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Conectores de discurso en el español del siglo XVI

Cano Aguilar, Rafael

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CONTENIDO Palabras del director 3 Rafael Cano Aguilar. Conectores de discurso en el español del siglo XVI 5 Rodolfo Cerrón-Palomino. Reconstrucción del proto-uro: fonología 47 Luis Jaime Cisneros. Sintaxis ¿campo de langue o de discours? 105 Carlos Garatea. El español de un fiscal eclesiástico del siglo XVII 131 Pedro Granados. Trilce: muletilla del canto y adorno del baile de jarana 151 Germán de Granda. Hacia la diacronía de una forma de tratamiento en el español: su merced 165 Eduardo Huarag. Manifestaciones de la oralidad como sistema de expresión literaria y mítica en algunos relatos de Arguedas 177 Luis Fernando Lara. En busca de una aproximación entre la psicología y la lingüística 209 Robert Lima. Acercamiento a Valle-Inclán: de 1963 hasta el presente 237 Aysa Mondoñedo. Aspecto y estructura argumental en los 'participios nominales' del castellano 255 Wulf Oesterreicher. Historicismo y teleología: el Manual de gramática histórica española en el marco del comparatismo europeo 277 Ricardo Renwick. Norma, variación y enseñanza de la lengua. Una aproximación al tema desde la lingüística de la variación 305 Fred Rohner. Fuentes para el estudio de la lírica popular limeña: el repertorio de Montes y Manrique 331 Elio Vélez. Santa Rosa de Lima y la simbología sacro imperial. Lectura desde la épica, la corografía y la iconografía (siglos XVII-XVIII) 357 Carmela Zanelli. Significados, acepciones y variaciones: usos contradictorios del concepto de tragedia en los Comentarios reales del Inca Garcilaso de la Vega 391 Conectores de discurso en el español del siglo XVI Rafael Cano Aguilar Universidad de Sevilla 1. Uno de los factores de mayor relevancia y consecuencias más fructíferas para el desarrollo de la Sintaxis histórica, en concreto del español, es la adopción por esta de los postulados teóricos y metodológicos y de la práctica analítica de las corrientes lingüísticas actuales más vinculadas a la producción lingüística concreta (Análisis del discurso, Lingüística del texto, Pragmática lingüística) (véanse Cano 2000 y 2003). En esa confluencia, favorecida por una larga tradición de análisis filológico volcado a la iluminación de todos los elementos textuales pertinentes para la ubicación del texto en su momento histórico y para su reconstrucción, el análisis puede no solo “refinarse” y llegar a descubrir unidades y construcciones, valores y usos y sentidos quizá descuidados por estudios más “formalistas”, sino también hallar las raíces del cambio sintáctico, o mejor de determinados tipos de cambios y de concretos cambios históricos, así como poner de relieve los mecanismos por los que se producen las utilizaciones discursivas de ciertos instrumentos gramaticales, o la conversión en mecanismos gramaticales de determinados procedimientos propios de las técnicas de construcción del discurso. Por otra parte, la aportación de esas modernas corrientes de la Lingüística ha venido a formalizar la necesidad que bastantes estudiosos más “tradicionales” parecían sentir de superar los tradicionales límites de la Lexis Vol. XXXI (1 y 2) 2007: 5-45 ISSN 0254-9239 6 Lexis Vol. XXXI (1 y 2) 2007 oración para explicar determinados procesos, por ejemplo, de modificación semántica de ciertas conjunciones, de funcionamiento y cambio de correlaciones modo-temporales en determinadas secuencias interoracionales, de usos de determinados nexos... Y del mismo modo ha venido a dotar de consistencia lingüística las apreciaciones estilísticas sobre la construcción de tales o cuales modos de decir “literarios” (así, las certeras visiones de Dámaso Alonso sobre el discurso directo o los distintos estilos del Poema del Cid). Entre las cuestiones que una Sintaxis histórica así orientada puede tratar mejor está la de los mecanismos sintácticos por los que se configura un texto como tal, y por los que este encadena sus partes componentes de forma que con ellas se pueda dar expresión al sentido global del texto como unidad autosuficiente. De estudios así tenemos ya valiosos anticipos (cfr. Bustos 2002). Pero la atención de los estudiosos, al igual que ha ocurrido en los análisis sincrónicos sobre la lengua moderna, se ha dirigido preferentemente hacia determinadas unidades, a medio camino entre constituyentes plenamente oracionales y secuencias “marginales” que modalizan el enunciado y manifiestan actitudes enunciativas. Dentro de ellas, nuevamente, las elegidas han sido aquellas con las que el constructor del texto va configurando la cohesión de sus partes componentes: el estudio de los conectores, de los procesos por los que se han constituido como tales, de la evolución de sus sentidos y funciones, de sus relaciones con otras unidades y secuencias de cometidos equiparables, se ha convertido en uno de los principales centros de atención de la actual Sintaxis histórica del español.1 2. El español del XVI se nos presenta como un terreno apropiado para investigar la historia de los conectores de discurso por diversas razones. En primer lugar, la lengua de este siglo, en especial la de la 1 Desde el inicial estudio de Chevalier (1970), la bibliografía ha crecido mucho: véanse Bustos (2002) y Cano (2003). Para intentos de definición, o delimitación, de tal categoría, pueden verse Cano (2001: 181) y (2003: passim). Otras perspectivas en Fuentes (2001); Martín Zorraquino y Montolío (1998); Martín Zorraquino y Portolés (1999); Pons Bordería (1998); Portolés (1998). Más referencias en la bibliografía final de este trabajo. Cano • Conectores de discurso en el español del siglo XVI 7 prosa, sobre todo desde finales de la década de 1520, se diferencia ya claramente, en su conformación, de los cánones medievales; es ya una lengua mucho más “moderna” la de los Valdés, por ejemplo, que la de Alonso de Cartagena. Por otro lado, aunque el estudio de los estilos, individuales o de grupo, dominantes a lo largo del siglo ha sido una labor ininterrumpida (desde los clásicos de Menéndez Pidal o Lida de Malkiel a los recientes de López-Grigera), aún podemos hallar aspectos lingüísticos de esos “estilos” poco atendidos. Y entre ellos está precisamente el de la conexión de los segmentos del discurso y los enunciados textuales, y de los instrumentos utilizados para tal conexión, uno de los aspectos quizá más decisivos para determinar la “modernidad” de la lengua (la prosa, sobre todo) del XVI. Estudios previos sobre la lengua del XV (Cano 2001) han mostrado cambios, por un lado, en las preferencias sobre conectores concretos: así, el declive de demás, otrosí o por ende, y el ascenso de sintagmas preposicionales, formados sobre el modelo de este último, pero con sustantivos de carácter más “culto” (por (el) contrario, y también por consiguiente, en suma o en conclusión). Por otro lado, en los escritores más relevantes de finales de esa centuria (Diego de San Pedro o Antonio de Nebrija) se observa algo que ya también se había percibido a propósito de etapas más antiguas de la lengua (por ejemplo, la alfonsí): la huida de los conectores prototípicos en favor de una ilación conseguida por medio de la parataxis reiterada, normalmente de la copulativa e(t). La cohesión obsesivamente buscada no se consigue habitualmente mediante signos específicos.2 En relación con todo ello Bustos ha señalado, aunque a propósito de la primera mitad del XV, ese carácter bifronte tantas veces evocado en relación con esta centuria: En este sentido, la primera mitad del siglo XV constituye, a mi juicio, un período crítico, porque corresponde a un momento de inflexión entre una organización textual de raíz plenamente medieval 2 En Cervantes (cfr. Cano 2004, 2005a y 2005b) tampoco el elenco de conectores será demasiado amplio, pero la cohesión se buscará mediante procedimientos más sutiles que la reiteración de conjunciones (procedimiento, por cierto, que en circunstancias muy precisas no se despreciará). 8 Lexis Vol. XXXI (1 y 2) 2007 y otro en el que se advierte la necesidad de flexibilizar y enriquecer los mecanismos de cohesión textual en función de los nuevos temas, géneros y modelos que aparecían con las ideas prerrenacentistas (Bustos 2002: 57). En suma, la labor de renovación en los modos de configuración de la cohesión discursiva y en el elenco de elementos utilizados ya parece anunciarse en la lengua del XV: habría que analizar si también aquí, como en tantas otras cosas, el XVI no hizo sino continuar tendencias ya iniciadas en el siglo anterior. En relación con todo ello, este trabajo se aproximará a los procesos de cambio que puedan detectarse en esta centuria dentro del ámbito de los conectores del discurso. 2.1. El elenco de conectores que marcan adición no solo no parece conocer nuevas adquisiciones, sino que algunos de los existentes, heredados de épocas anteriores, dan muestras de decadencia. Así, aparte de la copulativa (e(t) o y) hallamos para este cometido además, asimismo, demás, eso mismo, item y otrosí. El más antiguo de todos ellos, demás, ya no es habitual desde las primeras décadas del XVI (confirmándose así lo visto para el XV). Sobrevive especialmente en la lengua jurídica, y como conector se da sobre todo en el sintagma demás desto, que muy frecuentemente se deja analizar como circunstancial intraoracional (con referencia anafórica, naturalmente, dada la presencia del demostrativo, con la que se garantiza esa función, adicional, de cohesión): (1) Fue menester hazer grandes hoyos para enterrarlos, a los quales trayan a carretadas. De más desto, llevaron al hospital ciento y cincuenta hombres heridos (Juycio, Aij r - v) (2) y pone en perfectión de sus objectos a las tres potencias de el alma [...], según se puede en esta vida. Demas desto conjura y manda a las cuatro pasiones del alma que son... (SJCruz, Cántico, 160) Además, que en principio podría considerarse mera variante formal del anterior, tiene su propia personalidad como signo lingüístico. No muy abundante aún en la documentación mostrada en CORDE, Cano • Conectores de discurso en el español del siglo XVI 9 presenta usos como intensificador de adjetivos, pospuesto a ellos (“pensativo además” = “muy pensativo”), o como focalizador de segmentos intraoracionales, en especial el verbo (“y otrosí hizo además esto”); a partir de la referencia anafórica que implica la suma a la que alude puede quedar como mero conector. Sin embargo, su uso mayoritario es paralelo al de demás, la rección de un sintagma nominal con de. Como conector, puede apoyar o no a otro, en especial y, e ir al principio del enunciado o, preferentemente, intercalado en él: (3) por tanto, que considerando la necesidad de la estada de su persona en la provincia, que le requería e mandaba se quede y no salga de ella hasta que toda esté pacificada[...]; y, además, que si por dejarlo de hacer, y por él estar enfermo e tan viejo, algún daño se recreciere, su majestad le castigará con todo rigor (1553-1584, Pedro Cieza de León, Guerras civiles) [en CORDE] (4) y no lo hacían con sobrada honestidad porque acaecía desnudarse en cueros en el pozo donde iban por agua para ello. Acostumbraban, además, bañarse con agua caliente y fuego (1579, Diego de Landa, Mayas) [en CORDE] Por su parte, otrosí, pese a lo afirmado en algunos estudios, sigue siendo un conector de amplia presencia. De acuerdo con los datos del CORDE, puede hallarse a lo largo de todo el siglo (en proporciones muy parecidas en la primera y segunda mitad de siglo), y no es su dominio, no ya mayoritario sino ni siquiera exclusivo, la prosa jurídica, pues en mayor proporción se halla en la prosa histórica o argumentativa (científica, religiosa, didáctica). Es muy habitual que la conexión con otrosí se vea intensificada por la repetición léxica, o algún otro tipo de paralelismo: (5) juró que en este regimiento / del dicho Losada / no ay ni interviene ninguna de las cosas que la dicha provisión proibe e manda que no aya parte que no pueda ser proveido, e otrosi juró, en ausençia del dicho Pedro de Losada, que guardara el juratorio desta Villa... (Acuerdos del Concejo Madrileño, 1502-1515 [en CORDE]) 10 Lexis Vol. XXXI (1 y 2) 2007 (6) De los hijos que le dan, algunos podrían ser suyos [...] Otros hijos le dan que ni fueron suyos ni de otro [...] Danle, otrosí, por hijos a Neptuno los hombres que mucho crecen y los hombres desconocidos que vienen por la mar (Juan Pérez de Moya, Philosofía secreta de la gentilidad, 1585 [en CORDE]) y que otrosí acompañe a algún otro conector aditivo, redundando, pues, en la idea de suma: (7) el deslongamjento del cobdo es mas graue deslongamjento de todos los otros deslongamjentos. E otrosi es mas graue el rretornamjento daquel... (Traducción del Tratado de cirugía de Tedrico. Granada, Universitaria B-11, 1509 [en CORDE])3 En casos como estos no es fácil decidir si otrosí puede seguir entendiéndose, o ya no, como focalizador de algún segmento intraoracional.4 Pero cuando con otrosí lo que se hace es añadir un nuevo camino en la enunciación, su carácter de mero conector aditivo queda claro: (8) todas las cuales propriedades concurren en él, porque el río Ebro nace en las más altas vertientes de Castilla, y corre derecho a las bajas del mediodía. Y otrosí por todo él se producen muchas neblinas (Andrés de Poza, De la antigua lengua, poblaciones y comarcas de las Españas, 1587 [en CORDE]) De los compuestos con mismo, surgidos en la centuria anterior, que suman secuencias dotadas de una cierta semejanza estructural o de contenido (isotopía semántica), asimismo es de uso constante a lo largo de todo el siglo, con frecuencia unido a la copulativa: 3 Con y (o e(t)) es su combinación preferida. Pero puede darse alguna otra, incluso con conector consecutivo o conclusivo: “y hacerles de hecho creer que el saber del mundo y su presunción es una pura bobería [...]. Entonces, otrosí, les deben dar a entender que las riquezas, el poderío, las honras, la nobleza, la hermosura y disposición, ser cosas vanas y transitorias y de ser menospreciadas...” (Juan Justiniano, Instrucción de la mujer cristiana, de J.L. Vives, 1528 [en CORDE]). 4 Valor que sigue siendo indudable en frases como: “Quería otrosí aquel esposo dulcísimo ausentarse de su esposa [...]. Quería también...” (Fray Luis de Granada, Libro de la oración y meditación, 1554 [en CORDE]) (la mayoría de los casos en este autor de otrosí lo muestra como focalizador de elementos oracionales). Cano • Conectores de discurso en el español del siglo XVI 11 (9) la cual le decía [...]; y asimismo le demandaba de su niñez (Lozana, 38) o en secuencia con otros mecanismos aditivos: (10) Allende desto, el Emperador pudiera responder que [...]. Assí mismo, podía alegar que no se puede venir al combate quando la diferencia se puede provar por escripto... (A. Valdés, Mercurio, 223) (11) Otras los nombra sueño [...]. Otras los compara [...]; assimismo el deleyte que da Dios a los suyos es como una prenda sensible de su amistad... (FrLLeón, Nombres, 237) Pero también puede conectar secuencias enunciativas disímiles en forma y contenido (aunque referidas todas, de ahí la posibilidad de conexión, a un mismo sujeto de enunciado): (12) Aquí conversó con personas que la amaban por su hermosura y gracia; asimismo, saltando una pared sin licencia de su madre, se le derramó la primera sangre... (Lozana, 37-38) El otro conector construido con el identificativo, eso mismo, presenta también distribución variada: en principio de enunciado o, mucho más frecuentemente, intercalado, solo o añadido a otros conectores (en especial y). Puede conectar segmentos dotados de algún tipo de identidad interna, situación la más habitual en el uso de eso mismo: (13) lo prendió e lo quiso matar, e así mismo a los otros míos homes que iban con él; et eso mismo quiso matar muchas veces a Sancho Pérez de Cadahalso (1562, Jerónimo de Zurita, Anales de la corona de Aragón) [en CORDE] (texto citado por el autor) (14) Pidió también que tuviesen por bien que [pudiese] llevar consigo a su hijo el menor, don Hernando, el cual era de trece años. Concediéronselo de buen grado. Pidió eso mesmo que pudiese llevar dos o tres hombres que supiesen arábigo (1527- 1561, Fr. Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias) [en CORDE] 12 Lexis Vol. XXXI (1 y 2) 2007 o relativamente disímiles, en forma, y también en la referencia a hechos diversos: (15) E él respondió que lo haría. E eso mesmo Tristán e Gorvalán velaron aquella noche en la iglesia (1501, Tristán de Leonís) [en CORDE] La cercanía entre estos dos conectores suponía una sinonimia relativamente molesta. Y aunque no es nada infrecuente que en la lengua de una época convivan conectores de significaciones próximas (al revés, los hablantes parecen preferir disponer de instrumentos de este tipo muy parecidos a los que alternar y variar en la construcción de su discurso), en este caso dicha sinonimia y la mayor semejanza formal de asimismo con otros conectores, consecutivos, como así y así que, precipitaron la decadencia de eso mismo (no había otros compuestos con eso en primer lugar): se convirtió en un conector sometido a preferencias muy individualizadas (fray Bartolomé de las Casas, o López de Gómara), y desde 1580 no se hallan en CORDE casos de la locución como conector (sus últimos ejemplos, como los de los Anales de Jerónimo de Zurita, suelen ser citas de textos antiguos). Finalmente, el latinismo item sigue siendo un conector, de segmentos enteros o más bien de partes de segmentos, habitual en este siglo. No obstante, ha de señalarse que la mayoría de sus ejemplos se concentra en la primera mitad de la centuria, así como que continúa su preferencia clara por la lengua jurídica (o la que imita o reproduce, en otros tipos textuales, esta lengua jurídica) (todo ello de acuerdo con los datos de CORDE, pero también con lo observado en otros textos analizados independientemente). Como puede observarse, mantiene, incluso fuera de sus entornos prototípicos, su carácter básico de conector de miembros de una enumeración: (16) Item, ¿por qué más se fue la Lozana a vivir a la ínsula de Lípari que a otra parte? [...] Item, ¿por qué más la llamé Lozana que otro nombre? (Lozana, 250) (17) Así como cognoscemos que ha de llover por el canto de las cornejas o codornices y por el canto de las ranas [...] item, Cano • Conectores de discurso en el español del siglo XVI 19 todo del valor, derivado del anterior, de “en resumen” (la suma final viene a resumir en uno solo, el resultado, la secuencia previa). Este valor es claramente perceptible durante toda la centuria (“y executólo quando supo lo que Guáxcar avía dicho a Soto y Barco; lo qual, en suma, fue que se tornassen con él a Caxamalca”, 1554, Francisco López de Gómara, Historia... Indias [en CORDE]; “y aquel fuego que sale llamamos rayo y al resplandor o lumbre que causa relámpago y al stallido que da al romper de la nube llamamos trueno. Y esto es, en suma, el modo con que el rayo se engendra”, 1591, Juan de Cárdenas, Problemas y secretos [en CORDE]). A partir de aquí se desplaza, nuevamente por metonimia semántica, al valor de conclusión con que el enunciador da remate a su enunciación, de forma que con en suma introduce, al igual que con en conclusión, un nuevo modo de llamar o conceptualizar todo lo anterior: (36) La muerte, cuya guadaña / trasiega en Roma prebendas, / dio en hacer Carnestolendas / corriendo un Gallo de España; / buscólo, y tan buena maña / se da con él, que lo bruma / a puras cargas; en suma, / lo puso en aprieto tal, / que al volarse del corral / dejó en la Tapia la pluma. (1585-1643, Juan de Salinas, Poesías) [en CORDE] También del mismo modo que en conclusión, el conector en suma es más habitual añadido a la copulativa (o incluso a otra serie de conectores de valor también conclusivo), o intercalado dentro de su segmento: (37) juzg[u]éys sin mentir no ser digno de verdadero, pero indigno de no falso llamarle. Y en suma y conclusión, bien que esté más vezino a la amante alma (1537, Luis Escrivá, Veneris tribunal) [en CORDE] (38) Tras esto los pensamientos de su muger y Tiberio que le davan grandíssimo cuidado. Y al fin en suma, aquel dios, que no sé si diga más que alcançó o que mereció el cielo, murió dexando por heredero al hijo de su enemigo (1599, Jerónimo de Huerta, Traducción ... Plinio) [en CORDE] 20 Lexis Vol. XXXI (1 y 2) 2007 (39) y en el entierro, o quedaban sin sepoltura, o se echaban veinte personas en una. Era, en suma, la más trabajada y miserable vida y infeliz que ninguna lengua ni pluma puede escrebir ni encareçer (1553-1556, Cristóbal de Villalón, Crotalón) [en CORDE] 2.3. Hay dos conectores que podrían haberse incluido entre los ‘aditivos’, ya que realmente esa es su utilización en el discurso. No obstante, sus valores iniciales, en principio, podrían considerarse otros. El primero de ellos, por (de) otra parte, es básicamente un ordenador del discurso, de forma que dispone en paralelo, a veces contraponiéndolas, secuencias de hechos o de ideas con fines argumentativos; pero el hecho de que en nuestros textos muy frecuentemente (o casi siempre) carezca de correlato provoca que acabe funcionando como un conector más de adición de contenidos: (40) Xanthus dixo: - Si esto sale de mi muger, yo la faré quemar biva. E por otra parte dixo a la muger callando que no respondiesse nada por causa de ferir a Ysopo (1520, Vida de Ysopo) [en CORDE] (41) mandó que solamente entrase en la tierra adentro tres días e se tornase luego a los navíos. Por otra parte envió a Chaves con gente de indios a descubrir la tierra adentro (Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia ... Indias) [en CORDE] No obstante, la disposición paralela, sin implicación de sucesión o suma, se mantiene cuando entre los enunciados unidos por este conector existe algún tipo de paralelismo o recurrencia, bien en la conformación sintáctica o en repeticiones léxicas:7 7 Esta es la situación en que hallamos el único caso documentado de correlación: “Holgábame, por una parte, de haber encontrado lo que no pensaba, que era de haber hallado ocasión de volverme a mi tierra; y por otra parte, me pesaba en pensar que Caricles había de venir a quedar sin su hija” (1587, Fernando de Mena, Traducción) [en CORDE]. Cano • Conectores de discurso en el español del siglo XVI 21 (42) así que estos me tienen en pena. De otra parte estoy aliviado porque la otra gente siembran e tienen ya munchos bastimentos (1527-1561, Fr. Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias) [en CORDE] (43) andaba imaginando cómo pudiese dél vengarse. Por otra parte, mirando a Tíamis y luego a Teágenes, traía el ánimo confuso y desasosegado (1587, Fernando de Mena, Traducción) [en CORDE] Ya se ha adelantado que, como es habitual, en las disposiciones paralelísticas es habitual moverse hacia la contraposición de lo así dispuesto. Ese valor, próximo al adversativo, se hace más visible cuando este conector refuerza a otro claramente adversativo (mas, pero o correlaciones con aunque), si bien lo que indica en tales casos es la compatibilidad de esas situaciones contrapuestas: (44) Verdad es que, como colérico, era furioso y recio y con ímpetu algunas veces se aceleraba, si se enojaba [...]; pero, por otra parte, era de muy buena conversación y liberal en lo que había de hacer (Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia ... Indias) [en CORDE] (45) díxole riendo: [...], que no le fue al clérigo chico motivo de reír, aunque por otra parte regañaba y lloraba la falta que vía en la gobernación... (1527-1561, Fr. Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias) [en CORDE] El otro elemento al que nos referimos, cuanto más que (es poco habitual cuanto más solo), aduce en una línea argumentativa un elemento nuevo que viene a reforzar los argumentos expuestos previamente para llegar a una determinada conclusión. Se trata, pues, de una adición, pero en una escala argumentativa de incremento de intensidad. Con él puede introducirse la descripción de nuevos hechos, estados o situaciones, descripción que funciona como argumento: (46) Y demás desto, que no se había de recelar del tirano, ni de sus capitanes y soldados, porque entonces estaban muy lexos, y 22 Lexis Vol. XXXI (1 y 2) 2007 que no sabían clara y abiertamente que traían tan dañadas las entrañas, cuanto más que su señoría tenía muy buenos capitanes y caballeros y animosos soldados para echar de toda la tierra a los rebeldes y traidores, y que mejor era dalles batalla (1549-1603, Pedro Gutiérrez de Santa Clara, Historia de las guerras civiles del Perú...) [en CORDE] o, muy especialmente, razonamientos o elucubraciones que refuerzan la argumentación: (47) pues muy menos dirás que en aquel punto que se aparta el alma del cuerpo se causa el gran dolor, porque en un breve punto no se puede causar tan terrible dolor, ni se puede mucho sentir, ni mucho puede penar; cuanto más que esto que digo que es muerte no es otra cosa sino careçer del alma que es la vida (1553-1556, Cristóbal de Villalón, El Crotalón) [en CORDE] 2.4. Frente a los anteriores, los conectores que señalan una relación de contrariedad o matización al enunciado anterior no muestran especiales indicios de renovación. Continúan los existentes en épocas anteriores, si bien se observa un claro crecimiento en los formados según el esquema Prep. + N (por el contrario y semejantes; y también con todo). El más antiguo (junto con las conjunciones mas o pero), antes, continúa plenamente vivo durante toda la centuria, para manifestar lo contrario de lo afirmado en el enunciado anterior. La novedad respecto a épocas pasadas es que ahora, durante todo el siglo, no necesita que la frase anterior esté negada, de manera que viene justamente a indicar lo contrario de ella:8 8 Antes puede introducir la contrariedad dentro de un enunciado (equivaldría, pues, a una conjunción): “...no le pareció responder con la severidad presta de su negativa, antes le prometió...” (Timoneda, Patrañuelo, 195). Pero con el mismo valor es supraoracional, hasta el punto de introducir con cierta frecuencia respuestas en un diálogo cfr. ejemplo (40). Cano • Conectores de discurso en el español del siglo XVI 23 (48) Dessa manera ya devían pensar todos que no havría más guerra en la christiandad. Mercurio. —Antes, por dezirte la verdad, muy pocos eran los que tenían esperança... (A. Valdés, Mercurio, 48) (49) Mas ¿por ventura parará aquí el lazo con que se añuda Cristo a nuestra alma? Antes passa adelante (FrLLeón, Nombres, 221) No obstante, lo más habitual sigue siendo la presencia de la negación en el enunciado precedente, de modo que lo introducido por antes es contrario, en efecto, a lo afirmado en ella, pero al haberse negado, viene a ser paráfrasis, o continuación, de esa negación: (50) Aunque por otra parte no me duelo, / ya que el bien me dejó con su partida, / del grave mal que en mí está de contino; // antes con él me abrazo y me consuelo (Garcilaso, Soneto XX) (51) ...con tanto que aya siempre lugar la disculpa del antigüedad, la qual vos no le podéis negar de ninguna manera. Valdés.— Antes huelgo de admitírsela en todo lo que se le pudiera admitir... (J. Valdés, Diálogo, 171) (52) Y no se a de entender que aunque el alma queda en este no saber, pierde allí los hábitos de las ciencias acquisitos que tenía; que antes se le perfectionan con el más perfecto hábito... (SJCruz, Cántico, 207) Este carácter de paráfrasis de todo el enunciado anterior parece extenderse ocasionalmente a entornos en los que el enunciado previo no está negado: (53) Mas él, con la opinión que tenía de mí y el amor que me tenía, todo me lo creyó; antes me huvo lástima (Sta. Teresa, Vida, 151) En el s. XVI se desarrolla lentamente una combinación que se asentaría en épocas posteriores, antes bien; sus ejemplos son escasos hasta finales de siglo, en que su presencia se incrementa en determinados autores (Pedro Malón de Chaide, Jerónimo de Mondragón). 24 Lexis Vol. XXXI (1 y 2) 2007 Conserva la propiedad antigua de antes, la exigencia de negación previa, por lo que introduce situaciones que constituyen aclaraciones de la negación anterior (ejemplo (54)), o inferencias extraídas de esa negación (ejemplos (55) y (56)): (54) pero la mayor parte de las veces no obtenía buenos resultados; antes bien, cuando sangraba de la parte contraria muchas veces se atraía el dolor a la parte opuesta (1506, Diego Álvarez Chanca, Tratado nuevo) [en CORDE] (55) que no es justo que sea mayor la ofensa que quel dolor y la penitencia; antes bien ha de ser mucho más el arrepentimiento de vuestros pecados (1588, Pedro Malón de Chaide, Conversión de la Magdalena) [en CORDE] (56) I en toda ella, no he hallado cosa alguna repugnante a nuestra santa fe cathólica, ni a las buenas costumbres de la Santa Iglesia nuestra madre, antes bien, entiendo ser obra que merece ser leída (1598, Jerónimo de Mondragón, Censura de la locura humana) [en CORDE] Aparte de esta, no se hallan ya ejemplos de antes reforzando a un mas precedente (tal como se documenta en épocas anteriores). Empero, por su parte, continúa con la amplia distribución que presentaba ya en épocas anteriores. Sigue integrando correlaciones, en las que introduce un segundo miembro, que supone una adversación respecto del anterior (aunque ... empero, no obstante que ... empero), pero también otras en que refuerza la inclusión en una serie (al modo de sino: no solo ... empero (también)). Constituye en ocasiones una locución conjuntiva claramente adversativa, restrictiva o matizadora del enunciado anterior (“Quieren dezir por mas claros terminos, que la delectacion de las mugeres, dura mas tiempo que en los varones, empero que no es de tanta vehemencia y encendimiento, al contrario en los varones, pues el apetito se les acaba presto, e dura menos que en las mugeres, empero que en el tiempo que son tentados, tienen mayor furia y encendimiento” (Tractado, 291v)). En su utilización como conector supraoracional, suele apa- Cano • Conectores de discurso en el español del siglo XVI 25 recer al inicio de su enunciado, con valor de contrariedad, como en los siguientes casos: (57) si por ti solamente ruegas, sólo tu merecimiento posseerás; empero, si por todos ruegas, por ti rogarán todos (1530, Francisco de Osuna, Segunda Parte del Abecedario Espiritual) [en CORDE] (hay bastantes ejemplos en este autor) (58) a veces sale callente y húmido, y también sale templado; empero no puede ser frío y húmido, ni frío y seco (1589, Juan de Pineda, Agricultura cristiana) [en CORDE] o de simple matización o restricción a lo dicho antes, o a lo implicado por esa secuencia previa: (59) Lo qual pocas vezes acaesce; empero quando asi viene dentro de los doze meses apostemas & vlceras o dolor de cabeça es mala señal & indicio pessimo (1542, Ruy Díaz de Isla, Tratado...contra el mal serpentino) [en CORDE] (60) ...deue entrar en el vaño despues que estuuiere digerido el manjar en el estomago y higado, Empero no por esso se ha de pensar que quando ouiere allegado la hora del comer o de la hambre, entonce se deua hazer el vaño (Tractado, 309r).9 También, pero en menor grado, puede hallarse intercalado en el enunciado que introduce (posición esta que, no obstante, es la preferencia exclusiva de determinados autores); solo esporádicamente parece ser refuerzo de otra adversativa, como mas: (61) MINGO OVEJA No ayas miedo, en buena fe. / FAMA En fin, te las prestaré. / Mas empero, / si quieres, dezirte quiero / los modos y mañas mías, / según bolava en sus días / aquel viejo carpintero (1517, Torres Naharro, Comedia Trophea) [en CORDE] (único caso documentado) (62) Y la intención d’este provecho me le hizo poner en romance, porque assí los que defendían su opinión, como los que 9 En este texto el uso de empero es particularmente frecuente. 26 Lexis Vol. XXXI (1 y 2) 2007 dessean saber lo cierto y no saben latín, no dexen de entender lo que digo. Lo qual, empero, no ha causado poca dificultad (1543, Luis de Alcalá, Tratado...préstamos) [en CORDE] El valor de ‘contrariedad’ aparece plenamente explicitado por el elemento léxico empleado en la combinación por el contrario, surgida en el XV y con cierto desarrollo a fines de ese siglo. En el XVI adquiere un uso amplio, con diversas posibilidades de colocación. Puede aparecer al principio del enunciado, siendo entonces bastante habitual que ese enunciado muestre un cierto paralelismo sintáctico con el anterior, pero con la contraposición de sus elementos léxicos: (63) porque visto hemos muchos que estavan muy sanos súbitamente aver seýdo muertos; por el contrario, hemos visto otros desamparados ya de los médicos aver bivido y sanado (1524, Juan de Molina, Traducción de la Crónica de Lucio Marineo Sículo) [en CORDE] (64) Por eso los viejos, como por una parte son ordinariamente prudentes, templados, astutos, así también por otra son grandes habladores, escasos, pesados, medrosos [...]; por el contrario, los mancebos son animosos, francos, verdaderos y llanos (1534, Juan Boscán, Traducción de El Cortesano) [en CORDE] Sin embargo, lo más habitual es encontrarlo acompañando a y, sumando los valores de ‘adición’ y ‘contrariedad’, generalmente en una secuencia argumentativa: (65) La acidia, pereza, ociosidad son armas del antiguo enemigo para caçar las ánimas de los hombres, destruirlas, perderlas y apartarlas del camino de la verdad y de su Criador. Y, por el contrario, el trabajo doma los cuerpos, destierra los vicios, aviva las ánimas (1552, Pedro Hernández de Villaumbrales, Peregrinación) [en CORDE] o expositiva: Cano • Conectores de discurso en el español del siglo XVI 27 (66) los vientos que vienen de Mediodía son sanos, y el Norte es malísimo e muy enfermo; e por el contrario, en la costa que esta isla tiene hacia el Septentrión, estos vientos que aquí son sanos, son acullá dolientes y enfermos (1535-1557, Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia ... Indias) [en CORDE] también puede reforzar a mas o antes, intensificando así el valor de contraposición: (67) porque el que fervorosamente le ama, todas las cosas desprecia y siempre suspira por Él: mas por el contrario, el amor desordenado de sí mismo hace al hombre amar el camino por la patria (1562, Fray Luis de Granada, Traducción) [en CORDE] (68) Todo lo cual no deroga a la buena gobernación que las gentes desta isla tenían, como ni a la de los griegos, si en lo demás era buena, derogaba; antes, por el contrario, en alguna manera la adornaba (1527-1550, Fray Bartolomé de las Casas, Apologética historia sumaria) [en CORDE] Y es también habitual encontrarlo en el interior de su párrafo: (69) el cual en esta vida paresce llevarla tras sí en estas y en otras cosas. Mas en la otra vida, por el contrario, el cuerpo ha de seguir las condiciones del ánima (1528-1542, Juan de Cazalla, Lumbre del alma) [en CORDE] (70) torna a apuntar de nuevo la pieça al blanco y dale fuego, que harás un honrado tiro [...]. Si, por el contrario, tirando de punto en blanco con una pieça, el tiro fuere costero a la mano izquierda, lo podrás fácilmente enmendar (1592, Luis Collado, Plática) [en CORDE] Hay diversas variantes de este conector, junto a la más frecuente, ya vista, por el contrario:10 al contrario, que muestra las mismas 10 De lo contrario, surgida ya en el XV, tiene desde los orígenes, y en todas sus apariciones (aún poco frecuentes), valor de condición o hipótesis previa imaginada, como contraria, al enunciado anterior. 28 Lexis Vol. XXXI (1 y 2) 2007 distribuciones e idéntico sentido (si bien acompañando a y es su manifestación más habitual, y raro su refuerzo a mas o pero): (71) y por esto guardan a las preñadas, y en pariendo machos los castran con sus dientes a bocados; al contrario, las preñadas buscan lugares secretos y dessean parir a hurto (1599, Jerónimo de Huerta, Traducción) [en CORDE] (72) y otros muchos, que, demás de tener padres y abuelos nobles y virtuosos, fueron criados en buenas disciplinas, con excelentes maestros y compañías. Y al contrario, de ruin suelo y de baja condición han salido excelentes en virtud y en valer (1550, Juan de Arce, Coloquios) [en CORDE] (73) Éstos son los exemplos de la felicidad. Pero al contrario son innumerables los de la miseria y desventura (1599, Jerónimo de Huerta, Traducción) [en CORDE] (74) Tal es el mundo, promete y da plazeres a los mundanos al principio; al cabo, Infierno Eterno. Dios, al contrario, al principio da trabajos y penas, al fin, Gloria Eterna (1594, Alonso de Villegas, Fructus sanctorum) [en CORDE] Por lo contrario muestra igualmente las mismas distribuciones, en este caso con menor afición por la posición pospuesta: (75) Entre los quales ay esta diferencia, que los miembros sanguinos quando se pierden de todo punto o parte dellos, o se cortan en qualquier hedad que acaezca bueluen a nascer, y se consolidan por consolidacion verdadera. Por lo contrario los seminales quando se p(u)ierden no bueluen a nascer (1551, Bernardino de Montaña, Anothomía) [en CORDE] (76) y así, se ha de hallar aumentada en los regimientos hasta llegar a los dichos veintitrés grados y medio. Y, por lo contrario, siempre se ha de hallar disminuida de un día para otro... (1575, Juan de Escalante, Itinerario) [en CORDE] Cano • Conectores de discurso en el español del siglo XVI 35 (98) Porque si no uviesse hambre, no sería deleyte el comer, y en faltando ella, falta él juntamente. Y assí no tienen más bien de cuanto dura el mal, para cuyo remedio se ordenan (FrLLeón, Nombres, 234) Así que introduce habitualmente la consecuencia extraída por el enunciador a partir de una situación anterior, alternando en ocasiones con otros conectores del mismo tipo (ejemplo (99)), o encadenando lógicamente una secuencia de hechos (segundo caso de (100)): (99) Y por eso tú debes creer en el tu Criador [...] y no a su criatura. Ansí que, señora, la cruz sana con el romero [...] que ninguna criatura os puede empecer, tanto cuanto la cruz os puede defender y ayudar. Por tanto, os ruego me digáis vuestra intención (Lozana, 177) (100) ...porque me llevava el Señor por camino de temer, como creer que era demonio cuando me decían que no lo era. Ansí que temor ni siguridad nadie podía que yo la tuviese de manera que les pudiese dar más crédito de el que el Señor ponía en mi alma; ansí que, aunque me consoló y sosegó, no le di tanto crédito para quedar del todo sin temor... (Sta. Teresa, Vida, 390) Pero también puede ocurrir que se utilice simplemente para cambiar de tema discursivo: (101) ...y así esperan la luna de Boloña, que es como el socorro de Scalona. Ansí que, tornando al propósito, quiero decir que... (Lozana, 184) De/por manera que introduce igualmente la consecuencia que puede desprenderse del enunciado previo, bien se trate de un hecho sobre el que se realiza algún comentario: (102) ...y que a la tarde volviesen; mas su salida fue sin vuelta. Por manera que a la tarde ellos volvieron; mas fue tarde (Lazarillo, 153) 36 Lexis Vol. XXXI (1 y 2) 2007 o de un razonamiento vinculado a la argumentación anterior: (103) Estas entran a estos sus arrauales de los sentidos interiores por las puertas de los sentidos exteriores, que son, oyr, veer, oler, etc. De manera que todas las potencias y sentidos aora interiores, aora exteriores de esta parte sensitiua, los podemos llamar arrauales, porque son los varrios que están fuera de los muros de la ciudad (SJCruz, Cántico, 151) Ese razonamiento desprendido de lo anterior puede presentarse como la conclusión final de la argumentación, que es, así, un aserto afirmativo: (104) ...todas aquellas imágines, sin confundirse, se tornan juntamente a los ojos, y de los ojos al alma de aquel que en los espejos se mira. Por manera que, en conclusión de lo dicho, todas las cosas viven y tienen ser en nuestro entendimiento... (FrLLeón, Nombres, 21) Las otras dos variantes, con arte y suerte como núcleos nominales, tienen muy escasas apariciones, y no suponen especiales diferencias significativas: (105) ...mas lo que la gracia da, por ninguna manera puede ser natural a ninguna substancia criada, porque, como digo, traspasa sobre todas ellas [...] De arte que la gracia es una como deydad y una como figura biva del mismo Cristo (FrLLeón, Nombres, 201) (106) ...no lo puede receuir, sin que casi le cueste la vida. De suerte que los ojos que con tanta solicitud y ansias y por tantas uias buscaua, venga a dezir quando los reciue: apártalos, Amado (SJCruz, Cántico, 99-100) El más “lógico” de todos estos conectores consecutivos es luego, que solo introduce razones inferidas de lo anterior, y que muestra una clara preferencia por situarse en posición inicial de una réplica dentro de un diálogo (aunque no sea esta posición exclusiva); tam- Cano • Conectores de discurso en el español del siglo XVI 37 bién es muy habitual que esa réplica consista en una pregunta más o menos polémica: (107) ... ternán algunos ésta por demasiada y superflua curiosidad, pero yo no me curo, porque la tengo por buena y necessaria. Marcio. Luego ¿ésta es la causa que os mueve a señalar los acentos como hazéis? (J. Valdés, Diálogo, 72) (108) Y también avéys dicho —añadió Juliano— que essos mismos que no lo son apetecen y aman el ser bien aventurados. Concedió Sabino que lo avía dicho. —Luego —dixo Juliano— apetecen lo que no saben ni conocen (FrLLeón, Nombres, 210) De todos los conectores con valor consecutivo, o relacionados, es claramente pues el de mayor frecuencia de empleo, así como el de mayor variedad de matices. Su progreso fue creciente a lo largo de la Edad Media, y ya en el XV había alcanzado prácticamente todos sus usos modernos (cfr. Cano 2001 y 2002; Iglesias Recuero 2000). No obstante, también retrocedió en algunos de sus empleos anteriores; es el caso de su función como conector consecutivo en inicio de enunciado (con el sentido del actual así pues15), situación en la que aún puede documentarse en textos argumentativos, doctrinales o científicos: (109) Con todo, nunca osava llegar cosa a personas semejantes. Pues digo que se avise con mucha discreción, animándolas y aguardando tiempo, que el Señor ayudará como ha hecho a mí (Sta. Teresa, Vida, 319) (110) Porqve muchos tienen costumbre de se vañar, y en muchas tierras ay costumbre ordinaria de vaños, quiero en este capitulo tractar algo de ellos, porque el que esta acostumbrado a 15 Combinación de la que solo se hallan muy escasas muestras a finales de la centuria, probablemente a partir de la suma del así ilativo y un pues, más o menos redundante, intercalado en el enunciado (“y d’esta manera qualquier cosa buena puede ser en mal convertida. Y así pues, queda claro la exellencia d’estas sciencias y el provecho y gloria que consigo trahen” (1592, Discurso sobre las ciencias matemáticas) [en CORDE]. 38 Lexis Vol. XXXI (1 y 2) 2007 ellos es le muy necessario y vtil continuarlos. Pues digo que el vaño segun el Conciliador dist 128. no es otra cosa sino, vn cuerpo liquido subtil que occurre y cerca a la redonda todo el cuerpo y le altera... (Tractado, 307r) En esta posición perduró, y ya es más habitual en la época, en registros variados (incluso miméticos de la expresión oral) cuando introducía un enunciado modalmente marcado (interrogativo o exhortativo), entorno en el que difícilmente podía darse la confusión con sus valores causales: (111) ¡Voto a mí, que es letrada! Pues decilde a esa señora que nos mande abrir, que somos suyos (Lozana, 97) (112) Estas comparaciones siempre son malas, aun en cosas de acá; pues ¿qué será en lo que sólo Dios sabe? (Sta. Teresa, Vida, 536); o ante condicionales, otro entorno frecuente, con este y con otros matices de sentido, para el pues conector: (113) Yo he tenido dos amos: el primero traíame muerto de hambre, y dejándole, topé con estotro, que me tiene ya con ella en la sepultura; pues si deste desisto y doy en otro más bajo, ¿qué será sino fenescer? (Lazarillo, 117) Con ese sentido de consecuencia evidente, es ya común en el XVI que pues se inserte en el interior de su enunciado, en general en segundo lugar tras cualquier otro elemento introductor. En la época aún no está limitado tal uso a registros lingüísticos elevados o retóricos: (114) No me conoscería yo a mí / viéndome tan quillotrado. / PENOSO: Di pues, ¿qué darías a mí? (Alarquina, 111-113) No obstante, es ya más propio de esos estilos lingüísticos (con preferencias muy marcadas por autores como fray Luis de León o San Juan de la Cruz): Cano • Conectores de discurso en el español del siglo XVI 39 (115) [Cita previa] Aquesto, pues, es nascer los hombres segunda vez, conviene a saber, vestirse de aqueste espíritu y nascer... (FrLLeón, Nombres, 101) (116) ...si mortificáredes las inclinaciones de la carne y apetitos con el espíritu, uiuiréis. Este, pues, es el estilo que dize el alma en la dicha Canción que le conuiene tener... (SJCruz, Cántico, 48) Lo más habitual para el pues conector, ya en este momento histórico, es que la inicial conexión consecutiva se haya diluido en dirección hacia la introducción de una reacción argumentativa al enunciado anterior, o en la introducción de comentarios o prosecuciones del discurso que, de muy varias maneras, se vinculan a ese enunciado precedente. Por ese carácter reactivo es habitual verlo en el inicio de la respuesta a una interrogación (inicie o no esa respuesta un nuevo turno de habla en el diálogo): (117) ¿Y todo esto habéis pasado? Lozana. Pues no es la mitad de lo que os diré... (Lozana, 54) (118) ¿Pensaréis que este mi mozo es algún inocente? Pues oíd si el demonio ensayara otra tal hazaña (Lazarillo, 102) Y muy especialmente iniciando cualquier tipo de respuesta en el intercambio de turno dialogal:16 (119) Porque veáis si haze al caso señalar los acentos. Coriolano. —Yo confiesso averme engañado. Pacheco. —Pues también s’engaña el señor Marcio, creyendo que trasquilar y desquilar tienen una misma sinificación. Marcio. —Pues si yo m’engaño, desengañadme vos (J. Valdés, Diálogo, 104-105) (120) ...avéys dicho también que ay algunos que no vienen a ser dichosos ni de buena suerte. —Sí he dicho —respondió. —Pues dezidme —dixo Juliano— essos que no lo son ¿no lo quieren 16 Hasta tal punto es intenso este uso en los diálogos literarios que parece no caber duda de que se trata de un elemento fundamental en la “mímesis del discurso oral” en la producción escrita. 40 Lexis Vol. XXXI (1 y 2) 2007 ser...? —Antes —dixo Sabino— lo procuran y apetecen con ardor grandíssimo. —Pues —replicó Juliano— ¿ascóndeseles por ventura la buena dicha...? (FrLLeón, Nombres, 210) Y dentro del discurso monologal, pues inicia secuencias que vienen a estar relacionadas de cualquier modo con el enunciado anterior, del que pueden constituir comentarios, digresiones...: (121) ...que más ganan ellos con aquellas varillas negras que con cuanto estudiaron en jure. Pues yo no estudié, y sé mejor el jure cevil que traigo en este mi canastillo que no ellos en cuantos capítulos tiene el cevil y el criminal (Lozana, 228) (122) Finalmente, yo me finaba de hambre. Pues ya que comigo tenía poca caridad, consigo usaba más (Lazarillo, 115) (123) ...si [...] no pusiesse cuydado en aquesto que, a lo que yo juzgo, es tan necessario para el bien de sus fieles. Pues a este propósito me vinieron a la memoria unos razonamientos que... (FrLLeón, Nombres, 13) E incluso meras continuaciones, también en secuencia puramente cronológica: (124) Pues como estos dos mancebos, Urbino y Federico, se amasen en extremo grado [...] Pues como ya fuesen de edad de quince años [...] Pues como se aderezasen los desposorios... (Timoneda, Patrañuelo, 210) (125) E oy me visto de manto y mongilón; y para ti, por no vender mi palabra, una saboyana. Pues para la hechura y para darte botines y chapines, mira qué moneda no usada corre agora por mi bolsa. Pues tras esto, me queda este anillo, que si la piedra es la que yo pienso, que será fina (Florinea, lxiij r) Una última, y muy presente en los textos, derivación de ese aflojamiento en el sentido de la conexión y cohesión establecidas por pues se manifiesta en el hecho de que con él se inicien nuevos caminos en la secuencia discursiva y argumentativa, de modo que la Cano • Conectores de discurso en el español del siglo XVI 41 continuación se convierte en agregación, o, mejor, en ramificación de discursos: (126) Huelgo de contar a Vuestra Merced estas niñerías para mostrar cuánta virtud sea [...] Pues tornando al bueno de mi ciego y contando sus cosas, Vuestra Merced sepa que... (Lazarillo, 97) (127) ...empero comparado a los otros tiempos, es caliente y humido. Pues boluiendo a lo que tractauamos, enel verano conuiene mas el coyto que en otro tiempo (Tractado, 299v) De esta forma se entienden los varios casos de pues que llegan a inaugurar capítulos, por ejemplo en la Vida de Santa Teresa. 3. El análisis efectuado nos ha mostrado, según se adelantó, procesos de renovación en las unidades componentes del elenco de conectores, con situaciones de gramaticalización (así, en por consiguiente) y de posible desgramaticalización (como, al parecer, en por ende). En esta renovación se observa, al menos en los conectores de consecuencia, un incremento en la productividad del esquema Prep. + N., o dicho de otro modo, de los circunstanciales de causa, anafóricos o catafóricos. Junto a ello, se observa igualmente una notable continuidad en otras unidades (el caso de pues es revelador). Sin embargo, la conexión “supraoracional”, y la cohesión del discurso, no se agotan en la descripción del funcionamiento de este conjunto, aún relativamente mal delimitado, de ‘conectores’. Para comprobar cómo en este aspecto los discursos del XVI se alejaban, o no, de los hábitos medievales, y cómo prefiguraban los modernos, en lo que tienen de continuidad o de ruptura, habrá que acudir al descubrimiento y ponderación relativa de los muy distintos modos en que se cohesionaban, o no, los discursos escritos de la época (además de los conectores, conjunciones, repeticiones y elipsis léxicas, anáforas...). Solo así se podrá empezar a entender realmente si el siglo XVI, la lengua del Renacimiento y el Humanismo, constituyó un momento histórico diferenciado dentro de la historia de la cohesión del discurso en español. 42 Lexis Vol. XXXI (1 y 2) 2007 Textos anóniMo [¿1554?] 1972 La vida de Lazarillo de Tormes (ed. de Alberto Blecua). Madrid: Castalia. [1/2 s. 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