República y Toros (España, 1931-1939) de Fernando Claramunt López; Madrid: Egartorre, 2006 [Reseña]
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Revista de Estudios Taurinos N.º 24, Sevilla, 2008, págs. 365-367 Fig. n.º 20.- Claramunt López, Fernando (2006): República y Toros (España, 1931-1939), Madrid, Egartorre, 284 págs. Empieza su libro el prestigioso ensayista taurino Fernando Claramunt justificando el título, que se inspira en la obra Política y Toros de Ramón Pérez de Ayala, aunque a renglón seguido pasa a criticar a su autor por haber tratado de ambas cuestiones usando de la mera yuxtaposición pero sin que existiese una verdadera interacción entre ellas, para después señalarnos su intención de corregir en su caso semejante procedimiento. Sin embargo, tampoco aquí se nos ofrece una imbricación íntima entre ambas series de hechos, en las que unos y otros se expli-
Carlos Martínez Shaw 366 quen mutuamente, sino que lo que llamaríamos la historia general de los años 1931-1939 y la historia de los toros durante el mismo periodo guardan entre sí tan sólo una relación epidérmica, en que las noticias sobre la trayectoria de la Segunda Republica si no se yuxtaponen sí que simplemente se intercalan con aquellas que dan cuenta de la actualidad taurina. Late siempre en el autor el deseo de procurar lazos de unión entre la realidad general y la realidad específica de los toros, pero esta permanente voluntad no siempre llega a dar resultados satisfactorios. Algunas veces el vínculo buscado está cerca de la relación entre causa y efecto, como en el apartado en que trata de hallar la razón del auge de las señoritas toreras (con Juanita Cruz a la cabeza) en el protagonismo político de las grandes mujeres republicanas, como Clara Campoamor, Victoria Kent, Federica Montseny, Margarita Nelken o Dolores Ibarruri. Sin embargo, otras veces el pase ligado se sustenta en el artificio literario, en la anécdota cogida por los pelos (inteligentemente pero por los pelos), como en el siguiente ejemplo, que recuerda la técnica del raccord cinematográfico: «Don Manuel Azaña confiesa haber tenido diversos estados depresivos (...). A Juan Belmonte, en la temporada última, le cruzaron fantasías mortuorias por la mente». En general, la narración nos lleva de la arena política a la arena de la plaza siguiendo solamente la cronología y no la concatenación de los hechos. Por ello, el libro se lee desigualmente. Unos párrafos nos cuentan episodios muy conocidos de la historia de la República, pasando alegremente de José Antonio Primo de Rivera a Manuel Azaña o de José María Pemán a Miguel Hernández. Hay que decir que hay un prurito de equidistancia para repartir las culpas, un afán de eclecticismo en la valoración de las acciones de uno y otro bando, pero el conjunto peca de falta de profundidad en el análisis, presenta deficiencias a la hora de seleccionar las fuentes y, a la larga, resulta insustancial. Y eso cuando el relato no se quiebra con opiniones personales sobre el mundo de hoy en las que el subjetivismo
parece violentar la brida de la reflexión serena y fundamentada para dar salida a la efusión visceral. Sin embargo, la cosa cambia cuando entramos en el ruedo, es decir cuando el autor se ocupa de los asuntos de su especialidad. Aquí luce en todo su esplendor su conocimiento del mundo taurino, tanto a través de sus innumerables lecturas, como a partir de las experiencias vividas. Ahora desfilan por las páginas del libro la cogida de Gitanillo de Triana, los triunfos de Domingo Ortega en las temporadas del 32 y del 33, la llegada de Armillita, la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, la reaparición de Rafael El Gallo y de Juan Belmonte, el momento de las señoritas toreras, el impacto de la sublevación franquista sobre la fiesta, la permanencia de la afición a los toros y la supervivencia de las corridas a uno y otro lado de la España en guerra, la aventura militar de la brigada de los toreros, el obligado paso de los profesionales al Midi francés y a la América hispana... Ahí, tanto la aguda visión general como la enorme riqueza de los detalles se imponen sobre el abigarramiento de un relato que resulta torrencial, lo que, por un lado, hace fácil la lectura, pero, por otro, no se aviene del todo bien con un género como el de la crónica histórica. El libro, según hace constar el autor, se terminó coincidiendo con el 75 aniversario de la Segunda República Española y con el 75 aniversario de la inauguración de la Plaza de Toros de las Ventas en presencia de don Niceto Alcalá Zamora y don Alejandro Lerroux. Del mismo modo, quiere rendir homenaje a dos grandes maestros de la pintura taurina, don Carlos Ruano Llopis y don Santos Saavedra, cuyos dibujos sirven de espléndida ilustración a la obra. Recensiones de libros 367 Carlos Martínez Shaw Fundación de Estudios Taurinos