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María Soledad Padilla Herrada Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico Directora: Dra. Catalina Fuentes Rodríguez Departamento de Lengua Española, Lingüística y Teoría de la Literatura Tesis doctoral 2021
Esta tesis doctoral ha sido financiada por un contrato predoctoral de Formación de Profesorado Universitario (FPU/15), otorgado por el Ministerio de Educación Cultura y Deporte.
A Juan Pedro Padilla Padilla A Antonia Herrada Torres
Agradecimientos El proceso de preparación y redacción de esta tesis doctoral ha sido para mí uno de los mayores y más importantes retos a los que me he enfrentado. Este trabajo no hubiera sido posible, ni hubiera merecido tanto la pena, sin las personas que me han acompañado durante todo el proceso y que me han brindado apoyo académico y emocional. La primera persona a la que quiero expresar mi más sincero agradecimiento es a mi directora de tesis y maestra, Catalina Fuentes, con quien he tenido la suerte de formarme durante esta etapa. Su ejemplo de tesón y constancia ha sido para mí una fuente de inspiración durante estos años. Para ella solo tengo palabras de agradecimiento. A su guía y magisterio debo lo mejor de estas páginas. Gracias a todos los miembros del grupo de investigación APL por haberme acogido y enseñado tanto. Extiendo este agradecimiento al departamento de Lengua Española, Lingüística y Teoría de la Literatura de la Universidad de Sevilla y, en especial, a Elena Méndez, José Javier Rodríguez Toro, Santiago del Rey, Roberto Cuadros, Celia Flores y Raquel Balón, por haber atendido mis necesidades, siempre con su mejor sonrisa. Una parte importante de esta investigación ha sido redactada durante las estancias de investigación, en las que he podido aprender de grandes profesionales. Gracias a Bert Cornillie, Karolina Kumor y Kees Hengeveld, mis directores durante las estancias en las universidades de Lovaina, Varsovia y Ámsterdam. Mi rutina académica ha sido mucho más llevadera gracias a todos los compañeros de la facultad y becarios del departamento con los que he tenido la suerte de compartir momentos muy importantes de este proceso. En especial, gracias a mi hermano mayor de tesis, Víctor, por estar siempre ahí y enseñarme tanto, y a mi hermano pequeño de tesis, José, por transmitirme siempre su alegría y entusiasmo. Gracias también a María (mi francesita), José Ángel, Pau, Manuel, Almudena, Sophie, Chío e Irene por su cercanía y comprensión constantes. Estos años han merecido la pena por muchas cosas, pero, sin duda, nunca olvidaré mi etapa en la junta directiva de la AJL junto a grandes compañeros con los que he aprendido muchísimo: Amparo, Cristina, Diego, Jeremy, Marta, Anastasiia, Mariana, Mireia, Natalia y Paula. Me siento igualmente agradecida por haber encontrado grandes compañeros durante los congresos y estancias. Gracias, en especial, a Julia, Julio, Clara, Aurora, Guadalupe, Laura, Melanie y
Wellington. Gracias también a Esther, Curro y Sergio, mis compañeros de laberinto, por ser mi espejo durante un período importante de esta etapa y por dejarme ser el suyo. Gracias a mi familia sevillana, quienes consiguieron que, desde el principio, me sintiera como en casa, aun estando lejos de la mía: Ana Isabel, Elena, Estrella, Jorge, Pacheco y María Méndez, con quien he compartido tanto durante estos años en el ámbito personal y académico. Aún en la distancia, siempre he sentido cerca a mis amigos de la Universidad de Jaén, con quien tuve la fortuna de compartir mucho más que risas y tapas. Gracias, Fátima, María del Mar, Patón y, en especial, a María Prados, a quien siempre agradeceré que se sentara en el pupitre que había a mi lado en las primeras clases. Gracias a mis amigas de Bailén, las de siempre, por haberme ayudado a despejarme en tantos momentos. Gracias, Viki, Silvia y Patri. Deseo expresar un agradecimiento muy especial a Carmen, Elena Nieva y Elena Padilla por el decisivo empujón final y por su apoyo en un momento clave para mí. Muchas gracias a toda mi familia: a mis abuelos, a mis hermanos y cuñadas, a mis tíos y primos, por alegrarse siempre por mí y entender mis ausencias. Gracias a mi sobrina Ana por su dulzura y su alegría. Gracias a mis (primas) hermanas María José y Mari Carmen por estar siempre al otro lado y darme un espacio en el que sentirme segura. Gracias a José Luis, una de las pocas personas que de verdad sabe cuánta pasión y ansiedad (a partes iguales) esconden estas páginas. Gracias por estar cuando más lo he necesitado, por tanto cariño, comprensión y paciencia. Por último, un agradecimiento que nunca será lo suficientemente grande a mis padres, las personas que más quiero, los pilares de mi vida y quienes me han traído hasta aquí, colmándome de apoyo, confianza y amor incondicional. A ellos les dedico esta tesis, con todo mi cariño.
6.7.2.1.4 Ámbito macrosintáctico ............................................................................... 362 6.7.2.1.5 Marcadores deverbales como intervención reactiva. Grado de gramaticalización y documentación en los corpus ..................................................... 375 6.7.2.1.6 Recapitulación .............................................................................................. 378 6.8 EXPRESIONES DE DESACUERDO, REFUTACIÓN, RECHAZO Y RESPUESTA NEGATIVA CATEGÓRICA ........................................................................................................................... 381 6.8.1 Expresiones no oracionales ...................................................................................... 381 6.8.1.1 Formas introducidas por ni más constituyentes no oracionales ...................... 381 6.8.1.1.1 Estructura de las expresiones ...................................................................... 381 6.8.1.1.2 Sobre ni ........................................................................................................ 381 6.8.1.1.3 Ámbito microsintáctico ................................................................................ 384 6.8.1.1.4 Ámbito macrosintáctico ............................................................................... 392 6.8.1.1.5 Las expresiones formadas por ni más constituyente no oracional como intervención reactiva. Grado de gramaticalización y documentación en los corpus…………………………………………………………………………………………..398 6.8.1.1.6 Recapitulación .............................................................................................. 401 6.8.1.2 Expresiones formadas por un sintagma nominal con preposición: para nada…………………………………………………………………………………….404 6.8.1.2.1 Estructura de la expresión ........................................................................... 404 6.8.1.2.2 Sobre para y para nada ................................................................................ 404 6.8.1.2.3 Ámbito microsintáctico ................................................................................ 405 6.8.1.2.4 Ámbito macrosintáctico ............................................................................... 407 6.8.1.2.5 El sintagma nominal con preposición para nada como intervención reactiva. Grado de gramaticalización y documentación en los corpus ..................................... 412 6.8.1.2.6 Recapitulación .............................................................................................. 413 6.9 CONCLUSIONES ................................................................................................................. 416 7 Overall conclusions ............................................................ 423 7 Conclusiones generales ...................................................... 429 Referencias bibliográficas .................................................... 434
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 17 Chapter 1 Introduction
María Soledad Padilla Herrada 18 1 Introduction 1.1 INTRODUCTION TO THE THESIS Since linguistic studies started to distance from the inmanentist perspective adopted in the first half of the twentieth century, the interest of researchers for the origin and development of discourse markers has not stopped growing, neither within nor outside the Hispanic panorama. Although it is true that quantitative and qualitative advances in this fruitful field of research are undisputed, we consider that there are certain aspects of great relevance that deserve scholarly exploration. In particular, as observed by Fuentes Rodríguez (2016: 877), within the discourse marker category, operators are, undoubtedly, the least explored units. The present thesis studies certain syntactic structures typical of colloquial Spanish which appear in reactive turns and occupy the functional slot of Spanish modal operators 1 (vid. Fuentes Rodríguez, 2018 [2009]). We have distinguished two major groups of expressions, taking into account the criterion of the modal content they convey. Thus, we focus, on the one hand, in affirmative forms, which express agreement and acceptance 2 ; and, on the other, in negative forms, which convey disagreement and refutation of the speaker with respect to the previous initial turn. From a structural point of view, these expressions originate from full sentences, subordinate (como quieras) or not (ya ves), and also from syntagmas of various types which, in reactive contexts, do not conform a sentence but a modal reactive utterance (ni de coña, un carajo). These are diaphasically marked units, since they appear in colloquial conversations in the MEsA Corpus 3 (vid. section 1.5.2.) and in other corpora which contain dialogic and/or conversational discourse (CORPES XXI, CREA, CORDE, Val.Es.Co. 2.0. Corpus and COLA Corpus). Since we examine syntagmatic combinations which originate modal expressions, these must be analysed macrostructurally, since they surpass the sentence boundaries. Despite their content being chiefly modal and being indicative of the stance of the speaker and their position about the message uttered by the interlocutor, in certain cases they indeed appear in other macrostuctural levels, conveying other aspects associated with the speaker, such as their commitment or intentionality with respect to the interlocutor, depending on their argumentative and informative 1 In Chapter 4 we delve into the definition and characteristics of modal operators. 2 These modal concepts will be adequately defined in Chapters 5 and 6. 3 The published part of the corpus can be accessed online through the following link: http://grupo.us.es/grupoapl/otrosapartados.php?otro=10. Given that the corpus is still in preparation, there are some unpublished parts.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 19 implications. Taking into account these aspects, we believe that an appropriate study of these characteristics requires a comprehensive theoretical framework which allows to examine the complexity of these units, since they are polyfunctional and multidimensional (Fuentes Rodríguez, 2020). Although it could be thought, a priori, that these structures are the result of the “lazy” and “economical” characteristics typically attributed to colloquial Spanish (Beinhauer 1978 [1964]), their analysis allows us to enter into an extraordinary complexity. In fact, the majority of the expressions analysed in this thesis show both microsyntactic and macrosyntactic functions, which coexist synchronically in present-day Spanish. As will be shown later, in their macrosyntactic function, many of them allow to be used both in monologue and dialogue. In monological contexts, they are found as peripherical complements, in parenthetical position, or intonationally integrated in the utterance, scoping over a segment. In dialogue, they appear as reactive turns with modal content. It is the study of this last context, dialogue, where we are going to concentrate specifically in our analysis. In sum, we believe that this piece of research is of a great interest, since it allows us to observe real language in use and to document its enrichness through the creativity of the speakers who employ new expressions which convey their subjectivity all the time. The creation of these markers is the best proof of the frenetic productivity of the linguistic system and allows us to find out that speakers usually employ, in the colloquial domain, expressions which are not always fixed, which have their scope in the modal domain. 1.2 AIMS In order to carry out a successful analysis of our modal expressions we propose the following aims: 1) To identify the most frequent reactive expressions used in the MEsA Corpus, which contains samples of digital discourse. We focus on such expressions which fulfil an analogous function to affirmative and negative modal operators. 2) To carry out a classification of these units, according to their base structure and the modal content they express. We will distinguish between those which result from sentences of other nonsentential syntagmas of different typologies. 3) To determine, with quantitative data, if such reactive expressions have only appeared very recently and if they are widespread in the colloquial register in Peninsular Spanish. For such
María Soledad Padilla Herrada 20 purpose, we will retrieve the data in several corpora and we will identify the date of the first attestations of these forms as reactive expressions. We must warn the reader that the corpus retrieval has been filtered out to extract data from the Peninsular Spanish variety exclusively. The corpus search has been restricted with the aim of obtaining a manageable enough data sample for the scale of this work. 4) To describe the composition of these structures, their functions in discourse and the pragmatic values they add to the reactive utterances in which they appear, taking into account their polyfunctionality and multidimensionality. 5) To carry out an analysis of these units taking into account an approach that considers units which go beyond the sentence: the macrosyntactic approach, which takes the utterance as the basic unit of analysis (Fuentes Rodríguez 2013, 2017, 2019, 2020). We intend to find out the appropriateness of such approach in linguistic studies. Thus, despite providing the microsyntactic functions conveyed by these expressions, we focus on their macrosyntactic description, with special reference to reactive contexts. 6) To provide the degree of fixation of the units object of study here, departing from the theory of grammaticalization 4 . Despite the huge number of studies that focus on the origin of discourse markers, there are very few which address expressions which have not yet finished their process of evolution. We consider this piece of research very novel in this respect. 7) To identify the fixation of frequent constructive patterns which are especially productive in the creation of new modal operators. 1.3 RESEARCH HYPOTHESIS We depart from the hypothesis that certain expressions, which could be dependent in other contexts, start to get fixed through their employment in reactive turns and start to grammaticalize till they become discourse markers, particularly, modal operators. These are elements whose behaviour has not yet been described and which, from a discursive point of view, fulfill the same function as a modal operator does when occupying reactive turns. Our point of departure is that the units analysed here have started its process of fixation and can end up giving rise to the formation of a full discourse operator. We consider, therefore, that 4 As will be shown in Chapter 4, some authors consider the terms degrammaticalization, pragmaticalization or discursivization, among others, to refer to the processes that give rise to discourse markers.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 21 affirmative and negative modal contents are codified in colloquial conversation in new reactive expressions, beyond the prototypical modal operators that function in the reply slot (vid. Fuentes Rodríguez, 2009). Likewise, we depart from the hypothesis that these are new units in Spanish and, therefore, they are not yet fully grammaticalized. However, we believe that their use is already widespread and that they present many of the traits characteristic of the grammaticalization of discourse markers (vid. Chapter 4). To throw light on these issues, in addition to the quantitative analyses in the corpora, we will explore the main lexicographic repertoires which contain discourse markers in Spanish, with the aim of checking if there are already scholars who have provided an account of the modal use of the expressions analysed here. We will also resort to the latest edition of the RAE dictionary (2014), as well as the DUE dictionary (2007 [1967]), since it is often the case that many colloquial expressions appear in these dictionaries 5 . 1.4 METHODOLOGY From a theoretical-methodological perspective, this thesis will follow the macrosyntactic approach proposed by Fuentes Rodríguez (2013, 2017, 2019, 2020), developed from the model of Pragmatic Linguistics (Fuentes Rodríguez (2017 [2000]), something novel in a study of this kind. This theoretical framework builds on the advances of the research projects Macrosintaxis del español actual. El enunciado: estructura y relaciones 6 and De construcciones periféricas a operadores discursivos: un estudio macrosintáctico del español actual 7 , led by the same author. This theoretical framework is chosen given that it proposes a contextual grammar that takes into account real usage, not forgetting the componential aspect. The employment of this methodology responds to our defence of the existence of a syntax for units above the level of the sentence, that is, a macrosyntax. Such approach is justified given that we analyse real conversations, where interaction takes place in a specified context and communicative situation. In this way, we carry out the analysis of our expressions by observing their behaviour as realized discursive units. 5 Although these are not dictionaries specialized on discourse markers, they provide multiple uses which can be of great usefulness in our analysis. 6 The MeSA project (FFI2013-43205-P; 01/04/14-31/12/17) was carried out with the aim of defining and delimiting the utterance, as well as delving into the relations established between utterances in the text. 7 This project (FFI2017-82898-P; 01/01/18-31/12/20) aims at studying such syntactic structures, originally free or peripherical constructions, which start a process towards their fixation as discourse operators.
María Soledad Padilla Herrada 22 The selection of the units object of study here has been carried out through the careful observation of the communicative exchanges that conform the MEsA Corpus, a corpus of digital discourse, which we take as the main source for our research. This sampling allowed us, since the very first moment, to recognize the abundant presence of expressions that convey affirmative and negative modal contents (agreement and disagreement; acceptance and refutation) different from the fully fixed operators already studied and found in lexicographic repertoires and grammars. The fact that these forms fulfill similar macrosyntactic functions to those of an operator and have not yet been investigated 8 justifies our study. For the specific selection of our expressions, we first started from their presence in the MEsA Corpus as reactive utterances, functionally and distributionally similar to modal operators in at least one occurrence. This explains why there will be cases in each group of units analysed in which the quantitative data will be unbalanced, with some of the elements only having a very limited presence. However, this decision responds to the fact that these units present structural traits common to other units which indeed have a higher frequency in the corpus. Their inclusion in the group allows us, thus, to dilucidate discourse dynamics (or genetic dynamics, in Hummel’s terminology, 2012: 31), in which a group of units that present a series of common characteristics can end up grammaticalizing as modal operators. To sum up, we believe that, despite the fact that the inclusion of these units with a limited representation in our corpus may be risky from a quantitative point of view, it does favour the qualitative analysis of each group of units. 1.5 CORPORA 1.5.1 Introduction In this thesis, we primarily employ the MEsA Corpus, which comprises samples of digital discourse. To complete the data it offers, we likewise resort to other corpora employed for the study of colloquial Spanish (the Val.Es.Co. 2.0. Corpus and the COLA Corpus (Madrid). We also use data extracted from reference corpora frequently employed in the synchronic and diachronic study of Spanish: Corpus del Español del Siglo XXI (CORPES XXI), Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) and Corpus Diacrónico del español (CORDE). 8 The steps followed to carry out the analysis will be explained in Section 4.5, after having addressed all the necessary theoretical concepts.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 23 1.5.2 MEsA Corpus 9 The MEsA Corpus comprises discourse extracted from blogs, digital fora, Facebook, Instagram, Twitter, Whatsapp, Youtube 10 and thematically-diverse websites, which date from 2007 11 to the present-day. The corpus only contains public material available in open access in these virtual platforms and social networking sites. Its content reflects the evolution of the 2.0. Web, offering the Internet user the possibility of being not only a recipient of content but also of generating their own content (Yus, 2010, 2011) and making it accessible for millions of people immediately. This corpus constitutes, thus, a representative sample of what digital discourse is. The so frequent use of these media in the current society makes this corpus ideal for this dissertation, since it favours the presence of colloquial expressions such as those studied here and provides a rich database which can continue growing as much as desired. Taking into account the last count, this corpus contains 3,020,639 words, most of them coming from WhatsApp, which is the most developed part of the corpus. In these media, linguistic material is characterized by hybridity in the spoken-writing informal-formal continuum. In order to describe this type of discourse, it is necessary to remember the postulates of Koch and Oesterreicher (1990 [2007]), who proved to show that not everything we perceive through the hearing medium is orality and not everything we perceive through the written medium is writing. In this way, all the discourse media, spoken and written, must be understood as different degrees of the same scale. These authors distinguish, thus, between the media through which communication takes place (graphic or phonic) and its conception (spoken or written). However, there is an idefinite continuum of intermediate forms between a spokencolloquial or a written-formal text. The extremes of such continuum are the concepts of communicative immediacy and communicative distance. These ideas are summarized in the figure below, taken from Koch and Oesterreicher (2007 [1990]: 34). 9 This corpus stems from the research project Macrosintaxis del español actual. El enunciado: estructura y relaciones y De construcciones periféricas a operadores discursivos: un estudio macrosintáctico del español actual, led by Dr Catalina Fuentes Rodríguez. It is still under construction and it is expected that it continues growing. 10 The corpus contains the transcription of several Youtube videos. 11 Although some materials date back to 2007, the vast majority of the corpus samples discourse from 2013 onwards.
María Soledad Padilla Herrada 24 Figure 1: Continuum between communicative immediacy and communicative distance Face-to-face colloquial conversation is the best representation of communicative immediacy. Hence, we could say that the discourse contained in the MEsA Corpus is predominantly colloquial conversational and, therefore, it is close to the concept of communicative immediacy, as understood by Koch and Oesterreicher (1990 [2007]). However, in these cases, interaction is conditioned by the medium used: interaction takes place in absentia, it is developed in a graphic medium and it is determined by the multimodality inherent to the digital medium (Crystal, 2001; Yus Ramos, 2001, 2010; Sanmartín Sáez, 2007). All in all, the context in which communication takes places presents many of the characteristics which Briz Gómez (1998: 40-43) attributes to colloquial conversation: the quotidiannity of the interactive framework, the limited planification, the relation of proximity, the familiar contextual framework and the non-specialized topic, among others 12 . Such communicative conditions favour the analysis of our colloquial expressions. 12 Bear in mind that these factors vary depending on the social networking site. For instance, there are blogs which are very specialized thematically. However, we are dealing with a non-professional type of communication, which favours the employment of expressions typical of the colloquial register. On the other hand, the corpus is full of exchanges in which there is no close relation between the interlocutors. Nevertheless, being a type of interaction in absentia, such close relation is presupposed in a great majority of the exchanges. This explains why argument situations are common
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 25 Taking into account that this corpus has not yet been tagged and that it faithfully keeps the spelling, punctuation and original disposition of the linguistic material, the search in the MEsA Corpus has been manual. This implies that such search has been conditioned by the typical features of digital discourse, among others: the frequent use of capitalization, the use of emoticons, the arbitrary use of punctuation marks and orthographic conventions, the lack of pause indication, etc. This is why, throughout the process, we have tried to detect graphic variants through the search of the abbreviated forms of certain written expressions, as is usual in these media (Sanmartín Sáez, 2007). Likewise, we have also taken into account the potential orthographic errors that may be committed in each case. In addition, the corpus offers information about the source and topic in each case. This is intended to facilitate the search of the researcher. Likewise, although the identity of the speaker remains anonymous, this speaker is identified in the transcription with the label “user”, followed by a number which indicates the order of their intervention in a certain (user 1; user 2 etc.). The sex of the speaker is also provided, given that it may be useful for certain studies. Such labels can indicate masculine sex, feminine sex or non-identified (user 1, male; user 2, female; user 3, nonidentified). In contrast, the identity of public people is not kept anonymous; they are explicitly identified throughout the corpus. 1.5.3 Other corpora for the analysis of colloquial conversation 1.5.3.1 Val.Es.Co. 2.0 Corpus The Val.Es.Co. 2.0 Corpus is the result of years of recording and transcription of conversations by the Val.Es.Co group, one of the most important research units for the study of colloquial Spanish in the pan-Hispanic scenario. Their corpus contains the transcription of 46 real colloquial conversations, totalling 73,344 words 13 . The material included in the corpus is, therefore, representative of peninsular colloquial Spanish. In addition, it constitutes a sample of high communicative immediacy, which favours the occurrence of expressions typical of this register, as is the case with our expressions, among others. This corpus contains, therefore, all the traits typical of colloquial language (Briz, 1998: 40: 43): in the corpus, since the Internet users employ their virtual identity to trespass the social norms and cancel the possible hierarchical distance extant between the Internet users (Mancera and Pano, 2014). 13 The transcriptions are available in open access through the following link: www.valesco.es.
María Soledad Padilla Herrada 32 1.3 HIPÓTESIS DE INVESTIGACIÓN Partimos de la hipótesis de que determinadas expresiones, que podrían ser dependientes en otros contextos, se van fijando a través de su empleo en intervenciones reactivas y se van gramaticalizando hasta llegar a constituir marcadores del discurso, concretamente, operadores modales. Se trata de elementos cuyo comportamiento aún no ha sido descrito y que, desde un punto de vista discursivo, cumplen la misma función que un operador modal cuando ocupan intervenciones reactivas. Nuestra idea de partida es que las unidades aquí analizadas han comenzado a fijarse y pueden terminar desembocando en la formación de un operador discursivo pleno. Consideramos, por tanto, que los contenidos modales afirmativos y negativos se codifican en la conversación coloquial en expresiones reactivas nuevas, más allá de los operadores modales prototípicos que funcionan como respuesta (vid. Fuentes Rodríguez, 2018 [2009]). Asimismo, partimos de la hipótesis de que se trata de unidades nuevas en español y que, por tanto, aún no están del todo gramaticalizadas. Sin embargo, creemos que están ya muy extendidas y que presentan muchos de los rasgos propios de la gramaticalización de los marcadores discursivos (vid. capítulo 4). Para arrojar luz sobre estas cuestiones, además de la búsqueda cuantitativa en los corpus, exploraremos los principales repertorios lexicográficos donde aparecen marcadores del discurso en español, con la intención de verificar si ya hay autores que hayan dado cuenta del empleo modal de nuestras expresiones. Acudiremos también a la búsqueda en la última edición del diccionario de la RAE (DLE, 2014), así como en el DUE (2007 [1967]), ya que, a menudo, muchas expresiones coloquiales aparecen inventariadas en estos diccionarios 23 . 1.4 METODOLOGÍA Desde un punto de vista teórico-metodológico, esta investigación seguirá el enfoque macrosintáctico de Fuentes Rodríguez (2013a, 2017a, 2019a, 2020), desarrollado desde el modelo de Lingüística Pragmática (Fuentes Rodríguez (2017 [2000]), perspectiva que resulta novedosa en este tipo de estudios. Este marco teórico está cimentado en los avances conseguidos en los proyectos Macrosintaxis del español actual. El enunciado: estructura y relaciones 24 y De 23 Aunque no son diccionarios especializados en marcadores del discurso, dan cuenta de múltiples usos que pueden resultar de gran utilidad en nuestro análisis. 24 El proyecto MEsA (FFI2013-43205-P; 01/04/14-31/12/17) se planteó con el objetivo de definir y delimitar el enunciado, así como de indagar en las relaciones que se establecen entre enunciados en el texto.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 33 construcciones periféricas a operadores discursivos: un estudio macrosintáctico del español actual 25 dirigidos por esta misma autora. Elegimos este marco de referencia teórica dado que aboga por una gramática contextual que tenga en cuenta el empleo real, sin olvidar el aspecto componencial. El empleo de esta metodología responde a nuestra defensa de la existencia de una sintaxis de unidades superiores a la oración; esto es, de una macrosintaxis. Dicho enfoque se justifica porque analizamos conversaciones reales, donde la interacción tiene lugar en un contexto y entorno comunicativo determinado. De este modo, llevamos a cabo el acercamiento a nuestras expresiones observando su comportamiento como unidades discursivas realizadas. En cuanto a la selección de las unidades objeto de estudio, se ha llevado a cabo a través de la observación detenida de los intercambios comunicativos que conforman el Corpus MEsA, un corpus compuesto por discurso digital, que tomamos como principal referencia para la realización de nuestra investigación. Este sondeo nos permitió, desde el primer momento, reconocer la abundante presencia de expresiones portadoras de los contenidos modales afirmativos y negativos (acuerdo y desacuerdo; aceptación y rechazo) distintas a los operadores plenamente fijados ya estudiados y que encontramos inventariados en los repertorios lexicográficos y en las gramáticas. El hecho de que estas formas desempeñen funciones macrosintácticas similares a las de un operador y justifica nuestro estudio. Para la selección concreta de nuestras expresiones, hemos partido de su presencia en el Corpus MEsA como enunciado reactivo, funcional y distribucionalmente similar a un operador modal en, al menos, una ocurrencia. Esto explica que en cada grupo de unidades analizadas habrá ocasiones en que los datos cuantitativos estarán muy desequilibrados y algunas fórmulas contarán con una presencia mínima. Sin embargo, esta decisión se debe a que estas presentan rasgos estructurales comunes a otras unidades que sí cuentan con una representación más numerosa en el corpus. Su inclusión en el grupo nos permite, así, dilucidar dinámicas discursivas (o dinámicas genéticas, como las llama Hummel, 2012: 31), por las que un grupo de unidades que presenta una serie de características comunes pueden terminar gramaticalizándose como operadores modales. En resumen, creemos que, aunque la inclusión de estas unidades con escasa representación en 25 Este proyecto (FFI2017-82898-P; 01/01/18-31/12/20) tiene como objetivo estudiar aquellas construcciones sintácticas, originalmente construcciones libres o construcciones periféricas, que comienzan su proceso hacia su fijación como operadores discursivos.
María Soledad Padilla Herrada 34 nuestro corpus pueda ser arriesgada desde un punto de vista cuantitativo, favorece el análisis cualitativo de cada grupo de unidades. 1.5 CORPUS 1.5.1 Presentación En esta tesis, utilizamos como corpus central el Corpus MEsA, compuesto por muestras de discurso digital. Para completar los datos que este nos ofrece, nos servimos, igualmente, de otros corpus empleados en el estudio del español coloquial (el Corpus Val.Es.Co. 2.0. y el Corpus COLA (Madrid). También utilizamos los datos que nos proporcionan los corpus académicos, frecuentemente empleados en el estudio sincrónico y diacrónico de nuestra lengua: Corpus del Español del Siglo XXI (CORPES XXI), Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) y Corpus Diacrónico del español (CORDE). 1.5.2 Corpus MEsA 26 El Corpus MEsA está compuesto por discurso procedente de blogs, foros digitales, Facebook, Instagram, Twitter, Whatsapp, Youtube 27 y páginas web de diversa temática, datadas desde 2007 28 hasta la actualidad. En él, solo se recoge material público y de acceso abierto procedente de estas plataformas virtuales y redes sociales. Su contenido refleja la revolución que ha supuesto la Web 2.0., al ofrecer al internauta la posibilidad de, no solo ser receptor de contenido, sino también de generar su propio contenido (Yus Ramos, 2010, 2011) y hacerlo accesible a millones de personas instantáneamente. Este corpus se constituye, así, como una muestra representativa de lo que es el discurso digital. El uso tan habitual que se hace en la sociedad actual de estos medios de comunicación hace que este corpus sea idóneo para nuestra tesis, ya que favorece la presencia de expresiones coloquiales como las que estudiamos y nos proporciona una fuente de datos muy abundante que, 26 Este corpus es uno de los objetivos de los proyectos Macrosintaxis del español actual. El enunciado: estructura y relaciones y De construcciones periféricas a operadores discursivos: un estudio macrosintáctico del español actual. Está dirigido por la Dra. Catalina Fuentes Rodríguez. Aún está en construcción y pretende seguir ampliándose. 27 El corpus contiene la transcripción de varios vídeos de Youtube. 28 Aunque hay algunos materiales que datan de 2007, la gran mayoría del corpus recoge muestras de discurso registradas desde 2013, en adelante.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 35 además, se puede seguir ampliando tanto como se desee. Teniendo en cuenta el último recuento, este corpus consta de 3.020.639 palabras, la mayoría de ellas, procedentes de WhatsApp, que es la parte del corpus más desarrollada. En estos medios, el material lingüístico registrado se caracteriza por la hibridez en el continuo oral-escrito, coloquial-formal. Para describir este tipo de discurso conviene recordar los planteamientos de Koch y Oesterreicher (1990 [2007]), quienes intentan mostrar que no todo lo que percibimos por el canal auditivo es oralidad, y no todo lo que percibimos por el canal escrito es escritura. De este modo, todas las modalidades discursivas, orales y escritas, deben entenderse como diferentes grados de una misma escala. Estos autores distinguen, así, entre el medio a través del cual se realiza el acto comunicativo (gráfico o fónico) y su concepción (oral o escrito). No obstante, entre la concepción de un texto oral - coloquial o escrito-formal hay un contínuum indefinido de formas intermedias, en el que los conceptos de inmediatez y distancia comunicativa conforman los extremos. Estas ideas se resumen en el siguiente gráfico, tomado de Koch y Oesterreicher (2007 [1990]: 34): Figura 1. Continuo entre inmediatez y distancia comunicativa
María Soledad Padilla Herrada 36 La conversación coloquial cara a cara es la máxima representación de la inmediatez comunicativa. Podríamos decir que en el discurso que se recoge en el Corpus MEsA, tiene lugar una conversación predominantemente conversacional coloquial y que, por tanto, se aproxima a la inmediatez comunicativa, tal y como la entienden Koch y Oesterreicher (1990 [2007]). Sin embargo, en estos casos, la interacción está determinada por ciertos condicionantes propios del medio utilizado: la interacción se produce en ausencia, se desarrolla a través de un medio gráfico y se encuentra determinada por la multimodalidad inherente al medio digital (Crystal, 2001; Yus Ramos, 2001, 2010; Sanmartín Sáez, 2007). Con todo, el contexto en el que tiene lugar la comunicación presenta muchos de los rasgos que Briz Gómez (1998: 40-43) atribuye a la conversación coloquial: la cotidianeidad del marco de interacción, la escasa planificación, la relación vivencial de proximidad, el marco discursivo familiar, la temática no especializada etc 29 . Dichas condiciones comunicativas favorecen el análisis de nuestras expresiones coloquiales. Teniendo en cuenta que se trata de un corpus aún no etiquetado y en el que se mantienen escrupulosamente la ortografía, la puntuación y la disposición original del material lingüístico, la búsqueda por el Corpus MEsA ha sido manual, lo cual implica que ha estado condicionada por las propias características del discurso digital, entre las que se encuentra: el uso frecuente de la mayúscula, el empleo de emoticonos, el uso arbitrario de los signos de puntuación y de las normas ortográficas, la falta de marcación de las pausas, etc. Por ello, durante el proceso, hemos tratado de detectar variantes gráficas a través de la búsqueda de las expresiones escritas de manera abreviada, tal y como se suele hacer en estos medios (Sanmartín Sáez, 2007). Asimismo, hemos tenido en cuenta las faltas de ortografía básicas que se podrían cometer en cada caso. Por otra parte, el corpus ofrece información general acerca de la fuente y la temática tratada en los materiales recogidos. De esta forma, pretende facilitar la búsqueda al investigador. A su vez, aunque se preserva la identidad del usuario anónimo, este se identifica en la transcripción con la etiqueta “usuario”, seguida de un número, que refleja el orden de su intervención en una 29 Recordemos que estos factores son variables en función de cada red social. Por ejemplo, hay blogs en los que la temática es especializada. Sin embargo, se trata de una comunicación no profesional, lo cual favorece el empleo de expresiones propias de un registro coloquial. Por otro lado, el corpus está repleto de intercambios en los que no hay una relación de cercanía entre los interlocutores. No obstante, al tratarse de una interacción en ausencia, dicha relación de cercanía se presupone en gran parte de los intercambios. Esto explica que en este corpus sean frecuentes las situaciones de disputa, ya que los internautas se sirven de su identidad virtual para transgredir impunemente las normas de convivencia social y anular la posible distancia jerárquica existente entre los internautas (Mancera y Pano, 2013).
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 37 determinada publicación (usuario 1; usuario 2 etc.). También se facilita su sexo, dato que puede ser útil para ciertos estudios. Estas etiquetas pueden marcar el sexo masculino, femenino, o no identificado (usuario 1, hombre; usuario 2, mujer; usuario 3, no identificado). Por el contrario, no se preserva la identidad de los personajes públicos, que se identifican explícitamente a lo largo del corpus. 1.5.3 Otros corpus de análisis de la conversación coloquial 1.5.3.1 Corpus Val.Es.Co. 2.0 El Corpus Val.Es.Co. 2.0. es el resultado de años de grabación y transcripción 30 de conversaciones, labor realizada por el grupo Val.Es.Co., uno de los núcleos de investigación del español coloquial más importantes en el ámbito panhispánico. Su corpus reúne la transcripción de 46 conversaciones coloquiales reales 31 . En total, la transcripción de estas grabaciones ha dado un lugar a un corpus de 73.344 palabras. El material que incluye este corpus es, por lo tanto, representativo del español coloquial peninsular y constituye una muestra de máxima inmediatez comunicativa, lo cual propicia la aparición de expresiones propias de este registro, entre las que pueden estar nuestras formas. En este corpus, por tanto, se dan plenamente todos los rasgos prototípicos del registro coloquial (Briz Gómez, 1998: 40: 43): inmediatez, escasa planificación, alternancia de turno no predeterminada, temática no especializada, finalidad interpersonal, relación de igualdad y cercanía entre los interlocutores, marco de interacción familiar, etc. 1.5.3.2 Corpus COLA(M) 32 El Corpus COLA(M) 33 , creado en la Universidad de Bergen (Noruega), está concebido para constituir una muestra representativa del habla adolescente en español. Está formado por la transcripción de 145 conversaciones de hablantes jóvenes, de entre 13 y 19 años, de Madrid. La transcripción de este material tiene una extensión de unas 175.000 palabras 34 . 30 Las transcripciones se han realizado siguiendo el sistema Val.Es.Co., disponible en línea, en el siguiente enlace: https://www.uv.es/valesco/sistema.pdf 31 Las transcripciones están en acceso abierto, en el siguiente enlace: www.valesco.es. 32 Aunque el corpus está en acceso abierto, es necesario registrarse para poder acceder a los materiales. 33 En el Proyecto Cola también se ha recogido un subcorpus de habla adolescente del español de Santiago de Chile y de Buenos Aires. En este caso, solo hemos utilizado el subcorpus recogido en Madrid. 34 Esta cantidad es aproximada, dado que el Proyecto Cola no proporciona el número total exacto de palabras.
María Soledad Padilla Herrada 38 Nuevamente, nos encontramos ante datos conversacionales reales en los que se dan todas las condiciones necesarias para que aparezcan nuestras expresiones. Una gran ventaja de este corpus, frente a otros, es que la transcripción está unida al sonido, lo cual permite al investigador analizar patrones entonativos y ser más certero en la interpretación de ciertas expresiones lingüísticas. 1.5.4 Corpus académicos: CORDE, CREA, CORPES XXI Para completar los datos obtenidos de los corpus anteriores, también hemos consultado los corpus de la Real Academia Española. Como sabemos, en CORDE se registran materiales de nuestra lengua que llegan hasta 1974. En CREA se recogen materiales datados entre el año 1975 hasta el año 2004. Por último, CORPES XXI recopila datos que oscilan entre el año 2000 y 2020 35 . Dado que nuestro estudio se centra en fórmulas del español coloquial actual, hemos utilizado, sobre todo, CREA y CORPES XXI. Sin embargo, Se hizo uso del CORDE para tratar de localizar el período en el que se empiezan a recoger testimonios de las expresiones analizadas en esta tesis. En cuanto a la extensión de los corpus, teniendo en cuenta la parte del material correspondiente al español peninsular, que es el único que hemos utilizado, CORDE tiene una extensión de 196.166.300 palabras, y CREA de 85.563.661, según los datos proporcionados en la descripción de cada uno de ellos. En el caso de CORPES XXI, no se indica el número total de palabras del subcorpus de España. Por ello, hemos hecho un cálculo aproximado, basándonos en la información que se facilita. El dato que se proporciona es que en CORPES XXI hay aproximadamente 286 millones de formas, en total, de las cuales el 30% corresponde a los datos de España. De este modo, concluimos que en el subcorpus de España hay en torno a 196.166.300 palabras. A diferencia de los anteriores, los corpus académicos están conformados a partir de materiales que, en su mayoría, son de lengua escrita. Aunque hay algunas transcripciones de materiales orales, como entrevistas o programas de radio y televisión en CREA y CORPES XXI, estos datos constituyen una parte muy minoritaria del conjunto. Sin embargo, hay una gran cantidad de obras literarias, en las que, en no pocos casos, encontramos una mímesis de lo oral 35 Téngase en cuenta que nuestra búsqueda en este corpus finalizó en diciembre de 2019. Esto explica que no hayamos podido incorporar a nuestros datos cuantitativos las posibles documentaciones presentes en la última actualización, que se realizó en mayo de 2020.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 39 (Oesterreicher, 1996; Vigara Tauste, 1997; Narbona Jiménez, 2001, 2007a, 2007b; López Serena, 2007) y, por lo tanto, nuestras expresiones también pueden encontrarse entre estos materiales. A pesar de no tratarse de fórmulas utilizadas por un hablante de forma natural, su presencia en determinadas obras literarias muestra que el autor, que pretende simular de manera fidedigna nuestra lengua en una situación comunicativa de inmediatez, las reconoce y las utiliza como expresiones modales, lo cual nos parece una muestra fidedigna de su grado de convencionalización. Por ello, consideramos que estos materiales son válidos para nuestro análisis, siguiendo las consideraciones de Narbona Jiménez (2015: 212). Algunos problemas surgidos con la búsqueda en CORDE es que, en este corpus, se diferencia en los términos que se pretenden buscar entre el uso de la mayúscula y la minúscula, lo cual obliga a duplicar la búsqueda. Otro aspecto que ralentiza la obtención de datos es que, cuando se superan los 1000 casos, el corpus no te muestra todos los resultados, sino que te obliga a filtrarlos partiendo de criterios que permitan obtener, en todos los casos, menos de 1000 fragmentos. Es decir, hay un límite de frecuencias que este corpus puede recuperar. No obstante, estos escollos no se encuentran en CREA 36 ni en CORPES XXI, donde no se distingue entre el uso de mayúsculas y minúsculas y se puede obtener un gran volumen de datos. 36 La versión anotada del CREA está disponible desde 2015.
María Soledad Padilla Herrada 40 Capítulo 2 Estado de la cuestión. Hacia una gramática del discurso
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 41 2 Estado de la cuestión. Hacia una gramática del discurso. 2.1 INTRODUCCIÓN Antes de adentrarnos en las bases teórico-metodológicas de nuestra investigación (Fuentes Rodríguez 2013a, 2017a, 2019a, 2020), en el presente capítulo nos ocuparemos de trazar un breve recorrido histórico sobre los antecedentes y el desarrollo de lo que Gutiérrez Ordóñez ha denominado la lingüística de la comunicación (1997a: 19), centrándonos, dada la relevancia que tiene en nuestra investigación, en la pragmática, la lingüística textual, el análisis del discurso y el análisis de la conversación. A continuación, esbozaremos algunos de los principales modelos que nos han permitido avanzar hacia una gramática del discurso. 2.2 ANTECEDENTES 2.2.1 La lingüística del código Es bien sabido que las dos grandes teorías lingüísticas a través de las cuales la lingüística ha avanzado como ciencia durante buena parte del siglo XX son el estructuralismo 37 (primera mitad del siglo XX) unido a la gramática tradicional y el generativismo 38 (segunda mitad del siglo XX). En un primer momento, el estructuralismo provocó una auténtica revolución para la lingüística de su tiempo, ya que supuso un cambio de paradigma con respecto a los estudios decimonónicos, al centrar el foco en la lengua, entendida como el sistema de signos que la componen, y en cómo dichos componentes se organizan internamente. El objetivo último era otorgar una dimensión científica a los estudios lingüísticos. Saussure es quien establece, en primer lugar, la langue como objeto de análisis de la lingüística. Además, él mismo estipula que ese análisis debe hacerse en la escritura, ya que solo esta se caracteriza por la sistematicidad y puede fijar los signos del código en imágenes convencionales, al contrario de lo que sucede con las muestras de habla: “Les signes de la langue sont pour ainsi dire tangibles; l’écriture peut les fixer dans des images conventionnelles, tandis qu’il serait imposible de photographier dans tous leurs détails les actes de la parole; la phonation d’un mot, si petit soit-il, représente une infinité de mouvements 37 Saussure fue precursor de muchas importantes escuelas lingüísticas en todo el mundo; Bally y Sechehaye en Ginebra; Hjemslev en Dinamarca; Alf Sommerfelt en Noruega; Benveniste y Meillet en Francia; la escuela de Praga con Jakobson y Trubetzkoy; Alarcos Llorach en España; Bloomfield en Estados Unidos, etc. 38 Se considera que nace con la obra Syntactic Structures (1957) de Noam Chomsky.
María Soledad Padilla Herrada 48 discurso es una transdisciplina, ya que son muchas las áreas de conocimiento que se han ocupado de ella. De hecho, podemos comprobar cómo en cualquier investigación en la que se hable de la superación del paradigma estructuralista-generativista se tratan estas líneas de trabajo, así como los investigadores que las representan, de forma conjunta. Algunos autores, como Otaola Olano (1989), señalan que la distinción entre el análisis del discurso y la lingüística textual reside en que desde el primero se interpreta el texto entendiéndolo como un proceso, mientras que desde la lingüística textual se analiza como el resultado de dicho proceso comunicativo. En esta línea, contamos con definiciones como la de Brown y Yule (1983), quienes afirman que “el analista del discurso trata sus "data" como un registro (texto) de un proceso dinámico en el que el lenguaje se utilizó como instrumento de comunicación en un contexto, por un hablante/ escritor, para expresar significados y lograr intenciones”. Por su parte, Borreguero Zuloaga (2002: 86) reconoce las innegables semejanzas entre la lingüística del texto y el análisis del discurso, si bien afirma que los orígenes del análisis del discurso “deben buscarse, más que en la lingüística, en la etnografía, la antropología y la sociología”. A pesar de estas distinciones teóricas, en la práctica, comprobamos que los límites entre estas corrientes de investigación se desdibujan. En este sentido, reconocen autores como Casado Velarde y Loureda Lamas (2009: 2011) que los límites de la lingüística textual a veces son muy difusos ya que dicha corriente de trabajo “como método ha ido diluyéndose por etapas en el análisis del discurso o en la pragmática”. También Borreguero Zuloaga (2002: 87) apunta que, aunque en sus inicios los rasgos propios de cada una de estas líneas de trabajo estaban bien definidos, el constante intercambio metodológico que ha habido entre ellas ha provocado que hoy sean difícilmente identificables. Buena muestra de ellos es el hecho de que, autores como Van Dijk, que comenzaron inaugurando la lingüística del texto, terminan siendo representantes del análisis del discurso 54 . 2.2.2.4 El análisis de la conversación De estas cuatro líneas de trabajo que hemos tomado como representativas de la denominada lingüística de la comunicación 55 , creemos que la que nos permite determinar unos límites más claros es el análisis de la conversación, ya que este posee un objeto de estudio muy definido y 54 En el caso de Van Dijk, su investigación más reciente se enmarca en lo que se denomina análisis crítico del discurso. 55 Por supuesto, no son las únicas. Para ampliar la información relativa a este tema, véase Gutiérrez Ordóñez (1997a).
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 49 concreto, si bien ha de tenerse en cuenta que, para su desarrollo, toma como base los avances teórico-metodológicos conseguidos a la luz de las otras tres corrientes de estudio. En el siguiente apartado, realizamos un breve recorrido histórico en el que esbozamos sus inicios y su desarrollo 56 . 2.2.2.4.1 El análisis conversacional. Breve recorrido histórico Dentro de esta línea de investigación, destacamos el importante papel que desempeñó la etnografía de la comunicación en Estados Unidos. En la década de los 60, época en la que Hymes 57 (1962) y Gumperz y Hymes (1964) empezaron a plantearse qué es la conversación, situamos los inicios de lo que hoy los lingüistas conocemos como análisis conversacional. Desde aquel momento, el interés por el tema no ha dejado de crecer, no solo para los filólogos, sino también para investigadores de otras disciplinas, tales como la sociología y la antropología. La curiosidad de estos autores por este objeto de estudio sirvió como estímulo para la consiguiente aparición de diversos grupos de trabajo que llevaron a cabo avances sin precedentes en este campo. En la esfera internacional podemos distinguir, de entre los muchos autores que han investigado sobre el tema, tres grupos de estudiosos de reconocido prestigio en el ámbito del análisis conversacional, que hoy en día siguen siendo referencias obligadas (apud. Fuentes Rodríguez 2017 [2000]). El primero de ellos está formado por los etnometodólogos, cuyos trabajos son considerados pioneros y de suma importancia para el análisis conversacional actual (Schegloff 1968; Sacks et al. 1974, etc.). Estos sociólogos se focalizaron especialmente en analizar el fenómeno de la toma de turno conversacional. El segundo grupo está formado por los investigadores de la Escuela de Ginebra. Esta, liderada por Roulet, está conformada por investigadores que realizaron notables aportaciones en esta línea: Moeschler (1985, 1996); Moeschler y Auchlin (1997); Reboul y Moeschler (1998); Rubattel (1989); Roulet (1991, 1997); Roulet et al. (2001) etc. En el seno de este grupo, se configura un modelo global que tendrá especial relevancia para el análisis conversacional. El último grupo de investigadores, igualmente reconocidos, lo conforman los investigadores de la Escuela de Birmingham: Sinclair y Coulthard (1975), Coulthard y Brazil (1981), Stubbs 56 De las cuatro líneas de trabajo que hemos englobado bajo el término de lingüística de la comunicación, nos centramos, especialmente, en el análisis de la conversación, ya que, por nuestro objeto de estudio, posee una especial relevancia para nuestra investigación. 57 Fundador de la etnografía de la comunicación o antropología lingüística.
María Soledad Padilla Herrada 50 (1983)... 58 , quienes aportaron interesantes avances al investigar, entre otros aspectos, sobre la estructura de la interacción en una situación comunicativa concreta: el aula. Durante las décadas de los 70 y 80 el interés investigador y, por extensión, las publicaciones sobre el tema fueron aumentando paulatinamente (Duncan, 1974; Sacks et al., 1974; Grice, 1975; Goffman, 1976; Donaldson, 1979; Levinson, 1979; Ventola, 1979; Criado De Val, 1980; Poyatos, 1980; Goodwin, 1981; Jacobs y Jackson, 1983; André-Larouchebouvy, 1984; Blanche-Benveniste y Jeanjean, 1987; Cheepen, 1988). Tanto es así que desde los 90 hasta nuestros días, las nuevas generaciones de investigadores nos encontramos con una auténtica avalancha de trabajos, realizados en diversas lenguas, entre las que se incluye el español, que versan sobre distintos aspectos de la lengua hablada y de la conversación (Gallardo Paúls, 1992, 1993; Cestero Mancera, 1996; Cortés Rodríguez, 1991, 1995; Kerbrat Orecchionni, 1999; Fuentes Rodríguez, 1995a; Ferrari, 2003; Schegloff, 2007, etc.). Es precisamente en los 90 cuando el número de trabajos en español empieza a crecer. En este sentido, tuvo y tiene un papel muy importante el grupo Val.Es.Co., fundado a principios de esta década por el doctor Briz Gómez. Este grupo constituye actualmente uno de los núcleos más importantes sobre análisis conversacional, y en concreto sobre el español coloquial, en el ámbito hispánico. Son muchas las referencias y aportaciones realizadas al estudio del español conversacional en el seno de este grupo (Briz Gómez, 1996, 1998, 2003, 2004, 2012, 2018, etc.; Pons Bordería, 1998a, 2003, 2016, etc.; Hidalgo Navarro, 1997, 2006; Padilla García, 1996; grupo Val.Es.Co., 2014, etc.). También hemos de destacar la importancia de los estudios de otros investigadores españoles con contribuciones de gran trascendencia en torno a la conversación y la delimitación del español coloquial, tales como Cortés Rodríguez (2002, 2011, etc.) y Narbona Jiménez (2008, 2015, etc.), entre otros. Teniendo en cuenta que hay múltiples dimensiones potencialmente analizables en torno a la conversación y considerando las aportaciones más importantes en este campo tanto a nivel nacional como internacional, podemos distinguir, si proyectamos una mirada holística desde la actualidad, entre investigaciones centradas en los siguientes aspectos 59 : 58 Si bien es cierto que hay otras escuelas y autores importantes, enumeramos algunas de las más reconocidas y citadas sistemáticamente en la bibliografía al respecto. 59 Muchas de estas investigaciones se ocupan de varias líneas, pero intentamos sistematizar algunas de las principales referencias, atendiendo a los aspectos más destacables que tratan.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 51 • la descripción de los rasgos generales de la conversación (Blanche-Benveniste y Jeanjean, 1987; Kerbrat Orecchionni, 1996; Gallardo Paúls, 1996; Briz Gómez, 1996, 1998; Eggins y Slade, 1997; Nieto García, 1995; Tusón, 1997; Pridham, 2001) • la delimitación de la estructura de la conversación y las unidades de análisis conversacional (Jefferson, 1983; Roulet, 1981; Roulet et al., 2001; grupo Val.Es.Co., 2014; Cortés y Camacho, 2005; Briz Gómez, 2007; Schegloff, 2007; Degand y Simon, 2009) • la toma de turno por parte de los hablantes (Dunkan, 1972; Sacks et al., 1974; Wilson y Tyler., 1980; Briz Gómez, 2000; Cestero Mancera, 2000; Deppermann, 2013; Levinson y Torreira, 2015) • la sintaxis de la conversación y de la lengua hablada (Narbona Jiménez, 1988, 2015; Selting, 1996; Fuentes Rodríguez, 2005a, 2007, 2013b; Ferrari 2003, 2007; Cresti, 2003; Kaltenböck, 2007; Schneider, 2007; Garrido Medina, 2010; Bustos Tovar et al., 2011; Holmberg, 2014; Dehé, 2014) • el estudio del comportamiento discursivo de determinadas estructuras y marcadores del discurso en la conversación (Pons Bordería, 1998b; Fuentes Rodríguez, 1990, 1995b; Montolío Durán, 1991; Cortés Rodríguez, 1991; Martín Zorraquino, 1994a; Fernández Bernárdez y Vázquez Veiga, 1995; Martín Zorraquino y Portolés, 1999; Santos Río, 2003; Briz, Pons y Portolés, 2008; Schegloff y Lerner, 2009; Briz y Pons, 2010; Stivers, 2011) • el análisis de determinados tipos de intercambios conversacionales como, por ejemplo, el intercambio pregunta-respuesta (Goffman, 1976; Baumert, 1977; Davidson, 1984; Moeschler, 1986; Cestero Mancera, 1994; Fox y Thompson, 2010; Norrick, 2012; Kimps, Davidse y Cornillie, 2014; De Ruiter, 2015) • la investigación en torno a aspectos prosódicos y entonativos (Chafe, 1993; Müller, 1996; Hidalgo Navarro, 1997, 1998; Wells y MacFarlane, 1998; Couper-Kuhlen y Selting, 2006; Bergmann, 2007) • la descripción de los rasgos de la conversación atendiendo a los factores diatópicos (Cortés Rodríguez, 1986; Cano et al., 1998) o situacionales (Gregory y Carroll, 1978; Waterman et al., 2001) • el estudio de los rasgos de la conversación en pacientes con determinados trastornos del lenguaje (Whitworth et al., 1997; Santonja, Chamarro y Alonso, 2004; Gallardo Paúls, 2002, 2007; Rousseaux et al., 2010; Pérez Mantero, 2015).
María Soledad Padilla Herrada 52 2.3 PRINCIPALES APORTACIONES A LA GRAMÁTICA DEL DISCURSO Con el desarrollo y los avances de la lingüística de la comunicación y el consecuente abandono paulatino de la concepción inmanentista de la lingüística moderna, surgen cada vez más estudios que tratan de acercarse a la lengua real, a la parole, trascendiendo la lingüística del código, centrada en la langue, que se venía haciendo hasta entonces. El interés del lingüista por centrarse en los usos reales tuvo consecuencias muy positivas para la ciencia lingüística, ya que hizo posible que su objeto de estudio se extendiera también al ámbito de lo oral. En palabras de Blanche- Benveniste, “la atención en las producciones orales permitió desplazar la observación hacia actividades de lenguaje menos conformistas que las de lo escrito” (Blanche-Benveniste, 1998: 105). Surge, así, el interés por analizar los fenómenos lingüísticos en su empleo real, muchos de los cuales no son abordables a partir de los moldes de la gramática tradicional, ya que su unidad central de análisis, la oración, no nos proporciona herramientas para realizar un examen que dé cuenta de sus valores reales. Sirvan como ejemplo de esta insuficiencia las investigaciones sobre unidades que van más allá de la oración y que suponen un avance en este sentido, como las que versan sobre comment clauses (Quirk et al., 1972; Kaltenböck, 2009), marcadores del discurso (Schiffrin, 1987; Brinton, 2008) o complementos periféricos (Fuentes Rodríguez, 2007), externos al contenido proposicional. Este productivo enfoque hizo plantearse a muchos autores la necesidad de contar con un marco teórico rentable capaz de sistematizar y proporcionar una descripción satisfactoria de estos elementos (vid. Briz Gómez, 1998; Fuentes Rodríguez, 1996b). En este sentido, destacamos algunos de los más conocidos modelos teóricos que han tratado de configurar un marco de análisis más abarcador, capaz de superar las limitaciones de las gramáticas tradicionales o de analizar fenómenos lingüísticos que trascienden los moldes oracionales, ya que, como afirma Narbona Jiménez (1996: 231), los usuarios de la lengua no hablamos por oraciones. Estas nuevas perspectivas, que contemplan el sistema lingüístico desde un punto de vista novedoso y más amplio, tratan de acercarse al texto o discurso como objeto de análisis y se proponen dar una respuesta a las preocupaciones epistemológicas y metateóricas sobrevenidas del
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 53 paradigma estructuralista y generativista. Vamos a esbozar los rasgos más característicos de algunos de los modelos 60 más representativos, tanto fuera como dentro del ámbito hispánico 61 . Dado que resultan de gran interés para nuestro trabajo, nos referimos a algunos modelos relevantes dentro del análisis conversacional (Sacks et al., escuela de Brimingham, escuela de Ginebra, grupo Val.Es.Co., Gallardo Paúls), la lingüística textual (Van Dijk y Adam), algunos modelos transoracionales o supraoracionales (Blanche-Benveniste y Berrendoner) y, por último, damos cuenta de otros modelos de gran importancia, que parten del discurso como unidad de análisis (Functional Discourse Grammar y la Thetical Grammar). En este último grupo, incluimos el modelo de Fuentes Rodríguez (2013a, 2017a, 2019a, 2020), que constituye nuestro marco teórico. 1) Entre los autores destacados en el dominio del análisis de la conversación, hacemos alusión, en primer lugar, a los sociólogos Sacks et al. (1974). Aunque su motivación es puramente sociológica, realizan aportaciones muy significativas en este campo. Desarrollan un modelo de organización de la conversación en el que la unidad básica es el turno de habla, unidad delimitada por el cambio de hablante. A partir del análisis de grabaciones de conversaciones reales, estos autores sitúan la toma de turno como central en la organización de la conversación y la caracterizan como libre y muy sensible al contexto. Para ellos, los turnos están coordinados en la conversación a través de un proceso colaborativo que se suele respetar para que no haya más de un hablante a la vez. Las unidades que, según estos autores, pueden ocupar el turno de habla son: sentential, clausal, phrasal, lexical constructions… (Sack et al. 1974: 702). Cada una de estas unidades pueden constituir el final de un turno, por lo que su terminación puede representar un cambio de hablante. A dicho lapso interaccional se le denomina transition relevance place (TRP) 62 . A su vez, la toma de turno está regulada por reglas descriptivas que se dividen en dos grupos, en función de si el hablante que posee el turno selecciona al siguiente, o si un hablante se autoselecciona para tomar el siguiente turno. 60 Además de los modelos que resumimos aquí, hay otros de gran interés, como el de Kerbrat Orecchioni (1990), el Modelo de Basilea aplicable a la lengua italiana (Ferrari, 2003, 2005…), el modelo de co-enunciación de Morel y Danon-Boileau (1998), el modelo de las unidades básicas del discurso (Degand y Simon, 2009), o los presupuestos de Cresti (2003), entre otros. También presenta gran importancia la Gramática de Construcciones (Fillmore, 1985; Fillmore et al., 1988; Lakoff, 1987; Goldberg, 1995, 2006), ampliamente desarrollada en español por Pedro Gras (2011). 61 Para abordar el tratamiento de estas teorías no seguimos un criterio cronológico, sino que los ordenamos en función de las similitudes que presentaban o la corriente de investigaciones en la que se incluyen. 62 Este término se traduce en la literatura hispánica como lugar de transición pertinente (LPT).
María Soledad Padilla Herrada 54 2) En Ginebra 63 , Roulet (1991, 1997) y Roulet, Filliettaz y Grobet (2001), destacaron la necesidad de crear herramientas teóricas capaces de analizar los distintos niveles de organización discursiva 64 . Su modelo dispone de tres dimensiones (lingüística, textual, y situacional) y varios módulos que se organizan y analizan de forma independiente, es decir, de manera heterárquica 65 , para después configurar las conexiones que se producen entre ellos, en formas de organización que pueden ser elementales o complejas. Estos autores introdujeron conceptos que después adquirirían una gran importancia, ya que sirven como base para varios modelos de análisis lingüístico. Por ejemplo, establecen el binomio iniciativo/reactivo (Roulet et al. 1985), fundamental en el análisis de la conversación, y distinguen entre actos de discurso principales y subordinados, conceptos de los que se parte en uno de los modelos más punteros de análisis de la conversación en el ámbito hispánico: el del grupo Val.Es.Co. 3) El grupo de Birmingham (Sinclair y Coulthard, 1975; Coulthard y Bazil, 1981; Stubbs, 1987, etc.) impulsa un modelo de análisis mediante el que se propone explicar la relación jerárquica existente entre los componentes del discurso. Desde este modelo se concibe que las unidades de análisis son el resultado de la combinación de unidades menores. Según estos autores, en el discurso interactivo que tiene lugar en el aula hay cinco unidades que se organizan de forma jerárquica. Estas son, ordenadas de mayor a menor: lección, transacción, intercambio, movimiento y acto 66 . Este último, constituye la unidad mínima de análisis para estos autores. 4) El grupo Val.Es.Co. (2014) desarrolla un modelo de segmentación del discurso conversacional, basado en criterios pragmáticos y estructurales, que según los propios autores “se caracteriza por ser funcional e inductivo-deductivo” (grupo Val.Es.Co., 2014: 14). Para ello, parten de los principales avances de las propuestas de los modelos pioneros en análisis conversacional mencionados más arriba, especialmente, de la Escuela de Ginebra (Roulet et al. 1985, Roulet 1991, 63 Fuentes Rodríguez (2017 [2000]) hace un interesante y pormenorizado análisis crítico del desarrollo y la teoría de la escuela de Ginebra. 64 Aunque su modelo es global, lo agrupamos, en esta ocasión, entre los modelos relevantes dentro del ámbito del análisis conversacional, ya que nos interesan, especialmente, las nociones introducidas por este grupo que han servido como base para esta corriente de análisis. 65 Una de las críticas de Fuentes Rodríguez (2017 [2000]) al modelo de Roulet es que esa pretendida heterarquía termina no siéndolo en la práctica, ya que, muy frecuentemente, se apoya en el módulo jerárquico para llevar a cabo su análisis. 66 Estos autores definen el acto por su función interactiva. No lo identifican con su fuerza ilocutiva y, por tanto, con el acto de habla.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 55 etc.) 67 . En el modelo de Val.Es.Co., se distinguen ocho unidades (discurso, diálogo, intercambio/alternancia de turnos, intervención/turno, acto y subacto 68 ), tres dimensiones (social, estructural e informativa) y cuatro posiciones (inicial, media, final e independiente). La unidad básica de análisis en este modelo es el acto 69 -y el subacto-. Además de definirse por ser jerárquico y recursivo, se trata de un modelo estructurado por niveles (dialógico y monológico). Los objetivos perseguidos por estos autores son proporcionar herramientas que permitan analizar una conversación coloquial sin residuos y facilitar la investigación de diversos fenómenos conversacionales, como los “actos truncados, solapamientos, elementos suprasegmentales o marcadores discursivos” (grupo Val.Es.Co., 2014: 13). Aunque la propuesta de este grupo está especialmente pensada para la segmentación de la conversación coloquial, reconocen que es posible su aplicación a otros tipos de discurso. 5) También dentro del análisis conversacional, contamos con el modelo de Gallardo Paúls (1993, 1996). Dado que pertenecía al grupo Val.Es.Co., encontramos algunos puntos en común, aunque también hay algunas divergencias entre estos dos modelos. Así, para esta autora, la unidad mínima de análisis es también el acto 70 , que se encuentra tanto en un texto monologal como dialogal. Sin embargo, al acto o conjunto de actos con valor interactivo los llama movimiento 71 , en consonancia con los estudios de la Escuela de Birmingham. Estas son las dos unidades en las que, desde su punto de vista, puede fragmentarse una intervención, la cual tiene una función interactiva 67 “Al lector no le será difícil distinguir la huella del análisis del discurso de Birmingham (Sinclair, 1975), la del Análisis Conversacional norteamericano (Sacks et al. 1974), la del Grupo de la Sorbona (Morel y Rialland, 1992), la del grupo de Aix-en-Provence (Blanche-Benveniste y Jeanjean, 1987) y, especialmente, la de la Escuela de Ginebra, a quien cabe atribuir la paternidad en la división de una conversación en unidades constituyentes sin residuos (Roulet et al. 1985, Roulet 1991, Roulet et al. 2001)” (grupo Val.Es.Co., 2014: 11). 68 Los subactos son las unidades informativas en las que se puede descomponer un acto (grupo Val.Es.Co., 2014: 52). 69 En este modelo, el acto se define como: “una unidad estructural monológica, jerárquicamente inferior a la intervención, de la que es su constituyente inmediato; asimismo, es la mínima unidad de acción e intención, que posee las propiedades de aislabilidad e identificabilidad en un contexto dado” (grupo Val.Es.Co., 2014: 39). 70 Esta autora sí asimila la unidad acto al acto de habla de la pragmática enunciativa (Gallardo Paúls, 1996: 43). 71 Para esta autora, el movimiento puede ser de enlace (con la intervención previa o la siguiente) o constitutivo (no referido a ninguna otra intervención) (Gallardo Paúls, 1996: 43 y ss.). Téngase en cuenta que esta unidad no se recoge en el modelo del grupo Val.Es.Co.
María Soledad Padilla Herrada 56 en el intercambio 72 . Para esta autora, dichos intercambios se organizan en secuencias 73 , que son definidas como “el intercambio o grupo de intercambios dotados de entidad temática y/o funcional” (Gallardo 1996: 42). Desde la perspectiva de esta autora, estas pueden ser secuencias marco (de apertura y cierre) y secuencias temáticas (de concordancia, laterales, de historia y de inserción). Asimismo, esta autora defiende que entre las unidades conversacionales se establecen relaciones que se regulan a través de los principios de predictibilidad 74 y prioridad 75 . 6) En el ámbito de la lingüística textual, destacamos las aportaciones de Van Dijk (1978, 1980), uno de los principales pioneros y representantes de esta línea de trabajo. Este autor defiende el carácter interdisciplinar que debe tener un adecuado estudio del texto. Según sus propias palabras, la “sociolingüística, poética, antropología y demás ciencias sociales (Van Dijk 1978: 9)” 76 deben estar implicadas en este. Desde su perspectiva, se entiende el discurso como un fenómeno lingüístico y pragmático, en el que el sentido final no puede ser explicado composicionalmente, sino a través de la interpretación de un significado global. Para ello, pretende trazar las relaciones que se producen entre los distintos actos de habla que terminan constituyendo el macro-acto de habla: el discurso. Van Dijk (1978) es uno de los primeros autores en proponer que el estudio textual debe hacerse atendiendo a tres niveles textuales: superestructural (estructura de organización general), macroestructural (organización textual dependiente de la superestructura) y microestructural (compuesta por las unidades más pequeñas -las oracionesque establecen relaciones de conexión y cohesión entre ellas). Asimismo, atiende a las estructuras estilísticas (estilo literario, periodístico, administrativo, etc.) y retóricas del texto (estrategias de persuasión del discurso). Por tanto, es Van 72 Para esta autora, el turno no es una unidad de análisis que esté en el mismo nivel que el resto, sino un hueco estructural en el que puede haber una intervención o no. Por tanto, tanto ella como el grupo Val.Es.Co. consideran que el turno es una unidad interactiva de carácter social que determina qué intervenciones han sido aceptadas por los participantes para la progresión de una conversación. En este sentido, ambos consideran que “todo turno es, al mismo tiempo, una intervención, pero no toda intervención puede constituirse en turno” (Val.Es.Co. 2014: 18). 73 En cambio, en el modelo de Val.Es.Co., la secuencia no aparece entre las unidades de segmentación de la conversación. La unidad paralela en su enfoque sería el diálogo, el cual no se define por criterios temáticos, sino que se considera una unidad estructural (grupo Val.Es.Co., 2014: 33). 74 Concepto introducido por Sacks et al. (1974). Según Gallardo Paúls se trata de la orientación interaccional de una intervención, de manera que se entiende como “la relación que mantiene una intervención con las demás intervenciones del mismo intercambio: relación de inicio (I), de reacción (R), o de respuesta/inicio (R/I)” (Gallardo Paúls 1996: 46). 75 “Principio de carácter social, que preside la interacción personal y que se dirige a preservar la imagen de los participantes” (Gallardo Paúls 1996: 61). Volveremos sobre ambos conceptos en el capítulo 3. 76 Este autor atribuye significados distintos a los términos texto y discurso. El discurso se define en su teoría como el componente material real, mientras que el texto es una construcción teórica (Van Dijk, 1978).
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 57 Dijk quien introduce estos términos, que gozan de tanta importancia en los estudios lingüísticos actuales y, como veremos, también en las bases metodológicas del modelo de Lingüística Pragmática de Fuentes Rodríguez (2017 [2000]). 7) También situamos en la lingüística textual las aportaciones de Adam (1992, 1999, 2001). Su propuesta de pragmática integrada es de las pocas que ha tratado de llevar a cabo un modelo global y de integrar los conceptos, tradicionalmente separados, de gramática y pragmática. Este autor defiende que las unidades discursivas, ordenadas jerárquicamente de mayor a menor son: el texto, las secuencias, las macroproposiciones y las proposiciones. Según Adam, en la producción de una proposición se realizan tres actos: de referencia, de enunciación o modus y de conexión con el resto del texto. Desde esta disposición, observa que un enunciado establece una relación de conexión con el anterior y posterior y sirve para describir algún aspecto de la realidad y para proporcionar información acerca del hablante. Una aportación importante de su modelo es la inclusión del concepto de secuencia 77 , que se introduce para dar cuenta de la presencia de textos heterogéneos (Adam 1992, 2001). Este autor reflexiona acerca de la complejidad del texto en cuanto a su heterogeneidad composicional y tipológica. En este sentido, la noción de secuencia es rentable para dar cuenta del hecho de que, normalmente, un texto no puede catalogarse como puramente narrativo, descriptivo o argumentativo, etc., sino que en un mismo texto se puede dar una gran variedad de combinaciones tipológicas que pueden dar lugar a múltiples tipos textuales. Con el objetivo de llevar a término un análisis más riguroso, distingue entre cinco tipos de secuencia: narrativa, descriptiva, argumentativa, explicativa y dialogal. 8) En el ámbito de lo que hemos denominado modelos transoracionales o supraoracionales, esbozamos, en primer lugar, el enfoque de Blanche-Benveniste (2000, 2002, 2003, 2010). Esta lingüista se interesó por las unidades lingüísticas que aparecen en los márgenes de la oración y que son externas a la rección verbal 78 . En palabras de la propia autora: “alrededor de la construcción verbal pueden venir a aglutinarse elementos que no están regidos por el verbo, sino simplemente “asociados” a la construcción verbal” (Blanche-Benveniste, 1998: 116). Es decir, se dio cuenta de que había unidades que actuaban fuera del marco oracional y que, por tanto, había una sintaxis de 77 Como vimos en el modelo de Gallardo Paúls (1996), esta unidad también ha sido definida por criterios temáticos en su utilización en el ámbito del análisis conversacional. 78 Para profundizar en la noción de rección véanse Blanche-Benveniste (1984) o Martínez García (1987-1988), entre otros.
María Soledad Padilla Herrada 64 de Ginebra (Roulet 1991, 1997; Roulet et al., 2001) ya que, según afirma la propia autora, su modelo y el de Ginebra comparten los objetivos principales. A saber: dar cuenta de la heterogeneidad del discurso, que suele combinar varios tipos de secuencia, analizar los niveles de organización discursiva y sus interrelaciones, llevar a cabo un análisis global, capaz de hacer frente al análisis de cualquier tipo de texto y tener en consideración la conexión con el contexto que condiciona la producción concreta. No obstante, como esta autora argumenta, a pesar de los innegables logros de Roulet y su equipo, no consiguen hacer patente de forma plena la organización modular ni el funcionamiento heterárquico que define el modelo desde un punto de vista teórico. Además, aunque estos autores, ciertamente, tienen en cuenta la interrelación entre gramática y pragmática, sigue habiendo en el análisis una separación entre “lo lingüístico” y “lo discursivo”, lo cual pone de manifiesto una consideración de la gramática en el sentido tradicional del término. Uno de los principales rasgos del modelo de Fuentes Rodríguez es precisamente el rechazo de la dicotomía gramática y pragmática. Para ella (2017 [2000]: 37) “la Lingüística debe describir, desde una perspectiva pragmática 86 , la influencia que el entorno ejerce sobre lo lingüístico y cómo se conforma discursivamente”, es decir, el lingüista debe tratar de determinar la influencia del contexto en la codificación lingüística 87 . Para esta autora, posición que compartimos plenamente, la Lingüística debe, además de llevar a cabo la descripción de unidades y estructuras, dar cuenta de sus características de uso y su empleo contextual, ya que la lengua en ningún caso es independiente del contexto en que se emplea. Se trata, en definitiva, de un modelo que aúna las consideraciones gramaticales tradicionales con las dimensiones del discurso abordadas desde el surgimiento de la pragmática, de forma que se otorga la misma importancia a ambas y se incluyen dentro de una gramática del discurso. A continuación, nos centramos en los principales rasgos definitorios de este modelo: la integración de gramática y pragmática y su multidimensionalidad. 86 Compartimos con Fuentes Rodríguez su consideración de la pragmática como una perspectiva de análisis lingüístico. Esta postura es compartida por varios autores como Reyes (1990) o Escandell Vidal (1996). No obstante, muchos otros autores la consideran como una disciplina dentro de la Lingüística (Levinson, 1983). 87 Desde el nacimiento de la pragmática, autores como Leech (1983) daban cuenta de la importancia de la introducción del contexto en los estudios lingüísticos para que se produjera un verdadero avance. Sin embargo, este autor la plantea como una vertiente separada de la gramática.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 65 3.1.1.1 Integración de gramática y pragmática Tradicionalmente, se han venido caracterizando como gramaticales todos los aspectos que pertenecen al ámbito de la sintaxis oracional, mientras que se han etiquetado como pragmáticos aquellos referentes al uso contextual de determinadas expresiones. De este modo, se han descrito los usos reales como externos a la gramática. Diversos autores han partido de estas premisas para desarrollar sus investigaciones, como Kotschi (1993), quien separa el nivel gramatical del nivel pragmático, o Leonetti (2014-2015), que, al analizar el orden de palabras en español, afirma que se trata de “un fenómeno gramático, y no pragmático o discursivo”, además de otros como González Calvo (1989). Por su parte, Gutiérrez Ordóñez (2012, 2016) reconoce como unidad básica de análisis en su modelo de sintaxis de enunciados el enunciado. Sin embargo, establece una distinción entre el enunciado lingüístico y el enunciado pragmático. Este último se define, según el autor, por ser el resultado de un proceso de enunciación y por tener fuerza ilocutiva. La base de la distinción que realiza Gutiérrez Ordóñez radica en que, para él, la Lingüística se encarga de la explicación de los fenómenos que están lingüísticamente codificados; mientras que la Pragmática se ocupa de la comunicación no codificada, de los procesos comunicativos inferenciales (Gutiérrez Ordóñez, 2015). Desde nuestra perspectiva, no se hace necesaria la diferenciación marcada por estos autores, ya que el análisis de cualquier expresión, como es el caso de nuestras fórmulas reactivas, solo puede hacerse a través de la investigación de su uso real en el discurso. Afirmar que una unidad lingüística empleada en un contexto determinado es “pragmática” supondría una desvinculación de la dimensión lingüística que, sin duda, está presente en cualquier expresión, dado que su formulación se lleva a cabo a través de componentes fonéticos y sintácticos. Uno de los autores cuyas posiciones teóricas supusieron un avance al tratar de fusionar el binomio gramática y pragmática fue Adam (1990) con su propuesta de pragmática integrada. En esta línea, Fuentes Rodríguez (2017 [2000]: 40) impulsa un modelo en el que uno de los rasgos más característicos es precisamente su rechazo de la separación entre gramática y pragmática, ya que reconocer dicha desvinculación supondría considerar la existencia de una gramática independiente del contexto. Para esta autora, perspectiva que aquí adoptamos, la Lingüística debe contemplar el habla, el uso real. De hecho, son varios los lingüistas que han puesto de manifiesto la necesidad de la
María Soledad Padilla Herrada 66 creación de una gramática del habla (Briz Gómez, 1998; Narbona Jiménez, 1988; Montolío Durán, 1996; Fuentes Rodríguez, 1996b), lo cual ha dado lugar a términos como pragmálingüística o pragmagramática. Desde esta disposición, el lingüista debe tener en cuenta en sus análisis las circunstancias contextuales que hacen que aparezcan en determinados entornos discursivos una expresión lingüística y no otra. Por lo tanto, desde nuestro marco metodológico, partimos de un concepto de Lingüística que abarca los aspectos intralingüísticos, es decir, los considerados tradicionalmente como gramaticales, con los aspectos contextuales. Conviene aclarar que manejamos, en consonancia con nuestro enfoque, un concepto amplio del término contexto, que para nosotros engloba: agentes, espacio-tiempo, circunstancias psicosociales, culturales, históricas, empíricas, etc. (Fuentes Rodríguez, 2017 [2000]: 40). 3.1.1.2 La multidimensionalidad del modelo: niveles y planos de análisis Como ya hemos señalado, el modelo de Fuentes Rodríguez se plantea como un método global, altamente rentable para abordar la multidimensionalidad de cualquier tipo de unidad y de afrontar la complejidad de cualquier tipo de texto, ya sea monologal o dialogal. Por ello, esta autora tiene en cuenta todos los componentes del análisis en relación con los miembros que actúan en la situación comunicativa, como se ilustra en el siguiente esquema: Hablante DISCURSOMENSAJE Oyente → enunciación → modalidad Superestructuras: Secuencias Intertextualidad Macroestructuras: organiz. Informativa ← oyente organiz. Argumentativa ← oyente organiz. Párrafos organiz. Polifónica Microestructura: fonética sintáctica semántica -----------------------------contexto situacional, social, cultural...------------------------- Esquema 1. Esquema adaptado de Fuentes Rodríguez (2017 [2000]:52)
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 67 Como podemos observar, la autora tiene en cuenta todos los elementos que intervienen en la comunicación y los módulos en los que se integra. Parte de la distinción de Van Dijk (1978) y diferencia tres niveles en el discurso: la superestructura, la macroestructura y la microestructura. La microestructura está formada por los componentes ya tratados en la gramática tradicional, siempre ubicados en la esfera de la oración: la morfosintaxis, la semántica y la fonética-fonología. La macroestructura parte de la microestructura y se ocupa de cómo se organiza el texto en su estructura global, estructura cohesiva y en relación con el contexto y los participantes. Es el nivel que alberga la organización global del texto en unidades superiores a la oración, como el párrafo o la intervención (en el caso de un discurso conversacional, como el que conforma la mayor parte de nuestro corpus). La superestructura se define como el molde textual o tipo de texto elegido por el hablante. La tipología textual 88 distingue, habitualmente, entre textos: literarios, publicitarios, periodísticos, de ensayo o técnicos, jurídicos y administrativos. Dicha clasificación se basa en criterios externos que tienen en cuenta: “el contexto lingüístico, intertextual, el canal de transmisión, la intención del hablante y las circunstancias comunicativas en sentido amplio” (Fuentes Rodríguez 2017 [2000]: 180). Sin embargo, en función de la organización interna, que depende de la superestructura, Fuentes Rodríguez (2017 [2000]) distingue entre textos homogéneos o heterogéneos, dependiendo de si están formados por una o más tipos de secuencia. Las secuencias que considera esta autora son: narrativa, expositiva (deliberativa y descriptiva) 89 e instruccional. La secuencia narrativa es aquella que tiene como objetivo contar un suceso, que puede estar situado en otro espacio y tempo. Se caracteriza por seguir un orden cronológico, la abundancia de expresiones temporales de pasado y de deícticos. En ella, suele haber poca presencia del hablante. Por su lado, la secuencia expositiva se emplea en la caracterización de algo o alguien. La secuencia expositiva incluye la descriptiva (utilizada en la definición de una entidad u objeto físico) y la deliberativa (empleada en la exposición de ideas, pensamientos, etc.). En ella, predomina el tiempo presente y la adjetivación. Por último, la secuencia instruccional es aquella que contiene acciones dirigidas al interlocutor, de manera que 88 Sobre esta cuestión, véanse Bernández Sanchís (1982), Bustos Gisbert (1996), Loureda Lamas (2009), entre otros. 89 Esta autora distingue, dentro de las secuencias expositivas, entre las descriptivas y las deliberativas, en función de si dicha secuencia se emplea para caracterizar un objeto del mundo físico (secuencia expositiva, descriptiva) o ideas, pensamientos, conceptos del hablante con respecto a un tema (secuencia expositiva, deliberativa) (Fuentes Rodríguez, 2017 [2000]: 140).
María Soledad Padilla Herrada 68 tiene como fin instar al oyente realizar una determinada acción. Por ello, en ella predomina el tiempo verbal imperativo. Todas estas secuencias pueden poseer una dimensión argumentativa 90 y/o poética 91 y, desde el punto de vista de su dominio enunciativo, pueden ser monologales (monológicas y dialógicas) 92 o dialogales: Esquema 2. Esquema de la tipología textual planteada por Fuentes Rodríguez (2017 [2000]) Hemos de tener en cuenta que los niveles están interrelacionados, ya que los tres constituyen la totalidad del discurso del siguiente modo: la combinación de elementos microestructurales constituye la base sobre la que se asienta la macroestructura, cuya organización general define el tipo de texto, es decir, la superestructura de un discurso dado. Dicha organización general atiende a criterios informativos y argumentativos. Estos tres niveles, a su vez, se encuentran condicionados por la situación, dado que, en última instancia, son las necesidades externas del hablante las que determinan el tipo de texto escogido, el modo de organización de este y las unidades lingüísticas empleadas (Fuentes Rodríguez, 2017 [2000]: 51). Asimismo, el tipo de texto elegido prescribe la organización de la información de un modo determinado y el empleo de unas formas lingüísticas u otras. Así, el hecho de que se trate 90 Para Fuentes Rodríguez (2017 [2000]), un texto poseerá dimensión argumentativa cuando en él se expongan unos motivos o argumentos destinados a llevar al lector a una conclusión determinada. Por lo tanto, en este modelo, no se considera dentro de los tipos de secuencia la argumentativa, sino que el ámbito argumentativo se valora como una dimensión más global, que puede afectar a todos los tipos de secuencias señaladas. Dicha dimensión, por tanto, puede aparecer o no. 91 Esta dimensión no indica que el texto sea literario desde un punto de vista externo, sino que hay una reelaboración formal del material lingüístico. Al igual que sucede con la dimensión argumentativa, esta puede aparecer o no en cualquier tipo de secuencia. 92 Fuentes Rodríguez (2017 [2000]:164) distingue, dentro del dominio monologal, entre secuencias monológicas (cuando hay una sola voz) y dialógicas (cuando hay más de una voz en el discurso de un único hablante). Super y macroestructura Secuencias: -Narrativa -Expositiva -Descriptiva -Deliberativa -Instruccional Dimensiones -Argumentativa -Poética Enunciación -Monologal -Monológica -Dialógica -Dialogal
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 69 de una clasificación jerárquica no implica que estos niveles sean considerados estancos ni independientes, sino que se influyen mutuamente de múltiples formas. Son módulos en relación de mutua interacción. Este aspecto puede representarse del siguiente modo: Situación Figura 2. Niveles de análisis (Fuentes Rodríguez 2017 [2000]: 51) A su vez, la inscripción en el contexto y la influencia situacional se materializa en cuatro planos de la macroestructura: enunciativo, modal, informativo y argumentativo. NIVELES PLANOS Microestructura Macroestructura Superestructura Enunciativo Modal Informativo Argumentativo Tabla 1. Adaptada a partir de Fuentes Rodríguez (2013a: 24) Los planos informativo y argumentativo están orientados al receptor, ya que se parte de la idea de que el emisor seleccionará la información en función de lo que el receptor sabe o desconoce, de manera que otorgará relevancia a determinados contenidos (plano informativo) y le proporcionará una serie de argumentos que lo conduzcan a una determinada conclusión (plano argumentativo). Por su parte, los planos enunciativo y modal representan la consciencia que tiene el hablante sobre su discurso, su control sobre lo emitido, tanto en función de las huellas que deja en el proceso de enunciar (plano enunciativo) como de su actitud ante lo dicho (plano modal). Superestructura Macroestructura Microestructura
María Soledad Padilla Herrada 70 Estos cuatro planos desencadenan la aparición de elementos nuevos en el discurso. Aunque hay un paradigma de unidades propio de cada uno de ellos (vid. Fuentes Rodríguez, 2018 [2009]), es muy usual la multidimensionalidad, ya que numerosas expresiones pueden actuar en varios planos al mismo tiempo. Ilustremos lo dicho tomando como ejemplo una de las expresiones reactivas afirmativas que analizamos en el presente trabajo: (1) […] Y vosotros, ¿alguna vez os acercáis a libros que hablen de sucesos reales en mayor o menor medida en sus tramas? Usuario 12 (mujer): Ya lo creo. Me encantan las historias con poso real y la que presentas es de lo más real, esa ciudad es una bomba latente de relojería, tarde o temprano sucederá. Gracias por la reseña. (Blog, Corpus MEsA). En el ejemplo anterior, extraído del Corpus MeSA, vemos que se emplea la forma ya lo creo para responder afirmativamente a una pregunta previa. Esta unidad se emplea en entornos dialógicos reactivos con un valor modal, ya que manifiesta la subjetividad del hablante, su punto de vista. Ocupa el hueco funcional propio de otros operadores modales como por supuesto, naturalmente… No obstante, en este caso, se trata de una expresión ligada explícitamente al hablante a través de la flexión verbal, de manera que, además de actuar en el plano modal, afecta al plano enunciativo. Mediante la forma seleccionada, el hablante imprime su compromiso asertivo a la vez que intensifica el contenido modal positivo. 3.2 LA MACROSINTAXIS DESDE LA LINGÜÍSTICA PRAGMÁTICA Son muchos los lingüistas que han tratado la necesidad de superar la microsintaxis o sintaxis de la oración y han puesto de manifiesto “la necesidad de situarse en el ámbito macrosintáctico del análisis del discurso” (Narbona Jiménez, 2015: 11). El motivo es claro: cuando prestamos atención a la lengua en su uso real, observamos infinidad de formas lingüísticas que sobrepasan el marco oracional, tales como nuestras expresiones reactivas en proceso de fijación. La sintaxis oracional no nos proporciona las herramientas necesarias para reflejar en el análisis su complejidad, ni nos ayudan a desentrañar por qué un hablante las selecciona en determinados contextos discursivos frente a otras plenamente fijadas, que podrían ocupar su mismo hueco funcional.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 71 Nuestro enfoque se basa en el modelo de Macrosintaxis de Fuentes Rodríguez (2013a, 2017a, 2019a, 2020). Esta autora, tal y como señala Gutiérrez Ordóñez (2016) es quien introduce en la investigación lingüística hispánica el término macrosintaxis. Para ello, parte de los avances llevados a cabo en este campo por autores como Blanche Benveniste (2002, 2003), Berrendonner (2002a, 2002b) o Cresti (2003), quienes defienden una sintaxis que bien podemos denominar supraoracional y reconocen estructuras formadas por un núcleo y unos márgenes, que están ocupados por expresiones que, aunque no dependen del verbo, están vinculadas al núcleo. En consonancia con esta metodología, adoptamos la idea de que la inscripción de las unidades gramaticales en el contexto provoca una sintaxis, ya que dicha inscripción está sujeta a reglas de combinación asociadas a efectos discursivos (Fuentes Rodríguez, 2017a: 7). Es decir, defendemos que, en las unidades superiores a la oración, también hay una estructura, una organización, una combinatoria y una serie de relaciones y funciones que se materializan en construcciones específicas del sistema. Partimos, así, de una gramática que toma como referencia la realización discursiva y que considera la existencia de una sintaxis de unidades que superan el ámbito oracional, una sintaxis de la macroestructura, cuyas unidades aparecen únicamente en el discurso realizado. Dado que se trata del análisis de comunicaciones realizadas en un contexto interactivo concreto, este enfoque solo puede ser operativo desde una orientación pragmática (Fuentes Rodríguez 2017 [2000]), ya que se trata de una metodología muy eficaz a la hora de profundizar en la polifuncionalidad y multidimensionalidad de nuestras expresiones y que nos permite combinar el análisis componencial con la visión pragmática. 3.2.1 Unidades de la microsintaxis y de la macrosintaxis La Macrosintaxis de Fuentes Rodríguez, que es el modelo adoptado en este trabajo, parte de las unidades de la microsintaxis 93 , es decir, de la visión componencial tradicional, cuya unidad máxima es la oración, y lo integra con el nivel macrosintáctico; esto es, con un análisis de unidades superiores en el discurso emitido, situadas en un molde superestructural concreto (Van Dijk, 1978). Desde esta perspectiva, se consideran dos sistemas combinables. 93 Nótese que, en la propuesta de Kaltenböck, Heine y Kuteva (2011), el correlato de la microsintaxis sería la sentence grammar; mientras que la macrosintaxis se corresponde con lo que ellos denominan thecial grammar.
María Soledad Padilla Herrada 72 En coherencia con este doble análisis, Fuentes Rodríguez (2013a, 2017a, 2019a) propone dos sistemas de unidades que establecen una relación de interdependencia y que se corresponden con el nivel microestructural (microsintáctico), por un lado, y con el macroestructural y superestructural (macrosintáctico) por el otro. Esta relación está, en buena parte, causada por “la creatividad léxica y la necesidad expresiva [que] provocan trasvases de un campo al otro” (Fuentes Rodríguez, 2019a: 28) Coincidimos con esta autora al considerar ambas organizaciones como parte de la gramática: Separar micro de macrosintaxis es necesario metodológicamente por reivindicar la existencia de otra sintaxis que va más allá de la oración. Hemos visto que hay categorías propias de la macrosintaxis, pero también trasvases de un campo a otro y unidades que exigen una explicación macroestructural porque expresan contenidos procedimentales (Fuentes Rodríguez, 2019: 28). El sistema de unidades de la microestructura corresponde al análisis sintáctico tradicional, al que denominamos microsintáctico. Es decir, está formado por todos los componentes formales de la oración y no tiene en cuenta el uso real ni las unidades superiores. De menor a mayor, estas unidades se ordenan jerárquicamente del siguiente modo: sema–fonema, morfema, palabra o lexía, sintagma y oración. Dichas unidades se combinan recursivamente hasta constituir formas complejas (Fuentes Rodríguez, 2013a: 18). El análisis de estos componentes desde su uso en la comunicación real nos lleva hasta las unidades superiores a la oración; esto es, a las unidades de las que se ocupa la sintaxis del discurso o macrosintaxis. Las unidades de la macroestructura se organizan, de menor a mayor, del siguiente modo: enunciado, -intervención e intercambio, en el caso de que se trate de un texto dialogalpárrafo y texto. Además de estas unidades, en este grupo, incluimos la secuencia, unidad situada entre el párrafo y el texto. Esta se rige por criterios superestructurales y sirve para dar cuenta de la existencia de textos heterogéneos (vid. Adam, 1990; Fuentes Rodríguez, 2017 [2000]; Roulet, 1997). En la siguiente tabla, ordenamos de mayor a menor las unidades de la micro y la macrosintaxis, según las concibe Fuentes Rodríguez:
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 73 Tabla 2. Tabla adaptada de Fuentes Rodríguez (2013a: 21) Las unidades superiores conforman el texto, unidad comunicativa realizada superior. Estos bloques superiores se nutren de las unidades formales y estructurales que organiza la microestructura. A su vez, encontramos en el discurso unidades de la microestructura que, en determinados contextos, funcionan en el nivel de la macroestructura. Algunos de ellos terminan fijándose en esa función. Por este motivo, hablamos de dos sistemas compatibles entre los que se establecen relaciones continuas (Fuentes Rodríguez, 2013a, 2017 [2000], 2019a). Sirva como ejemplo de estas conexiones una de las unidades que analizamos en esta tesis; la forma ¿estamos locos? como expresión reactiva. Como podemos ver en el siguiente fragmento, se trata de una estructura que realiza una función discursiva análoga a la de un operador modal de rechazo o desacuerdo. No obstante, su base composicional es una oración interrogativa directa. Es decir, se trata de una unidad microestructural (una oración) que pasa a actuar en el nivel macroestructural en contextos reactivos. Concretamente, en el plano modal: (2) @Usuario (mujer): Estamos locos????? [Retuit de la publicación de @elcorreo_com: ] El Gobierno manda al Ejército para dar apoyo logístico a los policías desplegados en Cataluña (Twitter, Corpus MEsA). En cuanto al texto dialogal, concretamente el conversacional, que es el que compone la mayor parte del Corpus MEsA, se organiza en torno a intercambios compuestos por intervenciones, y estas por enunciados. Al mismo tiempo, en función de criterios temáticos, los intercambios se Unidades de la microsintaxis Unidades de la macrosintaxis Oración Sintagma Palabra o lexía Morfema Semafonema Texto Secuencia Párrafo Intercambio (texto dialogal) Intervención (texto dialogal) Enunciado
María Soledad Padilla Herrada 80 En el siguiente ejemplo, tenemos dos movimientos unidos por una unidad que también presenta un contenido gramatical. A diferencia del operador, esta tiene una función conectiva entre dos actos discursivos. Es lo que Hengeveld y Mackenzie denominan una función 110 : (5) 2018/05/25, 12:14 – M1: Tengo ganas pero estoy pelada (WhatsApp, Corpus MEsA). Los pocos casos expuestos nos sirven para ilustrar que las clasificaciones presentes en la bibliografía son muy dispares. Además, existen numerosas imprecisiones terminológicas que complican la tarea a todo aquel que se acerca al estudio de los marcadores del discurso. En nuestro caso, hemos podido comprobar cómo, en ocasiones, se identifica la etiqueta marcador discursivo exclusivamente con la clase de los conectores, hecho del que ha dado cuenta, asimismo, Pons Rodríguez (2010). En otros trabajos, se emplean los términos conector y operador indistintamente para referirse a un mismo tipo de unidades, lo cual ya ha sido observado por algunos autores (Tordesillas, 1993; Fuentes Rodríguez, 2003). Por tanto, como hemos tratado de advertir, la delimitación de los marcadores sigue siendo una cuestión vigente en el panorama lingüístico actual, si bien hemos de tener en consideración que la naturaleza heterogénea de estas unidades justifica la problemática que conlleva su sistematización. Por su parte, autores como Casado Velarde (1991: 89) emplean el término operador para referirse a unidades como esto es, es decir, que tienen una función de conexión en el discurso. Estas forman parte del grupo de conectores en la distinción de Fuentes Rodríguez (2003, 2018 [2009]) que adoptamos en este trabajo. Este hecho es una muestra más del problema terminológico que actualmente sigue latente en el estudio de los marcadores del discurso. Con respecto a la oposición conector / operador, comprobamos que, con relativa frecuencia, aparece en la bibliografía 111 ; sin embargo, se suele adscribir al ámbito de la argumentación. Por ejemplo, Martín Zorraquino y Portolés (1999: 4139) definen los operadores como marcadores que 110 “Modifiers represent lexical strategies, while operators and functions represent grammatical strategies” (Hengeveld y Mackenzie, 2008: 14). 111 Fuentes Rodríguez (2003) da cuenta de los problemas de delimitación presentes en la bibliografía actual entre conector y operador.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 81 “por su significado condicionan las posibilidades argumentativas del miembro del discurso en el que se incluyen, pero sin relacionarlo con otro miembro anterior”. Dicha adscripción se justifica, dado que la distinción de los operadores nace de la teoría de la argumentación (Anscombre y Ducrot, 1983). Este hecho explica que encontremos una postura similar en los acercamientos de otros lingüistas como Tordesillas (1993) o Escandell Vidal (1996). Por lo tanto, la distinción que se ha establecido habitualmente entre las categorías de conector y operador no se ha empleado como criterio sintáctico aplicable a la descripción de fenómenos del discurso. En nuestro caso, adoptamos la posición defendida por Fuentes Rodríguez (2003, 2018 [2009], 2013a, 2017a), que divide los marcadores del discurso en dos grandes categorías macroestructurales, cada una de las cuales cuenta con un paradigma de unidades: la de conector y operador. Esta diferenciación se basa en el hecho de que estas dos categorías presentan comportamientos sintácticos y funciones discursivas distintas 112 . Al igual que Fuentes Rodríguez (2003), consideramos que la distinción entre operadores y conectores es operativa para la sintaxis del discurso en su totalidad y engloba los cuatro planos de la macroestructura, y no solo a la dimensión argumentativa. Desde nuestra perspectiva, estas unidades deben clasificarse en función del plano de la macroestructura al que afectan, sin olvidar que no pocos marcadores afectan a varios planos a la vez. Creemos que esta posición resulta altamente productiva para explicar nuestras unidades y llevar a cabo el análisis desde un enfoque macrosintáctico, ya que nos permiten reflejar su multidimensionalidad. En cuanto a las definiciones de estas dos categorías, el conector es aquel que desempeña una función relacional en el discurso. Se encarga de ensamblar un determinado enunciado con algo anterior, ya se trate de un aspecto explícito o implícito (Fuentes Rodríguez, 2003: 68). Es decir, se define como una unidad que une dos segmentos del discurso 113 . Con respecto al operador, es el marcador cuyo campo de actuación no sobrepasa los límites el enunciado. Consideramos, en consonancia con Fuentes Rodríguez (2020), que los operadores son: 112 No obstante, la polifuncionalidad y multidimensionalidad que define a estas unidades hace que encontremos casos fronterizos. Para un análisis de algunos de estos casos, véase Fuentes Rodríguez (2003). 113 Fuentes Rodríguez (2003) destaca que los conectores no son la única categoría que se centra en la conexión. También está la conjunción, aunque esta autora establece distinciones que nos permiten reconocer dos paradigmas distintos. La conjunción une dos segmentos de la microsintaxis, como las oraciones o sintagmas, y no tiene movilidad, es decir, se sitúa siempre entre los segmentos que conecta. En cambio, los conectores unen enunciados o párrafos, aunque también pueden unir segmentos menores. Estos, a diferencia de las conjunciones, gozan de mayor movilidad, ya que puede aparecen al final o en posición intermedia del segundo segmento. Además, añaden instrucciones argumentativas, enunciativas, etc. Por tanto, para esta autora las conjunciones constituyen una categoría funcional del plano de la microestructura y los conectores del plano de la macroestructura.
María Soledad Padilla Herrada 82 “aquellas unidades (segmentos, construcciones u oraciones en su origen) que actúan dentro del enunciado con una función macroestructural: no como dependiente del verbo de la oración, sino en dimensiones macroestructurales que apuntan al propio marco discursivo: los agentes de la comunicación (hablante y oyente), la organización informativa o la capacidad persuasiva del enunciado”. Siguiendo a esta autora, distinguimos entre operadores que afectan al plano enunciativo, modal, argumentativo e informativo 114 . 3.2.4 Las unidades de análisis conversacional Dada la importancia que tienen en nuestra investigación, profundizamos a continuación en la definición de las unidades de análisis conversacional que empleamos en este trabajo. Nos centramos, especialmente, en la intervención reactiva y nos planteamos qué constituyentes pueden conformar esta unidad dialógica desde un enfoque macrosintáctico. 3.2.4.1 La intervención y el turno El grupo Val.Es.Co. (2014: 17) define la intervención como la unidad monológica estructural máxima, cuyos límites se definen por el cambio de hablante. Esta unidad puede provocar una intervención posterior, intencionadamente o no (intervención iniciativa) o constituir una respuesta a una intervención anterior (intervención reactiva). Como señala Goffman (1976), el locutor de una respuesta es potencial locutor de una intervención que a su vez sea iniciativa. Es decir, esa intervención reactiva puede ser a su vez iniciativa. Es a lo que el grupo Val.Es.Co. (2014) denomina intervención reactivo-iniciativa. Para ellos, la constante aparición de este tipo de intervenciones, sumado al consiguiente cambio de hablante, da cuenta de un gran dinamismo y retroalimentación conversacional. También podemos encontrar las intervenciones compuestas (grupo Val.Es.Co., 2014: 18) o intervenciones mixtas (Gallardo Paúls, 1996), que se componen de al menos dos enunciados realizados por un mismo hablante en un mismo turno de habla: uno mediante el cual se reacciona a la intervención anterior y otro mediante el que se inicia un nuevo intercambio, que asegura la continuidad de la conversación. 114 Los tipos de operadores se definen y ejemplifican en el capítulo 4.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 83 Desde el modelo de Fuentes Rodríguez (2017 [2000]) la intervención se define como “cada una de las emisiones informativas que rellenan los turnos”. Esta autora comparte el concepto de turno de Briz Gómez (1998) y el grupo Val.Es.Co. (2014), quienes consideran que es un hueco estructural que puede estar ocupado o no por una intervención. Solo cuando una intervención es atendida y reconocida por el resto de los participantes en la conversación, podemos decir que constituye un turno de habla. Por lo tanto, no se considera una unidad conversacional en el mismo nivel que la intervención o que el resto de las unidades. En palabras de Gallardo Paúls (1996): “Reconocemos el comienzo de un nuevo turno (turno de un hablante B) y, por tanto, la existencia de alternancia de turno, cuando la intervención reactiva de dicho interlocutor sea aceptada y así se manifieste en la nueva intervención del hablante A. Por tanto, un cambio de voz no es suficiente para hablar de alternancia de turno. Ese cambio de voz ha de ir acompañado de un reconocimiento y aceptación por parte del interlocutor”. Esta definición de turno, tal y como atestigua el grupo Val.Es.Co. (2014), se distingue de la de otros autores, como los etnometodólogos, que utilizan este concepto y el de intervención indistintamente, tomando como único criterio el cambio de hablante. En cuanto a los límites de una intervención, Sacks et al. (1974), autores interesados en la toma de turno por parte de los participantes en la conversación, defendían que los posibles puntos de terminación de una determinada intervención 115 eran los límites de unidades sintácticas, como por ejemplo oraciones. A estos puntos de posible alternancia de turno, ellos lo denominan transition relevance places. 3.2.4.2 El intercambio: el par adyacente y los intercambios no prototípicos En la bibliografía sobre análisis conversacional hay, ya desde los primeros trabajos, bastante unanimidad entre los autores en lo que respecta a su consideración del intercambio (Goffman, 1976; Gallardo Paúls, 1996; Briz Gómez, 1998; Val.Es.Co., 2014; Fuentes Rodríguez, 2017 [2000]). En la gran mayoría de estos trabajos 116 se define como una unidad determinada por el 115 Estos autores hablan de turno. 116 Para Stubbs (1987: 146) el concepto intercambio es adecuado para aplicarse a situaciones sociales formales, en las que el propósito comunicativo sea transmitir información como, por ejemplo, en la interacción profesor y alumno, o en la consulta, en la interacción entre médico y paciente. Según este autor, el concepto intercambio no es igualmente aplicable a la conversación coloquial entre iguales, ya que el objetivo principal no es la transmisión informativa. Asimismo, Sinclair y Coulthard (1975) emplean el término intercambio para designar combinaciones de tres intercambios entre profesor y alumno (inicio/respuesta/retroalimentación). Por tanto, estos autores usan el término
María Soledad Padilla Herrada 84 cambio de hablante y estructurada, al menos, por dos intervenciones dispuestas de forma sucesiva: una iniciativa y otra reactiva. Por tanto, como apunta Briz Gómez (2006), es una unidad conversacional marcada por el cambio de papeles comunicativos entre emisor y receptor. De este modo, el intercambio se reconoce por la respuesta que un hablante-oyente da a su interlocutor tras una intervención previa. Gallardo Paúls (1996: 51) define estructuralmente esta unidad por la presencia de una intervención iniciativa. Si bien es cierto que todo intercambio presenta una intervención de inicio, creemos que lo que realmente lo define es la presencia de una intervención reactiva, dado el hecho de que, por ejemplo, en un corpus como el empleado en esta tesis (vid. Corpus MEsA) es muy usual encontrar mensajes (intervenciones iniciativas) que quedan sin responder y, por tanto, no forman parte ni desencadenan intercambio alguno. Por este motivo, encontramos más acertada la consideración del grupo Val.Es.Co. (2014: 23), quienes consideran que el intercambio es la unidad dialógica estructural mínima y que sus límites coinciden con el final de la intervención reactiva. En el modelo de Fuentes Rodríguez, el intercambio se define por la presencia de una o más intervenciones en una relación interactiva de cohesión establecida y fijada por la intervención iniciativa. Según este enfoque, es una unidad que se encuentra “a medio camino entre lo puramente formal (presencia de un hablante o no) y el contenido informativo y macroestructural: el objetivo de este conjunto de intervenciones en el conjunto total del texto” (Fuentes Rodríguez, 2017 [2000]: 83). El ejemplo prototípico de intercambio es el par adyacente (adjacency pair), concepto introducido por los etnometodólogos. El par adyacente es una unidad fundamental en la organización de la conversación (Sacks et al., 1974; Levinson, 1983). Sacks y Schegloff (1973: 296) lo caracterizan como una sucesión de dos intervenciones producidas por distintos hablantes que se ordenan en primera parte y segunda parte. Desde la gestación del concepto, los autores dan cuenta del hecho de que una primera parte puede combinarse con uno o varios tipos de segundas partes. Dentro de todas las posibles opciones, Sacks et al. (1974) consideraron la combinación pregunta-respuesta como un par adyacente fundamental y lo erigieron como aspecto central para el avance de la conversación. intercambio para dar cuenta de la interacción que se produce entre partes entre las que hay relaciones de poder preestablecidas.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 85 Otros ejemplos típicos de par adyacente, además del de pregunta-respuesta, los constituyen combinaciones como: invitación-aceptación, aserción-acuerdo, disculpa-aceptación, etc. También incluimos en este grupo los llamados intercambios rituales por parte de Goffman (1976), como, por ejemplo, la combinación saludo-saludo. Sin embargo, con solo una mirada superficial a un corpus que recoja discurso conversacional, como algunos que aquí manejamos (vid. Corpus Val.Es.Co. 2.0., Corpus COLA(M) y Corpus MEsA), nos damos cuenta de que, muy frecuentemente, aparecen otras combinaciones más complejas o que no cumplen con las expectativas más inmediatas del interlocutor. Tomando como referencia uno de los pares adyacentes más estudiados, el par preguntarespuesta, vemos que son habituales respuestas, como ya señaló Levinson (1983), que constituyen negaciones a responder, posposiciones del momento de la contestación o incluso críticas al planteamiento o a la formulación de la pregunta 117 . Dichas combinaciones constituyen intercambios menos canónicos, a los que se les ha prestado menos atención en la bibliografía. En este sentido, como ya han atestiguado varios analistas (Goffman, 1976; Levinson, 1983) y como hemos podido comprobar en nuestro corpus, es habitual localizar intercambios conversacionales en los que encontramos una intervención iniciativa ocupada por una pregunta, cuya respuesta es otra pregunta. De hecho, existen múltiples respuestas posibles a una pregunta que no constituyen contestaciones en sentido estricto y que, sin embargo, nos parecen intervenciones reactivas perfectamente posibles. Veamos el siguiente ejemplo: (6) 2016/04/18, 20:05 - H1: entonces t vienes? 2016/04/18, 20:09 - M1: va [mención a otro usuario]? 2016/04/18, 20:09 - H1: sí 2016/04/18, 20:09 - M1: pfff pereza…(Whatsapp, Corpus MEsA) En este ejemplo observamos que la respuesta inmediata de M1 a la intervención iniciativa de H1, ocupada por un enunciado interrogativo total, es otra pregunta. Considerando la intervención reactiva adyacente, no podemos decir que la cuestión planteada por el hablante que inició la conversación haya quedado resuelta. Necesitamos acudir a intervenciones posteriores para 117 A estos casos en los que no se cumplen las expectativas del interlocutor y no encontramos una respuesta previsible, Trognon (1987) los llama “débrayages conversationnels”.
María Soledad Padilla Herrada 86 considerar que el primer intercambio ha quedado comunicativamente zanjado. En este caso, entre la intervención iniciativa y la respuesta, hay un intercambio incrustado o como Levinson (1983: 339) lo denomina, una secuencia de inserción. Para llevar a cabo el análisis de este tipo de intercambios, resulta muy rentable la distinción de Roulet (1985) entre intercambios coordinados y subordinados. Los intercambios coordinados son aquellos que son independientes unos de otros y que tienen autonomía plena. En cambio, los intercambios subordinados son aquellos en los que la intervención iniciativa depende de otro intercambio o intervención anterior. En el ejemplo anterior, el intercambio formado por la intervención 2 y la 3 (7) 2016/04/18, 20:09 - M1: va [mención a otro usuario]? 2016/04/18, 20:09 - H1: sí estaría subordinado al intercambio que constituyen las intervenciones 1 y 4 (8) 2016/04/18, 20:05 - H1: entonces t vienes? […] 2016/04/18, 20:09 - M1: pfff pereza… En casos como este, en que hay intercambios subordinados, la respuesta de la primera intervención queda suspensa mientras se resuelven las cuestiones previas a la culminación del primer intercambio. Este ejemplo, por tanto, sirve como muestra de que la organización de un intercambio no se puede prever siempre, ya que después de una pregunta no siempre hay una respuesta, ni después de una invitación hay siempre una aceptación. 3.2.4.3 La intervención reactiva 3.2.4.3.1 El tratamiento de la intervención reactiva en la bibliografía de análisis conversacional En el mare magnum bibliográfico que constituyen las investigaciones que versan en torno a la conversación, cabe preguntarse, ¿qué papel tiene la intervención reactiva, unidad a la que prestamos especial atención en nuestra tesis? Como puede resultar lógico, en cualquier trabajo sobre análisis conversacional es esperable encontrar referencias a la intervención reactiva (también
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 87 llamada respuesta, reacción, réplica…). Sin embargo, creemos que no se le ha otorgado suficiente protagonismo al análisis de esta unidad conversacional 118 . En las distintas investigaciones, vemos que el foco de atención se ha encontrado más en la caracterización de las intervenciones iniciativas, en detrimento de una descripción exhaustiva y completa de la intervención reactiva. Esto queda patente, por ejemplo, en el hecho de que en la taxonomía de actos ilocucionarios de la Teoría de los Actos de Habla (Austin, 1962; Searle, 1969), no encontramos inventariados verbos propios de un esquema reactivo, tales como responder, contradecir, etc. Es decir, estas clasificaciones suelen recoger verbos prototípicamente indicados para constituir una intervención de inicio. Ciertamente, son reseñables algunas enumeraciones de las funciones de la intervención reactiva, que constituyen pequeños inventarios de tipos de actos ilocucionarios propios de esta unidad dialógica. Dichas enumeraciones aparecen en los trabajos de varios autores (Moeschler, 1986; Briz Gómez, 1998; Val.Es.Co., 2014), pero estas son listas generales realizadas sin pretensiones de exhaustividad, dado que aparecen en trabajos con objetivos más generales, lo cual explica que no profundicen en esta cuestión. La intervención reactiva también es tratada con frecuencia en la bibliografía en torno al concepto de preferencia 119 . Tras la introducción de este término por parte de los etnometodólogos Sacks et al. (1974) para clasificar los tipos de respuestas, encontramos varios trabajos dedicados a analizar el estado más o menos preferido de determinados tipos de respuestas (Pomerantz, 1984; Schegloff, 2007…). En dichos trabajos, hallamos descripciones de la intervención reactiva, pero nuevamente, se trata de aproximaciones muy generales y centradas siempre en su estatuto de preferencia respecto a la intervención previa. O sea, se trata de trabajos en los que se mide la adecuación o pertinencia de determinadas intervenciones reactivas, en función de la intervención que les antecede. Tampoco encontramos en la bibliografía ningún intento por realizar una caracterización más global que trate de indagar en los esquemas combinatorios posibles entre una determinada intervención iniciativa y las intervenciones reactivas potencialmente posteriores. Tal vez la 118 Una de las pocas excepciones la constituye el trabajo de Linell (2009), en el que el autor centra su interés en la estructura reactiva sueca x-och-x. Este investigador basa su análisis en una concepción dialógica de la Gramática de Construcciones. 119 Tratamos este concepto en los próximos apartados.
María Soledad Padilla Herrada 88 ausencia de estos intentos se deba a que esta no es una tarea fácilmente viable, dado que las posibilidades son múltiples y, por tanto, difícilmente sistematizables. En resumen, si bien es innegable que contamos con bastante información en la bibliografía sobre esta unidad conversacional, esta se encuentra diseminada en distintos trabajos que suelen perseguir objetivos más allá de la propia intervención reactiva. En ellos, además, no se suele atender a su potencial estructural en términos estrictamente gramaticales, además de tener en cuenta los actos de habla que vehiculan 120 . 3.2.4.3.2 Definición y características generales de la intervención reactiva La intervención reactiva es una unidad dialógica que se caracteriza por ocupar una posición final en el intercambio. Por ello, se ha definido como una reacción ante una intervención previa (Gallardo Paúls, 1996; Briz Gómez, 1998; Fuentes Rodríguez, 2017 [2000]; Val.Es.Co., 2014). Partiendo de los presupuestos de Goffman (1976) 121 podemos decir que la intervención reactiva presenta las siguientes características: • Proviene de un hablante y depende, en cierto sentido, del hablante anterior. • Proporciona información sobre la posición del locutor en cuanto a lo que está sucediendo. • Está destinada a ser escuchada por un oyente, que podrá apreciar, evaluar, etc. su aportación. • En ocasiones, puede requerir otra intervención reactiva. Es decir, pueden constituir, a su vez, una intervención de inicio. Ciertamente, la intervención reactiva tiene una fuerte relación de dependencia respecto a la intervención precedente, dado que el locutor tiene que demostrar haberla interpretado correctamente antes de intervenir (Stubbs, 1983). En este sentido, Levinson (1983: 309) afirma que la conversación es un objeto de estudio muy valioso para el investigador, precisamente, porque a través de las respuestas ofrecidas, podemos analizar las interpretaciones de los interlocutores respecto a las intervenciones anteriores. 120 Aunque hemos encontrado trabajos en que se trata el posible contenido de la intervención reactiva, siempre se hace en términos de actos de habla, dejando de lado el esquema estructural puramente gramatical subyacente. 121 Goffman (1976) es uno de los pocos autores que realiza una investigación centrada en la respuesta. En ella, concretamente, se interesa por la segunda parte de los pares adyacentes pregunta / respuesta.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 89 En cuanto a esta relación de dependencia, añade Briz Gómez (1998: 83) que, a menudo, la intervención reactiva se apoya en el contenido de la intervención precedente. Por tanto, la elipsis tanto contextual como gramatical es un rasgo común en nuestra unidad conversacional. Esto implica que el locutor de la intervención reactiva, además de mostrar que ha interpretado debidamente la intervención del interlocutor tiene que cumplir su papel como participante en la interacción, proporcionando, en el caso de hacerlo, una respuesta conveniente, en función de la intervención iniciativa precedente. Es decir, el locutor de la intervención reactiva ha de cumplir con las exigencias comunicativas que se desencadenan en el momento en el que el interlocutor introduce una intervención iniciativa. En este sentido, hemos de tener en cuenta que un hablante tiene más libertad para exponer su intervención de inicio que el locutor de la intervención reactiva, ya que el primero es el que marca, en un primer momento, la dirección y temática de la conversación, mientras que el segundo debe intervenir en función de los planteamientos previos de su interlocutor. Ahora bien, aunque es cierto que en la mayoría de los intercambios es observable que la intervención reactiva depende de la presencia de una intervención iniciativa previa, encontramos algunos fragmentos en nuestro corpus que nos hacen replantearnos esta definición, en la que su presencia siempre depende de una intervención anterior. Veamos el siguiente ejemplo: (9) 2017/3/1, 10:14 – M1: la galleta del Starbucks 3 euros!! 2017/3/1, 10:14 – M1: Estamos tontos? 2017/3/1, 10:31 – H1: jajajajaja (WhatsApp, Corpus MEsA) En este intercambio de WhatsApp, es M1 quien inicia un intercambio, con una intervención formada por dos enunciados: el primero contiene la descripción de un hecho observado por él (el precio de una galleta en una cafetería); y el segundo constituye una reacción lingüística emotiva ante la situación descrita en el enunciado previo emitido por él mismo. En este caso, por tanto, no es una reacción que haya sido provocada por otro hablante, sino que es un estímulo extralingüístico lo que la ha desencadenado. De este modo, tenemos una expresión lingüística reactiva situada en una posición dialógica estructuralmente iniciativa. El hecho de que las expresiones analizadas en esta tesis puedan aparecer en contextos como el presentado, nos llevan a adoptar, en este trabajo, una definición más amplia de esta unidad
María Soledad Padilla Herrada 96 Las expresiones reactivas que configuran nuestro objeto de estudio están formadas, desde un punto de vista composicional, tanto por sintagmas no verbales como por estructuras oracionales que desempeñan, en contextos reactivos, una función análoga a la que desempeña un operador modal afirmativo o negativo. Antes de adentrarnos en el análisis de estas formas, en el próximo capítulo nos ocupamos del delimitar el concepto de operador modal y explicamos los procesos de formación de estas unidades.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 97 Capítulo 4 Los operadores modales: caracterización y conformación
María Soledad Padilla Herrada 98 4 Los operadores modales: caracterización y conformación 4.1 INTRODUCCIÓN En este capítulo nos centramos en la caracterización del concepto de operador y, especialmente, en los llamados operadores modales, ya que las expresiones que vamos a tratar en los capítulos 5 y 6 son funcionalmente equivalentes a estos marcadores discursivos, tal y como los concibe Fuentes Rodríguez (2003, 2018 [2009], 2020). Estructuramos el capítulo del siguiente modo: en primer lugar, tratamos la noción de operador y ofrecemos una descripción de sus características generales. Seguidamente, nos referimos a los procesos de formación de los marcadores discursivos. Para ello, ahondamos en la teoría de la gramaticalización y definimos algunos conceptos relevantes para nuestra investigación, que hacen referencia, concretamente, al surgimiento de los marcadores discursivos, tales como la subjetivización y la cooptación. A continuación, profundizaremos en el concepto de modalidad, esbozamos las características propias de los operadores modales y presentamos los tipos de operadores modales que contemplamos para la realización de nuestro trabajo. Por último, partiendo de las ideas propuestas, exponemos nuestra delimitación metodológica para acercarnos a nuestro objeto de estudio en los capítulos siguientes. 4.2 LOS OPERADORES DISCURSIVOS 4.2.1 Características generales El término operador se ha empleado en la bibliografía para referirse a distintas expresiones lingüísticas. Algunos autores parten de una percepción muy amplia y abarcadora de este concepto, de manera que incluyen todos los “instrumentos gramaticales […] por su capacidad de transmitir la huella de una operación metalingüística” (Solís García y León Gómez, 2016: 119) 125 . Se trata, por tanto, de una consideración que va más allá de los marcadores del discurso. Sin embargo, este término se emplea, con mucha más frecuencia, para hacer referencia a un determinado tipo de 125 Esta concepción está basada, según las propias autoras, en la definición de Adamczewski y Gabilan (1992: 13), quienes consideran que “Opérateur est lié à operation c’est-à-dire au travail de mise en discours de l’énonciateur. Pendant ce travail, l’énonciateur fait appel à des opérateurs grammaticaux pour construire son énoncé. Ce peut être un opérateur du nom comme “the”, un opérateur du verbe comme “-ing” ou “-ed” ou “may”, etc.”
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 99 marcadores discursivos, aunque, en ocasiones, esta noción se aplica con exclusividad, como ya mencionamos anteriormente, al plano argumentativo. En esta investigación, adoptamos la concepción de Fuentes Rodríguez (2003, 2018 [2009], 2020). Desde esta perspectiva, consideramos el operador como un marcador que actúa sobre la totalidad del enunciado en el que aparece o sobre una parte de él, sin la necesidad de la presencia de un segmento previo. Es decir, “su ámbito sintáctico no excede los límites del enunciado” (Fuentes Rodríguez 2003: 63). De este modo, no realiza una función de conexión con respecto a otro segmento discursivo y no desempeña ninguna función sintáctica en relación con el verbo de la oración. Según la autora, los operadores actúan en una dimensión macroestructural que apuntan al propio marco discursivo: al hablante y al oyente, a la organización informativa o la capacidad persuasiva del enunciado (Fuentes Rodríguez, 2020). Desde esta óptica, esta categoría no se restringe a la dimensión argumentativa, sino que consideramos la existencia de paradigmas de operadores específicos para cada uno de los niveles de la macroestructura 126 . Así, siguiendo a Fuentes Rodríguez (2003: 69), distinguimos cuatro tipos, en función de si afectan al plano enunciativo, modal, argumentativo o informativo: • Los operadores enunciativos dan cuenta de la forma de decir, o indican quién es el hablante y cómo se responsabiliza de su acto de enunciar (francamente, sinceramente…). • Los operadores argumentativos se encargan de marcar la orientación, fuerza o suficiencia argumentativa (incluso, ni siquiera, solamente…). • Los operadores del plano informativo se ocupan de focalizar un segmento del enunciado o funcionan como marcadores de progresión temática (precisamente, justamente, ¿no?). • Los operadores modales se definen como aquellos que expresan la modalidad o actitud subjetiva del hablante (afortunadamente, sorprendentemente, por supuesto…). Estructuralmente, los operadores pueden originarse a partir de adverbios (lamentablemente), sustantivos (hombre), verbos (vamos) o por otros sintagmas oracionales (lo que yo te diga) 127 y no oracionales (por suerte) de distinto tipo. En los casos en los que los operadores presentan una 126 En Fuentes Rodríguez (2018 [2009]) pueden encontrar estas unidades inventariadas. 127 Para un análisis de esta expresión, véase Brenes Peña (2017).
María Soledad Padilla Herrada 100 estructura pluriverbal, no se admite la inserción de elementos entre las distintas unidades que lo componen, es decir, se trata de unidades sintácticamente fijadas 128 . Desde un punto de vista semántico, estas unidades añaden un contenido procedimental, característica que comparten con el resto de los marcadores del discurso. Así, su significado se traduce en un grupo de instrucciones semánticas que guían las inferencias que se han de generar a partir de su uso (Martín Zorraquino y Portolés, 1999: 4072). Esto implica que, como señala Ridruejo (1999: 3209) “su verdad o falsedad no puede ser sometida a juicio puesto que no recaen sobre un estado de cosas cuya realidad pueda verificarse”. Desde una perspectiva morfológica, son unidades invariables, a excepción de algunos marcadores que admiten la variación flexiva mediante la que se hace referencia al receptor. Esto sucede en el caso de algunos marcadores deverbales formados a partir de imperativos, tales como oye/oiga o mira/mire (Pons Bordería, 1998b; Company, 2004a). En relación con sus posibilidades distribucionales, se trata de unidades que ocupan una posición periférica en el enunciado. En este punto, se corresponden con los theticals (Kaltenböck, Heine y Kuteva, 2011), ya que se trata de los marcadores discursivos que no desempeñan una función de conexión en el discurso y que son sintácticamente independientes. Se pueden situar en el margen izquierdo, derecho o en posición parentética 129 . Por tanto, como contempla Fuentes Rodríguez (2017a: 18) esta concepción macrosintáctica “permite explicar los marcadores discursivos, pero va mucho más allá, estableciendo una estructura funcional del enunciado”. Dicha posición periférica se observa, con frecuencia, en los llamados adverbios oracionales (Rodríguez Ramalle, 2003). Por ejemplo, en los fragmentos que siguen, encontramos, respectivamente, un operador modal en el margen izquierdo y un operador enunciativo en el margen derecho del enunciado: (25) Usuario 4 (no identificado): 128 En este sentido, algunas de estas unidades pluriverbales se tratan desde la Fraseología (Corpas Pastor, 1996; Ruiz Gurillo, 1997), entendida como una disciplina o subdisciplina lingüística (vid. Ruiz Gurillo, 1997) que se ocupa del análisis de la combinación fija de palabras que presenta algún grado de idiomaticidad. Mura (2019) ofrece un acercamiento fraseológico a algunas expresiones de desacuerdo. 129 Como veremos, algunos operadores modales también pueden constituir enunciados independientes en intervención reactiva.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 101 @Usuario5 Perdona pero de nuevo rico, nada. Afortunadamente, en mi familia no hemos tenido que trabajar para vivir a lo grande. Puede parecer presuntuoso, pero es la realidad. […] (Páginas web, Corpus MEsA). (26) Usuario 5 (mujer): No lo entiendo, sinceramente. No deberían retirarlos por esa estupidez de queja. (Facebook, Corpus MEsA). Las posiciones y funciones correspondientes consideradas por Fuentes Rodríguez (2017a) se pueden observar en la siguiente tabla: En la tabla anterior podemos observar que, además de los operadores, hay que considerar la presencia de otros complementos oracionales y no oracionales que adoptan funciones Tabla 3.Tabla adaptada de Fuentes Rodríguez (2017a: 17)
María Soledad Padilla Herrada 102 macroestructurales análogas (Fuentes Rodríguez, 2019a: 20). Algunas de ellas son el resultado de un proceso evolutivo que puede desembocar en la formación de nuevos operadores discursivos, especializados en la manifestación de un determinado contenido. Ahora bien, hay que tener en cuenta que, además de las posibilidades distribucionales periféricas mencionadas, la sintaxis de algunos operadores es más compleja, de manera que, en ocasiones, pueden estar insertos en la propia estructura oracional (Fuentes Rodríguez, 2020). Sucede en ejemplos como el siguiente, en el que el operador precisamente funciona como un elemento de focalización informativa (Fuentes Rodríguez, 2018 [2009]; Gerhalter, 2020) que afecta a un segmento concreto del enunciado; en este caso, al complemento circunstancial en esta dirección. En estos casos, el operador está inserto entonativamente en el enunciado: (27) Parte de la teoría feminista de los últimos años va precisamente en esta dirección: las mujeres han conseguido muchos derechos, pero, como contrapartida, hoy se encuentran sometidas a más presión que sus antepasadas por todo lo que se espera de ellas. (Blog, Corpus MEsA). Por último, como señala Fuentes Rodríguez (2020), otra característica definitoria básica de los operadores es que pueden combinarse con conectores y conjunciones, como se muestra en el siguiente ejemplo: (28) El último gran descubrimiento que destacaría, y que conoces perfectamente, es el de habernos cuenta a tiempo de que la plasticidad neuronal (la capacidad que tiene nuestro cerebro de crear nuevas neuronas, nuevas conexiones neuronales y modificar las existentes) puede ser moldeada a través de nuestra interacción con el mundo que nos rodea; y por suerte, no todo es genética. (Eduardo Punset: El sueño de Alicia. La vida y la ciencia se funden en la historia más emocionante, 2013, CORPES XXI). 4.2.2 La génesis de los marcadores discursivos 4.2.2.1 La concepción tradicional de la teoría de la gramaticalización El interés por el estudio de los marcadores discursivos ha ido mucho más allá de la perspectiva sincrónica. Tanto es así, que los estudios históricos centrados en su origen y evolución no han hecho más que crecer desde la década de los 80, aproximadamente. Se han reunido en torno a la
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 103 conocida como teoría de la gramaticalización 130 (Heine y Reh, 1984; Lehmann, 1985; Traugott y Heine, 1991; Hopper y Traugott, 1993; Traugott y Dasher, 2002; Brinton y Traugott, 2005; Wischer y Diewald, 2002; Bybee, 2003, etc.), cuya denominación se suele atribuir a Meillet (1958 [1912]) en la mayoría de los trabajos. La gramaticalización puede definirse, de un modo general, como una teoría que se ocupa del origen y la evolución de unidades y expresiones gramaticales. Suele vincularse, desde una perspectiva cognitiva, con la metáfora y la metonimia (Garachana Camarero, 1998: 195; Hopper y Traugott, 1993: 94) 131 . Estamos de acuerdo con Girón Alconchel (2012: 16-17), al considerar que la gramaticalización tiene su origen en la oralidad. En muchos de los trabajos sobre gramaticalización se maneja la ya clásica definición de Lehmann (1985: 303), en la que se sostiene que “is a process which turn lexemes into grammatical formatives and makes grammatical formatives still more grammatical”. Desde esta interpretación se asume que la gramaticalización se constituye como un proceso unidireccional, en el que una determinada forma lingüística siempre evoluciona desde un estatuto menos gramatical a uno más gramatical. Durante su trayectoria, se contemplan algunos cambios fundamentales en las formas lingüísticas que se gramaticalizan, como el desgaste semántico, la erosión morfológica, la pérdida de libertad sintáctica y la invariabilidad morfológica. Siguiendo estas premisas, autores como Heine y Reh (1984: 15) sostienen que las unidades lingüísticas que pasan por este proceso "lose in semantic complexity, pragmatic significance, syntactic freedom and phonetic substance". Asimismo, Lehmann (1985: 306) opina que “the grammaticalization of a sign detracts from its autonomy”, de manera que considera el aumento de la autonomía de una forma lingüística como un criterio decisivo para determinar si el cambio sufrido puede o no catalogarse como un proceso de gramaticalización. De hecho, el autor llega a 130 Haspelmath (2004: 23) aporta una interesante reflexión sobre la idoneidad de la denominación “teoría de la gramaticalización” ya que, en realidad, esta engloba una gran variedad de ideas teóricas e hipótesis diferentes sobre el cambio lingüístico. Este autor opina que su reconocimiento como teoría se debe a su prestigio y, en consecuencia, sostiene que sería más exacto hablar de “teorizaciones sobre la gramaticalización” (la traducción es mía). No obstante, utilizamos la denominación teoría de la gramaticalización dado que su empleo en la bibliografía está muy extendido. 131 Hopper y Traugott (1993: 98) destacan el papel de la analogía y el reanálisis en los procesos de gramaticalización, en relación con la metáfora y la metonimia. Según estos autores, la analogía está vinculada con la metáfora; y el reanálisis con la metonimia. A través del reanálisis se modifican las propiedades gramaticales de las formas lingüísticas. Por su parte, la analogía es definida como una fuerza que actúa en el sistema formando nuevas expresiones a partir de paradigmas que existían previamente. De este modo, vinculan el reanálisis con la innovación lingüística, mientras que la analogía está relacionada con la difusión de un cambio (Hopper y Traugott, 1993: 39).
María Soledad Padilla Herrada 104 afirmar explícitamente que “if we want to measure the degree to which a sign is grammaticalized, we will determine its degree of autonomy” (Lehmann, 2002 [1995: 108-109]). Desde esta perspectiva tradicional, se considera que un proceso de gramaticalización dará como resultado una forma ligada, que surge a partir de una forma libre. Esta pierde de forma progresiva su autonomía sintáctica y entonativa, adquiere un significado más gramatical y, por tanto, más abstracto, y su uso se generaliza hasta convertirse en obligatorio 132 . Como resumen Hopper y Traugott (1993: 2), el proceso unidireccional de la cadena tradicional de gramaticalización consta de los siguientes pasos: content item > grammatical word > clitic > inflectional affix Son varios los autores que defienden este carácter unidireccional e irreversible de la gramaticalización (Givon, 1971; Langacker, 1977; Lehmann, 1985; Heine, Claudi y Hünnemeyer, 1991; Haspelmath, 1999). De hecho, algunos como Haspelmath (1999: 1043) y Lehmann (2002 [1995: 17]) sostienen que los casos de cambio que se han propuesto como contraejemplos a la hipótesis de la unidireccionalidad son extremadamente raros y que, en contraposición, las expresiones gramaticales que tienen su origen en el ámbito léxico están abundantemente documentadas. Otros como Hopper y Traugott (1993: 17) defienden una posición más moderada, de manera que, aunque reconocen que la unidireccionalidad está ampliamente atestiguada, concluyen que es una tendencia observada, pero no una teoría absoluta. En palabras de los autores: The existence of counterexamples alerts linguists to the need for caution, and serves as a reminder that, like language systems, language change is not subject to exceptionless physical laws, and that diachronic universals, like synchronic ones, are observed tendencies rather than theoretical absolutes (Hopper y Traugott, 1993: 17). Otro de los aspectos que se relacionan con la visión tradicional de la gramaticalización es su carácter gradual (Lehmann, 1985; Traugott y Trouslade, 2010). Ahora bien, con frecuencia, se reconoce la coexistencia de estadios intermedios en los que las expresiones muestran los rasgos 132 Un ejemplo de este tipo de gramaticalización es la evolución del verbo de movimiento ir como auxiliar de futuro en la estructura perifrástica ir a + infinitivo (Garachana Camarero, 2008: 9).
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 105 morfosintácticos propios de la categoría originaria y también los rasgos de la nueva categoría. Esta propiedad de las expresiones lingüísticas se conoce como estratificación (layering), término empleado por Hopper (1987, 1991) en su hipótesis de la gramática emergente, para explicar que las formas y significados originarios pueden coexistir durante siglos con las formas innovadoras. Partiendo de estas ideas, se asume, tal y como indica Company (2008), que no existe creación ex novo, y que los procesos de cambio consisten en volver a maniobrar sobre el material gramatical y / o léxico ya existente. Esto implica que la gramática se encuentra en un constante proceso de construcción. En definitiva, la concepción tradicional de la gramaticalización se entiende, en palabras de Company (2004a: 30), como un descenso de nivel de lengua, en cuanto que inicia en el léxico y concluye en la sintaxis o la morfología (Givon, 1979). En este sentido, podemos decir que, efectivamente, evoluciona de lo menos gramatical a lo más gramatical (Garachana Camarero, 2008: 8). 4.2.2.2 La creación de los marcadores discursivos integrada en la teoría de la gramaticalización La teoría de la gramaticalización ha sido especialmente fructífera en el estudio de la génesis y el desarrollo de los marcadores discursivos, lo cual ha puesto en tela de juicio algunos de los principios que se consideraban definitorios e ineludibles en los procesos tradicionales de gramaticalización. En este sentido, uno de los aspectos que se ha discutido más extensamente en la bibliografía es la hipótesis de la unidireccionalidad (Fischer, Norde y Perridon, 2004). A diferencia de lo que sucede en los procesos tradicionales, la especificidad de la gramaticalización de los marcadores discursivos da como resultado expresiones lingüísticas que disfrutan de una mayor libertad sintáctica, autonomía posicional y entonativa (Traugott, 1995) y un mayor alcance estructural, ya que estas unidades pasan de actuar en el marco oracional, desempeñando una función dependiente del verbo, a actuar en el ámbito macroestructural (Fuentes Rodríguez, 2019, 2020). Traugott (1995), una de las primeras autoras en sistematizar las particularidades del proceso evolutivo de los marcadores del discurso, afirma que la trayectoria que siguen las expresiones que se gramaticalizan se pueden resumir en los siguientes pasos: Free lexical item> adverbial phrase> sentence adverbial> discourse marker
María Soledad Padilla Herrada 112 Ahora bien, estos autores señalan que no se refieren a la cooptación como un proceso de cambio en sí mismo. Solo cuando la cooptation “is performed frequently that it may lead to gramatical change” (Kaltenböck, Heine y Kuteva, 2011: 883). Esto implica que la cooptación se interpreta como un paso previo en el proceso evolutivo. En este punto, es necesario hacer constar que, en la bibliografía, queda mucho que aclarar en cuanto al concepto de cooptación, algo que reconocen los propios impulsores de la Thetical Grammar (Kaltenböck, Heine y Kuteva, 2011). Por un lado, observamos que autores como Furkó (2014) defienden una consideración de la cooptación como un proceso alternativo al denominado pragmaticalización que, según el autor, se amolda con más exactitud a la naturaleza del cambio en la formación de los marcadores del discurso 137 . Por otra parte, concepciones aplicadas como la de Gerhalter (2020) han descrito la cooptación como un paso previo que se da necesariamente en la conformación de un marcador discursivo. En nuestro caso, también entendemos la cooptación como un paso previo, basándonos en las precisiones que acabamos de citar de Kaltenböck, Heine y Kuteva, (2011: 883) y en el hecho de que Heine (2013: 1239) defiende que el término pragmaticalización puede coexistir con el de cooptación, siempre que el primero se emplee para englobar el mecanismo de cooptación seguido del de gramaticalización 138 . De hecho, según este autor, “una vez cooptados, los theticals pueden sufrir gramaticalización, y cuanto más gramaticalizados están, más pierden su significado léxico” (Heine, 2013: 1240) 139 . Utilizamos el término, por tanto, para hacer referencia a lo que Hummel (2012) llama una dislocación sintáctica 140 . Al ser una operación abrupta, mediante la que “unidades de información como cláusulas, frases o palabras se transfieren del dominio de la gramática de las oraciones al de 137 Creemos que el hecho de que se consideren diferentes tipos de theticals en función de su grado de convencionalización explica las posturas en las que la cooptación se concibe como un tipo de cambio aplicable a la creación de marcadores discursivos en sí mismo. Sin embargo, esa concepción puede resultar contradictoria si tenemos en cuenta que, en el mismo trabajo, los autores consideran que la cooptación no es un proceso de cambio en sí mismo, sino un paso previo (Kaltenböck, Heine y Kuteva, 2011: 883). Aunque no está entre nuestros objetivos solventar estas cuestiones, el concepto de cooptación, entendido como una operación instantánea y previa a la gramaticalización, nos sirve para explicar el funcionamiento de algunas de nuestras expresiones que son semánticamente transparentes. 138 Sobre el término pragmaticalización, Heine (2013: 1239) afirma que “if taken to refer to the mechanism of cooptation followed by grammaticalization, however, then there is no problem with its use. 139 La traducción es mía. 140 Hummel (2012: 383-384) defiende que los marcadores discursivos con base atributiva arrancan de la dislocación sintáctica de los atributos y de su estatus extraoracional, que crea el potencial inferencial capaz de explicar su polifuncionalidad y polisemia.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 113 la organización del discurso” (Heine, 2013: 1205) 141 , da lugar a expresiones semánticamente transparentes. Este proceso tiene lugar a partir de bases adjetivas y adverbiales (Gerhalter, 2020: 295) que pueden terminar gramaticalizándose 142 y pasando a formar parte del paradigma de los operadores. En este trabajo, el concepto de cooptación nos será útil para explicar, concretamente, el funcionamiento de algunos sintagmas adjetivales que no cumplen los requisitos necesarios para ser considerados casos de gramaticalización avanzados, dado que, aunque pasan de actuar en el ámbito oracional al extraoracional y pierden sus capacidades sintácticas, no se produce una pérdida o desgaste del significado designativo del adjetivo; pero sí un aumento de su alcance estructural y un enriquecimiento pragmático. 4.3 LA MODALIDAD 4.3.1 Definición y conceptos básicos De los cuatro tipos de operadores presentes en nuestro marco teórico, los operadores modales son los que adquieren una relevancia especial en nuestro trabajo, ya que las expresiones de afirmación y negación que analizamos en los próximos capítulos desempeñan una función paralela a la de estas unidades. Por este motivo, vamos a caracterizarlos de forma más detenida en las próximas páginas. Para ello, tratamos previamente el concepto de modalidad. La modalidad 143 es una de las nociones más controvertidas y complejas de la Lingüística actual. Muchos autores atribuyen esta complejidad a las distintas disciplinas que han hecho uso de este concepto. Sin embargo, tampoco en el ámbito de la Lingüística, aspecto en el que nos centramos aquí, hay unanimidad en cuanto a qué debe considerarse modalidad ni hay acuerdo en su tipología. Aunque hay algunas definiciones restringidas que parten de una concepción lógica de la modalidad 144 , como la de Bravo (2017: 14), quien la entiende como una “categoría semántica relativa a la expresión de las nociones que en la lógica del lenguaje se engloban dentro de los términos de necesidad y posibilidad”, la mayoría de las definiciones que encontramos en la 141 La traducción es mía. 142 Heine et al. (2017) hablan de construccionalización, en estos casos. 143 Sobre el solapamiento en la bibliografía de los términos modalidad, modo y modalización, véase Pérez Sedeño (2001) y Ruiz Gurillo (2006). 144 Recordemos que “necessity and possibility are the central notions of traditional modal logic” (Lyons 1977: 786).
María Soledad Padilla Herrada 114 bibliografía presenta un carácter más amplio. De hecho, uno de los pocos aspectos en los que parece haber unidad entre la mayoría de los autores es en la caracterización de la modalidad de un modo genérico, de modo que, con ligeras variaciones, la entienden como la actitud que toma el sujeto hablante ante lo dicho por él mismo (Bally, 1944; Zavadil, 1968; Kovacci, 1986, 1992; Cervoni, 1987; Otaola Olano, 1988; Fuentes Rodríguez, 1991a, 1991b; González Calvo, 1993; Alcaide Lara, 1997; Calsamiglia y Tusón, 1999; Ridruejo, 1999; González Ruiz, 2005-2006; Ruiz Gurillo, 2006; Meléndez Quero, 2008, etc.), o en palabras de Palmer (1986: 16) “the grammaticalization of speakers’ (subjective) attitudes and opinions”. A esta segunda concepción más abarcadora es a la que nos adherimos en este trabajo. Aunque la modalidad es un concepto proveniente de la filosofía, concretamente de la lógica 145 , adquiere una mayor importancia para la Lingüística -y también una mayor amplitud- a partir de la obra de Bally (1965 [1944]), quien comienza a entender la modalidad como la expresión lingüística de las opiniones y juicios del hablante. De este modo, es él quien retoma la clásica distinción entre el modus y el dictum y la aplica a nuestro campo. Según este autor, la modalidad o modus es “la pieza central del enunciado 146 , aquella sin la cual no hay enunciado”. Por tanto, es “correlativa a la operación del sujeto hablante”; mientras que el dictum es el contenido representativo 147 . En palabras del autor: La phrase explicite comprend donc deux parties: l’une est le corrélatif du procès qui constitue la représentation (p. ex. la pluie, une guérison); nous l’appellerons, à l’exemple des logiciens, le dictum. L’autre contient la pièce maîtresse de la phrase, celle sans laquelle il n’y a pas de phrase, à savoir l’expression de la modalité, corrélative à l’opération du sujet pensant (Bally, 1965 [1944]: 36). Desde este punto de vista, se considera que la modalidad o modus es un componente fundamental para la concepción del enunciado como tal 148 . Esta separación ha hecho que muchos autores (Zavadil, 1968; Lyons, 1977; Palmer, 1986; Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara, 1996) y 145 Sobre los antecedentes del concepto de modalidad en la lógica clásica, véase Ridruejo (1999: 3211-3212) o Grande Alija (2002: 18 y ss.). 146 La traducción es mía. Hemos traducido el término phrase presente en el trabajo original como enunciado. 147 En la mayoría de las adaptaciones posteriores de esta distinción, el dictum se describe como el contenido proposicional. Véase, por ejemplo, Cervoni (1987: 65). 148 Esta idea no es compartida por todos los autores. Algunos de los lingüistas que adoptan una concepción restringida de la modalidad, en la que solo incluyen los conceptos lógicos de posibilidad y necesidad, como Bravo (2017), reconocen la existencia de enunciados no modalizados, cuando estos no están calificados en relación con los conceptos de necesidad o posibilidad.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 115 también la gramática académica (NGLE, 2009: 793) conciban que el paso de una estructura gramatical al enunciado pasa por la adopción de una modalidad. Así, se entiende que “sin modalidad no hay comunicación posible” (Grande Alija, 2002: 48). En relación con los límites existentes entre la modalidad y otros planos de análisis, las posturas se diversifican en la abundante bibliografía existente. La amplia definición atribuida a la modalidad como “actitud 149 subjetiva del hablante” ha dado cabida a múltiples posturas, en las que se han incluido dentro de sus límites fenómenos lingüísticos muy diversos. Haciendo una selección representativa, observamos que se han considerado como ligados a la modalidad: los verbos modales 150 , el modo verbal 151 , los operadores modales, algunos sufijos apreciativos, sustantivos y adjetivos marcados valorativamente, la entonación y otros rasgos suprasegmentales y las interjecciones. Por ello, la modalidad se considera como un contenido transoracional (Fuentes y Alcaide, 1996: 19), ya que se codifica a través de diversas categorías. Esto mismo es lo que explica la dificultad para delimitar fronteras claras en cuanto a qué queda dentro y fuera de la modalidad. También partiendo de la concepción de Bally (1965 [1944]), en algunos de los acercamientos teóricos a la modalidad (Cervoni, 1987; Otaola Olano, 1988; Fuentes Rodríguez, 1991a, entre otros) se suele plantear la distinción entre modalidad explícita y modalidad implícita. La primera es la que se expresa a partir de una unidad autónoma con contenido plenamente modal, como los operadores y las interjecciones, de manera que hay una separación clara entre el modus y el dictum. Por su parte, la modalidad implícita, también denominada modalidad impura (Cervoni, 1987), es aquella que aparece diluida en el dictum. Se expresa a través de procedimientos integrados en el propio contenido proposicional, tales como el modo verbal o los rasgos suprasegmentales. Sin embargo, hay algunos procedimientos fronterizos que, de hecho, en algunas clasificaciones se consideran como formas de expresión propias de la modalidad explícita, mientras que en otras se agrupan como procedimientos pertenecientes a la modalidad implícita. Es el caso, por ejemplo, de los verbos modales. Estos forman parte, según Cervoni (1987: 81), de los 149 En la gramática académica se advierte de la “imprecisión” del término actitud para referirse a la modalidad (NGLE, 2009: 473). 150 Aunque los verbos modales no están exentos de polémica (vid. Narbona Jiménez, 1981), en términos generales, se suele considerar que en español son: poder, deber (de), tener que, haber que, haber de (Grande Alija, 2002: 61). 151 La relación entre el modo verbal y la modalidad se basa en las oposiciones semánticas que se han vinculado en la tradición con el modo indicativo y subjuntivo, a saber: certeza/incertidumbre, realidad/virtualidad o irrealidad, actualidad / no actualidad, compromiso del hablante con la veracidad de lo que afirma / ausencia de aserción (NGLE, 2009: 473).
María Soledad Padilla Herrada 116 medios de expresión de la modalidad explícita; mientras que Otaola Olano (1988: 100) los sitúa junto a los medios propios de la modalidad implícita. 4.3.2 La modalidad de la enunciación y la modalidad del enunciado En la tradición gramatical, a menudo, se ha vinculado la modalidad con el tipo de oración. En este sentido, han tenido especial trascendencia en el ámbito hispánico las teorizaciones de Meunier (1974), que han sido retomadas por Otaola Olano (1988, 2006) en su ya clásica distinción entre la modalidad de la enunciación y del enunciado 152 . Esta distinción ha sido y sigue siendo adoptada por muchos lingüistas en sus investigaciones (Ruiz Gurillo, 2006) y también en la gramática académica (NGLE, 2009: 795). Según Otaola Olano (1988), la modalidad del enunciado se corresponde con el concepto de modalidad de Bally, de manera que supone “la expresión lingüística de la actitud de un sujeto humano con respecto al contenido de una oración” (Otaola Olano, 1988: 102). Así, la modalidad del enunciado pone de manifiesto la actitud del hablante en cuanto a las condiciones de verdad, posibilidad, necesidad u obligatoriedad del contenido proposicional, o bien, en cuanto a la evaluación emotiva del hablante respecto a lo dicho. Incluye, por lo tanto, los contenidos procedentes de la lógica modal, así como los contenidos vinculados a las evaluaciones afectivas (tristeza, alegría, temor, etc.). Por su parte, las modalidades de la enunciación manifiestan la actitud del hablante hacia el interlocutor y, en función de esta, determinan la forma lingüística del contenido proposicional, de manera que “una frase solo puede recibir una modalidad de enunciación obligatoria que será declarativa, interrogativa o imperativa” (Otaola Olano, 1988: 101). Estas modalidades se manifiestan por medio de las curvas de entonación, que tienen un valor distintivo y abarcan el conjunto del enunciado (Grande Alija, 2002: 57). Esto se traduce en que la modalidad de la enunciación se hace equivaler a las denominadas modalidades oracionales o de frase (Cervoni, 1987). A pesar de que esta separación entre la modalidad de la enunciación y del enunciado sigue vigente en muchas investigaciones, hay muchos autores que han dudado de su rentabilidad. Es el caso de Ridruejo (1999), quien observa que “con relativa frecuencia encontramos que una 152 Según Ridruejo (1999), esta doble distinción parte de Jackobson.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 117 determinada categoría lingüística modal implica tanto a la enunciación como al enunciado”. De hecho, Grande Alija (2002) discute algunos casos problemáticos, en los que la oposición entre la modalidad del enunciado y de la enunciación parece desdibujarse. Uno de los casos que utiliza es el siguiente: (29) Te pregunto si sabes dónde queda la calle del Pez Este enunciado se emplea para expresar una pregunta, lo que podría llevar a pensar que su modalidad de la enunciación es interrogativa. En el caso de que sea así, se trataría de un caso en el que la modalidad de la enunciación estaría representada “en lo que tiene toda la apariencia de ser una modalidad del enunciado” (Grande Alija, 2002: 58). Otro de los aspectos problemáticos que podemos hallar en esta distinción es la caracterización no exenta de polémica de los enunciados exclamativos. Aunque Otaola Olano (1988) no considera dentro de la modalidad de la enunciación la llamada modalidad exclamativa, sí se considera como tal en otras clasificaciones. Por ejemplo, Calsamiglia y Tusón (1999: 175), Garrido Medina (1999: 3882) o la gramática académica (NGLE, 2009) consideran que las oraciones exclamativas conforman un grupo independiente dentro de la modalidad de la enunciación o modalidad de frase. Grande Alija (2002: 52) observa que un problema similar se da con los enunciados desiderativos que, en algunas clasificaciones se tratan de forma independiente y en otras se incluyen como un subtipo de las principales modalidades oracionales (declarativa, interrogativa o imperativa). En este punto, observamos que, por ejemplo, Garrido Medina (1999: 3882) incluye la expresión del deseo en la modalidad de la enunciación interrogativa. Por su parte, Ruiz Gurillo (2006: 60), siguiendo las concepciones de Conca et alii (1998), resuelve esta problemática de la ubicación de las oraciones exclamativas y desiderativas, distinguiendo entre las modalidades de la enunciación primarias (declarativa, interrogativa, imperativa) y secundarias. En estas últimas, incluye la modalidad exclamativa y desiderativa. Sea como sea, estos ineludibles problemas, han hecho que autores como Cervoni (1987), Fuentes Rodríguez (1991b) o Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara (1996) opten por excluir las llamadas modalidades de la enunciación o de frase de la modalidad. Uno de los motivos que se aducen es que los tipos de oración vehiculan distintas clases de actos de habla que, aunque tienen
María Soledad Padilla Herrada 118 una fuerte conexión con la modalidad 153 , deben separarse de esta. Esta separación se basa, en palabras de Fuentes Rodríguez (1991b) en que, “una cosa es, en nuestra opinión, el mandato o la pregunta como actos, y otra la actitud que suponen en el hablante esos actos”. Esta visión es compartida, como indica esta misma autora, por otros autores de la escuela funcionalista, como Hengeveld (1988), quien sitúa la modalidad y la ilocución en niveles distintos. Desde este punto de vista, la modalidad atañe al contenido proposicional, lo evalúa, mientras que la fuerza ilocutiva define el tipo de acto de habla que va a emitir el hablante (Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara, 1996). Así, por ejemplo, prometer es un tipo de acto de habla, pero no es un tipo de modalidad, y aunque “son dos caras de un mismo hecho” a nosotros “solos nos interesa el aspecto lingüístico” (Fuentes Rodríguez, 1991b: 103). Esta misma concepción es la que adoptamos en este trabajo. Aunque, en efecto, hay una correlación entre el tipo de oración y el tipo de acto de habla básico que expresa, no deben identificarse los tipos de oración con los actos de habla, ya que un mismo tipo de oración puede vehicular distintos tipos de actos de habla. Por ejemplo, un enunciado interrogativo puede tener distintos valores ilocutivos: formular una pregunta real, una petición, un reproche y también un rechazo, como veremos 154 . Así, partimos de la idea de que los tipos de oración “no son la expresión de la subjetividad del hablante, sino de ciertas relaciones interpersonales”, de manera que “determinan el tipo de comunicación que se establece entre el locutor y el oyente” (Grande Alija, 2002: 56). Por tanto, en este trabajo no adoptamos la diferenciación esbozada entre la modalidad de la enunciación y del enunciado. 4.3.3 La dimensión enunciativa de la modalidad Partiendo de la tradición lingüística francesa, algunos autores como Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara (1996) caracterizan la modalidad como un contenido enunciativo, fundamental en la consideración de un enunciado como tal. De este modo, consideran que entre la modalidad y la enunciación existe una relación de inclusión, postura que asumimos en este trabajo. Fuentes Rodríguez (2004: 138) lo representa del siguiente modo: 153 Son muchos los autores que ponen de manifiesto las conexiones entre los actos de habla y la modalidad. Véase Igualada Belchí (1990), Hermoso Mellado-Damas (1996), Ruiz Gurillo (2006), entre otros. 154 Sobre este asunto, véase Garrido Medina (1999).
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 119 Figura 3. (Fuentes Rodríguez, 2004: 138) Con esta representación, se pretende separar el ámbito de la enunciación, la modalidad y la aserción 155 . Esta autora defiende que, aunque tanto la enunciación como la modalidad pertenecen al ámbito del locutor, se trata de planos “claramente limitados” (Fuentes Rodríguez 2004: 123) que se expresan a través de medios específicos. Asimismo, en la figura, la autora muestra el carácter externo de la enunciación respecto a la modalidad. Este carácter se manifiesta en el hecho de que cuando en un enunciado hay un operador de enunciación y otro de modalidad, el de enunciación aparecerá en una posición más externa, como observamos en el siguiente fragmento. En él, el operador de enunciación afecta al grupo formado por el operador modal más el contenido proposicional: (30) Usuario (no identificado): puede ser, y respeto tu opinión. Pero sinceramente creo que por desgracia si no jugase en RM no pensarías así xD (Twitter, Corpus MEsA). 4.3.4 Los límites entre la modalidad y la subjetividad. La noción de alcance Muchos autores han subrayado que el lenguaje está fuertemente marcado por la subjetividad y, por tanto, es un componente connatural a la comunicación humana (Benveniste, 1966; Lyons, 1977; Nuyts, 2001a, etc.). Este hecho explica que este concepto tenga una amplia presencia en la mayoría de las definiciones de la modalidad lingüística. Aunque la relación existente entre ambos conceptos es indiscutible, cabe preguntarse ¿dónde está el límite entre la modalidad y la subjetividad? En este trabajo, partimos de la concepción de Fuentes Rodríguez (1991b: 94 y ss.), quien aboga por discernir entre estos dos conceptos. Para esta autora, hay posturas demasiado genéricas, 155 Como señala Fuentes Rodríguez (2004: 123) la aserción “apunta al hecho de presentar un enunciado como verdadero”.
María Soledad Padilla Herrada 120 como la de Kerbrat-Orecchioni (1986), quien opina que ningún elemento lingüístico queda fuera de la subjetividad. Para establecer su delimitación del ámbito de la modalidad frente al de la subjetividad, Fuentes Rodríguez (1991b) considera como indispensable el concepto de alcance, es decir, el campo de actuación de un determinado elemento. Desde su perspectiva, la modalidad implica a los componentes que se encuentran en la esfera del modus. Por el contrario, quedan excluidos del concepto de modalidad todas aquellas formas lingüísticas que afectan únicamente a una parte del dictum. Para ilustrar esta distinción entre la subjetividad y la modalidad, Fuentes Rodríguez (1991b: 96) utiliza los siguientes ejemplos: (31) -Tiene una casa bonita -Afortunadamente, tiene casa En el primer caso, el contenido del adjetivo bonita forma parte de la información dictal. Supone una valoración del hablante aplicado a otro componente. Es decir, el campo de aplicación de la evaluación que expresa este adjetivo tiene como alcance la denotación del sustantivo casa. En el segundo caso, afortunadamente manifiesta la actitud del hablante ante todo lo comunicado. No recae únicamente sobre una parte del dictum, como sucede con el adjetivo bonita, sino que su ámbito de actuación o alcance es la todalidad del enunciado. Apunta, además, a los sentimientos del hablante. Por tanto, afortunadamente es un elemento modal y, como tal, se sitúa en una dimensión enunciativa, que va más allá del contenido proposicional. En definitiva, vemos que, mientras que bonita supone una valoración que hace el hablante hacia un referente de un signo del dictum, afortunadamente supone una valoración sobre todo lo enunciado y, por tanto, pertenece al plano modal. Así, partimos de la concepción de que los elementos vinculados al plano modal se pueden considerar subjetivos, en tanto en cuanto manifiestan la actitud del hablante, la cual dependerá siempre de su interpretación personal de la realidad. Sin embargo, no todo elemento subjetivo está vinculado con la modalidad. Se considerará modal si tiene como alcance la totalidad del enunciado y si da cuenta de la actitud del hablante ante lo enunciado.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 121 4.3.5 Clases de modalidad A pesar de que, como ya hemos advertido, la modalidad es un fenómeno que ha recibido múltiples interpretaciones, podemos destacar dos grandes tipos de modalidad, cuya presencia sí es más o menos estable en la mayoría de las clasificaciones. Nos referimos a la conocida como modalidad apreciativa 156 , por un lado, y a las modalidades lógicas, por otro 157 . La modalidad apreciativa está relacionada con el modo en que el hablante valora el hecho descrito en el contenido de la proposición en relación con su propia escala de valoración, que puede ser estética, moral, etc. (Ruiz Gurillo, 2006: 63). Hace referencia, así, a juicios de tipo afectivo que indican la percepción de un hecho como triste, sorprendente, útil, etc. Algunos de los principales medios de expresión de este tipo de modalidad son adverbios o locuciones adverbiales del tipo: afortunadamente, lamentablemente, por suerte, por desgracia, entre otras (Barrenechea, 1979; Fuentes Rodríguez, 1991b). Con respecto a las modalidades lógicas, destacan dos: la modalidad epistémica 158 y la modalidad deóntica. Estas parten de una doble concepción de las nociones lógicas de la necesidad y la posibilidad (Lyons, 1977: 79). En función de dicha concepción, la modalidad epistémica 159 es aquella que está relacionada “con la posibilidad o necesidad de la verdad de las proposiciones” (Otaola Olano, 2006: 171); mientras que la modalidad deóntica está vinculada a “la necesidad o 156 Las modalidades apreciativas también reciben la denominación de modalidad evaluativa (Grande Alija, 2002), subjetiva (Ruiz Gurillo, 2006) o axiológica (Vion, 2001). 157 Téngase en cuenta que también existen otras distinciones de los tipos de modalidad que están directamente vinculadas con las funciones del lenguaje. En esta línea, autores como González Calvo (1983) distinguen entre la modalidad referencial, expresiva y apelativa. Sobre este asunto, véase González Calvo (1983) y Grande Alija (2002). 158 Otro de los asuntos polémicos referentes a la modalidad es la relación existente entre la evidencialidad y la modalidad epistémica. Aunque no entramos de lleno en esta cuestión, basta con señalar que hay autores, como Martín Zorraquino (1999) y Martín Zorraquino y Portolés (1999), que consideran que los evidenciales forman parte del grupo de los marcadores de modalidad epistémica, siguiendo a Palmer (1986). Otros autores, como Cornillie (2015b), separan los adverbios de modalidad epistémica de los evidenciales, aunque reconoce la relación existente entre ambas nociones. Con respecto a los motivos de esta polémica, autores como Nuckolls y Michael (2012) atribuyen la confusión entre la evidencialidad y la modalidad epistémica a las observaciones presentes en trabajos tempranos sobre la evidencialidad realizados por hablantes cuyas lenguas carecían de expresiones evidenciales gramaticalizadas, lo cual dificultó la tarea de comprender los evidenciales como algo más que un aspecto próximo a la modalidad epistémica. Para profundizar sobre este asunto, véase Cornillie (2007), entre otros. 159 Lyons (1977) separa el concepto de epistemicidad en dos: por un lado, distingue la epistemicidad objetiva, definida como el grado de veracidad / certeza de la acción y, por otro, la epistemicidad subjetiva, concebida como el grado de certeza del hablante sobre la veracidad de la acción. Esta distinción también es tomada por Dik (1997: 296), para quien la modalidad objetiva contempla la valoración que se presenta como independiente de la opinión del hablante, mientras que la modalidad subjetiva incluye expresamente la opinión del hablante. Esta distinción no se ha aplicado con mucha frecuencia en los estudios sobre modalidad lingüística. Sin embargo, en algunas investigaciones aplicadas, como la de Villar Díaz (2013), sí se utiliza la distinción de Lyons (1977) y se emplea, a su vez, el concepto de epistemicidad intersubjetiva, que es aquella que expresa el grado de certeza del hablante respecto a lo dicho, en el marco de su relación con el interlocutor.
María Soledad Padilla Herrada 128 (37) 20/2/2016, 18:55 - M2: Pero las mechas me temo que no se van a quitar 20/2/2016, 18:56 - M1: Eso ya más pa lante 20/2/2016, 18:56 - M2: Claro (WhatsApp, Corpus MEsA) (38) 11/2/2016, 13:27 - M2: Pues los miércoles hablaremos en inglés 11/2/2016, 13:27 - M2: Te parece? 11/2/2016, 13:27 - M2: Así las dos practicamos 11/2/2016, 13:28 - M1: Vale (WhatsApp, Corpus MEsA) Sin embargo, como podemos deducir de los ejemplos anteriores, estos operadores se distinguen entre sí en el significado que manifiestan. En el caso de los operadores de modalidad epsitémcia “ratifican el segmento enunciativo al que afectan” (Martín Zorraquino y Portolés, 1999: 4148), dando cuenta del alto compromiso del hablante respecto a lo dicho. Por ello, “se utilizan, fundamentalmente, en enunciados declarativos: afectan generalmente a un miembro del discurso que es -o forma parte deuna oración ‘aseverativa’ o ‘enunciativa’ (tanto afirmativa como negativa)” (Martín Zorraquino y Portolés, 1999: 4146). Por su parte, los operadores de modalidad deóntica conllevan una respuesta a un enunciado con una fuerza ilocutiva directiva. Es decir, “implican una propuesta, un ofrecimiento, una evaluación, etc., que el hablante valora, aceptándola o rechazándola. Los propios marcadores indican que el hablante interpreta el enunciado al que remiten como un enunciado de esa índole” (Martín Zorraquino y Portolés, 1999: 4162). Otra diferencia sintagmática fundamental existente entre estos dos grupos de operadores es que, tal como hace notar Martín Zorraquino (1999) 168 , los operadores de modalidad deóntica no pueden introducir enunciados a través de la conjunción que, posibilidad que sí se da en el caso de los operadores de modalidad epistémica 169 . Estos pueden introducir tanto enunciados ocupados por oraciones 168 Martín Zorraquino (1998) también advierte de que una distinción entre las expresiones epistémicas y deónticas es que las primeras van separadas del resto del enunciado por una pausa más marcada, respecto a las segundas. Sin embargo, dada la naturaleza digital de nuestro corpus, no hemos podido comprobar dicha afirmación. 169 Téngase en cuenta que esta posibilidad de introducir una oración o el adverbio de afirmación o negación solo es posible con las expresiones modalizadoras, tal como las entienden Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara (1996: 21 y ss.), entre las que se encuentran, claro, por supuesto, desde luego, etc. Como estas autoras indican, dicha estructura no es
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 129 (39) 05/04/2016 20:06:05: M1: Que unos estén diagnosticados y otros no, no quiere decir que esos otros no necesiten también atención 05/04/2016 20:06:13: M1: Personal o ayuda 05/04/2016 20:06:55: H1: hombre claro que todos necesitan ayuda (WhatsApp, CorpusMEsA) como adverbios de afirmación y negación (40) 29/3/18 0:34 - H1: Con suerte hay una mujer igual de imbecil y friki que yo por ahi " ♂ 29/3/18 7:19 - M1: Claro que sí (WhatsApp, Corpus MEsA) Esta distribución, como señala Fuentes Rodríguez (2020), también es propia de algunos operadores enunciativos y argumentativos. En cualquier caso, suele darse en un contexto interactivo o dialógico. Otro aspecto que los distingue es la gran versatilidad distribucional de los operadores de modalidad epistémica cuando actúan dentro del propio enunciado. Estos pueden aparecen en cualquiera de las posiciones indicadas por Fuentes Rodríguez (2017: 17), es decir, en el margen izquierdo, derecho y en posición parentética: (41) Usuario 19 (mujer): Desde luego es un cambio respecto al gobierno anterior, que falseaba los medidores de CO2 poniendolos en los parques y jardines . Animo Manuela...la tarea es dura y desagradecida pero lo vas a conseguir (Facebook, Corpus MEsA) (42) Usuario 49 (hombre) […] 2. tanto la trama como las actuaciones son bastante fieles al comic, a partir del new 52, naturalmente.[…] (Páginas Web, Corpus MEsA) (43) Usuario 17 (mujer): posible con los llamados formuladores, relacionados con la certeza, la duda, etc., tales como verdaderamente, posiblemente, quizás, etc.
María Soledad Padilla Herrada 130 […] Si yo, mujer, tratase mal a mi novio, incluso con golpes físicos, él puede denunciarme, por supuesto, nadie merece ser maltratado, pero se aplicará, de nuevo, otra ley […] (Facebook, Corpus MEsA) En cambio, las posibilidades posicionales de los operadores de modalidad deóntica son mucho más limitadas. Estos suelen ocupar una posición inicial en el enunciado, como advierte Martín Zorraquino (1998): (44) Usuario 21 (hombre): @Albert_Rivera @usuario20 Cantemos Imagine , Imagine there's no heaven It's easy if you try .BIEN , ya los asustamos , no matan hasta mañana (Twitter, Corpus MEsA) De lo expuesto anteriormente se deduce que los operadores modales pueden aparecer en el margen izquierdo, derecho y en posición parentética cuando actúan dentro del propio enunciado, rasgo que tienen en común con algunos operadores o complementos enunciativos, argumentativos e informativos. No obstante, frente a estos, los operadores modales pueden ocupar, además, una posición autónoma cuando aparecen en intervención reactiva. Estas posibilidades distribucionales de los operadores modales se resumen en el siguiente esquema: En cualquier caso, ambos tipos de marcadores tienen un carácter extrapredicativo, y es esa marginalidad la que posibilita su movilidad en el enunciado (Fuentes Rodríguez, 1991b: 276). Operadores modales Dentro del propio enunciado posición parentética Margen izquierdo Margen derecho En intervención reactiva Posición autónoma Figura 4. Distribución de los operadores modales
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 131 Dicha marginalidad explica otras de sus caracterícticas básicas, y que comparten con el resto de los marcadores discursivos: no desempeñan ninguna función dentro del marco oracional, no pueden ser negados; no admiten, normalmente, cuantificación, gradación ni complementación alguna (Fuentes Rodríguez, 1991a; Martín Zorraquino y Portolés, 1999); no pueden coordinarse entre sí ni ser el foco de un enunciado interrogativo (Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara, 1996) y actúan en el ámbito macroestructural (Fuentes Rodríguez, 2017a, 2019a, 2019b, 2020). Otra de las características de los operadores modales, que es compartida por el resto de los marcadores discursivos, es que, desde el punto de vista morfológico, son unidades invariables. Sin embargo, es necesario matizar esta característica en el caso de los operadores modales dado que, como mencionamos anteriormente, algunos admiten la variación morfológica relativa a la referencia al receptor. En cualquier caso, hay que tener en consideración, como advierten Marín Zorraquino y Portolés (1999: 4060), que el criterio de la invariabilidad hay que tomarlo con cautela, ya que los marcadores discursivos presentan un distinto grado de gramaticalización. 4.5 MARCO METODOLÓGICO PARA EL ANÁLISIS DE LAS EXPRESIONES MODALES Tras haber trazado los conceptos teóricos necesarios para asistir al análisis que realizamos en la presente investigación, explicitamos los pasos que hemos seguido para llevar a cado nuestro análisis. En primer lugar, damos cuenta de la estructura general de los capítulos de análisis y, en segundo lugar, mostramos las partes de que consta el análisis de cada grupo de unidades. 4.5.1 Organización de los capítulos de análisis El análisis de las expresiones modales afirmativas y negativas que vamos a mostrar en los próximos capítulos, y que parten de los conceptos teóricos expuestos hasta este punto de la tesis, constará de las siguientes partes: - En primer lugar, tras la definición de los conceptos modales manejados dentro de la afirmación y la negación (afirmación categórica, acuerdo y aceptación; negación categórica, desacuerdo y rechazo), estableceremos una clasificación de las expresiones analizadas, basada en su estructura base (base oracional y no oracional) y en el contenido modal que expresan. - En segundo lugar, nos adentraremos en el análisis de cada una de las expresiones, agrupándolas en función de su estructura y comportamiento común.
María Soledad Padilla Herrada 132 - Por último, estableceremos unas conclusiones generales aplicables a las expresiones afirmativas, por un lado, y negativas, por otro. 4.5.2 Estructura del análisis En cuanto a la estructura del análisis de cada grupo de expresiones, este seguirá un esquema común, que constará de las siguientes partes: • Breve presentación de la expresión o grupo de expresiones, partiendo de su estructura formal. • Apartado de aclaraciones teóricas previas pertinentes en cada uno de los grupos de formas por analizar. En estos apartados incluimos información acerca del tratamiento de estas estructuras -o falta de él- en la bibliografía, aclararemos algunos conceptos teóricos necesarios específicamente para su análisis, trataremos algunas cuestiones relativas a la estructura base y a su presencia o ausencia en los repertorios lexicográficos sobre marcadores discursivos. Los repertorios consultados son los diccionarios específicos de marcadores discursivos (el Diccionario de Partículas de Santos Río (2003); el Diccionario de Partículas Discursivas de Briz, Pons y Portolés, (2008); y el Diccionario de conectores y operadores del español de Fuentes Rodríguez, (2018 [2009]). Asimismo, consultamos el Diccionario de Uso del Español de Moliner (2007 [1967]), así como el Diccionario de la Real Academia Española (DLE, 2014), para comprobar si en estas dos últimas compilaciones se proporciona información acerca de expresiones lingüísticas actuales y propias del español coloquial. • Análisis sincrónico. En este apartado está el grueso de nuestro trabajo, en el que damos cuenta de todas las funciones que nuestras expresiones desempeñan en el español actual, en función de los datos hallados en nuestro corpus. Para ello distinguimos los contextos en los que nuestras formas actúan en el ámbito microestructural del macroestructural, de acuerdo con nuestro marco teórico (Fuentes Rodríguez, 2017 [2000], 2019a, 2020). Aunque también damos cuenta de su empleo macroestructural en discurso monologal 170 , hacemos hincapié en su empleo como enunciados reactivos que ocupan el hueco funcional de un operador modal. • Datos cuantitativos y grado de gramaticalización. Partiendo de los datos proporcionados por los distintos corpus manejados (Corpus MEsA, Corpus Val.Es.Co. 2.0., Corpus COLA(M), CORPES 170 Cabe realizar una precisión: cuando hablamos de que una determinada unidad actúa en el discurso monologal en nuestro análisis, nos referimos a los casos en los que nuestras expresiones actúan dentro del discurso de un único hablante, independientemente de que dicha intervención se inserte o no en una conversación o en otro tipo de discurso dialogal.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 133 XXI, CREA y CORDE), damos cuenta del número total de veces en que estas expresiones aparecen ocupando el hueco funcional de un operador modal de afirmación o negación en contextos dialógicos reactivos. Aportamos este dato para tratar de observar patrones de frecuencia creciente y detectar en qué corpus hay un mayor número de documentaciones, ya que esto puede llevarnos a conclusiones interesantes acerca de en qué contextos o situaciones comunicativas se utilizan más estas formas. Téngase en cuenta que, para trabajar con un número manejable de datos, hemos filtrado la búsqueda en los corpus académicos al español peninsular. En la siguiente tabla damos cuenta de la extensión aproximada de cada corpus, tomando como referencia el número de palabras que contienen: Corpus consultados Corpus MEsA171 CORPES XXI172 CREA CORDE Corpus Val.Es.Co. 2.0. Corpus COLA(M)173 Número de palabras 3.020.639 85.800.000 85.563.661 196.166.300 73.344 175.000 Tabla 5. Número de palabras que contiene cada corpus consultado A partir de los presupuestos teóricos manejados en torno a la formación de los marcadores discursivos, damos cuenta del grado de gramaticalización que estas expresiones manifiestan, a partir de sus usos actuales. Para ello tendremos en consideración los criterios descritos anteriormente: -Desemantización -Invariabilidad morfológica -Pérdida de las capacidades sintácticas propias de su uso como componente de la oración -Presencia de la valoración del hablante y atención a la figura del oyente (subjetivización e intersubjetivización) -Fijación sintáctica: no admite la inserción de elementos ni admite la alteración del orden de sus componentes. -Extraproposicionalidad 171 Esta cifra está sujeta a cambios, ya que se trata de un corpus en construcción. 172 Dado que en este corpus no se indica el número total de palabras del subcorpus de España, hemos hecho un cálculo, basándonos en los datos aproximados que se facilitan. El dato que se proporciona es que en CORPES XXI hay aproximadamente 286 millones de formas, de las cuales el 30% corresponde a los datos de España. 173 Esta cantidad también es aproximada, dado que el corpus no proporciona el número total exacto de palabras.
María Soledad Padilla Herrada 134 -Independencia entonativa -Autonomía predicativa para ocupar el hueco funcional de un operador en intervención reactiva -Función macroestructural En nuestro caso, distinguiremos entre los casos de (semi)gramaticalización avanzados y los casos que se corresponden con un proceso de cooptación, en el que las unidades resultantes son semánticamente transparentes. En este sentido, el lector debe tener en cuenta que nuestro análisis no es diacrónico. Por tanto, no es nuestra intención trazar el proceso evolutivo de estas expresiones, sino dar cuenta de qué rasgos asociados a la gramaticalización se observan a través del análisis de sus usos actuales y demostrar, así, cómo a partir del proceso creativo que constituye la creación de expresiones nuevas, los hablantes consiguen hacer que estructuras originariamente muy heterogéneas confluyan en funciones paralelas, en este caso, propias de los operadores modales. Por otra parte, sí nos interesamos por registrar la fecha de la primera documentación en que estas expresiones aparecen en intervención reactiva, ya que este dato puede servirnos para sustentar nuestra hipótesis de partida: que se trata de expresiones surgidas en una fecha relativamente reciente. Nuestra intención es comprobar cómo a partir de sus usos actuales, podemos observar distintos estadios de un proceso de gramaticalización que, en parte, se puede reconstruir y cuya gradualidad se puede observar, gracias a la coexistencia de las formas originarias con las innovadoras, es decir, a la estratificación a la que se refiere Hopper (1991). • Por último, ofrecemos una recapitulación relativa a cada grupo de expresiones, en función del análisis realizado.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 135 Capítulo 5 Expresiones reactivas modales positivas. La manifestación del acuerdo, la confirmación, la aceptación y la respuesta afirmativa categórica
María Soledad Padilla Herrada 136 5 Expresiones reactivas modales positivas. La manifestación del acuerdo, la confirmación, la aceptación y la respuesta afirmativa categórica 5.1 INTRODUCCIÓN La riqueza del español coloquial hace que los hablantes tengamos a nuestra disponibilidad un amplio conjunto de expresiones para manifestar los contenidos modales de acuerdo, confirmación y aceptación. Además de los operadores que aparecen en la bibliografía especializada (Santos Río, 2003; Briz, Pons y Portolés 2008; Fuentes Rodríguez, 2018 [2009]) contamos con otras expresiones, no necesariamente gramaticalizadas, que desempeñan esas mismas funciones en el discurso. La primera particularidad que resulta llamativa a todo investigador que se acerca al ámbito de la afirmación es la escasez de trabajos dedicados a ella, frente a la atención recibida por su correlato negativo (vid. Capítulo 6). A menudo, las referencias a la afirmación se encuentran disgregadas, precisamente, en trabajos sobre la negación 174 . De hecho, tanto en la Gramática descriptiva (Bosque y Demonte, 1999) como en la NGRAE (2009) encontramos un capítulo completo dedicado a esta, pero ninguno centrado en la afirmación. En las últimas dos décadas se han realizado algunas investigaciones centradas en la afirmación (Cervera Rodríguez, 2002; González Rodríguez, 2008 175 ) en las que los autores aportan razones que pueden justificar la exigua atención que este tema ha recibido hasta ahora. Algunos de los motivos propuestos se centran en que se trata de una cuestión demasiado difusa, en la aparente simplicidad con la que se manifiesta y, especialmente, en que no está marcada lingüísticamente frente a la negación. Esta última idea está expresada en la siguiente cita de Moreno Cabrera (1991, I: 587, 588) recogida por González Rodríguez (2008: 3): “Es algo establecido en la lingüística actual que las oraciones negativas son derivadas o marcadas respecto de las oraciones afirmativas. Esto puede comprobarse teniendo en cuenta que en todas las lenguas conocidas, las oraciones negativas se marcan mediante una palabra o morfema especial y las oraciones afirmativas no conocen en general un marcador obligatorio 174 Por ejemplo, Bosque (1980), en su estudio versado en la negación, hace varios apuntes sobre la afirmación. 175 En la tesis de González Rodríguez (2008) sobre la polaridad positiva no se manejan los valores modales dialógicos que nosotros tratamos aquí, ya que no va más allá de la unidad oración.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 137 de afirmación. Por otro lado, no existe ninguna lengua en el mundo en que las oraciones negativas sean no marcadas y en las que las afirmativas se deriven de éstas mediante un morfema o palabra afirmativa especial.” Moreno Cabrera (1991, I: 587, 588). A pesar de la aparente simplicidad que parece caracterizarla, como señala Cervera Rodríguez (2002: 68), “si alguien tuviese la pretensión de elaborar el campo semántico de la afirmación probablemente encontraría un manantial inagotable por las innumerables palabras, expresiones y manifestaciones relacionadas” con ella. En el fructífero campo de los marcadores discursivos, la afirmación sí ha recibido mucha atención, aunque de manera indirecta, a través del estudio de diversas expresiones. El concepto de afirmación se ha utilizado, en ocasiones, como etiqueta genérica para agrupar algunos marcadores del discurso. Por ejemplo, en la NGRAE (2009) se incluyen sí, claro, obviamente, desde luego, por supuesto entre los adverbios y las locuciones adverbiales de afirmación. Por su parte, González Ruiz y Loureda Lamas (2001-2002: 273) incluyen elementos como desde luego o por descontado entre los marcadores discursivos de afirmación. Si bien es cierto que suelen emplearse etiquetas más específicas para definirlos, es especialmente reseñable la atención que han recibido algunos marcadores como claro (Cortés Rodríguez, 1991; Martín Zorraquino, 1991; Fuentes Rodríguez, 1993a; Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara, 1996; Gras Manzano, 2002; Maldonado, 2010; Pons Bordería, 2011; Hummel, 2012…), desde luego (Fuentes Rodríguez, 1993b; Martín Zorraquino, 2000, 2011; Alvarado Ortega y Ruiz Gurillo, 2011…), y otros como en efecto y efectivamente, que se suelen analizar conjuntamente (Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara, 1996; Llopis Cardona, 2014, 2015; Solís, 2012; Garcés Gómez, 2014b). A lo largo de este capítulo, analizaremos varias expresiones de aceptación, acuerdo y confirmación documentadas en el Corpus MEsA y compararemos su presencia en el resto de corpus (CORPES XXI, CREA, CORDE, Val.Es.Co. 2.0. y COLA(M). Diferenciaremos entre su actuación en el ámbito microestructural y macroestructural (Fuentes Rodríguez 2013a, 2017a, 2019a). Dados los objetivos de esta tesis, nos interesamos, especialmente, en su comportamiento como expresiones reactivas. A continuación, definiremos los conceptos de aceptación, acuerdo y confirmación como contenidos modales, expondremos las condiciones discursivas que se tienen que dar para que dichos contenidos aparezcan y los diferenciaremos de la respuesta afirmativa categórica.
María Soledad Padilla Herrada 144 confirmación y a juicios y otras a peticiones de acción. Es decir, algunas de ellas no cumplen con el principio de aceptabilidad (Coseriu, 1992) ante determinadas intervenciones iniciativas 180 . Si bien somos conscientes de que esta problemática terminológica en torno a la afirmación y, más concretamente, en torno a la intervención reactiva afirmativa, sobrepasa con creces los límites de esta investigación, nos conformamos, por el momento, con exponer con la mayor claridad posible cómo empleamos en esta tesis los contenidos modales de acuerdo, confirmación, aceptación y respuesta afirmativa categórica que son los que manejamos en esta ocasión, dadas las funciones desempeñadas por las expresiones analizadas. En este trabajo, no vamos a partir del grado de énfasis que añaden los marcadores para atribuirles el contenido modal de aceptación, acuerdo o confirmación. En nuestro caso, vamos a definir estas nociones y aplicarlas a las distintas expresiones analizadas tomando como criterio el contexto interactivo en el que aparecen y el tipo de intervención a la que responden. Ahora bien, tendremos en cuenta que cada uno de estos contenidos se pueden manifestar con mayor o menor énfasis en el discurso y que, por tanto, cada uno convoca su propia escala de intensidad. Así las cosas, consideramos que la confirmación es un contenido modal reactivo mediante el cual el locutor ratifica la hipótesis expresada por el interlocutor en la intervención de inicio, que aparecía como dudosa. Este contenido modal suele aparecer tras intervenciones iniciativas vehiculadas por aserciones más preguntas confirmativas o por enunciados interrogativos orientados. Estos no constituyen preguntas reales (Escandell Vidal, 1999), es decir, no configuran peticiones de información al interlocutor, sino que se emplean como fórmulas expresas de petición de corroboración del supuesto o información consabida que maneja el locutor de la intervención iniciativa. A través de las intervenciones reactivas confirmativas, por tanto, el locutor otorga credibilidad, validez y autenticidad a dicha información. Tal y como indica Berrendoner (2012c: 243), “cette opération remplit par nature une fonction de désambiguïsation a posteriori”. Vemos un par de ejemplos a continuación. En el primer caso, la petición de confirmación está formada por un enunciado interrogativo orientado, y en el segundo, por una aserción más un apéndice comprobativo (Ortega, 1985): 180 Como veremos en el análisis, las expresiones que agrupamos como formas de aceptación no cumplen el principio de aceptabilidad tras intervenciones iniciativas vehiculadas por juicios del interlocutor o tras peticiones de confirmación. Del mismo modo, las expresiones agrupadas como formas de acuerdo y confirmación no son aceptables tras intervenciones iniciativas que constituyen propuestas de acción. Solo algunas de ellas gozan de la suficiente versatilidad para aparecer tras peticiones de confirmación, juicios asertivos y peticiones de acción.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 145 (49) 05/01/2016 13:25:18: M1: En serio ha tenido mala vida esa mujer? 05/01/2016 13:25:21: M1: 😳 05/01/2016 13:25:27: M1: No tenía ni idea 05/01/2016 13:25:35: H1: pos si (WhatsApp, Corpus MEsA) (50) 13/11/2015, 15:01 - M1: os wncanta saberlo verdad? :) 13/11/2015, 15:01 - M2: Siiiii (WhatsApp, Corpus MEsA) Por su parte, concebimos la expresión del acuerdo 181 como un contenido modal reactivo que supone el alineamiento del hablante respecto a lo dicho por el interlocutor o por otro enunciador. Utilizamos este concepto para referirnos a los casos en los que el locutor muestra adhesión ante una intervención iniciativa de naturaleza asertiva 182 en la que el interlocutor expone un juico o una opinión determinada. Una respuesta de acuerdo, por tanto, constituye una intervención coorientada en la que el locutor se convierte también en garante de lo expuesto en la intervención de inicio. Mostramos algunos ejemplos a continuación, en los que vemos que este contenido también se puede manifestar con más o menos énfasis. En el caso de desde luego, el locutor muestra una adhesión mucho más intensificada ante la opinión del interlocutor. Sin embargo, desde nuestro punto de vista, ambas intervenciones reactivas conforman respuestas de acuerdo: (51) 20/07/2017 23:18:25: H1: Putas enfermedades mentales 20/07/2017 23:30:50: M1: Ya tio (WhatsApp, Corpus MEsA) (52) 09/07/2017 22:15:35: H1: Que el mundo se va al garete 09/07/2017 22:16:44: M1: Puf 🙈 09/07/2017 22:16:47: M1: Desde luego (WhatsApp, Corpus MEsA) 181 Algunos autores han observado que en las clasificaciones de marcadores discursivos no se han tenido muy en cuenta los conceptos de acuerdo y desacuerdo (Porroche Ballesteros 2011: 159), los cuales, desde nuestro punto de vista, también resultan indispensables. De ahí que los incluyamos en esta tesis como contenidos modales independientes. También Pons Bordería (2011) considera el acuerdo y el desacuerdo como contenidos modales. 182 Bertomeu Pi (2020: 7) también habla de acuerdo en intervenciones reactivas cuando la precedente tiene un carácter asertivo.
María Soledad Padilla Herrada 146 Somos conscientes de que contextos similares a los que hemos definido en los dos ejemplos anteriores como expresiones de acuerdo se consideran en otros trabajos, también, como expresiones de confirmación. En este sentido, advertimos que los términos acuerdo y confirmación se tratan como equivalentes, únicamente, cuando la intervención anterior es de contenido asertivo. No obstante, nos parece relevante que el valor de confirmación sí se reconoce unívocamente en la bibliografía en los contextos en los que se responde a preguntas orientadas o a apéndices comprobativos. Por este motivo, en la presente investigación hablamos de un valor modal confirmativo en los casos en los que nuestras unidades responden afirmativamente a peticiones de confirmación 183 , y de expresión de acuerdo en los casos en los que el locutor se adhiere a los juicios del interlocutor. Ambos contenidos pueden manifestarse de manera más o menos enfática en el análisis. La distinción de valores modales que defendemos responde, por tanto, a un intento de otorgar mayor claridad y especificidad lingüística a estos términos de respuesta afirmativa (Cervera Rodríguez, 2002) y a los valores modales que designan, al menos, de cara a nuestro análisis. Esta diferenciación entre los contenidos de acuerdo y confirmación nos resulta rentable para el análisis de las intervenciones reactivas, ya que nos servimos de ella para mostrar al lector los distintos contextos discursivos en los que nuestras expresiones reactivas pueden aparecer y para dar cuenta del tipo de intervenciones iniciativas a las que estas suelen responder. Creemos, por tanto, que dicha separación está justificada. Sin embargo, como veremos, muchas de ellas aparecen tanto para expresar alineamiento con el interlocutor (acuerdo) como para verificar la información consabida por este (confirmación), lo cual da cuenta de la estrecha interrelación existente entre ambas nociones. Por su parte, consideramos que la aceptación es un contenido modal reactivo a través del cual el locutor accede ante una petición, orden, invitación, etc. presentada por el interlocutor en la intervención iniciativa previa. Se trata, en definitiva, de un contenido modal ligado a un determinado tipo de enunciados directivos que configuran propuestas de acción 184 dirigidas al interlocutor. Por ejemplo, en los dos fragmentos siguientes las formas ok y me apunto se emplean como fórmulas de aceptación de una propuesta y un ofrecimiento, respectivamente: 183 Aunque somos conscientes de la variedad de contextos que suelen etiquetarse en la bibliografía como confirmativos, en este trabajo, utilizamos el concepto de un modo más restrictivo, con el objetivo de clarificar nuestro análisis, dada la cantidad de expresiones y ejemplos manejados. 184 Tomamos este término de Porroche Ballesteros (2011).
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 147 (53) 13/02/2017 23:54:13: M1: Vente el sábado y el viernes vamos a casa de mi tia 13/02/2017 23:54:19: H1: Ok (WhatsApp, Corpus MEsA) (54) 2015/07/19, 13:16 - H3: yo voy de 6-9 aprox, si H4 le parece bien, podria buscarte H1 2015/07/19, 13:21 - H1: Me apunto (WhatsApp, Corpus MEsA) Dado que estas nociones (confirmación, acuerdo y aceptación) hacen referencia a respuestas afirmativas (Cervera Rodríguez 2002), la relación conceptual existente entre ellas es muy estrecha. Esto hace que haya casos difíciles de clasificar. Por ejemplo, en casos como el siguiente, la manifestación de acuerdo ante un juicio del interlocutor supone, a su vez, la aceptación de la veracidad dicho juicio: (55) 06/09/2018 23:44 – M2: se esta cansando 06/09/2018 23:44 – M1: ufff 06/09/2018 23:44 –M1: ya te digo (WhatsApp, Corpus MEsA) En nuestro análisis, distinguimos los tres contenidos anteriores de la respuesta afirmativa categórica, que se da cuando la intervención previa está ocupada por una pregunta real (Escandell Vidal, 1999), que no configura una propuesta de acción dirigida al interlocutor. Se corresponde con lo que Moeschler (1982) denomina respuesta afirmativa. Dicha respuesta también puede expresarse de modo más o menos enfático, en función de la forma utilizada, así como de otros mecanismos de realce expresivo, como la repetición. Vemos un ejemplo en el siguiente intercambio, en el que el operador de afirmación sí aparece reduplicado: (56) 05/06/2019 18:23 - M1: te gusta el portofino? 05/06/2019 18:25 - H1: si si (WhatsApp, Corpus MEsA) A pesar de la distinción defendida, queremos hacer constar que, con ella, no pretendemos oponer de manera inflexible estos conceptos ni trazar fronteras nítidas entre ellos, dado que no consideramos que esto sea posible. Con todo, creemos que esta diferenciación tiene una función
María Soledad Padilla Herrada 148 práctica en nuestro análisis, dado que nos permitirá distinguir con cierta precisión los contextos en los que nuestras expresiones pueden aparecer. Para ilustrar cómo emplearemos en el análisis esta distinción de los contenidos modales, nos valemos de algunos fragmentos del Corpus MEsA para mostrar que el marcador claro 185 , que es uno de los más estudiados y que hemos venido utilizando como ejemplo, se emplea para expresar los tres contenidos modales aquí tratados. Estos aparecen intensificados debido al significado del propio marcador. Así, en los siguientes casos, claro expresa confirmación, acuerdo y aceptación, respectivamente: (57) 2015/11/27, 18:20 - H4: Aquellos que usais Steam, ¿hay que descargar los juegos para poder jugar, no? 2015/11/27, 18:21 - H1: Looooool claro (WhatsApp, Corpus MEsA) (58) 2019/08/21, 15:37 – M3: tiene q replanteárselo 2019/08/21, 15:37 – M1: claro (WhatsApp, Corpus MEsA) (59) 2015/08/31, 19:20 - H5: Mmmmm, cena Alameda? 2015/08/31, 19:20 - H5: A las 21?? 2015/08/31, 19:34 - H6: Claro! (WhatsApp, Corpus MEsA) 5.3 CONDICIONES DISCURSIVAS DEL ACUERDO, LA CONFIRMACIÓN, LA ACEPTACIÓN Y LA RESPUESTA AFIRMATIVA CATEGÓRICA La expresión de estos contenidos modales, prototípicamente dialógicos, supone una actitud colaborativa del locutor ante lo dicho por el interlocutor o por otro enunciador. Para que aparezcan, tienen que darse las siguientes condiciones discursivas: Con respecto al contenido modal reactivo de acuerdo, este aparece en los contextos discursivos en los que el locutor suscribe el juicio del interlocutor. En estos casos, la intervención iniciativa está ocupada por uno o más enunciados de naturaleza asertiva, ante los cuales el locutor expresa su adhesión en la intervención reactiva. Se constituiría así, un par adyacente formado por 185 La versatilidad del marcador claro hace que pueda expresar estos tres contenidos modales en intervención reactiva. Esto es muy poco común en el conjunto de unidades que aquí analizamos. Normalmente, su uso está restringido a la expresión de alguno de ellos.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 149 intervenciones orientadas, como podemos observar a continuación. En este ejemplo, para manifestar el acuerdo se emplea una expresión realizativa: (60) Usuario 46 (mujer): Grupo de niñas inmaduras que hacen caso a otra inmadura, tened un poco de respeto y callaros, Que siempre pueden surgir problemas, a mi también me tardan los de Inditex en traerme un pedido y no voy poniendoles de todo en su página, madurad por dios Usuario 47 (mujer): Estoy completamente de acuerdo con [mención a usuario 46] (Instagram, Corpus MEsA). En el caso de la confirmación, se da cuando la intervención iniciativa está ocupada por una petición de confirmación y el locutor proporciona una respuesta a través de la cual ratifica la información consabida por el interlocutor. Dicha petición de confirmación puede estar formada por una aserción más un apéndice comprobativo, también denominados preguntas confirmativas (Ortega, 1985; Briz Gómez, 1998; Martín Zorraquino y Portolés, 1999; Cortés y Camacho, 2005; Padilla Herrada, 2016) (62) Usuario 85 (hombre): El es amigo del rubius verdad? Usuario 86 (hombre): Si ^^ (Youtube, Corpus MEsA) o bien por enunciados interrogativos que marcan la orientación, ya sea a través de partículas introductoras o de la negación (Escandell Vidal, 1999). Este tipo de enunciados ponen de manifiesto la información presupuesta por el interlocutor, tal y como se puede observar en los siguientes enunciados de H1, que conforman la intervención iniciativa: (63) 19/02/2017 22:55:13: H1: de verdad crees que seria bueno quitarte facebook asi del todo? 19/02/2017 22:55:22: H1: no es mejor racionar el uso?Xd 20/02/2017 6:51:41: M1: Sí sí está claro (WhatsApp, Corpus MEsA).
María Soledad Padilla Herrada 150 En cuanto a la aceptación, se manifiesta cuando el locutor expresa su aprobación o admisión ante una propuesta de acción del interlocutor. Esta puede estar constituida por peticiones, órdenes, sugerencias, invitaciones, etc. En el siguiente ejemplo, M2 acepta con reservas la propuesta del interlocutor a través del uso del marcador bueno (Martín Zorraquino y Portolés, 1999; Porroche Ballesteros, 2011). Por tanto, vemos de nuevo que, dado el contexto discursivo en el que aparece, esa intervención reactiva constituye una respuesta de aceptación, aunque esta se manifieste a través de una expresión poco enfática: (64) 2020/02/24, 18:30 - M1: compramos las entradas pa lo de goyo? 2020/02/24, 18:30 - M2: bueno 2020/02/24, 18:30 - M2: puede estar bien (WhatsApp, Corpus MEsA) Por su parte, encontramos en la intervención reactiva una respuesta afirmativa categórica cuando la intervención iniciativa antecedente está constituida por un enunciado interrogativo que no supone una propuesta de acción diriga al interlocutor, sino una petición de información, como sucede en el siguiente fragmento: (65) 2018/05/12, 14:56 - M2: te gustan las almejas? 2018/05/12, 14:57 - M1: si nena Por otro lado, hay que tener en cuenta que estos contenidos modales pueden manifestarse en intervenciones polifónicas. Por ejemplo, en el caso que presentamos a continuación, el locutor introduce la voz de otro enunciador, de manera que reproduce a través de discurso referido directo la orden proferida por este y su consiguiente expresión de aceptación (venga): (66) 26/10/2017 13:12:11: H1: me mandan un mensaje 26/10/2017 13:12:17: H1: "oye que no habia nadie en casa que hacemos" 26/10/2017 13:12:28: H1: y me ponen 26/10/2017 13:12:41: H1: selecciona dia para que vuelva a pasar el repartidor e intervalo de hora en la que hbra gente en casa 26/10/2017 13:12:42: H1: venga 26/10/2017 13:12:51: H1: pues el dia 26 de 11 a 2 y toda la tarde (WhatsApp, Corpus MEsA)
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 151 5.4 CLASIFICACIÓN ESTRUCTURAL DE LAS EXPRESIONES ANALIZADAS La clasificación que se muestra a continuación toma como criterio el tipo de intervención iniciativa a la que estas expresiones pueden responder. Los pares adyacentes genéricos que manejamos en este capítulo son: petición de confirmación / confirmación; juicio / acuerdo; propuesta de acción / aceptación; pregunta / respuesta afirmativa categórica. Como vemos, hay un grupo de expresiones de acuerdo y confirmación, otro de acuerdo, confirmación y respuesta afirmativa categórica, otro de aceptación y, por último, un cuarto grupo de expresiones más versátiles que manifiestan todos los contenidos modales positivos contemplados en intervención reactiva. EXPRESIONES DE ACUERDO Y CONFIRMACIÓN EXPRESIONES NO ORACIONALES o Sintagmas nominales con preposición: (además) de verdad • EXPRESIONES ORACIONALES o Imperativas: dímelo a mí, dí que sí EXPRESIONES DE ACUERDO, CONFIRMACIÓN Y RESPUESTA AFIRMATIVA CATEGÓRICA • EXPRESIONES NO ORACIONALES o Sintagmas adjetivales: cierto, correcto, exacto, seguro EXPRESIONES DE ACEPTACIÓN • EXPRESIONES NO ORACIONALES o Sintagmas nominales con preposición: de lujo, del tirón o Sintagmas Adjetivales: cojonudo, estupendo, guay, genial y perfecto • EXPRESIONES ORACIONALES o Oraciones subordinadas impropias: como quieras, cuando quieras EXPRESIONES DE ACUERDO, CONFIRMACIÓN, ACEPTACIÓN Y RESPUESTA AFIRMATIVA CATEGÓRICA
María Soledad Padilla Herrada 152 • EXPRESIONES ORACIONALES o Oraciones aseverativas: ya lo creo, ya ves, ya te digo
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 153 5.5 EXPRESIONES DE ACUERDO Y CONFIRMACIÓN 5.5.1 Expresiones no oracionales 5.5.1.1 Sintagma nominal con preposición: (además) de verdad 186 5.5.1.1.1 Estructura de la expresión Desde un punto de vista composicional, de verdad está formada por un sintagma nominal con preposición. En concreto, la preposición de y el sustantivo verdad. Esta combinatoria disfruta de una alta frecuencia en el español actual, lo que explica su amplia presencia en algunos repertorios lexicográficos (Santos Río 2003, Fuentes Rodríguez 2018 [2009]) 187 . 5.5.1.1.2 Sobre (de) verdad Si buscamos en algunas de las obras de referencia sobre marcadores y partículas 188 discursivas del español (Santos Río, 2003; DPDE, 2008; Fuentes Rodríguez 2019 [2009]), comprobamos que el sustantivo verdad configura el núcleo de diversas expresiones 189 , lo que demuestra su gran rendimiento en la formación de marcadores discursivos. Algunas de ellas son: • A decir verdad (Santos Río, 2003; DPDE, 2008; Fuentes Rodríguez 2018 [2009]) • En verdad (Santos Río, 2003) • La verdad (Santos Río 2003, DPDE 2008, Fuentes Rodríguez, 2018 [2009]) 190 • La verdad sea dicha (Santos Río, 2003; Fuentes Rodríguez, 2018 [2009]) • En honor a la verdad (Santos Río, 2003; Fuentes Rodríguez, 2018 [2009]) • A la verdad (Santos Río, 2003) • La verdad ante todo (Santos Río, 2003) • La verdad es que... (Santos Río, 2003; DPDE, 2008) Todas las formas de este breve compendio actúan en el plano enunciativo. Esto puede explicarse porque, tal y como señala Fuentes Rodríguez (2012: 136), “el concepto de verdad está ligado al 186 En Padilla Herrada (2019) ofrecemos una versión preliminar del presente análisis de de verdad. 187 De verdad no está recogido en el DPDE (2008). 188 Empleamos este término porque es el que se utiliza en Santos Río (2003) y en el DPDE (2008). 189 Para un análisis de la rentabilidad que tienen algunas expresiones surgidas a partir de verdad en el discurso político, véase Fuentes Rodríguez (2012). 190 Serrano (1997) realiza un análisis de esta forma.
María Soledad Padilla Herrada 256 estos casos, la expresión subordinada se encuentra ligada a una oración principal cuya ausencia se explica por un proceso de elipsis. Esta se repone por parte del interlocutor a través de una inferencia conversacional a partir de la información presente en las intervenciones previas o en el contexto. Esta posibilidad se da tanto en discurso monológico como en intervención reactiva. Por otra parte, encontramos casos en los que estas expresiones ocupan el hueco funcional de un operador de modalidad deóntica de aceptación y, por lo tanto, son portadoras de un significado procedimental. A) Como quieras y cuando quieras como enunciados independientes en discurso monologal Hemos hallado varios ejemplos en los que como quieras y cuando quieras actúan dentro de una misma intervención como enunciados independientes que conservan sus valores de modo y tiempo originarios. En estos casos, suelen aparecer al final de una intervención en la que el locutor formula una propuesta de acción dirigida al interlocutor y utiliza estos enunciados para otorgarle el poder último de decisión. Los fragmentos que presentamos más abajo representan ejemplos del estadio 2 marcado por Evans (2007) en su descripción del proceso evolutivo de estructuras insubordinadas (ellipsis of main clause). En ellos, el locutor elide la oración principal, de manera que el destinatario puede reponer cualquier estructura gramatical y contextualmente aceptable (Evans, 2007) 265 . (256) 25/04/2015, 10:01:21 - M1: Tambien podriamos ir a la bella y la bestia y luego a pedro Antonio 25/04/2015, 10:01:23 - M1: no se 25/04/2015, 10:01:27 - M1: Como quieras! En el caso anterior, la oración matriz que se puede reponer podría ser: [lo hacemos] como quieras. Aquí la expresión sigue indicando el valor de modo o manera propio de la estructura subordinada, y la conjunción modal como sigue siendo conmutable por otras expresiones análogas (del modo que, tal y como, etc.). Del mismo modo, en el siguiente fragmento, cuando quieras configura un enunciado que se sitúa al final de una intervención en la que, mediante una estructura disyuntiva, el locutor ofrece más de una posibilidad entre las que el interlocutor puede escoger: (257) 265 “Any grammatically compatible main clause can be ‘reconstructed’ by the hearer. […] Exactly which main clause is restored is determined by processes of conversational inference” (Evans, 2007: 371).
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 257 21/05/2019, 17:21- M1: Pero que podemos verlo tb el lunes o martes 21/05/2019, 17:21- M1: Cuando quieras En este ejemplo, la oración principal que se podría reponer es [lo vemos] cuando quieras. También en este caso, la conjunción temporal cuando es funcionalmente equivalente a otras expresiones temporales análogas como en el momento en que, tan pronto como, etc. B) Como quieras y cuando quieras como respuestas elípticas Los usos elípticos anteriormente descritos también se registran en intervención reactiva. En este contexto dialógico, como quieras y cuando quieras constituyen enunciados que pueden ocupar una intervención completa. Estas respuestas elípticas se registran en la segunda parte de pares adyacentes cuya intervención de inicio está ocupada por enunciados interrogativos parciales, en los que se cuestiona al interlocutor acerca de las condiciones de modo o tiempo que se han a seguir para llevar a cabo una determinada acción, en la que están implicados los dos participantes en la interacción. En el siguiente ejemplo, vemos que el hablante M2 puede reponer una oración matriz gramatical y contextualmente adecuada a partir de la información facilitada por el interlocutor en la intervención iniciativa previa y a partir del contexto. En este caso, la oración principal podría ser [nos organizamos] como quieras. Por consiguiente, el significado de modo o manera sigue presente en la estructura subordinada: (258) 9/2/2016, 19:51 - M2: Hay que crear otro que sea solo para los pwp 9/2/2016, 19:51 - M2: Para las presentaciones 9/2/2016, 19:52 - M1: si 9/2/2016, 19:52 - M2: Quién va a copiar que? 9/2/2016, 19:52 - M1: po como quieras (WhatsApp, Corpus MEsA). En el siguiente fragmento, la oración principal que el hablante H1 podría reconstruir es [quedamos] cuando quieras. Como vemos, en la intervención de inicio se cuestiona, concretamente, acerca de la temporalidad en la que se va a ejecutar una determinada acción, en este caso, relacionada con un encuentro entre los participantes: (259)
María Soledad Padilla Herrada 258 26/12/2015 18:39:51: M1: Pues mañana por la mañana 26/12/2015 18:40:07: H1: ok 26/12/2015 18:42:25: H1: a que hora? 26/12/2015 18:49:43: M1: Cuando quieras (WhatsApp, Corpus MEsA). En los ejemplos elípticos mostrados, tanto en discurso monologal como en intervención reactiva, se mantiene, por tanto, el significado designativo originario de estas estructuras. Aunque disfrutan de independencia sintáctica, sí existe una relación de dependencia con el contexto anterior (Sansiñena, De Smet y Cornillie, 2015), ya que a partir de la información explícita anteriormente se reconstruye la posible oración matriz. Estos enunciados, además de expresar valores de modo y tiempo, resultan altamente colaborativos con el interlocutor, ya que el hablante que las emplea cede al otro la posibilidad de establecer según su propia voluntad las condiciones de modo y tiempo que afectarán a la acción realizada por ambos. Por este motivo, creemos que constituyen muestras de cortesía positiva dirigidas al interlocutor (Brown y Levinson, 1987). En definitiva, aunque mantengan sus valores originarios, también tienen una función discursiva, ya que pueden considerarse estructuras que refuerzan la relación interlocutiva. Actúan, por tanto, en el plano modal y enunciativo. C) Como quieras y cuando quieras como intervención reactiva de aceptación Además del uso anteriormente indicado de como quieras y cuando quieras en intervención reactiva, encontramos otro empleo en este mismo contexto dialógico en el que estas expresiones parecen haber alcanzado un alto grado de convencionalización, ya que no presentan su significado designativo originario, sino que manifiestan un significado de procesamiento. Nos referimos a fragmentos en los que estas estructuras no responden a intervenciones previas en las que se cuestiona acerca de los condicionantes de manera o tiempo en el que se va a realizar una determinada acción, sino que responden a propuestas de acción del interlocutor y ocupan el hueco funcional de un operador modal de aceptación. De este modo, conforman la segunda parte de un par adyacente formado por: propuesta de acción / aceptación: (260) 07/06/2016 0:18:59: M1: Nos vemos directamente en la Uni 07/06/2016 0:19:03: M1: 😊 07/06/2016 0:20:42: H1: como quieras
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 259 07/06/2016 0:20:44: H1: a las 11? (WhatsApp, Corpus MEsA). (261) MUNTANER.- Podríamos empezar quedando un día a la semana. GARCÍA.- Cuando quieras. (Gemma Rodríguez Villanueva: «Estamos quedando fatal». Rodríguez, Carlos (coord.): Premio Mª Teresa León, 2002, 2003 (CORPES XXI). En los ejemplos anteriores, observamos que estas expresiones manifiestan la aceptación del locutor ante una petición y una sugerencia anterior. En el caso de como quieras, ya no resulta tan sencillo reconstruir una oración principal elidida. En el caso de cuando quieras, en cambio, sí sigue siendo posible reconstruir una oración matriz, como [quedamos] cuando quieras. En su caso, la aceptación es el resultado de una inferencia: quedamos cuando quieras = acepto tu propuesta. En cualquier caso, ambas estructuras podrían ser conmutables por operadores modales como vale o de acuerdo 266 . Frente a estos, nuestras expresiones apuntan al oyente a través de la flexión verbal, de manera que la ejecución de la acción propuesta en la intervención de inicio queda supeditada a la voluntad del interlocutor, lo cual se puede interpretar como una muestra de cortesía positiva. Sin embargo, estas estructuras tienen una doble lectura, ya que también pueden dar cuenta de la actitud pasiva del interlocutor o de una aceptación con la que el locutor no se compromete firmemente. En el caso de como quieras, creemos que, además de desarrollar un significado procedimental, se ha perdido la conexión con su significado designativo de modo o manera propio de la estructura subordinada. En cambio, cuando quieras, aunque expresa un contenido modal deóntico análogo, supone una actitud de aceptación que sí está ligada a un valor temporal, que ha de ser señalado por el interlocutor. Por tanto, depende de la presencia de un contenido temporal previo. Como quieras, por su parte, puede expresar aceptación sin más, ya que no posee estas restricciones y muestra un significado más general. La actuación de estas dos estructuras en el plano de la modalidad deóntica se manifiesta en ejemplos como los que siguen, en los que se combinan con otros marcadores de aceptación, lo cual da cuenta de su función análoga: 266 Según Porroche Ballesteros (2011: 170) vale es un marcador de aceptación propio del registro coloquial, frente a de acuerdo. En nuestro caso, creemos que como quieras y cuando quieras no son expresiones exclusivas de un registro coloquial, o al menos, no muestran una marcación diafásica tan evidente como otras expresiones analizadas en esta tesis.
María Soledad Padilla Herrada 260 (262) 15/1/17, 14:24 - M4: Lo decimos por el grupo por si alguna mas se anima?? 15/1/17, 14:25 - M4: Y una compi de piso se va ese finde osea q hay dos habitaciones 15/1/17, 14:36 - M1: Valee como quieras!! Cuantas más mejor y si hay sitio en tu piso perfecto 😊😊 (WhatsApp, Corpus MEsA). (263) -Ya me has entendido. Así que centrémonos en lo importante. -De acuerdo, como quieras -dijo Octavio Cruz. (Víctor Del Árbol: El peso de los muertos, 2006, CORPES XXI). Por otra parte, también registramos fragmentos, específicamente en el caso de como quieras, en el que no expresa aceptación ante una propuesta de acción del interlocutor, sino que se emplea para admitir la validez de un argumento u opinión expresada por este. A menudo, va seguida de una argumentación antiorientada introducida por la conjunción adversativa pero. En estos casos, el hablante admite lo dicho por el otro, pero añade una objeción más fuerte: (264) - Ése era un cine más progresista que de ligue. - Como quieras. Pero el ligue y el progreso siempre han ido muy juntos. Como el Voz, entre Manuel Becerra y Ventas. Y, ya en la Gran Vía, más finos, el Azul y el Rex. (Antonio Gala: «LOS GORDITOS». Los invitados al jardín, 2002, CORPES XXI). (265) Usuario 40 (no identificado): [Mención al usuario 6] Tienes muchas faltas de ortografía como para pedir a la gente que lea periódicos etc... Eso es tener coraje 😂 Lo mejor es que tu analices bien lo que lees, porque careces de razón! Estás muy equivocada. Usuario 6 (mujer): [Mención al usuario 40] si si soy un analfabeta,como quieras,pero...#yoapolloajosemaria hasta final, y apollo a todas la mujeres maltratadas y violadas por sin vergüenzas […] (Instagram, Corpus MEsA). Como podemos ver en el siguiente ejemplo, no se trata de una aceptación con la que el locutor se compromete. Creemos que, en función del paralenguaje, esta respuesta puede tener un valor de cortesía hacia el interlocutor, o bien puede dar cuenta de una actitud de indiferencia ante lo dicho por el otro. Sea como sea, se trata de una concesión en la que el hablante no se implica:
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 261 (266) IGNACIO No está en casa. Yo le veré más tarde, ya se lo explicaré y que haga otro talón. Así aprende a fijarse mejor. DIRECTOR Como quieras. (Antonio Chavarrías: Volverás, 2002, CORPES XXI). Por último, cabe preguntarse si podríamos considerar que como quieras y cuando quieras son expresiones insubordinadas. Creemos que sí, en tanto en cuanto se trata de estructuras con marcas de subordinación que constituyen enunciados independientes y presentan un significado de procesamiento. Concretamente, representan casos de lo que Evans (2007: 394) denomina modal insubordination. Sin embargo, esto solo podría considerarse desde una definición amplia del proceso de insubordinación, ya que estas expresiones no se reanalizan como oraciones principales, aspecto definitorio para Evans (2007), sino como unidades propias de una categoría macrosintáctica: los operadores modales. 5.7.2.1.5 Como quieras y cuando quieras. Grado de gramaticalización y documentación en los corpus En las siguientes tablas presentamos los datos cuantitativos referidos al número de ocurrencias de como quieras y cuando quieras en intervención reactiva con valor modal y a la fecha y el corpus de la primera documentación. Expresión Número de casos como intervención reactiva modal Corpus MEsA CORPES XXI CREA CORDE Corpus VALESCO 2.0. Corpus COLA(M) Como quieras 8 115 7 10 0 2 Cuando quieras 5 16 1 1 1 1 Tabla 22. Número de ocurrencias en intervención reactiva en los corpus Expresión Fecha de la primera documentación en intervención reactiva Corpus Como quieras 1884 CORDE Cuando quieras 1966 CORDE Tabla 23. Primera documentación en intervención reactiva
María Soledad Padilla Herrada 262 En estas tablas observamos que, en términos absolutos, nuestras expresiones son más frecuentes en CORPES XXI, especialmente, como quieras, que presenta 115 casos, frente a cuando quieras, que se registra en 16 fragmentos en este corpus. Sin embargo, estas estructuras tienen representación en prácticamente todos los corpus, excepto como quieras, que no se registra en el Corpus Val.Es.Co. 2.0. Con respecto a los resultados que nos ofrece el Corpus MEsA, destacamos que la mayoría de los ejemplos registrados pertenecen a intercambios de la plataforma WhatsApp. Creemos que esto se justifica por el carácter privado de este medio, que favorece la aparición de peticiones de acción como invitaciones, órdenes, sugerencias. Este tipo de actos de habla en intervención iniciativa requieren como respuesta operadores de modalidad deóntica, cuya función asumen nuestras estructuras. La primera documentación como intervención reactiva modal de ambas expresiones se recoge en CORDE. El registro más temprano es de como quieras, que aparece en la segunda mitad del siglo XIX, concretamente, en 1884. Por su parte, cuando quieras se recoge en la segunda mitad del siglo XX, en 1966. Estas fechas concuerdan con los resultados de nuestro análisis, ya que como quieras sí parece cumplir una de las características propias de un proceso de gramaticalización, que es la pérdida del significado de origen (Company, 2004a: 33). Aunque ambas expresiones desempeñan una función análoga a la de un operador modal de aceptación, como quieras es el único que ha perdido su significado como complemento oracional de modo propio de la estructura subordinada originaria. Cuando quieras, en cambio, sí mantiene la vinculación con su significado temporal originario, ya que, aunque expresa aceptación ante una propuesta de acción determinada, dicha aceptación queda supeditada a las condiciones temporales que dicte el interlocutor. Además, en su caso, el oyente puede reponer una oración principal elidida gramaticalmente aceptable, posibilidad que no se da en el caso de como quieras. De hecho, en este uso, la conjunción modal como no es conmutable por otras expresiones semánticamente afines que indiquen modo o manera (del modo que, tal y como, etc.). Por el contrario, la conjunción temporal cuando sí es conmutable por otras expresiones temporales similares en este contexto dialógico, lo que nos impide considerar que esté altamente gramaticalizada. Lo vemos en el siguiente ejemplo, en el que, además, una oración matriz contextualmente aceptable puede ser reconstruida por el oyente ([te las hago] en cuanto quieras): (267)
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 263 @usuario (no identificado): A ver cuando me haces a mí esas gorduras. @usuario: (mujer) yo? en cuanto quieras mi amol (Twitter, Corpus MEsA). Aunque el verbo querer es, sin duda, el más frecuente en estas estructuras, según los datos de nuestro corpus, creemos que es conmutable por otros verbos que presenten un significado similar. Este hecho nos lleva a considerar la posible fijación del patrón compositivo (Fuentes Rodríguez, 2020) [como / cuando + verbo volitivo en subjuntivo], ya que el verbo admite cierta variabilidad, siempre que se trate de un verbo de voluntad que implique al interlocutor a través de la flexión morfológica. (268) 2015/07/30, 15:47 - H3: o dejamelo hoy y lo inteto yo 2015/07/30, 15:47 - H3: aunque la ultima vez la lie xD 2015/07/30, 15:48 - H6: 😂 2015/07/30, 15:48 - H1: Como prefieras (WhatsApp, Corpus MEsA). Estas estructuras tampoco parecen mostrar una fijación total desde un punto de vista morfológico ni sintáctico, ya que admiten variación de los morfemas flexivos e inserción del pronombre personal sujeto entre la conjunción modal y el verbo querer 267 , aspecto frecuente en muchos operadores deverbales (Company, 2004a; Pons Bordería, 1998b). Asimismo, dado que se trata de estructuras que apuntan al receptor, es posible la variación relativa al tratamiento de respecto: (269) -Reza tú, hijo mío. hazlo ahora que todavía puedes. Diego le miró y bajó la cabeza. -Como tú quieras. (Jesús Ruiz Mantilla: Ahogada en llamas, 2012, CORPES XXI). (270) -Dejemos eso -dijo ella. -Como usted quiera -respondió el psicoanalista. (Juan José Millás: «La vida. La asesina del diván». Los objetos nos llaman, 2008, CORPES XXI). 267 Estas posibilidades de variación se suelen registrar, sobre todo, en el caso de como quieras. Esto puede deberse a que presenta un número de resultados mucho mayor en los corpus. Aunque creemos que esta variabilidad es igualmente aplicable al caso de cuando quieras, los ejemplos registrados no nos han permitido documentar esta variación.
María Soledad Padilla Herrada 264 En definitiva, aunque estas estructuras procedentes de oraciones subordinadas desempeñan una función macroestructural propia de los operadores de modalidad deóntica, no podemos hablar de unidades plenamente gramaticalizadas, ya que no se caracterizan por una total fijación morfológica y sintáctica. Con todo, creemos que como quieras y cuando quieras configuran expresiones que pueden ser consideradas “operadores en proceso” (Fuentes Rodríguez, 2020), ya que se manifiesta en sus usos actuales un salto de la microsintaxis a la macrosintaxis: ambas se han hecho progresivamente menos dependientes del contexto circundante, han adquirido una mayor flexibilidad posicional que les permite aparecer en distribuciones distintas y presentan un contenido procedimental alejado de su valor originario que los hablantes asocian a esas estructuras. Además, desempeñan una función propia de una categoría macrosintáctica: los operadores modales (Fuentes Rodríguez, 2019a), de manera que presentan características definitorias de esta categoría: la autonomía sintáctica y entonativa, que posibilita que estas expresiones puedan ocupar por sí solas una intervención reactiva completa. 5.7.2.1.6 Recapitulación En este apartado hemos analizado los usos actuales de como quieras y cuando quieras, dos expresiones que tienen su origen en oraciones subordinadas adverbiales propias de modo o manera y tiempo, que actúan en el ámbito oracional como complementos circunstanciales de la oración principal. En los usos documentados en los corpus se observa un salto al ámbito macroestructural, ya que adquieren autonomía sintáctica y desarrollan un contenido procedimental que les permite configurar enunciados reactivos independientes. En estos casos, ocupan el hueco funcional de un operador modal de aceptación. Frente a otros operadores similares, como vale (Porroche Ballesteros, 2011), creemos que estas dos formas no son exclusivas de un registro coloquial, sino que parecen caracterizarse por una mayor versatilidad en cuanto a su presencia en distintos registros. Otra diferencia respecto a los operadores modales prototípicos es que como quieras y cuando quieras son formas que apuntan al interlocutor a través de su morfología flexiva. Este hecho, si bien es interpretable desde la cortesía verbal, ya que se otorga al interlocutor la decisión última en torno a la realización o no de la acción en la que están implicados ambos participantes, también puede entenderse como una aceptación sin voluntariedad marcada, con la que el locutor está poco comprometido. Así, el hablante parece ceder ante los deseos o propuestas del interlocutor.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 265 Creemos que esta doble interpretación depende, en cada caso, de factores contextuales y entonativos que, dada la naturaleza de nuestro corpus, no hemos tenido en cuenta en esta ocasión. En cuanto al grado de gramaticalización de estas expresiones, creemos que como quieras se encuentra en un estadio más avanzado, ya que, además de la autonomía entonativa y sintáctica, ha perdido la conexión con su significado de modo o manera originario. En cambio, cuando quieras, aunque también ha desarrollado un contenido procedimental y expresa aceptación, continúa ligada a un valor temporal, de manera que expresa una aceptación que depende, en última instancia, de las condiciones temporales marcadas por el interlocutor. Con respecto a su consideración como expresiones insubordinadas, creemos que podrían incluirse en una consideración amplia de este fenómeno, ya que estas dos oraciones con marcas de subordinación adquieren independencia sintáctica y presentan un funcionamiento que los hablantes distinguen de su empleo oracional originario, pero no se reanalizan como cláusulas principales, como apunta Evans (2007), sino que asumen la función y ocupan el hueco funcional de un operador de modalidad deóntica. Las funciones que estas estructuras realizan dentro y fuera del ámbito oracional se resumen en la siguiente tabla: Ámbito microsintáctico Ámbito macrosintáctico • Como quieras y cuando quieras como oraciones subordinadas adverbiales propias -Dependencia entonativa y sintáctica de una oración principal -Significado designativo: valor modal (como quieras) y temporal (cuando quieras) -Función en la oración: complementos circunstanciales de modo y tiempo • Enunciados independientes en discurso monológico y en intervención reactiva -Independencia entonativa y sintáctica -Elipsis de la oración principal -Significado designativo: conservan sus valores de modo y tiempo • Enunciados independientes en intervención reactiva -Independencia entonativa y sintáctica -Significado de procesamiento. Aceptación de una propuesta de acción. -Plano modal Tabla 24. Funciones de como quieras y cuando quieras En conclusión, creemos que tanto como quieras como cuando quieras se pueden considerar “operadores en proceso” tal como los entiende Fuentes Rodríguez (2020), ya que han pasado de comportarse como un componente de la oración a configurar enunciados autónomos. Sus empleos
María Soledad Padilla Herrada 272 El verbo ver también presenta, dentro de los límites de la oración, un significado más genérico, que no hace referencia a la percepción visual, sino a la percepción cognitiva, es decir, no hace referencia al sentido de la vista (Brinton, 2008: 159). De manera que ver pasa a adquirir un significado más acorde a los verbos entender / saber, tal como señala Ocampo (2006). Este trasvase está basado en la metáfora “seeing is knowing” que, según Sweetser (1990: 45) tiene un carácter transcultural o incluso universal 276 . Creemos que este uso supone el germen de muchos marcadores formados a partir de este verbo (Company, 2004a; González Sanz, 2020). Se observa en el siguiente ejemplo en el que, como podemos apreciar, el verbo ver sigue siendo transitivo: (276) Usuario 3 (mujer): STOP DRAMAS, descontextualizar todo te vuelve radical, a veces adelgazar implica que se te vea mejor... y otras no, o nadie le ha dicho nunca a alguien que ha subido un poco de peso "qué guapa estás? " o que ha adelgazado demasiado y unos kilines más le irían bien? menos radicalizer (Facebook, Corpus MEsA). Dado que se trata de verbos libres que constituyen el núcleo del predicado verbal, cumplen todos los rasgos que les corresponden como tal: están entonativa y sintácticamente integrados en la oración, se encuentran siempre ligados a un sujeto oracional, adaptan sus morfemas de número y persona a este, presentan sus complementos requeridos en todos los casos, así como la posibilidad de regir otros complementos no requeridos. Además, el sujeto oracional hace referencia a seres animados con la capacidad de realizar las acciones descritas por los verbos. Por otra parte, encontramos algunos fragmentos en los que el núcleo del predicado verbal aparece introducido por el adverbio temporal ya, como sucede a continuación: (277) 2018/08/27, 13:14 – H1: Has visitado a la niña? 2018/08/27, 13:18 – M1: Ya la vi en el hospital (WhatsApp, Corpus MEsA). (278) 06/08/2016 23:17:00: M1: Es una pegatina 06/08/2016 23:17:04: M1: De Trafasca 276 “This metaphor may be fairly common cross-culturally, if not universal–for example the connection between vision and knowledge” (Sweetser, 1990: 45). Este carácter transcultural explica que haya marcadores formados a partir del verbo ver en múltiples lenguas.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 273 06/08/2016 23:17:15: M1: Ya dije que era puro ampr (WhatsApp, Corpus MEsA). En los ejemplos anteriores, el adverbio temporal hace alusión al tiempo pasado, ya que aparece en predicados que tienen como núcleo los verbos ver y decir en los que se describen acciones acabadas. Aunque el verbo creer también rige el adverbio temporal ya, este aparece en predicados no factivos de referencia mental (González Ruiz, 2015: 150), de manera que, en fragmentos como el siguiente, el adverbio ya hace referencia al tiempo presente: (279) Ya no creo en la guerra entre los hombres y las mujeres. Todos estamos en la misma guerra, porque todos nos vamos a morir. (Eugenia Rico: La edad secreta, 2004, CORPES XXI). Téngase en cuenta que no encontramos casos en los que las expresiones ya lo creo, ya te digo y ya ves, encabezadas por el adverbio ya y con esta estructura exacta, presenten los significados designativos correspondientes a cada verbo anteriormente señalados. Es decir, según los datos obtenidos, estas estructuras tienen como único campo de actuación la macroestructura y han desarrollado un nuevo contenido procedimental. B) El verbo creer como medio de expresión de la propia opinión Antes de comenzar a indagar en los empleos que nuestras tres expresiones tienen en común, hemos de detenernos en realizar algunos apuntes acerca del verbo creer, ya que es el más complejo de los aquí tratados. Además del empleo anteriormente observado, este verbo se emplea, con mucha frecuencia, como un introductor de la opinión del hablante. En estos casos, aparece conjugado en su forma performativa e introduce una oración subordinada sustantiva antecedida por que, la cual desempeña una función propia de los grupos nominales (Delbeque y Lamiroy, 1999: 1967). En este caso, la de complemento directo del verbo creer. Mediante el contenido de la subordinada, el locutor expresa su visión o evaluación ante un hecho, de manera que se recalca la figura del hablante como enunciador: (280) Usuario 9 (no identificado): Intuición vs. razón. Creo que jamás llegaremos a saber a ciencia cierta la influencia de una sobre la otra. […] (Blogs, Corpus MEsA).
María Soledad Padilla Herrada 274 Dicho énfasis aumenta si el pronombre personal sujeto acompaña al verbo 277 (Seco, 1967: 148; Luján, 1999: 1311). Cuando este pronombre se incluye explícitamente, el locutor da a conocer en primera persona su posición ante un determinado hecho. En este sentido, Brenes Peña (2011a: 126) afirma que su presencia responde a un deseo del hablante de destacar su actitud o preferencias, en contraste con las del interlocutor, de manera que se emplea como medio de refuerzo enunciativo y argumentativo: (281) Usuario 96 (hombre): Supongo que no hay nada malo en eso tenemos que respetar todas las decisiones aunque yo creo que es obvio el tipo de persona que es Trump (Páginas Web, Corpus MEsA). Una muestra del carácter reforzador de este verbo es que puede regir adverbios como definitivamente, que tienen un carácter concluyente y dan cuenta de la firmeza del hablante con respecto a lo dicho. Sucede en el siguiente ejemplo: (282) YO estoy enamoradísimo ahora mismo de una mujer, que me ha robado el corazón como ninguna. La adoro, a ella y a su niño pequeño. Llevamos poco tiempo juntos pero me hace muy feliz y por nada del mundo quiero perderla porqué creo definitivamente que es la mujer de mi vida. (Foros, Corpus Mesa). Otra estructura registrada en la que el verbo creer aparece integrado en la oración es la siguiente, en la que aparece acompañado de un complemento predicativo: (283) @usuario: No es la seleccion que yo haria...falta el elemento sobrenatural y festivo que creo imprescindible esta noche. Si vemos Funny Games nos vamos a la cama deprimidos a las 10. Diez películas que sí dan miedo para Halloween [enlace al periódico el País] vía [mención a la cuenta @el país_cultura] (Twitter, Corpus MesA). Sin embargo, también encontramos casos en los que el verbo creer presenta un valor vinculado a la 277 Alcaide Lara (2009) realiza una interesante aportación acerca del empleo del pronombre personal sujeto en el discurso político.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 275 atenuación, que es el que se le ha atribuido tradicionalmente a este verbo (Soler Bonafont, 2018) 278 . En estos casos, sirve al locutor para alejarse de su propia aserción. Por ejemplo, en fragmentos como el que sigue, la presencia del verbo creer debilita la fuerza de la aserción: (284) 2015/08/20, 08:31 - H3: Una de las normas de laboratorio era que no se podía entrar con lentillas, no? 2015/08/20, 08:32 - H1: Me suena de algo 2015/08/20, 08:32 - H1: Pero creo que si llevas las gafas de protección no pasa nada (WhatsApp, Corpus MEsA). En el ejemplo anterior, H1 se aleja de lo dicho a través del empleo del verbo creo, ya que trata de evitar los posibles efectos negativos que pueda tener sobre su imagen el hecho de proporcionar una información errónea al resto de los participantes en la conversación. De forma similar, en el siguiente fragmento, H5 formula una respuesta de aceptación atenuada a una propuesta de H3. Esta aceptación se suspende a través del verbo creo, de manera que no se expresa una aceptación firme, con la que el hablante se comprometa con plenitud. (285) 2015/07/27, 13:15 - H3: quien se apunta? alguna birra y eso 2015/07/27, 13:16 - H5: Por mi creo que bien En cualquier caso, independientemente de que tenga un efecto atenuador o intensificador, en tanto en cuanto se emplea para expresar la propia opinión del locutor, el verbo creer está vinculado en los ejemplos presentados con la modalidad epistémica, ya que responde a “la manifestación de la postura de los hablantes sobre el grado de (in)certidumbre que adjudica al contenido del mensaje” (Buceta Lojo, 2014: 76). De hecho, estos usos descritos como “subjetivizadores” en el verbo creer (Nuyts, 2001b) han hecho que autores como González Ruiz (2015: 152) se hayan referido a su filiación con los operadores modales epistémicos. Por otra parte, como indican Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara (1996: 139), este verbo también puede expresar una duda real del hablante. La expresión de uno u otro valor dependerá 278 Soler Bonafont (2018) analiza, partiendo de los presupuestos de Nuyts (1994), cómo el uso atenuador de creo encierra una estrategia del hablante para mentir en el discurso de manera encubierta a través de un juego de fingimientos.
María Soledad Padilla Herrada 276 del contexto en el que aparezca, ya que, como estas autoras indican, hay hechos sobre los que se puede opinar y otros no. En el siguiente caso, por ejemplo, se aporta un dato que se conoce o se desconoce, que es el apellido de un doctor. No es un hecho sobre el que se pueda opinar subjetivamente. En estos casos, por tanto, se manifiesta la inseguridad real del autor ante el dato proporcionado: (286) Usuario 27 (mujer): Quizás no puedas ayudar, pero seguro que puedes hacer un llamamiento. Son muchos los que te siguen y quizás haya un alma caritativa, un buen cirujano que realice dicha operación. Póngase como ejemplo el doctor Cavanas, creo que se apellida (Facebook, Corpus MEsA). C) El verbo decir como medio de explicitación del yo Como es bien sabido, el acto de enunciación presupone la existencia de un locutor, sujeto de la enunciación (Benveniste, 1977), que emite hic et nunc un determinado enunciado (Fuentes Rodríguez, 1994: 138). En este acto, la aparición explícita del verbo decir en su forma performativa manifiesta la intención del hablante de recalcar su propio acto de enunciación y la presencia de un yo. En este sentido, el verbo decir también introduce a través de la conjunción que una oración subordinada sustantiva de complemento directo que contiene la información con la que el hablante se compromete plenamente, de manera que tiene un efecto intensificador (Fant, 2005: 16). En el siguiente ejemplo, te digo que no tiene relevancia informativa, sino que actúa en el plano modal y enunciativo, dando cuenta de la adhesión del locutor ante lo dicho y haciendo patente de forma explícita la presencia del yo enunciador. En este caso, también se hace explícita la presencia de un enunciatario, que se manifiesta a través del pronombre de segunda persona del singular te: (287) Usuario 10 (hombre): Iñigo...saludos...eso de "defendemos a la gente humilde"no me parece una frase apropiada..piénsatelo bien...analiza esa frase y vas a coincidir que no se trata de decir "gente humilde" para hacer entender que se lucha por un mejor mañana y un mejor presente...creo que si le quitas "humilde" y le dejas "gente" quedaría clarísimo por quien se lucha... Te digo que el término "gente" abarca a todos los españoles y españolas sin condición. Gracias y disculpa.....¡PODEMOS! (Facebook, Corpus MEsA). En definitiva, consideramos que estos usos de creer y decir se encuentran en el límite entre la
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 277 microestructura y la macroestructura ya que, a pesar de que los verbos mantienen su estructura argumental y se encuentran sintáctica y entonativamente integrados en el marco de la oración, se trata de empleos ligados al plano modal y enunciativo, ya que se expresa la opinión subjetiva del hablante y este se hace más o menos presente en su propio enunciado, lo cual es un indicador de su grado de compromiso con lo dicho. Estos usos de los verbos decir y creer, que podemos catalogar como estratégicos y enfatizadores, ya están asentados en el sistema y se recogen en las acepciones del DLE (2014) de estos verbos. En el caso de creer, la tercera acepción es: “pensar u opinar algo” 279 . En el caso de decir, en su segunda acepción recibe una definición equivalente, como “asegurar, sostener, opinar” 280 . D) Las estructuras ya lo creo, ya te digo, ya ves + que + oración subordinada sustantiva Los usos anteriormente mostrados en el caso de los verbos creer y decir se observan de forma exponencial en las estructuras ya lo creo y ya te digo y se extienden, además, al verbo ver en ya ves. Las tres formas introducen a través de la conjunción que una oración subordinada sustantiva de complemento directo, que contiene una información con la que el hablante se compromete. De este modo, presentan una función análoga a los operadores de modalidad epistémica (Martín Zorraquino y Portolés, 1999). Como vemos en los siguientes ejemplos, cada una de ellas alude a una figura enunciativa. En el caso de ya lo creo, se apunta al enunciador y ya te digo al enunciador y al enunciatario: (288) Y vosotros, ¿alguna vez os acercáis a libros que hablen de sucesos reales en mayor o menor medida en sus tramas? Usuario 9 (mujer): Ya lo creo que me gustan los libros que me acercan a hechos reales.Besicos (Blog, Corpus MEsA). (289) 279 En cambio, los usos atenuadores de creer no se recogen en ninguna acepción de este verbo en el DLE (2014). 280 Además de estos usos intermedios, hay otros casos en los que las formas digo (yo) y creo (yo) configuran enunciados independientes con distribución parentética dentro de una misma intervención. Dado que nuestro objetivo en este apartado es tratar los usos discursivos de las expresiones ya lo creo y ya te digo, no atendemos aquí a estos usos, que ya han sido abordados en diversos trabajos (vid. Quirk et al., 1985; Brinton, 1996, 2008; Schneider, 2007). Sí nos parecía necesario, sin embargo, dar cuenta de los empleos aludidos, en los que estos verbos aparecen integrados entonativa y sintácticamente, pero tienen incidencia en distintos planos de la macroestructura, ya que consideramos estos usos como el germen de la formación de las estructuras reactivas que nos ocupan.
María Soledad Padilla Herrada 278 Usuario 2 (mujer): Lo siento pero no me lo creo,yo he comprado en mercado na y en Lidl y ya te digo q es imposible mas del 50% de ahorro del q hablas,otra cosa es q no compres las mismas cosas q sera lo mas probable,yo he tenido q reducir pero por mi economía pero sigo comprando en mercado na por q me encanta (Facebook, Corpus MEsA). En el caso de ya ves, se hace referencia, exclusivamente, al enunciatario. A diferencia de lo que sucede en el caso de ya lo creo y ya te digo, que sirven como introductores de la opinión del hablante, a través de ya ves, el locutor presenta un determinado hecho como evidente con el objetivo de incitar al interlocutor a compartir su mismo punto de vista. En este sentido, además de actuar en el plano modal y enunciativo, actúa en el plano argumentativo, dado que el locutor muestra una actitud de certeza y seguridad ante lo dicho con la que desea acercar al interlocutor a su perspectiva enunciativa. Además, el hablante alude a la propia percepción cognitiva del oyente como fuente para la argumentación, de manera que se emplea como mecanismo para aumentar la fuerza y legitimidad de lo dicho. En estos casos se evidencia con claridad el paso de la percepción sensorial originaria del verbo ver a la percepción conceptual, basada en la metáfora “lo que se ve se debe creer” (Brinton, 2008: 159): (290) Usuario 1 (no identificado): Princesa!!! Qué horror lo que le pasó a tu blog :( Tal vez alguien de mala fe te lo denunció ya ves que hay gente a la que solo le gusta fastidiar (Blog, Corpus MEsA). Asimismo, las tres expresiones actúan en el plano informativo, ya que sirven como antesala focalizadora de lo que el locutor realmente quiere comunicar. En esta línea, observamos que en los ejemplos anteriores tienen un valor catafórico. En este uso, ya lo creo, ya te digo y ya ves comparten la misma estructura y presentan un significado unitario, en el que ya no funciona como adverbio temporal, sino que se utiliza su “valor deíctico temporal dentro del campo de lo textual” (Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara, 1996: 231). Así, actúa como un mecanismo fórico intratextual que, como señala Girón Alconchel (1991) está ligado a la estructura del diálogo. De hecho, en estructuras como estas, López Quero (2014) se refiere a ya como una “partícula modal”. En esta línea, Cervera Rodríguez (2002: 156) señala que
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 279 ya aparece en distintas expresiones dialógicas “con valor de aquiescencia en sentido positivo” y se suele combinar con verbos de carácter intelectual, sensorial o de creencia 281 , aspectos que se cumplen en nuestras expresiones. Además, empiezan a presentar algunas restricciones sintácticas, ya que ya lo creo y ya ves no aparecen, en ningún caso, con el pronombre personal de sujeto explícito, lo cual consideramos un indicio de la fijación de estas estructuras. Dicho pronombre solo se manifiesta en el caso de ya te digo, como sucede en el siguiente fragmento: (291) Tu tampoco tienes estudios imagino, no te habras gastado ni un solo centimo, vamos, ni te habras molestado en ello, para que? Si los de aqui somos idiotas! Ya te digo yo que si pagaras por un producto bueno y con tus titulaciones y profesionalidad, lo minimo que se puede hacer es pagar la calidad de ese servicio! Los precios que poneis sabes que quiere dcir? (Blog, Corpus MEsA). No obstante, ya lo creo, ya te digo y ya ves mantienen su estructura argumental. La presencia del complemento directo, en este caso, la oración subordinada sustantiva que introducen, es obligatoria. Asimismo, es posible la variación flexiva relativa al tratamiento de respecto en el caso de ya te digo y ya ves: (292) - Escaparon dos. - Ya le digo que no me extraña. Se había puesto a llover y el bosque allí es muy espeso. (Javier Cercas: Soldados de Salamina, 2002, CORPES XXI). (293) […] En ese sentido, Martín era mi enemigo. Ya ve que también yo tenía razones para haber empujadolo desde la terraza. (Eugenio Fuentes: Las manos del pianista, 2003, CORPES XXI). En el caso de ya te digo, es posible la omisión de la referencia al receptor. En el siguiente ejemplo, no aparece el pronombre de segunda persona te: 281 El autor señala una lista más extensa de verbos que se suelen combinar con ya.
María Soledad Padilla Herrada 280 (294) A continuación de cada aplicación, si no llueve, se debe dar un riego. No hay que erradicarlas al 100% porque ya digo que son muy beneficiosas. («Consejos de jardinería para realizar los cuidados del jardín». InfoJardín. Cádiz. [enlace al artículo], 2005, CORPES XXI) E) Las estructuras ya lo creo, ya te digo, ya ves + el operador de afirmación o negación Ya lo creo, ya te digo y ya ves también se emplean como fórmulas introductoras de los adverbios de afirmación y negación, en fragmentos como los siguientes: (295) - ¿Para cocinarlas también hay que saber el nombre científico? —preguntó irónico y con una gran sonrisa. - Para eso no, pero para ser mejor profesional ya lo creo que sí. (Xabier Gutiérrez: El aroma del crimen. Barcelona, 2015, CORPES XXI). (296) @usuario (mujer): Dictadura es dejar que Belén Esteban haga un discurso incoherente durante más de 15 minutos sin interrupciones? Porque ya te digo que no, o acaso franco dejó hacer un discurso a los que iba a fusilar? Habla con propiedad. (Twitter, Corpus MEsA). (297) LOCAS Pensé que no iba en serio... CLAYDERMAN Pues ya ves que sí... Qué hija de puta... (Jorge Gerricaechevarría y Daniel Monzón: Yucatán. s. l., 2018, CORPES XXI). En los ejemplos presentados, nuestras estructuras actúan como intensificadores de la afirmación o negación expresada por el interlocutor a través de los operadores correspondientes. En el caso de ya ves, actúa, nuevamente, en el plano argumentativo, ya que el hablante emplea como fuente argumentativa la experiencia del propio interlocutor, con el objetivo de aproximarlo a su visión de la realidad e implicarlo directamente. En este sentido, también hemos de destacar su dimensión intersubjetiva, dado que presenta un determinado hecho como compartido con el otro. 5.8.1.1.4 Ámbito macrosintáctico Más allá de los límites de la oración, las expresiones ya lo creo, ya te digo y ya ves realizan distintas
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 281 funciones macroestructurales y presentan una gran versatilidad distribucional. Estas estructuras presentan algunos usos que consideramos a medio camino entre el ámbito microestructural y macroestructural, ya que, aunque los verbos creer, decir y ver siguen siendo núcleo del predicado verbal, manifiestan rasgos de fijación y actúan en distintos planos de la macroestructura. Además, muestran otros empleos ya plenamente macroestructurales, como enunciados independientes dentro de una misma intervención y en intervención reactiva. Lo interesante es que, a pesar de las diferencias semánticas originarias de los verbos creer, decir y ver, estos se presentan en una estructura común, encabezada por ya y desempeñan funciones análogas en el discurso. A) Ya lo creo, ya te digo y ya ves como complementos periféricos en discurso monológico Nuestras estructuras operan dentro de una misma intervención como complementos periféricos, que actúan en el plano modal, enunciativo, argumentativo e informativo. En estos casos, disfrutan de independencia entonativa y sintáctica y se encuentran separados por pausas del resto del enunciado. Por tanto, dejan de comportarse como núcleos del sintagma verbal que rigen obligatoriamente determinados complementos, y adquieren una distribución sintáctica y un funcionamiento que los acerca a los operadores discursivos, tal como los define Fuentes Rodríguez (2003, 2020). Ya no introducen ningún operador de afirmación o negación ni una oración subordinada a través de la conjunción que, sino que por sí mismos configuran enunciados que codifican la actitud del hablante ante lo dicho por él mismo en el contexto circundante. Sin embargo, en función de sus significados de origen y de la figura enunciativa a la que aluden a través de la flexión morfológica, hay pequeños matices que distinguen a estas tres expresiones. En el caso de ya lo creo, lo encontramos en nuestro corpus con valor anafórico, como enunciado mediante el cual el locutor se reafirma ante lo dicho en el enunciado anterior y muestra una actitud de seguridad y adhesión plena ante lo dicho. Es decir, se emplea como fórmula de refuerzo asertivo. En el plano enunciativo, se encuentra ligada a la figura del propio enunciador, lo cual da cuenta del compromiso con su propia alocución: (298) Usuario 19 (hombre): Usted dice que lo que pone la carta del director en cuestión es cierto ¿razona usted con normalidad o le pasa algo? Usuario 15 (hombre): Con la normalidad inherente a mis derechos fundamentales, ya lo creo. (Páginas Web,
María Soledad Padilla Herrada 288 intervención iniciativa esté integrada por una propuesta de acción dirigida al interlocutor. Por lo tanto, ocupan el hueco funcional de un operador de modalidad deóntica. Mediante ya lo creo, ya te digo y ya ves, el hablante acepta la propuesta de acción, de manera que ocupan el hueco funcional de operadores como vale, bien, etc., empleados para responder a este tipo de intervenciones de inicio, tal como muestra Porroche Ballesteros (2011). En estos contextos, creemos, por tanto, que estas expresiones se encuentran ligadas a la modalidad deóntica, ya que “reflejan actitudes del hablante relacionadas con lo volitivo” (Martín Zorraquino, 1999: 47), como vemos a continuación: (315) 2018/06/23, 19:18 – H1: guardo plaza pa ti? 2018/06/23, 19:20 – M1: ya lo creeooooo XD (WhatsApp, Corpus MesA). (316) 2020/04/21, 11:14 – M1: cuando pase esto tenemos q ir a aire 2020/04/21, 11:14 – M2: ya t digo J (WhatsApp, Corpus MesA). En el ejemplo anterior, la aceptación surge a partir de la manifestación del acuerdo intensificado ante lo dicho por el interlocutor. Ya te digo aparece junto a un emoticono que sirve al hablante para mostrar su actitud positiva, feliz, ante la sugerencia del interlocutor. También en estos casos, nuestras expresiones se pueden combinar con enunciados de contenido modal, como la interjección hostia, que antecede a ya ves en el siguiente fragmento: (317) Usuario 52 (mujer): [Mención al usuario 53] hahah visita obligada quan tornis a bcn! Usuario 53 (hombre): Ostia ya ves!! Tenemos q ir con [mención a otro usuario] [mención a otro usuario] y [mención a otro usuario] (Facebook, Corpus MEsA). Como enunciados reactivos hemos observado que estas expresiones actúan sobre todo en el plano modal. Sin embargo, también actúan en el plano enunciativo, ya que aluden a las figuras del enunciador (ya lo creo), del enunciatario (ya ves) o de ambos (ya te digo). Su empleo, en estos contextos reactivos supone, a su vez, un refuerzo de la imagen positiva del hablante, que muestra, en todos los casos, su deseo de alineación con el interlocutor. Se trata, por tanto, de intervenciones
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 289 reactivas preferidas (Levinson, 1983: 307). 5.8.1.1.5 Ya lo creo, ya te digo y ya ves. Grado de gramaticalización y documentación de los corpus En las tablas 25 y 26 que se muestran a continuación, se reflejan los datos cuantitativos relativos a la presencia de ya lo creo, ya te digo y ya ves en intervención reactiva. En la tabla 25, mostramos la frecuencia de cada una de ellas en los distintos corpus. En la tabla 26, aparecen los datos referentes a su primera documentación en contextos reactivos. Expresiones Número de casos como intervención reactiva modal Corpus MEsA CORPES XXI CREA CORDE Corpus VALESCO 2.0. Corpus COLA(M) Ya lo creo 8 53 80 76 1 1 Ya te digo 11 24 12 3 0 2 Ya ves 67 40 39 17 13 28 Tabla 25. Número de ocurrencias de ya lo creo, ya te digo y ya ves en los corpus Expresiones Fecha de la primera documentación en intervención reactiva Corpus Ya lo creo 1767 CORDE Ya te digo 1962 CORDE Ya ves 1890 CORDE Tabla 26. Fecha y corpus de la primera documentación en intervención reactiva En relación con la frecuencia de nuestras expresiones en los distintos corpus, comprobamos que el número de ocurrencias es bastante relevante en el caso de las tres estructuras, que tienen representación en prácticamente todos los corpus, a excepción de ya te digo, que no se recoge en el Corpus Val.Es.Co. 2.0. Ya lo creo y ya ves son los que muestran un mayor número de documentaciones, aspecto esperable si tenemos en cuenta que estos dos y, especialmente, ya lo creo, se documentaron en fecha más temprana en este contexto. Este último, se documenta en la segunda mitad del siglo XVIII, en 1767, y ya ves un siglo más tarde, en la última década del siglo XIX. Por su parte, ya te digo, aunque también tiene una presencia importante en los corpus, presenta un número menor de casos, lo cual también puede explicarse a través de su relativa
María Soledad Padilla Herrada 290 novedad en contextos reactivos, según los datos obtenidos (su primera documentación data de 1962). Un aspecto destacable con respecto al uso de ya ves es su alto número de registros en los corpus compuestos por discurso conversacional oral, es decir, en el Corpus Val.Es.Co. 2.0. y en en el Corpus COLA(M). De hecho, esta es la expresión más representada en estos corpus de entre todas las estudiadas, con una representación de 13 y 28 registros, respectivamente. Además, los datos extraídos de todos los corpus parecen mostrar una tendencia ascendente en el uso de ya ves, que parece aumentar en el español actual. Por el contrario, los datos referentes al uso de ya lo creo revelan una tendencia contraria: el uso de esta expresión parece disminuir en relación con la fecha de los datos extraídos, de manera que presenta un registro menos frecuente en el Corpus MEsA, compuesto por muestras de discurso más actual. Téngase en cuenta, no obstante, que estos datos han de ser tomados con cautela por varios motivos que podrían explicar este desequilibrio, sin que ello implique una tendencia de ya lo creo hacia el desuso. Una posibilidad es que estos datos puedan deberse a la naturaleza de los corpus, que recogen discurso real y mediatizado tecnológicamente en el caso del Corpus MEsA, y que está formado por muestras de oralidad fingida en la mayoría de los ejemplos extraídos de CORPES XXI y CREA. Otra explicación podría ser la posible percepción de las expresiones ya te digo y ya ves como más propias de un registro coloquial por parte de los hablantes, ya que, a diferencia de ya lo creo, estas dos aluden expresamente a la figura del interlocutor, lo cual puede resultar invasivo en una situación comunicativa en la que no haya una relación de cercanía entre los participantes en la interacción. Esta percepción podría explicar la frecuencia menor de ya lo creo en el Corpus MEsA, así como la alta frecuencia de ya ves, expresión puramente apelativa. Ahora bien, ¿podemos considerar que se trata de operadores plenamente gramaticalizados? Encontramos varios indicadores que nos llevan a considerar que son expresiones altamente gramaticalizadas, ya que cumplen con los rasgos propios de la categoría macroestructural de los operadores. Todas ellas presentan un significado procedimental alejado de su significado léxico originario y constituyen enunciados entonativa y sintácticamente autónomos que pueden ocupar completamente una intervención reactiva. Con respecto a su fijación sintáctica, observamos que ya lo creo, ya te digo y ya ves no admiten la presencia del pronombre personal sujeto en ningún caso cuando configuran enunciados reactivos de contenido modal. Además, estas expresiones comparten la misma estructura: están
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 291 encabezadas por ya, que actúa como adverbio con valor enfático -y no como adverbio de tiempo- y están conjugadas en presente de indicativo. La única diferencia destacable es que ya lo creo mantiene su pronombre de complemento directo, mientras que en ya te digo y ya ves, los verbos decir y ver han perdido su capacidad argumental, de manera que no rigen, ni pueden regir, un complemento directo. A su vez, ya te digo no admite la omisión de la referencia al receptor a través del pronombre de complemento indirecto. Asimismo, ninguna de las tres formas admite la variación del orden ni elementos intercalados entre las unidades que componen estas expresiones. Por tanto, sí podemos hablar de una fijación sintáctica. Desde un punto de vista morfológico, estas estructuras solo admiten la variación referente al tratamiento de respecto: (318) R. Es un deporte que, aparte de requerir fortaleza y potencia física, es un juego de inteligencia. Es intentar engañar. P. Ya le digo. (Karmentxu Marín: «"Yo defiendo a los empollones"». El País.com, 2011, CORPES XXI). Como sabemos, esta variación no va, necesariamente, en contra de que consideremos que se trata de operadores discursivos fijados, ya que es un rasgo frecuente en los marcadores discursivos deverbales (Company, 2004a). De hecho, en el caso de ya te digo, López Quero (2014) la considera como una expresión ya gramaticalizada. Por tanto, aunque desde una visión estricta de la teoría de la gramaticalización, no podemos considerar que estas expresiones estén gramaticalizadas, ya que no hay una total fosilización de los morfemas flexivos, creemos que estas expresiones sí actúan ya, distribucional y funcionalmente, como operadores modales plenos. Además, como señala Martín Zorraquino (2010: 105), los marcadores discursivos no siempre son unidades completamente invariables, por lo que este rasgo ha de ser tomado con cierta flexibilidad. 5.8.1.1.6 Recapitulación El análisis realizado nos ha permitido constatar que las expresiones ya lo creo, ya ves y ya te digo son las más polifuncionales y multidimensionales entre las formas analizadas en este capítulo. En todos los usos registrados en el español actual podemos observar su evolución hacia un significado procedimental que culmina con sus usos como expresiones reactivas. En estos contextos
María Soledad Padilla Herrada 292 dialógicos, pueden ocupar el hueco funcional de operadores de modalidad epistémica y deóntica, ya que se emplean como reforzadores de la aserción, expresiones de acuerdo y confirmación, (funciones cubiertas por operadores de modalidad epistémica), y también como expresiones mediante las que el hablante acepta una propuesta de acción (función desempeñada por operadores de modalidad deóntica). Por tanto, actúan también como formas de cortesía positiva, ya que dan cuenta del deseo del hablante de alinearse con el interlocutor. Con respecto a su grado de gramaticalización, hemos observado que, cuando actúan dentro de una misma intervención como expresiones de refuerzo de la propia aserción, manifiestan ya rasgos de fijación, como la expresión de un significado procedimental y la autonomía entonativa y sintáctica. Sin embargo, admiten cierta variación: ya te digo admite la omisión de la referencia al receptor y ya ves admite la presencia del complemento directo lo, variación que ya no se da en intervención reactiva. Es en contextos reactivos, cuando estas estructuras manifiestan un mayor grado de fijación: además de la extraproposicionalidad y de la manifestación de un significado procedimental, estas expresiones están fijadas sintácticamente, ya que no admiten modificadores ni complementos. La única variación posible es la relativa a los morfemas flexivos que responden al tratamiento de respeto. Asimismo, en todos los usos macroestructurales, todas ellas presentan un significado unitario y una estructura común encabezada por ya, en su función como adverbio con valor enfático. A diferencia de otros operadores que pueden desempeñar funciones macroestructurales similares, nuestras expresiones ensalzan las figuras enunciativas del hablante (ya lo creo), oyente (ya ves) o ambos (ya te digo). Además de estos usos extraproposicionales, estas expresiones aparecen en empleos sintácticamente integrados, que situamos entre la microestructura y la macroestructura. En estos contextos, introducen, a través de la conjunción que, una oración subordinada sustantiva o funcionan como intensificadores de los adverbios de afirmación o negación. Aunque estos casos pueden representar contextos puente entre los usos libres y fijados, sería necesario un análisis diacrónico que nos permita comprobar esta hipótesis. Lo que parece claro es que el origen de estos usos fijados se halla en la progresiva deriva de los verbos decir y creer hacia el significado de opinar, además de la generalización de ver, que pasa de hacer referencia a la percepción sensorial a la intelectual. Todos ellos codifican, así, diferentes procesos mentales, que se manifiestan, en primer lugar, en empleos integrados que culminan en su fijación y funcionamiento en el plano
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 293 macroestructural, hasta llegar a ocupar el hueco funcional de un operador. En cuanto a la marcación diafásica de estas expresiones, creemos que son propias de un registro coloquial, aspecto que consideramos especialmente evidente en el caso de ya ves y ya te digo. En cambio, creemos que ya lo creo tiene una mayor flexibilidad para aparecer en otros registros más formales. La defensa de esta hipótesis se basa en que ya lo creo es una expresión de refuerzo asertivo que solo implica al hablante. Dado que las otras dos sí implican al interlocutor, puede que su uso presuponga una cercanía que puede resultar invasiva en contextos en los que no hay una relación de cercanía entre los interlocutores. En definitiva, su uso en un contexto no coloquial puede resultar inapropiado desde el punto de vista de la cortesía (Brown y Levinson, 1987). En la siguiente tabla resumimos los valores que estas expresiones desempeñan en nuestros corpus: Ámbito microsintáctico Ámbito macrosintáctico • Creer, decir y ver actúan como verbos transitivos en construcción libre -Significado designativo -Integración entonativa y sintácticamente en la oración -Ya configura un adverbio de tiempo -Núcleo del predicado verbal • Enunciado independiente en discurso monologal -Significado procedimental: refuerzo epistémico -Extraproposicionalidad -No hay una fijación morfológica y sintáctica total -Plano modal • Ya lo creo, ya te digo, ya ves + que + or. sub. sust. de CD / adverbio de afirmación o negación -Significado designativo -Integración entonativa y sintácticamente en la oración -No hay una fijación morfológica y sintáctica total -Ya funciona como elemento fórico intratextual -Estructura: elemento con contenido procedimental + alcance en la oración introducida por que • Respuesta afirmativa categórica / confirmación / acuerdo / aceptación -Significado procedimental: afirmación -Extraproposicionalidad -Integración entonativa y sintáctica en la oración -Fijación morfológica y sintáctica -Plano modal Tabla 27. Funciones de ya lo creo, ya te digo y ya ves En conclusión, creemos que ya lo creo, ya te digo y ya ves son expresiones que podemos considerar gramaticalizadas, si tomamos el rasgo de la invariabilidad con cierta flexibilidad, de manera que nos permita tener en cuenta la variación relativa a las formas de tratamiento. Por lo demás, son
María Soledad Padilla Herrada 294 estructuras que cumplen los rasgos propios de los operadores modales (Fuentes Rodríguez, 2003, 2020). Una vez más, podemos observar cómo las distintas etapas de su evolución conviven en el español actual.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 295 5.9 CONCLUSIONES Tras el análisis de estos grupos de expresiones reactivas, obtenemos interesantes resultados. En primer lugar, hemos demostrado la productividad de la distinción de los contenidos modales positivos reactivos planteados (respuesta afirmativa categórica, acuerdo, confirmación y aceptación), ya que nos permiten cubrir todos los contextos en los que nuestras expresiones aparecen, teniendo en cuenta la intervención previa a la que responden y su valor modal en la interacción. En cuanto a las expresiones empleadas en nuestro corpus, hemos comprobado que prácticamente todas ellas pueden agruparse en función de su estructura de origen y que, a pesar de que presentan un significado y una estructura base, a veces, muy distintas, las necesidades expresivas de los hablantes pueden hacer que terminen manifestando un contenido modal equivalente. La única expresión que no hemos agrupado con otras de estructura similar es de verdad. En este caso, se trata de una expresión ya gramaticalizada como operador enunciativo que aumenta sus funciones macroestructurales y se desplazan al plano modal en contextos reactivos. En relación con la documentación de estas expresiones en intervención reactiva, ocupando el hueco funcional de un operador modal, la mayoría se registra por primera vez en la segunda mitad del siglo XX. No obstante, también hay algunas que se registran uno o dos siglos antes, en el siglo XVIII y XIX. Del mismo modo, hay algunas cuya primera documentación se produce hace escasos años, ya entrado el siglo XXI. Estos datos parecen corroborar la opinión de Hummel (2012: 161), quien observa que el paradigma de expresiones afirmativas es abierto, altamente productivo y que se encuentra en constante proceso de variación e innovación. Estos resultados se resumen en la siguiente tabla: Siglo de la primera documentación Expresiones Siglo XVIII ya lo creo Siglo XIX seguro, dímelo a mí, estupendo, como quieras, ya ves Siglo XX de verdad, cierto, correcto, exacto, di que sí, del tirón, genial, guay, perfecto, cuando quieras, ya te digo Siglo XXI De lujo, cojonudo Tabla 28. Siglo de la primera documentación de las expresiones reactivas positivas
María Soledad Padilla Herrada 296 Tomando como referencia el Corpus MEsA, hemos observado que el número de documentaciones es muy variable entre unas unidades y otras. Por una parte, contamos con expresiones como cojonudo y del tirón, que se registran en intervención reactiva en 4 fragmentos. Por otra, hay formas, como cierto y ya ves, que se documentan entre 60 y 80 veces 283 . Sin embargo, en CORPES XXI, cuya extensión es mayor, hallamos expresiones que se registran en torno a 200 ocasiones, como cierto o estupendo. Entre ellas, destaca el caso de exacto, que aparece en intervención reactiva en 412 fragmentos. En relación con estos datos, observamos que las expresiones reactivas procedentes de sintagmas adjetivales son las únicas que tienen representación en prácticamente en todos los corpus consultados, también en aquellos que presentan una menor extensión. Esto es un indicador del grado de convencionalización y generalización de estas unidades. Con respecto a su grado de gramaticalización, a grandes rasgos, podemos distinguir entre expresiones (semi)gramaticalizadas y expresiones cuyo cambio se explica a partir de un proceso de cooptación, es decir, parecen ser el resultado de una desvinculación sintáctica, lo cual se observa en el hecho de que no se han desemantizado, si bien se han enriquecido pragmáticamente. Estas últimas son las correspondientes a los sintagmas adjetivales cierto, correcto, exacto, estupendo, genial, guay y perfecto. En el caso de seguro, lo situamos junto con el resto de las expresiones que se caracterizan por tener un alto grado de gramaticalización. Las únicas expresiones que no están plenamente fijadas morfosintácticamente son aquellas que tienen como origen oraciones completas, en las que encontramos variación, sobre todo, en la referencia al receptor. La única excepción, y, por tanto, la única expresión que no admite variación es ya lo creo. Reflejamos estos aspectos en la siguiente tabla 284 : 283 Estos datos cuantitativos están reflejados en las tablas presentes en cada apartado de análisis. 284 En esta tabla, exponemos qué criterios se cumplen o no en cada una de las expresiones analizadas. Advertimos al lector de que no se trata de una valoración absoluta, sino que marcamos o no la presencia de un determinado rasgo teniendo en cuenta las diferencias observadas entre las distintas unidades durante el análisis. Por tanto, debe hacerse una interpretación flexible de estos criterios y de la presencia o ausencia de ellos en cada caso. Por ejemplo, en las formas como ya lo creo o ya te digo no hemos marcado que estén morfosintácticamente fijadas, a pesar de que sí lo están en gran parte. Sin embargo, uno de los aspectos que las distinguen del resto de expresiones es que en ellas se admite la variación morfológica en la referencia al receptor. Dado que este criterio es distintivo frente al resto, no lo marcamos.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 297 Expresión Debilitamiento o pérdida del significado de origen Enriquecimiento pragmático Fijación morfosintáctica Autonomía predicativa Ampliación de su alcance (Además) De verdad Correcto Exacto Cierto Seguro Dímelo a mí Di que sí De lujo Del tirón Cojonudo Estupendo Guay Genial Perfecto Como quieras Cuando quieras Ya lo creo Ya ves Ya te digo Tabla 29. Grado de gramaticalización de las expresiones reactivas positivas Hemos de destacar que, entre las expresiones analizadas, encontramos algunas cuyo valor modal se manifiesta, exclusivamente, en contextos dialógicos reactivos (dímelo a mí, di que sí). Otras presentan usos modales en la intervención de un mismo hablante, ya sea como enunciado independiente, como complemento periférico o como intensificador. Esto sucede en la mayoría de
María Soledad Padilla Herrada 304 (320) 15/06/2016, 11:36 - H1: Es q a ti si t parecio bien q viniera sabiendo q iba a ser una carga pal resto? Venga…. 15/06/2016, 11:37 - M1: Te parece normal hablar así de los gordos? (WhatsApp, Corpus MEsA). En este ejemplo, se expresa un contenido modal negativo ante la implicatura derivada de lo explícitamente expresado en la intervención iniciativa. De este modo, M1 expresa desacuerdo intensificado ante las condiciones ideológicas que sustentan la producción de su interlocutor. Por otra parte, en la presente propuesta de clasificación de los contenidos modales negativos incluimos la refutación como correlato negativo de la confirmación. Aunque somos conscientes de que este término se emplea en el ámbito de la argumentación para invalidar o contradecir los argumentos utilizados por el interlocutor para defender su posición, tomamos este vocablo en nuestro estudio para referirnos a los casos en los que se responde negativamente a enunciados interrogativos orientados o a apéndices comprobativos: (321) 12/06/2020, 19:26 – M2: no os habréis liado en plena cuarentena???? 12/06/2020, 19:26 – M1: tia no no no (WhatsApp, Corpus MEsA). (322) 18/02/2019, 12:17 – H1: pero comes en el piso no? 18/02/2019, 12:17 – H1: no no me da tiempo (WhatsApp, Corpus MEsA). Por lo tanto, concebimos la refutación como un contenido modal reactivo mediante el que el hablante invalida la hipótesis que el interlocutor expresa en la intervención previa. Por su parte, definimos el rechazo en esta tesis como un contenido modal reactivo, mediante el cual el hablante declina una invitación, proposición, sugerencia, mandato u otras propuestas de acción del interlocutor. Es el correlato negativo de la aceptación. Vemos un ejemplo a continuación, en el que M2 rechaza una proposición de M1 expresada en la intervención iniciativa: (323) 19/02/2017,08:08 - M1 286 : al final a las 21 en el centro? 286 Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara (1996: 223) incluyen el rechazo en la modalidad expresiva, concretamente, en el ámbito de la negación intensificada. Estas autoras no manejan el concepto de desacuerdo.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 305 19/02/2017,08:09 - M2: No nena si me lo ha explicao isa al final (WhatsApp, Corpus MEsA). Como vemos en los siguientes fragmentos, estos contenidos reactivos negativos también puede apuntar expresamente al propio interlocutor, ante el que el locutor hace explícita su oposición directa, implicándolo a través de la flexión morfológica: (324) 17/02/2017, 20:41 - M1: amos tia que siempre t tengo q esperar 17/02/2017, 20:43 - M2: una mierda q te comas (WhatsApp, Corpus MEsA). (325) @usuario: Odio que se haga de noche a las 6:00p.m @usuario: No te lo crees ni tu , con lo que te gusta la noche y el Barceló (WhatsApp, Corpus MEsA). En nuestro caso distinguimos el desacuerdo, la refutación y el rechazo de la respuesta negativa categórica, que aparece cuando la intervención previa está ocupada por una pregunta real (Escandell Vidal, 1999), siempre que esta no configure una propuesta de acción. Se corresponde con lo que Moeschler (1982) denomina respuesta negativa. Lo vemos en el siguiente fragmento: (326) 10/07/2018 13:26 - H1: has estado en disneyland? 10/07/2018 13:26 – M1: nope pero me molaría (WhatsApp, Corpus MEsA). Con el objetivo de mostrar cómo utilizamos en nuestro análisis esta distinción entre los contenidos de desacuerdo, refutación, rechazo y respuesta negativa categórica exponemos algunos ejemplos del Corpus MEsA, en los que aparece estos contenidos, respectivamente, manifestados a través de un mismo operador modal: qué va (Fuentes Rodríguez, 2018 [2009]): (327) 14/09/2019 18:19 - M1: el del flequillo estaba que te mueres 14/09/2019 18:19 - M2: que va que diseee (WhatsApp, Corpus MEsA). (328) 15/05/2019 13:49 – H1: el tuyo tenia unos10 años no? 15/05/2019 13:49 – M1: que va que va 14 o 15 (WhatsApp, Corpus MEsA).
María Soledad Padilla Herrada 306 (329) 18/06/2017 12:51 - M2: al final t unes a lo d Berlin? 18/06/2017 12:51 – M1: que va (WhatsApp, Corpus MEsA). (330) 11/07/2019 11:11 - M1: Tu usabas la de kiels? 11/07/2019 11:12 - M1: Que va es carísima (WhatsApp, Corpus MEsA). El operador qué va sirve para expresar los cuatro contenidos modales negativos contemplados y estos, en función de las características de cada intervención, del resto de los elementos que la ocupan, o de otros recursos como la repetición o el empleo de una entonación exclamativa 287 pueden manifestarse de forma más o menos intensificada. Así, en estos cuatro ejemplos, manifiesta, respectivamente, desacuerdo (327), refutación (328), rechazo (329) y negación categórica en respuesta (330). 6.3 CONDICIONES DISCURSIVAS DEL DESACUERDO, LA REFUTACIÓN, EL RECHAZO Y LA RESPUESTA NEGATIVA CATEGÓRICA La expresión de estos contenidos modales interactivos supone una actitud de oposición del locutor ante lo dicho por el interlocutor o por otro enunciador. Para que aparezcan tienen que darse las siguientes condiciones discursivas: El desacuerdo se produce cuando la intervención de inicio previa está ocupada por un juicio del interlocutor, expresado a través de uno o más enunciados de naturaleza asertiva 288 , con los que el hablante muestra su desavenencia. Se configuraría, de esto modo, un par adyacente con intervenciones antiorientadas: aserción / manifestación de desacuerdo. Así, una respuesta de desacuerdo configura una intervención antiorientada con respecto a lo expresado por el interlocutor en la intervención de inicio. Lo podemos observar en el siguiente fragmento: (331) 2016/01/15, 11:07 - H2: pero a parte de eso creo q con el tipo de terrorismo actual sería más peligroso vivir en Alemania o en París 287 Aunque este parámetro no puede tenerse en cuenta con plenitud por la naturaleza de nuestro corpus, hay otros indicadores de la entonación exclamativa, tales como el empleo de mayúsculas o alargamientos vocálicos. 288 Así lo concibe también Bertomeu Pi (2020: 9).
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 307 2016/01/15, 11:07 - H2: q vivir en un pueblo a kms de la capital de un país musulman 2016/01/15, 11:18 - H1: no estoy de acuerdo contigo en eso H2 (WhatsApp, Corpus MEsA). Sin embargo, cuando la intervención iniciativa está vehiculada por un enunciado asertivo negativo, la intervención reactiva negativa está coorientada con la anterior. Sucede en casos como el siguiente: (332) @usuario: 'La puerta es mejor mantenerla abierta para que se vayan los que deban y se queden los que quieran". ~Joyce Peel~ #Lunes#FelizDía#FelizLunes#FelizSemana#FelizInicioDeSemana [fotografía de una modelo] @usuario: pero en el medio que no se quede nadie! feliz día preciosa @usuario: Ni soñarlo, se considerará saliente Feliz día, guapísima (Twitter, Corpus MEsA). En cuanto a la refutación, se da cuando la intervención de inicio está ocupada por una petición de confirmación y el hablante proporciona en la consiguiente intervención reactiva una respuesta a través de la que desecha o descarta la hipótesis presupuesta por el interlocutor, que se pone de manifiesto en la intervención iniciativa. Como ya mencionamos en el capítulo anterior, la petición de confirmación puede estar configurada por una aserción más un apéndice comprobativo o pregunta confirmativa, o bien por enunciados interrogativos orientados, a través de la negación o a partir de partículas introductoras (Escandell Vidal, 1999). En el siguiente caso, por ejemplo, la intervención de inicio está ocupada por un enunciado interrogativo orientado a través de la partícula introductora acaso: (333) CAYO.- ¿Y tú qué sabes lo que yo necesito? ¿Acaso sabes leer en mi espíritu? AGRIPINUS.- No, sólo leo en las entrañas de las aves, los hígados de buey, en las crestas de los gallos y la sangre de los pollos. Tu espíritu es demasiado ligero para soportar el peso de un oráculo. (Blanca Baltés: «Oráculo a medias. Comedia en tres actos». En Blanca Baltés et al.: Teatro. Piezas breves, 2001, CORPES XXI). El rechazo es un contenido que se manifiesta cuando el locutor declina una propuesta de acción del interlocutor (invitaciones, peticiones, recomendaciones, etc.). Por lo tanto, la intervención
María Soledad Padilla Herrada 308 previa ha de estar ocupada por uno o más enunciados de carácter directivo, que expresen una propuesta de acción. En el siguiente ejemplo, M2 rechaza la proposición de M1: (334) 20/09/2016, 12:22 - M1: vamos a linares? 20/09/2016, 12:22 – M2: no que yo quiero beber (WhatsApp, Corpus MEsA). Téngase en cuenta que, en ocasiones, estos contenidos negativos interactivos tienen lugar dentro de la intervención de un mismo hablante, en la que se incluye la voz de otro enunciador. Es decir, la expresión de estos puede darse dentro del turno de un mismo hablante, siempre que la intervención que lo ocupe sea polifónica. En este sentido, no estamos de acuerdo con Herrero Moreno (2002a) cuando afirma que para que haya desacuerdo tienen que haber dos interlocutores que manifiesten posiciones contrarias o enfrentadas. Ejemplos como el siguiente ilustran que, para que haya desacuerdo (y también rechazo) tiene que haber dos enunciadores, pero no necesariamente dos interlocutores: (335) ¡Por Dios! La verdad es que no esperábamos encontrárnoslo en este ranking por lo visto es famoso por otra parte de su cuerpo. Las manos. ¡Y un pimiento! (Esta noche cruzamos el Mississippi, oral, 1996, CREA). Por último, para que encontremos como intervención reactiva una respuesta negativa categórica, la intervención de inicio ha de estar ocupada por un enunciado interrogativo que no implique una propuesta de acción del interlocutor, como sucede en el siguiente fragmento: (336) 18/03/2020, 11:56 – M2: te compraste al final el colchón en dormideo? 18/03/2020, 11:56 – M2: no aun no he comprado ninguno (WhatsApp, Corpus MEsA). Por tanto, la única condición discursiva necesaria para que aparezcan estos contenidos modales es que haya una primera parte correspondiente a otro enunciador, frente a la cual el locutor manifiesta rechazo, refutación, desacuerdo, o bien ofrece una respuesta negativa categórica, en función del tipo de intervención iniciativa a la que se responda. Todos ellos pueden manifestarse de manera más o menos intensificada.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 309 6.4 CLASIFICACIÓN ESTRUCTURAL DE LAS EXPRESIONES ANALIZADAS Los cuatro contenidos negativos descritos configuran los siguientes pares adyacentes: juicio / desacuerdo; petición de confirmación / refutación; propuesta de acción / rechazo; pregunta / respuesta negativa categórica. A continuación, organizamos las expresiones analizadas a partir de su constituyente base (oracional / no oracional): EXPRESIONES DE DESACUERDO • Expresiones oracionales: o Oraciones interrogativas con verbo copulativo estar más adjetivo despreciativo: ¿estamos locos?, ¿estamos tontos? ¿estamos subnormales? ¿estamos gilipollas? EXPRESIONES DE DESACUERDO Y REFUTACIÓN • Expresiones no oracionales: o Sintagmas nominales que tienen como núcleo un sustantivo deadjetival: chorradas, tonterías, bobadas EXPRESIONES DE DESACUERDO, REFUTACIÓN Y RECHAZO • Expresiones no oracionales: o Formas introducidas por y más sintagma nominal: (y) un pepino, (y) un pimiento, (y) una leche, (y) un(os) huev(os), (y) un carajo, (y) un mojón, (y) una mierda • Expresiones oracionales: o Oraciones Imperativas: anda ya, vamos ya, venga ya EXPRESIONES DE DESACUERDO, REFUTACIÓN, RECHAZO Y RESPUESTA NEGATIVA CATEGÓRICA • Expresiones no oracionales o Formas introducidas por ni más constituyentes no oracionales: Þ Ni más infinitivo: ni hablar, ni pensarlo, ni soñarlo 289 Þ Ni más gerundio: ni soñando, ni queriendo, ni flipando 289 Pérez Salazar (2009) realiza un análisis histórico de estas tres expresiones.
María Soledad Padilla Herrada 310 Þ Ni más sintagma nominal con preposición: ni de coña, ni de broma, ni por asomo, ni en sueños, ni a tiros, ni por casualidad Þ Ni más sintagma adjetival: ni loco/a, ni muerto/a, ni borracho/a Þ Ni más sintagma adverbial: ni mucho menos o Sintagma nominal con preposición: Para nada
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 311 6.5 EXPRESIONES DE DESACUERDO 6.5.1 Expresiones oracionales 6.5.1.1 Oraciones interrogativas con el verbo copulativo estar más adjetivo despreciativo: ¿estamos locos?, ¿estamos tontos?, ¿estamos subnormales?, ¿estamos gilipollas? 6.5.1.1.1 Estructura de las expresiones En este apartado enfocamos nuestro análisis en las expresiones ¿estamos locos?, ¿estamos tontos?, ¿estamos subnormales? y ¿estamos gilipollas?. Desde un punto de vista formal, estos enunciados están constituidos por cuatro oraciones interrogativas directas totales 290 . En ellas, las posibles respuestas se restringen a la afirmación o negación (Escandel Vidal, 1999). Su núcleo es el verbo copulativo estar, conjugado en presente de indicativo y flexionado en primera persona de plural. El atributo de cada una de estas oraciones es siempre un adjetivo calificativo con un significado valorativo negativo, es decir un adjetivo despreciativo: locos, tontos, subnormales, gilipollas. 6.5.1.1.2 Sobre los enunciados interrogativos totales y la expresión de la negación Como esboza Escandell (1999: 3931), “las oraciones interrogativas constituyen una clase sintáctica bien definida, con rasgos formales específicos que las distinguen de otros tipos de oraciones”. A propósito de las estructuras interrogativas directas totales, que son las que aquí nos ocupan, indica Lyons (1977) que su estructura gramatical es similar a la de las oraciones declarativas, aspecto del que se advierte en las distintas gramáticas. En palabras de este autor: The difference between questions and statements is commonly drawn solely in the non-verbal component of utterances; and it is one that can be associated with an intonation pattern or paralinguistic modulation of the utterance which expresses the speaker's doubt (Lyons 1977: 754). Desde un punto de vista entonativo, las oraciones interrogativas directas se caracterizan, frente a las oraciones declarativas que podrían contener un contenido proposicional similar, por presentar una rama final con entonación ascendente en anticadencia (Navarro Tomás, 1974; Quilis, 1993). Como unidades comunicativas, es decir, como enunciados reales, esta clase sintáctica representa la estructura formal canónica de la formulación de preguntas. Sin embargo, pueden 290 También denominadas interrogativas cerradas (NGLE, 2009: 804).
María Soledad Padilla Herrada 312 desempeñar funciones muy diversas y, a menudo, muy alejadas del acto de preguntar (Cascón Martín, 2000; Grande Alija, 1997; Hidalgo Navarro, 2003). Un buen ejemplo de ello es la interrogación retórica (NGLE, 2009; Burguera Serra, 2009). Diversos autores han dado cuenta del hecho de que, en ocasiones, los enunciados interrogativos desempeñan una función que se relaciona con la expresión de la actitud del hablante 291 (Escandell Vidal, 1999: 3945). De hecho, en estudios más tempranos sobre las estructuras interrogativas, como el de Fernández Ramírez (1959: 247), se hace referencia al “tono de irritación, impaciencia o de apremio” que pueden alcanzar. También Beinhauer (1991 [1929]), en su análisis sobre las formas afectivas de negación, se refería a determinadas expresiones que, aunque presentan los rasgos formales de una pregunta, se emplean con un “tono equivalente al de una exclamación”. En estudios más recientes, algunos autores se han centrado en la rentabilidad de los enunciados interrogativos para mostrar oposición en situaciones de disputa, como, por ejemplo, en el discurso político (Fernández García, 2000; Blas Arroyo, 2009; Hidalgo Downing, 2016). A su vez, se ha dado cuenta de su empleo como formas de rechazo en la conversación coloquial, a pesar de no contener ninguna palabra negativa en su estructura (Portela, 1996; Schaffer, 2005; Heinemann, 2008). En la misma línea, Brenes Peña (2015b) se refiere a algunas expresiones interrogativas que se emplean para manifestar rechazo. Más recientemente, Moreno Benítez (2019) analiza ¿hola? y lo considera un operador discursivo de desacuerdo. En nuestro caso, nos ocupamos en los apartados que siguen de dar cuenta de cómo las expresiones oracionales interrrogativas ¿estamos locos? ¿estamos tontos? ¿estamos subnormales? ¿estamos gilipollas? se emplean en el registro coloquial para expresar contenidos modales negativos y ocupan, en estos casos, el hueco funcional habitual de los operadores modales negativos del español (Fuentes Rodríguez, 2018 [2009]). Sin embargo, ninguna de estas expresiones aparece recogidas en los repertorios lexicográficos consultados (DUE, 1967 [2007]; Santos Río, 2003; DPDE, 2008; Fuentes Rodríguez, 2018 [2009]; DLE, 2014). 291 Esto sucede, por ejemplo, con los enunciados interrogativos de entonación circunfleja. En palabras de Escandell Vidal (1999: 3945) “las interrogativas en las que aparece [la entonación circunfleja] plantean una contradicción, expresan desacuerdo, extrañeza, perplejidad, irritación; o suponen una reflexión mental sobre las palabras del otro que indica asombro, ironía o interés; o, con una modulación descendente, indican reproche, indignación o repulsa”.
Intervenciones reactivas y creación de marcadores discursivos: un enfoque macrosintáctico 313 6.5.1.1.3 Ámbito microsintáctico A) ¿Estamos locos / tontos / subnormales / gilipollas? como enunciados interrogativos libres Cuando estas expresiones presentan un significado designativo, es decir, cuando su significado es el resultado de la combinación de todos los elementos que las componen, configuran preguntas reales, es decir, representan el acto ilocucionario de preguntar (Searle, 1969). Según Escandell Vidal (1999: 3974), una pregunta real es “una petición de información realizada por medio de una oración interrogativa directa. Al formularla, el emisor pretende obtener del destinatario una respuesta verbal que proporcione un determinado valor para la incógnita contenida en el enunciado interrogativo”. Ahora bien, los atributos tonto, subnormal, gilipollas y sus variantes morfológicas indican, de acuerdo con las definiciones del DLE (2014), propiedades permanentes de los sujetos que no surgen como consecuencia de ningún cambio, lo cual explica que se combinen con el verbo ser y no con estar. Constituyen, así, lo que la NGLE (2009: 712) denomina predicados caracterizadores o de individuo. En cambio, estar loco sí es un estado que surge como efecto de un determinado cambio, según la definición del DLE (2014) 292 . En este caso, perder la razón. Forma parte, por tanto, de los llamados predicados de estadio o episódicos (NGLE, 2009: 712), que se conjugan con el verbo estar. Esto explica que las potenciales preguntas reales que puedan formularse a partir de estas estructuras interrogativas se conjuguen con estar solo en el caso de que el atributo sea loco y sus correspondientes variantes flexivas de género y número. Sin embargo, téngase en cuenta que, aunque los adjetivos tonto, subnormal, gilipollas no denotan estados, sino características de una determinada entidad, estas pueden, a su vez, estar condicionadas por el contexto de aparición. Por ello, en algunos casos, es posible encontrar enunciados como los siguientes, en el que dichos adjetivos se combinan con el verbo estar, de manera que, en vez de indicar cualidades inherentes al individuo, se refieren a estados o a comportamientos concretos de este en un momento determinado. Como se observa en el siguiente fragmento, constituyen ataques directos a la imagen del interlocutor (Brown y Levinson, 1987): (337) - Por qué se viste de negro, ay, de negro, si no se le ha muerto nadieee... - Estás tonto. (Berta Marsé: «Origen». En jaque, 2006. CORPES XXI) 292 En el DLE (2014) se define del siguiente modo: 1. adj. Que ha perdido la razón.
María Soledad Padilla Herrada 320 (354) Usuario 72 (mujer): M gusta el ganador pero Edurne la tercera? En serio?? Alguien que emociona con su cocina a un chef con un monton de estrellas es peor que alguien con defectos en sus 3 platos y que lo bueno de su primer plato es q se lo ha servido a Joel Robuchon? Estamos locos??? (Facebook, Corpus MEsA) De hecho, nuestras expresiones pueden contener marcas formales explícitas de orientación que restringen su interpretación, como el siguiente ejemplo, en el que ¿estamos tontos? aparece introducido por acaso, clasificada por Escandell Vidal (1999: 3965) como una partícula de orientación invertida, que hace que el enunciado equivalga a una aserción de signo opuesto (Bello, 1995 [1847]) que niega de manera implícita el contenido del enunciado interrogativo, de manera que manifiesta un comentario de desacuerdo con lo anterior: (355) @usuario (hombre): Si tuviera hijos en Cataluña, aprenderían catalán. Sin duda, ¿acaso estamos tontos? En Galicia igual (Twitter, Corpus MEsA). Por otra parte, nuestros enunciados aparecen, con cierta frecuencia, como las llamadas interrogaciones disyuntivas (Fernández Ramírez, 1959; Escandell Vidal, 1999), que se definen por ser aquellas que limitan las posibles respuestas del interlocutor, al presentarlas explícitamente en la propia formulación del enunciado. Veamos los siguientes ejemplos: (356) @Albert_ Rivera: El Ministro del Interior en vez de dar explicaciones se enroca. Rajoy debe cesarle y explicarnos si estaba al corriente,como dice Fdez Díaz. Usuario 1 (no identificado): @Albert_Rivera ¿estamos locos o qué? El escándalo es que se pueda grabar al Ministro del Interior en el Ministerio Stop Perroflautadas (Twitter, Corpus MESA). (357) Usuario 43 (no identificado): Juéeeeeeee ... me he metido en tres hilos de UK en media hora y los tres con el tiempo a vueltas. Pero estamos tontos o qué ?... si esto ahora es 'Jolibúuu'. (Foros, Corpus MEsA).
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