Segunda parte de La moral de Séneca
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SEGUNDA PARTE DE LA MORAL DE SÉNECA EXTRAIDA DE SUS OBRAS Y TRADUCIDA DEL FRANCES AL CASTELLANO POR D. Enrique Ataide y Portugal. TOMO OCTAVO.Biblioteca PixeLegis. Universidad de Sevilla. CON LICENCIA. En Madrid, en la Oficina de AZNAR. AÑO M.DCCC.III. • Se hallará en la Librería de Castillo, frente á las gradas de S. Felipe.
lo SI lig dos efe de
[ s MORAL DE SÉNECA. L a moral aprovecha mas quan„ do se insinúa en el alma por pensamientos sueltos : aquellos discursos de aparato pronunciados en presencia de un pueblo numeroso , hacen mas ruido , que efecto. La filosofía es el consejo del hombre ; y los consejos no se dan á gritos. I I. Los compendios son mas necesarios para los que empiezan, porque instruyen ; y los suma - A 3
E ríos mas cómodospara los sa- , bios , porque llaman las especies. I. El reconocimiento que tenernos á nuestros preceptores , lo debernos á aquellos instituidores del género humano, que nos han abierto el camino de la felicidad. Qué herencia han dexado á los hombres ! Quiero tomar posesion de ella : para mi ha sido lo que adquirieron , y para mí trabajaron. Pero obremos como buenos padres de familia ; aumentemos nuestro patrimonio , y no lo transmitamos sin usuras á nues.- tros nietos. Mucho falta todavía, y faltará que hacer : en mil siglos faltará todavía alguna piedra al edificio. Pero aun guando
)e. C 7 los antiguos lo hubieran descubierto todo , la aplicacion , el conocimiento y la colocacion de estos mismos descubrimientos , serian siempre objetos nuevos. De una cabaña puede salir un héroe ; y el alma mas bella, de un cuerpo diforme y estropeado. Me parece que la naturaleza ha producido expresamente algunos hombres para probar que la virtud nace en todas partes. La vida mas larga no es siempre la mejor ; y la muerte mas lejana , es siempre , la mas desagradable. A4
E8 VI. El que consiente vivir (pando está previendo que dentro de tres ó quatro dias tendrá su, enemigo el poder de quitarle la vida , trabaja verdaderamente para otro. V ‘ 1 1. La memoria , así como los libros que han estado mucho tiempo envueltos en el polvo, exíge que la desarrollen de tiempo en tiempo ; es preciso , por decirlo así , sacudir todas sus hojas , á fin de tenerlas prontas guando se necesiten. VIII. Qualquiera que piensa en recibir , olvida que ha recibido.
hc [ 9] El mayor T al de la codicia , esla ingratitud. Añádase á esto, que de todos los hombres que hacen papel en el estado , no hay uno que no mire mas bien á los que se le han adelantado, 'nue á, los que dexa atrás : les es menos desagradable el ver una tropa que los sigue que les es importp_no el ver que alguno los, precede. El vicio de todo ambicioso , es no mirar atrás : la ambicion no es la solapasion sin limites ; todas son lo mismo , porque todas comienzan por el fin. I X. Se engañan los que pienstn que los filósofos de buena fe sean unos hombres descontentos, sediciosos , despreciadores de las
[ o leyes , de los magistrados , y todos aquellos #ue presiden la pública administracion. Por el. contrario , nadie es mas reconocido que ellos á las personas de dignidad ; y con tanta mas razona corno que no hay ciudadanos por los quales , los que tienen las riendas del gobiernoL, trabajen mas que por los filósofos , á quienes hacen gozar de las dulzuras del reposo. Hombres á los quales la seguridad pública procura un facil acceso hácia la sabiduría que ellos buscan , se forman una obligacion de honrar como á un padre , al autor de un bien tan grande , y le aman mas sincéramhte , que aquellos cortesános inquietos puestos en medio del tumulto , que todo lo deben á los Príncipes , y aun los creen
deudores , y á los que jamás pue= den satisfacer la codicia por mas. y mas que extiendan las liberalidades , porque aquella va creciendo á medida que se la satisfáce. El sabiopiensa , pues , en aquel á quien debe el usufruto de aquellos bienes que le dispensan de guardar los muros , de los tributos de la guerra , y de todas las demás cargas que impone la obligacion de ciudadano ; piensa en todas estas obligaciones , y dá gracias al Pilo- to que lo conduce. Sobre todo, la filosofía es la que enseiia á agradecer un beneficio ,y á conocerlo ; y alguna vez es pagarlo, el confesarlo: El sabio confesará, pues , que debé mucho al hombre vigilante , cuyos desvelos y
18 guir la propria grandeza , de la que es prestada. X IX. Habiendo sido hecho prisionero un jóven Lacedemonio en una tierna edad , gritaba en su lengua dórica : "No , yo no se- !, re esclavo." Cumplió su palabra , porque la primera vez que quisieron exigir de él una accion servil y baxa , se estrelló los sesos contra una pared. Como se encuentran hombres que consientan en ser esclavos , teniendo la libertad en la mano ? X X« Pasando Cesar un dia por la via latina , sp le acercó un soldado de su guardia , el qual , besándole la barba blanca que le
[ 19 caía sobre el pecho , le pidió la muerte. ¿ Pues qué vives tú? le dixo el Príncipe. La misma respuesta había de darse á todos esos hombres , á quienes la muerte sería un consuelo. ¡ Tú temes el morir ! ¿ Pues qué vives tú ? XXI: La vida sería penosa en una continua floxedad si fuera necesario renunciar todo aquello que puede no tener efecto. XXII. Los sentimientos del bienhechor deben arreglar los del`deudor : no ha de pesarse el 1?eneficio , sino la intencion. B 2
[ 20] XXIII. Es un error de los ingratos, el creer que el usufruto de un beneficio debe ser gratuito, mientras que ellos pagan á sus acrehedores intereses , sin perjuicio del capital. Los beneficios tienen tambien sus intereses ; siempre hay mas que pagar guando se paga mas tarde. Hay cierta ingratitud en volver un beneficio sin sus rentas atrasadas. XXIV: Nada hay mas cornun , que el hallar gentes que miran como imposible todo lo que no pue- •dén hacer ; que nos acusan de -que damos preceptos demasiado - duros ; que tenemos un lenguage cansado', y nada propio pa-
t 2I] r el gé'nero humano e l a, Quanta.. mejor idea tengo yo de ellas ! Todo lo que nosotros decirnos,. pueden ellas hacerlo ; pero no quieren. Que me citen un hombre cuyas tentativas hayan sido infructuosas , y que no haya encontrado núestrospreceptos mas faciles en la practica. El no atrevernos -á experimentarlos , no consiste en que ellos sean dificiles , sino que se' hacen dificiles porque no los ex— perimentamos. Nosotros defendemos nuestros vicios , porque les somos afectos ; y mas bien queremos disculparlos ,que arrojarlos. La naturaleza da al hombre' fuerzas bastantes-. si quisiera va , lerse de ellas , para reunirlas y servirse de ellas en su defensa, á' á lo menos , para no abusar y. E3
[ 221 perderse. El defecto de voluntad, es la verdadera razon ; y el defecto de poder , es el pretexto. X X V» La justicia no es toda para provecho de los otros , como lo creen ordinariamente : la mayor parte de las ventajas que procura, refluye sobre ella. Lo mismo sucede con la beneficencia , porque haciendo bien á los otros, se lo hace uno á sí mismo. XXVI. Solo la parte mas débil y nias ligera de la maldad , es la que resalta en los otros : lo peor. que ella tiene , y por decirlo así, lo mas espeso , queda en eJ fondo del alma del malo y sirve para ahogarlo.
E 3] XX V I I e La lectura es el alimento del espíritu': ella le hace descansar de las fatigas del estIrdio , aunque ella misma es un estádio. No hay que ceñirse unicarnente á escribir Q leer : la una de estas ocupaciones entristece y consume ; hablo de la composicion; y la otra aficka y relaxa el espíritu. Es menester hacer lo uno y lo otro alternativamente : mutuamente deben servirse de correctivo : lo que la lectura ha recogido , la composicion debe compilarlo: xxvIrr. Subsistió una union inviolable entre los hombres , hasta el B
C 24 tiempo en que la avaricia llegó á romper los vínculos de la sociedad , y se hizo un manantial de pobreza para aquellos mismos á quienes había enriquecido. No hubo posesion segura sino guando las posesiones eran comunes; y todo se dexó de poseer , guando se empezó á aspirar á la propiedad. XXI-X. La virtud no es un 'presente de la naturaleza : es un arte el hacerse virtuoso. Los primeros• hombres no lo eran sino por la ignorancia del mal. Pero hay , una \ gran diferencia entre no querer, el mal , y no saberlo hacer. X X X. Meceno dixo muy bien:
[251 $, no curo de mi tumba ; la na- ,1 turaleza tiéne cuidado de se- , Multar los cadáveres. olvidados," Se creera que esta máxima es de un estoico. xxxr. • ¿Quál es el hombre que pueda creerse inocente,,, con respec-:. to á todas las leyes? y guando así fuera , quán limitada no es una virtud que se reduce á la observancia de la ley ! Quanto mas estendida no es la esfera de los, deberes , , que la del derecho! Quantas cosas el afecto natpral, la humanidad, la liberalidad, la justicia y la buena fé no exigen, de las qualesTno mencion alguna las tablas de la, ley! .4-
[ 26 El hábito inspira á lo largo el amor del vicio , así como el de la virtud. XXXIII. El encono de la mayor parte de los hombres , no es contra los defectos , sino contra los que los cometen. X X 2a. V. Quantas gentes mienten para engañar ! y quantas otras porque han sido engañadas ! XXXV. Si dice gue es hombre de bien el que te ha hecho una injuria , no lo creas , porque es un malvado ; no te espantes de
[ 27] esto. Otro le castigará por ti, y aun él mismo se ha castigado ya con el mal que ha hecho. XXXV I. No resulta la misma gloría de pagar las injurias con injurias, que de pagar los beneficios con beneficios : al contrario , es tan vergonzoso excederse en el primer caso , como lo es el quedarse atrás en el segundo. La venganza es contraria á la humanidad , aunque conforme en la apariencia á la justicia , y solo se diferencia del ultrage en el or— den del tiempo : el que se venga , no consigue otra ventaja que la de hacer mal de un modo mas excusable.
[ 34 los. Una sola cosa puede darnos la tranquilidad ,yes un tratado de mutua indulgencia. XLVII. No hay felicidad para aquel que atormenta su idea con una felicidad mayor. Considera mas bien la multitud que te sigue, que el pequeño número que te precede. Cuando alguno se nos adelanta , no pensamos en la multitud de desdichados que vienen arrastrando detrás de nosotros, envidiando nuestra fortuna. Tal es la injusticia de los hombres,. que aunque deudores de mucho, miran corno una injuria el haber podido recibir mas.
El dinero es quien sobrecarga la barra , con un montón de litigantes ; el que hace abrir los ojos al avaro ; el que enreda á los padres con los hijos ; el que ocasiona los venenos , y el que arma de la espada á los asesinos y á los legionarios : el dinero es el que vernos , mas freqüentemente rociado con nuestra, sangre; por él las noches entre maridos y mugeres son turbulentas , á causa de crueles disensiones ; y por él , todos andan apresurados al rededor de los Tribunales. Si los Reyes se hacen bandidos sanguinarios , y si trastornan lospueblos elevados por el trabajo de un gran número de siglos , es C 2
[ 3 6 por buscar el oro y la plata en las cenizas calientes de las Ciudades. L. El Pitagórico Sextio , al fin del dia , retirado á su alcova , hacía sufrir á su alma este interrogatorio : "¿De qué defecto te $9 has curado hoye ¿ Qué pasion 9, has combatido ? ¿ En qué cosa ›, vales mas ? " t Hay cosa mas loable , que el repasar así el dia ? Qué sueño el que sucede á este exámen Yo exerzo igualmente sobre mi esta funcion de Magistrado , y pleytdo todos los dias en mi propio Tribunal. Quando retiran la luz , y quan- -do mi mujer , instruida de mi costumbre , calla , hago la revista de aquel día ; repáso todas
C37'3 - mis palabras y todas mis acciones; nada me oculto , nada me perdono. ¡Eh ! porqué he de temer el confesarme mis faltas , guando puedo decirme : " Cuidado », , con volver á empezar , yo te 37 lo paso por esta vez. Tú has », manifestado demasiada terque- », dad en esta disputa. No te, Y, midas de hoy en adelante con los ignorantes. No se quiere ' 1 aprender , guando no se ha », aprendido jamás. Tú has re- » plicado á tal hombre con mas libertad que debias ; tú lo has exásperado en vez de corre- ', girlo : piensa en lo succesivo, >3 menos en si lo que dices es » cierto , que en ver si aquel á », quien hablas es capaz de, apro- », vecharse de una leccion útil la verdad no se debe decir si- e 3
[ 38 3 P ) no á aquellos que quieren cs- .', cucharla." Estemos en paz con nosotros' mismos , sin hacer caudal de la opinion : consintamos en que sea mala , siempre que merezcamos una buena. LIL El exceso de la dicha hace al hombre codicioso; jamás'nuestros deseos •están tan arreglados, que cesen en el momento de gozados ; los ' .4 votos van siempre' adelante, y r ia. adquisicion de un bien inesperado, solo produce las' mas locas esperanzas. El afecto delos vasalloses
E 39 .3 la guardia nocturna que defiende el sueño de un Príncipe ; sus personas forman un terraplen al rededor de la suya , y un muro siempre elevado entre su persona y el peligro. L IV. La crueldad en los particulares hace poco daño ; en los Príncipes no se diferencia de la guerra. L V. Qué cosa hay mas loable que un Príncipe , que poniendo freno á su cólera , se dice á sí mismo : i No hay nadie que no pueda matar contra la ley ; yo soy el solo que puede salvar ápesar de ella! C4
C 40] IVI. La vida puede quitarse al superior ; pero no puede darse sino al inferior. LVII. Jamás tenemos mas dificultad para acordar un perdon , que guando nos hemos visto freqüen-- temerte en el caso de solicitarlo. LVIII._ En el hombre que lo puede todo , se mira menos lo que ha hecho , que lo que habría podido hacer. LIX. Demasiadas gentes hay que se encargan de la cólera del Prin-
[413 cipe, y que le hacen la corte con la sangre de otro. L X. El tirano no mira sin sobresalto los brazos mismos , á los quales se ha confiado: su precaucion es para él un terror mas. Quiere ser temido po'rque le aborrecen ; y no sabe que el ódio llevado al extremo , se convierte en furor. Un temor moderado detiene el valor ; pero qua* es continuo , vivo , y acompañado del quadro de los suplicios , releva las almas abatidas , y las lleva á intentar todo recurso. Es menester que el temor dexe alguna seguridad y haga divisar mas esperanzas, que peligros , sin lo qual , si en ello hay el mismo riesgo estando nazi-
[42] quilos entonces se quiere mas bien arrostrarlo, y conspirar contra la vida del tirano. LXL Un Príncipe , cuya acogida es afable, y de facil acceso , cuyo exterior hace por ganar al pueblo , y anuncia la beneficencia, que defiere á las súplicas equitativas , y se niega á las pretensiones iniquas : un Príncipe semejante , es amado , defendido , y respetado de toda la república. Se habla de él en las conversaciones particulares , en el mismo tono que en las asambleas públicas. Báxo su imperio se desean hijos ; la esterilidad , compañera de los males públicos , desaparece : cada uno cree esperar mu.4
43 cho de sus hijos , naciendo en un siglo tan dichoso. Un Príncipe semejante , está cust¿diado por sus beneficios , sin necesidad de satélites ; y las armas le sirven solo de adorno. LXIL Los títulos de grande , feliz, augusto, padre de la patria, &c. todos los sobrenombres , en fin, que prodiga la lisonja tan baxamente á los Soberanos , no son otra cosa sino títulos honoríficos. LXIII. El que condena prontamente , está bien cerca de condenar con gusto : el exceso de severidad , se parece mucho á la injusticia.
[ so to por nuestras propias lisonjas, quanto por las agenas. LXXVI II. El reposo y las ocupaciones del retiro son incompatibles con el gusto de los negocios públicos , con la necesidad de obrar, y la inquietud natural , que es su conseqüencia. Poco consuelo encuentra uno en si mismo , pri:- vado de los placeres momentaneos que la misma ocupacion procura á las géntes de negocios ; no -nos acomodamos con nuestra casa , con nuestra soledad , con nuestra prision de aquí. procezde aquella displicencia , 'aquel disgusto de sí mismo , aquella rotación continua de un espíritu que no puede fixarse ; \en fin, el dolor y la amargura de un la n
[ I retiro involuntario. El colmo de la desgracia es , que no nos atrevemos á confesar nuestro mal, porque la vergüenza sepulta las 'quejas. en lo interior del alma. L XXIX.' La ociosidad engendrada de la desgracia , alimenta continuamente la envidia ; se desea la caida de los otros , porque, uno mismo no ha podido elevarse. LXXX. No somos solamente útiles á la patria , defádiendo á los acusados , y opinando por la paz ó por la guerra. El hombre que instruye á la juventud , que la inspira el amor de la justicia , la D 2
[ 52] paciencia , el valor , el desprecio de la muerte ; que en la necesidad en que vivimos de „ yreceptos saludables , forma las almas para la virtud ; que en cogiendo y parando en su carrera á los aváros y libertinos , retarda á lo menos su caída por algun tiempo ; un hombre semejante hasta en una condicion privada , trabaja en beneficio del público. "'XXX I. En medio de las facciones y de las cabalas de la ambicion, entre aquella tropa de calumniadores que emponzoñan las mas honestas acciones , corre mucho riesgo la rectitud ; porque encuentra mas obstáculos , que medios para acertar.
C53] LXXXII. El tiempo es un bien , del qual somos , ó aprovechados pródigos : los primeros se hallan en estado de dar cuenta de su empléo , y á los segundos no les queda con que justificar su pérdida ; y así nada encuentro tan vergonzoso , como un viejo que no tiene otras pruebas de haber vivido largo tiempo sino su edad. LXXXIII. Es preciso hacer reflexion sobre las empresas que intentamos, y comparar nuestras fuerzas con nuestros proyectos : el poder debe ser siempre mas fuerte que la resistencia. D 3'
C 54 3 LXXXIV. Ñada hay mas delicioso que una amistad dulce y fiel. Qué fortuna es la de hallar un hombre , en cuyo seno podamos depositar seguramente todos nuestros secretos , y con cuya discrecion contemos aun mas que con la nuestra ! ¡ Un hombre, cuya conversacion alivia nuestras inquietudes , cuyos avisos , nos deciden á abrazar el partido mas sabio , cuya alegría disipa nuestra tristeza ;yen fin , cuya sola vista nos alegra ! LXXXV. La verdadera medida de la riqueza , es no estar muy cerca ni muy lejos de la pobreza.
X55} LXXXVI-. Sin economía no hay riquezas bastante grandes; y con ella no las hay demasiado pequeñas. LXXXVII. Todos los estados son otras tantas esclavitudes. Es preciso acostumbrarse á su suerte , quejarse de ella lo menos que sea posible , y aprovecharse de tols das las ventajas que puedan acomes. pañarla. No hay condicion tan dura , donde la razon no; halle so. algun consu'elo. La inconstancia es entre los vicios el mayor enemigo del reposo. D 4
s6 LXXXIX. Son dos excesos igualmente contrarios á la felicidad , la imposibilidad de mudar , y la de fiarse. X C. Es menester acostumbrarnos á no mirar como negros , sino como ridículos , los vicios de la multitud :, mas vade e imitar á Demócrito , que no á Heráclito. No veamos sino la mitad de los , y soportémosles con indulgencia. Mas humanidad hay en burlarse de los hombres , que en gemir por ellos. Añádase, que les es mas util : el que rie de- y a á lo mehos alguna esperanza,
[ s7 7 . porque no ve en todo este aparato de la vida humana , nada importante , nada grande , y nal. , da que sea serio. Sin embargo, mas vale ver sin emocion las costumbres públicas y los vicios dé los hombres , sin reír ni llorar. Chasco se lleva uno en ator- ; mentarse por los males de los otros ; y hay humanidad en divertirse con ellos. X C I I. La mayor parte de los hombres vierte lágrimas para manifestarlas : ellos tienen los ojos enxutos guando no hay testigos, y se creerían deshonrados de no llorar, guando todo el mundo llora. La mala costumbre de arreglarse á la opinion está de tal modo arraygada , que se contra-
[ 58 hacen hasta los sentimientos mas naturales , quiero decir , el del dolor. XLIII. 'Pensemos en n6 imitar los rebaños que siempre siguen la fila , y en no caminar hácia lo que mas presto vemos , sino á donde debemos ir. La raiz de nuestros mayores males es, que nos arreglamos á las voces públicas : no miramos como digno de nuestra estimacion , sino aquello que tiene la pública estimacion , y lo que está autorizada con un gran número dé exemplares ; y así no vivirnos con arréglo á los principios de la razon , sino imitando á los otros ; de lo que resulta , el que caemos los unos sobre los otros.
59 XC I V. Jamás uno solo se extravía, pero es el autor y la causa de los extravíos de otro. X C V. Jamás dexa de traernos utilidad el seguir la multitud. Me.-- jor queremos creer , que juzgar, porque á veces vivimos sobre la fé de las palabras , en lugar de consultar la razon : nosotros somos los juguetes y las víctimas de los errores trasmitidos de boca en boca ; y los exemplos agenos nos pierden. Para curarnos de esta dolencia , es menester huir el tropél. El género humano no es tan dichoso, que el partido mas sábio sea el del ina.-
[66] mero de Remeros de Ulises : disputaban pata saber si la lijada se habip, compuesto antes qué la Odiséa : si estos dos poemas eran de un mismo autor ; y otras muchas cosas de este jaéz , que den saberse sin ser por ellas interiormente mas dichosos ; y publicarse sin ser , 'ni mas molesto, ni mas instruído por ello. C X. Lo que no se hiere , no es invulnerable , sino lo que no puede herirse. CX I. Los grandes fenómenos , y todo lo « que se aleja del paso comun y ordinario de las cosas, no se dexan ver freqüentemente.
[ 67) /cm. La avaricia arrebata á los ,otros para escasearse á sí misma. CX II I.• Luego que el sabio echa desde lo alto una ojeada sobre la tierra , se dice á sí mismo : ¡Véase ahí el punto que tantas naciones se disputan con el fuego y con la espada 1 Todos esos grandes movimientos son excursiones de hormigas que se hallan demasiado estrechas. La diferencia de ellas á nosotros , es la de dos átomos mas . pequeño el uno que el otro. C XIV. Agripa , hombre de valor , el qual fué entre todos aquellos á E 2
:[ 68 ) quienes las guerras civiles atraxeron poder y celebridad , el único dichoso contra la República , tenia costumbre de decir:, que debía mucho á esta máxima: La concordia aumenta las pe- ,' quenas cosas , y la discordia Y, arruina las mas grandes ;" y que ella era la que le había' hecho buen hermano y buen amig es• La virtud tiene su parte especulativa , y su parte práctica; por consiguiente, es menester instruírse , y confirmar con las ac- -ciones lo que se ha aprendido. C X V e Se vive diferentemente para el pueblo, y para sí. El retiro no ús en sí mismo una escuela de inocencia , ni el campo una es-
a. el 1 • ir, la: la Y (1; [ 691 cuela de frugalidad ; pero guando no hay testigos ni expectadores , los vicios, cuya recompensa es el manifestarse , calman insensiblemente. No somos magníficos para nosotros mismos , ni aun para llamar la atencion de un pequeño número de amigos familiares. En quitando al hombre la representacion , se le quitan los deseos. La arnbicion el luxo y la prodigalidad piden un teatro; ocultarlas , es curarlas. C X V I. Las desgracias nos hacen mas sabios : se diría que el buen juicio y la buena fortuna son incompatibles ; la prosperidad quita al hombre el juicio. E 3.
[701 cxvir. Es estudiar la filosofía en la' práctica , y exercitarse báxo los ojos de la misma virtud , el ser testigo de las ideas de un hombre sabio sobre la muerte y el dolor , guando la una se acerca, y el otxo nos toca. Del hombre que obra es menester aprender á obrar. No sufre pacientemente por la esperanza de la muer- . te ; ni por el enójo del dolor muere con resignacion : él sufre la una , y espera el otró. CXVIII. Se encuentran hombres que nacieron con dicha , y á los quales han sido favorables las cir-
[71 constancias , porque sin un largo estúdio llegaron por si mismos á un estado , que ordinariamente no es otra cosa que el fruto de las lecciones , por lo qual contraen la virtud desde el primer momento de presentarsela. Estas almas codiciosas de virtud , se fecundan , por decirlo así , ellas mismas ; pero las que son menos fuertes y menos activas ó que por largo tiempo se han visto rodeadas de exemplos contagiosos, han contraído ya un orín , que no puede limpiarse sino con una larga . frotacion. Los dogmas de la filosofía pueden hacer llegar mas prontamente los primeros á la perfeccion , y facilitar el camino, á los mas débiles , haciendo que se desprendan de sus opiniones depravadas. E 4
C X I X. Crispo Passieno , ingenio el mas "sutil que he conocido , sobre todo para distinguir y curar los vicios decía , que ponemos algunas veces la puerta entre la lisonja y nosotros ; pero que nunca la cerramos. Añadia , que tratamos la adulacion como una dama que nos gusta guando llama á la puerta , y mucho mas quangdo la echa abáxo. C X X. No hay nadie que no permita ser alabado de una virtud, cuyas pruebas son públicas.
173 3 C X X I. Menos cuesta el aumentar en dignidades , que el empezar á elevarse. Lo mismo sucede con las riquezas : ellas residen largo tiempo al rededor del pobre antes de sacarle de la indigencia. Qué locura es la de disponer de la propia vida, no siendo duefios del dia de mafiana! ¡ Qué demencia la de extraviar su esperanza en un futuro incierto s ! Yo compraré , yo construiré , yo colocaré , yo percibiré, y obtendré honores ; en fin , yo pasaré con quietud una ve j ez fatigada y satisfecha de
[ 74 placeres. No contemos con mañana ; quedemoslolventes todos los días con la vida. En siguiendo este plan , se goza de la seguridad. Pero guando se vive en la esperanza , se dexa siempre escapar el tiempo que se tiene en la mano ; nos hallamos atormentados, por el deséo de la vida , y pór el temor de la muerte, que es la ponzoña de todos los bienes. C X XI I I • El arte de adquirir y el de conservar , son dos medios que, tomados separadamente , pueden cada: uno hacer opulento á un hombre. CX XI V. ¿A qué sirve el atravesar las
C 753 mares, é ir de pueblb en puebla? Para substraeros de vuestra pobr t eza , habeis de ser otro , y no estar en otra parte. Supongo que llegais á Atenas , á Rodas ó á quo pueblo que elegís : qué importan las costumbres que allí encontrais , si allí llevais las vuestras C X X V. La celebridad no pide esencialmente gran número de votos, porque sabe contentarse con el de un solo hombre de bien : un solo hombre virtuoso , basta para juzgar á todos los hombres virtuosos ; pero para la gloria y la reputacion , la opinion de ten solo hombre no basta : estas exigen el acuerdo de una multitud de hombres. En elprimer caso,,
C82) >Y mortal menos indigente , es », aquel que menos desea. Se de- ,' ne todo lo que se quiere , quan- !Y do no se quiere sino lo suficien- y: te." CXXXII. No_ busques en la justicia otra recompensa , que la de ser justo. Indiferente es que muchas gentes conozcan tu. equidad : qualquiera que quiere hacer su virtud pública , no traba- ja para la virtud , sino para sí mismo. Tú no quieres ser justo sin gloria ; pero te verás obligado freqüentemente á serlo con infamia : entonces , si eres verdaderamente sabio , la mala reputacion adquirida por medios honestos , tendrá para ti mil atractivos.
1 sl Sto 83 CXXX III. La ignorancia de las causas hace los efectos mas terribles, y lo raro de los fenómenos les aumenta el asombro. Con las desgracias comunes nos familiarizarnos ; pero los acaecimientps extraordinarios inspiran mas terror. ¡ Eh ! ¿ por qué hay para nosotros cosa alguna extraordinaria? Es porque vernos la naturaleza sin adivinarla ; no pensamos sino en lo que hace , y no en lo que puede hacer. Nuestro miedo es, pues , el castigo de nuestra negligencia, y tememos como nuevo lo que solo es extraordinario. Supuesto que la ignorancia es la causa de nuestros sustos , la exéncion del miedo merece la pena de instruirse. F 2
CX XXI V. El lenguage de los hombres, dice un proverbio griego , fué 'siempre conforme á su vida. Así como las acciones de cada individuo son confohnes á sus discursos , y 1a pintura de las costumbres públicas , su estilo y su lenguage. Quando las costumbres de la sociedad se han corrompido y afeminado ; un lenguage poco castigado es la señal de la depravacion píiblica ; sobre todo, guando este defecto no se encuentra en uno ú dos individuos, sinoque se ha atraído la aproba-, don general. CX X X V. 1 ¿ Qué diferencia hay entre
[ 851 los muchachos que ,dan un: ,gran• valor á sus juguetes , y nosotros, sino que nosotros nos volvemos locos por quadros y estátuas , y que nuestras locuras son mas caras que las suyas ? CXXXVL Tú me preguntas cómo ha llegado hasta nosotros el primer conocimiento de lo que , es bueno y honesto : la naturaleza no ha podido daroosle ella ha sem brado en nosotros las semillas de las ciencias , mas no la ciencia misma. Me parece que este • conocimiento es - el resultado de las reflexiones , y de las compara-- clones que el espíritu háce por analogía entre las cosasque se han visto freqüentemente , y se F3
[ 86 han observado. Se sabía que hay una salud del cuerpo ; de aquí se ha concluido , que debe haber en él tambien una salud del alma : se conocían las fuerzas del cuerpo , y de ahí han inferido que había igualmente una fuerza de espíritu : se habían admirado á la vista de algunas acciones de bondad , de humanidad ó de valor , y comenzaron á mirarlas como modelos de perfeccion. CXX X VII, Nuestros antepasados erraban todavía al rededor de la verdad; todo era nuevo para unos hombres que hacían las primeras experiencias : nosotros hemos perfeccionado sus descubrimientos, y les debemos aquellos que tam-
[ 8 7 3 bien hemos hecho despees. Se necesitaba bastante valor para atreverse á separar el velo de la naturaleza , ir mas allá de la ojeada superficial que ella nos permite , y arrancarla sus secretos, por decirlo así. Es haber contribuido mucho al progreso de los descubrimientos , el haberlos creído posibles. Es , pues , necesario el escuchar á los antiguos con indulgencia : nada que comienza, es perfecto. C XX X V II I. El temor , aunque sea moderado , y no tenga otro objeto que una desgracia particular , debilita la razon ; pero guando el pavor es general , los espíritus se extravían. No es facil conservar el buen juicio en lasgrandes ca- F 4
C 881; lamidades ; el terror puede obrar con bastante fuerza en las almas tímidas , para hacerlas perder la razon. El espanto es una especie de locura ; pero en los unos , no produce esta pasion sino efectos momentáneos ; y en los otros, causa una turbacion mas violenta , que llega hasta la demencia. CXXXIX. Jamás se ven mas profetas, que guando un terror mezclado de supersticion conmueve los es- ' píritus. CXL. No todo lo que pertenece á la moral , constituye las buenas costumbres : una cosa tiene por objeto el mantenim r iento del
do [89] hombre, otra sus exprcicios , otra sus vestidos y otra su instrucdon ó su entretenimiento : to- . das estas cosas rítrtenecen al hom- , bre , aun guando no contribuyan á hacerlo mejor. Hay especulacionesque influyen diferentemente en las costumbres ; algimas sirven para arreglarlas y corregirlas ; y otras tienen por objeto el investigar su origen y naturaleza. Creéisque un filósofo pierde de vista la moral guando ex mina porqué la naturaleza ha hecho al hombre , y por qué lo ha colocado sobre todos los animales ? No, sin duda; en efecto , ¿ cómo se sabría las costumbres que el hombre debe tener , si no se conociera lo que le es mas ventajoso ; y en una palabra , si no se considerara su Ir s
[9o] naturaleza ? IN o se sabría lo que debemos hacer ó evitar , sino luego que se hubiera aprendido lo que se debe á la naturaleza. Llévese á bien que yo examine objetos que parece se apartan de la moral. Tratamos de saber si todos los animales tienen sentimiento , la conciencia de su estado natural ó de su constitucion. Parece que tienen este sentimiento , sobre todo por la destreza y prontitud con que usan de sus miembros; de suerte, que podría decirse que lo han aprendido : no hay uno que no se sirva con agilidad de las diferentes partes de su cuerpo , y que no execlite con la mayor facilidad los movimientos que le son necesarios. Ninguno de ellos mueve sus miembros con trabaira das al te
lo 5 le 1' e [ 91 3 jo , ni se halla embarazado en su uso : desde que nacen execucan al punto las funciones , á las quales son destinados ; ellos traen su ciencia guando vienen al mundo , y nacen enseriados. Se me dirá , tal' vez, que los animales mueven convenientemente las partesde su cuer- o , porque si los movieran de P otrd modo , experimentarian dolor ; y así , segun vos , se ven obligados, y es el temor , y no la voluntad , quien les hace moverse á propósito. Nada menos que eso : sus movimientos serian lentos , si se halláran constreñidos : la agilidad anuncia un movimiento espontáneo ó voluntario : bien lejos de que el dolor les fuerce á moverse , no es ca paz de detener los esfuerzos que
98 mas pequeño ? En esto parece que ellos tiénen un conocimien- to de lo que puede dañarles , sin que la experiencia práctica se lo haya enseriado : ellos se ponen en seguridad aun antes de haber experimentado mal alguno. Y no hay que creer que esto sea un efecto casual : ellos no temen sino los objetos que tienen razon de temer ; jamás pierden de vista este cuidado , y siempre evitan lo que les es pernicioso. Mas, viviendo , no se hacen mas tímidos ; lo que prueba , que no es el uso á la experiencia quien les dá el temor , sino el deséo natural de conservarse. La experiencia instruye lenta y diversamente : las lecciones de la naturaleza son uniformes y prontas. Cada animal se ocupa de su
99 3 conservacion ; busca lo que puede contribuir á ella , y teme todo lo que puede oponersele. La naturaleza le inspira repugnancia hácia todo aquello que le es contrario : todo lo que ella ordena, se hace sin reflexion y sin designio. ¿No se vé con qué industria construyen las Abejas sus do- , micilios , y con qué union maravillosa concurren á sus trabajos ? No es de admirar la tela de araña , que toda la ciencia del hombre no bastaría para imitarla? Con qué destreza dispone sus hilos! los unos son derechos para servir de apóyo á los otros; y los otros son circulares y juntos , á fin de coger los mas pequeños animalillos como en las redes. Este arte ,no se aprende, al nacer se tiene. G 2
[ Ioo De este modo , ningun animal es mas instruido que otro. En todas las arañas se ven las mismas telas ; todos los panales de miel tienen las mismas cavidades. Todo lo que el arte enseria , es desigual é incierto ; y todo lo que enseña la naturaleza , siempre constante y uniforme : ella no dá á los animales sino los medios de defenderse : véase por qué se hallan instruidos - desde que nacen. No nos sorprehendamos de que nazcan con los conocimientos , , sin los pules nacerían en vano. Éste es,e1 primer conocimiento , y el primer medio que naturaleza les dió para mantener su existencia y para amarla : ellos no habrían podido conservarse si no hubieran sido inclinados naturalmente á
[ ' o ' 3 ello : esto solo, no habría servido de nada ; pero tambien sin. esto , nada habría sido útil. C X L I. Una de las causas de nuestros males , dimana de que arreglamos nuestra conducta á la de los otros : no nos guiamos por la razon , y la costumbre nos arrastra.. Si pocas gentes hicieran una cosa , no trataríamos de imitarla ; pero luego que el gran número la hace, le seguirnos : ¡cómo , si porque una cosa se haga con freqüencia , será mas estimable ! Un error hechogeneral , toma el lugar de la recta razon. Los que se oponen á a , natu- G 3
[ IO2 raleza , parecen remeros que bogan contra la corriente. CXLIII. Para calmar el terror que inspiran las grandes revoluciones de la naturaleza , y asegurar al. hombre contra todos los peligros de esta especie , el valor es mas importante que la ciencia ; pero lo uno y\ lo 'otro están ligados. El verdadero origen del valor, son las artes liberales , y el estúdio y contemplacion de la naturaleza. CXLIV. Es natural al hombre el admirar mas bien lo nuevo , que lo grande.
C X L V. Entre los historiadores hay algunos que buscan la celebridad por la relacion de sucesos increíbles , y que temiendo que el lector se duerma con hechos comunes y diarios , lo despiertan con prodigios : los hay crédllos , y los hay negligentes : alguilos se dexan sorprehender de la mentiára , otros se complacen en ella; los unos no saben evitarla , y los otros como que van á buscarla. Se creía que los hombres mas peligrosos eran los que llevan consigo las calumnias ; pero hay hombres que llevan á cuestas los G4
[104 vicios : su conversacion es muy perjudicial ; aun guando no obre sus efectos en el momento , de- . xa siempre semillas en el ánimo. CXL VII. Los que han oído una sinfonia , llevan, en los oídos la melodía de, un canto agradable que oyeron , el qual les impide el pensar en objetos serios : lo mismo sucede con él lenguage de los aduladores , y con el de aquellos que alaban las cosas deshonestas ; su impresion nos ocupa mas tiempo que el que gastamos en oírlas. Es, pues, ,muy importante el cerrar los oídos á los malos discursos , y sobre todo,, guando empiezan ; porque desde luego que comenzaron, y nos
[105] tomamos la libertad de escucharlos , se hacen mas atrevidos. Entonces es guando llegan hasta decirnos , que la justicia, la virtud y la filosofía no son otra cosa sino palabras vacías de sentido ; que no hay felicidad sino en una vida alegre ; que no incomodarse por nada , y gastar el patrimonio , es lo que se llama vivir 'bien , y acordarse que dehemos morir ; que nuestros días se pasan , y que la vida no vuel- ve atrás : ¿Por qué se vacilará, para hacer lo que puede agradar ? Por qué no concederse placeres , que no podrán gustarse siempre , en la edad capáz de gozarlos , y que los pide ? ;Para qué sirve el ir antes che la muerte , por una necia frugalidad , á privarse de los bienes que
[1°6] ella nos ha de arrebatar ? Qué locura la de trabajar para un heredero , y privarse de todo, á fin de que una gran succesion os haga un enemigo de aquel á quien amais ! Mientras mas le dexeis, mas se alegrará de vuestra muerte : hagais caso de esos fastidiosos y severos censores de la vida agena ellos son enemigos de la suya : burlaos de semejantes hombres, que se erigen en pedagogos del público , y no os detengais en preferir una vida agradable á la consideracion. Semejantes discursos son tan dañosos como el canto de aquellas Sirenas que Ulises no quiso escuchar , sino despues de estar bien atado sus efectos son tambien funestos ; ellos nos hacen desprendernos de la patria , de JI
[ I07] nuestros parientes de nuestros amigos y> de la virtud , y precipitan á aquellos que los escuchan en la miseria y en la infamia. ¿No es , pues , mas ventajoso el seguir el camino derecho , y llegar al fin al punto de no hallar placer sino en las cosas honestas? CXLVIII. Si toda profusion es vituperable , la de los beneficios no lo es mehos. Quita el discernimien- to ; ya no son beneficios , pues tornan otro nombre. Una gran cantidad de dinero dada sin juicio y sin beneficencia , no se distingue de un tesoro que pudieramos encontrar. Hay mil cosas que deben recibirse sin quedar por ellas con obligacion alguna.
1 4 3 vicio, es volverlo á pedir. Yo gritaría de buena voluntad , co- 101 in9 aquel hombre libertado por un amigo dé Cesar de la proscripcion . de los Triunviros , yque , fatigado de su arrogancia, le decía : "Vuelverne á Cesar. 111\ Hasta quándo me repetirás : 511 ya te he salvado , yo te arran- ,› qué de la muerte ? Yo te de- ,' bo la vida , si me acuerdo de » ella ; y la . muérte tambien , si 111, á, de ella me haces acordar. Yo kl no te debe nada , si solo me • has salvado para hacer ostentacion del beneficio. No • acabarás de arrastrarme en tu • carro ? t No me dexarás ,jamás 3, olvidar mi desgracia ? Sin tí no habría sido llevado en triun- ,/ fo sino tina sola vez."
c x. Todos 1os rnoralistas 1 enseñan , que hay beneficios que de , 41 ben dérramarse publicamente , 'y otros en . secreto publicamente, aquellos que es glorioso el tener , como las recompensas militares los honores , y generalmente todo aquello que , siendo conocido ,procura brillar : aquellos , al contrario que no contribuyen ni al adelantamientoini á la ilu.stracion , sino que alivian la debilidad , la indigencia, y la ignominia , deben tenerse ocultos , y que solo los sepa el ságeto interesado. CLXI. El último periódo del mal, es su fin. No puede sufrirse H2
C I I6), cho , y mucho tiempo. La naturaleza, como tierna madre, nos ha formado de tal 'modo , que ha hecho , á que el dolor sea corto , ó soportable. Todo depende de la opinion : no son solo las pasiones , como la ambicion, el luxo. y la avaricia , las que se arreglan á ella ; sino, que hasta el dolor mismo se conforma con la preocupacion. No somos desgraciados sino en razon de lo que creemos serlo. Hasta el dolor lo hallarémos ligero , si lo .creemos tal. CLXII. Freqüenternente se pagan los beneficios con injurias. Hasta hombres ingratos se han visto , por no haber podido ser bastantemente reconocidos. La demen-
da ha llegado al punto de haber gran peligro en hacer mucho bien á ciertas personas : persuam didas éstas á que es. vergonzoso el no poder volver lo que se recibe , mas bien quieren. no dem be r nada. ¡ Eh ! amigo mio, guardad lo que habeis recibido : yó no os pido nada ; yo no exijo mas que la impunidad 1 - 4 por el bien que os he hecho. cL x El modo ordinario, de alabar la vida de un hombre á quien se tiene envidia , es decir- : Ve ahí un hombre, que está bien ; esto es , ve ahí un hombre afeminado. - C. Ce5ar 1. Ése tirano ferózy H3
[ 118] hécho para llevar las costumbres de un Estado libre ála esclavitud de la Persia , dió la vida á Pompeyo Penno ; si acaso es darla el no quitarla. Quando éste vino á darle gracias por este beneficio , le dió á besar el pie izquierdo. O insolencia de la suprema clase ! 0 delirio estúpido de la grandeza ! jamás haces que gustemos la dulzura de recibir beneficios tú los cambias en ultragts. Yo quiero los beneficios guando se -presentan báxo los rasgos de la sensibilidad , ó á lo menos , báxo los de la dulzura y de la serenidad : guando el bienhechor no me oprime con su superioridad : guando no se eleva sobre mí , sino que desciende al nivél mio .fiara po de-
[ 119 xarme ver sino su beneficencia: guando despoja su beneficio dó uña ostentacion importuna : (luan• do espía el momento favorable; y guando parece que mas bien aprovecha una ocasión , que socorre una necesidad. El único medio de persuadir á los Grandes á que no hagan beneficios inútiles con su altivéz , es el de probarles que estos beneficios no parecen mas considerables por dispensarse con aparato , y que ellos mismos no se ostentan mas grandes por eso. El orgullo no tiene sino 'una falsa grandeza , que hace tomar aversion á los objetos mas amables. C L X V. El valor no es un instinto H 4
[ I 2o) ciego : no e5 el amor del peligro : no es una manía que hace buscar lo que todo el mundo teme , sino la ciencia de distinguir lo que es mal , de lo que no lo es. El valor se ocupa muy cuidadosamente en su propia conservacion , pero sabe sufrir lo que no tiene sino la apariencia del mal. CLXVI. Demetrio el filósofo decía, que el mismo caso, hacía de los discursos de los ignorantes , que de los {latos que escapan, de los intestinos. t Qué me importa, decia él , que el son venga de arriba ó de abaxo ? Qué locura la de temer ser. ,disfamado por gentes que ellas mismas lo están
[I2,1] CLXVII. Aunque algun cuerpo intermedio* nos prive de la vista del Sol , éste está siempre en accion, y sigue su carrera : guando no luce sino entre nubes , no dexa por eso, de tener la misma luz, ni una marcha menos rápida, que guando el Cielo está des-, pejado y sereno. Hay diferencia entre un obstáculo y un impedimento. Por esto es , que los obstáculos no hacen perder nada á la virtud`: ella brilla menos; pero no es menor por eso : pueS de parecernos menos brillante; pero ella es, siempre la misma á sus propios ojos ; como el Sol obscurecido , ella exerce su poder detrás de la nube.
[122) CLXVIIT. No hay diferencia freqüentemente entre los presentes de los amigos , y los votos de los enemigos ; la imprudente complacencia de los primeros , nos precipita en todos los males que los segundos nos desean. CLXIX. Un Cínico pidió un talento á Antígono , á quien pareció que la suma era muy grande para un Cínico. Este , ciriendose á pedir un dinero á Antigono tuvo por respuesta que esto era muy poco para un Rey. Nada hay mas vergonzoso que un subterfugio semejante : esto era un pretexto para no dar nada.
• , ,C y 23 Este Príncipe no vio sino al Monarca en la peticion de un dinero , y al Cínico en la de un talento. Como Rey habria podido dar un talento , ycomo á un Cínico un dinero. Quando aquella suma fuera demaslado grande para m i l Cínico , jamás debía serio para un Rey bienhechor. C L XX. Es menester no recibir indistintamente ni dexar tomar á todo el mundo sobre sí , los derechos sagrados de un bieñhechor .que producen la amistad mas inviolable. Recíbase de aquellos á quienes quiera darse. Puede ser (pesca mas necesaria una buena eleccion : para empeñarse, que pira
13o tes ? No es mas bien hacer el oficio de Censor , y escoger los miembros del Senado ? CLXXVIII. Hay hombres que murmuran de aquellos que les han hechos mas bien. Mas seguro es ofenderlos , que dexarlos agradecidos : ellos recurren al aborrecimiento , como á una prueba de que nada deben. CLXXIX. La envidia no litiga la causa de nadie ; y no es favorable sino para si misma , en perjuicio de todos los otros. Para desempeñar un beneficio , es menester la virtud , las
C 1 3 1 3 circunstancias , los medios y la fortuna ; pero el recuerdo de él, es un reconocimiento que no cuesta nula. Rehusar un pago que no exige , ni trabajo , riquezas, ni fortuna es hacerse inexcusable. CLXXXI• Se han concedido privilegios á los padres. 1Por qué los otros bienhechores no han de estar tambien en el caso de un favor extraordinario ? Yo respondo , que se ha hecho sagrado el estado de lss padres , porque importaba 'á la repáblica que, criasen bien sus hijos : era necesario animarlos á tomarse este trabajo , y á correr sus riesgos. No podía decirseles como .á los bienhechores: "Es- », coged sugetos dignos de vues- I z
[ 732.3 ,› tros beneficios : si sois enga- • ñados , culpaos á vosotros mis- » mos : nopresteis vuestra asis- ,) tencia sino á gentes que la me- » rezcan." Los padres no pueden elegir sus hijos ; solo pueden hacer votos , porque no es negocio de discernimiento. Era menester, pues, determinarlos , por el atractivo de la autoridad á correr este riesgo. Además de esto , la juventud necesita que la gobiernen: los padres son una especie de Magistrados domésticos , á cuya custodia la hemos confiado. En fin , los beneficios de todos los padres son del mismo género , y por esta razon podían valuarse. una vez ; pero los otros , diferentes entre ellos , variados por su importancia y por las circuns-
133 rancias , no podían someterse á una regla general ; mas equidad habria en no decidir nada , que en apreciarlos de una manera uniforme. CL XX XI Si hubierais experimentado la pérdida de un amigo , que es la mas grande de todas , seria necesario que hicieseis esfuerzos para alegraros de haberlo poseído , mas bien que afligiros de haberlo perdido. Pero la mayor parte de lo e s hombres no hacen cuenta de los placeres que han gozado. El dolor , entre otros males , tiene no solamente el de ser superfluo , sino tambien el de faltar al reconocimiento. ¿Es nada el haber tenido un amigo semejante ? Qué I la naturaleza 3
(;34] no ha hechó nada por tí , *pro- curándote tantos años agradables, una union tan dulce , y una asociacion tan íntima de gustos y de inclinaciones ? Qué ! enterrais la amistad con el amigo? ¿Y por qué sientes el haberlo perdido , si nada te queda del placer que te ha dado ? Creeme, la suerte podrá arrebatarnos á los que amamos ; pero la mayor parte 'de ellos queda con nosotros. Pueden quitarnos que gocemos actualmente , pero jamás el que hayamos gozado. Hay ingratitud en creer , guando hemos perdido , que nada debemos por lo que hemos recibido. La suerte nos quita los fondos , paro nos dexa el usufruto , y le perdemos con la injusticia de nuestros sentimientos.
[ 135 CLXXXIII. Compárese á la inmensidad de los tiempos lo que llamarnos la edad del hombre , y se verá quan iriiperceptible es este pun- to de duración que deseamos,, y que alargamos quanto nos es posible. De este corto espacio, ¡qué porcion no nos han arrebatado las lágrimas , la desesperacion que nos hizo desear la muerte , ántes que viniera ; las enfermedades , el temor , y los años de debilidad , de ignorancia , ó de inutilidad ! De este mismo espacio darnos la mitad al sueño afiadanse los trabajos , los duelos y los peligros , y se comprehenderá que aun la vida mas larga, es la mas corta parte que empleamos en vivir. I4
[ 13 6 CLXXXIV. Sería manchar los beneficios el hacer de ellos una materia de } p roceso. Vuelve lo que debes, es una expresion dictada por la justicia , y fundada en el derecho de gentes. Pero este modo de hablar es vergonzoso en pun- to á beneficencia. Entrega! ¿qué quieres que entregue ? la vida que he recibido ? el honor , la seguridad y la salud ? Estas deudas son demasiado grandes para poder satisfacerlas. No excitemos los corazones de los hombres á la avaricia , al descontento y á la discordia ; demasiado inclinados son á ello.
CLXXXV. Pluguiese á los dioses que pudieramos persuadir á los hombres á que no recibiesen ni aun, ti pago de sus deudas pecuniarias sino como una restitucion -vo- luntaria ! ¡ Pluguiese á los dioses que ninguna estipulacion no obligáse el vendedor al comprador : que no hubiese necesidad de sellar los pactos y los convenios nios , y que estos quedasen báxo la salvaguardia de hl buena fe y de la equidad ! Pero se ha preferido la necesidad á la honradéz ; se ha querido mas bien estrechar la providad que atenerse á ella. Por ambas partes se llaman testigos : es menestercontratos , Notarios , y multipli-
[ I 38 radas firmas: no se contentan con la palabra de un hombre; quieren ligarle con su propia firma: confesion bien vergonzosa de la mala fé y de la depravacion general! Se flan mas bien de nuestros sellos , que de nuestros co• razones. ¿Por qué la intervendon de esos Magistrados? Por qué ese estampar sus sellos? Por miedo de que tal ó tal hombre niegue que recibió , lo que recibió en efecto. t Luego aquellos son personages incorruptibles, y órganos de la verdad? ¡Ah ! Que tampoco á ellos se les presta dinero sin las mismas formalidades! ¡Eh! No habría sido mejor dexar á algunos malvados violar su fé , que haber sospechado de pérfidos á todos los hombres! La sola cosa que falta á la •
[ 139 avaricia , es no dispensar beneficios sin resguardo. La beneficencia es atributo de las almas nobles y generosas : perseguir el pago de los beneficios , es parecerse á los usureros. Por qué, báxo pretexto de seguridad , se han de abatir los bienhechores á la clase mas vil de la humanidad ? C L XXXV re El ingrato no goza del be- ' neficio sino una sola vez ; el hombre reconocido , goza siempre de él. C L XXXV I I. Nada hay mas inconseqiiente que los juicios del pueblo: ve á un hombre firme en medio del duelo , y lo llama, impío y
[146 C 51 C I. Báxo el Imperio de Augus- to no ponían la: vida en peligro todavía los discursos ; pero no dexaban de comprometer. Rufo, de la gerarquía de los Senadores, parecia haber deseado , en una cena , que Augusto no volviese sano y salvo de un viage que estaba preparando ; añadiendo, que los Toros y Terneros hiciesen el mismo voto. Esta proposicion oída con atencion de los convidados. Al día siguiente , muy de mañana , el esclavo que habla estado á sus pies , le hizo: relacion de los discursos que la embriaguéz le habla hecho proferir el día antes , y le exhártó á que se denunciase él mismo á Cesar.
47) Rufo , en conseqüencla de este consejo , pre . sentándose al Emperador al bazar de su Palacio, le dixo, que habia perdido la razon la víspera , protestándole , citie deseaba que el mal que le había apetecido cayese antes sobre él y sobre sus hijos ; y le cohjuró á que le perdonáse , y le volviese á su gracia. Cesar le aseguro que consentía en ello ; pero Rufo le respondió , que nadie creería le habia perdonado , si no le dispensaba algun beneficio; y le pidió una suma capaz de contentar á un cortesano en favor. Cesar , concediéndosela , lé dixo: "Yo me guardaré , por mi pro- »pío interés ; de no enfadarme ›, jaras con vos." Es glorioso para Augusto el haberle) perdonado , y unido la liberalidad á la K2
C 1 4 8 3 cleméncia. Todos los que lean este rasgo , no podrán menos de alabar al Emperador ; pero no será sino despues de haber alabado al esclavo. t Añadiré que f ► é recompensado 'con la libertad ? No fué , sin embargo , gra-1 taita ; Cesar la "había pagado. excin. Léase á Cicerón , y se encontrará en su estilo unidad , número y delicadeza que puedas, decirse que hay falta de gor. Por el contrario , la diccion de Asinio Pollión es alterada y confusa . : sus periodos nos dexan donde menos se 'espera. En Cicerón son cadencias , y en Pollión caídas , excepto un pequeño número de frases , cuya medida es fixa , y la forma regular.
[149] CXCI Cítenme umescritor que sea preferible á/ Fabiang. Es Cicerón , cuyos rasgos filosóficos son , quasi en tanto número Como los de Fabiano? Bien está ; pero no somos pequeños por no tener la estatura de un gigante. ¿Es nio Pollión? Cambien .consiento; pero , en materias de „esta importancia , es sobresalir todavía el ser el tercero. „Nambrese tam= bien á Tito-Libio , de quien te= nemos diálogos que pertenecen, tanto á la filosofía , como á la historia , y le ,cederé la plaza. IVéase á qué tropél de escritores es superior aquel sobre el' qual sobresalen los tres hombres mas eloqüentes de la antigüedad! K 3
so C X C V. Yo quiero que el estilo del orador sea enérgico ; el del poéta trágico , sublime ; y el del poéta cómico , lleno de delicadeza. Pero un estilo demasiado circunspecto no sienta bien á un filósofo. Se ocupará éste en un cuidado tan futil como el de las palabras ? A lo grande de las cosas es á lo que se dedica : la eloqüencia le sigue como la sombra , sin que piense en ello. Sus frases no estarán limadas y pulidas en todos sus pormenores ; no formarán un encadenamiento artistamente trabajado ; cada una de sus palabras no será un pun- to que despierte al lector ; pero en el conjunto se hallarán rasgos
[1513 luminosos , y se leerán pasages dilatados sin disgusto.: En fin, el filósofo tendrá la ventaja de probar , que ha conocido lo que ha escrito , porque su objeto no ts el de agradar , sino el de hacer ver lo que á él le agrada : todos sus pasol se dirigen á los pro gresos de la virtud , y no aspira á que le aplaudan. XC V Dar inconsideradamente , es perder del ftiodo mas vergonzoso : peor es el haber distribuido mal un beneficio , que _ el haber hallado ingratitud por tecompensa. El defecto de reconecimiento, es vicio de otro; pero la falta de discernimiento , lo es nuestro. K4
52 CXCVI I. Si no se hace bien sino con la esperanza del retorno , es menester morir sin testar. Pero para manifestar hasta qué punto es desinteresada la beneficencia , adviértase , que nosotros socorremos á extrangeros arrojados sobre nueitras costas por la tempestad , las quales van á dexar para siempre : nosotros habilitamos con un navío equipado , para que vuelva á embarcarse , á un desconocido , despees del naufragio : este hombre parte sin conocer apenas al autor de su conservacion ; y destinado á nck vol- , vernos á ver jamás , transfiere su deuda á los dioses , y los conjura á satisfacer por él. En guau-
[153] to á nosotros , el simple conocimiento de un beneficio esteril , es suficiente para nuestra felicidad. En el fin mismo, de nuestra vida , guando arreglamos nuesiras disposiciones testamentarias, hacernos , por ventura otra cosa sino derramar beneficios que nos son bien inútiles ? Sin embargo , quánto tiempo no empleamos , y quántas discusiones secretas para arreglar las sumas y los legatarios ! t Qué nos importan los sugetos de nuestra beneficencia , supuesto que nada debemos esperar de ellos ? No obstante esto , jamás reflexionamos mas dones que hacemos , ni nuestros juicios son mas profundos , que luego que, despojados de tódo interés pe f rsonal , solo la honradéz se manifiesta á nues-
[ 5 4 ) tros ojos. Nunca por el contrario , podernos juzgar de nuestros deberes , en tanto que so'n depravados por la esperanza , el temor y el deleyte , este vicio de cobardes. Pero luego que la muerte hace callar á todas las pasiones , luego que envía un juez incorruptible para arreglar las particiones , entonces elegimos á. los mas dignos para transmitirles nuestros bienes , y jamás arreglamos mejor nuestros negocios , que guando ya no nos pertenecen. CX CV I I I. Es ser ingrato el mirar un segundo beneficio en la restitudon del primero , y esperarlo aun al restituir. Yo llamo ingra- to á aquel que asiste á su bien-.
{1551 hechor enfermo' , porque vá hacer testamento ; es ser ingra- to el ocuparse entonces de herenc r ias y de legados. Bien podrá llenar las funciones de un ami, go virtuoso y reconocido ; pero si la esperanza Alumbra á su co razon ; si el amor del provecho le hace obrar , y si arroja el anzuelo , es muy parecido á esos páxaros carnívoros que atisban los ganados contagiados , y próximos a perecer. Del mismo modo el que aguarda la muerte de su bienhechor , es un Buitre que vuela en torno de un cadaver. CXC I X. taj El fin del beneficio es la ven*. a de aquel á quien se fayarece, y no la nuestra; sin lo qual