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América, mil y mil veces descubierta

Jiménez Núñez, Alfredo

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DISCURSO DE INGRESO ENLA REAL ACADEMIA DEL EXCMO. SR. D. ALFREDO JIMENEZ NUÑEZ EL DIA 3 DE DICIEMBRE DE 1989 AMERICA, MIL Y MIL VECES DESCUBIERTA ¿,De qué habla en es a ocasión solemne? No e a di ícil Ja elec- ción pa a quien ha sen ido oda la ida el in e és, Ja ascinación po las ie as y gen es de Amé ica. Mucho más di ícil esul ó desde un p incipio comp ende las azones del hono que se me hacía con la elección de miemb o de núme o de la Real Academia Se illana de Buenas Le as. Reduci mis posibles mé i os a su mínima alo ación pod ía pa ece un eje cicio de alsa modes ia o supone que los que me eligie on es aban o almen e e ados. Pe o, en el mejo de los casos, no puedo deja de e la mano de la gene osidad y la bene o- lencia como p incipal ins umen o de mi ing e so en la Academia. Ni siquie a mi condición de uni e si a io y i p o esado ame icanismo pod ían explica la elección, pues bien y al amen e ep esen ada que es á ya la ins i ución po homb es de Ja Uni e sidad y po p es igio- sos ame icanis as que han sido maes os ejempla es y más a de en- añables compañe os de claus o. Tu e siemp e a la Academia en la más al a conside ación y qui- zá po es a misma al u a en que la enía yo si uada, he i ido es- pe uosamen e dis anciado de ella has a el momen o en que se ne comunicó la buena nu e a de mi elección. A pa i de en onces, gocé del hono de asis i a las sesiones o dina ias y ha sido pa a mí una au én ica delicia compa i ac os ín imos sazonados con las p imi- cias de las in e enciones académicas y salpicados po la g a ísima 8 ALFREDO JIMENEZ NUÑEZ con e sac1on de sesudos e ingeniosos a ones de los que an o se ap ende solamen e co n sab e escucha . En es os iempos de p isa y múl iples ocupaciones, de muchedumb es y uidos, ha sido pa a mí una uel a a lo me jo del pasado y a las dimensiones humanas de la ida, el encuen o pe iódico en es e he moso e i o de Se illa, qu e si e pa a quienes lo ecuen an de alimen o del espí i u y e apia del cue po. Po deci lo de o a mane a, se me concedió en su día el p i ilegio de i i po den o una de esas ins i uciones de la c iudad de la que odos los se illanos ienen no icias pe o muy pocos c ono - cen. Si mi g a i ud a la Real Academia Se illana de Buenas Le as es g ande po in i a me a su seno, mi econocimien o es inmenso po la ind ul gencia que me pe mi e i i es e momen o con un e aso im - pe donable sob e la echa de elección. Sólo oy a ecu i a una a - zón que ni siquie a se a e e a se di sc ulp a, y es el sob ecogim ien o que me p oducen los ac os públicos y solemnes, especialmen e si me oca algún p o agonismo. Puedo asegu a que una pa e de la deuda co n aída con la Academia po la hon osa dis inción que me hace, la pago con el es ue zo que pa a mí supone desempeña hoy el pape l que co esponde a ese hono . ::::;:;,: La Academia i e po que se enue a, y en la sus i ución de unos miemb os po o os -seg ún Reglamen o y l ey e.le ida qu e, po lo mismo, ambién es de mue e- siemp e se iene a ocupa la acan e que deja a alg ui en que nos p ecedió en el ance inal. Ha que ido el Des i no que me co esponda llena el acío - in en o ano po mi pa e-de Al onso G osso Sánchez. Y lo que pudie a pa ece a i i- ciosa elación, no lo es en absolu o. Al onso G osso u e an e odo pin o , pe o su p esencia en la R ea l Academia Se illana de Bue na s Le as es u o más que jus i icada. En p ime luga , po que pa a o do e dade o hum an is a no hay on e as ni encasillamien os. El esc ibió con pincel algunas de las mejo es páginas de nues o a e en es e siglo. Al onso G osso supo pene a con su sensibilidad en los más ín imos i ncones de la Se i ll a más ocul a, y al desc ibimos con p osa de co lo es la g a nd eza y modes ia de los con en os de Se i ll a, ll eg ó no solamen e a los conocedo es del a e sino ambién al pueblo ll ano, incluidos los que ni siquie a sabían lee pe o en endie on pe ec a- men e el ex o esc i o sob e lienzo. El di sc u so de ing eso de Al onso G osso u o po í ulo «Gus a o Adol o Bécque , poe a y pin o », y DISCURSO DE INGRESO EN LA RE AL ACADEMIA 9 es e a gumen o enía a mos a la co njunción que en el académico se daba en e la s le as y las a es plás icas. Al onso G osso ue pa a mí -sin habe l e a ado pe sonalmen- e - un pe sonaje ami li a que hacía compa ible su condición de i- gu a señe a del mundo cul u al se illano con esa o a no a de popula- idad o conocimien o del pueblo que ado na a cie os pe sonajes de nues a sociedad. En es e pun o , debo co n esa que cuando andaba al ededo de los quince años mi aspi ación e a se pin o lo cual me lle aba a isi a con especial in e és las mues as de un a e que po aquellos años enía ya como g an maes o a Al onso G osso. Po se yo he mano de la co adía del Museo de sde que nací. pasé mu ch as ho as de mi ida en ese ozo de Se illa que o man la Capilla, el p opio Museo y la plaza. En ese ámbi o me encon é con ecuenc ia a Al onso G osso, quien supo co njuga pe ec amen e su a ea pic ó- ica con la ac i idad docen e y la espon sa bilidad de di ec o de nues o Museo. No me ex iendo más en es e ecue do sino que emi o a o os ex os sob e el ilus e académico cuya ida y ob a han lle ga do a se obje o de una esis de li ce ncia u a en nues a Uni e sidad. Y no h ay me jo compendio pa a calib a la alía de Al onso G osso que la in e ención de nues o académico José He nández Díaz en la sesión nec ológi ca dedicada en su momen o al g an a is a se illano. La «in ención» espaiiola de Amé ica No son pocos -y me emo que de aquí a 1992 se án más- lo s que ponen epa os an e la a i mación de que España, con es emba - caciones y un cen ena de ma ine os, de sc ub ió en 1492 el con inen e que llama nos Amé ica. No oy a a cae en la en ación de que e demos a Jo que es á egis ado en las p < g inas de Ja His o ia. Ni quie o me e me po los e icue os de la semán ica ya que las pala- b as son a eces como las ce ezas en cuan o que una i a de la o a -descub imien os, hallazgo, encuen o- y así se puede llega a cual- quie pa e , según el p opósi o que mue a a ca da uno; o puede uno en eda se anamen e en la s palab as. Quie o yo habla les de algunos de los mil y un descub imien- os -en e ellos los míos- que de s de 1492 se han hec ho de Amé- ica. Pue s cu an do un he cho se epi e po siglos y se hace uni e - sa l ya no es p i a i o de nadie; y Amé ica nos pe enece a odos los que la he mos in uido, amado y de sea do an es y después de conoce la y a pesa de conoce l a. Po que Amé ica, desde 1492, ha 10 AL FREDO JIMENEZ NUÑEZ sido pa a Jos que nacíamos en el Viejo Mundo, una ilusión y una espe anza, un p oyec o que algún día pod ía ealiza se, una a en- u a a co e , una opo unidad allá en el ondo del iempo y la dis ancia. Y nadie iene a gumen os, y menos de echo. pa a nega nos nues- os p opios descub imien os de Amé ica o p i a nos de la ilusión de que al o o lado del Océano es án las ie as que los españoles nom- b a on Indias y que po unos siglos encadila on ojos, caldea on co a- zones, aguza on alen os, alen a on emp esas económicas, eligiosas, in elec uales y cien í icas; a o men a on concienc ias y causa on no pocos des engaños en soldados. ailes y o os clé igos, colonos, un- ciona ios eales, muje es casadas y doncellas casade as que en opel enían a emba ca en Se illa o en Cádiz y ealizaban -si el u o del ma no lo impedía- su ín imo y pe sonal descub imien o de Amé- ica. Se ía cosa digna de e cómo po los caminos que pa ían de Can ab ia y As u ias, a a esaban Le ón y las Cas illa s o c uzaban Ex emadu a y, po in, pene aban en Andalucía pa a con e ge a o illas del Guadalqui i en Se illa o en la bahía de Cádiz, bajaban españoles y españolas a lomos de mula o a caballo, en ca e as o ca ozas y no pocos a pie. odos ellos con la men e pues a en el Nue o Mundo, con la ilusión p endida en unas Indias que habían islumb ado al escucha el ela o de un pa ien e o amigo que es aba de uel a o iba ele paso en e el pu e o y la co e, y había dejado empo almen e las ie as de ul ama pa a a ende algún negocio o p ocu a cie o de echo o me ced. La His o ia no ha conocido nada 'igual. Roma en ió sus legio- nes. El Islam azuzó con el doble lá igo de la e y la codicia los co celes que mon aban sus gue e os. De Ingla e a se desgaja on en p incipio unas cua n as amilias que se sen ían incómodas en su pa ia y ma cha on a Amé ica en busca de libe ad eligiosa ma - cando así el comienzo de una peculia colonización. La India, en singula , - la e dade a India que buscaba Colón po el A lán i- co- no pasó de se colonia de soldados y unciona ios b i ánicos. Aus alia ha cumplido en 1988 el segundo cen e na io del comienzo de su c oloni zació n eu opea, y el p og ama de ac os conmemo a i - os --cuyo máximo acon ecimien o ha sido una exposición in e na- ci< nal- no pudo ni in en ó ocul a que aquellas lejanas ie as iban a se i , p incipalmen e, pa a in e na a pelig osos delin cue n es y asesinos . Y no hablemos de la c ónica neg a del con inen e llamado DISCURSO DE INGR ESO EN LA REAL ACADEMIA 1 1 ---- -----·-- -- --- - - -- «neg o», po que la His o ia ya le ha dado un í ulo más que sig ni i- ca i o: «El epa o de A ica», cons umado en el siglo XIX y del que se han de i ado abe aciones geopolí icas y é nicas, males y iolencias que iñen con ojo de sang e la piel neg a de sus habi an- es indígenas. La His o ia no ha conocido nada ig ual a lo ocu ido en la Amé i- ca hispana. No en o aho a en la bondad o maldad de las pe sonas; ni siquie a en la iloso ía mo al o polí ica de las po encias colonizado- as. Sólo quie o esal a que España -además de descub i Amé i- ca-, in en ó Amé ica, imaginó Amé ica, la hizo se lo que es hoy; y desde un p incipio se Ja co n cí a Eu opa, al Viejo Mundo, en c ónicas o iciales y ca as ín imas, en hi s o ias y a ados e udi os, en ley en- das, mi os y ábulas, en plá icas de iejos indianos man enidas al calo de Ja lumb e ea i a da en aquel hoga que se dejó a ás, o a la somb a de los sopo ales de la plaza de un pueblo que se abandonó en edad moza. E a oda una nación la que i ía pendien e del Nue o Mudo. E a la Co ona de Cas illa, sob e odo, la que había apos ado po las u as y ie as a lán icas. E a oda un a sociedad la que mi aba al oes e dis- pues a con su cul u a a «Oc ciden aliza n --qu é cu iosa pa adoja- el más occiden al de los con inen es. Una España escasa en población se desang aba, pe o lo hacía a la mane a que la mad e pie de san g e en pleno alumb amien o. Las na es c uzaban en iaje de ida y uel a el Medi e án eo hispano y Ja gen e iba y enía de un mundo a o o sin sali de casa. Cada cua l iba a lo suyo y pa a much os -sin duda, la mayo ía- el obje i o e a «hace las Amé icas» en bene icio p opio, sin da se cuen a apenas de que ambién es aban cons uyendo Amé ica. P e o una cosa son los indi iduos y o a la sociedad. Una cosa es la ex - ensión de una ida hum ana y o a muy dis in a la ob a secula de la His o ia. Y así, en emezclados los al os ideales y los pe sonal es in e eses, Jos sac i icios y los abusos, la gl o ia y Ja mise ia, Ja en ega gene osa y Ja ambición sin lími e, la poli iquilla, el nepo i s- mo y la al a pol ica de Es ado, la espa da y la c uz, la udeza d el lab iego y la cla i idencia d el sabio, se hizo Amé ica, se le an ó una ci ilización sob e uinas pe o ambién sob e escoldos y aíc es i as de o as ci i liza ciones. Y ellos y ellas, los homb es de acá y las muje es de allá, en iquecie on el pano ama de Ja humanidad con la igu a del mes izo ame ican o. La his o ia, cie amen e, no ha co- nocido nada igual. 12 ALFREDO JJMF::NEZ NUÑEZ Ce an es y las llldias No odos ie on cumplido su deseo de pasa a las Indias, su espe - anza de log a allá lo que aquí no encon aban. No ha habido más ilus e acasado en es a ieb e española de se a e y pa e e.l e Ja emp esa indiana que el ingenioso hic.lalgo don Miguel de Ce an es. Como an os españoles de su época, enía no icias de lo que ocu ía en las Indias y cuando p e ende un empico no lo hace a ciegas sino que sugie e al Consejo de Indias uno e.le cua o o icios que a la sazó n es aban acos « ... que con cualquie a de es os o icios que V.M. le haga me ced la ecibi á po que es homb e hábil y su icien e y bene- mé i o ... » La espues a bu oc á ica no pudo se más ía y lacónica « Busque po acá en qué se le haga me ced. En Mad id a 6 de junio de 1590». El au o que, co no pocos en la his o ia uni e sal, nos ha b inda- do con su pluma un p o undo descub imien o del alma y de la na u- aleza del homb e, no pudo ealiza su p opio descub imien o de Amé- ica. Ce an es no pudo emba ca en la que e a pue o y pue a de las indias y u o que con o ma se con inmo aliza algunas escenas de la Se illa bulliciosa y píca a del Siglo de O o o esc ibi la ida del ingenioso hidalgo don Quijo e de la Mancha. En e dad, Ce an es no u o que emba ca pa a con ibui con su ingenio a la hi spaniza- ción del Nue o Mundo que se pobló -¡.cómo no?- de Quijo es y Sanchos; de conquis ado es que soña on con Dulcineas que nun ca c uza on el océano y cuyos encan os y a ibu os ísicos ue on enca - nados, sin o o emedio, po udas y u gen es indias. También pasa- on a las Indias cu as y ba be os. ma ine os y galeo es que abandona- ban el ba co en el p ime pue o pa a sen i se lib es an e ho izon es in ini os; asimismo. ma cha on hacendosas amas, disc e as sob inas y o os pa ien es y deudos que o maban en l os séqui os de unciona- ios; í ulos que iban a desempeña al os ca gos y a ocupa sus idas con Jos asun os de gobie no y en ies as donde no al a ían in elices con e idos en bu ones que po unos momen os cabalga í an asomb a- dos sob e Cla ideños de po en osas acul ades. Dijo no hace mucho Oc a io Paz, aquí en e noso os, que «Amé- ica empieza en Se illa». F ase he mosa y, además, cie a. Si acep a- mos que el ma no es de nadie, po que es de odo s, es ácil acep a ambién que a pa i de 1492 Amé i ca es una p olongación de Espa- ña, pues en el siglo XVI se une a noso os po ese hilo de agua que es el Guadalqui i . que en Sanlúca no se pa a en ba as y se me e en el océano pa a lle a nos, con la habi ual escala en las Cana ias, has a DISCURSO DE INGRESO EN LA REAL ACADEMIA Nue a España, Cas illa del O o. Nue a Andalucía. Nue a G anada, Nue o San ande , Nue a Galicia, Nue a Viz caya ... Todo es nue o y odo es iejo pa a lo s p ime os descub ido es de Amé ica. Viejo po que la nos algia, el o gullo. la ilusión o el emo al des ino incie o hacen que la imagen amilia de lo que se dejó a ás se sob eponga a la imagen nue a que se iene an e Jos ojos. Y como la sabana de Bogo á hace eco da al descub ido la ega que se ex iende al pie de la Sie a Ne ada, llama a la ie a «Nue a G a- nada >>. O cuando los españoles epa a on en el amaño y g andiosi- dad de México, no encuen an mejo nomb e pa a aquellos e i o ios que el de «Nue a España». Y cuando la plan a es ecunda y del onco nacen amas y las amas se hacen onco, los descub ido es que empujan hacia el no e la on e a de México bau izan las emo- as ie as donde nace el Río G ande - Guad -el-Ke i de las Amé i- cas- con el í ulo de «Nue o México»: son los p ime os e oños de una mad e pa ia que p on o se hace abuela. Mis emp anos de scub imien os de Amé ica Como odos los niños a es e lado del A lán ico. yo descub í Amé- ica po p ime a ez en los lib os de la escuela. En l os cu sos inales del bachille a o ya es aba ocado g a e y de ini i amen e po el mal o el bien de lo ame icano. Cie os lib os me con agia on su pasión po la epopeya de los españoles en el Nue o Mundo, y con en ega de adolescen e dí con mi pasión y mis huesos en un edi icio que en la calle Al onso XII de Se illa albe gaba un cen o ame icanis a. Allí inicia ía aiios más a de la especialidad de His o ia de Amé ica cuyos es udios inalicé en lo que hoy conocemos como «an igua Fáb i ca de Tabacos». que po unos años compa imos con las úl imas «Cá me- nes» o ciga e as y con cie as máquinas y labo es que desp endían un pol o de abaco que, as lo a pe ezoso en el ai e de los pa ios in e io es, se colaba en la biblio eca de la Facul ad de Le as. se po- saba sob e mesas y lib os y p o ocaba en chicos y chicas el mismo e ocilan e es o nudo que los empeluca do s caballe os del siglo XVIII buscaban con uición en el apé, en onces de moda, que había eni- do poco an es de las Indias. Me llegó po in el día de emba ca pa a Amé ica y i i mi p ime descub imien o. Mi na e e a un a ión oda ía de hélice. con o ma elegan e como de pez más que de pája o. Mi p ime des ino e a Nue a Yo k y mi escala ue San a Ma ía de las Azo- es. Todo muy dis in o al p ime iaje co lombino de dos ca abelas 14 ALFREDO JIMENEZ NUÑEZ y una nao, escala en las Cana ias y umbo a la i udes opicales. Pe o mi emoción y es emecimien o no desme ecían de los que debie on sen i los miles de pasaje os a Indias que du an e siglos habían i ido la a en u a de a iba po ez p ime a a ie as ame- icanas. Mien as sob e olábamos en los albo es del día los cielos g ises de un Nue a Yo k en o oño, anhelaba yo el momen o de pisa la ie a an o iempo imaginada. Pe o la p osaica ealidad se impuso a la imagen idealizada y al descende del a ión no pisé ie a sino cemen o encha cado po agua de llu ia enneg ecida con manchas de acei e: e a un signo del iun o de la ci ilización in- dus ial sob e unos paisajes que habían ya pe dido su i ginidad o es ado de na u aleza. El poe a debió sen i algo semejan e a mi pasaje a desilusión y, desde luego, supo exp esa mejo que yo su isión de una «au o a» en Nue a Yo k, allá po los años ein a. Así dicen los e sos de Lo ca: La au o a de Nue a Yo k iene cua o columnas de cieno y un hu acán de neg as palomas que chapo ean las aguas pod idas. La au o a de Nue a Yo k gime po las inmensas escale as buscando en e las a is as na dos de angus ia dibujada. La au o a llega y nadie la ecibe en su boca po que allí no hay mañana ni espe anza posible. A eces las monedas en enjamb es u iosos alad an y de o an abandonados niños. Los p ime os que salen comp enden con sus huesos que no hab á pa aíso ni amo es deshojados; saben que an al cieno de núme os y leyes, a los juegos sin a e, a sudo es sin u o. La luz es sepul ada po cadenas y uidos en impúdico e o de ciencia sin aíces. Po los ba ios hay gen es que acilan insomnes como ecién salidas de un nau agio de sang e. DISCURSO DE INGRESO EN L i REAL ACADEMIA 15 Es a imagen lo c.¡u iana no es más que una de las mil ca as de las Amé icas. Las hay oda ía más is es, más d amá icas, más inhuma- nas. especialmen e en las u bes que c ecen como cánce en lbe o- amé ica. Pe o el Nue o Mundo oda ía es en buena pa e un con i- nen l! jo en y al na u al, co n ilos de sie as no desden adas po el iempo geo lógico; con íos que son ma es de agua dulce; con sel as que si en de pulmón al mundo; con a esu as elú icas, p opias de un plane a adolescen e, que ompen en e upciones olcánicas o es e- mecen la co eza de la ie a con pa o osas sacudidas; con ma es opicales que engend an hu acanes y o nados que odo lo as o nan a su paso como mano azos de un niño g ande en casa de muñecas. Amé ica es ambién la se enidad de la p ade a; la soledad y la calma de la pampa: la cálida exul ación de las islas ca ibeñas: el ai e límpido y esco del al iplano; el húmedo y umo oso ambien e de los g andes bosques y lagos; el silencio sob ecogedo de la puna y la blancu a cegado a de los ne ados andinos. Es a Amé ica g andiosa, a ia y ex ema: sobe bia y modes a a un iempo; es a Amé i ca apa- bullan e y ímida: escandalosamen e é il y ica o desolada y pob e como la he mana Luna, es la Amé ica mil eces descubie a y mil y mil eces po descub i . P ime os «descub ido es» de Amé ica La Amé ica que du an e millones de años ue i gen e in ocada, genesíaca como salida de las manos del C eado , ue po p ime a ez hollada po la plan a del homb e hace cua en a o cincuen a milenios, al ez más. Aquellos nómadas del no es e asiá ico, que pene a on en Amé ica sin sabe lo, son los p ime os des nb ido es, los p o ago- nis as de un suceso pu amen e geog á ico e inconscien e. ¡,Y quién niega es e hecho a los que se empeñan en discu i y p o oca pa a nega o ensomb ece el descub imien o colombino y español? Aquellas bandas de nómadas «descub ie on» -si así podemos ca- li i ca l o- un con i11e11 e. una ie a acía de ida humana. España descub e en 1492 el umb al de un 1111111do de cuya na u aleza y ge n es se da inmedia amen e cuen a y azón al es o de Eu opa. Y co n iene sub aya la di e encia en e descub i ie a y des- cub i un m1111do. Po que lo p ime o es pu a na u al eza cuya ex- plo ación, acciden al e inconscien e o he c ha ad ede, no supone más que ag anda el espacio ísico, p olon ga el escena io na u al del homb e, que no es poca cosa. Mien as que el iaje de 1492 y los 22 ALFREDO JJMENEZ NU ÑEZ B asil B asil exige su p opio descub imien o no an o po su ascenden- cia po uguesa - al in y al cabo ibé i ca- sino po su p opia y co m- pleja na u aleza. No he is o una mezcla más asomb osa. más ex emosamen e be- lla de la na u aleza y la ob a del homb e, que la isión desde el ai e de la Bahía de Río de Janei o. Azul de las aguas, celes e de los c ie - los, e do de ce os y colina s, o o cla o de las playas, mansas bahías de Río de Janei o, el Pan de Azúca , los b azos siemp e abie os del Co co ado, la ilig ana de su aza u bana ... ele an la es é ica y la a monía a unos ni eles en que odo pa ece i eal en cuan o que no es posible ni ácil de acep a que pu eda da se an p odigiosa combina- ción de elemen os. Vol emos a descub i en las ca ll es de Río el gus o po el paseo y la cha la; la con emp la ción, que hoy se cali ica ía de machis a, que lo s homb es apoyados en una esquina bien si uada o a la pue a de un ba dedican al paso de la muje , de la hemb a casi en abs ac o; o como se decía en cas izo y pueble ino cas ellano, del «muje ío». Ve - las eni , sen i las ce ca po unos segundos y deja las pasa en un i o cien eces epe ido al día du an e el cual la muje se sien e co n- emplada y deseada sin que pueda o no quie a hace nada po e i a - l o. ¡La ida en la ca lle! El encuen o inespe ado e in e minable so b e la ac e a; el copeo en un es abl ec imien o desde donde se e lo que pa sa ue a; los jue gos in an iles en l as plazas; los a umacos o la s dispu as de los enamo ados en un banco de un pa seo; los co os don- de se habla y discu e de odo como en pequeñas ágo as; los iejos al so l o al esco. según época y ho a. Todo ello es pa e esencial del g an espec áculo de muchas ciudades que ienen algo en común a pe sa de l a-; dis ancias y de los ma ices. Si en al gún caso es ap opiado el cali ica i o de «la ino» pa a aba - ca a oda la población de Ib e oamé ica y conec a la con una pa e de la ieja Eu op a, yo c eo que es en la he encia de unos modos de i da colec i os que i enen po escena io la ciudad en sus calles y plazas. Pa a mí que el pun o común, la esencia la ina o medi e ánea de Ibe oamé ica es án en la gen e que se comunica, se di ie e, se ama o se despe ll eja en pl e na calle o plaza. Aquí es donde yo descub o ese as ondo posiblemen e omano - al ez más an iguo, helénico- qu e sigue i o en ciudades como Nápoles o Se illa y se aspla n ó ha ce siglos a La Habana o Río de Janei o. DISCURSO DE INGRESO EN LA REAL ACADEMIA 23 Descub í B asilia cuando es aba ecién hecha, cosa que ocu ió a an os españoles del siglo XVI que llegaban a las Indias y es enaban ciudad como quien hoy es ena «u banización» o «polígono ». B asi- lia ue una ciudad imaginada en es udios de a qui ec os que no u i e- on en cuen a la sabias ins ucciones que la co ona de España p o- mulgó en el siglo XVI pa a la co ec a y humana undación de ciuda- des. B asilia es o a ca a y o o a án de B asil: pobla el in e io , ebasa la colonización enicia y cos e a que los po ugueses hi cie on de su impe io. B asilia es un espec áculo, un enómeno digno de e pa a después ma cha se; un expe imen o a con ape lo de lo que iene adición y igo en una cul u a. Pe o B asil -que en el mapa es como el g an ien e de Amé ica del Su - p esen a con as es más agudos y asomb osos. Si Río y B asilia son an di e en es en e sí, ¿qué ienen en común la ciudad de Sal ado , en el es ado de Bahía, y la sel a amazónica? Sal ado es mula a; es cos e a y mi a po igual a Eu opa y A i- ca. Me queda en el ecue do la imagen supe icialmen e aleg e de una ciudad que i e y espi a en los pulmones de sus calles y plazas. Me quedan ambién la pena y la abia de habe descubie o, en un paseo noc u no en compañía del g an in elec ual Thales de Aze edo, unas escenas que hoy ya se an haciendo más ce canas a noso os y an ecuen es en las páginas de la p ensa que no s dejan insensibles. Paseando en la penumb a po cie as ca lles de Sal ado ad e í que a la pue a de algunas casas había una mula i a, poco más que una niña, apoyada en el quicio, sola y expec an e, que nos mi aba co n ojos que más que una inci ación e an un e ible in e ogan e: «¿Po qué?, ¿Po qué yo?» Mi acompañan e espondió lacónicamen e a mi muda p egun a: «P os i ución in an il. Sus pad es es án al ondo de la casa en espe a de clien es. Es un medio más de ida pa a mu- chas de es as gen es». ¡Qué is e descub i es a Amé ica que exis e de no e a su del doble con inen e y que no espe a on e as de azas ni lenguas! ¡Qué doble bocanada de ai e esco supone llega en un a ión mili a al co azón de la sel a amazónica, a dos mil kilóme os de la cos a del B asil, y descub i una Amé ica p e co lombina de indios que se ace can ímidos al a ión que muy de a de en a de se posa en una anja de ie1 n ganada a la sel a! Si el «buen sal aje» que imaginaba Rousseau exis e, es á aquí en la cabece a del ío Xingú, a luen e del Amazonas. Desnudos, con el cue po pin ado de una espesa capa oja que les p o e- ge de los insec os; dedicados al cul i o de la yuca que es su pan ele 24 ALFREDO JIMENEZ NUÑEZ - -- · ---- - cada día; a mados de a cos y l echas pa a caza pája os y monos que son su dic a de ca ne; sanos y ue es; p uden es y obse ado es 1os homb es; ímidas y eca adas las muje es, aunque mues en lo que no- so os llamamos « e güenzas) >, quizás po la al a que su imos de las mismas; son ien es y un an o asus ados los niños; pací icos odos ... He mosa y desconce an e escena pues en ella no han i umpido oda ía la iolencia, el alcohol y la d oga, la apiña que alo a má s los ecu sos na u ales que al p opio homb e. Po que, a di e encia de la du a ida del campesino y de la ágica si uación del emig an e a la g an ciudad, es os indios del Neolí ico, de ida simple y eleme n al, no conocen oda ía la mise ia, que no es una o ma de i i na u al sino una c eación del p opio h om b e, una consecuencia de la injus i- cia social y de la a a icia. No es posible habla con los indios, con los «na u ales», como acos- umb aban a llama los los españoles del siglo XVI. No conocen el po - ugu és ni más lengua que la suya p opia. No es posible me cadea con ellos po que no conocen el dine o. Es án dispues os al ueque, pe o no amos p epa ados pa a consegui una hamaca de inísima y esis e n e ib a, un a co y una lecha con pun a de made a endu ecida al uego, o una osca asija de ba o. Un solo obje o pa eció alioso a uno de aquellos indios que acep ó sa is echo una pequeña lin e na. Aquella noche la pasó me odeando en e noso os y su choza mien as ilumina- ba ascinado cada palmo de i e a y se ma a illaba de e en plena noche los ma o ales y las mad igue as. An es del amanece había ago- ado la ba e ía y había descubie o con pesa que la magia del homb e blanco no e a du ade a; no an o como el uego de leña pe manen e- men e encendido en el in e io de su g an choza. Es ados U nid os En No eamé ica es án lo s Es ados Unidos. ·La a i mación no es edundan e ni g a ui a, pues México ambién es pa e del Hemis e io no e a pesa del común e o de di idi a oda la población de a ll en- de el A lán ico en «no eame icanos» y «sudame icanos». Decía que en Amé ica del No e es án los Es ados Unidos; y ambién Canadá. Ambos son giga n es po su amaño; el p ime o lo es, además, po su población -unos 250 millones de habi an es- y po su pode eco - nómico, mili a y polí ico, que unas cosas son consecuencia de o as. También po su igo cul u al, aunque no gus e o no se quie a eco- noce desde pos u as absu damen e o gullosas o desde un cho inismo de escala eu opea. DISCURSO DE INGRESO EN LA REAL ACADEMIA 25 ---- - ---- - -- - -- ··-· - - --- -- Es ecuen e menosp ecia des de Eu opa a Es ados Unidos con la a ümación de que la mayo pai1e de sus g andes igu as nacie on en el Viejo Mundo. Pa a mí es e h ec ho es el mayo elogio que se puede hace de una sociedad donde an os eu opeos -d ejados i po la ne- gligencia o la en idia-han lo g ado hace su p opio descub imien o de Amé ica y han encon ado allá el país de la opo unidad pa a ea- liza y da a conoce uni e salmen e su ob a. Desde la época casi a esanal de las ciencias de p inc ipi os de siglo -q ue pe mi ió al ge- nio de Ramón y Cajal ob ene en J 906 el p emio Nobel de Medicina sin apenas medios ni comp ensión- no hemos enido en ochen a años más que o o p emio Nobel en los cam p os de la cienci a. No nos dejemos, pues, lle a po la indignación -que mejo se ía se n i nos o cados po la culpa-cuando Se e o Ochoa apa ece en l as elacio- nes de p emio Nobel clasi icado como no eame icano. Ni p e enda- mos la a esa culpa col ec i a, nacional, con la alacia de que un ce- eb o ha sido « ecupe ado », cuando, en e dad, a su eg eso ya había exp imido su sabe en labo a o ios ame icanos. No nos dejemos lle a po la pa io e ía o el complejo de supe i o- idad de se eu opeos cuando los m é i os no hay que p esumi los sino demos a los. No nos engañemos. Nue a Yo k es capi al econó- mica y i nancie a del mundo, pe o amb ién es su capi al cul u al. Chicago no es la ciudad pelig osa de los «gans e s», ni la me ópoli za ia y uda del com e cio de ganado y g ano. Al menos no es sola- men e eso, po que Chicago es un núcleo académico y uni e si a io de p ime a magni ud y su ida a ís ica y cul u al es pujan e a a és de sus mu seos y undaciones. Yo descub í en Chicago, como es u- d ia n e, una uni e sidad de p ime í si mo o d en en cuyo campus e a ácil c uza se con un p emio Nobel o escucha a Camilo José Cela - a quien nunca he is o po Se illa-una con e encia sob e es igu as de la «Gene ación del 98»; po no habla de bib li o ecas de millones de olúmenes donde es más asequible es udia la mís ica española, la «Gene ación del 27» o la his o ia c is iano-musulmana de la Península que en cualqui e biblio eca española. Es cie o, y ello hon a a la ieja España, que l as Uni e sidades de México y Lima se unda on años an es que la p ime a uni e sidad de lo que hoy son los Es ados Unidos. Pe o no es menos cie o que en un acimo de uni e s id ades de Nue a Ingla e a, en Chicago, Ca li o - nia y alguna o a pa e del país se encuen a hoy la angua dia mun- dial del conocimien o cien í ico, del pensamien o ilosó ico, socioló- gico y an opológico. Y lo que es más desconce an e, de Ja c eación 26 ALFREDO JIME NEZ NUÑEZ li e a ia y a ís ica. Reco demos una ecien e anécdo a: cuando el mexi - cano Ca los Fuen es ecibió la llamada ele ónica pa a anuncia le que se le había concedido el p emio Ce an es de las Le as Españolas no es aba en Alcalá de Hena es, en Salamanca ni ampoco en México. Es aba dando clase sob e el Quijo e en la Uni e si dad de Ha a d donde, según pa ece, no sólo se o man los ce eb os de la emp esa y la polí ica de los Es ados Unidos sino que ambién ienen iempo y medios pa a ocupa se de Ce an es. No puede so p ende que los hispanoame i ca nos se lancen cada día más al descub imien o de la Amé ica anglosajona pa a o ma se cien í icamen e en sus uni e sidades, cosa bi en na u al; y pa a cono- ce mejo su p opia his o ia, cosa ya no an na u al. Mien as an o, muchos igno an a las uni e sidades españolas, sal o que engan a ecibi algún p emio ganado lejos de noso os. La si uación es an absu da y lamen able como pa a habe con e ido a la s uni e sidades de F ancia, In gla e a y Alemania en compe ido as con en aja de la Uni e sidad española en lo que ya se llaman co ien emen e «es u- dios la inoame icanos ». Si en Es ados Unidos saben muy poco de noso o s, ambién Espa- ña ha igno ado la ealidad hispana de los Es ados Unidos. La polí ica ame icanis a de España de co e o icial -l a que se inicia después de la gue a ci il y casi llega a nues os días- ha ac uado bajo el o pe p incipio de que la Amé ica española e minaba po el no e en la on e a mexicana. Hace poco más de ein e años, no exis ía en los Es ados Unidos un « enómeno hispano >>, en é minos cul u ales y polí icos. Había so - lamen e unas mino ías de habla española que mal i ían disc imina- das e incomunicadas en e sí en el Su oes e, Texas, s u de Flo ida, Nue a Yo k ... El aumen o de es a población -muy supe io en su índice a la media nacional-, más la c ecien e y cada día más di e - si icada inmig ación de gen es de habla española, han p o ocado un enómeno de ace as no solamen e sociales y cul u ales sino econó- mi cas y polí icas. Los anglos de Es ados Unidos acaban de descub i -¿ cuándo lo ha á España?- que los hispanos son ya bas an e más de ein e milJones y que en muy pocos añ os se án la mino ía má s g ande del país, po encima de la población neg a. Un descub imien o ame icano de es e inal de siglo es que los Es ados Unidos de Amé ica del No e, la nación cuya mayo ía se había clasi icado de siemp e como «blanca, anglosajona y p o es an- e», es hoy la quin a nación hispana del mundo. No es á lejos el año DISCURSO DE INGRESO EN LA REAL ACADEMIA 27 en que hab á más hispanohablan es en lo s Es ados Unidos que en España, pues ellos c ecen mien as noso os nos escaneamos demo- g á icamen e y, pa a colmo, el cas e ll ano comienza a ene en 'algu- nas egiones de España un ango y una conside ación que no necesi- an aquí de cali icación explíci a. Dos he manas que poco se pa e ce n: México y A gen ina He dejado pa a el inal de es as andanzas p opias y ajenas po l as Amé icas, mis comen a ios a los dos países hispanoame icanos m ás ex ensos po su geog a ía y de mayo población: México y A gen i- na. Son dos he manas qu e se pa ecen muy poco, aún den o del ai e de amilia que une a odas las epúblicas hi spanoame icanas. A pesa de las di e encias no ables -y es e hecho es pm· c del enómeno com- plejo y iquísimo del mu nd o hispáni co- yo me he sen ido más en casa en cualquie a de es os dos países que en ningún o o de los países ame icanos que conozco. *** El mexicano de ciudad que uno encuen a nonn ahnen e me esul- a ex ao dina iamen e a ín en cuan o a su ac i ud an e la id a, su sen ido del humo , la ma ni es ación de sus alo es eligiosos, su ácil sociabilidad. Sé que es o es simpli ica mucho y puede que pelig o- samen e. Es án, además, los g upos indígenas o los nume osos mes i- zos que se inclinan más en la di ección de sus aíces indias que no españolas. Es oy hablando del ciudadano medio y del es e eo ipo que poseemos y que an as eces nos hace e la s cosas com o pa ecen y no como son. Pe o es lo cie o que se p oduce una ácil co muni ca - ción en e españoles y mexicanos, una coincidencia de gus os y de a icciones - al ez más cie as y e iden es con la España del su -, que pueden en e su más cla a mani es ación en hechos ópicos y ípicos co mo el olklo e, el ma chismo y el concep o gené i co de la amilia, la eligiosidad popu la , la de oción ma iana, el a o con la mue e, las co idas de o os. La ciudad de M éx ico, co n su á ea me opoli ana, es mo s uosa- men e g ande sin que nadie pu eda asegu a si i ene ece, quince o dieciocho millones de habi an es. Es igual; cualqui e ci a, po al a que se a, la hace e dad el ápi do paso del iempo. Es ab ig a ada y desigual po que en sus calles, a enidas, pa ques, colonias y a a bal es uno puede e oda la ga ma del México plu ié ni co y oda la escala social desde la mise ia in ahumana al lujo insul a n e. Qu eda muy 28 ALFREDO JI MENEZ NUÑEZ poco del espléndido México de la colonia, o al menos, es os es os se achican y como se esconden an e el emendo c ecimien o huma no y espacial, an e las mode nas edi icaciones, las kilomé icas a enidas, el in e nal á ico que con amina lo que debie a se el esco y pu o ai e de un al iplano a 2.000 me os sob e el ma . Es a es quizás la p ime a imp esión desilusionan e del descub imien o de la ciudad de México. Después, uno encuen a luga es como la Plaza de las T es Cu l u as donde con luyen es igios exca ados del pe íodo p ehispá- nico, la iglesia colo ni al y la mode na a qui ec u a. Aunque no hay nada com o El Zócalo, la inmensa Plaza Mayo de la ciudad de México, que puede i aliza con en aja con la de Mad id y la de Salamanca. El Zócalo es un oasis de se enidad, de ela i a calma, de equilib io y p opo ción, desde cuyo cen o uno puede con empla , al gi a sob e sí mismo, la Ca ed al y su capilla del Sag a io, el Palacio del Gobie no y o os edi icios de excelen es aza y ac u a colonial que dan al inmenso ec ángulo del Zócalo odo el sen ido de la adición española de la «plaza mayo », a un- que a escala p opia de la que ue capi al del Vi eina o de la Nue a España. Más de una ez me he alojado en un ho el en la calle de F ancis- co Made o, y después de un día aje eado; a o men ado po los ui - dos, ma eado po la muchedumb e y la iada de ehículos, me he ido a pie, ya en plena noche, has a la ce cana plaza del Zócalo pa a go- za de su is a, pa a ensancha el espí i u y la memo ia sob e unos me os cuad os de ie a que han concen ado du an e siglos y s in in e upción el pode y la glo ia de México. Allí en el Zócalo, al lado de la ca ed al, que es una de las más g andes de la C is iandad, es án las uinas de lo que ue el Templo Mayo de los az ecas, que an o admi a on He nán Co és y Be nal Díaz del Cas illo al descub i una ciudad que les de jó pe plejos, ab umados. La ciudad de México es hoy un e nómeno digno de la a ención de las ciencias sociales. La ciudad de Méxi co es la u be de mayo índice de c ecimien o en el mundo, y si en o as épocas el amaño ísico y la población de una ciudad e an signos de su pode y iqueza, hoy sabemos que el cance oso desa ollo de algunas ciudades es una ca- ac e ís ica del subdesa ollo, de la dependencia y, gene almen e, de la especulación y la co upción. Si no se pone emedio -y ya es muy a de-México es á condenada a se a ines de es e siglo la u be más populosa del mundo, con más de ein a millones de habi- an es en su á ea me opoli ana; casi la población de España, oda la DISCURSO DE INGRESO EN LA REAL ACADEMIA 29 ·--- -----· ---- población de A gen ina o de Canadá me ida en un alle, en una cuenca, donde llega án a al a li e almen e el agua y el ai e espi able. * * * Buenos Ai es es o o gigan e u bano pe o muy dis in o de la ciu- dad de México. po que epi o que A gen ina y México son dos he - manas que poco se pa ecen. Buenos Ai es es jo en, undada de la nada po lo s españoles. El e i o io a gen ino no ue i eina o has a muy a anzado el siglo XVIll, mien as México ue i eina o a po - cos años de su conquis a. A gen ina es en g an pa e p oduc o de las mig acio ne s eu opeas de los dos úl imos siglos, y Buenos Ai es ue el pue o de en ada y el luga de asen amien o de la mayo pa e de es a mig ación. A gen ina c ece a i mo len o, más p opio de Eu opa Cen al que de las Amé icas. Toda ía no ha alcanzado su población los ein a millones, y casi Ja mi ad i e en el g an Buenos Ai es, que es como la g an cabeza de un cue po apenas desa ollado. Si la ciudad de México es, al menos en apa iencia, cas izamen e espa- ñola, Buenos Ai es es una ciudad apa en emen e eu opea. T as doce ho- as. si el uelo es di ec o desde Mad id a Buenos Ai es, el iaje o descu- b e una ciudad en la i ud mu y eu opea -aunque a la in e sa en cu an o a e ano e in ie n o- en e a Ja casi cons an e opical de an as ciudades ibe oame icanas. Ciudad cos e a, llana, azada en e ícula, esplendo osa en un siglo muy p óximo a nues o iempo, nos ecue da en su u banismo una Ba celona mul iplicada po cua o. Su ex enso come cio, sus ca ll es ans e sales a las g a nd es a enida s, sus nume osos kioscos de p ensa; su in ensa ida ea al; la aleg ía y la b oma, a eces exage ada, de sus gen es que llenan ace as y calles pea onales, ambién nos ecue dan Ma- d id. Y lo mismo debió ocu i a an os a gen inos, a an os po eños, que i ni e on a España años a ás, o zados po las ci cuns ancias sociopolí i- cas, y encon aban en Ja capi al del Reino la mejo éplica posible de su «Buenos Ai es que ido», po deci lo con acen o de ango. Re lexiones inales Llegamos al inal de un camino en que nos hemos demo ado más de la cuen a a pesa de habe lo eco ido a g andes zancadas. Es momen o de unas e lexiones inales que conjuguen ace as di e sas de una ealidad indi isible: España, Amé ica, el ce cano cen ena io, Se illa, el u u o ... He que ido esboza un cuad o que mos ase la ex ensión y p o un- didad de la huella de España en Amé ica y el d ama y la complejidad 30 ALFREDO TIMENEZ NUÑEZ de un mundo sob e el que enemos una g ande e insoslayable espo n- sabilidad an e la His o ia. Es amos a pun o de culmina cinco sig los de p esencia y ob a de España en el Nue o Mundo, y las íspe as so - p enden a muchos mal p epa ados y sin en usiasmo. Quedan a ás años p e ciosos que debie on ap o ec ha se mejo en la a ea de in e - p e a la his o ia y conoce el p esen e de Amé ica con la pa simonia y los m ed ios que son p opios de los g andes p oyec os académicos bien concebidos y mejo ejecu ado s. Los ame icanis as españoles he- mos abajado en es os años como siemp e: con mucha olun ad, es - casos ecu sos y poca coo dinación a la al u a de las ci cuns a ncias. Pa a es a a ea habi ual no e a necesa io espe a ni i i la ex ao di - na ia expe iencia del cumplimien o de medio milenio. De sp ués de cinco siglos de andadu a his ó ica, bas an es españo - les caminan encogidos y como a e gonzados po que unos cuan os - que g i an y pa ecen muchos- acusan, se asgan las es idu as, se- ñalan a España con el dedo, u ilizan da os alsos o incomple os, y esg imen a gumen os alaces pa a juzga una ob a de o os siglos con c i e ios y códigos de hoy. El mundo iene casi ol idados -y es o es bueno si despeja el ca- mino de la econciliación- los ho o es de la segunda gue a mundial con sus campos de concen ación y ex e minio, la ma anza a ómica, las pu gas polí icas con millones de íc imas, las expe iencias impe ialis- as que siguie on a la llamada «paz» y a olla on a an os g upos é ni- cos sin espe o ni ole ancia a lengua, eligión y cul u a. Y es o ha ocu ido no cinco siglos a ás sino aye ; oda ía ocu e hoy. F ancia celeb ó hace un siglo con una Exposición Uni e sal el p ime cen e na- io de una Re olución que ue an ica en buenas in enciones como abundan e en sang e que cho eaba de un a ilugio que debe su nomb e al doc o Guillo in. F ancia uel e a celeb a en 1989 con un esp léndi - do y en idiable p og ama de ac os cul u ales, el segundo cen ena io de esa misma Re olución. ¿Qué ha ía F ancia en 1992 si pudie a mos a - se an e el mundo del b azo de una ein ena de naciones ame icanas que habla an su lengua y compa ie an su cul u a? Y no pocos españoles, me idos en casa, ibios, escép icos, p uden- es, y muchos con sen imien os de culpa, po que en un mismo año, hace cinco siglos, culminam os la econquis a de un e i o io que ha - bía sido in adido po la ue za y, meses después, des elábamos un Mundo que e a nue o pa a Eu opa. Y aún pues os a juzga el pasado, nadie puede culpa a nues a ge ne- ación de e1 n es y abusos de o os siglos. Nadie nos puede p i a de Ja DISCURSO DE INGRESO EN LA REAL ACADEMlA 31 conmemo ación de medio milenio de his o ia en común con las Amé i- cas. Nues as únicas esponsabilidades son las de hoy y las del u u o que engend emos. Nues m gene ación iene el debe de e -descub1i Amé ica; de sali al encuen o de nues as hennanas; de ende la mano a los pue- blos que nos necesi an, po que su independencia de España no signi icó apenas libe ación, y algunos son hoy menos lib es que nunca ya que i en a apados po pode es polí icos y ue zas económicas su iles y de- g adan es como no lo ue la adminis ación española. Pueden pensa algunos que la Academia y un discu so de ing eso no son el luga ni el momen o pa a es as e lexiones. C eo, sin em- ba go, que la Academia sólo iene sen ido y azón de pe i encia si es iel a su iempo, que es cons an emen e nue o y a iable. La Aca- demia de Buena s Le as, que debe se lo ambién de buenas ob as; la Uni e sidad y o as ins i uciones se illanas, y odos los sec o es de nues a sociedad, ienen un com p omiso pa a el 92 co n aído con Es- paña y la comu nidad in e nacional. Se illa ol e á a se en 1992 capi al uni e sal, pue o y pue a no sólo de las Indias si no del mun- do . Vi imos íspe as que deben es a plena s de a anes e ilusiones. de abajo común, de p oyec os qu e ayan más allá de 1992. No pode- mos cambia ni epe i la His o ia, pe o sí podemos y debemos ima- gina y cons ui pa a la His o ia. Qu ie o e mina con una idea y una suge encia. La Se illa e e na, capaz de asimila cul u as y adap a se a cada iempo sin aiciona se, iene an e sí la opo unidad y la exigencia de ol e a se la ciudad más ame icana de Eu opa y oco que ilumine y libe e de somb as e igno ancias mu uas. Si 1492 ma có el comienzo de un descub imien- o, 1992 debe se la ocasión pa a plan ea nos el edescub imien o como a ea dia ia e inacabable, po que el mundo cambia y las gene- aciones se enue an. En e lo mucho que ha de queda en Se illa como legado de 1992, yo sugie o un Ins i u o de Es udios Eu o -Ame icanos que lle e el n omb e de nues o Rey Juan Ca los l. Ninguna ciudad de Eu opa se ía más idónea pa a se i de o o pe manen e de encuen os y es- udios que ace quen las dos o illas del A lán ico. Ningún í ulo más jus o pa a es e Ins i u o que el nomb e de un Rey que conoce y ama Amé ica; que es sensible an o a nues o des ino eu opeo como a nues a ocación ame icana. Es a es ambién, a mi en ende , la mejo sín esis de lo que ue y debe se Se illa. He dicho