornos de Grindr se nombra como discreción. Es muy común encontrar perfiles que se describen como discretos que buscan a otros discretos (o en su versión corta “disc x disc”). Pero, ¿cómo es entendida la discreción y qué significados puede tener? ¿Significa no tener pluma? ¿Significa no saludar a una persona con la que ya te has acostado por la calle y “si te he visto no me acuerdo’? ¿Significa vestir y adoptar una postura corporal propia de las representaciones de la masculinidad más hegemónica, entendido este término desde la heteronormatividad? No parece existir un consenso colectivo, pero todas las preguntas anteriores están relacionadas con la concepción de la discreción. Por tanto, volviendo a la historia de Ismael y su novio, ¿estaban ellos cambiando a WhatsApp para continuar sus conversaciones en una app donde no se sintiesen tan expuestos a los juicios de otras personas? Recordemos que Grindr es leída estereotípicamente como una app de encuentros sexuales. Si Ismael y su novio no buscaban sexo entre ellos, tendría sentido el que migraran a otras apps. Además, hay que tener en cuenta que para hablar por WhatsApp hay que intercambiar teléfonos, por lo que se exige cierto nivel de confianza en la otra persona y se refuerza así el vínculo con esta, pues se están compartiendo datos personales que se entienden como privados. También entra en juego la fugacidad de las interacciones en Grindr. ¿Pasaban a WhatsApp Ismael y su novio en un intento de asegurar el vínculo en un entorno entendido como híperveloz? Ismael me sigue contando cómo, aunque no eran pareja oficial como tal, él sentía que tenían un acuerdo implícito de exclusividad. Además del tiempo que pasaban juntos en su grupo de amigos, como norma dos tardes en semana en las que se reunían a jugar juegos de mesa durante varias horas, también pasaban tiempo juntos a solas. Me contaba: “No éramos pareja oficial como tal, por supuesto, pero sí que teníamos como un … ¿Cómo decirlo? Acuerdo implícito, por decirlo así, de no tener relaciones sexuales con otras personas. Y aparte, pues tener quedadas, pues de ir al cine juntos, de irnos de picnic juntos, de, yo qué sé, de irnos a ver una exposición juntos, de hacer quedadas para ver pelis juntos en su casa, o videojuegos, lo que fuera. Entonces, sí que eran planes un poco a dúo en privado, eso no tenía nada que ver con nuestro grupo. 69 Entonces, teniendo en cuenta que era como algo más íntimo entre él y yo, y que eran planes más de tú a tú, donde se podían dar situaciones, pues agarrarnos la mano, de darnos besos, de más intimidad, etc. Pues sí que era un poco una relación, aunque oficialmente no fuera como tal”. Ismael y su novio también se tomaron una breve pausa. Ismael me lo contó así: “Tuvimos nuestros respectivos como... ¿Cómo decirlo? No fue un parón, fue como pausas. Pero claro, una pausa absurda, porque si nos seguíamos viendo igualmente, pues era… nada. Pero tuvimos nuestro momento de decir, «oye, vamos como a parar esto, lo pensamos un poco más, tal...» Pero al final, como también nuestra situación social de amigos y todo esto, pues hacía que nos viésemos igualmente, pues era un poco absurdo. Entonces, al final, aunque tuvimos nuestras conversaciones de «vamos a tomarlo con calma, que tú no buscas pareja, yo tampoco buscaba en ese momento»… Pero al final, pues, terminó surgiendo por eso. Pero realmente fue todo porque ninguno estábamos negados, o sea, no buscábamos relación pero tampoco vamos a salir corriendo si buscamos algo. Entonces, eso hizo mucho porque yo sí he tenido otras experiencias con otras personas que no han querido pareja y esa situación no hubiese sido posible en ningún caso. Entonces, aquí fue más que nada eso y teniendo en cuenta que fue todo lento precisamente por eso, tanto el sexo como más intimidad de cines, etcétera, por ese motivo. Por intentar frenar un poco”. El tiempo y cómo se concibe este dentro de la relación romántica vuelven a conformarse centrales. A pesar de no etiquetar y de ir relativamente lentos, según la percepción de Ismael, deciden tomarse un tiempo para seguir pensando. Me pregunto si estas pausas en las etapas iniciales, muy comunes por cierto, y ese pensar sobre qué vínculo se tiene con la otra persona se relaciona con una concepción de la masculinidad muy particular, en la que nombrar, abrirse al otro, exponer el deseo y aceptar que uno mismo es deseado pudiera relacionarse con una parte más femenina de los sujetos, como vemos también en la historia de Pablo, y por tanto puede ser rechazada. Parece también que tras esta pausa, si los sentimientos se reafirman, el vínculo queda más consolidado. 70 Lo que está claro es que para Ismael resulta importante vincularse a través de unos intereses comunes muy específicos y que por ambas partes se respetasen los tiempos que Ismael concebía. Por fin llega el conflicto en el relato de Ismael. Como no, este gira alrededor de la exclusividad sexual. No podía ser de otra manera. “Yo vengo de una relación clásica, cerrada, como lo quieras decir, y él viene de una relación abierta, de hecho. O sea, el tema de qué relación vamos a tener, claro, fue un tema de conversación, porque venía de un extremo y yo de otro, y era como, a ver, ¿cómo gestionamos todo esto? Sí que lo hablamos y está el morbo y tal de poder quedar con alguien sexualmente por, aunque solo sea por la novedad. Pero relación abierta como tal, de momento, decidimos no tener. [...] Sí, es verdad que acordamos que no fuera una relación, cómo decirlo… es que clásica va a quedar fatal. A ver... restrictiva. No, creo que no está quedando mejor. A ver, no una relación donde solo se pueda como tener juegos sexuales o tal solo entre vosotros. O sea, por ejemplo, de guarreos, como había en su momento por el Grindr o Instagram, etcétera. Lo típico, a lo mejor de tontear con alguien o lo que sea, algo que no se lleve a un plano físico. Pues eso, no hay ningún problema. Entonces somos una relación cerrada pero, pues, con asteriscos. Entonces, de momento, la situación como de quedar con alguien, que en este caso solo sería porque hay alguien que a lo mejor nos ponga mucho, o por la simple novedad de no follar siempre con la misma persona… pues un poco de momento, la verdad, se palia, aunque solo sean por tonteos o tonterías por el estilo. De momento no hay necesidad”. Ismael intenta buscar las palabras adecuadas para mí, modula su discurso. Es normal, lo hacemos todos. Lo interesante es ver cómo lo presenta alrededor del concepto de exclusividad. Ismael parece estar sujeto a varias contradicciones comunes a cierto grupo de hombres que se relacionan en Grindr. Concibe que las relaciones “clásicas”, probablemente quiere decir exclusivas, están pasadas de moda. Sin embargo, quiere utilizar las palabras adecuadas, sin juicios, porque él mismo se autoadscribe a esa categoría de exclusividad. Por otro lado, entiende que las relaciones abiertas son lo que está de moda, sobre todo cuando el vínculo perdura en el tiempo. ¿Lo entiende como un requisito para poder alargar la relación? Menciona que “de momento no hay necesidad”, dejando la puerta abierta. En la siguiente historia, la de Jesús, se hacen algunos comentarios 71 interesantes sobre la no exclusividad a través de una brevísima historia de un amigo del protagonista. Las relaciones abiertas son comunes, Ismael parece percatarse de esto y está dispuesto a negociar mínimamente con la idea. Ismael revela el conflicto interno que puede estar sufriendo, él y otros hombres en su situación, al entender el funcionamiento de las parejas poliamorosas pero querer respetar a las parejas monógamas, probablemente porque él mismo viene de relaciones monógamas. Ismael se encuentra con una otredad, algo desconocido, y está dispuesto a hacer pequeñas concesiones para continuar con el vínculo. Sin embargo, el miedo aflora y se muestra reticente a abrir la pareja completamente: “Lo veo demasiado arriesgado porque estamos muy bien. No sé yo hasta qué punto está la cosa tan asentada como para que yo pueda discernir un poquito los celos de una situación sexual.” Ismael sigue pensando la relación de pareja en términos de exclusividad sexual, al menos en el plano físico, pero es capaz de ofrecer ciertas licencias en los entornos virtuales. Esto resulta interesante, cuanto menos. ¿Hasta qué punto el mundo virtual es percibido como menos real y, por tanto, menos peligroso que el mundo no virtual? ¿Qué diferencias de significados existen entre ambos mundos? ¿Cómo estos afectan la relación? ¿Cómo cambia en cada caso individual? En el caso de Hugo, vemos cómo la mera presencia online en Grindr fue leída como una traición al acuerdo de exclusividad sexual que llevaron a cabo en un contexto romántico. En el caso de Ismael, se pueden tolerar conductas sexuales siempre y cuando se lleven a cabo únicamente en el entorno virtual. Existe una renegociación de los términos relacionales, que parece ser constante. En esta historia, el compartir intereses y una misma red social se conforma como esencial para que el vínculo se tejiera. Y es que Grindr parece unir a dos personas por sus preferencias sexuales en ese momento, sin embargo parece dar poca importancia a factores como los intereses en común. ¿Qué nos dice eso sobre la forma que tenemos de concebir el sexo? ¿Entendemos, en la modernidad líquida que nos propone Bauman, que el sexo y, por tanto, Grindr, como representante de este entre los hombres homosexuales, conforma una esfera separada de la vida de los sujetos? ¿Se representa el sexo, en esta app, como una esfera diferenciada? ¿Cómo afecta eso a los vínculos que los hombres homosexuales establecen fuera y dentro de Grindr? ¿Es, para los usuarios de Grindr, lo sexual algo que los define pero que a la vez los aliena? En especial, ¿cómo incide esta concepción del sexo como una esfera diferenciada en el ideario romántico? Seguimos con las preguntas. 72 Jesús “Esto realmente creo que es el quid de la cuestión de por qué estamos tan locas todas las maricas: porque, realmente, es que es verdad que esto es cosa seria. El sexo es una cosa súper banal al final, el tocarnos las churritas, comernos las churritas, pim pim pum pum, guarreo... lo otro es un temazo, es un temazo porque además no estamos educados para nada, no estamos educados en eso, para nada” Me decía eso refiriéndose a los cuidados. Estábamos en su casa, bebiendo agua fría una mañana de un jueves en pleno agosto de 2023. Sevilla estaba desierta. “Esta cosa que está en lo materno, en no sé qué, eso es lo que realmente... Además, es lo que realmente en las relaciones… es lo que queremos en el fondo. Yo recuerdo en pareja, uno de los momentos de máxima conciencia de amor cuando estuve con Mario, en su momento, fue una mañana que me dio un ataque de ansiedad, aquí, en verano. Estuve trabajando en unas cosas y recuerdo que me dio como un mareo y me caí en el parking, que después nos reímos mucho a costa de eso porque yo me caí, me di en la frente… Mario se puso a gritar «¡Ayuda!». [...] El Mario se puso «¡maricones, que me vengáis a ayudar!», no sé qué. Era todo muy gracioso, pero era muy frustrante, muy jodido para él. Y ahí es cuando tú, en ese momento, es cuando tú realmente encuentras el amor. En alguien que te cuida como tu madre”. Siguió hablándome de los cuidados y de su percepción sobre estos: “Hay una falta de... de cuidados, tío, de aprender a cuidarnos. Y que ha sido un valor que se les ha dado a las mujeres y entre hombres, pues es nefasto. Es nefasto. Porque además hay gente que se sigue jactando de... de hombres entre hombres -con esto último se refiere a las típicas frases de perfiles de Grindr de masculino por masculino. [...] Ya no tener sexo, lo que te decía antes, me apetece más alguien que me despierte… tengo ganas de estar contigo y si acabamos teniendo sexo porque estemos a gustísimo y cuidándole con cariño… Sí. Realmente en el fondo lo que quiero es eso sí, quiero eso. Lo que pasa es que es verdad que eso no lo puedes poner en el titular de una APP”. 73 Seguimos hablando de los diferentes ligues que ha tenido. Un par de encuentros con este, otra par con este otro, un polvo magnífico con un chico al que nunca más volvió a ver… Después de hablar un rato sobre sexo esporádico, o “amantes” como él los llama, me dice: “Bueno, mi amigo Jaime, que me acompaña mucho en esta pieza, siempre me ha dicho una cosa que me parece súper bonita, que esto no sé si te lo he dicho antes. Dios te pone a alguien... Él siempre me ha dicho, «¿quién es el encarnado esta vez?» A ver, yo le cuento a él siempre muchas cosas. Jaime lleva muchos años con una pareja, que es muy lindo, pero yo creo que ellos tienen su historia también abierta y tal. Son gente de... una relación bastante particular, no viven juntos, llevan muchísimos años juntos y tal. Y siempre me dice, «¿cómo se te ha encargado esta vez? Tú sabes que él siempre es el mismo». ¡Me encanta! «Siempre es el mismo, pero se encarga de distintas maneras». Y yo pienso totalmente eso. Entonces, en esta cosa es cómo en estas experiencias que vamos conociendo en la vida, y con las redes, puede ser mucho más fácil de lo que sea lo que estamos hablando… Los que cristalizan de alguna manera, porque no todos los que follamos en Grindr cristalizamos, pero los que tenemos intentos de hacer algo. Aunque sea el mínimo de este tonto que me quitó de Grindr o el del año pasado que digo «para qué». ¡Todos de alguna manera se encarnan para enseñarte algo! Entonces en ese enseñarte algo va creciendo el amor a ti mismo y además, en el amor a ti mismo es en el que tú también vas a crecer en el amor a los demás”. Jesús busca el sentido a través de la mitología cristiana. Parece racionalizar lo que él percibe que son contradicciones a través de la creencia en el amor como algo superior. Para él, a través de las conexiones con los otros se puede llegar a conectar con uno mismo. Y es precisamente Grindr lo que propicia todo eso: “Realmente eso, pienso que el amor continuamente… vamos a ver cristalizaciones del amor, entendido cristalizaciones como movimientos que se nos van a ir porque han venido para destrozarnos, para rajarnos por dentro porque vamos a aprender de eso. Y eso es continuamente… y por eso también Cristo no es solo una persona que se transforme y resucita, pero Cristo pasa el calvario. El amor es aprendizaje, el amor es… ¡Grindr es 80 bueno Jairo! -y se empieza a reir a carcajadas- ¡Grindr ha venido para que aprendamos! Grindr es nuestro salvador porque nos lo hace todo más rápido -en estos momentos ya no sé si me está hablando en serio o no, porque su tono ha cambiado, se ha vuelto más chistoso. Lo cierto es que ya no puedo aguantarme la risa más y comienzo a reirme sin parar- Es bueno para que aprendamos… por eso, hay que consumir mucho para darse cuenta de... no, no hombre”. Jesús parece contarme un relato del héroe, de autoconocimiento personal, al estilo de la Ilíada, en el que Grindr es la herramienta que favorece el autoconocimiento. Fuera de si Jesús realmente cree esto o no, presenta a Grindr como un paso esencial en la evolución del personaje, y lo compara a otras figuras míticas, como la de Cristo, y cómo este a través del calvario es capaz de cumplir su propósito. ¿Es Grindr esa “cruz” que el hombre gay debe cargar hasta que es capaz de redimirse a sí mismo? ¿Es Grindr parte del camino hacia “la salvación gay”? ¿Es Grindr entendido, en el conjunto de reglas de la comunidad de hombres gays, como un paso que hay que dar antes de encontrar pareja? En todos estos casos, ¿qué sería la salvación? ¿Encontrarse a uno mismo? ¿Encontrar pareja? ¿Encontrarse a uno mismo a través del amor del otro? Sea como sea, lo que queda claro es que estas atmósferas afectivas colectivas que rodean a Grindr comparten los grandes pilares de las sociedades modernas occidentales, como son, entre otros, la heterosexualidad y el cristianismo, que juegan un papel fundamental en las emociones alrededor de estas atmósferas. Ya no se trata tanto de mirar cómo se establecen las relaciones entre hombres en Grindr y qué pasos se dan, sino de ir más allá y mirar qué elementos no visibles se articulan alrededor de Grindr, favoreciendo ciertas concepciones y creando una serie de atmósferas afectivas que acaban dando forma, no solo a las relaciones románticas, sino incluso a los cuerpos de los sujetos. 81 Hacia un estudio del amor romántico entre hombres que usan Grindr Lover Where do you live? In the sky? In the clouds? In the ocean? (Highasakite, 2014) Primera pregunta sin respuesta: ¿qué es el amor? Más específicamente: ¿qué es el amor romántico? Segunda pregunta sin respuesta: amante, ¿dónde vives? La canción del grupo noruego 8 Highasakite, citada al principio de este apartado, nos sirve para introducir el tema inicial que atañe a esta investigación: la búsqueda del amor romántico o, más concretamente, la búsqueda del amor romántico entre hombres. Highasakite propone una búsqueda del amor a través de interrogar sobre la ubicación de su amante, un amante que, si uno escucha la canción completa, parece no haberse materializado todavía. De hecho, puede ser que nunca lo haga. La pregunta se lanza al viento: “Amante, ¿dónde vives? ¿En el cielo? ¿En las nubes? ¿En el océano?” (Highasakite, 2014) Profundicemos, específicamente, en la primera pregunta planteada al inicio de este apartado: ¿qué es el amor? Intentar dar respuesta a esta pregunta parece algo irremediablemente engorroso, pues podríamos pensar que existen tantas respuestas como mentes pensantes. No es mi objetivo dar una definición cerrada del término amor, sino presentar algunas de las ideas que rodean al amor en la sociedad occidental actual, y en especial en relación a lo que hemos leído en las microhistorias. El amor romántico sigue siendo un enigma que parece tener cierta importancia en nuestra cultura. A pesar de que las experiencias amorosas varían en cada persona, incluso entre las diferentes parejas que una persona puede tener a lo largo de su vida, y más allá aún entre los diferentes momentos que la relación con una única persona puede tener, la experiencia amorosa Durante el desarrollo de este proyecto he consumido ávidamente productos de la cultura de masas para entender las visiones del 8 amor romántico que existen en la misma. Lo hago, en primer lugar porque desde que inicié mis estudios en antropología uno de mis juegos favoritos ha sido el análisis de estos productos culturales, en especial de las canciones. Por otra parte, la inclusión de este “juego” en el proyecto es resultado de la inspiración recibida por un lado a través de la película “Mapa de los sonidos de Tokio” de Isabel Coixet (2009) y por la monografía de Mari Luz Esteban “Crítica del pensamiento amoroso” (2011) en la que se incluye un epígrafe titulado “Mapas amorosos sonoros: seguimientos y resistencias”. 82 tiende a homogeneizarse. Existen normas para identificar qué pensamientos-sentimientos-acciones giran en torno al amor romántico, y, por tanto, cuáles no. Por tanto, existe una serie de patrones culturales comunes que hacen del amor romántico y su búsqueda una experiencia compartida culturalmente. Lo hemos visto a través de las microhistorias, en las que hemos podido leer el deseo que tienen Hugo, Pablo y Jesús de tener pareja, incluso de encontrar a alguien que los “saque de Grindr”. Al menos eso nos cuentan. No me cabe duda de que otros hombres usuarios de Grindr pueden sentirse identificados con estas historias. He aquí lo interesante: si uno puede empatizar con otras personas, es porque existen experiencias compartidas, o al menos ideas compartidas, que nos permiten entender las ideas del otro. Es aquí donde sitúo epistemológicamente el amor romántico, como una experiencia compartida a través de los diferentes marcos culturales. Algunas preguntas que han marcado la línea teórica de esta aproximación etnográfica son: ¿qué entienden estos hombres, que habitan Grindr, por amor romántico? ¿Qué concepciones compartidas existen en torno a este? Y más específicamente, ¿cómo viven la experiencia del amor romántico los hombres gays en Grindr? ¿Cómo buscan el amor los hombres homosexuales a través de aplicaciones como Grindr? ¿Comparten estos una visión del amor romántico? ¿Se traduce todo lo anterior en una serie de prácticas comunes entre ellos? Todas estas preguntas han rondado mi mente durante algún tiempo ya. Fueron cobrando forma a través de mis experiencias personales, pero, sobre todo, este cuestionamiento se agudizó cuando yo mismo utilicé la aplicación de Grindr para buscar pareja. Lo que me encontré dentro de la app era una otredad hasta entonces nunca confrontada por mí. De ahí surgieron algunas preguntas que derivaron en este proyecto. A través de las microhistorias hemos podido asomarnos a algunas de ellas e intentar comprender y empatizar con sus protagonistas. Ahora, en este apartado, me propongo hacer una aproximación epistemológica al amor entre hombres. Para ello, abordaré, en un primer orden de cosas, las concepciones populares en cuanto al amor en un intento de enlazar lo recogido en las microhistorias con la producción académica en torno al amor. Por tanto, haré un breve recorrido de la producción antropológica en torno a las emociones y más concretamente al amor, en un intento de enmarcar teóricamente este proyecto. A continuación, pasaré a una perspectiva del amor desde la antropología de las emociones exponiendo una melodía conjunta en la que el amor romántico se hace oír a través de la frecuencia de la cultura. Por último, indagaré sobre una posible especificidad del amor romántico entre hombres gays. 83 Así, y en primer lugar, pasemos a presentar algunas de las concepciones más populares en torno al amor. Imaginarios en torno al amor romántico: el relato popular Creo que no me equivoco si afirmo que el amor romántico es una de las emociones más importantes en las sociedades contemporáneas. No son pocos los productos culturales cuyo tema central es precisamente el amor romántico: películas, series, canciones, obras de teatro, novelas o programas de televisión para la búsqueda de pareja al estilo de “Mujeres y hombres y viceversa”, “First dates” o “Casados a primera vista”, por mencionar algunos. Todo esto nos demuestran la gran importancia que tiene el amor romántico en nuestra cultura. Sin embargo, la incursión de la antropología en el campo de las emociones, y más concretamente en la del amor romántico, ha sido relativamente reciente en España, a pesar de que la antropología de las emociones tiene ya más de 40 años (Esteban, 2010). Esta incursión comparativamente fresca se debe a que principalmente se entendía que las emociones eran resultado de “mecanismos psicológicos universales” (Illouz, 2009, p. 19) desde la perspectiva del psicoanálisis, de la cual bebían la antropología y la sociología hasta la década de los 60. Bajo estas premisas, las emociones quedaban bajo el paraguas de “experiencias subjetivas, fisiológicas y psicológicas” y, por ende, pertenecientes a la esfera privada de la vida (Illouz, 2009, p. 19). Quedaban, así, fuera de “la cultura”, concebida convencionalmente como práctica pública y colectiva. Así, las emociones han sido relegadas, hasta no hace tanto tiempo, a una de las esferas más incómodas para la antropología clásica: la vida privada. De esta forma lo expresó Bourdieu al afirmar que “el amor es el lugar por excelencia de la negación del mundo social” (Bourdieu, 1979, p. 596-597, como citado en Illouz, 2009, p.20) Por todo lo anterior, se entienden las razones por las que el interés de la antropología hacia el amor romántico ha sido relativamente reciente. Menor es, incluso, la frecuencia con la que uno encuentra monografías dedicadas exclusivamente al amor romántico entre hombres gays. La aproximación clásica a las relaciones entre hombres ha sido mayoritariamente a través de la antropología de la sexualidad. El que se lleve a cabo tal aproximación deviene, en parte y en mi modesta opinión, de los imaginarios colectivos modernos en los que se populariza la visión del hombre blanco, heterosexual y de clase media. Bajo 84 la mirada de la heteronormatividad, el hombre gay es una persona altamente sexualizada y promiscua. Por ello, no sorprende que la mayoría de las primeras monografías en torno a hombres homosexuales tomen la sexualidad de los mismos como tema central. En este campo, la sexualidad parece definitoria de cómo el sujeto se entiende a sí mismo dentro del entramado sociocultural. Es esta visión clásica la que, como no podía ser de otra forma, encarnan los sujetos, y que, como hemos visto en las microhistorias, existe una lucha continua entre la huida de las premisas heteropatriarcales y su reproducción a través de las ideas y prácticas que se conforman alrededor de Grindr. Contradictorio. Por supuesto, no quiero restar importancia al papel que la sexualidad juega en la vida de las personas, menos aún en un contexto donde se le dota de tal importancia. La importancia de la sexualidad es real, de eso no cabe la menor duda. De hecho, en este mismo proyecto se abordan temas relacionados con la sexualidad en un intento de integrar esta área tan valorada en los contextos en los que se mueven los protagonistas. Sin embargo, he decidido considerar teóricamente la sexualidad únicamente de forma tangencial, aunque en la práctica, en las microhistorias, aparece por todos lados. Mi intento de profundizar en otras áreas más allá de la sexual se debe a varias razones. En primer lugar, porque creo que el hombre gay es mucho más que un cuerpo con deseo y prácticas sexuales. De hecho, considero que ser gay, si es que existe alguna forma definitoria de serlo, implica mucho más que tener unas prácticas sexuales concretas, en lo cual me detendré más adelante. En segundo lugar, aunque la práctica sexual supone un “elemento esencial de la experiencia romántica”, tal y como lo expone Illouz, tomo los postulados de esta autora y entiendo que la sexualidad también está “subordinada a los mismos discursos culturales de autorrealización, el hedonismo y el autoconocimiento que constituyen el núcleo de nuestra cultura del amor” (Illouz, 2009, p. 23). En otras palabras, lo que Illouz nos intenta decir es que la manera en la que las personas entienden y expresan su sexualidad está moldeada por las normas, valores y creencias que un determinado grupo promueve. Este no es un estudio sobre la sexualidad de los hombres gays, sino más bien un estudio de las emociones que estos tienen, en concreto el amor romántico y su búsqueda en un entorno como Grindr. Por supuesto, tal y como anuncia Illouz, la sexualidad conforma, junto con otros elementos, el núcleo de lo que hoy entendemos por “cultura del amor”. De esta manera, aunque es difícil separar sexualidad y amor romántico en nuestra cultura, y me atrevería a decir que incluso más difícil en el caso de los hombres gays, daré prioridad al segundo, abordando la compleja relación que existe entre ambos. Por ello, la 85 centralidad de este proyecto recae sobre la búsqueda del amor romántico entre hombres gays, estando la sexualidad implícita en este proceso y siendo abordada de manera tangencial. Tras una primera lectura de las microhistorias, uno se cuenta de cómo la sexualidad no es lo único de lo que nuestros protagonistas hablan. Si bien el sexo permea en todas las historias, nos damos cuenta cómo no es el único componente de estas. Este proyecto es también un intento de mirar más allá de lo evidente y de la representación del hombre gay como altamente sexualizado. Es un intento de aproximación hacia estos hombres desde las emociones y las ideas que tienen en torno a estas, y cómo las emociones, y más específicamente las atmósferas afectivas (Vannini, 2015) en torno a Grindr moldean las ideas, representaciones y, por último las acciones de los mismos. Es decir, aun con el peso que puede atribuírsele a la sexualidad y a las prácticas sexuales, estas no son definitorias, sino que conviven y muchas veces son consecuencia de toda una serie de elementos no visibles que incluso carecen de representación material y oral. Elementos que a veces se sienten, pero que ni siquiera se pueden expresar con el lenguaje. Le vimos con Jesús, que nos intentaba expresar la conexión que él hacía entre Grindr y la mística cristiana, intentando explicar qué era para él el amor. Le faltaban las palabras. Es eso precisamente lo que quiero mostrar, y en lo que me interesa profundizar de cara a futuras investigaciones. Prosiguiendo entonces, específicamente con el caso del amor romántico, existen toda una serie de imaginarios convencionales en torno a estos. En cuanto a estas, me gustaría abrir con la concepción del amor que propone Stone, que bien refleja la centralidad del amor, especialmente el romántico, en nuestra sociedad: “El amor es lo más importante del mundo, y ante él deben sacrificarse todas las demás consideraciones, en especial las materiales” (Stone, 1977, como citado en Illouz, 2009, p.19) De lo anterior, se puede desprender una visión del amor romántico como una que no atiende a la razón, irracional, que es no onerosa, desinteresada y que no funciona bajo las lógicas mercantiles, ni incluso las materiales. Es una visión del amor romántico como algo esencial, primordial y decisivo, casi espiritual y trascendental, como la que nos presentaba Jesús a través de los cuidados desinteresados a la otra persona, como si de la figura más idealizada de la madre se tratara. Es esta visión del amor la que iremos desarrollando a lo largo de este epígrafe. 86 Ayudándonos a establecer una perspectiva más amplia acerca de la importancia del amor, y del amor romántico en específico, Fromm propone que el amor es un arte que puede llegar a dominarse, al estilo de una habilidad que es controlada por un experto (Fromm, 1959) . De esta manera, esta concepción implica que, al igual que con una habilidad, existe una técnica en torno al amor. Así, el ejercicio constante del amor conllevará el empleo habilidoso del mismo en la vida de la persona. De acuerdo con esto, el amor se ejercita a través de la práctica individual. Por tanto, el individuo es el responsable de, en primer lugar, tomar consciencia de su práctica amorosa, y, en segundo lugar, de ejercer dicha práctica de manera hábil o diestra, convirtiéndose, tras la práctica prolongada, en un experto del amor. En la conversación que mantuve con Pablo, este me contaba que el amor es como ir al gimnasio, “hay que tener constancia”. Luego se quejaba diciendo que “la gente no es constante”. Es esa concepción del amor como ejercicio, como práctica a perfeccionar, la que se instala en los sujetos, en los protagonistas de investigación. No solo es entendido el amor romántico como una destreza a adquirir por el individuo en la concepción convencional del mismo, sino que también es entendido, como mencionábamos anteriormente, como algo trascendente, que supera todas las barreras humanas, incluso llegando a considerarse como algo religioso o sagrado (Esteban, 2011; Illouz, 2009). Esto es precisamente lo que nos muestra Jesús, que propone el uso de Grindr, no sabemos con qué porcentaje de seriedad o humor, como una práctica hacia la trascendencia, hacia el autoconocimiento y la autorrealización. Es a través del otro que puedo llegar a conocerme a mí mismo y acceder, en este nuevo estado, a “la persona” que me complete en el plano romántico, tal y como nos explicaba Jesús. A esta concepción del amor como trascendental bien pudieron ayudar interpretaciones de escritos considerados sagrados en occidente, como la Biblia, que bajo la mirada de contextos específicos ayudaron a cristalizar una idea del amor romántico como algo que todo lo puede. Es esta idea de un amor todopoderoso, al estilo de una manifestación de la divinidad, la que, tras varias modificaciones del romanticismo y otros movimientos culturales, llega a nuestros días bajo la etiqueta de “amor ideal”. El amor, es así entendido como una experiencia trascendente, incluso sustituyente de la experiencia religiosa, en un intento de dotar de sentido a la existencia humana a través de la trascendencia y la felicidad (Esteban, 2011). Es precisamente esta felicidad de amar y ser amado, a través del consumo de cuerpos, por cierto, la que Jesús transmite. 87 En estos parámetros, el amor romántico también puede ser entendido como una fuerza de cambio. Es así en el sentido de que “gracias” al amor romántico se es capaz de salvar todos los obstáculos de nuestra sociedad al mismo tiempo, como bien pudieran ser “la edad, la raza, el estado civil, el estatus socioeconómicos de las personas, o las distancias físicas y temporales” entre otros (Herrera, 2010, p. 80). El amor, bajo estas premisas, transforma. Incluso, podríamos argumentar que destruye barreras impuestas, con una especie de magia inherente o habilidad oculta que normalmente se asemeja al poder destructor/transformador de la naturaleza. Y es que al amor romántico se le atribuye una fuerza arrasadora. Arrasadora y capaz de destruirte, cosa que vimos con Hugo cuando nos decía que el momento más bajo de su vida fue cuando rompió con Saúl. “Ahí fue cuando llegué al momento más bajo de mi vida. Nunca he vuelto a saber nada más de él, ni quiero. Lo que quiera que vaya a salir de eso es tóxico.” (Hugo, 2023) A través de Hugo, Pablo e Ismael hemos podido acercarnos y ejemplificar otra de las grandes concepciones clásicas sobre el amor romántico: la exclusividad. Fromm vuelve a captar esta visión cultural sobre el amor romántico (o erótico, según su nomenclatura) cuando lo define como el "anhelo de fusión completa, de unión con una única persona”. (Fromm, 1959, p. 58) El príncipe azul de Disney. Una única persona, un único amor que nos salva. Fromm continúa explicando que esta es "la forma más engañosa de amor" ya que es fácilmente confundible con el enamoramiento, y una vez que este pasa, es común buscar a una nueva persona, comenzar una nueva conquista, con la ilusión de que el nuevo amor será distinto a los anteriores. Desde luego, esto que nos dice Fromm parece encajar al dedillo con las búsquedas constantes de las que nos hablaban especialmente Hugo y Pablo. El amor romántico es una de las formas de superar lo que Fromm llama la “separatidad”, ese sentimiento de que hemos nacido solos, de que estamos solos en el mundo y de que moriremos solos (Fromm, 1959, p.19). Para él, el amor romántico o erótico implica, por un lado, una atracción erótica única entre dos personas, y por otro, un acto de voluntad de permanecer con esa persona. Otra idea común en la modernidad sobre el amor romántico es la visión de este como protección. El amor romántico, o más bien la intimidad amorosa, es entendido como un lugar que nos permite ser “nosotros mismos”, provocando que “la interacción amorosa (no me refiero solo a la pareja) se convierta en un objetivo supremo de la vida de mucha gente” (Esteban, 2011, p.53). 88 Además, en estos mismos términos, Esteban argumenta que el amor se entiende como opuesto a la razón, una emoción que el ser humano no es capaz de controlar, y que, por tanto, lo define, ya que está fuera de su control. Lo veíamos con Hugo cuando se refería al amor como un lugar de refugio en el que “sentirte en casa”, según sus propias palabras. Si todo lo anterior es cierto, si el amor romántico es entendido como algo casi sobrenatural, que trasciende a todos los seres humanos y los une, que se opone a la razón y nos permite llegar a ser nuestro verdadero yo, y además es exclusivo, entonces, afirma Fromm: “la capacidad de amar de un individuo perteneciente a cualquier cultura dada depende de la influencia que esa cultura ejerce sobre el carácter de la persona media. Al hablar del amor, amor en la cultura occidental contemporánea, entendemos preguntar si la estructura social de la civilización occidental y el espíritu que de ella resulta llevan al desarrollo del amor” (Fromm, 1959, p.84). Aquí Fromm argumenta que si el amor es algo dado al ser humano, una emoción universal, entonces cabría preguntar en qué medida la estructura social y el espíritu de la civilización occidental promueven el desarrollo de dicho amor. Quizás no lo hacen, al menos tal y como lo entiende Fromm, pero lo que está claro es que en este punto se establece un vínculo interesante y poco enfatizado en el ideario popular alrededor del amor romántico: el vínculo entre amor romántico y cultura. Centrémonos en él. Cultura y emoción: el amor romántico como producto cultural En esta sección me gustaría profundizar en el amor romántico como producto cultural. Es la cultura la que marca las pautas a través de las cuales el amor romántico se concibe, y por ende las formas de relacionarlos en torno al amor romántico, incluyendo la búsqueda de este. El anterior puente entre cultura y amor romántico, o entendido de una manera más amplia cultura-emoción, resulta de vital importancia, ya que me propongo entender cómo se produce la búsqueda del amor entre hombres gays en Grindr, qué pautas culturales son aprehendidas y reproducidas por estos y ante cuáles y de qué forma se ejerce resistencia en el contexto de la app. Por otra parte, se asume, a través de las diferentes conversaciones mantenidas con los colaboradores, que estos sostienen, probablemente, una visión del amor esencialista. Por ello, resulta interesante indagar acerca de cómo la producción teórica en torno al amor romántico como construcción cultural se pone en relación con la visión esencialista de los colaboradores. Veamos la producción teórica existente en torno a este tema en primer lugar. 89 las categorías heterosexual y homosexual, tal y como las entendemos hoy en día, es inexistente (Boswell, 1993). Bajo la perspectiva del afecto, la heterosexualidad puede ser definida también como un mito “resultado de una época y de unas condiciones sociales determinadas” que explica el mundo de los deseos y de los afectos, y garantiza la reproducción del status-quo social (Guasch, 2007, p.17). Bajo la anterior definición resulta fácil trazar el puente entre deseo/emociones/afecto y cuerpo, si seguimos entendiendo que las emociones son “pensamientos encarnados” (Rosaldo, 1984, p. 143). Así, la heterosexualidad se revela como un entramado a través del cual se moldean los cuerpos, suponiendo que determinados cuerpos deben orientarse hacia determinados objetos, que son entendidos como “ideales a través de la diferencia” (Esteban, 2011, p.51). Por todo lo anterior, la heterosexualidad no puede ser entendida simplemente como un programa político, sino que más bien debe cobrar sentido a través de su encarnación en los cuerpos, quizás más aún de los que no forman parte de ella, para entender las formas en las que aman y viven estos. Es bajo la observación de estos cuerpos que la presencia de la cultura se manifiesta, evidenciándose cómo estos cuerpos están “revestidos de cultura” (Díaz de Rada, 2010, p. 48). Así, la heterosexualidad, bajo términos de Ahmed, es entendida como obligatoria y se define como “el 11 efecto acumulativo de la repetición de la narrativa de la heterosexualidad como pareja ideal” dando formas a la posibilidad de expresión de los cuerpos (Ahmed, 2014, p.145). Por supuesto, la heterosexualidad es una institución política, pudiendo entenderse, si uno quiere ampliar el término, incluso como un “régimen político” (Wittig, 1992). Lo interesante, es ver qué consecuencias tiene esta institución o régimen político, según las autoras en las que nos basemos, en los cuerpos. ¿Cómo es encarnada la homosexualidad a través de la heterosexualidad? Y más interesante aún en este estudio, cómo ese régimen, el de la heterosexualidad, se traslada a los cuerpos no adscritos al mismo, en este caso a los cuerpos de hombres homosexuales. Lo vemos en las microhistorias. Para algunas autoras hablar de una heterosexualidad obligatoria puede llegar a resultar redundante ya que al reconocerse la 11 heterosexualidad como una institución también se reconoce la imposición de esta (Wittig, 1992). 96 Es aquí donde se cierra el círculo de la concepción de la heterosexualidad, ya que esta es entendida como contraria a la homosexualidad (Boswell, 1993). De hecho, la concepción de heterosexualidad va muy ligada, como producto de la sociedad heteropatriarcal, a la de masculinidad, y esta última, entendida de una manera normativa, se encuentra en un estado permanente de negación de su homosexualidad. Así lo explica Badynter, que propone que la masculinidad consiste en una negación constante de tres aspectos: no soy un bebé, no soy una niña y no soy un homosexual (Badynter, 1993). Como vemos, es la oposición a la homosexualidad lo que define ser un hombre, ser masculino, y por tanto, ser heterosexual, bajo la constante naturalización de la heterosexualidad. Badynter apoya este argumento diciendo que “la heterosexualidad nos parece una de las características más evidentes de la identidad masculina, hasta el punto de considerarla como un hecho natural” (Badynter, 1993, p.124). Así, para entender la heterosexualidad, siendo esta no solo una preferencia sexual sino todo un sistema de valores, hay que relacionarla con su contraria: la homosexualidad. ¿Qué es, entonces, la homosexualidad? La homosexualidad puede ser entendida como un “epifenómeno de la heterosexualidad” en el sentido de que es un mito que explica a otro mito (Guasch, 2007, p.20). Así, si decíamos que la heterosexualidad nace en un contexto histórico y sociocultural muy concreto, la homosexualidad también ha de entenderse como un producto de un determinado contexto, muy ligado, de hecho, al de la heterosexualidad. Esto se demuestra si pensamos en la propia implicación de la palabra homosexual, que puede ser entendida convencionalmente como la persona dada a actos “homosexuales”. Ante esto, Boswell pregunta: “¿cuántos actos de ese tipo debe permitirse alguien antes de convertirse en «homosexual»: uno, dos, diez, cuatrocientos? ¿Y qué decir de la persona que sueña con realizar el acto, pero nunca hace realidad su sueño? ¿Esta persona, hombre o mujer, es «homosexual»?” (Boswell, 1993, p.65) Entraríamos así, en una serie de reflexiones sin sentido que no hacen más que evidenciar el hecho de que la homosexualidad, al igual que la heterosexualidad, es un producto cultural. De hecho, se data la acuñación del término homosexual para finales del siglo XIX a través de la psicología alemana (Boswell, 1993). Lo que es más, tal es la producción cultural del término homosexual que muchas veces este se confunde con el de homoerotismo. Este último, puede ser entendido como “las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo cuando estas no supone el fundamento de una identidad social particular y específica” (Guasch, 1991, p.31). Así, no todos los hombres que se acuestan con otros hombres son entendidos como homosexuales, ya que la homosexualidad es entendida como una 97 identidad social particular bajo los términos de Guasch, y es precisamente así cómo se entiende en este proyecto. De hecho, las categorías y el ideario presentes en la subcultura gay dominante en España hoy en día beben directamente del movimiento gay estadounidense, en donde se “genera una noción de identidad diferente basada en la noción de comunidad” (Guasch, 1991, p. 157). Es en este punto donde nos encontramos ante el término gay en contraste con el de homosexual. Me parece más correcta su utilización frente a la de homosexual ya que, en primer lugar, a través de la utilización de este término se es capaz de hablar de una identidad individual basada en la colectividad. Es decir, el individuo se entiende a sí mismo a través de una comunidad con la que comparte toda una subcultura, no exclusivamente prácticas sexuales, como pudiera ser el caso del homoerotismo. De hecho, es común escuchar chistes como “te van a quitar el carnet de maricón” a hombres que no se ajustan o no conocen determinados aspectos de esta subcultura pero que se acuestan con otros hombres. En segundo lugar, y quizás la parte más interesante de utilizar este término, es que gay es una “categoría principalmente autoasignada” (Boswell, 1993, p.67). Así, me parece interesante seguir con la diferenciación de Boswell entre homosexual y gay, comprendiendo el primero “todos los fenómenos sexuales entre personas del mismo sexo”, y aludiendo el segundo a “personas conscientes de su inclinación erótica hacia su propio sexo en tanto característica distintiva o, en un sentido más amplio, a cosas relacionadas con esas personas” (Boswell, 1993, p.67) Así, resulta evidente la incidencia de la cultura en la creación de estas categorías. Lo “gay”, ya sean hombres, canciones, películas o amores, no puede ser entendido fuera de la cultura hegemónica de las sociedades occidentales. Es a través de las concepciones de qué es lo normativo que se define que és lo que se sale de él, en este caso lo “gay”. De ahí que la cultura gay puede ser entendida como un meta-relato, un mito dentro de otro mito (Guasch, 2007), como comentaba anteriormente. Lo gay se define en un intento de la hegemonía de diferenciarse, de reafirmar la posición heterosexual a través de una concepción muy particular de lo que significa la masculinidad. También, es común entre algunos de los protagonistas de las microhistorias, aunque no todos, el adscribirse a la categoría de maricón, frente a la de gay, por lo que me parece relevante su inclusión en este proyecto, tal y como se incluyen otras como homosexual o gay. Para empezar podemos definir maricón usando las palabras de Jaime Manrique en su obra “Eminentes maricones” (1999) como “una palabra usada para connotar algo peyorativo; por implicación un maricón es una persona a la que no se le toma seriamente, un objeto de burla. Sin excepción, maricón se usa como forma de 98 despreciar a un hombre gay como un tipo de persona incompleta y sin valor” (Traducción propia). No pretendo entrar en debates sobre si esta identidad atribuida es fija, si es asignada culturalmente o si es autoasignada. Tampoco intento argumentar sobre el propio hecho de la necesidad de etiquetar. Lo que me parece más interesante es la resignificación que ha habido del término maricón. Es esta destrucción del signo semiótico a través de una resemantización del mismo lo que me interesa (Foster, 2001). Así, se ha pasado de una utilización de la palabra maricón como un insulto homófobo a una apropiación y resignificación del término por parte del colectivo mucho más positiva. Por supuesto, no se puede negar que esta resiginificación y posterior adscripción a la categoría de maricón, aún siendo esta positiva, parece, a mi vista, un intento de conciliar el ser-en- el-mundo (Heidegger, 2013), un mundo heteropatriarcal, por cierto. Quizás, en un intento de salirse de este marco heternormativo sería más apropiada la utilización del adjetivo queer, todavía complejo y esquivo a definiciones cerradas. Me abstengo de utilizar este término ya que comparto la visión de Gaard al encontrarlo “demasiado ambiguo para su uso como herramienta crítica” (Gaard, 2011, p. 124). Por todo lo anterior, inserto este proyecto dentro del marco de los términos homosexual, gay y/o maricón, ya que así es como los protagonistas de las microhistorias se han identificado explícitamente. Ha de entenderse que la cultura gay en la que los protagonistas están insertos comienza a desarrollarse en EE.UU y se importa al resto del mundo, pero sufre diversas variaciones y especificidades dentro del mundo hispanohablante y del área mediterránea (Manrique, 1999; Guasch, 1991). Por otra parte, y debido a la ambigüedad del término cultura, me gustaría ofrecer la visión de cultura que se maneja en este proyecto. Este resulta de un esfuerzo por no caer en una sobreutilización del término para que este, finalmente, termine por no significar nada. Esto me parece esencial ya que hasta ahora he hablado de la incidencia de la cultura en las concepciones del amor romántico, además de presentar la subcultura o cultura gay. La concepción que a continuación ofrezco de cultura tiene, a su vez, una repercusión en la metodología de este proyecto. Para empezar, baso mi aproximación del término cultura en lo expuesto por Díaz de Rada en su obra “Cultura, Antropología y otras tonterías” (2010). Díaz de Rada ofrece seis definiciones, interconectadas, del concepto cultura, a saber: 99 “1. Una forma de vida social. 2. Conjunto de reglas con cuyo uso las personas dan forma a la relación que las personas mantienen entre sí, en su vida social. 3. Conjunto de reglas con cuyo uso las personas dan forma a su acción social. 4. Una descripción, hecha por alguien, del conjunto de reglas con cuyo uso las personas dan forma a su acción social. 5. Conjunto de reglas para relacionarse con las reglas de 3 en cada situación concreta. 6. Es el discurso, el decurso, de un conjunto de reglas convencionales puestas en práctica en el tiempo de las situaciones sociales.” (Díaz de Rada, 2010, p.19). En especial, me centraré en la número tres, que será la utilizada también como categoría analítica en esta investigación: “Conjunto de reglas con cuyo uso las personas dan forma a su acción social” (Díaz de Rada, 2010, p.19). Así, para Díaz de Rada, la cultura se hace visible a través de reglas, o conjuntos de reglas. Estas reglas, a su vez, modelan las prácticas sociales. Por supuesto, las reglas pueden ser ignoradas, transgredidas o seguidas con una pulcritud extrema. También, bajo los postulados de Díaz de Rada, las reglas pueden ser interpretadas, a modo de melodía, dependiendo del contexto. Además, estas pueden estar escritas o no escritas. Las definiciones anteriores son las que tomo en la aproximación a este proyecto. En un primer lugar, me parece interesante dirigir la mirada hacia las reglas que se presentan en la subcultura gay de Grindr a la hora de buscar un vínculo romántico. Aún más interesante es ver cómo estas reglas provocan reacciones en los cuerpos concretos de los sujetos, y viceversa: cómo estos sujetos, a través de la acción de sus cuerpos conforman y moldean las reglas. Es decir, cómo las reglas se traducen en acciones y cómo las acciones se traducen en reglas. Así, resulta atractivo fijar la mirada en las normas de esta subcultura, y ver si es posible o no definirlas. De esta forma, y tras las definiciones expuestas anteriormente, la cultura deja de ser un ente abstracto, que parece no concebir forma, y se materializa en acciones concretas de los sujetos, formando parte del complejo norma-acción. Por todo lo anterior, y al concretarse una definición del término cultura, se hace posible su utilización como categoría analítica, pudiendo fijar la mirada en acciones concretas que llevan a cabo los cuerpos y haciendo posible la reflexión sobre la existencia de patrones comunes entre los colaboradores de esta mini-autoetnografía. 100 Sabiendo ya hacia dónde vamos a mirar, cabe plantearse si realmente existe una subcultura gay a la hora de la búsqueda del amor romántico, y más específicamente cómo esta es vivida y atravesada a través de la institución de Grindr. Empecemos por intentar responder a esta primera cuestión, la de la especificidad del amor romántico gay, a través de la teoría, es decir, de exponer lo que otros dicen sobre el tema. Más adelante, en las reflexiones finales, desarrollaré mis ideas acerca de este tema, relacionándolo con Grindr y basándome sobre todo en la información obtenida a través de las diferentes entrevistas realizadas. Por tanto, ¿tiene el amor entre hombres gays un ritmo particular que puede ser escuchado? ¿Existe una especificidad sonora del mismo? Parecen preguntas difíciles de responder, ya que la mayoría de estudios sociológicos y antropológicos alrededor de las relaciones amorosas se centran en parejas heterosexuales, bien porque naturalizan la heterosexualidad (Fromm, 1959) o bien porque se centran en las relaciones jerárquicas que se establecen dentro de su marco (Esteban, 2011; Herrera, 2010; Illouz, 2009). Al respecto de este último grupo, a través de estos estudios se exponen las relaciones de poder que se establecen dentro de la pareja heterosexual de la modernidad, muchas veces incluso haciendo un recorrido histórico (Herrera, 2010), y se achaca el sufrimiento de la mujer a la subyugación consecuente de estas relaciones de poder dentro del marco de las relaciones de pareja heterosexuales (Illouz, 2012). Estos postulados pueden tener sentido en el caso de relaciones con personas que se reconocen con un sexo-género diferente al de su pareja, ¿pero qué ocurre con personas que se reconocen con el mismo sexo-género que el de su pareja? ¿Qué ocurre específicamente en las relaciones entre hombres gays? ¿Presentan estas algún tipo de especificidad por el hecho de ser “homólogos”? A este respecto, parecen relevantes los estudios de Marentes (2019) en los que se explora dicha especificidad, argumentando, o al menos explorando dicho campo, a través de historias de amor entre hombres. Marentes propone en un artículo inicial la especificidad en el amor entre hombres a través de tres pilares fundamentales: la salida del armario, las desigualdades dentro de las relaciones amorosas (sobre todo de clase social y edad) y el contexto hipersexualizado en el que surgen estas relaciones. En torno a la salida del armario, para Marentes esta se entiende como específica ya que requiere que el sujeto se asuma a sí mismo, en un primer lugar, y luego que se produzca una apertura de las preferencias sexuales al entorno más cercano. Si bien esta es una tónica que puede estar cambiando con las nuevas generaciones, en las que en algunas familias ya no existe la 101 necesidad de explicar las preferencias sexuales, la práctica de “salir del armario” sigue estando bien instalada en nuestra cultura. Por otra parte, Marentes entiende las desigualdades relacionales como un segundo pilar de la especificidad de las relaciones entre hombres. Para el autor estas desigualdades ya no tienen que ver con una jerarquía basada en el sexo-género, sino que el poder se establece a través de la clase social y la edad, por ejemplo. Marentes argumenta que frente a una endogamia más extendida entre las parejas heterosexuales, las parejas homosexuales de hombres aglutinan una mayor exogamia. Esto se puede relacionar con una mayor “institucionalización del universo homosexual” en las últimas décadas, en la que se definen espacios físicos y online como exclusivos para la comunidad homosexual (Guasch, 1991) Así, este proceso de institucionalización y de exclusión tanto espacial como social bien pudiera repercutir en el aglutinamiento de personas que comparten un mismo deseo sexual, pero que fuera de eso presentan grandes diferencias de edad, estatus económico, estatus cultural o “capital sexual” (Illouz & Kaplan, 2020). 12 Es aquí donde pudiera presentarse una especificidad del amor entre hombres gays, ya que si bien las parejas heterosexuales tienden a ser endogámicas, el nexo de unión primario entre hombres gays suelen establecerse a través de la preferencia sexual. Por supuesto, en la heterosexualidad también se establece el vínculo a través de la preferencia sexual, y también existen muchas formas muy diversas de vivir la preferencia sexual heterosexual, no quedando esta reducida a prácticas endogámicas. La diferencia primordial, y que para mí cobra importancia, entre el caso heterosexual y el homosexual es que el primero es naturalizado, y la preferencia sexual no es percibida como importante, pues se entiende como natural, mientras que en el segundo la preferencia sexual es precisamente lo que sirve de elemento de exclusión y estigmatizado, por lo que cobra especial relevancia para aquellos sujetos que pertenecen al grupo excluido. Esto puede conllevar que dos personas empiecen a interesarse la una por la otra por el simple hecho de tener la misma preferencia sexual, de ser homosexuales, a pesar de que existan desigualdades ya mencionadas, porque la preferencia sexual de ambos sujetos se sale de la norma y es entendida como anómala. Es ahí donde comienza el interés, al definirse la relación por la pertenencia a un grupo excluido, en este caso bajo la base de la preferencia sexual. Este interés bien pudiera no existir en un contexto de Una de las posibles definiciones que aportan Illouz y Kaplan para el término capital sexual es el que “se refiere al estatus y a las 12 ventajas que uno logra dentro de un campo sexual específico, una comunidad o una subcultura, utilizando sus cualidades y capacidades sexuales para producir valor sexual para sí mismo” (Illouz & Kaplan, 2020, p.14) 102 heterosexualidad normativa, donde la preferencia sexual se naturaliza y es la endogamia, más allá de la preferencia sexual, la que cobra especial protagonismo. En un contexto homosexual es precisamente la preferencia sexual la que cobra importancia, sobre todo en el contexto de Grindr y otros altamente sexualizados. Que luego el vínculo establecido perdure dependerá de la conjugación de la preferencia sexual con otros como la clase social o la edad, como ocurre en todas las relaciones sociales, tengan los sujetos las preferencias sexuales que tengan. Lo que sí ocurre dentro de la cultura gay es una aglutinación de los sujetos, en espacios físicos y onlines, en función de su preferencia sexual. Es precisamente esto lo que vemos en las historias de amor en Grindr de este proyecto. Todos los protagonistas buscan la compañía de hombres gays por el simple hecho de ser gays. Es decir, es la categoría de la orientación sexual la que prevalece frente a la edad o a la clase. Estas, aunque pueden ir cobrando importancia con el paso del tiempo, parecen ser secundarias en un primer momento. Ismael lo decía cuando quería encontrar amigos del colectivo y por eso se abrió Grindr. No me mencionaba el componente de clase, capital social o cultural, sino que lo importante era la preferencia sexual de las personas con las que quería relacionarse. Me resultaría extraño escuchar a un hombre heterosexual diciendo que quiere buscar un amigo heterosexual, porque la heterosexualidad está naturalizada, se da por sentado y no solemos preguntar si alguien es heterosexual, a menos que precisamente esa sea la forma de distinguirlo en un grupo de no heterosexuales. Me pregunto, si todo lo anterior no estará cayendo en una forma de caricaturizar la heterosexualidad, si bien intento dar cabida a las diferentes formas de expresión que esta pueda tener, y si precisamente esa caricatura del otro sea un producto de una hegemonía incidiendo constantemente en la diferencia ante la preferencia sexual. Lo cierto es que la preferencia sexual cobra centralidad en los entornos de Grindr, ya que sé define un sentimiento compartido de otredad frente a lo hegemónico, y es precisamente esa atmósfera colectiva de pertenencia a una otredad la que hace que los individuos se interesen en un primer lugar los unos en los otros. En un tercer lugar, Marentes propone como específico el marco en el que se entablan las relaciones amorosas entre hombres: un marco hipersexualizado. Ha de entenderse hipersexualizado un entorno en el que la sexualidad es inmanente, pero nada tiene que ver con la promiscuidad, que conlleva una carga moral y judicativa (Marentes, 2019). Marentes entiende el contexto homosexual, y por tanto las relaciones amorosas entre hombres homosexuales, como hipersexualizado en el sentido de que la sexualidad tiene una gran relevancia en los vínculos amorosos. La 103 hipersexualización tampoco implica para Marentes una mayor cantidad de encuentros, pero sí una mayor oferta de los mismos. Resulta esta, a mi modo de ver, una de las claves para entender los vínculos a través de Grindr que observamos en este proyecto: la sobreexposición a la oferta sexual, en la que el sexo, tanto fuera como dentro de la pareja, cobra centralidad. Otro de los campos que parecen ser específicos al amor entre hombres gays es la conformación de la idea del amor gay, o más específicamente, el contexto en el que esta se construye. Y es que la concepción de la pareja homosexual entre hombres parece estar muy localizada en un contexto histórico y sociocultural determinado. Para Guasch, el deseo de tener una pareja estable por parte de los hombres homosexuales deviene del sida, ya que como consecuencia de este “la población homosexual utiliza esquemas de relación interpersonal de origen netamente heterosexual”, como el deseo de pareja estable (Guasch, 1991, pp.156-157). Así, aunque el deseo podía existir antes, parece que las nulas restricciones de salud permitían que la búsqueda fuera perpetua. Guasch añade que a raíz del sida, se entiende que perseverar en esta búsqueda puede ser mortal, y por ello se intenta conservar a la pareja. Así, según Guasch, se instalan esquemas heterosexuales tras la aparición del sida, como el cortejo, la utilización del condón y el deseo de la pareja estable. Bien es cierto, que esta tendencia puede estar cambiando en los últimos años tras avances médicos que permiten la reducción de probabilidad de contraer VIH, por lo que la utilización del condón y el deseo de permanencia con un único compañero podrían haberse visto reducidos, si bien es demasiado temprano para evaluar el impacto que tales avances médicos han tenido en la región. Así, el amor entre gays parece, en una caracterización inicial, presentar algunas especificidades, si bien estas pueden ir mutando a lo largo del tiempo. Por otra parte, a pesar de cierta sespecificidades que pueden darse, lo cierto es que muchos aspectos de las microhistorias que leemos en este proyecto reproducen dinámicas de las relaciones heterosexuales. Sobre esto hablaremos más detenidamente en las reflexiones finales. Por tanto, la afirmación de una especificidad única del amor entre hombres resulta difícil, sobre todo cuando no existe una comparación con el amor entre lesbianas, entre personas queer o entre no binaries. De vuelta a las categorías en relación con la heterosexualidad. Lo que queda claro es que el amor romántico es un objeto de estudio complejo, y este parece complejizarse aún más en el estudio de casos no hegemónicos o normativos, ya que tiende a presentar más particularidades y especificaciones, bien estructurales o bien de los propios sujetos que encarnan este amor. 104 Reflexiones finales La magnitud de este proyecto… me supera. Lo hace porque su complejidad es mucho mayor de lo que me podría haber imaginado. Lo que empezó siendo una idea de proyecto de por qué las relaciones románticas que se establecen en Grindr pocas veces prosperan ha evolucionado hacia 13 un estudio de las concepciones del amor entre usuarios de Grindr que conscientemente buscan una conexión romántica en la app. He intentado realizar esta pequeña incursión antropológica con el mayor rigor posible, y esto ha provocado un encorsetamiento inicial del cual he tratado de desprenderme a lo largo de los últimos meses, además de procurar desprenderme del rigor. Quedan abiertas nuevas posibilidades para explorar de una forma más creativa un tema que ya de por sí a mí me parece original: los solapamientos entre amor romántico y sexo en una app de encuentros sexuales para hombres homosexuales, tomando como marco teórico la antropología de las emociones y con un enfoque autoetnográfico. En este esfuerzo de desencorsetamiento he intentado huir de las estructuras clásicas de los Trabajos de Fin de Grado en las que se presentaran hipótesis, que luego fueran resueltas o problematizadas y en las que se cerraran, de alguna manera, a modo de conclusión, los planteamientos anteriormente expuestos, dejando al lector sin dudas, tapando falsamente todo con supuestas certezas. Lo anterior sería una traición. Una traición porque el amor romántico , tanto 14 como entendido bajo la categoría de concepto como entendido bajo la de sentimiento, es difícil de acotar. ¿Cómo me iba a atrever yo a acotar un sentimiento individual y único, a enjaularlo dentro de las premisas de la academia? Una academia que, debe reconocerse, lo denosta, lo hace pequeño e insignificante, centrándose en asuntos más relevantes. De hacerlo, sería, de alguna forma, traicionar la individualidad de amar. Sería también traicionarme a mí mismo. Sería intentar dar forma clara, concisa, estructurada a esta búsqueda que comenzó a crecer en mí durante la pandemia y que intentaba comprender qué significaba amar a otro hombre. Y es que no puedo poner a un lado mis vivencias, mis experiencias y contextos. Mentira, en realidad podría intentarlo, pero el resultado sería una producción elaborada meticulosamente para, una vez más, domesticar y enjaular las Pido perdón desde ya por mi lado más naíf, uno que creía tener seguridad en cuanto a qué significa prosperar. Con esto intento 13 mostrar mis propias prenociones en torno al amor romántico. Ese era mi yo del pasado. Ahora tengo otras prenociones, pero al menos creo que soy capaz de problematizarlas mejor. Creo que a estas alturas queda claro que mi concepción del amor ya no es única, de ahí el uso de la cursiva a lo largo del texto, para 14 problematizar esta visión propia que compartía con muchos de los protagonistas de este proyecto. 105 Por último, siento la necesidad de promover la creación de utopías en torno a Grindr y al amor romántico, en un intento de salir de esos juicios moralistas alrededor del romance y del sexo que rondan en torno a la app y que promueven una visión estigmatizada tanto del sexo banal como del deseo de establecer una relación romántica. También un uso utópico de Grindr supondría el entendimiento colectivo de que la app oferta posibilidades ideales, ni siquiera oferta experiencias, pues no puede ofrecer garantía en cuanto a los deseos de los individuos. Entender que oferta solo eso, la posibilidad de alcanzar un ideal, nos ayudaría a darle un lugar menos central a Grindr, y a las relaciones que en él se establecen, dentro de la cultura hegemónica gay. Así sería posible favorecer otro tipo de relaciones en las que la duda, la ansiedad, el miedo, el peligro y los sentimientos de soledad no estuvieran tan presentes e intentasen ser llenados con encuentros fugaces de dos cuerpos. Cuerpos que se atraen, pero que más allá de esa atracción inicial poco tienen en común, y aunque lo tuvieran, seguramente poco probable es que lo descubran, pues las atmósferas en las que se mueven reina la inmediatez y la ansiedad por lo nuevo, quitando espacio a las posibilidades que solo se obtienen a través de la constancia en el tiempo. Lo cierto es que no tengo ni idea de cómo promover estas utopías. Queda, esta tarea, abierta al diálogo con los actores que intervienen en la creación de estas atmósferas afectivas. 112 Bibliografía Abad, L., & Flores, J. A. (2010). Emociones y sentimientos: la construcción sociocultural del amor. Univ de Castilla La Mancha. Ahmed, S. (2014). The cultural politics of emotion. Edinburgh University Press. Anderson, B. 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