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951 EL CONCEPTO DE EMPODERAMIENTO EN LOS ESTUDIOS DE GÉNERO Y EN LA PRENSA FEMENINA Orsini, Marta Departamento de Medios, Comunicación y Cultura Universidad Autónoma de Barcelona [email protected] RESUMEN: El empoderamiento es un concepto que ha sido largamente aplicado en el ámbito de las estrategias de desarrollo, sobre todo por organizaciones feministas, y por esta razón se ha convertido en un término habitual en los proyectos para incentivar la igualdad de género. Pese a su relevancia, sobre todo tras la histórica Conferencia Mundial de las Mujeres en Pekín, en 1995, cuando se lo empleó por primera vez en los debates políticos como estrategia fundamental para que las mujeres asumieran un papel de liderazgo, todavía no se ha discutido a fondo el papel que posee dicho concepto en las revistas femeninas. A menudo, estas publicaciones lo utilizan en sus media kits y en sus contenidos con el objetivo de mostrarse como herramientas de empoderamiento femenino. Así, en este trabajo, proponemos una aproximación entre el concepto de empoderamiento desde la perspectiva de los Estudios de Género y su utilización por las revistas femeninas. De esta manera, creemos que sería posible comprender cuál es la imagen de empoderamiento femenino que el único sector de la prensa totalmente dedicado a las mujeres le ofrece a su audiencia. PALABRAS CLAVE: Mujer, Prensa Femenina, Empoderamiento, Feminismo, Estudios de Género
952 INTRODUCCIÓN "(…) está explícita la contradicción de las mujeres modernas: creemos en el discurso de la igualdad sin tener las condiciones para la igualdad. Creemos en el discurso de la individualidad, sin tener las características de ser individuas." (Lagarde y de los Ríos, 2005: 67) No hace mucho el término empoderamiento era desconocido para la mayoría de las personas. Este concepto, que puede ser entendido como "proceso por el cual las personas fortalecen sus capacidades, confianza, visión y protagonismo como grupo social para impulsar cambios positivos de las situaciones que viven" (Murguialday y otros, 2001), tuvo su origen en las estrategias de la Educación Popular, desarrolladas sobre todo por el educador brasileño Paulo Freire en los sesenta. Según esta corriente, la educación es un proceso participativo, en el que el aprendizaje se basa en la experiencia práctica de las propias personas y grupos. De hecho, Rowlands (1995: 103) señala que hay una gran similitud entre la noción de empoderamiento y las ideas defendidas por Freire, puesto que los individuos empoderados se convierten en "sujetos" de sus propias vidas y desarrollan una "conciencia crítica" -es decir, comprenden su entorno social, lo que les conduce a la acción. A partir de los setenta, esta idea de empoderamiento empezó a ganar fuerza en las organizaciones populares, entre las cuales las feministas, que han profundizado su aplicación en teorías sobre la importancia de empoderar a las mujeres para el logro de una sociedad más igualitaria. No obstante, el término sólo se consagraría definitivamente en 1995, durante la Conferencia Mundial de las Mujeres en Pekín convocada por Naciones Unidas, cuando se lo empleó por primera vez en los debates políticos como estrategia fundamental para que las mujeres asumieran un papel de liderazgo, con el fin de producir cambios que les permitieran participar en las mismas condiciones que los hombres en todas las esferas sociales y, particularmente, en la toma de decisiones. Dicho concepto figura en el texto final de la Declaración y de la Plataforma para la Acción, aprobada por unanimidad durante el evento. En el referido documento, se ha definido un conjunto de objetivos estratégicos, donde se explican las medidas que deben adoptar los gobiernos, la comunidad internacional, las organizaciones no gubernamentales y el sector privado para eliminar los obstáculos que entorpecen el adelanto de la mujer. Se identificaron 12 esferas que representaban las principales barreras, a saber: A) la mujer y la pobreza; B) la educación y la capacitación de la mujer; C) la mujer y la salud; D) la violencia contra la mujer; E) la mujer y los conflictos armados; F) la mujer y la economía; G) la participación de la mujer en el poder y la adopción de decisiones; H) los
953 mecanismos institucionales para el adelanto de la mujer; I) los derechos humanos de la mujer; J) la mujer y los medios de comunicación; K) la mujer y el medio ambiente; y L) la niña (Naciones Unidas, 1996: 16-17). La inclusión de la esfera J se justifica porque se ha constatado que los medios podrían ser uno de los principales obstáculos para el progreso de las mujeres. Sin embargo, también pueden convertirse en uno de los principales aliados de la igualdad de género -dependiendo de lo que se fomente en cada caso y circunstancia. Precisamente sobre esto quiere tratar este trabajo: visibilizar el papel que posee el único sector de la prensa totalmente dedicado a las mujeres a la hora de referirse al concepto de empoderamiento. Así, proponemos esta aproximación, puesto que hemos observado que, a menudo, las revistas femeninas de gama alta (cuyo target son lectoras de elevada posición socioeconómica) utilizan la idea de empoderamiento en sus contenidos para mostrarse como herramientas que ayudan a empoderar a sus lectoras y hasta incluyen el referido término en sus media kits para describir a sí mismas. Por lo tanto, en el presente trabajo, discurriremos sobre el concepto de empoderamiento y su aplicación en los Estudios de Género y las estrategias hacia la igualdad. A continuación, trataremos de las maneras como las revistas femeninas lo utilizan. EL EMPODERAMIENTO Como hemos visto, el término empoderamiento tuvo su origen en el concepto de la Educación Popular, desarrollado por el educador brasileño Paulo Freire. Esta idea empezó a ser utilizada sobre todo con el uso de la palabra inglesa empowerment, que luego fue traducida al español. Además de la definición que hemos utilizado en la introducción, el empoderamiento puede ser definido como el "proceso de accesión a los recursos y desarrollo de las capacidades personales para poder participar activamente en modelar la vida propia y la de su comunidad en términos económicos, sociales y políticos" (Comisión Europea, 1998). McWhirter, citado por Rowlands (1995: 103), lo describe de manera más detallada: El proceso por el que las personas, las organizaciones o los grupos carentes de poder (a) toman conciencia de las dinámicas del poder que operan en su contexto vital, (b) desarrollan las habilidades y la capacidad necesaria para lograr un control razonable sobre sus vidas, (c) ejercitan ese control sin infringir los derechos de otros y (d) apoyan el empoderamiento de otros en la comunidad. Por tanto, teniendo en cuenta estas definiciones, podemos decir a grandes rasgos que el empoderamiento permite que las personas tomen consciencia de la situación en la cual viven y que, a partir de esta percepción sobre su contexto, puedan desarrollar su capacidad para cambiarlo, es decir, participen activamente en el proceso de transformación. No obstante, es necesario señalar que, a pesar de ser frecuentemente asociado a estrategias de desarrollo de grupos vulnerables y a la lucha por la igualdad de género, este término posee
954 múltiples interpretaciones y aplicaciones. Un ejemplo de diversidad de sus usos es la utilización que se hace de él en la gestión de recursos humanos de las empresas privadas. Dentro del ámbito empresarial, empoderar significa delegar poder y autoridad a los/as subordinados/as y de conferirles el sentimiento de que son dueños/as de su propio trabajo (Ronquillo Horsten, 2006: 97). Por tanto, en el lenguaje empresarial, se trata de una herramienta estratégica cuyo objetivo es desarrollar las habilidades de liderazgo dentro de un equipo, pero sin alterar las jerarquías existentes. Además de las empresas, algunos estadistas -como el expresidente estadounidense Bill Clinton, citado por Rowlands (1995: 101)- y el Banco Mundial (BM), mencionado por Murguialday y otros (2001) lo han incluido en sus discursos pero, igual que las empresas privadas, desde una perspectiva bastante distinta a la empleada por organizaciones de mujeres o asociaciones que trabajan por el desarrollo de grupos vulnerables. De acuerdo con esos políticos y el BM, el empoderamiento ocurre cuando hay un aumento de la capacidad individual para que la persona sea más autosuficiente, dependa menos de los servicios prestados por el Estado y tenga espíritu emprendedor para crear microempresas. Asimismo, "implica mejorar el acceso tanto a los mercados como a las estructuras políticas, con el fin de poder participar en la toma de decisiones económicas y políticas" (Murguialday y otros, 2001). En resumen, esta interpretación del empoderamiento fomenta la participación de las personas en la sociedad desde una interpretación neoliberal, rechazando el intervencionismo estatal en materia social o en la economía. Así como ocurre en el ámbito empresarial, este modelo de empoderamiento no cuestiona en absoluto las estructuras socioeconómicas vigentes. Para Rowlands (1995:101), la diversidad de interpretaciones del empoderamiento se explica porque su concepto raíz -es decir, el podertambién es bastante amplio. Por esta razón, antes de tratar del empoderamiento, hay que abordar la noción de «poder» y acercarse a las teorías existentes sobre el tema. No obstante, como este concepto siempre ha sido objeto de numerosos debates en todas las ciencias sociales, este trabajo no puede – y tampoco pretende – discurrir sobre las múltiplas interpretaciones del concepto de poder. Por esta razón, nos centraremos en explicarlo de manera muy breve, restringiéndonos a las teorías sobre empoderamiento y las relaciones de poder. El Diccionario de la Lengua Española (Real Academia Española, 2001) define el poder como sigue: 1) Dominio, imperio, facultad y jurisdicción que alguien tiene para mandar o ejecutar algo; 2) Gobierno de un país; 3) Acto o instrumento en que consta la facultad que alguien da a otra persona para que en lugar suyo y representándole pueda ejecutar algo; 4) Posesión actual o tenencia de algo; 5) Fuerza, vigor, capacidad, posibilidad, poderío; 6) Suprema potestad rectora y coactiva del Estado. A partir de las definiciones presentadas por la RAE, se observa que este término remite a la idea de dominio y fuerza. Como afirma Rowlands (1995: 101), en general, la imagen del poder se
955 ubica "en la capacidad de que dispone una persona o un grupo para lograr que otra persona o grupo haga algo en contra de su voluntad". Se trata de una manera tradicional de interpretarlo, basada en las teorías de Max Weber, citado por Martínez Corona (2000: 47), que sostiene que el poder representa “la oportunidad de un hombre o de cierto número de hombres para realizar sus propósitos venciendo la resistencia de otros quienes están participando en la acción”. Sin embargo, este modelo es tan sólo uno entre una variedad de nociones sobre el poder existentes, según los/las expertos/as en empoderamiento. Rowlands (1997: 218-223), por ejemplo, enumera cuatro formas de ejercicio de poder 531, a saber: El "poder sobre": se trata de un poder controlador, en el que el aumento de poder de una persona implica la pérdida de poder de otra. Cuando se habla de relaciones de poder, se piensa más frecuentemente en este tipo, donde, como he mencionado, se observa la capacidad de un individuo o grupo de hacer que otros actúen en contra de sus deseos. El "poder para": se trata de un poder generativo, que crea múltiples posibilidades y potencialidades humanas. En este contexto, una persona o grupo estimula la actividad en otros/as, lo que permite que se comparta el poder y se favorezca el apoyo mutuo. El "poder con": utilizado para multiplicar los poderes individuales. En este modelo, el todo supera a la sumatoria de las partes individuales, es decir, el poder colectivo resulta ser mayor a la suma de los poderes individuales de quienes conforman un grupo. El "poder desde dentro": se refiere al poder interior, que surge desde uno/a mismo/a. Se trata de la habilidad que uno/a tiene para rechazar las demandas ajenas. Para lograrlo, es necesario saber reconocer y analizar de qué manera se mantiene y se reproduce la subordinación de las personas. Los tres últimos tipos de poder son descritos por Rowlands como de suma positiva, ya que en estos modelos el incremento de poder de una persona aumenta el poder total disponible para el grupo. Sin embargo, el "poder sobre", sostiene la autora, sería de suma cero, pues en este caso el aumento de poder de una persona disminuye el de la otra. Por tanto, hablar de poder, según Rowlands, no significa referirnos sólo a un modelo relacionado únicamente y tradicionalmente con las ideas de fuerza y dominación. El concepto de poder puede tener otras expresiones y, por tanto, ser interpretado de una manera más integral y, especialmente, más dinámica y constructiva. En este sentido, uno de los teóricos que más han contribuido en ofrecer una idea más amplia sobre el tema ha sido Michel Foucault, que ha rechazado la idea tradicional de poder como "una forma inabarcable de dominación". Las relaciones de poder, decía él, son multiformes, imbricadas en otros tipos de relación. Además, el filósofo sostenía que estas sólo existen porque hay resistencia al poder. Así, por tratarse de relaciones complejas, se requiere una mirada más 531 Para formular su teoría, Rowlands se apoya en la obra del Steven Lukes, "Power: A Radical View", de 1974 (London: Macmillan).
956 amplia sobre el poder. Para Foucault, la resistencia existe "porque está allí donde el poder está: es pues como él, múltiple e integrable en estrategias globales" (1979: 170-171). Tener en cuenta esta percepción más integral del poder es clave para comprender el empoderamiento, pues el poder pasa a ser entendido como algo que va más allá de las ideas de fuerza y dominación y, de ese modo, abarcaría relaciones de suma positiva. De esta manera, el ejercicio del poder deja de ser algo restringido solamente a las autoridades o grupos con más recursos materiales y pasa a ser compartido con sectores que siempre han sido marginados del proceso de toma de decisiones. EL EMPODERAMIENTO EN LOS ESTUDIOS DE GÉNERO Como hemos comentado en la introducción, a partir de los setenta, esta idea de empoderamiento que tuvo origen en las aportaciones de Paulo Freire empezó a ganar fuerza. Ya en los años 80, el término fue utilizado formalmente por primera vez, según Murguialday y otros (2001). En 1985, una red de grupos de mujeres e investigadoras del Sur y del Norte, denominada DAWN, propuso aplicar el término empowerment (que luego se tradujo como "empoderamiento" en español) para referirse al proceso por el cual las mujeres acceden al control de los recursos (materiales y simbólicos) y refuerzan sus capacidades y protagonismo en todos los ámbitos. No obstante, el término sólo se consagraría definitivamente diez años más tarde, durante la Conferencia Mundial de las Mujeres en Pekín. Dice la declaración aprobada en aquel evento que “el empoderamiento del papel de la mujer y la plena participación de la mujer en condiciones de igualdad en todas las esferas de la sociedad, incluidos la participación en los procesos de adopción de decisiones y el acceso al poder, son fundamentales para el logro de la igualdad, el desarrollo y la paz” (Naciones Unidas, 1996: 3). A grandes rasgos, la Declaración de Pekín sostiene que, para lograr la igualdad de género y empoderar a las mujeres, es fundamental: Eliminar todas las formas de discriminación de las mujeres y niñas Promover la independencia económica y la educación de las mujeres Prevenir y eliminar todas las formas de violencia contra las mujeres y niñas Intensificar los esfuerzos para garantizar la igualdad de las mujeres discriminadas por su raza, edad, idioma, origen étnico, cultura, religión, discapacidad o por pertenecer a una población indígena. Garantizar la plena participación de las mujeres en todas las esferas de la sociedad; Reconocer y reafirmar el derecho de las mujeres a controlar todos los aspectos de su salud, en particular su propia capacidad reproductiva; Vigilar la aplicación de las políticas y los programas que contribuyan al empoderamiento.
957 Además, en esa declaración, los países que la han firmado se comprometen a aplicar la Plataforma de Acción, un programa cuyo objetivo es crear condiciones necesarias para el empoderamiento de las mujeres. Así, se exhorta a los gobiernos, a la comunidad internacional y a la sociedad civil, inclusive las organizaciones no gubernamentales y el sector privado, a que adopten medidas estratégicas en las 12 esferas decisivas de especial preocupación que hemos mencionado en la introducción, entre las cuales está la J - “La mujer y los medios de comunicación”, sobre la cual hablaremos en el siguiente apartado. En resumen, podemos decir que más de tres décadas después de haber ganado preeminencia en los movimientos feministas, el empoderamiento es, según la mayor parte de los/as teóricos/as en estudios de género, un concepto que está basado en dos puntos que se interrelacionan mutuamente: la ocupación por las mujeres de todas las esferas sociales y, por tanto, el aumento de su participación en los procesos de toma de decisiones; la toma de conciencia del poder que individual y colectivamente ostentan las mujeres. Así, el empoderamiento es "algo más que el simple hecho de abrir el acceso a la toma de decisiones; también debe incluir los procesos que llevan a las personas a percibirse a sí mismas con la capacidad y el derecho a ocupar ese espacio decisorio" (Rowlands, 1995: 102). Por tanto, a grandes rasgos se observa que la toma de conciencia del poder tiene dos aspectos: el individual y el colectivo. El primero conlleva un proceso en el que las personas incrementan sus niveles de confianza para responder a sus propias necesidades, mientras el segundo se refiere más bien a incentivar las acciones grupales. LA PRENSA FEMENINA Antes de tratar de la utilización del concepto de empoderamiento por las revistas femeninas, este apartado discurrirá brevemente sobre la prensa femenina. Definir a este sector no resulta fácil, incluso a los/las propios/as investigadores/as de las Ciencias de la Comunicación, puesto que este tema suele suscitar muchos debates por el hecho de que su raíz esté en la sectorización de la prensa por sexo y no por contenido. Sin embargo, esta segregación es una práctica que ha prevalecido a lo largo de la historia de la humanidad. Según Menéndez Menéndez (1996: 30), citando a Jesús Timoteo, el discurso segregado por sexos era parte de la tradición oral de las sociedades que transmitían sus leyes de supervivencia y principios básicos de generación en generación. En este contexto, durante las Edades Media y Moderna, se producía una división de mensajes por sexo, puesto que, mientras las mujeres del campesinado conocían y difundían contenidos como romances, historias, cuentos, oraciones y canciones dentro de las familias, los varones escuchaban (o leían, si sabían hacerlo) otro tipo de texto, como la filosofía, la política o los inventos (Menéndez Menéndez, 1996: 30-31). Por consiguiente, la sectorización de la prensa por sexo puede ser considerada una consecuencia de la continua segregación de mensajes que ha caracterizado la historia, pero
958 su inicio se dio formalmente en el siglo XIX, cuando aparecieron las primeras publicaciones dirigidas a las mujeres. De acuerdo con Gallego Ayala, un referente indispensable en el tema en España, la prensa femenina puede ser definida como: «Publicaciones que están pensadas y dirigidas fundamentalmente a las mujeres, centradas en el ámbito de lo privado y cuya temática, enfoque y lenguaje utilizado se refiere y define lo que es ser mujer, hoy por hoy, en nuestra área cultural.» (Gallego Ayala, 1990: 49). No obstante, Gallego Ayala ofrece una definición más sencilla, diciendo que prensa femenina es aquella que está dirigida fundamentalmente a las mujeres. Para comprobar si una revista es femenina, ella menciona la manera utilizada por las agencias de publicidad para hacerlo: verificar la cantidad de lectoras o lectores de cada una de las publicaciones. Cuando el 75% son mujeres, se trata de una revista femenina y cuando el 75% son hombres, se considera la publicación masculina. Sin embargo, esta convención es cuestionada por la propia autora ya que, diferentemente de una publicación femenina, que es definida y aceptada bajo esta regla, una revista cuya audiencia esté mayoritariamente formada por hombres no es considerada «masculina». Esto se explica con lo que Simone de Beauvoir (2000: 50) ya decía en El Segundo Sexo: La humanidad es masculina y el hombre define a la mujer, no en sí, sino en relación con él; la mujer no tiene consideración de ser autónomo. (…) La mujer se determina y se diferencia con respecto al hombre y no a la inversa; ella es lo inesencial frente a lo esencial. Él es el Sujeto, es el Absoluto: ella es la Alteridad. De esta manera, la existencia del término «prensa femenina» demuestra que lo femenino existe como oposición al masculino, mientras que el pensamiento masculino es aquel que se considera como universal. Igualmente, esta segregación del discurso mediático desnuda la diferente valoración que la sociedad otorga a los asuntos relacionados con mujeres y hombres, puesto que este sector de la prensa trata, sobre todo, de temas del mundo privado, tradicionalmente atribuido a las mujeres. Para que se tenga una idea de la fuerza de la jerarquía sexual en la segregación de los contenidos mediáticos, Menéndez (2006: 19-20) propone un análisis de la clasificación de revistas de la Oficina de Información y Control de Publicaciones, entidad que vigila la tirada y difusión de los medios de comunicación en España. La clasificación «Revistas» de esta entidad se subdivide en «Información general» e «Información especializada». Dentro de «Información Especializada», hay un numeroso repertorio temático que incluye 30 categorías. Las revistas femeninas están incluidas en este listado, al mismo nivel de temas como «Animales de Compañía», «Deportivas y Ocio», «Eróticas» o «Satíricas» (Oficina de Justificación de la Difusión, 2011a: 33-34).
959 Lo más interesante es que, en esta relación de publicaciones, no hay la categoría «masculinas», a pesar de que existen en el mercado algunas publicaciones con nombres que explicitan su público objetivo, como Gentleman («Caballero»), Man («Hombre») o Men’s Health («La Salud de los Hombres») (Menéndez Menéndez, 2006: 20).Todos estos títulos, curiosamente, aparecen en el apartado «Estilo de Vida» – ya que el sujeto, como decía Beauvoir, es el varón. De esta manera, notamos una innegable incoherencia a la hora de definir los sectores de la prensa a partir del sexo de la audiencia y, como consecuencia, una importante dificultad para definir qué es prensa femenina. Sin embargo, este es el status quo de las revistas femeninas y es sobre este sector que trataremos en la presente exposición, donde nos enfocaremos en los títulos de gama alta considerados tradicionalmente femeninos por la Oficina de Justificación de la Difusión, como las que tratan sobre todo de moda, belleza y relaciones personales. LA PRENSA FEMENINA Y EL EMPODERAMIENTO Como hemos mencionado, muchas revistas femeninas usan el concepto de empoderamiento en sus contenidos y en su estrategia de mostrarse como instrumentos que contribuyen a empoderar a las mujeres. Un ejemplo es la francesa Marie Claire, que se describe a sí misma como "una autoridad global del estilo con 35 ediciones internacionales que empodera a 15 millones de lectoras para que adopten su estilo individual todos los meses" (Marie Claire, 2011, traducción propia). Otra publicación internacional que utiliza la idea de empoderamiento en su misión es la estadounidense Glamour, líder de ventas de la prensa femenina española de gama alta (Oficina de Justificación de la Difusión, 2011b). Dice la revista: “Somos a menudo optimistas, siempre inclusivas, más allá de empoderadoras y sabemos siempre separar lo que se debe hacer de lo que no” (Glamour, 2011, traducción propia).
966 el uso que hacen esas publicaciones de un concepto como el del empoderamiento, tan significativo en el ámbito de las políticas de igualdad. A MODO DE CONCLUSIÓN Como hemos dicho, en la prensa femenina actual existe una innegable tendencia de emplear el término empoderamiento y/o las ideas relacionadas con este concepto, ya sea en los media kits de las publicaciones o en sus contenidos. Su incorporación al lenguaje de esas publicaciones puede ser entendido como una consecuencia de la larga y exhaustiva difusión que el mismo ha tenido gracias a investigadores/as y activistas involucrados/as en los Estudios de Género en las últimas décadas, sobre todo tras la Conferencia Mundial de las Mujeres en Pekín. Pese el hecho de ser utilizado a menudo por las editoriales, el empoderamiento femenino parece ser interpretado por las revistas de una manera muy distinta a la definición que se plantea desde lo que consideramos su cuna, es decir, las Teorías de Género. Su significado, según la mayoría de los/las teóricas de esta área de estudios, está basado en dos aspectos que se interrelacionan mutuamente: la ocupación por las mujeres de todas las esferas sociales y la toma de conciencia del poder que individual y colectivamente ostentan. Las revistas femeninas parecen haberse mantenido lejos del significado teórico de este término, puesto que sus contenidos no coinciden con los dos puntos claves arriba mencionados. Más de la mitad de las páginas de las revistas que hemos analizado son dedicadas a la moda y la belleza, un dato que indica que estas publicaciones no demuestran un gran interés en fomentar en sus lectoras intereses que vayan más allá de la obsesión por mantenerse bellas. Por tanto, estas publicaciones no parecen preocuparse en que las mujeres ocupen todas los ámbitos de la sociedad. Asimismo, hemos observado una cantidad poco expresiva de artículos que tal vez podrían impulsar la toma de conciencia del poder que individual y colectivamente ostentan las mujeres. El mismo lenguaje utilizado por esas publicaciones no lo promueve, al menos colectivamente. La insistencia en la "intimidad", en asumir el papel de una amiga en la que la lectora puede confiar, es una acción que, como hemos comentado más arriba, esconde y fomenta -consciente o inconscientementela idea de que las mujeres no se identifican y quizá no deban identificarse como un colectivo. Además de no corresponder a la definición de empoderamiento que defienden las Teorías de Género y los planteamientos hechos en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en Pekín, la prensa femenina no demuestra estar en conformidad ni siquiera con las responsabilidades que debería tener según propone la Plataforma de Acción aprobada en ese evento, sobre todo en el eje J, que trataba de la mujer en los medios de comunicación. No está de más recordar que, de acuerdo con el documento, los medios de comunicación deben fomentar una imagen equilibrada y no estereotipada de la mujer. No obstante, como hemos observado en los análisis que hemos
967 hecho, las principales publicaciones dedicadas al público femenino no reproducen en sus contenidos los diversos estilos de vida de las mujeres ni tampoco sus aportaciones a la esfera pública de la sociedad. En 1995, las Naciones Unidas ya alertaban que la tendencia mundial al consumismo había creado un clima en el que los anuncios a menudo presentaban a la mujer estrictamente como consumidora -una situación que, como hemos visto, la prensa femenina siempre ha mantenido y sigue manteniendo. Y esto pese a haber incorporado a su discurso el concepto de "empoderamiento", que ha surgido en ámbitos que defienden la igualdad de género. De acuerdo con los resultados iniciales de los análisis elaborados para nuestra tesis doctoral, las revistas femeninas fomentan el consumismo entre sus lectoras, utilizando para ello la obsesión por mantener un rostro joven y un cuerpo delgado y conseguir un guardarropa lleno de novedades. Por tanto, al difundir de manera silenciosa la idea de que las revistas empoderan y que, por consiguiente, sus lectoras son mujeres empoderadas, la prensa femenina está proyectando una identidad femenina basada en su poder de consumir, sobre todo productos de moda y belleza. Porque, según estas publicaciones, una mujer empoderada sólo lo es si lleva las prendas y el peinado que están de moda o si está pendiente de todas las novedades cosméticas. Por consiguiente, el ocupar todas las esferas de la sociedad -sobre todo la públicay el estar conciente de su propio poder personal -que es la definición de empoderamiento planteada por los Estudios de Génerono convertirían una mujer en una persona empoderada. Así, hemos confirmado lo que sostiene Lipovetsky cuando dice que la valoración de la belleza femenina confiere mayor peso al éxito íntimo que al éxito organizacional y, por tanto, sigue apartando a las mujeres del asalto a las cumbres, es decir, de su propio empoderamiento (1999: 142). Sin embargo, la imagen de empoderadas que adquieren las lectoras de revistas de gama alta - un público de clase media o media altala puede influir poderosamente en nuestro imaginario colectivo, convirtiéndose en la misma definición de empoderamiento. Tal vez por esto no se tenga en cuenta este grupo de mujeres cuando se lleven a cabo proyectos o investigaciones que fomenten el empoderamiento femenino. De hecho, éstos suelen tratar solo de mujeres en situación de exclusión en países empobrecidos. Entendemos que, en una situación de pobreza, en la cual las personas afrontan enormes dificultades todos los días para apenas sobrevivir, es bastante difícil poner en marcha planes de igualdad de género sin garantizar algunos derechos básicos, como salud, educación y trabajo remunerado. No obstante, defendemos que dos aspectos deberían ser considerados aquí. El primero es que, como afirma Rowlands, en un ámbito desposeído de suficientes recursos materiales también puede nacer la resistencia al poder basado en la dominación (1997: 221). Por tanto, incluso en estos casos las mujeres podrían empoderarse si se unieran por un objetivo bastante específico. El segundo aspecto es la reflexión sobre qué ocurre en sociedades de mayor poder adquisitivo. ¿Por qué se da por hecho que las mujeres de dicho contexto están empoderadas? Nos parece cuestionable restringir la necesidad de empoderamiento de las mujeres a ciertos contextos sociales o a países empobrecidos, puesto que ello indica que empoderarse es algo que solo lo
968 necesitan las personas con pocos recursos materiales. ¿Qué pasa, sin embargo, con las mujeres cuya función social -según lo que, como hemos señalado, fomentan las revistas femeninases la de consumidora o la de superwoman, y que, por tanto, no ven reflejadas en estas publicaciones su condición de trabajadoras, políticas, gobernantes, empresarias, investigadoras, en fin, de personas que ocupan puestos cruciales en el ámbito público de la sociedad? ¿Es a la ocultación de estos papeles lo que llaman empoderamiento las revistas femeninas? Así, teniendo en cuenta las recomendaciones de la Plataforma de Acción de la conferencia de la ONU, proponemos que se visibilice más el papel de la prensa femenina a la hora de construir la imagen de la mujer, sobre todo cuando este trabajo resulta en la creación y la difusión de un ideal de mujer empoderada. La prensa femenina posee una innegable importancia económica y de construcción de modelos, pero frecuentemente es relegada a una posición secundaria, dado que su audiencia sigue siendo considerada poco relevante. Como dice Menéndez Menéndez, el interés entre el cuerpo investigador y académico en cuanto a las mujeres como audiencia aún es bajo, a pesar de las elevadas cifras de negocio que mueven las revistas dirigidas a ellas (2006:35). Si queremos mejorar la representación de la identidad femenina en las publicaciones dedicadas a las mujeres y, así, contribuir con el cumplimiento de la Plataforma de Acción de la Conferencia de Pekín, lo primero que hay que hacer es rechazar los prejuicios y acercarnos a la prensa y a la audiencia femenina como objetos de estudios. Asimismo, creemos en la necesidad de cuestionar el concepto de empoderamiento planteado por los Estudios de Género como algo restricto a ciertos contextos sociales o a países empobrecidos, cuando serviría como una estrategia común a todas las mujeres. Mientras estos dos cambios de entendimiento no ocurran, seguiremos contribuyendo para que el único sector dirigido exclusivamente al público femenino desvincule sus lectoras de una realidad en la que pueden ocupar -y de hecho ya ocupenlos espacios públicos y de toma de decisiones y, encima, lo hagan bajo la apariencia de herramientas empoderadoras. BIBLIOGRAFÍA Asociación de Revistas de Información (2010): La Revista. Disponible en http://www.revistasari.es/attachments/226_ARI%20La%20Revista%202010.pdf [consultado el 20 de diciembre de 2011]. Ballesteros, Sonia (2010): "Aprende a ser una líder", en Marie Claire, Nº 270, marzo (48). Beauvoir, Simone de ([1949], 2000): El Segundo Sexo: Volumen I: Los hechos y los mitos, Cátedra, Feminismos, Madrid. Comisión Europea (1998): 100 palabras para la igualdad. Glosario de términos relativos a la igualdad entre hombres y mujeres. Dirección General de Empleo, Relaciones Laborales y
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